¡Hey! Gracias a todas las personas que dejaron un review en el capítulo anterior. Se los agradezco muchísimo :) Y Gracias por seguir leyendo "Cruel Amor", cada leída, favorito y comentario me anima a seguir escribiendo mucho más.

Ahora sí, sin mas demoras. A leer!


Capítulo 12: Nunca fuiste tú...

La sala común de Slytherin siempre había sido un ambiente muy lúgubre y frío, sus luces opacas y las tenues velas le daban un aspecto bastante melancólico y oscuro al lugar. Más aún cuando era invierno y la nevada cubría todo a su alrededor.

-No, Daphne… ¡Demonios, no!-exclamó Astoria mientras se dejaba caer sobre un sillón cerca a la chimenea. Los arranques de furia y la desesperación, siempre habían caracterizado a la menor de las Greengrass, pero últimamente estos habían aumentado considerablemente.

Su hermana Daphne, ya estaba acostumbrada a sus dramas y lloriqueos por otros chicos. Siempre que algo no salía como Astoria lo deseaba, empezaba un sin número de patéticas actuaciones y melodramas. Sin embargo, en esta ocasión la situación parecía ser mucho más complicada, y ni siquiera Daphne sabía cómo podría llegar a reaccionar su hermana. Ella era demasiado volátil.

Cautelosamente, se acercó a Astoria e intentó darle su apoyo. Sabía que sería una tarea casi imposible, pero al menos lo intentaría.

-¿Quieres calmarte, Tori?-le pidió llamándola cariñosamente.- Sinceramente, no sé a dónde quieres llegar con todo esto. Claramente, él no te ama y el compromiso sólo fue parte de un sucio contrato para limpiar la reputación de su despreciable familia. Eso lo sabías desde el principio.-le recordó.

Astoria miró el fuego por unos largos segundos y se sumergió en sus oscuros pensamientos.

-Daphne… Tú no lo entiendes, tú no sabes lo que sucedió entre Draco y yo... Lo que hemos vivido. Lo que acordamos en ese maldito contrato.-le dijo de una forma tan maniática, que inclusive llegó a sorprender a su hermana mayor.

Daphne negó de inmediato y se colocó delante de ella.

-Astoria, ese compromiso sólo tiene tres meses.-le restregó quitándole importancia a su problema.-Es Malfoy. ¿Qué esperabas? Siempre ha sido un bastardo… Te lo advertí. Es por eso que no decidí aceptarlo como mi prometido. Tú fuiste la que insistió en que fuera tuyo, y pues… Ahí tienes las consecuencias.-admitió sabiendo que eso podía herirla.-Creo que él ya le dio la espalda a todo, se aburrió del compromiso y me imagino que ya no le importa lo que su familia le pueda exigir.

Astoria ni siquiera pareció escucharla, pues aún seguía observando el fuego.

-Son cuatro meses.-le corrigió sin darse por vencida.-Y creo que eso es bastante tiempo…-recalcó ignorándola.- Él tiene a otra. ¿Sabes?-murmuró de pronto.

Daphne intentó seguirle la corriente. Sabía que no llegarían a nada.

-Bien… ¿Y qué con eso?-le preguntó sin parecer sorprendida.

-¿Qué no lo entiendes? Él me está dejando por una zorra. Por una maldita zorra, Daphne.-le explicó con rabia mientras se ponía de pie y empezaba a caminar por la sala común.-Sé que Draco nunca fue cariñoso, pero todo iba bien cuando empezó el año… No sé cómo pasó. Todo es culpa de ella, de esa zorra… ¡Los odio!

Su hermana dejó salir un largo suspiro. La actitud irritante de Astoria, era consecuencia de la crianza a la que había sido sometida. Sus padres, siempre la habían mimado y le habían consentido cada uno de sus caprichos.

-Astoria, él nunca fue cercano a ti.-admitió Daphne cruzándose de brazos.- Siempre dejó en claro que su relación contigo sólo era parte de un contrato, pero tú te tuviste que enamorar…

En ese momento, la menor de las Greengrass se quedó pensativa.

-Sí, lo amo, Daphne… Lo amo y siempre estuve enamorada de él.-murmuró con cierta obsesión.- ¿Qué no lo entiendes? Él no puede haberme hecho eso… No sabe con quién demonios se ha metido, maldita sea.-casi lloró con furia, pero suprimió las lágrimas.

A ojos de Daphne, todo ese asunto se le hacía demasiado exagerado. Ellas dos podían conseguir mejores pretendientes con reputaciones intachables, y no a alguien con un pasado tan oscuro como Draco Malfoy.

Todo había sido parte de un contrato entre sus familias. Un simple papel, que ambos habían firmado antes de empezar el año escolar. Jamás imaginó que su hermana involucraría sus sentimientos de por medio.

-¿Crees que esa otra sea Parkinson?-preguntó Daphne con curiosidad e intentando cambiar de tema.

Astoria alzó la mirada hacia ella.

-Eso pensé, pero no…-le dijo con seriedad.-Acabo de enterarme que Parkinson se ha comprometido con Blaise Zabinni. Menuda suerte la de esa ramera.-sentenció con bastante veneno en sus palabras.

-¿Millicent?-continuó su hermana barajando algunos nombres.

-No, Daphne, por dios, nadie en su sano juicio se cogería a Millicent Bulstrode.-exclamó Astoria con asco.

Daphne se encogió de hombros.

-Pues, no se me ocurre nadie más… A menos que sea alguien de otra casa.-murmuró sin importancia.

El rostro de Astoria pareció iluminarse con las palabras de su hermana.

Probablemente, tenía que ampliar los horizontes de su búsqueda e ir más allá que sólo Slytherin.

-Astoria. Detente.-insistió Daphne al reconocer la mirada de su hermana.-Él ya terminó la relación contigo. Ya debe habérselo dicho a sus padres. No volverá… Sólo estás perdiendo tú tiempo. No cometas una estupidez.-le pidió sabiendo que Astoria podía ser bastante impulsiva y engañosa.

La chica de cabello azabache le dirigió una mirada a su hermana y esbozó una simple sonrisa.

-Escúchame bien, Daphne…-le advirtió colocándose en frente de ella.-Jamás dejaré a Draco Malfoy, jamás permitiré que sea feliz con otra, jamás olvidaré que me haya humillado de esa forma… No me importa lo que tenga que hacer, pero yo voy a descubrir quién es esa ramera… Lo haré. Y los destruiré.-le dejó en claro.- No te pido que me ayudes, sólo espero poder contar con tu discreción y que no le digas nada a nuestros padres.

Daphne se quedó en silencio, y simplemente asintió sin decir nada más.

No sabía a dónde quería llegar su hermana con todo eso, pero parecía que hablaba muy en serio.


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Aún faltaba una hora para que empezara la clase de Pociones, y todos, absolutamente, todos los alumnos del último año de la casa Gryffindor, se encontraban escribiendo, completando y apilando sus proyectos sobre el suelo.

La sala común parecía un verdadero desastre. Cientos de plumas volando, tinta desparramada y papeles regados por todos lados.

-¡Slughorn se puede ir al infierno!-gritó Seamus Finnigan desesperado y dejando caer varios pergaminos en el suelo.- ¡Jamás terminaré este maldito trabajo!

El día de la entrega del trabajo final de Pociones había llegado. Y la mayoría de estudiantes, parecía que se habían olvidado de aquel proyecto, ya que más de uno lucía igual o peor que Finnigan.

-Creo que llegaré antes a Pociones…-murmuró Neville echándole un vistazo a Hermione.

-Yo también iré antes.-le dijo ella al mismo tiempo que veía llegar a Harry en compañía de Ginny y de Ron.-De hecho, creo que lo haré ahora...-agregó al mismo tiempo que el mayor de los Weasley parecía venir en su dirección.

No tenía por qué negarlo, había llevado evitando a Ron durante todo el fin de semana.

-Harry… Te veo en pociones…-murmuró la castaña rápidamente, mientras cogía su bolso y el resto de sus cosas.-Nos vemos en la cena, Ginny.-le dijo a la pelirroja.

Ginny se despidió alzando una mano. Ni siquiera, se sorprendió por la actitud de su amiga. Sabía perfectamente que Hermione había discutido con su hermano, y ella la entendía bastante bien, porque sabía el dolor de cabeza que el pelirrojo podía llegar a ser.

-Hermione… Te veré en pociones.-alcanzó a decirle Ron, a lo que ella respondió asintiendo brevemente.

Ron se sentía cómo un perdedor, sentía que cada día la iba perdiendo más y más.

El último sábado, luego del partido de quidditch, cuando había encontrado a Hermione en la biblioteca, ni siquiera habían tenido tiempo de hablar, ya que la castaña se había apresurado en llegar a la sala común para unirse a la celebración con el resto de los gryffindors, y por la noche, nuevamente, ella había desaparecido.

El pelirrojo se había sentido claramente dolido, al enterarse de que ella había estado pasando tiempo con Malfoy haciendo ese estúpido proyecto de pociones, en lugar de asistir a verlo jugar en aquel importante partido, y hasta el momento, no habían podido tener aquella importante conversación que Ron ansiaba tener.

-Hermione, espera…-exclamó Harry saliendo detrás de ella.

La castaña paró de inmediato y se sorprendió de verlo ahí.

El corredor estaba vacío, por lo que eso les daría algo de privacidad.

-Hermione… ¿Qué sucede?-le preguntó Harry sin más rodeos y esperando poder mediar entre ella y Ron.

Ella no pareció entenderlo, pero luego llegó a la conclusión de que se estaba refiriendo a Ronald.

-Nada sucede conmigo, Harry.-contestó de inmediato.

Lo último que necesitaba, era que su mejor amigo le cuestionara su actitud. No necesitaba que terceros, sin importar que fuera alguien tan cercano a ella, le exigieran respuestas sobre un problema que le competía únicamente a ella.

-¿Por qué lo evitas?-continuó él. Harry sabía que estaba siendo algo pertinente con la pregunta, pero él en verdad, sólo quería que sus mejores amigos se reconciliaran y todo volviera a ser como antes. Sobre todo por Ron, a quien veía muy afectado.

-Eso no es cierto… No lo estoy evitando.-se defendió Hermione inútilmente. ¿Qué más podía hacer?

Ella sabía que lo que él decía era completamente cierto y sabía que más de uno empezaría a notarlo.

Cállate, Harry, pensó dejando salir un largo suspiro. Él era su mejor amigo, pero había veces en las que hasta los mejores amigos, debían respetar la privacidad.

Él azabache no parecía querer acabar con eso.

-Lo estás haciendo, Hermione…-afirmó sin dejar de mirarla.- Lo has estado evitando todos estos días… Lo he visto…-recalcó muy seguro de sus palabras.-Él sólo quiere hablar contigo.

La castaña se quedó en silencio por unos minutos. En cierta parte, sabía que Harry siempre había servido de mediador para ambos, pero ya no había motivo para hacerlo.

-Harry, eres mi mejor amigo.-le recordó calmadamente.-Pero creo que este es un asunto privado…

-Hermione, eres mi mejor amiga…-repitió el azabache usando las mismas palabras que ella.-Sólo intento ayudarlos, al igual que tú me has ayudado a mí… Sabes cuánto me importas y no quiero que ambos arruinen su relación por una estúpida discusión…

Harry sabía que Hermione era una persona muy madura, pero no entendía por qué se negaba a hablar con Ron y arreglar lo que ambos tenían.

-Harry, eres muy amable.-intentó decirle sin perder la paciencia.-Pero sé que puedo arreglármelas sola... Tú más que nadie, sabes que puedo hacerlo.

Pero eso no pareció ser suficiente para él.

-Basta, Hermione…-le dijo poniendo una mano en su hombro.- Sé que ha sido muy duro, ha sido muy duro para todos… Pero sé que ha sido mucho más duro para ti y no has tenido tiempo de hablarlo con nadie…

Hermione entreabrió los labios, sorprendida. Ella quería mucho a Harry, inclusive lo había llegado a considerar su hermano, sin embargo, debía admitir que luego de acabar la guerra, en los siguientes meses, él ni siquiera se había preocupado en preguntarle cómo demonios había encontrado a sus padres o si necesitaba ayuda en la búsqueda.

Una pequeña hipocresía, que Hermione había decidido pasar por alto por todos los años de amistad que ambos tenían.

Tal vez, él creía que por tener a Ron, ella lo superaría y así olvidaría cualquier trauma que la guerra le hubiera provocado.

Se equivocaba.

-Harry, no quiero hablar de eso…-le pidió sintiendo que el azabache estaba siendo injusto y muy impertinente.-No necesito de nadie para lidiar con mis propios problemas.

Él no aceptó esa respuesta.

-Hermione, sabes que siempre has podido contar con todos nosotros.-le recordó esperando que ella pudiera decirle la verdad.- No intentes alejarte.

Ella intentó relajarse. De todas formas, Harry sólo intentaba ayudarla.

-¿Alejarme? Harry, sabes que eso no es verdad….-le respondió tan pronto cómo pudo. Tal vez habían descuidado su amistad un poco, pero no estaba en sus planes alejarse de ellos, a excepción de Ron.- Lo siento, pero no han sido días fáciles…-le confesó sintiendo que sobre ella recaía un enorme peso.

Hermione miró hacia abajo, prefería evitar la penetrante mirada verde de su mejor amigo.

Se imaginó cómo reaccionaría Harry, cuando se enterara de que ella tenía sentimientos por Draco.

No esperaba que él simpatizara con la idea, sólo esperaba que Harry no la juzgara tan duro como seguramente lo haría el resto.

-Lo sé, Hermione…-le contestó él, esperando hacerla sentir mejor.- Y lamento oír eso… Pero creo que él merece una oportunidad. Ron siempre te ha amado, y sé cuánto lo amas. Sólo quiero verlos felices.-continuó.

Pero Hermione no estaba dispuesta a seguir con esa farsa, y aunque había cometido el error de evitar a Ron durante esos días, sabía que debía hablar con él lo antes posible y acabar con todo eso. Debía ser valiente, como lo había sido Draco al quitarse a Astoria Greengrass de encima.

-Harry, no.-le interrumpió la castaña. En esta ocasión ella miró directamente a sus ojos, y esperó que él pudiera comprenderla. Él tenía que hacerlo, era su mejor amigo y muchas veces, había sido su confidente.-No me digas lo que debo hacer… Porque no funcionara… Muchas cosas han cambiado. Y ni tú, ni nadie me hará cambiar de opinión.-confesó dejando en claro su posición.

En ese momento, Harry entendió a lo que ella se refería. ¿Acaso planeaba terminarle a Ron?

Parecía que sí, y no había nada ni nadie que pudiera evitarlo. Al parecer, las sospechas del pelirrojo, eran reales.

-Agradezco que te preocupes por nosotros, Harry… Eres el mejor amigo que alguna vez haya podido desear.-le dijo sonando un tanto triste.-Pero no funcionará. Nunca funcionó, ni nunca lo hará… Por favor, no lo hagas más difícil. No insistas en algo que no tiene futuro…

El azabache simplemente asintió.

-Sé que debo hablar con Ron, y hablaré con él esta noche, Harry…-le dijo ella tomando toda la situación con calma.-Pero no será para continuar la relación…

Harry dejó salir un largo suspiro luego de aquella confesión. Era bastante difícil procesar algo así. Nunca imaginó que eso en verdad llegaría a pasar.

-Entiendo.-murmuró él con la voz un tanto apagada. Sabía que no podía obligarla a nada que ella no estuviera dispuesta a hacer. Ambos eran sus mejores amigos, pero si Hermione decía que lo mejor para ella era terminar la relación con Ronald, entonces respetaría aquella difícil decisión.

¿Acaso ella había conocido a alguien más?, pensó Harry mirando directamente a aquellos ojos miel. Veía bastante pena, pero también algo diferente. Cómo si no le estuviera diciendo toda la verdad.

-¿Cuento con tu silencio, Harry?-le preguntó esperando poder confiar en su mejor amigo.

Él se aclaró la garganta y esbozó una triste, pero sincera sonrisa.

-Nunca lo dudes, Hermione. Siempre podrás contar conmigo.-le prometió sintiendo que muchas cosas pronto cambiarían.

El destino era incierto.


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Ni bien Slughorn ingresó al aula, se pudo sentir cierta tensión y nerviosismo en el ambiente. El lúgubre día y la nevada afuera del castillo, tampoco parecía ser de mucha ayuda. Sobre todo, en aquellos alumnos que no habían terminado la importante tarea a tiempo.

-Vamos, jóvenes… ¿Qué hacen ahí? Reúnanse con sus respectivas parejas y pasaré por cada mesa a revisar sus proyectos.-les ordenó el anciano profesor, mientras se quitaba la pesada capa de encima y la colgaba cerca de su escritorio.

Con mucha molestia y descontento, Ron se reunió con Blaise Zabinni, y Harry se acercó a la mesa de Pansy Parkinson.

Hermione realizó unos breves apuntes en su cuaderno y al cabo de unos segundos, empezó a sentir la mirada de cierto rubio sobre ella.

-¿Así que ahora tengo que venir hacia ti, Granger?-le preguntó el slytherin con cierta arrogancia, al mismo tiempo que ella alzaba la mirada y contenía las ganas de esbozar una sonrisa cuando vio de quien se trataba.

-¿Qué no siempre ha sido así, Malfoy?-le preguntó Hermione con aquella actitud que él amaba.

-Me encanta cuando haces eso…-susurró divertido y deteniéndose a observarla por unos segundos más.

Sólo ella podía hacerlo sentir así de bien. Sólo ella y nadie más.

Hermione esbozó una sonrisa en respuesta y dejó el enorme trabajo de Pociones sobre la mesa.

-No puedo creer que en verdad lo hayamos terminado.-agregó ella en voz baja, mientras volvía a echarle un vistazo al proyecto.

Ambos sabían que la mayor parte de las reuniones, casi siempre habían terminado en encuentros pasionales y en excitantes sesiones de sexo en la sala de menesteres. Por lo que en verdad, les parecía increíble que hubieran llegado a finalizar aquel pesado trabajo.

-Ni yo… Pero valió la pena.-admitió Draco observándola fijamente a sus ojos miel.-Cada minuto y segundo, valió la pena.-agregó satisfecho.

Hermione no pudo evitar sonreír con complicidad al mismo tiempo que parecía perderse en la mirada de aquel chico que había cambiado su vida entera.

-Sí que lo fue.-susurró sintiendo algo mucho más profundo en su corazón.

Debía admitir que estaba completamente enamorada de él.

Hermione siempre había puesto la razón por delante del corazón. Lo había hecho con Ronald y había funcionado. Pero con Draco, con él todo era diferente y no podía poder evitar sentirse en las nubes de sólo pensar en él y en todo lo que le hacía sentir sin ni siquiera tocarla.

-¿Te veré hoy?-preguntó el rubio para sorpresa de ella.

La forma en que se lo había preguntado, había hecho que Hermione sintiera mariposas en el estómago. No quería parecer una idiota, pero así se sentía con él.

-Sabes que sí…-le respondió con aquella dulzura que Draco adoraba.

Ella habría querido extender su mano hacía la del rubio, poder sentir su piel contra la suya y hacerle entender que estaban juntos en eso, pero se sentía limitada por los cientos de ojos que podían estarles observando en ese momento.

Y no se equivocaba, podía sentir que cierta persona en especial, llevaba observándola desde hacía un rato.

Giró para ver de quien se trataba.

Tenía la intuición de saber quién era, y en efecto, no tardó en encontrar a Ron mirándola con cierta fascinación desde su mesa. Al parecer, Zabinni hacía unos últimos apuntes en un pergamino, pero el pelirrojo ni siquiera le ayudaba.

-Lo sé…-murmuró Draco notando que Weasley llevaba observándoles desde hacía buen tiempo.-Ignóralo…

Ella volvió su mirada al proyecto de pociones y mientras pasaba las hojas, se imaginó cómo sería su vida luego de que el resto se enterara. Sintió una sensación que le disgustó, pero lo cierto era que no le importaba, no le importaba si el resto decidía darle la espalda. Ella sólo buscaba ser feliz y estaba haciendo lo mejor.

-Draco…-le llamó haciendo que él alzara la mirada hacía ella y se quedara observándola por unos momentos.-Lo haré esta noche…-le confesó sin más.

Draco no entendió a lo qué se refería, pero al cabo de unos breves segundos entendió perfectamente sus palabras. Aquellas palabras, que llevaba ansiando oír desde hacía tanto.

De inmediato, el rubio no pudo evitar sentir una gran satisfacción en su interior. Sólo podía pensar en una cosa.

Ella al fin dejaría a Weasley.

-Granger, sólo tú puedes hacerme tan feliz en medio de esta aburrida y patética clase.-le dijo intentando disimular su alegría.-Podría besarte aquí mismo. ¿Sabes?... Ah, demonios, cuanto quisiera hacerlo.-le advirtió seductoramente.

Hermione esbozó una pequeña sonrisa. Ambos querían hacer eso y mucho más, pero aún no era el momento, tenían que esperar hasta la noche para poder realizar todos y cada uno de sus más ardientes deseos.

La sonrisa de la castaña, cambió por una expresión de sorpresa, cuando sintió un repentino y suave toqueteo por encima de su falda. El rubor en sus mejillas aumentó, al darse cuenta de que la mano de Draco estaba acariciando su muslo izquierdo.

Hermione intentó disimular también, pero él hacía que todo fuera más complicado.

-Draco, no…-le pidió esperando que él le hiciera caso. Aunque por dentro, ella no quería que él se detuviera.-Sé que amas el riesgo, pero nos pueden ver…-agregó.

El rubio sonrió de lado. El rubor en las mejillas de Hermione, aquella inocencia en su dulce rostro, y el simple hecho de tenerla frente a él, siempre causaban estragos en Draco. La idea de tocarla y hacer mucho más que sólo eso, le atraía demasiado.

-¿Y qué si nos ven?...Después de lo que hicimos en la biblioteca.-le dijo recordando aquel encuentro.-Después de lo que tu dulce boca me hizo.-se corrigió.-Debo admitir que sí, soy amante del riesgo…Y sé que tú también, preciosa.

Hermione ni siquiera continuó protestando porque dejara de tocarla. Él sólo había dicho la verdad. Y lo cierto era que cualquier cosa con Draco, siempre sería jodidamente excitante.

-Eh, cuanto lo siento, señores…-exclamó Slughorn completamente decepcionado y llamando la atención de todos.-Este trabajo ni siquiera merece una calificación decente…

El profesor se estaba acercando de mesa en mesa. Ambos sabían que lo que hacían era bastante arriesgado y peligroso.

De inmediato, Hermione llevó su mano por debajo de la mesa y detuvo a Draco. Suavemente, cogió su mano, y por unos segundos, pudo sentir lo que bien que era tenerla entre la suya.

Draco alzó la mirada hacía ella un tanto sorprendido. Aquel cariño inesperado y la tibia sensación que le estaba transmitiendo, era única. Ciertamente, él nunca antes había pensado en caminar tomados de las manos con otra chica, ya que el simple acto le parecía patético y ridículo, pero ahora, por extraño que pareciera, la idea le parecía bastante atractiva.

-Profesor, hicimos lo que pudimos…-se defendió Dean Thomas, mientras dejaba caer la cabeza hacía atrás.

-Pues, no fue suficiente…-le contestó Slughorn caminando hacia la siguiente mesa.-Usted y la señorita Bulstrode, están reprobados…-finalizó.

Más de uno, tragó espeso. El ambiente estaba bastante tenso y caldeado, el anciano profesor no parecía estar feliz con los proyectos que revisaba. Sólo unos pocos habían logrado aprobar. Entre ellos, Neville y Theodore Nott.

Cuando le tocó el turno de revisar el trabajo de Harry, el anciano se tomó ciertas concesiones. Ni siquiera le echó una mirada a todo el proyecto. Simplemente, lo aprobó de inmediato. Colocó una enorme A+ a él y a su pareja, Pansy Parkinson.

Hermione no pareció sorprendida. Sabía que aquel viejo le tenía un cariño especial a Harry, y siempre lo aprobaría en pociones, sin importar que estudiara o no.

Draco rodó los ojos cuando vio la sonrisa en la cara de Potter.

-Patético.-dejó salir al mismo tiempo que Slughorn se acercaba a su mesa.

Hermione dejó salir un largo suspiro. Podía sentir que casi todos los alumnos les estaban mirando.

-Bien… Creo que ya he tenido suficiente.-exclamó Slughorn dirigiéndose a ellos.-He dejado lo mejor para el final… Y sé que ambos, no me decepcionarán… Señorita Granger, señor Malfoy.

Hermione le extendió el trabajo al profesor con una amable sonrisa, y este se tomó un largo tiempo, mientras revisaba hoja por hoja.

La castaña no tenía ni una duda, sabía que su proyecto era impecable. Ambos habían hecho un gran esfuerzo y esperaba obtener una excelente calificación.

Algunos hábitos, no morían fácilmente, y Hermione estaba segura de ello.

El rubio se sintió un tanto molesto por la actitud de Slughorn. El hombre continuaba revisando cada detalle de su trabajo, y Draco se preguntó cuántos errores planeaba encontrar, porque ciertamente no encontraría ni uno solo.

-Es perfecto, señorita Granger.-exclamó el profesor cuando hubo terminado y les echaba una mirada a ambos.-Y por supuesto, señor Malfoy.-continuó felicitándoles mientras sonreía y decía un par de cosas más.

No quería ser la envidia del resto de alumnos, pero Hermione se sintió bastante satisfecha con la nota final. Y Draco pudo notarlo.

Luego de eso y de reprobar a varios estudiantes más, Slughorn dio por finalizada la clase. No había nada más que agregar.

-Te veré a las nueve.-le susurró Draco brevemente, antes de que ella se fuera.

Hermione asintió de inmediato.

-Luego de la última ronda… Te veré en la sala de menesteres.-respondió las castaña, sintiendo una inmensa necesidad de besarlo y perderse entre sus brazos. Odiaba no poder hacerlo, odiaba que todo tuviera que ser de esta manera.

Pero no sería por mucho tiempo. Pronto todo cambiaría.

Draco la vio coger el resto de sus cosas, y esbozando una dulce sonrisa, ella salió de las mazmorras y desapareció rápidamente tras la entrada. Él hubiera querido acompañarla y pasar el resto de la tarde a su lado, pero sabía que eso aún no era posible.

-Mírate. ¿Quién eres? Tengo que preguntarle a Granger, qué demonios ha hecho contigo, amigo.-bromeó Theodore tomándolo por sorpresa y acercándose a su mesa. Draco simplemente, rodó los ojos y dejó que su amigo le dijera lo que quisiera. Después de todo, sólo estaba diciendo la verdad.-Por cierto, felicidades a los dos… Nunca pensé que Granger y tú, harían un gran equipo. Jamás lo habría imaginado…-agregó con sarcasmo.

Draco sonrió de lado y tardó unos segundos en contestar.

-Ni yo.-admitió el rubio, sabiendo que si no hubiera sido por aquel bendito trabajo, jamás habría llegado a conocer a aquella chica que lo había liberado de todos sus demonios.

-Agradécele a Mcgonagall por el regalo.-murmuró Theo al mismo tiempo que el salón quedaba casi vacío y el resto de estudiantes se retiraba.

-Oh, no tienes ni idea de cuan agradecido estoy.-respondió Draco con esa sonrisa cómplice que Theodore conocía bastante bien.

El castaño lo observó por unos segundos con esa actitud divertida y sarcástica que lo caracterizaban.

-Sí, puedo verlo. Y no quiero ni imaginar lo bien que deben haberla pasado mientras hacían ese proyecto.-bromeó Theodore mientras le guiñaba el ojo y luego reía.

Draco intentó no poner los ojos en blanco.

-Pues sí, no me quejo.-respondió con cierta ironía.-Ella es increíble.-contestó sintiéndose completamente afortunado. Theodore podía estar bromeando, pero no hacía más que decir la verdad.

-Menuda suerte la tuya, Draco.-dejó salir mientras cogía sus libros.- Mírame a mí. Imagínate lo aburrido que fue trabajar con Longbottom todos estos meses.-le dijo al mismo tiempo que su amigo lo compadecía.

Draco se tomó un tiempo para pensar en lo mucho que Theodore le había ayudado en todo ese tiempo. A pesar de sus bromas y sarcasmos, el castaño siempre le había dado sabios consejos, que de alguna forma u otra, habían hecho que Draco se decidiera por lo que realmente quería.

-Eh, Theo…-le dijo de pronto mientras se detenían unos segundos.-Gracias… Gracias por todo.-sentenció sin más.

El castaño se quedó en silencio, un tanto sorprendido y confundido. No era común que Draco estuviera agradeciendo. Pero, sabía perfectamente a lo que se refería.

-No tienes nada que agradecerme.-murmuró Thedore sin hacerlo más difícil.-Eres mi único amigo. Y me alegro por ti. Por primera vez, te veo feliz…-respondió diciendo la verdad.

El rubio asintió en silencio.

-¿Sabes? No sé qué demonios sucederá...-empezó a decir Draco mientras se perdía en sus propios pensamientos.-No sé cómo sucedió. Sólo sé que estoy haciendo lo correcto.-continuó reflexionando.-Mis padres, los Greengrass y todos los demás, se pueden ir al mismísimo infierno... Esta es mi vida.

El castaño entendía exactamente lo que se refería. Él también había pasado por una situación similar cuando decidió salir con Luna Lovegood.

-Es lo mismo que le dije a mis padres cuando cumplí dieciocho años. Ya nos han hecho mucho daño con toda su basura e idealismo mortifago. Es tiempo de que nos dejen elegir lo mejor para nosotros.-le respondió mientras se cubría brevemente la marca tenebrosa en su brazo izquierdo.- ¿Entonces, es definitivo? ¿Granger te dijo que sí?

Draco asintió.

-Sí.-sentenció sabiendo que lo mejor estaba por venir.- Hablará con Weasley esta noche y al fin se quitara a ese imbécil de encima…-concluyó con satisfacción.

Era más que simple satisfacción. El sólo hecho de saber que Hermione le pertenecería única y exclusivamente a él, hacían que todo fuera más que perfecto.

-La admiro.-admitió Theodore.-A pesar de todo, a pesar de sus principios y de sus amigos, ella se ha decidido por ti, Draco.-le dijo mirándolo detenidamente.-Te ha elegido a ti.

Draco dejó salir un largo suspiro. Sus palabras guardaban un gran significado. Hermione era la mejor alumna de todo Hogwarts, era la persona más inteligente que conocía, le esperaba un futuro brillante, y sin embargo, a pesar de todo, ella lo estaba eligiendo a él. Estaba dando todo por él, un ex mortífago que estuvo a punto de ir a prisión. Sabía que su reputación y su futuro podían verse seriamente dañados por el hecho de ser la pareja de un Malfoy, pero a ella no le importaba, y aun así, lo había escogido a él.

-Lo sé, Theo.-respondió Draco con una voz un tanto ronca.- Sé que no merezco a alguien como Hermione... Nunca lo esperé. Ni si quiera sé por qué rayos ella quisiera estar con alguien como yo.-vaciló por unos segundos.- Sólo sé que soy condenadamente afortunado y soy feliz a su lado.-puntualizó.

Su amigo se quedó un tanto sorprendido por las palabras de Draco. No era común verlo hablar con tanta profundidad y madurez. Pero los tiempos cambiaban y la guerra había sido una experiencia transformadora para casi todos los slytherin y para los miembros más jóvenes de las familias sangre puras.

-Me alegro por ti, amigo… Es muy difícil encontrar esa ansiada felicidad.-le dijo Theodore sonriendo.-Ahora salgamos de aquí. Te espera una larga noche.

Draco también dejo salir una honesta sonrisa.

En efecto, aquella noche sería bastante especial para él y Hermione. Finalmente, ambos serían libres de hacer lo que les plazca, sin miedo a causar daños a terceros.

Sin miedo a nada, pensó sin dejar de sentirse afortunado.

-Hasta luego profesor Slughorn.-se despidió Theodore alzando una mano.

El día parecía ir demasiado increíble, todo parecía estar a su favor, Draco sentía que al fin tendría todo lo que más deseaba.

Pero por cosas del destino, jamás imaginó lo que vería al salir de las mazmorras...


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Ron no podía lidiar con sus pensamientos. Durante toda la clase con Slughorn, había sentido que se estaba torturando a sí mismo por imaginar qué demonios sucedía con Hermione.

Ella no era la misma, no era su Hermione. Y eso lo estaba destruyendo mucho más.

La castaña ni siquiera, le había dado un maldito beso en todas esas miserables semanas. Ni uno sólo.

Se sentía paranoico. Sabía que eso no estaba bien. ¿Cómo había podido ser tan imbécil y dejar que alguien más se la arrebatara?

Porque sí, Ron estaba convencido de que había algo más detrás de todo esto. No importa lo que Harry le hubiera dicho, el pelirrojo tenía la sospecha de que este inusual comportamiento en Hermione, no era una simple casualidad.

Se sentía fatal, se sentía perdido y miserable.

¿Qué demonios estaba pasando?

Durante toda esa clase, no había podido dejar de observarla y había llegado al punto de sospechar de cualquiera que estuviera cerca de ella, inclusive de Malfoy.

Ron sabía que con esto había llegado al límite de todo. Por pensar que ella podía llegar a tener algo hasta con su peor enemigo.

-¿Y planean practicar un poco más antes de las vacaciones navideñas? El último partido no fue realmente increíble.-murmuró Seamus cuando la clase ya había terminado.

Harry asintió de inmediato.

-Se vienen las finales, y tenemos en mente ganar la copa. Creo que practicaremos por última vez este viernes.-respondió el azabache echándole una breve mirada a su mejor amigo.

Seamus dejó salir una risa un tanto burlona y se dirigió a Ronald.

-En especial, tú Weasley.-le dijo con sarcasmo.-No queremos perder puntos otra vez por tu culpa.-terminó mientras se daba media vuelta y salía a prisa de aquel salón.

Ron ni si quiera pareció escucharlo. Él estaba concentrado en otra cosa.

-¿Ron, estás bien?-preguntó el azabache.

Pero él lo ignoró.

Harry miró en la misma dirección que el pelirrojo, y notó que él estaba siguiendo a Hermione con la mirada, lo había hecho desde que ella había dejado la mesa que compartía con Malfoy, hasta que finalmente se había retirado del aula de pociones.

-Te veré luego, Harry...Hay algo importante que debo hacer.-sentenció cogiendo sus cosas y saliendo de ahí.

Este era el momento oportuno. El momento que tanto había esperado para poder hablar con ella. No dejaría escapar la ocasión y se armaría de aquel valor que muchas veces le había hecho falta.

No lo dudó y fue tras ella.

Casi de inmediato, Hermione sintió que alguien jaló de su muñeca al salir de las mazmorras.

-Ron…-exclamó sorprendida. Ya era la segunda vez que alguien la tomaba por sorpresa en un mismo día.

El pelirrojo tragó espeso y luego de observarla en silencio por varios segundos, nuevamente sintió esa sensación que tanto le disgustaba, esa sensación de haber sido un completo estúpido por dejar que una chica tan hermosa como ella escapara de sus manos.

-Hermione…-empezó Ron, un tanto torpe y confundido.-Tenemos que hablar.

La castaña asintió de inmediato. Parecía que lo estaba esperando.

-Lo sé…-dijo calmadamente, mientras se colocaba un mechón castaño detrás de su oreja.- ¿Te parece si nos reunimos al terminar la cena?-le preguntó.- Tendremos más privacidad y…

-¡No!-casi gritó Ron de inmediato. Hermione no se esperaba aquella actitud. Una actitud un tanto impulsiva, que el pelirrojo intentó cambiar rápidamente cuando entendió que estaba haciendo todo mal.-Quiero hacerlo ahora, Hermione… Es mejor que hablemos ahora.-disimuló.

Hermione se quedó en silencio por unos segundos y aceptó brevemente. Ciertamente, no podía negarle nada. Y mientras más pronto se hiciera, mejor.

-Está bien, Ron…-aceptó esperando que todo saliera a su favor.

El pelirrojo se aclaró la garganta, mientras se atrevía a tomar una de las manos de Hermione y la veía fijamente a los ojos.

-Sé que he sido un idiota… Sé que no he tenido tiempo para ti, ni para lo nuestro… Pero quiero que sepas que estoy dispuesto a cambiar y dejar todo atrás. Sólo dame una oportunidad, Hermione. Sé que podremos resolver esto…-le dijo apresuradamente.

Hermione se soltó de su mano con la mayor cordialidad posible. Pero para Ron, ese sólo fue otro motivo para disgustarse mucho más.

-Ron…Por favor, no sigas.-le pidió ella preparándose mentalmente para lo que le diría. No se sentía a gusto en el lugar, había varios alumnos que aún estaban saliendo de la clase de Slughorn y no contaban con ninguna privacidad disponible. Este era el peor escenario de todos.-Sabes que todo ha cambiado… No es lo mismo, Ron.

El pelirrojo frunció el ceño mientras volvía echarle una mirada a la castaña.

-¿A qué te refieres?-le preguntó presintiendo que todo iba de mal en peor.

Hermione dejó salir un suspiro, mientras miraba a todos lados. Pero finalmente, dejó salir aquella valentía que caracterizaba a los gryffindors, y aunque fuera duro, sabía que esto sería lo mejor para Ronald.

-En todos estos meses, no sentí que esto fuera lo correcto…-le confesó sabiendo que él probablemente la odiaría por años.-No fue lo que esperaba y sé que para ti, tampoco lo fue así… La guerra cambió muchas cosas, Ron… Tenemos necesidades diferentes y todo ha cambiado.

Más que tristeza, Ron sintió que entraba en un profundo pánico. Sentía que su peor pesadilla se hacía realidad.

-Hermione, no sabes lo que dices…-intentó decirle.- Sólo estás molesta porque no tuve suficiente tiempo para ti. Sé que fui un verdadero idiota, y estoy dispuesto a ser mejor que eso…-le prometió volviendo a tomar su mano entre la suya.

Definitivamente, Hermione no sintió nada cuando sus manos entraron en contacto otra vez. No había sentimientos, no había amor, no había nada. Absolutamente, nada. No era como había sido con Draco en la clase de pociones.

De inmediato, volvió a soltarse. Tenía que hacerle entender que lo que ambos tenían había muerto, estaba marchito y jamás podría volver a renacer algo que en cierta parte, nunca existió.

-Ron, escúchame…-le pidió esperando ser lo más sensata posible.- No estábamos preparados para esto. Nunca lo estuvimos. Nunca fue real...-le dijo mirándolo a los ojos.-Lo siento mucho, Ron… Pero esto jamás debió suceder.-confesó nuevamente, por muy duro que fuera.

Ron era muy orgulloso, pero en estos momentos se sentía completamente derrotado. De todas las personas en el mundo, jamás imaginó que sería Hermione quien llegaría a herirlo de esta manera.

-¿Te arrepientes de lo que tuvimos?-preguntó el pelirrojo sin ni siquiera atreverse a llorar. Tristeza, molestia, decepción, era lo mejor que podía describirlo en aquel momento, pero jamás lloraría.

-No…-admitió Hermione. Aunque en verdad, hubiera querido decirle que sí. Pero sentía que eso lo heriría mucho más y no estaba dispuesta a dañarlo más de lo que ya había hecho.-Pero nunca lograremos entendernos, Ron… Tenemos diferente objetivos. Somos tan distintos. Y creo que lo mejor es que cada uno siga por su lado. Es lo mejor, Ron. Esto debe terminar.-le respondió de una vez por todas.

Hermione sentía bastante pena y remordimiento por lo que le estaba haciendo, sabía que había actuado de la peor manera en contra de él, traicionando su confianza y la relación que ambos tenían. Pero no podía sentir lo mismo que Ron sentía por ella. Hermione había intentado amarlo, había un punto en el que había creído estar verdaderamente enamorada de él, pero nunca fue así. Jamás fue así. O de lo contrario, nunca se habría enamorado de otro.

Fue con Draco que conoció el verdadero amor. Fue con él que por primera vez en su vida, sintió ese cosquilleo en su interior, ese amor que no se busca y que aparece de manera inesperada.

Con Ron, jamás había sentido algo similar.

Luego de la guerra, ambos se habían unido, probablemente, por la necesidad de tener a alguien al lado. Él había perdido a su hermano Fred, y tal vez, había encontrado en Hermione cierto consuelo. Y ella, también había creído encontrar eso en él. Consuelo. Pero, nunca fue verdadero amor.

Nunca fuiste tú, Ron, pensó sintiendo que su corazón dolía.

-Hermione, jamás quise arruinar lo que teníamos…-le confesó sintiendo que estaba perdiendo lo mejor que le había pasado en la vida.

La castaña colocó una mano en su hombro. Sabía que nada volvería a ser lo mismo.

-No es tu culpa, Ron.-respondió intentando darle su apoyo.-Los dos cometimos muchos errores. Creímos que funcionaría. Es lo siempre creímos y lo que el resto pensaba, pero todos estábamos equivocados. Ahora, es mejor ser simplemente amigos… Así, no nos dañaremos más.

Hermione sabía que era estúpido ofrecerle su amistad, pues sabía que él no la aceptaría. Pero eso era lo único que la castaña podía ofrecerle. Eso era lo único que ellos siempre debieron haber sido. Amigos, simplemente, amigos.

-¿Cómo estás tan segura de que no funcionará?-le preguntó Ron repentinamente, mientras volvía a cambiar a la misma actitud impulsiva de antes.-Las navidades se acercan. Se suponía que vendrías a la madriguera...

La castaña le interrumpió de inmediato.

-Ron, nunca dije eso…-le explicó.- Ni planeo hacerlo. Este año, quiero pasar Navidad con mis padres. En mi casa.-enfatizó dejándole en claro que no había forma de volver a intentarlo.-Por favor, no hagas esto más difícil… Acepta mi respuesta.-le pidió esperando que él pudiera entender.- Sé que lograremos superar esto. Pero no será juntos, Ron.

Ron lucía bastante irritado. Ya no se sentía tan miserable como antes. Parecía como si hubiera mandado todo el sentimentalismo al infierno y ahora, sólo quedaba el orgullo y el desprecio hacia la que lo rechazaba.

-¿Hay alguien más no es así?-preguntó con mucho veneno en sus palabras.

Por la forma en que lo había dicho, Hermione entendió que él jamás daría por terminada la relación pacíficamente. Siempre supo, que con él todo sería muy difícil.

-Por favor, no... Sabes que eso no es cierto.-le replicó Hermione sintiendo un poco de temor porque alguien más les estuviera oyendo.

¿Por qué demonios había aceptado tener la conversación aquí?

El pelirrojo negó furiosamente con la cabeza. No se daría por vencido.

-Tú eres quien quiere que esto se acabe. Pero yo no quiero. Yo te amo.-exclamó de forma frenética.-Sé que siempre he sido un imbécil. Siempre he sido el hazme reír de todos, pero no más, Hermione. No más. Sé que ocultas algo, sé que alguien más está arruinando nuestra relación.

Su actitud había ido evolucionando desde que habían empezado la conversación, pero Hermione no se dejaría intimidar ni dejaría que él dijera lo que quisiera.

-Ron, ya no tenemos ninguna relación.-le dejó en claro.-Se ha terminado. Por favor. Entiéndelo.

Sin previo aviso y para sorpresa de Hermione, el pelirrojo se acercó peligrosamente a ella y la acorraló frente a la pared. Por un minuto, su actitud le recordó a la misma que Ron había tenido cuando llevaba puesto aquel relicario maligno durante la búsqueda de los Horrocruxes.

-Ya no creo en lo que dices, Hermione… Has cambiado tanto.-le dijo alzando su voz.-He sido un idiota por mucho tiempo… Pero sé que estás mintiendo. Sé que hay alguien más. ¿Quién es, Hermione? ¿Quién demonios es?-le exigió mientras mostraba aquella faceta que ella jamás había pensado ver otra vez.

De pronto, Hermione sintió la mirada de unos pocos alumnos sobre ellos. Neville, Seamus y otros cuantos, les observaban con sorpresa y confusión. Estaban dando un espectáculo. Ella sabía que debían haber esperado hasta la noche. Sabía lo fácil que él podía alterarse. Era una idiota, por creer que terminar con él sería simple.

-Detente, Ron.-le dijo Hermione queriendo salir de ahí.-Estás diciendo estupideces... Entiende que esto no se trata de alguien más, esto se trata de mí...-le explicó esperando acabar con esto lo antes posible. Sabía que él jamás la perdonaría, ni esperaba que lo hiciera. Lo sentía mucho por él, pero ella no podía seguir sacrificando su felicidad al lado de alguien por quien ya no sentía absolutamente nada.-Yo ya no quiero seguir en una relación contigo. Yo ya no te amo, Ronald…

La castaña logró escapar de su agarre y él la miró con bastante rencor. Hermione podía verlo a través de sus ojos azules. Podía ver el dolor y el resentimiento.

-Sí, eso lo sé bastante bien…-respondió dolido.

Hermione decidió que ya había tenido suficiente. No llegarían a nada y sólo seguirían hiriéndose el uno al otro mucho más.

Durante unos breves segundos, la castaña notó que Harry recién salía del aula de pociones. Las miradas de ambos se cruzaron fugazmente, y el azabache entendió lo que debía estar sucediendo.

-Tal vez no lo entiendas ahora, pero sé que con el tiempo tú también te darás cuenta de que yo tenía razón, Ron...-dio por finalizado Hermione mientras miraba hacia otro lado.

De inmediato, ella se giró. No tenía planeado continuar la discusión con Ronald. Ya le había dejado todo en claro y sólo esperaba que él pudiera entender. Sabía que sería difícil, sabía que probablemente no volverían a dirigirse la palabra por mucho tiempo, sabía que él la odiaría durante varios años, pero eventualmente, Ron lo entendería. Y estaba segura de que él también encontraría a alguien que lo amaría de verdad y llenaría cualquier vacío que ella pudiera estar dejando.

Hermione se sintió liberada. Por primera vez era libre. Había sido un camino muy difícil, pero al fin había escapado de ese laberinto de miedo y culpa en el que había estado atrapada desde que había empezado el año escolar.

Quería buscar a Draco. No quería esperar hasta la noche para verlo. Quería decirle que al fin podían estar juntos y sin temor a nada.

Pero de pronto, su repentina felicidad y sus sueños, se vieron empañados cuando sintió que el pelirrojo la jaló violentamente de su brazo derecho y la trajo de vuelta a él.

La había jalado con tal violencia, que los libros en sus brazos habían terminado en el suelo.

Todo había ocurrido tan rápido, que por un segundo Hermione pensó que esto sólo era parte de un mal sueño.

Pero no era un sueño. Esto en verdad estaba sucediendo, y ella jamás lo había visto actuar así, ni jamás imaginó que él podía haberla tratado de esa manera.

La castaña se llevó una mano a su muñeca, la cual empezaba a doler por el violento agarre de Ron.

Una vez más, Hermione entendió que la mejor decisión de su vida había sido separarse de él.

Nunca fuiste tú, pensó nuevamente mientras miraba fijamente a Ron, y al mismo tiempo, sentía que aquella frase se repetía una y otra vez en su interior.


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Muchas gracias por leer el capítulo, chicas bellas :) ¿Y pues quién iba a imaginar que Ron reaccionaría de esa manera, verdad?

Dejen un review si se lo esperaban o no :0

Nos vemos pronto en un nuevo capítulo y agreguen esta historia a favoritos si quieren saber que sucederá y cual será la reacción de cierto Slytherin :o