Hey, chicas! Muchas gracias a Caro2728, a Ali TroubleMaker, hadramine, Leslie08 y a LilyTonks2 por comentar en el capítulo anterior, adoré todos y cada uno de sus comentarios! Y a todas mis lectoras en general, sólo quiero decirles que son increíbles. Gracias por todo su apoyo, por cada leída y favorito.
Espero que disfruten de este tierno capítulo :) Alerta de Lemon! Sólo para mayores de 18 hahaha!
Enjoy!
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Capítulo 14: Bajo la nieve...
Hermione jamás pensó que al abrir la puerta de su casa en plena Noche Buena, encontraría a aquel rubio que irrumpía en sus sueños cada noche desde que habían dejado Hogwarts.
La nevada había incrementado considerablemente, y Draco llevaba puesta únicamente una chaqueta de color negro, que ahora estaba llena de pequeños copos de nieve.
-Draco.-exclamó Hermione al mismo tiempo que lo abrazaba, sintiendo que su corazón se saldría de su pecho en cualquier momento.
Se perdió en su aroma y en su esencia, y en todo lo que Draco podía transmitirle con un simple abrazo.
Sólo habían pasado cuatro días, pero se sentía como si hubieran pasado semanas.
-Hermione...-susurró Draco contra su cabello castaño. Se aferró a ella y cerró los ojos, escondiendo su rostro en la curvatura de su cuello y sintiéndose a salvo. Sintiendo que toda la amargura producida por la horrible discusión con sus padres, desaparecía al instante. Su corazón al fin había llegado a su destino.-Lamento haber venido sin avisarte, pero...
-¿Qué? Oh, ven, no te quedes ahí.-le jaló Hermione dentro de la casa y manteniéndolo lejos de la nevada, no quería que siguiera congelándose. No importaba el motivo, sólo importaba que él estuviera bien.
-Estoy bien. Sólo es nieve.-le aseguró Draco esbozando una sonrisa. Le parecía bastante tierno y gracioso, ver como se preocupaba por él.
Hermione rodó los ojos.
-Afuera hay una horrible nevada y tú sólo llevas una chaqueta.-le dijo ella tomando una de sus heladas manos entre la suya. Draco Había salido tan rápido de la mansión, que ni había tenido tiempo de ponerse guantes o si quiera, una gabardina.
-Por ti…-susurró él, sonriendo de lado y deseando tanto adueñarse de sus dulces labios.
Ella también esbozó una sonrisa, sintiendo que aquel angustiante vacío que tenía en su corazón, al fin era llenado.
Hermione no sabía qué había sucedido para que Draco terminara en su casa en plena Noche Buena, pero parecía presentirlo.
Estaba a punto de decirle algo más, cuando alguien carraspeó a sus espaldas e interrumpió el mágico momento.
-Oh, parece que tenemos visitas.-exclamó una voz femenina avecinándose a ellos.
De inmediato, una mujer de cabello castaño claro, muy parecido al de Hermione, se acercó a los dos.
-Mamá.-dejó salir Hermione, un tanto confundida, y sin saber muy bien cómo explicarle la situación.
La mujer esbozó una amplia sonrisa y luego le echó una mirada a Draco.
Él sabía que al venir a la casa de Hermione, también conocería a sus padres y, aunque sonara increíble, Draco quería hacer todo lo posible por causar una buena impresión frente a ellos.
-Un gusto en conocerla, señora Granger. Mi nombre es Draco Malfoy.-se presentó con aquella elegancia que lo caracterizaba.
Hermione sonrió de lado, mientras su madre pareció complacida con la actitud del simpático rubio.
-Oh, vaya, encantada de conocerte, Draco. Yo soy Jean, madre de Hermione. ¿Debes ser un compañero de Hogwarts?-reconoció la mujer amablemente.
Por la mente de Draco, pasaron miles de respuesta y antes de que pudiera decidirse por alguna, Hermione lo hizo por él.
-Eh, sí, mamá. Draco es un compañero de Hogwarts.-respondió la castaña algo nerviosa.
Él se quedó un tanto pensativo.
¿Un compañero de Hogwarts?
Ciertamente, esa no era una de sus opciones y no le gustó la idea de que los padres de Hermione pensaran que él sólo era un compañero de escuela, porque eso no es lo que ambos eran.
La mujer volvió a sonreír y aunque no esperaban visitas, se apresuró en recibirlo. Era la primera vez que lo veía, pero sentía que aquel muchacho le agradaba y podía ver la forma en que su hija lo miraba.
-Bueno, siéntete como en tu casa, Draco. Me alegra conocer a los amigos de Hermione.-le aseguró la mujer siendo de lo más simpática con el rubio.- ¿Te quedarás a cenar?-le preguntó de pronto.-¿O tu familia te espera en casa?
¿Amigos?, pensó Draco sintiendo un nudo en el estómago.
-Muchas gracias, señora Granger...Y no, mis padres no están en casa. Lamentablemente, ellos se encuentran fuera del país.-le explicó tan pronto como pudo y luego sonrió con cordialidad.-Me encantará quedarme a cenar.
La mujer colocó una expresión de sorpresa. Probablemente, preguntándose cómo era posible que el chico pasara las Navidades sólo.
-Oh, será un placer tenerte en nuestra mesa.-le aseguró con amabilidad.-Bueno, ahora les dejaré solos. He dejado las galletas en el horno.-dijo mientras le echaba una mirada de complicidad a su hija.-Le diré a tu padre que baje en unos minutos, sé que le encantará conocer a Draco.
Hermione le dirigió una sonrisa a su madre, mientras ella se retiraba a la cocina.
Finalmente, ambos volvieron a quedarse solos y se sentaron en uno de los largos sillones frente a la chimenea. Hermione miró a ambos lados y cuando se aseguró de que su madre no estuviera cerca, lo volvió a abrazar.
-Draco. ¿Qué pasó?-le preguntó en voz baja, aun sin separarse de él.
Él dejó salir un suspiro mientras se aferraba a ella. Estaba cansado y sentía que lo único que necesitaba era estar en sus brazos.
-Sólo quería estar contigo.-fue lo único que pudo salir de sus labios.
No le importaba sonar tan terriblemente cursi y patético, ni le importaba ir en contra de su propio ego. Sólo quería estar con ella y dejar que las palabras salieran directamente de su corazón.
-Te extrañé tanto.-murmuró Hermione con esa dulce voz, que podía ser capaz de calmar hasta la más dura tempestad a la que Draco podía enfrentarse.
Ella se separó de él sólo por unos pocos centímetros y luego miró directamente hacia sus ojos grises en los que podía ver reflejadas las llamas del fuego frente a ellos.
Hermione esbozó una sonrisa mientras sentía que este era el mejor regalo que podía haber recibido en aquella víspera de Navidad. Seguía sin poder creer que él en verdad estuviera ahí. Llevó una mano a su rostro y acarició suavemente su pálida mejilla. Podía presentir que algo había sucedido. Sólo llevaban juntos unos cuantos meses, pero aun así, ambos sentían que se conocían lo suficiente como para saber si algo bueno o malo estaba ocurriendo con uno de ellos en ese momento.
Draco se detuvo a observarla. Ella lucía tan hermosa esa noche, llevaba su cabello castaño recogido en una cola alta y lo había decorado con un pequeño lazo de color rojo.
Sintió la necesidad de besarla, tocarla, quitarle cada prenda de su ropa y hacerle el amor frente a la chimenea.
Hermione conocía esa mirada bastante bien, y no pudo evitar sonrojarse al imaginar lo que él podía estar pensando.
Él sabía que tenía que controlarse, y decidió pensar en otra cosa. De pronto, el colorido árbol de Navidad adornado con cientos de pequeñas luces, llamó su atención.
Además del enorme árbol que siempre veía en Hogwarts todos los años durante diciembre, esta era la segunda vez que veía otro en persona.
-¿Quieres verlo?-le preguntó Hermione notando la curiosidad del rubio.
De inmediato, ella se puso de pie y jaló de su mano hasta que estuvieron frente al árbol.
Draco notó que varios adornos navideños colgaban de las ramas. Habían ángeles, renos, entre otros ornamentos. Se podía sentir ese mágico y cálido ambiente de Noche Buena.
-En verdad, son muy hermosos.-dijo Draco sin soltar la delicado mano de la castaña.-Aunque, nunca tuve uno.-confesó al mismo tiempo que un pequeño gato de color mostaza, salía por debajo del árbol y se acercaba a Hermione.
La castaña acarició a Crookshanks por unos breves segundos y luego dejó que el minino continuara su camino.
-¿Qué quieres decir, Draco?-preguntó con curiosidad.
Él hizo una pausa, y antes de que pudiera responder, recordó las palabras de Hermione minutos atrás.
-¿Por qué dijiste que somos compañeros?-le preguntó el rubio.
Hermione pestañeó dos veces.
No había esperado aquella pregunta.
Sí, lo entendía. Él tenía toda la razón. Ellos no eran únicamente compañeros de clase, ellos eran mucho más que sólo eso. Habían decidido estar juntos y se habían prometido tantas cosas. Pero aún no lo habían hecho oficial.
-¿Qué somos, Draco?-preguntó Hermione sin saber muy bien como sentirse por preguntar algo así. Era una pregunta arriesgada y profunda, pero no podía quedarse como una incógnita toda la vida.
El rubio se quedó mirándola fijamente a los ojos. No tuvo que detenerse a pensarlo, parecía que él ya sabía la respuesta.
Ya no eran amantes, y eso estaba claro.
-¡Hermione!-exclamó su madre llamándola desde el comedor.-Dile a Draco que venga. Tu padre quiere conocerlo.
Ambos se miraron a los ojos por unos segundos más, pero rompieron el contacto visual cuando fueron a darle el encuentro a los padres de la castaña.
Un hombre de cabello rubio oscuro y de estatura alta, le dirigió una mirada a Draco desde que lo vio llegar.
-Me alegra conocerte, Draco. Soy George Granger.-sentenció el padre de Hermione, extendiéndole una mano al joven rubio.
Draco también lo hizo.
-Y yo a usted, señor Granger. Un placer.-respondió esperando que fuera tan simpático como su esposa.
Pero como todo padre, el señor Granger actúo un tanto receloso en cuanto los presentaron, sin embargo, al cabo de unos minutos, terminó por sentirse a gusto con el muchacho. Draco era todo lo contrario a aquel chico pelirrojo, que Hermione les había presentado como novio, cuatro meses atrás.
Y sus padres no eran idiotas, aunque su hija les hubiera presentado a Draco como un amigo y compañero de escuela, la conocían lo bastante bien como para sospechar que había algo más con aquel joven.
Luego de aquella breve introducción, no tardaron en reunirse alrededor de la mesa y empezaron a degustar la apetecible cena de Noche Buena.
Draco se sentó al lado de Hermione y cuando ella le esbozó una sonrisa, el rubio se sintió en un ambiente completamente cálido y en el que se respiraba armonía.
-El mundo mágico es tan misterioso...Nunca pensé que algo así existiría. Debo admitir que está lleno de enigmas.-comentaba el padre de Hermione con una copa de vino en la mano.-Pero me alegra saber que...
Hermione simplemente se dedicó a escuchar lo que su padre decía, el hombre no dejaba de hablar y de hacerle preguntas a Draco. Eso le pareció gracioso, pero de vez en cuando, no podía evitar echarle una que otra mirada al rubio, y viceversa.
Aunque la idea de que Draco conociera a sus padres le parecía increíble. Lo que más quería, era poder estar a solas con él y recuperar el tiempo perdido.
-Oh, vamos, George. No los aburras con esas teorías. Y deja de hacer tantas preguntas.-les salvó Jean. La mujer conocía a su hija demasiado bien y le dirigió otra mirada cómplice.-Draco ¿Tus padres no pasarán Navidades contigo?
El rubio se aclaró la garganta. Previamente, cuando el señor Granger le había preguntado a qué se dedicaban sus padres, simplemente le aseguró que ellos se dedicaban al comercio en el mundo mágico
-Eh, no, señora Granger. Ellos han tenido que asistir a una reunión de negocios urgente. Y se quedarán en Francia por una semana más.-mintió mientras sorpresivamente, sentía que la mano de Hermione se entrelazaba con la suya bajo la mesa.
Eso le fascinó.
-Oh, cuanto lo siento. ¿Tal vez quieras venir mañana? No haremos nada especial, sólo nos quedaremos en casa, y sé que a Hermione le encantaría.-dijo enviándole una sonrisa a su hija.
-Sí, por supuesto, será un placer, señora Granger.-contestó Draco observando a Hermione de reojo.
Le encantaba tener su mano entre la suya. Sólo ella podía transmitirle tantos sentimientos con sólo tocarlo.
-Y bueno, según tengo entendido este es su último año de escuela.-murmuró el padre de la castaña mientras le dirigía otra mirada al chico.- ¿Ya has decidido que harás después, Draco?
Sinceramente, el rubio no se había puesto a pensar mucho en ello. Sólo había pensado en estar con Hermione y de un modo u otro, ser feliz a su lado. Pero era consiente de que no quería ser como Lucius y vivir únicamente de su fortuna, Draco quería hacer algo más que sólo eso.
-He pensado en estudiar Literatura.-contestó sin más. No quería quedar como alguien sin aspiraciones frente a los Granger, y sabía que hablaba en serio.
La castaña le volvió a dirigir una mirada un tanto sorprendida. Sabía que Draco disfrutaba de la lectura tanto como lo hacia ella, pero nunca pensó que él quisiera estudiar algo relacionado a ello.
-Vaya, eso es interesante. Se te debe dar muy bien la escritura.-le animó el hombre y luego le dirigió una mirada a su hija.- ¿Y tú, Hermione, sigues con la idea de estudiar "leyes mágicas"?
Ella, simplemente asintió con buen ánimo. Su padre siempre le hacía la misma pregunta, a pesar de que ya sabía cuál sería la respuesta.
-Sí, papá. Estudiaré leyes mágicas. Y no me harás cambiar de opinión.-le respondió sonriendo divertidamente. Su padre aún tenía ciertas esperanzas de que se convirtiera en dentista como ellos, pero al parecer, ella estaba lejos de serlo.
-Eres tan obstinada como tu madre.-bromeó el hombre sonriendo también.
La madre de Hermione rodó los ojos.
-George.-le reprendió la mujer y luego rió con ellos.
Draco no pudo evitar sonreír.
-Pues, les propongo un brindis.-comentó el señor Granger mientras cogía la copa de vino tinto frente a él.-Un brindis por ustedes y porque cumplan todas sus metas. La vida es difícil, pero es un riesgo que debemos tomar.-concluyó con una amplia sonrisa.
Y eso, Draco y Hermione, lo sabían muy bien.
El rubio continuó sonriendo, sintiendo que jamás había experimentado algo así. Estaba pasando momentos en familia, que ciertamente, empezaba a disfrutar.
Cuando la cena hubo terminado, continuaron conversando por unos minutos más, y antes de que fueran las nueve, Draco decidió que era el tiempo más prudente para retirarse.
-No dudes en venir mañana, Draco.-se apresuró en repetirle la señora Granger, mientras se despedía de él y le daba un tiempo a solas con Hermione.
Draco asintió rápidamente y luego dirigió toda su atención a la bella castaña que le miraba con una expresión serena.
Ella esbozó una sonrisa.
-¿Ya tienes que irte?-le preguntó un tanto apenada.
Draco cogió su mano y se detuvo a mirarla por unos breves segundos. El tiempo que había transcurrido a su lado aquella noche, había sido increíble, pero no lo suficiente. Necesitaba más.
-No será por mucho.-le aseguró sonriendo también. Ambos sabían que esa no sería la última vez que se verían esa noche.
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La nevada caía descontroladamente y parecía haber empeorado con el pasar de las horas. Hermione echó un vistazo a través de la ventana y notó que la nieve había cubierto absolutamente todo a su alrededor.
Su madre se acercó a ella y esbozó una sonrisa cuando llegó a la cocina. Hermione le sonrió de vuelta y volvió a lo suyo.
-¿Qué es lo que existe entre tú y ese chico, Hermione?-le preguntó la mujer mientras la castaña terminaba de lavar los trastos.
Ella se quedó un tanto perpleja, no había esperado esa pregunta, pero conocía a su madre y sabía que ella nunca dejaba pasar una oportunidad.
De inmediato, se secó las manos y le dirigió una mirada a la mujer de cabellos castaños.
-¿Por qué lo preguntas, mamá?-le dijo tranquilamente y esperando pasar desapercibida.
Ni de cerca. Su madre era demasiado astuta.
-Cariño, te conozco. No puedes engañarme.-murmuró sonriendo y esperando que su hija confiara en ella.-Debo admitir que Draco me cae muy bien. Y parece que a tu padre también.-le aseguró.
Hermione nunca habría esperado que el rubio conociera a sus padres tan rápido, pero el destino actuaba misteriosamente y se alegraba de que todo hubiera salido mejor de lo que esperaba.
-Hermione, vi la forma en que él te miraba, y cómo tú lo mirabas a él.-comentó la mujer acercándose a su hija y notando que ella se tensaba un poco.
La castaña sentía que hacía bastante tiempo que no tenía una conversación tan íntima con su madre. Hablar de chicos y esas cosas, nunca había sido una prioridad en su vida, pero se alegraba de poder confiar en ella.
-No esperé que sucediera, mamá. Simplemente pasó y...-no sabía cómo continuar.
Tenía diecinueve años, había estado en medio de una guerra, había luchado junto a Harry, había sobrevivido esa espantosa tortura a manos de una demente, y sin embargo, no sabía cómo explicarle a su madre que se había enamorado de Draco, mientras aún mantenía una relación con Ronald.
Una relación que jamás debió suceder, se repitió a sí misma mientras se arrepentía de haberle presentado a sus padres a Ronald hacía ya casi cuatro meses, cuando habían regresado de Australia con sus memorias reimplantadas.
Su mayor arrepentimiento en toda su vida siempre sería haber iniciado una relación con el pelirrojo. Se había apresurado en hacerlo, lo había hecho cuando ella ni siquiera sabía que era lo que quería, luego de que acabó la guerra. Ese siempre sería su mayor error.
Miró hacía abajo.
-Hija, está bien. No tienes que preocuparte.-le murmuró su madre mientras colocaba una mano en su hombro. No sabía absolutamente nada, pero parecía presentirlo.-No sé qué sucedió entre Ronald y tú, pero si Draco es quien te hace feliz, no tienes que darme mayor explicación, cariño.
Hubo un breve silencio, mientras Hermione intentaba mirar a su madre fijamente a los ojos.
-Tu padre y yo, queremos que seas muy feliz, Hermione.-le aseguró esperando hacer sentir mejor a su hija.-No esperábamos a Draco, pero puedo decir que es todo un caballero y nunca pensé que aún quedaran chicos así.-se sorprendió recordando las actitudes tan protocolares que el rubio había tenido durante la cena.-Sé que es especial para ti.
Finalmente, Hermione alzó su rostro y no sintió pena, ni vergüenza.
-Es muy especial para mí, mamá.-repitió la castaña esbozando una sonrisa honesta.
Su madre se detuvo a mirarla por unos segundos, probablemente, pensando en que su hija ya no era una niña, y ahora, ya era lo suficientemente adulta como para decidir que era lo que mejor le convenía.
-Creo que eso es suficiente, cariño. Y espero ver a Draco más seguido.-le pidió esbozando una sonrisa divertida.-Sabes que soy una romántica empedernida, y pude ver que ese chico está muy enamorado de ti.-le aseguró con alegría.
Hermione se sorprendió de que su madre hubiera podido notar tantos detalles en las pocas horas que estuvieron juntos.
-¿En serio viste eso, mamá?-preguntó la castaña con curiosidad.
La mujer asintió de inmediato.
-Por supuesto que sí, querida.-le aseguró dándole un abrazo.-Gracias por confiar en mi Hermione.
Ella se detuvo unos minutos y luego miró a su madre.
-Gracias a ti, mamá.-respondió sonriendo y sintiendo que si tenía la aprobación de su madre, la del resto, poco o nada, importaba.
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Hermione se adentró en su habitación aun pensando en las palabras de su madre y no tardó en cerrar la puerta tras ella.
Esbozó una sonrisa cuando vio a Draco examinando un pequeño cuadro de flores rosadas pintadas al óleo que colgaba de una de las paredes lilas.
-¿Tú hiciste esto?-murmuró él girando para poder verla.
La castaña asintió brevemente.
-Sí.-musitó sintiendo que él no dejaba de verla.
Draco se acercó lentamente hacia ella, con aquella actitud que la castaña conocía bastante bien. Como si estuviera acechándola y alistándose para cazarla.
-Es hermoso. Igual que tú.-sentenció el rubio a pocos centímetros de Hermione.- ¿Por qué nunca me dijiste que pintabas?-le preguntó al verse interesado en este nuevo don que acababa de descubrir en ella.
Draco se sintió un tanto frustrado, creía que ya sabía todo sobre ella, pero de un momento a otro, descubría algo nuevo y que no conocía.
Hermione sonrió.
-Nunca me lo preguntaste.-sentenció mirándolo fijamente y llevó ambos brazos alrededor del cuello de Draco.- ¿Ya investigaste toda mi habitación?
Él parecía fascinado con la actitud que la castaña había tomado, y luego le echó una mirada a su alrededor.
-Diría que es igual de perfecta que tú, Granger.-le respondió sonriendo de lado.
Minutos después de despedirse de los padres de Hermione, el rubio no había tardado en aparecerse en la habitación de la castaña.
Varios objetos muggle habían llamado su atención, pero lo que más le había causado curiosidad, habían sido los libros que ella guardaba en un estante de color rosado cercano a su escritorio. En aquella repisa, había cientos de títulos que Draco nunca había leído y que no reconocía. Él sabía de literatura muggle, pero aún le faltaba mucho por conocer.
Recordó que Lucius jamás le había permitido que tuviera contacto alguno con el mundo muggle, siempre había procurado mantenerlo alejado de todos aquellos inventos y ciencias que no consideraba relevantes, y sin embargo, mientras más lo alejaba de todo eso, la curiosidad de su hijo aumentaba. Lucius le había prohibido tantas cosas en su vida, y era irónico saber que nada de eso tenía valor alguno, ahora.
Draco se acercó a Hermione y no tardó en besarla mientras rodeaba su cintura con ambos brazos.
Ella aceptó su desesperado beso, aquel beso que ambos llevaban esperando desde que él había llegado, pero la tocaba, exploraba y sentía cada parte de su cuerpo con una impaciencia que no pasó desapercibida por Hermione.
Podía sentirlo.
-Draco... espera.-murmuró sabiendo que algo no estaba bien.-Por favor, espera.-repitió intentando descifrar lo que ocultaba.
El rubio se quedó quieto y cerró los ojos. No quería preocupar a Hermione con sus problemas, pero ella era demasiado astuta y lo conocía bastante bien. No podía seguir evitándolo.
-Por favor, dímelo.-le pidió mientras intentaba leer su rostro.
Él bajó la mirada desanimado.
-Sucedió lo que me esperaba.-respondió sin más.-Mis padres creen que soy una clase de peón al que creen gobernar. Ellos siguen atrapados en el pasado, el mismo clasismo, los mismos prejuicios.-le trató de explicar mientras intentaba no volver a caer en el mismo infierno.
Hermione guardó silencio mientras escuchaba atentamente cada una de sus palabras. Podía sentir la rabia y la impotencia.
-Siento que esto nunca acabará, Hermione.-se llevó una mano a la cabeza y luego la miró.-Lucius también estuvo ahí.
La castaña sabía que la discusión con sus padres sería algo desagradable y probablemente, terminaría mal, pero no pensó que Lucius también estaría presente.
-¿Tu padre?-preguntó confundida. ¿Cómo era posible?
Draco caminó en dirección a la ventana y pudo ver que la nieve había enterrado todo a su paso. Parecía que este sería el invierno más crudo que tenían en años.
-Utilizaron un hechizo ilegal. Y por supuesto, Lucius no se podía quedar atrás.-murmuró él.
Hermione dejó que él hablara todo lo que fuera necesario para que se desahogara. No quería interrumpirlo.
-No me importa si nunca dejan de insistir. Sé que siempre lo harán.-continuó Draco sin darles mucha importancia, aunque por dentro sólo sentía mucha rabia por ellos.- Sólo sé que no volverán a imponerme nada, Hermione. Te prometo, que nunca volverán a decirme que hacer. Eso se terminó cuando acabó esa maldita guerra.
Hermione asintió brevemente. Quería desaparecer su molestia y el mal rato.
-Lo sé, Draco.-respondió mientras él guardaba silencio.
Sabía que lidiar con los Malfoy, nunca sería algo fácil. Hermione nunca entendería el fanatismo de Lucius Malfoy por la sangre. Parecía que aquel hombre nunca entendería que era por culpa de eso, que se encontraba encerrado en una fría celda de Azkaban.
-Y Astoria... Esa demente les dijo todo, absolutamente todo.-concluyó deseando que todo fuera diferente.-Saben que estoy con alguien más. Lo siento, Hermione... Lo siento tanto.
La castaña, no pareció sorprendida cuando le dijo que Astoria había ido a decirle todo a los Malfoy, pero sí se sorprendió cuando Draco le pidió disculpas.
¿Por qué lo hacía?
-¿De qué hablas, Draco?-preguntó confundida y esperando una explicación.
El rubio sentía que jamás podría quitarse a aquellos demonios de encima. No quería que se atrevieran a insultar a Hermione o si quiera a odiarla, pero sabía que eso era lo que exactamente harían cuando se enteraran de que él estaba perdidamente enamorado de ella.
-Eres todo para mí.-confesó Draco sintiendo que no le importaba sonar como un idiota enamorado, sólo quería que Hermione supiera cuanto significaba ella para él.
-Tú también eres todo para mí.-murmuró Hermione esbozando una dulce sonrisa. Una sonrisa, que logró aplacar cualquier amargura que Draco pudiera cargar en su interior en esos momentos.-Es noche buena, estamos juntos. Eso es lo único que importa.
Ella se acercó a él lentamente, sin cortar el contacto visual.
-Mañana es Navidad.-dejó salir mientras miraba fijamente a sus ojos grises.-Nunca pensé que pasaríamos Navidad juntos.-continuó un tanto emocionada.
Draco entrelazó una mano con la suya. Quería sentir ese calor que sólo Hermione podía ofrecerle, esa felicidad y esa emoción que ella sentía.
-Esta es la primera Navidad para mí.-le confesó sintiendo que en cualquier momento volvería a besarla.-Mis padres nunca celebraron Navidad. Para ellos sólo era un día cualquiera. Pensaban que sólo era una tradición de muggles.
Hermione entreabrió los labios levemente.
-Pero eso no es verdad.-se apresuró a decir sin poder creerlo.
Draco sonrió de lado.
-Lo sé. Desde pequeño, vi que otras familias sangre puras celebraban Navidad y los envidiaba tanto.-sentenció rememorándose a aquellas épocas en las que sólo era un niño.-Mis padres siempre me dieron todo, pero jamás me dieron la calidez de un hogar como el tuyo, Hermione.
La castaña sintió un nudo en la garganta. Había tantas cosas por las que Draco había pasado, y el resto del mundo, sólo lo juzgaba sin conocerlo. Sabía que él no era perfecto, y era igual de humano que ella.
En el camino habían tropezado cientos de veces, pero nunca sería tarde para redimir todo lo pasado.
-Draco.-murmuró suavemente, mientras se atrevía a tomar su rostro entre sus manos.-Te prometo que esta será la mejor Navidad de tu vida.-concluyó mientras sentía que él la rodeaba con sus brazos.
-No necesitas prometérmelo, Hermione. Eso ya lo sé. Estoy contigo y creo que eso es más que suficiente.
Ambos se miraron a los ojos por unos segundos, en los que sintieron que el amor fluía por sus venas.
¿Amor?
Sí, en efecto. Ambos estaban enamorados. Draco sabía que era tiempo de admitirlo.
Ella sonrió, y fue en ese momento, cuando el resto de su mente se nubló ante la intensa necesidad de besarla.
Y así lo hizo.
Draco se adueñó de sus labios desesperadamente, necesitaba fundirse en ella y hacerla suya. Necesitaba a Hermione. La necesitaba desde el minuto en que se habían separado en la estación de trenes.
Saboreaba su dulce boca, aquella boca que lo había llevado a tocar el cielo en más de una ocasión, e introdujo su lengua haciendo que el beso se tornara más profundo y apasionado.
Podía escuchar a Hermione gemir bajo él, podía sentir su agitada respiración y su palpitante corazón ansioso de más. Mucho más.
-Espera.-le interrumpió ella, separándose de él y acercándose a la puerta de su habitación.
De inmediato, aseguró la puerta y conjuró un encantamiento silenciador. Cuando estuvo hecho, se apresuró en dejar su varita sobre su escritorio al lado de la de Draco.
Antes de volver con él, Hermione decidió quitarse lentamente cada prenda de ropa que llevaba encima. Primero empezó por deslizar su suéter color rosado hasta quedar únicamente en brassier.
Draco estaba apoyado sobre sus codos, deleitándose con la vista y sintiendo que un bulto en su entrepierna iba creciendo. Deseoso de ella y de todo lo que Hermione podía ofrecerle.
Sabia desición, pensó por el hechizo silenciador que la castaña había conjurado segundos atrás. Estaba seguro de que esa noche, la haría gemir tan fuerte que ambos acabarían exhaustos, y no quería que los señores Granger se enteraran de lo bien que la pasarían.
Luego, ella procedió a desabrochar su brassier, y liberó sus senos para deleite del ansioso rubio que la esperaba en la cama.
-Hermione, ven aquí, preciosa. O vas a terminar por matarme.-le pidió desesperado por tocarla.
-Parece que alguien no puede esperar.-bromeó Hermione mientras se quitaba los jeans y quedaba únicamente en ropa interior.
Ella no tenía ni idea de cuanto él la deseaba.
Draco no pudo quedarse quieto y caminó en dirección a la castaña, se colocó detrás de ella y finalmente pudo tocar a la mujer que lo hacía suspirar todos los días.
Desde el momento en que habían hecho el amor aquella primera vez en la sala de menesteres, Draco había sabido que jamás volvería a existir ninguna otra chica como Hermione Granger. Sólo ella había logrado que él pudiera disfrutar del sexo en todo su esplendor, sin prisa y con calma, dándole tiempo de explorarse mutuamente y conocer más el uno del otro. Debía admitir que sólo con ella se había venido como nunca antes lo había hecho.
-Voy a cogerte hasta que te olvides de tu nombre.-le advirtió Draco deslizando una mano por la curvatura de su cintura y sonriendo de lado.-Y te va a encantar.-musitó contra el lóbulo de su oreja.
Hermione sintió que un placentero escalofrío recorría toda su espalda y su cuerpo entero, mientras él acariciaba sus bragas color verde.
¿Verde?, pensó Draco complacido, pero lo cierto era que no quería que ella tuviera nada encima.
-Vaya, sé que me gustará.-se apresuró a decir Hermione mientras le robaba un ardiente beso al rubio.
Sus labios volvieron a encontrarse en aquel dulce y placentero tormento, mientras el rubio deslizaba su mano derecha dentro de la prenda interior de Hermione.
Dos de sus dedos hicieron contacto con su cálido centro, y no tardó en sentir lo húmeda que ella estaba. Tan húmeda y suave, como siempre lo había estado para él.
-Estás tan húmeda, tan exquisitamente húmeda.-repitió contra su boca.-Hermione, podría hacerte venir ahora, pero esto sólo ha empezado.
Ella sonrió de lado, pero no pudo evitar gemir cuando sintió que él empezaba a hacer círculos sobre su clítoris, ejerciendo más presión y placer. La castaña se arqueó contra él, y pudo sentir la dura erección de Draco tras ella.
El rubio sentía unas incontrolables ganas de introducirse en ella y cogérsela sin piedad, pero no quería hacerlo tan pronto, primero quería jugar con ella y con ese perfecto cuerpo disponible únicamente para él y nadie más.
-Umh, Draco.-gimió Hermione mientras llevaba su mano hacia atrás y alcanzaba a tocar la erección del rubio. Él tuvo que concentrarse en lo que hacía o acabaría por caer rendido ante ella y su mágico toque.
Con su mano libre, Draco masajeó su seno derecho, presionando insistentemente su pezón, mientras su mano izquierda continuaba perdiéndose en la humedad de Hermione.
-Sueño con esto todos los días.-murmuró Draco liberándola de su agarre.
La castaña cayó sobre la cama y sintió el peso del rubio sobre ella a los pocos segundos.
Draco continuó besándola tan ferozmente, que Hermione sintió que se quedaría sin oxígeno. Pero no me importaba, podía morir feliz en sus brazos.
Sus bocas se separaron por unos breves segundos, y él empezó a deslizar sus labios por la curvatura de su cuello. Le encantaba su aroma, el sabor de su piel y esa esencia que lo volvía loco.
-Mmmm... Draco. Oh.-gimió ella cuando sintió que él había succionado fuertemente su cuello, como si la hubiera marcado para recordarle que sólo él era su dueño. Sabía que mañana amanecería con un pequeño recordatorio de lo ardiente que había sido la noche.
-Ahora, eres mía.-le aseguró con aquella voz aterciopelada que la castaña adoraba.
Sus ojos grises, cargados de deseo, se encontraron brevemente con sus ojos miel, que a pesar de destilar inocencia, también destilaban lujuria.
Esa era una de las miles de cosas que Draco Malfoy adoraba sobre Hermione. Podía lucir tan dulce e inocente debajo él, pero al mismo tiempo, sólo el rubio sabía cuan apasionada e intrépida ella podía ser.
Draco fue descendiendo hasta que llegó a sus senos, y se deleitó besando y succionando cada uno de ellos. Sus pezones eran su debilidad y siempre buscaba la manera de que acabaran completamente duros y enrojecidos.
-Adoro el sabor de tu piel, Hermione.-susurró deslizando su lengua sobre su seno izquierdo y deteniéndose para probar su pezón por última vez.
-Y yo te adoro a ti, Draco Malfoy.-le respondió sonriendo de lado y haciendo que Draco sintiera un profundo aguijón de felicidad en su corazón. Se detuvo a observarla, con su cabello castaño desordenado y con ambas mejillas sonrojadas. Ella era tan preciosa, y eran muchas veces, en las que Draco sentía el temor de perderla.
Despertar un día y saber que todo sólo había sido un jodido, pero maravilloso sueño.
Si supieras cuanto significas para mí, pensó el rubio sintiendo que Hermione jalaba de él para volver a besarlo. Estaba ansiosa de volver a saborear sus labios y entregarse a él por completo.
-No tan rápido, preciosa.-le dijo Draco rozando sus labios contra su boca y sintiendo que sus respiraciones se combinaban.-Primero, quiero probarte...
Draco no tardó en volver en donde se había quedado y deslizó su tibia lengua sobre el abdomen de la castaña. Entreabrió sus piernas con sutileza y le quitó las pequeñas bragas de color verde, para luego continuar explorando sus alrededores antes de adentrarse en la zona más sensible de su cuerpo.
Le gustaba tenerla completamente doblegada ante lo que él estaba a punto de hacerle. Había aprendido a reconocer que cuando Hermione estaba más excitada de lo normal empezaba a morderse el labio inferior desesperadamente y eso a él lo volvía loco.
-Me encantas.-susurró deteniéndose a observar aquella zona íntima que poseía el néctar que Draco ansiaba saborear, quería oír esos gemidos que lo hacían poner tan caliente, quería sentir esa perfecta humedad en su boca.
Y así lo hizo. Trazó círculos contra su suave clítoris con la punta de su lengua, saboreando cada parte de su centro y escuchando esos gemidos que salían naturalmente de los labios de Hermione. Ella cerró los ojos y apretó los labios mientras se deleitaba en todo lo que su maravillosa lengua podía hacerle sentir.
Él elevó ambas manos hacia sus senos y los masajeó haciendo presión en ellos.
-Oh, demonios. Draco...-gimió la castaña apretando las sábanas bajo su mano.-Estás... Estás... Oh, dios mío...Estás volviéndome loca.
El rubio se alegró por ello y no tardó en volver a saborear su clítoris, haciendo que ella alzara sus caderas involuntariamente.
-Mmm, Hermione...-susurró Draco deleitándose con su dulce sabor y colocó una mano en su cadera, para evitar que se moviera.
-Draco...-jadeó llevando una mano dentro de su cabellera rubia.-Por favor... Oh, Draco.-rogó en medio de gemidos.
La sensación que recorría todo su cuerpo era maravillosa.
-Dime lo que quieres.-le exigió él, separándose brevemente, pero volvió a su centro tan pronto como pudo. No quería torturarla y le daría un orgasmo que acabaría derritiéndola.
-A ti...-sentenció Hermione en otro jadeo.-Te quiero...dentro de mí.-concluyó sintiendo que no podía evitarlo más y llegaba al más placentero clímax.
Draco llevó una mano a su centro y sintió la humedad del orgasmo recibido. Ahora, estaba seguro de que necesitaba penetrarla. Su hermosa gryffindor, lucía tan perfectamente sexy frente a sus ojos, y eso sólo incrementaba su lujuria.
Hermione arqueó la espalda, cuando sintió que Draco colocaba su erección dentro de ella.
-Mmm, preciosa, voy a cogerte aquí y ahora...y todos los días de mi vida.-no pudo evitar decirle mientras empezaba a embestirla primero lento y adentrándose para disfrutar de la estrechez de su vagina.
-Oh, Draco, haz eso otra vez...-gimió desesperada y rodeó la cintura del rubio con ambas piernas, para permitirle más profundidad a su miembro.
-No sabes lo bien que se siente cogerte.-susurró Draco contra sus labios y aumentando el ritmo de sus caderas. Se la cogía como si fuera la última vez que lo haría, se sentía completamente excitado y sabía que sus deseos sólo podían ser saciados con Hermione.
Lo único que podía escucharse, eran sus gemidos y los choques repetidos de sus cuerpos mientras hacían el amor.
Draco sentía que podría venirse en cualquier momento. Sólo quería asegurarse de hacerlo dentro de ella.
Sus caderas continuaron el tortuoso ritmo, jadeando y gimiendo, acelerando las estocadas hasta que las paredes de Hermione se contrajeron contra su miembro, y entonces, el rubio sintió esa explosión de placer en su interior.
Finalmente, se había corrido de una forma increíble dentro de esa hermosa castaña que únicamente le pertenecía a él.
Hermione se apresuró en unir sus labios a los de Draco, dejando que sus bocas se deleitaran por unos minutos más.
Ambos estaban exhaustos, respiraban violentamente e intentaban recuperarse de la ardiente tarea.
Draco se aseguró de rodearla con ambos brazos mientras Hermione cerraba los ojos y se acomodaba en aquel cálido abrazo.
Definitivamente, ese había sido el mejor regalo de Navidad.
-Nunca me dejes...-susurró Draco entrelazando su mano con la suya.
Hermione esbozó una sonrisa, mientras sentía que su respiración iba regularizándose.
-Nunca.-le prometió ella. Su alma, cuerpo y absolutamente todo, le pertenecía a él. Como siempre tenía que haber sido.-Prométemelo tú también.
Draco se atrevió a coger su delicada mano y plasmó un suave beso sobre el dorso de ella.
Hermione no esperó aquella tierna actitud de su parte, pero lo cierto era que él nunca dejaría de sorprenderla, y se sintió completamente complacida con lo tierno que Draco podía ser.
-Nunca te dejaré, Hermione.-le recalcó mientras ella giraba para ver directamente a sus ojos grises.
Draco lucía exageradamente atractivo, su cabello rubio estaba desordenado y su rostro perfecto era acompañado por esa mirada que podía desarmarla en cualquier momento.
Finalmente, había encontrado a esa persona especial.
Draco había estado delante de sus ojos durante todos esos años, y ella jamás habría imaginado que él sería el dueño de su corazón.
El destino obraba de formas extrañas.
Hermione llevó una mano a la pálida mejilla del rubio y este cerró los ojos ante el suave contacto.
-Estoy enamorada de ti, Draco.-le confesó con voz temblorosa y sintiendo que tal vez aquella revelación sería demasiado.
De inmediato, él abrió los ojos y no pudo evitar perderse en aquella mirada avellana. Sentía una increíble satisfacción en su interior.
Él también estaba profundamente enamorado de ella, no cabía la menor duda. Esa maravillosa chica había cambiado su vida de muchas maneras.
Ella le había preguntado, "¿Qué somos?" Frente al árbol de Navidad horas antes, y Draco tenía la respuesta perfecta. Aquí y ahora, en esta Noche Buena, dejaría que los sentimientos fluyeran y que su romance floreciera.
-¿Hermione quieres ser mi novia?-le preguntó sin darle más vueltas al asunto.
La castaña entreabrió los labios sin imaginar que él le haría semejante propuesta.
Su corazón latió más rápido.
Siempre fuiste tú, pensó sin perder el contacto visual.
-Sí.-sentenció esbozando una sonrisa que Draco nunca olvidaría. Ninguno podría olvidar ese momento. Tan íntimo y mágico. Sólo ellos dos, en vísperas de Navidad y bajo aquella nevada.-Sí, Draco, sabes que sí.-repitió contra su boca.
No lo dudó ni un segundo más, y Hermione unió sus labios a los suyos en un profundo beso, que pareció sellar el inicio de su relación.
Los latidos de su corazón demostraban la alegría y satisfacción que ambos sentían en ese momento.
Draco tomó su mano entre la suya, y sin interrumpir aquel fervoroso beso, intentó hacer que esos segundos se prolongaran y fueran eternos.
Ahora todo tenía sentido.
Él tenía a Hermione, ella lo tenía a él.
Estaban haciendo lo correcto y no había nada ni nadie, que pudiera evitarlo. Ambos sentían que estaban a punto de embarcarse en una aventura, una increíble aventura de la que nunca se arrepentirían.
Sabían que tendrían que lidiar con mucho, el futuro sería difícil, muchas cosas sucederían y probablemente, pocos los entenderían, pero estarían juntos.
Siempre Juntos.
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Al fin son novios! hahaha. Espero que este capítulo haya llenado sus expectativas y les haya gustado tanto como a mi al escribirlo. Hice lo mejor que pude!
Gracias por leer, chicas. Nos leemos en el próximo capítulo y no olviden dejar un review si les encantó :)
Rosalie!
