Hello, chicas! Al fin regreso y ni más ni menos que con la esperada continuación. En el capítulo anterior sé que todas quisieron matarme por lo que Ron le hizo a Hermione jajaja, pero finalmente veremos si logró su objetivo o no :D
Porfis, no se olviden de leer la notita al final del capítulo.
Sin darle más vueltas al asunto... A leer! Go!
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Capítulo 21: Vuelve a mí…
Algo no estaba bien.
Por alguna extraña razón, Draco sintió que el camino a la biblioteca se había hecho extremadamente largo. Los segundos seguían pasando, pero parecía que el tiempo se había detenido, y no veía el momento de poder llegar a Hermione.
Su corazón latía cada vez más rápido, sintiendo que aquella incómoda y amarga sensación en su pecho continuaba atormentándolo sin saber por qué.
Theodore bromeó con Luna sobre lo pésimo que había jugado Gryffindor durante el primer tiempo, pero el rubio no pudo prestarles atención, sólo sentía que tenía que encontrar a Hermione lo antes posible.
-Malditas escaleras.-masculló por lo bajo, cuando estas cambiaron de lugar inesperadamente y los dirigió hacia otro pasillo.
-Siempre parecen cambiar en el momento más inoportuno.-murmuró Theo despreocupado, mientras notaba que el castillo lucía en completo silencio.-Este lugar debe lucir aterrador por las noches...
-No realmente, a veces los fantasmas son una excelente compañía.-le respondió Luna recordando las veces en que había hablado con el fantasma de Helena Ravenclaw.-Ya casi hemos llegado.-sentenció mientras se dirigían por el corredor que los llevaría a la biblioteca.
Sus palabras parecieron tranquilizar a Draco, ya que logró sentir cierto alivio cuando entendió que en solo unos segundos lograría estar con Hermione.
El grupo caminó sin detenerse, nada parecía predecir lo que sucedería, y casi al llegar a la esquina, el corazón del rubio se detuvo cuando vio que Weasley se encontraba arrodillado frente a alguien, y fue en ese momento, que todos y cada uno de sus miedos se hicieron realidad.
-¿¡Qué demonios!?-exclamó Theodore, pero antes de que el castaño pudiera decir algo más, Draco ya había reaccionado.
De inmediato, cogió su varita y sin tardarse ni un solo segundo más, dejó salir el primer hechizo que se le vino a la cabeza. Sabía que estaba prohibido, pero en esos malditos momentos nada le importaba.
-¡Crucio!-gritó al mismo tiempo que Ron caía en el piso y empezaba a retorcerse de dolor.
Draco siempre se había sentido preparado para todo, para soportar el rechazo de la sociedad, el odio de su padre, e inclusive se había sentido preparado para ir a Azkaban si así lo hubieran decidido, pero si de algo estaba seguro era que jamás había estado preparado para ver a la persona que más amaba en aquellas circunstancias. La única persona que le importaba, yacía en el piso completamente inconsciente.
Corrió hacía Hermione con la esperanza de que no la hubieran lastimado, pero todo parecía indicar lo contrario.
-Hermione…-susurró Draco en un estúpido intento por hacerla volver y esperando que pudiera abrir los ojos, que despertara y le dijera que esto sólo era un maldito sueño.
Se aferró a ella desesperadamente. Sabía que se había equivocado en muchas cosas, pero siempre se sentiría culpable de no haber estado con ella en ese preciso momento.
Alzó la mirada, y sintió que asesinaría a Weasley.
-¿¡Qué demonios le hiciste, maldito cobarde!?-gritó Draco al mismo tiempo que corría hacía él y uno de sus puños quedaba estampado en el rostro del vulnerable pelirrojo.-¡Te mataré, maldito imbécil!
Su furia estaba descontrolada, no le importaba si aquel patético idiota se encontraba sangrando por el golpe, en esos momentos podía sentir que toda la rabia corría por sus venas y sólo quería hacerlo sufrir por lo que le había hecho a Hermione.
Draco estaba a punto de desquitar toda su odio contra él, pero antes de que todo pudiera cometer una locura, Theodore los separó. Tomó a Ronald por el cuello, y lo empujó contra la pared lejos del rubio.
-¡Deténganse, ambos! Tenemos que llevarla a la enfermería.-exclamó Luna con lágrimas en los ojos.
Aquellas palabras hicieron que Draco volviera en sí. Sabía que tenía que parar, que debía contener su rabia por Hermione. Ella era la prioridad en esos momentos.
-Juró que te mataré, maldito hijo de perra.-le amenazó sintiendo que si no fuera por Hermione, ya lo habría hecho.
Tomó a la castaña entre sus brazos, mientras la miraba fijamente y le prometía que todo estaría bien. Su rostro lucía pacífico e igual de perfecto que en sus sueños, pero a juzgar por la sangre que tenía en su labio inferior sabía que algo grave había pasado.
¿Acaso el maldito de Weasley se había atrevido a tocarla?
Su sangre hervía, y en esos momentos no le importó si era enviado a Azkaban, Draco estaba seguro de que lo asesinaría ese día.
¿Qué te hizo ese imbécil?, se preguntó al mismo tiempo que ingresaban a la enfermería y Madame Pomfrey se apresuraba a recibirlos.
-¡Por todos los cielos! ¿Qué ha sucedido?-gritó la mujer desesperada, mientras Draco echaba a Hermione sobre una de las camillas.
El rubio se separó de ella, y se volvió hacía la enfermera.
-Weasley la atacó. No despierta.-se apresuró a decirle.- Tiene que hacer algo, tiene que hacerla despertar...-le pidió sintiendo que si Hermione no reaccionaba, su vida se iría al más profundo del abismo.
Draco nunca antes había rogado por algo, pero el simple hecho de saber que la vida de Hermione corría riesgo, le atormentaba porque sabía que sin ella no podía continuar. Se había convertido en su mas grande debilidad, y ni siquiera podía pensar en perderla.
-Intentaré hacer todo lo posible, señor Malfoy. Pero necesito saber qué es exactamente lo que le han hecho.-decía la enfermera mientras se encargaba de revisar los signos vitales de la chica. La mujer tomó su muñeca y se aseguró de sentir su pulso.-Está respirando… Su pulso es bueno.-continuó al mismo tiempo que notaba su mejilla enrojecida y los rastros de sangre.-Pero parece que la han golpeado.
El rubio se sentía atrapado en una pesadilla, sentía que tenía que hacer algo o enloquecería. ¿Por qué demonios no se quedó con ella? ¿Por qué tuvo que ir a ese jodido partido? Si se hubiera quedado con Hermione, nada de esto estuviera pasando.
Presionó ambos puños con fuerza, tenía que buscar a Weasley, tenía que pagar por lo que le había hecho. Todo era culpa de aquel idiota, ¿Qué demonios le había hecho a su novia?
Se alejó de Hermione, y cuando estaba a punto de salir de la enfermería, el pelirrojo apareció frente a él.
-Maldito imbécil. ¿¡Qué le has hecho?!-le gritó Draco tomándolo por el cuello y sacando su varita para apuntarle directo en la cara.- ¡Respóndeme o juró que haré que te retuerces de dolor hasta morir, maldita escoria!
Ron apenas podía mantenerse en pie y pensar con claridad. Miró nerviosamente a ambos lados en busca de Hermione. Tenía que verla, tenía qué saber cómo estaba. Ni siquiera intentó defenderse de Malfoy, sabía que se había equivocado y sólo quería verla a ella.
Theodore intentó detener a Draco, entendía la furia de su amigo, pero en esos momentos lo único que importaba era el bienestar de la castaña.
-¡Draco, no!-insistió Theo poniendo un alto.-Sólo déjalo hablar. Necesitamos saber qué demonios le hizo este imbécil a Hermione.
El pelirrojo se tardó unos pocos segundos en contestar. Sentía que el cuerpo entero le dolía por el crucio que había recibido minutos atrás, pero sabía que eso era lo que menos importaba. Alzó la mirada y se encontró con un furioso Malfoy, a su lado Nott le miraba de la misma manera, y metros más allá vio a Luna al lado de Hermione, quien yacía en una de las camas.
-Por favor, señor Weasley…-le pidió Pomfrey acercándose a él con sensatez ,y colocando una mano en el hombro del muchacho.-¿Qué ha sucedido con la señorita Granger?
Ronald tragó espeso, y miró hacia el suelo.
Tenía que decirlo. No podía ocultarlo, ni tampoco estaba en sus planes hacerlo.
-Le lancé un obliviate...-confesó al mismo tiempo que la vieja enfermera se llevaba una mano a la boca.
Draco le apuntó con su varita directo en la cara.
-¡Eres un asqueroso cobarde, Weasley!-exclamó desesperado.
-Sólo le lancé el hechizo, pero yo jamás la golpeé.-intentó decir Ronald, mientras retrocedía unos pasos y se alejaba de Draco.-Jamás la lastimaría...
Pero Draco no se tragaba aquel patético cuento, sabía que bajo la apariencia de aquel estúpido pelirrojo sólo se encontraba un maldito monstruo que había atacado a Hermione. Todo era culpa de aquel imbécil, y eso no se quedaría así.
-¡Pero lo haz hecho, maldita sea! ¡La haz lastimado!-le increpó el rubio decidido a acabar con él.-¡Suéltame, Theodore!-le ordenó a su amigo, quien lo tenía sujetado.
-¡Por favor, ambos tienen que detenerse!-exclamó Pomfrey desesperada mientras intentaba poner orden.- ¡Tenemos enfermos aquí, esto no es un campo de batalla! ¡Señor Malfoy, cálmese o tendré que sacarlos de aquí!
-¿¡Cómo demonios quiere que me calme si tengo al maldito culpable frente a mis ojos!?-sentenció el rubio con frustración.
Draco no entendía razones, sólo quería que aquel patético pelirrojo sufriera tanto como él lo hacía en esos momentos. Sólo pensaba en deshacerse de él y en tomar venganza con sus propias manos.
-¡Todo fue idea de Astoria! Ella me convenció de hacerlo.-confesó Ronald al mismo tiempo que el rubio se detenía tan pronto como escuchó el nombre de aquella psicópata.-Sé que fui un maldito idiota, y ahora lo siento... Me equivoqué, lo sé. Y estaré dispuesto a aceptar tus golpes o lo que sea que quieras hacerme, Malfoy... pero fue Greengrass quien la golpeó y es ella quien está dispuesta a hacer lo que sea para deshacerse de Hermione.-sentenció aceptando su culpa.
Un incómodo silencio empezó a reinar en la enfermería, y Draco intentó controlarse, había estado enfocando toda su atención en aquel cobarde, y no en Hermione. Estaba haciendo todo mal. No debía dejarse guiar por sus emociones.
Miró hacía la camilla dónde yacía su novia. Sabía que había solución para los obliviates, y dirigió su mirada hacía Madame Pomfrey.
-Ya lo escuchó. Le lanzó un obliviate.-le dijo al mismo tiempo que intentaba lidiar con la furia de saber que Astoria estaba detrás de todo esto, y con el miedo de perder a Hermione.- ¿¡Pero por qué no despierta!?
La mujer no salía de su asombro ante la inesperada revelación de que Ronald Weasley hubiera realizado un hechizo tan serio a Hermione Granger.
-Tiene que calmarse, señor Malfoy. Estoy haciendo lo mejor que puedo.
No esta haciendo lo suficiente, hubiera querido decir Draco al mismo tiempo que caminaba en dirección a la castaña y tomaba su mano entre la suya.
¿Por qué?, pensó observando su rostro. Aquel hermoso rostro que había logrado encender su frío corazón en los momentos más oscuros de su tormentosa vida. Ella había sido esa luz de esperanza que había aparecido cuando todo parecía estar perdido. Sin ella, no era nada.
El rubio presionó sus labios contra el dorso de la mano de su novia, y dejó salir un largo suspiro.
-Vuelve a mí...-le susurró sintiéndose invadido por la impotencia de no poder hacer nada al respecto.
Cerró los ojos por unos segundos, pero la pesadilla no parecía tener fin.
-Tenemos que avisarle a la directora Mcgonagall. Esto es grave. Por favor, señorita Lovegood, encárguese de buscarla.-le pidió Pomfrey mientras empezaba a rebuscar entre sus pociones desesperadamente.
Nuevamente reinó el silencio, un silencio que pareció hacerse eterno, un silencio que carcomía el alma y que hizo que Ronald Weasley entendiera que todo había salido mal, completamente mal. Se sentía como un idiota por haber intentado llevar a cabo una venganza que jamás funcionaría.
El pelirrojo tomó su varita entre sus manos, y la rompió en dos mitades. Nada, absolutamente, nada, lograría acabar con el dolor y la agonía que sentía por dentro. Por más que le hubiera realizado un obliviate o cualquier otro hechizo, sabía que eso ni nada borraría la traición que Hermione había cometido. Nada podría hacerlo.
Alzó la cabeza y vio la forma en que Malfoy se aferraba a la mano de la castaña, podía ver su desesperación por no saber qué ocurriría con ella, podía ver el miedo y su mirada vacía.
En ese momento, Ronald entendió que había perdido a Hermione para siempre y que ella jamás volvería con él. Su relación había terminado desde hacía mucho, desde el primer momento en que ella había empezado a ver a Malfoy con otros ojos, y él ni siquiera lo había notado.
Sabía que también se había equivocado. Sabía que había puesto su relación en un segundo plano durante aquellas épocas, y cuando pudo haberlo tenido todo, simplemente la perdió por alguien más.
Y ahora, estúpidamente, había creído que borrándole la memoria ella podría amarlo otra vez.
Soy el ser humano más patético del planeta, pensó sintiéndose culpable.
Nunca debió haberlo hecho, nunca debió haberse unido a Greengrass, nunca debió haberla escuchado. Esa mujer estaba completamente enloquecida, y no tenía ni un poco de juicio. Lo había envenenado con sus palabras y él cómo un idiota le había creído.
En los juegos del amor algunos ganaban como Malfoy y otros perdían como él. Era inútil intentar separarlos. Por muy duro que fuera, la verdad era que Hermione había escogido a aquel mortífago por sobre él.
¿Se amaban?
No lo sabía, ni tampoco quería saberlo, pero por la forma en que Malfoy la defendía y la desesperación que había visto en sus ojos minutos atrás, suponía que probablemente algo inexplicable los unía. Lo envidiaba, lo envidiaba con todas sus fuerzas. El rubio tenía todo lo que él deseaba, pero ya no había nada que pudiera hacer. Ellos estarían juntos, y a Ronald sólo le quedaba aceptarlo.
Se llenó de resignación, y aunque sabía que era demasiado pronto para poder olvidar lo sucedido, decidió que todo el rencor y remordimiento que sentía por ella, quedaría enterrado en alguna parte de su alma hasta que finalmente pudiera sanarse y liberarse de aquella traición.
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Se veía tan frágil bajo su mirada gris.
Si tan sólo hubiera estado ahí, pensó Draco cerrando los ojos por milésima vez y dejándose caer sobre una de las sillas.
Desde que la había llevado a la enfermería, no se había movido de su lado, no quería dejarla ni un solo minuto sola, no podía separarse de ella. Se sentía completamente culpable por haberla dejado a merced de aquel infeliz y de la demente de Astoria.
Quería que esos dos pagasen por lo que le habían hecho a su novia, su rabia interna sólo era opacada por la preocupación y el miedo de perder a Hermione. Su temor era mayor a cualquier venganza.
Ni siquiera había prestado atención a lo que Mcgonagall le había dicho cuando vino a ver a Hermione, y se llevó al idiota de Weasley con ella minutos atrás. Su cuerpo estaba ahí, pero su mente se hallaba muy lejos.
-¡Hermione!-exclamó una voz que sacó a Draco desde lo más profundo de sus pensamientos.
Harry corrió hacía la camilla en donde estaba la castaña y se quedó atónito frente a ella. El chico aún llevaba puesto el uniforme de quidditch, y a juzgar por su apariencia, parecía que ni bien el partido había terminado le habían avisado sobre lo sucedido.
-¿Por qué demonios nadie me dijo nada?-exclamó incapaz de poder creer que Ron en verdad estuviera involucrado en eso. El rumor de que el pelirrojo había atacado a Hermione Granger, se había esparcido tan rápido que los últimos en saberlo habían sido los jugadores de Gryffindor y Slytherin, al acabar el juego.
Draco no tenía tiempo para esto, en esos momentos sentía que lo que menos quería hacer era dar explicaciones.
-¿Qué le hizo?-preguntó Harry volteando para ver al rubio, pero este no le respondía.- ¿Malfoy, qué demonios le hizo?-repitió.
Draco le echó una mirada a su novia, y luego miró a Potter.
-El maldito de Weasley le lanzó un obliviate.-sentenció duramente mientras volvía a sentir que la impotencia se apoderaba de él.- Ese imbécil, al que tu llamas amigo, le hizo esto... Él y Greengrass lo planearon todo.
Harry se quedó sin expresión alguna, al mismo tiempo que Ginny ingresaba a la enfermería completamente desesperada y consternada.
-¡Ron no pudo haberlo hecho! Él jamás sería capaz de hacerle algo así a Hermione...-sentenció la pelirroja intentando defender a su hermano.-Greengrass es una arpía, ella debe haberlo tramado todo... Ron, no podría... no podría.-repitió negándose a sí misma de que él fuera capaz de hacerle eso a la castaña. Le costaba aceptarlo.
-Yo mismo lo vi, Weasley. Y te prometo que el cobarde de tu hermano pagará por lo que le hizo a Hermione.-objetó el rubio.
Ginny ni siquiera tuvo el valor de poder responderle algo, ni siquiera continuó negándolo, la respuesta estaba frente a sus ojos, y sólo sabía que si Ronald en verdad había hecho eso, estaría en serios y graves problemas.
La pelirroja se acercó a Hermione, y le echó una mirada hasta que su vista se tornó vidriosa y unas pequeñas lágrimas empezaron a caer por sus mejillas.
-¿Por qué no estabas con ella, Malfoy?-le recriminó Harry esperando respuestas. La idea de que Ron se hubiera unido a Greengrass le resultaba repugnante y aún era incapaz de poder procesar que algo como eso en verdad había sucedido.
-¿Crees que la hubiera dejado sola, si sabía que Weasley no jugaría?-le espetó Draco fastidiado y evitando ver a Potter a los ojos.-Nadie sabía que ella estaba en la biblioteca, Potter, absolutamente nadie. No sé cómo demonios ese imbécil la encontró… Debí matarlo cuando tuve la oportunidad.
Harry guardó silencio, e incapaz de decir algo, se llevó una mano a la frente y recordó que era él quien le había dicho a Ron que Hermione estaría en la biblioteca.
-Mierda... Es mi culpa.-sentenció el azabache al mismo tiempo que Ginny le miraba confundida.
De inmediato, todos dirigieron su vista hacía él y le miraron perplejos.
-¿Harry?-preguntó la pelirroja secándose las lágrimas.
El azabache maldijo por lo bajo, y se sintió como un idiota.
-Fui yo… Yo se lo dije.-aceptó, mientras echaba la cabeza hacía atrás con impotencia.
De inmediato, Draco se puso de pie y se acercó a él de modo prepotente.
-¿Qué demonios haz dicho, Potter?-le cuestionó confundido.
-Antes de que empezara el partido, tuve una conversación con Ron... Él pensó que ustedes estarían en el campo de quidditch, pero cometí el error de decirle que Hermione no estaría contigo, que ella se quedaría haciendo un trabajo en la biblioteca.-intentó explicarle.
-¡Potter, eres un completo imbécil!-le insultó Draco empujándolo lejos de él en un momento de frustración.
Harry tragó espeso, y sentía que no había sabido darle suficiente apoyo a Ronald durante todo ese tiempo, o de lo contrario esto jamás habría sucedido. Por un lado, se había sentido en la obligación de apoyar a Hermione luego de aquel escándalo, y por otro lado, estaba Ron, a quien no había sabido cómo reconfortar o aconsejar.
Ellos habían estado ahí para él cuando más lo necesitaba, pero él les había fallado, en especial a Ronald.
-Nunca pensé que él podría hacerle algo como eso, Malfoy.-se excusó, pero sabía que ya era demasiado tarde.
Draco lo fulminó con la mirada. No perdería sus energías discutiendo con él.
-Puedo esperar cualquier cosa viniendo de ese cobarde, Potter.-le respondió volviendo al lado de Hermione.
Ambos se quedaron en silencio por unos largos segundos que parecieron hacerse eternos.
Discutiendo no llegarían a nada y por mucho que le costara admitirlo, Draco sabía que Potter se preocupaba por la castaña casi de la misma forma que él lo hacía.
-¿Se puede remediar?-preguntó el azabache rompiendo el silencio.-¿Qué te ha dicho Pomfrey?
Draco se demoró unos segundos en contestar.
-Dijo que un hechizo obliviate es algo delicado... pero es mucho peor si se realiza mal. Y viniendo de ese idiota…-le dijo con obvias razones.
Harry estaba a punto de agregar algo más, pero fue interrumpido inesperadamente por Luna.
-Draco, Mcgonagall quiere verte.-le anunció la rubia llegando con ellos.-Te esta esperando en su despacho.
No le importaba lo que fueran a decirle, no planeaba dejar a Hermione ni un sólo segundo sola.
-No puedo dejarla, Luna. No iré.-respondió tan pronto como pudo. Simplemente, no podía separarse de ella.-¿Qué sucede si despierta y no estoy aquí?-se dijo a sí mismo mientras pensaba en cómo demonios podrían remediar el obliviate.
Cada hora que pasaba era crucial para poder enmendar el hechizo, y parecía que nadie hacía nada.
-Yo estaré aquí.-dijo Harry inesperadamente.- La cuidaré mientras tu no estás.-le aseguró acercándose a Draco.
El rubio sabía que la situación era grave, y por más que intentaba calmarse, no podía.
-Todo esto es mi culpa, Potter. Tienes razón, ¿por qué demonios no estuve con ella?-sentenció el rubio echándole una mirada a su novia y dando por sentado que esto jamás habría sucedido si él no se hubiera alejado de ella en aquel momento.
Harry sabía que era imposible poder predecir que algo como eso ocurriría.
-Nadie sabía que esto iba a suceder, Malfoy.-agregó el azabache.
Pero Draco negó con la cabeza.
-No debí dejarla sola.-fue su única respuesta.
Luna se acercó a él. Sabía lo culpable que Draco se sentía en aquellos momentos, pero pensar en eso no ayudaría en nada.
-Ella estará bien, Draco.-le dijo esbozando una pequeña sonrisa.-Estaremos aquí hasta que tu regreses.-le prometió.
Draco asintió en silencio, y luego se asomó hacia Hermione para dejar un cálido beso en su frente.
-Volveré pronto…-susurró cerca de su oído.
Lo que sea que Mcgonagall tuviera que decirle, mejor que fuera rápido, porque no pensaba quedarse ahí por mucho tiempo.
El rubio ingresó al despacho de la directora, quien lo recibió con el rostro lánguido y abatido. Le dijo unas cuantas palabras, pero nuevamente sentía que no podía prestar atención a lo que le decía.
-¿Señor Malfoy, me ha escuchado?-repitió la mujer.
Draco alzó la mirada, y se sorprendió de ver al ministro Kingsley al lado de la directora.
-Señor Malfoy, lamento toda esta situación.-empezó a decir el hombre mientras caminaba hacía él.-Pero necesitamos su testimonio. La acusación es grave, tanto para el señor Weasley como para la señorita Greengrass. Realizar un obliviate a una persona es considerado un delito. Ambos al ser mayores de edad, serán citados al ministerio y de acuerdo a la seriedad del caso, se decidirá si se les abrirá un proceso o no.-intentó explicarle.
-El señor Weasley ya lo confesó todo.-le interrumpió Mcgonagall sumamente preocupada y dirigiendo su mirada al rubio.-Él y la señorita Greengrass tramaron este lamentable plan en contra de la señorita Granger, y gracias a usted ellos no lograron llevarlo a cabo.
-¿Pero de qué habla?-le cuestionó Draco confundido.-Por supuesto que lo hicieron. La lastimaron.-sentenció desesperado.
Mcgonagall negó con la cabeza tan pronto como pudo.
-Eso no era todo, señor Malfoy.-empezó a decir mientras guardaba un breve silencio y se preparaba para revelar algo más.-Aparentemente, el señor Weasley planeaba llevársela con él.
Draco entreabrió los labios mientras sentía un pesado nudo en la garganta luego de escuchar aquella confesión.
Debí matarlo cuando tuve la oportunidad, se repitió mentalmente al mismo tiempo que se imaginaba en todas las cosas que ese maldito planeaba hacer con Hermione.
-¿Me está diciendo que Weasley intentó secuestrarla?-preguntó con impotencia, intentando salir de aquel letargo.
Mcgonagall asintió.
-Así es, señor Malfoy. Gracias a usted, no lograron ejecutar su macabro plan.-le aseguró la directora sabiendo que la situación no era nada fácil de aceptar y menos para él.
Draco presionó ambos puños.
-Ese hijo de perra.-insultó por lo bajo mientras miraba hacia otro lado, sin importarle la presencia de esos dos.-Deben encerrarlo...-empezó a decir.-Greengrass es una psicópata, también deben encerrarla. Deben encerrar a los dos.
La directora se aclaró la garganta.
-Por el momento, ambos alumnos quedan expulsados permanentemente de Hogwarts.-le anunció al mismo tiempo que le echaba una mirada a Kingsley.
-La investigación empezará de inmediato, señor Malfoy. Le puedo asegurar que esto no se quedará así.-empezó a decir el ministro con seriedad.-Como ya le dije, tanto Weasley como Greengrass serán citados al ministerio. Lo más probable es que se les abra un proceso, se les castigue con trabajo comunitario y con la expulsión permanente de la escuela, que es lo que dice la ley. Pero por el momento... no puedo encerrar a nadie.-sentenció.
Draco no entendía qué demonios sucedía con ese maldito ministro, y por qué no parecía querer hacer nada.
-¿¡Cómo es posible que no van a hacer absolutamente nada!?-exclamó indignado.
Kingsley le echó una mirada y nuevamente se acercó a Draco.
-Como ya se lo dije, primero necesito llegar al fondo de esta investigación.-decía el hombre aparentemente calmado.-Además, tengo entendido que usted utilizó una de las maldiciones imperdonables, señor Malfoy... Sabe que eso también es considerado un delito y más aún viniendo de alguien con su reputación.-le dejó en claro.
En ese momento Draco lo entendió todo. No hubo necesidad de que Kingsley agregara algo más.
Así era ese maldito mundo en el que vivían. Veían todos los defectos en él por haber sido un mortífago, pero no en el resto.
-Mi novia fue atacada por dos malditos psicópatas, y usted me dice que defenderla es un delito.-exclamó el rubio perdiendo la paciencia.
-Eso no es lo que he dicho, señor Malfoy.-le corrigió el hombre.- Usted sabe que tuvo un pasado como mortifago, y no queremos que cometa ningún error que pueda revertir su libertad. Sabe que las leyes contra…
-¿Cree que puede asustarme?-arremetió Draco completamente furioso. Aquel hombre era un completo imbécil, si creía que sus amenazas le servirían para infundir temor en él.-Escúcheme bien, Kingsley. Por Hermione, sería capaz de utilizar un maldito Avada Kedavra para defenderla. No me importa si planean enviarme a Azkaban, por ella podría hacer cualquier cosa.-sentenció con preponderancia.
Draco sentía que era irónico e injusto pensar que el imbécil de Weasley y la demente de Greengrass sólo recibirían trabajo comunitario, mientras que él por utilizar la maldición cruciatus para defender a su novia, podía ser enviado a Azkaban en cualquier momento.
Pero eso no le sorprendía, no era la primera vez que recibía esa clase de amenazas, ni tampoco sería la ultima. Sabia que su pasado como mortifago siempre estaría presente, y para Kingsley y todos los imbéciles de la orden que ahora regentaban el ministerio, él siempre sería parte de la escoria del mundo mágico.
Sin embargo, a Draco poco le importaba lo que esos inútiles pensaran de él, su único propósito era buscar justicia por lo sucedido con su novia, pero era realista y sabia que en ese mundo miserable, jamás lo encontraría y siempre sería visto como el culpable.
-Entiendo su malestar, joven Malfoy.-empezó a decir Mcgonagall mirándolo con comprensión.-Usted sólo utilizó aquel hechizo en defensa de la señorita Granger.-la anciana se giró hacía Kingsley y le dirigió una mirada.-Espero que pueda hacer algo respecto a esto, señor ministro. El chico actuó en defensa propia.
El hombre se quedó en silencio por unos segundos, no quería ir en contra de la ley; y desde que había sido nombrado ministro de magia, quería ser imparcial con todos.
Para Kingsley y toda la sociedad mágica, había sido una enorme sorpresa enterarse de que la heroína de guerra, Hermione Granger, estaba en una relación con el ex mortifago, Draco Malfoy. En un principio había pensado que sólo se trataba de un amorío de escuela, al fin y al cabo, ambos eran jóvenes e inexpertos, pero luego de ver la forma en que Malfoy le había respondido minutos atrás, sentía que esto se trataba de algo más que un simple romance adolescente.
-Por el aprecio que le tengo a la señorita Granger y por el bien de usted, señor Malfoy, dejaré pasar por alto aquel incidente.-sentenció Kingsley un tanto incómodo.-Y en cuanto al señor Weasley y a la señorita Greengrass, por el momento puedo prometerle que ambos no volverán a acercarse ni a usted, ni a Hermione por el resto de su estancia en Hogwarts.
Draco se puso de pie. Ya había oído suficiente, y si se quedaba un minuto más en aquel despacho, terminaría por lanzarle un crucio a Kingsley.
-Sólo porque él es un héroe de guerra, no significa que no pueda equivocarse.-sentenció el rubio antes de salir, y entendiendo que Weasley la tendría fácil, e injustamente, sería librado del problema.
Cuando salió de aquel ambiente tan tenso, Draco se dirigió a la enfermería y notó que ya casi había oscurecido. Alzó la mirada hacía el cielo y vio la brillante luna llena en todo su esplendor. Cerró los ojos, y se detuvo por unos segundos.
Se sentía vació, inútil y completamente frustrado. ¿A quién demonios quería engañar? Necesitaba a Hermione, le hacía falta y no podía concebir la idea de que ella aún no despertara. Sólo habían pasado unas cuantas horas desde el desafortunado accidente, pero la extrañaba como si no la hubiera visto en años.
Su corazón se llenó de angustia, cuando súbitamente recordó la última vez que la había visto en la mañana, cuando ella le había susurrado un "Te amo" antes de que empezara aquel maldito partido. Tuvo que presionar los labios para contener su dolor, e inútilmente intentó reprimir una lágrima antes de que empezara a caer por su mejilla.
El amor dolía, y dolía mucho. Amar era uno de los sentimientos más maravillosos que había descubierto con Hermione, pero también podía convertirse en una horrenda tortura, si perdías a la persona que amabas.
Presionó ambos puños, y se negó a pensar en eso. Era imposible perderla, Hermione tenía que despertar, tenía que volver, ella no podía dejarlo. Tenían que cumplir todos y cada uno de sus sueños, todo lo que ella le había prometido que harían.
Iba tan perdido en sus pensamientos, que ni siquiera notó cuando alguien corrió tras él. Era como si aquel tormento no tenía fin.
-¡Astoria, basta!-gritó Daphne tomándola de ambos brazos e intentando detener a su desquiciada hermana.
Si el día no podía ir peor, definitivamente esto era lo último que faltaba.
-Me alegra verte, Draco.-exclamó Astoria Greengrass como si nada hubiera pasado.
De inmediato, Draco cogió su varita y le apuntó con ella. No tenía planeado hacer que la situación empeorara, pero el odio que sentía por ella en esos momentos, era más fuerte que cualquier otra cosa. Frente a sus ojos, estaba la arpía que había lastimado a Hermione y sólo quería que pagara por lo que le había hecho a la castaña.
-¡Maldita demente!-le gritó Draco deseando poder deshacerse de ella.
Astoria se acercó a él con una sonrisa en el rostro, y Draco no pudo evitar estamparla contra la pared, mientras continuaba apuntándole con su varita de lleno en el rostro.
-¡No, Draco!-exclamó Theodore interponiéndose entre ambos.-¡No caigas en su estúpido juego! No lo hagas.-le advirtió.
Draco tenía la varita en su mano, listo para atacar, listo para acabar con aquella despreciable mujer a la que definitivamente nadie extrañaría, pero Theodore colocó una mano en su hombro y lo miró a los ojos.
No vale la pena, pareció susurrarle y tenía razón. No arruinaría su vida, ni los planes que tenía al lado de Hermione, por alguien tan vil e insignificante como lo era Astoria Greengrass.
-Sé que quieres asesinarme, Malfoy.-se burló ella.-Pero no puedes.-sentenció encogiéndose de hombros e intentando provocarlo.-Weasley es un jodido idiota, sé que debí haber hecho esto sola.
Draco tragó espeso. Quería asesinarla.
-¡Llévate a tu maldita hermana de aquí, Daphne!-le exigió Theodore.
Daphne se sintió atrapada entre la espada y la pared.
-Por favor, Astoria. La directora Mcgonagall te esta esperando en su despacho... No lo empeores.-le ordenó su hermana colocándose frente a ella, pero Astoria ni siquiera se inmutó, su expresión seguía siendo la misma y no tenía intenciones de largarse de ahí tan fácilmente.
La desquiciada chica hizo a su hermana a un lado, y luego miró fijamente a Draco.
-Sé que tu noviecita sigue en la enfermería.-lamentó falsamente mientras se regocijaba con la frustración que veía en el rostro del rubio.-Pero no creas que esto se queda así, Malfoy. Esto sólo ha empezado.-le aseguró.
De inmediato, Draco se acercó lo suficiente y volvió a apuntarle con su varita deseando tanto poder lanzarle un crucio.
-Si te acercas a nosotros, si te atreves a tocar a Hermione, juró que te mataré y no me importa si voy a Azkaban, juró que lo haré.-le advirtió esperando jamás volver a ver aquel despreciable rostro que sólo le traía malos recuerdos.-Estás arruinada, Greengrass... Y siento lástima por ti, porque sé que jamás podrás amar, ni jamás podrás sentir lo maravilloso que es ser amada. Tu vida es miserable, sólo hay odio en tu corazón y crees que eso te hace mejor que los demás. Pues no lo eres, ni nunca lo serás. Sólo haces daño y te dedicas a lastimar a las personas. Sé que nadie, absolutamente nadie, podría sentir amor por ti, porque eres despreciable.-sentenció Draco sin agregar nada más.
Todos en el pasillo se quedaron callados, y ni siquiera Astoria pudo decir algo. La idea de ver sus sueños hechos realidad en sus enemigos, la carcomía por dentro, y si no fuera porque su hermana Daphne la tenía agarrada, le hubiera lanzado la maldición asesina sin ni siquiera dudarlo.
-¡Te odio!-gritó Astoria con el ego herido. Se sentía humillada y se odiaba a sí misma por no haber podido acabar con Hermione Granger cuando tuvo la oportunidad.
Los aborrecía y los detestaba con toda su alma, y sentía que ahora sí estaba dispuesta a acabar con aquellos traidores cueste lo que cueste.
Se soltó del agarre de su hermana, y se acomodó su largo cabello azabache al mismo tiempo que se aseguraba de que su túnica luciera impecable. No daría otro espectáculo, ni tampoco continuaría con aquella discusión.
Dejó salir un largo suspiro de resignación, y se tragó toda la humillación.
Sabía que esto no se quedaría así. Estúpidamente, había creído que el imbécil de Weasley podría servirle de algo, pero todo había salido mal. Si de algo estaba segura, era que no volvería a cometer el mismo error nunca más. ¿Draco creía que un ex mortífago cómo él podría ser feliz junto a la ramera Granger?
La azabache se rió para sus adentros.
Que equivocado estaba.
-Nunca olvidaré esto.-sentenció de forma oscura y haciendo una larga pausa.-Nunca lo olvidaré.-repitió firmemente orgullosa y sin bajar aquella mirada altiva que la caracterizaba. Esbozó una sonrisa enfermiza, y como si nada hubiera sucedido, se fue de ahí junto a su hermana.
En aquel instante, Draco sintió una rara sensación en su interior, definitivamente no era miedo ni temor, pero sentía como si esto aún no hubiera terminado, y lo odió. Odiaba sentirse así.
No quería que aquella demente volviera a sus vidas. Pero lamentablemente, la conocía lo suficiente como para poder adivinar que Greengrass era capaz de cualquier cosa. Ya lo había demostrado una vez, y podía hacerlo otra vez.
No podía bajar la guardia.
-Esa jodida loca.-murmuró Theodore echándole una mirada a Draco.-No vuelvas a caer en su maldito juego, Draco. Sabes que ella sólo busca arruinar tu vida y la de Hermione...
-¿Cómo demonios quieres que me calme después de lo que ha ocurrido?-le cuestionó aún sintiendo aquella amarga sensación en su interior.-Maldita sea, si supieras cuanto la odio.
-Lo sé, todos lo hacemos, pero no seas un idiota y por sobretodo, no lo arruines.
El rubio dejó salir un suspiro. Theodore tenía razón.
Juntos regresaron a la enfermería con la esperanza de que Hermione al fin hubiera despertado. Draco sólo quería que aquella pesadilla hubiera acabado, y poder volver a tener a su novia entre sus brazos. Pero la suerte, no estaba de su lado y cuando finalmente volvieron, notó que ella continuaba inconsciente, y Pomfrey lo llamó tan pronto como lo vió.
-Señor Malfoy, que bueno que haya regresado.-empezó a decir la mujer con cierto optimismo.-Acabo de realizar unos hechizos de curación muy complicados en la señorita Granger. En algunos casos estos han servido en pacientes con obliviates mal hechos o con imperios mal realizados, pero el efecto secundario es que tardan mucho más en volver en sí. Usted sabe que la mente de una persona es muy delicada, y por ahora, no quiero forzar la mente de la señorita Granger con más hechizos.-concluyó.
Draco se sintió en medio de un abismo. No saber qué demonios iba a pasar, era una situación que lo llenaba de angustia. Miró a su lado, y notó que Potter continuaba al lado de Hermione, tal y como lo había prometido.
-Su memoria...-se apresuro a decir el azabache preocupado, mientras colocaba un brazo alrededor de su afligida novia pelirroja.-¿La perderá?
La mujer se acercó a él y le miró con comprensión.
-Eso no lo sabemos, señor Potter. En estos momentos, lo más importante es que ella despierte. Hay cientos de pociones que podría usar si ese es el caso y le puedo asegurar que son muy efectivas, pero lo crucial es que ella despierte, o no podré hacer nada. A partir de ahora, sólo nos queda esperar y ver si los hechizos son efectivos y provocan una reacción. De lo contrario, tendremos que llevarla a San Mungo mañana a primera hora... Nos espera una larga noche.-había dicho Pomfrey, pero Draco simplemente tomó la mano de Hermione y se quedó a su lado sin decir nada.
Efectivamente, sería una noche agobiante y de constante zozobra. Ni siquiera era medianoche, y los pensamientos obsesivos ya habían comenzado a atormentarlo. No podía conciliar el sueño, ni encontrar paz. La culpabilidad seguía carcomiéndolo.
Pero en medio de ese maldito desconcierto, aún yacía una luz de esperanza, el amor que sentía por ella era más grande, y sabía que lo que más importaba era que Hermione despertara. Si ella había perdido la memoria, en verdad no tenía relevancia, porque Draco se aseguraría de hacerla volver. Sólo quería que ella abriera sus ojos y que aquella infernal pesadilla terminara. Se sentía cansado, físicamente y emocionalmente, pero no se alejaría de ella.
Habían transcurrido algunas horas, y luego de que Pomfrey enviara a Theodore, a Luna y a Ginny Weasley de vuelta a sus salas comunes, notó que Potter se encontraba durmiendo metros más allá en un pequeño sofá . La mujer había permitido que sólo ellos dos se quedaran a hacerle compañía a Hermione.
Miró nuevamente a su novia, y se prometió a sí mismo que sería fuerte por ella. Ambos habían pasado por mucho, habiendo superado todos, absolutamente, todos esos obstáculos que el caprichoso destino había puesto en sus caminos, y aunque esta era la prueba más difícil de todas, sentía que no se daría por vencido.
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Todo era muy confuso, demasiado confuso.
Escuchaba cientos de voces a su alrededor que no reconocía, y que por más que intentara pensar en lo que había sucedido nada venía a su mente. La oscuridad parecía haberse hecho eterna, y aunque trataba de abrir los ojos, no podía. Era como si una fuerza invisible la mantuviera atrapada e inconsciente. Se sentía cansada, perdida y muy desorientada.
¿Qué demonios había sucedido?
No podía recordar nada.
Las horas continuaron pasando, y nuevamente, todo seguía oscuro.
Hermione.
Su nombre continuaba resonando en su cabeza por varias personas a quien no podía ver, pero que empezaban a hacérseles familiar. Había una voz en especial, una voz que se le hacía tan cercana y única de entre todas, una voz que no dejaba de repetir su nombre.
Hermione, Hermione, Hermione...
Esa voz tan perfecta y maravillosa que podía calmar cualquier dolor y pena en su alma, aquella voz que pertenecía a quien solía hacerla completamente feliz.
El nombre de Draco resonó en su mente, y se sintió aliviada de finalmente poder recordarlo. Poco a poco, todo se iba aclarando en aquella oscuridad. Esa era la voz de Draco, esta segura. Pero su voz sonaba diferente, sonaba rota y desesperada, suplicándole que volviera y que no lo dejará, que volviera con él. Hermione quería despertar y decirle que ella estaba aquí, que no se había ido, que no lo dejaría, pero era inútil.
Escuchar la voz angustiada de la persona que más amaba era un horrible tormento. Él estaba sufriendo, y ella no podía hacer nada para poder evitarlo. Llevaba escuchándolo por horas, hasta que luego sobrevino un silencio que pareció hacerse eterno. Ya no escuchaba su voz, ni la de él, ni la de nadie, y eso hizo que se llenara de desesperación.
¿Pero qué estaba sucediendo? ¿Qué había pasado?
Hermione intentó hacer un esfuerzo por recordar los últimos minutos antes de que todo se volviera oscuro, y nuevamente, se sentía atrapada en un laberinto del que no podía escapar.
Pero no se dejaría vencer tan fácilmente, Draco había luchado por hacerla volver y en cierta parte lo había logrado, pero ahora era el turno de ella, tenía que despertar. Tenía que recordar qué demonios había sucedido para verse en esta exasperante situación.
Luchó contra su propia memoria, no supo por cuantas horas, pero perdió la noción del tiempo, y hubo un momento en el que la oscuridad por la que se veía atrapada, empezó a cambiar. Poco a poco los recuerdos borrosos en su mente se fueron aclarando hasta que se volvieron completamente nítidos.
Draco y ella habían estado juntos antes de que el partido de quidditch empezara. Sí, ahora lo recordaba, recordaba que luego se habían separado porque ella tenía que ir a la biblioteca. La biblioteca estaba vacía y se sentía fría, sin ni una sola alma a excepción de ella y de madame Pince. Salió cuando terminó sus deberes, y fue cuando sintió que un escalofrió recorrió su cuerpo entero. Recordó que Astoria Greengrass la había golpeado haciéndola caer al piso, había alzado la mirada para encontrar el rostro de aquella demente, y luego Ron se había acercado a ella lanzándole un... Obliviate.
¡Obliviate!
Ron se había arrodillado frente a ella, y había sentido el preciso instante en que él intentaba tomarla entre sus brazos para desaparecerse con ella.
-¡No!¡Aléjate de mí!-gritó extendiendo sus brazos y abriendo los ojos casi de inmediato.
Su corazón latía desesperadamente, al mismo tiempo que su vista, un poco borrosa, se iba aclarando. ¿Dónde demonios estaba?
Eso no importaba, tenía que salir de ahí, tenía que buscar a Draco, tenía que...
-¡Todo esta bien!-exclamó aquella voz que reconoció de inmediato y que le hizo volver en sí.-Todo esta bien, preciosa. Yo estoy contigo... Estás a salvo, Hermione.
Ella dejó de moverse, y cuando alzó su rostro confundido encontró a Draco mirándola fijamente a los ojos.
-Pensé que jamás despertaría.-sentenció la castaña sintiendo que las lágrimas empezaban a caer por ambas mejillas.-Pensé que jamás te volvería a ver.
De inmediato abrazó a Draco, y se quedó aferrada a él por unos largos minutos, sintiéndose protegida, y viéndose embriagada por su calor y por todo aquello que había extrañado. Lo necesitaba tanto.
Aquellas horas habían sido las más espantosas de su vida y temía que esto sólo fuera un sueño. No quería perderlo.
-Perdóname por no estar contigo. Fui un completo idiota...-susurró Draco mientras la sujetaba entre sus brazos y no le importaba quedarse en aquella posición por horas. Con ella era completamente feliz, y una parte de él había vuelto a resurgir de aquel profundo infierno en el que había estado atrapado desde el día anterior.
-Esto no es tu culpa...-respondió Hermione separándose brevemente de él para ver fijamente a esos ojos grises, en los que siempre sentía ver el infinito y las estrellas.
Draco vio que las lágrimas seguían cayendo por las suaves mejillas de la castaña, y no tardó en secárselas.
-Es mi culpa, Hermione. Debí haber estado contigo... Debí haberte protegido.-repitió sin poder quitarle su mirada de encima. Seguía sin creer que ella en verdad estaba ahí.
Hermione inclinó una mano hacía la mejilla del rubio, y él cerró los ojos sintiéndose perdido en su maravilloso toque, transmitiéndole aquellas magnificas sensaciones que sólo ella podía ofrecerle.
-Esta bien. Nunca pensamos que eso sucedería.-le calmó con sus suaves palabras.-No vale la pena seguir hablando sobre lo que pasó... Lo importante es que estás aquí, yo estoy aquí, y estamos juntos, Draco.
-No vuelvas a dejarme...-le pidió sintiendo que se perdería en el hermoso rostro de la castaña.
No le importaba vivir en un mundo donde siempre sería juzgado. Tenía a Hermione, y ella siempre sería lo mejor que le había pasado en toda la vida.
-Nunca.-le prometió la castaña entrelazando su mano con la suya.-Nunca te dejaré, Draco.-sentenció esbozando una sonrisa que iluminó el rostro de su novio.
Nuevamente se miraron a los ojos, y Draco no pudo evitar acercar su rostro al de Hermione y verse embriagado por el néctar de sus perfectos labios. La atrajo más hacía él, con la esperanza de que ninguna distancia por más mínima que fuera, pudiera separarlos y se fundió en aquel beso que ambos tanto necesitaban.
Ella se lo había dicho, estaban juntos y a salvo. Nada más importaba.
Lo tenían todo, y Draco finalmente sentía que su corazón había vuelto a dónde siempre había pertenecido.
Con ella.
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Eso es todo, chicas! Espero que les haya gustado! Me encantaría saber que es lo que piensan ahora que Draco y Hermione finalmente están fuera de peligro. ¿Creen que Astoria vuelva a vengarse? ¿Ron cambiará de opinión? ¿Creen que Kingsley es un idiota? Porque yo sí jajaja.
Por cierto, quienes usan la página "Archive Of Our Own", más conocido como "Ao3". Me la recomiendan? Es buena? Ya empecé a subir esta historia ahí y veamos que tal me va jejeje.
Entre otras noticias, no puedo creer que la página de Potterfics vaya a cerrar para siempre :0 Sinceramente, tengo sentimientos encontrados. Ahí fue donde me inicié como escritora cuando apenas tenía 13 años jajaja, ahí publique mis primeros intentos de dramione. Recuerdo que escribí una historia de Draco y Hermione como vampiros por la moda de crepúsculo XD, pero la borré porque a mi parecer era malísima jajaja. Bueno si tienen tiempo, no duden en darse un salto a Potterfics, no tienen idea de las maravillosas joyas dramione que encontrarán ahí. Aprovechen en leer y rescatar algunos fics antes de que la página se elimine para siempre el 22 de marzo :(
"Cruel Amor" también la tenía publicada en Potterfics :( Espero que las chicas que me leían ahí, y los más de 230 usuarios que agregaron el fic a sus favoritos, me encuentren en fanfiction o en wattpad, para que logren continuar leyendo el resto de esta maravillosa historia.
Y con eso acabó el chisme jajaja. Una vez más, gracias por leer, hermosas. Cada favorito, cada comentario y seguido, tiene un lugar especial en mi corazón. Always.
Próximo capítulo: La graduación de Hogwarts! Fiesta jajaja.
Las quiere!
Rosalie :)
