Capítulo 2: Negación…
El fin de semana había llegado antes de lo esperado, y tal como lo habían acordado, Hermione y los demás, se reunieron en la popular taberna de las tres escobas.
-Es horrible…-se quejaba Ron.
-¿Qué es horrible?-preguntó Ginny, dándole un sorbo a su cerveza de mantequilla.-Mi cerveza sabe exquisita…
Él, negó.
-Me refería a la idea de fomentar el compañerismo entre Gryffindors y Slytherins. Menuda estupidez.-respondió con desagrado.-El profesor Slughorn, nos ha dejado un proyecto en parejas y me ha tocado con Zabinni… Ese mortífago y yo, no dejamos de discutir…
Hermione, rodó los ojos. Ya era cómo la milésima vez, que Ron decía algo así.
En serio, ¿por qué, simplemente, no se olvidaba del tema y pensaba en cualquier otra cosa? Al menos, eso había funcionado con ella, y por momentos, la idea de que Malfoy fuera su pareja, ya no parecía molestarle tanto, además, Pociones no era la única materia en la que tenían que realizar trabajos.
¿Por qué Ron, no podía hacer lo mismo?
Además, soy yo quien tendrá que verlo, no él, se dijo la castaña esperando que la discusión terminara pronto.
-Bueno, no eres el único.-contestó Ginny resignada.-Lo han hecho con todos los años. A mí, me ha tocado preparar un trabajo para Flitwick con la insoportable de Astoria Greengrass… De todas las personas en ese salón, me tenía que tocar con ella.
-¿Y qué hay de mí?-inquirió Harry inmiscuyéndose en la conversación.-Tendré que soportar a Parkinson por cuatro meses…
Aquellas palabras, hicieron que la expresión de Ginny, cambiara radicalmente.
-¿Qué?-exclamó sorprendida.- ¿Por qué no me dijiste que te había tocado con esa arpía?
El azabache, sólo rodó los ojos; tal vez, arrepintiéndose de haberlo dicho.
Hermione, sonrió para sus adentros. Ginny, al igual que su hermano Ron, podía ser algo posesiva en sus relaciones.
Genes Weasley, pensó irónicamente.
-Hermione, hablaré con Slughorn…-murmuró Ron, interrumpiendo a su hermana.-Ese viejo no puede haberte colocado con el idiota de Malfoy…
Es muy temprano para esto, se dijo la castaña completamente cansada y hastiada del tema Malfoy.
-De ningún modo, Ron…-respondió su novia intentando no perder la paciencia.-Creo haberte dicho, que esto no es culpa de Slughorn… Es Mcgonagall, quien lo ha decidido.
Sin embargo, Ron no parecía entenderlo.
-Aun así, no confío en Malfoy…-murmuró mientras los demás sólo asentían.- Es un mortífago y no sé ustedes, pero creo que en vez de haber venido a Hogwarts, debería haber sido encerrado en Azkaban al igual que su padre…
-En serio, Ron, estoy bien… Sólo, hablemos de otra cosa, quieres?-sentenció Hermione, sin querer agrandar el asunto. Ya tenía suficiente, lidiando con otros problemas.
El pelirrojo, planeaba decir algo más, pero repentinamente, toda la conversación quedó en segundo plano, cuando vieron que una inusual pareja ingresaba a las tres escobas.
-¡Luna! ¡Aquí!-exclamó Ginny divertida mientras alzaba una mano para llamarla, pero su expresión cambió, tan pronto como vio al acompañante de la rubia.- ¿Pero… qué demonios? ¿Qué hace con Nott?
Todos giraron sorprendidos, mientras veían que en efecto, el slytherin de cabello castaño y porte elegante, se despedía de Luna.
Sin más problemas, la rubia fue a darles el encuentro con una sonrisa en el rostro.
-¿Qué hacías con él?-preguntó Ginny tan pronto como llegó.
-Estamos saliendo.-respondió sin más.
-¿Con Nott?-casi escupió Ron.-Debes estar loc…-pero no pudo continuar, porque Hermione lo calló.
¿Por qué tenían que ser así?, pensó la castaña al ver las expresiones de horror en los rostros de sus amigos. Todo eso, había quedado atrás. Luna, podía salir con quien quisiera.
-De todas formas, aún nos estamos conociendo.-murmuró algo tímida.
-Me alegro por ti, Luna.-le respondió la castaña esbozando una sonrisa.
Luego de eso, todos decidieron olvidarse del asunto y continuaron conversando de otros temas sin importancia. Rieron, bromearon e hicieron cosas que cualquier chico de su edad haría; y por un momento, pareció como si la guerra jamás hubiera ocurrido.
Eso fue extraño, porque no había día en que Hermione pudiera dejar de pensar en ello. A diferencia de su novio y de sus amigos, a la castaña le había costado mucho más, recuperarse de todas aquellas experiencias que habían vivido durante la búsqueda de los horrocruxes, pero había una en especial, que aún no podía borrar totalmente de su memoria.
Se mordió el labio inferior e intentó reprimir el recuerdo.
No, ahora, Hermione, se dijo a sí misma.
-Creo que veo doble…-exclamó Ginny dándole otro trago a su cerveza.
Aquello, despertó a la castaña de aquel trance.
-Debe ser porque es tu tercera cerveza de mantequilla.-murmuró su hermano.
-No más cervezas para mí.-respondió la pelirroja esbozando una sonrisa y haciendo el vaso a un lado.-Mañana, es el primer entrenamiento de quiddittch y no quiero quedar en ridículo, a diferencia de otros…
Ron, la miró de mala gana.
-¿Sigues siendo el capitán, Harry?-preguntó Luna.
-Aún lo soy, a menos que hayan decidido suplantarme.-respondió sonriendo.-Espero que no.
-Nadie te suplantará.-murmuró su novia, besando su mejilla.
-Por favor, no empiecen.-se quejó Ron.
Ginny, le mandó otra mirada fulminante a su hermano y de un momento a otro, la mesa se convirtió en un campo de batalla.
-Yo no digo nada cuando besas a Hermione.-le reclamó.-No te atrevas a prohibírmelo.
-Soy tu hermano mayor…
-Ron.-exclamó Hermione haciendo un gesto para que se callara.
-¿Por qué mejor, no damos una vuelta por Hogsmeade?-inquirió Luna para calmar los ánimos.-De todas formas, ya tomé algo con Theo…
La mayoría estuvo de acuerdo, y el resto de la tarde, continuó milagrosamente, sin discusiones. Cada quien buscó una manera de distraerse y cuando cayó la noche, retornaron al castillo.
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-Quédate…-murmuró Ron deslizando ambos brazos por la cintura de Hermione.
Ella entreabrió los labios para decir algo, pero nuevamente fue silenciada por los del pelirrojo.
Las manos del chico, se deslizaron por su espalda y causaron un leve estremecimiento en la castaña. Sabía a lo que eso llevaría y no tenían tiempo de seguir.
-En verdad, me encantaría hacerlo…-le respondió respirando un poco agitada.-Pero…
-Falta a las rondas, finge que estás enferma, o algo, pero no vayas…-le pidió acercando sus labios otra vez.
Ella, sonrió brevemente y se separó de inmediato.
-No puedo.-sentenció arreglándose la blusa.-Es la primera ronda del año, y Mcgonagall, estará ahí... Es importante.
Él, bufó con resignación.
-Demonios, desearía tanto volver a ser prefecto…-admitió Ron algo frustrado.
Ella, simplemente, sonrió de lado y se despidió de él, con un último beso.
Estaba enamorada, pero priorizaba sus responsabilidades antes que el amor. Hermione, sabía que aquello estaba mal, pero algunos hábitos no morían fácilmente y Ron, la comprendía.
De todas formas, se conformaba con lo que tenían, y aunque, tal vez, su relación no fuera perfecta, sabía que recién estaban empezando y esperaba que todo mejorara en el transcurso de los meses.
Cuando, salió de la sala común, se encontró con Neville, y juntos se dirigieron al corredor principal, donde Mcgongall y los otros prefectos, les esperaban.
Hermione, cruzó miradas con un par de alumnos, y se llevó una gran sorpresa, cuando notó que dentro de aquel pequeño grupo, se encontraba cierto rubio de ojos grises.
¿Qué hace él aquí?, pensó mientras intentaba concentrarse en otra cosa.
De pronto, la anciana directora, sacó una lista de su túnica y empezó a llamarlos por su apellido.
-Me alegra, ver a todos aquí.-murmuró la mujer dirigiéndole una mirada especial al joven Malfoy. La anciana confiaba en que el chico se había rehabilitado y por ello le había dado una oportunidad en el grupo de prefectos.-Creo que ya saben las reglas a seguir, el tiempo que durará cada ronda, los puntos que se quitarán de acuerdo a las infracciones cometidas, y como se manejan los horarios.
-Sí, profesora…-respondieron casi todos, a excepción de Hermione.
-Entonces, divídanse en parejas, y empiecen a patrullar los pasillos de cada piso.-les ordenó.
De inmediato, la mayoría de los alumnos, se emparejó con alumnos de sus propias casas, y aquello desató la ira de la profesora.
-De ninguna manera.-exclamó la mujer sorprendiendo a Hermione.-Estamos fomentando el compañerismo entre casas, especialmente entre gryffindors y slytherines. No tenemos tiempo que perder, sepárense y elijan otro compañero...
Al ver que nadie hacía nada, la profesora, llamó a su alumna predilecta.
-Señorita Granger, por favor, dé el ejemplo y únase con su compañero Malfoy.-le dijo seriamente, y sin querer escuchar protestas.-Señor Longbottom, vaya con la señorita Bulstrode…
Hermione, no pudo seguir oyéndola.
No podía ser verdad.
¿Por qué la profesora insistía en que ellos dos estuvieran juntos?
Pero, la anciana, tenía sus motivos. Minerva Mcgongall, esperaba que dos de sus mejores alumnos, demostraran que las rencillas pasadas, podían ser superadas y aquella estúpida rivalidad entre casas, al fin podía, quedar en el olvido.
Sin embargo, la mujer jamás habría imaginado, las terribles consecuencias que su decisión desencadenaría.
-Otra vez tú…-escuchó que Malfoy dijo tras ella cuando quedaron solos.
Hermione, aún no se olvidaba de lo ocurrido en clase de pociones, y nuevamente, tenía al rubio en frente.
-Sí, otra vez yo.-sentenció sin prestarle mucha atención. Sinceramente, lo ignoraría.
Eso era lo mejor que podía hacer en esos momentos.
Pero, parecía que él no planeaba hacerlo en esta ocasión.
-Así que, además de hacer la tarea de Slughorn contigo, también, tendré que patrullar a tu lado.-continuó.
Malfoy, había sonado como su antiguo yo, antes de la guerra.
Y eso, le dio una idea a Hermione.
-¿Tan desesperado estás por cambiar de pareja?-inquirió ella utilizando las mismas palabras, que él había usado en la clase de Pociones.
A Draco, le sorprendió que ella tomara esa clase de iniciativa. Granger, no se caracterizaba por discutir, y el rubio no podía negar, que esta inesperada reacción, le había agradado.
-¿Y eso te molesta, Granger?-preguntó dándole un nuevo giro a la conversación.
¿Qué demonios?, pensó ella confundida mientras alzaba la mirada y veía que en el rostro de Malfoy, sólo había seriedad, y ya no bromeaba.
No supo que responder. Repentinamente, se había quedado sin palabras.
¿A qué quería llegar con todo eso?
Tragó espeso, y cuando al fin, sintió que podía decir algo coherente, un par de alumnos se metieron un su camino y casi tropieza con ellos.
De inmediato, alzó su varita y al iluminar sus rostros, notó que eran niños de primer año.
-Vaya, vaya…-exclamó Malfoy arrastrando las palabras y dirigiendo su vista a los pequeños.-Tres hufflepuff, fuera de la cama…
Los niños se miraron entre sí, e intentaron excusarse.
-… Se nos hizo tarde en la biblioteca.-dijo el más pequeño.-No sabíamos que…
-Treinta puntos menos para cada uno.-les interrumpió el rubio, sin importarle oír el resto de su patética historia.
Hermione, abrió los ojos en sorpresa. ¿Cómo se atrevía?
-Malfoy, no puedes quitarles tantos, sólo han pasado quince minutos desde el toque de queda.-les defendió.
-¿Quieren que sean cuarenta?-inquirió el rubio observando a los niños, e ignorando a la castaña.
Los pequeños, intimidados por Malfoy, prefirieron no decir nada más y se fueron rápidamente de ahí.
-¿Por qué hiciste eso?-inquirió Hermione consternada.
-Porque quise.-sentenció aburrido e intentando no perderse en la mirada de la castaña, sin embargo, sus esfuerzos resultaban en vano y eso le enfurecía.
-No volverás a hacerlo.-le advirtió ella, sin imaginar la razón por la que Malfoy, había sido elegido para ser un prefecto.
-¿Y quién me lo va a impedir?-murmuró acercándosele más de lo permitido.-¿Tú?
El rubio, quería acabar con eso ahora mismo. No le interesaba lo que ella podía estar pensando en esos momentos, él sólo quería observarla fijamente, y no sentir lo que había sentido en la clase de pociones.
Sólo, quería comprobarlo. Sólo eso, y podría volver a su vida normal. Una vida en la que Granger no le importaba en lo absoluto.
Iluminó el rostro de la castaña con su varita, y vio algo que no quiso admitir.
Ella, estaba algo confundida, Draco podía notarlo, podía ver el nerviosismo en su mirada, podía ver aquellos ojos miel llenos de desconcierto, y en ese momento, por mucho que quiso evitarlo, se vio embriagado por las finas facciones de Hermione, e inconscientemente, se perdió en ese inocente rostro que nunca antes había podido observar con detenimiento.
Definitivamente, esto no estaba bien.
-No me has respondido.-exigió Draco, acortando la distancia, y quedando lo suficientemente cerca de Hermione como para que ella sintiera su fría respiración en el borde de su cuello.- ¿Te molesta que quiera cambiar de pareja?
Nunca antes habían estado tan cerca. Nunca. Y estar así, sólo hacían que Hermione se sintiera en medio del abismo.
¿Por qué hacía esto?, pensó con desesperación, mientras se mordía el labio inferior; aquello era un hábito del que aún no lograba deshacerse, y dejó de hacerlo, tan pronto como sus ojos se volvieron a cruzar con los de él.
La castaña, jamás había notado lo grises que estos eran, y nunca pensó, que con una simple mirada, Malfoy podría someterla a situaciones como estas.
Él la tenía, prácticamente, acorralada, y aquello, podía parecer una pesadilla, pero en esos momentos, ella no lo sentía así, de hecho, sentía todo lo contrario.
No, se dijo rechazando la descabellada idea que había cruzado por su mente. Esto está mal…
-No, Malfoy, no me molesta.-sentenció firmemente. ¿Creía que podía jugar con ella? Pues, no lo dejaría.-Puedes hacer lo que quieras…
Tan pronto como lo dijo, Draco, apartó la vista y continuaron con el recorrido, sin dirigirse la palabra.
Ninguno, quiso seguir pensando en que algo como eso acababa de ocurrir.
¿Sentirse así por alguien que en algún momento de sus vidas, habían odiado?
Tenía que ser una broma.
Gracias a todos los que comentaron el capítulo pasado, no creí que muchos agregarían esta historia a favoritos :)
Un beso enorme y prometo actualizar en un par de días.
