COMO OLAS DEL MAR EN UN SUEÑO ETERNO.
Advertencias para lectores. Lenguaje fuerte, situaciones no canónicas, es mi primer yaoi y jamás había escrito por las razones obvias -soy hombre y antes no me interesaba-. Pero ahora estoy abierto a nuevas experiencias y a críticas; Esta historia está dedicada a determinados escritores a quienes estoy leyendo, aunque no he podido dejar review a todos, me tomará un tiempo. Ignoro si la relación entre Kanon de Dragón Marino/Géminis y Radamanthys de Wyvern signifique algo para ustedes, pero no daré marcha en reversa ni justificaré mí decisión. Tómenlo o déjenlo.
La obra de Masami Kurumada, Saint Seiya, los spin-off oficiales son propiedad intelectual protegida por derechos de autor, escribo esta historia con fines recreativos sin remuneración alguna.
COMO OLAS DEL MAR EN UN SUEÑO ETERNO.
IV.
Los dioses carecen de potestades cuando el Dios Supremo autoriza un cambio en la línea de la Vida, el Tiempo y el Espacio. El Dios Supremo, aquel ser que está por encima de la Divinidad, y que no rinde cuentas sino a su propia existencia, se hizo presente, y convocó a cada alma con poder divino para dar su resolución.
Ningún Dios comprendió cómo el Dios del Renacimiento logró convencerlo de tan absurda idea, pero había sido declarado en cada rincón del Universo que conocían. Una batalla divina sería librada, pero no involucraría a la Humanidad.
Lo que más temían era el resultado de esa guerra: La Tierra, la Humanidad, la Vida y las cosas inertes que en ella se encontraran, serían el trofeo entregado al ganador, hasta el nuevo ciclo de Muerte y Renacimiento.
-¡Por Su Presencia, que esa idea es absurda!
Las divinidades de Oriente fueron las primeras en oponerse a las órdenes de aquel que regía sus existencias; los seres divinos de Occidente, hambrientos de sangre y caos, no vieron mejor ocasión que celebrar el veredicto de su Supremo Gobernante, realizando danzas y ofreciendo simbólicamente los corazones de sus más valiosos guerreros.
-Las Guerras Santas se liberan para...
La osadía de la Diosa de la Guerra y la Sabiduría al dirigirse al Dios Supremo con esa falta de respeto por su juicio y autoridad hubiera costado una represalia milenaria, misma que podría incluir a los Dioses de su área y aliados de regiones cercanas, pero Éste le permitió la palabra.
-Hija de Zeus. Te cedo la palabra para que justifiques tu interrupción inapropiada.
La diosa tragó saliva con dificultad cuando percibió las intensas miradas de los Dioses presentes. Con humildad, puso una rodilla en el suelo, admirando el reflejo de su cuerpo original que se proyectaba en el piso impoluto, cuidando cada una de las palabras que saldrían de su boca para no incurrir en Su Ira.
-Las Guerras Santas han sido libradas. No existe un motivo para pelear.
Esta vez fue el Dios del Renacimiento el que interrumpió, pero no hubo en todo el recinto divino quien se atreviera a proceder de la misma forma que hicieran con la Diosa Griega.
-Los humanos libraron la batalla de los Dioses. Incluso el cuerpo en el que encarnaste era humano, atado a las reglas de la Vida y la Muerte que te atreviste a desafiar.
-Por eso autoricé el regreso de sus siervos, Hija de Zeus. Cada vida es una estrella que ilumina el firmamento, no peones que puedan descartar en una jugada.
Esas fueron las palabras finales del Dios Supremo.
V.
La ausencia del cosmos de Athena había helado su piel, pero ver la actividad del Santuario sin cambio alguno le trajo un poco de paz. No demasiada, pero tenía la certeza de que todo transcurría con la normalidad que conocía.
-Ese hombre es...
No podía reconocer ninguno de los rostros de guardias y aprendices que estaban ante él, cerrándole el paso. Lo veían como una aparición, como alguien que regresaba de la muerte o un castigo eterno, y no estaban equivocados.
Pero los murmullos le dieron a entender a Kanon que esto ya había pasado, y pronto, un joven de cabello rojizo, con la innegable marca de los lemurianos en la frente, llegó a su encuentro.
-¿Kanon? ¡Regresaste al fin!
-¡¿Kiki?! -El géminis estaba confundido, recordaba a Kiki, aprendiz de Mu de Aries, como un niño pequeño y enérgico, no un adolescente, casi un hombre, que se mostraba compuesto y calmado, aunque entusiasta.
-Ven, te llevaré con los demás.
Kanon dudó un momento. Notó de reojo cómo era observado por todos esos ojos, quienes le miraban aún como una anomalía, y decidió seguir al pelirrojo, quien lo escoltó hacia una senda que se alejaba del camino de las Doce Casas, pero que servía para llegar directamente a los aposentos del Patriarca.
Un camino prohibido incluso para los Caballeros Dorados.
Pronto, empezó a percibir los cosmos de los Santos Dorados, incluso de algunos caballeros que cumplieron una parte en la guerra contra Hades, y otros más que no reconoció, pero que pertenecían, como si debieran estar ahí.
-Kanon.
La voz de su hermano, Saga, lo liberó de su tren de pensamientos. Era raro verlo ante él, vivo, como quien nunca ha abandonado en más de una ocasión el mundo de los vivos.
Tampoco podía sentir, ni ver en sus ojos, esa maldad que se plagaba a su alma, como si todo ese cosmos corrupto no fuera sino un mal sueño, una pesadilla de la que se ha despertado por fin.
Pero sus pies descalzos, y la tristeza que se filtra en la mirada de su gemelo, le hace sentir el peso de la realidad.
-¿Dónde está Athena?
-Su cuerpo duerme, en lo que atiende un llamado del Olimpo. O creemos que proviene del Olimpo.
Fue Kiki quien le dio una respuesta, y avanzó con paso rápido, dejando que los gemelos tuvieran la privacidad para conversar.
Pero, ¿de qué podían hablar?
-¿Dónde...?
Fue Saga el que rompió el silencio, tras escalar una serie de peldaños que parecían interminables.
-¿Dónde apareciste?
-En la playa, estaba vestido, por fortuna, pero no tenía...
-Calzado.
Kanon asintió, pensando que el mismo escenario debió repetirse con el resto de los caballeros.
-Eres el último que faltaba, incluso el antiguo Patriarca Shion y el viejo maestro están aquí.
-Pero nadie comprende lo que nos trajo de regreso.
-No.
VI.
El lugar que podría llamar "hogar" estaba infestado de polvo y pequeñas alimañas, pero le pertenecía.
No recordaba por qué, ni cómo, pero alguien se tomó la molestia de mantener los pagos de ese lugar. Impuestos, servicios, no tendría que preocuparse en unos años más.
Con excepción del alcohol, todo lo que encontró se hallaba en estado deplorable, señal inequívoca de que nadie había residido en ese lugar. Tampoco podía quedarse así.
Encontró una vieja escoba y un trapo, y empezó a sacudir y limpiar.
Su mente divagó en recuerdos enterrados por su vida como espectro. Siempre había una persona para limpiar y tener su alacena, aunque casi intacta, en perfecto orden. Pero no había nadie ahora.
¿Acaso renunció? ¿O es que había muerto?
No podía recordar el aspecto de esa persona, le parecía lejano, una figura sin género ni rostro, que entraba en silencio y se retiraba al cumplir sus funciones.
Encontró una agenda y trató de llamar a los números ahí escritos. La mayoría estaban fuera de servicio o desconocían al espectro. Sólo un número, el de un licenciado, tuvo una respuesta para él, acordando una reunión en una parte concurrida de Londres.
-Mandaré a una persona para que cubra tus necesidades.
Fue todo lo que le dijo esa persona, antes de concluir la llamada.
Los ojos de Radamanthys se posaron en los retratos dispersos que se encontraban en la casa. Rostros familiares, pero lejanos, evidencias de que ese cuerpo tuvo una vida antes de su despertar como espectro, pero de esa gente no quedaba nada, ni los recuerdos, si es que existieron memorias y no simples escenarios creados por sueños e ilusiones.
La incertidumbre lo estaba enloqueciendo.
Continuará...
La visión de Radamanthys empleando una escoba es una referencia a un fanfic Kanon/Radamanthys muy viejo que no he podido localizar. Se agradece si encuentran una pista de él.
Se avecina la primera batalla real de la diosa Athena.
Tengan cuidado.
