Capítulo 4: Prohibido e Incorrecto...

Habían varios libros sobre la mesa, y buscaba información que pudiera ser relevante, pero para Hermione todo parecía serlo.

Impacientemente, se fijó en el gran reloj que pendía en una pared de la biblioteca.

En verdad, deseaba que Malfoy no llegara. No quería tenerlo a su alrededor, lo quería lejos, muy lejos. Ya llevaba repitiéndose cientos de veces que esto sólo era parte de algún malentendido. Sólo estaba confundida.

¿Pero por qué los recuerdos de esa noche volvían a aparecer súbitamente en su mente todos los días?

La interrogante era constante, y probablemente, nunca podría ser capaz de responderla.

Decidió agregar un par de apuntes más en su cuaderno. Se iría, no lo esperaría.

Pero la suerte no estaba de su lado, y Malfoy apareció al cabo de unos minutos.

Sin decir absolutamente nada y como ya era de esperarse, el rubio tomó una silla y se sentó frente a ella.

Guardó silencio por unos segundos, mientras alzaba una ceja con arrogancia.

-¿Entonces, lo harás todo tu?-preguntó finalmente.

Hermione, prefirió ignorar esa actitud, y levantó la vista hacia él.

-De ningún modo.-dijo intentando sonar lo más seria posible.- Puedes empezar, buscando información en este libro.-le sugirió extendiéndole un pesado manual de hechizos. Trataría de tomar una actitud indiferente. Era en lo único que podía pensar ahora. Ignoraría todo lo demás.

Miró a Malfoy una última vez, y continuó con lo suyo.

Draco observó el libro frente a él, lo tomó entre sus manos e intentó concentrarse en algunas cosas. Pero lo cierto, era que no podía.

Se había prometido a sí mismo, que olvidaría todo lo demás. Theodore ya lo había notado, y pronto, muchos más podrían empezar a hacerlo. Aquella extraña sensación que sentía al estar cerca de Granger, no era más que una locura, y era así como debía quedarse.

Pero no entendía, porque sentía tanta frustración en esos momentos.

Esto es patético, pensó con cierta rabia. ¿Por qué debo hacerlo por ellos?, pero más que eso. ¿Por qué debo hacerlo?

Perdido en sus pensamientos, deslizó las mangas de su camisa hacía arriba, olvidando que el tatuaje de mortífago había quedado al descubierto.

Hermione, no pudo evitar notarlo. La marca tenebrosa en su antebrazo era bastante grande y llamaba la atención. La castaña presionó ambos labios, y sintió una ligera incomodidad.

Draco se sintió observado, y al alzar la mirada, notó lo que esos ojos miel veían.

Dejó salir un resoplido con impotencia, mientras se tapaba la marca con una mano.

-Lo siento.-aceptó de pronto. Había cierta molestia en sus palabras. Sabía que tarde o temprano, ese maldito tatuaje acabaría siendo visto por otros, y podía adivinar lo que ella estaba pensando.

Probablemente juzgándolo al igual que esas cientos de personas que querían verlo arruinado como su padre. Aun recordaba cómo la mitad de la comunidad mágica había quedado defraudada cuando escucharon que el hijo de los Malfoy no recibiría una condena, ni lo mandarían a Azkaban.

Los odiaba. Odiaba a todo el mundo, pero cuando volvió a prestar atención a esos ojos miel, no vio desprecio, ni aversión. Vio algo diferente.

Hermione, no esperaba esa respuesta, nunca lo habría esperado de Malfoy y trató de disimular.

¿Él, pidiendo disculpas?

-No tienes que hacerlo…-intentó decir ella mientras volvía su mirada al pergamino, pero fue interrumpida.

-Pero quiero hacerlo...-repitió Draco observándola con cierto interés.

La castaña, prefirió no decir nada más y volvió a bajar la mirada. Si seguía pensando en eso acabaría más confundida de lo que ya estaba. Supuso que Malfoy, en verdad había cambiado al finalizar la guerra, pero eso no tenía porque importarle. Todos lo habían hecho, en especial los mortífagos. Tal vez, él sólo fingía e intentaba hacer méritos para evadir la cárcel como su padre y...

Y estoy haciendo exactamente lo que me dije que no haría, se reprochó volviendo a concentrarse en su pergamino.

Ya le faltaba poco, y lo que menos deseaba, era tardarse. Había quedado en verse con Ronald a las nueve en la sala común, y no quería que él la esperara. La otra noche, no había tenido tiempo para los dos, y en cierta forma quería remediarlo.

Nuevamente, reinó ese silencio incómodo en el que sólo se escuchaba el sonido de su pluma cuando escribía. Despreocupadamente alzó la mirada y notó que Malfoy, seguía observándola.

¿Lo había estado haciendo todo ese tiempo?

-¿Qué, Malfoy?-le retó ella perdiendo la paciencia. Se sentía verdaderamente incómoda con eso y esperaba que dejara de hacerlo.

De inmediato, él desvió la mirada, y volvió a sus apuntes.

-Nada.-fingió volviendo a escribir.

En esos momentos, muchas cosas pasaban por la mente del rubio. Se había lamentado por su pasado en reiteradas ocasiones, pero ahora, debía añadir a todo esa lucha interna, la extraña sensación que se apoderaba de él cuando estaba cerca de ella; una chica que no era suya y con la que había tenido cientos de discusiones cuando eran niños. No podía negarlo, ella era hermosa, siempre lo había sido, y ahora, estando los dos completamente solos por primera vez en su vida, tenía ganas de... besarla.

Aquello fue como una traición a su propio ego y a sus "principios".

Maldita sea, pensó sintiendo que su orgullo quedaba por los suelos.

¿Por qué tenía que ser ella? ¿Por qué no podía ser cualquier otra? ¿Por qué, Granger?

Se sentía avergonzado, patético y confundido. No sabía lo que hacía, no sabía si esto en verdad era una locura, o un simple capricho, pero lo cierto era que quería besarla.

-Ya he terminado…-murmuró la castaña poniéndose de pie, y dirigiéndose a guardar varios de los libros que había sacado. Colocó cada uno en su lugar, y tuvo que ponerse de puntillas para colocar el último sin mucho éxito.

Demonios, pensó haciendo un esfuerzo inútil. Estaba por sacar la varita de sus bolsillos, cuando fue interrumpida por alguien más.

-Déjame hacerlo por ti.-le pidió una voz que la dejó petrificada.

Ella se giró inmediatamente, y encontró el rostro de Malfoy a escasos centímetros del suyo.

El rubio le quitó el libro de las manos, y sin más demora, lo colocó en su sitio.

-Gracias.-trató de decir Hermione sumamente confundida y fue incapaz de agregar algo más. Era como si estuviera volviendo a revivir los hechos que habían sucedido semanas atrás. Pero en está ocasión, no veía ninguna duda en la mirada de Malfoy, ahora era todo lo contrario, él parecía decidido y eso la aterraba.

Él, lo notó.

¿Acaso, la había puesto nerviosa? Claro, que lo había hecho, y eso sólo aumentaba las ganas que tenía por saborear sus labios.

Draco, no entendía que estaba mal en él. Todo podía ser producto de una extraña obsesión por lo prohibido, pero en ese momento, no le importó, mandó todo al demonio y si al le daban ganas de besar a Granger, entonces lo haría. La guerra había terminado y ya no había nadie que le ordenara que hacer.

Hermione estaba a punto de romper el contacto visual, su mirada gris era tan intimidante que ella no podía soportarlo, pero Draco actuó rápido, y antes de que la castaña pudiera irse, rodeó su cintura, y de inmediato acortó la poca distancia que les separaba.

El inesperado impulso, hizo que Hermione tardara en reaccionar. Pero cuando entendió que esto en verdad estaba sucediendo, entró en pánico e intentó resistirse, en serio lo hizo, trató de separarse y golpearlo, pero fue inútil, el rubio era mucho más fuerte que ella, y parecía que no tenía planeado dejarla ir tan fácilmente.

La tentación era demasiado grande. Su insistente toqueteo y la forma en que sus labios se adueñaban de los suyos, hicieron que su cuerpo terminara traicionándola, y por mucho que Hermione lo lamentara, acabó correspondiéndole. Aceptó el insistente beso y dejó que sus labios se unieran lentamente a ese cálido arrebato.

Malfoy tenía ambas manos en su cintura, pero decidió deslizar una de ellas por su espalda con la única intención de que ella se sintiera culpablemente a gusto. No se equivocó.

Sus labios moviéndose sobre los suyos, eran la perfecta combinación entre una pesadilla y una fantasía.

Pero antes de que él pudiera penetrar su boca, antes de que pudiera explorarla y hacer que ese beso se transformara en uno de verdad, Hermione consiguió acabar con su ilusión.

-Detente...-exclamó ella, alejándolo de él. Finalmente, lo había logrado y no estaba nada feliz con la situación.-¿Qué demonios te ocurre?-le espetó con una expresión de desesperación.

Sus mejillas estaban encendidas, se sentía en medio de un laberinto y el arrepentimiento no tardó en llegar. Lo peor de todo, era que aun podía sentir el sabor de Malfoy en sus labios, y eso la enfermaba.

De inmediato, cogió sus cosas y escapó de la biblioteca tan pronto como pudo. Ni siquiera pudo confrontarlo. Esto había sido demasiado.

Él la vio irse.

Había sido imprudente e impulsivo hasta el punto de forzarla a que cediera. Tal vez había sido un idiota, pero ¿eso significaba que se arrepentía? No, definitivamente, no lo hacía. Aquel beso sólo había servido para despertar en él ese extraño deseo por continuar con esta locura. Un deseo que nunca antes había sentido por nadie ni por nada.

Era prohibido, era incorrecto, pero no le importaba.

Él quería esto.


Draco y sus hormonas xD. Hermione acabará cediendo? Bueno, creo que ya saben la respuesta, jejeje. Espero que el capítulo les haya gustado. Prometo actualizar muy pronto :) Muchas gracias a Pauli Jean Malfoy y a damalunaely por sus lindos comentarios :D