Mil gracias a Caro2728, hdramine, Imreallymadrightnow, Ali TroubleMaker, y a MrsDarfoy por sus hermosos reviews y a las personas que agregaron esta historia a sus favoritos!

A todos los que me leen, quiero que sepan que no me considero una escritora ni nada por estilo, sólo soy una chica a la que le gusta escribir y compartir sus locas ideas con ustedes.

Siéntense, acomódense y a disfrutar de este capítulo extra-largo :)


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Capítulo 13: Corazón de dragón...

Draco rió ante la última broma de Theodore mientras ambos se despedían del profesor Slughorn y luego dejaban las mazmorras sin prisa alguna.

A pesar de la fuerte nevada que cubría a todo el castillo y sus alrededores, el día parecía ir brillante y esperanzador.

-Demonios.-murmuró una conocida voz afuera de las mazmorras.

Draco reconoció al dueño de esa voz, y cuando miró a su costado, notó que Potter observaba algo con cierta preocupación.

El rubio dirigió su mirada en la misma dirección que el azabache.

Y la vio.

Hermione, pensó.

La castaña se encontraba cerca de las escaleras en compañía de Weasley, y al parecer, ambos estaban teniendo una especie de discusión.

El patético pelirrojo se veía bastante exaltado y Hermione tampoco lucía calmada. Draco entendió que la castaña se había adelantado a los hechos y probablemente le estaría terminando en esos momentos.

Aunque sólo estaban discutiendo, Draco sintió la necesidad de ir a su lado, sintió la necesidad de protegerla y alejarla de Weasley.

Ella pareció decirle unas últimas palabras al pelirrojo, y finalmente, se giró para dejarlo sólo.

-Harry, ve con él.-sugirió Longbottom al lado de Potter y haciendo que Draco les echara una breve mirada a los dos.

Y entonces sucedió.

Cuando el rubio volvió sus ojos a Hermione, nunca imaginó que Weasley se atrevería a tocarla y jalarla violentamente para traerla devuelta con él.

Sus instintos no le habían jugado una mala pasada. En verdad había sucedido y fue suficiente para que Draco quisiera matar a la maldita comadreja sin ni siquiera importarle las consecuencias que todo eso traería.

-¡No, Draco, no!-exclamó Theodore tan pronto como pudo. Con todas sus fuerzas, lo sujetó y esperó que su amigo no empeorara la situación.

Pero Draco, no parecía oírle.

-¡Mataré a ese bastardo!-exclamó completamente enfurecido.

Theodore miró hacia ambos lados, esperando que nadie les hubiera visto u oído. Pero cuando giró velozmente hacia su derecha, notó que Potter les había echado una breve mirada antes de salir al rescate de Hermione.

-Mataré a ese maldito imbécil, Theodore. ¡Suéltame!-le pidió intentando quitarse a su amigo de encima.

El castaño lo entendía. Cualquiera habría hecho lo mismo en su lugar, pero en esos momentos ellos no podían hacer nada, absolutamente nada, o de lo contrario, su affair con Hermione quedaría expuesto ante los ojos de la multitud y todo se habría complicado.

-¡Cálmate, Draco!-le pidió el castaño arrastrándolo lejos del incidente y agradeciendo que nadie más, a excepción de Potter, les hubiera visto.-Potter te ha visto, maldita sea... Sólo cálmate. Te prometo que ese imbécil recibirá su merecido, pero no ahora.

Draco alzó su mirada cargada de impotencia hacia Hermione, y notó que el inútil de Potter parecía haberse hecho cargo de la situación.

Ella pareció gritarle algo a Weasley en frente de todos, y salió de ahí, tan pronto como pudo. Lejos de él y a salvo de ese idiota.

-Mierda, juró que las pagará.-exclamó el rubio sintiéndose impotente de no poder defender a lo que más le importaba en el mundo.-Lo mataré, Theodore. Lo mataré.-repetía una y otra vez, mientras se soltaba del castaño y lanzaba un fuerte puñetazo contra la pared.

-Y yo te ayudaré.-le dijo Theo siendo más consiente y haciendo todo lo posible para que Draco entrara en razón.-Pero no es el momento, Draco. No lo arruines. Tienes que pensar en ella...

Y Theodore tenía toda la razón.

Draco tuvo que contener toda su rabia y furia en lo más profundo de su interior, y se dijo a sí mismo que esto no sería así toda la vida.

Aunque en esos momentos, su mayor deseo era torturar a Weasley con un maldito crucius y luego asesinarlo, Draco sabía que no podía hacer nada.

Dejó salir una larga exhalación sintiéndose derrotado, y se prometió que bajo ningún motivo dejaría que alguien se enterara de que ambos habían llevado una relación a espaldas de sus ex parejas.

Lo hacía por ella, por Hermione, porque no quería que su reputación se viera más arruinada.

A él podían decirle lo que quisieran. Pero a Hermione, no.

-Ese maldito imbécil…-masculló Draco cuando llegaron a la sala común de Slytherin y se aseguraron de que sólo estuvieran ellos dos.

Theodore colocó una mano sobre su hombro.

-Lo sé.-le dijo su amigo, esperando que Draco no hiciera una locura. Lo conocía bastante bien y a veces él podía ser bastante impulsivo.-Pero es lo mejor que pudiste hacer. De haber intervenido, ellos lo habrían descubierto.

El rubio se apoyó contra la pared.

-Aunque Potter, te vio.-le recordó con seriedad.

-Potter se puede ir al infierno.-respondió Draco, esperando que ese azabache inútil supiera cerrar la boca y no traicionara a Hermione.- Ese maldito se atrevió a tocarla, Theo, pudo haberla lastimado... Demonios, lo mataré.-volvió a decir con rabia.

Theodore rodó los ojos.

-Jamás lo hubiéramos permitido, Draco. Entiendo perfectamente lo que sientes, pero tienes que pensar en ti y en Hermione.-le explicó con madurez.-Piensa en ella.

Draco se quedó en silencio durante varios segundos.

Esos segundos parecían hacerse eternos, mientras reflexionaba entre lo bueno y lo malo.

-¿Por qué demonios tenemos que pasar por esto, Theodore?-preguntó lamentándose de todo su pasado.-¿Por qué todos tienen que juzgarnos?

El castaño guardó silencio. No tenía una respuesta clara. Probablemente, jamás la tendría.

Había sido suficiente por hoy.


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Hermione le echó una última mirada a Ron, mientras sentía que toda la pena que podía haber sentido por él en algún momento, ahora había desaparecido por completo.

-Nunca más vuelvas a dirigirme la palabra.-le espetó al pelirrojo, mientras recogía sus libros y salía de ahí.

Quería llorar, quería decirle a Ronald que se podía ir al infierno. Pero se tragó sus palabras y toda su furia de un solo golpe.

No dejaría que eso arruinara su día. El plan de terminarle no había salido como lo esperaba, pero al fin lo había hecho, y podía decirse que ya era una mujer libre.

Sintió que una pequeña lágrima resbalaba por su mejilla. No lloraba por impotencia, lloraba porque al fin, podía estar con Draco sin hacerle daño a nadie.

Al fin podía tomarse un tiempo para reflexionar en todo lo ocurrido.

Ronald jamás había estado destinado a ser algo más que su amigo, pero obstinadamente, ellos dos habían forzado una relación poco creíble y nada realista. Tal vez, eso era lo que sus amigos y conocidos querían, pero ahora, Hermione sabía que él nunca sería el indicado.

-Hermione. Cuanto lo siento. ¿Estás bien?... Lo vi todo.-murmuró una voz femenina, un tanto apenada. Alzó la mirada y se encontró con el acongojado rostro de Luna, quien se acercó a ella y tomó su mano para examinar su muñeca.-Él no debió haber hecho eso. Lo siento tanto.

Hermione sintió cierto desconcierto al notar lo amable que Luna era con ella. Pero no había motivos para tal sorpresa, ya que la rubia siempre había sido tan dulce como encantadora con todos a su alrededor.

-Gracias por preocuparte, Luna. No es nada, estoy bien.-murmuró agradeciéndole por el dulce gesto.

Dada la situación por la que había pasado, la castaña se sintió un tanto aliviada de que Luna estuviera con ella en esos momentos y se solidarizara con lo ocurrido.

-Está bien. Todos tenemos discusiones.-le animó esbozando una sonrisa.

Hermione negó de inmediato.

-No, Luna. No lo entenderías.-sentenció mirando hacia la nada.-No fue una simple discusión.-le explicó sin poder continuar.

Luna guardó silencio por unos breves segundos, mientras se detenía a verla fijamente.

-Hermione, está bien. Te entiendo.-le dijo sutilmente y buscando las mejores palabras para poder expresarse.-Es mejor que hayas terminado con eso, antes de que te lastimes más a ti y a Ron.

Hermione no dijo nada. Sabía que Luna sospechaba de su situación desde hacía bastante tiempo, pero siempre había guardado la más absoluta discreción.

-Sé qué crees que todo esto ha sido culpa tuya, pero déjame decirte que el corazón tiene motivos que la razón no entiende.-continuó diciéndole y esperando que Hermione pudiera sentirse mejor.-Tarde o temprano, aquello no iba a funcionar y podría haber terminado mucho peor.

La castaña sintió que las lágrimas amenazaban por salir. Por primera vez, sentía que podía ser honesta y confesar su más grave pecado.

Nunca antes se había sentido cómoda hablando de su vida privada con otra persona que no fuera Draco, y nunca antes había confiado tanto en una amiga, como para confesarle sus propios problemas.

-Lo sé.-dijo Hermione evitando llorar.-Sé que no debí hacerle eso, jamás pensé que podría hacerlo... Pero no lo amo, Luna, ni nunca lo haré.-sentenció.

La rubia asintió de inmediato.

-Lo sé. Tú amas a otro.-le respondió descubriendo su secreto. Aunque ella ya lo había hecho meses atrás.

Hermione intentó calmarse y agradeció que Luna pudiera ser su soporte durante ese momento. Nunca, ninguna amiga o si quiera Harry, habían logrado entenderla tan bien como Luna lo había hecho.

Ella parecía saberlo todo, antes de que fuera a ocurrir.

-Gracias, Luna.-sentenció Hermione sin importarle lo que la rubia pudiera pensar.-Debo buscar a Draco.-confesó sintiendo que debía ir con él.

Luna asintió nuevamente.

-Debe estar con Theo.-respondió con esa sonrisa que la caracterizaba.-A lo mejor están en la sala común de Slytherin. Le enviaré un mensaje.-dijo sacando un pequeño diario de su bolsillo. Luna lo abrió y murmuró algo breve sobre el cuadernillo. Sus palabras se plasmaron en una de las hojas en blanco, y sólo tuvieron que pasar unos cuantos segundos, para que apareciera una respuesta en la otra hoja del diario.-Theo tomó prestado esto de su padre y lo usamos para comunicarnos desde hace varios meses.-le explicó volviendo a sonreír.-Están en la sala común de Slyhterin.

Hermione esbozó una sonrisa en respuesta y juntas se dirigieron por los largos pasadizos de Hogwarts hasta llegar a la sala común de las serpientes.

Afuera, ya se encontraba Theodore. El castaño se apresuró en mirar a ambos lados y no dudó en hacerlas ingresar brevemente. Aunque él sabía que era un riesgo que ambas estuvieran ahí, Theo sabía que tanto Draco como Hermione necesitaban verse lo antes posible.

-¡Draco!-exclamó Hermione cuando lo vio apoyado contra una de las paredes.

El rubio parpadeó dos veces, sorprendido.

Theodore no le había dicho nada. Pero ciertamente, le gustaba esta sorpresa.

Draco tomó la mano de la castaña e intentó buscar algún indicio de daño.

-Voy a matarlo.-fue lo primero que salieron de sus labios.

Ella le miró consternada.

-¿Qué? No... Draco, no.-se apresuró en contestarle.-Estoy bien, no fue nada.

-Tuve que detenerlo, Hermione.-le interrumpió Theodore desde la esquina.-Draco estuvo a punto de ir por el imbécil Weasley.

Hermione entreabrió los labios preocupada de que algo así pudiera haber sucedido.

-Eso sólo habría empeorado las cosas.-le explicó esperando que él desechara esa estúpida idea.

Draco frunció el ceño. No quería que ella minimizara los hechos.

-No voy a permitir que te lastime, Hermione.-le aseguró hablándole serio.-Jamás permitiré que vuelva a estar cerca de ti.

Ella cogió su mano entre la suya y miró directamente a sus ojos.

-No me ha lastimado, Draco. Estoy bien.-repitió sin bajar la mirada.-La discusión sólo se salió de control... Sabíamos que no sería fácil.

Sí, él lo sabía, pero aún así no parecía estar convencido.

-Lo sé, Hermione. Pero no quiero que vuelva a estar cerca de ti.-sentenció nuevamente.

El odio que sentía por Weasley en esos momentos, se había incrementado considerablemente. Y aunque la venganza era un plato que se comía frio, Draco se aseguraría de que el estúpido pelirrojo, pagara por lo sucedido.

-Y jamás lo hará. Soy libre, Draco. Al fin, se acabó. Eso es lo único que importa. Al fin, se terminó y...

Draco no lo dudó ni un segundo más, y la atrajo hacia él. Siendo incapaz de resistirse, colocó ambas manos alrededor de su cintura y plasmó un profundo beso en sus labios.

El beso que Draco necesitaba desde que Hermione había llegado a la sala común de Slytherin.

Theodore carraspeó fuertemente, haciéndoles volver a la realidad.

-Uh, por favor, ¿quieren esperar a que nos vayamos?-preguntó el castaño un tanto incómodo.

Luna rio dulcemente.

-Vamos, será mejor que todos salgamos de aquí.-se apresuró a decirles.-Es arriesgado.

Aunque la sala común estaba vacía porque ya casi era hora de la cena, Draco sabía que cualquier incauto o curioso, o en el peor de los casos, Astoria, podían aparecer de imprevisto.

Hermione se despidió rápidamente de Luna y Theodore; y cada pareja tomó caminos separados.

Draco sabía que estaban lejos de la sala de menesteres y para evitar ser vistos juntos, prefirió recluirse con Hermione en uno de los salones abandonados en el ala sur del castillo. Nadie se aventuraba a ir por ahí y casi siempre era un lugar temido por los alumnos. Mucha de la acción ocurrida en la guerra había sucedido ahí y todos preferían olvidarlo.

Cuando finalmente llegaron a una de las aulas semi destruidas, ambos se quedaron en silencio por unos largos segundos.

Hermione se apoyó contra su pecho, y Draco la rodeó con sus brazos, mientras miraba el vacío.

Mucho estaba a punto de cambiar. El rubio sentía que pronto todos les juzgarían, y aunque eso a él no le importaba, pensaba en cuanto podría afectarle a ella.

Hermione era tan brillante, y él sólo era un maldito ex mortífago perteneciente a una familia sangre pura que había apoyado a Voldemort durante toda su vida.

Sintió que ella no se merecía eso. Y sin embargo, sentía que no la podía dejar ir. No podía ver un futuro sin ella.

-¿En verdad eres feliz conmigo?-le preguntó el rubio, aún perdido en sus pensamientos.

Hermione se separó de él, mientras una expresión de confusión se dibujaba en su rostro.

No entendía por qué le preguntaba eso.

-Fui un mortifago…-empezó a decir Draco, sin atreverse a mirarla a los ojos y como si estuviera avergonzado.- No puedo ofrecerte nada bueno, Hermione. Y me importas tanto, que no quiero arruinar tu reputación. La mía ya está arruinada. Pero tú...

-¿En serio crees que me importa mi reputación o lo que la gente pueda pensar sobre mí?-le interrumpió Hermione tan pronto como pudo.-Draco. Hace mucho tiempo le di la espalda a todo eso. Pensé que ya te lo había dicho.

De inmediato, tomó el rostro del rubio entre sus manos y le obligó a mirarla a los ojos.

-Lo único que me importa es ser feliz, y tú me haces muy feliz.-le confesó con palabras que salían desde lo más profundo de su corazón. El tiempo que habían tenido juntos era muy poco, pero era suficiente como para que Hermione estuviera segura de que no se equivocaba.-Haz sido lo mejor que me ha pasado en toda mi vida. Nunca tuve tiempo para pensar en lo que en verdad quería. Todos estos años, sólo seguía las reglas y hacia lo que creía correcto. Pero tú, Draco, tú me hiciste sentir cosas que jamás había sentido. No me importa que hayas sido un mortífago, no me importa si esto no es lo correcto o lo que los demás quieren. Yo soy feliz contigo, y sé que tú también. Eso es lo único que importa.

Draco guardó silencio por unos segundos, y la observó con fascinación, siendo incapaz de decir algo en esos momentos.

No podía resistirse a su maravilloso encanto, ni tampoco a sus bellas palabras.

Hermione siempre encontraba la forma de hacer que todo fuera perfecto e inevitablemente hermoso.

Hace unos minutos atrás, él se había sentido como la escoria del mundo mágico, y ahora se sentía tan lleno de vida y esperanza gracias a ella.

Tenerla a su lado, había sido la mejor decisión de su vida.

-Tú también eres lo mejor que sucedió en mi vida, Hermione. Sin ti, estaría perdido.-le confesó mientras atraía su rostro al suyo y se dejaban envolver por un cálido beso.

Draco probaba sus suaves labios, tan suaves y tibios, que le hacían querer explorarla mucho más. Esos labios que había besado tantas veces, y aun así, se sentía como si fuera la primera vez.

-Estaremos bien.-le susurró Hermione suavemente contra sus labios y sin separarse de él.-¿Me lo prometiste, recuerdas?

Él hizo una pausa, mientras recordaba aquel juramento.

-Lo recuerdo.-murmuró debatiéndose en si debía besarla ahora o quedarse unos segundos más admirando su belleza.-Te prometo algo más, Hermione... Te prometo que nadie volverá a hacerte daño.

La tomó por la cintura y se aferró a ella, se perdió en su aroma a vainilla y en las miles de sensaciones que ella le generaba. Y en esta ocasión, fue Hermione quien lo besó con esa dulce pasión que la caracterizaba.

Dejó recorrer sus manos por todo su pecho y brevemente se separó de él, para poder observar fijamente a esos ojos grises en los que podía ver la felicidad.

Pero él, nuevamente acortó la distancia que los separaba, y se dedicó a explorar sus suaves labios y esa boca que era capaz de transportarlo a otra dimensión.

Hermione rodeó su cuello con ambos brazos, uniendo sus labios mucho más. La castaña nunca había podido resistirse a los besos de Draco. Desde la primera vez que lo habían hecho, aquella vez en la biblioteca, sabía que jamás podría olvidarlo.

Era increíble como su relación había ido evolucionando. Todo había empezado como un inevitable deseo, y ahora, era mucho más profundo que eso.

-No podemos hacerlo aquí.-susurró Hermione volviendo a la realidad, cuando sintió que las manos de Draco descendían y se perdían bajo su falda.

-Preciosa, no podré esperarme a la noche. Y sé que tú tampoco.-concluyó volviendo a besarla, y proporcionándole aquellas caricias prohibidas que eran su más grande debilidad.

Lo que tú digas, pensó Hermione sintiéndose completamente a gusto con su respuesta. No era la primera vez que lo harían en un lugar tan arriesgado, ni tampoco sería la última vez.

-Alguien tiene prisa.-murmuró la castaña riendo suavemente, al mismo tiempo que sentía que él empezaba a quitarle su falda.

-¿Y quién no? ¿Acaso no te has visto en un espejo?-le preguntó con picardía, deteniéndose únicamente para verla.-Eres increíble, Hermione. Increíblemente, hermosa.


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Ginny miraba a su hermano con recelo y decepción, mientras Harry caminaba alrededor de la sala común de Gryffindor.

El chico se pasó una mano por la cabeza, preocupado y sabiendo que su amigo había empeorado todo.

-No debiste haber hecho eso.-le advirtió Harry completamente decepcionado.-¿Qué demonios tenías en la cabeza?

-¡Eres un idiota, Ronald!-exclamó Ginny sin poder aguantarse la rabia.-Hermione nunca te perdonará.

Hasta ese momento, Ronald no había dicho ni una sola palabra. Pero sentía que todos acabarían por destruirlo si continuaban con eso.

-Tú cierra la boca, Ginevra.-masculló su hermano con furia.-Esto no es asunto tuyo. Tú ni siquiera estabas ahí.

La pelirroja avanzó velozmente hacia Ron, como si estuviera dispuesta a empezar una pelea, pero Harry la detuvo a tiempo y puso una mano en su hombro.

-Ginny, no.-le pidió su novio. No quería que esto empeorara, ya bastante habían tenido con lo anterior.-Déjame, yo hablaré con él... A solas.-agregó para molestia de la pelirroja.

Ginny se cruzó de brazos y en contra de su voluntad empezó a caminar hacia la salida.

-No sé en qué demonios estabas pensando, Ronald. Pero ahora si lo jodiste todo.-le recriminó su hermana antes de irse de ahí.

Ron no dijo nada, y nuevamente, reinó el incómodo silencio por unos largos minutos, hasta que Harry se dignó a hablar.

-Ron...-empezó, pero fue interrumpido por el pelirrojo.

-Lo sé, Harry. No necesitas decirme la misma basura, una y otra vez.-le respondió antes que el azabache pudiera decir algo coherente.

Ron tenía un aspecto deplorable. Sentado en aquel rincón de la sala común, se sentía miserable por haber actuado sin pensar en las consecuencias. Tenía que aceptar que por mucho que quisiera, ahora sí, ya había perdido a Hermione para siempre.

-Sé que no debí haberlo hecho, sé que fui un idiota. Pero sólo quiero saber la verdad, Harry. Quiero saber cuál es el verdadero motivo por el que ella me está dejando.-murmuró mirando el vacío y sintiendo que estaba en lo cierto.-Sé que tú también lo harías si se tratara de Ginny.

Harry se sentó a su lado. Se sentía confundido.

Muchas cosas habían pasado el mismo día. Primero, Hermione diciéndole que no continuaría la relación con Ronald, luego Ron reaccionando violentamente cuando ella se lo dijo, y finalmente, aquella sospechosa actitud de Malfoy durante la discusión.

Eso último no había pasado desapercibido para el azabache y llevaba haciendo eco en su cabeza, desde hacía varios minutos.

¿Por qué demonios Draco Malfoy había reaccionado como si quisiera defender a Hermione? ¿Por qué dijo que mataría a Ronald?

Aunque todo era muy raro. Harry sabía que Malfoy y Hermione habían realizado el proyecto de pociones juntos, y por consiguiente, se habían reunido en reiteradas ocasiones para terminarlo.

¿Acaso había nacido alguna clase de amistad durante esos encuentros?

Posiblemente.

-Ron, sé que siempre has sido el más impulsivo de los tres.-le recordó esperando que su amigo pudiera entenderle.-Pero no puedes reaccionar así otra vez. Sé que perdimos a Fred en esa maldita guerra, pero no olvides que Hermione fue torturada por Bellatrix de una forma espantosa.-hizo una breve pausa antes de continuar.-Tengo el presentimiento de que aún no ha sanado. Y necesita tiempo para hacerlo... Esta confundida.-dio por sentado.

Ron no decía nada. Probablemente, en verdad lo estaba escuchando, o simplemente, su mente vagaba en otro lado.

-Ella no te está engañando con nadie, Ron.-la defendió Harry mientras colocaba una mano en el hombro de su amigo. Sabía que era inconcebible pensar que ella pudiera hacer algo como eso.-Sólo necesita sanar, necesita tiempo para ella y superar cualquier trauma que la guerra le ha ocasionado. Yo hablaré con ella, Ron. No la dejaré sola.

Por la mente del pelirrojo pasaban muchas cosas, pero si de algo estaba seguro, era que debía hablar con Hermione otra vez y pedirle perdón por aquel arrebato, lo antes posible.

Ronald alzó su mirada hacia Harry y asintió firmemente.

-Yo también quiero hablar con ella, Harry. No quiero que…

-Y lo harás, pero no es el momento, Ron.-le interrumpió el azabache.-Acercarte a ella ahora, sólo empeoraría las cosas.

Harry quería creer que Hermione sólo estaba confundida y que aunque ella le hubiera dicho que ya no sentía nada por Ron, aún existiera una forma de que los dos pudieran regresar.

Era doloroso y muy extraño, pensar que ellos dos ya no estarían juntos. Eso era lo que todos esperaban, y la idea de verlos separados, se le hacía casi inconcebible.

-Harry, yo la amo. No puedo perderla. He sido un maldito idiota.-le dijo sintiendo que su mundo y todo el futuro que podía haber planeado con Hermione, se caía a pedazos.

Miró a Harry esperando una respuesta.

-Dale tiempo, Ron.-contestó él sin saber muy bien que más decir. En esos momentos, Harry sentía que no estaba siendo de mucha ayuda.-Espera a que volvamos de las vacaciones de Navidad, y tal vez, ese sea el momento indicado para que hables con ella.

-No querrá hablar conmigo, estoy seguro. Eso fue lo que me dijo. Dijo que jamás le dirigiera la palabra.-recordó Ron sintiéndose como un completo perdedor.

Harry sentía que la mayor parte de la culpa recaía sobre el pelirrojo. Ron había podido manejar la situación con calma, ¿Pero por qué demonios decidió dar un espectáculo?

-Ron, esta molesta. Sólo dale tiempo.-repitió esperando estar en lo cierto.

Él asintió en silencio, y agachó la cabeza mirando el piso.

Harry se tomó un tiempo para pensar.

-Deberías buscarla. Tal vez no quiera hablar conmigo, pero puede que quiera hacerlo contigo.-sugirió Ron sin nada más que agregar.

El azabache se preguntó dónde podía estar Hermione. Había sido un idiota por no haber pensado en ella hasta ese momento. Y a decir verdad, se sintió un tanto culpable por haber centrado toda su atención en Ron.

-Tienes razón.-murmuró poniéndose de pie y caminando en dirección a la escalera que llevaba a los dormitorios.-Iré por el mapa y veré dónde está. No me demoraré.

Harry se dirigió a las habitaciones de los chicos, y sin más demora, se apresuró en abrir el enorme baúl que se encontraba a los pies de su cama.

Sacó unos cuantos libros que Sirius le había legado, y casi al fondo, encontró el mapa del merodeador escondido debajo de unos cuadernos.

-Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas.-murmuró Harry al mismo tiempo que en el pergamino iba revelándose el mapa de Hogwarts.

Rápidamente, buscó el nombre de la castaña de entre todos los nombres que aparecían en el mapa en ese momento. Pensó que estaría en la biblioteca, pero no aparecía ahí.

Se estaba tardando en encontrarla, hasta que dirigió su mirada al ala sur del castillo. Aquel lugar, donde se encontraban las mazmorras que habían quedado abandonadas cuando terminó la guerra.

Harry encontró el nombre de Hermione sin más problema, pero parpadeó dos veces cuando notó que había otro nombre a su lado.

Hermione Granger... Draco Malfoy...

Ambos nombres estaban muy juntos y en la misma ubicación.

El azabache palideció confundido y se quedó sin saber qué demonios hacer.

¿Por qué estaban juntos?

No podía pensar o crear una excusa que pudiera explicar lo que estaba viendo.

-Mierda...-masculló el azabache al mismo tiempo que sentía que todo lo que Ron le había dicho sobre sus sospechas, el posible engaño de Hermione, su charla con ella por la mañana, y la forma en que Malfoy había reaccionado en medio de la discusión, todo, absolutamente todo golpeaba en su mente como un maldito dardo y...

¡Joder!, pensó quedándose sin palabras y sintiendo que todo eso le había caído como un balde de agua fría.

¿En verdad, Hermione había podido hacer algo cómo eso?

Ella, que toda la vida había sido tan racional, y que jamás se hubiera atrevido a lastimar a Ronald de esa cruel manera.

Harry entendió que por mucho que creía conocerla, por mucho tiempo que hubieran pasado juntos, sabía que nunca debió haberla subestimado.

Jamás se llegaba a conocer por completo a las personas, por muy cercanas que fueran. Y en esta ocasión, sentía que Hermione actuaba de una manera que el azabache desconocía.

No fue difícil deducir que, efectivamente, ella estaba teniendo alguna clase de relación prohibida con Draco Malfoy.

¿Draco Malfoy?, pensó el azabache por milésima vez, y sintiendo que todo eso acabaría mal.

-¿Por qué, Hermione?-se preguntó a sí mismo. ¿Por qué has hecho eso?, pensó mientras su expresión cambiaba a una de desolación. Esperaba equivocarse, esperaba que todo esto fuera un mal entendido, pero sentía que este era el verdadero motivo por el que ella se había distanciado de Ronald.

Se dirigió a la sala común de Gryffindor sintiendo una sensación extraña en el estómago, e intentó disimular.

Se sentía entre la espada y la pared.

Hermione y Ron, eran sus mejores amigos. Si le mentía a uno, sentía que le fallaba al otro.

Él no quería escoger un bando, pero desafortunadamente tenía que hacerlo.

-Está en la biblioteca.-mintió Harry sabiendo que eso era lo mejor que podía hacer en esos momentos.-Hablaré con ella más tarde. Tal vez, sólo quiera estar sola.-murmuró sintiéndose como un traidor por mentirle a Ron.

Se sentía mal, se sentía raro, se sentía un mentiroso, pero lo cierto era que tampoco podía traicionar a Hermione.

¿Qué estás haciendo, Hermione?, se repitió al mismo tiempo que se preguntaba qué demonios podía haber pasado por la cabeza de su amiga como para hacerle eso a Ronald.


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Ya casi era medio día, y los alumnos de primer año se apresuraron en formar una fila ordenadamente en el andén de Hogsmeade, obedeciendo a las órdenes de Hermione y los otros prefectos.

Los más pequeños se apresuraron en subir y fueron acomodados en sus respectivos vagones, hasta que finalmente todos ingresaron.

Estando todo en perfecto orden, los prefectos se retiraron, dando por terminada su labor.

Hermione se dirigió a un compartimiento vacío cargando con ella parte de su equipaje y se sentó cerca de la ventana. Cuando volvió su mirada al asiento frente a ella, notó que alguien había dejado un ejemplar de la revista "Corazón de bruja", que había salido a la venta semanas atrás.

Odiaba esa revista, pero no pudo evitar revisarla para ver si encontraba algún asqueroso artículo que Rita Skeeter pudiera haber escrito sobre ella y el resto de sus amistades como comúnmente hacía. Casi al final de la revista, había una fotografía de Ginny, Harry, ella y Ron en Hogsmeade. Hermione recordó que esa era la misma fotografía que la despreciable periodista les había tomado semanas atrás.

"¿Héroes de Guerra más enamorados que nunca?", decía el patético titular.

-¡Hermione!-exclamó Luna sorprendiéndola y llevando consigo una pequeña criatura de color purpura sobre su hombro.-Me alegra encontrarte aquí. Vengo a desearte una Feliz Navidad.-continuó mientras esbozaba una sonrisa.

A Hermione le pareció un lindo gesto de su parte.

-Gracias, Luna.-respondió con ánimo.-Espero que pases una linda Navidad con tu padre. Envíale mis saludos.-le pidió la castaña al mismo tiempo que le sonreía de vuelta.

Luna asintió brevemente mientras le echaba una mirada a la revista que Hermione llevaba en sus manos.

-Menuda basura, ¿verdad?-sentenció la rubia.

Hermione no podía estar más de acuerdo.

-Sí. Es lo peor que he leído en años.-concluyó poniéndose de pie y tirándola por la ventana.

Ambas rieron, mientras la castaña se prometía a sí misma que no dejaría que una estúpida revista escrita por una mujer como Rita Skeeter, arruinara su día.

-Hermione, espero verte pronto. Theo y yo estamos muy entusiasmados por salir con ustedes.-le comentó Luna cambiando de tema y haciendo énfasis en la última palabra.

¿Luna estaba insinuando que tuvieran una cita doble?

Reconocía que era arriesgado, pero no parecía ser una mala idea, y definitivamente, Hermione lo tendría en cuenta.

Se imaginó cual sería la respuesta de Draco cuando se lo dijera, y esbozó una sonrisa.

-Me encantaría, Luna. Suena divertido.-contestó Hermione con el mismo ánimo de la rubia.

-Y sí que lo será, Hermione.-le dijo entusiasmada, más entusiasmada de lo que alguna vez, la hubiera visto.-Esta Navidad será muy especial, porque Theo vendrá a quedarse conmigo durante todas las vacaciones. Estoy tan feliz.-suspiró emocionada.

Hermione jamás imaginó verla tan enamorada, pero los sentimientos que ambos tenían, eran genuinos y se puso en su lugar. Ella también habría estado muy feliz si hubiera pasado sus vacaciones navideñas con Draco.

-Será increíble, Luna. Me alegro por ti.-le dijo Hermione volviendo a sonreír y sintiéndose feliz por ella.

Luna se puso de pie y procedió a darle un largo abrazo de despedida.

-Nos veremos pronto, Hermione. Verás que sí.-se apresuró en decirle.

La castaña asintió rápidamente.

-Que te diviertas mucho, y dile a Theodore que la pase genial.-le dijo con una sonrisa.

La rubia le deseó sus mejores deseos y salió del vagón de prefectos.

Algunos minutos después, el expreso de Hogwarts empezó a moverse y Hermione se dejó caer sobre su asiento.

Poco o casi nada, había sucedido durante esos días después de la infortunada discusión.

Ron no se había atrevido a dirigirle la palabra, lo cual ella agradecía a creces. Y por el contrario, aunque lucía arrepentido, ahora parecía que era él quien la evitaba. De todas formas, Ronald era una persona tan volátil que Hermione no podía dar por sentado el silencio de su ex novio, y sabía que en cualquier momento, él podía regresar a ella, pidiéndole disculpas y argumentando alguna excusa barata.

A lo mejor Harry había hablado con él, pero no sabía nada. De todas formas, el azabache también había estado actuando un tanto extraño en esos últimos días. Cuando Hermione se había despedido de él por la mañana, Harry sólo la había abrazado fríamente deseándole una Feliz Navidad, y rápidamente había vuelto con Ginny.

Por otro lado, Ginny le había dado su apoyo y se había comportado de la mejor manera posible con ella, pero Hermione no lo quería.

Por supuesto que se lo agradecía, pero la castaña no podía con la hipocresía, ni quería su poyo. A pesar de todo, no podía dejar de sentir cierta culpa y se preguntaba qué demonios habría hecho la familia Weasley si hubieran sabido el verdadero motivo de la ruptura.

¿La habrían apoyado? Por supuesto que no.

Ellos la habrían repudiado, y probablemente, la habrían tratado como una cualquiera.

Sí, tal vez eso es lo que era.

Pero Hermione, no podía seguir con esa farsa. No podía amar a alguien por quien no sentía nada.

Con aquella última actitud del pelirrojo, Hermione se había dado cuenta de que esa había sido la mejor decisión de su vida, aquella discusión había sido el detonante, para saber que le esperaba una vida infeliz al lado de Ron si es que continuaba con él.

Todos siempre la habían considerado un modelo a seguir, perfecta y sin equivocaciones. Sin embargo, se olvidaban que era humana, tenía debilidades y errores como todos los demás.

No era perfecta, nunca lo fue, ni lo sería.

Draco había sido la debilidad más grande de toda su vida. Y probablemente, muchos no lo aprobarían y le dirían que recapacite.

¿Qué si se estaba equivocando? Pues ya lo había hecho con Ron, había gastado meses a su lado y sin embargo, nunca sintió aquella explosión en su corazón, que sí había sentido con Draco.

Lo aceptaba, Hermione sabía que era tan culpable como él por lo que habían hecho, pero no se arrepentía absolutamente de nada.

-Lamento haber tardado tanto. Me estaba despidiendo de Theodore, y puedes creer que Mcgonagall me dio unas tareas extras?-susurró el dueño de una voz aterciopelada mientras cerraba la puerta del compartimiento tras él.

Hermione esbozó una pequeña sonrisa mientras el chico de cabello platinado se sentaba a su lado y se acomodaba. No tenían nada que temer. El vagón de Prefectos, contaba con una privacidad única, y nadie a excepción de los prefectos del último año, tenían acceso a esta parte del tren. No serían molestados o interrumpidos en lo que durara el viaje.

-¿Deberes extras, dices? Mcgonagall tiene cientos de deberes para mí cuando volvamos a Hogwarts, y nunca me he quejado...-pero Hermione dejó de hablar, cuando notó que Draco se había quedado observándola durante todo ese rato. Él ni siquiera había prestado atención a sus palabras, sólo había estado mirándola.

-Ya no tenemos que fingir.-murmuró de pronto.

Ella asintió brevemente, mientras sentía que sus mejillas se teñían de un leve color rojo. El tiempo podía pasar, pero Draco siempre lograba causar esa sensación tan placentera en ella.

-Lo sé…-susurró Hermione notando que él se acercaba y tomaba su rostro con sutileza, para luego plasmar un tibio beso contra sus dulces labios.

Draco no tenía intenciones de parar y continuó con aquel beso, volviéndolo cada vez más profundo y cautivador. Jamás se cansaría de besar a Hermione, ella se había convertido en su pequeña obsesión. Tenía sentimientos que jamás pensó experimentar en toda su vida y no podía esperar a ver que les deparaba el futuro.

El rubio deslizó una traviesa mano hacía su seno derecho y lo masajeó al mismo tiempo que sentía que podía devorarla de cualquier forma posible en ese momento.

-Mmmh...Draco.-gimió ella entre besos. Hermione tampoco podía resistirse a él, pero sabía que si continuaban no podrían parar.

Se miraron a los ojos por unos largos segundos.

-No creo que podré resistir todo este tiempo sin ti.-le confesó Draco aún cerca de ella. Se fijó en el rubor que cubría el encantador rostro de Hermione, y pasó su pulgar por su suave mejilla.

-Ni yo.-respondió ella, sintiendo que aunque el tiempo que estarían separados sería corto, en verdad se sentiría como una eternidad para ambos.-Serán unas cortas vacaciones.-intentó decir mientras esbozaba una cálida sonrisa que Draco adoró.

Hermione miró hacia abajo.

-Todo será diferente cuando volvamos. ¿No es así?-le preguntó volviendo a alzar su mirada hacia el rubio. No quería esconderse.

-Sólo algunas cosas serán diferentes.-respondió él, concentrándose en aquella mirada color miel.-Tú, seguirás siendo mía, pero creo que ahora podré tocarte y besarte en dónde quiera y cuando quiera.

Inevitablemente, ella volvió a sonreír.

Los hermosos paisajes que podían observarse a través de la ventana del compartimiento, habían quedado relegados a un segundo plano.

No había forma de prestar atención a otras cosas, cuando ambos estaban juntos.

-Draco...¿Estás seguro de que estarás bien?-le preguntó ella recordando que aunque al fin podían ser libres de hacer lo que les plazca, aun les faltaba batallar con ciertos demonios e inconvenientes en sus vidas.

Y la familia de Draco no sería la excepción.

Ya le había llegado una carta de su madre, advirtiéndole que se rectificara con Astoria Greengrass y que continuara con la idea del compromiso, pero él sabía perfectamente, que eso estaba lejos de suceder.

-Estaré bien, Hermione. No tienes que preocuparte. He lidiado con ellos desde que soy un niño.-dijo sonriendo.-Sé que será una discusión que no podré evitar.-le explicó mientras entrelazaba una mano con la suya.-Pero me alegra que suceda. Deben de entender que ese contrato o lo que sea que mis padres hayan acordado con los Greengrass, debe acabar.

La castaña dejó salir un suspiro.

-Espero que puedan entender.-murmuró imaginando que aquello sería probablemente imposible. Los padres de Draco, habían sido una de las familias más radicales en el mundo mágico, su reputación se había visto seriamente dañada, y tal vez, siempre buscarían la manera de que su hijo cambiara de opinión.

-Y si no lo hacen, pues que importa, Hermione.-le dijo acariciando su mano.-Jamás cambiaré de opinión ni accederé a sus absurdos deseos. Tú lo sabes. Tú me conoces, Hermione. Sabes cuan obstinado puedo ser.-aseguró mientras le echaba una mirada a la castaña.-Me propuse tenerte a ti, y lo hice.

Hermione, simplemente, esbozó una sonrisa.

La guerra lo había cambiado mucho, y ciertamente Draco no quería volver a ser dominado por nadie nunca más. Ya había tenido suficiente con su padre y sus ideales de mortífago.

-¿Él no ha vuelto a acercarse a ti, verdad?-preguntó de pronto.

Ella miró directamente a sus ojos grises. Se refería a Ronald.

-No, no lo ha hecho.-dejó salir mientras bajaba la mirada.-Y aunque lo haga, ya no hay nada de qué hablar. Creo que ya dejamos todo en claro ese día.-le explicó mientras llevaba un mechón castaño, detrás de su oreja.-Por ahora, tengo cosas más importantes en que pensar...Tú.-le confesó volviendo a hacer contacto visual con Draco.-Y yo.

Una sonrisa se dibujó en el rostro de Draco, al mismo tiempo que rozaba sus labios contra los de Hermione y depositaba un breve beso.

-Nunca tendré suficiente de ti y tus besos.-susurró Hermione contra su boca.- ¿Recuerdas que fui yo quien te enseñó?-le preguntó bromeando y recordando cómo había sido todo al inicio.

Aquellos tiempos en los que se retaban el uno al otro, y él hacia hasta lo imposible porque ella cediera.

-Te debo ese mérito a ti, preciosa, y te robaré los besos que sean necesarios hasta que entiendas que eres mía.-le advirtió.

Hermione sonrió de lado. Sus besos eran increíbles, no había duda de eso, pero también le transmitían ese calor y esa sensación de que todo estaría bien que sólo Draco podía darle. A pesar de los problemas y de todo lo que se avecinaba, la castaña se sentía a salvo a su lado.

-Eso ya lo sé, Draco.-musitó Hermione sin romper el contacto visual.-Siempre seré tuya.

Él se detuvo a mirarla y no entendió qué había hecho en su vida para poder merecerla.

-Esto va en contra de mi propio ego... Pero no quiero que te vayas, Hermione.-le confesó un tanto ¿avergonzado?

Ella esbozó una última sonrisa, mientras acariciaba el rubio cabello de Draco.

La actitud del Slytherin cuando era romántico, siempre le había parecido tan única y tierna.

-Te extrañaré tanto, Draco.-musitó sintiendo que mientras estuviera lejos de él, estaría incompleta. Él también sonrió y deslizó ambos brazos alrededor de su cintura, aferrándose a ella.

Jamás la dejaría ir.

-Y yo a ti, Hermione.-le respondió sintiendo que había sucumbido completamente ante ella.-Será estúpido intentarlo, pero no podré dejar de pensar en ti.

Ella cerró los ojos sintiendo que su corazón latía con fuerza. Oír a Draco decir cosas así, no tenía precio.

La emoción de ser suya, solamente suya, siempre sería increíble.


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Se dejó caer sobre la cama de su enorme y fría habitación, mientras pensaba en ella. Había cumplido su promesa, y no podía quitársela de la cabeza. Se arrepentía de no haberla besado más.

Habían pasado cuatro días desde que la había visto por última vez en el expreso de Hogwarts.

Miró el calendario en la pared verde y notó que hoy era veinticuatro de diciembre.

Noche buena, pensó sin ánimo. Para muchas personas, eso significaba motivo de tiempo en familia. Pero para Draco, que nunca había celebrado la navidad como otras personas acostumbraban, era un día cualquiera.

Un breve sonido le hizo volver a la realidad. Alguien había tocado su puerta, pero él ni siquiera se inmutó ante la persona que podía estar detrás.

No tuvo que adivinar de quien se trataba.

Cuando Draco había regresado a la mansión Malfoy aquella fría tarde de diciembre, había sido recibido únicamente por uno de los elfos domésticos a cargo de la casa.

Su madre se había ausentado desde hacía varios días, y recién había llegado hoy por la mañana del retiro anual al que asistían la mayoría de brujas pertenecientes a familias sangre limpias y de alta alcurnia.

Por la forma fría en que lo había saludado, sabía que la mujer estaba bastante molesta y decepcionada de él.

"Hablaremos en el estudio de tu padre hoy por la tarde" fue lo único que ella le había dicho, antes de pasar a retirarse a su habitación por el resto del día.

La tarde había llegado, y suponía que ese debía ser el llamado de su madre.

El rubio se puso de pie sin prisa alguna, y el suelo crujió bajo él. Cerró la puerta de su habitación con cuidado y se dirigió al estudio de Lucius.

La mansión Malfoy siempre había sido enorme, pero a la vez tan vacía. Desde que Draco tenía uso de razón, siempre le había parecido tan obscura y opresiva, como si la casa hubiera absorbido las pocas buenas memorias que tenía de ese lugar, porque ciertamente ya no recordaba ni una.

Pasó por el lúgubre salón principal.

Aquel lugar le daba una sensación de escalofríos, ya que no podía dejar de pensar que fue ahí, dónde Hermione había sido torturada por su enloquecida tía.

Cerró los ojos ante el espantoso recuerdo y se sintió impotente como tantas otras veces. Se sentía como un maldito cobarde por no haber hecho nada para detenerla.

Presionó ambos labios, y salió de ahí hasta que llegó a aquel sombrío estudio que toda la vida había pertenecido a su padre.

Draco ingresó sin más demora y notó que su madre estaba parada frente a las chisporroteantes llamas de la chimenea.

Pasaron unos largos segundos antes de que Narcissa Malfoy pudiera decir algo, aunque Draco ya sabía que ese incómodo silencio, sólo era el preludio de la gran discusión que se aproximaba.

-¿Qué crees que estás haciendo?-inquirió la mujer aún sin mirarle.

Draco se aclaró la garganta, mientras intentaba acabar con esto lo más pronto posible.

-Sólo estoy haciendo lo que quiero.-sentenció sin más rodeos.-Tengo dieciocho años, casi diecinueve. Creo que soy lo suficientemente maduro como para tomar mis propias decisiones y ustedes no me van a imponer lo que les plazca.-concluyó al mismo tiempo que su madre giraba a verle fijamente a los ojos.

-Draco ¿Te das cuenta de que estas arruinando nuestra única oportunidad?-le preguntó acercándose a él.- ¿Te das cuenta de las consecuencias?

Draco asintió de inmediato.

-Sí, madre. Sé cuáles serán las consecuencias y lo cierto es que no me afectan en nada.-sentenció encogiéndose de hombros.-Sé que arruinará significativamente tú estatus social y probablemente ya no serás invitadas a esas patéticas reuniones y fiestas sociales. Pero además de eso, no veo en que me afectará a mí. Y la verdad es que no me importa.

-¡No seas insolente, Draco!-gritó una súbita voz que no pertenecía a la de su madre. Una voz apagada, seca y sin vida, que sonaba gastada y como si no consiguiera suficiente fuerzas para continuar hablando.

Draco la reconoció de inmediato, la conocía bastante bien, pero no entendía cómo rayos era posible.

El rubio alzó la cabeza en busca de la voz, y se encontró cara a cara con la figura distorsionada de su padre.

Draco ni siquiera pareció sorprendido cuando vio a Lucius en el estudio.

Sabía que sus padres eran capaz de todo, inclusive de tenderle una emboscada a su propio hijo.

¿Pero cómo demonios lo había hecho?

Supuso que todo esto debía ser parte de algún hechizo, y aunque físicamente, Lucius no estuviera ahí, el encantamiento había logrado que parte de su padre estuviera ahí.

-Esto es ilegal.-murmuró Draco ante el atrevimiento de su padre. Pero no le llamaba la atención. Lucius siempre había sido capaz de hacer cualquier cosa para lograr sus objetivos.-No sabía que en Azkaban permitían este tipo de...visitas.-le dijo haciendo énfasis en la última palabra.- ¿Sabes que si se enteran de esto, lograrás que te sentencien a cadena perpetua de una vez por todas, padre?

-¡Draco!-le reprochó su madre de inmediato.

Lucius miró a su hijo de pies a cabeza, y en su rostro se dibujó una expresión de desprecio.

Draco conocía esa expresión demasiado bien.

-¿Cómo puedes decir algo cómo eso? ¿Qué no te importa tu reputación y tu futuro?-le increpó el hombre con bastante furia en sus palabras.-¡Eso no es digno de un Malfoy! ¡Yo no te crie para que hables así!

El rubio se tomó unos minutos para responder. Sabía que lidiar con su padre, nunca sería fácil.

-Creo que no me han entendido.-se dignó a decirles.-Claro que me importa mi futuro. Es lo más preciado que tengo, y es por eso que ustedes no tomaran ninguna decisión por mí, nunca más. ¿Ya bastante daño nos has causado, o no es así, padre?-le retó Draco mientras le dirigía una mirada desafiante.

-¡No permitiré que me hables así!-gritó el hombre un tanto desesperado e impotente por la actitud de su hijo.-Tu madre y yo, sólo queremos conseguir una buena alianza para ti, y sólo la familia Greengrass nos puede ayudar. ¡Los Malfoy necesitamos volver a resurgir, Draco!

El rubio ya había escuchado ese monologo desde que la guerra había terminado y no veía las horas de que se terminara de una buena vez.

-Acéptalo, padre.-le interrumpió Draco siendo realista y esperando acabar con el antiguo clasismo que su padre aún conservaba.- La familia Malfoy esta arruinada. Toda esa basura de la sangre y el estatus social se ha terminado. Son nuevos tiempos y nadie quiere volver a eso. No te arraigues al pasado, padre. Sólo perderás tu tiempo.

Lucius se contuvo y presionó ambos puños.

Probablemente, al igual que Narcissa, se preguntaba qué había sucedido con su hijo.

Su única luz de esperanza, se apagaba.

-No dejaré que mi único hijo destruya su vida tomando decisiones estúpidas.-le refutó sin poder creer lo que oía.-Te guste o no, no dejaré que insultes el apellido de la familia.

Narcissa se colocó al lado de Lucius y asintió en silencio.

-Tu padre tiene toda la razón.-le dijo con ese tono de voz elegante que siempre ponía cuando buscaba guardar la calma.-Dejarás esas estúpidas ideas de rebeldía, y te casarás con Astoria. Mientras más pronto se realice la boda, más pronto volveremos a ser la familia que éramos antes. Te disculparás con la chica Greengrass y les explicaremos a sus padres que todo fue un mal entendido

Su madre lo miraba con decepción, y aunque Draco fuera su único hijo, no permitiría que hiciera lo que le viniera en gana.

-Ya oíste a tu madre. Harás todas esas cosas al pie de la letra, y no serás una decepción. No permitiré que arruines tu vida.-continuó Lucius mientras su esposa extendía el contrato que hacía meses atrás tanto Astoria como Draco habían firmado. El pergamino estipulaba que ambos se encontraban comprometidos y que bajo ningún motivo, faltarían a sus votos y promesas.

-Lo que has hecho es algo muy grave, Draco. Este documento es nuestra única salida.-masculló su madre cruzándose de brazos y negando con la cabeza.-La pobre de Astoria me escribió hace unos días y no dejaba de lamentarse. Decía que tú habías decidido romper el contrato de la noche a la mañana. ¿Cómo pudiste hacer eso, hijo? ¿Acaso no pensaste en nosotros?

¿Esa loca se había atrevido a escribirle a su madre otra vez?

Draco se llenó de furia. Sus padres eran las personas más obstinadas que había conocido en toda su vida y parecía que nunca le darían tregua.

-Nunca pensó en las consecuencias, Narcissa. Eso está claro, pero aún no es tarde, aún podemos salir de esta penosa situación y humillación a la que nuestra familia ha sido sometida.-se apresuró a responderle Lucius.

-Lo sé, Lucius. Será mejor que también les escribamos a los Greengrass y...

Ambos hablaban y hacían patéticos planes que él jamás permitiría que sucedieran.

-¡¿Quieren callarse?!-les espetó Draco sin importarle nada. Ambos voltearon a verle sorprendidos.-Parece que no les ha quedado claro. Odio tener que repetirlo, pero entiéndalo...-dijo haciendo una pausa.-Entiendan que yo nunca me casaré con Astoria Greengrass. ¡Jamás me casaré con esa demente! No planeo arruinar mi vida a su lado.-repitió haciendo énfasis en cada palabra.-¡Y por un demonio! ¿Cuándo entenderán que esta es mi vida? Ustedes ya no tienen derecho a exigirme nada. ¡La reputación de esta familia se puede ir al infierno!

De pronto, su madre se llevó una mano a la boca completamente consternada por su brusca actitud.

-¡Lo que te haría si estuviera ahí! ¡Suenas como un sucio muggle! ¡Eres una vergüenza!-exclamó Lucius perdiendo el control y acercándose ferozmente a él.

Draco se aseguró de guardar la distancia.

-Sólo estoy haciendo lo que quiero. ¿Acaso eso está mal? ¡Sólo quiero lo mejor para mí!-les espetó lleno de furia.-Lamento arruinar sus planes, lamento ser una decepción. Pero no haré lo que me piden.-les aseguró habiendo tomado aquella decisión hacía bastante tiempo.

-¡Si tan solo tu abuelo estuviera vivo para verte!-gritó Lucius con vergüenza de ver en lo que su hijo se había convertido.

Draco no pudo soportar eso.

-No hables del abuelo, padre. ¡Nunca más te atrevas a mencionarlo, fuiste tú quien lo mató!-le espetó con rabia.

Aunque su abuelo Abraxas siempre había sido un sangre pura extremista, él era la única persona que nunca le había obligado a hacer algo en contra de su voluntad. Su relación con él, era la más cercana a la de un padre.

Abraxas le había enseñado más de lo que Lucius alguna vez había hecho.

-¡Basta!-gritó Narcissa consternada por la discusión entre padre e hijo. La mujer sabía más de lo que decía, pero no tenía planeado callarse más.- ¿Qué estás haciendo, Draco?-le preguntó su madre acercándose a él y con una mirada acusatoria continuó:-¿Quién es ella?

Ella.

Ante la sola mención del pronombre femenino, la actitud de Draco cambió radicalmente a una de desconcierto.

Sabía que su madre podía leer su rostro, y por la expresión que el rubio llevaba en esos momentos, no sería difícil adivinar que Narcissa había dado en el clavo.

-¿Crees que no lo sé?-inquirió su madre cómo si fuera lo más obvio del mundo.-Astoria nos lo dijo todo, nos dijo que llevas acostándote con otra chica desde hace meses. ¿Qué crees que estás haciendo, Draco? ¿Acaso esa ramera te ha lavado el cerebro?-le profirió Narcissa cargada de rabia.

Draco nunca antes había visto a su madre tan furiosa como en esos momentos, pero sabía que la loca de Astoria había ido demasiado lejos al insinuar algo como eso.

Ahora, ellos también lo sabían.

Draco tragó espeso, e intentó colocar aquella expresión neutral en su rostro, otra vez.

-¡No permitiré que te comportes como un bastardo!-le increpó Lucius atónito por aquel inesperado comportamiento.-¡Nosotros no te criamos para que te convirtieras en un fracaso! Haz tenido suerte de que nadie más se haya enterado de tu ligereza con esa ramera, pero no permitiré que sigas dejándonos en ridículo ante la sociedad. ¡Te casarás con la hija de los Greengrass, no importa lo que tenga que hacer, pero lo harás! ¡Lo juró, Draco, y esa es mi última advertencia!-le ordenó su padre.

Ambos hicieron contacto visual por unos largos segundos en los que parecieron declararse la guerra oficialmente.

Draco sabía que esto jamás terminaría y siempre sería así.

Y sería inclusive mucho peor cuando se enteraran de que su único hijo se había enamorado de una impura.

No lo pensó dos veces, y cuando tuvo la oportunidad, Draco cogió el contrato matrimonial que yacía sobre el escritorio de su padre, y antes de que ellos pudieran hacer algo para detenerlo, lo rompió ante sus ojos. Lo hizo pedazos y lo lanzó al fuego.

-¡Dios mío! ¡¿Qué has hecho, Draco?! ¿¡Qué has hecho?!-gritó Narcissa desesperada, mientras corría e intentaba sacar los pedazos del fuego con un aguamenti, pero fue inútil.

El pergamino había quedado disuelto en cenizas.

-Sólo firmé mi libertad.-respondió orgulloso de sí mismo.-Lamento arruinar tus planes de poner en alto el apellido Malfoy, padre. Pero debo recordarte que fuiste tú quien nos llevó a la ruina. Fuiste tú quien decidió convertirse en seguidor de ese maldito demente.-se atrevió a decirle mientras le lanzaba una última mirada a su progenitor.- El único culpable de tu deplorable encierro, eres tú, Lucius.-finalizó dando por terminada la desagradable discusión.

Draco se dirigió a la puerta, y salió de aquel infernal estudio, que parecía estar siendo consumido por las llamas de la perdición en esos momentos.

Podía escuchar los gritos e insultos de Lucius, podía escuchar a su madre, pero por más que lo llamaran, no volvería.

-Este lugar esta maldito.-se dijo así mismo mientras sentía que la mansión lo consumía.

Ya había tenido suficiente. Y no necesitaba oír más de lo mismo.

Sus padres debían entender que él ya no era un niño al que podían dominar. Hacía mucho que había dejado de serlo.

Les gustara o no, ahora, era un hombre y no volvería a cometer los estúpidos errores de su pasado. Al fin podía empezar de cero.

Y todo gracias a ella.

Era Hermione, quien le había dado una nueva oportunidad, y él la tomaría.

-Gracias, preciosa.-susurró sonriendo para sus adentros y pensando en aquella castaña de ojos color miel que lo había cautivado.

Sus sentimientos por Hermione, habían aumentado hasta llegar al punto en que Draco no duraría en seguir todos los rituales del romance. El cortejo, la relación, y todo lo que fuera necesario para que ella también fuera la mujer más feliz del planeta.

Lo haría, porque estaba totalmente y perdidamente, enamorado de ella.

La nieve empezó a caer a mitad del camino. Aunque Draco había estado un tanto perdido al salir de la Mansión Malfoy, finalmente había decidido a dónde tenía que ir.

Sonaría patético y ridículo, Theodore se burlaría de él por pensar así, pero no le importaba, hacía mucho que esas cosas ya no importaban. Se dejaría llevar por su indomable corazón. Tan indomable como el corazón de un dragón. Dejaría que este lo guiara hacia la única persona que él consideraba su verdadero hogar.

Apresuró el paso, y se desapareció de la lúgubre localidad de Wiltshire en donde siempre había vivido, sólo para aparecerse en un suburbio muggle, llamado Hampstead.

Draco se sorprendió de ver que todas las casas lucían decoradas con ornamentos navideños y se podía sentir que el espíritu festivo generaba una cálida sensación, a pesar de la nevada.

Y aunque él, sólo había visitado pocos suburbios muggles a lo largo de toda su vida, sabía que este era el más bello en el que había estado. No era un barrio muggle corriente, y eso lo hacía especial.

No perdió el tiempo, y mediante un hechizo de rastreo, logró llegar a la casa indicada.

Respiró profundamente mientras extendía su brazo un tanto nervioso, y finalmente, se atrevía a tocar el timbre frente a él.

La nieve empezaba a caer con más de fuerza, pero para Draco eso nunca había sido un problema. Si tenía que elegir entre el verano y el invierno, elegiría lo último. Estaba acostumbrado a los crudos inviernos en Wiltshire.

Escuchó que alguien se acercaba a la puerta. Su corazón empezó a inquietarse y a latir con más frenesí, como si este supiera quién se aproximaba.

Sólo tuvieron que pasar unos pocos segundos para que la puerta se abriera.

Y entonces la vio.

Sus ojos grises se encontraron con sus ojos miel. Fue como una explosión de sentimientos que sólo ellos dos podían sentir.

Ella entreabrió los labios sorprendida, pensando en si en verdad eso estaba sucediendo o sólo era parte de un hermoso sueño.

Se miraron fijamente.

Y finalmente, Draco entendió que al fin había llegado a su destino.

El único lugar dónde su corazón siempre estaría a salvo.

Con ella.

Hermione.


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Gracias por leer, chicas :) Sé que fue un capítulo súper largo, y sinceramente, espero no haberlas aburrido con tanta información :D Sólo me queda decirles, que se vienen capítulos súper tiernos y con bastante lemon hahaha.

Dato curioso: El suburbio de Hampstead, dónde vive Hermione. NO es inventado por mí. Según la wikia de Harry Potter en inglés, así se llama el lugar donde ella vive con sus padres, y está ubicado en las afueras de Londres.

Dejen un review, adoro leerlas y cualquier crítica es bien recibida, buena o mala, todo sea por escribir un buen fic dramione para todas mis lectoras!

No duden en agregar "Cruel Amor" a sus favoritos, si aman la historia!

Cuídense!

Rosalie...