Muchas gracias por los reviews y por las leídas!
Espero que disfruten del capítulo!
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Capítulo 8: Infiel...
Hermione sintió que las manos de Draco iban en dirección descendente hacia su abdomen. No corría el riesgo de ser descubierta, sabía que estaban a salvo de cualquier peligro o amenaza en la sala de menesteres, pero sentía que algo no estaba bien.
En un impulso colocó ambas manos contra el pecho del rubio, y rompió el apasionado beso que los había trasladado hasta aquí. Miro hacía abajo con cierta confusión y por la mente de la castaña, se entrecruzaron cientos de pensamientos, algunos de remordimiento y otros nada inocentes. Dejó salir un suspiro, sin ver fijamente a esos ojos grises que la acechaban, porque de hacerlo, sabía que sería incapaz de resistirse a esta placentera tortura.
Draco podía adivinar sus pensamientos, esa culpa, ese remordimiento, pero no quería que ella diera un paso hacía atrás, no podía perderla ni quería detenerse. Sabía exactamente lo que debía hacer, y esperando poder despejar las dudas de la castaña, volvió a hacerse dueño de esos suaves labios que ya se habían transformado en una adicción para los suyos.
Por primera vez saboreó su lengua de una forma más lenta y quiso demostrarle a través de sus caricias, cuanto la necesitaba. Aquel beso pareció desvanecer los pensamientos de culpa que habían en Hermione, y trajo consigo una sensación de intenso placer en su interior.
Las manos que continuaban contra su pecho, sorpresivamente, empezaron a abrir la camisa del rubio, desabotonando botón por botón,y sin romper aquella conexión que sus labios le proveían. No había forma de parar esto, había sido estúpido haber intentado detenerse o haber tratado de entrar en razón. La tensión sexual acumulada durante semanas, finalmente parecía liberarse y aunque estuviera cometiendo el peor de sus errores, ella estaba dispuesta a continuar.
¿Qué estoy haciendo?, pensó sintiendo el entusiasmo del rubio a través de las imparables caricias que él le proporcionaba. No lo sé, se respondió a sí misma.
Draco sentía que por fin podía saciar ese ímpetu que lo había arrastrado hacia Hermione desde aquella primera vez en la clase de Slughorn, aquel momento en el que había alzado sus ojos despreocupadamente hacia el frente, y la había encontrado ahí, convirtiéndose automáticamente en su nueva obsesión y despertando algo desconocido en él. Atracción, deseo, no lo sabía, sólo estaba seguro de que eso significaba algo. Algo que le asustaba y que temía admitir.
Soy un idiota, se había dicho la otra noche mientras pensaba en ella. Le parecía patético y vergonzoso, pero no porque se tratara de Hermione, sino por sentirse como un débil y verse traicionado por sus estúpidos sentimientos por primera vez en su vida.
-Draco...-susurró Hermione en su oído, y eso le hizo volver a la realidad.
Nunca antes lo había llamado por su primer nombre y ese fue como un recordatorio de que esto no era un sueño húmedo, de esos que él admitía haber tenido por las noches con ella. Esto, al fin era real.
Se miraron a los ojos por unos breves segundos, y Draco pudo ver que en esa mirada miel ya no había miedo, ni temor ni dudas.
Acercó su rostro y la besó lentamente, probando cada parte de sus labios y de su dulce lengua.
El corazón de Hermione, latía tan fuerte como el de Draco. Podía sentir las manos en su cintura, lo que eso empezaba a provocar en ella, la forma en que la tocaba. Era triste, pero debía admitir que nunca antes había sentido algo como esto en situaciones similares. Nunca con Ron, ni siquiera, aquella primera vez en la madriguera. Con él todo había sido tan diferente y apresurado.
En cambio, para sorpresa de Hermione, Draco se tomaba cada segundo para saborear sus labios y tocar suavemente su cuerpo. Como si en verdad, estuviera memorizando parte por parte y quisiera explorar más allá de lo que Ron alguna vez hubiera hecho.
Hermione presionó sus caderas levemente hacía las de Draco, y eso empeoró la situación. El beso se hizo más profundo e intenso, ambos podían sentir ese calor en sus cuerpos, más aún cuando Draco se deshizo de su camisa y la castaña deslizó su blusa quedando en brassier.
Inesperadamente, ella se apoyó en un viejo escritorio tras de sí, mientras Draco se colocaba entre sus piernas y las acariciaba detenidamente. Su piel era tan suave, que simplemente, perdería el control.
El rubio tuvo que contenerse de no ir tan rápido, no quería asustarla, quería que esta fuera una buena experiencia. Aunque sólo ocurriera una vez, Draco quería dejar una huella en ella; sin embargo sentía que probablemente sería al revés, él probaría de su propia medicina, porque no podía dejar de tocarla y cada caricia resultaba una adicción. Eso no era una buena señal y su cuerpo empezaba a advertírselo.
¿Por qué me sucede esto contigo?, pensó al mismo tiempo que sus labios se separaban levemente para poder respirar.
-¿Estás segura de esto?-dijo sorprendido de sí mismo. Draco no supo por qué lo preguntó. ¿Por qué quería que todo fuera así? ¿En qué momento se volvió considerado?
Hermione sólo respondió con otro beso como respuesta, y sabiendo que esa era la forma de decir que sí, él fue deslizando sus labios por la curvatura de su cuello. Se encargó de probar cada centímetro de su suave piel, besando y moviendo su lengua insistentemente. Un gemido escapó de los labios de Hermione, y Draco colocó una mano en su cadera.
-Estoy segura.-respondió ella finalmente en un jadeo irresistible.
Eso le dio seguridad al slytherin, la seguridad de poder aventurarse a tocar uno de sus pechos por encima del brassier, presionando suavemente y perdiéndose en la maravillosa sensación y textura de Hermione.
Ella presionó ambos labios intentando resistirse, podía sentir aquella tibia lengua cerca de su clavícula, deslizándose cada vez más hacía abajo, pero antes de que él pudiera ir más allá, ella lo buscó y besó sus labios otra vez. Gimió levemente en su boca y dejó que sus manos se perdieran en la cabellera platinada del rubio.
Suavemente, sintió que Draco fue dirigiendo una mano hacía el broche de su sujetador, y sabiendo que ella no se opondría, lo soltó, dejándola parcialmente desnuda frente a sus ojos.
Hermione sintió que sus mejillas ardían, probablemente, porque nadie a excepción de Ronald, la había visto así, pero no era una virgen, ni quería demostrar que estaba aterrada. Es Malfoy, detente, le advirtió su subconsciente una última vez, pero no lo logró. Mirando fijamente a esos ojos grises, rodeó el cuello del slytherin con ambos brazos y pegó sus senos al pecho desnudo del rubio.
-Te deseo...-susurró Draco masajeando suavemente uno de sus muslos por debajo de su falda.
-Lo sé...-le respondió con esa mirada cargada de lujuria que sólo él conocía y que provocó algo casi inexplicable en su interior.
Ella colocó una mano sobre el rostro de Draco, y le proporcionó otro beso hambriento, mientras él iba acariciando levemente por su entrepierna, haciendo una pequeña presión donde Hermione jamás pensó que Malfoy tocaría.
La castaña dejó salir un gemido involuntario, sintiendo que su cuerpo iba traicionándola de poco en poco.
Draco volvió a besar su cuello, dirigiéndose hasta un punto muy sensible bajo su oreja, besando y lamiendo, regocijándose al escuchar aquellos nuevos y suaves gemidos que escapaban de sus labios. Amaba su piel, empezaba a ser algo irresistible y no sabía cómo hacer para contenerse.
Hermione sabía que él dejaría una marca, estaba succionando su piel tan fuerte, que estaba segura que quedaría más de una huella en ese lugar.
No le importó. Su mente se encontraba lejos de la realidad; por ahora, sólo quería disfrutar de esto y nada más. Lo había logrado. Él había logrado transportarla hacía un mundo desconocido, quería más y por primera vez, sentía que podía ser ella misma.
-Draco...-gimió su nombre otra vez cuando sintió que él hacía más presión ahí abajo, dentro de su falda y en su centro.
Sus caricias eran perfectas, pero podía sentir la necesidad del rubio, como presionaba sus caderas más a las de ella, como la tocaba y lo duro que estaba.
Nunca pensó que ambos podrían llegar a este punto sin retorno. Aún podían detenerse, pero se hacia falta de una gran fuerza de voluntad y equilibrio, dos cosas que ninguno de los dos tenía en esos momentos.
-Esta bien...-susurró Hermione llamando la atención del slytherin.
Para sorpresa de él, ella dirigió sus delicadas manos hasta el borde de su pantalón y le instó a que descendiera su broche.
Draco estaba desesperado, el hecho de que ella tomara aquella inesperada iniciativa, colmó la lujuria que sentía por dentro. Hermione no dejaba de sorprenderlo, y eso provocaba un serio problema en él. Nunca antes había deseado tanto a una mujer, y ahora, lo hacía con locura. Estaba completamente desesperado por ella, quería estar dentro de ella, sentirla y escuchar su nombre en sus labios. No podía sopórtalo ni un segundo más.
¿Esto era grave?
Sí, lo era, pero él la deseaba y si podía tenerla entonces la tendría.
-Mírame.-dijo Draco con la voz cargada de deseo y como si estuviera diciéndole algo más que sólo eso.-Quiero que me mires…
Ella clavó su mirada miel, esa mirada inocente en ese perfecto rostro que atormentaba sus pensamientos. Y luego, Draco dirigió sus ojos grises hacia sus suaves labios, completamente húmedos por los besos desesperados y tan rojos por el descontrol.
-Eres tan hermosa...-murmuró al mismo tiempo que sellaba sus propios labios con los suyos y se colocaba más cerca de ella. Sintió que Hermione se estremeció un poco al mismo tiempo que gemía en su boca, pero nuevamente se aferró a su cuello mientras él apoyaba sus manos en sus caderas.
Quería ir lento, no era su estilo, jamás lo había sido, pero con ella todo era increíble.
Hermione sentía que su cuerpo iba reaccionando con cada caricia. Echó la cabeza hacía atrás y cerró los ojos lanzando un suave gemido.
-Bésame...-exclamó ella relamiendo su labio inferior y sintiendo que lo demás dejaba de importar.-Bésame, Draco...
Draco no podía pensar con claridad, sentía que aquella excitación al fin estaba siendo liberada. Jamás había imaginado que estar dentro de ella, podría llegar a causarle tantas emociones al mismo tiempo. Sólo eran ella y él, ocultos en la sala de menesteres, haciendo algo prohibido.
La besó, y dejó que sus lenguas se unieran en un lucha sin fin. Un beso desordenado y apasionado, profundo y húmedo. Hermione presionó el cabello rubio bajo sus manos, tirando de un mechón platinado, e intentando soportar estas nuevas sensaciones. Sensaciones que sólo él le había provocado y que continuaba haciéndolo.
-Demonios...-maldijo Draco cuando se separaron para tomar un poco de aire. Estaba perdiendo el control de todo, ella era perfecta, la veía y se decía a sí mismo, cómo diantres no lo habían hecho antes, cómo había podido estar cegado por aquella basura sangre limpia.
El placentero roce, hacia que ambos se sintieran perdidos en aquel éxtasis que sólo iba en aumento. Sus desesperados jadeos, se combinaban con sus agitadas respiraciones. Ninguno quería parar. Ella sentía que se derretía en sus brazos, y él sentía que estaba en el jodido paraíso, el placer era único y recorría su espalda como un tibio escalofrío.
-Mmh... n-no te detengas...-rogó Hermione presionando sus labios.-Draco...-gimió una vez más para satisfacción del rubio.
Él sabía perfectamente lo que sus palabras significaban.
No estaba en sus planes detenerse, continuaría hasta llevarse el último jadeo de Hermione. Se lo advirtió, le aseguró que estaba cerca de hacerla suya por primera vez, y Hermione le dejó seguir. Había sido clara en su petición.
-No lo haré, demonios...-sentenció él sabiendo que sería inevitable.
-Lo sé, Draco...-exclamó ella con la respiración entrecortada en su oído, mientras acariciaba su cabello tiernamente con sus manos.-Lo sé...
Draco amó cada palabra que salió de sus dulces labios, por pequeñas que fueran, él amó cada una.
Ella era única, por muy patético que fuera para un Malfoy, aceptaba que ella oficialmente acababa de convertirse en su nuevo capricho.
-Maldición... me haces... me haces sentir increíble.-admitió él luego de unos segundos, mientras sentía que su cuerpo entero recibía una oleada de placer al momento de penetrarla por primera vez.
Cada embestida empezaba a hacerse más y más prolongada. Era una realidad, Draco estaba cogiéndosela como tanto había deseado, finalmente esa castaña era suya y el era dueño de su cuerpo, si quiera por esa noche.
No le importaban los jadeos desesperados, o demostrar lo mucho que estaba disfrutando este momento, él sólo quería cogérsela como nunca antes nadie lo había hecho, quería hacerle sentir esas sencaciones que lo estaban volviendo loco. Jamás pensó que tener sexo con ella podría resultar ser lo mejor que le había pasado. Por mucho que le costará admitirlo, Hermione era mucho mejor que cualquier otra chica que hubiera estado entre sus sábanas.
Por primera vez en su vida, Draco se sintió algo avergonzado cuando descubrió que tenía que pensar en algo más, para evitar correrse pronto. Pero esa era casi imposible, más aún cuando su miembro disfrutaba de aquella estrechez y cuan apretada ella estaba.
Hermione gemía suavemente mientras buscaba sus labios con esa delicadeza encantadora que la caracterizaba. Con ese encantó femenino, que él admiraba tanto.
Draco rozó la punta de su lengua en el labio inferior de Hermione y la introdujo causando un jadeo de sorpresa por parte de ella.
Exploró su húmeda boca saboreando ese delicado momento y se dijo a si mismo, que ese era el mejor beso que había dado en toda su vida.
Le fascinaba sentir ese poder y el efecto que ambos se causaban mutuamente. Ella gemía por cada embestida y él hacía lo mismo cada vez que la penetraba. Estaban tan coordinados, como si siempre hubieran estado destinados a este momento.
Demonios, pensó Hermione creyendo que estaba bajo los efectos de alguna droga. Lo cierto era que nunca antes había disfrutado tanto del sexo. No sabía que un encuentro sexual podía ser así de placentero. Ciertamente, nunca antes había sentido algo así con Ronald. En aquellos cinco meses de relación. Su vida sexual no había sido de que tanto esperaba y en algún momento había llegado a creer que tal vez siempre sería así. Sin embargo, ahora Malfoy le estaba demostrando lo equivocada que estaba.
Draco aceleró sus estocadas hasta que las paredes de Hermione se contrajeron contra su miembro y entonces esa explosión los golpeó a ambos.
Se detuvo al mismo tiempo que la sintió estremecerse entre sus brazos y no pudo evitar correrse dentro de ella. Era imposible no hacerlo. Y sinceramente, lo habría hecho aunque ella no se lo hubiera permitido.
Hermione dejó salir un suspiro. Demasiado preocupada en disfrutar de su propio placer, que en saber cómo diablos lucía.
Probablemente, sus mejillas estaban sonrojadas, y su cabello estaba hecho un desastre como el de Draco, pero al diablo con todo eso. Ella había amado cada segundo de eso y no le importaba. Nunca antes había logrado correrse de esa manera y ciertamente, Draco era un increíble amante.
El rubio respiraba agitadamente, recuperándose de la increíble experiencia, y cuando Hermione le echó una breve mirada, le pareció notar que esto había sido algo más que sólo un desliz para él.
Sin poder evitarlo ella sonrió de lado, mientras colocaba un mechón castaño detrás de su oreja, y luego sostuvo el rostro del rubio entre sus manos. Sus mejillas estaban calientes y sus pupilas continuaban dilatadas.
Draco se sentía débil bajo el encanto que ella le producía. No podía explicarlo, ni tampoco quería perder el tiempo pensando en eso.
La castaña besó sus labios dulcemente, muy suave y lento. Provocando una ligera punzada en el interior del rubio.
Él intentó volver a la realidad, haciendo de aquel beso, uno más profundo y largo, no quería demostrar que era un completo idiota a su alrededor, pero ya era tarde para eso, Hermione había empezado a notarlo desde hacía bastante tiempo.
-Deberíamos regresar...-musitó ella sintiendo que los latidos de su corazón volvían a su ritmo normal, mientras apoyaba su rostro en su hombro.
Pero Draco rodeó su cintura con más fuerza y se lo impidió. Negó con la cabeza, mientras se separaba ligeramente para verla.
-No...-le advirtió enviándole una mirada que provocó un cosquilleo en la castaña.-No planeo dejarte ir después de esto... No aún...
Hermione esbozó una suave sonrisa que iluminó el rostro del slytherin.
-¿Y si intento resistirme...?-admitió ella para su sorpresa.
Draco sonrió en complicidad. Ambos sabían que ninguno de los dos podía hacerlo. Lo habían intentado, pero eso sólo los había traído hasta aquí.
Se miraron a los ojos por unos breves segundos mientras notaban que una extraña conexión había nacido entre los dos.
-¿Qué me has hecho, Granger?-preguntó hambriento de ella. Sólo lo habían hecho una vez, pero Draco sentía que nunca podría ser suficiente.
Se besaron nuevamente, mientras se iban deshaciendo del resto de la ropa que no habían podido quitarse durante la impetuosa primera vez.
Hermione se mordió el labio inferior, y volvió a desatar al dragón que el rubio llevaba escondido.
Era oficial, le había sido infiel a Ron, en pensamiento y en cuerpo, y probablemente, se lamentaría sobre esto por la mañana, lloraría y diría ¿por qué demonios lo hice?, pero por ahora, sólo por esta noche, continuaría en los brazos de aquel slytherin.
Continuará...
