Hola, chicas! ¿Cómo están? Pues, aquí les traigo un nuevo capítulo! Muchísimas gracias por sus comentarios, y por los mensajitos privados que me enviaron. No saben lo feliz que me hace saber que muchas de ustedes consideren esta historia como uno de sus dramiones favoritos. Sé que me tardé un poco en traerles la continuación, pero no saben lo agradecida que estoy de que aún sigan aquí. Espero que disfruten de la lectura, que por cierto pensaba escribir algo corto, y pues no puedo jajaja, cuando escribo no hay quien me pare y este acabó siendo un capítulo largo. Sin nada más que decir, empiecen a leer! Y de ser posible, pongan música de fondo jejeje. No olviden leer el mensajito que les he dejado al final!


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Capítulo 22: La última noche…

Hermione miró la hora en el pequeño reloj que llevaba en su muñeca y se dio cuenta que ya casi era momento de empezar el examen.

El famoso EXTASIS.

-Bien, ya pueden comenzar, alumnos.-les informó Slughorn mientras tomaba asiento y volteaba el enorme reloj de arena que había en su escritorio.

La castaña cogió su pluma y dirigió su mirada a la primera pregunta.

Parecía que no sería tan difícil como se lo había imaginado, o tal vez, era porque ella había llevado estudiando con meses de anticipación para lo que sería el examen más importante de Hogwarts.

Hermione le echó una mirada a Draco, quien estaba unos cuantos pupitres más adelante. Todos los alumnos habían sido sentados de acuerdo a sus casas, por lo que se encontraban separados. Él lucía tranquilo y a juzgar por su semblante, parecía que el examen tampoco le causaba problemas. Y aunque Draco creía que ella estaba exagerando un poco cuando le dijo que tenían que empezar a estudiar con cuatro meses antes, finalmente el rubio también se había sumado a esas largas noches de estudio sólo para estar a su lado.

Cuatro meses, pensó Hermione sintiendo que era increíble que en verdad el tiempo hubiera pasado tan rápido desde que habían ocurrido aquellos inesperados sucesos.

Luego de haber despertado de aquel Obliviate, había tenido que quedarse internada en la enfermería por casi una semana. Y aunque al principio no había podido recordar ciertos episodios de su vida, estos habían regresado a ella con el pasar de los días. El potente hechizo no había causado mayores estragos en su memoria, y por ello Madame Pomfrey le había dado de alta antes de lo esperado.

Draco había querido llegar hasta el final de los hechos, escribiendo cuantas cartas fueran necesarias al Ministerio, pero Hermione había insistido en que dejara todo así. No deseaba que este problema les persiguiera de por vida, ella simplemente quería tranquilidad en los últimos meses que les quedaban en Hogwarts, y Draco había terminado por aceptar. Entendía que él sólo quería protegerla, pero lo mejor era pasar la página y olvidarse de eso.

Luego de aquel horrible día, no había vuelto a ver a Ronald, ni a Astoria Greengrass. Ambos habían sido expulsados permanentemente de Hogwarts, tal y como Kingsley se lo había prometido. No sabían nada de aquella demente y esperaban jamás volver a oír de ella, pero cada vez que Hermione se cruzaba con su hermana Daphne en los pasillos, no podía evitar pensar en lo que la desquiciada azabache le había hecho.

De Ronald, y según lo que Harry le comentaba, sólo sabía que se encontraba viviendo en la madriguera. Su relación con todos los Weasley, incluidos George y la señora Weasley, se había vuelto sumamente distante por obvias razones. Pero con Ginny, parecía que la situación había mejorado en cierto grado, ya que ahora ella le dirigía la palabra y se saludaban cuando se veían en la sala común de gryffindor o en el gran comedor.

Además de eso, nada relevante había sucedido en los últimos cuatro meses, y Hermione agradecía de que hubiera sido así. Podía decirse que en ese corto tiempo había logrado encontrar estabilidad en todos los ámbitos de su vida. Lo más importante era que ya no tenía que ocultar su amor por Draco, y podía disfrutar plenamente de ello. Aquellas miradas que parecían juzgarla cada vez que la veían pasar, habían desaparecido con el tiempo, y poco a poco, sentía que volvía a ser la misma. Sin Draco, jamás habría podido lograrlo.

La relación de ambos había crecido y madurado mucho desde que había empezado. Los prejuicios habían quedado atrás hacía mucho tiempo. Ya no tenían miedo, y finalmente, estaban aquí, a pocos días de graduarse de Hogwarts y a punto de empezar una nueva etapa juntos.

A veces Hermione se preguntaba si esto en verdad estaba pasando. ¿En verdad, estaba cumpliendo cada uno de sus sueños junto a la persona que más amaba en su vida?

No sabía que había hecho para merecerlo, pero lo cierto era que nunca antes se había sentido tan feliz en toda su existencia y se sentía preparada para iniciar y tomar los nuevos retos que el destino les pondría en el camino.

Luego de eso, Hermione volvió su vista al pergamino y continuó desarrollando pregunta por pregunta mientras las arenas del reloj seguían cayendo.

-Alumnos, les quedan exactamente diez minutos para concluir con el examen.-les anunció el profesor Slughorn, quien había sido el encargado de supervisarlos durante las dos horas que duraban los EXTASIS.

Hermione había terminado hacía varios minutos atrás, y no tardó en entregarle su pergamino al profesor, quien le dirigió una sonrisa.

Cuando el examen acabó oficialmente, Draco y Theodore le dieron el encuentro en las afueras del salón.

-¡Al fin se terminó!-exclamó Theo un tanto entusiasmado, mientras se quitaba la corbata verde, y la lanzaba por los aires sintiendo que en verdad se estaba quitando un peso de encima.

Draco colocó un brazo alrededor de los hombros de Hermione y ella esbozó una sonrisa.

-¿No estuvo tan difícil, verdad?-le preguntó a su novia.

-No. Sinceramente, pensé que Mcgonagall nos lo pondría más complicado.-le contestó Hermione sin querer sonar petulante.

Theodore rodó los ojos y luego se rió.

-Mmmh. Hablen por ustedes dos.-se quejó él con cierta ironía.-No he podido dormir en semanas… Y ese examen fue un infierno, un maldito infierno. En verdad, me alegro que al fin se haya terminado.-concluyó satisfecho.

Draco y Hermione sonrieron en complicidad, al mismo tiempo que varios alumnos de séptimo empezaban a lanzar gritos de emoción y hechizos de cotillón explosivo, haciendo que varias luces de colores reventaran por los aires. Todos estaban felices de que los EXTASIS al fin hubieran acabado.

Harry y Neville no tardaron en acercarse, y Hermione abrazó al azabache mientras se felicitaban mutuamente. Lo habían logrado.

Draco le estiró una mano a Potter, que este aceptó de inmediato. Tal vez nunca serían confidentes, pero el rubio sabía que siempre vería a Harry cerca de ellos, y por el bien de Hermione, intentaría llevar una relación cordial con él.

Luego de ese breve encuentro, Hermione besó su mejilla y Draco simplemente rodó los ojos.

-Las cosas que hago por amor.-le dijo al mismo tiempo que la castaña reía. Y es que verla reír, no tenía precio. Adoraba hacerla feliz.

-No. Me equivoqué, esto aún no se ha terminado.-exclamó Theodore volviendo con ellos.- Aún falta la ceremonia de graduación.

-Y el baile.-agregó Hermione un tanto entusiasmada mientras tomaba la mano de su novio entre la suya.

-Esa es la mejor parte.-sentenció el castaño sonriendo.

Las tres se fueron en dirección al gran comedor, dónde Luna les esperaba, y continuaron bromeando por el resto del recorrido.

Sus días en Hogwarts se iban terminando y extrañarían esos pequeños, pero maravillosos momentos que les había servido para forjar aquella amistad durante su último año. En aquel castillo habían creado las memorias más increíbles de sus vidas y estaban listos para crear muchas más.


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La noche había caído, y el silencio reinaba en los pasillos del castillo, a excepción de la sala de menesteres.

Draco tomó su rostro entre sus manos y depositó un suave beso contra sus labios, un beso que terminó volviéndose más candente con el pasar de los segundos. Se aferraba a su maravilloso cuerpo y al mismo tiempo a la dulce boca de Hermione. Podía besarla por horas, y nunca se cansaría.

-Si continuas besándome...-le advirtió ella respirando violentamente contra sus labios.

-Entonces continuaré haciéndolo.-insistió él sin detenerse.

-Draco...-gimió Hermione en protesta, mientras el rubio deslizaba sus labios por su cuello y se deleitaba con el sabor de su piel.

La castaña se mordió levemente el labio inferior, sabiendo que si él continuaba haciendo eso no podrían parar hasta mucho después, y no es que ella quisiera que él se detuviera, de hecho quería eso y mucho más, pero tenía un pendiente que no podía dejar pasar por alto.

Hermione logró detenerlo antes de que fuera demasiado tarde y miró fijamente a esos ojos grises que tanto adoraba.

-No tienes ni idea de cuanto quisiera continuar con esto, pero le prometí a Neville que estaría a tiempo para la reunión de prefectos.-sentenció un tanto apenada.

Draco entreabrió los labios un tanto incrédulo, y la miró con sorpresa.

-Hermione, no puedes estar hablando en serio.-le dijo esperando que sólo se tratara de una broma.-Que Longbottom se las arregle solo.

Y dicho eso, volvió a aferrarse al provocativo cuerpo de su novia, colocando ambos brazos alrededor de su cintura.

-No lo entiendes...-empezó a decir ella entre besos y riendo.-Todos los prefectos de gryffindor tendremos una última reunión de despedida.

Draco prefirió no escucharla, estaba demasiado ocupado acariciándola e intentando hacerla cambiar de opinión.

-Pues, no te dejaré ir.-susurró contra sus labios e ignoró lo que le había dicho.

Hermione esbozó una sonrisa, sabía que sería difícil separarse de Draco, y luego miró nuevamente a sus ojos. En verdad, se sentía encandilada bajo los efectos de sus besos.

-Ven conmigo.-le pidió ella tomando su mano entre la suya.

El rubio se detuvo, y se quedó sin palabras por unos segundos.

-Debes estar bromeando.-le respondió echándose a reír.

-No, no estoy bromeando... No les importará.-le aseguró Hermione un tanto entusiasmada de que él formara parte de ello.

Draco acercó sus labios a los de su novia y plasmó un profundo beso hasta que sintió que les faltó la respiración. Ciertamente, nunca se cansaría de besarla y lo continuaría haciendo mientras pudiera.

-No me cansó de decirlo, pero eres perfecta.-le aseguró fijándose en el rubor de sus mejillas.

-¿Eso es un sí?-preguntó Hermione esperando a que él accediera.

Draco rió nuevamente, y ella también. Se sentían tan libres y felices de poder hacer lo que quisieran.

-Recibí una carta de mis padres.-le comentó Hermione estirando una mano para poder arreglar los mechones rubios que caían por la frente de su novio.-Ellos te envían sus saludos y desean verte pronto...

-Eso es muy amable de su parte.-respondió Draco con satisfacción.-Y ten por seguro que lo harán. Necesitan saber lo enamorado que estoy de su hija.-concluyó.

La castaña empezó a reír.

-Creo que ya lo saben.-comentó Hermione al mismo tiempo que miraba fijamente a sus ojos grises, y no podía evitar besarlo de aquella manera tan dulce y perfecta que Draco adoraba.

Se besaron por unos largos segundos, unos segundos que Hermione deseaba que fueran eternos. Adoraba la textura de sus labios y todo el calor que podía ofrecerle con un simple beso, podía sentir su pulso acelerado y los latidos de su corazón contra su mano. La sensación era maravillosa, y por un momento se sintió tentada de faltar a la reunión de prefectos.

Cuando finalmente se separaron, Draco le echó un vistazo y luego entrelazó una mano con la suya.

-Yo también recibí una carta de mis padres.-murmuró sin poder evitarlo.

Hermione se quedó en silencio por un breve segundo, sabía lo que eso significaba.

-¿Qué te dijeron?-preguntó con cierta curiosidad, aunque en cierta forma, ya se imaginaba lo que debían haberle dicho.

Draco se encogió de hombros.

-No lo sé.-confesó al mismo tiempo que sus ojos se posaban en el fuego de la chimenea.-Quemé la carta antes de que pudiera leer lo que había en ella.

La castaña le miró de reojo y presionó su mano contra la suya con más fuerza.

-Te entiendo.-musitó Hermione sin querer entrar en detalles, pero él continuó.

-Pero puedo adivinar lo que decía.-respondió un tanto pensativo.-Y créeme cuando te digo que seguiré quemando sus cartas, mientras las sigan enviando...-Draco hizo una pausa y luego dirigió su vista hacía ella.- Sabes que nada de lo que me digan, puede importarme.

La castaña colocó una mano en su hombro.

-Tienes razón, eso no tiene importancia.-contestó sabiendo que los padres de Draco no cambiarían de opinión respecto a las decisiones que su hijo había tomado.

Ambos guardaron silencio, y sólo se oía el crujir de las llamas en toda la sala de menesteres.

Hermione sabía que los Malfoy eran completamente opuestos a lo que sus padres lo eran. Sabía que Lucius y Narcissa jamás la aceptarían, y siempre intentarían hacer que Draco "recapacitara", pero ella no tenía miedo de perderlo, no tenía miedo en lo absoluto. Él se lo había dicho, nada de eso importaba, todo eso había quedado en el pasado, no había forma de que sus padres pudieran volver a dominarlo. No había nada que temer, porque Draco siempre la elegiría a ella.

A Hermione.

-Tengo planes...-susurró él de pronto. Su mirada se tornó seria y ni siquiera parecía dudar en lo que pensaba.

-Lo sé.-respondió ella sin prestarle mucha atención y aún pensando en lo anterior.

Pero Draco giró su rostro hacía su novia, y clavó su mirada en aquellos ojos avellana. Por unos segundos, recordó el principio de todo, aquella vez en que la había vuelto a ver en la clase de Slughorn. Aquella primera vez en que sus miradas se cruzaron y se vieron de una forma diferente. Todo cambió desde ese día, y nunca podría olvidarlo, nunca olvidaría la forma en que la castaña se había puesto nerviosa luego de que él insistiera en que ella quería cambiar de pareja.

"-Esto no lo acabaremos tan pronto como creí... -había murmurado Hermione con cierta decepción en aquella clase.

-¿Tan desesperada estás por cambiar de pareja?- le había preguntado Draco un tanto molesto por creer que ella no quería trabajar con él.

-¿Qué?-exclamó confundida, mientras él no podía dejar de verla.-Yo no dije eso."

Draco esbozó una sonrisa cuando aquellas memorias invadieron su mente. Recordaba todo, absolutamente todo, y sentía que aquel momento no había podido ser más perfecto. Desde aquel instante, supo que sería suya, costara lo que costara, Hermione sería suya y lo había conseguido.

-No, no sabes de estos planes, preciosa.-le aseguró Draco volviendo a la realidad y fijándose en lo feliz que ella sería cuando se lo revelara.-Estos planes son increíbles.

Hermione se quedó sin palabras por unos segundos. Sabía que por la forma en que él la miraba, se trataba de algo más que sólo una sorpresa. Era algo importante, de eso estaba segura.

-¿A qué te refieres?-preguntó ella completamente confundida.

Draco guardó silencio, lo que debía decirle era en efecto de suma importancia, pero dejaría lo mejor para el final, para la última noche de su estancia en Hogwarts.

-Te lo diré este fin de semana, después del baile de graduación.-sentenció acercando su rostro al suyo.

Hermione protestó de inmediato y se negó.

-Oh, vamos, Draco... No puedes dejarme así.-continuó diciéndole, incapaz de poder con la incertidumbre.

-¿Así como, Granger?-preguntó divertido.

-Sabes a lo que me refiero.-le dijo ella.

Draco esbozó una sonrisa divertido.

-Te prometo que estarás feliz de oírlo.-le dijo al mismo tiempo que su labios rozaban los de Hermione.

-No sé si podré esperar hasta el fin de semana.-murmuró ella entre besos y sintiendo que algo grande estaba por suceder.

-Valdrá cada minuto.-sentenció Draco.

Ella le miró en silencio por unos segundos, y finalmente aceptó.

-Bien, confío en ti...-le dijo sabiendo que no se arrepentiría y que aquella sorpresa sería maravillosa.-Siempre confiaré en ti, Draco.-agregó de pronto.

El rubio se detuvo unos segundos para observarla fijamente y ella sonrió de una manera que hizo que su corazón latiera más a prisa. En verdad, tenía todo con ella.

-Y yo en ti, Hermione.-respondió acortando la poca distancia que les separaba y perdiéndose por completo en el dulce sabor de sus labios.

Si supieras cuanto significas para mi, pensó Draco sin poder dejar de besarla. Definitivamente, le costaría dejarla ir esa noche.


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Hermione ingresó a los baños de prefectos para darse un último vistazo en los espejos. Aquel besuqueo con Draco había terminado por desarreglar su blusa, y quería verse presentable durante la reunión de despedida con sus demás compañeros. El rubio había insistido en dejarla en la misma sala común de gryffindor, pero Hermione no sentía que hubiera peligro alguno, todo eso había quedado atrás, además no tardaría en volver con él a la sala de menesteres en cuanto la reunión terminara.

Se miró por última vez en el espejo, se arregló el cabello, y cuando estaba a punto de irse, escuchó que unas extrañas voces provenían de detrás de los cubículos.

-¡Lo sé!-exclamó una chillona voz que Hermione reconoció al instante.-Sé que dormiste con él, Lavender. No intentes negarlo.

¿Pero qué demonios?, pensó la castaña al mismo tiempo que dos personas indeseables, salían de los cubículos del baño y se encontraban cara a cara frente a ella.

Sobrevino un silencio extraño, que Lavender Brown rompió de inmediato.

-¿¡Granger!?-exclamó soltando el cigarrillo que llevaba en las manos e intentaba apagarlo desesperadamente.

Hermione no tardó en reconocer lo que estúpidamente, Brown intentaba ocultar.

-No se supone que deberían estar aquí.-les dijo esperando que sólo se largaran y no causaran más problemas.

-¿Y qué vas a hacer?-le cuestionó Romilda Vane dando un paso adelante y fumando descaradamente frente a ella.-Vamos, sólo vete de aquí y hagamos como que no nos viste, prefecta Granger.-insistió con burla mientras reía al unísono con la rubia a su costado.

-Sí, eso haré, Vane. No sin antes de que vuelvan a sus malditas habitaciones. Están violando el toque de queda y haciendo uso de sustancias ilícitas. ¿En qué demonios estaban pensando?-continuó Hermione imaginando cómo habían logrado meter aquella sustancia en Hogwarts.

-¿En qué momento te volviste tan perra, Granger?-le insultó Brown perdiendo la paciencia y un poco alterada por los efectos de lo que estaba fumando.-En dos días nos iremos de aquí y a nadie le importará... Aunque intentes ser la perfecta prefecta, el modelo a seguir, y la protegida de Mcgonagall, todos saben que sólo eres una ramera. La ramera de Malfoy, tal y cómo lo dijo Astoria.-sentenció con malicia.

Hermione no supo si reír o lanzarle un maldito hechizo aturdidor a aquella imbécil, pero sabía que su mejor arma, siempre sería la indiferencia. Era lo que había llevado haciendo durante todo ese tiempo, y le había funcionado a la perfección. Nunca dejaría que aquellos estúpidos insultos le afectaran en lo más mínimo.

-Había olvidado lo patéticas que eran…-respondió Hermione sabiendo que esas dos arpías sólo eran un fracaso y hablar con ellas sólo sería una pérdida de tiempo.-¿Sólo saben hacer eso, verdad? Repetir lo mismo y más de lo mismo. Patéticas.

-¿Cómo demonios te atreves a llamarnos así, maldita?-exclamó Vane dispuesta a continuar con ello.

Pero antes de que alguna de las dos pudiera agregar algo más, una de las puertas de los cubículos se abrió violentamente y todas dirigieron su vista hacia aquello.

-¡Demonios, Brown y Vane, sólo lárguense de aquí, par de zorras!-exclamó Pansy Parkinson saliendo del baño con el rostro cubierto en lágrimas y dirigiéndole una mirada asesina a ambas chicas.- Llevo escuchándolas desde hace casi una hora. ¿Maldita sea, ya uno no puede pedir tranquilidad?

Hermione entreabrió los labios con sorpresa, pues nunca, ni en sus más remotos sueños, habría imaginado ver a Parkinson ahí y en esas condiciones.

-¿Cómo nos has llamado, asquerosa mortífaga?-inquirió Romilda con rabia.

-Sólo lárguense, idiotas.-les amenazó Pansy acercándose a ellas y alzando su varita.- No me interesa saber con quién mierda se han acostado, ni oler la mierda que llevan fumando desde hace horas. Sólo lárguense, estúpidas.

-¡¿Cómo demonios te atreves a escuchar nuestra conversación?!-exclamó Brown desesperada.

Pansy Parkinson rodó los ojos con ironía.

-¿Y cómo demonios te atreves a llamar ramera a Granger, cuando tú eres la grandísima ramera de Hogwarts, Brown? Vaya, al parecer te has follado a la mitad de la escuela, según lo que escuché.-se burló de ella, al mismo tiempo que la rubia enrojecía por la vergüenza.-Por un demonio, sólo váyanse de aquí o juró que publicaré una lista de sus malditos amantes.-les amenazó.

Hermione le echó una mirada, y luego se dirigió a Vane y Brown.

-Ya la oyeron.-les dijo la castaña sin querer llegar a mayores.-Vuelvan a sus habitaciones, o me veré en la obligación de avisarle a la directora.

Idiotas, hubiera querido agregar, pero Hermione decidió no agrandar el problema.

Romilda Vane estaba a punto de gritar algo más, pero Lavender Brown cogió su brazo y la detuvo. Su rostro estaba completamente enrojecido y ella lucía avergonzada.

-Sólo vámonos de este maldito lugar.-sentenció la rubia fastidiada y dándose media vuelta al mismo tiempo que Romilda la seguía.

Hermione se dio media vuelta, y lo primero que notó fue que Parkinson lucía fatal. Al parecer, su delineador negro se había corrido por el borde de sus ojos hasta llegar a sus mejillas por lo mucho que había estado llorando, y su cabello azabache que casi siempre lucía ordenado, estaba completamente alborotado y sin forma.

-¿Estás bien? ¿Necesitas ir a la enfermería?-le preguntó la castaña un tanto preocupada. Jamás habría imaginado encontrar a Parkinson así.

Pansy negó de inmediato, se secó las lágrimas inútilmente, y luego miró hacía otro lado.

-Mi vida es un completo desastre.-sentenció inesperadamente, mientras se apoyaba contra la pared y se cruzaba de brazos.-Odio mi vida.

Hermione no quería llegar tarde a la reunión de prefectos, pero lo cierto era que tampoco podía dejar a Parkinson en estas condiciones. Se preguntó qué demonios había pasado para que terminara así.

-No sé que puede haberte sucedido, pero sabes que siempre hay una solución para todo, Parkinson. Nada es imposible, aunque eso es lo que quieras creer en estos momentos.-intentó decirle la mientras se acercaba a ella. La situación era extraña, Hermione jamás había hablado con ella y no sabía cómo demonios aconsejarla, aunque intentaría hacerlo.

Parkinson siempre había sido una chica tan superficial y diferente de todas las personas con las que solía rodearse. Pero si de algo estaba segura, era que por primera vez en su vida, veía el lado humano de aquella slytherin. Hecha un completo desastre, y sin importarle que Hermione estuviera viéndola en su momento más vulnerable.

-No, no la hay para mí.-le respondió Pansy al mismo tiempo que más lágrimas caían por sus ojos verdes y miraba el vacío sintiendo que se moría en vida.- Es fácil decirlo, cuando ya lo tienes todo, Granger...

Hermione no supo cómo interpretar sus palabras, y de inmediato le entregó un poco de papel para que pudiera secar su rostro.

-No realmente, Parkinson.-le respondió la castaña, pero antes de que pudiera agregar algo más a sus palabras, Pansy la interrumpió.

-Por supuesto que sí, Granger.-sentenció ella echándole un vistazo.-El mundo mágico te adora, tienes la oportunidad de elegir qué hacer con tu vida, de estar con la persona que amas, y Draco te ama. Te ama de verdad.-le recalcó.

Hermione entendió por dónde iba la conversación, y se sentó a su lado, esperando poder darle su apoyo.

-Lo sé. Y me siento afortunada de tenerlo en mi vida.-contestó ella sin más.- Pero el camino para obtener todo lo que tengo, no fue exactamente fácil y creo que tú lo sabes.

Pansy se quedó en silencio por unos breves segundos.

-Sí...-aceptó ella, recordando los problemas que tanto Draco como Hermione habían tenido.-Supongo que ninguna vida es perfecta, pero al menos tienes lo quieres, y eso no tiene precio.-le insistió mientras tragaba espeso.-Mi madre quiere casarme con Blaise Zabinni. Es un maldito contrato matrimonial. Similar a lo que los Malfoy hicieron con Draco. Y sinceramente, no quiero hacerlo... Yo quiero hacer algo más con mi vida, algo más que simplemente ser la esposa de alguien con un apellido importante.

Hermione entendía su punto de vista, y por primera vez en su vida, sintió lástima por ella. No entendía por qué esas familias sangre pura, insistían tanto en prevalecer la sangre y condenar a sus hijos a matrimonios infelices, y a una vida desdichada.

-Se qué esto va a sonar estúpido, pero... ¿Por qué no lo hablas con tus padres?-le cuestionó Hermione mientras la miraba de reojo. Quería agotar todas las posibilidades, antes de decirle lo que en verdad pensaba.

-Mi madre jamás lo entendería, ni jamás lo aceptaría, sería el fin del mundo para ella... Y mi padre... Mi padre esta en Azkaban.-murmuró un tanto pensativa y lamentándose de su triste realidad.-Sé que él me apoyaría. Ha cambiado, ¿sabes?... Él siempre ha querido lo mejor para mí, pero mi madre es un jodido dolor de cabeza. Vive atrapada en el pasado y rodeada de todas esas apariencias. Obsesionada con que contraiga matrimonio con el mejor postor. Nunca he podido opinar o decir algo al respecto. Ella ya ha planeado toda mi vida por mí.-sentenció al mismo tiempo que sus ojos volvían a empañarse.

En ese momento, Hermione entendió que las realidades de Draco y ella no eran tan diferentes, y es que todo lo que Pansy acababa de decirle, se le hacía tan familiar.

-Lo sé. Tampoco ha sido fácil para Draco y para mí.-le confesó la castaña echando la cabeza hacía atrás y sintiendo que a veces nada ocurría por casualidad.-Sus padres jamás me aceptarán. Y pues, aquí estamos...-continuó diciendo mientras esperaba brindarle algo de esperanza a la chica, quien en verdad se veía deshecha.- Pero si jamás les dices lo que sientes, si jamás protestas y jamás haces algo al respecto, entonces tu vida será un infierno, Pansy. Ya no eres una niña, y aunque dependas de ellos por ahora, sé qué podrás salir adelante por ti misma. No pueden obligarte a casarte con Zabinni, las leyes han cambiado y esos contratos pronto quedarán anulados. Sé que podrás ser más que sólo la esposa de otro sangre limpia.-sentenció Hermione.

Parkinson se quedó en silencio por unos largos segundos. Nadie, absolutamente, nadie, ni siquiera su mejor amiga Daphne, le habían dicho cosas así. Todos sólo le decían que tenía que hacer lo que mejor le conviniera a su apellido por el bendito estatus social, y por primera vez, alguien le decía lo contrario. Alguien le decía que podía ser algo más en la vida, y que podía escapar de ese maldito círculo vicioso que sólo acabaría condenándola para siempre.

-Ya veo porque todos quieren ser tus amigos, Granger.-murmuró un tanto satisfecha y esbozando una pequeña sonrisa.

-¿Eso dicen?-preguntó Hermione con cierta ironía.

Pansy asintió en silencio y luego continuó.

-Gracias.-dijo finalmente, mientras se secaba las lágrimas y sentía que las palabras de Hermione le habían dado esperanza.- Sé que jamás hemos hablado, y nunca nos llevamos bien, pero creo que todos tenemos derecho a cambiar.-agregó agradecida.

La castaña la observó por unos momentos. Nunca lo habría esperado, pero se alegraba de poder ayudarla.

-En verdad, espero que tomes en cuenta mi consejo. Esta es tu vida y lo más importante es que seas feliz.-le aseguró esbozando una sonrisa amigable.-En unos cuantos días, nos iremos de aquí y esta etapa habrá terminado.

Pansy también esbozó una sonrisa, al mismo tiempo que sentía que en verdad podía cambiar el rumbo de su propia vida.

-¿Sabes algo?-le preguntó la azabache al mismo tiempo que sentía que podía confiar en ella.-Cuando salga de aquí, estudiaré leyes mágicas.

Hermione pareció sorprendida y le tomó unos segundos decir algo al respecto.

-¿En serio?-preguntó sin poder creer que ambas estudiarían lo mismo.

-Sí.-respondió entusiasmada. Hermione jamás había visto a Parkinson tan feliz.-Creo que es lo mío, y en verdad, me gustaría sacar a mi padre de Azkaban.-murmuró un tanto pensativa.-Si yo no lo hago, nadie lo hará.

-Entiendo. Las leyes mágicas en verdad son muy interesantes.-respondió la castaña mientras se imaginaba en las ironías de la vida.-Hay tanto que cambiar y modificar últimamente.

Parkinson pareció estar de acuerdo, y luego guardó silencio.

-Por cierto, lamento todo lo que sucedió con Greengrass y Weasley...-empezó a decir de manera inesperada.-Astoria es una jodida psicópata, ni siquiera su propia hermana la soporta. Siento pena por Daphne, y en verdad me alegra que haya sido expulsada de la escuela.

-Lo importante es que está lejos de aquí.-respondió Hermione sorprendida de que ambas estuvieran hablando sobre eso.

-Sí, tienes razón.-acordó Pansy mientras empezaba a reír.- Y sí que está lejos de aquí. Sus padres la han enviado a estudiar a una academia de magia en Rusia. Es la vergüenza de su familia, y creo que sólo buscan que desaparezca. Espero que jamás tengas que ver a esa loca otra vez.-le confesó volviendo a reír.

Hermione no pudo evitar reír también. Mientras más lejos estuviera Astoria Greengrass, todo estaría en calma.

-¿Vas a estar bien?-le preguntó la castaña mientras se ponía de pie, y le estiraba una mano.

Parkinson aceptó de inmediato, y en cierta forma, esa charla fue la manera en que ambas hicieron las paces. Luego de años en los que cada una había tenido una perspectiva incorrecta de la otra, finalmente podía decirse que llevarían una relación cordial y amable.

-Sí, no te preocupes por mí.-le dijo Pansy tan pronto como pudo.- Volveré a mi habitación y no causaré más problemas como las idiotas de Vane y Brown.

La castaña asintió.

-Bien, será mejor que me vaya o llegaré tarde a la reunión de prefectos. De hecho, ya estoy tarde.-murmuró Hermione mientras caminaba en dirección a la salida.

Estaba a punto de salir de los baños de prefectos, pero se detuvo cuando escuchó su nombre otra vez.

-¿Hermione?-le llamó Parkinson por última vez.

La castaña volteó de inmediato. Era raro que Parkinson la llamara por su nombre, pero este era el inicio de una amistad, y haría lo mismo con ella.

-¿Sí, Pansy?

-En verdad, gracias por lo de hoy.-le agradeció la slytherine sintiendo que se había sacado un peso de encima.

Hermione esbozó una sonrisa amable, y prometió guardar su secreto. Ambas chicas se despidieron, y luego la castaña se dirigió a la sala común de Gryffindor, donde el resto de prefectos le esperaban.

Definitivamente, sería una noche que no olvidaría.


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La graduación de Hogwarts se llevó a cabo el fin de semana, y como era de esperarse, Draco y Hermione se graduaron con honores junto a otros pocos alumnos que habían destacado por sus excelentes calificaciones durante todo el año escolar.

-Estamos completamente orgullosos de todos y cada uno de ustedes.-había dicho Mcgonagall dirigiéndose a cada alumno con admiración, y entregándoles sus respectivos diplomas.- Fue un largo camino para lograrlo, pero me alegra ver que finalmente lo hicieron. Saben que Hogwarts siempre será su hogar, y sé que están listos para afrontar los nuevos retos académicos que la vida les tiene preparado.

Draco cruzó miradas con Hermione, y no necesitaron decirse absolutamente nada. Lo habían logrado. Finalmente se habían graduado de la escuela Hogwarts. Y no sólo ellos, sino con sus amigos también.

Pansy Parkinson se acercó a ellos, y felicitó a ambos, especialmente a Hermione, a quien no dudó en darle un abrazo inesperado que sorprendió a Draco.

-¿Desde cuando tú y Pansy...?-preguntó el rubio completamente confundido.

Hermione esbozó una sonrisa, y es que él no podía verse más tierno.

-Es una larga historia.-le dijo ella sin entrar en detalles y riendo porque su novio no entendía absolutamente nada.-Pero te lo diré luego...-sentenció al mismo tiempo que Harry venía hacía ella con los brazos abiertos.

Era imposible describir el ambiente de jolgorio que reinaba en todo el castillo. Estaban a punto de dejar el colegio que había sido testigo de su crecimiento durante ocho años. Habían ingresado siendo niños y finalmente se graduaban siendo adultos. Habían sobrevivido una guerra y cientos de sucesos dramáticos que si Hermione los enumeraba, jamás terminaría. Lágrimas y risas de felicidad se escuchaban por todos lados, y es que nadie olvidaría a aquella generación. La generación de la guerra.

Theodore colocó su cámara en frente de ellos, y activó el temporizador antes de volver con sus amigos.

-¡Rápido, todos vean a la cámara y sonrían!-exclamó entusiasmado mientras se colocaba al lado de Draco y Hermione, e incluía a Potter en el retrato.

Pasaron unos segundos y escucharon el sonido del obturador al mismo tiempo que el flash iluminaba sus rostros. En ese momento, Hermione supo que esa fotografía quedaría grabada en su memoria por el resto de su vida.

Esbozó una gran sonrisa, mientras tomaba la mano de su novio entre la suya, y sentía que estaba completa.

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La noche cayó temprano, y con ello se llevó a cabo un pequeño baile de graduación, en donde acudieron todos los alumnos de séptimo año con sus respectivas parejas. Mcgongall había decidido que el baile se realizaría en el gran comedor, y había sido decorado para tal importante evento.

Una semana antes, Hermione y Luna, se habían escapado a Londres muggle durante un fin de semana, dónde habían comprado sus vestidos. Hermione había elegido un hermoso vestido color verde esmeralda para la ocasión que hacía juego con aquel zafiro que Draco le había regalado por navidad, y dejaría que su largo cabello castaño cayera en cascada por su espalda.

Cuando Draco la vio bajar de las escaleras, quedó simplemente deslumbrado. La había visto muchas veces, y siempre sentiría como si fuera aquella primera vez, cuando habían regresado a Hogwarts.

-Te ves hermosa.-le había susurrado en el oído.

-Y tu te ves increíble.-respondió ella, al mismo tiempo que ambos entrelazaban sus manos y se unían al resto de sus amigos.

Theodore y Luna les estaban esperando un par de metros más allá, y Hermione esbozó una enorme sonrisa cuando vio lo bien que a Luna le quedaba aquel vestido azul que le había ayudado a elegir para la ocasión.

-¡Bien, no sé ustedes, pero yo ya estoy listo para celebrar!-se apresuró a decirles Theo, mientras llevaba a su novia del brazo.

-¿Y quién no?-sentenció Draco haciendo lo mismo con Hermione, e ingresando al gran comedor.-Esta será una noche increíble.

-Sé que será inolvidable.-agregó la castaña al mismo tiempo que intercambiaba miradas con el rubio.

-Por supuesto que lo será. Estas conmigo. ¿Que más podría desear?-se preguntó Draco resistiéndose de no besarla en frente de todos.

Hermione sintió que sus mejillas se teñían de un suave rosado. En verdad tenía todo y más de lo que alguna vez podría haber deseado en su vida. Tenía a un maravilloso hombre al lado, y sentía que la vida no podía ser más perfecta en esos momentos. Ella también quería besarlo, y hacerse dueña de sus labios, pero dejarían lo mejor para el final.

Por el momento, intentarían divertirse en aquella fiesta al lado de las personas que más querían. Sus horas en Hogwarts estaban contadas, y Hermione tenía sentimientos encontrados, pues era en este castillo dónde todo había empezado. Desde el primer momento en que había comenzado a sentirse atraída a Draco hasta este mismísimo minuto en el que disfrutaban del gran baile de graduación.

Mañana a primera hora, tomarían el tren de regreso a casa, y Hogwarts quedaría en el pasado.

Hermione le echó un vistazo a Draco antes de que iniciara el primer baile de la noche, y se sintió inmensamente feliz. Si de algo estaba segura, era que jamás podría olvidar aquel último año. El cual había sido el más difícil y al mismo tiempo el más hermoso de su vida. Habían pasado por tanto en tan poco tiempo, desde iniciar una inesperada relación en secreto, lidiar con los fuertes sentimientos que empezaban a sentir el uno por el otro, luchar contra aquella atracción que se había convertido en amor, habían sido humillados en público por sus enemigos, sus nombres habían salido en todas las revistas y periódicos del mundo mágico, y como si eso no fuera poco, Hermione había sido atacada por Greengrass y Ronald, y aún así, habían superado todas y cada una de las pruebas que el destino les había puesto.

Nadie dijo que había sido fácil, pero aquí estaban. Juntos y listos para cerrar este ciclo, e iniciar uno nuevo.

Hermione sabía que se había equivocado en muchas cosas, no era perfecta, era humana y había cometido cientos de errores, pero jamás se arrepentiría de haber elegido a Draco. Aunque pasaran años y décadas, ella siempre elegiría a aquel muchacho de cabellos platinados y hermosos ojos grises en los que siempre creía ver las estrellas. Pues era él, quien había cambiado su mundo por completo, y le había enseñado lo que significaba el verdadero amor.

Lo amaba como nunca antes lo había hecho, y estaba lista para mucho más.

-Ven aquí, preciosa.-susurró Draco al mismo tiempo que colocaba una mano en su cintura y Hermione se dejaba guiar por el ritmo de la melodía.


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Hermione no sabía cuantas canciones habían bailado juntos, pero lo cierto era que cuando terminaron de bailar, decidieron darse un descanso, y la castaña se sentó por unos momentos en la mesa de Ginny y Harry, quienes la recibieron con la mejor predisposición. Como si nunca hubieran habido problemas entre ambas, Ginny empezó a bromear y quejarse por los dos pies izquierdos de su novio al momento de bailar, y Hermione no podía dejar de reír.

No sabía si era por los efectos del whisky de fuego que la pelirroja estaba tomando, pero Hermione se sentía un tanto feliz de volver a tenerla cerca.

-En verdad, Harry necesita tomar clases de baile.-le dijo al mismo tiempo que volvía a tomar otro sorbo de su trago.

Mientras ellas continuaba conversando y bromeando, Luna se acopló al grupo, y Draco aprovechó para ir en compañía de Theodore por unas bebidas.

Apreciaba a los amigos de su novia, pero necesitaba darse un respiro.

-Apliqué para la universidad mágica de Londres. Me darán los resultados en unos días.-se apresuró a decir Theo mientras tomaba una copa de champagne.

-Ya te habías demorado, amigo.-le dijo Draco al mismo tiempo que ambos brindaban por el logro del castaño.

-Lo sé.-respondió él riendo y probando su trago.-No es mi culpa no tener pase libre como ustedes.-le reprochó al mismo tiempo que ambos reían.-Me hace feliz saber que los seguiré viendo...-sentenció esbozando una sonrisa.

El rubio también lo hizo.

-Y a mi también, Theo.-agregó sintiendo una paz absoluta.-Estoy tan entusiasmado por empezar esta nueva etapa con Hermione, rodeado de la gente que más aprecio y lejos de toda esa basura sangre limpia... No puedes imaginar lo feliz que estoy.

Draco recordó que a principios de año ninguno de los dos había pensado que este momento en verdad les llegaría a ellos, dos ex mortífagos, con padres mortífagos en prisión y con la reputación arruinada, había sido difícil que alguien apostara algo por ellos, pero contra todo pronóstico y para sorpresa de muchos, lo habían hecho, se habían graduado de Hogwarts.

-Te dije que lo lograríamos. Sé que el inicio fue duro, pero al fin estamos aquí. Valió la pena, Draco.-sentenció el castaño completamente dichoso y como si hubiera adivinado sus pensamientos.

-Lo sé. En verdad, valió la pena, Theo.-repitió Draco satisfecho y agradecido de tener un buen amigo como él.-Sólo me falta algo por hacer.-agregó para curiosidad de Theodore.

El castaño alzó una ceja divertido y sonrió con complicidad.

-Creo que puedo adivinar de qué se trata.-dijo sabiendo que se refería a aquella sorpresa que Draco planeaba darle a Hermione más tarde.-Y salud por eso, querido amigo.

Ambos chocaron sus copas, y sintieron que esa noche no podía ser mejor.

-Eh, chicos.-les llamó una conocida voz a sus espaldas.

Ambos voltearon y se encontraron con Pansy Parkinson, quien lucía un vestido color plateado y un escote algo revelador. Su cabello iba igual de lacio y ordenado que siempre, pero se había colocado una pequeña tiara en la cabeza.

-Vaya, Pansy. Es tan extraño verte sin el idiota de Blaise detrás de ti.-murmuró Theo jocosamente al mismo tiempo que la azabache se cruzaba de brazos.

-Ni me menciones a ese imbécil. No estoy para bromas, Theodore.-le dijo ella rodando los ojos, y luego se dirigió a Draco.-Lamento no traer buenas noticias, pero tu madre te esta buscando, Draco.

Draco casi escupió el trago que tenía en sus manos, y sintió que estaba en medio de una jodida pesadilla.

-¿Qué?-inquirió el rubio sin poder creer que eso en verdad estaba pasando.-Dime que es una maldita broma, Pansy.

Ella negó con la cabeza, sintiéndose terriblemente mal por él.

-Créeme que eso es lo que más desearía.-murmuró la azabache solidarizándose con Draco.-Mejor ve con ella, y que no haga un escándalo. Ni tu ni Hermione merecen más de esa basura.-le aconsejó.

Draco no quería verla, se negaba a recibir a su madre en uno de los momentos más felices de su vida, pero las palabras de Pansy guardaban cierta verdad, y es que al mismo tiempo sabía que si no atendía a su madre y la encaraba de una vez por todas, entonces la mujer haría un alboroto y les arruinaría la fiesta. Y él jamás permitiría que la noche acabara en un maldito escándalo, haría todo lo posible porque aquella noche continuara igual de perfecta y maravillosa para Hermione. Lo hacía únicamente por su novia. Porque sólo ella le importaba.

Resignado, y sabiendo que eso era lo mejor que podía hacer, Draco tragó espeso, e hizo la copa a un lado, mientras caminaba en dirección a dónde Pansy le había indicado.

Esto tenía que tratarse de un maldito error, pero lamentablemente, no lo era. Y cuando menos lo imaginó, vió que una de sus tantas pesadillas, se había vuelto realidad.

De todas las personas en el mundo, Draco nunca imaginó encontrar a su madre esperando por él en las afueras del gran comedor. La música empezaba a hacerse lejana, y sabía que por más que intentara impedirlo, esta reunión se daría tarde o temprano. No importaba cuanto intentara retrasarlo, Narcissa siempre buscaría la manera de encontrarlo y enfrentarlo.

Enfundada en aquella ropa elegante que Draco la había visto usar toda su vida, la mujer miró a su hijo de pies a cabeza con desprecio y con esos aires de superioridad que tanto la caracterizaban.

Ella guardo silencio por unos segundos, como si no estuviera segura de lo que iba a decir, pero finalmente y sin más rodeos, fue directo al grano.

-Te has graduado de Hogwarts, pero... ¿A qué precio?-fue lo primero que salió de sus labios mientras daba un paso hacía adelante y le miraba con vergüenza.-Veo que sigues obstinado con esta locura. ¿Qué demonios crees que estás haciendo, Draco?-sentenció completamente iracunda.

El rubio no podía esperar menos de Narcissa. Había recibido miles de sus cartas, las cuales había quemado con gran satisfacción en la chimenea de la sala de menesteres, y nunca se había dado la molestia de leerlas ni de devolverle una respuesta.

-¿Qué haces aquí, madre?-exclamó él con cierto tono sarcástico.-Me sorprende verte aquí, y si eso es todo lo que tienes que decir, ya puedes irte.

-¡No seas insolente!-gritó la mujer, al mismo tiempo que intentaba guardar las apariencias y miraba a ambos lados asegurándose de que nadie más les estuviera oyendo.- ¿Cómo puedes hacernos esto, Draco? ¿Cómo puedes avergonzarme de esta manera? Todo ese maldito escándalo, ese vergonzoso lío con los pobretones Weasley y con Astoria Greengrass. Yo no te críe para que acabaras así. No sabes lo humillante que ha sido ver tu nombre en esas revistas, e inclusive en el Profeta... Tu nombre y el de esa impura.-sentenció consternada y conteniéndose de decir lo que en verdad pensaba sobre Hermione.

Draco ni siquiera pareció sorprendido. No quería empeorar las cosas, pero no quería escucharla ni un sólo minuto más, y si eso significaba ser descortés entonces lo haría.

-Si haz venido hasta aquí sólo para decirme más de lo mismo, pues lamento decepcionarte, pero no tengo tiempo para escuchar tus estúpidos argumentos.

-No te atrevas a faltarme el respeto, Draco.-le advirtió su madre acercándose a él.

-Si no te importa, madre, debo volver con mi novia.-respondió el rubio dándose media vuelta y sabiendo que eso irritaría a Narcissa mucho más. No estaba en sus planes hacerlo, pero sólo estaba siendo honesto. Hermione era su novia, y siempre se referiría a la castaña de esa manera.

-¿Cómo puedes llamarla tu novia? Es una sangre sucia.-sentenció su madre horrorizada y llevándose una mano a la boca.-El peor de mis miedos se hizo realidad. Acabarás convirtiéndote en un vulgar muggle.

Draco se detuvo a verla, y la miró con decepción. Sentía que ya había tenido suficiente, y no permitiría que le falten el respeto a su novia, sin importar que se tratara de su propia madre.

-No vuelvas a llamarla así, nunca vuelvas a hacerlo. No lo permitiré. Insúltame a mí, si eso te hace feliz, pero no vuelvas a mencionar a Hermione.-le advirtió Draco seriamente.- Y si de algo sirve, no te preocupes, madre, tus días de humillación habrán terminado, porque prometo que no volverás a saber de mí.

-Ella te ha hecho esto...-sentenció Narcissa incapaz de creer que su único hijo actuara de esa forma.-Te ha cambiado.

Draco miró a su madre y pareció estar de acuerdo con sus palabras.

-Sí, es verdad, he cambiado.-aceptó esbozando una sonrisa irónica.-Sé que esto es el fin de tu valiosa reputación. Tu importante estatus social se vendrá abajo en aquella estúpida burbuja social en la que vives, y sé que te dolerá escucharlo, pero Hermione me ha dado más felicidad de la que puedas imaginar. ¿Acaso no puedes entenderlo? ¿Acaso no puedes entender que finalmente soy feliz? ¿No puedes ser feliz por mí?-le cuestionó Draco mirándola a los ojos, hablándole con la verdad, y no viendo ni una pizca de empatía en ella.-No, por supuesto que nunca lo entenderías, ni lo aceptarías, porque eso iría en contra de tus principios. ¿No es así?-le cuestionó con impotencia y sintiendo que era inútil explicarle a su madre lo que él en verdad sentía, ella nunca cambiaría ni podría entender que Draco al fin era feliz.

Narcissa guardó silencio por unos largos segundos. Probablemente, pensando que él jamás sería capaz de decirle algo como eso.

-Draco... Ella no puede ofrecerte nada.-sentenció la mujer en un estúpido intento de hacerlo volver.- ¡Ella sólo sería tu ruina!

El rubio se pasó una mano por la cabeza, sintiendo que en cualquier momento perdería la paciencia. No podía seguir escuchando las tonterías de su madre.

-Todo eso se terminó.-le dijo Draco tan pronto como pudo.- Despierta y vuelve al mundo real. La sangre pura acabará extinguiéndose y mezclándose. Y por mucho que lo odies, esa es la verdad. Tu y Lucius sólo me hicieron vivir en un completo infierno. Preferiría morir, antes que volver a esa vida.-le confesó de la manera más cruda posible, y dejando a Narcissa completamente sorprendida.

-¡Siempre buscamos darte lo mejor, y seguimos haciéndolo! Sólo queremos salvar el apellido Malfoy.-le respondió sintiendo que si no actuaba rápido acabaría perdiendo a su hijo para siempre.- Tal vez la menor de las Greengrass fue un error, pero si tan sólo pones de tu parte podrías casarte con Daphne.

En ese momento, Draco supo que ya había oído suficiente.

-¡Haz enloquecido!-exclamó mirándola con incredulidad. Incapaz de creer que su madre aún continuara insistiendo con toda esa basura de los matrimonios por contrato.-Por un demonio, en verdad haz enloquecido.-sentenció sin poder encontrar un mejor calificativo que ese.-¿Acaso haz escuchado lo que dices?

-Draco, sólo intento salvarte.-le dijo Narcissa desesperada.

-¿Qué no me escuchaste? La única persona que hizo eso fue Hermione. Fue ella quien me salvó de la despreciable vida que tú y Lucius me dieron. Fue ella, y siempre será ella. Lamento arruinar tus patéticos planes, pero siempre elegiré a Hermione. No importa lo que me digas, nadie absolutamente nadie, me hará cambiar de parecer. Finalmente, estoy decidiendo por mí mismo, y por mi propia felicidad. Entiéndelo de una vez por todas.-le espetó.

-¿Entonces eliges a esa impura por sobre tu familia?-le preguntó Narcissa por última vez.

Draco sonrió de lado y miró fijamente a su madre.

-Ni siquiera tienes que preguntarlo. Ya sabes la respuesta. Sabes que siempre la elegiré, y la elegiría mil veces más de ser necesario. Ella es todo para mí, y ustedes no lo arruinarán. No lo arruinarán esta vez.-sentenció con una seguridad que Narcissa nunca antes había visto en Draco.

En ese momento, la mujer entendió que ya era demasiado tarde, había perdido a Draco para siempre.

-¡Entonces no eres mi hijo!-le gritó con impotencia y desesperación.

Draco sintió que sólo había una cosa más por decir.

-Olvidas que soy un adulto, y que puedo hacer perfectamente lo que me venga en gana. No dependo de ti, ni de nadie, ni mucho menos de Lucius. Y si ser feliz al lado de la chica que amo es motivo de que ya no me consideres tu hijo, entonces hazlo, porque te prometo que seguiré haciéndolo, y jamás volverás a verme. Jamás volveré a la mansión Malfoy, ni sabrás de mí. Por primera vez soy feliz en mi vida, y ni tu ni nadie, podrán detenerme.-sentenció dando la discusión por terminada.

La mujer no podía creer lo que acababa de escuchar, no podía creer que Draco, su propio hijo, les daba la espalda por la chica Granger. ¡Por una impura!

-Te arrepentirás...-le advirtió la mujer.

-Me arrepiento de no haberlo hecho antes.-exclamó Draco al mismo tiempo que volteaba para irse, y se encontraba con Hermione.

No había esperado encontrarla ahí, pero ciertamente no la expondría a los insultos de su madre. Tomó de su mano rápidamente y jaló de ella.

Hermione intentó detenerlo, pero poco pudo hacer ante el agarre de Draco. Lo único que la castaña alcanzó a ver, fue una mirada de desconcierto por parte de Narcissa Malfoy. Una mirada que no supo cómo interpretar.

-Draco, espera.-le pidió Hermione antes de que pudieran ingresar de vuelta a la fiesta.-¿Qué ha sucedido? Pansy dijo que tu madre había venido a buscarte. ¿Qué pasó?

-No tiene importancia.-respondió el rubio al mismo tiempo que miraba a su novia e intentaba olvidar aquel enfrentamiento con Narcissa.

Hermione sabía que Draco no quería hablar sobre ello, pero sentía que tenía que decir algo al respecto.

-Lo sé, pero es tu madre, Draco, y...

Él hizo un ademán para que guardara silencio.

-Sólo me dijo más de lo mismo. No necesito escucharla, ni repetir sus palabras.-le explicó esperando que ella pudiera comprender.

La castaña podía ver la frustración en su mirada, y evito hacer más preguntas que pudieran incomodarlo.

-Ven aquí.-dijo ella plasmando un suave beso en sus labios. Un beso dulce y cálido. Sentir su calor y las caricias de su novia, eran justo lo que el rubio necesitaba en esos momentos y eso era lo que ella le daría.-Estaremos bien.-le prometió Hermione.

Draco sonrió nuevamente, mientras se sentía perdido en su delicioso aroma.

-Sí, lo estaremos.-susurró contra sus labios y rodeando su cintura con ambos brazos.-Soy oficialmente libre, Hermione.

Ella se separó de él brevemente, y alzó su rostro hacía Draco.

-¿A qué te refieres?-le preguntó un tanto confundida.

Él sonrió de lado, y guardó silencio por unos segundos mientras la miraba con determinación.

-¿Recuerdas lo que quería decirte?-le dijo mientras notaba que una expresión de desconcierto se dibujaba en el hermoso y delicado rostro de Hermione.

Durante aquellos últimos días, habían sucedido tantas cosas que la castaña casi lo había olvidado.

-Sí, ya lo recuerdo.-respondió sonriendo y notando que los ojos de Draco brillaban.-¿Cuál es ese secreto? ¿Finalmente podrás decírmelo?-le preguntó riendo.

Draco también lo hizo, y es que cuando estaba con ella, todo lo demás pasaba a un segundo plano.

-No volveré a la mansión Malfoy nunca más...-sentenció tan pronto como pudo.

La castaña asintió en silencio, sabía que eso era de esperarse, pero no estaba preparada para escuchar lo que él estaba a punto de decir.

-Me mudaré a Londres muggle.-le confesó Draco como si se tratara de algo casual y sin tanta importancia.-De hecho, ya lo hice.

-Espera... ¿Qué?-exclamó la castaña de inmediato, ciertamente no había esperado que él dijera eso.

Draco se detuvo unos minutos para mirarla fijamente a los ojos. Ella lucía radiante aquella noche, de hecho, Hermione siempre lo hacía, y no pudo evitar sentirse tan feliz de que fuera suya, y solamente suya.

En verdad, era feliz, tal y como se lo había dicho a su madre.

-Lo que haz escuchado, preciosa.-le aseguró tomando su mano entre la suya y haciendo una pausa mientras se aseguraba de que Hermione estuviera mirándole.-Y tu vivirás conmigo.

En ese momento, el mundo dejó de girar, y la castaña no supo que decir, tenía muchas preguntas en su cabeza. Estaba feliz y sorprendida al mismo tiempo, entusiasmada y nerviosa. ¿Pero cómo demonios lo había hecho? ¿Cómo había logrado hacerlo sin que ella se enterase?

-¿Por qué no me dijiste nada?-le preguntó atónita y aún intentando procesar la maravillosa propuesta que su novio acababa de hacerle.

-¿Eso es un sí?-le dijo Draco esperando una respuesta.

Hermione sonrió y colocó ambos brazos alrededor de su cuello. En verdad, él no dejaba de sorprenderla.

-Sabes que sí.-sentenció perdida en su mirada y aceptando sin ni siquiera dudarlo. Sabía que sería un cambio importante en su vida, sería todo un reto para los dos, pero sentían que habían pasado por peores cosas, y la convivencia, aunque sonaba como un desafío, estaban seguros de que sería la mejor aventura de sus vidas.-¿Pero en qué momento hiciste todo esto?-le preguntó.

-Lo hice hace un par de semanas. Theo me ayudó.-empezó a decirle mientras ella parecía adivinarlo.-Sabes que no dependo de mis padres.-le explicó tocando el punto más importante de todos.-Creo que no te mencioné que el abuelo Abraxas me nombró su heredero antes de morir. Él me dejó toda su fortuna. Sólo estaba esperando terminar la escuela, y reclamar lo que por derecho es mío.

Hermione entendió cómo todo eso había llegado a ser posible. Sabía que Draco no era que fuera a quedar desamparado ahora que ya no dependía de sus padres, su novio era bastante perspicaz respecto a eso, pero nunca imaginó que su abuelo le había legado toda su fortuna a él, y no a Lucius Malfoy.

Aquel era un secreto que Draco no le había revelado hasta el día de hoy.

-¿Draco estás seguro de esto?-le preguntó ella aún sin poder aceptar que esto en verdad les estaba sucediendo.

-¿Que si estoy seguro?-dijo él riendo.-Estoy más que seguro, Hermione. Esto es lo que más quiero. Estar contigo, vivir contigo...-continuó diciendo mientras una interrogante invadía su mente.-¿Crees que tus padres estén de acuerdo?

Hasta ese momento, Draco no había pensado en lo que dirían los padres de Hermione, y es que para él la aprobación de ellos era importante.

-Sí... Digo, somos mayores de edad.-sentenció Hermione pensando en lo que ellos dirían. Por supuesto que no tenía miedo, y sabía que ellos no se negarían, siempre habían querido su felicidad y le habían enseñado a ser independiente desde muy pequeña.-Sé que estarán felices con la noticia.-murmuró muy cerca de sus labios para alivio del rubio.

Draco esbozó una sonrisa, y aunque pareciera que iba demasiado rápido, no estaba haciendo nada del otro mundo, sólo quería despertar al lado de su novia todos los días y empezar una vida juntos. Esas cosas no tenían precio.

-Sé que no lo esperabas, Hermione...

-No, sinceramente, fue toda una sorpresa.-le dijo ella sonriendo.-La mejor de todas las sorpresas que me haz dado.-agregó sabiendo que muy pronto sus labios se unirían a los suyos.

Draco se acercó a ella hasta que la distancia fue mínima, y se quedó viendo aquel maravilloso rostro mientras sentía que el tiempo se volvía eterno.

-Y yo creo que tú fuiste la mejor sorpresa que el destino me ha dado.-concluyó al mismo tiempo que la distancia desaparecía por completo, y sus labios se encontraban para darse un profundo beso, un beso tan único y tan perfecto, que sólo dejaba en claro el amor que ambos se profesaban. Cada segundo al lado del otro, era tan valioso que lamentaban no haberse dado cuenta de eso mucho antes.

Pero eso ya no importaba, estaban a punto de iniciar algo nuevo y maravilloso. Se asegurarían de que cada minuto continuara siendo mágico e increíble.

Nunca habrían imaginado que la última noche en Hogwarts se convertiría en la memoria más hermosa que habían creado hasta el momento. Y es que aquella última noche, había sido la mejor de todas.

Ellos lo sabían.

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Gracias por leer, chicas. Espero que el capítulo les haya gustado mucho, y espero no haber decepcionado a nadie.

Les comento que cuando empecé a escribir esta historia hace un par de años atrás, originalmente este iba a ser el capítulo final, y luego agregaría un epílogo adicional, no quería escribir más allá de 20 capítulos porque no sabía si el fic iba a ser bien recibido, pero con el pasar del tiempo me di cuenta que muchas de ustedes le agarraron cariño, y por supuesto, yo también lo hice jejeje, por lo que decidí alargar la historia un poco más, y a partir del siguiente capítulo abordaré un poco de la vida de Draco y Hermione como jóvenes adultos, la universidad, la convivencia, los primeros trabajos, y por supuesto, no olvidemos que aún hay cierta loca suelta que quiere su venganza jajaja :)

Ahora, les hago unas preguntitas, ¿Qué creen que Draco debería estudiar en la universidad mágica de Londres? Por lo pronto, les di una pista en unos capítulos más atrás, pero aún no estoy 100% segura de que estudie eso.

¿Qué debería estudiar Theodore? xD

¿Les gustó la aparición de Pansy y su interacción con Hermione? :)

Sé que muchas de ustedes estaban esperando la propuesta de matrimonio, pero recordemos que Draco acaba de salir de un contrato matrimonial espantoso, y las costumbres de las familias sangre puras de comprometerse siendo tan jóvenes, comienza a ser una tradición obsoleta en la sociedad mágica.

En lo personal, me gusta la idea de que vayan lento, construyendo una vida juntos, paso a paso, como una pareja moderna y dándose el tiempo necesario antes de que den el paso más importante de todos. Recordemos que estos tortolos, no tienen ni un año de relación, jejeje.

Nos vemos pronto, y prometo no demorar mil años con la próxima actualización. Palabra de ficker!

Próximo capítulo:

Capítulo 23: "La Vida Que Elegimos".