Peace could be an option

Capítulo 79


Darryl descendió del pequeño bote de madera que había usado para movilizarse por las aguas de la costa atlántica, unos kilómetros al norte de Nueva York. Desde la isla en la que se encontraba no se podía ver la ciudad, pero seguía sorprendido que le ofrecieran el lugar a su papá, estaba demasiado cerca de uno de los puntos más importantes del país.

Avanzó por entre los helechos que crecían a la sombra de los grandes árboles, antes de la llegada de Magneto la isla estaba casi completamente cubierta por una frondosa vegetación. Las marcas dejadas por las construcciones aún eran mínimas, pero la exuberancia natural se perdía de a pocos. Quizás una ventaja de ser un santuario para mutantes era que erigir viviendas y espacios para refugiarse no requería de las formas tradicionales. Magneto había optado por utilizar contenedores para transformarlos en casas y gracias a su don los pudo establecer exactamente en donde deseaba, sin la necesidad de abrir caminos por tierra.

La presencia de un campo de cultivo al centro del asentamiento narraba el propósito del lugar, era un espacio de supervivencia, alejado de todo y en paz. Pero se debía trabajar, la lejanía los obligaba a ser autosuficientes en todo lo que fuera posible y la comida era central en ello.

Su llegada no fue vista como un acto hostil, pero tampoco celebrada, nunca iba a tener un comité de bienvenida, de eso estaba seguro. La relación que Darryl tenía con los habitantes era distante y podía sentir cierto nivel de antagonismo, quizás no comprendían por qué el hijo de su líder vivía tranquilamente y feliz integrado a la sociedad humana, así como su hermana y madre.

―Quisiera decir que el lugar se ve mejor, pero requiere al menos una mano de pintura ―dijo Darryl al entrar a la edificación principal, notando a su padre revisando unos papeles.

―Nunca desperté mi vena decorativa ―replicó Erik, acercándose para abrazarlo―. No esperaba que vinieras tan pronto, ¿sucedió algo?

―Nada malo ―aseguró Darryl―. Sería más sencillo si consiguieras una radio o algo ―agregó, extendiéndole un sobre.

Erik frunció las cejas y tomó el sobre, leyendo con cuidado la carta en su interior. Su expresión cambió de inmediato, dejando que una amplia sonrisa se le escapara.

―Pensé que ibas a estar más sorprendido que contento ―comentó el muchacho―. ¿No he provocado que perdieras alguna apuesta?

―No apostaría contra mi hijo ―aseguró, sujetándolo por el hombro con fuerza antes de darle unas palmadas―. Felicitaciones. No dudaba que fueras a conseguirlo, aunque quizás pensé que sería para el segundo intento.

―No te culpo ―asintió Darryl.

El muchacho había terminado sus estudios de pregrado en salud pública y acababa de recibir su carta siendo aceptado en el programa de medicina humana. Sus calificaciones eran buenas, pero la mayoría de los postulantes con los que compitió podían jactarse de ser estudiantes de primer nivel, con promedios casi perfectos, como los de su hermana. Sin embargo, Darryl tenía una ventaja amplia fuera de ese aspecto, tenia un arsenal de excelentes recomendaciones, voluntariados y actividades que lo ponían a la cabeza de la competencia fuera del ámbito académico.

―¿Y tu hermana?

―¿Necesitas preguntar? ―cuestionó el muchacho riendo―. Aceptada, obviamente.

Erik asintió, orgulloso de los avances de sus hijos. Ambos habían apostado por profesiones a las que no podían ingresar de forma directa, medicina humana y medicina veterinaria, requerían estudios universitarios previos y un proceso de selección riguroso de por medio. Finalmente habían acabado con éxito los cuatro primeros años de estudios que servían como el trampolín para lo que realmente deseaban.

―Vamos a seguir en Columbia, eso al menos nos quita los problemas de tener que mudarnos. Edie estaba preocupada que no me aceptaran y me fuera a estudiar o trabajar fuera de Nueva York. No sé por qué se alteraba tanto, en el peor de los casos podía volver con mamá, su departamento no está lejos del nuestro.

―¿Abby está de regreso? ―preguntó Erik con curiosidad.

―No, todavía. Lo decía hipotéticamente, sigue en McMurdo… y me alegro de que decidiera ir ahí esta vez y no a Amundsen, no saldría hasta que el invierno pase.

―Estoy seguro de que podría salir si quisiera ―comentó Erik.

La estación Amundsen–Scott se localizaba en el polo sur geográfico, en algún punto en medio de la Antártida. Los investigadores que decidían ir durante el periodo de invierno debían quedarse toda la temporada ya que el lugar es inaccesible debido a las bajas temperaturas y tormentas de nieve. Para una mutante como Abby eso no es necesariamente un impedimento, pero tendría que ocurrir una emergencia mayor para que ella decidiera usar sus poderes en lugar de tomar el transporte como todo el resto de los investigadores.

―¿Hay alguna manera que puedas salir de esta isla? ―pregunto Darryl, dándole una mirada a la modesta vivienda.

―No imagino lo que opinaría tu madre si alguna vez viniera ―dijo Erik, negando con la cabeza―. Cualquiera diría que te criamos en una mansión.

―El estilo vivienda metálica no es lo mío ―replicó con una sonrisa―. Pero no lo decía por el estado del lugar.

―Sabes cual fue el acuerdo y no quiero presionar.

Darryl asintió, pero la sonrisa se perdió de su rostro. No disfrutaba tener a su padre incapacitado de movilizarse fuera de la pequeña isla, nunca le gustó la idea de que tuviera que quedarse a cambio de poder tener un espacio para mutantes. Comprendía que una parte de él siempre deseó poder establecer un lugar así, pero sabía que no era la única razón. La muerte de Nina golpeó a toda la familia, pero a Erik en especial, él estuvo ahí y cargaba con el peso de no haberla podido defender.

Darryl mismo lo habló con Edie, ambos compartían un sentimiento tonto de culpa, imaginando que si hubieran decidido estudiar en Calgary la historia sería diferente. Con cualquiera de ellos presentes en ese momento su hermana estaría con vida, estaban convencidos. Erik llegó muy tarde, luego que Erich y Ruthie fueran asesinados, pero nada de eso hubiera ocurrido con ellos en casa.

―No pienses en eso ―habló Erik, notando la expresión de su hijo e imaginando lo que debía estar pasando por su cabeza.

―Es difícil ―replicó bajando la mirada―. Supongo que es bueno que decidiera estudiar medicina, va a tenerme suficientemente ocupado.

―Estar ocupado ayuda, tener un propósito ayuda.

―Por cierto, ¿cómo es que siguen llegando mutantes? Siempre que vengo hay un par de caras nuevas.

―La mayoría por bote, depende quien sea el contacto por el que deciden venir ―explicó Erik, sirviéndole una taza de café a su hijo―. Raven es quien está trabajando con más fuerza para localizar a los mutantes que más se beneficiarían de venir aquí.

―Eso no lo sabía, pensé que seguía en la escuela con Charles.

―Lo está, pero comprende que no todos pueden o quieren ir a ese ambiente. Es un buen lugar para gente joven que no ha sido tan golpeada por los humanos aún, pero no es el caso de todos.

―Debe de estar bastante ocupada entonces, suelo verla en las noticias. Ahora que Charles está tratando de influenciar la óptica de como nos ven apoyando con los X-Men donde puede.

Erik no comentó al respecto, no sabía cómo sentirse con la idea de un grupo mutante al servicio de la humanidad de forma tan obvia y abierta. Raven apoyaba la idea, pero las veces que hablaban podía sentir que en el fondo sólo lo aceptaba por los beneficios, no porque sintiera que era el mejor camino. Era curioso que siguiera manteniéndose tan cerca de Charles, pero podía inferir que era a causa de Kurt. Ella no había revelado que era su madre, pero parecía estar feliz con sólo estar cerca del muchacho y verlo crecer.

―¿Has pensado cómo van a hacer para el invierno? ―preguntó Darryl de golpe, se acababa de sentar junto a una ventana, sintiendo la brisa golpear su rostro―. Sé que no va a ser tu primer invierno aquí, pero es la primera vez que hay tanta gente.

―Tenemos planes, pero no voy a negar que va a ser un reto ―respondió Erik, pensativo―. Es bueno que no tenemos niños demasiado pequeños o adultos mayores aún, hay mucho por hacer antes de poder guarecerlos como es debido.

―Lo que me recuerda que la a la tía Hannah le está yendo muy bien en la campaña de este periodo, creo que encontró su vocación.

Erik frunció las cejas ante la mención de su cuñada. La mujer lo seguía odiando y no se habían visto desde el entierro de Nina, pero apoyaba la idea de apoyar mutantes a tener un espacio seguro para ellos, organizando colectas de forma continua. Los recursos que enviaba eran siempre bienvenidos, pese a las complicaciones de movilizarlos hasta la isla.

―Le agradecería en persona, pero no puedo salir ―dijo Erik, sentándose en frente de su hijo.

―Y aquí yo pensaba que no se dirigían la palabra porque se odiaban y no porque no podías salir de la isla ―bromeó, encogiéndose de hombros.

―También está eso ―aceptó Erik, con una media sonrisa.

. .

Edie terminó de poner las bolsas de compras sobre la mesa cuando sintió el timbre del departamento. Con pasos algo acelerados fue a atender, estaba cruzando los dedos para que se tratara de Darryl y no de sus invitados, no era inusual que se olvidara las llaves. La suerte no estaba de su lado. Remy le sonrió cuando abrió y apareciendo detrás de él se encontraba Peter.

―Tiene cara de que llegamos temprano ―comentó Peter divertido.

―Es que siempre insiste en cocinar en lugar de pedir comida ―comentó Remy, saludando a Edie con un beso en la mejilla―. Un detalle que aprecio mucho por su puesto.

―¿Y ya es oficial? ¿Vas a ser perseguido por Magneto o algo? ―cuestionó con humor Peter, cerrando la puerta detrás de él

―No sé de qué estás hablando ―replicó Edie sonrojándose un poco, haciendo un ademán con la mano para que se pusieran cómodos en la sala. Las veces que visitaba a su papá siempre salía en la conversación Remy y no era secreto que a Erik no le agradara, lo consideraba demasiado carismático y encantador, atributos que lo hacían atractivo y justamente por eso no confiaba en él.

Peter provocó una ligera pequeña ventisca al interior del departamento al moverse a su asombrosa velocidad.

―Guardé tus compras para que luego no digas que sólo vengo a comer y no ayudo ―comentó, dejándose caer en el sillón.

―Nunca he dicho nada ―se apresuró a responder―. Del que me he quejado es de él ―agregó, señalando a Remy.

―Me ofendes, siempre ayudo en lo que puedo.

―Y apareces sin invitación la mitad del tiempo ―insistió ella.

―Un poco de espontaneidad es buena en la vida.

Edie observó a Remy con intensidad, pero decidió no seguirle el juego, la sonrisa que llevaba delataba lo que quería.

―Podemos pedir algo si prefieren. Quizás cuando Darryl regrese, no debería demorar.

―¿Fue a ver a Magneto? ―preguntó Peter con sumo interés.

Edie asintió, pese a que le costaba cuando escuchaba que se referían a su papá como Magneto. Pero de parte de Peter lo aceptaba, comprendía que le era difícil llamarlo de otra forma, usar su nombre se sentía extraño y llamarlo papá o cualquier término relacionado simplemente se sentía mal, pese a que lo fuera.

Darryl fue quien sugirió que debían pasar más tiempo juntos, y ella no se opuso. Peter había ganado hermanos, pero Magneto aún era una figura distante, tanto física como emocionalmente. Aún así, el joven disfrutaba el tiempo con ellos, eran unos años menores que él, pero a la edad que tenían casi no lo notaban.

Remy era una compañía extra que terminó sumándose de forma casi constante cuando se encontraba en el área, exactamente por qué, sólo él lo sabía. Pese a que le gustaba acercarse a Edie, nunca había llegado a avanzar hasta un punto serio, disfrutando el punto en el que se encontraban. Además, tratar algo con la hija de Magneto podía ser peligroso si las cosas no salían bien.

―Has estado bastante ocupado ―comentó Remy, mirando a Peter―. Los X-Men salen en las noticias todo el tiempo.

―A Charles le gusta mantenernos activos, sirve para dar una buena imagen de los mutantes. ¿No te quieres unir?

―No, no creo que sea el mejor lugar para mí, menos si se trata de dar una buena imagen a los mutantes.

―¿Edie? ―Peter observó a su media hermana, no era la primera vez que lo ofrecía―. Acabas de terminar la universidad, tienes el tiempo.

―Y acabo de entrar a la escuela de medicina veterinaria.

―¿Vas a seguir estudiando? ¡Qué horror! En serio que no los entiendo ―comentó elevando los brazos al aire, Darryl también estaba haciendo lo mismo, ya se lo había dicho.

―Nunca es tarde para estudiar, deberías considerarlo ―dijo Edie, pero su mirada se desvió luego a Remy―. Lo mismo para ti.

―Somos almas libres, no nos tortures ―respondió Remy de inmediato.

―Hay que decidir qué vamos a pedir, si no vamos a acabar cenando a medianoche. ―Por experiencia Edie sabía que les tomaba al menos una hora decidirse el lugar de dónde iban a pedir y al menos quince minutos más para decidir qué pedir.

. .

Abby dirigió la mirada a uno de sus compañeros de investigación, podía ver la sonrisa dibujada en su rostro, aunque estuviera cubierto por una gruesa bufanda, un gorro y gafa de nieve. Frunciendo las cejas negó con la cabeza y volvió a enterrar la sonda en la nieve.

―Vamos, una vez no va a malograr el experimento y esta sonda siempre tiene problemas ―dijo el investigador.

Se encontraban fuera de McMurdo, revisando los equipos de medición enterrados en la nieve. Las sondas alrededor de la base eran parte de un largo proyecto que ya llevaba unos años, no era su investigación principal, pero Abby disfrutaba expandir un poco sus horizontes. El cambio climático era un tema que se encontraba ganando fuerza, analizar los cambios de temperatura y composición de la nieve superficial eran una tarea importante.

―No voy a usar mis poderes, tenemos las sondas para algo ―dijo Abby tajante―. Si uso mis poderes toda la investigación estaría amarrada a mí para siempre y nadie más podría tomar la posta. Además, dónde quedaría la rigurosidad científica, ¿cómo alguien más repetiría el experimento? Los resultados no valdrían realmente, sería data bonita, pero no aceptable.

―Tu eres la persona que describo cada vez que mi tío discute que los mutantes van a tomar el mundo durante la cena de Acción de Gracias.

Abby bufó ante el comentario, era una forma de decirle que era una aburrida.

―¡Cierto! ¿Tus hijos ya empezaron clases?

―Sí ―asintió ella emocionada―. Me hubiera gustado estar ahí, pero aún tenemos un par de días extras acá.

Abby iba a comentar algo más, pero un fuerte grito con su nombre hizo que diera un salto. El jefe de comunicaciones se encontraba moviendo los brazos como loco desde la puerta de la basa, tratando de llamar su atención.

Cuando llegó a la entrada, el pobre hombre no estaba hablando de forma coherente, pero mencionó el nombre que hacía que ella supiera que algo estaba mal: Magneto. Llevaba tres años sin ver a su esposo, nunca había visitado la isla que el gobierno le cedió, pero conocía del trato, él no debía salir del lugar.

No pasó mucho tiempo para que una comunicación llegara informando que iban a escoltarla hasta Nueva York. Las noticias de un ataque estaban rondando la base de la Antártica, pero pese a que el nombre de Magneto era mencionado, no parecía que él fuera directamente el problema, como era lo usual. También se hablaba de un evento relacionado a la nave espacial que fue destruida por una onda solar y la tripulación rescatada por los X-Men.

Fuer recién cuando su transporte llegó y se encontró con Phil, que pudo recibir la información real de lo que había ocurrido. No sabía cómo sentirse, Erik había dejado la isla, pero aparentemente la tierra fue casi invadida por formas de vida alienígena. La verdad era que ya se consideraba demasiado vieja para todo eso y sólo quería saber por qué S.H.I.E.L.D estaba teniendo la delicadeza de ofrecerle un viaje directo a Nueva York. La respuesta era obvia, pese a que Magneto había regresado a la isla, deseaban asegurarse de que todo estuviera bien y dudaban que una visita militar fuera a apaciguar la situación si es que estaba a punto de explotar.

. .

Cuando Abby apartó un frondoso helecho de su camino pudo al fin ver el asentamiento que su esposo había estado construyéndolos últimos años. No quería ser negativa, pero sentía que el lugar estaba a una mala tormenta de requerir ser reconstruido, no ayudaba en absoluto las marcas profundas alargadas en medio de lo que debía haber sido un campo de cultivo, algún tipo de batalla había ocurrido ahí. Sus hijos nunca describieron el lugar a detalle, pero en su cabeza lo imaginó similar a una granja, con menos presencia metálica.

―Erik…

Susurró su nombre al verlo emerger de una de las construcciones. Su rostro estaba cubierto por pequeños cortes y heridas, aunque al menos parecía que las había atendido ya. Se acercó con cuidado, notando que no se encontraban solos, otras personas estaban asomándose con recelo por los alrededores.

Erik la observó con una mezcla de curiosidad y alegría. Sabía que un bote había estado rondando la isla, se lo informaron, pero no esperaba ver a su esposa ahí.

Ella le sonrió, era extraño verle después de tanto tiempo. Quizás era incluso doloroso si pensaba lo cerca que habían estado viviendo cuando ella estaba por meses en Nueva York y aun así nunca lo visitó. Se suponía que debían darse espacio, pero con él viviendo en un lugar del que no podía salir y sin medios de comunicación, el tiempo sencillamente pasó. Sin embargo, pese a la separación a ninguno de los dos se les pasó por la cabeza la idea de un divorcio.

Hubo un momento de duda, pero Abby se dejó llevar por la emoción de volver a verlo y se lanzó a sus brazos. Él la abrazó con fuerza, enterrando su rostro en su cabello.

Fue Erik quien decidió que darse espacio era lo mejor, pero luego de tres años, al volver a tenerla cerca, consideró que quizás había cometido un error. Necesitaban espacio, sí, pero tres años era demasiado.

―¿Viste las noticias? ―preguntó él tras un largo momento en que no se soltaron o dijeron algo.

―No realmente. Me fueron a buscar, creo que no están seguros si planeas explotar.

―Esto no fue así ―trató de explicar.

―Phil me contó lo que ocurrió. Bueno, lo que ellos creen que ocurrió ―le interrumpió y bajó el tono de su voz ―¿Raven?

Erik sólo asintió como respuesta.

La llevó al edificio que ocupaba, no quería conversar con ella a vista de todo el resto de los habitantes de la isla, más cuando sabía que a pesar de no conocerla tenían una idea un tanto negativa debido a que no estaba ahí con ellos, con él.

―¿Entonces te mandaron a espiarme? ―preguntó él luego que ella explicara cómo salió de la Antártica.

―No sé si la palabra es espiar.

―No tienen de que preocuparse ―aseguró él, se pondría en contacto para calmarlos.

―Tú por otro lado… ―comentó ella, sonriéndole―. ¿Sabes que el abuelo te odia aún más ahora?

―¿Es eso posible? ―replicó con una media sonrisa, conteniéndose de comentar cómo es que el hombre seguía vivo.

―Cuando decidiste hacerte sentir por todo el planeta le robaste su wok.

―¿Disculpa? ―preguntó completamente confundido.

―Su wok, lo trajo antes de migrar a Estados Unidos desde el Tibet, creo que estuvo en su familia antes que él naciera ―explico riendo, recordando a su abuelo quejarse cada vez que lo veía―. Sabes que vive en la zona rural y su casa la hizo él sin agregarle clavos a la madera ni nada, todo encaja a la perfección. Hay muy poco metal en su casa, pero hiciste que su wok ancestral quedara perdido en el campo por una semana hasta que lo encontró. Creo que ya no está en prístinas condiciones, sin importar cuantas veces lo pula.

―Supongo que podemos agregar destrucción de reliquias históricas a mi larga lista de crímenes ―comentó él de forma despreocupada, pero su mirada se tornó más seria momentos después―. ¿Has escuchado algo de Maxwell?

―Sigue visitando a mis padres en fiestas ―respondió ella, un poco incómoda―. No sabría decirte cómo está realmente. Creo que una parte de él se siente liberado por no tener a Steven, pero el solo pensar así sobre su hijo…

―Perdón ―se apresuró a hablar―. No debí haber preguntado.

―No, está bien. No es que estemos prohibidos de hablar sobre eso.

―¿Y tu trabajo? Creo que provoqué que regresaras antes de lo que tenían planeado.

―Sólo por un par de días ―asintió ella, pero sin darle mucha importancia―. Lo único que afecta honestamente es que tengo que esperar a que me envíen mis cosas.

―Es tu tercer viaje. Pensé que sólo irías una vez.

―Me siguen ofreciendo continuar con investigación y aunque no sería tu ambiente favorito a mi me encanta ―dijo, sonriéndole―. Además, hay tanto más que se puede hacer ahora con las imágenes satelitales, Landsat-4 lleva sólo unos años en operación, pero la información que está proporcionando es increíble ―habló entusiasmada, pero decidió contenerse―. No creo que quieras toda la explicación ahora.

―Ahora no, pero si me gustaría escuchar en otro momento.

―Phil me mostró unas fotografías de lo que pasó. Llevabas un casco ―comentó ella, tratando de remontar al tema por el que acabó visitándolo―. No se ve tan mal cuando sólo usas el casco y no te disfrazas por completo.

―¿Estoy escuchando bien? ¿No te estás quejando del casco? ―cuestionó con humor.

―Debe ser de esas cosas que uno termina aceptando por costumbre pese a que no le gusten.

―No puedo salir de esta isla ―dijo él en un tono suave―. O al menos no debería salir de ella. ¿Cómo afecta eso a lo que decidas hacer ahora que nos hemos vuelto a ver?

―¿Estás preguntando si estoy dispuesta a mudarme aquí? ―preguntó ella, observando la habitación en la que se encontraban―. No puedo decir que me encante y tengo mis dudas sobre los vecinos. Sin ganas de ofender.

―Y estás algo joven para pensar en retirarte ―agregó él.

―También, aunque créeme escribir reportes en Nueva York no es ideal, hay demasiado ruido e incluso sin eso, la sensación es pesada en la ciudad. Aquí quizás esa parte sería más agradable ―comentó, pero desvió la mirada―. Pero queda el mismo problema de siempre, cómo saber que no vas a volver a…

―¿Tener un exabrupto?

―No lo llamaría así ―ella intervino de inmediato, la forma que Erik reaccionaba era mucho más compleja que eso.

―No creo poder asegurarte de que no vuelva a ocurrir. Estás aquí justamente porque volvió a ocurrir ―explicó, pero quedó pensativo―. Quizás necesito tratar de hacer la paz con parte de mi infancia, y no de la forma que he estado tratando por décadas.

Abby frunció el ceño con curiosidad. Suponía que se refería a sus arranques explosivos cuando las cosas iban mal.

―Cuando destruí Auschwitzfue la misma sensación vacía de cuando maté a Shaw. No es que tenga remordimientos con esas acciones, pero nada de eso me ha traído paz ―Erik observó a Abby con intensidad―. Quizás necesito dejar de huir de mi pasado.

―¿A qué te refieres?

―Cuando estuve buscando a Shaw viaje por muchos lugares en Europa, pero siempre que pude evité los lugares que me recordaban mi vida, las cosas que me ocurrieron.

―¿Quieres regresar? ―preguntó preocupada.

―No todos mis recuerdos son malos, siempre hubo algo de luz en mi infancia al menos hasta que llegué a manos de Shaw.

―Erik…

―¿Crees que voy a explotar en Europa si hago eso? ―La pregunta tenía un tono jovial, pese al peso de lo que implicaba.

―No creo que seas una bomba de tiempo, es más que recuerdos lo que provoca que decidas actuar.

―Podrías venir conmigo ―ofreció él, colocando su mano sobre la de ella―. Sabes de mi pasado, pero de forma muy superficial, quizás sería una forma de compartir contigo esa parte a la vez que la enfrento.

―S.H.I.E.L.D. no va a estar contento teniéndote en un tour por Europa ―dijo ella, sonriéndole.

―Más contentos que si decido volver a ponerme el casco.

. .

Abby observó a Erik llegar con un tablero de ajedrez portátil, como un pequeño maletín. Ella se había quedado en el cuarto del hotel en París mientras él terminaba un pendiente que también sentía le ayudaría. Llegaron en la mañana y aún debían descansar, pero él parecía inmune al desface de horarios.

―¿Cómo está Charles? ―preguntó ella.

―Con el tiempo estará bien ―respondió, acercándose para darle un ligero beso―. Aunque se queja que le tengas miedo.

―¿Miedo?

―Desde Cuba, cada vez que algo pasa lo evitas o no tienes idea cómo hablarle. Charles no es de cristal, ¿lo sabes no?

―Malas costumbres, supongo ―aceptó ella. Era tonto que reaccionara así, pero le costaba evitarlo, podía haber llamado a Charles ella misma para preguntarle cómo estaba.

―Le ofrecí que podía ir a Genosha, ahora que se ha retirado.

―Aún no me acostumbro a que le hayas puesto nombre a la isla ―comentó ella con una media sonrisa―. Me cuesta un poco imaginar a Charles ahí.

―Necesitaríamos modificaciones ―asintió Erik―. Dudo que acepte, pero creo que si está contemplando visitar.

―¿Cómo sabías que iba a estar aquí?

―Puede que Hank me lo haya comentado.

―¿Y ahora qué?

―Ahora vamos a descansar, voy a llevarte a conocer la ciudad y tratar de disfrutar un poco de tu compañía. Luego de eso… ―La idea quedó en el aire por unos instantes―. Luego, supongo, tendremos un viaje por mi infancia.

Erik había considerado por semanas cómo realizar el viaje. Al final decidió que no tenían prisa, podían tener un momento para simplemente estar juntos luego de tres años de separación. Los lugares que debían visitar seguirían ahí, esperándolos, esperándolo. Comenzaría desde sus más lejanos recuerdos y de ahí viajarían, tomando las mismas rutas que tomó con sus padres y hermana. Todo: Nuremberg, Varsovia, pasando por las ruinas del campo que destruyo meses atrás y en Francia al orfelinato donde acabó después de la guerra.

Él había compartido con ella más de lo que había compartido con otra persona. Quizás Charles conocía más afondo su vida gracias a ser un telépata, pero era diferente. Con Abby había abierto la puerta lo suficiente, pero ella nunca forzó su entrada, era tiempo de tomarla de la mano y caminar al interior.


Notas de autora: En cuestión de tiempo y edades he modificado el canon. Dark Phoenix ocurre en 1992 o por ahí, yo estoy haciendo que ocurra más de prisa, en 1986. Han pasado como 3 o casi 4 años desde el final de Apocalipsis nada más. Darryl y Edie están de 23 y 22 o por cumplir esos años (No estoy poniendo mes exacto en lo que ocurren las cosas aquí) Erik y Abby estarían de 54 y 48 respectivamente (Cumplidos o por cumplir) Siento que como edades va mejor, el canon estaba estirando demasiado la idea de que Fassbender andaba de 60 como Magneto en esa peli. Ya incluso con mis edades lo siento estirado, pero son los líos creados por el canon y en el fic he repito varias veces que los mutantes envejecen más lento al menos.

La primera parte ha sido para terminar de cerrar algunos detalles y dejar bien escrito en qué situación han quedado algunos de los personajes y lo que están armando a futuro para ellos. El fic es de la categoría romance, así que no sería justo acabarlo con la pareja principal separada. No es que haya mucho más por explorar, pero quiero finalizar navegando un tema que las películas nunca tocaron y jamás iban a tocar porque necesitaban a Erik siempre rebotando entre paz y violencia. La idea de recorrer los lugares que lo forjaron no es para que los olvide, pero es una forma de afrontarlos sin el objetivo de destruirlos (Destruir el campo de concentración en Apocalipsis o matar a Shaw en First Class no sirvieron para calmar las aguas en Erik) Pero siento que quizás visitar los lugares y realmente aceptar lo que ocurrió, sin culparse o buscando a quien culpar es una forma de soltar algo del peso que siempre ha llevado consigo.

No tengo idea cómo he conseguido casi acabar el fic. De alguna manera podría dejarlo aquí con leves modificaciones, pero hare un cap más a modo de epilogo para Erik y Abby.

Y ya saben, no muerdo. Si tienen dudas con algo del fic, curiosidad por algún sub-plot que no lo cerré o lo que sea, son bienvenidos de comentar y yo con gusto responderé. Y mi musa anda rebotando como loca entre tantos posibles proyectos… no sé cuál va a ser el siguiente fic que escriba… tantos CanonxOC que tengo en la fila y en tantos y diversos fandoms xD