El ataque al Callejón Diagón no sucedió. El Señor no era tan imprudente como para seguir adelante con algo de lo que ya el otro lado estaba avisado.
Aun así, estuvieron ahí ese día, por supuesto. No querían correr el riesgo de desviarse de sus planes.
Consiguieron que no hubiese más personas mayores presentes además de Pandora, que iba adelante del grupo con la varita metida en una de las mangas de su bonito vestido floreado. El grupo de Gryffindor la seguía, hablando en voz baja.
Vieron a Severus en una de las terrazas de una tienda con el grupo de Slytherin y les hizo un gesto. Los dos crups ladraron una vez. Él les había dicho que un ladrido era que todo estaba en orden y no parecía haber movimientos raros desde arriba.
El grupo de Slytherin fue a comprar durante la mañana para cubrir el lugar y el grupo de Gryffindor con Pandora llegó durante la tarde. Tenían planeado el mismo recorrido para echar un vistazo a todo mientras conseguían sus útiles y James y Sirius estaban tan tensos que ni siquiera hicieron una broma en las tiendas.
—El viejo puede pensar que es sospechoso si no hacen algunas bromas cuando estemos en Hogwarts —les comentó Lily mientras escogían los libros para las materias optativas.
—Pensaremos en algo —James le restó importancia con un gesto.
Después del anochecer, si nada sucedía, irían a encontrarse con Grindelwald en la parte de atrás del local de un conocido suyo.
Continuaron moviéndose entre susurros y mirando alrededor de forma disimulada. En algún punto, Wezen se les unió, sacudiendo la cola y avanzando pegado a Sirius.
Cuando llegaron al punto de encuentro, el sol ya había bajado, los únicos Slytherin que quedaban eran Regulus y Severus con Bezoar y una cantidad considerable de bolsas de compras. Lily los vio con una sonrisita y arqueó las cejas.
—Regalos de compensación por tenerlos en mi casa —Severus rodó los ojos, pero su expresión se suavizó tras unos segundos.
La parte de atrás de la tienda tenía el basurero, unos taburetes de madera y una puerta que daba al almacén del que salió el profesor Grindelwald y una bruja con unos lentes enormes que no paraba de agitar las manos.
—El único con poder para derrotar al Señor Tenebroso se acerca…nacido de los que lo han desafiado tres veces, vendrá al mundo al concluir el séptimo mes…y el Señor Tenebroso lo…
—Sí, sí, ya te oí —Grindelwald presionó una mano sobre la frente de la bruja, lo que la dejó inconsciente de inmediato. Él la hizo levitar con un hechizo no verbal para que no golpease el suelo.
—¿Ella…era el objetivo? —James miró de arriba a abajo a la bruja inconsciente.
El profesor asintió.
—Hay una cosa curiosa sobre las profecías de este tipo: alguien tiene que escucharlas. Y normalmente la magia de las profecías reconoce quién se supone que debe escucharla —Grindelwald apoyó la espalda en la puerta de la tienda y exhaló—. Esta tendría que haberla oído Dumbledore cuando ella hiciera una entrevista para mi puesto, pero como yo estoy aquí, se desfasó un poco. Ese maguito oscuro también la tiene que escuchar así que hoy estuvo todo el día repitiéndola, apenas consciente, en caso de que viniesen —Él la miró de reojo y añadió con cierta burla:—. Esas profecías son una forma demasiado burda de la adivinación y se nota.
—¿Cómo el Señor sabía de ella si…?
De repente la profesora se enderezó interrumpiendo la pregunta de Remus y comenzó a recitar las mismas líneas de nuevo. Grindelwald la regresó al estado inconsciente a la mitad.
Bueno, eso respondía por qué el Señor sabía de ella. Era una suerte que no la hubiese escuchado completa ya si la magia de la profecía se comportaba de esa manera.
—¿Alguien aquí tiene que escucharla también? —preguntó Lily, frunciendo el ceño—. Por eso se sigue activando, ¿verdad?
Grindelwald hizo un gesto con una mano que pudo haber señalado a alguien pero no fue muy claro.
—¿Las profecías no se cumplían siempre? —Remus sonó inseguro—. En la clase de profecías, usted nos dijo…
—Las profecías son mucho más subjetivas que las visiones —Grindelwald sostuvo el cuerpo inmóvil de la bruja y se la colocó sobre el hombro con un encantamiento que aligeraba su peso—, yo no me la tomaría tan en serio, incluso puede hablar de diferentes personas, no hagan caso. ¿Tienen todo listo para empezar el año escolar?
Su pregunta recibió varios asentimientos en respuesta.
—Voy a dejarla en alguna parte donde la pueda encontrar una persona conocida —explicó, lanzando otro hechizo aturdidor sobre la bruja cuando esta hizo ademán de hablar de nuevo—. Pueden relajarse. Al menos hasta la primera semana de octubre.
Luego se Apareció sin responder ninguna duda sobre qué pasaría la primera semana de octubre.
Después de que les abandonase allí, intercambiaron miradas y James preguntó si querían comer algo. Él invitaba.
El día del regreso a clases, Dumbledore no estaba presente para el discurso, por lo que la ceremonia de bienvenida fue llevada por McGonagall y Grindelwald. Les pareció raro, pero ya que Grindelwald les pidió no preocuparse al ponerse frente a todo el comedor y no les avisó de cambios de planes, decidieron que no sería nada grave.
Durante esa primera semana de vuelta en Hogwarts, James y Sirius se metieron bajo la capa de invisibilidad y se colaron en la oficina de Slughorn. Peter ya estaba allí porque había entrado a través de grietas y agujeros en la forma de rata para quitarle el seguro a la puerta.
Cerraron la puerta detrás de ellos y se separaron para abrir todos los armarios y estantes en busca del Pensadero.
—¿Y esa cosa cómo se ve? —preguntaba Peter mientras tanteaba entre los frascos de un armario.
—Es como…un plato grande ancho y lleno de algo raro medio líquido y medio gaseoso, de metal o de piedra —describió James, vacilante.
—¿Así? —Sirius les mostró exactamente lo que él acababa de describir y James asintió—. Pesa muchísimo, no dijiste eso…
Peter aplicó un encantamiento en el objeto que aligeraba su peso y otro para encogerlo. Sirius lo sostuvo entre ambas manos mientras James volvía a echarle la capa por encima y Peter regresaba a la forma animaga.
Lo regresarían antes de que Slughorn notase que no estaba. Severus les había dicho que el profesor nunca revisaba sus armarios y todo lo que estaba allí era más bien acumulación, adorno o vanidad. Ni siquiera llevaba un inventario de ingredientes, sino que él era quien lo hacía.
Llevaron el Pensadero hasta la torre de Gryffindor y lo dejaron sobre uno de los escritorios de su cuarto. En cuanto la rata también llegó y se transformó en Peter, Remus, que estaba sentado en su cama, soltó un suspiro de alivio y cada uno se metió a su cama (bueno, Sirius se metió a la cama de Remus en realidad, pero para ese momento, ya era suya también).
Al día siguiente era sábado y se reunieron frente al Pensadero para depositar allí los recuerdos que necesitaban revisar y separar. Sirius fue el que se tardó más tiempo porque necesitaba aislar el recuerdo de la chica lastimada sin atención médica de las conversaciones secretas que obviamente no podían entregar.
Lily se metió al cuarto cuando el pasillo del dormitorio de varones estuvo vacío, y mientras Sirius terminaba, ella dio una rápida vuelta alrededor de la habitación.
—¿Tienen un solo baño? —Sonó sorprendida.
—¿Ustedes no tienen un solo baño? —preguntó James, confundido.
—Tenemos dos con lavabos dobles y se pueden agrandar —explicó Lily, encogiéndose de hombros—. Y armarios. ¿Dónde están sus armarios? ¿Se supone que tengan sus cosas metidas en los baúles durante todo el año?
Los cuatro chicos la observaron con las bocas abiertas.
—¡Esto es favoritismo, prongs! —exclamó Sirius, agitando los brazos—. ¡Favoritismo! Moony, vamos a quejarnos-
Remus dio un pequeño salto cuando su novio empezó a darle suaves empujones en la espalda para que se moviese hacia la salida.
—¿Qué? Pero a mí no me importa si las chicas tienen-
—¡Nos vamos a quejar con McGonagall y tú le pondrás tu carita linda de Prefecto para que caiga! —decía Sirius. Le dio un jalón a Peter—. Tú también vienes, wormtail.
—Pe-
—Tú le vas a hacer pucheros. Combinación infalible. Muévanse. ¡Volveremos cuando hayamos conseguido nuestro derecho a otro baño y armarios, prongs!
Sirius los sacó del cuarto y cerró la puerta detrás de él. James se quedó aturdido con los recuerdos de Sirius embotellados en una mano, solo en el cuarto con una Lily que se estaba riendo de las tonterías de Sirius.
James apuntó el Pensadero y balbuceó algo. Ella asintió y se acercó para extraer sus propios recuerdos de las reuniones de la Orden y separar todo lo que pudiese servirles, incluyendo la parte de su brazo fuera de lugar y la reacción de Molly Weasley.
Estaba muy concentrada en las imágenes y casi se echó para atrás cuando notó que James le estaba sosteniendo el cabello para que no le cayese sobre el Pensadero, aunque no sabían si podía humedecerse en la consistencia medio líquida y medio gaseosa de los recuerdos.
—Por si acaso —murmuró él, encogiéndose de hombros.
Ella le agradeció y siguió separando los recuerdos hasta tener embotellado todo lo que les servía. Luego cambiaron de lugar para que James pudiese hacer lo mismo con sus propios recuerdos y Lily observó el proceso con atención desde un lado.
Había un hilo plateado en el Pensadero que era el recuerdo de James entrando en pánico cuando olvidó que la lesión era planeada y él lo sostuvo con la punta de varita para sacarlo del plato mientras ella lo ayudaba a embotellar los recuerdos que pensaba entregar.
—¿A dónde llevas ese? —le preguntó en tono divertido—. Tu reacción de terror es perfecta como prueba-
—Sueno ridículo —se quejó James—, no pienso dejar que usen algo así en el Wizengamot.
—A mí me parece muy dulce la preocupación- —Ella puso las botellas a un lado y sacó la varita para intentar tomar el hilo plateado que él sostenía en el aire. James se movió de inmediato—. James Potter, dame ese recuerdo-
—¿Sabes cuántos años vive esa gente del Wizengamot? —decía él, moviéndose hacia atrás con cada paso que Lily daba más cerca para quitarle el recuerdo—. Tienen como cien y van a vivir otros cien y cuando yo tenga cien voy a ir al Wizengamot por alguna tontería y me preguntarán si recuerdo que vieron algo así donde estoy en pánico-
—¿Y cuál es el problema? —Lily casi choca con la caldera por intentar arrebatarle el recuerdo y tuvo que cambiar de dirección, lo que le dio una ventaja de dos pasos a James.
—¡Tengo una reputación como Gryffindor!
—No tendrías ninguna reputación si el Wizengamot hablase con padfoot-
—¡Lily! —protestó él con incredulidad.
Ella se comenzó a reír y aprovechó el despiste para tocar la punta de su varita y atrapar el hilo plateado. Estaba feliz de haberlo recuperado, y cuando quería celebrar su gran victoria, James puso esa sonrisa que tenía antes de causar problemas.
—¿Estás segura de que es buena idea robarle algo a un jugador de Quidditch?
Lily tardó menos de un segundo en darse cuenta de que estaba en desventaja por una simple cuestión de reflejos y emprendió su huida, lo que hizo que terminasen dando vueltas alrededor de la caldera del centro del cuarto, ella chillando cada vez que James estaba por atrapar su brazo y él riéndose.
—¡Ten piedad! ¡Piedad! ¿No ves que soy una chica y nunca he jugado Quidditch…? Eso debería hacerte-
—¡¿Esto es un hechizo de pies de plomo?!
Lily se rió con fuerza y corrió hacia el Pensadero y las botellas mientras James escapaba del hechizo que le lanzó cuando él estaba distraído oyéndola.
No se esperaba que James de verdad se atreviese a convertirse en un ciervo en medio del dormitorio. Eso terminó por destruir el hechizo y Lily tuvo que desviarse de su trayecto, gritando que no la fuese a lastimar con las astas.
De repente James regresaba a la forma humana y la capturaba envolviéndola con los dos brazos y jalándola hacia atrás. Ella se retorció y estiró el brazo para tener la varita lo más lejos posible de él y que no pudiese robarle el recuerdo.
—Está bien, está bien —Lily se rió, casi sin aliento—. Podemos hacer un trato, James.
—No te oigo, no te oigo-
—Vamos a entregar tu recuerdo aterrado para darle dramatismo y no entregamos el recuerdo donde Frank Longbottom te dio la paliza de tu vida a punta de desmayos porque tú sólo estabas usando expelliarmus-
James emitió un sonidito de queja.
—¡Lo dejé ganar para que impresionara a Alice!
—¿En serio, prongs? —Ella se burló, dejando de retorcerse para girar el rostro y verlo—. ¿Esperas que crea que…?
No calculó bien la distancia porque se encontró con el rostro de James demasiado cerca del suyo y su respiración le tocó la cara. Estaba segura de que terminó la frase pero se sorprendió tanto por su oleada de nerviosismo ante la cercanía que sólo se quedó quieta y en silencio cuando James observó sus ojos durante unos segundos, luego sus labios y de regreso a sus ojos.
James no sólo la soltó, sino que retrocedió varios pasos y se empezó a desordenar el cabello.
—Como quieras. Uno o el otro —Él se aclaró la garganta—, pero no ambos. Digo, para- ahorrarme una humillación al menos, ¿no?
Lily parpadeó un par de veces y contempló el hilo plateado en la punta de su varita.
—Sí- sí, uno solo- trato hecho.
Terminaron de embotellar los recuerdos que entregarían y Lily se guardó la caja con las botellas encogida en un bolsillo de la túnica.
Cuando estaban dejando el cuarto, ella para llevarle las botellas a Regulus (y hablar con Severus porque estaba segura de que los dos estaban juntos en el laboratorio o en la biblioteca) y James para buscar a sus amigos, una de las compañeras de cuarto de Lily también salía del dormitorio de las chicas y se vieron de frente desde las dos escaleras.
La otra Gryffindor soltó un grito emocionado.
Lily se intentaba convencer de que si caminaba detrás de Severus la mala cara de su mejor amigo haría que cualquiera de Gryffindor reconsiderase lo de mirarla con sonrisitas divertidas.
—¿Crees que en Slytherin son personas entrometidas? —le susurró a Severus—. Medio Gryffindor cree que salgo con James ahora. Y eso no sería la gran cosa si no fuese porque parece que alguien dijo un comentario estúpido sobre mí y James casi termina en detención- ¡en detención, Sev!
—Que un chico al que le gustas termine en detención por defenderte me parece lo mínimo —justificó Severus en tono serio sin dejar de caminar ni verla—. En peores situaciones he estado yo por gente que a veces quiero estrangular. Como Sirius.
Ella dejó escapar un suspiro exasperado porque su amigo claramente no estaba entendiendo.
—Imagina que alguien recibe una detención por defenderte-
—No me lo tengo que imaginar, ¿por qué crees que fue la detención que Regulus recibió en junio? Aunque Zabini fue incluso más brusca con el pobre idiota que intentó insultarme pero…
—¿Fue por eso? —Ella sonó sorprendida—. ¿Y qué le dijiste?
—Le pregunté si se le había contagiado lo de su hermano metiéndose en problemas de forma tan tonta.
—Grim me da un poco de lástima —declaró ella en tono resignado—. Es muy dulce a veces, o lo intenta, podrías…
Eso sí que hizo que Severus se detuviese en el corredor que daba al comedor y se girase para verla, apuntándola con un dedo.
—No intentes hacer eso —advirtió—, no creas que hay punto de comparación entre la actitud de James Potter y la de Regulus Black. Potter es ingenuo. Black no. Un poco de lástima y Regulus se va a aprovechar de por vida-
—Creo que estás exagerando, Sev.
—Le toqué la cabeza en su forma de gato una vez en el verano y desperté casi a diario con un gato negro encima —Severus sacudió la cabeza y se dio la vuelta para seguir caminando hacia el comedor—. Es imposible. Y estábamos hablando de Potter y sus tonterías. Creo que…
Se separaron en la entrada del comedor para ir hacia sus respectivas mesas. Lily notó que Dumbledore se encontraba detrás de la mesa de profesores de nuevo.
Ya que se había perdido la bienvenida, Dumbledore les habló mientras cenaban, excusando su ausencia y dando parte de su discurso de comienzos del año.
Algunas cosas se pausaron o atrasaron debido a su ausencia, por lo que también fue en ese momento que presentó las medallas de Premio Anual. Dio una breve explicación sobre lo que implicaba que sólo hubiese un delgado y una delgada cada año en todo Hogwarts y de repente dijo los nombres.
Los nombres de James y Lily.
A Lily se le cayó el tenedor mientras que James, que planeaba algo con Sirius, se enderezó y se giró muy despacio como si creyese que había escuchado mal.
Las compañeras de Lily tuvieron que darle empujones para que ella reaccionase para ir por su medalla. James también se levantó cuando Peter lo empujó y Sirius comenzó a celebrar parado en su banco, gritando y agitando los brazos, lo que hizo que Dumbledore suspirase y negase.
No tenía sentido. Esto se avisaba desde antes. Las medallas llegaban antes también, igual que fue con su posición de Prefecta.
Lily recibió su medalla primero de manos del director, y mientras se la colocaba con magia, él le puso una mano en el hombro y se inclinó para hablarle en voz baja.
—Espero que entienda, señorita Evans, que la seguridad del castillo y sus estudiantes puede depender de una delgada en ciertas circunstancias. Y que la lealtad y la honestidad para informar de factores de riesgo puede ser lo que salve vidas.
Él lo sabe, fue lo único que pensó.
Lo sabe.
¿Qué tanto sabe?
¿Desde cuándo sabe?
James empalideció cuando le tocó recibir su medalla y Dumbledore también le susurró algo. Lily se olvidó de la actitud entrometida en su Casa, agarró el brazo de James y lo jaló para que regresaran a su mesa. Por la mirada que intercambiaron, estuvo segura de que él también lo había notado.
