¡Chicas, al fin nuevo capítulo! Perdonen la tardanza, pero no me sentía cien por ciento inspirada y necesitaba tiempo. No quería entregarles un capítulo mediocre, porque ustedes se merecen lo mejor. Estoy super agradecida por los hermosos reviews que recibí en el capítulo pasado, muchísimas gracias a Ali TroubleMaker, hadramine, Maya Masen Cullen, HarleySecretss y a Colombianidad por tomarse el tiempo de comentar!

Sin nada más que agregar, que disfruten del capítulo, que por cierto contiene Lemon jajaja, están advertidas! ;)


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Capítulo 19: Heridas que nunca sanarán...

Desde el momento en que había ingresado a la sala común de slytherin, Daphne había sentido un extraño olor a quemado. No sabía qué demonios era eso o qué estaba pasando, pero sin más demora, subió rápidamente a la habitación que compartía con las demás chicas de su casa, y encontró a su hermana al pie de la chimenea.

-¿Qué demonios estás haciendo?-le preguntó notando que Astoria lanzaba algo al fuego.

De inmediato, ella giró verla, pero le restó importancia.

-Sólo me deshago de algunas cosas.- respondió tirando la carta que sus padres le habían enviado esa mañana.

Daphne abrió los ojos sorprendida. Su hermana estaba perdiendo el control.

-¿Estás quemando la carta que te envió mamá?-le cuestionó preocupada, mientras se apresuraba en abrir las ventanas y esperaba que eso fuera suficiente para dispersar el humo y ventilar la habitación.

-Sí.-respondió sin inmutarse, y luego cogió la fotografía de Draco Malfoy que guardaba junto a sus cosas. La miró por unos breves segundos, y después la tiró a las llamas.-Maldito…-exclamó con rencor.

Daphne se acercó a ella y sintió algo de lástima por su hermana. Desde el escándalo en el gran comedor, su comportamiento había empeorado, se había vuelto más retraída, y ya no sabía que más podía decirle para que olvidara a Malfoy. No importara cuantas veces hablara con ella, o cuántas veces le dijera que era estúpido seguir pensando en él, su situación era complicada y Astoria no quería entenderlo. Ella seguía enfrascada en sus propias ideas y creía tener la razón en todo.

-Acaba con todo esto, Tori. Deja de pensar en él… Podemos ir de compras a Hogsmeade. Sabes que a papá no le importará.-sugirió acercándose a ella y colocando una mano en su hombro.-O podemos ir al callejón Diagon, puedo apostar que Madame Malkin tiene nuevos vestidos. La primavera llegara pronto y…

Pero Astoria no podía seguir oyéndola, no podía seguir oyendo cosas sin sentido y que ciertamente, no la ayudaban en nada.

Se quedó en silencio por unos segundos, y deseó que su hermana desapareciera.

-No, Daphne. Por supuesto que no.-murmuró fastidiada y quitándose su mano de encima.- ¿En serio piensas que una maldita salida me hará olvidar todo lo que ha sucedido? ¿Cómo demonios crees que voy a olvidar lo que me han hecho?-repitió dolida.

Daphne no dijo nada. En cierta parte, sabía que su hermana decía la verdad. No había nada que pudiera decirle para calmarla. Astoria seguía autodestruyéndose a sí misma, y parecía que seguiría haciéndolo por un largo tiempo.

-¿Quién te envió las fotografías?-le preguntó Daphne sin más rodeos. Sentía que todo ese escándalo en el comedor podía haberse evitado si Astoria no hubiera recibido aquellas fotos, aunque no podía engañarse a sí misma, Daphne sabía que de alguna forma u otra, su hermana se habría enterado y habría ardido en furia.

Astoria ni siquiera le dirigió la mirada, simplemente, se encogió de hombros.

-No lo sé.-respondió despreocupada.

Daphne se cruzó de brazos, y se apoyó contra la pared.

-Pues por culpa de ellas, casi te expulsan.-le recriminó recordando el lamentable episodio.-Sólo quedaste en ridículo. No conseguiste nada.-dijo siendo realista.

De inmediato, Astoria giró el rostro en dirección a su hermana.

-Te equivocas, Daphne.-empezó a decir desafiante.-Gracias a eso, todo el mundo se enteró que Granger no es ninguna santa. Es una zorra, y de la peor clase. Ahora todos lo saben.-puntualizó mirándola con fastidio y luego susurró en voz baja.-De igual forma, me las pagará…

Nuevamente, los ojos de Daphne se abrieron como dos resortes y la preocupación volvió a invadirla.

¿Acaso su hermana había enloquecido?

-¿Qué? ¿De qué hablas?-inquirió angustiada.

Astoria clavó sus ojos en las llamas, y el fuego se reflejó en sus ojos. Estaba hablando en serio, no importara lo que costara, cuando ella se encaprichaba con algo, no descansaba hasta lograr su objetivo.

-Pues, de la ramera, ¿De quién más? Me las pagará.-volvió a decir con una seguridad que Daphne jamás había visto antes.

Eso fue suficiente para que tomara a su hermana por los hombros y la mirara fijamente a los ojos.

-¿Qué demonios piensas hacer? ¡Estás loca!-le gritó esperando que Astoria entrara en razón.-Te expulsarán de Hogwarts. No seas estúpida. Granger es la protegida de Mcgonagall, esa vieja la adora y te expulsará de inmediato. No arruines tu futuro por una patética venganza.-le pidió.-Ni siquiera papá podrá salvarte de esta.

Pero la expresión en el rostro de Astoria seguía siendo la misma, no cambiaba.

-No sé qué demonios ocurre contigo, pero ahora sí estas excediéndote.-continuó Daphne un tanto desesperada.- Acabarás arruinada. No vale la pena. Malfoy eligió a Granger. Acéptalo, Astoria. No hay nada que tú, ni nadie pueda hacer. Sé que es difícil, pero él jamás estuvo enamorado de ti… Jamás.-sentenció con dureza.-Esa es la realidad… Despierta y vuelve a ella.

Las palabras de su hermana mayor fueron peor que una bofetada. Astoria miró el vacío y reprimió las lágrimas. Cada vez que alguien se lo recordaba, sentía que el odio la cegaba y dejaba de pensar con cordura. Presionó sus labios, e intentó tragarse todo su orgullo.

Los aborrecía, los repudiaba y sólo quería verlos sufrir, quería vengarse y hacerles pagar por toda la vergüenza a la que había quedado expuesta.

A estas horas, todas las malditas familias sangre puras ya debían de haberse enterado. Todo el maldito mundo lo sabía.

Su ex prometido la había cambiado por una sangre sucia, ¿y creían que todo se iba a quedar así?

-¡Quieres callarte, Daphne!-gritó Astoria alejándose de su hermana y buscando la manera de poder controlarse, pero no podía.-Deja de meterte en mi vida…-le advirtió.-Yo puedo hacer lo que quiera. Si quiero que esos dos malditos sufran, entonces así lo haré, y si no me vas a apoyar, entonces lárgate de aquí y déjame sola.-le dijo ofuscada, y luego giró para verla por última vez.-Dices que no hay nada que pueda hacer, pues te equivocas… Porque me vengaré.-respondió decidida.

Daphne se sintió en una horrible encrucijada, sabía que su hermana no bromeaba y este sería su fin. Su deseo por vengarse se había vuelto en una obsesión enfermiza y terminaría por consumirla. No quería decir nada aún, pero sabía que pronto tendría que poner a sus padres al tanto de la situación, o Astoria acabaría siendo expulsada de Hogwarts para siempre.

-Sólo acabarás dañándote a ti misma.-sentenció Daphne mirándola con pena, mientras salía de la habitación y se iba a toda prisa.

Astoria le restó importancia a sus palabras, al fin y al cabo, ella y Daphne eran diferentes. Su hermana carecía de carácter, jamás se atrevería a desobedecer una orden de sus padres, pero Astoria era todo lo contrario y si de algo estaba segura, era que siempre obtenía lo que quería.

Volvió su mirada al fuego, y guardó silencio mientras pensaba en una arriesgada y descabellada idea. En esos momentos, sentía que ya no había nada que perder, tampoco le importaba si la expulsaban, sólo quería venganza. Había escuchado que la venganza era un plato que se comía frío, pero ella no podía esperar tanto tiempo. Sentía un impulso en su interior, sentía como si algo le dijera que tenía que acabar con ellos para poder saciar su ira.

-Los destruiré.-murmuró en voz baja mientras el fuego chisporroteaba.

Su ego había sido herido, estaba quebrado, roto y sentía que había perdido. Había perdido al hombre de su vida, y todo por una sangre sucia.

En su rostro, se dibujó una sonrisa enferma cuando recordó lo que le había dicho a Granger aquel día en el gran comedor. Le había jurado que se arrepentiría por todo lo que le había hecho, y así sería.

Astoria Greengrass no descansaría hasta hacerles pagar caro por su maldito error, y nadie, ni siquiera sus padres, podrían detenerla.


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Hermione se quitó un largo mechón castaño que caía por su mejilla, y luego volvió su vista al pergamino en el que anotaba las indicaciones del profesor Slughorn.

Habían pasado algunos días desde el lamentable escándalo y aún seguía sin poder creer que algo como eso en verdad le hubiera sucedido.

Giró su rostro hacía la derecha, y su mirada se encontró con la de Romilda Vane, quien llevaba observándola desde hacía bastante rato. De inmediato, al verse descubierta, Romilda volvió su mirada hacía el profesor, y Hermione simplemente rodó los ojos. No era la primera vez que ocurría, ni sería la última. Desde que Draco y ella habían ingresado al salón de pociones, todos los alumnos no habían podido quitarles la mirada de encima.

La castaña aún no se acostumbraba a que toda la atención se posara sobre ella y Draco, o en cualquier lugar en el que ambos estuvieran juntos. Escuchar los cotilleos a sus espaldas y las habladurías, ya se había vuelto parte de su rutina diaria, y sabía que tendría que lidiar con eso por un largo tiempo.

Draco le echó una mirada cómplice, y pareció adivinar en lo que ella pensaba.

Hermione esbozó una sonrisa. En ocasiones, aún creía que estaba soñando. Tenerlo a su lado y poder besarlo sin necesidad de esconderse, había resultado ser una experiencia maravillosa, y si podía rescatar algo bueno de aquel escándalo, era que ahora todos sabían que tanto ella como Draco estaban en una relación.

La clase no tardó en terminar, y luego de unas cuantas indicaciones, Slughorn les dejó ir temprano.

Hermione cogió sus cosas, y sin más demora, se retiró junto a Draco lejos de las miradas curiosas que parecían seguirles a todo lado al que fueran.

Draco colocó una mano alrededor de los hombros de la castaña, y simplemente, rodó los ojos.

-Parece que somos el centro de atención, Granger.-susurró con cierta ironía.

Hermione rió.

-Sí, eso parece, Malfoy.-respondió ella.

-¿Te molesta?

-No.-dijo sonriendo y sabiendo que ya no había necesidad de ocultar lo que sentían el uno por el otro.

Draco también esbozó una sonrisa.

-Pues a mí tampoco.-contestó con el mismo ánimo que ella.

El rubio le echó una mirada, y sintió que sus ojos grises brillaban. La admiraba en muchas formas, admiraba el temple que tenía para afrontar una situación que para muchas chicas habría sido un infierno. La admiraba, porque Hermione no era como cualquiera, ella era una gryffindor y Draco sabía que era la persona más increíble que había conocido en toda su vida.

-¿Sabes qué es lo que más me gusta de todo esto?-preguntó Draco mientras se detenían.

-¿Qué?-respondió Hermione imaginando su respuesta.

Él la acorraló contra la pared, aprovechando que estaban solos, y sonrió de lado.

-Hacer esto…-susurró mientras se acercaba lo suficiente como para robarle un apasionado beso. Ágilmente, atrapó sus suaves labios, y saboreó su dulce boca contra la suya por unos segundos en los que se deleitó con el delicioso sabor de Hermione.

Hacía buen rato que Draco tenía ganas de probar sus labios y de besarla intensamente.

-Sí, también me gusta eso.-susurró ella contra su boca.

Él la miró fijamente a los ojos, no podía quitarle la mirada de encima, y menos cuando sentía que cierta parte de su cuerpo empezaba a rogar por atención. Hermione sonrió de lado adivinando sus pensamientos, y ambos desearon que la noche se apresurara en llegar.

-Granger, no sonrías así, o no podré dejarte ir.-le advirtió Draco colocando una mano en su cintura y ansiando poder hacer más que sólo eso.-Demonios, eres mi debilidad, Hermione…

La castaña rodeó su cuello con ambos brazos y se acercó lo suficiente para que sólo él pudiera oírla.

-Te prometo que nos veremos después de las rondas…-musitó rozando sus labios contra el lóbulo de su oreja.

Ante tal insinuación, Draco tuvo que contenerse de hacerla suya en el pasadizo y conformarse con la llegada de la noche para poder hacerlo.

-Es lo que más me gusta de ser prefecto.-admitió.

Hermione acomodó un mechón rubio del cabello de Draco y lo colocó detrás de su oreja.

No había nadie en los pasillos, a excepción de unos alumnos de tercer año, pero repentinamente Hermione sintió que alguien más les observaba.

-¿Qué?-preguntó Draco.

-No es nada, sólo pensé que alguien nos había visto…-dijo un tanto confundida. Por unos segundos, había creído ver a Greengrass, pero al parecer sólo había sido un engaño de su mente.-Iré con Luna a la biblioteca. Me dijo que necesita ayuda con una tarea.

Él asintió convencido, no sin antes mirar a ambos lados.

-Nos veremos en la cena, preciosa.-le aseguró.-Sólo déjame acompañarte.

Hermione esbozó una sonrisa, mientras Draco volvía a colocar una brazo alrededor de su hombro y juntos dejaban los pasillos sin que nadie pudiera interrumpir su felicidad.


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El gran reloj cerca del escritorio de Madame Pince, tocó las cinco de la tarde en punto, y tanto Luna como Hermione dieron por finalizada la tarea de encantamientos que la rubia tenía que entregar para mañana. La cena empezaría pronto, y la castaña ansiaba ver a Draco.

-Gracias por ayudarme con esto, Hermione. Creí que jamás lograría terminarlo.-murmuró Luna mientras cerraba uno de sus libros y lo metía dentro de su morral.

Hermione le envió una mirada comprensiva.

-No tienes nada de que preocuparte.-le respondió esbozando una sonrisa gentil.-Siempre que necesites mi ayuda, puedes contar conmigo.-le aseguró. Ni siquiera tenía que preguntárselo, Hermione se sentía en deuda con Luna por todo el apoyo que ella le había ofrecido durante tiempos en los que no había sabido qué hacer, y era en la rubia que había encontrado una gran amistad.

Luna también esbozó una sonrisa, y terminó de recoger el resto de sus cosas, mientras se apresuraban en salir de la biblioteca, no sin antes despedirse de Madame Pince.

-No puedo creer que en cuatro meses se irán de aquí.-murmuró Luna un tanto apenada.

-Lo sé, jamás pensé que ese día llegaría…-repuso la castaña con una expresión nostálgica.

Dejar Hogwarts, y empezar a estudiar en la universidad mágica de Londres, sería un gran cambio para ella. Había pasado siete años de su vida ahí, había vivido grandes momentos, y ahora estaba a punto de empezar una nueva etapa.

Le costaba pensar en eso, pues era aquí dónde estaban las más bellas memorias de su vida.

Dejó salir un largo suspiro, y esbozó una sonrisa.

-Los extrañaré.-sentenció Luna pensando en lo sola que se sentiría el siguiente año, cuando todos se hubieran ido.

Hermione sabía que no sería fácil.

-Yo también te extrañaré.-repitió la castaña buscando la manera de animarla.-Pero vendré a visitarte, Luna, y en sólo un año estaremos juntas otra vez…

La rubia esbozó una sonrisa.

-Sí, tienes razón. No puedo esperar a empezar mis estudios de biología mágica.-comentó con entusiasmo.

Hermione conocía de su interés por todas las criaturas mágicas y sabía que Luna estaba destinada a hacerse un nombre en la sociedad como futura bióloga del mundo mágico.

Estaba a punto de responderle, pero de pronto sintió que alguien se acercó tras ella. Hermione volteó y se encontró con una de las personas a las que había querido evitar en todos esos días.

-¿Por qué?-objetó Ginny Weasley con la mirada encendida. Su expresión en el rostro, denotaba la decepción y desilusión que sentía en esos momentos.

Estaba demás decir por qué ella estaba ahí. Hermione sabía que este momento llegaría, no podía evitarlo, ni siquiera parecía sorprendida, sólo sabía que tarde o temprano, ella y Ginny tendrían esta conversación.

Desde el escándalo, parecía que la pelirroja también la había estado evitando, pues no habían coincidido en ningún lado, a excepción de las cenas, pero finalmente, estaba aquí y por la forma en qué había empezado a hablarle, Hermione no presentía nada bueno.

La castaña no dijo nada por unos segundos, pero entendía perfectamente a lo que se refería.

-¿Cómo pudiste hacerle eso a mi hermano?-le espetó nuevamente mientras la miraba como si se tratara de un bicho raro.- ¿Qué demonios, Hermione? No tienes ni idea de lo mucho que él está sufriendo por tu culpa... N-Nunca pensé que serías capaz de hacer algo tan repugnante como eso... ¿Quién demonios eres?-sentenció con dureza sintiendo que su amiga había desaparecido.

Hermione no quería otro episodio como el ocurrido con Astoria, y menos con Ginny. Sabía que en aquel último año, ambas se habían distanciado un poco, pero no por ello había dejado de estimarla. La castaña la consideraba su amiga y siempre tendría un lugar especial en su corazón, pero sabía que para Ginny, su amistad había muerto, y Hermione sentía que no podía detenerla.

-Ginny…-murmuró con cierto remordimiento.

Una vez más, volvían aquellos horribles sentimientos de culpa a ella. Tal vez, por momentos lograba olvidarlos, pero siempre terminaban volviendo para atormentarla y no dejarla ser completamente feliz al lado de Draco.

Sabía que aún quedaba un largo camino para que pudiera superar todo eso, y aún era muy pronto para sanar.

-No, no vuelvas a dirigirme la palabra, Granger.-le respondió de mala gana y luego la miró fijamente a los ojos.-Confiaba en ti… Todos confiábamos en ti, y tú… tú estuviste engañando a Ron todo este maldito tiempo con ese mortífago. ¿Cómo pudiste hacerlo?-le cuestionó con lágrimas que empezaban a asomarse en sus ojos.

Luna intentó poner una mano en el hombro de Ginny y de alguna forma poder confortarla.

-Ginny, sé que Hermione y tú deben hablar, pero estás exaltada y necesitas calmarte.-intentó decirle Luna.

De inmediato, la pelirroja se sacó su mano de encima y se alejó de ella sin el más mínimo cuidado.

-¿Y tú lo sabías? ¿No es así, Luna?-le cuestionó ofuscada.- ¿Tú y tu novio mortífago también lo sabían? Se estuvieron burlando de todos nosotros.-continuó diciendo histéricamente, y luego miró a Hermione.-Después de que estuviste en mi casa, compartimos la misma mesa, dormimos bajo el mismo techo, y vivimos tantas cosas juntas. ¿Así es como nos pagas, Granger?

Hermione empezaba a sentirse cansada de que todos la apuntaran con el dedo. Sabía que había traicionado a Ron, sabía que lo había dañado, pero por muy duro que fuera, la vida era así, y ella había terminado enamorándose de quien menos imaginó. No necesitaba seguir oyendo lo mismo de todo el mundo.

-Ginny, las cosas entre tu hermano y yo, nunca funcionaron…-empezó a decirle con calma, aunque sabía que ella jamás lo entendería.- Lamento que esto haya sucedido así, pero no hay nada que ni tú ni nadie pueda hacer al respecto. Sé que le hice daño, y entiendo que me odie, pero no soy perfecta… y lo único que puedo decirte, es que lo siento mucho. Siento mucho haberles hecho daño.-sentenció Hermione.

Ginny la miró despectivamente, su mirada seguía cargada de rabia y odio.

Hermione la entendía, y en cierta parte, sabía que esto se veía venir. De algún modo u otro, la traición a Ronald había traído más de una consecuencia, y la amistad con los Weasley quedaría fracturada para siempre.

Era duro, pero la vida era así.

-Nada de lo que me digas me hará cambiar de opinión sobre ti.-le advirtió Ginny.

Hermione negó con su cabeza.

-No, Ginny, no planeo hacerlo, no planeo convencerte, ni pedir tu perdón, ni mucho menos tu comprensión.-le explicó.-Te entiendo perfectamente y estás en todo tu derecho de pensar así. Sólo quería dejar las cosas claras, porque sé que probablemente, no volverás a dirigirme la palabra en mucho tiempo…

La pelirroja se quedó en silencio por unos segundos, y luego se acercó a Hermione.

-De todas las personas en el mundo, jamás pensé que serías tú la que destruiría a Ron… Nunca pensé tú serías capaz de hacerle eso. Demonios, estuve en medio de una guerra, luchamos juntas, pero nunca estuve preparada para esto.-le dijo frustrada y sin saber realmente qué hacer.-Ronald te amaba, Hermione… Él nunca dejó de pensar en ti, ni siquiera en Navidad…-hizo una pausa mientras una lágrima caía por su mejilla.-Y ahora, por si no fuera poco, te luces de la mano con ese mortífago…

Luna intentó acercarse a ella, pero Ginny alzó una mano para que se detuviera.

Hermione se presionó el labio inferior, e intentó reprimir las lágrimas que amenazaban por salir.

-Todos ya se enteraron de tu aventura con Malfoy y gracias a ti, ahora todos se burlarán de Ron.-le echó una última mirada y luego lanzó un ejemplar de la revista "Corazón de bruja" al piso.-Tú y ese maldito mortífago se pueden ir al infierno.-fue lo último que dijo mientras se daba vuelta y se alejaba por los fríos pasillos del castillo.

Ese había sido el final de su amistad.

Hermione se agachó a recoger la repudiable revista de Rita Skeeter y sintió que su corazón se detuvo cuando vio la portada.

ESCÁNDALO EN HOGWARTS. INFIDELIDAD A LA VISTA. HERMIONE GRANGER, HEROÍNA DE GUERRA, HABRÍA MANTENIDO UNA RELACIÓN CLANDESTINA CON EL EX MORTÍFAGO, DRACO MALFOY, MIENTRAS AÚN SEGUÍA SALIENDO CON RONALD WEASLEY. TODO ESTO Y MÁS, EN LA NUEVA EDICIÓN DE CORAZÓN DE BRUJA.

Ahora entendía aún más la furia de Ginny. Oficialmente, el escándalo había salido a la luz y ahora todo el maldito mundo mágico se había enterado de lo que Draco y ella habían hecho.

-Esto es inaceptable… Esa mujer no tiene ningún derecho.-murmuró Luna apenada mientras le quitaba la revista de las manos y leía atentamente el artículo.-Hermione, creo que estás son las mismas fotografías que Astoria tenía ese día…

La castaña se asomó a ver la despreciable revista, y notó que las fotografías que habían publicado en el artículo eran exactamente iguales a las del día del escándalo.

-Fue ella.-sentenció Hermione mientras analizaba los hechos.-Rita Skeeter nos fotografió en Londres, y es obvio que fue ella quien le mandó las fotos a Astoria. Todo fue por culpa de ella…

Pero la castaña dejó de hablar. ¿A quién demonios quería engañar? Probablemente, Skeeter había propiciado aquel horrible escándalo, pero la culpa sólo recaía sobre ella misma y Draco.

Hermione dejó salir un largo suspiró mientras releía el encabezado de la revista y se preguntaba qué más sucedería. ¿Acaso no habían tenido suficiente?

Luna colocó una mano en su hombro, pero la castaña decidió que esto no le afectaría. Ella y Draco sabían de las consecuencias.

No los verían caer, por muy duro que fuera, sin importar cuantas personas los odiarían, ellos se mantendrían fuertes y continuarían en alto.


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La fastuosa y deliciosa cena en el gran comedor había empezado tan puntual como de costumbre, y los alumnos no tardaron en deleitarse con los apetitosos manjares que los elfos habían preparado hábilmente en las cocinas.

Astoria rodó los ojos. Para ella nada sabía bien, cada cucharada de aquel pudding de chocolate le sabía igual a mascar tierra, y no veía las horas de que la maldita cena terminara. Miró el plato de comida que tenía en frente, y una expresión de asco apareció en su rostro.

-¿Crees que la fiesta sea increíble? Tengo varios planes para esa noche.-decía Daphne mientras charlaba animadamente con Pansy Parkinson sobre su graduación.

-Sólo espero que Mcgonagall no cancele la celebración.-sentenció Parkinson mientras bebía un poco de zumo de calabaza.

-No, eso sería horrible. La guerra fue el año pasado. No tiene motivos para arruinar nuestra graduación.

-No lo sé. Esta escuela es tan impredecible. No veo las horas de salir de aquí.-respondió su amiga.

Astoria las miró con algo de envidia. De sólo pensar que a ella le quedaba un año más en aquel mugroso castillo, sintió que quería vomitar.

Todo había cambiado tan drásticamente. De un momento a otro, había perdido su vida entera al lado del hombre que creía que sería su futuro esposo, ¿y su hermana le decía que debía aceptarlo y seguir adelante sin él?

Rió para sus adentros, ante la obvia respuesta.

-Vamos, Tori.-le dijo Daphne cuando la cena hubo acabado y todos los platos empezaban a desaparecer de la mesa.

Astoria colocó una falsa sonrisa, y negó con la cabeza.

-Adelántate tú, Daphne. Slughorn me pidió que vaya a las mazmorras al acabar la cena. Creo que necesitaba ayuda con unos calderos.-le dijo intentando lucir despreocupada y luego miró a ambos lados.

Daphne alzó una ceja confundida.

-¿Por qué te pediría algo así a esta hora?-le preguntó.

-Es parte de mi detención. ¿Recuerdas?-respondió esperando que su hermana le creyera.-Además de ir por las tardes, también debo ayudarlo si así me lo pide. Lo sé, es aburrido.

-Oh, ya veo.-dijo Daphne pareciendo convencida.-Supongo que te veré más tarde.

-Supones bien.-sentenció sin dejar de sonreír.

Daphne se alejó junto a Pansy Parkinson y el resto del alumnado, pero Astoria no se movió. La azabache se quedó unos minutos más en la mesa slytherine y fingió leer un libro del curso de Pociones.

Unos cuantos alumnos la miraron con curiosidad cuando pasaron por su delante, pero ella les restó importancia, de todas formas llevaban haciéndolo desde hacía varios días, y en esos momentos, tenía cosas más importantes en qué pensar.

Su mirada estaba puesta en un único objetivo, y ciertamente no era ni la sangre sucia, ni Malfoy. Esos dos ya se habían ido hacía bastante rato, y no tenía intenciones de seguirlos.

Astoria tamborileó los dedos sobre la mesa un tanto inquieta, y tomó una gran bocanada de aire para calmarse a sí misma.

Sabía que debía ser precavida, no podía levantar las sospechas de nadie, mucho menos de Daphne. Tenía que proceder con absoluta discreción. Su mirada se dirigió a la mesa gryffindor, justo donde el idiota de Potter conversaba amenamente con su patética novia, continuó avanzando y finalmente clavó sus ojos sobre cierto chico pelirrojo que estaba sentado al lado del estúpido de Longbottom.

Esperó unos cuantos minutos, que parecieron hacérsele eternos, y elegantemente se puso de pie, cuando vio que todo ese grupo de idiotas empezaba a salir del comedor, pero Weasley pareció retrasarse.

-Ron…-le llamó Potter volviendo por él.- ¿Seguro qué estarás bien?-escuchó que le decía a medida que iban dejando el comedor e ingresando a los pasadizos.

El pelirrojo alzó la mirada confundido, y simplemente rodó los ojos.

-Sí, estoy bien, Harry. ¿Por qué insistes con eso?-le cuestionó un tanto fastidiado.-Sólo ve con Ginny, los veré en la sala común.-finalizó.

Potter se separó de él, dejándolo solo, y se adelantó para darle el encuentro a su insignificante novia.

Astoria frunció el ceño por unos segundos, y se detuvo a pensar si todo esto en verdad valía la pena. Aún no estaba completamente segura de inmiscuir al estúpido de Weasley en sus planes. Él era torpe, lento, y sinceramente no servía para nada, pero tenía que ver el lado bueno de las cosas, sabía que si él también estaba implicado en esto, no toda la culpa recaería sobre ella.

Esperó que unos alumnos pasaran por delante del pelirrojo, y cuando finalmente quedó absolutamente solo, Astoria supo que era momento de actuar.

-¡Weasley!-le llamó con ese tono chillón que caracterizaba a su insufrible voz.

El pelirrojo volteó de inmediato, y quedó sorprendido cuando encontró a Astoria Greengrass tras él. La azabache llevaba su largo cabello suelto, y sus penetrantes ojos azules estaban clavados en él.

Ella lo miró de pies a cabeza, y una expresión despectiva apareció en su rostro.

Es tan patético, pensó sin poder creer que en verdad había caído tan bajo como para buscar su ayuda.

-¿Greengrass?-preguntó Ronald confundido y con la misma expresión que Astoria tenía en su rostro.

Ella esbozó una falsa sonrisa, tan falsa como enfermiza, que sólo dejaba en claro que algo no andaba bien en su cabeza. Guardó silencio por unos segundos y luego se acercó lentamente hacía Ron.

-Weasley, quiero proponerte algo.-sentenció con aquella actitud arrogante.

De inmediato, Ron retrocedió unos pasos por la repentina cercanía, y la miró con recelo. No sabía qué era lo que ella quería, ni tampoco tenía intenciones de saberlo.

-¿De qué demonios hablas?-inquirió de mala gana, y tan pronto como pudo, intentó salir de ahí.-No quiero nada de ti.-le dijo con intenciones de irse.

Sabía que Greengrass era una demente, ella misma lo había dejado en claro el día del escándalo, además podía verlo en su retorcida y trastornada mirada, sus malditos ojos azules parecían estar acechándolo, y ciertamente, Ronald no quería estar cerca de ella.

-¿En serio, Weasley…?-preguntó sin dejar de sonreír y volviendo a acercarse a él.-¿En serio no quieres nada de mí?

Ron la miró confundido.

-No, Greengrass.-repitió firmemente.-No quiero nada de ti.

Astoria guardó silencio por unos breves segundos. Sabía que el estúpido pelirrojo sería difícil de convencer.

-Vaya, ¿acaso no estás furioso con lo que te ha sucedido?-empezó a decir mientras fingía sorpresa.- ¿Acaso no la odias por lo que te hizo?-continuó mientras caminaba hacia él, y arrastraba cada una de sus palabras.- Weasley, Malfoy se la estuvo cogiendo todo este tiempo, ¿y tú no vas a hacer nada al respecto?-le cuestionó con crueldad.

Ron presionó la mandíbula con fuerza, y sintió que aquello le había caído como un jodido balde de agua fría. Ella le había refregado la cruda realidad en su propia cara, una horrible realidad de la que lamentablemente no podía escapar, y que probablemente, más de uno empezaría a recordársela cada vez que tuviera la oportunidad.

El pelirrojo tragó espeso y sólo quiso que ella se callara.

-Sólo lárgate y déjame en paz, Greengrass.-le advirtió mientras daba media vuelta y empezaba a caminar en dirección contraria.

Pero Astoria era astuta, y aunque fuera complicado convencerlo, sabía que Weasley era una persona que se dejaba manipular fácilmente por sus emociones. Él actuaba antes de pensar, y tenía que darle dónde más le doliera para hacerlo reaccionar. Su naturaleza impulsiva, lo traicionaba. Y no había nada peor que el ego de un hombre herido, y su hombría por los suelos.

-Vaya, no pensé que eras de los que se rendían tan fácilmente.-murmuró caminando tras él y haciendo énfasis en cada palabra.- Y pensar que te consideran héroe de guerra.-se mofó.-Ese título te queda muy grande, Weasley, demasiado grande. Es obvio que todo el trabajo lo hicieron Potter y la sangre sucia.-le dijo sonriendo.

Ron se volteó de inmediato, y su rostro lucía completamente enrojecido por la rabia. Fijó su mirada en ella e intentó contener su ira.

Astoria sabía que había dado en el blanco, podía verlo en sus ojos, irradiaban furia, él estaba casi convencido.

-Greengrass, lárgate antes de que…

-¿Qué demonios podrías hacerme, Weasley?-le interrumpió Astoria echándose a reír. Su escandalosa risa hizo eco en los pasillos, y por un momento, el pelirrojo sintió que el cuerpo se le escarapelaba.-Si ni siquiera eres bueno peleando, dudo mucho que lo seas con tu varita…-continuó riéndose por aquella frase con doble sentido que acababa de decirle.

Ron palideció por unos segundos y supo que tenía que salir de ahí, o acabaría asesinando a aquella despreciable serpiente.

-¿A dónde demonios quieres llegar con todo esto, maldita demente?-la insultó con rabia y tomando el valor para enfrentarla.-Eres patética, Greengrass. No sé qué demonios planeas hacer, pero no funcionará.

De inmediato, Astoria dejó de reír, y su expresión cambió fugazmente.

-¡No te atrevas a llamarme patética, estúpido pobretón!-le gritó mirando fijamente a su rostro, y a pesar de que Weasley fuera varios centímetros más alto que ella, Astoria se plantó frente a él, sin temor a nada.- El único patético aquí, eres tú. ¿En serio creíste que tu noviecita te era fiel?-le dijo sonriendo.-Mientras ella te juraba amor eterno, Malfoy se la follaba por las noches.-continuó con el mismo tono burlón.- ¿Los viste hoy en los pasillos? Iban juntos y tomados de las manos… Se veían tan felices. Puedo imaginar lo que deben estar haciendo ahora mismo.-finalizó provocándolo.

Ron apretó los puños. Su maldito orgullo había sido destruido una vez más, y no necesitaba escucharlo nuevamente. Intentó guardar compostura, pero no podía, no después de todo lo que Greengrass le había dicho, y aunque ella se estuviera burlando, Ron sabía que aquella loca tenía toda la razón.

Hermione, su exnovia y en la única persona en la que había confiado plenamente, lo había traicionado con su mayor enemigo. Ella lo había cambiado por un maldito mortífago, y se preguntaba a sí mismo, qué demonios había hecho mal.

¿Qué demonios hice para que me pagaras así?, se preguntó a sí mismo, mientras sentía que caía en un abismo sin fin. Nuevamente, volvía a sentir que el odio, la humillación y el rencor albergaban en su corazón.

Un corazón, que había quedado completamente destruido y hecho pedazos.

-¿Qué demonios quieres de mí?-preguntó sintiendo que su interior sangraba por culpa de aquella que lo había engañado. Lo poco que quedaba de él, había sido invadido por la venganza y sentía que habían heridas que nunca sanarían.

Astoria volvió a sonreír con satisfacción, y entendió que el pelirrojo parecía haber caído en su juego.

Se acercó lentamente hacía él y se cruzó de brazos.

-Tú no quieres ver a Malfoy con ella, y yo tampoco.-sentenció naturalmente.- Es arriesgado, pero no podemos permitir que estén juntos, se burlaron de nosotros, Weasley… Y yo tengo una idea que podría hacerte recuperar a Granger.

Ron bajó la mirada, como si aún estuviera indeciso de formar parte de aquel plan, pero nuevamente sintió aquel injoneo que clamaba venganza.

-Sólo dilo de una buena vez, Greengrass.-le exigió esperando no estar cometiendo un error.


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La noche era fría, pero las ardientes llamas de la chimenea frente a ellos les daba aquel reconfortante calor que buscaban. Las rondas habían terminado inusualmente temprano, y les había permitido escaparse a la sala de menesteres antes de lo esperado.

Hermione alzó la mirada en dirección a Draco, y luego miró la carta que tenía en el bolsillo.

-Draco… Tienes que leerla.-le dijo sin más rodeos.-No puedes mantenerla ahí por el resto de tu vida…

El rubio tenía la mirada puesta en el fuego. Horas atrás, una carta con el sello de su familia había llegado a su habitación, y Draco ni siquiera pareció sorprendido cuando vio el remitente. De hecho, había llevado esperando que aquella carta llegara desde hacía días, y se preguntaba por qué tardaba tanto.

-Sé lo que dice, Hermione. Sólo esperaba que llegara a mis manos para poder tirarla al fuego.-respondió tentado a hacerlo.

La castaña extendió una mano hacía él, y lo detuvo.

-Yo también lo sé.-repitió ella mientras tomaba la carta.-Y sé que de igual forma la quemarás.

Hermione abrió el sobre que guardaba un extenso trozo de pergamino, y luego se lo entregó a Draco.

El rubio no quería leer las amenazas de sus padres, pero sintió que aquello ya no le afectaba, y de todas formas, nada de lo que dijeran le haría cambiar de opinión.

La carta había sido firmada por su padre, pero Draco estaba casi seguro que su madre era quien la había escrito.

No fue difícil adivinar que ambos estaban escandalizados por su comportamiento indecoroso, y su aventura con una "impura". Estaban decepcionados de él, se sentían traicionados y amenazaban con desheredarlo si no recapacitaba. Por culpa de él, eran la burla de la alta sociedad mágica, y según Lucius, su madre había tenido un colapso nervioso cuando se enteró del escándalo en Hogwarts.

Draco no supo si reír o ignorar lo último.

La reputación de la familia Malfoy había terminado siendo sepultada por su culpa, y sus padres jamás le perdonarían su "aberrante error".

-Sólo es basura…-respondió Draco esbozando una sonrisa y tirando la carta al fuego.

Instantáneamente, el pequeño pergamino quedó reducido en cenizas y con ello se evaporaron las palabras de sus padres.

-¿Qué harás?-preguntó Hermione un tanto preocupada.

-No haré nada, absolutamente nada. No tendría por qué hacerlo. Tengo exactamente lo que más quiero frente a mí, no necesito pensar en nada más.-le dijo estirando una mano para acercar su rostro al suyo.

-Quisiera que todo fuera diferente…-susurró Hermione.

Pero Draco negó de inmediato.

-Pues yo no. De otra forma, jamás habríamos logrado esto.-le aseguró.- Y no importa, Hermione, no importa lo que nos digan, lo que mis padres piensen o lo que suceda con Greengrass y Weasley. Te lo he dicho mil veces, lo que único que me importa eres tú.-sentenció sabiendo que no había nada de qué preocuparse.

-Pero ellos…

Draco la calló con un tierno beso, mientras acariciaba su largo cabello castaño, e iba deslizando sus manos por su espalda hasta quedar en su cintura.

-Espera, Draco…-susurró ella tomando un poco de oxígeno.

El rubio alzó una ceja confundido. La deseaba con una intensidad que jamás pensó que podría experimentar, y sentía que le hacía mucha falta desde aquella fatídica noche del escándalo. Apenas habían tenido tiempo para besarse o ir más allá de eso, y finalmente, luego de tantos días, al fin podía hacerla suya.

-¿Qué?-preguntó.

Hermione podía leer su mente, y se imaginó lo que debía estar pensando.

-¿Recuerdas lo que dijo Mcgonagall?-le dijo un tanto divertida.-Sobre guardar decoro…

Draco rodó los ojos.

-Lo sé, sobre no follar en el castillo.-repitió echándose a reír.- Oh, vamos… ¿En serio, le harás caso?

Hermione rió suavemente.

-Claro que no.-respondió jalando de su rostro, besándolo con ímpetu y olvidándose de todo.

Ambos necesitaban el uno del otro con urgencia, no querían seguir pensando en aquel escándalo, en las amenazas de los padres de Draco, ni en las advertencias de Mcgonagall. Ya habían tenido suficiente, y pronto todos esos problemas se acabarían.

-Me encargaré de que nunca olvidemos esta noche.-susurró Draco antes de tomar su rostro entre sus manos y besarla como si fuera la última vez que lo haría.

Nada puede ser más perfecto que esto, pensó Hermione al sentir que la tibia lengua del rubio penetraba su boca y se masajeaba constantemente contra la suya.

Draco amaba hacerse dueño de sus labios en cada oportunidad que tenía. Desde la primera vez en que se habían besado, el rubio se había vuelto irremediablemente adicto a ella. No pudo quedarse quieto, y empezó a recorrer su cuerpo con ambas manos. Adoraba tocarla y sentirla bajo sus brazos, el increíble cuerpo de su novia lo calentaba en cuestión de segundos.

-Hermione…-respiró jadeando y rozando sus labios contra los de la castaña.-Por más sexy que te veas en ese uniforme, debe irse. No quiero que haya algo entre nosotros, cuando esté dentro de ti.-le dijo sonriendo de lado y haciendo que Hermione se sintiera tan excitada como él.

-Lo que tú digas.-respondió ella sensualmente contra su boca, mientras él empezaba a desabrochar su blusa y finalmente Hermione quedaba únicamente en brassier.

La castaña se quitó aquella prenda de encima, y dejó que sus pechos quedaran en libertad ante la ardiente mirada del rubio.

-Mmh, extrañé tanto poder hacer esto…-musitó Draco llevando ambas manos a sus senos y deleitándose con la suave textura de su piel.

Los masajeó por unos segundos, pero necesitaba probarlos, y sin seguir pensando en ello, acercó su boca a uno de sus endurecidos pezones, y lo succionó con todo esa excitación acumulada que llevaba días en su cuerpo.

Hermione gimió suavemente, respirando con cierta dificultad, mientras sus manos se perdían en esa sedosa cabellera de color rubio y sentía que su perfecta lengua hacía maravillas en sus senos.

-Dios mío, Draco…-exclamó mordiéndose el labio inferior e intentando resistirse a aquella placentera tortura, que pareció incrementarse, cuando el rubio deslizó una mano dentro de las bragas de la castaña.

Draco podía sentir la dulce humedad entre sus maravillosos pliegues, y no dudó en deslizar dos dedos dentro de ella, masajeando su punto más sensible y haciéndola sentir aquel delicioso placer que adoraba.

Dejó sus senos, y empezó a subir dejando un rastro de pequeño besos por su pecho hasta que llegó a su cuello. Lo besó desesperadamente, con el mismo ímpetu, y sintió el aroma de su dulce perfume, de su esencia. Necesitaba estar dentro de ella.

Pero antes de que Draco pudiera deshacerse de sus pantalones, Hermione bajó una mano hasta la entrepierna del rubio, y notó lo duró que estaba.

-Sé exactamente como devolverte el favor… ¿Puedo?-le preguntó fingiendo cierta inocencia. Draco se sintió encantado con su actitud, ella era única, y se había vuelto tan adicto a Hermione que a veces se preguntaba si esto en verdad era normal. ¿Se podía amar tanto a una persona?

No lo sabía, pero ciertamente, eso era lo que sentía por ella.

Sus ojos grises estaban oscuros por la excitación y asintió suavemente ante la pregunta de Hermione.

Sonriendo ligeramente, ella quedó de rodillas frente a él, deslizó sus pantalones sutilmente mientras su duro miembro aparecía frente a sus ojos. Envolvió su pene con su mano y lo masajeó repetidamente, hasta que se inclinó, y deslizó la punta de su miembro entre sus labios.

Draco gimió audiblemente, sus manos automáticamente subieron para agarrar el cabello de Hermione, mientras ella deslizaba su boca sobre dura longitud, chupando y moviendo su mano en sincronía. Su lengua serpenteó, masajeando mientras lo saboreaba una y otra vez.

Era totalmente adicta a los sonidos y las sucias palabras que salían de los labios de Draco cada vez que su miembro estaba en su dulce boca.

-Mierda.-maldijo el rubio jadeando y sintiendo que se vendría pronto, si ella continuaba haciéndole eso.-Necesito estar dentro de ti, preciosa. Necesito estar dentro de tu cálido, perfecto y dulce cuerpo…-y antes de que Hermione pudiera seguir dándole más placer, de alguna manera, ambos terminaron sobre el largo sofá frente a la ardiente chimenea.

Ella miró directamente a sus ojos grises, tan grises que Hermione sentía que podía perderse en su mirada. Una mirada cargada de lujuria y de pasión desesperada, que sólo dejaban en claro lo mucho que él la deseaba.

-Hazme el amor, Draco. Quiero esto, te deseo tanto.- le pidió ella al mismo tiempo que era silenciada por los hambrientos labios del rubio, y sus brazos envolvían su cuello, sosteniéndolo más cerca de ella.

Hermione suspiró al mismo tiempo que sentía el perfecto cuerpo del rubio contra ella, la sensación de su suave piel deslizándose contra la suya, y trayendo ese placentero hormigueo en su interior.

-Quiero ver tu rostro, Hermione. Quiero verte mientras te hago mía.-susurró contra su boca, mientras ella entreabría sus piernas un poco más para darle acceso. Lentamente Draco empujó su miembro dentro de su novia, penetrándola con lujuria, sabiendo que nunca podría acostumbrarse a ese maravilloso deleite que le causaba la suavidad de su interior, lo tibia y cálida que era su vagina, lo perfecta que era.

Jamás podría tener suficiente de ella.

-Mmmh, demonios, Draco… Se siente tan bien.-gimió Hermione jadeando y sintiendo que podía ver la luna, las estrellas y todas las jodidas constelaciones con cada embestida que el rubio le daba.

Draco gimió fuertemente y se deslizó aún más, llenándola por completo. Disfrutando de cada estocada y de lo bien que se sentía hacerle el amor, viéndose cegado por el deseo y preso de placer.

No podía negarlo, estaba completamente obsesionado con aquella increíble mujer frente a sus ojos. Sentía que todo era absolutamente perfecto con Hermione, sólo ella lo había logrado, y le pertenecía, ella era únicamente suya, y la dueña de esas maravillosas e intensas sensaciones que le hacía sentir cada vez que estaban juntos.

-Oh, Hermione.-gimió él en respuesta.-Soy jodidamente adicto a ti…-decía cogiéndosela sin piedad, no podía detenerse, ni tampoco quería hacerlo, sólo deseaba poder hacer que este placentero momento fuera eterno.

La expresión en el rostro de la castaña, no tenía precio, cada gemido era perfecto, y la pasión se incrementaba en ambos.

-Draco, estoy tan cerca, tan cerca. Oh, por favor.-gimió ella, y él comenzó a moverse con un poco más de urgencia, asegurándose de presionar su punto más sensible con cada estocada.

-Mmmh… Quiero venirme contigo.-gruñó suavemente.

Hermione gimió el nombre de Draco durante varios segundos, sintiendo que una placentera y exquisita sensación recorría su cuerpo entero.

-Te amo, Hermione…-susurró el rubio corriéndose dentro de ella y dejando caer su cabeza sobre su hombro.

Sus agitadas y tibias respiraciones se mezclaron, mientras jadeaban suavemente el uno frente al otro.

Hermione se relamió los labios mirando fijamente a sus ojos, y sintiendo que aún le era difícil recuperarse de aquel increíble orgasmo.

-Te amo, Draco…-jadeó besándolo suavemente, y luego se detuvo para ver su rostro, también cansado por la placentera tarea.-Yo también soy adicta a ti…

El rubio esbozó una sonrisa complacido, mientras la rodeaba con sus fuertes brazos.

-Me encanta cuando dices mi nombre, preciosa…-empezó a decirle con ese tono de voz tan seductor que tenía.

Hermione le quitó unos mechones rubios que caían por su frente.

-Lo sé. No tienes ni idea de lo bien que se siente decirlo…-susurró ella contra su boca, y luego esbozó una amplia sonrisa.-Eso fue perfecto, Draco. Tan increíblemente perfecto.

El rubio cerró los ojos mientras sentía las suaves caricias de Hermione sobre su rostro.

-Perfecto.-admitió él sintiéndose completamente dichoso, y luego besó su coronilla con ternura.-Hermione…-la llamó una vez más, mientras dejaba caer su cabeza sobre su pecho y ella acariciaba su cabello.-Contigo soy tan feliz…

Luego de eso, Draco volvió a cerrar los ojos exhausto, escuchando el sonido del palpitante corazón de su novia, y sintió que el sueño lo invadía, quedándose inevitablemente dormido minutos después.

Hermione también estaba cansada, pero decidió quedarse despierta por unos segundos más, pensando en las palabras de Draco y en lo que le había hecho sentir. Una sonrisa se dibujó en su rostro. En ese mismo momento, tenía todo lo que más quería con ella y podía sentirlo en lo más profundo de su alma.

-Eres los más increíble que me ha sucedido, Draco…-musitó la castaña mientras se aferraba aún más a él y cerraba sus ojos, deseando que los minutos fueran eternos.


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Y espero que les haya gustado :)! ¿Qué creen que Astoria y Ron estarán tramando? ¿Podrán Draco y Hermione ser felices para siempre? Sólo diré que se viene un capítulo con mucho drama jejeje.

Por cierto, quiero agradecer enormemente a Editorial Dramione de Wattpad, por realizar el hermoso BOOKTRAILER de mi historia "Cruel Amor" y en especial a MeyS1992 por haber hecho un increíble trabajo. Simplemente, ingresen a youtube y escriban: "Cruel Amor -Rosalie_a17" y podrán verlo. Me encantaría dejarles el enlace, pero fanfiction no lo permite y lo borra cada vez que intento poner el link :( pero si lo escriben tal y como esta, les aparecerá de inmediato.

Gracias por leer, chicas, se los agradezco muchísimo :)