Hola chicas! Primero que nada, espero que todas se encuentren bien. Sé que estos son tiempos difíciles, pero estoy segura de que pronto todo esto pasará :) Mientras tanto, espero que pueda hacerlas felices, si quiera por unos minutos con mi historia.

Este capítulo va dedicado a todas ustedes :) Muchas gracias por sus leídas y hermosos comentarios!

Disfrútenlo!


Capítulo 11: Perfecta…

Los días habían pasado demasiado rápido, y con ello, los encuentros habían aumentado considerablemente.

Había días en los que usaban de excusa el trabajo de pociones, y otros días simplemente se reunían después de sus actividades como prefectos.

Hermione cerró los ojos mientras sentía que Draco descansaba sobre su pecho.

La paz en la sala de menesteres, era absoluta, y sólo se podían oír sus respiraciones pausadas en el relajado ambiente.

Ella dejó salir un suspiro sintiéndose completamente cómoda en aquella posición. Podía estar así durante horas.

Rodeó a Draco con ambos brazos y se dejó llevar por el momento.

Nunca pensó que tenerlo entre sus brazos se podría sentir tan bien, su piel junto a la suya generaba miles de sensaciones en su interior y jamás tendría suficiente de él.

Sus encuentros eran únicos y perfectos. Era algo indescriptible, algo que no podía explicar.

Jamás pensó que podría llegar a sentir algo más por alguien que no fuera Ronald, y es que aunque le costara admitirlo, lo que sentía por Draco era mucho más que sólo sexo y lujuria.

Se había visto traicionada por sus propios sentimientos y ahora estaba atrapada en aquel laberinto del que aún no podía escapar. Cargaba con una enorme culpa y aún no sabía si debía debatirse entre lo correcto o lo que en verdad la hacía feliz.

-¿En qué piensas?-le preguntó Draco aún con los ojos cerrados.

Hermione se preguntó cómo había podido adivinarlo. Tal vez, su silencio la había delatado.

Acarició su cabello rubio.

-No lo sé…-murmuró. Aunque sabía perfectamente en qué pensaba. Simplemente, no quería hablar de ello. Los momentos con Draco eran tan cortos y ninguno era suficiente para llenar el vacío que sentía cuando él se iba.

De inmediato, Draco alzó su rostro y fijó toda su atención en Hermione.

-No necesitas decírmelo.-dijo contemplándola con sus penetrantes ojos grises.-Yo también pienso en eso… Demasiado…-agregó pensativo.

Sin darle tiempo de que ella respondiera, el rubio atrajo su rostro al suyo y plasmó un profundo beso en sus labios.

Sus lenguas se encontraron una vez más y dejaron salir aquella pasión que caracterizaba a sus encuentros. Cada caricia era inevitable y siempre querían más el uno del otro.

No sabía si era por las emociones que cada beso de Hermione le transmitía, pero Draco tuvo un breve momento de revelación y sin más rodeos, le dijo lo que llevaba consigo desde que habían decidido no terminar con aquello que tenían.

-Déjalo.-sentenció de pronto.

Hermione se separó brevemente de él y no entendió a lo que se refería.

-¿Qué quieres decir?-preguntó confundida.

Draco miró hacía el vacío, probablemente indeciso de saber si había hecho lo correcto o no, si este era el momento preciso para tal proposición. Volvió su vista a ella.

La castaña lucía confundida, y aun así, no podía dejar de verse tan deseable ante sus ojos. Draco tuvo que traerse de vuelta a la realidad, y en esta ocasión fue más claro.

-Deja a Weasley.-sentenció sin más. Poco le importaban las consecuencias.-Ya no soporto que seas suya, que lo veas… O que te toque.-agregó con seriedad. No bromeaba, ni parecía ser otro de sus trucos.

Hermione sabía que esto era serio, y se quedó sin palabras por varios segundos.

Hacía dos semanas atrás, los dos habían dicho que querían estar juntos para siempre. Aunque aún no lo habían formalizado oficialmente, parecía que ahora era el momento de hacerlo y ser valientes de una vez por todas.

Su rostro lo decía todo. Él no mentía en lo absoluto, sabía que el rubio decía la verdad.

-Draco…-fue lo único que salió de sus labios. La propuesta la había llenado de miedo, esperanza y mucha confusión. Lo que Draco le había propuesto era lo más lógico y sensato que ella podía hacer, pero la inesperada revelación la había dejado literalmente sin palabras.

En esos momentos, había muchas cosas que pasaban por su cabeza. ¿Qué era lo que Draco planeaba? ¿Acaso él quería tener algo formal con ella? ¿A dónde quería llegar?

¿Por qué tiene que ser tan difícil?, pensó dejando salir un largo suspiro e intentando aclarar sus pensamientos.

Él había sido claro la vez pasada. No quería que lo que ambos tenían se terminara. Y ahora, era momento de saberlo.

-Draco… no es tan fácil…-respondió ella con sensatez. Por mucho que quería seguir a su corazón, sabía que las consecuencias serían enormes, y aunque por momentos no le importaban en lo absoluto, seguía siendo humana y el temor aún imperaba. ¿Acaso era una cobarde? Hermione jamás lo había sido, pero esto era completamente diferente.- Tú sigues con Astoria y...

-Eso no importa, eso jamás ha importado... Sabes que eso sólo es parte de un maldito contrato.-le interrumpió Draco, dándole a entender que él podía dejar a Astoria en cualquier momento si Hermione se lo pedía.- ¿Tú lo amas?-le cuestionó en referencia a Weasley.

El rubio se sentía completamente incómodo y también avergonzado, jamás había imaginado que en algún momento de su vida llegaría a sonar tan patético y cursi como ahora. Pero lo cierto era que él sólo la quería para él, y no le importaba ir en contra su propio ego para obtenerla.

Ella había dejado de ser más que un simple capricho desde hacía mucho tiempo.

-¿Por qué…? ¿Por qué me preguntas eso?-preguntó Hermione sin poder mirarlo a los ojos.

La pregunta de Draco había sido demasiado clara y dolorosa, porque ella ya sabía perfectamente la respuesta. Ella sabía que el amor que sentía por Ronald se había esfumado desde hacía meses.

Draco no dijo nada, pero podía adivinar lo que ella pensaba.

De pronto, un inmenso miedo la embargó y sintió que sus sentimientos habían quedado al descubierto.

-Por favor, Draco, no pensemos en eso. No pensemos en ellos.-le rogó Hermione atrayendo su rostro al suyo. Los momentos que tenían juntos eran pocos y no quería desperdiciarlos hablando de terceros.

Sabía que Draco quería una respuesta.

-Sólo respóndeme, Hermione.-le pidió sintiendo que perdía la paciencia. Él pensaba que ella, tal vez aún tenía sentimientos hacia aquel pelirrojo.- Demonios, Hermione. Sólo dímelo y te prometo que no volveré a molestarte nunca más en tu vida.

Hermione le miró a los ojos. ¿Acaso este podía ser el fin?

¡No! Ella no quería eso.

-Tú ya sabes la respuesta...-le dijo tomando su mano entre la suya y luego buscó su mirada.- Y no te atrevas a dejar de molestarme. Nunca dejes de hacerlo.-sentenció sintiendo que en cualquier momento se derrumbaría y empezaría a llorar.-Yo no lo amo, Draco...-le dijo mientras una lágrima caía lentamente por su mejilla.- Es imposible hacerlo desde que tú llegaste a mi vida.-le confesó sin más remedio.-Tú cambiaste todo… Cambiaste, absolutamente, todo.

Draco sintió una felicidad aún mayor de la que había llegado a tener en toda su existencia.

Por primera vez tenía algo por lo que podía luchar, por primera vez tenía la esperanza de tener lo mejor que la vida podía ofrecerle y alguien en quien confiar.

-Hermione…-dijo mirándola a los ojos, mientras alzaba su rostro con una de sus manos.-Tú eres quien cambió todo.-le recalcó sin poder creer que podría llegar a decirle esto a alguna persona.-Fuiste tú la que cambió todo…-sentenció sin más.-Sé que sueno como un maldito idiota, pero no quiero que esto se acabe. Lo sabes, Hermione.

Ambos recordaron lo que habían dicho dos semanas atrás.

"Quiero que esto dure para siempre…"

La castaña tuvo que morder su labio inferior, para evitar que más lágrimas salieran de sus ojos, pero aquello era imposible.

Draco había logrado salir de aquel ostracismo en el que siempre había vivido y dejaba salir a flote sus verdaderos sentimientos, sin importarle lo que pudiera llegar a pensar Hermione, sin importarle quedar como un idiota enamorado ante sus ojos. Sabía que estaba con la persona correcta, por fin podía ser él mismo, sabía que ella jamás lo juzgaría.

-Todo saldrá bien, ¿verdad?-le preguntó Hermione completamente aterrada, pero a la vez llena de esperanza por aquella decisión que ambos parecían haber tomado.

Eso no tenía ni qué dudarlo. Él sabía exactamente qué decir.

-Te lo prometo…-murmuró Draco acariciando la suave piel de su rostro. Podía ver el temor en sus ojos, pero no permitiría que nadie le hiciera daño en ninguna forma.-No hay nada que temer. No tengo miedo, ni tú tampoco.-le prometió.

Draco había decidido que su vida empezaría desde cero. Atrás se quedaría el pasado, y sinceramente, no le importaba lo que sus padres le ordenaran o impusieran, o lo que la maldita sociedad llegaría a pensar de ellos. Esta era su vida y él decidiría que hacer con ella.

Ambos tenían dieciocho años y podían hacer lo que les plazca.

Hermione se acercó a él, buscando sus labios y el calor de sus brazos. Al fin estaba sucediendo, al fin podían estar seguros de que no se acabaría ni sería una aventura.

No lo dudaron ni un segundo más y sellaron la importante promesa con un profundo beso que pareció durar infinito, pareció ser eterno, fue perfecto.

El tiempo que ambos pasaban juntos, siempre parecía ser demasiado corto, pese a que en verdad duraba horas.

Hubieran deseado quedarse juntos por el resto de la noche y hacer el amor incontables veces, pero por ahora, ambos debían volver a la realidad mientras buscaban la forma de lograr ser felices sin importar lo que podría llegar a pasar.

Por ahora, guardarían perfil bajo y buscarían la manera de dar por terminada sus respectivas relaciones evitando levantar sospechas de cualquiera.

Aunque Draco habría querido hacerlo de inmediato, ambos sabían que debían esperar algunos días para poder hacerlo. Primero debían poner todo en orden, porque sabían que las consecuencias de aquellas complicadas decisiones, serían terribles.

De todas formas, las vacaciones de Navidad se acercaban, y ese era el tiempo límite para ambos.

-Pronto todo esto terminará.-le prometió Draco aferrándose a la cintura de Hermione, sin querer dejarla ir.

Ambos ya se encontraban vestidos, pero aún seguían enfrascados en un abrazo que parecía durar eternamente.

-Lo sé, Draco. Sé que pronto no tendremos que escondernos…-respondió ella sin poder separarse de la persona que se había convertido en el centro de su universo. Él aún no la soltaba y eso le pareció bastante tierno a la castaña.-Nos volveremos a ver mañana.-le dijo sonriendo y dejándole en claro, que no sería la última vez.

-No es suficiente.-sentenció el rubio esbozando una sonrisa y aferrándose aún más.

-Nunca será suficiente, mientras se trate de ti.-concluyó Hermione dándole un último beso en sus labios.

Ambos lograron separarse y cada quien siguió su camino.

Draco la vio irse rápidamente por aquel oscuro pasadizo iluminado por tenues candelabros en los techos, pero alcanzó a ver cuando ella volteó a verle también por última vez.

Hermione alzó levemente su mano derecha diciendo adiós y esbozó una sonrisa de complicidad, que hizo que Draco se sintiera completa e irrevocablemente enamorado de ella.

-¿Qué me has hecho, Hermione?-se preguntó a sí mismo.

Sí, tal vez era uno de los tantos idiotas sin sentimientos que jamás habían creído en el amor, pero eso era porque nunca antes había llegado a sentirlo con nadie. Nunca antes lo había experimentado. No tenía ni idea de que aquel sentimiento llegaría a ser tan adictivo, tan poderoso, y que podía hacer que hasta el hombre más cuerdo, cometiera las más grandes locuras y sacrificios por amor.

Ella se había adueñado de su corazón, y no había duda de aquello.


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La entrada estaba un tanto oscura por las luces apagadas, pero Hermione logró ingresar a la sala común de Gryffindor sin ningún problema.

En su interior, ella estaba hecha un verdadero lío, pero eso no importaba. En mucho tiempo, al fin estaba siendo genuinamente feliz. No estaba sola, no estaba arriesgando todo por nada. Draco estaba con ella, no la dejaría.

Ahora el sentimiento era mutuo, y era él, quien había dado el primer paso.

Juntos lograrían escapar de aquella pesadilla y juntos enfrentarían todo lo que se venía por delante.

-¿Dónde estabas?-preguntó una voz ronca detrás de Hermione. Aquello la tomó por sorpresa, y se demoró unos segundos en reponerse.

Cuando se alejó lo suficiente y las luces se encendieron, pudo ver con claridad de quien se trataba.

-Ron… Demonios. No vuelvas a hacer eso. Casi me matas del susto.-dijo sin esperar encontrar al pelirrojo en la sala común.

Aquello era demasiado raro. Él nunca antes había esperado por ella, ni mucho menos cuando había llegado tarde de alguna ronda o por alguna reunión de prefectos.

-Lo siento…-murmuró absolutamente serio.- ¿Dónde estabas?-volvió a preguntar y en esta ocasión, avanzó un par de pasos para acercarse a ella.

Hermione, sintió algo de temor y nerviosismo. La actitud de Ron era demasiada extraña y no entendía que demonios estaba pasando. Él jamás había actuado así.

El ambiente se sentía cargado, era incómodo y molesto. Podía sentir que su respiración aumentaba ligeramente, al igual que su pulso y los latidos de su corazón.

Era momento de fingir y actuar. No le quedaba otra opción.

-¿Qué?-preguntó Hermione simulando estar confundida.

-¿Estabas con él?-preguntó Ron de pronto, sin ni siquiera molestarse en repetir su pregunta.

Inmediatamente, todas las alarmas se encendieron en la cabeza de Hermione y quiso que la maldita tierra se la tragara.

¿Acaso los había visto?

Detente, se reprendió sabiendo que tenía que actuar rápido.

-¿A qué te refieres?-preguntó cambiando su actitud y se llevó un mechón de cabello detrás de su oreja, evitando hacer contacto visual.

Ron se acercó aún más a ella.

-Con Malfoy.-le dejó en claro y de muy mala manera.- Terminando ese estúpido trabajo.-continuó con desprecio.

Hermione respiró sintiendo que no podría aguantar esta situación por mucho más tiempo.

-¿Qué? No... Estaba con los demás prefectos. Neville se enfermó y tuve que reemplazarlo en las rondas.-le explicó brevemente mientras fingía revisar un libro que alguien había dejado sobre uno de los sillones de la sala común.

Ni siquiera leyó el título, simplemente, lo abrió y pasó las hojas sin leer nada. No podía.

-¿En serio?-preguntó Ronald alzando una de sus cejas. Su actitud cambió a una más defensiva, pareciendo querer decir algo revelador.- Es extraño, porque acabo de ver a Neville en los pasadizos antes de venir aquí. La práctica de quidditch terminó bastante tarde, y pues me encontré con muchos prefectos en el camino.-le dejó en claro.

Hermione tragó espeso y se sintió como una completa idiota por no haber pensado en una excusa más creíble.

Aquella importante conversación y el tiempo pasado con Draco, ciertamente causaban estragos en ella.

-Pues, lo reemplacé. Eso es lo que hice.-le dejó en claro.- Y si después lo viste, es porque Neville regresó cuando se sintió mejor. Sólo se ausentó por unas horas.-insistió ella con aquella excusa, aunque sabía que el pelirrojo estaba lejos de creerle.- ¿Por qué me haces tantas preguntas?

Ron se encogió de hombros y luego dejó salir:

-Tal vez, porque es obvio que estas mintiendo.-sentenció mirándola fijamente a los ojos.

Hermione tomó una bocanada de aire y entendió que este era el inicio del fin.

-En serio, detente con esto, Ronald.-le dijo sin querer empezar una discusión. Sabía que lo mejor era ignorar sus palabras.

El pelirrojo negó de inmediato y avanzó hacía ella.

-¿Qué te sucede, Hermione?-le retó sin importarle nada. Él sabía que se estaba excediendo demasiado, en cierta forma, sabía que ella podía estarle diciendo la verdad, pero en esas últimas dos semanas había empezado a sentir la ausencia de la castaña más de lo normal. Probablemente, aquella situación llevaba ocurriendo desde hacía bastante tiempo y se consideraba un verdadero imbécil por no haberle prestado la debida atención a su novia.- ¿Por qué has llegado tarde todos estos días? ¿Dónde has estado?

-¿Cómo puedes preguntarme eso...?-le respondió Hermione al mismo tiempo que él parecía acorralarla.-Ron... He tenido cientos de cosas que hacer y podría enumerarte cada una de ellas.-le increpó sabiendo que la situación se estaba saliendo de control.-¿Qué te ocurre?

Ya era muy tarde, y pronto los estudiantes de gryffindor saldrían de sus camas para ver qué demonios estaba ocurriendo en la sala común de su casa.

-Nada ocurre conmigo. Sólo quiero saber dónde demonios has estado.-repitió más furioso. Hermione sabía que Ron siempre había sido una persona muy temperamental y territorial, tal vez una de las cosas que siempre habían causado ciertos quiebres en su relación.

Ella dejó salir un suspiro.

-Ya te lo dije. Las reuniones con los prefectos, las reuniones con Mcgonagall, ese trabajo de pociones y cientos de miles de deberes...-le refutó cansada de su compotamiento.-No tengo tiempo para esto.

Ron le impidió el paso.

-¿Ahora no tienes tiempo para mí?-le cuestionó con una actitud que Hermione jamás había conocido.

La castaña entreabrió los labios y se llenó de cólera.

-¿Cómo puedes decir eso? Cuando eres tú él que me ha ignorado todos estos meses.-le espetó alejándose de él.- Únicamente has estado pensando en quidditch, en ti, y en nada más.

Ron se quedó sin palabras. Probablemente, sorprendido de que ahora todo fuera culpa de él y no de ella.

-Pensé que lo entenderías.-le respondió esperando que ella comprendiera.-Mañana jugaremos contra Slytherine y es un partido muy importante... Yo, nunca...

Pero Hermione le interrumpió de inmediato.

-¿Sólo piensas en eso? ¿En quidditch? ¿Slytherine contra Gryffindor? ¡Demonios, Ron! La vida es más que sólo un juego.-le increpó sin importarle su respuesta.

La castaña salió de ahí lo más pronto que pudo. Si seguía ahí, terminaría hiriéndolo más de lo que ya había hecho. Eso sin contar con que lo peor, aún estaba por venir.


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Había amanecido más helado que de costumbre, la temperatura estaba por debajo de los cero centígrados, y Hogwarts estaba decorado por aquel extenso manto blanco de nieve que caracterizaba al castillo durante esa época del año.

El invierno había iniciado oficialmente.

Aquel día era un día especial tanto para Gryffindor como para Slytherine. Los alumnos ya llevaban varias horas esperando en el campo de quidditch, buscando los mejores asientos para poder observar aquel importante partido entre aquellas casas enemigas. El clásico Slytherine versus Gryffindor, siempre conseguía atraer más afluencia de alumnado que cualquier otra casa.

Ni siquiera, la cruenta nevada y el insoportable frío, los había hecho apartarse del gran espectáculo que estaba por acontecer.

-¡Oh, mierda!-exclamó Ginny tras los vestidores, mientras botaba algo al piso.-Maldita sea, rompí mi guante derecho.-farfulló con cierta cólera.

De inmediato, Harry se acercó a su novia y le entregó un guante de repuesto. El azabache, siempre se había caracterizado por darle todo a su equipo. En cierta parte, quería que este fuera un año especial para todos, en especial para Ginny.

-¿Siempre sabes cómo hacerme feliz, no es así?-dijo la pelirroja esbozando una enorme sonrisa, y luego procedió a besarlo sin previo aviso.

Ron los observó a lo lejos, ambos lucían tan felices y románticos que una inesperada envidia le invadió. Dejó caer su escoba de casualidad, y tanto Harry como Ginny lo notaron.

La chica le restó importancia a su hermano y volvió a lo suyo, pero para Harry eso no pasó desapercibido.

Sabía lo que había sucedido la noche anterior.

Él había sido testigo de cómo Ron había estado buscando a Hermione luego de volver de las prácticas de quidditch. Pero no pensó que algo mayor a eso, pudiera haber ocurrido.

Sin embargo, por como lucía el rostro de Ron, podía presentir que algo más había sucedido.

-¿Ron?-preguntó Harry acercándose e intentando averiguar que ocurría con su mejor amigo.

Estaban a punto de jugar un partido muy importante, y el pelirrojo no podía aparecerse con esa actitud sin ningún motivo.

-No es nada… Sólo sé que hoy no será mi día.-sentenció frustrado y augurando que sería Slytherine, quien probablemente ganaría. Ajustó su capa y procedió a colocarse el resto del pesado traje de guardián.

Harry conocía a su amigo bastante bien como para saber que algo más lo molestaba. Tenían una amistad de casi nueve años, se conocían desde pequeños y el año anterior, habían compartido más tiempo juntos durante la búsqueda de los horrocruxes. Sabía que la muerte de Fred, había golpeado fuertemente a los Weasley, y Harry se sentía en deuda de por vida con ellos.

Pero en esta ocasión, reconocía que no se trataba de una inseguridad de Ron con respecto al quidditch, en esta ocasión sentía que era algo mucho más serio.

-Vamos, Ron.-insistió el azabache mientras intentaba hacer su mejor esfuerzo.- ¿Qué sucede?

El pelirrojo no dijo nada por unos segundos, probablemente avergonzado o prefiriendo guardarse sus problemas sólo para él. Sin embargo, sabía que en la única persona que podía confiar era en Harry.

-Es Hermione.-respondió sin más.

Harry entendió de inmediato. Ni si quiera pareció sorprendido. Desde que Hermione y el pelirrojo habían decidido iniciar una relación, el azabache siempre había tenido una corazonada de que en algún momento habrían problemas. Sus mejores amigos se amaban, pero al mismo tiempo, eran tan diferentes.

-¿Pasó algo más anoche?-le preguntó intentando indagar.

Ron miró hacia la nada.

-Me estaba mintiendo, Harry. Sé que algo sucede con ella.-sentenció el pelirrojo dejando salir un largo suspiro.-Anoche discutimos…

Ahora fue Harry quien se quedó en silencio ante aquella inusual revelación.

No iba a mentir, le costaba creerle a Ron. Hermione, también era su mejor amiga y era la persona con la reputación más intachable e inteligente de todo Hogwarts.

Que ella estuviera mintiéndole, parecía algo descabellado.

-¿A qué te refieres, Ron?

El pelirrojo dejó salir otro largo suspiro, probablemente sintiéndose miserable.

-No lo sé.-dijo perdido y echando la cabeza hacia abajo.- Creo que ella ya no me ama. Tal vez nunca lo hizo. No lo sé.-sentenció con cierta madurez.

Harry negó de inmediato. Eso era imposible. Él había sido testigo del amor que Hermione sentía por Ron.

Él la había visto llorar todas esas noches, luego de que él les hubiera abandonado durante aquella discusión por los horrocruxes.

-Ron, todos tenemos discusiones. Ginny y yo, hemos tenido cientos de discusiones, y te puedo asegurar que siempre hemos buscado una solución para cualquier problema que hayamos tenido. Sé que de haber cualquier problema, entre Hermione y tú, lo podrán arreglar. Como yo lo hice.-le explicó con empatía.-Nadie dijo que sería fácil. Luego de la guerra, todos hemos quedado…

-Harry, llámame estúpido, si quieres.-le interrumpió el pelirrojo pareciendo haberlo ignorado durante todo ese tiempo.-Pero siento que hay alguien más.-confesó en voz baja.

Su amigo abrió los ojos completamente sorprendido y consternado ante tal revelación. ¿Cómo era posible de que Ron pudiera estar sugiriendo algo tan despreciable como eso?

-¡¿Qué?!-casi gritó Harry intentando guardar compostura.-Ron, ¿De qué demonios hablas? Hermione jamás haría algo así...-le aseguró sintiendo que aquello le había caído como un balde de agua fría.

Aquello era una locura, y Harry estaba seguro de que su amigo había llegado demasiado lejos por insinuar algo como eso. Ron siempre había dicho disparates, y sabía lo temperamental que él podía ser, pero con esto se había superado a sí mismo.

-Lo sé, soy un estúpido por pensar algo así.-admitió con cierta amargura en sus palabras.- Pero últimamente, puedo pensar cualquier cosa, Harry.

El pelirrojo sabía que había llegado al límite. Su naturaleza celosa e insegura, siempre lo habían hecho creer que no era suficiente hombre para Hermione. Tal vez, sólo era parte de su imaginación. Tal vez, era la verdad. Lo cierto era que no le interesaba saberlo.

-Ron... Sé que la guerra y las consecuencias que dejaron, nos han afectado a todos... A algunos más que otros.-enfatizó Harry colocando una mano en su hombro.-Creo que debes conversar con ella. Hermione es una persona muy racional, y ella siempre te ha amado. Sólo debes dedicarle más tiempo a lo que ambos tienen... Entiendo que el quidditch es importante en nuestras vidas, pero las personas que amamos son mucho más importantes.-le hizo entender mientras guardaba silencio por unos breves segundos.- Sé que podrán superar esta crisis...

Ron alzó su rostro hacia él.

-Gracias por tu apoyo, Harry. Hablaré con ella.-aceptó sin agregar nada más. Estaba fastidiado y se lamentaba por no haberse dado cuenta de aquel problema desde hacía mucho antes.

Sabía que Hermione la había pasado mucho peor que ambos durante la guerra. Él había sido testigo de cómo ella había sido torturada bajo la maldición cruciatus por culpa de esa desquiciada vieja. Aquello podía haberle causado daños irreparables a la castaña y él jamás había tenido la delicadeza de hablarlo con ella. Acercarse y poder escucharla, lograr que Hermione confiara únicamente en él.

El pelirrojo era consciente de que había descuidado su relación y había priorizado otras cosas antes que Hermione, justo cuando ella lo había necesitado más que nunca.

Se prometió que llegaría al fondo de todo este problema y buscaría una solución por el bien de su relación.

Tal vez, aún no era demasiado tarde.


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Llevaban hacía media hora sentados en la última mesa de la sección más alejada de la biblioteca.

Cogió el centenar de hojas una vez más, y decidió echarle un último vistazo mientras volvía a releer cada una de las páginas, buscando minuciosamente cualquier pequeño error que pudiera haber escapado durante las revisiones previas.

Draco se quedó observándola en silencio. Y es que ella no tenía que hacer absolutamente nada para obtener su atención. Él podía quedarse horas viéndola estudiar o hacer sus deberes.

-Lo hemos revisado cientos de veces y aún insistes en encontrar algún error.-le dijo Draco echando la cabeza hacia atrás.-Quieres que todo salga perfecto, pero olvidas que ya eres perfecta y no hay forma de que te equivoques.-sentenció.

Hermione esbozó una sonrisa y alzó su vista hacia él. Él era el perfecto, porque sólo él podía hacerla sentir así, tan especial y apreciada.

-Oh, vamos, no soy perfecta, Draco.-le dijo con ironía, volviendo sus ojos a los pergaminos.

Draco la observó fijamente por unos breves segundos.

-Lo eres para mí.-le dijo sin más, mientras Hermione esbozaba otra sonrisa y se sentía literalmente en las nubes una vez más.

El rubio notó el leve rubor en las mejillas de la castaña y le pareció lo más hermoso del mundo.

-Oh, vamos, olvídate de ese trabajo…-le pidió Draco juguetonamente.

Hermione alzó su mirada hacia él.

-¿Es que acaso siempre vas a querer ser el centro de atención, Draco?-le respondió en broma.

-Sí, Hermione.-musitó con aquella sonrisa arrogante y luego le echó una mirada a la castaña.-Siempre voy a querer toda tu atención… Tendrás que acostumbrarte a ello.

Hermione rodó los ojos. Sabía que Draco sólo bromeaba, aunque en cierta parte, reconocía que el rubio siempre había tenido aires de arrogancia.

-Pobre de mí.-le respondió la castaña volviendo a reír.- ¿Cuántos requisitos más necesito cumplir para poder estar contigo?-murmuró fingiendo pesar.

Draco se acercó a ella y cuando estuvo lo suficientemente cerca cómo para rozar sus labios, dejó salir su respuesta.

-¿Tú? Tú no necesitas cumplir ni uno sólo. Eres perfecta tal y cómo eres.-le dijo juntando sus labios a los suyos.

Aquel fue un beso rápido y Hermione no pudo evitarlo. El beso había sido demasiado cálido, pero demasiado corto, y no fue suficiente.

-Draco… Alguien nos podría ver.-le advirtió mientras acariciaba el rostro del muchacho.

-Preciosa… Aquí nadie nos buscará. Todos están en ese estúpido partido.-le dijo con un tono seductor.

¿Preciosa?, pensó Hermione sonrojándose inevitablemente otra vez. Amaba cuando él usaba aquellos adjetivos para dirigirse a ella.

Draco tenía razón. La biblioteca estaba casi desierta, no se escuchaba ni un solo ruido, a no ser por madame Pince que casi siempre se encontraba en su escritorio cerca de la entrada.

La mayoría del alumnado se encontraba en el campo de quidditch. Nadie quería perderse aquel partido.

-Ven...-le pidió Draco separándose de ella.-Siéntate aquí.-sentenció señalándole su regazo, y Hermione se mordió el labio inferior.

Sabía que eso era arriesgado, pero la propuesta era tentadora. Los enormes estantes que contenían los libros, les daban bastante privacidad a la pareja.

Ella esbozó una sonrisa cómplice y se sentó sobre su regazo.

-Esto es peligroso.-murmuró Hermione jalando de la corbata verde de Draco y miró fijamente a sus ojos.

Cuando el rubio sintió el peso de la castaña sobre él, tuvo que controlarse y de no ir más allá. Se relamió los labios, y observó aquel delicado rostro, que pertenecía a la chica que lo había hecho cometer las más grandes locuras y a la que deseaba ver todas las mañanas al despertar.

-Adoro cuando finges toda esa inocencia.-le dijo colocando una mano sobre la falda de la castaña y masajeó el costado de su muslo, dándole una palmada que la hizo gemir suavemente.

Hermione acercó sus labios a él, podía sentir su fría respiración contra la suya y no dudó en cerrar la distancia que les separaba con un ardiente beso que él no dudó en aceptar. Sus lenguas siempre se entrelazaban con la misma pasión y excitación, que sólo ambos podían obtener el uno del otro.

Colocó una mano contra el pecho del rubio, podía sentir que su corazón empezaba a latir tan fuertemente como el suyo. Pero la traviesa y delicada mano de Hermione, no se quedó quieta y comenzó a descender peligrosamente hacía los pantalones de Draco.

El rubio de inmediato entendió lo que ella quería hacer, ni siquiera tuvo que deshacerse del broche, pues ella ya lo había hecho por él.

Draco sabía que habían sobrepasado los límites, pero poco le importaba lo que podía llegar a pasar. No podía estar más que complacido con la iniciativa que la castaña siempre tomaba. Se había convertido en su obsesión, y no podía imaginar una vida en la que ella no estuviera.

-Sé que es arriesgado...-murmuró Hermione esbozando una sonrisa lujuriosa ante la atenta mirada gris de Draco.-Pero no quiero parar…-continuó mientras tomaba su gran erección suavemente y empezaba a masajearla de arriba hacia abajo.-Y sé que tú tampoco…

Draco podía sentir que ella lo volvería loco.

Él estaba completamente excitado e intentaba resistirse al toque mágico de Hermione, pero aquello era imposible y se dejó llevar.

-Oh, demonios... Me conoces demasiado bien, preciosa.-repitió echando la cabeza hacia atrás mientras era invadido por la lujuria.-Hermione… Mmmh…

El rubio se mordió el labio inferior. La química y esa conexión que ambos tenían, era increíblemente perfecta. Draco aún no podía creer que ella en verdad era suya.

Hermione sonrió de lado cuando notó el efecto que estaba causando en el rubio. Le encantaba verlo rendido ante ella, pidiendo por más y rogándole porque no parara. Y es que Draco, le había enseñado tantas cosas y era gracias a él que sus habilidades en el sexo habían aumentado considerablemente.

-Esta tan duro...-murmuró la castaña contra los tentadores labios del rubio, y luego los saboreó por unos segundos.

Draco estaba bajo una placentera tortura, bajo un hechizo que deseaba que durara para siempre, sólo Hermione podía tenerlo así de excitado.

Maldita sea, Hermione, pensó disfrutando de sus labios y de lo bien que masajeaba su erección.

Draco sabía que no había vuelta atrás, estaba más que loco por ella. Hermione podía pedirle el mundo entero en esos momentos, y él se lo daría.

-Por ti…-le respondió Draco esbozando una lujuriosa sonrisa, y luego coló una de sus manos dentro de la blusa desabotonada de Hermione y agarró uno de sus senos con necesidad. Incapaz de controlarse, lo masajeó, tocó y sintió lo duro que su pezón también estaba.

Hermione volvió a morderse el labio inferior, mientras Draco continuaba ocupado con su placentera tarea; pero la castaña decidió ir aún más lejos y sabiendo del increíble riesgo que corrían, sentía que más grande era la excitación que ambos sentían en esos momentos, es por ello que dándole un último beso en los labios, la castaña decidió descender.

Finalmente, Draco la vio de rodillas, en frente de él y de su dura masculinidad. En ese momento supo que había encontrado a su igual, a su alma gemela, o cómo demonios la gente lo llamara.

Pero no pudo seguir pensando en eso, cuando sintió que la cálida y tibia lengua de Hermione, recorría todo el largo de su gran erección, yendo de arriba hacia abajo, y luego en viceversa.

Hermione escuchó que Draco gimió de inmediato.

¿Disfrutaba dándole sexo oral? Por supuesto que ella lo hacía. Aquello lo había aprendido con él, porque ciertamente jamás lo había intentado con el que era su actual novio. Ella y Ronald, jamás habían ido más allá que lo común, pero con Draco era completamente lo opuesto. Juntos habían ido mucho más allá y más.

Hermione se llevó la dura masculinidad del rubio a su boca sin previo aviso, lo que hizo que él gimiera inclusive más fuerte que antes. Draco tuvo que controlarse y evitar que alguien pudiera oírlos, pero sabía que nadie lo haría, o tal vez sí. Sea lo que sea, aquel riesgo hacía que la excitación se multiplicara por mil. Sólo ella podía hacer que todo fuera increíblemente perfecto.

La castaña chupó su erección varias veces más, saboreando cada parte de ella y haciendo que su tibia boca disfrutara del rubio. Escuchaba a Draco gemir y dejarse llevar por la pasión, el deseo y la lujuria.

-Hermione, si sigues así, voy a venirme en tu dulce boca.-le advirtió acariciando el rostro de la muchacha y sintiendo que estaba recibiendo el mejor sexo oral de su vida.

Ella dejó de chupar y observó fijamente a aquella mirada gris cargada de sexo.

-Hazlo…-le dijo sonriendo con complicidad mientras dejaba un apasionado beso en su erección.-Será nuestro pequeño secreto…

Draco le sonrió de vuelta, complacido con la respuesta.

-¿Y aun así crees que no eres perfecta?-le cuestionó al mismo tiempo que Hermione volvía a atrapar su glande para saborearlo como si de un caramelo se tratase.-Oh, demonios, eres mi perdición… mi droga…

Hermione sintió que Draco cogió su cabello y jaló de él, mientras intentaba aguantar un poco más y resistirse a su increíble boca. La castaña se había vuelto en su adicción y no quería que nadie se la arrebatara de su lado.

El sólo escuchar el sonido de la cálida boca de la castaña mientras chupaba su erección una y otra vez, aumentando la velocidad y saboreando cada vez más, le hacían decir tantas cosas que no podía dejar de gemir por lo bien que se sentía. El rubio supo que era imposible resistirse a ello y pronto llenaría la dulce boca de Hermione con su tibio semen.

Pasaron unos segundos más de puro placer, en los que sintió la necesidad de venirse inevitablemente en ella. El rubio llegó al clímax de una forma inimaginable. No podía negar que estaba loco por Hermione.

Dejó salir un último gemido, y de inmediato, ella sintió que todo el semen de Draco se había derramado dentro y alrededor de su boca.

Tuvieron que pasar unos minutos para que ambos se recuperaran de tan grandiosa experiencia.

-De nada...-agregó Hermione con cierta ironía y luego esbozó una tierna sonrisa, que hicieron que el corazón del rubio se acelerara mucho más.

De inmediato la cogió de los brazos y la sentó nuevamente en su regazo.

-Eres increíble…-susurró limpiando la comisura de su dulce boca.-Y eres mía…

Se enfrascaron en otro lujurioso beso que los hizo olvidarse de todo por unos breves instantes.

-Podría cogerte ahora mismo, Hermione.-le dijo Draco colocando ambas manos alrededor de su cintura.-Aquí, en esta silla, contra la pared, en la mesa… Te voy a coger en todos lados.

Hermione rodeó su cuello y se sintió en las nubes ante las palabras de Draco. Sinceramente, ella quería todo eso y mucho más. Se sentía tan especial y apreciada por él.

-Hazlo… Será perfecto…-le susurró Hermione rozando suavemente sus labios contra los suyos.-Al igual que tú, Draco...

Draco estaba por besarla otra vez y fundirse en otro beso cargado de excitación y más deseo, pero unas voces infantiles parecieron acercarse a donde estaban ellos, y tan pronto como las oyeron, Hermione se separó de él.

El rubio se abrochó los pantalones, y en menos de diez segundos, ambos ya lucían casi decentes.

-Mi cabello esta hecho un desastre…-murmuró Hermione notando que necesitaba volverse a peinar.-Ahora que lo recuerdo, cierta persona no dejaba de jalarlo.-continuó con sarcasmo.

Draco se paró detrás de ella y volvió a poner ambas manos en su cintura.

-¿Y qué esperabas?-inquirió suavemente contra el lóbulo de su oreja.-Tu dulce boca hace maravillas, Hermione…

Ella sonrió. Esta era la milésima vez que sonreía, y todo gracias a él.

-Esta noche… Veámonos aquí otra vez, Draco.-sugirió Hermione mientras entrelazaba sus manos con las suyas.-Y hagamos lo que prometiste qué harías.-le insinuó volteando para poder ver su rostro.

-Estaré encantado de ver ese perfecto cuerpo desnudo frente a mí, otra vez…-le dijo sensualmente, y luego sintió que Hermione se puso de puntillas para lograr alcanzar su rostro y besarlo una vez más.-No puedo creer que serás oficialmente mía dentro de poco… Mía y de nadie más.

Hermione sintió un aguijón de felicidad en su pecho. Él siempre buscaba la forma de hacerla feliz, con sus palabras, con sus actos y promesas. Draco era muy diferente a aquel chico de sentimientos fríos que aparentaba ser. Ella había logrado penetrar en lo profundo de su alma y conocer al verdadero Draco Malfoy. Lo que el resto veía, sólo era una máscara.

-Soy tan feliz contigo.-le dijo ella inesperadamente, y luego procedió a aferrarse a él en un abrazo que pareció eterno.

Draco se sorprendió por unos breves segundos, pero de inmediato también correspondió a aquel cálido abrazo, quedándose así, juntos y conectados, por unos largos minutos.

-Yo también…-respondió Draco sin poder evitar esbozar una sonrisa.

Una sonrisa real y verdadera.

El destino siempre guardaba grandes sorpresas para todos, y ciertamente a él le había dado algo que jamás pensó tener.

Amor...


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El partido había sido increíblemente vergonzoso, pero eso no sorprendía a Ron. Sabía que eso sucedería, y aunque habían logrado una milagrosa victoria contra Slytherine a último minuto, no había sido gracias a él.

Dejó los pensamientos de lado y cuando ya se hubo cambiado de ropa, dejó los vestidores tras de sí.

-¡Eh, Ron!-le llamó Harry animadamente.-Nos vemos en la sala común y luego iremos por una cervezas a Hogsmeade.

El azabache no agregó nada más, sabía que su amigo tenía prisa por hablar con su novia.

Ron asintió brevemente, y se despidieron alzando la mano.

Recordaba las palabras que Harry le había aconsejado, e intentaría ponerlo en práctica y remediar todo el daño que hubiera podido haber causado en su relación durante todo ese tiempo.

Sabía perfectamente que la castaña no estaba esperando por él cuando el partido hubo acabado, por lo que tendría la tarea de encontrarla.

Ron sabía que podía ser un verdadero bruto y que la discusión de ayer había sido bastante descontrolada, no le había dado tiempo de que ella pudiera excusarse correctamente.

Pero ¿por qué no podía dejar de lado a aquellas sospechas que aún invadían a sus pensamientos?

Nuevamente las palabras de Harry venían a su mente una y otra vez.

"¿Hermione? Ella jamás haría algo así."

Y sabía que eso era cierto. Aquella castaña, siempre había llevado su moral y su reputación por lo alto.

Ella era mucho mejor que él.

-Soy un verdadero imbécil.-se dijo por millonésima vez en lo que iba del día.

¿Cómo podía desconfiar de ella? ¿De su Hermione?

Tal vez su relación no era perfecta, él no era el mejor, pero juntos habían pasado por tanto, y toda una vida les unía. Ron pensaba que eso era suficiente para que tuvieran un futuro prometedor.

Él se convertiría en auror y ella estudiaría lo que más le gustaba. Lograrían muchas cosas juntos.

De pronto, cuando estaba cerca del gran comedor, vio a Luna en compañía de Theodore Nott, y aunque hubiera preferido no dirigirle la palabra, se vio obligado a hacerlo esperando que ella supiera el paradero de Hermione.

La rubia parecía reír y llevar una charla animada con su novio slytherin. Ambos se entendían demasiado bien, y nuevamente, Ron se vio invadido por una envidia como la que había sentido al ver a Harry y a Ginny en los vestidores.

Todos parecían tener relaciones felices y estables, menos él.

¿Por qué?

-¿Luna?-llamó a sus espaldas.

De inmediato, ella giró esbozando una sonrisa. Estaba sorprendida de ver a Ron.

Contrario a su novia, Theodore Nott prefirió ignorarlo.

-Oh, Ron. Felicidades por el partido.-exclamó la chica amigablemente.

Él se aclaró la garganta mientras le echaba una mirada despectiva al castaño.

-Gracias, Luna… Logramos patearle el trasero a Slytherin por segunda vez consecutiva.-recalcó haciendo énfasis en aquella oración. Pero al parecer, no causó el efecto esperado en Nott, porque él ni siquiera se inmutó y continuó ignorándolo.- Por cierto. ¿Has visto a Hermione?-le preguntó sin más.-Llevó buscándola desde que acabó el partido y no la veo por ningún lado.

Luna no dijo nada por unos breves segundos, probablemente, intentando recordar si la había visto durante el día.

-Lo siento, Ron.-le dijo sin más remedio.-Tampoco la he visto.-murmuró con aquella tranquilidad que la caracterizaba.-Tal vez está en la sala común… Escuché que todos irían a celebrar ahí.

El pelirrojo lució decepcionado, tal vez pensando en que Luna podría haberlo ayudado.

-Sí, tal vez…-murmuró claramente fastidiado.

De inmediato, Theodore Nott, que hasta ese momento había lucido serio, esbozó una sonrisa discreta y pareció disfrutar de una broma privada que sólo él sabía. Tal vez, se reía de algo que había recordado.

Ron no entendió aquel comportamiento, pero sinceramente le dio mala espina.

Al pelirrojo no le quedó de otra, que alejarse de ahí lentamente.

-¿Qué sucede, Theo?-le preguntó la rubia sonriendo.

-Oh, cariño, no lo entenderías…-musitó sabiendo que Weasley les había oído.

Ron jamás entendería cómo Luna podía llevar una relación con aquel despreciable mortifago. Para él, Nott junto a Malfoy, Parkinson y muchos otros no debían estar en Hogwarts, debían haber sido enviados a Azkaban con sus padres.

Era culpa de ellos y de su gente, que su hermano Fred ahora estuviera muerto.

Y de pronto, aquel apellido perteneciente a una de las personas que más odiaba en la tierra, volvió a resonar en su cabeza.

Malfoy, pensó de pronto. Recordó que la noche anterior, Hermione había mencionado que una de las tantas cosas que la habían mantenido ocupada, había sido aquel estúpido trabajo de pociones.

¿Acaso ella podía estar en la biblioteca?

Bueno, Hermione casi siempre pasaba su tiempo ahí, y se sintió como un verdadero estúpido por no haber ido ahí primero.

Nuevamente, cambió de rumbo.

Se tardó un poco en llegar, ya que la biblioteca siempre se había ubicado en el ala más alejada del castillo. Y las escaleras tampoco parecían estar de su lado aquel día, ya que habían tardado en moverse y cambiar de lugar.

Cuando finalmente llegó a su destino, se apresuró en ingresar a la biblioteca, pero tan pronto como lo hizo, una chica de cabellos azabaches casi chocó contra él. De inmediato, ambos se separaron y ella lo fulminó con una mirada de desprecio, cas queriéndolo insultar por su estupidez.

Ron reconoció a aquella desquiciada chica como Astoria Greengrass.

-¿Disculpe, madame Pince?-preguntó la chica con un tono de voz bastante chillón y fingiendo comportarse frente a la anciana.-¿Draco se encuentra aquí?

A Ron le llamó la atención su pregunta, casi había olvidado que aquella chica de actitud pérfida y altanera, era la novia de Malfoy.

Y al parecer, él no era el único que buscaba a su pareja.

-Oh sí, querida. Él y la señorita Granger vinieron hace algunas horas... No los he visto salir. Supongo que deben de seguir aquí.-dijo la anciana haciendo un gesto como si intentara recordar.

La cara tanto de Ron como Astoria, cambió al mismo tiempo.

Sin ni siquiera contestarle "gracias" a la anciana, Greengrass se fue de ahí, en busca de su "prometido".

Y Ron no dudó en hacerlo también. Él quería hallar a su novia lo antes posible.

-¡Draco!-gritó la azabache por toda la biblioteca. No le importaba que hubiera un enorme letrero que indicaba SILENCIO.-¡Draco!

Ciertamente sus gritos pusieron en alerta a todo el lugar, y Ron intentó ser más discreto en su búsqueda.

Astoria tuvo que adentrarse hasta la última mesa de la biblioteca, dónde sólo se escuchaba el sonido de unos pergaminos, para así poder encontrar a su adorado Malfoy.

Draco se encontraba escribiendo en uno de los cientos de papeles que había sobre la mesa, mientras Hermione se encargaba de apilarlos todos en orden. La escena no dejaba nada revelador o sospechoso, parecía que efectivamente, ambos habían estado trabajando duro por terminar aquel odioso trabajo.

De inmediato, la azabache le dirigió una mirada a su novio, y este ni siquiera se preocupó en alzar la vista hacía ella. La ignoró por completo, mientras seguía enfrascado en lo suyo.

Astoria lo tomó como una humillación y se sintió un tanto molesta por su actitud, pero intentó disimular lo mejor que pudo en frente de Hermione. No cabía duda, que odiaba la idea de que el rubio se hubiera visto obligado a pasar tiempo con la castaña por culpa de Slughorn.

-Draco…-exclamó la chica acercándose a él y mostrando aquella actitud petulante que la caracterizaba.-No pensé que estarías trabajando en aquel proyecto hoy… Pensé que te vería en el partido de quidditch.

Draco se demoró en responderle, y finalmente dejó de escribir.

-Hay cosas más importantes que un simple partido, Astoria. Este trabajo se entregará este martes.-le recordó al mismo tiempo que veía llegar al idiota de Weasley.

Si de por sí, la situación ya era bastante incómoda para ambos, ahora se había multiplicado. El rubio no dudó en mirar con desprecio al pelirrojo.

Esto era lo único que faltaba.

-Hermione…-llamó Ron para molestia de Draco. Weasley, no tenía ni la menor idea de cuánto odio le generaba.

De inmediato, la castaña alzó su rostro y pareció completamente sorprendida cuando lo vio ahí. Esta era la coincidencia más extraña de todas.

Draco, Hermione, Ron y Astoria, todos en un mismo lugar. Una ironía bastante molesta e incómoda.

Ella intentó disimular aquella sorpresa de inmediato, y supo que una vez más, debía fingir. Por mucho que ya estuviera cansada de ello, sabía que pronto no tendría que hacerlo en lo absoluto.

-Te estuve buscando…-continuó Ron con tranquilidad, esperando que ella ya no estuviera molesta por lo sucedido la noche anterior.-Todos celebraremos en la sala común.-se apresuró a decirle.

-¿Oh, ganaron?-preguntó ella de inmediato, e intentó no sonar tan seria.

Pero Hermione ni siquiera le estaba prestando atención a sus propias palabras, ya que en esos momentos podía sentir la incómoda mirada de Astoria Greengrass sobre ella, podía sentir todo su odio, toda su antipatía y animadversión desde que había llegado.

El pelirrojo asintió tan rápido cómo pudo.

-Siempre lo hacemos.-contestó orgulloso de sí mismo. Aunque, Ron sabía que él no había hecho casi nada por alcanzar la victoria y eran otros los que habían hecho el trabajo por él.

Hermione no quería irse, ni dejar a Draco con aquella desequilibrada mujer. Pero sabía que tenía que salir de ahí, antes de que pudiera levantar cualquier sospecha o actitud impropia.

-Creo que ya hemos terminado aquí, Granger.-sentenció Draco acomodando los papeles frente él e intentó darle una salida rápida. Él tampoco quería que ella se fuera en compañía de Weasley. El simple hecho de verlos juntos, siempre le causaba una rabia que sabía muy bien cómo disimular. Aunque debía de admitir que cada vez, era más difícil de hacerlo.

Esto era igual de complicado para ambos.

La castaña le dirigió una mirada que sólo él sabía cómo interpretar.

No había nada que temer. Estaban juntos en esto. Eso era lo que él le había prometido.

-Bien. ¿Puedes apilarlo y guardar el proyecto hasta el día de la entrega, Malfoy?-le preguntó Hermione mientras recogía sus cosas y las metía en su bolso.

Él rubio asintió brevemente, y evitó hacer contacto con su mirada, quería ignorarla por completo, pero Draco no pudo evitar observarla una última vez.

-Hasta el martes, Granger.-se despidió.

-Hasta el martes, Malfoy.-finalizó ella evitando verse tentada a devolver la mirada. Hermione colgó su bolso en su hombro, y pasó por el lado de Astoria, ignorándola y desapareciendo con Weasley, para pesar de Draco.

La azabache aprovechó para mirar con desprecio a Hermione una última vez, y sintió que al fin podía hablar cómodamente con Draco.

Al fin estaban solos.

-¿Por qué eres tan amigable con ella?-cuestionó sintiendo que aquella despedida había sido demasiado cordial y cercana para dos personas que nunca se habían dirigido la palabra en todo su tiempo en Hogwarts.

Draco rodó los ojos.

-Por si no lo sabes, tenemos un proyecto en común… Así que no sé de qué demonios me estás hablando Astoria.-objetó esperando que ella se aburriera y lo dejara en paz. Pero eso estaba lejos de pasar.-Preocúpate de tus propios asuntos y deja de perseguirme… Creo que tienes cosas más importantes que hacer, al igual que yo.

Astoria se sintió insultada y aunque ella creía que Draco jamás podría ver con otros ojos a Hermione Granger, le molestaba que tuviera que pasar tiempo con ella, primero como prefectos y luego con ese maldito proyecto.

-¿Cómo quieres que no lo haga cuando sé que prefieres pasar tiempo con una sangre sucia?-le reclamó molesta de que no existiera ni una sola forma de poder recuperarlo.

Draco se colocó de pie impulsivamente, y Astoria se sorprendió por aquella actitud. ¿Por qué demonios parecía molesto?

-¿Y a ti qué demonios te importa?-le inquirió Draco sin importarle su reacción. Ya estaba cansado de todo, de ella, de su actitud, de su patético compromiso, de que llamara sangre sucia a Hermione, de todo.- Prefiero mil veces hacer este tedioso trabajo, antes que pasar tiempo contigo.

Aquello encolerizó a la azabache. Ella amaba a Draco y odiaba que él jamás hubiera podido corresponder a sus sentimientos y siempre la hubiera ignorado.

-¿Qué no lo entiendes? ¡Eres mi prometido!-exclamó la chica cómo si eso fuera suficiente para que él volviera a ella con los brazos abiertos.-Debes pasar más tiempo conmigo. Nos casaremos y serás mi esposo. Tarde o temprano, sucederá.-enfatizó.

Esa excusa era lo único que ella parecía decir, cada vez que tenían una discusión. No tenía imaginación ni originalidad.

-No, no lo soy...-le respondió Draco por primera vez.-No soy tu maldito prometido. Eso sólo es parte de un maldito contrato. Que te quede claro, Astoria, yo no soy tu prometido.-repitió para molestia de la chica.

Ella se puso de pie y se acercó a Draco peligrosamente. El rubio sabía que ella podía ser muy temperamental, pero en esta ocasión la había visto mucho reaccionar con más vehemencia que de costumbre.

-¡Eres un maldito mentiroso!-casi gritó con ímpetu, sin que le importara lo que pudiera llegar a pasar.- ¿Crees que soy una estúpida? ¿Crees que puedes engañarme a mí? ¡Vamos, di la verdad! ¡Sé que tienes algo con alguien más!

Draco no pensaba ser tan impulsivo, pero aquella mujer lo sacaba de sus cabales, y se vio precipitado a decirle lo que quería hacer desde el día en que su madre le había anunciado sobre su compromiso con la menor de las Greengrass.

-Escúchame bien, Astoria.-le dijo sonando completamente calmado, aunque por dentro sentía todo lo contrario. Sólo estaba intentando controlarse.- Por mi bien y por el tuyo. Me encargaré de anular ese asqueroso contrato. Esto se termina aquí.-sentenció.-Créeme, me lo agradecerás... En unos meses, te olvidarás de mí y encontrarás a otro.

El rostro de Astoria, cambió radicalmente a uno de pánico y se sintió desesperada. Ella jamás habría imaginado que él llegaría tan lejos, y sintió que su mundo se estaba derrumbando a pedazos.

-No, no puedes hacerlo.-sentenció completamente exasperada.-¡Tú madre no lo permitirá! ¡Tú familia me necesita!-le recordó, esperando que eso lo hiciera cambiar de opinión.

Draco sintió que tendría un dolor de cabeza más tarde, si no se alejaba de ella lo antes posible.

-Claro que sí puedo hacerlo.-le dijo sorprendido de que ella pudiera haber llegado a sugerir algo tan patético como eso.-¿Crees que me importa lo que dirá mi madre? ¿Crees qué me importa lo que dirá mi padre? ¿En serio crees que me importa la reputación de mi familia? Al diablo con ellos, no me importa lo que hagan, lo que digan o lo que piensen. Me importa una mierda.-le dejó en claro mientras esbozaba un sonrisa sarcástica.

Decir todo eso, lo había hecho sentir bastante bien, y en cierta parte, sentía una gran expectativa por saber cuál sería la cara que Lucius pondría al enterarse que el compromiso sería anulado.

-Ya he tenido suficiente de toda esa basura por mucho tiempo, Astoria.-continuó diciendo mientras le echaba una última mirada a su ex-novia.-Es mi vida, y lo siento, pero tú no estás incluida en ella...

Draco cogió el proyecto de Pociones y el resto de sus cosas a toda prisa.

Esperaba que eso hubiera sido suficiente para terminar con todo ese escándalo.

-¡No, Draco! ¡No puedes hacerme esto! ¡Espera!-exclamó Astoria acercándose a él e intentando tomar su mano, pero Draco la alejó tan pronto como pudo. No quería dar una escena. No tenían espectadores a su alrededor, pero aún así, él no quería que esto llegara a mayores.

-Sí, puedo.-le dijo de una vez por todas.-Soy completamente libre de hacer lo que me plazca, y ciertamente, no puedo aguantar ni un segundo más a tu lado.-confesó, pese a que Astoria le seguía desesperada.

Ella se sintió perdida y supo que sería demasiado difícil hacerlo volver.

-¡No podrás librarte de mí tan fácilmente!-gritó deteniéndose y observándolo fijamente.-...Te prometo que te arrepentirás de todo esto, Draco. Te voy a destruir... Los destruiré a los dos.-le advirtió en referencia a su amante. Sus palabras despedían odio y veneno. La forma en que lo había dicho dejaba en claro que no jugaba. Y aunque Draco, nunca tomaba sus advertencias en serio, en esta ocasión había podido ver cierto frenesí y actitud obsesiva que rozaba la locura en Astoria.

De pronto, una anciana les interrumpió el paso y miró perturbada la escena.

-¡Oh, santos cielos! Señor Malfoy, señorita Greengrass. ¿Qué son esos gritos? Este es un lugar de estudio. Les pediré que se retiren de inmediato o terminarán en el despacho de la directora.-reprendió la anciana consternada y muy sorprendida por aquella actitud.

-Disculpe, madame Pince. No volverá a suceder.-sentenció Draco saliendo de ahí a toda prisa. Astoria estaba desquiciada. El rubio se alegraba de que sería otro él que tendría que lidiar con ella en el futuro.

Al salir de la biblioteca, no pudo evitar sentir una paz desbordante en su interior.

Había sido un excelente día. Ahora, al fin podía decir que él ya era libre y podría estar con la persona que en verdad deseaba.

Sus padres y lo que el resto pensara, habían quedado en segundo plano. Todos podían irse al mismísimo infierno si querían, pero no le volverían a ordenar absolutamente nada a Draco Malfoy.

En su mente, ahora sólo había lugar para una persona. Para aquella chica que había girado su mundo de cabeza y con quien sentía una gran conexión.

Hermione.


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Gracias por leer, chicas! Espero que el capítulo les haya gustado y lo hayan disfrutado mucho :)

Creo que este es el capitulo más largo que he escrito en toda mi vida, hahaha. Es por eso, que me gustaría saber si piensan que los capítulos están siendo demasiado largos, o les gustaría que fueran más cortos y directos.

A veces soy muy descriptiva con la narración ¯\_(ツ)_/¯ y eso puede aburrirle a algunos. Espero sus respuestas en los comentarios, o por si tienen cualquier otra duda, no olviden dejar un review, se los agradeceré :)

Por cierto, ya estoy escribiendo el siguiente capítulo, así que no tendrán que esperar mucho para la siguiente actualización. Un pequeño regalo en estos tiempos tan difíciles.

Cuídense mucho, por favor! :)