PARTE 18 Efectos y Consecuencias
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Vim respiraba con fuerza mientras miraba el desastre que hizo en su propia oficina. Desde su Tablet sonaban las notificaciones de mensajes y no necesitaba mirarlos para saber que eran de sus inversionistas. Los duelos eran monitoreados constantemente por el Grupo Benerit en afán de ver las mejoras de los MS y las tecnologías que eventualmente terminaban en el mercado espacial. Ver que dos MS de la línea comercial de los Jeturk hicieron un papel muy pobre en un duelo le pusieron un par de clavos más al ataúd.
El hombre regresó pesadamente a su asiento. En cuestión de unas horas sus hijos estarían de regreso y les haría saber todo el daño que habían provocado a la compañía.
De verdad no quería ver su Tablet, pero él no era un cobarde que le daba la espalda a sus responsabilidades.
Entre el mar de mensajes de los inversionistas, y un "Es una pena lo sucedido" cargado de veneno de parte de Delling Rembran, había algo que le llamó la atención: un mensaje de Seven Stones. Se trataba de una solicitud formal de video-conferencia que había llegado hacía tan solo un par de minutos, seguramente en medio de su rabieta.
¿Acaso querían burlarse y echarle en cara como su hija y su piloto superaron a sus hijos?
Vim Jeturk tenía ganas de pelear y lo haría, ya tenía un oponente enfrente.
Ordenó un poco su escritorio y regresó a su asiento, confirmando la solicitud.
En la pantalla apareció una pareja poco llamativa pero elegante a su manera. Un hombre lánguido con lentes y traje gris, una mujer con un vestido sastre y cabello impecable. Al verlos uno junto al otro, Vim se tuvo que tragar un amargo gesto al recordar que tanto su esposa como su amante lo dejaron y era día que no se comunicaban con él ni con los muchachos.
"Es todo un gusto poder hablar directamente con usted, señor Jeturk. Soy Taro Yukishiro y ella es mi esposa Aya", se presentó el hombre.
"Un placer conocerlo", agregó la mujer con una educada inclinación propia de su país.
Vim gruñó un poco y se llevó una mano al mentón. "Justo ahora estoy lidiando con unos asuntos, les ruego ser breves". Y entonces los vio sonreír por lo bajo.
"Supongo que debe ser duro ver todos esos números a la baja", dijo Taro mientras se acomodaba los lentes.
"¡Bastardo! ¿Acaso me llamaron sólo para burlarse de mi y de cómo esas niñas superaron a mis estúpidos muchachos?" Reclamó Vim, golpeando la mesa.
"Oh, en lo absoluto, señor Jeturk, nuestra intención es meramente de negocios", intervino Aya, cruzándose de brazos con seriedad. "Y no se enfade con los chicos, es evidente que les faltó trabajo en equipo y ese tipo de cosas se enseñan desde casa", comentó con completa sinceridad. "Las fallas de los hijos es culpa de los padres que no han sabido ser guías, es así de simple".
Vim apretó los puños.
"Pero podemos dejar las pláticas de padres para otra ocasión", Taro adoptó una pose más seria, más firme. "¿Ha escuchado sobre el proyecto de los contenedores nuevos?"
"Sí", el hombre tuvo que calmarse mientras hacía memoria del proyecto.
Una línea nueva totalmente mejorada cuyos clientes prioritarios serían los Mercurianos, un proyecto creado por la primogénita de los Yukishiro en sus ratos libres entre duelo y duelo. Muchos sabían de la ayuda recibida por la hija de Delling Rembran pero su nombre no aparecía en ningún lado de la documentación. Semejante producto había levantado los números de Seven Stones durante esas semanas.
"Bien, por todo el Grupo Benerit es sabido que las fábricas de ensamblaje de los Jeturk son las mejores en toda la Esfera Terrestre", Aya continuó en perfecta coordinación con su marido, "así que queremos proponerle un trato que nos convendrá a todos. Y de paso lo ayudará a usted a estabilizar un poco sus números hasta que puedan despegar de nuevo en la rama de los MS"
"¿Acaso tratan de burlarse de mí haciendo que mis fábricas armen cajas?" Reclamó Vim.
"No, señor Jeturk, esto se trata de negocios", Taro ahora sonaba severo. "Estamos buscando lo que más conviene a nuestra compañía y a nuestros productos, y como socios del Grupo Benerit, demostramos nuestra alianza buscando de entre ustedes a aquellos que pueden satisfacer nuestras necesidades. Pero si usted prefiere que llevemos nuestra propuesta a alguien más, entonces podemos dar esto por terminado".
Vim tuvo que tragarse su orgullo, porque su orgullo y su ira no salvarían a su compañía.
"Lamento mucho mi desplante", el hombre adoptó su máscara de negocios también. "Me gustaría mucho escuchar su propuesta".
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MS recibidos, y el material y personal para la ampliación del Hangar que llegarían a lo largo de esa semana cerraron satisfactoriamente los resultados del duelo.
La bienvenida y la unión oficial de Honoka Yukishiro a Earth House se celebró con una gran fiesta de Ramen y bocadillos que compraron en la tienda escolar, consecuencia directa de la apuesta que ganaron en el reciente duelo de Casa contra Casa. Pudieron darse algunos gustos extra con golosinas costosas recién traídas de la Tierra.
Nika no paraba de decir lo mucho que podrían hacer juntas en el futuro MS mejorado de Chuchu, uno completamente personalizado para ella, uno que harían a partir de los MS de premio que recibieron de parte de los Peil. ¡Un lienzo en blanco listo para trabajar! A Honoka, desde luego, le encantaba la idea.
Pero Nagisa estaba graciosamente silenciosa y nerviosa luego del beso que impulsivamente le dio a Honoka, un beso que salió sin provocación alguna, sin que lo pensara ni planeara por anticipado, sólo nació. Las únicas testigos de ese beso fueron Chuchu y Suletta, que justamente estaban saliendo de las cabinas de pilotaje y las vieron.
Y también vieron a Nagisa salir corriendo al darse cuenta de lo que hizo. Honoka se quedó pasmada en su sitio unos segundos más antes de ponerse tan roja como los tomates de Miorine y cubrirse los labios con una mano, para enseguida poner un gesto alegre. Suletta se sintió feliz al verlas, así que no diría nada de lo sucedido a menos que ellas lo mencionaran, Chuchu pensaba en lo mismo y en lo mucho que Nagisa se había tardado con ese beso.
Para todos en Earth House era obvio el sentimiento que tenía Nagisa con Honoka.
Las testigos del beso no mencionaron nada al respecto. Las implicadas en el beso tampoco dijeron nada, no todavía, no era el momento.
El momento llegó cuando Honoka fue al Hotel para recoger sus cosas y poder mudarse oficialmente a Earth House y Nagisa la acompañó. Uniformes de repuesto, ropa de dormir, herramientas, artículos de aseo personal y otros objetos de valor que cabrían perfectamente bien en una maleta mediana.
Ambas iban sobre uno de los Haro-Escúter, Nagisa conduciendo de pie, Honoka sentada en el asiento por insistencia de la primera. Sus espaldas estaban pegadas, como si Honoka se estuviera recargando en Nagisa, ambas en perfecto silencio durante la mitad del camino al Hotel. Aún tenían una hora antes del toque de queda.
"Honoka". "Nagisa".
Ambas hablaron al mismo tiempo y eso fue suficiente para romper el hielo. Rieron brevemente antes de que Nagisa suspirara.
"Fue un duelo grandioso", dijo la piloto con una voz que luchaba por ser normal.
"Lo fue, todo funcionó como lo planeamos y Chuatury obtuvo su primera victoria", continuó la mecánica, mirando el camino que dejaban atrás. "Pude unirme a Earth House y al fin podré estar con todos ustedes".
Nagisa sonrió. "Todos estamos felices por tenerte".
Fue el turno de Honoka de sonreír mientras hacía un sonido afirmativo.
Mantuvieron silencio unos segundos más antes de que Nagisa finalmente retomara el tema que colgaba entre ambas de manera pesada, enrojeció hasta sentir sus mejillas arder. "Honoka, sobre lo que hice..."
La mecánica también enrojeció, pero no iba a presionar a Nagisa, no cuando ella claramente quería ser la que hablara, la que se sincerara. Sabía lo mucho que a la piloto le costaba ser sincera, hablar de lo que pasaba en su corazón, y no sería ella quien detendría su carrera. Honoka la animó a seguir haciendo otro sonido afirmativo, sin interrumpirla.
"Quería hacerlo, me nació hacerlo porque... Yo..."
Más silencio, Honoka se aferraba con fuerza a la orilla del asiento mientras su rostro ardía y su corazón latía a toda prisa, sonreía por lo bajo. Mientras, Nagisa luchaba contra los nervios que le embargaban el pecho, contra esos nervios que en su momento le impidieron declararse a ese chico que realmente le gustaba, chico que eventualmente siguió su propio camino sin que Nagisa pudiera decirle nada.
Nagisa más de una vez se preguntó si algo hubiera cambiado en su vida de haber tenido el valor de confesarle sus sentimientos a ese chico. Quizá tendría un novio que le esperara en la Tierra. O quizá no se habría sentido tan derrotada que, al notarla, su papá la animó a tomar ese curso de Pilotaje. Quizá estuviera estudiando en una Preparatoria normal y conociendo a otras personas de manera normal. Quizá nunca habría tenido la oportunidad de poner sus manos en los mandos de un MS. Quizá no estaría en Asticassia teniendo duelos en maquinarias de dieciocho metros de alto.
Quizá no habría conocido a alguien tan única y rara como Honoka.
Nagisa no quería pensar en el posible escenario resultante si no se atrevía a decir sus verdaderos sentimientos en ese preciso momento. Sus sentimientos por Honoka.
"Yo... Quiero estar contigo... Quiero ir tomada de tu mano..." Y fue todo lo que Nagisa pudo decir, todo lo que su boca logró articular. No fue romántico, sólo directo, el más puro deseo de su corazón. Nagisa, pese a ser fanática del romance, no era romántica por sí misma y eso la sorprendió un poco. Se regañó a sí misma ante el pensamiento de que pudo decir algo mejor, algo más profundo, algo más significativo.
Pero eso fue suficiente para Honoka. Fue perfecto.
"Detén el escúter, por favor", pidió Honoka con voz suave, increíblemente gentil, todo para darle a saber a su compañera que estaba bien con lo que acababa de confesarle.
Nagisa obedeció mientras sus propios latidos hacían eco dentro de su cuerpo, presa de los nervios. Sintió a Honoka abandonar el asiento, apretó los párpados más no tardó en abrirlos de nuevo al sentir que Honoka la hizo soltar el manubrio del escúter para poder tomar su mano.
Su cálida mano.
Honoka le miraba con un cariño imposible de describir. Nagisa podía sentirlo y finalmente sonrió, presa de la calidez que Honoka le contagiaba sólo con su mano... Y después con sus labios.
Nagisa sintió los labios de Honoka en los suyos en forma de un dulce beso. Un suave y dulce beso. Nagisa tardó un poco en corresponderlo, se notaba torpe pero entregada, un poco ansiosa pero permitiendo que Honoka tomara el gentil ritmo del beso.
"Gracias, Nagisa", dijo Honoka con tersa voz apenas finalizaron el beso.
Nagisa sonrió de manera tímida, incapaz de decir nada pero demostrando el sentimiento en su corazón con un firme apretón de manos.
"¿Vamos por mis cosas? Creo que las chicas quieren una pijamada formal con todo y una ronda de preguntas y respuestas, y me parece que vi a Suletta hacer una lista de preguntas en su Agenda antes del duelo".
Nagisa se echó a reír. "Será divertido, hacía mucho que no estaba en una pijamada tal cual... Digo... Dormir en Earth House es como tener una pijamada diario, pero ahora sí sería oficial".
"Ésta sería mi primera pijamada", confesó Honoka con visible emoción y un mesurado entusiasmo.
A Nagisa no le sorprendía del todo ahora que conocía mejor a Honoka. "Será divertido, te lo prometo". Se tocó los labios levemente con dos dedos y no tardó en sonreír, aún podía sentir el dulce cosquilleo y el calor de Honoka en su boca. "Vamos por tus cosas".
"Vamos".
Mientras tanto, Suletta acompañaba a Miorine por algo de ropa para dormir, y también por algunas verduras para la despensa de la semana de Earth House. Últimamente el invernadero estaba dando muchos frutos y Miorine sabía porqué: porque Honoka y ella ya no eran las únicas que los consumían, desde que Suletta y Nagisa llegaron, y desde que tenían más relación con Earth House, Miorine permitió que más frutos comenzaran a crecer. Más tomates y otros vegetales para compartir con amigos.
Eso hacía sentir feliz a Miorine, pero quien parecía inusualmente feliz era Suletta y le era imposible ocultarlo.
"Estás más sonriente de lo normal", comentó Miorine, "¿qué pasa?"
Suletta estaba graciosamente sonrojada y a momentos se cubría el rostro en señal de vergüenza. "Vi algo lindo, pero no sé si deba contarlo, no es algo que yo deba contar".
Miorine torció los labios mientras se sujetaba del brazo de Suletta para caminar más juntas. "Soy tu Prometida, puedes confiarme lo que sea y yo no diré nada". La verdad era que sólo quería saber qué tenía a Suletta tan emocionada.
La Mercuriana pensó en esas palabras y estuvo de acuerdo, se destapó el rostro y miró a su Prometida con seriedad. "Te diré sólo a ti. Si ella sabe que más personas lo saben, se sentirá muy apenada".
"Te escucho. No diré nada a nadie".
Suletta se acercó más a Miorine para poder hablarle al oído. "Cuando regresamos al hangar, antes de que ustedes fueran a encontrarnos, Nagisa salió de la cabina de Black y fue corriendo a recibir a la señorita Honoka. Y la besó. Chuchu y yo las vimos. Y luego del beso, Nagisa salió corriendo a los vestidores de Earth House. La señorita Honoka dijo "con permiso" antes de salir del Hangar todavía en su traje de piloto".
Miorine abrió los ojos con sorpresa antes de bajar el rostro un poco y sonreír. ¡Al fin! ¡Nagisa estaba correspondiendo los sentimientos de Honoka! También sintió mucha alegría al escuchar eso y no pudo evitar un gesto de triunfo.
"Al fin lo hicieron", dijo Miorine, incapaz de contener la alegría en su voz.
"Unos días antes del duelo, Nagisa habló conmigo y me preguntó un poco sobre mi relación contigo, pero sólo quería saber si sentía nervios o algo similar", explicó Suletta de inmediato. Miorine tenía razón, podía contarle lo que quisiera y sabía que ella sería discreta. Además, hablaban de la situación de sus amigas, no estaba de más conversarlo. Y quizá ayudarlas un poco más si ellas lo necesitaban.
"Me consta que no sientes nervios", masculló Miorine, llevándose una mano al cuello.
Suletta sólo soltó una linda y corta risa a eso. "Y hablamos de manos".
"¿Manos?"
Y a manera de demostrar su punto, Suletta hizo distancia suficiente para poder tomar la mano de su Prometida. "Mira, mi mano cubre la tuya. Me gusta cómo se siente. Me gusta sentir que te cubro cuando te abrazo o te tomo la mano".
Miorine se sonrojó de manera violenta y alejó la mirada, pero sólo eso. Se aferró a la enorme mano de Suletta y hasta ese momento se permitió estudiar un poco más la sensación de la que ella hablaba. Su propia mano era pequeña a comparación de las fuertes manos de Suletta, podía sentir los callos en sus palmas pero no era un tacto molesto, el calor le gustaba. Ser protegida por ella le gustaba. Ser protegida de esa manera tan profunda y amorosa era una sensación que la seguía sobrepasando a momentos.
Honoka la protegió, sí, y seguiría agradeciéndolo el resto de su vida, pero la manera en que Suletta cuidaba de ella era totalmente distinta. Honoka era su amiga, su cómplice, siempre lo sería, pero cuando la tuvo como su Holder se sentían más como un par de rebeldes retando abiertamente a toda Asticassia y al Grupo Benerit, dos criminales que todos querían atrapar al mínimo descuido. Pero Suletta le daba calma, seguridad y todo ese cariño, atención y cuidado que nunca supo que necesitaba.
Suletta le daba su más sincero amor y esos brazos protectores.
"También me gusta", murmuró la princesa de la escuela mientras volvía a pegarse al costado de Suletta. "¿Y qué más te dijo Nagisa?"
Sí, debían volver al importante tema de conversación.
"Oh, me dijo que las manos de la señorita Honoka quedan perfectas con las de ella, porque son del mismo tamaño. Le dije que si avanzaba entonces ganaría dos, y Nagisa prometió que avanzaría".
"Creo que tomó ese consejo a pecho", Miorine sonrió. "Con razón mantenían la distancia hasta hace rato, pero al menos fueron juntas al Hotel por las cosas de Honoka. Me alegro por ellas. Honoka tiene un muy pobre instinto de autopreservación, qué bueno que Nagisa es alguien capaz de mantenerla en control", bufó la chica.
Suletta rió. "Creo que hacen una linda pareja"
"Yo también", respondió Miorine en baja voz, antes de sujetar a Suletta por el cuello de la chaqueta y obligarla a agacharse un poco. "Pero creo que tú y yo hacemos una mejor pareja", y para confirmar sus palabras besó a Suletta de manera breve pero profunda antes de tomar distancia y ser ella quien llevara a Suletta de la mano. "Vamos o no tendremos tiempo de recolectar la verdura".
Suletta no tardó en sonreír y asentir con emoción, dejándose llevar por Miorine.
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Los Jeturk se fueron de Asticassia en medio de la noche sin que nadie lo notara, sin que nadie pudiera darles una despedida aunque fuera breve, cosa que lamentaron Felsi y Petra más que nadie. Los hombres de Vim fueron por ellos y los llevaron a una nave compacta para viajes rápidos. Se reunirían con su padre donde éste les daría instrucciones sobre lo que harían a partir de ese momento. Ninguno de los hermanos pudo siquiera pensar en escapar como Guel llegó a sugerirlo, Shaddiq no les permitió salir del cuarto donde se encerraron luego del duelo. Los dos se guardaron para que nadie los viera en ese momento de miseria.
Los hermanos sólo se dieron cuenta del encierro cuando Guel intentó salir de ahí.
Shaddiq recibió la petición de Vim de mantenerlos a salvo hasta que mandara por ellos, dicha petición fue acompañada de una generosa suma de dinero que fue directo a las arcas personales del joven heredero de los Grassley.
Largas y tensas horas de viaje después, Guel y Lauda finalmente fueron escoltados a la oficina de su padre, ambos aún vistiendo el uniforme de la escuela. No traían nada más consigo que sus Agendas personales. Y contrario a la ira y las duras reprimendas que esperaban los hermanos, Vim se limitó a mirarlos largamente antes de levantarse de su escritorio y ponerse de pie frente a ellos.
Las fallas de los hijos es culpa de los padres que no han sabido ser guías... Esas palabras aún rondaban por su cabeza. "Mi error fue darles todo", dijo Vim con voz severa, "cuando debí enseñarles a trabajar justo como yo lo hice".
"Padre, perdón por fallar", murmuró Lauda, completamente avergonzado. Su error en el duelo fue lo que le costó la victoria al equipo.
"Fue mi culpa por no prepararnos desde antes ni ponerme de acuerdo con Lauda, la responsabilidad es mía", intervino Guel de inmediato. "No puse atención a mis alrededores, los Desultor no tienen detectores avanzados de impacto como los Dilanza y me confié".
Al menos se defienden el uno al otro como cuando eran niños, pensó Vim. "Las acciones de la empresa están a la baja, varios de nuestros Inversionistas se han retirado y tenemos muchos pedidos cancelados", explicó, notando la culpa en los gestos de sus hijos.
Guel y Lauda en serio no entendían porqué su padre no estaba furibundo como en anteriores ocasiones donde los regañó por su deficiente desempeño en combate. Sus derrotas le hicieron mucho daño a la compañía familiar.
"Pero recibimos una oferta que simplemente no pude rechazar", Vim bufó de manera amarga. Dicha ayuda se sintió más como una bofetada con guante blanco. "Gracias a eso podremos recuperar números y necesito que ustedes dos se pongan a trabajar".
"¿De qué oferta hablas, padre?" Preguntó Guel, aún extrañado por la actitud no-furiosa de su padre.
"De Seven Stones", respondió el hombre. "Su nuevo proyecto de contenedores necesita una fábrica extra que permita la distribución adecuada en las colonias espaciales, así que nos han pedido una colaboración y ningún tonto se negaría a una oportunidad así".
Lauda apretó los puños. "¡Pero fueron las pilotos de Seven Stones las que arruinaron todo!"
Verse reflejado en sus hijos era desagradable. "¡Si no son capaces de comprender que los negocios son un asunto que se debe tomar en serio, entonces aún tengo mucho que enseñarles!" Gritó Vim mientras golpeaba su puño en el escritorio, ¡al fin! "Los oponentes que han tenido en la escuela son gente con la que harán trabajos y negocios a futuro, ¡si no pueden separar una cosa de la otra, entonces no podré confiarles ni el más mínimo trabajo de oficina!"
Lauda calló mientras bajaba el rostro con vergüenza. Guel tragó saliva.
"Entonces... ¿Es como si ellos nos estuvieran ayudando?" Preguntó el mayor de los hermanos, sorprendido.
Vim asintió. "Los líderes de Seven Stones se comunicaron conmigo hace unas horas y me ofrecieron una parte del proyecto en la fase del ensamblaje final y la distribución de los contenedores a las colonias espaciales. Dicen que nuestras fábricas de ensamblaje son las mejores de todo el Grupo Benerit. Si cooperamos, poco a poco recuperaremos el valor de nuestros activos y conseguiremos nuevos inversionistas. Quizá recuperemos a los que se fueron".
Y el hombre no pensaba admitir que negociar con esa pareja de Earthians en realidad fue como pactar con el diablo, porque esos dos tenían una presencia tan fuerte y tan inflexible como la del desagradable Delling Rembran, los Yukishiro eran increíblemente listos si se hablaba de tratos, contratos y números, y no dudaron en dominar la negociación de la misma manera en que la joven Yukishiro dominó los duelos hasta ese accidente que le abrió la puerta a la Mercuriana.
No había orgullo que valiera tanto como para poner en riesgo la empresa que tanto le costó construir y llevar a la cima. Bien sabía que los demás miembros del Grupo Benerit eran completamente capaces de verlos hundirse y sentarse a disfrutar del espectáculo. Además, si perdían muchos activos, ese desgraciado de Delling Rembran los movería al fondo del grupo con el resto de las empresas más pequeñas y correrían el riesgo de ser absorbidos por otra empresa con más valor. Eso era algo que no podía permitir.
Vim Jeturk era un hombre de negocios y tenía una empresa que mantener.
"Trabajarán conmigo, no permitiré que el resto del Grupo los menosprecie", continuó el hombre con voz dura. "Y más vale que maduren si quieren mantenerse en la empresa. De lo contrario, hablen ahora y los mandaré a Lagrange 2. Tendrán que buscar un trabajo por su cuenta".
Los hermanos se miraron entre sí unos segundos antes de volver su atención a su padre.
"Yo iré contigo", dijo Lauda de inmediato. "He cometido muchos errores. Mejoraré, lo prometo".
"Yo también trabajaré contigo, papá", fue el turno de Guel de hablar. Al parecer, su plan de escapar de las consecuencias de sus derrotas fue innecesario. Lo agradecía en parte. "Pero quiero comenzar desde donde tú comenzaste. Quiero aprender como tú aprendiste".
Vim asintió. "Los pondré a ambos a trabajar desde abajo". Algo que debió hacer desde el principio en lugar de darles todas las ventajas que el dinero podía comprar. Detestaba tener que depender de alguien más para recuperarse, pero el orgullo lograba poco y nada en ese caso en especial.
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Cuatro estaba en junta virtual con el Consejo de Peil y ahí estaban esas desagradables mujeres, esas horribles brujas. El chico admitía que tuvo un fallo y ese fallo les costó el duelo. Un descuido de principiante. Dejar sin una pierna a ese pedazo de chatarra que la Earthian de primer año piloteaba fue su error, cuando lo que debió hacer fue desactivarlo por completo, destruirle brazos y piernas, hacerlo pedazos porque tenía la capacidad y el MS para lograrlo.
Pero al final no lo hizo, la subestimó y ese error ya le estaba pasando factura.
"Hemos decidido que vamos a prescindir de tus servicios", dijo una de las mujeres. "Iremos a recogerte y dejaremos al siguiente para reemplazarte. Ya sabes cómo funciona esto".
Cuatro apretó los puños. "Sí".
Pero una voz de tono relajado intervino. Era Elan Ceres de nuevo, que entró a la sala de juntas y quedó a vista de la cámara. Saludó a Cuatro.
"Hey, hola".
"Jefe", saludó Cuatro con educación. La verdad era que Elan Ceres no era tan desagradable como esos ancianos del Consejo de Peil.
"El último duelo no fue bien. Todo comenzó a decaer cuando los hermanos Jeturk dejaron de cumplir con su papel", dijo Elan con gesto de desagrado mientras se cruzaba de brazos y se recargaba relajadamente en la mesa redonda donde el Consejo completo estaba reunido. "Tengo entendido que Shaddiq y tú decidieron reclutarlos, ¿verdad?"
"Sí, Señor, pensamos que serían una buena adición considerando lo humillados y desesperados que estaban por ganarles a las Earthians de Seven Stones", dijo Cuatro, notando cómo el Consejo se mantenía en silencio cuando hablaba el joven presidente de la compañía.
"Fue una terrible opción cuando el chico Zenelli tiene a un equipo completo mucho más capacitado".
"Me disculpo por pensar que los Jeturk serían de utilidad considerando las circunstancias", dijo Cuatro. Echarle toda la culpa a Shaddiq o a los hermanos no sumaría puntos a su caso, lo mejor era ser veraz. "Mi descuido también ayudó a la derrota de mi equipo".
"Y por eso mismo, serás sancionado, muchacho", dijo otra de las mujeres con molestia apenas contenida.
"Hey, relájense", dijo Elan, que tampoco escondía su desagrado. Se aflojó un poco la corbata y miró a Cuatro. "Has hecho un buen trabajo hasta ahora, has hecho más que suficiente y cumpliste tu contrato hasta el final, así que ve a casa y deja que alguien más se haga cargo de este lío".
Esa era una forma más agradable de despedirlo a decir verdad, Cuatro sabía que una falla era el fin de su trabajo como doble de Elan Ceres.
"Señor, Cuatro echó a perder la única oportunidad que teníamos para hacernos de los MS de Seven Stones, debe ser sancionado por semejante falla y..." La anciana que explicaba eso no pudo terminar, Elan la miró con dureza.
"Fueron ustedes los que les dieron la estrategia confiando en el simulador de combates del sistema, pero olvidaron por completo la adaptabilidad de las Earthians y la resistencia del Gundam, las trataron como piezas de ajedrez que sólo cumplen una función y nada más . No le dieron oportunidad al equipo de tener un plan de respaldo".
Cuatro estaba asombrado. El jefe tenía razón ahora que pensaba en eso y notó que todos los del Consejo se percataron de lo mismo, sus caras de vergüenza lo decían todo. El aferrarse a una sola opción sólo porque era la que tenía mayor probabilidad de éxito no los hacía mejores que la IA de los MS de los Jeturk.
Y hablando del par de hermanos...
"Tampoco pensaron en lo volátiles que son los Jeturk. Un plan alterno hubiera sido usar a los hermanos contra el Gundam mientras Cuatro y Zenelli se encargaban de las Earthians, pero se confiaron en la estrategia con más posibilidades de éxito y olvidaron que tratan con personas", Elan negó y miró al Consejo con molestia. "¿Tienen alguna razón para no haber tomado una perspectiva más amplia en un duelo con tantas variantes a considerar?"
Nadie del Consejo dijo nada.
"Eso me suponía", Elan enseguida miró a Cuatro, su voz aún cargada de descontento. "Lamentablemente, tu contrato indica que un fallo quiere decir que estás fuera. Así que ya puedes irte de ahí y volver a casa".
Cuatro asintió. "Entendido".
"Y según el contrato, recibirás el resto de tu paga y beneficios en base al trabajo que has hecho hasta la fecha de hoy. Me encargaré de revisar tus resultados. Luego mandaremos por ti y dejaremos a Cinco en tu lugar".
Cuatro puso un gracioso gesto de desagrado apenas notorio. Cinco en especial era un tanto ruidoso, con una personalidad diametralmente opuesta a la propia, un poco más similar a la del Jefe, ladino y ruidoso, no tan sosegado como el original pero por algo había sido elegido como uno de los dobles de Elan Ceres.
Bueno, ya no tenía asuntos ahí, así que podía olvidarse de Asticassia.
"A la orden, Jefe".
"Saluda a tu madre de mi parte".
Cuatro sonrió por lo bajo. "Gracias, Jefe".
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Shaddiq no quería tener un duelo con Samaya, no uno contra uno, lo haría pedazos, pero tampoco podía encontrar algún tipo de ventaja con la que pudiera poner a Miorine contra las cuerdas... Porque Miorine no tenía nada, ni siquiera crédito en el proyecto de los Contenedores mejorados a pesar de que él mismo podía reconocer la mano de Miorine en esos documentos públicos. No podía engancharla con nada.
No se sentía capaz de derrotar a Samaya, y si por algún milagro lo lograba, entonces las chicas de Seven Stones irían al rescate. El desastroso trabajo en equipo con Ceres y los Jeturk era para al menos dejar sin armas a las Earthians, pero no lo lograron y las mismas piezas poderosas seguían en el tablero, inamovibles, firmes. Protegiendo a Miorine...
Sus comunicaciones con Delling Rembran no llegaban a nada sin importar cuánto ni cómo tratara de hablar con él, de explicarle que él era el mejor prospecto de esposo para Miorine, que ambos podrían liderar el Grupo Benerit como nadie lo ha hecho nunca. Pero Delling se limitaba a decir que si quería la mano de Miorine, entonces debía hacerlo como todos los demás y ganarle a la Holder actual por sí mismo.
Shaddiq no era como todos los demás, él era la mejor opción, no la Bruja.
Lamentablemente para el príncipe, la princesa no pensaba igual.
La pijamada de chicas en Earth House terminó entrada la madrugada. Todas encontraron increíblemente lindo que Honoka tuviera pocas experiencias sociales en grupo más allá de proyectos escolares y amistades que se contaban con los dedos de una mano (y sobraban dedos) pero eso era parte de su encanto. La adición de Honoka hizo que ya no quedaran camas extra para visitas, por lo que Miorine tenía que compartir cama con Suletta.
A mencionar que Chuchu se guardó para sí misma el asunto del beso que atestiguó con Suletta, sólo intercambiaban miradas ocasionales al notar lo juntas que estaban Nagisa y Honoka. Miorine tampoco dijo nada, se limitó a comer el ramen que Aliya enriqueció agregándoles las verduras que Miorine llevó. Los tomates sirvieron para jugo que todos bebieron en la cena.
El dormitorio femenino de Earth House estaba a oscuras y en silencio. El día siguiente era libre, así que tenían permitido levantarse tarde.
Todas dormían, todas menos Miorine y Suletta.
Suletta tenía a Miorine abrazada contra su cuerpo, la espalda de su Prometida contra su pecho. Las manos de Miorine aferradas a los brazos de Suletta. Los labios de la Bruja besando silenciosamente el cuello y la nuca de la Princesa. El deseo simplemente nació incluso en esas condiciones totalmente faltas de privacidad.
Suletta quería sentir a Miorine y ésta lo permitió, también quería sentirla.
Los besos mudos y el aliento contra su piel hacían que Miorine se encogiera en sí misma mientras un escalofrío recorría su cuerpo entero. Y entonces, una lamida, pudo sentir el mimo en su oreja y tuvo que apretar los labios para no dejar que un sólo ruido escapara de su boca. Esa pervertida estaba abusando de la ventaja que le daba la posición y no hacía absolutamente nada para detenerla.
La silenciosa aprobación de Miorine era... Excitante de muchas maneras.
Suletta cerró los ojos mientras sus manos abandonaban la cintura de Miorine para poder acariciar su estómago sólo con la yema de sus largos dedos, delicadas caricias que dibujaban sobre la blanca piel de la princesa. Podía percibir cómo Miorine contenía la respiración, cómo se erizaba su piel conforme sus dedos escalaban hasta llegar a donde nunca se había atrevido a tocar, al menos no hasta ese momento.
La Mercuriana tragó saliva y por un momento temió que todas en el dormitorio la hubieran escuchado, pero no, estaba el silencio ocasionalmente roto por Nagisa hablando dormida. Hablaba de comida, por cierto.
Al sentir que las manos de Suletta se habían quedado quietas, fue Miorine la que decidió avanzar dos y tomar las manos de la piloto para animarla a subir un poco más. Suletta comprendió el mudo mensaje.
Las dos sabían que estaban a nada de cruzar una línea de la que ya no podrían retroceder. Ambas estaban bien con eso.
CONTINUARÁ...
