El Símbolo de la Paz y la Justicia
Escrito por TheGodfather93, traducido por Fox McCloude
Disclaimer: Dragon Ball, My Hero Academia y todos sus personajes respectivos son propiedad de Akira Toriyama y Kouhei Horikoshi. Todos los derechos reservados.
Capítulo 20: Choque de dos mundos.
Gohan sintió que le caía encima una sensación similar a un tsunami, lo que lo dejó gélido hasta las entrañas. Su mandíbula cayó y sus ojos se abrieron de par en par, mientras sus latidos se paralizaban al repetir en su mente los últimos segundos.
Cada vez, resultaba más dolorosa que la anterior.
Una ronda de sollozos agudos de Uraraka lo sacaron de su trance, y sus ojos recuperaron algo de su lustre. Con su mandíbula cerrada y los puños temblando, sintió que su corazón volvía a latir, pero ahora estaba acelerándose como el motor de un auto de carreras.
Una ligera brisa soplaba por la sala, pero Gohan no le prestó atención, sino que mantuvo sus pies en el suelo mientras que todo su cuerpo temblaba. En el fondo, las llamas que antes estaban apenas ardiendo habían cobrado vida, rugiendo como un infierno.
– Imperdonable… – logró decir entre dientes apretados, y resoplidos entrecortados.
Algo viscoso se deslizó entre las puntas de sus dedos, lo que le hizo darse cuenta de que había apretado su puño tan fuerte que se sacó sangre a sí mismo. Su ira iba en aumento, pero su voz apenas subía arriba de un suspiro.
– Bakugou… de esta no te vas a salvar…
– ¡Son, tienes que calmarte, pero ya! – exclamó Satou, levantándose de su lugar para ponerle las manos en los hombros al híbrido saiyajin, pero no hizo efecto. – Hermano, por favor, ¡me estás asustando! Y estás… ¡brillando! – le agregó por lo bajo.
Ahora, eso sí le llegó, y Gohan exhaló un largo y profundo suspiro mientras buscaba en los rincones de su mente, tratando de recordar un evento feliz, como el festín de celebración que tuvo con su padre, cuando aprendió a controlar por primera vez el Super Saiyajin. Su ira bajó momentáneamente, pero sabía que tarde o temprano iba a regresar.
Aun así, por lo menos dejó de temblar.
Gohan volvió a respirar, y miró a su mejor amigo con la sonrisa más agradecida que pudo sacar. – Lo siento. Y gracias. – le dijo, dándose cuenta rápidamente que en el momento que empezó a filtrar su ki, Satou se había levantado y lo estaba cubriendo de la vista de Uraraka. Eso le dio una sensación cálida, y resultaba agradable para variar. – No sé qué haría sin ti.
– Honestamente, probablemente estarías encerrado en un laboratorio en algún lugar. – replicó Satou, curvando la comisura de sus enormes labios ligeramente.
– Probablemente. – Gohan estuvo de acuerdo, pasando de largo al chico para encarar a Uraraka, a quien le hizo una ligera reverencia. – Perdón si te asusté.
– Está bien, n-no lo hiciste. – Uraraka murmuraba entre sollozos. – Es b-bueno saber que Deku-kun tenga amigos que se preocupan por él.
Pasándose una mano temblorosa por su cabello, Gohan cogió el asiento en el piso opuesto al de la chica, y Satou se dejó caer junto a él. Tragó pesadamente, odiándose por lo que estaba a punto de preguntar, pero necesitaba respuestas. – ¿Qué… tanta certeza tiene Recovery Girl de que sus quemaduras podrían no desaparecer?
La respiración ya difícil de Uraraka se incrementó aún más, y tuvo que ahogar otro sollozo. – ¡N-no la tiene! ¡Pero fueron tan malas que dijo que no podía descartarlo!
– Entonces, aún hay una posibilidad de que esté bien. – declaró Gohan. Su cara se suavizó. – Sé que es difícil, pero aférrate a esa esperanza, Uraraka. Confiemos en Recovery Girl, ella es la mejor en el negocio por una razón.
– Lo intentaré. – murmuró Uraraka, encogiendo las piernas y apoyando su barbilla entre sus rodillas. Su carita angelical, normalmente brillante y llena de vida, estaba llena de dolor.
Sintiendo que su corazón volvía a acelerarse de nuevo, Gohan se levantó de nuevo.
– ¿Son? – inquirió Satou quedamente.
– Voy a esperar a que comience mi encuentro. – exclamó Gohan, en tono muy serio y severo. – Entre más pronto termine esta broma de festival deportivo, mejor.
– ¿Quieres que vaya contigo?
– Nah, estaré bien. Necesitaré algo de tiempo para meditar. – replicó Gohan. Un suspiro se escapó de sus labios. – Pero ustedes probablemente deberían irse a relajarse en alguna parte, para distraer sus mentes de todo esto. Créanme cuando les digo que no les hará ningún bien enfocarse en emociones negativas. No hay nada más que puedan hacer aquí.
Lo decía más por Uraraka, pero sería bueno si Satou lo escuchaba también. El tipo normalmente era tan tonto y alegre, que verlo de este humor tan depresivo se sentía mal.
Uraraka no se movió, pero Satou fue más receptivo. – Ven, vamos a relajarnos en el cuarto de espera. – le dijo. Cuando ella no le respondió, hizo una mueca, pero aun así sonrió forzosamente. – Mira, prepararé algo de té, y luego podremos ver cómo Son le patea el trasero a Bakugou. ¿Cómo suena esto?
Esta vez, Uraraka sí levantó su cabeza, con un pequeño deje de sorpresa visible en su rostro lleno de lágrimas. – ¿Bebes té?
– ¡Claro que lo hago! – afirmó Satou, fingiendo sonar ofendido. – Son me hizo engancharme con la comida casera, lo que es realmente bueno. Hasta me enseñó algunos trucos.
A pesar de sí misma, Uraraka se rio. – Eso suena bastante bien.
– ¿Verdad? – Satou estuvo de acuerdo, con una sonrisa confiada ahora genuina. – Vamos, valdrá la pena, confía en mí.
– Muy bien. – murmuró Uraraka. – Se limpió los ojos con el pulgar y el índice, y lentamente se levantó. Luego de exhalar lentamente, le dio a Satou una sonrisa menos forzada. – Gracias.
Él le sonrió como respuesta y le indicó que lo siguiera, pero no sin antes asentir en la dirección de Gohan. En el breve momento en que sus ojos se encontraron, el híbrido saiyajin pudo sentir la fe que Satou tenía en él; conocía a su mejor amigo al punto que a veces podían comunicarse sin palabras, y este era uno de esos momentos. Lo cual genuinamente lo conmovió.
Por desgracia, cualquier calidez que generase el gesto rápidamente se evaporó cuando Satou y Uraraka desaparecieron por el corredor, y un gesto enfurruñado y firme se apoderó de la cara de Gohan. Con dicho gesto, metió las manos en su bolsillo, y sus pensamientos se fijaron en una cosa, una sola cosa.
Fue el primero en llegar al túnel que llevaba hacia la arena, así que se apoyó contra la pared y cerró los ojos. Sabía que necesitaba meditar urgentemente ahora, aunque fuese sólo para poner su ira bajo control. Casi había metido la pata hasta el fondo por haber…
– ¿Cómo está Deku?
Los ojos de Gohan se abrieron lentamente, y su boca se frunció en una mueca de rabia. La voz de Bakugou Katsuki ya era irritante en el mejor de los casos, pero ahora el efecto estaba siendo amplificado cien veces más. – ¿Por qué te importa? – le espetó.
El ojo de Bakugou empezó a mostrar un tic, y se colocó en la pared opuesta, cruzando los brazos. – No es que me importe. Sólo tengo curiosidad.
– Por supuesto. – espetó Gohan. – Supongo que es demasiado pedir que muestres aunque sea una pizca de remordimiento por lo que hiciste.
– Hice lo que tenía que hacer para ganar. – resopló Bakugou.
Gohan le lanzó una mirada cautelosa a su siguiente oponente, encontrando algo de satisfacción en esos ligeros moratones esparcidos por su piel, y el vendaje crudamente colocado en el puente de su nariz. Midoriya tuvo un desempeño brillante; no se merecía haber perdido de esa forma.
El labio de Gohan se curvó al pensar en ello. – Estás totalmente lleno de mierda.
Los ojos de Bakugou se entrecerraron peligrosamente. – Habla por ti, fenómeno. Me pregunto qué versión de ti voy a ver en nuestro encuentro. – dijo con tono de provocación, abriendo los ojos para enfatizar. – ¿La que acabó con Pelos Morados de una? ¿O la que se puso a jugar con Ojos de Mapache? ¡O tal vez, sólo tal vez, sacarás una personalidad totalmente nueva sólo para mí!
– Créeme, eso es lo último de lo que deberías preocuparte. – gruñó Gohan.
– ¿Eso es una amenaza? – contraatacó Bakugou.
– ¿Tú qué crees?
La piel de Bakugou se enrojeció hasta alcanzar el tono de un tomate podrido, y su cuerpo temblaba por la furia que apenas podía contener. Gohan sentía algo de curiosidad mórbida sobre si le habría presionado suficientes botones para provocarle una genuina fusión nuclear, pero para su gran sorpresa, el volátil rubio soltó un respiro lento y profundo, y sólo resopló. – Tch. No tienes idea de cuánto tiempo llevo esperando para exponerte como el fraude que eres.
Tratando de no dejar ver su confusión, Gohan suspiró agotado y negó con la cabeza. – Eres el epítome de los delirios.
– Y tú eres como un grano en mi trasero que se rehúsa a desaparecer.
– El sentimiento es mutuo.
Bakugou sonrió. – Voy a destrozarte a tal punto que ni tus padres te podrán reconocer… oh, espera, se me olvidaba. No tienes padres.
– Qué gracioso. – se burló Gohan, incapaz de resistirse a poner los ojos en blanco. – Te diría que renuncies al negocio de ser héroe y pruebes ser comediante, pero seguramente fracasarías en eso también.
– ¡Come mierda y muérete! – ladró Bakugou.
– ¡Bien hecho! – exclamó Gohan, dándole al rubio un aplauso a modo de burla. – Acabas de listar las tres funciones principales de cada criatura viviente en el planeta. ¿Estás orgulloso de ti mismo?
– ¿Tú lo estás?
Gohan se movió para responder, pero su réplica se perdió en su garganta. Por alguna razón, ese último comentario le dolió más de lo que estaba dispuesto a admitir. Ahora que le habían hecho la pregunta, no, no se sentía orgulloso. No quería admitirlo, pero en serio, en serio, en serio que no quería dejarle a Bakugou tener la última palabra. Así que cruzó los brazos y frunció el ceño un par de centímetros más. – Seguro. – mintió. – Se me hizo bastante ingenioso. ¿A ti no?
– ¡No, imbécil! ¡Si no utilicé ninguna coma!
– ¿Podrían por favor nuestros dos finalistas dirigirse hacia el ring? – anunció Present Mic, para alivio de Gohan.
Se movió de la pared y hacia el centro del túnel, encarándose hacia la arena. Como si buscara provocarlo, Bakugou se plantó junto a él. – ¿Tus últimas palabras?
Su sonrisa cruel había regresado, y Gohan trató de ignorar lo mucho que esa simple mirada se le metía bajo la piel. Tenía los dedos presionados contra un bíceps tensado, y varias palabras cargadas de veneno flotaban en su cabeza, pero las contuvo.
Inhaló profundamente por la nariz, y luego exhaló lentamente por la boca, expulsando las palabras más crueles que tenía en la punta de la lengua. Para cuando terminó, sólo le quedaba una pequeña frase cruel por decir, y Gohan no pudo resistirse. – Sí. Espero que te hayas lavado bien la nuca.
Bakugou se congeló, y luego sonrió, haciendo que una mueca de arrogancia se apoderase de su rostro. – Ooh, ¿finalmente muestras tus verdaderos colores? Espero que así sea. Eso hará que valga todavía más la pena cuando te parta en dos.
Esta vez, Gohan no mordió el anzuelo. Ya se odiaba por haberse rebajado, y no quería hacerlo más. Desde ese momento, dejaría que sus acciones hablaran por él.
Con su determinación ahora clara, caminó hacia la arena, y asumió su posición en un extremo del ring, sin prestar atención al aluvión de aplausos que le llovían. Bakugou hizo lo mismo, posicionándose en el extremo opuesto a Gohan.
Sus ojos hicieron contacto, y ninguno de los dos quería ser el primero en romperlo.
– ¡Damas y caballeros, es mi absoluto placer presentarles el evento principal del festival deportivo de este año! – rugió Present Mic. – ¡Ambos, Son Gohan y Bakugou Katsuki han superado numerosas pruebas y tribulaciones durante el transcurso del día, y ambos han emergido como los dos mejores héroes en entrenamiento de su año! ¡Pero… sólo uno llegará a la cima de la montaña!
»¿Será Son? ¿O será Bakugou? No puedo decirlo con certeza, pero sí puedo decirles esto: a los miles de observadores que están aquí, y a los millones que nos ven alrededor del mundo… LET'S GET READY TO RUMBLE!"
Midnight se plantó entre los dos finalistas y les lanzó una mirada a ambos. – No quiero que haya nada fuera de los límites esta vez. Lo que yo diga se hace; si les digo que se detengan, más les vale que se detengan. Cualquiera que no obedezca mis instrucciones será descalificado al instante. ¿He hablado claro?
Gohan asintió.
Midnight le lanzó a Bakugou una mirada asesina. – ¿He hablado claro?
Tenía un tic en el ojo, y su labio se retorcía desagradablemente, pero eventualmente asintió también.
– ¡Comiencen!
Bakugou salió disparado de frente, como un jet de combate propulsado por la rabia, frunciendo el cejo tan severamente que los escupitajos literalmente volaban de su boca. A pesar de esto, Gohan permaneció inmóvil, con los ojos bien fijos en su oponente, y los pies firmes en su lugar. Su expresión era seria, pero serena, y su intención era proyectar cuán poco significaba para él la amenaza del rubio volátil.
Gohan genuinamente dudaba que Bakugou tuviese la capacidad mental para leer las emociones humanas a ese nivel, pero era la intención lo que contaba. Aun así, viendo que su rostro se retorció ligeramente, tal vez no fuese completamente carente de neuronas.
Cuando Bakugou finalmente se acercó lo suficiente para atacar, echó atrás su brazo derecho, antes de empujarlo al frente con un patético grito de guerra. Justo antes de que impactara, la visión de Gohan se oscureció.
Hubo una explosión, seguida de otra. Luego se oyó una tercera, cuarta, quinta, e incluso una sexta. Después una breve pausa, y las explosiones volvieron a reanudarse, y esta vez no cesaron en absoluto.
Lo que se sentía como una serie de picadas de mosquitos llovieron sobre la cabeza, brazos y torso de Gohan, pero principalmente en su cabeza. Dejaban tras de sí un zumbido que admitiéndolo era algo irritante en sus oídos, casi lo suficiente como para hacerlo fruncir el ceño.
El tiempo seguía andando, igual que las explosiones. A los diez segundos, no había signos de que fueran a parar, pero si se concentraba un poco, Gohan todavía podía escuchar un poco a la multitud celebrando como si hubieran enloquecido. Ahora, eso sí lo hizo fruncir el ceño.
Le llevó unos dieciséis segundos al comentarista del festival deportivo hacer sentir su presencia. – ¡No puedo creer lo que estoy viendo, amigos! – rugió Present Mic en medio de la oleada de explosiones. – El favorito del torneo… el invicto favorito del torneo e indisputable número uno del curso de héroes ¡está atrapado en un vórtice de fuego del cual parece no haber escape! ¡No le veo ni un pelo ni un trozo de piel a Son Gohan, pero Bakugou Katsuki no está dejando ninguna piedra sin voltear mientras intenta inundar el escenario en un mar de llamas! ¡Yowch! ¡Hablando de aumentar el calor!
Fue allí que las cosas finalmente cambiaron. El ritmo de las explosiones bajó ligeramente, sólo una fracción, y el rugido de la multitud subió un par de octavos más. Se podían oír algunos jadeos en medio de las erupciones, pero el asalto persistía.
Luego exactamente de veintisiete segundos, las explosiones cesaron por completo, y un grito colectivo de asombro resonó por toda la audiencia.
– ¡Howitzer Impact!
Un repentino calor envolvió el cuerpo de Gohan, como si le hubiesen echado encima una manta recalentada. Se habría sentido reconfortante, de no ser por lo que sonó como un lanzagranadas siendo disparado junto a su oído.
Una vez que las explosiones se apagaron, un tenso silencio se apoderó del estado, únicamente roto por los jadeos exhaustos de Bakugou. El espeso humo que contaminaba el escenario se evaporó gradualmente, y los rayos del sol lentamente se fueron asomando en medio de la oscuridad.
Con cada segundo que pasaba la visión de Gohan se aclaraba, y cuando el humo se asentó lo suficiente para darle una vista completa de Bakugou, vio que la quijada del rubio exhausto se caía como si acabara de ser abierta con una palanca.
La multitud estalló en gritos, y Present Mic empezó a aullar como un lunático. – ¡WOW! ¡Me… me he quedado sin palabras, amigos! – gritó casi sin aliento. – ¡Bakugou le descargó un arsenal nuclear a Son, pero Son lo resistió como si no fuera…! Oh… – Se detuvo cuando algunos silbidos apreciativos empezaron a sonar en el ring. – Bueno, eso tiene sentido al menos. Wow.
A estas alturas, el humo ya se había despejado del todo, y Gohan no necesitaba mirar abajo para saber lo que pasó. La ligera brisa que golpeaba contra su piel sudorosa le dijo lo suficiente. Aunque el patético asalto de Bakugou no le había hecho ni un rasguño, sí había quemado por completo su chaqueta y su camiseta, dejando su torso expuesto a los elementos. Ciertamente no era ideal, pero todavía podía sentir sus pantalones cubriéndole las piernas. Un pequeño consuelo.
Tras quitarse el río de sudor de su frente, Bakugou le lanzó a Gohan una mirada furiosa. – ¿C-cómo? – exclamó tartamudeando.
No recibió respuesta.
Una vena se formó en la sien de Bakugou, y sus manos temblorosas se cerraron en puños. – ¡Asquerosa rata bastarda! – dijo mientras unas débiles chispas estallaban en las puntas de sus dedos, sólo para extinguirse y morir. – ¡Voy a asesinarte, maldito!
Con un gruñido furioso, se lanzó de frente y trató de darle un golpe con el brazo a la frente de Gohan; este golpeó con un impacto seco, y Bakugou soltó un grito agudo de dolor mientras retrocedía, agarrándose la mano.
Una maldición ahogada salió de sus labios, pero se sacudió el dolor, y nuevamente se lanzó contra él, esta vez intentando hundirle un gancho de izquierda en las costillas de Gohan; éste también rebotó, sólo que con un impacto apagado que provocó que el rubio gimiera. – ¡Ahh, mierda! ¿De qué diablos está hecha tu piel? – escupió entre jadeos.
Sin perturbarse, Gohan permaneció en silencio.
Rechinando sus dientes con una frustración tangible, Bakugou soltó una exhalación temblorosa, y luego cerró la distancia por tercera vez antes de soltar una frenética ráfaga de puñetazos, cada uno puntualizado por un gemido maniático. – ¡No! ¡Me! ¡Ignores! ¡Cuando! ¡Te! ¡Hago! ¡Una! ¡Maldita! ¡Pregunta!
– ¡Santo guacamole! – aulló Present Mic, cuya voz se esforzaba por hacerse oír en medio de los casi ensordecedores vítores de la multitud. – ¡Bakugou le tira a Son todo lo que tiene, pero Son sólo permanece allí y lo aguanta todo! ¡Qué espectáculo de actitud desafiante!
Bakugou detuvo su asalto para gritar hacia los cielos, y luego intentó estampar su frente sobre la de Gohan. – ¡Sólo MUÉRETE de una vez, maldito! – rugió.
Gohan tuvo que hacer un esfuerzo por no encogerse del asco cuando los escupitajos de su vulgar oponente le salpicaron a quemarropa, pero se mantuvo firme.
Perturbado, Bakugou se echó atrás. Escupió un gargajo de flema, y luego entrecerró sus ojos carmesís mientras miraba en la dirección del híbrido saiyajin. Por desgracias para él, la severidad de su mirada se vio disminuida por sus jadeos y respiración entrecortada. Eso casi le hizo a Gohan sentir una pizca de preocupación.
Aun así, Bakugou enderezó su espalda, y su mueca enfurruñada se intensificó. – ¿Por qué no estás contraatacando?
Gohan parpadeó. – Porque no necesito levantar un dedo para vencerte. – admitió, antes de recordar que planeaba quedarse en silencio toda la batalla. Oh bueno. – Tú solito estás haciendo un buen trabajo en eso.
– Tú… – siseó Bakugou mientras su cuerpo empezaba a temblar, y la piel se le tornaba de un vívido tono escarlata, como si fuese una bomba de tiempo haciendo tictac. – ¡Malvado bastardo de mierda! ¡Deja de mirarme con lástima!
– No.
La bomba estalló, y Bakugou explotó de frente, lanzando otra ráfaga salvaje de puñetazos, lanzando algunas patadas aquí y allá de vez en cuando. Ninguno de ellos tuvo efecto.
Se detuvo para lanzar una exclamación de pura frustración de nuevo, antes de hundir los pies y estampar las almas contra el torso de Gohan, empujándolo tan fuerte que su cara se empezó a tornar pálida e hinchada. El híbrido saiyajin ni siquiera se movió.
Dejando su esfuerzo, Bakugou se echó para atrás y dejó caer sus manos en sus rodillas. Estaba escupiendo y jadeando, pero se notaba tan severamente exhausto que incluso eso le requería un gran y laborioso esfuerzo.
La comisura de los labios de Gohan se levantó sólo una fracción. – ¿Suficiente?
Escupiendo otro gargajo, Bakugou le lanzó a Gohan una mirada de total desprecio. – Tenía razón todo este tiempo. – dijo jadeando. – Esto no es más que un juego para ti. No eres un héroe. Sólo eres un fenómeno con poderes que no te mereces.
Cualquier satisfacción o catarsis que Gohan podría haber sentido se desvaneció, y una furia hirviente se apoderó de él. Este gusano hipócrita.
Con un feo gesto enfurruñado en su rostro, cerró su mano izquierda en un puño y la alzó; Bakugou retrocedió, y Gohan dudó por un momento antes de abrir su puño formando una especie de garra, la cual cerró en el hombro derecho del bastardo. – ¿Que no soy un héroe? ¿Que soy un fenómeno? – susurró, saboreando una satisfacción enfermiza cuando su enemigo empezó a forcejear (y falló miserablemente) tratando de quitarle la mano de encima. – Eso es gracioso, viniendo de un matón de poca monta que les dice a sus víctimas que deberían suicidarse.
Bakugou dejó de forcejear, y sus ojos se abrieron de golpe. – ¡Ese maldito soplón!
– ¡No te atrevas a echarle la culpa a él! – gruñó Gohan, empujando hacia abajo y forzando a Bakugou, que ahora casi chillaba, a arrodillarse. – ¡Él no ha hecho nada para merecerse tu desprecio! ¡Incluso a pesar de toda la mierda que le has hecho pasar, nunca quiso decir nada! ¡Yo fui el que le pidió que se abriera, y sólo me lo dijo porque sentía que me lo debía!
A pesar del dolor que se le notaba en cada centímetro de la cara, Bakugou logró soltar una risa sardónica. – ¡N-no puedo decir que me sor… prenda! ¡Los re-trasados tienden a atraerse entre ellos!
Apretando los dientes lo suficiente para que le doliera la mandíbula, Gohan lo soltó y rápidamente desvió su mirada. – "¡Con mil demonios!" – maldijo por dentro.
– ¿Q-qué pasó con que no necesitabas levantar un dedo para vencerme? – tartamudeó Bakugou mientras temblaba tratando de levantarse, todavía tambaleándose donde estaba. – ¿A-acaso también eres un mentiroso encima de ser un fenómeno?
Cerrando los ojos, Gohan inhaló profundamente, y exhaló con la misma fuerza, expulsando mucha de la rabia que amenazaba con consumirlo. Cuando los volvió a abrir, se sintió un poco más ligero, pero mucha de la rabia todavía quedaba bajo la superficie; sin importar cuánto se esforzara, no podía ignorar a este vil pedazo de escoria humana que estaba parado frente a él.
Aun así, logró poner un rostro calmado y se desahogó. – Mi brazo se estaba entumiendo, necesitaba estirarlo un poco. – dijo en tono casual, mientras movía dicho miembro para enfatizar. – ¿Seguimos donde nos quedamos?
Bakugou cargó de nuevo, y consiguió conectar seis patéticos puños antes de tener que agacharse para recuperar el aliento. Parecía que tenía problemas incluso para mantenerse en pie, pero a pesar de todo, siguió adelante. – ¡Sólo! ¡Muérete! ¡Maldito! – rugió mientras continuaba tirando golpes, ya con los nudillos rojos y empezando a despellejarse.
– No se siente bien, ¿verdad? – se burló Gohan.
– ¡Jódete! – Un golpe salvaje con el brazo voló hacia su cabeza.
– Tal vez ahora empieces a sentir algo de remordimiento por pasar toda tu vida tratando a todos los que te rodean como basura.
– ¡Cállate, maldito farsante! – Un gancho torpe golpeó su sien.
– Eres muy rápido para tirar acusaciones, ¿pero no es toda esta bravata una máscara para ocultar tus propias inseguridades?
– ¡Muérete! – Un débil puño lo golpeó en el estómago, y Gohan no pudo evitar negar con la cabeza.
– ¿Otra vez esta mierda? ¿Cuántos golpes más a tu ego necesitarás para darte cuenta que tus palabras tienen peso? ¿Que tienen consecuencias? – continuó, mientras su oponente seguía intentando golpearlo como si fuera un borracho. – ¿Alguna vez te has detenido a pensar lo que pasaría si alguien se tomara en serio tus amenazas? ¿O si terminaras enfureciendo a la persona equivocada?
– ¡Cállate! – Un cabezazo desesperado le dio en la boca.
Soltando un suspiro, Gohan se limpió los labios con el dorso de la mano. – ¿Sabes qué? Creo que te haré caso. Hablarle a la gente para que dejen de ser patanes nunca ha sido mi fuerte. – Relajó su postura todavía más, antes de abrir sus brazos como si lo invitase. – Vamos entonces, héroe. Puedo hacer esto todo el día.
– ¡Wowee, ¿alguien vio venir eso?! – exclamó Present Mic. – ¡Ahora podemos agregar el combate verbal a la lista de los muchos talentos de Son!
La multitud rugió su aprobación, y la visión de Bakugou, que ya estaba borrosa, de alguna manera se volvió de un tono más carmesí. Con un grito furioso, saltó de frente mientras echaba su puño derecho hacia atrás, mandando un golpe directo hacia la mejilla de Gohan, sólo para que un perturbador crujido le hiciera retroceder del shock.
Los ojos de Gohan se ensancharon. – "Eso fue…"
Sin perturbarse, Bakugou echó atrás su mano izquierda, y estampó un gancho en las costillas de Gohan; lo cual también resultó en un desagradable crujido, y esta vez el volátil rubio retrocedió, con la boca muy abierta.
Gohan sintió que el corazón se le hundía. – "No…"
Bakugou volvió a lanzarse de nuevo, soltando un golpe cruzado de derecha, el cual Gohan evadió haciendo la cabeza a un lado. Luego se agachó bajo un gancho de izquierda, luego un uppercut de derecha que esquivó echándose atrás, y otro izquierdazo que no golpeó más que el aire. – ¡Quédate quieto! – bramó el rubio, con sangre chorreándole de los nudillos mientras seguía golpeando.
Gohan no podía creerlo. – ¿Estás loco? ¡Te vas a destrozar las manos!
– ¡Cierra la maldita boca! – Bakugou seguía golpeando.
– ¡Deja de ser un idiota!
– ¡Deja tú de ser un idiota!
– ¡Tarado! ¡Estoy tratando de evitar que te lastimes! – contraatacó Gohan, justo a tiempo para evadir otro golpe descontrolado.
– ¡No necesito que hagas una mierda por mí! – espetó Bakugou, como si no le importara nada. – ¡Voy a ser el siguiente número uno, no importa lo que me cueste!
Gohan atrapó un puño que le venía por la muñeca. Bakugou gruñó, y trató de atacar con la mano libre, que también se la atrapó. El híbrido saiyajin miró directo en los ojos inyectados de sangre de su oponente. – ¿Y si terminas rompiéndote a ti mismo por el camino?
"Whatever it takes," Bakugou fired back, not a trace of doubt in his tone.
Gohan lo soltó, apenas con fuerza suficiente para que Bakugou diera tumbos. Paradeó, y en lugar del rubio, estaba Midoriya, jadeando profusamente y con el sudor chorreando a su alrededor. La fatiga que irradiaba era casi tangible en cada poro. A pesar del abrumador agotamiento, sus ojos seguían ardiendo con determinación.
Tras un parpadeo después, Bakugou regresó. – "¿Fue esto de lo que habló Midoriya?"
La mente de Gohan inmediatamente retrocedió, hasta detenerse en su viaje a una heladería que visitaron dos días antes. Acababan de terminar su entrenamiento, y como recompensa por el duro trabajo de su protegido, Gohan decidió darle un regalo.
…
Una chica linda de pelo rubio cenizo les sirvió una pequeña copa con numerosas bolas de color frente a Midoriya. – Para nuestro nuevo cliente. – Luego colocó un cáliz gigante en frente de Gohan, lleno hasta el borde con todos los sabores y colores del lugar, al punto que casi parecía un arcoíris. – Y para nuestro cliente favorito, lo de costumbre.
Gohan se esforzó por desviar la mirada del mágico helado, pero logró hacerlo lo suficiente para darle a la camarera una sonrisa. – Se ve increíble como siempre, Yuki. Gracias.
– ¡Siempre es un placer, Gohan-kun! – se rio Yuki. – ¡Que disfruten, muchachos!
Mientras se iba para atender a alguien más, el dúo comenzó a comer. – Es muy bueno, ¿no te parece? – preguntó Gohan entre bocados.
– ¡Es increíble! – replicó Midoriya. – No tenía idea de que este lugar existía.
Gohan se rio. – Una de las primeras cosas que Satou y yo hicimos cuando nos admitieron en la U.A. fue explorar las áreas aledañas, para ver qué lugares geniales podíamos encontrar. Este fue uno de ellos. – Se rascó el mentón pensativamente. – La panadería de Enzo también está realmente buena; está a sólo un par de cuadras de aquí. El tipo que la atiende dice que una vez solía servirle a la mafia en Estados Unidos.
La cuchara de Midoriya se detuvo antes de tocar sus labios. – ¿L-la mafia? No creerás que estaba hablando en serio, ¿verdad?
– Quién sabe. – dijo Gohan encogiéndose de hombros. – Es su negocio, no el mío. Lo único que importa para mí es que está aquí, no tiene registro criminal, y que prepara un excelente cannolo.
– Ya veo. – Midoriya se quedó pensativo. – ¿Y Satou-kun se siente igual?
– Sip.
– Debe ser agradable, tener un amigo que piensa en la misma longitud de onda que tú. – murmuró Midoriya.
Gohan parpadeó, pillando una abertura para hacer una pregunta que había querido hacer desde había tiempo. Se aclaró la garganta. – Sabes, he querido preguntarte: ¿qué onda contigo y el rubio explosivo?
Midoriya se congeló. – ¿P-perdóname?
Gohan tuvo un ligero respingo. – Perdón, no es que quiera ser entrometido. Sólo tenía curiosidad. Eres muy amable con el tipo, pero él no hace más que tratarte como basura. – Suspiró. – Olvida lo que dije. No es asunto mío.
Midoriya bajó su copa y juntó las manos. – No tienes por qué disculparte, entiendo por qué tienes curiosidad. Kacchan y yo… s-seguramente te parece muy raro, si nos ves desde afuera.
– Bueno, sí. – confirmó Gohan. – Para ser dos personas que supuestamente son viejos amigos, parece ser una amistad muy, ahh, unilateral.
Midoriya se rio, sin alegría. – Lo es, ¿verdad? – Evitó la mirada mientras se desviaba de la mesa y observaba contemplativamente por la ventana. Gohan se echó algunos bocados medidos de su helado, antes que su amigo peliverde se girase para encararlo. – De acuerdo. Si realmente quieres saberlo, te lo contaré.
– No tienes que hacerlo si no quieres. – ofreció Gohan. – Como dije, no es asunto mío.
– Está bien. – dijo Midoriya negando con la cabeza. – Después de todo lo que has hecho por mí, es lo menos que puedo hacer.
Gohan asintió, bajando un poco el ritmo mientras comía su helado. – Te escucho.
…
Y vaya si le escuchó, mientras Midoriya contaba sobre su niñez temprana, cómo el rubio explosivo descubrió su Quirk, y cómo su relación fue cambiando a medida que pasaban los años.
Se quedó en silencio mientras Midoriya le habló sobre cómo su propio Quirk no se materializó, cómo aumentó la popularidad del rubio explosivo, y cómo sus profesores habilitaron su comportamiento al alabarlo constantemente.
Casi perdió el control cuando Midoriya habló sobre hasta dónde llegó el rubio… no, Bakugou, en sus fanfarronadas y abuso, pero logró soportarlo; el helado definitivamente ayudaba, aunque su dulzura sublime se veía agriada por lo que estaba escuchando.
Y ahora, estando de pie frente al mismo Bakugou que le había causado tanto dolor a su amigo, Gohan recordó una parte muy particular de la historia de Midoriya.
– "Sé cómo suena, pero por favor no odies a Kacchan. Él es sólo un producto de la sociedad, de tener a todos alabándolo desde el momento que obtuvo su Quirk. Ese nivel de atención… se le subiría a la cabeza a cualquiera, especialmente a un niño. Y a pesar de todo, se está esforzando con todo lo que tiene, para ser un héroe como All Might. Sé que lo que hizo no estuvo bien, Son-kun, pero no puedo evitar admirarlo."
Sacudiéndose de la mente el resto del recuerdo, Gohan se sintió muy indignado. Estaba asqueado consigo mismo. Había permitido que su ira se apoderase de él (otra vez) y alguien a quien debería haber estado protegiendo se lastimó muy seriamente.
Este no era comportamiento digno de un héroe.
¿Era un desastre que la sociedad de los héroes estaba tan degenerada a tal nivel que el comportamiento de Bakugou era permitido e incluso motivado? Absolutamente.
¿Estaba podrida hasta las entrañas, al punto que ver a niños dándose palizas entre ellos en el equivalente humano de peleas de gallos era un espectáculo televisado? Sin una sombra de duda.
Pero ésta… no era la forma correcta de responder. No era el ejemplo que había que dar.
Un suspiro cansado se escapó de sus labios, y Gohan caminó de frente. Bakugou retrocedió, pero aun así subió sus brazos temblorosos formando una guardia rudimentaria, sin que le importase que la sangre de sus nudillos rotos chorreaba por sus mulecas. Como si pudiera sentir el cambio en la atmósfera, hizo una mueca burlona. – No quiero tus disculpas.
– No estaba planeando darte ninguna.
Los ojos de Bakugou se ensancharon. – ¿Qué…?
Un puñetazo rápido en el estómago lo obligó a doblarse sobre el puño de Gohan. Retrocediendo lentamente, el híbrido saiyajin dejó que su oponente se desplomara en el suelo, inmóvil.
Lanzó una mirada melancólica a su oponente caído. Sabía que lo que había hecho estuvo mal, pero no podía de ninguna manera disculparse con una persona tan horrible como él.
Sin embargo, podía respetar al guerrero en él, lo suficiente como para dejarlo caer sobre su propio escudo.
Midnight de repente se paró junto a él, levantando su látigo anunciando el resultado. – ¡Son Gohan es el ganador!
La multitud estalló tan rápidamente, que fue como si el Vesubio hubiese despertado de su letargo.
– ¡Y ahí lo tienen, amigos! ¡Con esto concluye nuestro festival deportivo de este año, y qué forma tan electrizante de terminar! – rugió Present Mic. – ¡Démosles una ovación como Dios manda a nuestro valiente subcampeón, Bakugou Katsuki, y a nuestro indomable campeón, Son Gohan!
Dicho campeón hizo su mejor esfuerzo para ahogar el ruido. Aunque técnicamente había sido el ganador, no se sentía realmente como uno.
– Sólo para que sepas, creo que deberías alzar tu mano. – sugirió Midnight.
Gohan gruñó, pero le hizo caso. Los vítores resultantes parecieron sacudir todo el estadio.
– ¿Supongo que no estás de humor para un discurso de victoria?
– No, a menos que usted apruebe que les grite a todos que son una bola de salvajes sedientos de sangre. – gruñó Gohan.
Midnight resopló. – Sí, probablemente no sea la idea más inteligente. – Su cara se suavizó. – Puedes irte, chico. Ve a ver a tu…
– ¡Bakugou, quédate quieto! ¡Estás herido!
Abriendo los ojos de golpe ante la conmoción, Gohan vio que un mareado Bakugou andaba dando tumbos hacia él, con los brazos estirados amenazadoramente. Los doctores que estaban cerca venían corriendo a restringirlo, pero él siguió adelante, con los labios curvados en una muy familiar mueca de rabia, pese a que sus ojos habían perdido toda la luz.
Un gesto enfurruñado se coló en el rostro de Gohan. – "Ese tipo…"
Entonces, como si hubieran encendido un interruptor, Bakugou se detuvo. Parpadeó, y recuperó el color. Giró la cabeza lentamente para ver la escena a su alrededor, y sus ojos encontraron eventualmente los de Gohan, y frunció el ceño, antes de exhalar un suspiro de los labios. Como si fuera una llama apagada por un extintor de incendios, cualquier furia que estuviera emanando simplemente se disipó.
Los doctores trataron de guiarlo de vuelta a la camilla, pero él los empujó y se fue, caminando de manera sorprendentemente estable.
Midnight chasqueó su lengua. – Cielos, ese mocoso sí que es una pieza de trabajo.
– No sabe ni la mitad. – murmuró Gohan, frotándose las sienes algo cansado.
A pesar de tener los nudillos rotos, de su agotamiento, y de que literalmente había quedado inconsciente, Bakugou todavía quería pelear, y sabía exactamente quién era su objetivo. La determinación de este tipo era casi de otro mundo. Tal vez, sólo tal vez… Gohan finalmente podría entender, aunque fuera sólo marginalmente, cuál era exactamente el problema de este tipo.
Una ligera brisa le hizo cosquillas en el pecho desnudo, trayéndolo de vuelta a la realidad. Tuvo un respingo ante ese infortunado recordatorio. – ¿Ya puedo irme? – le preguntó Midnight. – Realmente necesito ir a cambiarme de ropa.
Como si entendiera su incomodidad, Midnight le sonrió cálidamente. – Por supuesto, Son-kun. Sólo asegúrate de volver en treinta minutos para la ceremonia de premiación. Si no lo haces, tendré que ir a buscarte y traerte arrastrando yo misma, y créeme, realmente no quisiera tener que hacer eso.
Gohan tembló. Lo último que querría sería que lo arrastraran a ser exhibido como una especie de diva mimada, pero entendía que era parte de los procedimientos, y ya había consentido a ello decidiendo participar en el festival. – Por supuesto, sensei. Gracias.
– Me alegra escucharlo. – Midnight sonrió. – Y oye, hiciste un muy buen trabajo hoy. – añadió desordenándole el pelo.
Gohan no se lo creía, pero apreciaba sus palabras amables, y asintió como toda respuesta antes de irse.
Luego de un viaje rápido al cuarto de casilleros para coger una camiseta y una chaqueta intactas, se apresuró a volver a la enfermería, donde encontró un corredor vacío. Preocupado, tocó a la puerta de Recovery Girl, y se abrió tras unos tensos segundos, revelando la cara sonriente de la anciana enfermera.
– ¡Aquí está nuestro campeón! – dijo con voz chillona. – ¡Me preocupaba cuánto te tomaría llegar aquí!
– ¿Midoriya está bien? – preguntó Gohan.
– Ven a verlo por ti mismo. – replicó Recovery Girl, haciéndose a un lado para dejarlo pasar.
Gohan aceptó la invitación, y vio a Satou y Uraraka sentados en lados opuestos de la cama de Midoriya. El chico peliverde ya había despertado por completo, sentado y bebiéndose una caja de jugo. Parecía estar de buen humor, y la única indicación de que algo no estaba bien era el casco que llevaba cubriéndole la cabeza, dejándole visibles únicamente los ojos, nariz y boca.
Al ver a Gohan, sonrió. – ¡Son-kun! ¡Felicidades por tu victoria!
Gohan parpadeó, disipando su shock. – ¿Viste la pelea? Espera, no importa. ¿Cómo te sientes?
– Estoy bien. – le aseguró Midoriya. – Se ve peor de lo que se siente, créeme.
– Tenemos a un chico duro aquí. – señaló Satou. – Despertó justo antes de que comenzara tu encuentro y le suplicó a Recovery Girl que lo dejara verlo. Hasta nos dejó a nosotros acompañarlo.
La enfermera resopló desde su escritorio. – Normalmente va en contra del protocolo, pero supuse que hoy estaría bien.
– Y su amabilidad no será olvidada. – declaró Satou, quitándose un sombrero imaginario frente a ella.
– Ese fue un gran desempeño, Son-kun. Sabía que eras muy fuerte, pero… wow. – exclamó Midoriya. – Nunca creí que hubiera alguien capaz de soportar las explosiones de Kacchan de esa forma y salir ileso.
Uraraka asintió estando de acuerdo. – Sí, eso fue súper impresionante. Ahora puedo ver a qué se referían estos dos cuando dijeron que eras otra onda.
Gohan sintió un calor elevarse hacia sus mejillas, y se rascó detrás de la cabeza. Todos estos halagos lo hacían sentirse algo incómodo. – Ahh, ustedes son demasiado amables. – Se aclaró la garganta. – C-como sea, Midoriya, ¿cómo están tus quemaduras?
La sonrisa del peliverde se apagó sólo una fracción. – No sabré qué tanto llegó el daño hasta que me quite esto en un par de días. – dijo mientras se tocaba su casco. – Pero estoy seguro de que estaré bien. Confío en Recovery Girl.
– All Might también vino luego de que te fuiste para tu encuentro. – agregó Satou. – No sé qué fue lo que hicieron él y Recovery Girl, pero apuesto a que involucra algún ritual vudú secreto de héroes. Parecía estar muy feliz cuando salió.
Recovery Girl resopló. – Jovencito, ¿en serio tienes que verbalizar cada pensamiento bizarro que se te cruza por la cabeza? – lo regañó, a lo cual Satou tuvo la decencia de ponerse avergonzado. – Este es un centro de ciencia, no de brujería. All Might simplemente vino a chequear a su pupilo, nada más. Lo que sirvió en beneficio de Midoriya es que pudo recibir atención médica de inmediato. Así que, si bien no puedo decir con certeza hasta dónde llega su daño, estoy segura de que no será demasiado severo.
Gohan exhaló un profundo suspiro de alivio. – Me… alegro de escuchar eso. Gracias, Recovery Girl.
La enfermera asintió. – Ahora, salgan todos. Necesito hacer algunos chequeos finales antes de dejar salir a Midoriya. Podrán volver luego de la ceremonia de premiación.
Satou se puso de pie y se estiró. – Ya oyeron a la jefa, chicos, vámonos. Nos vemos en un rato, Midoriya.
Uraraka parecía decepcionada, pero hizo lo que le dijo Recovery Girl. – Nos vemos más tarde, Deku-kun.
Antes que Gohan los siguiera, se le acercó una última vez a Midoriya. – Perdón si se me fue un poco la mano con Bakugou. Eso no estuvo bien de mi parte. – murmuró.
Midoriya negó con la cabeza. – Está bien. Umm… gracias por no exponerlo frente a todos. Sé que debes haber estado muy furioso. – le susurró de vuelta.
– ¡Ya dejen las distracciones y salgan de aquí! – ladró Recover Girl.
– Claro. – Gohan se alejó. – Perdón, señora. Nos vemos luego, Midoriya.
– Nos vemos, Son-kun. Gracias por pasar a verme… y por todo lo que has hecho por mí. Nunca habría llegado tan lejos sin tu ayuda.
A pesar de la mirada de Recovery Girl que se enojaba más, Gohan no pudo evitar sonreír. – Cuando quieras, hermano.
Chocando los puños rápidamente, se separó de Midoriya, y fue a reunirse con Satou y Uraraka en el pasillo.
– Entonces, la ceremonia de premiación, ¿eh? Seguro debes estar muy emocionado. – se rio Satou.
– Oh, cállate. – gruñó Gohan. – Justo cuando empezaba a ponerme de buen humor, tuviste que arruinarlo.
– Sólo estoy haciendo mi deber cívico.
Uraraka se rio. – ¡Mira el lado amable! Te darán una linda y brillante medalla. Escuché que están hechas de oro real también.
– Interesante… – murmuró Gohan. – "Perfecta para la casa de empeño. Me pregunto si esos tipos de Las Vegas siguen haciendo negocio."
Dejando el pensamiento de lado por el momento, revisó su teléfono, y frunció el ceño al ver que ya casi era hora de la ceremonia. – Bueno, el deber llama. Los veré cuando termine.
– Nos vemos entonces. – dijo Uraraka. – ¿Te esperamos afuera de la enfermería?
– Suena bien.
– Recuerda comportarte lo mejor posible; el mundo entero estará observándote. – se burló Satou, lo que le ganó otra risita de Urakara.
Gohan le dio a su amigo un pulgar arriba y se marchó, queriendo salir de la ceremonia lo más rápido posible.
Afuera, habían colocado tres podios circulares en medio de la arena. Unos cuantos asistentes estaban rondando por el lugar, haciendo los toques finales que hicieran falta.
Tetsutetsu también estaba allí, observando el espectáculo con una amplia sonrisa. AL ver a Gohan, su sonrisa se ensanchó aún más y vino corriendo a verlo. – ¡Son! ¡Felicidades por ganar! ¡Lo demoliste por completo, hombre!
– Gracias. – replicó Gohan. – ¿Cómo te sientes?
– La muñeca todavía me duele un poco, pero fuera de eso estoy bien. – respondió Tetsutetsu, masajeándose la susodicha articulación para enfatizar. – ¿Sabes si Midoriya va a salir? Se supone que voy a compartir el tercer lugar con él en el podio.
Gohan negó con su cabeza. – Ya despertó, pero sigue recibiendo tratamiento médico. No le darán de alta hasta después de la ceremonia.
– Qué lástima. De verdad que estuvo increíble en su pelea. – Tetsutetsu frunció el ceño, y se golpeó la palma con el puño. – Pero me alegra que tú le hayas dado la suya a Bakugou, por cierto. Ese bastardo se lo merecía.
Gohan tuvo un respingo y trató de cambiar el tema. – Hablando de él, ¿lo has visto? La ceremonia empezará en cualquier minuto.
– Nah. Pero no me quejo.
– Ya veo. – musitó Gohan, algo decepcionado.
Tal como lo predijo, los asistentes terminaron de preparar todo poco después, y empujaron a Gohan y Tetsutetsu para que se subieran al podio. Aun así, Bakugou no se veía por ninguna parte, y ahora Gohan estaba genuinamente preocupado. Tetsutetsu sólo parecía molesto, e incluso la multitud se estaba poniendo ansiosa, si sus abucheos eran algún indicio.
De repente una conmoción ininteligible captó la atención de Gohan, y se giró para ver la fuente, donde vio a una furiosa Midnight literalmente arrastrando a un Bakugou con la cara roja hacia el ring. El rubio estaba pataleando y gritando, pero el látigo amarrado alrededor de sus piernas como un lazo hacía cualquier escape imposible.
Gohan sintió un escalofrío. ¿A esto se refería con su amenaza de antes?
Sacudiéndose el pensamiento, se alivió de ver que las manos de Bakugou ya estaban vendadas. Y aparte de su orgullo que había sido hecho pedazos sin duda, parecía ser tan volátil como siempre, lo cual era algo bueno para variar.
– ¿Cuántas veces tendré que decírtelo? ¡No te escaparás de la ceremonia! – gruñó Midnight mientras lo arrastraba por el suelo.
Bakugou no iba a tener nada de eso. – ¡Jódete, vieja bruja! ¡El segundo lugar es para perdedores!
Midnight tuvo un tic en el ojo, y su gesto enfurruñado se tornó directamente asesino. – ¡Oh, ahora sí que lo pediste, mocoso arrogante! – Deteniéndose a pocos pasos del ring, retrajo su látigo, lo sacudió sobre su cabeza, y arrojó a su todavía berrinchudo cautivo directo al escenario.
– ¿Cómo diablos hizo eso? – se preguntó Tetsutetsu en voz alta.
El cuerpo de Bakugou fue atrapado por un puñado de asistentes, y en una escena muy parecida a cierto sketch de comedia, lo forzaron a subirse al podio del segundo lugar atado a un pequeño poste con cadenas, grilletes pesados para restringirle las manos, y un bozal de todas las cosas, y todo el rato sin que faltara una feroz resistencia. Para cuando terminó, no se veía muy diferente a un animal enjaulado para entretenimiento en un circo de fenómenos.
– Ahora que terminamos con eso, ¡ya podemos empezar con la ceremonia de premiación! – declaró Midnight, plantándose en el ring y dirigiéndose a la audiencia, que comenzó a gritar con entusiasmo. – ¡En tercer lugar, tenemos a Tetsutetsu Tetsutetsu y Midoriya Izuku! ¡Por favor disculpen la ausencia de Midoriya, todavía está recibiendo tratamiento médico!
La multitud aulló con aprobación, y Tetsutetsu respondió de la misma forma, animándolos aún más.
– ¡En segundo lugar, tenemos a Bakugou Katsuki!
El susodicho rubio recibió una gran cantidad de vítores, pero no sin una cantidad igual de abucheos. Pero no pareció importarle, optando en lugar de eso por forcejear inútilmente contra sus ataduras.
– ¡Y el primer lugar es para Son Gohan!
El rugido resultante dejó muy pequeños a los otros dos combinados, y Gohan podía ver a Tetsutetsu haciendo un puchero por visión periférica.
– ¡Para presentar las medallas, tenemos al primero y al único All Might!
Como si oyera su señal, la leyenda en persona descendió sobre el escenario, agrietando las baldosas del suelo y atrayendo un aplauso igual al de Gohan. El híbrido saiyajin rápidamente dirigió su atención; esto no había sucedido en los festivales deportivos anteriores. ¿Por qué estaba All Might aquí?
Agarrando una medalla de bronce de la caja que Midnight sostenía en las manos, All Might se acercó a Tetsutetsu y la colocó alrededor de su cuello. – ¡Un desempeño impecable, jovencito! ¡Puede que te hayas quedado corto esta vez, pero si sigues trabajando duro y no descuidas tu entrenamiento, no habrá límites de cuán lejos podrás llegar!
– M-me honra c-con sus palabras, señor. – dijo Tetsutetsu lloriqueando, limpiándose las lágrimas con el dorso de la mano.
All Might se rio, y se dirigió hacia Bakugou. Se detuvo por un momento, como si contemplara la mejor forma de acercársele, pero finalmente le puso la medalla alrededor del cuello al subcampeón. Luego le quitó el bozal.
– ¡-eremonia es una farsa! ¡El segundo lugar no significa una mierda! ¡Suéltenme…!
– Ok, será mejor volver a ponérselo. – dijo All Might con una risita nerviosa, volviendo a ponerle el bozal. Sus enormes manos se sujetaron de los hombros de Bakugou, y miró amablemente los ojos inyectados en sangre del rubio. – Joven Bakugou, tu deseo de ser el absoluto mejor es admirable, pero debes entender que ser un héroe es un maratón, no una carrera rápida.
»Habrá obstáculos, habrá adversidades, y habrá descorazonadas… ¡pero también habrá triunfos, que te traerán un nivel de alegría que nunca antes habrás sentido! Tienes todo el potencial del mundo, muchacho, pero nunca llegarás cerca de alcanzarlo si no usas las derrotas como oportunidades para aprender de tus errores.
Bakugou negó con su cabeza en protesta, pero cesó su forcejeo cuando All Might lo envolvió en un abrazo amable; hasta que Gohan se quedó estupefacto ante la imagen.
– No estás solo en este viaje, joven Bakugou, y eso es algo que deberás aceptar si esperas tener éxito. Tendrás toda una facultad de profesores dispuestos a ayudarte, y toda una clase llena de camaradas que te empujarán… sólo tienes que alargar tu mano y pedírselos. Nadie que haya llegado a la cima lo ha hecho por su cuenta, y confía en mí, lo digo por experiencia.
Con un guiño, All Might lo soltó, dejando a Bakugou inmóvil sobre el podio.
Gohan exhaló profundamente, y su corazón se aceleró mientras el tiempo parecía ralentizarse. Vio cómo All Might cogía la última medalla, antes de volver la atención hacia él y caminar con propósito, resonando sus botas de punta blanca sobre las baldosas en el piso de la arena.
All Might se detuvo momentáneamente sobre las escaleras improvisadas plantadas frente al podio, pero sólo duró por un segundo antes de ascender, un paso preciso a la vez. En la cima, le sonrió a Gohan, que no encontró la fuerza para devolvérsela.
– Joven Son, eres un enigma que nunca deja de asombrarnos. – lo alabó el héroe número uno.
Gohan se resistió al impulso a evitar la mirada, forzándose a mantener la mirada en los ojos de su ídolo. – No sé exactamente lo que debo decir, sensei.
– No tienes que decir nada, muchacho. Tú mismo te conoces mejor que nadie.
Gohan se sintió agradecido; la realidad de sus acciones no era algo que quisiera reconocer cuando tenía miles de ojos fijos sobre él.
– Podría soltarte un montón de halagos hasta que los gallos canten con la primera luz de la mañana, pero no necesitas oír esto. Lo único que puedo decirte es esto: te das muy poco crédito. Los desafíos que te enfrentas son únicos para ti, y sólo para ti… pero eso no quiere decir que deberías enfrentarlos tú solo. Tienes gente en quienes confiar si la carga se vuelve demasiado pesada para ti.
»¿Y si cometes errores por el camino? ¿Qué con eso? Cometer errores es parte de ser humano. Mientras no hayas lastimado a nadie seriamente, no tienes por qué castigarte por ello. Reconoce tus fallos, decídete a hacerlo mejor la próxima vez, y sigue adelante. Así es como crecemos, como personas y como héroes.
Ninguna respuesta surgió en la mente de Gohan, y All Might tomó la oportunidad para colocar la medalla de oro alrededor de su cuello. Era ligera, exactamente como una pluma; apenas pudo registrar su presencia.
– Es mi absoluto placer premiarte con esta medalla, joven Son, y no puedo esperar a verte demostrar de lo que eres capaz aún más en el futuro.
Gohan tragó en seco algunas emociones que no pudo identificar. – Gracias, sensei. Necesitaba escuchar esto. – En verdad lo necesitaba. Y también necesitaba tiempo para procesarlo.
Mostrando su característica sonrisa, All Might le dio una palmada en el hombro a Gohan antes de saltar del podio, aterrizando con aplomo en el medio del ring. Estirando los brazos, atrajo la atención de la multitud, que estaban totalmente hipnotizados por sus movimientos.
– ¡Damas y caballeros aquí presentes, sinceramente espero que hayan disfrutado del festival deportivo de este año! ¡Démosle otra ronda de aplausos a nuestros ganadores!
Lo pidió, y lo recibió; y cuando levantó su mano, todos los aplausos cesaron.
– ¡Para el resto de nuestros excelentes competidores, que no llegaron al podio, por favor no se sientan asustados, preocupados o decepcionados de sí mismos! ¡El hecho de que hayan llegado a la U.A. para empezar es un signo de que son especiales! ¡Y aunque no hayan tenido la oportunidad de demostrar todo el alcance de sus talentos hoy, este es sólo el comienzo de sus viajes! ¡Aún tienen muchos años para crecer, y aprender, y demostrar sus cualidades al mundo!
»¡Cuenten con sus amigos! ¡Cuenten con sus profesores! ¡Motívense entre ustedes! ¡Presiónense entre ustedes! ¡Sigan escalando más y más alto, y con el tiempo, alcanzarán las nobles metas que se han trazado! ¡Eso sí, es una promesa! ¡Ahora, terminemos este maravilloso día con un grito que sea para recordar!
»¡Todo mundo dígalo conmigo! A la una, a las dos, y… ¡PLUS ULTRA!
…
– Oh. Hey, chicos. ¿Qué están haciendo? ¡Uff!
Gohan casi se fue para atrás cuando Mina lo atrapó en un abrazo. – ¡Felicidades por ganar el torneo, Gohan! ¡Estoy muy orgullosa de ti!
– G-gracias, Mina. – murmuró mientras le daba palmaditas en la espalda con una mano.
La chica de piel rosa retrocedió, sonriendo radiante. – ¡Lo digo en serio! ¡Pateaste traseros como nadie allí afuera!
– ¡Diablos que sí, lo hiciste! – añadió Kirishima, acercándose para darle palmadas a Gohan con el mismo entusiasmo. – ¡No puedo creer que recibiste todas esas explosiones como si no fueran nada! ¡Tienes que enseñarme cómo hacerlo alguna vez!
– Pues, ahh, seguro que podemos arreglar algo. – tartamudeó Gohan. – C-como sea, ¿qué están haciendo aquí, chicos?
– Queríamos ver cómo estaba Midoriya. – replicó Kirishima.
– Nos topamos con ellos luego de la ceremonia, así que decidimos venir todos juntos. – añadió Satou, y Uraraka asintió junto a él.
– ¿Alguna novedad? – preguntó Gohan.
Uraraka negó con la cabeza. – Recovery Girl todavía sigue ocupada, así que no tenemos más opción que esperar aquí afuera.
– Entonces no hay nada. – remarcó Gohan, apoyándose contra la pared y deslizándose hasta sentarse en el suelo. Un bostezo se le escapó, pero se aseguró de taparse la boca. – Pónganse cómodos, chicos. Yo estoy exhausto. – En serio, genuinamente necesitaba el descanso.
Mina se rio e hizo lo mismo, y los demás también.
Tras unos segundos de silencio reconfortante, Satou finalmente decidió romperlo. – Entonces…
– Entonces… – repitió Mina.
– ¿Nos vamos a quedar aquí sentados como mudos, o vamos a hacer algo para pasar el tiempo? – preguntó Satou.
– Tengo una baraja de cartas aquí, si alguien quiere jugar. – reveló Kirishima, sacándola de su bolsillo.
Satou sonrió. – Le entro.
– ¡Genial! – exclamó Kirishima. – ¿Alguno de ustedes sabe cómo jugar Bullshit?
– Umm, ¿qué el nombre apropiado no es Cheat? – inquirió Uraraka.
– ¿Cheat? Nunca escuché de eso. – dijo Satou, fingiendo ignorancia.
– Ni yo tampoco. – agregó Kirishima sonriendo con complicidad.
Uraraka les lanzó a ambos una mirada ligera, pero lo dejó así.
Mina, por otro lado, gruñó. – ¿No podemos simplemente jugar Snap? La última vez que jugué Bullshit contigo, terminamos con la mesa volteada.
– ¡Eso no fue mi culpa! – protestó Kirishima. – ¡En serio yo tenía un par de doses! ¡No fue culpa mía que uno de ellos se cayera de la mesa! ¡Y definitivamente no fue agradable que Aoki me acusara de haber hecho trampa!
Satou resopló. – ¿En serio? ¿La mesa? ¡Diablos, desearía haber estado allí para verlo!
– ¡No tienes idea, hermano! – se rio Kirishima. – ¡Todo el rato estuve echando humo! ¡Ese patán tuvo la audacia de abofetearme cuando le reproché por su mierda!
Gohan sonrió mientras continuaba escuchando a sus amigos hablando. Cerrando los ojos, dejó que se relajaran sus músculos, sintiéndose más cómodo. No le importaba qué juego decidieran jugar; sólo se alegraba de tener por fin algo de paz y quietud.
…
– ¡Snap!
– ¡Diablos, Uraraka! ¿Cómo haces para ser tan rápida?
– ¿En serio te gustaría saberlo?
– ¿Qué es toda esta conmoción? – preguntó una voz familiar en cuanto se abrió la puerta.
Los ojos de Gohan se abrieron de golpe al reconocer la fuente. – ¿Doctor Shuzenji? ¿Qué está haciendo aquí?
El Doctor Shuzenji se rio. – Vaya, hola para ti también, Gohan. Felicidades por la medalla de oro.
Gohan dio un respingo al darse cuenta de su falta de modales. – Perdón, doctor, es que me sorprendí de verlo… ha sido un día muy largo. Y gracias. – Hizo una reverencia con gratitud.
– Estaba viéndote desde las tribunas, pero luego de que venciste a ese chico Bakugou, pensé que debía venir a hablar con mi hermana, y ver si necesitaba ayuda con algo.
– ¿Deku-kun se encuentra bien? – preguntó Uraraka, mordiéndose el labio inferior.
– ¿El joven Midoriya? No te preocupes, querida, estará tan bien como la lluvia. – le aseguró el Doctor Shuzenki amablemente, lo que pareció calmar a la chica. – Sólo le están cambiando los vendajes. Estoy seguro que saldrá en un momento.
– Gracias, señor.
– No fue nada. – El doctor miró su reloj y frunció el ceño. – Odio tener que irme tan rápido, pero el deber llama. Un placer conocerlos, chicos. Y felicidades de nuevo, Gohan. Tendré que llevarte a cenar cuando tenga un día libre del hospital. Tú también puedes venir, Satou, tuviste un desempeño espectacular.
A Gohan casi se le hizo agua la boca ante el prospecto; el Doctor Shuzenji conocía los mejores lugares para ir a comer en la ciudad. – Nos vemos luego, doctor. Y gracias por venir a verme. Significa mucho para mí.
– ¡Hasta luego, doc! ¡Le tomaré la palabra con esa promesa! – añadió Satou.
Despidiéndose con la mano, el Doctor Shuzenji se marchó. Una vez que estuvo lo bastante lejos, Kirishima se acercó. – ¿Conoces a ese hombre?
– Sí, es mi guardián legal. – respondió Gohan, sonriendo mientras miraba la espalda del doctor que se retiraba. – Realmente es un buen hombre, me ha ayudado muchísimo todos estos años.
– Tiene sentido, si es el hermano de Recovery Girl. – musitó Mina.
No mucho después, Midoriya salió por la puerta, con su uniforme escolar. Todavía llevaba el casco en la cabeza, pero parecía estar de muy buen humor, y en cuanto vio a sus amigos, sus ojos se iluminaron. – ¡Hey, chicos!
– ¡Hola, hermano! ¡Excelente trabajo allá afuera! – lo halagó Kirishima, extendiendo el brazo para chocar el puño, a lo cual Midoriya respondió de inmediato.
– ¡Sí, estuvise increíble! – añadió Mina, a lo cual el chico peliverde se sonrojó. – ¿Cómo te sientes, por cierto?
Midoriya sonrió. – ¡Me siento increíble! Recovery Girl y el Doctor Shuzenji me arreglaron lo mejor posible.
– En efecto, la aparición repentina de mi hermano fue un golpe de muy buena fortuna. – dijo Recovery Girl, saliendo de detrás de él. – El resto de tu recuperación está en tus manos. Tendrás dos días libres de la escuela, ¡y espero que los pongas a buen uso! Descansa bien, cómete tres comidas completas al día, y bebe mucha agua. No quiero que hagas ninguna actividad física que te pueda hacer sudar, y definitivamente no quiero que te quites ese casco hasta nuestra cita dentro de tres días. ¿Te ha quedado claro?
– Sí, Recovery Girl. – replicó Midoriya, cuya expresión se volvió más seria. Le hizo una reverencia a la enfermera. – Les agradezco toda su ayuda.
Recovery Girl le restó importancia con la mano, pero sonrió a pesar de todo. – Sólo hago mi trabajo. ¡Ahora, váyanse de aquí, niños! ¡Estoy segura que tienen mejores cosas que hacer que ocupar el espacio de trabajo de una anciana!
Luego de despedirse de ella, los seis amigos salieron de la enfermería y se dirigieron a sus casas, charlando de cualquier cosa por el camino. Por relajado que fuera el humor, y por muy altos que estuvieran los ánimos de todos, cada uno sentía algo de fatiga que parecía irse acumulando, como si el peso de los eventos del día de hoy finalmente los hubiera alcanzado.
Para cuando dejaron el estadio y se dirigieron a la puerta de salida, Satou se encontraba contándole al grupo una historia sobre cómo él y Gohan detuvieron unos matones en el club de karate de la secundaria, sólo para atraer la ira de una banda local de delincuentes que estaban reclutando a gente de su escuela.
A Gohan le pareció escuchar cierta conmoción un poco más adelante, pero no le prestó atención; estaba más enfocado en asegurarse de que Satou no estuviera diciendo mentiras. Su mejor amigo tenía un hábito desagradable de embellecer su propio rol en ciertos eventos para engrandecerse a sí mismo.
– Así que sí, Tsukuba terminó siendo un matón de poca monta, pero Kis-
De pronto, algo esférico se plantó frente a la cara de Gohan. – ¿Puedes explicarnos cómo funciona tu Quirk?
¿Un micrófono? – ¿Qué?
– ¿Cómo respondes a las declaraciones de que usaste fuerza excesiva durante tu último encuentro?
Hubo tres destellos consecutivos que casi lo cegaron. ¿Cámaras? – Yo no…
– ¿Puedes explicarnos cuál fue tu estrategia en el festival deportivo?
Algo afilado le rozó la mejilla; ahora estaba empezando a ponerse nervioso. – Eso no les…
– ¡Hey, para atrás, patán! – gruñó Kirishima, empujando al invasor de espacio.
– ¡Lárgate, mocoso! ¡Esta cámara vale mucho más que tú!
A pesar de su visión borrosa y el corazón acelerándose, la vista de Gohan se aclaró lo suficiente para revelar a una horda de reporteros que lo rodeaban a él y a sus amigos. Apretó los puños.
Un micrófono apartó a otro que ya estaba allí. – ¿Puedes explicarnos la animosidad entre tú y Bakugou Katsuki?
– ¿En serio preguntan? ¡Lárguense! – gruñó Satou.
Hubo más flashes de cámaras, y más micrófonos batallando por dominancia, y los golpes resultantes hacían que le dolieran los oídos a Gohan.
– ¿Cuál es tu opinión sobre All Might?
– ¿Dónde vas a exhibir tu medalla?
– ¿Sabes que está hecha de oro real?
– … ¡¿…la rudeza de tus amigos?!
– … ¿nombre de héroe?
– … ¿alegaciones de que has usado esteroides?
A medida que las preguntas se entremezclaban hasta hacer un desastre indescifrable, puntuado por numerosos flashes de cámara, Gohan sintió que sus extremidades empezaban a cosquillearle, y su visión se tornaba aún más borrosa. Sus puños apretados, que ya hundían los dedos en sus palmas, comenzaban a sacar sangre.
Una voz femenina chilló. – ¡Cuidado con las manos, pervertido!
– "¿Mina?" – Una rabia comenzó a arder en su interior, apagando su ansiedad momentáneamente. – "Bastardos…"
– ¡Hey miren! ¡Es All Might! – Esa fue… ¿Uraraka?
– ¡¿Qué?! ¡¿Dónde?!
– ¡All Might! ¡All Might! ¡Por allá!
– ¡Corran! – rugió Satou.
Recuperando los sentidos, Gohan vio que sus amigos salían huyendo a toda prisa; Kirishima actuaba como un ariete humano, Midoriya se colgó de la espalda de Satou, y las chicas iban en la retaguardia. Sin que tuvieran que decírselo dos veces, corrió detrás de ellos.
– ¡Hey!
– ¡Nos engañaron!
– ¡Tras ellos!
– ¡No en mi guardia, perdedores! – Con una pirueta en el aire, Mina expulsó una oleada de ácido de sus manos, cubriendo el suelo detrás de ellos en un espeso y gris charco de fluido tóxico.
Los reporteros que iban al frente gritaron cuando sus zapatos empezaron a quemarse, mientras los que iban atrás cesaron su persecución y comenzaron a lanzar obscenidades.
Mina lanzó una sonrisa diabólica. – ¡No es tan fuerte como para ser letal, pero definitivamente les hará pensárselo dos veces antes de volver a hacer eso!
Entre más distancia cubrían, más se apagaban los gritos de los reporteros. Unos minutos y varias vueltas de esquinas más tarde, el grupo decidió que ya era seguro dejar de seguir corriendo, y se detuvieron en un callejón vacío.
Satou se arrodilló para que Midoriya pudiera bajarse, mientras el resto trataba de recuperar su aliento.
– ¡No puedo creer que esos bastardos nos hayan emboscado así! – jadeó Kirishima.
– Sí, digo, ¿qué diablos fue eso? – añadió Mina entre bocanadas de aire, con las manos apoyadas en las rodillas.
Gohan sacudió su cabeza con decepción. – Chicos, de verdad, de verdad lo siento. Es a mí a quien querían entrevistar, y por mi culpa todos ustedes quedaron atrapados en el fuego cruzado.
– Hermano, esto no es de ninguna manera tu culpa. – replicó Satou.
Uraraka se acercó para darle palmaditas en la espalda. – Sí, no hay forma de que supieras lo que estaban planeando esos patanes.
– ¡Viejo, eso no fue nada! ¡Con gusto atravesaría una pared de ladrillos por ti si tuviera que hacerlo, literalmente! – exclamó Kirishima.
– ¡En serio que lo haría! ¡Ya lo he visto hacerlo! – confirmó Mina con una risita. – Pero yo no lo haría; primero tendría que hacerle un agujero con mi ácido.
Gohan tragó saliva, suprimiendo la enorme cantidad de gratitud que sentía en ese momento. – No sé qué decir, chicos. Gracias. Eso significa mucho. – Sus ojos se giraron hacia Midoriya, y una nueva oleada de preocupación lo invadió. – ¿Estás bien?
– Estoy bien, gracias a Satou-kun. – le aseguró Midoriya con una sonrisa, dándole palmadas en el hombro al chico de grandes labios. – Gracias por eso, por cierto.
– Cuando quieras, hermano.
Finalmente aceptando que se habían escapado, Gohan se apoyó contra la pared y trató de sacudirse de encima ese cosquilleo de las manos.
Mina se las arregló para ponerse de pie y suspiró de alivio. – Probablemente deberíamos separarnos aquí, ¿no creen?
Gohan frunció el ceño. – ¿Estás segura? No quisiera que los embosquen de nuevo esos imbéciles, sólo porque saben que ustedes están conmigo.
– Nah, estaremos bien. – le aseguró Kirishima con una sonrisa. – Ashido y yo vivimos cerca, así que podemos irnos juntos.
Mina asintió con aprobación.
– Y yo puedo asegurarme que Deku-kun llegue a casa a salvo. – ofreció Uraraka, a lo cual el chico peliverde se sonrojó.
– Umm, g-gracias, Uraraka-san.
– Yo creo que iré a visitar el arcade primero. – declaró Satou, tronándose los nudillos de su mano sana. – Estoy realmente encendido después de eso. Creo que tengo una gran oportunidad de vencer tu puntuación en la máquina de golpear.
Echándoles una última mirada a sus cinco amigos, Gohan no detectó ni un rastro de duda en sus rostros. Suspiró. – De acuerdo. Pero por favor, mándenme un mensaje de texto en cuanto lleguen a casa, sólo para poder dejar de preocuparme.
Después de acordar que lo harían, se despidieron del resto y tomaron caminos separados, dejando únicamente a Gohan y Satou. El primero miró la mano derecha vendada del segundo. – ¿La máquina de golpear? ¿En serio? ¿Con eso?
Satou sonrió. – Quizás el truco era usar mi mano débil todo el tiempo. La vida suele ser así de extraña.
Gohan frunció los labios. – No hagas nada estúpido, ¿ok?
– Mira quién lo dice.
Chocando sus puños a modo de despedida, Satou se fue hacia el arcade, y Gohan despegó hacia el cielo, dejando un rastro brillante de blanco.
Descendió en su balcón en pocos minutos, y abrió de golpe la puerta de su apartamento antes de entrar y hundirse en el sofá. Enterró la cabeza en las manos, respirando profundamente para tratar de controlar su ritmo cardíaco. Todavía sentía el cosquilleo en las manos, pero ya había disminuido a un nivel más tolerable.
Una exhalación larga y aguda se le escapó, y luego juntó sus dedos, optando por mirar directo hacia el frente mientras recuperaba la compostura. Ahora que la mayor parte de la adrenalina había abandonado su sistema, el sentimiento abrumador que amenazaba con hervir era la rabia.
Se sentía ansioso y molesto, pero esos sentimientos eran secundarios, y se veían lentamente opacados por una furia que no había sentido desde que vio a Bakugou atacando sin piedad a Midoriya.
Los medios… esos buitres adultos, habían violado no sólo su espacio personal, sino también el de sus mejores amigos, y eso, para él, era inexcusable.
No podía soportar su mierda. Había estado escuchándolos decir mentiras sobre su alter ego por años, y se había resignado a que atraería algo de atención como Son Gohan una vez que acordó participar en el festival deportivo.
¿Pero y sus amigos? Ellos eran inocentes, y no merecían ser emboscados después de eso. Y luego estaba Midoriya. Aunque podría excusar a los reporteros por no saber sobre su condición, seguramente tendrían que ver que algo estaba mal con él; era imposible no ver el casco gigante en su cabeza.
¿Pero les importaba? Por supuesto que no. Mientras consiguieran su historia, no les importaba a a quiénes podrían incomodar con su mierda invasiva.
Dándose cuenta que su mente lo llevaba a lugares oscuros, Gohan se puso de pie y cogió una botella de agua del regrigerador, que se bajó casi de inmediato; sirvió para apagarle algunas de las llamas, pero sólo un poco.
Volvió a salir hacia el balcón para mirar hacia la ciudad que tenía debajo. Cerrando los ojos, se permitió dejar que el sonido de la ciudad llenara sus oídos.
A veces era un sonido agradable, como el trino de los pájaros o la gentil brisa después del ocaso. A veces era crudo, como los motoristas sonando sus cláxones furiosamente, o una discusión acalorada entre dos comerciantes que competían.
A pesar de todo, había una cierta serenidad en todo, del tipo que no se podía experimentar viviendo afuera en la naturaleza.
Gohan todavía prefería la paz tranquila de la naturaleza, sin duda alguna… pero la vida de la ciudad tenía su propio encanto único, y con el paso de los años había llegado a apreciarla más.
Sus ojos se abrieron de golpe al oír las sirenas de la policía en la distancia, y frunció el ceño. Ahora sí, ahí estaba uno de los lados malos más notables de vivir en la ciudad. Afortunadamente, se trataba de algo con lo que él estaba más que equipado para lidiar.
Tras un cambio rápido de ropa, una mancha dorada descendió desde el balcón como una bala, y salió disparada hacia la fuente del disturbio.
…
– "Bueno, esas fueron unas cuantas horas productivas." – murmuró Gohan para sí mismo mientras subía las escaleras. Una sólida sesión de vigilantismo siempre le hacía maravillas a su salud mental.
Ya estaba de mucho mejor humor, de hecho, decidió subir por las escaleras en lugar de ir directo al balcón para cambiar un poco de ritmo… a pesar del riesgo de que su casero entrometido fuera a meter su fea cara en sus asuntos.
Luego de llegar a su apartamento, abrió la puerta y entró, sólo para que sus fosas nasales fueran cosquilleadas de todas las maneras correctas por el sensacional aroma de cosas horneadas. Casi le hizo ignorar el hecho de que cierto invasor se había apoderado su sofá como si fuera el dueño del lugar. – ¿Qué diablos estás haciendo aquí?
Satou levantó la mirada de su teléfono y sonrió. – Poniendo a buen uso esa llave de reserva que me diste.
Gohan cruzó los brazos y lo fulminó con la mirada. – Se supone que es sólo para emergencias.
– Supuse que esto contaba como una. – dijo Satou encogiéndose de hombros. – Sé que estuviste a punto de perder los papeles con esos reporteros, así que quise asegurarme de que estabas bien.
Gohan sintió que se le derretía el corazón, y el pequeño deje de fastidio por su intrusión se disipó. Con un suspiro, cerró la puerta y le devolvió la mirada a su mejor amigo. – Aprecio el sentimiento.
– ¿Pasó algo interesante durante la patrulla?
– No realmente. – Gohan se detuvo un momento para frotarse la barbilla. – Bueno, tal vez sí. Detuve a un pulpo heteromorfo tratando de descarrilar un tren. Eso fue nuevo.
Satou se quedó perplejo. – ¿Por qué diablos querría alguien descarrilar un tren?
– Ni idea. – replicó Gohan mientras entraba a la cocina y echaba un vistazo al horno. – Triple chocolate, ¿eh? Buena elección. Como sea, no es que tenga tiempo de interrogar a estos tipos sobre sus motivaciones.
– Cierto. ¿El tren está bien?
– Oh sí. Logré detenerlo antes que se saliera de las vías.
– Genial. A propósito, amigo, encontré tu medalla de oro tirada en el sofá. – reveló Satou, sosteniendo la pequeña joya. – ¿Qué onda con eso?
Gohan frunció los labios. – Ahh, esa cosa. Sí, no la quiero.
– ¿Lo dices en serio? – Los ojos de Satou casi se salen. – ¿P-puedo quedármela?
– Si la quieres.
– ¡Genial! Ahora será cómo si yo… ¡hey! ¿Qué haces? – protestó mientras una mancha veloz le quitaba la medalla de las manos.
Gohan resopló, colocándose su premio alrededor del cuello. – Sólo estaba bromeando.
– ¡Pero dijiste que no la querías! – Satou hizo un puchero.
– Eso no quiere decir que quiero que tú la tengas. No está bien tomar crédito por los logros de los demás. – lo regañó Gohan, tocando la medalla para enfatizar.
– Tch. Patán.
Gohan se rio. – Alguien tiene que mantenerte humilde.
Los dos empezaron una conversación relajada mientras Satou se ponía a ver un anime retro en la televisión, sólo para tener algo de ruido de fondo. Cuando el horno pitó señalando que ya había terminado, se levantó del sofá y extrajo el trozo circular de deleite en su interior.
Gohan sintió que la boca se le hacía agua, y se tragó algo de saliva. – Sí sabes que no es muy sano comer dulces tan tarde por la noche, ¿verdad? – murmuró. – Todas esas calorías simplemente… se acumulan dentro de ti mientras duermes, sin lugar a dónde ir.
Satou resopló. – ¿Cuándo nos ha importado eso?
– Tienes razón. – concedió Gohan. – Prepararé algo de té. ¿Tienes alguna preferencia?
– Sorpréndeme.
– Entonces de hierbas. – bromeó Gohan mientras se movía hacia la tetera.
Una vez que preparó el té y lo sirvió en dos tazas, Satou cogió un cuarto del pastel, y le dejó el resto a Gohan. Se pusieron a comer mayormente en silencio, como solía ser el caso cuando comían juntos; tenían sus prioridades bien a raya.
Al terminarse su porción, Gohan soltó un suspiro de satisfacción y se reclinó en su silla. – Impecable como siempre. – lo halagó, mientras se golpeaba el estómago suavemente. – Pude saborear el chocolate de leche y el oscuro, pero no pude descifrar cuál era el tercero. Siento que lo tengo en la punta de la lengua, pero no logro ubicarlo del todo.
– Secreto del oficio. – proclamó Satou con orgullo, con la boca todavía llena de comida.
Gohan se rio, y se terminó el resto de su té. Probablemente su madre haría un escándalo por su falta de modales en la mesa, pero por esta vez le dejaría pasar. Era lo menos que podía hacer por su amigo, después de su generoso gesto.
No queriendo terminar demasiado detrás de Gohan, Satou cogió lo que quedaba de su pastel y se lo echó de un puñado en la boca. A continuación, se bajó totalmente el resto de su té, se limpió la boca con la mano, y luego soltó un feroz eructo.
Gohan hizo una mueca; ahora, eso sí fue pasarse de la raya.
Viendo su incomodidad, Satou se rio por lo bajo y se fue al baño para lavarse. Gohan tomó la oportunidad para recoger los platos y cubiertos, llevándolos al lavaplatos. Una de las lecciones más valiosas que su madre le había enseñado de niño fue a lavar siempre los platos después de comer. Eso mantenía los buenos hábitos.
Ya iba a mitad de frotar los tenedores cuando Satou anunció su retorno con un fuerte bostezo. – Cielos, estoy muerto. Mejor ya me voy.
Gohan dejó de limpiar y le dio a su amigo una sonrisa de gratitud. – Vuelve a casa a salvo. Y gracias por el pastel, estuvo magnífico.
– Por supuesto que sí, yo lo hice.
– Por una vez, tu ego no estaba completamente infundado. – se burló Gohan, volviendo a los platos.
– ¿Saldrás a patrullar de nuevo?
– Probablemente. – Gohan no quiso mentir. – Los peores crímenes tienen a suceder después de medianoche.
Satou suspiró. – Sé que no tiene sentido que trate de detenerte. Sólo… trata de descansar un poco, ¿ok? Eres una bestia, Son, pero no eres una máquina.
– Lo intentaré.
Satou ya tenía un pie fuera de la puerta antes de detenerse. – ¿En serio tienes que ir? – le dijo casi suplicando. – ¿No puedes quedarte en casa por una noche o dos, dejárselo a los profesionales? Es su trabajo después de todo.
Gohan sonrió con tristeza mientras empezaba a frotar un plato. – Ninguno de ellos puede hacer lo que yo puedo.
– ¿Y eso hace que sea tu responsabilidad mantenerlos a todos a salvo, aunque tengas que levantarte para ir a la escuela cada mañana?
– Mañana tenemos el día libre.
– ¡Ya sabes lo que quiero decir, viejo!
Gohan se encogió de hombros. – Aprendí hace mucho tiempo que la vida no es justa, y ya estoy en paz con ese hecho.
Satou chasqueó su lengua. – No me sorprende que Spider-Man sea tu favorito.
Gohan se despidió con la mano. – Buenas noches, Satou. Y gracias de nuevo por el pastel.
– Tómalo con calma, ¿me escuchaste?
– Lo… intentaré. Pero no prometo nada.
– Eso es suficiente. Nos vemos, Son.
Con la puerta cerrada, Gohan procedió a terminar de lavar los platos, y luego se fue hacia el sofá y se tendió. En el momento en que su cabeza tocó el cojín, sintió que los ojos le pesaban, y se le escapó un bostezo.
Todavía planeaba salir de nuevo como la Mancha, cien por ciento… pero tal vez escucharía a Satou y se tomaría una siesta primero. No sucedía muy a menudo, ni siquiera a medias, pero su mejor amigo a veces le daba consejos bastante decentes en muy raras ocasiones.
Lo último que Gohan registró antes de quedarse dormido fue el sabor final que no había descifrado minutos antes. – "Chocolate rubí, ¿eh? Nunca lo habría adivinado…"
Esta historia continuará…
Notas del traductor:
Bueno, ¿qué les parece? ¡Sucedió un milagro y esta historia vuelve a actualizarse! De acuerdo, según dijo el autor original, debido a que en ese entonces el sitio estaba pasando por un período de fallos que impedían que se enviaran las notificaciones a los usuarios, quiso esperar a que las cosas se arreglaran. Y el problema, bueno, para cuando eso sucedió, había perdido un poco el interés en My Hero Academia, y para resumir no le gustaba el rumbo que estaba tomando la historia, por lo que terminó dropeándola. Apenas ahora fue que se sintió con ganas de volver aquí y continuar.
Como sea, ya venía diciendo que el resultado final del torneo ya estaba cantado (no había forma de que Gohan pudiera perder), pero aún así me sentía emocionado de saber cómo iría el encuentro. La verdad me preguntaba cuál sería la mejor forma de humillar a Bakugou: si lo iban a noquear tan rápido que ni se dio cuenta de lo que lo golpeó, o iba a soportar su asalto para dejarle claro que, sin importar lo que hiciera, jamás le dejaría ni un rasguño. Al final eligió lo segundo. Gohan todavía se siente en conflicto por toda la cosa, pero me gustó que todavía le haya dicho al rubio explosivo sus verdades en la cara. Bakugou en serio necesita que lo tiren de su pedestal y que aprenda algo de humildad, y también que sus palabras y acciones pueden y siempre tendrán consecuencias. Ser un héroe significa mucho más de lo que piensa, y realmente necesita trabajar en esos aspectos. El lado positivo es que al menos Gohan puede pasar el rato con sus amigos y olvidarse de lo malo por un momento, y que Izuku no quedó lastimado de manera permanente después de todo.
En fin, con esto llego al final de esta traducción. Wow, me tocó duro esta semana, ya que apenas tenía tiempo incluso de esto, pero bueno. Gracias por los reviews a electriuser, darkdan-dama, Kisame Hoshigaki, Tsukimine12, daliapv. perez, Johan, BRANDON369, psicjuanjo1792, Torres2000 y XxSekiryuuteixX. Al Guest sin nombre que dejó el último review, le recuerdo que yo sólo traduzco el fic, y que aunque me duela cuando quedan inconclusos, no son míos para apropiármelos y continuarlos. Y al usuario EvDep, si es que todavía sigue aquí, espero que haya encontrado algo que satisfaga sus exigencias. Hasta la próxima, y como siempre, ¡superen los límites, PLUS ULTRA!
