Capítulo 1: Tres meses antes…
El comedor lucía repleto de alumnos, todos hablaban entre sí y Hermione apenas, podía oír lo que su novio le decía.
-¿Crees que es una buena idea?-repitió Ron animadamente.
Ella, sonrió en respuesta.
-Sí, es una excelente idea…-respondió dirigiéndole una mirada a Harry y Ginny.- ¿Ustedes también quieren venir?
-¿Una cita doble?-exclamó Ginny sonriendo y dándole un último sorbo a su jugo de calabaza.-Por supuesto que sí. No tengo planes para este fin de semana. Cuenta con nosotros.
Harry, también estaba de acuerdo y simplemente, asintió en respuesta.
-Bien, entonces quedamos para el sábado a las cinco, sin excusas…-les advirtió Hermione, mientras los demás reían.
Apenas, habían reanudado las clases en Hogwarts, y todo empezaba a ser como antes.
Aún había muchas cosas que superar, pero poco a poco, la escuela volvía a ser la misma, y con ello, la nueva directora, Minerva Mcgongall, esperaba que todos sus alumnos lograran concluir el año escolar perdido.
-Demonios, ya debo irme.-murmuró Ginny poniéndose de pie.-Tengo clase de adivinación y Trelawney, es tan puntual… ¿Harry, me acompañas?
El chico, se puso de pie.
-Guárdenme un sitio en pociones, quieren…?-les dijo a sus amigos.
Ron asintió de inmediato, y cuando finalmente quedaron a solas, el pelirrojo, decidió acercarse más a su despreocupada novia.
Ella, tenía un libro entre sus manos y no parecía prestarle atención a él.
Aprovechando esto, Ron le arrebató el libro y en su lugar la besó con una ternura que pareció casi inocente.
-Ron.-protestó ella sonriendo. Ya lo conocía, pero aún no se acostumbraba a esta clase de sorpresas.
-Pensé que iríamos solos a Hogsmeade…-susurró el pelirrojo en su oído, provocándole leves cosquillas.
-Lo haremos en otra ocasión…-se limitó a responder mientras se ponía de pie.-Ahora, será mejor que nos demos prisa o llegaremos tarde a pociones.
Ron, le sonrió de vuelta y tomó su mano para avanzar.
Su relación iba por buen camino. La guerra, los había unido, ya no había peligros que enfrentar, y al fin, parecían tener tiempo para ellos dos. Todo estaba bien.
Perfectamente bien, se respondió Hermione a sí misma.
Este año tenía que ser el mejor de todos.
Cuando, llegaron a las mazmorras, la mayoría de alumnos ya había ocupado gran parte de los asientos. Era la última clase del día, y nadie estaba muy entusiasmado por empezar.
Aprovechando que el profesor Slughorn, estaba de espaldas, ambos ingresaron sin ser vistos, y rápidamente, encontraron un par de sitios al lado de Neville.
-¿Ha dicho algo?-preguntó Hermione preocupada por haber llegado tarde a clases, y prometiéndose a sí misma, que eso no volvería a suceder.
-No...-respondió Neville, pero fue interrumpido por el profesor.
-Hoy, tengo algo importante que anunciarles…-exclamó Slughorn con entusiasmo, pero dejó de hablar, cuando dirigió su mirada a la entrada del salón.-Ah, señor Potter, vamos, no se quede ahí, entre…
El azabache, se excusó e ingresó tan pronto como pudo.
-Como parte de un proyecto educativo, se ha decidido que cada año, realizará un trabajo escrito sobre un tema en especial…-les explicó.- Son el último año, así que pediré doscientas páginas como mínimo y tendrán un plazo de cuatro meses para entregármelo…
La mayoría de los alumnos, comenzó a protestar. El profesor, no podía hacer algo así.
No, en su último año.
Ya habían tenido suficiente con la guerra, y ahora, quería un trabajo de doscientas páginas.
-Para facilitar las cosas, lo harán en parejas.-agregó Slughorn para sorpresa de todos.-De eso se trata este proyecto… Fomentar el compañerismo entre casas y erradicar cualquier prejuicio que la guerra pueda haber dejado. Es por ello que cada miembro, pertenecerá a una casa diferente. La directora Mcgonagall, se ha encargado de entregarme la lista esta mañana...
Se escucharon varios murmullos por toda el aula, pero el profesor, no les prestó atención.
-¿Qué demonios?-murmuró Ron mirando a Harry.
-Basta de quejas… La nota final de la asignatura, depende de este trabajo, así que será mejor que se esfuercen en colaborar, o reprobarán el curso… -les hizo saber, mientras sacaba un largo pergamino de su escritorio.-Veamos…-hizo una pausa mientras empezaba a nombrar a las parejas.- Weasley, usted será con Zabinni…-exclamó para desgracia del pelirrojo.- Potter con Parkinson… Abbott con Bulstrod, Longbottom con Nott… Malfoy con Granger, Bones con Fletcher…
Hermione, simplemente, rodó los ojos.
La profesora Mcgongall, debía tener grandes motivos como para haberla colocado junto a Malfoy.
Debí imaginarlo, pensó con ironía.
-Vamos, no se queden ahí.-ordenó el hombre al ver la falta de interés de los alumnos.-… No hay tiempo que perder.
-Hermione, de ningún modo permitiré que vayas con Malfoy…-sentenció Ron con seguridad.- Hablaré con el profesor. Ese viejo, no puede…
La castaña, le miró sorprendida.
-Ron, esto no es culpa de él. Ya lo escuchaste. Fue Mcgonagall, quien formó las parejas. – le interrumpió ella, esperando que Slughorn no les hubiera oído.- Cálmate. Sólo es una tarea.
-Es un proyecto que durará cuatro meses.-le corrigió.-Cuatro meses, Hermione. ¿Crees que podrás trabajar tanto tiempo con ese idiota?
-¿Algún problema, señor Weasley?-les interrumpió Slughorn, al ver la tensión en su mesa.
-Ninguno, profesor.-contestó resignado.
-Entonces, ¿Qué está esperando? No se quede ahí, y vaya con el señor Zabinni. Lo mismo para usted, señorita Granger.
La castaña, tomó sus cosas y se separó de su novio, no sin antes lanzarle una mirada de reproche. No había necesidad de hacer un escándalo por algo así.
Sólo es una tarea, se repitió Hermione a sí misma.
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Draco Malfoy, no prestaba atención a la clase. Ni siquiera, podía concentrarse.
¿Quién lo haría?
El rubio, pensaba en su despreciable padre.
Lucius Malfoy, había sido enviado a Azkaban, hacia sólo un par de semanas atrás, y con ello la reputación de su familia había quedado por los suelos.
Era un milagro, que ni él o sus compañeros, hubieran sido condenados también.
De todas formas, eso ya no importaba. Ahora, sólo esperaba poder acabar la maldita escuela, y dejar todo esa basura atrás.
Sin embargo, sabía que eso estaba lejos de ser posible. Su pasado como mortifago lo condenaba y siempre estaría presente en aquel tatuaje de su antebrazo derecho, como si se tratase de un recordatorio diario, como un castigo por lo que había sido y que le acompañaría por el resto de sus días.
Menuda suerte, la tuya. Se dijo a sí mismo.
-¿Draco...?-preguntó Theodore a su lado mientras trataba de hacerlo volver a la tierra.- ¿Estás aquí?
Él alzó la mirada.
-Estoy aquí, Nott.-sentenció fastidiado.
Theo, sonrió de lado. Definitivamente, Draco, no estaba aquí.
-¿Has escuchado lo que Slughorn acaba de decir?-le inquirió esperando ver la cara de sorpresa que el rubio se llevaría.
Malfoy, frunció el ceño.
-¿Qué ha dicho?-preguntó sin hacerle caso.
El castaño, no le respondió nada, simplemente tomó sus cosas y se fue de ahí con una sonrisa en los labios.
Draco, observó a su alrededor, y después de que Slughorn regañara a Weasley, una chica de cabello castaño, llegó hasta su mesa y colocó sus cuadernos frente a él.
-Yo tampoco estoy feliz, Malfoy, pero mientras más pronto acabamos con esto, será mejor…- le dijo Granger con indiferencia.
Draco, vio directamente a esos ojos miel, y ni siquiera escuchó lo que ella le decía, él sólo se había quedado mirando fijamente al rostro de aquella persona que por mucho tiempo había despreciado por los estúpidos prejuicios a la sangre.
¿Qué demonios me pasa?, se preguntó sin poder apartar sus ojos de la castaña.
Aún recordaba aquella fatídica noche en la mansión Malfoy. La noche en que ella había sido torturada por su enloquecida tía.
Si tan solo ese horrible episodio nunca hubiera sucedido…
¿Qué estás diciendo, Malfoy?, se repitió a sí mismo.
Hermione, pareció notarlo y alzó una ceja.
-¿Malfoy, me has oído?-le preguntó creyendo que él sólo la ignoraba.
Demonios, pensó confundido y molestó, por lo que la castaña acababa de generarle.
-Solo intenta cooperar un poco, quieres?…-sentenció resignada, mientras abría uno de sus cuadernos y garabateaba algo en una hoja.
-¿Por qué crees que no lo haré?-sentenció el rubio, hablando por primera vez.
Hermione, no esperaba esa clase de repuesta.
¿Eso significa que va a cooperar?, pensó alzando su mirada, y notando que aquellos ojos grises la observaban de una forma diferente.
-Señor Malfoy, señorita Granger…-exclamó Slughorn llegando a su mesa y poniendo fin a esa tensión.-Investigarán sobre las pociones desmemorizadoras mas potentes y los efectos secundarios que causan en las personas hechizadas con obliviate… Es el tema más complicado de todos, pero sé que los mejores alumnos de Hogwarts, podrán hacerlo.-finalizó.
Ambos se observaron una vez más, y fue Draco, quien quebró el silencio.
-Bien, ya lo oíste.-murmuró.
Esto no volverá a pasar, se repitió a sí mismo, mientras apartaba la mirada.
-Sí…-aceptó ella concentrándose en otra cosa.-Esto no lo acabaremos tan pronto como creí… -murmuró con cierta decepción. Slughorn, estaba demente. ¿Cómo podía haberles dado un tema tan grande como ese? ¿Acaso creía que no tenían vida?
-¿Tan desesperada estás por cambiar de pareja?-inquirió Malfoy, repentinamente molesto, creyendo que ella lo decía porque se reusaba a trabajar con él.
-¿Qué?-exclamó confundida.-Yo no dije eso.
Había malinterpretado sus palabras.
-Lo insinuaste, Granger.-sentenció con sus distintivos aires de superioridad.
Draco, sabía que la mayoría de los gryffindor mostraban rechazo hacía él, y ella, no sería la excepción.
-… Yo, no me refería a eso.-contestó Hermione, pero Draco no le respondió.
Él, simplemente, se dedicó a ignorarla por el resto de la clase, y sólo se limitaron a seguir las indicaciones del profesor.
Cuando, finalmente, Slughorn les dejó ir, Hermione, se sintió liberada.
Había sido la clase más extraña e incómoda que había tenido en toda su vida. No sólo por la pequeña discusión que había sostenido con Malfoy, sino también, por la forma en que él la había mirado.
Antes de volver a clases, había creído que jamás volvería a ver a ese rubio. Con todos los problemas que su familia había tenido, era un milagro, verlo en Hogwarts otra vez.
-¿Vamos a cenar?-inquirió Ronald enroscando un brazo en su cintura, y sacándola de sus pensamientos.
-Eh... Sí, vamos...-respondió esbozando una breve sonrisa. Había estado tan distraída que no lo había visto llegar.
Harry, se colocó a su lado, y los tres amigos, salieron de ahí.
Cuando llegaron al comedor, notaron que la alegría volvía estar en los aires, especialmente, en los alumnos de primero, quienes habían tenido la suerte de no estar presentes en la gran batalla.
-Hola.-exclamó Luna apareciendo detrás de Harry.
-Luna, siéntate aquí…-la llamó Ginny apartándole un sitio a su lado.
La rubia, se encogió de hombros y fue con ellos.
-¿Quieres venir con nosotros a Hogsmeade el sábado?-le preguntó Hermione.
-Sí, por supuesto.-dijo de inmediato.-Tengo algo que hacer antes, pero los veré de todas formas.
La castaña, sonrió en respuesta, e inesperadamente, su mirada se desvió a la mesa Slytherin.
Vio a un par de rostros conocidos, pero no, a Malfoy.
Él, no estaba por ningún lado.
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Draco vio que Granger se fue de su lado, para ir a los brazos de su estúpido novio.
¿Cómo puede estar con él?, se preguntó.
Habría esperado que la castaña acabara siendo la novia de Potter, pero no de alguien tan patético como Weasley.
El pelirrojo, rodeó a la chica por la cintura, le dijo algo en el oído, y en compañía de Potter, se fueron de ahí.
Draco, miró la escena con repulsión y salió del salón, tan pronto como pudo.
¿Por qué repentinamente, le interesaba lo que ella hacía?
Granger podía acabar siendo la novia de un maldito perdedor como Weasley, y a él no tenía por qué interesarle.
-Soy un idiota.-se dijo a sí mismo por haber pensado en todo eso.
Pero si creía que su día no podía ser peor, estaba equivocado.
-Ey, te tardaste…-exclamó una chica de cabello azabache a las afueras del aula. Y sin darle tiempo de decir algo a cambio, se colgó de él y enredó los brazos alrededor de su cuello.
A Draco, le incomodaban esa clase de muestras de afecto en público, y ya se había cansado de repetírselo, pero parecía que su detestable novia, no lo entendía.
-¿Astoria, qué haces aquí...? -respondió quitándosela de encima.
La muchacha, frunció el ceño.
Hacía mucho que Draco se había aburrido de la menor de las Greengrass. Estaba harto de ella, y no veía las horas, de que ella también lo hiciera, pero algo le detenía.
Su madre.
Narcissa Malfoy, mantenía las esperanzas de que su hijo se casara con una muchacha de familia sangre pura, y que el estatus social de los Malfoy, volviera a ser el mismo de antes.
-Quería pasar tiempo contigo…-murmuró la chica en su oído, intentando seducirlo.
-Bien. Vámonos de aquí.-sentenció para sorpresa de la chica.
No era común, que él aceptara lo que ella sugiriera.
-Draco, no vayas tan rápido…-le pidió la chica, pero él no la escuchó.
Necesitaba olvidarse de cierta persona, y Astoria, le ayudaría.
¿Y qué tal? ¿Tomates, algo…? Bueno, esto apenas comienza, pero Draco, ya empezó a mostrar interés… ¿Qué ocurrirá? Agréguenla a favoritos, si creen que da para más.
¡Besos!
Rosalie :)
