capítulo 32: Hashirama

—"imposible".Biju/Bestia Hablando.

—"por ella", Pensamiento de personajes.

—"¿como olvidarte?",Pensamientos de Biju/Invocación/Bestia.

—"interesante".Personaje hablando.

Ningún personaje de Naruto o la serie rwby me pertenecen ,este trabajo es por mero entretenimiento,de antemano gracias por leer este fanfic

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—"¡Carajo!", masculló entre dientes, mientras sus párpados se sentían como dos bloques de plomo. Intentó abrirlos, pero la luz del día lo recibió como un láser directo en los ojos. Era como si alguien hubiera decidido torturarlo con un foco.

Se sintió como aquella vez, su primera resaca épica. ¿Cómo había sido esa noche? Un completo borrón. Whisky, eso seguro. Pero ¿qué había hecho después? Ni idea.
Despertó en un hotel, rodeado de ropa tirada como si hubiera pasado un huracán por la habitación. Solo llevaba los boxers puestos y una resaca que le hacía cuestionar todas sus decisiones de vida.

Aquella vez, a pesar del dolor de cabeza, había sentido una extraña sensación de bienestar, como si hubiera vivido una aventura inolvidable. Pero esta vez era diferente, era simplemente una resaca, una de esas que te hacen desear no haber nacido.

Sus dedos estaban entumecidos, su cuerpo pesado y tenía la boca más seca que el desierto del Sahara.

Con un esfuerzo sobrehumano, logró abrir los ojos y acostumbrarse a la cegadora luz del amanecer. Bueno, o al menos a lo que suponía que era el amanecer.

Al principio, pensó que seguía en el hotel, pero al enfocar la vista se dio cuenta de que estaba en una camilla. Una camilla de hospital, para ser más exactos. Bueno, decir "hospital" era un eufemismo. Era más bien una especie de enfermería improvisada, como aquellas que construyen en tiempos de guerra con lo primero que encuentran.

Miró a su alrededor y todo le parecía igual de extraño que su situación. Estaba él, en la camilla, y otra persona. Una mujer. Una enfermera. O eso creía él.

—"Pero qué demonios?", pensó Naruto, mientras su cerebro intentaba procesar la escena.

La mujer estaba de espaldas, revisando unos papeles o algo así. Pero no era eso lo que lo desconcertaba, sino su uniforme. ¡Ese uniforme no era normal! ,¡Parecía sacado de una película de ciencia ficción! O peor aún, de una de esas revistas que su amigo Cardin siempre escondía bajo el colchón.

Naruto parpadeó varias veces, frotándose los ojos como si eso fuera a cambiar la realidad. La enfermera seguía ahí, ajena a su perplejidad.

Se concentró en los detalles del uniforme: un cuello alto que dejaba poco a la imaginación, una falda demasiado corta y unos botones que parecían estar a punto de reventar. Y esos colores, ¡esos colores! Eran una combinación tan llamativa que le dolían los ojos.

—"Definitivamente, algo anda mal aquí", pensó Naruto.— "¿Es este un hospital o un club de caballeros ? ,¿Y qué está haciendo una enfermera vestida así en un lugar como este?" ,Se preguntó si se había equivocado de lugar y si en realidad estaba en un sueño muy, muy raro.

O tal vez había consumido alguna sustancia extraña sin darse cuenta.

—"¡Definitivamente, ese es un traje de enfermera sexy!", pensó Naruto, sin poder evitar una sonrisa.

Había visto esos uniformes en... ciertos lugares, por influencia de sus amigas las Malachite. Seguro le estaban jugando una broma pesada. Algo así como: "Esta noche tendrás una sorpresa especial". Pero claro, se estaban burlando de él.

—"Bueno, seguro que estoy soñando", concluyó Naruto, relajándose en la camilla. —"Supongo que mi subconsciente me está premiando por todas las buenas acciones que he hecho. ¡Gracias, subconsciente!".

La sonrisa de Naruto se ensanchó. Disfrutaría de este sueño lúcido al máximo. No era la primera vez que tenía uno, pero esta vez sería especial. Algo carnal, muy carnal.

—"¡Ya despertó!",exclamó la enfermera, acercándose a él. Era hermosa, con un cuerpo escultural y una mirada que lo dejaba sin aliento.

Apretó un botón en su reloj y anunció por el altavoz: —"El paciente ha despertado. Naruto Uzumaki ha vuelto a la vida".

Naruto asintió con la cabeza, sin poder quitarle los ojos de encima.

—"Así que este es mi premio", pensó Naruto, con una sonrisa que le llegaba hasta las orejas.— "¿Por qué resistirme? Después de todo, ¿quién puede quejarse de una enfermera tan atractiva en un sueño... o en la vida real?".

La enfermera, con sus labios rojos como cerezas y esos ojos que parecían dos océanos, se acercó peligrosamente. Su aliento, perfumado, rozó el cuello de Naruto, enviando un escalofrío por su espina dorsal. Sus dedos, suaves como plumas, trazaron una línea imaginaria desde su mandíbula hasta su clavícula, dejando un rastro de fuego a su paso. ¡Oh, sí! .Esto era demasiado bueno para ser verdad.

Y abajo, en sus pantalones, algo empezaba a despertar.

—"¿Cómo te sientes?", preguntó la enfermera, con una voz suave que parecía acariciarle el alma. ¿Sería la resaca, o simplemente su encanto?

—"No puedo estar mejor", respondió Naruto, con un tono seductor que lo sorprendió a sí mismo.— "Una bella dama como tú esperándome... simplemente no puedo pedir más".

La enfermera se sonrojó, bajando la mirada hacia sus pies. —"¡Oh, Naruto!", exclamó, avergonzada. —"Estoy segura de que mi uniforme no es el más apropiado para una enfermera".

Naruto arqueó una ceja. —"¿Uniforme? Más no lo consideraría de esa manera ".

La enfermera. Jaló la minifalda de su uniforme con sus manos hacia abajo, tratando de ocultar sus piernas. —"Bueno, es que... con la destrucción del hospital, muchas cosas se perdieron. Incluyendo los uniformes. Tuve que improvisar con lo que encontré".

—"Improvisar" pensó Naruto, con una sonrisa pícara. —"Y vaya que improvisaste bien".

La enfermera volvió a sonrojarse, sus mejillas tiñéndose de un intenso carmín. —"Por favor, Naruto, no te burles de mí", suplicó, bajando la mirada.

Naruto la tomó de la mano, atrayéndola hacia él. —"Yo no dije que me molestara", respondió con una sonrisa pícara.— "De hecho, no podría estar más complacido".

La enfermera se dejó llevar, sin saber cómo reaccionar ante su audacia. Sus corazones latían al unísono, y el aire se cargó de una tensión palpable. —"Aunque sea un sueño, voy a disfrutarlo al máximo", susurró, cerrando los ojos.

—"! Naruto!".

Justo en ese momento, la puerta se abrió de golpe, revelando a Nora y Ruby, dos de sus compañeras. Al ver la escena, ambas se quedaron petrificadas, sus bocas abiertas en una perfecta O.

Naruto abrió los ojos de par en par, el corazón latiéndole a mil por hora. No era por el miedo de ser descubierto, no. Era porque se había dado cuenta de que había ido demasiado lejos. Si esto era un sueño, y una especie de recompensa de su subconsciente, lo último que quería era mancillar el recuerdo de sus amigas.

—"¡Oh no, subconsciente!", exclamó Naruto, clavando la mirada en el techo.— "¡Esto no era parte del trato! A ellas no, por favor, a cualquiera menos a ellas".

Su súplica se perdió en el aire mientras Nora, con los ojos como platos, señalaba a la enfermera. —"¿Por qué demonios la enfermera está tan cerca?", espetó, su voz llena de indignación. Estaba segura de que esta escena iba a terminar mal, y estaba convencida de que Naruto era el único culpable.

Ruby, por su parte, se sonrojó hasta las orejas.— "¡¿Por qué está usando ese tipo de ropa?!", exclamó, dirigiéndose a la enfermera. Recordó el disfraz de Halloween de su hermana mayor: un conjunto de enfermera sexy que había causado un gran revuelo en la familia. Y ahora, aquí estaba ella, viendo a Naruto, semidesnudo, con una mujer vestida de esa manera. ¡Qué vergüenza! Se dio la vuelta, murmurando incoherencias como —"qué desvergonzado" y— "no puedo creer que esté haciendo esto".

La enfermera, avergonzada, trató de justificarse.— "Es que me dijeron que tenía que usar un uniforme y esto fue lo único que pude encontrar", explicó, jugando con las puntas de su falda.

Naruto, entre la vergüenza y la confusión, intentaba encontrar una explicación lógica a todo aquello.— "¿Por qué mi subconsciente tendría que traer a mis amigas a este sueño?", se preguntó a sí mismo, rascándose la cabeza.— "¡Y ¿por qué justo ahora, cuando las cosas estaban empezando a ponerse interesantes?".

Antes de que pudiera encontrar una respuesta, la puerta se abrió de par en par y apareció Ren, su mejor amigo. Con un suspiro dramático, se tapó la cara con las manos. —"Deberían hacer un poco de silencio, es una clínica y...", comenzó a decir, pero lo interrumpieron las miradas atónitas de sus amigos.—" Ay, Naruto ,¿es en serio?".

Naruto sintió que el suelo se abría bajo sus pies. ¡Ren! Lo último que necesitaba era que su mejor amigo presenciara esta escena. Estaba bien con una enfermera sexy, podría haber pasado un buen rato, pero con sus amigas involucradas, la situación se había vuelto completamente surrealista. No quería ni pensar en lo que su subconsciente podría estar planeando.

Nora, con la agilidad de un gato enfurecido, se abalanzó sobre Naruto y lo apartó de la atónita enfermera.— "¡Basta, Naruto!", exclamó, cruzándose de brazos como una madre regañando a un niño terrible.— "¿Qué nueva estupidez se te ha ocurrido ahora?".

Ruby, aún con las mejillas coloradas como un tomate maduro, añadió,—"Esto es demasiado, incluso para tus estándares, Naruto. ¡Y fuera del matrimonio, por favor!".

Nora, con una mirada que podría helar el infierno, sentenció,— "Espero que tengas una explicación colosal para este... incidente, Naruto".

Naruto, con una sonrisa que bordeaba lo psicópata, respondió,— "No tengo por qué justificar mis pensamientos, ¡es un sueño y puedo hacer lo que me plazca! ,Así que ¡desaparece!". Y señalando a Nora con un dedo, esperaba que se desvaneciera como un fantasma. Pero, para su decepción, Nora seguía ahí, tan sólida como siempre. —"¿Qué?", exclamó, confundido. —"¿Esto es... real?".

—"Sí, Naruto, tan real como mi puño", respondió Nora con una sonrisa burlona.

Y así, Naruto se encontró dando un paseo involuntario por los suelos del hospital, cortesía de un puñetazo directo al mentón.

—"¡Otro de los grandes éxitos de Naruto!", exclamó Ren, dando una palmada en la espalda a Naruto.— "Siempre innovando en la forma de avergonzarnos a todos".

—"Es como un niño pequeño, pero con hormonas desatadas", añadió Nora, soltando un suspiro de cansancio.— "Y una imaginación tan fértil que hasta él mismo se cree sus propias fantasías".

—"¡Y todo esto en un hospital!", exclamó Ruby, señalando a Naruto inconsciente. —"Creo que ya podemos tachar 'invadir la privacidad de las enfermeras' de su lista de logros".

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—"¡Ay, eso dolió!", exclamó Naruto, acariciando suavemente su adolorido mentón. Cada nervio de su rostro parecía vibrar con una sensibilidad exacerbada, como si el golpe que Nora le había asestado hubiese dejado una marca imborrable. —"Eres una mujer terriblemente agresiva, Nora. Esas no son precisamente las cualidades que uno busca en una esposa, ¿sabes?".

Nora bufó, rodando los ojos con desdén. Ni siquiera se molestó en mirarlo. —"Eso te pasa por andar de calenturiento a las siete de la mañana, ¡a las siete de la mañana, Naruto! ¿Intentando llevarse a una enfermera, a una enfermera del hospital, a tu cama?", exclamó, su voz cargada de indignación.

—"Era una camilla, Nora. Hay que ser precisos", corrigió Naruto con una pizca de pedantería, pero Nora no se inmutó.

—"Supongo que eso cambia todo. No puede pasar un solo día, ¡ni un solo día, Naruto!, sin que hagas alguna locura. Nosotros", se señaló a sí misma, luego a Ruby y finalmente a Ren, —"estábamos muy preocupados cuando te desmayaste en esa tierra de cultivo. Nos asustó muchísimo que no despertaras en dos días... y encontrarte así...".

—"Pero ya expliqué por qué me desmayé. Fue por una sobrecarga de...", intentó explicar Naruto, pero Nora lo interrumpió con un gesto tajante. Rara vez se veía a esta mujer, tan alegre y vivaz, tan furiosa y maternal al mismo tiempo.

—"¡No hables!", espetó Nora, señalando a Naruto con un dedo acusador.— "¡Yo estoy hablando! ,¡Tú te callas! ,¿Me escuchaste?". Naruto asintió, intimidado por su intensidad.

—"No puedes imaginar el terror que sentí al verte desvanecerte ante mis ojos", confesó Nora, su voz temblorosa mientras se abrazaba a sí misma. —"Creí haberte perdido para siempre. El miedo me paralizó, me consumió. Nunca había experimentado un dolor tan profundo". Sus ojos se llenaron de lágrimas, reflejando la angustia que la había atormentado.

Naruto no pudo soportar su mirada, desviando los ojos hacia el suelo, avergonzado y culpable.

Ruby y Ren, aunque no expresaban sus sentimientos con la misma vehemencia, compartían su preocupación. Habían visto a Naruto desmayarse, su cuerpo inerte, y el miedo había arañado sus corazones.

Ruby, en la soledad de la noche, elevaba súplicas a cualquier fuerza superior, rogando por la salud de Naruto. Conocía su tendencia a sacrificarse por los demás, a minimizar sus propias heridas, pero sabía que en el fondo, él se preocupaba profundamente por ellos.

—"La alegría me inundó al saber que habías despertado", continuó Nora, su voz cargada de una ironía que rozaba la amargura. —"Corrí hacia ti, ansiosa por verte, por asegurarme de que estabas bien. Pero mi alivio se transformó en furia al encontrarte en brazos de esa... esa..." Buscó la palabra adecuada, pero ninguna parecía lo suficientemente hiriente para expresar la traición que sentía. —"¡Esa... esa suripanta !", espetó finalmente, su voz resonando en el aire con una fuerza que contrastaba con su figura delicada.

Nora debería tener mucho cuidado en donde dice las cosas y como las dice ,pues ahora estaban en medio de las calles del pueblo

Naruto se encogió ante la acusación, su mirada fija en el suelo. Su voz, débil y temblorosa, apenas si logró salir de su garganta.

—"perdóname, Nora", susurró, con un nudo en la garganta que le impedía articular palabras. Se sentía acorralado, incapaz de encontrar las defensas adecuadas. Podría recurrir a la verdad, alegando que todo había sido un sueño febril, pero esa excusa era tan endeble, tan infantil, que ni siquiera él mismo la creería.

La verdad, sin embargo, era como un puñal girando en su interior. Las imágenes vívidas de un niño errante, deambulando por las calles solitarias de la noche, con el estómago vacío y el alma aún más vacía, lo asaltaron con una crudeza que le heló la sangre. Un niño sucio y desamparado, anhelando una mano amiga, una voz que lo reconfortara, aunque fuera para regañarlo.

Ese recuerdo, tan lejano y tan cercano a la vez, se entrelazaba con la imagen de Nora, preocupada por él, y le provocaba una extraña sensación de disociación. Era como si ese niño, ese ser atormentado por la soledad, no fuera él, sino un fantasma del pasado, una sombra que Nora estaba a punto de borrar con su sola presencia.

La tristeza lo envolvió como una niebla espesa. Sentía cómo aquella esperanza que había empezado a brotar en su corazón, como una frágil flor en medio del invierno, se marchitaba ante sus ojos. Nora, con su simple gesto de preocupación, estaba transformando sus días grises en un lienzo lleno de colores vivos.

Pero esa transformación, tan repentina y tan hermosa, lo llenaba de un miedo atávico. ¿Podría soportar la idea de perderla? ¿Podría volver a ser aquel niño perdido en la oscuridad?

Las preguntas resonaban en su mente como ecos en una caverna infinita. Cada eco, una punzada en su corazón. Y mientras luchaba por encontrar respuestas, una lágrima solitaria surcó su mejilla, arrastrando consigo los fragmentos de un pasado que anhelaba enterrar, pero que, irónicamente, era la piedra angular de su identidad.

La pérdida de Pyrrha era una herida abierta, una cicatriz que aún sangraba. A pesar del apoyo incondicional de Ren, Rubí y, sobre todo, de Nora, el dolor era una constante en su vida. Cada sonrisa forzada, cada palabra de aliento, eran como vendas sobre una herida supurante.

Sabía que sus amigos hacían todo lo posible por aliviarlo, pero la ausencia de Pyrrha era un vacío insondable.
Ren, con su mirada profunda y sus palabras mesuradas, ocultaba un dolor similar. En sus ojos, Naruto veía reflejada la imagen de un hombre que había perdido a una compañera, a una confidente. Y Nora, siempre tan expresiva, no podía disimular el sufrimiento que la consumía. En Pyrrha, veía a una amiga, a una hermana, a una parte de sí misma.

La melancolía se había convertido en su compañera inseparable. Los recuerdos de Pyrrha lo embargaban en los momentos más inesperados, como una ola que lo arrastraba hacia un abismo de tristeza. A veces, sentía que se estaba ahogando en ese mar de dolor, que nunca podría salir a flote. Y aunque sus amigos estaban a su lado, cada uno lidiando con su propio duelo, la sensación de soledad era abrumadora.

Para Naruto, Pyrrha era mucho más que una simple amiga. Era un faro en la oscuridad, una luz que iluminaba sus días más sombríos. Sin embargo, este amor unilateral lo atormentaba. Nunca pudo corresponder a la intensidad de sus sentimientos. Cuánto anhelaba poder amarla como ella lo amaba, con la misma pasión y entrega. Pero la realidad era cruel: se sentía indigno de tal afecto, un recipiente vacío incapaz de contener el océano de amor que ella le ofrecía.

La culpa lo consumía. Cada sonrisa que le dirigía, cada gesto de cariño, era una puñalada en su corazón. Sabía que estaba lastimando a alguien a quien apreciaba profundamente, pero no podía evitarlo. Era como si una pared invisible se levantara entre ellos, impidiéndoles acercarse de verdad.

A menudo, se encontraba perdido en recuerdos de momentos compartidos. La imagen de Pyrrha, con sus ojos brillantes y su sonrisa contagiosa, lo perseguía en sueños. Y en esos momentos, la tristeza lo inundaba. Se preguntaba cómo habría sido su vida si hubiera podido corresponder a su amor. Si hubieran podido construir juntos un futuro lleno de felicidad. Pero esas eran solo fantasías, espejismos que se desvanecían al primer rayo de luz.

La pérdida de Pyrrha había dejado en su corazón una herida profunda, una cicatriz que nunca sanaría por completo. Y aunque el tiempo pasaba, el dolor seguía ahí, latente, recordándole constantemente lo que había perdido.

—"¿Me estás escuchando, Naruto?", la voz de Nora lo sacudió, arrancándolo de sus pensamientos melancólicos. Su rostro, generalmente vivas, ahora estaba crispado por la ira. Parecía que aún no había terminado de regañarlo.

Naruto esbozó una sonrisa tímida. —"Muchas gracias, Nora, en serio. Aprecio mucho que te preocupes por mí".

Nora frunció el ceño, desconcertada.— "¿Qué demonios te pasa?", exclamó. —"Te estoy regañando, no te estoy dando una charla motivacional. No tienes por qué sonreír".

Naruto continuó caminando, su sonrisa aún adornando sus labios. Observó cómo Nora lo seguía con la mirada, perpleja. En ese instante, sintió un profundo agradecimiento hacia ella y sus amigos. Deseaba con todas sus fuerzas que esta conexión tan especial perdurara en el tiempo. Que Ren, Rubí y Nora siguieran siendo los faros que iluminaban su camino.
Sin embargo, una sombra de duda se cernía sobre su corazón. Sabía que la vida era impredecible, un juego de azar donde las pérdidas eran inevitables. Había aprendido esa dura lección a lo largo de los años. Y aunque anhelaba que su amistad con Nora y los demás perdurara eternamente, comprendía que el destino tenía sus propios planes.

Mientras caminaba, sus pensamientos se perdieron en un mar de recuerdos. Recordó los momentos de alegría, los desafíos superados juntos, los lazos inquebrantables que los unían. Y se prometió a sí mismo que haría todo lo posible por preservar esos vínculos, por mantener viva la llama de su amistad.

—"Nora", llamó Naruto, su voz ligera mientras continuaba caminando. Le dedicó una sonrisa pícara, sus ojos brillando con un brillo travieso.— "Debes tener mucho cuidado, si sigues actuando de esta manera, podría enamorarme de ti... Y no querrías verme enamorado. Puedo ser bastante meloso".

Nora se quedó paralizada. Las palabras se le atascaron en la garganta. El calor que ascendía por sus mejillas la delató.

Naruto siempre hacía lo mismo. Con una simple frase, con una mirada, lograba desarmarla por completo. Era como si pudiera ver directamente a su alma.
Naruto siempre había sido así, un eterno niño, un soñador incorregible. Pero había algo en él, una profundidad que a veces la sorprendía. Y era precisamente esa profundidad lo que la atraía, lo que la hacía sentir una conexión especial con él.

los dos eran como niños

Ren, que había estado observando la escena, intervino con una sonrisa burlona.— "Naruto siempre está bromeando, ¿verdad?, Es incorregible".

Nora asintió, aunque su corazón latía con fuerza. —"Sí, siempre bromea", murmuró, pero sus ojos no podían dejar de verlo.

Naruto, por su parte, se sumergió en sus pensamientos. No entendía por qué Nora tenía ese efecto en él.

¿Cómo era posible que alguien pudiera aliviar su dolor con una simple sonrisa, que pudiera hacer que el mundo pareciera un lugar más brillante?.

Se sentía indigno de tal afecto, como una mancha en un lienzo perfecto.

A menudo, trataba de mantenerla a distancia, de construir muros a su alrededor para protegerse. Pero Nora tenía una forma de derribar esas barreras, de hacerle sentir vulnerable y expuesto.

Era como una fuerza de la naturaleza, imparable e irresistible.

Y a pesar de todo, Naruto la amaba. La amaba con una intensidad que lo asustaba. Era una sensación agridulce, una mezcla de alegría y dolor. Se sentía como un niño pequeño, atraído por la llama de una vela, sabiendo que podía quemarse, pero incapaz de apartar la mirada.

—" Ay, Espero que Ren en verdad se apure con las cosas con Nora ,Porque si esto sigue pasando él muy pronto tendrá competencia, jajajajaja ", las palabras de Naruto las dijo en broma, y los pensamientos nunca salieron de su boca, solo los de los sernio en su mente ,pero la risa de desquiciado se oía en toda la calle y muchos se alejaron de él.

—"... Ay no puede ser".

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—"Tengo que admitirlo, me sorprendiste, Cinder. Te dejé llevar a cabo la invasión al Reino de Vale, no porque te creí la más idónea, sino porque vi en ti un anhelo de demostrar tu valía ante mí y ante todos nuestros súbditos. Entre todos, eres la que más carga con el peso de la inexperiencia."

La voz resonó en la sombría sala, reverberando en las paredes de piedra. Cinder, inmóvil en su asiento, se limitó a escuchar. Sus ojos, fríos y calculadores, recorrieron la mesa rectangular que los separaba. A su alrededor, una galería de personajes que más que compañeros, parecían piezas de un grotesco ajedrez.

Tyrian Callows, aquel lunático fanático, la observaba con una diversión casi enfermiza, como si ella fuera una vil broma. Sus ojos, desorbitados y llenos de una locura casi religioso, la seguían a cada movimiento.

Hazel Rainart, el coloso aparentemente tranquilo, ocultaba bajo su corpulencia un odio tan profundo que era capaz de marchitar las plantas a su paso. Su mirada, fija y penetrante, transmitía una amenaza latente. Y por último, pero no por ello menos detestable, estaba Arthur Watts, el científico exiliado del reino de Atlas. ¿Qué hacía un hombre de ciencia en este antro de malhechores? La pregunta era retórica. Todos los presentes eran criminales, cada uno a su manera.

Cinder sentía un profundo asco hacia cada uno de ellos. Tyrian era un demente, Hazel un bruto y Watts, un intelectual arrogante que se creía superior.

Sin embargo, era Watts quien despertaba en ella una aversión visceral, una repulsión que se había ido acrecentando con el paso del tiempo. Su mente, fría y calculadora, contrastaba de manera abismal con la locura que reinaba en la sala.

Cada uno de ellos, a su manera, era una pieza fundamental en este macabro engranaje. Unidos por un odio visceral, una sed de poder insaciable o simplemente por la locura que los consumía, habían sido reclutados por la entidad más siniestra que jamás había pisado este mundo: Salem, la Reina de las Tierras Grimm.

Salem, una figura envuelta en sombras, era la encarnación del mal absoluto. Su piel, pálida como la cera, estaba surcada por una red de venas rojas que parecían serpentear bajo su epidermis. Sus ojos, de un rojo intenso que rivalizaba con el rubí más puro, irradiaban un odio tan profundo que helaba la sangre. Sentada en su trono de piedra negra, observaba a sus súbditos con una mirada fría y calculadora.

En aquel momento, su atención se centraba en Cinder, la joven y ambiciosa guerrera que acababa de llevar a cabo una misión de vital importancia. —"Pero me has sorprendido, Cinder", espetó Salem, su voz grave y resonante como el trueno. —"Destruir el Reino de Vale por ti misma no es una hazaña que pueda pasar desapercibida. Te has ganado mi reconocimiento".

Cinder, que se mantenía impasible ante la mirada de su soberana, sintió un escalofrío recorrer su espina dorsal. La alabanza de Salem era algo inusual, casi desconcertante. Sabía que la Reina de las Tierras Grimm no era dada a las muestras de afecto, y que cualquier reconocimiento por su parte era una señal de que había superado una prueba crucial.

—"Tu determinación y tu crueldad son dignas de encomio", continuó Salem, su voz adquiriendo un tono más suave.— "Has demostrado ser una aliada valiosa. Sin embargo, recuerda que este es solo el comienzo. El camino que hemos emprendido es largo y tortuoso, y aún nos esperan muchos desafíos. Pero no te preocupes, Cinder, siempre y cuando permanezcas a mi lado, no tendrás que enfrentarte a ellos sola".

—"Aunque según lo que me dijiste, esa luz plateada que te segó solo puede ser obra de un Guerrero de ojos plateados", murmuró Salem para sí misma, golpeando rítmicamente el frío mármol de su trono con un dedo afilado.— "Qué interesante, esa estirpe en verdad es difícil de exterminar. Son molestos, pero parece que esa niña en verdad todavía no controla su habilidad al máximo, o me atrevería a decir que ni siquiera sabe de su linaje".

Una sonrisa siniestra curvó los labios de Salem, revelando una hilera de dientes blancos. Un ser inmortal como ella, que había presenciado el auge y la caída de innumerables civilizaciones, rara vez se sorprendía. Sin embargo, esta vez sentía una punzada de curiosidad.

—"Tuviste mucha suerte de no haber perdido ese brazo tuyo", dijo Salem, señalando el vendaje que ocultaba la extremidad mutilada de Cinder. Su voz era suave, casi melodiosa, pero en ella se escondía una amenaza velada.

Era cierto, aquel brazo albergaba un Grimm que se alimentaba de la esencia mágica de las doncellas. Al entrar en contacto con la luz plateada de los ojos de Rubí, el Grimm debería haberse petrificado y desintegrado. Sin embargo, algo había salido mal. ¿Acaso Cinder se había vuelto inmune a ese tipo de ataques? La idea era absurda. Salem, con su vasto conocimiento de la magia oscura, sabía perfectamente que eso era imposible.

—"Parece que el poder de la doncella te protegió de esa luz, como un manto cobijando tu ser", continuó Salem, su mirada fija en los ojos de Cinder.— "Pero aún no entiendo por qué el poder de una doncella te protegería, pues tú la mataste." Su voz se volvió más interrogativa, y una pizca de confusión se deslizó en sus ojos dorados.

Cinder sintió un escalofrío recorrer su espina dorsal. La mirada de Salem era como un rayo X, capaz de penetrar en su mente y descubrir sus más oscuros secretos. Se mordió el labio inferior, buscando las palabras adecuadas para responder.

Ella tampoco podía explicar por qué el poder de la doncella la había protegido esa vez. La esencia de la doncella, adquirida por la fuerza, debería haberla rechazado, rebelándose contra su presencia. Sin embargo, de alguna manera, comprendía por qué.
Los acuerdos de Pyrrha se arremolinaban en su mente como una tormenta, agitando sus emociones. El amor abrumador que Pyrrha sentía por ese tal Naruto Uzumaki era una fuerza tan poderosa que resonaba en su propio ser, causando una extraña sensación de disonancia. Rechazó esos sentimientos con vehemencia, convencida de que la voluntad de Pyrrha no podía estar de su lado.

No, era más bien la memoria de Amber la que la había protegido. Al adentrarse en los recuerdos de la doncella, había presenciado una vida llena de amor, esperanza y pérdida. Y entre todos esos recuerdos, uno brillaba con una luz especial: el amor de Amber por Jaune.

Era un amor puro y desinteresado, un anhelo tan intenso que conmovía hasta lo más profundo de su ser. Cinder se vio reflejada en esos recuerdos, sintiendo una conexión inexplicable con Amber. Ambas amaban al mismo hombre, y ese amor compartido había creado un vínculo invisible entre ellas.

¿Era una cruel broma del destino? Quizá. El destino, con su perverso sentido del humor, a menudo teje intrigas que desafían toda lógica.

Recordó aquel viaje, aquel recuerdo tan vívido de Amber y Jaune. Las aventuras que habían compartido, las lecciones que Amber le había impartido a Jaune, y esa triste despedida que las había separado para siempre.

Era como si la historia se repitiera, pero con un giro cruel del destino.

Amber vagaba sin rumbo por el Remanente, su corazón anhelando un reencuentro con Jaune.

Soñaba con un futuro juntos, lejos de las guerras y las intrigas, un futuro donde pudieran perderse en un rincón remoto del mundo, lejos de todo y de todos. Imaginaba una vida sencilla, llena de amor y complicidad, donde pudieran construir un hogar y una familia.

Su deseo era tan puro y romántico que rozaba lo cursi. Quería casarse con Jaune, tener una boda digna de una princesa, construir una casa donde envejecer juntos y, finalmente, partir de este mundo tomados de la mano. Era un sueño idílico, una fantasía que la consolaba en sus momentos más oscuros.

Sin embargo, ese sueño nunca se haría realidad. Cinder, con su crueldad habitual, se había encargado de truncar la felicidad de Amber y Jaune. Al matar a Amber, había arrebatado a Jaune una mujer que lo amaba

Nunca antes había sentido remordimiento, pero al recordar el rostro sereno de Amber y el brillo de amor en sus ojos, una punzada de culpa la atravesó. Había matado a alguien que amaba a Jaune tanto como ella, y eso la atormentaba. Al compartir los recuerdos de Amber, se había dado cuenta de que ella nunca podría reemplazarla.

Amber era única, y su amor por Jaune era algo especial, algo que Cinder nunca podría igualar.

En ese momento, Cinder comprendió que no merecía a Jaune. A pesar de su egoísmo y su ambición, una pequeña parte de ella deseaba que Jaune encontrara la felicidad con otra persona. Si existía alguien que pudiera hacerlo más feliz que ella, entonces estaba dispuesta a renunciar a él sin dudarlo.

Desaparecería de su vida como un fantasma, silenciosa y sin dejar rastro, para que Jaune pudiera ser libre y feliz.
La idea de perder a Jaune para siempre la llenaba de dolor, pero también de una extraña paz. Al fin y al cabo, el amor verdadero no se trataba de posesión, sino de dejar ir a la persona amada si eso significaba su felicidad.

—"¿Tienes idea de por qué el poder de la Doncella de Otoño te protegió, Cinder?", inquirió Salem, su voz tan suave como el terciopelo, pero con una frialdad que helaba los huesos.

Cinder sintió un escalofrío recorrer su espina dorsal. Salem era una maestra de la manipulación, y su mirada penetrante parecía desnudar sus más profundos secretos. Podría mentir, claro, pero ¿qué sentido tendría? Salem era capaz de detectar la más mínima falsedad. Y si descubría que había mentido... las consecuencias serían impensables.

No obstante, la verdad era aún más peligrosa. Revelar que el poder de la Doncella de Otoño la había protegido debido a su conexión con los recuerdos de Amber significaría poner en peligro a Jaune. Salem no dudaría en utilizar esa información para manipularlo o incluso eliminarlo.

Tras una breve pausa, Cinder respondió con una voz firme: —"No lo sé con certeza, mi señora. Quizás... quizás Amber no era tan pura como parecía. Tal vez albergaba un resentimiento hacia Ozpin que la llevó a ayudarme de alguna manera. O quizá simplemente se equivocó al elegir a quién apoyar"..

Salem la observó fijamente, estudiando cada una de sus expresiones. No dijo nada, pero sus ojos, dorados y penetrantes como los de un felino, parecían penetrar en la mente de Cinder. Durante unos interminables segundos, el tiempo pareció detenerse.

Finalmente, Salem asintió lentamente.— "Puede ser", murmuró, su voz apenas un susurro.— "Puede ser que tengas razón. Después de todo, los humanos son criaturas complejas y llenas de contradicciones".

Cinder suspiró aliviada. Había logrado engañar a Salem, al menos por el momento. Pero sabía que esta tregua era frágil. Salem era una adversaria formidable, y no descansaría hasta descubrir la verdad.

—"Bien, en todo caso, ¿los planes para el Reino de Mistral avanzan según lo previsto, Hazel?", indagó Salem.

Hazel, el corpulento hombre que parecía tan imperturbable como una montaña, respondió con calma:— "Todo marcha según lo planeado, mi señora. El director Leonardo Lionheart ha demostrado ser un aliado invaluable. Hemos logrado infiltrar a nuestros agentes en las fuerzas de defensa de Mistral y estamos trabajando para desestabilizarlas desde dentro".

Salem asintió con la cabeza, satisfecha. —"Y ¿cuánto tiempo crees que tardaremos en sumir a Mistral en el caos?", preguntó, su mirada fija en Hazel.

—"Estimamos que en unos pocos meses podremos desmantelar por completo sus fuerzas de defensa", respondió Hazel.— "La clave está en actuar con paciencia y discreción. Iremos eliminando a los cazadores uno a uno, haciéndolos desaparecer en misiones suicidas. Nadie sospechará nada".

Salem sonrió con crueldad. —"Excelente. Me agrada tu eficiencia, Hazel".

A continuación, su mirada se desplazó hacia los demás presentes, deteniéndose en cada uno de ellos.— "Tengo otra pregunta", dijo, su voz adquiriendo un tono más grave.— "¿Quién es ese sujeto enmascarado que está sentado junto a Arthur?"

Todos los presentes se volvieron hacia Arthur, visiblemente desconcertados. Incluso el propio Arthur parecía sorprendido por la pregunta.

Era evidente que ninguno de ellos había notado la presencia del extraño enmascarado.

El hombre en cuestión, sin embargo, no pareció inmutarse por las miradas curiosas que se posaban sobre él. Seguía devorando la comida como si no hubiera comido en días, masticando con la boca abierta y emitiendo extraños gruñidos. Su máscara, que solo dejaba al descubierto su mandíbula y parte de su barbilla, le confería un aspecto aún más siniestro.

—"¡Imposible!", exclamó Tyrian, su voz resonando con incredulidad. —"¿Cómo ha podido entrar alguien sin que nos demos cuenta? Estamos solos en esta sala".

El enmascarado, sin inmutarse ante la acusación, continuó devorando la comida con una voracidad que resultaba casi grotesca. Entre bocados, murmuró con evidente satisfacción,—"¡Esto es tan jodidamente delicioso! Dos jodidos meses alimentándome de carne seca...".

Tyrian, enfurecido por la falta de respeto del intruso, se levantó de un salto, dispuesto a atacar. Sin embargo, Salem levantó una mano, deteniéndolo con una mirada gélida. Aunque la insolencia del enmascarado la irritaba, sentía una extraña curiosidad por descubrir quién era y qué hacía allí.

El hombre enmascarado, al parecer ajeno al peligro que lo acechaba, terminó de vaciar los platos y se limpió los labios con la manga de su túnica.

— "¿Cómo ha podido entrar tanta comida en una sola persona?", se preguntó Arthur en voz alta, su curiosidad superando su miedo.

El enmascarado se dirigió a ellos con una sonrisa burlona. —"Mis felicitaciones al chef", dijo, inclinando la cabeza en señal de aprobación. —"Ustedes sí que saben cómo recibir a un invitado".

A continuación, comenzó a examinar a cada uno de los presentes con una mirada inquisitiva.— "Tú eres Tyrian Callows, ¿no? He oído hablar mucho de ti. Un asesino despiadado, dicen. Nunca pensé que tendría el placer de conocerte en persona".

Tyrian se tensó, pero no respondió. El enmascarado continuó,— "Y tú... eres el doctor Arthur Watts, ¿verdad? Se suponía que estabas muerto. Parece que los rumores de tu fallecimiento fueron muy exagerados".

Luego, dirigió su atención a Cinder.— "Cinder, ¿verdad? Ha pasado mucho tiempo. ¿Ya has recibido mi carta de renuncia? Jajaja", se burló, revelando una familiaridad sorprendente.

Hazel, a quien no parecía conocer. —"Y a ti... no te conozco. Lo siento".

Entonces, el enmascarado se puso de pie, haciendo crujir la silla bajo su peso. Con un movimiento fluido, se acercó a Salem hasta quedar a escasos metros de ella y se arrodilló, inclinando la cabeza en señal de respeto.

—"Me dirijo a usted, señora de la gran noche eterna, soberana de las tierras perdidas y de la sombra que cubre el mundo", proclamó el enmascarado con una voz profunda y resonante, digna de un caballero de antaño. A pesar de su anterior comportamiento salvaje, sus palabras revelaban una educación y un respeto inesperados. —"Mi nombre es Sasuke".

Salem observó al recién llegado con interés.— "¿Cómo has logrado llegar hasta aquí?", preguntó, su voz tan suave como el terciopelo. Cruzar las Tierras de Grimm era una hazaña casi imposible, un viaje suicida del que pocos regresaban con vida. Sus subordinados solo podían sobrevivir en ese lugar gracias a un antiguo sello que los protegía de las criaturas oscuras.

—"Deambulé por el bosque que usted gobierna hasta que al fin encontré este pintoresco lugar", respondió Sasuke, su voz resonando con una calma sorprendente.
Salem arqueó una ceja, su mirada penetrante clavada en el hombre enmascarado.

—"Lo que dices es imposible", afirmó, su voz fría como el hielo.— "Entiendo que tal vez seas lo suficientemente atrevido como para adentrarte en estas tierras prohibidas, pero sobrevivir en este lugar es una hazaña que supera las capacidades de cualquier mortal". Sus palabras eran una acusación velada, poniendo en duda la cordura o la sinceridad de Sasuke.

Sasuke esbozó una sonrisa sutil, revelando una mirada penetrante y una voz firme como el acero. —"Soy un mortal, sí, pero no un hombre ordinario", afirmó con aplomo, su pecho inflándose ligeramente con orgullo. —"Acometer una hazaña como esta no representa un desafío para mí. Poseo habilidades que trascienden lo común"

El enmascarado se irguió, liberándose de su posición sumisa, y clavó sus ojos en Salem con una audacia que rozaba la insolencia. —"Permítame, mi señora, ser atrevido en su presencia".

Salem sintió una punzada de curiosidad ante tal osadía. ¿Qué pretendía este hombre? ¿Acaso planeaba un ataque furtivo? Si tal era su intención, sería un gesto inútil, una provocación destinada al fracaso. La ira que yacía latente en su interior era un volcán a punto de erupcionar, y cualquier chispa podría desencadenar una furia desatada.

No obstante, la curiosidad prevaleció. —"Te lo permito", concedió con un gesto de la mano. Al instante, sus secuaces se tensaron, sus ojos fijos en el enmascarado, listos para responder a cualquier amenaza.

—"Sé que mis palabras podrían parecer banales para alguien que ha vivido tantas vidas y ha escuchado todo tipo de halagos", el enmascarado alzó las manos, señalando a Salem como si contemplara una obra de arte incomparable. —"Pero pocas veces este trovador ha quedado tan asombrado ante una belleza tan sublime. A pesar de haber cruzado caminos con criaturas poderosas y de haber enfrentado enemigos formidables, debo confesar que su presencia me ha cautivado de una manera que jamás imaginé. No le pido que corresponda a mis sentimientos, ni que me brinde alguna esperanza. Solo deseo que sepa que me ha dejado maravillado. Si no tuviera ya un amor tan profundo como el tiempo mismo, me atrevería a robarle un beso, una caricia, o simplemente, el privilegio de contemplar su sonrisa".

Los secuaces de Salem permanecieron atónitos, sus mandíbulas colgando como si hubieran visto un espectro. Este hombre, con su audacia desmesurada, rayaba en la locura. ¿Acaso creía que con unas palabras floridas podría ganarse la benevolencia de Salem? ¡Qué error más garrafal! ,Esa bruja no dudaría en aniquilarlo.

Cinder, que conocía los oscuros secretos del enmascarado, sintió una punzada de mortificación. Preguntas atronaban en su mente, y la cordura de Sasuke se tambaleaba peligrosamente. ¿Qué había llevado a su antiguo empleado a semejante acto de osadía?

Tyrian, por su parte, bullía de ira como un volcán a punto de erupcionar. Sus dientes castañeteaban con furia, y su mirada fulguraba de desprecio hacia aquel insolente que se atrevía a dirigirle palabras tan audaces a su diosa.

Salem, sin embargo, sorprendió a todos con una sonrisa ligera, tan sutil como una brisa primaveral. —"Han pasado eones desde que escuché palabras tan bellas", murmuró, su voz melodiosa resonando en la estancia. —"Eres una extraña mezcla, un bárbaro y un poeta. Pero recuerda, por muy dulces que sean tus palabras, no te salvarán de la muerte cuando me canse de tu farsa".

El enmascarado permaneció impertérrito ante la amenaza implícita en las palabras de Salem. Su compostura era desconcertante, pues todos los que se enfrentaban a ella se estremecían de terror, anticipando un destino cruel y doloroso.

—"Cinder", la voz de Salem resonó como un cuervo graznando en la noche, arrancando a la joven de sus pensamientos. Cinder bajó la cabeza, sumida en la vergüenza.— "Este hombre parece conocerte. ¿Hay algo que quieras decirme? .No lo has mencionado en tus informes".

Cinder se estremeció, presa del pánico. Había omitido detalles cruciales en su informe, temiendo las consecuencias.— "Le ruego que me perdone, mi señora. Este hombre fue un aliado en la destrucción de Vale. Desconozco cómo ha logrado infiltrarse aquí".

La ira de Salem se desató como una tormenta.— "Parece que necesitas un poco de disciplina, mi querida". Su voz era gélida, y en sus ojos brillaban destellos de crueldad. La "disciplina" de Salem era una tortura refinada, una lenta agonía que Cinder conocía demasiado bien.

—"Dicho esto, ¿qué es lo que quieres, Sasuke?", Salem dirigió su mirada al enmascarado, que permanecía inmóvil, como una estatua desafiando una tormenta.

—"Omitamos las formalidades", espetó Sasuke, su voz resonando con una confianza que rayaba en la arrogancia. —"Tengo dos objetivos aquí: primero, verificar si la gran bruja Salem es más que un mito tejido por Ozpin y sus aliados; y segundo, evaluar el verdadero alcance de tu poder".

Salem se inclinó hacia adelante, una sonrisa burlona curvando sus labios. Sus ojos, de un rojo intenso, brillaban con una malicia que helaría la sangre. Sus manos, temblorosas de un poder arcano, desprendían chispas que crepitaban en el aire, ahuyentando a sus propios secuaces. Sin embargo, Sasuke permaneció inmutable, su mirada fija en la bruja, como si estuviera analizando una pieza de ajedrez.

—"Descubrirás que soy mucho más que una simple leyenda", siseó Salem, su voz cargada de veneno.— "Y mi crueldad es tan profunda como el océano".

—"jajaja! jajajaja !,!JAJAJA"!Sasuke soltó una carcajada sonora, su risa resonando en la cámara como el eco de una campana.— "Crueldad, ¿eh? , yo he visto cosas que te harían palidecer, Salem. Pero sigamos con este juego, ¿quieres?, Demuéstrame de lo que eres capaz".

Salem, enfurecida por la insolencia de Sasuke, concentró todo su poder en un rayo de energía que se lanzó hacia él. El aire se electrizó, y el calor era casi tangible. Sasuke, con una agilidad sorprendente, esquivó el ataque solo moviendo su cabeza.

La energía impactó contra la pared, dejando una profunda marca.

—"eso fue sorprendente,... pero supongo que esperaba algo más ,no sé ,cómo que el rayo se curvara o que fuera más destructivo ", se burló Sasuke, su voz llena de desprecio.— " quiero suponer que es porque hace mucho tiempo que no tenías una batalla frontal contra alguien y has perdido un poco de condición".

Salem rugió de ira. Lanzó una serie de ataques cada vez más poderosos, pero Sasuke los esquivaba con una facilidad desconcertante.

La bruja se frustraba cada vez más, su control sobre la magia comenzaba a flaquear. Sasuke, por su parte, se movía con una gracia felina, burlándose de ella en cada movimiento.

Finalmente, Salem, furiosa, lanzó un torbellino de energía oscura se arremolinó a su alrededor, amenazando con engullir a Sasuke. Pero el ninja se anticipó, desapareciendo en una nube de humo. Cuando reapareció, estaba detrás de Salem, su kunai a centímetros de su cuello.

—" sé que te estás conteniendo ", susurró Sasuke.— " aprenderás que no soy un tipo al que deben subestimar y tomar la ligera".

Sasuke con un movimiento veloz clavo su kunai en el cuello de Salem ,la sangre negra se derramó por ese corte profundo salpicando en el negro vestido de Salem ,llegando hasta el suelo.

—" veamos si en verdad eres tan inmortal como escuché de ti"

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El sonido gutural de la trompeta resonó como un trueno en los oídos de Blake Belladona, arrancándola de un sueño profundo y reparador. Sus párpados, pesados como piedras, se negaron a abrirse del todo, y un gruñido escapó de sus labios.

La batalla contra el Grimm Marino había sido agotadora, y la falta de sueño se sumaba a su cansancio.

Sun Wukong, que compartía la pequeña habitación con ella, soltó un suspiro audible y se revolvió en su cama, buscando un poco más de descanso.

Blake lo observó con una mezcla de irritación y resignación. Su compañero de viaje, con su eterna sonrisa y su optimismo a prueba de balas, podía ser bastante molesto a veces. Sin embargo, había sido un aliado invaluable en la lucha contra la criatura marina, y Blake debía admitir que su presencia era reconfortante.

La trompeta volvió a sonar, más insistente esta vez, obligando a Blake a abrir los ojos de par en par.

La molestia inicial se disipó rápidamente al darse cuenta de que habían llegado a su destino. Menagerie, su antiguo hogar, se encontraba a solo unos pasos. Un escalofrío de emoción recorrió su espina dorsal, mezclado con una pizca de nerviosismo. ¿Qué la esperaría en esta nueva etapa de su vida?

"¡Todos los pasajeros a bordo, prepárense para desembarcar! Hemos llegado a los puertos de Menagerie", resonó la voz del capitán por los altavoces. Blake se levantó de un salto y se dirigió hacia la puerta. Tenía tantas cosas que hacer y tantas personas a las que ver.

—"¡Sun, arriba! Hemos llegado", Blake exclamó con impaciencia, sacudiendo al fauno que yacía en la cama, aferrándose a sus sueños como si fueran un tesoro. El joven fauno, con su pelaje rubio y su cola de mono, soltó un gruñido gutural y se quejó, cansada , Blake tiró a Sun al suelo.

—"Ay, pero ¿por qué todas las chicas tienen que ser tan despiadadas?, ¡Un mes y medio de viaje!, ¡No puedo creer que hayamos llegado al fin!".

A pesar de sus protestas, Sun se levantó de un salto y ambos se dirigieron hacia la salida. Debían admitirlo, a regañadientes, aquellos Grimm habían resultado ser un salvavidas. Gracias a su valiente defensa contra las criaturas, habían logrado congraciarse con la tripulación y viajar gratis.

Blake, sin embargo, sumida en sus pensamientos y en su constante entrenamiento, no había prestado mucha atención a su entorno. Había pasado la mayor parte del viaje perfeccionando sus habilidades, buscando volverse más fuerte. No había notado el creciente número de pasajeros a bordo, ni los cambios sutiles en el ambiente.

Al dirigirse a la salida del barco, la realidad la golpeó como un balde de agua fría. Entre la multitud de faunos y que desembarcaban, había humanos. No uno o dos, sino varios. Vestidos con camisas hawaianas y pantalones cortos, cargaban cámaras y gorras, como si estuvieran de vacaciones en un paraíso tropical.

Blake sintió un escalofrío recorrer su espalda. Los humanos no eran bienvenidos en Menagerie. Eran vistos como intrusos, como una amenaza para su pacífica existencia. A menudo eran rechazados con desprecio, y en ocasiones, atacados. La idea de que estos turistas desprevenidos se encontraran en medio de un conflicto la llenaba de horror.

—"¡Rayos!", murmuró Blake, apretando los puños.— "No puede ser. ¿Qué están haciendo aquí?".

Sun, al notar su expresión de preocupación, se acercó a ella y preguntó,— "¿Qué pasa, Blake? ¿Todo bien?".

Blake se volvió hacia él, su mirada llena de inquietud. —"Los humanos... están aquí. Y no creo que los demás se lo tomen muy bien."

El problema era que antes de que pudiera articular una sola actividad, las puertas del barco se abrieron de par en par, revelando una vista que cortocircuitó su mente

Menagerie, un continente escaso de recursos, había sido siempre un lugar de contrastes. Kuo Kuana, su asentamiento más próspero, era un oasis en medio del desierto, un lugar donde los faunos podían vivir con una relativa comodidad. Un muro, modesto pero eficaz, lo protegía de las constantes amenazas de los Grimm.
Sin embargo, al posar sus ojos en el horizonte, Blake quedó estupefacta. El muro que antes conocía, modesto y familiar, se había transformado en una colosal fortificación, comparable a las murallas de los grandes reinos del Remanente. Guardias faunos, con armaduras relucientes y expresiones vigilantes, patrullaban la muralla, sus ojos escudriñando el horizonte. Las puertas, antes pequeñas y discretas, se habían convertido en portales imponentes, custodiadas por centinelas.

Blake no podía creer lo que veía. ¿Qué había ocurrido en su ausencia? ¿Quién había ordenado la construcción de semejante fortificación? Y lo más importante, ¿por qué?

—"¡Oigan!, ¡Esperen! ,¡No entren ahí!", gritó Blake, su voz resonando en el muelle. Pero sus palabras se perdieron en el clamor de la multitud. Los humanos, ajenos al peligro que se cernía sobre ellos, continuaban avanzando hacia las puertas, sus rostros llenos de curiosidad y excitación.

Para su sorpresa, no hubo el esperado ataque. Ningún fauno salió a expulsarlos, ni se alzó una sola voz en protesta. Los humanos cruzaron las puertas sin obstáculos, como si fueran visitantes esperados. Blake y Sun se miraron, perplejos. ¿Qué estaba pasando?

Sus pasos se detuvieron en seco, como si una pared invisible la hubiera detenido. Kuo Kuana, el pequeño pueblo pesquero que había dejado atrás, se había transformado en una metrópolis vibrante y cosmopolita. Los recuerdos de su infancia, de las casitas de madera y las calles empedradas, se desvanecieron ante la inmensidad de esta nueva realidad.

Edificios de varios pisos se alzaban hacia el cielo, sus fachadas relucientes contrastando con el mar azul. Restaurantes y tiendas abarrotaban las calles, y la gente se movía a un ritmo frenético, sumergida en sus propias vidas. El suelo, antes tosco y desigual, ahora era un liso asfalto que reflejaba la luz del sol. Kuo Kuana había dejado de ser un simple pueblo para convertirse en una ciudad moderna, una miniatura de los grandes reinos del Remanente.
Blake se sentía desorientada. ¿Cómo había sido posible semejante transformación en tan poco tiempo? Recordaba haber dejado Kuo Kuana como un lugar tranquilo y apartado del mundo, un refugio para los faunos. Y ahora, aquí estaba, una metrópolis bulliciosa y multicultural.

Algo de esta magnitud debería tomar décadas para concretarse , si bien el tiempo en el que ella ha estado ausente de su hogar era considerable ,no era lo suficiente como para que Menagerie cambiaría tanto

Lo que más la sorprendió fue la convivencia entre humanos y faunos. Los veía juntos, compartiendo risas y conversaciones, como si la antigua animosidad hubiera sido erradicada. Niños humanos y faunos jugaban juntos, sin distinciones de raza. Era una imagen que desafiaba todo lo que ella creía saber sobre su mundo.
Blake se preguntó cómo había sido posible semejante cambio. ¿Había habido algún evento significativo que hubiera unido a ambas especies? ¿O simplemente el paso del tiempo y la necesidad de coexistir habían suavizado las antiguas heridas?

Mientras observaba a la multitud, una mezcla de asombro y confusión se apoderó de ella. Kuo Kuana ya no era el lugar que había dejado atrás. Era un nuevo mundo.

—"¿Esto es Kuo Kuana?", murmuró Sun, su voz cargada de asombro. Ni siquiera él, acostumbrado a la opulencia de los grandes reinos, podía creer lo que veían sus ojos.

La ciudad que Blake había descrito como un pequeño pueblo pesquero se había transformado en una metrópolis vibrante, un crisol de culturas y estilos arquitectónicos.

Sin embargo, fue otra cosa, algo mucho más allá de los edificios y las multitudes, lo que dejó a Blake sin aliento. A lo lejos, como si emergiera de las profundidades de la tierra, se erguía un árbol colosal. No era un árbol cualquiera, sino una maravilla de la naturaleza, un gigante verde que desafiaba toda lógica.

Sus ramas, gruesas como troncos de otros árboles, se extendían hacia el cielo como brazos poderosos, creando una sombra que se proyectaba sobre la ciudad como una manta protectora. Sus hojas, de un rosa intenso y luminoso, brillaban bajo el sol como pétalos de una flor gigante.

Era un ser vivo que parecía desafiar las leyes de la naturaleza, un coloso vegetal que se había convertido en el corazón palpitante de Kuo Kuana.

Blake había oído cuentos sobre árboles antiguos y poderosos, pero nada se comparaba con esta maravilla. Era como si un pedazo de un mundo mágico hubiera florecido en medio de esta realidad.

—"¡Mira eso!", exclamó Sun, señalando hacia el árbol.— " Eso es lo más increíble que he visto en mi vida ".

Blake asintió, sin apartar la vista del coloso árbol. —"Es... impresionante", murmuró, buscando las palabras adecuadas para describir lo que sentía.

—"¿Dónde estoy?", murmuró Blake, su voz apenas un susurro. La escena ante sus ojos era tan surrealista que dudaba de su propia cordura.

—"Blake, ¿mi niña? ¿Eres tú?", una voz dulce y familiar la sacó de su trance. Se giró y allí, bajo la sombra del inmenso árbol, estaba Ali, la anciana vendedora de duraznos. Sus ojos, pequeños y brillantes como dos estrellas, la miraban con una mezcla de sorpresa y alegría. La piel de su rostro, surcada por arrugas profundas como mapas de una vida entera, irradiaba una calidez reconfortante.

Blake sintió un nudo en la garganta. Ali, la mujer que había sido como una segunda abuela para ella, la mujer que le había regalado los duraznos más dulces del mundo y la había cuidado en su infancia. Los recuerdos inundaron su mente: las tardes jugando bajo el sol, el aroma de los duraznos maduros, la calidez de las manos de Ali acariciando su cabello.

—"Ali", susurró Blake, su voz entrecortada por la emoción. El tiempo parecía haberse detenido. En ese instante, solo existían ellas dos y los recuerdos que las unían.

La anciana se acercó a ella con pasos lentos, como si temiera romper un hechizo. Sus brazos, delgados y arrugados, se envolvieron alrededor de Blake en un abrazo cálido y protector. Blake correspondió al abrazo con fuerza, sintiendo las lágrimas deslizarse por sus mejillas. Eran lágrimas de alegría, de tristeza, de arrepentimiento y de alivio.

—"Cuánto tiempo ha pasado", murmuró Ali, su voz apenas audible.— "Has crecido tanto, mi niña".

Blake asintió, sintiendo un nudo en la garganta. Tantos años habían pasado y ella no había vuelto a ver a Ali. Se había sentido culpable por ello durante mucho tiempo, pero ahora, en este momento, solo importaba el presente.

En ese abrazo, Blake encontró la paz que tanto había anhelado. Se dio cuenta de que a pesar de todo el tiempo que había pasado, los lazos afectivos nunca se rompen del todo. Y que a veces, lo único que necesitamos es un abrazo y unas pocas palabras para sentirnos completos.

—"Ay, querida, ¿por qué nunca llamaste?", susurró Ali, su voz temblorosa por la emoción. Sus ojos, llenos de una tristeza infinita, se clavaron en los de Blake. La joven sintió un nudo en la garganta al ver el dolor reflejado en el rostro de la anciana.

—"Lo siento, lo siento tanto", balbuceó Blake, las lágrimas brotando de sus ojos. —"No tuve el valor de enfrentarte. Tenía miedo de que me miraras con desprecio, de que me recordaras todos los errores que cometí. Me advertiste tantas veces, me dijiste que estaba equivocada, pero no te escuché. Te fallé, Ali".

Recordó vívidamente las acaloradas discusiones que habían tenido, las palabras duras que había pronunciado. Ali, con su sabiduría y su amor incondicional, había intentado guiarla por el camino correcto, pero ella, cegada por la ambición y la convicción hacia Adam, había rechazado su ayuda.

Ali, sin embargo, no parecía guardar rencor. Limpiando las lágrimas de Blake con la yema de sus dedos, sonrió con ternura. —"No te preocupes por eso, mi niña. Todos cometemos errores. Lo importante es aprender de ellos y seguir adelante".

Blake sintió un peso levantarse de sus hombros. Las palabras de Ali eran como un bálsamo para su alma herida. —"Siempre has sido tan buena conmigo", susurró.— "No merezco tu perdón".

Ali negó con la cabeza, su mirada fija en la de Blake. —"No se trata de merecer, mi niña", susurró con ternura. —"Se trata de amar. Y yo te amo, Blake. Siempre lo he hecho y siempre lo haré". Sus palabras resonaron en la habitación, llenándola de un calor reconfortante.
Tomando la mano de Blake entre las suyas, Ali la invitó a sentarse.— "Ven, siéntate conmigo. Quiero que me cuentes todo lo que ha pasado contigo. No te guardes nada". Su voz era suave, pero transmitía una fuerza inquebrantable, invitando a Blake a abrir su corazón.

Blake, sintiendo una mezcla de alivio y culpa, dudó un instante. —"Será para otro momento, Ali. Hoy tengo una cita con mis padres... hace mucho que no los veo". Su voz se quebró ligeramente al mencionar a sus progenitores.

Ali asintió con comprensión. —"Tienes toda la razón, querida. Deberías ir a verlos. Te extrañan mucho". Sus palabras, llenas de empatía, hicieron que Blake se sintiera aún más culpable. Sabía que Ali la apoyaría en cualquier decisión, pero no podía evitar sentir que la estaba lastimando al posponer su conversación.

Sun observaba la escena desde un rincón, contemplando a la pareja con una mezcla de ternura y admiración. Este era un momento íntimo, un espacio sagrado donde el amor florecía sin obstáculos. Y él, en su sabiduría, decidió mantenerse al margen. No había necesidad de interrumpir esta armonía.

—"Kuo Kuana ha cambiado bastante", murmuró Blake, sus ojos recorriendo el paisaje transformado. Era como si hubiera vuelto a nacer.

Ali, la dulce anciana, respondió con una sonrisa radiante. —"Sí, nunca hemos estado tan prósperos como ahora. Es un milagro, ¿no crees?" Su voz era cálida y llena de gratitud.

Blake asintió, aunque una sombra de duda cruzó por su mente. Tenía que admitir que el cambio era asombroso, pero ¿cómo había sido posible? ¿Qué secretos se escondían detrás de esta prosperidad repentina?

—"Sí, es un milagro", repitió Blake, más por cortesía que por convicción. Las respuestas a sus preguntas solo podrían venir de su padre, el líder de esta comunidad. Aunque ya no era una simple aldea, sino un reino en pleno auge.

—"¿Mi padre se encuentra en casa?", preguntó, tratando de disimular su inquietud.
Ali asintió con entusiasmo. —"Sí, ahora mismo debe estar almorzando con la señorita Sienna y..."

Blake no pudo escuchar más. El nombre de Sienna, la líder del Colmillo Blanco, la heló. Era un nombre que evocaba recuerdos oscuros y un miedo ancestral. Sienna y su padre habían sido enemigos acérrimos durante años. Había sido ella quien había arrebatado el control del Colmillo Blanco, retorciendo la organización en una sombra de lo que había sido.

Blake se estremeció al pensar en la mujer que había causado tanto dolor a su familia. ¿Qué hacía Sienna aquí? ¿Qué clase de trato tenía con su padre? Mil preguntas se agolpaban en su mente, todas ellas cargadas de una ansiedad creciente.

Y Ali había mencionado que su padre estaba almorzando con Sienna, y la sola idea la heló. Sienna, la líder del Colmillo Blanco, era una mujer de carácter fuerte y ambiciones oscuras. Blake temía lo peor: que, distraído por la presencia de su antigua enemiga, su padre pudiera ser manipulado o incluso traicionado.

Impulsada por un anhelo de protección y un miedo visceral, Blake echó a correr hacia su hogar. El Kuo Kuana había cambiado tanto que se sintió desorientada, las calles familiares ahora eran un laberinto de nuevas construcciones. Sin embargo, finalmente, logró reconocer su antigua casa. Era el doble de grande que antes, pero el buzón con el nombre "Familia Belladona" la guió hasta su destino.

Con el corazón palpitante y Sun a sus talones, Blake entró en la casa. Recorrió habitación por habitación, cada paso resonando en el silencio de la mansión. Al acercarse al comedor, escuchó voces elevadas, una discusión acalorada. El miedo se apoderó de ella, apretándole el pecho como una mano de hierro.

Con las yemas de los dedos temblorosas, Blake abrió la puerta. La escena que se presentó ante sus ojos era tan surrealista que por un momento pensó que estaba soñando.

Su padre y su madre estaban sentados juntos en la mesa, compartiendo una animada conversación y disfrutando de un delicioso almuerzo. Pero lo que realmente llamó la atención de Blake fue la figura imponente de Sienna Khan, la temible líder del Colmillo Blanco, sentada a su lado.

Sin embargo, la imagen de Sienna, normalmente tan imponente y amenazante, estaba ahora en una situación bastante... peculiar. Estaba enzarzada en una acalorada discusión con un hombre, ambos estirando el cuello y forcejeando por un pequeño plato de sushi de atún aleta amarilla.

—"¡Más te vale que lo sueltes, no me tentaré en atacarte, eso es mío!", exclamó Sienna con voz amenazante, sus ojos brillando con determinación. El hombre, visiblemente avergonzado, intentaba arrebatarle el plato.— "Es el último que queda, ¡y es mi favorito!".

—"Vamos, Sienna, no seas mezquina", rogó el hombre, haciendo ojos de cachorro. —"Prometo que te pagaré lo que sea, solo dame un bocado. ¡Es que el atún aleta amarilla de Kali Belladona es simplemente divino!".

Sienna lo miró con desdén. —"¿En serio crees que haciendo ojos de perro me vas a convencer?, ¡Te has comido cuatro platos ya! ¿Y ahora quieres más? ¡No seas glotón!".

El hombre suspiró teatralmente, pasando una mano por su cabello castaño. —"Es que no sabía que era tan bueno. De verdad, ¡es una delicia!" Su voz, profunda y un tanto melodiosa, contrastaba con la seriedad habitual de la atmósfera.

Tenía unos veintiocho años, a juzgar por su apariencia. Su piel, ligeramente bronceada por el sol, hacía juego con sus ojos café oscuro, que brillaban con una chispa de picardía. Su cabello, castaño oscuro y liso, le llegaba hasta la espalda, ondeando suavemente con cada movimiento de cabeza.
Vestia una túnica blanca, típica de la región de Menagerie, que resaltaba la belleza de su figura.

La tela, suave y ligera, se adaptaba a sus movimientos con elegancia, revelando una cierta sofisticación bajo su apariencia relajada.

—"Blake, ¿hija?", la voz de Kali Belladona resonó en la habitación, interrumpiendo la farsa entre Sienna y el joven. Blake, distraída por la escena, giró la cabeza lentamente hacia su madre.

Kali y Ghira Belladona quedaron atónitos al verla. Su hija había cambiado tanto desde la última vez que la habían visto. Era como si el tiempo se hubiera detenido para ella, conservando su belleza juvenil. Sus ojos, grandes y expresivos, eran idénticos a los de su madre, y su cabello, aunque más largo, tenía el mismo tono oscuro y brillante. La única diferencia era su estatura, ligeramente superior a la de Kali.

—"Blake...", susurró Ghira, su voz temblorosa de emoción. Los ojos se le llenaron de lágrimas al contemplar a su hija, quien había florecido en una mujer hermosa y fuerte. Era como si un sueño se hubiera hecho realidad.

Sienna, ajena al emotivo reencuentro, alzó triunfalmente el plato de sushi.— "¡Y es mío!" exclamó, su sonrisa radiante como el sol naciente. Con un movimiento rápido, había arrebatado el preciado manjar de las manos del hombre, quien ahora se frotaba el estómago fingiendo un dolor agudo. —"¡Jajaja! ,¡Nadie puede conmigo!".

El hombre, con un suspiro dramático, se dejó caer en la silla. —"¡Ay, por favor! ¡No es justo! ¡Me distraje".

Blake, con el corazón a mil por hora, observaba la escena. Su mano instintivamente se posó sobre el mango de su arma, lista para desenfundarla en caso de peligro. Sienna, sin embargo, parecía inofensiva, completamente absorta en su comida. Algo no cuadraba. La atmósfera era demasiado idílica, demasiado tranquila.

Su padre, notando la tensión en su hija, le acarició suavemente el hombro. —"No te preocupes, hija. Sienna es nuestra invitada." Su voz era suave y reconfortante, pero Blake no se sintió del todo tranquilizada. La sonrisa de Sienna, demasiado amplia , la ponía en guardia.

Blake frunció el ceño, desconcertada. ¿Invitada? ¿Desde cuándo en esta casa se recibían con los brazos abiertos a la líder del Colmillo Blanco? Según sus últimas noticias, existía una ley tácita: si Sienna se atrevía a cruzar el umbral de su hogar, sería expulsada sin contemplaciones..

—"Vaya, así que esta es su hija, señorita Kali", comentó el hombre, acercándose a Blake con una sonrisa demasiado amplia.— "Es una completa belleza, al igual que usted... ¿Qué pasaría si tuvieran un hijo? ,Seguro que sería un hombre muy atractivo".

Blake se sobresaltó. ¿Cuándo se había movido ese hombre? Un segundo antes había estado junto a Sienna, y ahora estaba frente a ella, invadiendo su espacio personal. Sus padres, con una sonrisa complaciente, se separaron para dejarla a solas con el intruso.

—"¿Y tú eres...? ", Blake habló, pero su voz era más un gruñido que una pregunta. Su tono era tan amenazante y hostil que sus padres se intercambiaron miradas de 'ella nunca cambiará".

—"¡Puaj! ¡Jajaja! ¡Qué actitud más fuerte!, Supongo que esto lo has sacado de tu padre", El hombre no parecía inmutarse por la hostilidad de Blake. Al contrario, parecía divertirse. No de una manera burlona, sino más bien de una forma despreocupada, como si estuviera jugando a un juego.

—"Supongo que fue de mala educación no presentarme. Tú debes ser Blake. Tus padres me han hablado mucho de ti",El hombre extendió su mano, la palma hacia arriba, en un gesto amistoso. Sus ojos, de un color café intenso, brillaban con una alegría genuina. Tenía una sonrisa amplia y blanca que iluminaba todo su rostro.— "Es un gusto conocerte. Mi nombre es Hashirama Senju".

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Les pido disculpas por los errores ortográficos y les invito a que me compartan sus ideas para mejorar la historia.

Les advierto que algunas cosas pueden no tener mucha lógica, así que agradezco cualquier sugerencia.

También les informo que me he tomado algunas licencias creativas con algunos personajes y que no seguiré al pie de la letra el canon original.

Les doy las gracias por su apoyo, espero que les guste lo que he escrito hasta ahora y que me acompañen en esta aventura literaria. ¡Un abrazo!

Sigan mis demás historias, "los archivos clasificados de Jaune Arc" un fan fic de rwby

Y mis más reciente obra "whitley caballero de la noche", Batman x RWBY

Sé que no son gran cosa pero ,¡hey! al menos denle una oportunidad Y dejen sus comentarios a ver qué les pareció

— ¡Dejen sus comentarios!.

sigan mis otras historias, , compartan...seria de ayuda, podria llegar a un publico mas amblio.

Gracias por leer..

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