Los personajes de She-ra and the Princesses of Power son propiedad de Noelle Stevenson y Dreamworks Animation y las razas y ubicaciones son propiedad de Games WorkShop.


(En colaboración con davidomega59)


La-La-La-La

Ba-ba-ri-as-ras-ti-ti-ti-ras-ti-ti

Ba-ba-ri-as-ras-ti-ti-ta

Ba-ba-ri-as-ras-ti-ti-ti-ras-ti-ti

Rastis! Rastis! Ra-ti-ti-la

Let's start a new life from the darkness

Until the light reveals the end

Sinister faces, growing curses

This is my last war

La-La-La-La

Ba-ba-ri-as-ras-ti-ti-ti-ras-ti-ti (Angels playing disguised)

Ba-ba-ri-as-ras-ti-ti-ta (With devil's faces)

Ba-ba-ri-as-ras-ti-ti-ti-ras-ti-ti (Children cling to their coins)

Rastis! Rastis! Ra-ti-ti-la (Squeezing out their wisdom)

La-La-La-La

Ba-ba-ri-as-ras-ti-ti-ti-ras-ti-ti (Angels planning disguised)

Ba-ba-ri-as-ras-ti-ti-ta (Rastis! Rastis!) (With devil's faces)

Ba-ba-ri-as-ras-ti-ti-ti-ras-ti-ti
(Children cling on to their)

Rastis! Rastis! Ra-ti-ti-la (Very last coins)

Destruction and regeneration.

You are the real enemy. (Rastis! Rastis! Ra-ti-ti-la)

War!.

(My) war

(My) war

Rastis! Rastis! Rastis!


(Suena "The Wrath - A Plague Tale: Innocence OST")

La primera embestida de la hueste de Tung Lashor se estrelló de lleno contra el muro de escudos de los druchii, los guerreros de Khorne trepan unos sobre otros en su frenesí siendo detenidos por los virotes de los druchii enfilados detrás de los escudos. Los espadones de los guerreros druchii atravesaban los abdómenes de los reptiles y demás seres híbridos empezando a empujar hacia delante para ganar terreno.

La desorganizada horda de khornitas también golpeó con fuerza contra los guerreros saurios que si bien no tenían una línea firme y organizada como los druchii casi ninguno supuso un verdadero reto para las poderosas fauces y armas de los saurios. La sangre derramada de sus colegas solo hacía enrabiar más a los bandidos.

El punto débil estuvo al final del lado del elfos silvanos pues, si bien La Guardia del Bosque ha sido siempre muy numerosa y con gran habilidad con el arco, cuando las rondas de flechas no hacían mayor efecto sobre los cultistas esto rompieron con relativa facilidad la guardia de los asrai. La gracilidad de los elfos silvanos se enfrentó a la férrea marcialidad que demanda Khorne a sus guerreros.

Una de las cohortes de saurios tuvieron que reforzar a la línea rota de asrai para no ceder terreno a sus enemigos mientras que desde los costados los jinetes del bosque se dividieron para acosar a sus enemigos disparando sus flechas para mermar sus números.

Fue el propio Tung Lashor quien arremetió contra el líder de una de las unidades usando el cadáver de uno de los caballos como una especie de ariete que detuvo la cabalgata del resto de jinetes. Con su carga detenida, Tung ordenó a sus guerreros que los mataran, la superioridad que les dan sus monturas sirvió de poco y la sangre fue reclamada.

La segunda unidad de caballería estaba corriendo con la misma suerte a manos de de Oroshk hasta que otra de las cohortes de saurios tuvo que reforzar la ofensiva y cubrir la retirada de los jinetes.

La guardia de los druchii se estaba viendo abrumada por la horda de guerreros que cesaron su enloquecida estampida para dedicarse a evitar que los druchii los siguieran empujando hacia atrás. Entre varios khornitas empezaron a tirar de los escudos druchii hacia delante y cuando a uno de ellos le fallaron las piernas se abrió un hueco que los cultistas aprovecharon.

La línea druchii cayó, los lanzavirotes poco pudieron hacer para contenerlos. Con las tres líneas de defensas de los aliados se habían roto y ahora se había convertido en una batalla campal donde cualquier táctica o número significaba poco pues el terreno estaba en contra de todos.

Tek'un valiéndose de una pequeña daga hacía lo que podía contra la descomunal fuerza de los khornitas, Millhadris estaba enfrascada en combate singular contra uno lagarto enardecido clamando por sangre, y si bien la asrai era ágil y el lagarto delgado, tenía una fuerza física superior y a diferencia de ella las heridas no le afectan. Velshakir movía su espada a diestra y siniestra; bloqueando, cortando, cercenando y usando los puños de ser necesario. Una maestría digna de una elfa bruja al servicio de Khaine.

Oroshk se abría paso dando tajos letales sin que ningún elfo le pudiera hacer frente hasta que su arma chocó contra la de Trog Kant quien le rugió en su rostro. Fuegonegro lo tomó como un reto que aceptó gustosamente. Ambos reptiles intercambiaron golpes contundentes, uno tras otro, y aprovechando una falla en la defensa de Trog Kant y Oroshk asestó un puñetazo en el hocico del guerrero saurio.

Por primera vez Trog Kant siente el característico dolor causado por un golpe bien dado, ahí supo que este no era un cultista cualquiera. El saurio vuelve a golpear con su arma, Oroshk lo bloquea, Trog toma el brazo de su oponente y usa su cola para golpear las piernas de Fuegonegro quien cayó. Trog aplasta el pecho de Oroshk una vez pero ve que no le hace daño. El saurio levanta la pata para aplastar el pecho de su enemigo pero Oroshk la detiene y la hace a un lado.

Ya de pie de nuevo, el guerrero khornita y el saurio se ven en un combate a puño limpio en el que ninguno tenía una ventaja clara. Duros puñetazos y cabezazos eran intercambiados entre los enemigos sin que ninguno tuviera la intención de ceder.

Velshakir le corta la cabeza a un enemigo, le corta el cuello a otro y toma su cuchillo para luego clavarlo entre los omoplatos de otro y al girarse logra evitar el tajo de un mandoble dirigido directo a su abdomen… pero por muy poco.

La druchii da un quejido de dolor, lleva su mano a la parte inferior izquierda de su abdomen y ve como su mano está cubierta con sangre. Delante de ella Tung Lashor la ve con mirada desafiante.

— Eso no es suficiente —, dice Tung, — La sangre siempre debe cubrir el suelo por completo.

Con gran velocidad, Tung blande su mandoble intentando reclamar el cráneo de Velshakir quien solo puede esquivar pues el paladín no le daba la oportunidad de levantar su espada. En uno de sus ataque Velshakir logró bloquear uno de los golpes de Tung pero perdiendo su espada por la fuerza del golpe, Tung carga hacia ella hasta que un borrón azul salta sobre ella para apartarla.

Tek'un luego de derribar a Velshakir corre hacia Tung quien es rápido pero el eslizón lo era más. Haciendo cortes aquí y allá por todo el cuerpo de Tung cuyas heridas solo lo enfurecen más y más.

— ¡Pelea como debe ser! —. Exclama Tung.

Da un tajo con su arma y logra alcanzar al eslizón haciéndole un corte bastante amplio en la espalda atravesando las escamas. Antes de que el reptil pudiera rematar al eslizón, Tung siente un molesto piquete en la espalda, y luego otro y luego otro.

Millhadris había gastado sus últimas tres flechas para llamar la atención de Tung Lashor y ahora que lo había conseguido cargo contra él con dos espadas cortas en sus manos. Tung logra igualar su agilidad y ambos chocan sus armas sin que la elfa tuviera una oportunidad real de superar a Tung y en un intento tonto le da un golpe en la cara y es cuando el reptil la toma de la mano y le asesta un puñetazo en el toráx. Un dolor horrible la abruma, se queda sin aire, su boca se llena de sangre y Tung con un segundo golpe al rostro la deja inconsciente.

Velshakir recupera su espada y hace un arco descendente sobre Tung quien la bloquea sin problema. La fuerza física del paladín, más la dureza del arma y la propia fuerza del golpe de la corsaria hace que se oiga un tintineo al tañer el acero sobre el acero seguido por un gruñido de dolor de la druchii al sentir los huesos de su mano fracturarse.

La corsaria cae de rodillos y no levantó la mirada, no iba a darle el gusto a ese salvaje de verla vulnerable. Antes de que Tung pudiera rematar a Velshakir el cuerpo de Oroshk golpea al paladín después de que Trog lo arrojara desde unos metros de distancia.

La tierra crepita, cruje y se parte de manera tan súbita que tanto enemigos como aliados son tragados por un abismo de varios metros de largo y con una profundidad desconocida. Trog Kant levanta a Tek'un y Millhadris del suelo y se los lleva mientras la tierra se abre más y más hasta que el agujero fue tan grande que dejó a la alianza fuera del alcance de los guerreros de Tung Lashor.

La retirada fue ordenada de inmediato y lo que quedaba de las unidades de las tres razas volvieron sobre sus pasos, salvo por cierta corsaria que se quedó parada viendo al maldito que cortó a través de su armadura como si fuera simple seda y la humilló frente a sus soldados y a los de sus despreciables aliados. Un rostro serio con un leve ceño fruncido escondían un odio profundo como solo un druchii puede tener y un orgullo fracturado al igual que su mano y batalla perdida al igual que su espada en el abismo frente a ella.

Al otro lado un frustrado Tung Lashor ve como otra victoria se le niega pensando si esta derrota haría enojar a su dios o si era una acción de este para castigarlo por alguna ofensa. No hay peor castigo que le pudieran infringir que negarle la victoria. Sin embargo, logró encontrar a alguien en quien soltar su furia la próxima vez que la viera. Esa espadachina de piel pálida y cabello negro, podía ver el odio en su alma y sus ganas de combatir como Khorne demanda. Sería una fina adición al trono de su dios el cráneo de esta nueva enemiga.

Cada uno acepta su propia derrota y se retira sabiendo que se volverán a enfrentar.


Esa mañana no hubo despedida por parte de Glimmer hacia el grupo.

La reina no se presentó a insistir a acompañar al grupo como siempre y esa mañana Adora sentía más frío de lo normal después de su discusión con Glimmer y apenas pudo conciliar el sueño durante la noche.

Mientras alistaban las cosas antes de partir, la rubia veía una y otra vez hacia las escaleras que llevaban a la entrada del túnel esperando a ver si Glimmer aparecía. Cuando ya todo estaba listo el grupo liderado por Bow y Adora junto a otros diez compañeros siendo la mayoría de Luna Brillante excepto por Siuye que proviene de Plumeria.

El túnel recorre las montañas hasta alguna parte de las tierras bajas que cubren los territorios antes de llegar a la cadena montañosa que delimita el Reino de las Nieves y Luna Brillante. Fue un camino de aproximadamente dos horas en un silencio casi absoluto con la excepción de una que otra conversación sobre temas inconexos.

— Llegamos, ayúdenme —. Dice Bow mientras junto a dos compañeros empiezan a mover la roca que cubre la entrada.

Esa migraña que molestaba a Adora de vez en cuando y que empezó hace tiempo ya ahora ha vuelto de manera mucho más agresiva. El día es nublado pero no hay corrientes de aire y no parece haber enemigos a la vista por lo que con sumo cuidado bajan por las rocas siendo Adora y Bow los últimos para cerrar la entrada nuevamente.

— No debería hacer falta pero se los recordaré otra vez. Si empiezan a escuchar cosas en el viento, avisan al resto del grupo. Si en algún momento sienten que están desorientados o que ya hemos pasado por algún lugar, avisan al resto del grupo. Si ven algo por el rabillo del ojo no es su imaginación, avisan al resto del grupo, ¿de acuerdo? —. Enlista Bow antes de empezar la caminata, todo el grupo asciente.

Si alguno tuviera que ser honesto, diría que lo único que hace que el peligro sea real es el conocimiento de las cosas que pululan sobre el planeta de lo contrario los bosque de las tierras bajas lucían igual y el día parecía como cualquier otro de la vieja Etheria, solo un poco nublado.

El silencio es imperante sin embargo el ambiente carecía del peligro que se respira normalmente como en el resto de expediciones hechas hasta entonces. El plan de Adora es simple; recorrer las zonas más cercanas a las montañas del norte para empezar a trazar rutas que pudiera transitar y poco a poco expandir esas mismas rutas. La rubia sabía que tiempo era algo que no tenía, al menos no de sobra, por lo que las expediciones serían mucho más seguidas que hasta ahora.

Ya que la jornada está siendo bastante tranquila, Bow considera que tomar un breve descanso sería prudente.

— El terreno no parece ser favorable. No creo que podamos trazar un camino real o seguro por aquí. — Dice Siuye.

— Marcaremos lugares de interés, entonces —, dice Adora, — Así en el futuro sabremos que podemos pasar por ahí sin problema.

— No creo que sea buena idea —, dice otro de los compañeros, — Estamos a las faldas de las montañas. ¿N-no creen que hacer rutas desde aquí sería entregarnos directamente a esas?

— Puede ser —, comenta Bow, — Pero seguir haciendo más túneles dejó de ser una opción hace tiempo.

— ¡Si! Creí que me quedaría ciego por estar tanto tiempo sin luz natural —. Alega otro.

— Intentemos marcar aunque sea un lugar e ir un poco cuesta abajo, así hacemos que esto haya servido de algo —. Indica Adora mientras se pone de pie para seguir avanzando pero el grupo como se tambalea un poco hacia atrás para caer sentada.

— ¿Adora, estás bien? — Pregunta Bow confundido y preocupado.

— Si… Solo me mareé un poco. ¿Seguimos? —. Adora se levanta de nuevo, disimulando como puede su terrible dolor de cabeza.

— ¿Ella está bien? —. Pregunta Siuye.

— No lo está —. Afirma Bow antes de seguir a la rubia.


Lo último que recuerda antes de esa pestilente oscuridad fue el suelo abrirse y los gritos dementes de los adoradores del Dios de la Sangre. También tiene un leve recuerdo de su odiosa comandante, Velshakir, de rodillas ante el caudillo. Una imagen bochornosa que se aseguraría de hacer saber ante todos los druchii… si podía salir de ahí.

Ahora, en el fondo de ese agujero, que es difícil de saber que tan profundo es, siente el terrible dolor de sus costillas rotas que hace que respirar se vuelva una tarea tortuosa.

¿Cómo fue que se abrió el suelo así? No tenía idea, solo sabía que probablemente los había hecho perder la batalla.

El druchii intenta moverse pero a duras penas, no puede ni pararse y solo rueda sobre cúmulos de tierra y roca del fondo de esa fosa que solo hace su dolor sea mayor. Se siente patético, es un druchii, esto es vergonzoso y afrenta a su orgullo y al de su raza. El dolor no debería significar nada y si vale algo es cuando él lo causa.

Se arrastra sobre los escombros con mucha dificultad usando la tortuosa sensación como inspiración para seguir y encontrar una salida hasta que finalmente nota que no está solo. Unas voces odiosas hablan desde la oscuridad:

— ¡Tontos-tontos! ¡Hicieron que cayera el túnel!

— Es culpa de Pulgoso Marrón, si-si

— Mentira-mentira, yo ni siquiera estaba aquí-aquí.

Esas malditas alimañas con forma de rata también estaban en este mundo. Otro problema más, debía salir de ahí antes de que…

— No todo es malo, no-no —, el skaven ríe, — Tenemos… comida. — La rata huele con placer el cadáver de unos de los cultistas de Khorne.

— Miren-miren, ese aún se mueve —. Alerta otro skaven.

Maldición piensa el druchii que empieza a arrastrarse con premura aunque el dolor sea mayor.

El skaven que lo encontró salta sobre su pecho haciendo que escupa sangre mientras el hombre rata ríe desquiciadamente mientras saca su puñal.

— ¡Detente! — Ordena otra alimaña. — ¿Cómo llegó aquí?

— Girak querrá saber —. Dice Pulgoso Marrón.

El druchii escucha las risas de los skaven y nota que no eran solo esos tres. Pronto lo empiezan a jalar hacia la oscuridad mientras ve las figuras de muchos skavens desde las sombras. El elfo oscuro grita improperios y los maldice mientras sus gritos se pierden en la oscuridad de las madrigueras skaven.


— No me siento cómoda con esto, para ser sincera —. Dice Scorpia mientras ve a Entrapta teclear cosas en una computadora mientras Glimmer observa a cierta distancia.

— Vuelo de prueba del primer y único prototipo (de momento) del insecto espía. Nombre sujeto a cambios aún —. Relata Entrapta sus notas en voz alta.

— Recuérdame otra vez porqué hacemos esto —. Dice Scorpia.

— Ya lo dijo Entrapta, es un vuelo de prueba —. Responde Glimmer calmadamente.

— Objetivo localizado. Emprendiendo vuelo —. Indica Entrapta emocionada.

— ¿Objetivo? —. Pregunta Scorpia.

— Síguela —. Ordena Glimmer.

Entrapta usa los comandos de su ordenador para guiar al insecto que sigue a una mujer de cabello morado medio rizado y piel rojiza que lleva una canasta vacía.

— Uuuuuhhh. Se siente muy ligero —. Entrapta posiciona la pequeña máquina delante del camino de la mujer a cierta distancia.

— No lo pongas tan cerca de ella o lo aplastará —. Indica Glimmer.

— Claro, claro —. Entrapta aparta el pequeño robot fuera de la vista.

— Guau. Que buen vuelo de prueba. Nada mejor que seguir a una completa desconocida por la calle, ¿eh? —. Comenta Scorpia intentando liberar un poco la tensión que sentía.

— No la pierdas —, Glimmer ignora a Scorpia y se concentra en la pantalla —, Está por llegar a su casa.

— ¿Cómo sabes? —. Pregunta Scorpia, Glimmer la vuelve a ignorar.

— Uh oh —. Dice Entrapta.

— ¿Qué pasa? —. Inquiere Glimmer.

— La batería se está agotando —. Aclara Entrapta.

— ¿Qué? Pero acabamos de iniciar. ¡No llevamos ni cinco minutos en esto! —. Reclama Glimmer.

— Lo sé. Pero tengo recursos limitados para hacer que la batería dure más, además era un vuelo de prueba después de todo. ¡Y ha sido exitoso! —, Afirma Entrapta, — No te preocupes. Ya sabemos las calles por las que camina. Podemos volver a poner al pequeño otra vez sin problemas.

Scorpia tuvo que dejar de lado las formalidades y toma a Glimmer con firmeza y la saca de la habitación dejando sola a Entrapta ensimismada.

— ¡Scorpia! ¿Qué te pasa? ¿Qué haces? —. Reniega Glimmer del firme agarre de Scorpia.

— No quería interrumpir pero… ¿Qué estamos haciendo? —. Pregunta Scopia con genuina preocupación.

— Es solo una prueba de un experimento de Entrapta. Nada más —. Responde Glimmer, siendo tajante en la última parte.

— Pues parece que le diste instrucciones muy específicas a Entrapta para esta "prueba"

— Ya sabes como es. Hay que decirle lo que debe hacer o las cosas se salen de control.

— Si, entiendo. No hay nada más específico que seguir a una chica que sabes por donde camina, sabes donde vive y tienes un interés bastante marcado en ella —. Señala Scorpia.

— Scorpia…

— ¿Qué estamos haciendo? —. Vuelve a preguntar Scorpia pero con más firmeza. Glimmer tarda un momento en responder.

— Asegurándonos que no volveremos a cometer los mismos errores —. Afirma Glimmer.

— ¿Qué?

— Muchas de estas personas han tenido contacto muy cercano con los traidores a Etheria, y si nos damos el lujo de permitir que vuelvan a envenenar la mente de las personas otra vez, no habrá lugar a donde huir. Así que para mantenerlos seguros tenemos que tener precauciones —. Explica Glimmer. La seguridad en su voz intriga a Scorpia.

— Ok, te entiendo, pero… Si la gente descubre que los estamos espiando no crees que podría traer problemas… ya sabes… ¿reales? —. Sugiere Scorpia.

— ¿Crees que estoy loca?

— ¡No! Es solo que no me parece correcto. La confianza entre nosotros es importante y si la gente siente que pueden ser acusados por cualquier cosa solo haríamos más daño que bien —. Señala Scorpia

— No puede ser. Te escuchas igual que Adora —. Reniega Glimmer.

— Y tú te estás portando igual que… — Scorpia se muerde la lengua antes de completar la frase.

— ¿Portando como quién, Scorpia? —. La escorpión duda pero deja a un lado la inseguridad y opta por decir lo que piensa.

— Te estás portando igual que Catra… ya hacía al final… — Hay un eco de dolor en sus palabras.

Glimmer reprime un gesto de desagrado ante tal afirmación.

— Dile a Entrapta que arregle la batería de esa cosa —. Glimmer se gira y se marcha dejando a Scorpia que lejos de sentirse mal siente un poco de alivio. No podía permitirse apoyar otra causa incorrecta. Tampoco podia permitirse perder una amiga otra vez.


Había sido un día infructífero sin embargo sin novedades ni altercados para el alivio de Bow y Adora quienes dieron la orden de regresar antes de que empezara a anochecer. Debían estar a no menos de kilómetro y medio antes de llegar a la entrada a la montaña.

— Si alguien me preguntara mi opinión, cosa que nadie ha hecho, yo pienso que tal vez adentrarnos en tierra no sea la mejor opción —. Comenta Siuye.

— ¿A qué te refieres? —. Cuestiona Adora.

— Que tal vez deberíamos empezar nuestros avances desde el mar. El Reino de las Nieves tiene costa ¿o no?

— Una congelada —. Señala Bow.

— Y que está en la parte más al norte del planeta. Tardaríamos semanas o meses mover recursos de un lado a otro sin mencionar que no sabemos qué pueda haber en los mares ahora —. Dice Adora.

— Buenos tal vez no podríamos usar los mares ¿pero qué tal los ríos? —. Sugiere otro. — Podríamos buscar la forma de que se muevan rápido para llegar desde la desembocadura hasta el mar.

— Y a todo esto ¿qué pasó con los habitantes de Las Salinas? Necesitamos toda la gente posible —. Pregunta Siuye.

Esa pregunta hace que Adora se detenga en seco pensando en aquel día. La primera vez que vio al Ángel de Hierro del Caos. La puerta del mar destruída y el reino de Mermista arrasado con cientos de demonios merodeando en ruinas en llamas. Ni siquiera la propia Mermista hablaba sobre su reino y Adora, muy para sus adentros y en un rincón muy oscuro de su mente, asumió que toda la población había sido borrada de la faz.

Una afirmación terrible que nadie diría en voz alta o tratarán de adornar la verdad o directamente lo negarían ni hablarían de ello. ¿Cómo podría siquiera imaginar que eso pudiera pasar? Aunque la triste verdad es que no era la primera vez que pasaba. Scorpia era el memento mori de que tan terrible escenario puede pasar.

— No lo sabemos —. Responde Adora con neutralidad haciendo que los compañeros se miren entre ellos.

La rubia reanuda su paso pero súbitamente cae de rodillas sosteniendo su cabeza entre sus manos. Bow se adelanta para asistirla. Le habla y trata de levantarla pero Adora no puede escucharlo, solo escucha un zumbido y un sonido que la acosaba por las noches en sus pesadillas rememorando el día que su espada se rompió. Ese sonido que la mandaba a hacer silencio.

— ¡Bow! —. Llama uno de los compañeros. El arquero levanta la vista y ve como han sido rodeados por aquellas traidoras a quienes tanto temía.

— Miren a quienes tenemos aquí —, habla una de las espadachinas de la Guardia de Ithrant, — El joven Bow y la poderosa She-ra… Oh cierto, ya no lo es.

Los miembros del grupo de Bow sacan sus armas y Bow prepara sus flechas pero Adora a duras penas puede ponerse de pie. Era un grupo de ocho espadachinas, bastante menos que las partidas que los habían atacado antes pero aún así cada una valía lo que una partida entera de exploradores e igual de peligrosas que un escuadrón hordeano completo.

— Sus pasos son muy ruidosos. No fue muy difícil encontrarlos y muchos menos emboscarlos —. Ese comentario alertó a Bow. Si sabían por donde salieron están en problemas.

— Ustedes traicionaron a la reina —. Les recrimina una de las compañeras.

— Una reina que nos tenía como adornos, nuestro dios por otro lado... nos deja ser mucho más. —. Se excusa la que parecía ser la líder de esa escuadra. — Tal vez la reina salga de su escondite si nos llevamos a sus amigos —, centra su atención en Bow y Adora, — O tal vez el resto nos diga lo que queremos saber.

— Preferiría morir antes que decirles algo —. Exclama otro compañero.

— Oh, créeme. Vas a suplicar la muerte cuando veas lo que te haremos —. Los compañeros de la expedición ya estaban espalda contra espalda sin escapatoria.

Una de las guerreras de Slaanesh esquiva un virote que casi le atraviesa la cabeza, disparado desde algún lugar a su costado derecho. La líder se voltea a ver a Bow.

— Bueno, parece que tienen amigos con pies ligeros. No los escuché llegar —. La adoradora hace una seña para que una de las guardias vaya a revisar. Ya estaba algo oscuro pero sus armaduras púrpuras resaltan bastante y aún así la traidora desaparece.

El quejido ahogado de otra de las guardias hace voltear a todos. Ven como una soga se enrolla sobre el cuello de una traidora que es arrojada hacia atrás y arrastrada también a la oscuridad. Todos escuchan unos gruñidos, un grito ahogado y un corte grueso.

La líder saca su espada y la pone en el cuello de Bow.

— ¿Cuántos más de ustedes hay? ¡Responde! —. Exige la traidora.

— Solo somos nosotros —. Responde Bow tratando de sonar desafiante.

La espadachina pensaba en cortarle el cuello en ese momento hasta que un desafío desde la derecha la hace enfadarse.

— Tú maestra hizo que me humillaran y eso no se olvida fácilmente —, Un fornido varón con un cabello grasoso hasta los hombros y una barba enmarañada y piel cobriza con marcas de 100 combates emerge con algo entre sus manos haciendo un desafío abierto a las traidoras, — Lilith me dijo que me ganara de nuevo mis trofeos pero sería mejor si consigo otros y mejores —. Muestra la cabeza decapitada de la espadachina que atrapó.

— ¡Tú! Lilith debió matarte —. Encara la líder.

— Pero no lo hizo. Una venganza y la restauración de la gracia de los Dioses sobre mí es lo que tendré cuando las mate a ustedes y a esos de allá —. Ratanak apunta al otro lado del campo.

Cinco figuras con armaduras negras, altas y esbeltas con piel pálida observan tanto a las servidoras del Príncipe Oscuro como al cazador como a los aterrados rebeldes que ahora están en una desventaja tremenda.

— Lilith me dio esto para burlarse de mí —, Ratanak saca el cuchillo de doble filo que le fue entregado tiempo atrás y soltando la cabeza de su anterior víctima, — Supongo que no sabía que hasta una piedra en manos expertas es un arma mortal.

El cazador lanza el arma a una de las espadachinas que bloquea con facilidad con su espada pero Ratanak a gran velocidad salta sobre la traidora derribándola. Los extraños al otro lado disparan otros dos virotes que tan bien son bloqueados sin embargo estos también desenvainaron sus armas y a gran velocidad se aproximan hacia ellas.

La líder de la Guardia ordena a dos de sus subordinadas acabar con Ratanak que está propinando una golpiza a otra de las espadachinas y al resto que acaben con los desconocidos. Las tres guardias encararon a las figuras sombrías que para su sorpresa las igualaban en velocidad, agilidad e insultantemente en técnica.

La líder traidora ve como uno de los desconocidos se aparta con rapidez de su grupo y corre hacia los rebeldes.

— ¡No! —, exclama la guardia, — ¡Ellos son míos! —. La guardia bloquea su paso, el desconocido responde con cortes rápidos que son bloqueados por la guardia.

Ratanak por su lado ya había destrozado el cráneo de la espadachina con sus puños y se había hecho con su arma y estaba en un combate con las otras dos esbirras que, si bien ellas eran más rápidas él sabe que como cualquier presa un solo golpe es más que suficiente solo hay que saber cuando darlo.

Siendo así, ignora el par de cortes propinados por las traidoras, no le importaba; otras más para la colección. En un descuido vergonzoso para guerreras tan habilidosas logra cortarle el cuello a una de ellas, haciendo que su armadura púrpura se vuelva roja, mientras agarra a la otra del brazo y le propina un duro cabezazo haciéndola caer con sangre brotando de su nariz.

Mientras la líder, el cazador y los desconocidos estaban en su lucha, no escucharon cuando Bow dio la orden de retirada y los rebeldes ya habían ganado terreno. Al darse cuenta, la líder negándose a regresar sin nada hace un movimiento certero para acabar con el forcejeo que tenía con el ser de piel pálida y empezar la persecución.

Ratanak al ver a la líder correr hace lo mismo pero siguiéndole el paso a ella. Los rebeldes no le importaban, quería reclamar ese yelmo como lo había hecho en el pasado. Por su lado el cabecilla de los desconocidos también sigue a la adoradora de Slaanesh no sin antes dar una orden:

— Matenlas.

Bow llevaba a Adora en su espalda mientras el resto del grupo corría con todo lo que sus piernas les permitían. Siuye voltea y ve a los tres atacantes corriendo en su dirección, sabía que no podían hacer mucho contra tales oponentes. Los superan en todos los sentidos que el combate demanda. Sin embargo, estos tiempos demandaban otras cosas que tenían que darse por el bien común.

Siyue detiene su andar con su espada corta y se voltea de cara a la guardia traidora.

— ¡Bow! —. Advierte una de los compañeros. El chico voltea y ve lo que está pasando.

— ¡Siyue! ¿Qué haces? —. Exclama Bow sabiendo lo que planeaba hacer el refugiado de Plumeria.

— ¡Largo! —. Es lo único que dice mientras agarra con fuerza su espada y se prepara para defender su posición.

Sin alternativas realmente, con amargura Bow reanuda la retirada dejando ahí a Siyue que ya tenía a la traidora enfrente.

— ¡Fuera de mi camino! —. Exclama la guardia.

En un acto supremo de suerte Siyue logra bloquear ese tajo más no el siguiente que lo hiere mortalmente en su costado izquierdo. El desconocido con un yelmo oscuro con alas logra darle alcance y se interpone entre la traidora y el rebelde. Siyue da una expresión de incredulidad.

La velocidad del a la que se movía el desconocido de piel pálida se movía a una velocidad pasmosa. Sabía que la Guardia de Ithrant era la élite de Luna Brillante y con el poder caótico aumentando sus habilidades eran la guerreras más letales de la nueva Etheria y todos los que salían en expediciones temían encontrarlas porque era un combate perdido ya desde el inicio.

Y sin embargo ahora veía a alguien que no igualaba esa habilidad marcial, sino que la superaba y eso podía saberlo por la expresión de frustración de la traidora. El choque de espadas era tan rápido que cada bloqueo se escuchaba como una exhalación agitada y no el clásico golpe de acero. Por su lado aquel cazador solo veía como ambos espadachines seguían con su duelo con una expresión inquieta, viendo sus movimientos, acercándose con precaución. Como acechando.

Cuando los dos contrincantes notan la presencia del cazador se detienen a verlo fijamente. El guerrero esboza una sonrisa satisfecha y se une a la refriega. Nuevamente se veía superado en velocidad y técnica pero no en fuerza y ferocidad, por lo mismo, cada bloque que el Cazador hace ralentiza los ataques de sus rivales al aturdirlos de cierta forma.

Siyue empieza a arrastrarse y a tratar de ponerse de pie. Logró el tiempo necesario pero ahora también quería salir de ahí. El Cazador, logra parar uno de los ataques del ser de piel pálida y lo patea con fuerza en el pecho derribándolo, ahora Ratanak estaba cara a cara con la presa que había ido a buscar.

La técnica de Ratanak no era tan sofisticada pero sí brutal. El Cazador aprovecha su fuerza así como su resistencia para abrumarla con golpes no muy rápidos pero sí contundentes, y podía prolongar esto por bastante tiempo o el suficiente como para que cometan un error.

Y así fue.

Fue un espacio tan pequeño y pasó tan rápido que hubiera sido un tonto el no aprovecharlo. La atravesó en el abdomen haciendo que el filo saliera por su espalda, en la consternación de la guardia ante su derrota le quita el yelmo revelando a una mujer no mayor de 25 años con ojos de iris moradas y cabeza afeitada. Ratanak saca la espada, acerca a la mujer a su cuerpo y le corta el cuello, dejando que las sangre cubra su piel.

Le encantaba esa sensación. Tal vez había fastidiado al Príncipe Oscuro pero había complacido a Khorne doblemente.

Ahora solo tenía que lidiar con el otro que para su consternación ya no estaba al igual que el rebelde. Ratanak regresa hacia donde había empezado la confrontación con yelmo y espada en mano.

Cuando llegó el resto de sujetos con armaduras negras ya no estaban y las seguidoras de Ithrant aniquiladas por completo… o tal vez no.

Recordó a la que le dio un cabezazo y ahí seguía semiconsciente

— ¿No habrás visto a donde se fueron esos tipos, verdad? —, la guardia le escupe, — Eso creí. Pero tú harás algo por mí —, la levantó tomándola por los hombros, — Volverás con tu ama y le dirás que la estoy esperando.

El odio en la mirada de esa mujer ardía con fuerza, sin embargo era lista y sabía que no podía ganarle y se marchó dejando a Ratanak ya en la oscuridad de la noche con su premio y una sensación de logro enorme.

En algún lugar del bosque Siyue es tirado al suelo mientras las cinco figuras los rodeaban mirándolo con malicia. El refugiado logra sentarse arrastrarse hasta toparse con una roca.

— ¡Déjenme! ¡No diré nada! —. Afirma Siyue.

— Oh, ¿En serio? —, Inquiere el sujeto con yelmo con alas que lo secuestró.

— ¿Morirías antes que hablar? —.Cuestiona irónicamente otro de ellos. Sus voces son rasposas y sombrías.

Siyue asiente ante la pregunta.

— ¡Bien! Porque vas a desear que te matemos si no colaboras —, dice el del casco con alas, — Ahora… —, le acerca un libro, — Lee esto.


A warning to the people

The good and the evil

This is war

To the soldier, the civilian

The martyr, the victim

This is war

It's the moment of truth, and the moment to lie

The moment to live and the moment to die

The moment to fight, the moment to fight, to fight, to fight, to fight

To the right, to the left

We will fight to the death

To the edge of the earth

It's a brave new world from the last to the first

To the right, to the left

We will fight to the death

To the edge of the earth

It's a brave new world, It's a brave new world, It's a brave new world

A brave new world

The war is won

The war is won

A brave new world