II

Dawkins dio un último suspiro antes de cerrar sus ojos.

Dolly pensó en sus últimas palabras y a pesar de que las lágrimas le nublaban la vista y de que sus patas le temblaban Dolly decidió correr hacia la casa. Tenía que despertar a su familia completa, tenía que avisarles, ya no podría aguantar ver a más de sus seres queridos morir esa noche; la dálmata estaba enojada y quería arrancarle la garganta a el culpable de lo que sucedió esa noche.

"Quizá si eran los De Vil" pensó Dolly mientras se acercaba a su casa.

Entró de golpe a su casa y de forma muy agresiva volvió a oler aquel olor maldito, aquel olor familiar como de quemado, pero aún desconocido para ella.

Afuera la luz de la luna y de las estrellas no iluminaban mucho, pero fueron lo suficientemente brillantes para que afuera no se chocara nadie, las estrellas eran lo suficientemente brillantes para que cuando Dolly entrara a su casa ella viera todo aún más oscuro que cuando se fue.

Sus ojos tardaron en acostumbrarse a la oscuridad nuevamente, pero su nariz le advertía del peligro que acechaba las paredes de su hogar, un peligro que la observaba con sed y hambre, pero nada pudo preparar su corazón y su mente para lo que vería en la sala de estar.

Cuando sus ojos se acostumbraron a la penumbra de la casa logró divisar frente a ella otra escena Dantesca.

Frente a ella yacían masas de carne y sangre rodeadas por cuerpos.

Del lado izquierdo las entrañas de Dizzy puestas las unas sobre las otras coronadas por su cabeza sin vida con un débil y fino hilo de sangre escapándose por su pequeño hocico; alrededor de la masa de carne hallábase los cadáveres de Destiny, Dallas y Déjà Vu abrazando de manera pacífica sus propias cabezas.

Y del lado derecho estarían las entrañas de su otra hermana Dee Dee, puestas de la misma forma, la una sobre la otra y coronadas por su pequeña cabeza, con los ojos cerrados, como si aun estuviera durmiendo; ella estaría rodeada sin embargo por sus otros tres hermanos, Dimitri 1, Dimitri 2 y Dimitri 3; ellos al igual que sus hermanas estarían abrazando sus propias cabezas de una manera pacífica, pero a la vez muy tétrica.

Las patas de Dolly flaquearon demasiado, su cabeza le dolía aún más y le daba muchas vueltas, intentó como pudo apartar la vista de aquella escena y mientras se tambaleaba hacia una pared finalmente su estómago devolvió la cena.

Sus patas finalmente cedieron y se calló al suelo, muy dolorosamente.

Dolly ya no estaría llorando, si no sollozando, se sentía mareada sin energías y se sentía desvanecida todo aquello que le estaba pasando era anormal, bizarro, Dolly se sentía como si estuviera soñando, pero los dolores de su estómago y el fuerte olor a ácido del vómito y metal cobrizo de la habitación sin embargo le confirmaban lo contrario.

No estaba soñando, Dolly sabía que todo era real y eso le dolía demasiado en su corazón. La dálmata se sentía débil y muy triste, pero aun así pensaba en sus hermanos y hermanas que le quedaban, temía por ellos, temía por sus vidas, no quería que lo mismo le pasara a ellos, lloraba porque temía que eso les pasase a los otros.

Dolly intentó pararse, su cabeza aún le daba muchas vueltas, su vista estaba nublada por una mezcla de lágrimas y sangre aún fresca, sus patas le dolían mucho porque le temblaban, sin embargo, Dolly logró soltar un aullido muy doloroso, pero bastante potente.

—¡AAAAYYYUUUDDAAAAaaa...!

Después de ese aullido doloroso se cayó otra vez de frente y mientras se sentía desvanecer escuchó como a la distancia los otros perros pasaban el mensaje, los escuchaba muy lejanos, casi como si fueran ecos dentro de un sueño. Luego de eso cerró sus ojos y se dejó inundar completamente por el cansancio y la tristeza.

Ya está, moriría, pero al menos esperaba que sus hermanos y hermanas sobrevivieran.

Fue que entonces, en medio de todos sus pensamientos, en medio de todo su dolor y después de un tiempo de haber dejado de escuchar los aullidos escuchó una voz; una voz muy familiar y bastante cercana.

—¡Dolly! —. gritó una voz femenina, las orejas de Dolly se pararon instintivamente y sus ojos se entre abrieron, aun veía las sombras de sus hermanos muertos frente a ella, pero una vez más escuchó esa voz.

—¡Dolly! ¡Por favor ayuda! —. La voz se hizo más presente y cercana, estaba a jalando a la dálmata de su mar de tristeza.

Dolly levantó la cabeza y se sentía más despierta, aún cansada, pero despierta.

—¡Dolly! —. Escuchó mejor esa voz y se dio cuenta de que era su hermana Da Vinci.

Se levantó lentamente, todo le dolía física y mentalmente, ya había mandado el mensaje, pero aún no quería rendirse, su hermana estaba pidiendo ayuda y se aseguraría de ayudarla, a ella y a los demás, quizá se muriera en el intento, pero Dolly estaba decidida a vender cara su muerte y la de su familia completa. Su mente ya estaba más clara, caminó buscando a su hermana.

Caminó lentamente, tambaleandose, más por el cansancio que le había provocado la perdida de adrenalina que porque estuviera cansada de verdad, caminó por los pasillos hasta que cuando pasó por el baño volvió a escuchar a su hermana.

—¿Dolly, eres tú? —. Escuchó la voz de su hermana asustada desde dentro del baño
Dolly intentó hablar, pero no pudo, su cuerpo simplemente no le respondía bien.

—¿Dolly? —. La voz de Da Vinci se escuchaba más asustada.

La dálmata finalmente reaccionó y habló con la garganta un poco seca por su aullido previo.

—Si; si Da Vinci, soy yo —. dijo Dolly llorando con un poco de alegría mientras se recargaba en la puerta y soltaba una pequeña carcajada de felicidad.

Da Vinci abrió la puerta lo más rápido que pudo y jaló a su hermana dentro. La observó por unos segundos que parecieron minutos y la abrazó llorando también... Oh Dolly gracias que estás a salvo hermana.

Dolly le correspondió el abrazo, sonriendo débilmente.

—¿D-da- Da Vinci que pasó? ¿Cómo es que tú? —. Empezó a preguntar la dálmata cuando su hermana le explicó, muy apresurada y nerviosa.

—N-no lo sé, yo me levanté para tomar un poco de agua y... Y... Escuché unos ruidos, luego bastantes golpes y muchos gritos y... Luego estaba este olor tan raro y... yo... Yo...—. Su voz estaba rompiéndose, Dolly se le quedó viendo asustada. —yo... Me escondí Dolly, m-me metí a la bañera y me cubrí con una cubeta, me escondí como una cobarde mientras escuchaba sus gritos de ayuda —Da Vinci se abrazó a sí misma. —me escondí — declaró débilmente y sorprendida de ella misma, Da Vinci tirándose al suelo y tapándose con sus patas sollozaba una y otra vez. —Me escondí. Me escondí. ¡Me escondí! ¡ME ESCONDÍ!

Dolly estaba intentando procesar todo aquello; el olor, ese maldito olor las estaba siguiendo cada que alguno de sus familiares moría.

La dálmata observó el lamento de su hermana y pensó "¡Dios! Ella sabe lo que les pasó, pero no sabe cómo quedaron"

Dolly abrió muy poquito la puerta del baño y asomó un espejo; a través de él pudo ver la puerta de entrada y la puerta de la habitación de dormir, le dio la vuelta al espejo y divisó las siluetas de carne de lo que otrora tiempo fueron sus hermanos y hermanas... justo ahí tuvo flashbacks de ellos jugando alegremente, seguidos de estos los flashbacks recientes de sus cuerpos; sacudió la cabeza para no seguir pensando en eso, no quería recaer en eso, no mientras aún tenía a Da Vinci a su lado. Metió el espejo.

—¿Crees que los demás estén… con vida?- la pregunta de Dolly sonó muy vacía y sin esperanza, Da Vinci no respondió simplemente se pegó al costado de su hermana, Dolly supo que tenía miedo, ella misma lo tenía pero tampoco quería dejar a alguno de sus hermanos y hermanas atrás si es que habían sobrevivido.

Así que Dolly hizo su plan:

Saldrían evitando ver hacia sus hermanas en la salida del patio, caminarían en silencio hacia la habitación y si la cosa se ponía fea de ser necesario correrían hacia la entrada principal, que ahora más bien se sentía como una salida completamente necesaria.

Dolly abrazó a su hermana con su hocico, miró la puerta y se preparó mentalmente, imágenes recientes de todo lo que había pasado esa noche se proyectaban enfrente de la puerta, Dolly titubeó un poco antes de finalmente abrir la puerta y salir cuidadosamente, observó a ambos lados y con la cabeza llamó a Da Vinci, está salió y a lo lejos vio las siluetas de masa de carne de la salida del patio, la dálmata artista se espantó y escondió su mirada en el cuello de su hermana mayor está dio la vuelta para que Da Vinci no siguiera viendo aquello y ambas caminaron hacia la habitación.

Caminaron muy lentamente y de puntillas, esperando escuchar u oler algo, pero nada, cada paso que daban no había señales de lo que sea que hubiese atacado esa noche. Llegaron a la entrada principal y tendrían que dar vuelta para llegar a la habitación, cuando de pronto del comedor vieron una sombra desplazarse.

Dolly detuvo a su hermana y se adelantó un poco para observar mejor... La sombra volvió a aparecer y está habló con nerviosismo.

—¡Ahí estás Dolly! —exclamó la voz de Dylan.

—¿Dyl eres tú? —Preguntó Dolly con un nudo en la garganta, quería abrazarlo, pero si el había sobrevivido tendrían que haber sobrevivido los demás.

—Claro hermana —su tono sonaba triste —, te eh estado buscando —dijo Dylan aún en la oscuridad del comedor.

—Dylan tenemos que salir de aquí —exclamó Da Vinci con preocupación.

—¿Salir? ¿Saben ustedes lo mucho que me costó encontrar el punto exacto de la existencia en el tiempo y el espacio donde las coordenadas indicaban?

—¡¿Que?! Dylan ¿De qué hablas? hay algo más importante ahorita que las estrellas —le reprochó Dolly.

—¿Tienes idea del sacrificio que tuve que hacer para explorar las curvas y ángulos de sus dominios? C-casi pierdo la cordura Dolly —dijo Dylan mientras daba un paso al frente; la luz de los ventanales de la puerta alumbró tenuemente la pata del joven dálmata mostrando que esté tenía manchas nuevas, unas manchas rojas.

Da Vinci al notar eso dio un paso hacia atrás y se tapó su hocico; Dolly estaba quieta, temblando tanto de miedo como de furia.

—Dylan... ¿Qué rayos hiciste? —su mirada se encontró con la de Dylan y por vez primera en toda la noche notó las arrugas de felicidad en su rostro, una sonrisa que desfiguraba sus facciones, una sonrisa desquiciada.

—Oh bueno, encontré a Deepak —. declaró mientras se movía hacia un lado y dejaba caer el pequeño cuerpo de su hermano al suelo; este tendría cercenadas sus extremidades las cuales estarían reemplazadas por extremidades de un felino, patas, cola e incluso las orejas; todas estaban cosidas al pequeño cachorro sin vida.

Da Vinci se encogió detrás de su hermana mientras Dolly se quedó en shock.

—Ellos no son de aquí Dolly, no existen en este plano dimensional, no conocen lo bueno o lo malo, sin embargo, aborrecen lo que nos hace puros, y ellos son toda la malicia e impureza que quedó de aquel acto abominable que se consumó hace muchos Eones atrás hermana —. Comenzó a decir Dylan a su hermana, en su tono de siempre, como cuando le explicaba algo; Dolly estaba furiosa y triste, quería matarlo en ese instante, pero aún lo veía como su hermano.

De repente aquel olor volvió a aparecer, está vez era más fuerte y salvaje de lo normal y el corazón de Dolly dio un vuelco.

—Yo, los contacté, o más bien los dejé entrar, ellos se... —. El joven canino intentó buscar las palabras —desplazan a través de los ángulos —dijo Dylan.

Mientras, de las esquinas de la habitación en la que se hallaban empezaba a emerger humo.

Dolly cubrió a su hermana por el miedo que tenía, no entendía que estaba sucediendo.

De las mismas esquinas empezaba a materializarse bultos de carne, una carne ennegrecida por la sangre y de la cual se podían ver sus los hilos de sus músculos; ahí finalmente Dolly lo entendió, al mismo tiempo que veía la carne salir, y hacerse más grande, tomando una forma; lo entendió, lo que olía a quemado, era carne, olía a carne quemada cada maldito segundo que esas cosas emergían más de las esquinas.

Empezaron a emerger, primero sus hocicos, o lo que parecían hocicos, eran alargados y con varias filas de dientes largos, parecía sin embargo que la boca podrá abrirse como un capullo de flor; luego se materializaron sus patas o extremidades, no eran cuadrúpedos, eso quedaba claro, pero no parecían digitígrados, ni mucho menos plantígrados; sus ojos, eran, emblanquecidos, blanco lechoso, fríos pero llenos de furia y hambre, reflejaban un vacío ensordecedor, y sin embargo Dolly sabía que se estaban fijando en ellas; su piel era purulenta y asquerosa, y su lengua, purpurea y putrefacta, tubulosa y larga; se relamían sus rostros, como un reptil lo haría para hidratarse.

Cuando esas cosas salieron por completo, se codeaban por el espacio de la habitación, flotaban sin tocar el piso e intentaron encogerse lo mejor que pudieron a las paredes y esquinas mientras observaban al centro, con paciencia, como un cazador experimentado lo haría.

—Decidí ayudarlos Dolly... Hermana —. La voz del dálmata sonaba con soberbia. —Así que, por favor, no interfieras — inmediatamente después de aquellas palabras, las criaturas se abalanzaron en una furia de hambre hacia las dos hermanas dálmatas. El que Dolly estuviera entre esas cosas y su hermana no ayudo ya que una de esas cosas atrapó a Da Vinci entre sus raíces para luego levantarla.

—¡Ayuda! Hermana —. Ahí arriba otras dos criaturas se la pelearon a la primera, Dolly cargó carrera contra esas cosas, pero una de ellas la empujó con más fuerza hasta golpearla contra la pared, ahí esa cosa la mordió duró en una pata, tan duro que sintió la mordida llegar hasta el hueso, se sentía tibio y asqueroso, su estómago quería volver a devolver aunque ya estuviese vacío, luego esa cosa la arrastró y saboreándola con su asquerosa lengua se puso encima de ella para obligarla a que viera a Da Vinci, está aún estaba viva llorando del dolor, pero viva, entonces frente a sus ojos, la mayor de la familia dálmata observó con terror como esas cosas utilizaban a su hermana como un pincel para pintar sobre la pared de la puerta; la cosa que estaba mordiéndole la pata ejerció un poco más de presión a su mordida y Dolly después de chillar de dolor se desmayó.