Hola, chicas y chicos! Bienvenidos una vez más a un nuevo capítulo de Cruel Amor. Muchas gracias por los lindos comentarios y votos hacía mi historia. Eso me hace super feliz.

Primero que nada quiero dedicarle este capítulo a Noemia. Gracias por leerlo antes que nadie, y darme tu opinión sincera, en serio, te lo agradezco!

Antes de empezar a leer este capítulo, debo advertirles que habrá situaciones violentas y algo incómodas de leer para algunos.

Dicho esto, espero que les guste de igual manera :)

A leer!


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Capitulo 26: Vendetta (Parte 1)...

Revolvió el té suavemente con una pequeña cuchara mientras le agregaba un poco de azúcar y se fijaba en el cuaderno que tenía a su lado. Su horario de la próxima semana estaría bastante recargado, pero notó que además de eso, tendría que asistir al ministerio de magia el próximo jueves.

Perfecto, pensó irónicamente al saber que se venía una semana llena de deberes y exámenes, pero eso no pareció desanimarla. Hacía falta más que eso, para quitarle la emoción que sentía en aquellos momentos.

Draco no tardó en llegar hacía ella con un café entre sus manos, y se sentó a su lado.

Aquel sábado había transcurrido bastante tranquilo, y ahora ambos se encontraban en el restaurante de Las Tres Escobas en Hogsmeade, esperando a que Luna y Theo se les unieran como ya era de costumbre.

Con el pasar de los minutos, el lugar empezaba a llenarse rápidamente con varios alumnos de Hogwarts y algunos profesores. En ese momento, Draco comenzó a bajar la manga izquierda de su camisa, específicamente la del brazo en donde llevaba el tatuaje de la marca tenebrosa.

De pronto, la mano de Hermione lo detuvo.

-No es necesario que hagas eso, dragón.-le dijo esbozando una cálida sonrisa.-No tienes que ocultarlo.

Draco se quedó sin expresión alguna durante varios segundos, pensativo.

Habían hablado cientos de veces sobre el tema de aquel tatuaje, y Hermione siempre le había dicho que no tenía por qué avergonzarse de llevar la marca tenebrosa consigo. Eso había quedado en el pasado, e inclusive le había dejado en claro que ella estaría feliz de ver esa marca en su antebrazo todos los días de su vida, al despertar por la mañana y en cuando se fueran a dormir. Después, de todo, ella también llevaba una marca en su antebrazo y no era precisamente, un tatuaje.

El rubio esbozó una sonrisa. Sólo Hermione podía hacerle sentir mucho mejor frente a un tema que para muchos era despreciable.

-La próxima semana tendré que ir al ministerio el día jueves. Llegaré algo tarde a la universidad.-le comentó la chica alzando su rostro hacía él y cambiando de tema.-Es una semana bastante tediosa.-se quejó, pero decidió no darle demasiada importancia al asunto. Al fin y al cabo, se sentía bastante agradecida con la oportunidad que Kingsley le había otorgado.

Draco le echó una mirada volviendo a la realidad.

-Pensé que en periodo de exámenes no estabas obligada a ir.-remarcó un tanto curioso.

Hermione le dio un breve sorbo a la taza que contenía su té de canela.

-Lo sé, pero iré con Pansy. Además, sólo será por la mañana y luego me reuniré contigo para la cena.-respondió un tanto satisfecha.

El rubio se quedó en silencio por unos breves segundos, como si estuviera examinando cada detalle de su hermoso rostro.

-¿En serio, tienes que ir?-le preguntó Draco sin darle más vueltas al asunto, mientras la observaba de una forma bastante peculiar, y que ella conocía bastante bien.- Preferiría que nos quedáramos en casa todo el día.-insinuó esbozando una sonrisa un tanto sugestiva y haciendo que Hermione rodara los ojos.

-¿Y qué es lo que haríamos exactamente?-fingió ella alzando una ceja con diversión y sabiendo muy bien a lo que él se refería.

El rubio se pasó una mano por sus cabellos platinados y fijó sus ojos grises en su novia.

-No podrías imaginarte todo lo que podría hacerte ese día, preciosa.-sentenció bebiendo un poco de su café y sonriendo con cierta provocación.

-Creo que puedo imaginarlo.-le respondió Hermione con complicidad.-Tu oferta, en verdad suena tentadora.-sentenció sabiendo que aunque le gustaba hacer prácticas en el ministerio y fuera bastante responsable con sus deberes, definitivamente, pasar tiempo con Draco no tenía precio ni comparación alguna, y siempre lo elegiría a él por sobretodo.

-¿Eso quiere decir que aceptas?-le preguntó su novio un tanto entusiasmado, observándola de esa forma que ella tanto adoraba.

Pero antes de que Hermione pudiera darle una respuesta, ambos notaron que Theodore y Luna se asomaban por la entrada de Las Tres Escobas, y la castaña no tardó en alzar una mano hacía ellos.

-¿Por qué mejor no continuamos con esta conversación cuando lleguemos a casa?-le sugirió sonriendo y guiñándole un ojo a su prometido.

Draco movió la cabeza a ambos lados, y también sonrió. Definitivamente, Hermione no era nada inocente, y él adoraba eso, adoraba aquella complicidad que sólo existía entre ambos.

Un vínculo inquebrantable.

-¡Hermione!-exclamó Luna caminando hacía ella junto a su novio.

"Las Tres Escobas", se había vuelto un punto de encuentro para las dos parejas, y era en donde se reunían casi todos los fines de semana.

De inmediato, tanto Draco como la castaña los saludaron, y es que aquella pequeña reunión entre amigos, no era una cualquiera. Apenas había pasado una semana desde que Draco y Hermione se habían comprometido, y ambos estaban muy entusiasmados por contarles la gran noticia.

Casi nadie lo sabía, a excepción de Harry, quien había sido el primero al que Hermione había decidido darle las buenas nuevas. Potter no había dudado en visitarlos brevemente el día anterior en su apartamento, para felicitarlos personalmente y decirles lo feliz que él y Ginny se encontraban por su futuro enlace.

Y además de Harry, el anillo de Hermione tampoco había pasado desapercibido para Pansy, con quien compartía clases casi todos los días. La azabache había dado un grito de emoción al enterarse de que se casarían.

Ni siquiera se lo habían anunciado a sus padres aún, pero sabían que la próxima semana le darían una visita a Narcissa en Wiltshire, y luego visitarían a los padres de Hermione en Hampstead.

-Es increíble lo rápido que pasa el tiempo. En sólo tres meses, Luna se graduará de Hogwarts.-decía Theodore mirando a su novia.-Y luego, estaremos juntos.-agregó haciendo que ella se sonrojara brevemente.

Luna sonrió intentando restarle importancia al asunto.

-¿Qué tal van sus clases en la universidad?-les preguntó la rubia con ese tono de voz tan suave que la caracterizaba.

-Algo agotadoras.-comentó Hermione con cierta pesadez, mientras volvía a darle un sorbo a su té de canela.

Luna rodó los ojos.

-Te entiendo.-acordó haciendo una pausa.- El año está a punto de concluir, y aún no termino el proyecto que Slughorn nos ha dejado en Pociones.-sentenció un tanto cansada.

De inmediato, tanto Hermione como Draco se miraron el uno al otro, un tanto sorprendidos.

-¿Otra vez ha vuelto a dejarles esa tediosa tarea de más de cuatrocientas páginas?-le preguntó él con curiosidad.

Luna asintió tan pronto como pudo.

-Sí, y nuevamente es en parejas conformadas por estudiantes de distintas casas.-le respondió echándole una mirada a Theo.

El castaño colocó un brazo alrededor de los hombros de su novia y sonrió satisfecho.

-Me siento mucho más tranquilo de saber que Mcgonagall te colocó con Ginny Weasley. Habría sido un jodido dolor de cabeza si te colocaba con algún slytherine.-agregó el castaño mientras reía y le echaba una mirada a Draco.

-Puedo adivinar en lo que estas pensando, Theo.-le advirtió el rubio rodando los ojos y luego rió.

-Oh, vamos, ustedes en verdad deben estar muy agradecidos con Mcgonagall y Slughorn por ese proyecto tan especial que realizaron el año pasado.-bromeó el castaño haciendo énfasis en sus palabras.-Bastante especial y nada tedioso, por cierto.-añadió con ironía.

Hermione empezó a reír.

-No tienes ni idea de lo agradecida que estoy con ellos, Theo.-admitió ella con sinceridad.

-Sí. En verdad, lo estamos.-contestó Draco lanzándole una mirada de complicidad a su novia.

Los cuatro continuaron bromeando y recordando viejas anécdotas de su tiempo en Hogwarts durante varios minutos, hasta que cambiaron de tema.

-¿Y bien?-sentenció Theodore alzando una ceja un tanto divertido.-¿Qué era eso tan importante que querían decirnos? ¿A qué se debe todo este misterio?

Draco le echó una breve mirada a Hermione, y ella tomó un poco de aire antes de continuar.

Dejaría que ella diera la noticia, al fin y al cabo, sólo quería hacerla feliz hasta en el más mínimo de los detalles. De sólo saber que una chica tan perfecta como ella, en verdad estuviera extremadamente feliz de convertirse en su esposa, no tenía precio, y eso era más de lo que Draco hubiera podido desear. Sabía que, aunque pasaran los años, él siempre sería considerado un mortífago por toda esa sociedad mágica, y sin embargo, ahí estaba Hermione, la mujer más hermosa que había visto, y quien lo aceptaba con todos y cada uno de sus errores.

Draco tomó la mano de su novia entre la suya, y tan pronto como lo hizo, Theo pareció adivinarlo, porque entreabrió los labios con sorpresa y una enorme sonrisa se dibujó en su rostro.

-Draco y yo nos vamos a casar.-sentenció Hermione sin poder ocultar la emoción que sentía en esos momentos.

Luna se llevó una mano a la boca entusiasmada, y tan pronto como pudo, se puso de pie para abrazar a ambos.

-¡Felicidades, chicos! ¡Eso es increíble!-exclamó completamente feliz por sus amigos.

-¡Lo sabía!-empezó a decir Theo esbozando una sonrisa y felicitándolos por aquel gran paso que darían.-Debí adivinarlo. Eso es maravilloso. La mejor noticia que he escuchado en meses.-admitió sintiéndose verdaderamente dichoso por ellos.

Draco y Hermione se sonrieron mutuamente, y continuaron festejando el anuncio de su compromiso con sus mejores amigos.

-Necesitamos hacer un brindis por esto.-sugirió Theodore, quien tan pronto como pudo, se puso de pie y ordenó cuatro vasos con whisky de fuego para su mesa.

La tarde continuaría igual de divertida, entre bromas y celebraciones. Aquella reunión se volvería tan especial y una de las que Hermione más recordaría. Definitivamente, amaba la vida que estaba creando junto a Draco.


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El ministerio de magia era un establecimiento que casi nunca dejaba de funcionar y estaba dividido en varios sectores. En las primeras plantas se encontraban la mayoría de trabajadores, y el despacho de Kingsley se ubicaba exactamente en el último piso del edificio. Aquel nivel casi siempre estaba vacío para que el ministro tuviera más privacidad mientras trabajaba y recibía visitas importantes.

Aquel día en particular había empezado bastante tranquilo, algo monótono, y sin ningún inconveniente a la vista. Era de esperarse que el despacho estuviera en completo silencio, a excepción de las dos chicas que se encontraban ahí.

-¿Crees que Kingsley regrese pronto?-le preguntó Pansy despreocupada, mientras se dejaba caer sobre uno de los sillones aterciopelados que habían en la oficina y empezaba a ojear unos papeles que parecían haber captado su atención desde hacía un rato.

Ambas llevaban casi toda la mañana ahí, y el tiempo parecía haberse hecho extremadamente lento. Como si las agujas del reloj continuaran apuntando la misma hora durante gran parte del día.

-No lo sé. Se fue a una reunión de emergencia en Hogwarts y no creo que regrese pronto.-le respondió Hermione sin mucha importancia.

Había días en los que Kingsley, además de tener a Hermione, le daba la oportunidad a otros alumnos de su mismo curso para que asistieran a hacer prácticas al ministerio. Y en aquella ocasión, Pansy había sido una de las afortunadas.

-Necesito preguntarle algo sobre este expediente.-empezó a decir la azabache sin quitar su vista del manuscrito.

-Iré a dejar estos documentos, y luego te ayudaré echándole un vistazo a esos papeles.-le anunció Hermione mientras se separaba de ella y comenzaba a caminar hacia la oficina de al lado, un despacho que servía como almacenamiento de los documentos más relevantes para el ministerio.

Hermione buscó el casillero correspondiente, y cuando lo abrió, aparecieron cientos de expedientes divididos por orden alfabético frente a sus ojos.

Era bien sabido que el ministerio de magia recopilaba minuciosamente la información de cada mago y bruja de Inglaterra. Información, que luego era almacenada en archivos y documentos a los que únicamente Kingsley tenía acceso.

La castaña no tardó en localizar la letra que buscaba, y sin perder ni un minuto más, se apresuró en colocar los papeles, cuidadosamente, dentro de la taquilla.

Ella no tenía intenciones de fisgonear ninguno de esos expedientes, Hermione era bastante profesional en lo que hacía y solamente tomaba aquellos papeles que Kingsley le autorizaba. Pero por azares del destino o casualidades, su mirada no pudo evitar enfocarse en un nombre que se le hizo bastante familiar.

Archivo N° 1389 - Draco Lucius Malfoy

Era curioso, que de todos los archivos que habían en aquel casillero, precisamente apareciera el de su novio frente a ella. En ese momento, no pudo evitar sentir cierta curiosidad por saber lo que el ministerio de magia pensaba sobre Draco. Aunque podía imaginárselo.

Su mano se dirigió por inercia hacia el documento, pero antes de que pudiera tomarlo, se detuvo. Dejó salir un largo suspiro de sus labios, y se quedó mirándolo durante varios segundos. Por muy duro que fuera, sabía que la Orden aún seguía considerando a Draco como una potencial amenaza por su pasado como mortífago, y probablemente, no encontraría cosas positivas en esos papeles.

En ese momento, Hermione sintió la necesidad de tomar ese expediente entre sus manos y hacerlo pedazos. Odiaba que la gente lo juzgara y que continuaran pensando que él jamás sería un buen elemento para la sociedad. Lo cierto era que ellos jamás llegarían a conocer al verdadero Draco, y a quien sólo ella conocía.

Se sintió frustrada e impotente de no poder hacer nada al respecto, y para evitarse sinsabores, dejó el documento dentro de la casilla, incapaz de leerlo.

Mientras lo hacía, se quedó un tanto pensativa. Había demasiadas cosas en su cabeza en esos momentos, y no dejaría que aquello arruinara su día.

Miró fijamente el bello anillo de compromiso que Draco le había entregado la otra noche, y una gran sonrisa se dibujó en sus labios.

Se iban a casar, y nunca antes se había sentido tan emocionada en toda su vida. Ningún momento podía compararse a esa noche tan especial en que se habían comprometido. Ni siquiera, cuando ambos decidieron mostrarse al mundo mágico como novios por primera vez luego del escándalo en Hogwarts. Definitivamente la idea de casarse con el hombre de su vida, le resultaba fascinante y era una felicidad que nunca antes había experimentado.

Sabía que esto sucedería en algún momento, pero nunca imaginó que sería tan pronto. Nadie estaba preparado para ello, pero se encargaría de que todo fuera perfecto. La idea de iniciar una vida como esposos le resultaba verdaderamente atractiva, y no podía esperar a que así fuera.

Estaba tan perdida en sus pensamientos, que tardó en notar que había una pequeña carta que una lechuza le había dejado temprano por la mañana sobre su escritorio. Podía adivinar de quien se trataba, y cuando estuvo a punto de tomarla, sintió que un escalofrió recorrió su cuerpo.

-Hola, bonita.-murmuró una espeluznante voz detrás de ella.

De inmediato, Hermione volteó asustada y se encontró con un hombre de aspecto desaliñado. El individuo llevaba puesta una gabardina gris desgarrada, su cabello era completamente azabache, y su rostro estaba tatuado y lleno de cicatrices.

Por inercia, la castaña se llevó la mano a uno de sus bolsillos, pero antes de si quiera poder tocar su varita o hacer algún movimiento arriesgado con el objeto, el hombre ya le estaba apuntando directamente con una varita de color plateada.

-Si yo fuera tú, no haría eso.-le advirtió sonriendo mientras daba dos pasos hacia adelante y pasaba su varita peligrosamente sobre el pecho de la castaña.

Hermione intentó mantener la calma, sabía que en cualquier momento llegaría uno de los vigilantes que custodiaban el ministerio y encenderían la alarma. Pero sus pensamientos se nublaron por completo, tan pronto como vio que Astoria Greengrass ingresaba por la puerta de la oficina arrastrando a Pansy con ella.

La desquiciada mujer había tomado a la chica por el cuello y le apuntaba de lleno con una filuda daga de plata.

-¡No toques tu varita, sangre sucia, o juro que mato a esta maldita traidora en este mismo instante!-le ordenó esbozando una sonrisa maquiavélica, y luego se dirigió a Pansy con desprecio.-Porque eso es lo que en verdad eres, Parkinson...-empezó a decir fuera de sí, mientras continuaba presionando el cuchillo contra su piel.-Una perra traidora.

-¡Suéltame, maldita loca!-escupió Pansy asustada.

Rápidamente, Hermione soltó su varita para evitar que Astoria cometiera una locura, y el hombre de aspecto aterrador la tomó entre sus manos.

-Sabia decisión, bonita.-le dijo al mismo tiempo que empezaba a atar sus manos con un breve hechizo.

-¿Maldita loca?-inquirió Astoria disgustada, mirando a Hermione y luego a Pansy.-Agradécele a tu nueva amiga. Es por ella que estoy aquí, querida Pans.

Sin perder un solo segundo más, la enloquecida mujer empujó a Pansy violentamente contra el piso, y no contenta con ello, se acercó a la azabache y le lanzó una patada en el abdomen, que dejó a la chica sin voz.

-¡Basta! ¡Déjala en paz! ¡Ella no tiene nada que ver en esto!-se apresuró a decir Hermione desesperada porque Astoria continuara lastimándola.

En ese momento, las alarmas dentro del ministerio empezaron a sonar estrepitosamente haciendo eco en todo el lugar. El ensordecedor sonido comenzó a incrementarse y a agudizarse cada vez más, siendo completamente insoportable quedarse un minuto más ahí.

-¡No te preocupes, sangre sucia! ¡Todos pagarán tarde o temprano!-le respondió Astoria sonriendo de la forma más trastornada que Hermione hubiera visto en toda su vida.-Marcus, lanza los polvos de oscuridad instantánea, quiero volver a casa. ¡Hazlo ya, maldita sea!

-¡Suéltame, ahora, Greengrass! ¡Haz llegado demasiado lejos!-le advirtió Hermione exasperada y asustada, pero tan pronto como lo hizo, escuchó que el hombre le susurró un "desmaius" en su oído, e incapaz de poder continuar despierta, cayó inconsciente en sus brazos.

-¡Larguémonos de aquí antes de que mate a esa perra!-le indicó Astoria, al mismo tiempo que desaparecían con Hermione en medio de aquella oscuridad y caos que acababan de desatar.


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La fuerte tensión podía sentirse en el aire. Aquel lugar estaba infectado con odio puro.

El rencor, acompañado de la venganza y de todas las emociones negativas que podían existir, se percibían a leguas.

Todo había sucedido increíblemente rápido. En menos de cinco minutos, Greengrass la había secuestrado a plena luz del día en el ministerio. No entendía que hechizo o magia oscura habían usado para burlar la seguridad del edificio, pero lo cierto era que la maldita demente lo había logrado.

Hermione no sabía en dónde demonios estaba, se sentía agotada y como si aquel encantamiento aturdidor hubiera dejado un fuerte estrago en ella, pero a juzgar por el ambiente tétrico y por como lucía el lugar, podía adivinar que era la mansión de los padres de Greengrass.

Intentó mover sus manos, pero le fue imposible. La cuerda que tenía atada a sus muñecas, había sido ajustada con tanta fuerza que la fibra empezaba a marcarse sobre su piel y sentía una sensación de dolor a su alrededor.

-Siempre pensé que sería más difícil ingresar al ministerio.-empezó a decir Astoria desde cierta distancia, mientras jugaba con la misma daga que había utilizado para reducir a Pansy. La movía de un lado a otro, como si no fuera consciente del peligro de aquel objeto.-Pero parece que esos guardias imbéciles, no fueron entrenados lo suficiente. ¿Y el mundo mágico cree que con la muerte de Voldemort, ya no hay peligro alguno? Grave error.-hizo una pausa al mismo tiempo que se ponía de pie y se acercaba a Hermione.-Finalmente, te tengo frente a mí, sangre sucia. Y nadie, ni esa asquerosa directora, ni los malditos aurores, ni el traidor de Malfoy podrán salvarte esta vez.-anunció satisfecha.

Su largo cabello negro caía desordenadamente por todo su demacrado rostro. Su piel lucía marchita y pálida. Tenía un par de ojeras marcadas alrededor de sus gélidos ojos azules, reflejando que la locura y la enajenación se habían apoderado por completo de ella.

Hermione sabía que debía de tener cuidado al usar sus palabras. Si Astoria había sido capaz de secuestrarla, bien podía acabar con ella en cuestión de segundos.

-No hagas esto...-trató de decirle con una voz bastante neutral y con la valentía que caracterizaba a los gryffindors, pero algo en su interior le dijo que todo sería en vano.-Te meterán a Azkaban. Nadie podrá salvarte esta vez. Nadie.-repitió un tanto cansada.

Astoria empezó a reír con manía, mientras volvía a mirarla fijamente a los ojos. En ese breve instante, Hermione se dio cuenta que en aquella trastornada mujer ya no quedaba ni una pizca de cordura.

-¿Y en verdad, crees que eso me importa?-inquirió sacando una varita de sus bolsillos.

Hermione ya sabía la respuesta. Por supuesto, que a Astoria eso ya no le importaba. Se lo había dejado bien en claro la última vez que se habían visto.

-Recuerdo perfectamente, que le advertí a Malfoy que esto no se quedaría así. Y míranos, aquí te tengo, sangre sucia. No puedo esperar a que veas todas las torturas que tengo preparadas para ti. Porque, sí. Vas a sufrir de la misma manera en que me hicieron sufrir a mí.-le advirtió con bastante rencor y desprecio.

-No sigas con esto. No llegarás a nada. El ministerio no tendrá lástima de ti esta vez.-intentó decirle Hermione con la esperanza de ganar tiempo, pero eso sólo fue un error.-Sigue con tu vida, Greengrass. Hazlo mientras aún puedes y olvídate de mí.

-¡Cállate!-le ordenó con furia, y de inmediato, le apuntó con la varita de Marcus.-¡Crucio!-exclamó sin dudar, pero nada salió del objeto.

En ese preciso instante, Hermione palideció tan pronto como escuchó aquella maldición imperdonable. El pánico se apoderó de ella, y la valentía que le quedaba se fue directamente a la basura. Quería intentar disuadirla, pero se quedó petrificada con sólo oírla mencionar el Cruciatus. Su respiración comenzó a acelerarse increíblemente rápido, y los latidos de su corazón golpearon contra su pecho como si fuera un horrible recordatorio de que eso en verdad estaba pasando.

-Por tu culpa me quitaron mi varita, y esta maldita varita no me funciona. ¡Marcus!-exclamó llamando al hombre desaliñado que Hermione había visto en el ministerio. Él apareció por el enorme arco que había en la sala y comenzó a caminar hacía Astoria con gran fascinación.

La azabache le devolvió la mirada entusiasmada y una sonrisa maquiavélica se dibujó en su enajenado rostro.

-Lánzale un crucio.-ordenó sin más.

Marcus sonrió hacía Hermione, y se encogió de hombros.

-Lo siento, bonita.-le dijo riendo, mientras cogía la varita y sin más demora, le apuntaba.-¡Crucio!

De inmediato, la maldición de color rojo impactó de lleno a la castaña, y la peor de sus pesadillas se hizo realidad.

Hermione intentó hacer todo lo posible por resistirlo, en verdad lo hizo. Trató de controlar sus emociones, sabía que se trataba de un hechizo mental y se requería de una gran fuerza de voluntad para poder soportar el "cruciatus", pero al cabo de unos segundos, le fue imposible seguir aguantándolo. El espantoso dolor empezó a extenderse por todo su cuerpo, e incapaz de poder hacer algo más que gritar, sólo esperó resignada porque ese calvario acabara pronto. De todas las torturas que habían, Astoria había sabido escoger una que en verdad haría sufrir a su víctima.

Más allá de que fuera una maldición imperdonable, esa maldición en particular, era una a la que Hermione había quedado tan vulnerable desde el ataque de Bellatrix, y sentía que si Astoria continuaba con aquella interminable tortura, perdería la cordura como ella en cuestión de segundos.

Al cabo de unos breves minutos, ni siquiera un grito más pudo salir de sus labios. El dolor era tan intenso, que en esos momentos y a modo de mecanismo de defensa, su cuerpo no resistió más crucios y cayó desmayada en su sufrimiento.


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Draco estaba al borde de la histeria en cuanto llegó al Ministerio, y veía que Pansy estaba siendo atendida por un medimago. Apenas si se podía ver en medio de aquella neblina espesa, que los polvos de oscuridad instantánea habían dejado, pero utilizando su varita, logró divisar a Potter a cierta distancia.

El azabache se encontraba metros más allá en compañía de otros aurores, quienes discutían acaloradamente entre ellos, algunos gritaban y otros llamaban a la calma, pero lo cierto era que nadie se ponía de acuerdo.

-¡¿Qué demonios hacen aquí?!-exclamó el rubio indignado de ver que todos esos idiotas seguían en el ministerio. Draco se acercó peligrosamente a Harry y lo tomó por el cuello sin importar las consecuencias. Estaba desesperado y necesitaba respuestas.-¿Dónde demonios esta? ¿Por qué no han ido por ella? ¿Qué carajos siguen haciendo aquí?-continuó al borde de la locura.

Harry se soltó de su agarre. La situación era crítica y delicada. Su mejor amiga corría un inminente peligro, y entendía perfectamente, la desesperación de Draco.

-No lo sabemos.-le aseveró Harry, intentando lucir calmado para no empeorar la situación. Sabía que Draco era impulsivo, y tan pronto como se enterara de toda la verdad, el chico no tardaría en hacer justicia con sus propias manos. Como auror, Harry sabía que su principal objetivo era proteger a todos y cada uno de los ciudadanos mágicos de Inglaterra, pero le era imposible aparentar cierta calma, cuando se trataba de Hermione.-Creemos que está en la mansión Greengrass. Intentamos comunicarnos con Daphne Greengrass, pero no obtuvimos respuesta.

-¿¡Y por qué maldita sea, no han ido, ya!?-le gritó el rubio exaltado empujándolo hacía atrás y preparándose para salir de ahí.

Su mente estaba hecha un lío, y no podía creer que la vida tan perfecta que había creado con Hermione, había dado un giro de trescientos sesenta grados, y de un momento a otro, todo se había convertido en una jodida pesadilla.

El destino podía ser bastante cruel. Por la mañana, Hermione se había despedido de él con un largo beso, prometiéndole que se verían para la cena, y ahora, le decían que había sido secuestrada por una maldita maniática.

De inmediato, un hombre algo viejo y casi tan alto como Draco, lo detuvo poniendo una mano en su hombro.

-Estamos ideando un plan, muchacho. Aquella mujer esta demente y cualquier paso en falso, podría acabar con la vida de Hermione Granger.-le anunció el auror.-No podemos actuar por impulso, señor Malfoy. Esta es una misión muy peligrosa. Nosotros nos encargaremos de esto.

El rubio lo miró con indignación, y se alejó de él dispuesto a salir de ese maldito Ministerio de magia. Todos eran unos malditos incompetentes, y eran unos completos idiotas. Él jamás se quedaría de brazos cruzados, y si tenía que asesinar a Astoria Greengrass con sus propias manos, entonces lo haría.

-¡Espera, Draco!-le advirtió Harry abrumado.-¡Por un demonio, detente ahora!-le gritó sabiendo lo que el rubio planeaba hacer.

-¡No, Potter! ¡No puedo esperar! ¿¡Acaso no lo has oído?! ¡Esa maldita mujer tiene a Hermione, y sólo Dios sabe lo que podría estar haciéndole!-escupió cargado de furia e indignación.

Harry entendía perfectamente su comportamiento, no lo juzgaba, ni tampoco se atrevería a detenerlo, pero debían aliarse sí querían que el rescate resultara exitoso.

-¡Nos vamos, Potter!-le anunció Kingsley tan pronto como pudo, al mismo tiempo que todos los aurores se preparaban para salir de ahí .

De inmediato, Draco alzó la cabeza hacia el ministro y se aseguró de que lo escuchara.

-Ni siquiera lo intente. Yo también iré.-sentenció sin bajar la mirada con altanería.

Kingsley le observó incrédulo, sentía que Draco Malfoy estaba fuera de control, y se negó rotundamente a que el muchacho fuera con ellos.

-¡Es una misión de alto riesgo!-le advirtió el hombre con prepotencia e intentando disuadirlo.-¡No podemos exponer la vida de más civiles, o de lo contrario la misión de rescate resultará en un fracaso, Malfoy!

Tan pronto como pudo, Draco dio un paso hacía adelante y sin amilanarse en lo absoluto, le dirigió una mirada cargada de ira y animadversión.

-Escúcheme bien, Kingsley.-empezó a decirle respirando agitadamente.-¡Tendrán que lanzarme un maldito Avada Kedavra, si creen que me quedaré aquí sin hacer nada!-le aseguró desesperado.-Todo esto es culpa de usted y de los incompetentes que trabajan aquí. ¡¿Cómo demonios esa psicópata pudo violar la seguridad de este maldito ministerio?! ¿¡Como carajos pudo hacerlo?!

Kingsley se quedó absortó por la forma en la que Draco le había hablado, pero sabía que enfrascarse en una discusión ahora, no ayudaría en nada.

-Al parecer, Greengrass no estaba sola.-le confesó el hombre sin más rodeos.-Ingresó con ayuda de un mortífago convicto, Marcus Wilkes. Le habíamos perdido el rastro cuando acabó la guerra.-le explicó brevemente mientras cogía su varita y la guardaba en su bolsillo.-El hombre utilizó la maldición Imperio y Avada Kedavras contra varios de mis guardias para poder ingresar. Tengo a más de diez fallecidos en la planta inferior.-sentenció sin agregar nada más.

En ese momento, Draco se quedó sin palabras y se imaginó lo peor. Aquella maldita psicópata se había aliado con un peligroso mortífago. Un mortífago que el rubio recordaba haber visto durante las reuniones que Voldemort realizaba en la mansión de Wiltshire hacía años atrás. Wilkes era un mortífago con una reputación de lo peor, le gustaba torturar a sus víctimas con Cruciatus, y era conocido por tener la mente más retorcida de todo ese grupo de maniáticos, llegando a ser inclusive más retorcido que el mismísimo Voldemort.

Draco cerró los ojos por unos segundos. El sólo hecho de imaginar que Hermione estaba en manos de esos dos sádicos, le hizo sentir como la persona más miserable del mundo entero. Su futura esposa estaba en peligro, y sentía que la impotencia se adueñaba de él, completamente desolado y sin poder ayudarla.

En ese momento, y sin pensarlo dos veces, estrelló un puño contra la pared cargado de frustración e ira.

De inmediato, todos los aurores voltearon a verlo.

-No sabemos si hay más mortífagos con ella.-empezó a decir Harry al resto de sus colegas.-Pero necesitaremos refuerzos.

Draco se acercó al azabache, y sin importarle que su puño sangraba, se acercó lo suficiente como para que Potter pudiera escucharle.

-Si tengo que matar a Astoria y a ese maldito mortífago con mis propias manos, entonces lo haré. Y ni tú, ni ninguno de esos aurores inútiles me van a detener.-le advirtió Draco al mismo tiempo que todos empezaban a abandonar el ministerio, dispuestos a llegar lo más pronto posible a la mansión Greengrass.

Harry no pudo objetarle nada, simplemente, asintió en silencio, y se preparó para salir de ahí en compañía del rubio.

No sabían lo que encontrarían ahí, pero ciertamente, el azabache haría todo lo posible por rescatar a Hermione y evitar que Draco cometiera una verdadera locura.


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Estaba muy oscuro, demasiado oscuro, apenas si tenía fuerzas para poder abrir los ojos en medio de esa penumbra, pero su fuerza de voluntad era más grande, y tan pronto como despertó, cayó en la desesperación de que no había sido una maldita pesadilla, todo había sido real, seguía siendo real y continuaba atrapada en aquella mansión lejos de Draco.

Pensó en él. En lo preocupado y desesperado que debía estar por encontrarla. Su corazón se hizo pedazos, tan pronto como recordó los últimos momentos vividos a su lado aquella mañana antes de que ella asistiera al ministerio y él se fuera a la universidad. La forma en que se habían besado al despedirse, prometiendo verse por la tarde.

¿Por qué demonios no se quedó con él?

Una lágrima cayó dolorosamente por su mejilla, y volvió a cerrar los ojos totalmente destrozada por dentro.

Había sido torturada de una manera cruel y espantosa, obligada a revivir la cicatriz emocional que Bellatrix le había dejado años atrás. Hermione pensaba que hacía mucho ya lo había superado, pero lo cierto era que el destino le había dejado en claro que no era así, y una vez más había vuelto a caer en ese maldito abismo.

Aun así, y a pesar de sentirse completamente rota por dentro, pensar en Draco, le había dado la fuerza necesaria para querer salir de ahí con vida.

Este no puede ser el fin, se dijo a sí misma con valentía, y notando que ya no estaba en la sala de la mansión. Al parecer, había sido llevada a un lugar oscuro, y donde la luz sólo se filtraba por una pequeña grieta en el techo.

Sintió que sus manos habían sido desatadas, porque pudo moverlas con libertad, pero tan pronto como observó sus muñecas notó que habían dos marcas completamente enrojecidas a su alrededor.

-¿Hermione...?-exclamó una voz femenina que la hizo reaccionar de inmediato.

La voz había sonado bastante similar a la de Astoria, y tan pronto como sintió que alguien se acercaba, la castaña saltó sobresaltada desde donde estaba, y se aseguró de poner sus manos como defensa contra la persona que tenía en su delante.

Hermione tardó unos minutos en reconocer a quien tenía en frente, y en medio de aquella oscuridad, se encontró con el rostro demacrado de Daphne Greengrass.

-¿Daphne?-inquirió sorprendida y sintiendo un extraño alivio en su interior.

-Oh, por dios, creí que no despertarías...-le susurró la chica también aliviada de verla con vida, al mismo tiempo que empezaba a llorar desconsoladamente y se llevaba ambas manos a la cara.-Tengo tanto miedo, Hermione.

La castaña intentó comprender qué demonios había sucedido para que Daphne estuviera ahí con ella.

-¿Qué haces aquí?-le preguntó Hermione sorprendida e incapaz de creer que la demente de Greengrass también tuviera a su propia hermana en cautiverio.

Daphne se limpió las lágrimas que caían desesperadamente por sus mejillas marcadas con horribles cardenales en toda su piel y se quitó el cabello rubio enmarañado que caía por su rostro.

-Me encerró aquí desde hace varios días.-le confesó susurrando mientras miraba a ambos lados aterrada.-Tan pronto como descubrí que tenía a ese mortífago en la mansión, me dijo que lo necesitaba para secuestrarte a ti... Yo le dije que ya había llegado demasiado lejos y que daría aviso al Ministerio... Fue ahí cuando me golpeó y me encerró en esta mazmorra.-finalizó con la voz totalmente quebrada y volviendo a llorar.

Hermione miró a su alrededor angustiada. Si aquella psicópata había sido capaz de hacerle eso a su propia hermana, a ella le tocaría algo mucho peor.

-Tenemos que buscar la forma de salir de aquí.-empezó a decir la castaña con cierto optimismo, pero Daphne estaba demasiado desesperada y no parecía calmarse. Hermione sentía que la chica se estaba ahogando en su propio llanto, y tuvo que tomar sus manos entre las suyas para que la viera fijamente a los ojos.- Daphne, estaremos bien. Los aurores no tardarán en venir. Ellos ya deben saber que estoy aquí...-le dijo para intentar tranquilizarla, aunque por dentro se sentía igual de miserable que ella.-¿Sabes dónde tiene tu varita?

Daphne empezó a negar con la cabeza.

-Me la quitó.-respondió a duras penas y tomó algo de aire antes de continuar.-Y cuando vio que no le respondía, ni le hacía caso a sus hechizos, la rompió por la mitad.

Hermione sentía que su garganta ardía por todos los gritos que habían salido de sus labios durante la tortura, pero le restó importancia. No podía pensar en eso ahora. Tenía que actuar pronto, antes de que fuera demasiado tarde.

-¿Cuánto tiempo llevo aquí?-le preguntó completamente adolorida, sintiendo que cada movimiento que hacía, le resultaba un verdadero calvario. El Cruciatus la había dejado totalmente debilitada, pero logró ponerse de pie con gran esfuerzo.-Demonios...-masculló deteniéndose para analizar la mazmorra en la que estaban atrapadas.

-Media hora.-le contestó Daphne con la mirada perdida.-Te trajeron aquí hace casi media hora.

Los minutos continuaban corriendo, y Hermione no quería caer en la angustia, debía mantenerse fuerte frente a la horrible situación en que se encontraba.

¿Pero, cómo...?

El lugar no tenía ni una sola salida, a excepción de la puerta trancada frente a ellas, y no había ningún objeto que pudiera usar como defensa.

De pronto y para sorpresa de ambas, se escucharon las voces de sus captores, provenientes de la planta superior.

Hermione podía distinguir la espeluznante voz de Astoria y la del mortífago, ambos discutían, o al parecer, no lograban ponerse de acuerdo en algo. Inesperadamente, unas fuertes pisoteadas comenzaron a venir en dirección a las mazmorras. Cada paso hacía que el suelo de la vieja mansión rechinara, y eso empeoró todo.

-Por Dios, son ellos. ¡Son ellos!-chilló Daphne aterrada y volviendo a llorar desesperadamente.-¡Hermione, son ellos!

Por la forma en que la rubia había reaccionado y a juzgar por los moretones que tenía en todo su rostro, Hermione entendía que algo mucho más grande había sucedido entre ambas hermanas.

La puerta de la celda se abrió intempestivamente, y Marcus ingresó apuntándoles con su varita sonriendo de manera enfermiza.

-¡No!-gritó Daphne completamente horrorizada y corriendo detrás de Hermione para protegerse.-¡Aléjate de mí, maldito mortífago!

El hombre empezó a reír tan pronto como la escuchó.

-¿Acaso quieres que vuelva a divertirme contigo, querida Daphne?-le sugirió mirándola con perversión y como el auténtico degenerado que era.

-No te atrevas a tocarla.-le amenazó Hermione deduciendo lo que había sucedido con Daphne, y sintiéndose terriblemente mal por ella.

-Parece que los crucios no han servido para doblegar tu espíritu, sangre sucia. Me encargaré de encontrar otra manera de hacerlo.-le advirtió el hombre al mismo tiempo que Astoria lo llamaba. El mortífago miró a ambas chicas, y volvió a apuntarles con la varita sonriendo.-¡Salgan de ahí o juró que volveré a torturarlas con cientos de crucios!-les amenazó riendo y haciendo una pausa.-Sobre todo a ti, a la preciada novia de Malfoy.-sentenció con sarcasmo.

No tardaron en llegar al salón principal de la mansión, donde Astoria ya les esperaba sentada sobre un largo sofá de terciopelo frente a la chimenea.

Tan pronto como vio a sus víctimas, se puso de pie entusiasmada y dispuesta a jugar con ellas.

-¡Astoria! ¡Por favor, acaba con esto! ¡Por favor! ¡Te encerrarán de por vida!-empezó a gritar Daphne completamente fuera de control e intentando correr lejos de ella.-¡Déjanos ir! ¡Por favor! ¡No más!

Rápidamente, Astoria caminó con furia hacía la rubia, y sin decirle absolutamente nada, comenzó a abofetearla frenéticamente con una rabia descontrolada, como si estuviera poseída, y no paró hasta que su hermana cayó al suelo abatida por los golpes y sin que ni una sola palabra pudiera salir de sus labios.

-¡Vuelve a decir algo más y juró que te vuelo la cabeza, Daphne!-le advirtió mirándola con repugnancia.

Hermione podía ver esa maldad innata en aquella mujer, y sintió lástima por Daphne.

-No sé, a dónde demonios quieres llegar con todo esto, pero terminarás en prisión, Greengrass.-le advirtió Hermione sin importar las consecuencias.-Los aurores no tardarán en encontrarme.

-¡Ah! Parece que no fueron suficientes crucios para cerrarte la boca, maldita perra.-sugirió Astoria con una diversión perversa, y luego se detuvo a observarla de pies a cabeza.-La perfecta y valiente gryffindor. Nunca entenderé porque dicen que todos los de esa casa son valientes... El imbécil de Weasley resultó ser un completo cobarde al no poder acabar contigo cuando tuvo la oportunidad. Pero, claramente, lo deben ser. Mírate a ti, que no tuviste miedo, ni el más mínimo reparo en engañar a tu patético novio con el traidor de Malfoy. Eso sí que es de valientes.-se burló Astoria riendo.

-Si repitiendo lo que pasó hace más de un año te hace sentir mejor, entonces hazlo. No me importa.-respondió Hermione sabiendo que era un movimiento peligroso, pero sentía que no podía amilanarse ante ella. No podía demostrar lo débil que en verdad estaba por la maldición Cruciatus, o sería peor.

De inmediato, Astoria se acercó a Hermione y la tomó del rostro con violencia. La observó fijamente a los ojos por unos segundos, como si estuviera analizándola, y el tiempo pareció hacerse eterno. En esos segundos, la castaña pudo percibir el odio, el rencor y toda la envidia que Greengrass sentía por ella.

-Te juró que acabarás muerta muy pronto, sangre sucia. Me encargaré de que mueras sintiendo todo el dolor de este jodido mundo.-le advirtió lanzándola contra el piso sin el más mínimo cuidado, pero tan pronto como lo hizo, notó algo brillante en la mano izquierda de Hermione.

En ese momento, la desquiciada mujer palideció, e inmediatamente jaló de su mano con violencia, mientras examinaba el anillo que la castaña llevaba en su dedo anular.

Hermione estaba tan debilitada, que se había sentido como una verdadera muñeca de trapo, en cuanto Astoria la había jalado.

-¡Ese maldito bastardo! ¡Maldito traidor!-escupió Astoria dándose cuenta de lo que ese anillo significaba y se llevó ambas manos a la cabeza completamente enardecida.

Se alejó de Hermione, mientras empezaba a hiperventilar y a gritar fuera de sí. Como si estuviera a punto de sufrir un colapso violento. Hermione se sintió como una idiota por no haberlo escondido antes, pero los crucios habían hecho que se olvidara de todo, y en lo que menos había pensado había sido en ocultar su anillo de compromiso.

-¡¿C-cómo puede casarse contigo?! ¡No! ¡No puede hacer eso! ¡No! ¡Jamás lo permitiré! -gritó con rabia al mismo tiempo que lágrimas de impotencia e ira caían descontroladamente por sus mejillas demacradas.-¡No es justo! ¡No es posible!-repetía enloquecida una y otra vez.

En ese momento, Astoria sentía que había sido sometida a la peor humillación de toda su vida y había recibido el castigo más espantoso de todos. Si sentía que su ego no podía estar más herido, aquello definitivamente había terminado por hacerlo.

Aquel maldito iba a casarse con la sangre sucia, y a ella la había despreciado tan fácilmente en frente de todo el jodido mundo mágico.

Su desquiciada mente empezó a ser bombardeada con cientos de memorias amargas. Por culpa de Draco Malfoy, sentía que había perdido todo. Era él, quien la había rechazado públicamente. La había cambiado por una sangre sucia, y ahora se iba a casar con ella.

Astoria estaba decidida a acabar con él, más que con Hermione, pero de igual forma los dos pagarían por esto.

-¿Sabes, algo?-le preguntó la mujer dejando de llorar inesperadamente y volviendo a sonreír con altanería, sabiendo que lo que diría a continuación atormentaría a la castaña.-Acabaré con él frente a tus ojos. Te lo prometo. Lo verás morir, sangre sucia inmunda. Juro que verás morir a Draco.

De inmediato, Hermione la miró con furia y repulsión.

-¡Eres una maldita psicópata, Greengrass! ¡No te atrevas a tocarlo!-la insultó con impotencia, mientras Astoria empezaba a reír maquiavélicamente al verla sin fuerzas para si quiera ponerse de pie. Sabía que los crucios habían servido para mantenerla frágil.

-No me decido, querida sangre sucia. No sé si decirle a Marcus que te lance más crucios y se divierta contigo, o si debo marcarte sangre sucia por todo tu jodido rostro, como te prometí que lo haría.-decía indecisa.

Hermione le lanzó una mirada llena de rabia.

-Saben que estoy aquí.-le advirtió la castaña alzando su rostro hacia ella y sin miedo alguno.-Vendrán directamente hasta aquí y te encerarán de por vida. ¡Mereces estar encerrada por el resto de tus días! ¡Te lo mereces por todo el daño que estas causando!

Astoria esbozó una sonrisa enfermiza.

-Es exactamente lo que más deseo. Que los queridos aurores vengan y se desate una maldita guerra.-recalcó la azabache echándole una mirada sarcástica.-¿Sabes algo? Creo que ya me decidí. Marcaré tu jodido rostro, Granger. Dejamos algo inconcluso la vez pasada y estoy lista para completarlo.

De pronto, Astoria sacó la daga que guardaba en sus bolsillos, y se abalanzó sobre Hermione sin darle tiempo de correr.

Ambas comenzaron a forcejear desesperadamente, pero la psicópata de Greengrass parecía llevar la delantera, no sólo por ser más alta, sino también porque estaba completamente trastornada y llena de odio.

-¡Aléjate de mí, maldita demente!-le gritó Hermione con las pocas fuerzas que le quedaban.

-¡Me quitaste todo, perra sangre sucia! ¡Si no hubiera sido por ti, Draco jamás me habría dejado!-se aseguró de decirle fuera de sí.-¡Pero tú te tuviste que ofrecer a él como la ramera que eres y ahora se va a casar contigo! ¡Jamás lo permitiré!

-¡Yo no te quité nada, Greengrass! ¡Absolutamente, nada!-le respondió la castaña al sentir las punzadas de la daga en sus brazos.-¡Ah, Detente, maldita sea!

-¡No! ¡Todo era perfecto antes de que tu llegaras!-exclamó la azabache al borde del colapso, y hablando cosas sin sentido o que sólo habían ocurrido en su imaginación.-¡Estábamos comprometidos, enamorados, nos íbamos a casar y tú... tú arruinaste todo! ¡Te metiste en nuestra relación como una maldita ramera! ¡Debí matarlos cuando tuve la oportunidad!

-¡Sólo eras parte de un asqueroso contrato! ¡Nunca existió nada más que sólo eso entre ustedes! ¡Basta, maldita sea! ¡Por un demonio, aléjate de mí, psicópata!-le refregó Hermione cansada de esa jodida lucha.

De pronto, y aprovechando un descuido de la desequilibrada mujer, Hermione logró que uno de sus puños se estampara directamente en la cara de Astoria con la poca fuerza que le quedaba.

De inmediato, Greengrass se llevó una mano a la nariz adolorida, y notó que un hilo de sangre comenzaba a deslizarse por una de sus fosas nasales. En ese momento, su rostro se tornó completamente rojo por la rabia que sentía, y para pesar de Hermione, el forcejeo se incrementó.

-¡Pagarás por eso, sangre sucia! ¡¿Cómo te atreves a golpearme?! ¡Juró que te mataré!-sentenció fuera de control al mismo tiempo que tomaba la daga con precisión.

Sabiendo que tenía una gran ventaja sobre la castaña, quien parecía haber perdido la poca de fuerza que aún tenía, Astoria no lo dudó ni un solo segundo más. Cargada de ira, rencor y decidida a hacerla sufrir, clavó el puñal directamente en uno de los antebrazos de Hermione.

Inmediatamente, la chica exclamó un gritó de dolor agudo, y la sangre comenzó a salir a gran velocidad de la reciente herida.

-Espero que te duela mucho, maldita.-le empezó a decir Astoria esbozando una sonrisa complacida, mientras se ponía de pie y daba por concluida su lucha por ahora.-Te dije que no eras nada sin tu varita. No eres perfecta, sólo eres una zorra.-escupió mientras se daba media vuelta jadeando, cansada por la confrontación y quitándose todo el pelo del rostro. No la mataría, no aún.

Hermione miró la herida en su brazo, no era de gravedad, pero ciertamente aquella demente había logrado herirla y sus opciones por salir a salvo de ese asqueroso lugar, comenzaban a terminarse.

-¡No te atrevas a moverte de ahí, o juró que tú serás la siguiente, Daphne!-le advirtió Astoria a su aterrada hermana, quien seguía tirada en el piso, ahogándose con su propio llanto.

En ese momento, Hermione sentía que empezaba a rendirse. Se llevó una mano a su antebrazo izquierdo, intentando detener la sangre. Pero antes, tenía que buscar un objeto o algo con que reducirla, sabía que la psicópata la mataría la próxima vez que se le acercara, y si no hacía algo, pronto se desvanecería como Daphne, quien parecía haber perdido toda clase de esperanza.

A pesar de que estuviera viviendo un verdadero infierno, y tomando las fuerzas que ya casi no tenía, se dijo a sí misma que no se daría por vencida.

Debo ser fuerte por Draco, pensó respirando entrecortadamente y sintiendo que algo dentro de ella dolía, pero no era la herida en su brazo, eran la angustia y el miedo de que Astoria intentara hacerle algo a él. No podía dejar de pensar en la advertencia que la trastornada mujer le había dicho, sobre acabar con él frente a sus ojos.

Por muy débil que estuviera, Hermione jamás lo permitiría.

-¡Son ellos!-exclamó Marcus gritando eufóricamente de un momento a otro.-¡Los aurores están afuera de la mansión! ¡Al fin, han llegado, Tori!

Astoria sonrió satisfecha. Sabía que el final de su vendetta estaba cerca.

-¡La diversión acaba de empezar!-le respondió la mujer completamente fascinada por el caos a su alrededor.

No le importaba ir a Azkaban de por vida, no le importaba si la internaban para siempre en un psiquiátrico, o si le daban el beso del dementor. Astoria sentía que su corazón palpitaba a toda prisa por el éxtasis de la situación. Esas cosas ya no tenían relevancia en su vida. Ella había estado esperando por ese maldito momento desde hacía mucho tiempo, y sabía exactamente quien sería su principal objetivo al momento de atacar.

Continuará…

...

..

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Próximo capítulo: "Capítulo 27: Vendetta (Parte 2)"

Astoria sobrepasó los límites de la locura. Y pobre Hermione, como buena gryffindor ha sido bastante fuerte por haber aguantado todo ese infierno, pero es Hermione y todos sabemos que ella no se dará por vencida tan fácilmente.

¿Qué les pareció este capítulo? ¿Qué creen que ocurrirá después? ¿Qué hará Draco cuando se enteré de todo lo que le han hecho a Hermione?

Por cierto, si de algo sirve, y para calmarlos y no me maten hasta la próxima actualización, desde el principio yo anuncié que este fanfic sería un HEA :). Sólo que el drama, nunca debe faltar en una buena historia.

Los quiero! Y mil gracias por sus comentarios :') Ya sólo quedan 3 capítulos más y llegamos al gran final.