Aquí les traigo un capítulo largo en compensación por los casi dos años que tardé en actualizar esta historia, es increíble ya haya pasado tanto tiempo. Debo admitir que he estado muy ocupada y sigo estándolo al 100%, pero si de algo estoy segura es que jamás abandonaré mis historias, eso se los puedo asegurar, aunque me tome tiempo en escribirlas, siempre buscaré la forma de terminarlas, no lo duden.
¡Tengo mucho que agradecerles! No puedo creer que esta historia haya llegado a los 24k de leídas. Muchas gracias por el apoyo constante.
Capítulo 9: Predicciones Inexactas
El otoño estaba por terminar, las hojas secas caían de los árboles, haciendo que sus pensamientos se tornaran más fríos y melancólicos como la estación que se acercaba.
Sentía la respiración de su novio colarse con la suya, mientras ambos se besaban. Y es que luego de haber transcurrido cerca de dos semanas desde aquella "traición", se preguntaba a sí misma que demonios había sucedido aquella noche.
¿En verdad había traicionado a aquel chico pelirrojo que ahora besaba con tanta pasión? ¿En verdad era pasión o sólo se trataba de un estúpido intento por olvidarse de aquel rubio al que sus labios tanto deseaban y extrañaban?
Aún se encontraba en una etapa de negación. Quería pensar que aquellas miles de sensaciones que Malfoy le provocaba, habían sido la causa de sus impulsivos y despreciables actos esa noche.
En su corazón y en su mente, Ron seguía siendo su novio y aquel hombre con el que siempre había soñado toda la vida. Quería aferrarse a eso, sin saber que sólo era un engaño de su mente.
Creía que una noche de locura y desenfreno, no podía acabar con todo lo que ella y el pelirrojo, habían construido. Sin embargo, Hermione sabía perfectamente, que ella había sido la primera en arruinar su propia relación. Una relación, por la que aún estaba dispuesta a luchar, y ni Malfoy ni nadie arruinaría.
Ron confiaba ciegamente en ella, y no sospechaba de nada, ni de los repentinos cambios de humor que su novia había demostrado últimamente. Para él, la relación continuaba estable, e ignoraba, que algo o alguien pudiera inmiscuirse entre ambos. Era Hermione, su chica.
-Tenemos que darnos prisa.-murmuró ella mientras detenía aquel inesperado beso que había dejado a su novio con ganas de mucho más.
Ronald no recordaba cuando ella se había vuelto más apasionada, pero lo cierto era que ahora lo era.
-Espera... Tenemos Adivinación. Trelawney, no lo notará.-exclamó Ron esperando que Hermione cambiara de parecer.-No ocurrirá nada, si faltamos a clases...
Ella negó de inmediato, esbozando una sonrisa mientras se acomodaba el cabello y su blusa.
-Eh, Sólo son dos hora... ¿Qué podría pasar?-preguntó animadamente y por alguna extraña razón, sintió algo de paz al decir eso.- Estaremos bien.-Y sin agregar nada más, tomó la mano de Ron y juntos se dirigieron a los salones del tercer piso.
A su llegada, la distraída profesora de adivinación, ya se encontraba dando algunas indicaciones a los alumnos.
-El tarot mágico es parte de nuestro mundo desde tiempos inmemorables... Es imprescindible que los alumnos de Hogwarts sepan cómo utilizarlo...-decía la mujer mientras anotaba algo en la pizarra.
Hermione fue la primera en ingresar al aula, pero al mismo tiempo que lo había hecho, había sentido como si los ojos de todos sus compañeros se hubieran posado sobre ella. Y un par de orbes grises resaltaban del resto.
Contrólate, pensó sabiendo que esto era parte de aquel tormento que ella se había autoimpuesto.
Se dejó guiar por sus instintos, y decidió ignorar la penetrante mirada de Malfoy que la acompañó durante todo su recorrido hasta encontrar unos asientos vacíos en la fila trasera.
Ella lo había estado evitando.
Todos los días, desde "aquella noche", Hermione lo había evitado. Eso estaba claro.
Inesperadamente, ella cambió sus turnos en las rondas, cambió las reuniones de prefectos, y cualquier otra cosa que pudiera cruzar el camino de ambos.
No podía verlo fijamente a los ojos, ni siquiera, podía dirigirle la palabra. La vergüenza y la culpa, era todo lo que temía mostrarle, pero más aún, temía volver a caer presa de sus encantos y bajos deseos. Porque sí, ella lo había disfrutado y mucho, más de lo que le gustaría aceptar. Esa noche, había sido mejor que cualquier otra, y una pequeña parte de ella, deseaba que se repitiera.
¿Qué demonios había hecho? ¿Cómo había dejado que eso pasara? ¿En quién se había convertido?, era lo que tantas veces se había preguntado mientras lloraba a escondidas.
Alzó y dirigió la vista hacia la profesora, sabiendo que Malfoy aún la observaba.
Draco lo había notado. Él no era un idiota como Ronald Weasley. A él, nadie, ni mucho menos Granger, podía engañarlo.
Sabía perfectamente, que ella era diferente a cualquier otra chica que hubiera tenido antes. Sabía que Hermione no volvería a caer tan fácilmente bajo sus redes. Pero Draco estaba seguro de que eventualmente ella volvería a ceder... Tomaría tiempo, pero ella lo haría.
-¿Qué tan lejos han llegado?-murmuró Theodore a su lado, mientras cerraba el libro de adivinación de un solo golpe y miraba fijamente al rubio con ambos codos sobre la mesa.-Pensé que habías dejado de lado ese capricho... Pensé que habíamos hablado sobre las consecuencias.-enarcó una ceja.
Draco dirigió su mirada hacia quien consideraba su único amigo. Esa mirada arrogante y que Theodore conocía bastante bien.
-Empiezas a sonar como un idiota.-le dijo rodando sus ojos grises, a lo que Theodore rió.-Capricho o lo que sea. Esto no es de tu incumbencia...
Theodore esbozó una sarcástica sonrisa una vez más.
-Presiento que esto no va a terminar nada bien, Draco.-murmuró al mismo tiempo que barajaba las cartas del tarot mágico que Trelawney había repartido en cada mesa.-Al menos, te lo advertí. ¿No es así?... Pero, no serías Draco Malfoy, si me hicieras caso, ¿Verdad?- continuó con el mismo tono burlón y echándole una mirada a Granger, y luego se concentró en Weasley.-Sí que es un idiota.-finalizó.
Draco decidió no agregar nada más referente al tema, sabía que a pesar de todo, a pesar de sus burlas y sarcasmos, podía confiar ciegamente en Theodore y que él siempre guardaría sus secretos, de la misma forma que el rubio había hecho con él.
-No puedo creer que nos estén enseñando esta basura...-sentenció Draco intentando despejar sus pensamientos y alejar a Granger de su cabeza por unos momentos, pero ahí estaba ella... nuevamente en su cabeza, y a pocos metros de él. Eso le desesperaba, no poder tocarla, besarla o volver a tenerla entre sus brazos como aquella noche. ¿Qué demonios le había hecho esa chica?
Nunca antes, había considerado rogar o siquiera pedirle algo a alguien. Pero el desprecio de Granger y la forma en que ella lo evitaba, aumentaban las ganas que el rubio sentía por tenerla otra vez.
Soy patético, pensó odiándose a sí mismo y arrugando una de las cartas en su mano hasta que quedó inservible.
Sí, probablemente lo era. Pero si Granger creí que podía librarse de él tan fácilmente, estaba equivocada. Capricho o lo que fuera, Draco se encargaría de demostrarle que ella era igual de despreciable que él.
-No creo en esto.-repitió Ronald por tercera vez mientras barajaba las cartas y observaba las extrañas figuras con curiosidad, probablemente, igual que muchos de sus compañeros.-Unas estúpidas cartas no pueden decirte el futuro inmediato... Eso no existe. Es igual que la bola de cristal. Mamá solía decir que...
Hermione apoyaba su cabeza sobre una de sus manos, mientras leía el libro de adivinación y repasaba el significado de cada una de las cartas, sinceramente, estaba más interesada en su lectura que en lo que Ron podía estarle diciendo en esos momentos.
Nunca antes pensó que podría descuidarse tanto en sus estudios, y más aún cuando se trataba de su último año. Ni siquiera sabía que hoy les tocaba la lección del tarot mágico.
-Lo sé, Ron.-murmuró ella alzando la mirada hacia su novio y quitándose un mechón de cabello que caía distraídamente por su rostro.-Tampoco creo en esto, pero hagamos un intento.-le confesó notando que el pelirrojo se había quedado mirándola fijamente en todo ese momento.
Dentro de ella algo se rompía cada día. Su novio seguía tan enamorado de ella como desde el primer día, y sin embargo, ella ya le había fallado de la peor manera que existía.
No te merezco, Ronald, pensó esbozando una falsa sonrisa para evitar que él sospechara algo.
-...cada uno deberá interpretar las cartas del tarot mágico a su compañero. Una tirada simple por ahora.-indicó Trelawney sonriendo y esperando que sus alumnos mostraran interés por el tema, aunque sabía que sería inútil. Nunca había logrado que nadie, además de unos pocos estudiantes, sintieran entusiasmo por sus clases.
-Las damas primero...-insistió Ron en un tono gracioso mientras tomaba las cartas.
Pero Hermione, se las arrebató y volviendo a sonreír, le dejó en claro que él sería el primero. Sinceramente, quería ver que tan buena había resultado esa fugaz lectura de minutos atrás.
-Veamos que tienen que decir esas estúpidas cartas sobre mí.-se burló el pelirrojo.
Hermione, empezó a barajar el tarot mientras intentaba concentrarse.
-Bien, creo que necesitaré el libro...-dijo ella mientras colocaba algunas cartas sobre la mesa y seguía las instrucciones de la profesora. No iba a mentir, no recordaba el significado de ninguna de ellas.
Ron alzó una ceja, y se sorprendió por aquella repentina acción. No era común que Hermione dijera algo como eso. Pero, decidió no agregar ningún comentario. Sabía que este no sería un año fácil para nadie, mucho menos para ella.
-Develemos el misterio.-insistió Ron cuando Hermione giraba la primera carta y mostraba la extraña figura de un mago.
El "alquimista", pensó la castaña mientras le echaba una breve mirada al libro. Aquella carta denotaba fuerza, iniciativa, o cualquier otro estúpido significado que la adivinación pudiera darle.
-Iniciativa, grandes triunfos...-murmuró Hermione sonriendo y relacionando todo aquello con el quidittch.
Ron asintió de inmediato y esbozó una sonrisa.
-¡Lo sabía!-exclamó entusiasmado, haciendo que Harry y otros alumnos volteasen a verlo.- Vamos a patear el trasero de Ravenclaw en el próximo partido. Ganaremos la copa este año. Lo sé. Te lo dije, Harry.-repitió orgulloso de sí mismo. A Hermione, le pareció algo inmaduro, y es que Ron había llevado repitiendo aquello desde que habían regresado a Hogwarts, pero si eso lo hacía feliz, entonces lo dejaría ser.
Sin embargo, aquella inesperada felicidad, pronto quedaría opacada por el resto de las cartas.
Hermione tomó la siguiente carta entre sus manos, y con un simple giró develó otra figura.
-Los enamorados...-musitó con cierta curiosidad, preguntándose por qué aquella carta había aparecido de entre todas las demás. Sin embargo, estaba en una posición diferente, la carta estaba invertida.
La castaña dirigió su mirada al significado, y cada palabra fue como una daga directa hacía ella.
Traición, fracaso... infidelidad.
En ese momento, Hermione se preguntó si acaso este era una clase de castigo por haberse burlado del tarot mágico. Se quedó quieta mirando la carta sin expresión alguna, e intentó pasar a la siguiente carta, esperando que sólo hubiera sido una estúpida coincidencia, pero la nueva carta también se encontraba invertida y expresaba infelicidad, rabia, discusiones y nuevamente, traición.
-Son predicciones inexactas...-murmuró sin saber muy bien que decir ante la insistente mirada de Ron, quien empezaba a notar que algo le incomodaba.- Sólo denotan éxito y cosas generales... No es necesariamente cierto.-se excusó mirando el tarot una vez más.
Ron sonrió pensando en lo gracioso que podía ser eso, e intentó tomar una de las cartas, pero Hermione se la arrebató de inmediato.
Por Dios, contrólate, pensó nerviosamente, mientras él alzaba una ceja ante la repentina acción.
-Herms... ¿Qué sucede?-le preguntó preocupado.
Hermione tragó espeso, sabiendo que se lo merecía por lo que había hecho, podía decirle la verdad ahora y acabar con ello… ¿En verdad podía hacerlo?
No… no, eso jamás sucederá. Él no debe saberlo. Jamás lo sabrá, se dijo sabiendo que era una locura el solo pensarlo.
-Esto no es verdad... No creo en esto.-sentenció un tanto asustada, no sabía qué hacer con esas malditas cartas, sólo quería deshacerse de ellas.-Es sólo basura...-insistió.-No creo en esto.-repitió esperando que Ron le creyera.
-Hermione, yo tampoco creo en esto.-le dijo Ron despreocupado y creyéndose todo el cuento.-Pero es tu turno...
Ella se quedó de piedra, de ningún modo dejaría que Ronald le leyera las cartas y revelara la verdad.
-No, Ron...esto es estúpido.-sentenció poniéndose de pie.-Esta materia es estúpida... Debo ir al despacho de la directora, he dejado algunos asuntos pendientes y no quiero retrasarme. Nos vemos en la cena.-murmuró cogiendo sus cuadernos a toda prisa. Y sin mirar a atrás, salió del salón. Ron, no se sorprendió por ello, no era la primera vez que Hermione hacía algo como eso en clase de Adivinación, pero en esta oportunidad no había visto ninguna amenaza en aquellas inofensivas cartas.
Casi todos los alumnos presenciaron aquella situación, haciendo que más de uno se preguntara qué demonios había sucedido con la pareja. Pero había alguien que parecía sospechar.
-Mierda...-susurró Draco por lo bajo, pensando lo peor.
Aquellas malditas cartas habían revelado muchos secretos mientras Theodore le había hecho la había leído el tarot a él también. Sin embargo, Draco no tenía ningún problema, sabía que su mejor amigo guardaría el secreto, pero Granger no tenía la misma suerte.
Demonios, pensó mirando a la pareja. ¿Acaso Weasley lo había descubierto todo? ¿Acaso ella no podía haber fingido mejor?
Se puso de pie repentinamente, al mismo tiempo que Theodore le lanzaba una mirada atónita, cómo si le estuviera diciendo: ¿Qué carajos estás haciendo?
-¿Draco, qué demonios? -inquirió el castaño al ver que el rubio le dirigía una mirada inexpresiva y luego caminaba en la misma dirección que Granger.
Harry, quien se encontraba a pocos metros de ellos, también presenció aquella extraña escena con Ron y Hermione, pero se le hizo más raro, ver la reacción de Malfoy.
Se sintió confundido al verlo actuar así. ¿Por qué él también se había retirado del salón de la misma manera que la pareja? ¿Acaso iba tras ellos?, se preguntó mientras le echaba una mirada a Nott y esté miraba rápidamente hacia otro lado.
Theodore prefirió evitar la mirada de Potter sobre él y decidió ignorarlo antes de que alguien más pudiera empezar a sospechar sobre el extraño comportamiento de Draco.
Ron tomó la mano de Hermione y la hizo volver. Ella no dijo nada y vio directamente a sus ojos.
-Sé que algo está sucediendo.-le confesó, mientras la castaña pestañaba dos veces y sentía que su mundo empezaba a derrumbarse.
¿Acaso Ron... lo sospechaba?, pensó en un apresurado intento por saber cómo demonios lo había averiguado. Era imposible que él pudiera haber visto las cartas.
-Ron... ¿Qu-Qué quieres decir?-intentó murmurar con la voz quebrada, pero de pronto, el pelirrojo la abrazó y se quedó así junto a ella por unos largos segundos.
Ella se quedó petrificada.
-Sé que la guerra nos ha dejado muchas secuelas... Pero estoy aquí para apoyarte, Hermione.-sentenció, al mismo tiempo que ella sentía un aguijón en su corazón.
Ese era el abrazo que ella necesitaba y que estaba buscando.
Perdón, Ron, perdóname, era lo que más deseaba decirle, y sin embargo, ahí estaba ella, fingiendo el papel de la novia ejemplar que jamás sería.
-Estoy bien...-le dijo Hermione presionando los labios para evitar llorar.-Sé que estás aquí para mí, Ron... S-Sólo estoy confundida... Estaré bien... Quiero agradecerte por todo y cada una de las cosas que has hecho por mí. Eres el mejor.-murmuró esbozando una débil sonrisa.
Ron continuaba sosteniéndola entre sus brazos. Estaban muy juntos, sus narices se tocaban, sus labios casi a punto de darse un beso, un momento mágico, pero fue cuando en ese preciso instante, alguien más interrumpió la romántica escena.
Sólo consiguieron voltear para ver de quien se trataba, más no se separaron.
Draco les echó una mirada desprecio que pasó inadvertida por el pelirrojo, pero Hermione pudo ver que en esa mirada, además de desprecio, había odio y una furia que nunca antes había visto en él.
La castaña se quedó quieta, y cuando Draco se hubo marchado, volvió a tomar la mano de Ronald.
-Tienes razón... Nunca debimos venir a esta clase.-sentenció completamente arrepentida y deseando que nada de eso hubiera pasado.-Vámonos de aquí, Ron...-le pidió besando sus labios y decidiendo pasar el resto del día con él.
Eso era lo que ella quería hacer, pasar tiempo con su novio y salvar su relación, aunque por dentro se sintiera la persona más miserable del planeta.
Sin embargo, en esta oportunidad, no sólo se sentía así por Ronald, también lo hacía por Draco.
No entendía por qué demonios, se había sentido tan mal por él, cuando los vio. No entendía por qué había sentido como si le estuviera fallando a él también.
¿En qué clase de persona se había convertido?
Ciertamente, si sus padres lo supieran, no sentirían ni una pizca de orgullo por ella.
El gran comedor nunca estaba en silencio, y menos aun cuando los alumnos se encontraban ahí. El ruido de los jóvenes hablando y bromeando, no hacían sospechar que una gran guerra había ocurrido hacía un año en ese castillo, ni que tantas personas hubieran fallecido a causa de ella.
Draco dejó salir un suspiro durante la cena, no había probado ni un solo bocado. Todas esas malditas personas siendo felices, y él no. Su padre y toda esa basura mortífaga, lo habían estigmatizado al punto de sentir que ya no tenía ni una sola oportunidad en la vida. Y en lo único que creía haber hallado confort, ahora le era arrebatado por un sucio pelirrojo.
Se odiaba a sí mismo por no dejar de pensar en ella. En verdad, Granger era una zorra y de las peores que existían. La otra noche, había tenido sexo con él, y ahora daba esa clase de repulsivas escenas y cursilerías con el imbécil de Weasley. En verdad, era muy buena actuando y fingiendo ser la inocente. Theodore tenía razón.
-Zorra…-dejó salir por lo bajo y sin poder sacarla de su mente.
Pensaba y pensaba, y sin embargo, no podía dejar de desearla y envidiar al estúpido pelirrojo que en esos momentos estaba sentado al lado de la castaña y que reía por alguna broma que ella había hecho.
Inesperadamente, ambos cruzaron miradas, primero ella quien parecía algo insegura, y luego él completamente decidido. Polos totalmente opuestos.
Esa era la primera vez que se miraban fijamente desde la mañana.
Ella lucía calmada, aunque Draco podía adivinar que por dentro ella se sentía al borde del abismo. Nunca imaginó que Granger podría ser buena lidiando con estas situaciones, pero nunca sería lo suficientemente buena.
Astoria giró su rostro hacia su novio y notó que Draco miraba fijamente hacía la multitud, miró en la misma dirección que el rubio, pero no pudo descubrir a que o quien, estaba mirando.
-Draco... ¿Puedes pasarme el zumo de calabaza?-le preguntó intentando llamar su atención. Se acomodó su larga cabellera azabache e hizo aquel ademan petulante que la caracterizaba.-Draco...-insistió una vez más, en esta ocasión tomando su mano.
El rubio le echó una mirada a su novia, y sin dudarlo ni un minuto más, atrajo su rostro y le dio un beso que dejó poco a la imaginación de los presentes.
De inmediato, Hermione supo que esto era parte de aquel macabro juego que Malfoy había iniciado, y al cual, ella ya pertenecía.
Aquella despreciable escena, hizo que la castaña mirara hacía otro lado, dejará salir un largo suspiro y que volviera a inmiscuirse en la conversación de Harry y Ginny como si nada hubiera sucedido.
Eso no debía importarle, Greengrass era su novia y él podía hacer lo que le viniera en gana con ella, aunque por dentro se sintiera decepcionada, incómoda y como si algo también hubiera fallado, ella debía ignorarlo.
La escandalosa escena terminó ante el asombro de la mayoría de slytherins que se encontraban frente a ellos. Nadie había presenciado algo así antes, nunca habían visto que Draco besara a Astoria como si en verdad la amara. Todos estaban sorprendidos, a excepción, de Theodore quien estaba sentado a su lado, y tenía un gesto de desconcierto en su rostro.
-¿Terminaste?-le preguntó el castaño mientras lo miraba con cierta ironía. Sabía perfectamente, por qué su mejor amigo había hecho eso.
Draco, le restó importancia a sus palabras. Ya había logrado su objetivo. Lo sabía. Sabía que ella había sentido lo mismo que él sintió por la mañana, cuando los vio.
-No, Theodore, no he terminado.-subrayó Draco mirando hacia la mesa Gryffindor con esos aires de superioridad innata.-Esto apenas ha empezado.
Eso no tiene por qué importarme, pensó Hermione recostada contra la pared de uno de los largos corredores. Se cruzó de brazos y cerró los ojos por unos segundos.
Ambos tenían la culpa. De una forma u otra, ella también se había prestado para ese sucio juego y ahora veía las graves consecuencias en las que ella misma se había metido.
Esperaba que Williams, llegara pronto a su turno. Ya eran más de las ocho, y Hermione no lo veía por ningún lado.
La castaña no estaba con el mejor de los ánimos. Desde que la cena había terminado, estaba fastidiada y pensar en todo lo que había sucedido durante el día, la atormentaba.
Detente. Tú tienes a Ron, prometiste que tus sentimientos serían para él, y únicamente hacía él, se reprochaba mirando la nada. Eres una idiota.
Se sentía tan confundida y hecha un completo desastre, sus sentimientos se encontraban profundamente desordenados. Si sólo alguien pudiera ayudarla, si tan sólo pudiera hablar con alguien sobre esto. ¿Pero quién? ¿Quién podía ser tan despreciable como ella y que hubiera hecho lo mismo?
-Vaya, que conveniente…-murmuró una voz viperina desde los pasillos.- ¿Sufriendo en silencio?-continuó con burla.
De pronto, una alta figura se apareció abriéndose paso entre la oscuridad.
-¿Malfoy…?-inquirió Hermione completamente confundida.- ¿D-Dónde demonios está Williams?...
Él no dijo nada.
-¿Qué demonios haces aquí?-continuó ella completamente ofuscada y sabiendo que nada bueno saldría de ahí.-Tú no tienes que estar aquí. Iré a buscar a Williams y no vuelvas a cambiar los malditos turnos…-le dejó en claro, buscando salir de ahí.
Draco la analizó por unos breves segundos, y luego esbozó una sonrisa disfrutando lo que diría.
-¿Te gustó lo que viste?- inquirió el rubio sin darle más vueltas al asunto.
Por un segundo, Hermione no supo cómo esconder su reacción. No sabía qué demonios hacer. No sabía si salir de ahí o enfrentar a Malfoy.
-No sé a qué demonios te refieres...-respondió sin más y evitó hacer contacto visual con él.
Draco volvió a sonreír y se acercó a ella.
-Sabes perfectamente de lo que estoy hablando, Granger. Responde.- le exigió mientras aún mantenía cierta distancia.
Él se refería a lo ocurrido con Astoria. Pero si lo que el planeaba era herirla, entonces ella también lo haría. No dejaría que él la humillase de ninguna manera.
-No lo sé, Malfoy. ¿A ti te gustó lo que viste…?- le preguntó Hermione en referencia al episodio que había ocurrido con Ron por la mañana, y finalmente hizo contacto visual con él.
Esa fue la gota que derramó el vaso. Él no había esperado esa respuesta, ni mucho menos verla con tanta seguridad. De inmediato, se acercó a ella y la empujó contra la pared.
-¿Crees que eres perfecta, Granger…? ¿Qué puedes jugar a ser la novia ideal y salir intocable?-le reprochó peligrosamente cerca.
-No soy perfecta. No creo serlo.-sentenció evitando caer en su encanto.-Sólo quiero terminar con esto.-le dijo intentando guardar compostura.
-No. Eso no es lo que quieres...-le respondió Draco en un intento por leer su rostro.-Te sientes terrible por lo que has hecho, pero no quieres que esto termine. Sé que quieres seguir con esto.-Draco fijó su mirada en sus suaves labios y tuvo el impulso de besarlos por tenerlos tan cerca a los suyos.
Iba a hacerlo y volvería a encender esa pasión que sólo él era capaz de provocar.
Hermione, quería que él lo hiciera, extrañaba todas esas sensaciones que él causaba en ella, pero por un breve instante, pudo pensar con cordura.
-No, espera... Yo no soy así, Draco.-le dijo sintiendo que su corazón ardía y que su voz se volvía aguda, casi débil. Toda la seguridad que creía haber tenido antes, se había ido al tacho, al volver a sentir que caería en su juego una vez más.-Yo no puedo hacer esas cosas... No he podido dormir, ni siquiera puedo pensar... No sé cómo lo haces, pero yo no soy así... Yo no puedo seguir con esto.-sentenció cambiando su actitud a una de desesperación.
Hacerse la víctima, no serviría de nada. Lo peor ya había pasado, y no había nada que pudiera hacer para regresar en el tiempo.
Por un segundo, quiso tener aquel giratiempo de vuelta en sus manos, pero era inútil. Hacía mucho que Mcgonagall había mandado a destruir todos y cada uno de ellos.
-Granger, eres peor que yo.-le interrumpió esbozando una sonrisa, ese tipo de sonrisa que Hermione conocía muy bien.- ¿Crees que puedes escapar así de simple…? Seamos honestos, tú no quieres escapar… De hecho, sé cuánto disfrutas esto y cuánto te gusta que te caze.
Hermione se mantuvo en silencio por unos segundos y dejó salir un suspiro.
-Ve con ella y déjame en paz…-le dijo de una vez por todas.-Ve con Astoria y olvídate de mí.
O esto se acababa hoy o no se acabaría jamás.
Y Draco, lo sabía, al fin había podido ver la determinación en su rostro. Por muy débil que ella fuera, él sabía que fácilmente, podía perderla para siempre, y por mucho que la despreciara por el simple hecho de desearla, no dejaría que eso sucediera.
Ese desprecio, sólo era una forma de ocultar las extrañas alteraciones que ella había provocado en sus sentimientos. Esto se estaba alejando de lo que en un inicio había sido un capricho.
-No es a ella a quien quiero…-musitó sin más remedio y sintiendo que algo dentro de él estaba a punto de estallar.-Y tú lo sabes… Sabes porque hice lo de la cena. Demonios, lo sabes.-sentenció sintiéndose irremediablemente perdido por el encanto que ella producía en él, y decidió ver hacía el vacío. No quería que ella adivinara sus pensamientos, pero lo cierto era que ya lo había hecho.
Hermione sintió un impulso en su interior y también miró hacia abajo. Ya no eran niños, y no podían ser tan inmaduros respecto a algo como eso.
-¿Por qué… P-Por qué hacemos esto?-le preguntó a Draco en busca de alguna respuesta que pudiera darle consuelo a su corazón, e inevitablemente estiró una mano hacía él.
Draco alzó su mirada y luego de guardar silencio por unos segundos, se dejó llevar.
-No lo sé…-sentenció tomando su mano y la entrelazó con la suya. Nunca antes había sentido algo así, sentía que no quería pelear ni discutir, simplemente, quería disfrutar del momento.-Podríamos detenernos aquí y acabar con esto…-continuó sorprendiéndose de sus palabras.-Pero no quiero… No quiero detenerme.
Hermione podía sentir su mano entre la suya, y se sentía tan bien, encajaban perfectamente y jamás lo había visto actuar así. Era la primera vez que se sentía realmente conectada con Draco.
-Quisiera que todo fuera diferente.-sentenció ella colocando su otra mano en la mejilla de Draco. Había sido un movimiento arriesgado, pero no le importó. Supo que había hecho lo correcto.
Él cerró los ojos y esa fue la primera vez, que sintió que alguien demostraba un cariño auténtico y empatía hacía él. Sabía que Hermione no mentía. Por increíble que pareciera, sentía que podía confiar en ella, sentía que podía contarle todos sus secretos, y que aun así, ella no lo despreciaría.
Sea lo que haya sucedido en el pasado, no importaba, lo cierto era que ambos querían vivir en una realidad diferente en la que no pudieran ser juzgados por sus acciones.
-Yo también.- le confesó Draco abriendo los ojos.
Ambos mantuvieron contacto visual por unos segundos más, el momento fue tan diferente a otros que habían tenido las veces anteriores, no había presiones, ni miedos.
Draco decidió jalar de su mano y luego se colocó sutilmente detrás de ella. Hermione podía sentir su tibia respiración al borde de su cuello.
Él comenzó a deslizar una de sus manos peligrosamente por su cintura. No podía evitar tenerla tan cerca y no tocarla, eso era imposible. Ella entreabrió los labios como si fuera a protestar, pero no pudo hacerlo, no cuando él empezó a acariciarla por encima de su falda. Se sentía demasiado bien.
Su mano continuó explorándola hasta perderse por debajo de la tela y tocó su muslo derecho directamente. La piel de Hermione era tan suave y tibia, que Draco volvió a sentir aquel inevitable calor y placer otra vez. La sensación era increíble, no podía negarlo.
-Tan suave... No podía olvidar lo suave que eres.- murmuró olvidándose de la situación y deslizando la punta de sus dedos por la piel de Hermione.
Curiosamente, en esta ocasión, Hermione no había puesto resistencia, por el contrario, no podía negar lo excitante y placentero que le parecía todo esto. Malfoy tenía un modo de tocarla, que no necesitaba hacer más para lograr tenerla bajo sus redes. Era como si estuviera bajo su poder, ese poder que sólo esos ojos grises podían provocar en ella.
-Oh demonios, d-detente...- murmuró Hermione levemente. Pero ambos sabían lo que eso significaba. Era lo único que la castaña podía decir a modo de defenderse. Era más su subconsciente hablando, más no ella.
Draco esbozó una sonrisa mientras tocaba sus bragas y empezaba a colar dos dedos entre ellas.
-Sabes que no me detendré... Tú lo deseas.- le obligó a mirarle a los ojos con una de sus manos y rozó la punta de sus labios con su pulgar.-Y yo también…
Eso era cierto...
Hermione se concentró en su mirada, y se mordió el labio inferior encendiendo la lujuria en Draco. Sus ojos grises brillaron ante aquella acción, y no dudó en acercar sus labios a los de ella.
Llevaba soñando con probar sus labios desde la última vez, rogaba hacer esto desde hacía tanto, la deseaba, y no le importaba que eso fuera en contra de su propio ego, ahora mismo, no dejaría que nada lo detuviera.
Se embarcaron en un beso profundo. Uno de aquellos que se daban con pasión y se buscaba explorar todo del otro.
Hermione empezó a gemir. Era inevitable no hacerlo, estaba completamente estimulada. Él se había hecho dueño de sus labios y ahora movía dos de sus dedos contra su clítoris para incrementar el placer. Hacia círculos en forma lenta, sabiendo que eso la haría perder la cordura.
Ella estaba tan húmeda, tan suave, igual que esa noche.
-No podemos hacerlo aquí...- murmuró Hermione aprovechando que Draco había interrumpido el beso por la falta de oxígeno. Ella respiraba agitadamente y se relamió aquellos labios completamente enrojecidos por culpa de Draco.
Eso lo volvió loco y no prestó atención a sus palabras. Estaban en un rincón oscuro. Nadie los encontraría y sinceramente, estaba demasiado excitado como para detenerse y buscar otro maldito lugar.
-Sólo confía en mí...- exigió el rubio con la mirada completamente encendida y el pensamiento nublado, en lo único que podía pensar era en ella.
-No, espera... No aquí...- insistió Hermione, mientras sentía que la mano de Malfoy se movía más y más entre sus húmedos pliegues.-Oh, por dios, Draco...-gimió placenteramente.
Malfoy lo había logrado. La había excitado como no tenía idea y ahora, Hermione, se sentía al borde del orgasmo.
Draco esbozó una sonrisa de lado, e introdujo uno de sus dedos sin dejar de acariciar su intimidad. Era tan suave y húmeda, que no podía imaginar no volverla a tocar. Sabía que ambos estaban envueltos en un peligroso círculo vicioso del que eran incapaces de escapar.
Hermione podía sentir la hinchada erección del rubio detrás de ella. Eso la estaba consumiendo en la más placentera tortura. Gimió mucho más. Ella había llegado al punto en que no le importaba si eran descubiertos o si alguien les veía. No quería que Draco se detuviera.
-Oh…-gimió mordiendo su labio inferior por milésima vez.-Esto… Esto es increíble.-admitió Hermione, mientras Draco continuaba deslizando sus dedos dentro de su húmeda intimidad, rozaba aquel punto frágil que la hacía sentir en el verdadero paraíso.
Él estaba completamente satisfecho con las reacciones que había provocado en ella. Se sentía su dueño, aunque no lo fuera.
-Tan suave…-repitió recordando lo estrecha que era.- Vente para mí…-le ordenó con aquella seductora voz que el rubio poseía.-Quiero que te corras para mí.
Hermione lo sentía cada vez más cerca, estaba en el punto donde no había retorno, gemía con más intensidad y desesperación, todo parecía temblar a su alrededor.
-Draco, voy a…oh, dios, voy a…- murmuró sin poder evitar decir su nombre, y complaciendo al chico de una forma que jamás pensó que lo haría.
Con su mano derecha, el rubio presionaba apasionadamente uno de sus senos por debajo de su blusa desabotonada, sintiendo su suave pezón bajo su palma.
-Ahora… Hazlo, ahora...Vente en mi mano o tendré que bajar a probarte para que lo hagas.-repitió Draco aumentando las penetraciones con ambos dedos en su interior, ella estaba completamente húmeda y fácilmente logró alcanzar aquellos espasmos cargados de placer.
Y así lo hizo. Su cuerpo entero había sido embriagado por esa increíble sensación que un orgasmo traía consigo. Ella se había corrido como nunca pensó que podría hacerlo, y cuando creía que nada podía ser mejor que la última vez que habían tenido sexo, ahora sucedía esto.
¿Qué demonios estaba pasando? Cada vez era mejor y mejor.
Draco la giró para tenerla por fin frente él y esbozó aquella sonrisa arrogante que Hermione empezaba a amar.
¿Qué demonios podía decirle ella? Nada, ciertamente, nada. No podía gritarle o molestarse con él por lo que había sucedido. Le había dado lo mejor que el sexo podía ofrecer y algo que nunca había sentido con Ronald, algo que ni si quiera sabía que podía ser así de bueno.
La primera vez había sido espectacular, pero ahora todo era increíblemente mejor.
Antes de que Draco pudiera decir algo, ella juntó sus labios a los suyos y lo besó con una pasión desesperada. Los labios de ambos estaban completamente húmedos por aquel beso ardiente y las manos de Draco, no podían soltar sus caderas. Quería más de ella. Nunca sería suficiente.
Ella debía retribuirle de alguna manera, y Hermione sabía exactamente cómo hacerlo.
Sus cuerpos estaban muy juntos, aquel beso se tornaba más largo y excitante. Inesperadamente, la castaña rozó con su mano aquella gran erección que sentía contra ella.
Draco dejó escapar un placentero gemido, y se maldijo mentalmente, por haber quedado al descubierto.
Sí, al igual que él tenía ese poder sobre ella, Hermione también lo poseía sobre él. Y aquello la hizo sentir demasiado bien consigo misma en mucho tiempo.
Por mucho que él se jactara de cuanto ella lo deseaba, sabía que Draco estaba más que loco por ella.
-No te detengas...-le ordenó el rubio sabiendo como terminaría esto. Maldita sea, ella era su droga.
Hermione sonrió de lado mientras deslizaba una de sus manos dentro del pantalón del rubio y sentía plenamente su erección. Draco entreabrió los labios y se sintió rendido ante ella.
-No me detendré.-le respondió Hermione con esa suave voz que él adoraba.
Ella continuó besando sus labios con una pasión desesperada, mientras no dejaba de tocarlo.
Draco enarcó una ceja y no pudo evitar sentirse más que complacido con la iniciativa que ella había tomado. Granger era su perdición, era imposible no sentirse más y más adicto a ella.
-Demonios, me vuelves loco, Hermione…-sentenció cerrando los ojos y dejándose llevar.
¿Si quiera ella había hecho algo como aquello con Weasley?
Draco apostaba que no.
Cerró los ojos sintiéndose completamente desarmado y apretó los labios cuando sintió que ella continuaba masajeando su dura erección.
Echó la cabeza hacía atrás, no quería parecer que lo estaba disfrutando tanto, no quería gemir, no quería verse tan vulnerable ante ella, y sin embargo, no podía evitar hacer cada una de esas cosas y mucho más.
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