¡Hola! Al fin, otro nuevo capítulo. Muchas gracias por las leídas y los comentarios del capítulo anterior. Me animan a seguir escribiendo y me inspiran a crear nuevos capítulos como este :) ¡Que lo disfruten y sigan amando a esta complicada pero adorable pareja!
Capítulo 10: Siempre...
Caminó por los pasillos de la lúgubre y antigua mansión que por cientos de generaciones había pertenecido a la familia Malfoy.
Con cada paso que daba, el suelo rechinaba y hacía un resonante eco en las enormes habitaciones de la gran morada.
Una corriente de viento helado pasó por su lado mientras se acercaba al salón principal. A Draco nunca le había gustado lo fría que la mansión podía ser durante las épocas de invierno. Aún faltaban unas cuantas semanas para que empezara la primera nevada de la temporada, pero el otoño ya estaba augurando un crudo invierno para ese año.
Aquel frío sólo trajo consigo recuerdos de aquel lugar en el que había vivido toda su vida, un lugar que debía considerar su hogar, y sin embargo, no lo veía como tal.
Apretó los puños y decidió disuadir sus oscuros pensamientos. Recordar esas cosas, nunca traían nada bueno y era mejor pensar en algo que cambiara su humor. Pensó en las cosas que lo hacían sentir bien. Pensó en ella.
De sólo pensar en su cálida y embriagante presencia, sintió cómo si los latidos de su corazón y su propio semblante recobraban vida. Podía sonar estúpido y patético, pero eso era lo que ella le hacía sentir, y en cierta parte, ya estaba resignándose a ello. No podía luchar contra aquello que se había convertido en lo mejor que le había pasado en años.
Ansiaba volver a verla, no podía evitarlo, hacía sólo unos días que había dejado Hogwarts, y ya sentía la necesidad de volver únicamente por ella.
-Estás distraído.-sentenció la cruda voz de su madre.
Sentada en un sillón frente al fuego de la enorme chimenea, Narcissa Malfoy observaba a su hijo.
Draco no dijo nada, simplemente esperó a que ella continuara con el mismo discurso que llevaba repitiéndole desde que había empezado el año y que probablemente seguiría escuchando por el resto de su vida.
-Sabes que por aquí las cosas siguen igual.-continuó con un tono dramático y haciendo a un lado el coñac en su mano.-Tu padre sigue atrapado en esa horrenda y deplorable prisión, los abogados hacen todo lo que pueden, pero no parece ser suficiente. No sé qué es lo que quiere el Ministerio. Y tú… tú ni siquiera te dignas a preguntar por él, Draco. Ni siquiera le escribes.-le reprochó alzando la voz con decepción.
Draco dejó salir un largo suspiro de resignación, mientras manejaba la situación lo mejor posible.
-Ni esperes que lo haga, madre.-sentenció sin inmutarse y seguro de sí mismo.-Mi padre sólo está recibiendo el castigo que merece, y tú lo sabes... Nadie lo obligó a convertirse en mortífago y seguir las ideas de un hombre desquiciado.
-¡Basta, Draco!-exclamó su madre con cierto horror y sorpresa.- ¿Cómo puedes decir eso?
-¿Acaso no recuerdas que es por él que casi fui condenado a acompañarlo en su celda? ¡Es por él que estamos en esta "situación" de la que tanto te avergüenzas!-le dejó en claro mientras intentaba guardar compostura.
Su madre no dijo nada por unos segundos. En cierta parte, sabía que su hijo tenía razón, pero no por ello dejaría de luchar por su esposo.
-Sólo quiero que nuestra familia vuelva a ser lo que era antes, Draco.-le explicó con más tranquilidad.-Entiendo que lo que hizo tu padre estuvo mal, pero era lo que se esperaba de una familia sangre limpia y tan respetable como los Malfoy. Y de la mía también, Draco.-continuó con cierta tristeza.-Esos… Esos malditos sangre sucias arruinaron el mundo mágico y nosotros creímos que Voldemort sólo buscaba hacer lo correcto.
-¡Basta, madre!-le interrumpió Draco de inmediato y casi perdiendo la paciencia.-Basta.-le dijo ante la mirada sorprendida de su madre.-Sabes que esa palabra está prohibida. Deja de decirlo.
Su madre pareció darse cuenta del error, y calló mirando hacia otro lado.
Draco sabía perfectamente que si bien su madre nunca apoyó la causa de Voldemort, ella siempre había sentido desprecio por los mestizos y sangre sucias, y si podía evitarlos, lo hacía. Así también había sido criado él, con las mismas creencias y odios, pero los tiempos cambiaban y esas cosas sólo eran ideas antiguas y de familias sangre puras atrapadas en el tiempo.
-Astoria me ha escrito.-musitó de pronto. Draco giró su rostro hacia ella repentinamente interesado.-Estoy decepcionada de ti, Draco. ¿Cómo es posible que no seas cariñoso con ella, que la ignores, que no seas lo que se espera de un prometido? Ni siquiera pasas tiempo con ella... ¿Qué ocurre contigo?
Draco apretó los puños. ¿Acaso ella se había atrevido a escribirle a su madre?
-¿No lo entiendes, Draco?-sentenció Narcisa tomando un tono de voz más realista y menos superficial.-¡Todo esto lo hago por ti! Por tu futuro y el de nuestra familia. Los Greengrass jamás estuvieron involucrados con Voldemort, es la única opción que nos queda para que nuestra reputación vuelva a ser la de antes y no ser excluidos del resto... Es lo que tú padre y yo, deseamos.
Eso era lo que ellos deseaban. ¿Pero acaso alguien se había detenido a preguntarle que era lo que él quería?
Él sabía que debía controlarse, sabía que no podía decirle lo que en verdad pensaba o sería peor. Prefirió guardar silencio y mirar hacia la nada. Como siempre lo hacía.
-Sé que no la amas…-continuó su madre sabiendo lo que su hijo sentía en esos momentos.-Yo tampoco lo hacía cuando me casé con tu padre, pero te puedo asegurar que todo mejora con el tiempo…-dijo acercándose a él y colocando una mano en su hombro.-Por favor, entiéndelo.
Draco continuó en silencio durante varios minutos más. Quería entender a su madre, pero no podía. Ciertamente, a él no le importaba que tan seria podía haber quedado afectada su reputación y la de su familia, esas eran cosas que ya no le importaban. Él sólo quería terminar la escuela y aislarse del mundo mágico para siempre.
Y sin embargo, nuevamente, sentía que su camino comenzaba a tomar otro curso, se dirigía hacia otro objetivo, y no necesariamente, se trataba de desaparecer como en un principio lo había planeado.
Esa persona apareció en su mente. Lo hizo de inmediato, como si de un dardo se tratase.
Tragó espeso. Ni siquiera necesitaba decir su nombre.
Dejó de pensar ella, y se sintió como un completo idiota por creer que podía existir algo más que una maldita aventura.
-Está muy frío.-casi gritó Ginny cuando salieron del bar de las tres escobas.-Esa cerveza de mantequilla estuvo horrorosa. Ya no las hacen como antes…-se quejó con ambos brazos cruzados.
Hermione le echó una mirada y dejó salir un largo suspiro, notando que este se evaporaba con el congelado aire.
Sea lo que fuera, en esa última semana había empezado a sentirse bastante bien en mucho tiempo. En esas pocas semanas, comenzaba a sentir cierto control sobre ella misma y sus emociones.
Aunque a veces sentía que sólo era un engaño más de su mente, y que en verdad, seguía tan confundida y desesperada como antes.
Se concentró en el paisaje, las montañas en el fondo y el cielo despejado. Hogsmeade solía ser un lugar tranquilo, pero las vacaciones de invierno se acercaban y el lugar se empezaba a abarrotar con una gran cantidad de alumnos.
Estiró los brazos y se dejó llenar del aire fresco de las montañas, mientras Ron se adelantaba para alcanzar a Harry y conversar sobre quidittch, dejándola a ella y Ginny atrás.
-Hombres.-murmuró la pelirroja esbozando una sonrisa y luego giró hacia Hermione.
La castaña le devolvió la sonrisa e hizo un ademán.
-Lo sé. Sólo piensan en quidditch.-sentenció en broma.
-Y yo también.-exclamó Ginny riendo.-Pero a veces, hay mucho más sobre que hablar…
-Es verdad…-respondió Hermione acomodándose el cabello. Una ventisca de viento se lo había desordenado segundos antes.-Parece que la primera nevada está cerca... Me encanta.-agregó dejándose embriagar por el clima helado.
Ginny le echó una mirada.
-Nunca pensé que serías de las que amaban el invierno. Yo lo detestó.-le dijo tiritando de frío y algo incómoda por las bajas temperaturas.
La castaña siempre había disfrutado de la temporada más frías de todas. Recordaba cuando era pequeña y pasaba largas horas en el jardín de su casa construyendo hombres de nieve. Su madre siempre debía salir por ella antes de que cogiera un resfriado, y sin embargo, nunca se había enfermado a pesar de ello.
Continuaron caminando por unos minutos más, conversando de muchas cosas, incluyendo quidditch y de lo mucho que Ginny esperaba poder ingresar a jugar en algún equipo de renombre como las Holyhead Harpies en cuanto acabaran la escuela.
La pelirroja de rato en rato, parecía echarle una mirada intrigante a Hermione, como si quisiera preguntarle algo y sin embargo, no se atrevía. Tuvieron que pasar varios minutos más y volvió a echarle otra mirada.-…Hermione… ¿Todo va bien con mi hermano?-preguntó de pronto.
En ese momento, Hermione se detuvo y se quedó en silencio durante unos breves segundos. ¿Por qué le preguntaba eso de un momento a otro? ¿Acaso la gente había empezado a notar algo extraño?
Tranquilízate, se dijo a sí misma y recordando lo mucho que había llevado repitiéndose aquella palabra en los últimos dos meses. Tenía que aprender a reaccionar con más naturalidad o acabaría echando todo a la basura.
-¿Por qué lo dices?-cuestionó confundida e intentando disimular.
Ginny rodó los ojos y esbozó una sonrisa que le inspiró confianza.
-Conozco a mi hermano y sé que puede ser un verdadero dolor de cabeza.-sentenció mirando hacia el pelirrojo.-Me sorprende que no hayan tenido ninguna discusión seria hasta el momento… Harry y yo, hemos tenido cientas y pues…
Hermione prestó atención a sus palabras, y en cierta parte se sintió aliviada de que la pregunta sólo era una coincidencia por parte de Ginny.
Estaba a punto de responderle, pero se sintió repentinamente observada y no pudo evitar voltear a su derecha para ver de quien se trataba.
Con unos aires altaneros y con la misma despreciable actitud de siempre, Astoria Greengrass la había estado observando durante varios segundos. Hermione se quedó un tanto confundida, y cuando la azabache se dio cuenta de que había sido descubierta, giró de inmediato y continuó conversando con su hermana Daphne en las afueras de la tienda Honeydukes.
Hermione volvió su mirada a Ginny.
-Hemos tenido discusiones como cualquier pareja, pero nada grave… aún.-contestó esperando cambiar de tema, pero inesperadamente fue interrumpida por el sonido de un flash y de una luz muy potente que la hizo parpadear dos veces.
-¿Qué demonios?-exclamó Ginny entrecerrando los ojos y completamente incómoda por la situación.
La castaña entendió de quien se trataba y quien se encontraba detrás de aquella cámara.
No necesitaba presentación. Con un aspecto extravagante y ridículo, Rita Skeeter se acercó a ambas muchachas con una fingida sonrisa.
-¡Oh, qué suerte la mía! ¡Dos heroínas de guerra! Y nada más ni nada menos, que Hermione Granger en persona.-exclamó con esa risa hipócrita y vacilante actitud que la caracterizaba.- ¿No les importará que les haga algunas preguntas, verdad?
-Esto debe ser una broma.-respondió Ginny de inmediato.
Hermione rodó los ojos. Odiaba a esa mujer. Siempre había escrito artículos falsos sobre su vida personal y jamás olvidaría aquel vergonzoso rumor que aquella vieja había esparcido durante la época en que Harry había participado en el torneo de los tres magos.
La castaña no dijo nada. Simplemente, le dirigió una mirada poco amigable y se dio media vuelta para alcanzar a Harry y Ron.
Ginny la siguió de inmediato, pero la mujer fastidiada por la actitud de Hermione, no se quedaría de brazos cruzados y fue a darles el encuentro.
-¡Oh, que maravilloso! Las parejas más populares del mundo mágico.-exclamó tomándoles otra foto y llamando la atención de todos.
Harry entreabrió los ojos y cuando vio de quien se trataba tuvo la misma actitud hostil que toda la vida había sentido por esa periodista.
-¿Qué demonios le ocurre?-le gritó sin ganas de armar una escena en Hogsmeade. Ginny lo cogió del hombro y lo calmó.
-Sólo deseo una breve entrevista, señor Potter. Vamos, no sea arrogante como la señorita Granger.-injoneó al mismo tiempo que todos le daban la espalda y se largaban de ahí.
Hermione decidió restarle importancia a lo sucedido. Sabía que tenía que aprender a lidiar con toda esa basura por el resto de su vida, no era algo que podía evitar y lo mejor que podía hacer era ignorarlo.
-Juro que mataré a esa mujer.-exclamó Ginny con cierta rabia.-Aún no puedo olvidar que escribió esos falsos artículos sobre Fred.
Hacía meses atrás, la mujer había escrito un artículo en el que contaba "la tragedia de los Weasley", exagerando muchos hechos y mintiendo sobre la gran mayoría. Pero lo peor fue cuando mencionó que Fred Weasley había muerto en un "estúpido intento" por huir de un mortifago, cuando en verdad había sido todo lo contrario.
-Y yo te ayudaré.-agregó su hermano bufando.-Deberían prohibirle la entrada… Es un verdadero dolor en el trasero.-se quejó.
Hermione se ahorró sus palabras, no estaba muy interesada en continuar hablando sobre esa mujer, y por el contrario, decidió poner sus pensamientos en blanco, fue en ese momento cuando notó que una pequeña niña de primer año tropezó cayendo muy cerca de ella.
De inmediato se acercó a auxiliarla.
-Déjame ayudarte.-le dijo tomando su mano y recogiendo su bufanda color verde que evidenciaba la casa a la que pertenecía.- ¿Estás bien?-le preguntó sonriendo amistosamente.
La niña perteneciente a slytherin entreabrió los labios cuando vio a Hermione frente a ella. La pequeña estaba sorprendida y fascinada al mismo tiempo.
-Oh, muchas gracias…-dijo la niña sonriendo.-S-Sí, estoy bien… Muchas gracias, señorita Granger.-repitió nerviosamente.
A Hermione le pareció tierno y le respondió con otra sonrisa amigable.
-Muy bien. Que tengas una linda tarde y no necesitas llamarme señorita, Hermione estará bien.-sentenció la castaña sonriendo y volvió a unirse al resto del grupo sin nada más que agregar.
Cuando volvió con ellos, Ron le envió una extraña mirada a su novia y pareció confundido por unos segundos.
-¿Por qué hiciste eso?-sentenció el pelirrojo reprochando su actitud y no estando muy de acuerdo con lo ocurrido.
Hermione se quedó casi en shock. ¿Qué demonios?, se preguntó sin poder creer que eso en verdad estaba ocurriendo. Por un demonio, ¿Acaso estaba cuestionándole el haber ayudado a una niña?
-Es una niña.-sentenció Hermione completamente ofuscada.
Ron no parecía avergonzado y por el contrario continuo con aquella deplorable actitud.
-Es Slytherin…-le respondió como si estuvieran de vuelta en primer año.
Demonios, ya eran mayores de edad y no podía creer que Ron continuaba con el mismo odio como si fueran niños pequeños.
-No puedo creer que estés hablando en serio.-le dijo sin querer agregar más a la situación. No podía creer al grado de inmadurez que él había llegado.
Harry y Ginny intentaron apaciguar la pequeña discusión bromeando sobre el tema y le restaron importancia decidiendo hablar sobre otras cosas.
Mientras volvían al castillo e intentaba olvidar la situación anterior, cierto slytherin no pudo evitar colarse en sus pensamientos. No era la primera vez que lo hacía, lo había llevado haciendo desde el último día en que se habían visto a escondidas y aunque intentaba evitarlo, Draco siempre buscaba la forma de estar en su mente la mayor parte del tiempo.
Sus mejillas se tornaron ligeramente rojas cuando recordó lo que habían hecho aquella última vez. ¿Y quién no lo haría? Todo con él era tan diferente.
Se mordió el labio inferior y esbozó una sonrisa en su interior.
¿Pero dónde demonios estaba él?, pensó con cierta desesperación. Sinceramente, no sabía qué demonios era lo que sentía, pero ya era domingo y no lo había visto en todo el fin de semana, ni siquiera durante la cena.
La última vez que lo vio, él simplemente le dijo que estaría fuera unos días, pero no le dijo a dónde se dirigía, ni cuando volvería. Hermione quería regresar en el tiempo y preguntarle a dónde diablos se había ido.
¿Por qué él se había vuelto en una adicción para ella? De sólo pensar en él, sentía que su corazón latía con más fuerza y la envolvía una sensación única.
-Hermione, iremos a practicar quidditch el resto de la tarde.-murmuró Ron tomando su mano entre la suya y esbozó una sonrisa mientras besaba brevemente sus labios.- Te veré en la cena.-le aseguró sin darle tiempo de obtener una respuesta a cambio. Él simplemente se alejó, soltó su mano, y fue junto a Harry y Ginny.
En otro momento, Hermione se habría sentido incómoda con aquella actitud, pero en cierta parte, sintió un enorme alivio al saber que no tendría que lidiar con Ron el resto del domingo.
Eso estaba mal, demasiado mal, pero empezaba a notar que cada vez le era más difícil olvidar a Draco y pensar en Ron. Esto se había vuelto algo más que un simple vicio, y no había forma de parar.
Draco le echó una mirada al largo proyecto de pociones casi terminado sobre su escritorio y dejó salir un largo suspiro cuando leyó sus nombres en la parte superior de la primera hoja.
Draco Lucius Malfoy
Hermione Jean Granger
La fecha de entrega para el proyecto se acercaba y eso comenzaba a atormentarle. Le atormentaba pensar que no tendría más excusas para estar cerca de ella sin levantar sospechas de todos esos imbéciles.
Draco cerró los ojos cuando escuchó la voz de Astoria detrás de él.
-¡Oh, al fin estás aquí, Draco!-exclamó la chica completamente emocionada, atreviéndose a abrazarlo por detrás.- ¡Te extrañé tanto!
El rubio reacio a sus muestras de afecto, se la sacó de encima y se giró para verla. Sólo habían pasado tres días, no entendía por qué ella actuaba así.
-Yo también, Astoria.-sentenció falsamente y luego dirigió su vista hacia otro lado, recordando lo que su madre le había dicho en la mansión Malfoy.
-¿Ya terminaste ese estúpido proyecto?-le preguntó la azabache asomándose por encima de su hombro para echarle una mirada al trabajo de Pociones.
Él no dijo nada por unos segundos.
-No, aún no.-le dijo sin saber cómo escapar de ahí y buscando alguna excusa barata que ella creyera.-Deberías continuar con tu proyecto o Weasley te acusará de no hacer nada.
Lo cual era cierto. Ella ni siquiera había puesto interés o había intentado avanzar con su proyecto. Todo lo había dejado en manos de su compañera. No la culpaba, trabajar con cualquiera de los Weasley habría sido un verdadero infierno para él, pero no había otra opción para Astoria. Y sinceramente, a él no le interesaba si ella reprobaba o no. Sólo quería salir de ahí.
-Eso no importa.-murmuró su novia acercándosele y tomando su rostro entre sus manos haciendo un gesto infantil. De inmediato, Draco se escapó de su agarre completamente asqueado.
-No vuelvas a hacer eso.-le espetó harto de que lo tocara y de lo empalagosa que ella podía llegar a ser cuando se lo proponía.
No era la primera vez que él era indiferente con ella, de hecho, Draco siempre lo había sido desde el principio, pero últimamente, y más de lo que Astoria pudiera admitir, él lo era mucho más y sabía que algo estaba pasando. Completamente confundida y furiosa a la vez por ello dejó salir un bufido.
-¡¿Qué demonios te ocurre, Draco?!-casi gritó haciendo que la poca paz en la habitación, se viera perturbada por su irritante voz.- ¡¿Por qué actúas así?!
Draco rodó los ojos. No era la primera vez que sucedía. Él sólo estaba haciendo lo que su subconsciente quería que hiciera. Deseaba con todas sus fuerzas, acabar con esa relación forzada y falsa que sólo le había traído la más pura infelicidad a su vida.
-Guarda silencio. ¿Acaso quieres hacer una escena?-le inquirió sin siquiera inmutarse.
-No me importa. ¡Sólo quiero saber que sucede contigo!-continuó gritando y completamente desesperada.
El rubio dejó salir un largo suspiro, pero continúo calmado. No tenía tiempo para patéticos escándalos y escenas ridículas.
-Nada, absolutamente, nada sucede conmigo.-le respondió con sarcasmo.-Estoy perfectamente bien, Astoria.
Pero ella no pareció creerle.
-¡No! ¡Deja de negarlo!-protestó ella acercándose a él, pero nuevamente Draco se alejó.- ¡Te estoy hablando, Draco! ¡Yo soy tu prometida y nos casaremos!
Draco volvió a alejarse mientras era perseguido por la enfurecida muchacha por toda la habitación. No sabía cómo demonios quitársela de encima.
-Déjame en paz, Astoria. Tus cambios de humor y tu estúpida actitud me tienen cansado, y lo sabes… Detente.-le espetó sin importarle lo que ella llegara a pensar.
Astoria estaba completamente furiosa, no le importaba lucir como una autentica psicópata. Quería saber que rayos ocurría con él y que pasaba por su mente, aunque en cierto modo, ya lo sabía.
Draco se puso de pie y decidió salir de ahí, esperando que su "novia" se calmara y dejará ese estúpido espectáculo para otro día.
Armándose de valor y yendo contra su propio ego y orgullo, Astoria dejó salir sus sospechas.
-¿Pero ella no te tiene cansado, no es así?-le refutó con seguridad y bastante odio en sus palabras.- ¡No estás cansado de esa maldita zorra!
De pronto la actitud sarcástica y pacífica que Draco había tomado hasta ese momento, cambió radicalmente, y entendió que Astoria hablaba en serio.
El rubio se acercó peligrosamente a ella, a un paso de perder la paciencia.
-No sé de qué demonios estás hablando, Astoria. Sólo cierra la boca y olvídate de mí.-le espetó.-Entiende que nuestra relación es sólo parte de un maldito contrato que nuestros padres acordaron hace mucho tiempo. Estoy cansado de esto.
Astoria alzó la mirada.
-¡No puedes romper el contrato!-le recordó amenazándolo y sin que le importara que otros alumnos pudieran oírles.- ¡Nos casaremos, y no me importa lo que digas!-continuó.
Draco intentó calmarse y se dijo mentalmente, que no podía estar atado a esta mujer por el resto de su vida. Tenía que hacer algo o de lo contrario, sería el ser más infeliz del planeta, más de lo que ya era.
-No vuelvas a escribirle a mi madre. Te lo advierto, no lo hagas.-le dijo mientras dejaba la habitación y salía de ahí con rumbo desconocido.
La habitación quedó en silencio una vez más. Todo volvía a la calma, pero Astoria había terminado sola y derrotada. Las cosas que Draco había dicho sólo había sido la más cruda verdad y ella lo sabía.
Pero esto no se iba a quedar así. En su corazón, Draco se había vuelto en un capricho del que nunca se daría por vencida. Ella no se detendría hasta saber qué ocurría con él y si había una tercera persona envuelta de por medio.
-Descubriré quién es esa maldita zorra. Juró que lo haré.-sentenció mientras se quedaba sumida en sus macabros pensamientos.
Theodore le echó una mirada a su mejor amigo y se solidarizó con su situación. Nadie quería a Astoria Greengrass como futura esposa, y eso todos lo sabían muy bien. Ella no tenía una buena reputación como su hermana Daphne, una chica con principios y más madura de lo que alguna vez Astoria podría llegar a ser.
-¿Pero qué demonios fue todo eso, Draco?-le preguntó notando que el rubio sólo quería desaparecer.-Todo Hogwarts escuchó esa discusión.
El rubio simplemente caminó sin escucharlo y prefirió evitarlo.
-Oh, vamos. Sé que la odias. Estoy de tu lado y lo sabes.-insistió su amigo encogiéndose de hombros.
Draco miró hacia otro lado y respondió lo primero que se le vino a la cabeza.
-Sólo discutimos.-sentenció sin más e intentó olvidar las palabras de Astoria.
Ahora ella sospechaba que había alguien más de por medio, y sabía que eso sólo complicaba las cosas más de lo que ya eran.
-¿Discusión? Fue más un campo de batalla, que cualquier otra cosa.-le dijo Theodore mientras se echaba el cabello hacía atrás.-Debes terminar con eso, Draco, si es que deseas empezar con lo otro.
Draco giró su rostro hacía su amigo y entreabrió los labios.
-¿De qué demonios hablas, Theodore?-le preguntó sin poder creer que el castaño había sugerido algo así.-Cierra la boca.
Theodore rodó los ojos y simplemente esbozó una sonrisa. Su sugerencia era muy obvia y no necesitaba explicación.
Draco estaba a punto de continuar, pero fue cuando Hermione se asomó en compañía de su grupo en la entrada del castillo.
Ella caminaba al lado de Ginny, parecían bromear sobre algo pero la castaña no les prestaba atención. El rubio sintió que su corazón dio un brinco cuando la vio después de varios días sin poder disfrutar de su compañía. Patético, estúpido, cursi o lo que fuera, él se sentía literalmente en las nubes cuando la veía.
De pronto, Potter se acercó a ellas en compañía de Weasley. Ginny saltó a los brazos de su novio y el pelirrojo tomó la mano de Hermione entre la suya, le susurró algo breve, besó sus labios y luego se alejó con el resto de su grupo dejándola sola.
Eso revolvió el estómago de Draco y no pudo evitar hacer un ademán de disgusto, que no pasó desapercibido por Nott.
-Demonios, estás enamorado. ¿No es así?-le preguntó Theodore sabiendo que su amigo había ido más allá de lo que alguna vez hubiera podido imaginar e involucrar sus sentimientos en aquel juego intrínseco al que ahora, él y Hermione pertenecían.-Jamás pensé que podrías enamorarte.-sentenció sin más.
-Eso no te interesa, Theodore.-sentenció Draco sintiendo que el día había resultado ser un verdadero fiasco para él. Primero Astoria y ahora esto.
Lo que me faltaba, pensó lamentándose.
-Eres mi amigo. No quiero que tengas más problemas de los que ya tienes.-la actitud de Theodore había cambiado completamente, tornándose más seria.- ¿Qué pasó con lo que acordamos a principios de año? Sobre llevar un último año tranquilo y sin complicarnos la vida. Demonios, Draco, te lo advertí.-le dijo sabiendo que su amigo estaba irrevocablemente enamorado de Hermione, porque ni siquiera lo había negado como lo había hecho al principio.- ¿Ella siente lo mismo?
El rubio se quedó en silencio.
¿Acaso ella sentía lo mismo? O sólo quería una aventura.
Ni siquiera Draco lo sabía.
Sea lo que fuera, eso era lo que habían acordado desde el principio. Una aventura. No tenía por qué parecer sorprendido si ella no llegaba a sentir nada por él.
¿Pero entonces por qué seguía viniendo hacía él casi todos los días?
-No lo sé. Sólo sucedió, Theodore.-dijo sin más mientras miraba hacia otro lado.-Todo es culpa mía. Cometí un error, y ahora, no sé qué demonios hacer.
Theodore entendía que la situación era delicada. Sabía que ese estúpido juego, capricho o lo que fuera, se había tornado en algo serio. En algo en que más de uno saldría lastimado.
-Astoria sospecha, ¿no es así?-preguntó el castaño.-Lo escuché.
Draco asintió brevemente.
-No sé qué hacer con ella, Theodore.-le confesó casi desesperado mientras recordaba las palabras de su madre.-No quiero seguir con ese compromiso. Pero mi madre insiste con esa basura. Y mi maldito padre maneja todo esto desde la prisión. Sé que todo esto es idea de él.-se desahogó.
Theodore se puso en sus zapatos. Su situación había sido similar cuando su familia se enteró que él andaba en una relación con Luna Lovegood. Pero a diferencia de Draco, él no había hecho caso a su madre y poco le importaba si eso afectaba la reputación de la familia Nott. De todas formas, su apellido ya estaba por los suelos.
-Sabes lo que tienes que hacer, Draco.-murmuró esperando que el rubio llegara a entender que debía dar por terminado ese compromiso antes de que fuera muy tarde.-Eres mi único amigo, tú sabes más de mí que cualquier otra persona y sólo quiero que seas feliz, Draco.-le dijo sin importarle ponerse patéticamente sentimental.-Ambos hemos pasado por tanto y lo sabes. Detén todo esto, aún no es muy tarde. Al diablo con lo que piense tú madre o tú padre. Claramente, tú no vas a olvidarte de Granger y ella tampoco. Háblalo con ella y tal vez, lleguen a un acuerdo.-sentenció sabiendo lo que eso significaba.
Draco alzó el rostro hacía Theodore. No podía creer en lo que él le decía, pero al mismo tiempo, creía encontrar cierta esperanza en sus palabras.
-No sé si ella quiera olvidarse de ese estúpido pelirrojo, Theodore.-murmuró con cierto asco en sus palabras.-Demonios, ¿cómo pudo fijarse en un ser tan patético cómo él?
Su amigo colocó una mano en su hombro y simplemente, dejó salir una breve y clara respuesta.
-Nunca lo sabrás, si no se lo preguntas, Draco.
Cuando dieron las nueve en punto, Hermione dejó su sala común, y bajó a la primera planta esperando reunirse con su compañero de rondas de aquella noche, Fletcher o probablemente Neville, estarían esperando por ella, pero grande fue su sorpresa, cuando encontró a Malfoy en mitad de los pasillos.
Él estaba apoyado contra la pared, y sin decir absolutamente nada, ni darle tiempo de reaccionar, el rubio tomó a Hermione del brazo y la llevó a la sala de menesteres.
-Espera… ¿Draco, q-qué te sucede?-preguntó ella totalmente confundida e intentando detenerlo en cuanto habían llegado al enorme salón.
¿Qué demonios había sucedido para estar tan molesto con ella?
Sinceramente, el rubio siempre tenía drásticos cambios de humor y eso era algo que ya no sorprendía a Hermione.
-No lo sé, dímelo tú…-sentenció soltando su mano.
Ella estaba completamente confundida.
-No te entiendo…-admitió ella alzando su rostro y haciendo que Draco la mirara a los ojos.
Draco intentó no caer en su encanto, y dirigió su vista hacía otro lado. Esta tarea le resultó casi imposible.
Jamás pensó que ella podría haberlo cambiado tanto.
-Soy yo él que no te entiende, Granger.-le interrumpió fastidiado y poniendo énfasis en su apellido.
Hermione se acercó a él y dejó salir un suave suspiro. Estaba feliz de verlo otra vez, él no tenía idea de cuan feliz estaba, aunque había tratado de evitarlo, el corazón de Hermione había latido fuertemente cuando lo vio sorpresivamente en los pasillos. Esos tres días le habían parecido una eternidad, pero no comprendía por qué el actuaba así.
-¿Qué es lo que no entiendes?-preguntó ella y le obligó a mirarle.
Él presionó ambos puños y con cierta decepción en su rostro, la vio a los ojos. Esos ojos avellana que iluminaban aquel inocente y atractivo rostro que atormentaba su vida.
-No entiendo como dices amar a Weasley, cuando aun así sigues viniendo a mí todas las noches.-sentenció fríamente y herido.
Hermione echó la mirada hacia abajo. Sabía perfectamente a lo que se refería, sabía que esto había empezado a cambiar desde el momento en que ambos se habían convertido en amantes. La situación se había complicado gravemente y ninguno de los dos quería parar.
Era triste y desesperante, porque sentía que sus sentimientos se habían involucrado irrevocablemente en aquella clandestina relación.
¿Por qué no podía ser diferente? ¿Por qué decidió tener una relación con Ron? ¿Por qué Draco tenía que haber sido un mortífago?
Sinceramente, no quería discutir sobre cosas que no valían la pena y sobre preguntas que ni si quiera ella sabía cómo responder. No quería arruinar el momento hablando sobre Ron o explicándole que era lo que ambos tenían. No era el momento.
La castaña se acercó a él y lo abrazó sin importarle su reacción, sin importarle si él la rechazaba o la alejaba, ella simplemente, lo abrazó y cerró los ojos mientras esbozaba una sonrisa para sus adentros.
Se sentía tan bien tenerlo cerca otra vez, podía sentir su respiración junto a la suya, su cuerpo contra el suyo.
-Te extrañé.-susurró Hermione de pronto y decidió olvidarse de todo. Si quiera por unos momentos, serían solamente ellos dos.
Aquellas simples palabras, aquella frase en sus labios, penetraron en el interior del corazón de Draco y lo dejaron paralizado por unos segundos. No pudo evitar resistirse a su abrazo, a ese cálido abrazo que lo envolvía en una ternura que jamás había sentido o experimentado con otra persona en toda su vida.
-Yo… también.-sentenció perdiéndose y dejándose embriagar por ella. Su aroma a miel y otras deliciosas fragancias, eran una maldita droga que sólo hacía que se volviera más adicto a Hermione.
Se separó un poco de ella, pero no sé separó por completo, quería ver su rostro y tenerla en sus brazos a la misma vez.
-¿Qué me has hecho?-se le escapó y se sintió repentinamente avergonzado por comportarse como un verdadero idiota cuando estaba con ella.
Hermione se quedó viéndole por unos segundos y luego esbozó una sonrisa. Aquel gesto le había parecido tierno y sentía que esta era una nueva faceta de Draco, que empezaba a conocer.
-¿Estás bien?-le preguntó ella aún sonriendo mientras colocaba una mano en su frente, y fingió tomarle la temperatura.
Draco rodó los ojos.
-Lamento sonar como un idiota. Sólo estoy diciendo la verdad, Granger.-sentenció y luego sonrió de lado.
No sabía en qué momento se había vuelto tan vulnerable a su encanto, pero sea lo que fuera, sabía que él también la había extrañado y mucho.
Hermione sentía muchas cosas, quería besar sus labios, quería que él no la soltara jamás, sentía que era feliz cuando estaba con él, pero sobretodo, deseaba no pertenecer a Ron.
-No se suponía que esto iba a ser así…-susurró Hermione acariciando el rostro de Draco y sintiendo que un sentimiento de desesperación la invadía.
Su piel era tan suave y sin imperfecciones, podía perderse en su mirada gris por horas.
Quería tanto ser suya.
-Lo sé, Hermione...-respondió Draco sorprendiéndola con sus palabras.
Ella entreabrió los labios. "Lo sé", podía sonar tan simple y cliché, pero por muy sencillo que fueran le hicieron entender que no estaba sola, qué ambos pensaban lo mismo, y tal vez, sólo tal vez, aun había esperanza para ellos y lo que sea que tenían.
Sin darle tiempo de responder, Draco se aferró a ella y buscó sus suaves labios, fundiéndose en un beso que demoró varios minutos. Aquél beso que podía transportarlos a otro mundo en el que no existían los problemas y podían ser ellos mismos.
Recorrió su cintura, y después su espalda, no quería separarse de su dulce boca, ni un segundo. Había extrañado esos labios con locura y deseaba adueñarse de ellos, como si fuera la última vez.
Se detenía y disfrutaba a aquella chica que no le pertenecía y que deseaba con tantas ansias que fuera suya y de nadie más.
-Draco…-logró escuchar que dijo Hermione, en el momento que empezó a bajar por la suave piel de su cuello.
Draco, la sujetó por la cintura y se aventuró a acariciarla por encima de la ropa, comenzó a deslizar sus manos por su abdomen, hasta llegar a sus senos, los cuales presionó y masajeó entre sus manos. Sintió un gemido de su parte y fue perfecto. Bajó sus labios por su cuello, y succionó la piel hasta que quedó enrojecida.
Hermione arqueó la espalda, mientras dejaba que la lengua de Draco, siguiera su recorrido provocándole un repentino calor en su vientre. Ella se aferró a su cuello, y comenzó a desajustar su corbata para después pasar a su camisa, que en pocos segundos, terminó en los suelos.
Cuando Draco sintió las manos de la castaña sobre su pecho desnudo, entendió que esto se estaba saliendo de control.
-Hermione…-murmuró él, atreviéndose a decir su nombre una vez más. Se sintió tan bien. Tan bien, que se prometió hacerlo más seguido.
Por un momento la contempló, y lucía tan deseable, que aquello sólo sirvió para aumentar sus ganas por tenerla.
-Oh... Draco…-repitió ella, sintiendo que una vez más, él se hacía dueño de sus labios y exploraba su húmeda boca como si se tratara de un manjar.
Ambos cayeron al piso, y Hermione sintió que las manos del rubio se perdían por debajo de su blusa. Sabía que ya no había marcha atrás.
Se necesitaban, se deseaban, y había algo más potente que ninguno de los dos quería reconocer.
-Te extrañé demasiado.-confesó el rubio sintiéndose completamente desarmado y deshaciéndose de la blusa de Hermione.
Ella miró directamente a esos ojos grises llenos de lujuria, y se sintió atormentada por desearlo tanto.
Se estaba equivocando, pero en esos momentos, necesitaba a Draco y todo lo demás, dejó de importarle.
-Eres lo que más deseo…-susurró en el oído del rubio, causándole aún más placer del que pudiera imaginar.
De inmediato, él comenzó a desabrochar la falda hasta dejarla únicamente en ropa interior. Lucía tan frágil y perfecta, que deseaba despojarla de todo cuanto antes.
Hermione esbozó una sonrisa provocativa, que la hizo ver aún más deseable ante sus ojos.
No se resistió y el chico empezó a dejar húmedos besos por todo el largo de su abdomen, llegó a sus pechos, y no dudó en quitarle el brassier rosa que llevaba.
Atrapó su pezón sorpresivamente, lo que hizo estremecer a la castaña haciéndola sentir completamente excitada. No pudo evitar entreabrir los labios ante aquella succión y dejó salir un largo gemido que hizo eco en la habitación. Disfrutaba cada una de sus caricias, cada beso, cada palabra.
Y es que sólo Draco sabía exactamente dónde tocar.
Él quería que se olvidara de su patético novio y que en sus pensamientos sólo estuviera él. Esa noche le daría muchos motivos para que fuera así.
-Lo haces muy bien…-murmuró Hermione en medio de un suspiro.
Draco continuaba masajeando y dejando que su lengua saboreara ambos senos. Su ego se vio repentinamente agradecido y no pudo evitar esbozar una sonrisa.
-¿Admites que soy bueno?-le preguntó mientras subía a besar sus labios otra vez y se detenía para ver esos ojos avellanas cargados en deseo.- ¿Qué soy mejor?
Hermione se concentró en su mirada gris y luego de un breve segundo, una sonrisa se dibujó en su rostro.
-No te lo diré.-le dijo en broma y en esta ocasión fue ella quien acercó su rostro y se fundieron en un lujurioso beso que encendió mucho más la pasión de ambos.
Draco entrecerró los ojos.
-¿Con qué no lo harás?-le preguntó colándose entre sus piernas y llevando una de sus manos directamente hacia el húmedo centro de Hermione, que no tardó en masajear suavemente.
Ella se mordió el labio con provocación.
-Tal vez...-le retó volviendo a sonreír.
Por un segundo, Draco perdió la ilación de la conversación al notar lo húmeda que ella estaba. Eso incrementó su libido por encima de los cielos, y continuó haciendo círculos lentamente sobre su clítoris, estimulándola para lo que se venía.
-Dímelo…-insistió besándola con lujuria y adentrando dos dedos dentro de ella.
-Oh, demonios.-exclamó Hermione relamiendo sus labios.-Sí… Por supuesto, que lo eres...-admitió echando la cabeza hacía atrás.
Draco esbozó una triunfante sonrisa.
-La próxima vez, te castigaré.-le advirtió debatiéndose en si debía bajar a probarla o cogérsela de una buena vez.
-Pues, me encantará.-respondió Hermione sin protesta alguna.
-Eres perfecta.-le dijo el rubio sintiendo que su dura masculinidad, clamaba por atención.-Demonios, eres perfecta.
Hermione, tocó su torso desnudo y luego bajó su mano hacía la dura erección del rubio. Empezó a masajearla lentamente, mientras él cerraba los ojos. Draco sabía que no podía soportar aquella placentera tortura ni un segundo más, necesitaba estar dentro de ella y dejar salir aquel instinto animal, necesitaba cogérsela y reclamarla como suya.
Atrapó su boca, fundiéndose con ella en un otro beso apasionado, y sin poder soportarlo, se adentró en Hermione sin previo aviso.
Hermione entreabrió los labios dejando salir un fuerte gemido, mientras Draco se adentraba en ella más y más, al punto de embestirla sin siquiera detenerse para tomar un descanso. Quería borrar cualquier rastro de aquel otro. Sólo él quería ser su dueño. La tomaba por las caderas, deleitándose con su increíble cuerpo, gimiendo casi tan fuerte como ella.
Demonios, pensó durante cada embestida. Ella, era jodidamente perfecta.
Él la besó, y se movió más rápido, disfrutando de su estrechez y humedad, notando lo mucho que ella también lo deseaba por la forma en que movía sus caderas hacía él.
-Déjame oír… Déjame oír mi nombre en tus labios…-le ordenó completamente excitado.
Hermione sabía lo mucho que Draco disfrutaba cuando ella decía su nombre, y en esos momentos, el rubio la penetraba tan placentera y caóticamente, que a ella no le importaba mencionar su nombre cientos de veces.
-Oh… Dr-Draco…-apenas logró decir, mientras sentía que estaba a punto de llegar al tope.-Draco...
Ambos estaban tan coordinados, que era imposible no correrse pronto, y eso él lo sabía bastante bien.
-Déjame oírte, Hermione…-le pidió aumentando la velocidad de sus caderas y jadeando.
-Draco…-repitió en un gemido mientras cerraba los ojos y se dejaba perder en aquella magnifica sensación.
Él la miró a los ojos y no dudó en besarla, sabiendo que se vendría en cualquier momento.
Ella, era suya. Completamente, suya. Maldita sea, no le importaba nada en esos instantes, no le importaba Weasley, no le importaba Astoria, no le importaba absolutamente nada. Era él quien la tenía entre sus brazos y así sería siempre.
El rubio jadeó, sentía que no podía detenerse, el cuerpo de Hermione lo estaba volviendo loco. Después de embestirla por unos minutos más, llegó al inevitable clímax con otro gemido placentero que dejaba en claro lo mucho que lo había disfrutado.
Hermione, sintió que su semen se derramaba con fuerza dentro de ella, y él sin poder evitarlo se derrumbó sobre su pecho.
Draco apenas podía respirar, había tenido un orgasmo intenso y era ella quien se lo había dado.
-Eres mía…-dijo besándola posesivamente, embriagándose de su saliva y marcándola como si fuera de su propiedad.
La observó brevemente, y notó el rubor en sus mejillas.
Lo había disfrutado. Ambos, lo habían hecho.
Hermione estaba completamente cansada y exhausta, sentía que esa noche había sido mejor que cualquier otra, y es que el sexo con Draco no dejaba de ser espectacular. Dejó salir un largo suspiro de sus labios, mientras él se aferraba a su cintura y descansaba sobre su pecho.
-Soy tuya…-susurró mientras acariciaba el cabello de Draco.-Siempre…
Él cerró los ojos.
-No quiero que esto se termine…-dejó salir el rubio sin importarle lo que podía llegar a pasar o lo que esta confesión significara. Él simplemente, quería tenerla a su lado siempre. Al fin, había encontrado un propósito por el cual luchar.
Hermione también cerró los ojos, mientras se aferraba a él y dejaba un tierno beso en el tope de su cabeza. Draco adoró aquel gesto.
-Yo... Yo tampoco quiero que esto se termine.-susurró sin importarle las consecuencias y dejándolo todo al destino.-Quiero que esto dure para siempre...
Siempre...
Espero les haya gustado este capítulo y me dejen un review :) La historia sigue complicándose entre estos dos. Están enamorados y eso sólo empeora las cosas. ¿Qué sucederá? ¿Cuáles serán las consecuencias para Draco y Hermione? :O Astoria ya empieza a sospechar y pronto Ron también lo hará.
Nos vemos en el próximo capitulo, lectores, gracias por seguir aquí :D
