¡Hola, chicas! Hoy es "19 de enero" y estamos de fiesta, porque es mi cumpleaños hahaha :) y he decidido subir un nuevo capítulo en esta fecha especial. Mil disculpas por la demora, pero decidí tomarme un pequeño descanso para regresar con fuerzas y más ideas. Muchísimas gracias por todo el apoyo que he recibido en las ultimas semanas, gracias por todos los favoritos e incontables reviews. Cada uno es muy especial y me hacen súper feliz.

¡Que lo disfruten! :)


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Capítulo 20: El día más oscuro…

El tiempo había parecido hacerse infinito aquel sábado por la mañana.

Hermione llevaba casi dos horas ayudando a uno de los profesores con los que menos congeniaba, pero no se quejaba, sabía que esto era parte de su detención y era Mcgonagall quien le había designado a Trelawney como la profesora a la que debería ayudar en lo que durara su castigo.

Miró el reloj en la pared, y notó que eran casi las diez de la mañana.

Hermione terminó de limpiar todas las bolas de cristal que había en cada mesa, mientras la profesora Trelawney continuaba apuntando algo en la pizarra.

-Eso es todo, querida. Ya puedes irte.-le dijo alzando su rostro y sonriendo gentilmente.-Cuando desees estaré encantada de leerte las hojas de té o el tarot…

Hermione no supo que decir. Por un lado no le veía nada malo a ver el futuro, de hecho, le daba curiosidad, pero los recuerdos de aquella fatídica clase de adivinación en la que Ronald le había leído las cartas, golpearon en su mente y desistió de la idea.

-Gracias, profesora Trelawney.-fue su única respuesta, y tan pronto como pudo, se retiró de ahí.

Sentía que aquella detención jamás terminaría, y aunque ya le quedaban sólo unos cuantos días para que su castigo terminara, sentía que los momentos al lado de Trelawney se hacían eternos.

Unos niños de primer año pasaron corriendo por su lado, gritando a viva voz el nombre de la casa Gryffindor, y Hermione esbozó una sonrisa por la emoción de los más pequeños. Aquel sábado no era un día cualquiera, la final de Quidditch se llevaría a cabo al mediodía, y casi todo el alumnado, incluidos los profesores, asistirían al tan esperado encuentro.

Hermione ingresó a la sala común de Gryffindor y se encontró con una enorme algarabía por el entusiasmo del campeonato. Varios alumnos se habían pintado los rostros con los colores de su casa, y otros llevaban las famosas bufandas con el símbolo del león. La sala ya casi había quedado lista para la gran celebración, y más de uno daba por sentado, que Gryffindor se llevaría la copa aquel último año.

La castaña le restó importancia a los preparativos, y continuó su camino directo a la habitación de las chicas en el segundo piso.

-¿Lav, cómo demonios vas a ir vestida así?-escuchó que decía Romilda Vane, mientras Katie Bell y Parvati Patil reían al unísono.-Mcgonagall no lo permitirá.

-Pues, qué me importa. A mi me encanta este vestido…-respondió la rubia con esa voz tan irritante que la caracterizaba.

-Déjala, Romilda. Dudo mucho que Mcgonagall este vigilando a todos.-agregó Parvati.

Hermione ingresó a la habitación sin ni siquiera mirarlas, y aunque intentó pasar desapercibida, no le sirvió de mucho. Casi de inmediato, el irritante grupo de chicas se quedó en silencio cuando notaron su presencia.

La castaña se apresuró en abrir el baúl que estaba al pie de su cama, y sacó los libros que necesitaba para poder concluir con la tarea que Flitwick les había dejado días atrás. Al tener horas extras por la detención y por sus rondas como prefecta, no había podido terminar aquel trabajo.

-¿Irás al partido, Hermione?-le preguntó Parvati Patil intentando sonar gentil.

Hermione no había esperado que la incluyeran en su conversación, y tampoco era como si ella lo deseara, pero le respondió de todos modos.

-No. El quidditch no es lo mío.-dijo sin más, mientras intentaba sacar algo más de su baúl.-Pero espero que Gryffindor gane.-añadió brevemente al mismo tiempo que se ponía de pie, y se alistaba para salir de ahí.

Parvati entreabrió los labios como si estuviera a punto de agregar algo más, pero fue interrumpida abruptamente por Romilda Vane.

-Sí, es lo mejor, Granger.-objetó esbozando una falsa sonrisa y mirándola de pies a cabeza.-O de lo contrario, podrías arruinar el juego para Weasley.

Lavender Brown y Katie Bell abrieron los ojos como dos resortes ante lo que había dicho Romilda, y luego sonrieron con complicidad.

Hermione ni siquiera pareció sorprendida con la actitud de Vane, por el contrario, llevaba esperándolo desde hacía días.

-Además, puedo apostar que serías feliz de que gane Slytherin.-continuó Romilda mientras reía con ironía.

-Creo que ya debemos irnos, chicas.-sugirió Parvati, mientras le echaba una mirada acusatoria a su amiga.

Sin embargo, ella se encogió de hombros.

-¿Qué? Sólo estoy diciendo la verdad. ¿No es así, Granger? Después de todo, eres la amante de ese mortífago.-sentenció volviendo a reír junto a Lavender.

Hermione se quedó en silencio por unos segundos, sintiendo que podía lanzarle una maldición en cualquier momento, e intentó disimular su fastidio de la mejor manera posible.

Ella lo tenía claro, sabía perfectamente que esas arpías siempre la habían envidiado y jamás le habían demostrado empatía en todos los años que habían estudiado juntas. Pero sabía que si no las detenía ahora, esas idiotas continuarían con las mismas indirectas, esparciendo su veneno a sus espaldas, y esto jamás se terminaría.

-Eres tan patética, Vane.-le espetó Hermione mientras las demás se quedaban calladas.-Tu vida gira en torno al resto, sólo vives de los chismes. Eres tan infeliz, que sólo te burlas para sentir cierta satisfacción en tu patética vida.-repitió.

-¡¿Cómo te atreves, Granger?!-exclamó la chica escandalizada, e hizo un estúpido intento por querer sacar su varita.

-Vete al infierno, Vane.-le espetó Hermione cansada de guardar apariencias y acercándose a ella.-No sé quién demonios te crees o qué es lo que estás haciendo, pero nunca más vuelvas a dirigirme la palabra. Ni siquiera me menciones, aléjate de mí.-le advirtió cansada de escuchar lo mismo todo el bendito día.

Salió de la habitación fastidiada, mientras dejaba al grupo de arpías con la boca abierta.

Hogwarts había sido su hogar durante mucho tiempo, pero era ahora cuanto más deseaba graduarse. Necesitaba salir de ese castillo y tomarse un respiro. Sabía que muchas personas la juzgarían, pero todos tenían un límite, y ciertamente, ya habían sobrepasado el suyo.

-Hermione…-exclamó Harry alcanzándola antes de que pudiera salir de la sala común.

La castaña sentía que ya había tenido suficiente por hoy, hubiera preferido ignorar a Harry y seguirse de largo, pero sabía que lo sucedido no tenía porque afectarle en lo absoluto, y olvidar el asunto con aquellas arpías, sería lo mejor.

-Harry, pensé que te vería al acabar el partido.-le respondió percatándose de que el chico ya tenía puesto su uniforme de quidditch.

El azabache negó con la cabeza y la miró con cierta curiosidad.

-Solo quería saber cómo andaba todo.-murmuró esperando que nadie más estuviera oyéndoles.

Hermione ni siquiera tuvo que pensarlo, la respuesta era obvia.

-Sabes que estoy bien, Harry.-le confesó al mismo tiempo que notaba que el cardenal en la mejilla izquierda del chico ya casi había desaparecido. Desde que había sucedido aquel vergonzoso escándalo, ninguno de los dos había tenido la oportunidad de conversar debidamente, y aunque este no era el momento ideal para tener aquella conversación, Hermione podía sentir cierto alivio de finalmente poder hablar con él.-Todo marcha excelente.

Él se tomó unos segundos antes de responder, y miró nuevamente a su amiga.

-Lo sé. Puedo verlo en tus ojos.-sentenció sonriendo y sabiendo que aunque la relación entre ella y Ron había fracasado, finalmente, Harry podía verla plenamente feliz al lado de quien jamás hubiera imaginado.-Sé que todo estará bien.

Hermione también esbozó una débil sonrisa, y antes de que pudieran separarse, la castaña se apresuró en darle un abrazo de buena suerte; un abrazo que fue muy corto, pero en el que pudo sentir que no había perdido a su mejor amigo y que él siempre estaría ahí para ella.

-Suerte. Sé que ganaremos la copa.-le alentó ella.-Espero que no estés nervioso.

-Sabes que no lo estoy. O tal vez sí.-le confesó riendo.-No quiero decepcionar a nadie. Todos los ojos estarán puestos en mí y hay mucha expectativa.

La castaña colocó una mano en su hombro, y miró a sus ojos.

-Eres el mejor buscador de Gryffindor, Harry. Todo saldrá bien, y sé que tú y Ginny, jugarán de maravilla.-le aseguró de manera reconfortante.

Harry volvió a sonreír. Sabía que aún era difícil, pero con el tiempo, todo volvería a ser como antes.

-Espero verte ahí.-le pidió el azabache.

De inmediato, la castaña rió.

-Harry.-le dijo sonriendo y esperando que la comprendiera.-Sabes que el quidditch no es lo mío… Iré a la biblioteca a terminar la tarea de Flitwick.

-No serías tú, si no lo hicieras.-respondió él en broma.-Pero te veré en la celebración.

-Dalo por hecho.-contestó ella completamente segura, y luego de otro breve silencio, Hermione lo miró una última vez.-Gracias por todo, Harry.

Él entendió a lo que se refería.

-Ni siquiera tienes que agradecérmelo, Hermione.-le contestó acercándose lo suficiente para que sólo ella pudiera oírle.-Sabes que siempre podrás contar conmigo.

Hermione asintió en silencio. A pesar de todo, ambos siempre se apoyarían y no dejarían que nada quebrantara la amistad que les unía. Ella era hija única, pero siempre había visto en Harry al hermano que nunca había tenido, y saber que contaba con él de por vida, era increíble.

Luego de aquella breve charla, se apresuró en salir de la sala común de Gryffindor y bajó un par de escalones hasta que llegó a los pasillos que daban a los jardines de Hogwarts, y otra sonrisa se dibujó en sus labios, cuando vio que cierto rubio esperaba por ella.

-Te tardaste.-susurró Draco colocando un brazo alrededor de su cintura con cierta posesión.-¿Por qué?

El tono seductor de su voz, siempre causaba el mismo efecto en Hermione. No importa el motivo o el escenario, ella siempre se sentía tan cómoda a su lado, y por unos segundos se vio tentada de no ir a la biblioteca y quedarse con él.

-Estaba conversando con Harry.-le confesó al mismo tiempo que despertaba de su ensueño y le echaba una mirada a su novio.

Con la sola mención de aquel nombre, Draco alzó una ceja con inquietud.

-¿Potter esta causando problemas otra vez?-preguntó un tanto receloso.

Hermione negó de inmediato. Le parecía graciosa aquella actitud que el rubio siempre tomaba cuando mencionaba a Harry.

-No, claro que no.-le dijo sonriendo, mientras la mirada gris de Draco se posaba sobre ella.-Sólo le deseé suerte. Creo que estaba algo nervioso por el partido.

Draco rodó los ojos con cierta ironía y luego sonrió.

-Debería estarlo. Slytherin ganará y lo sabe.-le aseguró riendo.

-Vamos, no seas así.-le dijo ella un tanto divertida.

Él la detuvo, y aprovechó para poder acorralarla contra la pared por un momento.

-¿Así cómo, Granger?-preguntó el rubio.

Ella miró fijamente a sus ojos grises y esbozó una media sonrisa. Ya estaba acostumbrada a sus juegos con doble sentido, y ciertamente, no quería detenerlo.

-No lo sé. ¿Por qué eres tan malo con él, Malfoy?-le preguntó riendo.

-Porque se lo merece.-sentenció sin más.-Además, tú me adoras tal y como soy, Granger.-le dijo observando su perfecto rostro frente al suyo.

Adoraba tenerla entre sus brazos, y poder ver esa sonrisa cómplice en sus labios.

-Sí, lo sé…-respondió ella acercándose lo suficiente como para sentir su respiración cerca de su cuello.-Y tú a mí, Malfoy.

Draco intentó resistirse a la tentación de hacerse dueño de su dulce boca, sabía que habían unos cuantos alumnos de segundo año mirándolos con cierta curiosidad, y aunque a él no le gustaba tener público, sentía que era imposible poder resistirse a sus suaves labios, a esos labios rojizos que lo invitaban a ser probados con una pasión infinita por milésima vez. Se unieron en un corto e íntimo beso, que definitivamente no fue suficiente para saciar los deseos de ninguno de los dos.

-¿Estás segura de que no vendrás a ver el primer tiempo?-le preguntó Draco separándose brevemente de ella e intentando pensar en algo más.

-No.-repitió ella.- Sabes que odio el quidditch, Draco. Prefiero adelantar los deberes en la biblioteca. ¿Acaso has olvidado el ensayo de Flitwick?

Draco se quedó en silencio por unos segundos, y observó detenidamente a su novia. Aún habían días en los que despertaba, y se preguntaba si en verdad esa maravillosa chica era suya.

-Definitivamente, eres la bruja más brillante de toda la clase.-respondió, y luego se corrigió.-De hecho, eres la mejor del mundo.

Ella alzó una ceja confundida, y luego rió. Los arranques románticos de Draco siempre eran perfectos.

-Oh, vamos, no exageres.-le pidió.

-No exagero.-contestó mirándola a los ojos.-Vendré por ti cuando acabe el primer tiempo. No te obligaré a que veas todo el partido, pero sí quiero que veamos la final, juntos.

-Sólo lo haces, porque crees que Slytherin ganará.-se rió Hermione.

Él asintió de inmediato.

-Y por supuesto que así será.-sentenció un tanto triunfador.

Ambos volvieron a reír, y antes de que pudieran separarse, se acercaron a los jardines, en donde unos cuantos árboles habían empezado a florecer. Luego de aquel frío invierno, parecía que todo había quedado congelado a su paso. Sin embargo, aunque aún faltaban semanas para que la primavera llegara, ya se podía ver cierto verdor en los arbustos y alrededores.

-¿Estarás bien?-preguntó Draco repentinamente.

-¿Por qué no lo estaría?-cuestionó Hermione sonriendo.-Estaré en la biblioteca. El lugar más tranquilo, aburrido, seguro y silencioso de todo Hogwarts.-le aseguró restándole importancia.

El rubio miró hacía abajo, notando que su mano y la de Hermione estaban unidas. Se sentía demasiado bien tener la mano de la persona que más amaba entre la suya, y ciertamente, él aún no se acostumbraba a tan maravillosa sensación.

-Lo sé. Sólo lo decía por...

-No tienes que preocuparte.-le interrumpió Hermione mientras intentaba alejar los malos pensamientos de su cabeza.

Por unos segundos, la castaña pudo verlo en su mirada, pudo ver esa repentina inquietud que había perturbado su tranquilidad de forma inesperada, y ella no quería que él se sintiera así todo el tiempo.

-Preciosa, sabes que odio pensar así, pero siento que es extraño que todo este tan calmado... Más aún después de lo que ocurrió.-reconoció pensando en que era demasiado raro que Astoria se hubiera quedado de brazos cruzados, y no hubiera ocasionado otro escándalo. Aquella demente, estaba acostumbrada a vengarse, y Draco temía por la seguridad de Hermione. Aunque ella le insistiera que no había nada de que preocuparse, siempre existía una posibilidad.

-Te prometo que no pasará nada.-le dijo esperando que eso pudiera tranquilizarlo.-No creo que se atreva a hacer algo más. Además, todas las miradas están puestas en ella, y Mcgonagall dijo que la expulsaría si volvía a causar problemas.-le comentó en voz baja.-Sólo quiero que te relajes… Estamos bien, no hay razón para preocuparse.

Draco intentó cambiar de actitud, y por unos momentos, decidió bajar la guardia y alejar aquellos pensamientos negativos de su cabeza. Le haría caso a Hermione, y disfrutaría del partido. No había motivo para pensar en que algo malo sucedería aquel día.

El rubio la rodeó con sus brazos, y Hermione esbozó una sonrisa sintiéndose protegida en aquel cálido abrazo que Draco le ofrecía. Cerró los ojos y se aferró a él, perdiéndose en su aroma y en la comodidad que le otorgaba.

-Podría quedarme así todo el tiempo que quieras.-susurró Draco contra su boca y rodeando su cintura.-No tengo que ir a ese estúpido partido.

Ella miró directamente a sus ojos grises y sintió que su corazón se aceleraba. El siempre lograba hacer latir su corazón como nunca nadie lo había hecho, sin importar lo que pasara.

-Por mucho que adore estar contigo, en serio quiero que vayas a ese partido. Sé lo mucho que lo disfrutarás, Draco. Además, le prometiste a Theo que irías con él…

El rubio la miró a los ojos, y sintió la necesidad de besarla otra vez.

-Tendremos el resto de la noche para terminar con esto, dragón.-le dijo Hermione sonriendo y como si hubiera adivinado sus pensamientos.

Draco también esbozó una sonrisa. No sabía si el destino ya estaba escrito, pero definitivamente, sentía que ella había sido la mejor decisión de su vida. Podía sentirlo en lo más profundo de su ser, y era con ella que quería continuar su vida.

-Pronto nos iremos de aquí…-susurró sin poder evitarlo.

Hermione miró a sus ojos, y encontró a la persona más maravillosa que había conocido en toda su vida, probablemente él había cometido muchos errores al igual que ella, pero eso jamás cambiaría lo que sentía por él. Draco era único, y le había ofrecido más de lo que cualquier otra persona le había dado. Él le había dado su corazón, y el destino había sido tan caprichoso en volver a juntar sus caminos.

-Es lo que más deseo. Muy pronto.-respondió ella al mismo tiempo que sus latidos se aceleraban.

Nuevamente, sintió esa dicha en su corazón, y se aferró a él por última vez antes de que se fuera.

Hermione no tenía planeado romper aquel increíble momento, pero se sintió repentinamente observada, y giró su rostro hacía la derecha notando que un furioso pelirrojo pasaba por el frente e intentaba ignorarlos. Ronald se siguió de largo, mientras iba acompañado de otros jugadores en dirección a la sala común de Gryffindor.

-¡Lamento interrumpirlos, enamorados!-exclamó Theodore a sus espaldas.

Tanto Draco como Hermione, decidieron restarle importancia al asunto y saludaron a Theo.

-No te preocupes, ya me iba.-contestó la castaña sonriendo.

-¿Segura que no vienes, Hermione?-preguntó Luna con cierta curiosidad.

La castaña notó que Luna llevaba puesta una bufanda de color verde y había dibujado una pequeña "S" en su mejilla.

-Me uniré ustedes en el segundo tiempo. Y luego iremos a Hogsmeade.-le dijo haciendo sonreír a la rubia.

-Suena como un excelente plan…-sentenció ella animada.

-¡Bien, vámonos antes de que el partido empiece!-insistió Theodore igual de entusiasmado que su novia.

Hermione miró a Draco una última vez, y se acercó a él.

-Si termino antes, iré por ti al campo de quidditch. Te prometo que no me tardaré, Draco.-musitó sonriendo y soltándose de su mano despreocupadamente para irse a la biblioteca, pero antes de poder desaparecer por completo, susurró un "Te amo" a lo lejos, y Draco no pudo evitar sentirse completamente rendido ante ella.


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Ronald Weasley ingresó a la sala común de Gryffindor, sintiéndose como un completo imbécil por lo que acababa de ver hacía sólo minutos atrás. Presionó ambos puños y cerró los ojos mientras la misma escena volvía a repetirse una y otra vez en su mente.

¿Acaso no había tenido suficiente humillación con aquel escándalo semanas atrás, y ahora tenía que soportar eso? ¿Tenía que soportar verlos juntos y no poder hacer nada al respecto?

Ni siquiera había podido romperle la cara a aquel maldito mortífago, no había tenido la oportunidad de poder saciar su ira, y verlos tan felices, sólo servía para alimentar el rencor que crecía en su interior.

Plasmó un puño contra la mesa de caoba que había a su costado y se dejó caer sobre el largo sillón frente a la chimenea.

-¿Ron?-le llamó Harry habiendo sido testigo de aquel breve episodio.

El pelirrojo no dijo nada por unos segundos, y decidió mirar al vacío. No necesitaba oír más palabras de aliento o de consuelo, estaba hastiado de recibir los mismos consejos de todas las personas que conocía, incluidos sus hermanos y Harry. Sabía que por más que le dijeran que con el tiempo sanaría, nada de eso funcionaría.

-En unos minutos nos iremos al campo. ¿Tienes todo lo que necesitas?-preguntó el azabache un tanto preocupado.

Ron le echó una breve mirada, y luego volvió a mirar el vacío.

-Sí, Harry, tengo absolutamente todo.-respondió sin más.

Tal vez debió quedarse callado, pero el azabache continuó hablándole.

-¿Qué ocurre?-insistió al ver a Ron claramente fastidiado.- Dijimos que hoy no pensaríamos en nada que pudiera arruinar el partido.

Ron se llevó una mano a la cabeza y masejeó sus sienes brevemente.

-Los vi…-sentenció con frustración.

Harry se mantuvo en silencio. Sabía exactamente a lo que se refería, y aunque había intentado ayudarlo durante todo ese tiempo, sentía que nada de lo que hacía, en verdad servía. El pelirrojo se había cerrado a todos, no parecía querer entender razones, no lo escuchaba a él, ni siquiera a Ginny, él sólo parecía cada día más obsesionado con el tema del engaño y no aceptaba que en verdad había perdido a Hermione.

-Los he visto por semanas.-reveló ofuscado mientras miraba el fuego de la chimenea.

El azabache tragó espeso, y miró a ambos lados sintiéndose incómodo.

-Ron, no vale la pena hablar sobre eso.-intentó decirle y hacerlo pensar en algo más.-Oí que Slytherin tendrá un jugador menos. Eso nos dará una amplia ventaja.-le decía en vano.

Ronald, lo ignoró.

-Puedo apostar que ellos estarán ahí…-continuó diciendo mientras volvía a apretar ambos puños.-Lo sé.

-No dejes que eso te afecte, Ron.-insistió Harry sabiendo que aunque sus palabras no servirían de mucho, si quiera le ayudarían a manejar mejor la situación.- Además, Hermione ni siquiera irá al partido. Estará en la biblioteca. Creo que tiene deberes pendientes.-le aseguró.

De inmediato, Ron alzó su rostro hacía el azabache.

-¿Hablaste con ella?-preguntó un tanto incrédulo.

Harry se encogió de hombros.

-Sí. Vino a desearme buena suerte antes del partido.-le confesó sin darle importancia.

Ronald pareció asesinarlo con la mirada.

-¿Estás de su lado, no es así?-le acusó mirándolo fijamente a los ojos y poniéndose de pie tan pronto como pudo.-¿Crees que no lo sé? Tal vez podrás mentirle a Ginny, pero sé que tú sabías algo… Siempre la has protegido.-continuó con rabia.

-¿Qué demonios, Ron? Estamos a punto de jugar el partido más importante del año, y empiezas a hablar cosas sin sentido.-le dijo sabiendo que esto no llegaría a nada bueno.

Ron volvió a mirarle con desprecio, y luego decidió ignorarlo.

-¡Eh, Harry!-exclamó Seamus Finnigan apareciendo tras ellos y palmeando la espalda del azabache animadamente. Dean Thomas y Neville, le acompañaban y lucían igual de entusiasmados que el resto de los leones.-¡Hemos apostado todo por ustedes y por el equipo! Estamos seguros de que este año nos llevaremos la copa.-le aseguró con una amplia sonrisa.

-¡Buena suerte, Harry!-le deseó Neville llevando consigo una bufanda con los colores de su casa.-Igual a ti, Ron. Este es uno de los partidos más esperados de toda la temporada.

-Todos estaremos ahí para apoyarlos.-añadió Dean gentilmente.

Harry esbozó una sonrisa algo seca, y asintió con cortesía.

-Más te vale atrapar esa snitch, Harry.-continuó Seamus con el mismo tono de voz burlón, y luego miró al pelirrojo.- Y en cuanto a ti, Ron. Pues, ocúpate de proteger el aro.-se rió.-No queremos más derrotas como la última vez.

Si ya de por sí, el ambiente se sentía caldeado, eso incrementó la tensión en Ronald y alzó una mirada desafiante hacía él.

-Eh, vamos, no me mires así. Sólo lo decía porque la última vez Slytherine casi nos patea el trasero.-continuó Seamus mientras otros alumnos se unían a la conversación y le daban la razón a Finnigan.

-¿Qué dijiste, idiota?-le cuestionó Ronald poniéndose de pie, y haciendo que la sala común se callara de inmediato.

Seamus se acercó a él y lo miró de pies a cabeza.

-No lo digo yo, lo decimos todos. No queremos que Gryffindor pierda la oportunidad de ganar, sólo porque tú no puedas hacer bien tu trabajo, Weasley.-le respondió de mala gana.

-¿Qué demonios te hace creer que eso pasará?-le preguntó amenazadoramente.

Seamus no se dejó atemorizar por la posición que el pelirrojo había tomado.

-Creo que es bastante obvio, Weasley. Pero no entraré en detalles por el poco aprecio que te tengo.-sentenció.

Ron lo miró con odio, y sintió que no valía la pena romperle la cara a aquel estúpido.

-Vete a la mierda, maldito imbécil.-dijo dándole la espalda y caminando lejos de él.

Sin embargo, eso no fue suficiente para silenciar a Seamus.

-¡No es nuestra culpa que Malfoy se haya acostado con tu novia, Weasley! ¡Sólo, te pedimos que no arruines el partido por la jodida infidelidad!-le gritó con furia.

Ron camino en dirección a Seamus, y antes de que pudiera desatarse una pelea, Harry y Neville lo detuvieron.

-Maldito hijo de perra.-exclamó Ron con el rostro completamente teñido de rojo por la furia.

Todos los alumnos presentes, miraban la escena con cierta fascinación, y ya podían oírse los murmullos anunciando que se avecinaba otra pelea.

-¡Ron, déjalo!-gritó Harry intentando calmarlo.

-¡Sólo te he dicho la verdad, Weasley!-exclamó Seamus con malicia.-¡Todos lo vimos en el gran comedor y lo leímos en la revista de Skeeter!-continuó retándolo.-¡Malfoy ganó, Hermione se aburrió de ti y lo prefirió a él! Acéptalo, sólo eres un perdedor que no merece estar en el equipo.

Eso fue suficiente para que Ron sintiera que quería asesinarlo. Si no hubiera sido porque Harry y otros alumnos lo tenían agarrado, definitivamente lo habría hecho.

-¡Eres un idiota, Seamus!-le gritó Neville esperando que esto se terminara.-¡Sólo cierra la boca!

Pero él no parecía hacerle caso.

-¡No, no me callaré, Neville!-sentenció al mismo tiempo que sentía que alguien lo jalaba del cuello violentamente.

-¡Cierra el pico o juro que te romperé la boca, maldito imbécil!-le advirtió Ginny intentando ayudar a su hermano y acabar con ese vergonzoso episodio de una vez por todas.

Dean Thomas y otro alumno se llevaron a Seamus de ahí, evitando cualquier enfrentamiento, y el asunto dio por concluido.

Ron tomó su escoba y la lanzó lejos de él, se quitó la capa del uniforme de guardián, y luego sintió que todas las miradas recaían sobre él. Era el jodido hazmerreír de toda la maldita escuela.

-¡A la mierda con el partido, Harry! ¡Jueguen sin mí!-sentenció dándose media vuelta y saliendo de ahí.

-¡No, Ron, espera!-gritó Ginny intentando detener a su hermano y hacerlo entrar en razón.-¡Eres nuestro único guardián! ¡No podemos jugar sin ti!

-¡Sabes que te necesitamos!-le pidió Harry colocando una mano en su hombro e inútilmente quiso hacerlo volver.-Estas haciendo exactamente lo que Seamus quería que hicieras.

Pero el pelirrojo no deseaba escuchar a nadie, sólo quería que lo dejaran en paz. No podía enfrentarse ni siquiera a un idiota como Finnigan ¿y querían que jugara una final de quidditch?

-¡Lárguense! ¡Ya he tenido suficiente!-les gritó a ambos.-No jugaré en ese maldito partido. Sólo déjenme solo.

-Pero, Ron…Por favor.-intentó decir Ginny preocupada.

-¡He dicho que me dejen sólo! Consíganse a otro maldito guardián. Estoy harto de toda esta mierda.-sentenció caminando sin mirar a atrás.

Se alejó hasta que desapareció entre los pasillos. Se sentía miserable y atormentado por sus propios demonios. No podía dejar de pensar en todo lo que le habían hecho y cómo habían arruinado su estúpida vida.

Siempre esperó lo peor de Malfoy por ser un mortífago, pero de Hermione, de quien había sido la mujer con la que se había imaginado un futuro juntos, jamás.

Ella lo había destruido. Se había llevado consigo los buenos momentos, la felicidad, la ilusión del primer amor y la confianza, se había llevado absolutamente todo hasta dejarlo sin corazón. Ron sentía que ya no tenía uno, había quedado demasiado herido como para poder volver a sentir algo, y la odiaba por eso.

Nunca imaginó que ella sería la causante de su vida miserable, de las nuevas burlas, y de los cotilleos que todo el jodido mundo decía a sus espaldas. Y lo peor de todo, era que por muy horrible que fuera la situación, siempre tendría que cargar con los recuerdos amargos de la traición y que sólo le traían dolor.

Un dolor que cada día se iba convirtiendo en ira y más rabia.

No encontraba paz para su desgraciada alma, no encontraba algo con lo que pudiera consolarse por lo que le habían hecho, ni siquiera el quidditch lo hacía feliz, y en su aturdida mente sólo aparecían las palabras de Greengrass una y otra vez.

Ron sabía que este no era el camino que debía tomar, pero no podía aceptar con resignación lo que le había sucedido. No podía simplemente sentarse, y ver como esos dos traidores eran felices mientras él seguía viviendo en un completo infierno.

Había hecho un trato con el mismo demonio, de eso estaba seguro. Sabía que Greengrass estaba desquiciada, pero probablemente, ella sólo estaba sintiendo lo mismo que él, y buscaba una manera de poder vengarse.

-Ya no tengo nada que perder…-susurró mientras caminaba en dirección al lago negro, y escuchaba a lo lejos, el griterío por el partido que empezaría en pocos minutos.

No estaba ahí por mera coincidencia.

Astoria Greengrass conversaba junto a Millicent Bulstrode cerca del lago, y a juzgar por su expresión, lucía igual de trastornada que de costumbre y parecía que no había dormido en días.

Ron se acercó lo suficiente como para que Astoria pudiera escucharle, y sin importarle la mirada sorpresiva de Bulstrode, él se paró detrás de ella.

-Tenemos que hablar, Greengrass.-le dijo al mismo tiempo que ella volteaba de inmediato.

Sus ojos azules se abrieron como dos resortes cuando encontró al pelirrojo tras ella, e intentó disimular rápidamente.

-¿Weasley?-preguntó alejándose de Millicent, lo suficiente como para que ella no pudiera escucharles.-¿Qué carajos estás haciendo aquí?-exclamó desesperada.

Él ni siquiera le hizo caso.

-Es ahora, Greengrass. Tenemos que hacerlo ahora.-sentenció para exasperación de la azabache.

Ella negó con la cabeza, sintiendo que Weasley no podía ser más imbécil.

-¡Estás loco! ¿A plena luz del día?-inquirió horrorizada.-Sí que eres un idiota, Weasley. Ella debe estar en ese maldito partido con Malfoy ¿y tú quieres hacerlo, ahora?-continuó diciendo mientras lo miraba de pies a cabeza y se preguntaba por qué rayos él no estaba ahí también, después de todo era el guardián de Gryffindor.

-No. Ella no ha ido.-le respondió sin importarle los insultos de aquella demente, en ese momento sentía que absolutamente nada importaba.-Está en la biblioteca.

Astoria frunció el ceño confundida.

-¿Cómo lo sabes?-cuestionó poniendo en duda la veracidad de sus palabras.

-Sólo lo sé.-contestó sin querer entrar en detalles.-Es ahora, Greengrass. Todos están en el maldito campo de quidditch, incluido Malfoy. Será más fácil.-insistió con una expresión neutral en el rostro.

Ella pareció dudar por unos segundos, mientras miraba a ambos lados y esperaba que nadie les hubiera visto, a excepción de Millicent.

-Tenemos que asegurarnos de que Malfoy no este con ella, o arruinaremos el maldito plan, Weasley.-le respondió mientras lo dejaba para volver con Bulstrode, y le decía cualquier excusa barata para poder separarse de ella e irse con Ronald.

Astoria sabía que no podía confiar plenamente en Weasley, primero porque el pobretón era un idiota, y segundo porque sus estúpidos sentimientos podían traicionarlo en cualquier momento.

Si lo que el pelirrojo decía era cierto, entonces este sería el momento perfecto para ejecutar su plan, sin embargo, le parecía demasiado extraño que Granger no estuviera acompañada de Malfoy.

-Bien, Weasley. Veamos si la sangre sucia se encuentra sola, y si es cómo tú dices, haremos lo que acordamos.-sentenció esbozando una sonrisa trastornada en el rostro.


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-¡Veinte puntos para Slytherin! ¡Parece que a pesar de todo, este será uno de los partidos más reñidos de toda la temporada! ¡La casa de los leones tiembla ante la repentina salida de su guardián y el ingreso de un suplente a último minuto!-anunciaba Lee Jordan con el mismo entusiasmo que ponía en cada uno de los juegos.

Los abucheos por parte de la tribuna Gryffindor se hicieron sentir por todo el campo, pero los Slytherin no se dejaron amilanar, y continuaron alentando a su equipo.

-Este partido es un asco.-sentenció Theodore mientras tenía la mirada puesta en el buscador de su casa.-Mira a ese idiota, pudo haber atrapado la jodida snitch y la dejó ir. ¡Maldita sea!-escupió con frustración.

Draco le echó una mirada a su amigo, y recordó lo aficionado que Theo podía ser con todo lo relacionado al quidditch. El castaño vivía cada uno de los partidos como si fuera el último.

-No es tan malo, Theo.-comentó Luna mirando el partido con menos interés que su novio.

-Claro que lo es, cariño. Mira al buscador, ni siquiera pudo esquivar esa bludger.-intentó explicarle, y la rubia simplemente asintió en silencio mientras fingía prestarle atención.

El equipo de las serpientes se había preparado lo suficiente como para lucirse en la final, y al parecer iban bastante coordinados, puesto que uno de sus cazadores logró quitarle la quaffle a los Gryffindors hábilmente.

-Si eres tan bueno, ¿Por qué no postulaste para ser el buscador de slytherin este año?-le preguntó Draco bromeando.

Theodore rodó los ojos, y prefirió ignorar su comentario.

-No creo que hubieran querido a un ex-mortifago como yo. De igual forma, no le tengo mucha fé al equipo que eligieron.-respondió el castaño.

-Creo que están haciendo un excelente trabajo.-insistió Draco notando que Gryffindor estaba jugando verdaderamente mal.

-Todos son unos idiotas, Draco. El buscador es un niño de segundo año, demonios, ¿cómo se les ocurre poner a un niño?... ¡Eh, esa es una falta!-gritó al mismo tiempo que el resto de los slytherin empezaban a reclamarle a Madame Hootch por lo sucedido.

La mujer tocó su silbato, e intentó poner orden en el juego.

Draco se preguntó qué demonios podía haber sucedido para qué el imbécil de Weasley no estuviera presente en el partido, y más aún cuando se trataba de una final tan importante como esa. Definitivamente, Mcgonagall no le había prohibido que participara en el evento, ya que hacía sólo una hora atrás, cuando aún estaba con Hermione, ambos lo habían visto pasar junto al equipo de Gryffindor en los pasillos.

En ese momento, el partido se reanudó y Slytherin obtuvo una pequeña ventaja luego de que se cobraran la falta del equipo de los leones.

-¡Slyhterin toma posición!-exclamó Lee Jordan mirando frenéticamente el partido.-El cazador Higgs esquiva dos bludgers. Se acerca al aro. ¡Parece que anotarán otra vez!

El suplente de Weasley, era igual o más inútil que el pelirrojo. Le faltaba bastante práctica, lucía cansado y ni siquiera parecía poner suficiente empeño en lo que hacía.

-¡Demonios, sí que es malo!-se burló Theodore sin poder evitar reír.

Draco lo escuchó, y probablemente, también se habría unido a la broma, si es que no hubiera continuado sintiendo cierta inquietud respecto a la ausencia del pobretón. Sabía que eso no debía importarle en lo absoluto, pero por algún extraño motivo no podía dejar de pensar en ello. Sentía que algo grande tenía que haber sucedido como para que no participara en tan importante evento.

Por unos segundos, el rubio se sintió como un idiota por sacar conclusiones antes de tiempo y preocuparse más de lo debido. Tal vez, el pelirrojo simplemente se había sentido mal antes de que el juego empezara, y lo más probable era que se encontraba en la enfermería en esos momentos.

Tomó una bocanada de aire, e intentó hacer exactamente lo que le había prometido a Hermione. Disfrutaría de la final de quidditch y no pensaría en cosas sin sentido. Al fin y al cabo, Draco estaba seguro de que Weasley era un completo inútil y nunca seria una verdadera amenaza para ellos.

Miró la hora en el reloj de bolsillo que Hermione le había regalado por navidad, y no pudo evitar pensar en ella y sentir cierta angustia mientras lo hacía.

Tenía que parar, Draco sentía que estaba siendo paranoico, tenía que alejar esos jodidos pensamientos de su mente y concentrarse en el juego. Sabía que ella estaba en la biblioteca haciendo aquella tarea de Flitwick y pronto la vería.

Mierda, pensó un tanto inquieto.

-¿Tienen idea de cuánto falta para que termine el primer tiempo?-preguntó al mismo tiempo que Potter realizaba una maniobra peligrosa con su escoba y hacía gritar de emoción a sus fans.

-Potter es bueno.-aceptó Theodore sin dejar de mirar el partido e ignorando su pregunta.

-Lo dudo.-sentenció el rubio sin darle importancia.

Luna le miró de reojo y pareció percibir su inquietud por unos segundos.

-El primer tiempo termina en diez minutos, Draco.-le respondió Luna.-¿Quieres ir por Hermione?

-Sí.-murmuró.

El partido se estaba poniendo cada vez más interesante. El buscador de Slytherin había golpeado a uno de los cazadores de Gryffindor en su intentó por querer atrapar la snitch, pero la pequeña pelota había escapado rápidamente de sus manos, y se escucharon los abucheos en la tribuna de los leones.

-¿Qué? ¿De qué están hablando?-preguntó Theodore confundido.-El primer tiempo ni siquiera ha terminado. Hermione aún está en la biblioteca y dijo que vendría aquí si terminaba antes.-le recordó el castaño.

-¿Y por qué demonios Weasley no está jugando?-preguntó Draco un tanto exaltado.

-Cálmate. No tengo ni idea de por qué ese idiota no esta aquí, pero no creo que sea por algo relacionado con Hermione.-le respondió su amigo pudiendo leer su rostro.

-Theo, creo que Draco ya tomó una desición. Iremos por Hermione y te veremos luego.-le aseguró su novia.

Draco miró a Luna con cierta complicidad, y mentalmente le agradeció por su apoyo.

-Olvídalo, vamos todos.-sentenció Theodore arrastrando las palabras y mirando a su amigo.-Te sentirás como un idiota cuando veas que Hermione se encuentra tranquilamente estudiando en la biblioteca.

-Estaré feliz de ser un idiota, si es como tu dices.-le respondió Draco mientras se apresuraba en bajar de las tribunas de Slytherin.


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Dejó caer una pluma sin darse cuenta, y de inmediato la recogió, mientras sentía que alguien se acercaba detrás de ella.

Hermione giró de inmediato, y se encontró con Madame Pince. La mujer colocó una mano en su hombro y esbozó una sonrisa.

-Disculpa, querida. Cerraremos a las doce.-le informó en un tono de voz amable, y mirándola con cierta discreción.

-No se preocupe, madame Pince. Planeo irme antes.-se apresuró en decirle, mientras volvía a lo suyo.

La mujer asintió en silencio, y cuando estaba a punto de irse, regresó hacía ella.

-Querida, quiero que sepas que yo no creo en esos chismes de Skeeter. Para mi siempre serás esa increíble heroína que ayudó a salvar el mundo mágico.-le dijo de manera inesperada, la observó por unos breves segundos, y luego se fue.

Hermione se quedó un tanto pensativa, a veces sentía que no podía soportar la vergüenza de saber que todo el mundo se había enterado de lo que ella y Draco habían hecho, pero en otras ocasiones, simplemente prefería ignorarlo, y eso era lo que había llevado haciendo desde aquel escándalo. Sin embargo, escuchar palabras de apoyo de vez en cuando, servían de mucho.

Cerró uno de los libros de encantamientos, reunió todos sus pergaminos, y los metió dentro del morral que llevaba consigo. Miró en dirección al enorme reloj que colgaba en medio de la pared, y notó que el primer tiempo del partido terminaría pronto. Aunque aún faltaban unos cuantos minutos para reunirse con Draco, decidió que iría en busca del rubio y no quedarse ni un minuto más en la biblioteca.

Estaba un tanto entusiasmada de ir con él a pasar la tarde en Hogsmeade. Hacía varias semanas que no visitaba el pequeño pueblo a las afueras de Hogwarts, y deseaba distraerse un poco luego de tantos problemas.

No tenía ni idea si Rita Skeeter o alguno de sus fotógrafos estarían al acecho intentando capturar el momento perfecto entre ella y Draco, pero estaba segura de que no se privaría de una salida junto a su novio y amigos por tal motivo.

Se despidió de Madame Pince al salir de la biblioteca, apresurándose de guardar su varita en uno de sus bolsillos, y continuó su camino notando que un silencio sepulcral reinaba en casi todo el castillo.

Ni siquiera se había alejado lo suficiente de la biblioteca, cuando sintió que un extraño ruido hizo eco al final de los pasillos.

Parecía como si trataran de las pisadas de alguien más. De inmediato, Hermione giró la cabeza en la misma dirección, pero no vio nada. Era raro, ya que el pasillo se encontraba completamente vacío, y pensó que podía tratarse de Sir Nick casi decapitado o de algún otro fantasma de Hogwarts.

Le restó importancia, y cuando estaba a punto de continuar, una persona se interpuso en su camino.

-¡Hola, sangre sucia!-exclamó Astoria Greengrass, al mismo tiempo que le lanzaba una fuerte bofetada que la hizo caer al suelo y la dejaba en desventaja frente a la desquiciada chica de cabellos azabaches.

Por inercia, Hermione se llevó una mano a su mejilla, y notó que su labio inferior había empezado a sangrar. El golpe la había aturdido por unos cuantos segundos, y mientras se apresuraba en sacar su varita, Astoria logró desarmarla con un hechizo.

-¡Accio varita!-gritó con satisfacción y esbozó una sonrisa enferma.-No sabes cuánto he estado esperando por este momento, ramera sangre sucia.-le insultó sabiendo que aunque el plan debía ejecutarse rápidamente, primero se tomaría su tiempo para jugar con la castaña.

Hermione se sintió un tanto perdida, aun podía sentir la sangre en su labio inferior, y por unos momentos su mente se nubló. Todo había sucedido increíblemente rápido e inesperado. En menos de un minuto, Astoria Greengrass estaba frente a ella mirándola con locura y apuntándole con una varita.

-No lo hagas... Te expulsarán, Astoria.-le dijo lo primero que se le vino a la mente. Hermione tenía que actuar con cautela. No sabía exactamente que era lo que ella quería hacerle, pero podía ver el odio en sus gélidos ojos azules, en esa mirada pérfida que sólo transmitía aversión y que se regocijaba al verla indefensa. En esos momentos, podía esperar cualquier cosa de Astoria Greengrass, desde torturarla con un crucio hasta matarla con un Avada.

De inmediato, la azabache empezó a reír como desquiciada.

-Podría matarte, y nadie lo sabría.-sentenció rompiendo la varita de Hermione con ambas manos.-Parece que no eres nada sin esto.

Se acercó a la castaña con cierta imponencia, y aprovechando que era mucho más alta que ella, la acorraló contra la pared. Nuevamente, sonrió y empezó a presionar la punta de su varita contra su cuello.

-¿Qué es lo que debería hacerte? ¿Matarte, o simplemente torturarte?-le preguntó, mientras miraba en dirección a la cicatriz que yacía en el antebrazo de Hermione, ahí donde Bellatrix Lestrange le había grabado sádicamente la palabra "sangre sucia" hacía un año atrás.- O tal vez debería escribirte sangre sucia en tu jodido rostro. Veremos si Draco te encuentra atractiva después de eso…-sugirió sonriendo al notar que había sangre en el labio inferior de la castaña.

El corazón de Hermione empezó a palpitar velozmente y sin control. Sentía que estaba en medio de una horrible pesadilla que se repetía, era como si volvía a estar en manos de Lestrange, y los traumas de aquella tortura regresaban para atormentarla.

Si tan solo se hubiera quedado en la biblioteca y hubiera esperado por él.

Draco, pensó llamándolo, y deseando más que nunca haberlo acompañado al juego. ¿Dónde estás?

No podía evitar sentir miedo, se sentía perdida y no sabía qué hacer. Pensó que todo eso se había quedado en la guerra, en el pasado, y que jamás regresaría. Pero por giros del destino, su vida volvía a estar en peligro una vez más, y aunque gritara, nadie la escucharía. En esos momentos, Astoria Greengrass tenía una varita, y ella no.

-Eres una maldita mujerzuela, Granger. Te estuviste acostando con mi prometido todo este maldito tiempo, y no sabes lo mucho que quiero estrangularte desde entonces.-le amenazó dirigiendo sus manos alrededor de su cuello y presionando poco a poco.-Sólo sueño con matarte todos los malditos días de mi vida, y no acabaré hasta que sea así. Te prometí que me vengaría de ti, cueste lo que cueste. ¿Recuerdas?-le dijo acercándose lo suficiente como para sentir su agitada respiración.

Hermione no se caracterizaba por ser una cobarde, pero los traumas de la tortura con Bellatrix habían regresado. Tenía que pensar de inmediato, o esa maldita loca, acabaría con ella.

-No hagas esto...-le pidió intentando ganar tiempo.- ¿En serio arruinarás tu vida por mí?-le cuestionó esperando que serviría de algo.

-Escúchame bien, Granger.-le advirtió Astoria.-No me importa nada, no me importa si me expulsan de este maldito colegio o si arruino mi vida. De todas formas, tú ya lo hiciste por mí. Arruinaste mi futuro, mis planes y todos mis sueños. Todos creen que eres perfecta porque salvaste el mundo mágico, te adoran por eso, te idolatran, pero en verdad no mereces absolutamente nada. Sólo eres una zorra, una ramera que decidió robarme al hombre de mi vida. No descansaré hasta hacerte pagar todo lo que tú y ese maldito bastardo me hicieron. Los dos pagarán por esto. Primero tú, y después él…-sentenció riendo.

Ese fue su límite. Tenía miedo de lo que ella fuera a hacerle, pero el sólo pensar que esa loca también planeaba hacerle daño a Draco, fue el detonante para que la castaña tomara valor y se atreviera a separarse de la desquiciada slytherin. Ambas forcejearon por unos segundos, momentos en los que la varita de Astoria cayó a unos cuantos metros de Hermione.

De inmediato, la castaña logró soltarse de Astoria, y se apresuró en correr para coger la varita, pero cuando estaba a punto de tocarla, alguien más lo hizo por ella.

Hermione alzó la mirada de inmediato, y palideció cuando vio a la persona en su delante.

-¿Ron?-cuestionó Hermione incapaz de poder creer que él estaba ahí.

El pelirrojo la miró seriamente, y luego dirigió su vista a Astoria.

-¿Por qué demonios la has abofeteado, Greengrass?-le preguntó notando la sangre que había en el labio inferior de Hermione.

Astoria esbozó una sonrisa maquiavélica, mientras se cruzaba de brazos y miraba a Ronald.

-¿Creías que simplemente la insultaría, Weasley?-le respondió volviendo a reír.-Esa maldita zorra, se merece más que sólo eso... Además, tómalo como un obsequio de mi parte.

En ese momento, Hermione retrocedió unos pasos y por muy duro que fuera, lo entendió todo.

-¿Qué estás haciendo, Ron?-le preguntó la castaña aún incrédula de que eso en verdad estuviera pasando. Quería pensar que sólo estaba equivocada, pero cuando vio que el pelirrojo no hacía nada al respecto, supo que tanto él como Astoria estaban juntos en esto.

Ronald se acercó a ella, vio fijamente a su rostro, pudo ver el miedo en sus ojos miel y la decepción en su mirada. Por unos segundos sintió que debía detenerse, pero no podía, no se dejaría engañar en esta ocasión, porque era ese mismo rostro inocente, el que ella había usado para mentirle y serle infiel con su mayor enemigo. No podía sentir otra cosa, que no fuera repulsión por ella.

-No me dejaste otra opción…-respondió mientras evitaba verla a los ojos o de lo contrario sus sentimientos lo traicionarían.

Hermione entreabrió los labios, y sintió que se le hacía un nudo en la garganta.

-Ron, no... Tú no eres así. Ella te está manipulando. ¿Qué no lo ves?-insistió la castaña sabiendo lo fácil que podían manipularlo.-No hagas nada estúpido.

-¿Estúpido?-preguntó con ironía al mismo tiempo que caminaba en dirección a ella.-Eso es lo que he sido yo durante todo este tiempo, fui un completo estúpido por creer que en verdad me amabas y que estaríamos juntos.-rebatió ofuscado.

Una parte de ella era carcomida por la culpa y el remordimiento todos los días, pero no podía dejar que Ronald le hiciera daño por tal motivo

-Por favor, termina con esto, Ronald. No vale la pena.-le rogó esperando que reaccionara.- Sé que me equivoqué, y sé que jamás podrás perdonarme, pero no empeores esto… Tenemos que hablar, y tienes muchas preguntas que prometo responder, pero no así… Este no eres tú. Sólo estás siendo manipulado por una demente.-le dijo sabiendo que esa era la verdad.

-¡No te atrevas a llamarme así, ramera!-exclamó Astoria alzando una mano decidida a abofetearla otra vez, pero antes de que pudiera hacerlo, Ron la detuvo.

El pelirrojo la alejó de Hermione y la miró con recelo.

-No te atrevas a tocarla otra vez.-le advirtió a Astoria.

-¡No olvides el plan, Weasley!-chilló desesperada.

-No lo he olvidado.-sentenció echándole una mirada a su ex novia.

Hermione tenía que pensar rápido.

Sentía que había subestimando a Ronald durante todo ese tiempo. Sentía pena y decepción porque por más que intentara negarlo, él en verdad estaba haciendo esto. Ron se había unido a Astoria Greengrass, y juntos habían tramado una venganza en contra de ella. Nuevamente, se sintió desesperada y pensó que probablemente, eso era lo mismo que él había sentido cuando se enteró de aquella traición.

Tal vez lo merezco, pensó Hermione por unos breves segundos. Pero mi corazón nunca te perteneció, y jamás llegué a sentir amor por ti.

-Ron, ella sólo te quiere inculpar con esto. Te esta utilizando… Por favor.-intentó decirle una última vez.

-¡Weasley, despierta!-gritó Astoria.- Recuerda lo que te hicieron. Te fue infiel con Malfoy, con ese bastardo que solía burlarse de ti y de tu familia. Ella decía amarte, cuando en verdad sólo lo amaba a él. Se burló de ti y de tus sentimientos; y ahora todo el mundo mágico también lo hace. Siempre fuiste un estúpido frente a sus ojos, y mírala, sólo quiere hacerse la víctima después de haberse acostado con tu enemigo.-se mofó sabiendo que es sería suficiente para hacerlo recapacitar.- Granger merece tu venganza o todos se seguirán burlando de ti, y serás recordado como un grandísimo cornudo, Weasley.

Y en ese momento, Hermione vio la rabia en los ojos de Ron, pudo ver que estaba decidido hacer lo que tenían planeado. Lo conocía, y sabía que no había vuelta atrás.

La castaña sintió que sus ojos se empeñaban, pero no por lo que ellos fueran a hacerle, sino porque sentía que después de esto, no volvería a ver a Draco nunca más. El amor de ambos había sido tan increíblemente fuerte, pero había durado tan poco.

¿Por qué no tuvimos más tiempo?, pensó enfurecida y deseando poder verlo una última vez. ¿Por qué no te besé más? ¿Por qué no te abracé más?

Una lágrima empezó a caer por su mejilla, imaginando lo peor. Su corazón dolía y sólo quería pensar en los increíbles momentos que habían pasado juntos durante las vacaciones de invierno. Quería aferrarse a eso, a las memorias y al amor que sentía por Draco.

Hermione había superado muchas cosas en su vida, desde ayudar a Harry a derrotar a Voldemort hasta ser llamada ramera públicamente en una revista y ser juzgada por una sociedad hipócrita, y aunque jamás habría esperado que Ron se una a Astoria para vengarse, también estaba lista para enfrentar lo que tuviera que pasar.

-Lo que sea que vas a hacer, hazlo ya.-sentenció Hermione mirándolo fijamente a los ojos.-Si crees que esto es lo que merezco por lo que te hice, entonces hazlo…-le instó con valentía.

Por su cabeza pasaban muchas cosas, pero sobretodo, pensaba en Draco.

Si tan sólo estuvieras aquí, pensó mirando el vacío.

-Draco…-susurró mientras otra lágrima caía por su mejilla.

Cuando escuchó el nombre del rubio, Ronald sintió como si una jodida daga hubiera atravesado su corazón. Ella estaba pensando en él, Hermione estaba enamorada de Draco, esa era la verdad, y el pelirrojo no podía aceptarla. Supo que esa fue la gota que rebalsó el vaso, aquel impulso que necesitaba para llevar a cabo su cobarde venganza.

-No dejaré que seas feliz con ese mortífago...-le aseguró acercándose a ella.- Te llevaré conmigo, y él no volverá a saber de ti.

Hermione le miró confundida, pero antes de que pudiera pensar en lo que él le había revelado, Ronald alzó su varita y apuntó fijamente hacía ella.

-¡Obliviate!-exclamó al mismo tiempo que la castaña sentía que una potente luz blanca la cegaba.

Intentó cubrirse inútilmente con sus manos, pero fue cómo si empezara a caer dentro de un abismo sin fin, y su cuerpo no le respondiera.

La potente luz se fue apagando hasta que segundos después, perdió el conocimiento.

Y todo se volvió oscuro. Completamente oscuro.

...

...

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Gracias por leer, chicas. Lamento haber dejado el capítulo aquí :( Y aunque suene super cursi, sólo diré que en esta historia el amor de Draco y Hermione es super fuerte, y podrán contra todo.

Una vez más les agradezco los bellos reviews que recibo siempre, por el apoyo y la preocupación de su parte. Las adoro, chicas, son las mejores lectoras que una escritora podría desear! Me siento super afortunada de tenerlas.

Sé que no es importante, pero ¿cómo se imaginan a la loca de Astoria físicamente? Yo siempre me la he imaginado como la actriz Kaya Scodelario :D, y por cierto, ¿qué casa les gustaría que gane la copa? ¿Gryffindor o Slytherin?

Las leo, mientras sigo celebrando mi cumple hahaha! Nos vemos en el próximo capítulo :)