Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es beautypie, yo solo traduzco con su permiso.
Disclaimer: The following story is not mine, it belongs to beautypie. I'm only translating with their permission.
Capítulo 19
Golpe
A Wynona realmente le debía gustar Tanya. Especialmente porque esta última era más o menos inútil para la guerra en este punto. La intimidante, y más que moderadamente trastornada, mujer disfrutaba llevarla a hacer recados, especialmente dentro de la extraña parcela de tierra de veinte acres que ahora llamaba hogar.
La mujer lo llamaba un complejo familiar. Era... cruel, por decir lo menos.
Después de ser su mascota durante unos meses, Tanya pudo ver lentamente qué era lo que hacía funcionar a esta extraña mujer. Wynona tenía más o menos la edad de Carlisle, supuso, pero aunque su negocio de drogas había estado funcionando durante varias generaciones, Tanya había escuchado de pasada que solo había sido incorporada oficialmente a Bluewave hace quince años.
Eso fue antes de que Carlisle Cullen perdiera el control. Cuando todavía era nada más que el carismático, astuto y encantador jefe de la organización.
El de Wynona era un negocio familiar. Pero lo que hizo que Tanya sintiera curiosidad fue que Wynona no tenía ningún pariente consanguíneo vivo. Era la única hija de sus padres, la única heredera, y claramente, también había elegido activamente dejar que su linaje terminara con ella.
Tanya finalmente tuvo el coraje de preguntarle al respecto, cuando se dirigían a otra de las visitas domiciliarias de Wynona dentro del complejo. A varios metros de su destino, se aclaró la garganta mientras caminaban por el césped bien cortado.
—Pareces tenerle cariño a los niños.
Wynona mantuvo sus manos entrelazadas detrás de su espalda.
—¿Qué quieres decir?
—Ahora… entiendo tu arrogancia, Wynona —dijo Tanya lentamente, sin mirar a su compañera—. Entiendo para qué es el complejo familiar. Tu personal está compuesto principalmente por mujeres, y en cuanto a los hombres, prefieres acoger a los que tienen familia. Mantienes a las esposas y a los niños aquí. Como… rehenes, para asegurarte de que cumplan tus órdenes.
—Oh, no me gusta esa palabra —Wynona chasqueó la lengua—. Rehén. Prefiero el término 'garantía'.
—Eh, sí. Quise decir garantía.
Wynona giró la cabeza para mirarla, sus ojos grises ligeramente entrecerrados.
—¿Cómo se relaciona esto con tu pregunta inicial? ¿Sobre mi… supuesto cariño por los niños?
—Cuidas mucho de ellos, al menos hasta que… no te sirven de nada —observó Tanya lentamente—. Aquí hay una guardería, incluso una escuela pequeña. Varios patios de juegos. Programas de citas para jugar e incluso visitas a domicilio como esta. Creo que son pasos adicionales innecesarios, si la idea es simplemente mantenerlos como una garantía.
—Hmm.
—¿Alguna vez consideraste tener uno propio? —preguntó finalmente Tanya.
En ese momento, Wynona sonrió ampliamente. De repente, también dejó de caminar.
—Nunca.
Tanya detuvo instintivamente su paso también, dándose la vuelta para mirar a su compañera.
—¿Nunca?
Los ojos de Wynona recorrieron el cuerpo de Tanya varias veces y, por una fracción de segundo, la mujer pareció reacia. Después de unos segundos, suspiró profundamente.
—Creo que podemos saltarnos la visita por ahora. Quiero mostrarte algo.
Tanya inhaló profundamente cuando Wynona repentinamente la rodeó con un brazo y la arrastró hacia la dirección de donde habían venido. Las dos permanecieron en silencio durante el resto de la caminata. Finalmente, la mujer mayor las condujo a un camino por el que Tanya nunca había pasado antes, que conducía a un gran almacén cerrado. Había varios letreros siniestros de "no entrar" a lo largo de la cerca de púas.
Wynona ni siquiera tuvo que decir nada antes de que el guardia armado se tambaleara de inmediato para abrir la puerta lo más rápido posible para las dos.
Soltó el brazo de Tanya para abrirle la puerta del almacén. Fue solo cuando lo hizo que Tanya se dio cuenta de que las paredes y las ventanas estaban insonorizadas. Escalofríos recorrieron la columna de Tanya una vez que escuchó los gritos y lamentos espeluznantes. De una mujer, y de su propio...
—Oh, Dios —gritó, alejándose instintivamente.
Wynona la tomó del antebrazo para mantenerla en su lugar, con una extraña expresión reservada en su rostro.
—Escúchalo, amor.
Ya no pudo evitar las lágrimas.
—Déjame ir...
—Por eso odio las debilidades —dijo Wynona en voz baja, lo que hacía difícil entender por debajo del sonido de los gritos—. Por qué nunca elegiré tener uno propio. Es más fácil cuidar de mujeres y niños débiles cuando sienten que sus necesidades están satisfechas. Algunos de sus hombres incluso piensan que están mejor aquí que en el mundo real. Y a cambio, harán todo lo posible para hacerme feliz.
Finalmente cerró la puerta y Tanya soltó el aliento que había estado conteniendo cuando los sonidos cesaron. Wynona dio un paso adelante para levantar a la chica por la barbilla y limpiar la humedad de sus ojos azul pálido.
—Lo admito, es más fácil amar a los niños cuando no son míos —tarareó Wynona, esta vez con voz suave—. Son tan adorables... indefensos. Débiles. Son unos mocosos que buscan llamar la atención. Pero como no son míos, no siento ningún remordimiento cuando tengo que acabar con ellos cuando ya no me sirven. Tal como dijiste.
Tanya se apartó del agarre de Wynona.
—Eso es cruel.
—Definitivamente —convino Wynona—. Esa es la ventaja que tengo, pequeña Tanya. Ni siquiera el gran Carlisle Cullen la tiene.
Tanya se estremeció al oír el nombre de su marido. Con las manos entrelazadas tras la espalda, instintivamente tomó la banda dorada que todavía tenía alrededor de su dedo, frotándola suavemente.
—Él siempre ha sido más inteligente que yo —admitió Wynona—. Dios, ese rostro angelical... Estoy segura de que tú sabes mejor que nadie lo fácil que es para él atraer a cualquiera para que cumpla sus órdenes. Si a eso le sumamos su inteligencia y su experiencia... Bueno, esa es la razón por la que fue capaz de crear algo tan grandioso como Bluewave. ¿Cómo podría resistirme a ser parte de ello?
»—Pero al final, su caída en desgracia fue decepcionante. Me di cuenta de que tenía las mismas debilidades patéticas que el resto de estos idiotas. Su tonta esposa drogadicta. Y su patéticamente leal cachorro de hijo.
Los ojos de Tanya se abrieron de par en par ante las palabras.
—En verdad esperaba que fueras otra —suspiró Wynona—. Aparentemente no. Pero tengo esperanzas de que el favor de los Cullen hacia Fortuna traiga mejores frutos. A pesar de su naturaleza belicista, todavía creo que ella sería mucho más fácil de derrotar que a los chicos. Carlisle me demostró hace mucho tiempo que los hombres siempre se vuelven locos por la pérdida de sus mujeres. Aseguraría mi victoria.
La mirada de Tanya se desmoronó.
—¿Por qué?
La mujer mayor inclinó la cabeza.
—¿Qué quieres decir?
—¿Por qué estás haciendo esto? —preguntó Tanya suavemente—. ¿Qué esperas lograr?
Wynona frunció el ceño, luciendo pensativa por un momento. Finalmente, dijo: «Mi linaje termina conmigo».
Tanya dejó escapar un suspiro tembloroso.
—Pero me aseguraré de dejar un legado —anunció Wynona con firmeza—. Me lo merezco más que nadie, más que cualquier hombre patético. Y a mis ojos, tener el maldito mundo clandestino para mí sola es el único premio adecuado.
~DF~
Tanya finalmente se encontró saliendo de su casa asignada alrededor de la medianoche, mucho después del toque de queda del complejo, vestida solo con su camisón y una bata transparente. Ni siquiera pudo llegar a más de medio kilómetro cuando un guardia armado que patrullaba los terrenos la detuvo bruscamente.
—¿A dónde crees que vas? —preguntó el hombre—. Ve a casa.
Tanya se había preparado para esto. Lo miró por debajo de las pestañas y se desató la bata.
—Lo siento, oficial. Me sentía... sola.
Wynona tenía algo de razón. Los hombres eran todos iguales en ciertos aspectos. Después de hacerle un rápido favor al hombre en el asiento trasero, se desplazó hacia el asiento del pasajero del coche patrulla para que la llevaran al destino que había solicitado. El guardia había levantado una ceja cuando lo había pedido, pero finalmente decidió que no podía hacer daño. Al menos, por esta única vez.
—Diez minutos —le recordó el hombre antes de que saliera del vehículo—. O te vas a casa caminando.
Tanya le lanzó un beso descarado antes de cerrar la puerta. Tan pronto como se dio la vuelta para mirar el edificio, su máscara desapareció y ahora lucía una expresión triste, casi arrepentida.
La pequeña iglesia estaba desierta, pero no entró. En cambio, caminó por el sendero hasta llegar a la parte trasera del lugar. Solo había visto esa zona de pasada y la evitaba activamente; después de todo, con todos los pecados que había cometido desde que tenía trece años, suponía que Dios se enojaría si alguna vez ponía un pie en ese lugar. Sin embargo, después de lo que había visto y oído en el almacén...
Su suposición era correcta. El terreno detrás del pequeño establecimiento era mucho, mucho más grande que la iglesia en sí. Y era un cementerio.
Tanya mantuvo sus manos dentro de los bolsillos de su bata mientras observaba el lugar. Si bien estaba oscuro, había una farola convenientemente disponible detrás de la valla de metal oscura que rodeaba el cementerio. Tampoco era un cementerio típico; si bien los viejos lotes estaban ordenados prolijamente en el suelo, parecía que incluso el gran lote no era suficiente para los cuerpos que llegaban constantemente. Varios ataúdes estaban apilados prolijamente en el otro extremo del lote. Y eran de diferentes tamaños.
Respiró profundamente mientras caminaba lentamente hacia la pila de los más pequeños.
Había nombres en ellos. Supuso que los que estaban en la parte inferior murieron primero, así que los leyó comenzando desde allí. Timothy. Adriana. Pepper. Sylvia. Delilah. Peter.
Continuó caminando por el cementerio, tomando nota mental de cada nombre conocido que había sido destruido por la mujer con la que ahora se había aliado.
Finalmente, cayó de rodillas. Y lloró.
Tal vez esta sea la única forma en que finalmente pueda verme. Si me vuelvo tan cruel como él.
Tanya no mató a estos niños. A esta gente. No tuvo nada que ver. Ni siquiera contribuyó en absoluto a la causa de Wynona. Ella... Nadie puede culparla por esto.
Entonces, ¿por qué ella lo hacía?
Mientras temblaba y cerraba los ojos, de repente... extrañó su casa. Pero no estaba pensando en su lujoso apartamento ahora vacío al otro lado del país. No, su hogar eran las luces brillantes sobre un escenario pulido. Su hogar era el prístino vestidor rodeado de espejos. Su hogar era bailar, ser hermosa, ser deseada.
Y su hogar eran un par de ojos de un profundo color cerúleo que nunca la mirarían con verdadero amor, como ella deseaba desesperadamente que pudieran hacerlo.
Dios, no podía perdonarlo. Incluso lo odiaba. Pero a pesar de todo, los años en que la había dado por sentado y había usado su lealtad al azar como si no fuera un ser humano vivo y que respirara, se dio cuenta de que él siempre había sido su hogar.
Al menos, ahora definitivamente te ve, le había asegurado Wynona.
Después de lo que ella había hecho, definitivamente no podía volver atrás ahora. No había otro camino más que hacia adelante.
¿Verdad?
—Mierda —maldijo para sí misma en voz baja, tocando finalmente el anillo alrededor de su dedo y girándolo. Tres vueltas completas. En sentido contrario a las agujas del reloj.
~DF~
Carlisle prácticamente nunca dormía desde la tragedia en su finca. Cuando no podía evitarlo, se aseguraba de que una alarma lo despertara cada treinta minutos. Por si acaso.
No servía de nada, por supuesto. Nunca lo admitiría, y especialmente no ante su hijo, pero la peor de las tragedias ni siquiera era Alessia. No porque se preocupara demasiado por su nueva esposa, sino porque se había vuelto estúpidamente complaciente. Se había acostumbrado tanto a la lealtad de Tanya que, irónicamente, además de poder usarla como una carta cuando finalmente regresó a casa en Bluewave como estaba planeado, también la había convertido inadvertidamente en su propia debilidad.
Estúpido. Realmente se estaba haciendo viejo. Gracias a Dios que Bella estaba cerca para devolverle la cordura. Sus recientes aventuras le habían recordado lo importante que era demostrar continuamente la lealtad de uno y mantenerse siempre alerta. La nostalgia de cómo había comenzado Bluewave desde cero... Finalmente recordó cuál era su visión. Lo lejos que había llegado para conseguirlo.
Y sin embargo...
Supuso que no podía hacer retroceder el tiempo por completo. Él también había cambiado, a lo largo de las décadas. Edward lo había notado, incluso su propia esposa descarriada. Ahora había desarrollado un poco de conciencia. Se había vuelto... blando.
Y lo peor de todo, también se había vuelto un poco esperanzado. Más de lo que normalmente se permitía ser. Era patético.
Casi se había rendido y ya estaba poniendo una alarma para los siguientes treinta minutos cuando lo escuchó.
Ding.
Inmediatamente, se sentó en su escritorio, ya estaba medio dormido en la silla de la oficina, y se inclinó para estudiar la pantalla de la computadora portátil que prácticamente nunca apagaba. Y allí estaba.
La chica lo había traicionado. Lo sabía, desde que Alessia había mencionado que los intrusos entraron durante la única ventana del día en que sus guardias estaban rotando. Tanya era la única otra persona en la casa que lo sabía.
Pero como dijo, se había vuelto un poco esperanzado con los años. Solo tenía que volver a verificar.
Antes de instalarse en la nueva casa que ahora compartía temporalmente con su hijo y su pareja, había regresado a la finca. Por si acaso. Y había saqueado cada centímetro de todo el lugar con su equipo, buscándolo. Si ella realmente se había vuelto contra él por completo, si realmente lo despreciaba, debió haberlo dejado atrás. Era lo único que le quedaba a ella, después de todo.
Su patética esperanza permaneció cuando no pudo encontrarlo. Por eso se había convertido en el lamentable idiota que no dormía en ese momento.
Ella había mantenido el rastreador apagado desde que él le había admitido poco después de la boda a lo que realmente se refería con seguridad cuando se lo había dado.
—¿Hablas en serio?
—No lo dejes encendido todo el tiempo. Solo en caso de emergencia. Para ahorrar batería.
—Pero... ¿por qué?
—Esto es una guerra. Cuando ella finalmente decida tener las agallas para dar el primer paso, Wynona seguramente encontrará debilidades. Edward tiene a Bella. Yo te tengo a ti.
—¿Soy... una debilidad?
Una pausa.
—Según ella.
Carlisle entrecerró los ojos mirando la pantalla. Banks no mentía, al menos. Wynona se había establecido en una zona rural de Oregón. Aunque finalmente tenía una ubicación exacta, no había mucho en qué basarse a partir del mapa. Y estaba absolutamente seguro de que no había forma de que pudieran entrar allí sin sufrir un rasguño.
Pero definitivamente era algo. Lo más probable es que este fuera el lugar donde ocurriría su enfrentamiento final. Era información más que suficiente para entregársela a su equipo legal para su siguiente paso.
Se levantó rápidamente, completamente despierto ahora, y cerró la computadora portátil.
Ya era hora.
~DF~
Cuando Edward abrió los ojos, se sorprendió más que levemente al encontrar a Bella ya levantada, a pesar de que había llegado a casa temprano esa mañana.
Incluso se veía... pacífica. No parecía cansada en absoluto. Estaba vestida solo con un sujetador de encaje y unas bragas finas, sentada en el escritorio al otro lado de la habitación, bebiendo una taza de café mientras revisaba su teléfono. No notó que él se despertó todavía.
La chica debía estar cansada. Después de todo, había estado muy ocupada los últimos meses ganándose favores del lado legal de Bluewave. Con su padre, y recientemente por su cuenta. Y nunca se había quejado, ni siquiera una vez.
En todo caso, Bella incluso parecía disfrutarlo. Después de Rosalie... Tal vez finalmente poder tener el control de sí misma era toda la penitencia que necesitaba. Dios, la mujer nunca dejaba de sorprenderlo.
Edward decidió bostezar visiblemente, sentándose y apartándose de las sábanas. Los cálidos ojos marrones de Bella se dirigieron inmediatamente hacia él, y eran suaves. Amorosos. Como siempre lo eran.
—Buenos días, guapo.
—Siempre puedes dormir hasta tarde, ¿sabes? —murmuró, levantándose completamente desnudo y dando un paso hacia adelante hasta quedar entre sus piernas abiertas.
Bella separó los labios y suspiró suavemente cuando finalmente se inclinó para besarla.
—No podía dormir —admitió. Edward le dejó besos a lo largo del costado del cuello hasta la clavícula. Bella ya se estaba frotando contra él en ese momento—. ¿Qué tienes en mente?
—Hmm —gimió ella, sonriendo maliciosamente contra sus labios—. Ya lo olvidé. Me... distraes mucho.
—Lo tomaré como un cumplido —susurró él en respuesta, finalmente tirando de la tela entre sus piernas hacia un lado y volviendo a casa.
Porque eso era ella. Dondequiera que terminaran, sin importar cuán jodido se volviera el mundo en el que vivían, ella era todo lo que necesitaba. La besó desesperadamente y sostuvo una pierna delgada con una mano y su trasero con la otra, mientras empujaba dentro y fuera de ella. Esperando transmitir cuánto la adoraba.
Ella era hermosa así, mirándolo desde sus largas pestañas con lujuria y amor sin trabas. Se mordió los labios mientras se quitaba los tirantes de su sujetador, dejándolo disfrutar de la vista de sus pechos moviéndose salvajemente mientras la follaba sobre el escritorio.
Simplemente... hermosa.
—Cariño —murmuró posteriormente, su rostro se contorsionó en una expresión familiar, la que él sabía que significaba que estaba a punto de alcanzar...
—Oh, por el amor de Dios, Edward.
Inmediatamente, los dos se alejaron el uno del otro al escuchar la voz que provenía de la puerta abierta del dormitorio, que ninguno de los dos se había molestado en notar que estaba completamente abierta. Bella gritó e instintivamente cerró las piernas y se cubrió el pecho, mientras que Edward simplemente se alejó lentamente de la chica.
Carlisle estaba afuera, con los ojos ahora torpemente fijos en el suelo, luciendo horrorizado y absolutamente aturdido. Bella nunca había visto al hombre tan estupefacto antes. Era... mortificante.
Después de unos segundos de silencio congelado y tenso, el patriarca extendió rápidamente la mano hacia el pomo de la puerta y la cerró la con fuerza.
—Vete al diablo, Carlisle —maldijo Edward.
—¡Estaban siendo terriblemente silenciosos y por algo hay una maldita puerta! —gritó el hombre desde el otro lado—. Una vez que hayan terminado, vístanse y bajen. Traje invitados. Dios... maldito idiota.
Bella enterró su rostro en sus manos una vez que escuchó los pasos que se alejaban.
—Oh, mierda. Me siento como una maldita adolescente. Estoy absolutamente... Ni siquiera sé lo que siento ahora mismo.
Para su sorpresa, Edward solo parecía levemente divertido. Dudó antes de dar un paso adelante de nuevo hasta que estuvo justo frente a ella. Tenía los labios fruncidos, como si estuviera reprimiendo su risa.
—Estás bromeando —dijo Bella con expresión inexpresiva cuando él le abrió las piernas suavemente de nuevo—. Estás bromeando, carajo.
—Dijo que bajáramos cuando termináramos —Se encogió de hombros—. Solo si quieres terminar, por supuesto. Te veías bastante cerca.
Bella entrecerró los ojos.
—Vete al diablo, Edward —susurró, antes de suspirar y tirar de su ropa interior a un lado para él otra vez.
~DF~
Bella decidió que era una buena y mala idea dejar que terminaran de follar antes de bajar las escaleras. Buena, porque una vez que reconoció las figuras esparcidas en la sala de estar, supo que esta iba a ser una larga mañana. Mala, porque claramente no era solo Carlisle quien estaba al tanto de lo que acababa de ocurrir arriba.
La estúpida cara de Colton Banks tenía una sonrisa permanente cuando la miró.
—Estoy seguro de que fue una muy buena mañana para ti, Fortuna. Al menos, eso espero.
—¿Qué quieres decir con eso? —preguntó Carlisle casualmente desde su asiento junto al minibar, tomando un sorbo de brandy.
Inmediatamente, Banks pareció nervioso.
—Yo... eh, solo quería decir buenos días.
Bella se aclaró la garganta y decidió saludar al hombre de aspecto más respetable de la habitación. Atticus le sonrió amablemente y se puso de pie para estrecharle la mano.
—Ha pasado un tiempo, señorita Fortuna.
—Espero que te esté yendo bien, Atticus.
—Todos esperamos eso —suspiró él, sentándose de nuevo en su asiento.
Para su leve sorpresa, su nueva conocida Zafrina también estaba presente. Y estaba sentada en el mismo sofá que Garrett. La mujer parecía muy incómoda con su elección actual de compañía, mientras que este último parecía más tranquilo y reservado de lo habitual.
Edward finalmente la llevó a sentarse junto a él en el sofá restante disponible.
—¿De qué se trata todo esto? —preguntó finalmente, sus tranquilos ojos verdes salvia escrutando al grupo que su padre había traído a casa.
Carlisle finalmente se puso de pie, caminando hacia el centro de la habitación con una mirada renuente.
—Es hora, Edward. De devolver el asiento.
Los ojos de Edward se entrecerraron hacia su padre mientras los de Bella se dirigían al suelo. Después de todo, esa era la razón por la que había tenido problemas para dormir los últimos días. Simplemente no tenía idea de cuándo Carlisle iba a soltarlo.
Aparentemente, él había elegido ese día.
—¿Se supone que esto es un golpe maestro? —dijo Edward lentamente, su mirada recorriendo a la gente que lo rodeaba. Finalmente se posó en su miembro más leal del consejo—. ¿Atticus? Veo que realmente te has vuelto a favor de mi padre.
—La guerra es la guerra —dijo el hombre con gravedad—. Hice lo que me pediste. Elegí creer en Carlisle de nuevo. Y hasta ahora, y con todo respeto, Edward, creo que él es el único con las garras y la astucia para sacarnos de este lío y algo más.
—Hmm. —Edward se volvió hacia Colton, que jugueteaba torpemente con sus dedos—. ¿Y tú?
El hombre se aclaró la garganta.
—Lo mismo pienso. Necesitamos una ojiva nuclear contra Wynona, no un diplomático. Pero con todo respeto, Ed. Sabes cuánto te amo, por seguir protegiéndome después de... todo lo que he hecho.
Edward asintió y se puso de pie lentamente. Se tomó su tiempo para encontrarse con su padre en el centro de la habitación, enfrentándose a él. Había una expresión extraña y pensativa en sus rasgos afilados cuando dijo lentamente: «¿Y cuáles son las razones por las que te derrocaron en primer lugar? ¿Cuál es la situación de eso?».
Carlisle entrecerró los ojos. Para sorpresa de su hijo, se volvió hacia Bella.
—¿Y bien?
Bella le sonrió dulcemente a su compañero.
—Daré fe por él, Edward. Con mi vida.
Viejo astuto, Edward no pudo evitar pensar para sí mismo.
Una vez que comenzaron los indicios de la guerra, tuvo que hacer que tomaran un largo desvío. Tuvo que pensar con rapidez y poner ingeniosamente a su padre en situaciones cruciales donde pudiera demostrar su valor ante el consejo y el resto de Bluewave. Al final, terminaron en el mismo destino y finalmente alcanzaron la misma meta que se habían fijado hace todos esos años en Westfield.
La redención de Carlisle Cullen. Eso era todo lo que esto había provocado. Todo lo que siempre había deseado para el hombre, antes de que fuera demasiado tarde.
Y Edward simplemente no pudo evitar esbozar una sonrisa de satisfacción.
—Oh, Carlisle. ¿Valió la pena todo? ¿Finalmente lo ves?
La mirada de su padre era más suave de lo que nunca la había visto. Más amable.
—Siempre lo he hecho. Ahora lo tengo más claro.
