Capitulo XIV

"Mil Preguntas"

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Todos somos como la Luna brillante, todavía tenemos nuestro lado oscuro. (Kahlil Gibran)

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Después de buscarlo en el hospital y en su departamento, sin éxito, terminó su recorrido frente a la vieja tienda de videojuegos. Observó la fachada descolorida. Quizás esté ahí, pensó. Sabía que el local pertenecía a su amigo, que solía ser su refugio cuando necesitaba alguien con quién hablar. No podía precisar cuántas veces había pasado por la puerta de ese lugar. Jamás le habían llamado la atención los videojuegos, ni siquiera en su adolescencia.

Recorrió el lugar con su mirada, estaba repleto de adolescentes, algunos jugando a los juegos de realidad virtual, otros jugando al pool, otros al bowling. Demasiado ruido para su gusto. Suspiró, antes de adentrarse en el lugar. Observó las máquinas a su paso. Ese lugar le traía recuerdos. Recuerdos que prefería dejar atrás. En aquellos tiempos, él peleaba contra ellas, trataba de destruirlas, para cumplir los deseos de Metalia. Eran vagos, pero allí estaban. Recordaba que en aquel lugar ellas solían reunirse. Claro, ahora lo entendía. Debajo de aquel centro de videojuegos, estaba el centro de control desde el cual operaban. Y él lo sabía, conocía todos sus secretos.

En el fondo del local lo encontró. Se sorprendió un poco al verlo. Quizás, porque no daba con el perfil de los clientes del lugar. Y eso que no iba vestido como para ir a trabajar.

-Motoki, ¿verdad? - preguntó, manteniendo el semblante serio.

-¿Nos conocemos? - preguntó, con cierto desconcierto.

-Pues… no en realidad… Koichi Teneko. - dijo, extendiendo su mano. Motoki extendió la suya. - Soy… amigo de Mamoru.

-¿De verdad? Nunca había oído de ti.

-Si, hace algunos años que no nos vemos…

-Si, claro…- Motoki lo observó de arriba abajo. Había algo extraño en él y en su historia. - ¿Qué tantos años? - indagó. Conocía a Mamoru desde la secundaria, y estaba seguro de que no tenía otro amigo más que él.

-Emm, bueno… quería saber si puedes ayudarme.

-¿Cómo puedo ayudarte?

-Lo he estado buscando, pero… no está en su casa, ni en el hospital… Tú lo conoces mejor que yo, quizás sepas dónde encontrarlo.

-Pero…

-Por favor, estoy preocupado por él.

-Es grande, sabe cómo cuidarse.

-¡Es que no lo entiendes! ¡No se trata de eso! Él… corre peligro…- Motoki abrió los ojos con sorpresa. Observó la preocupación de aquel hombre, parecía genuina. ¿De dónde conocía a Mamoru? ¿Cuánto tiempo llevaban siendo amigos? ¿Por qué nunca había escuchado de él? ¿Acaso…?

-¿Es que tú…?

-Necesito encontrarlo…

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El alcohol no solía ser buen consejero. El alcohol jamás resolvería sus problemas. Lo sabía. Pero el alcohol era lo único que le hacía olvidar, al menos por un rato. Apenas bebió la última gota de su vaso, levantó su mano pidiendo otro trago. La música estaba tan fuerte que apenas si podía oír sus pensamientos. Suspiró. La imagen de la joven de cabellos oscuros llegó a su mente.

-Oyuki…- susurró. ¿Qué demonios estaba pasando con él? ¿Por qué no podía sacarla de su mente?

El recuerdo de un beso estaba en su mente. Era confuso, ni siquiera sabía cómo había pasado, pero lo había hecho. ¿Cómo había llegado a besarla? Bebió otro sorbo de cerveza. Seguía culpándose. Si Usagi supiera. No podía perdonarse. Pero... no podía dejar de pensar en ella. Ella despertaba todo tipo de sentimientos en su corazón, sentimientos que, creía, sólo podía sentir por Usagi. Lloró en silencio, ya no podía más, sólo deseaba morir. Acabó de beber y pidió otro trago. El barman detrás de la barra se dispuso a servir otro chop.

-No, espera…- dijo, con su voz entrecortada. - mejor, dame algo más fuerte.

-Ya basta, ya es suficiente. - la gruesa voz del recién llegado lo tomó por sorpresa. Claro que estaba ebrio, pero no tanto como para no reconocerlo. Volteó a verlo, se encontró con esos ojos azules intensos, con una mezcla de preocupación y molestia. - Creo que deberías dormir. - lo regañó, cual padre que reta a su hijo adolescente. Así como solía hacerlo en el pasado. – Miró al hombre parado detrás de él. ¿Qué hacían esos dos juntos?

-Déjame en paz, Koichi… sólo quiero olvidar. - Motoki se acercó a él, colocó su mano en la espalda.

-Ya es suficiente, hermano. - dijo con dulzura. Mamoru tomó el vaso y lo levantó, como evocando un brindis.

-Vamos, Motoki… Una borrachera, como en los viejos tiempos. ¿O es que Makoto ya no te deja beber? – rió. El rubio frunció el ceño. Mamoru volteó a ver al hombre de cabellos blancos. - ¿Qué hay de ti, Koichi? ¿Qué tal un trago? A Kunzite le agradaba tomar, ¿Recuerdas? Sobre todo, cuando Venus se le hacía la difícil. Koichi suspiró. Los recuerdos de Kunzite no le agradaban, él había tenido una vida muy triste. Siempre haciendo lo correcto, siempre llevando sobre sus hombros el peso de ser el líder, el responsable.

-De acuerdo...- se sentó a su lado. - Bebamos.

-¿Qué? ¿De verdad? - Koichi notó la molestia en el rubio.

-Vamos, sólo un trago, Motoki. Será mejor eso que dejarlo bebiendo solo, ¿no lo crees? - Motoki suspiró. Sabía a la perfección que el alcohol había sido su refugio los últimos meses, que solía beber hasta perder la conciencia. Lo mejor que podía hacer por él era acompañarlo.

-Muy bien...- dijo, sentándose en la barra también.

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El fuego sagrado se avivó por última vez antes de volver a su estado normal. Había respondido sus preguntas. Sus ojos se llenaron de lágrimas. Pero siempre era mejor saber. Ahora sabía porque ese sujeto le daba mala espina. Sin embargo, saber le ocasionaba un dolor inmenso.

-¡Ya estoy aquí, Yuichiro!- La voz de la sacerdotisa lo hizo sobresaltar, se apresuró a secar sus lágrimas, mientras ella permanecía a sus espaldas. - ¿Yuichiro?- insistió ella, al notar algo extraño en él. Yuchiro se puso de pie, aun dándole la espalda. - ¿Qué ocurre? - Él apretó los puños con fuerza, mientras intentaba contener el llanto. El fuego sagrado volvió a avivarse, eso le dio mala espina.

-¿Por qué no me lo dijiste? - preguntó, casi en un susurro.

-¿De qué hablas?

-¿Por qué no me dijiste quién era él, lo que había significado en tu vida pasada? - Rei abrió ojos con sorpresa. Su corazón se estrujó. ¿Cómo era posible que él lo supiera?

-Bueno... yo...- titubeó, nerviosa. - ¿Cómo... cómo lo supiste? - El fuego sagrado se avivó una vez más, eso le dio la respuesta a su pregunta.

-Sólo quería entender por qué sentía esa energía tan poderosa en él. - dijo, volteando al fin. - Ahora lo entiendo... como también entiendo porque te mira de la forma en la que lo hace.

-Él... significó mucho en la vida de Mars, pero ¡yo no soy ella!

-Entonces, ¿qué es lo que sientes por él?

-Bueno...

-Dime que no significa nada para ti, que no despierta ningún sentimiento especial en tu vida.

-A decir verdad...- Rei intentó decir que Jomei no representaba nada en su vida, que lo amaba a él y a nadie más. Pero las palabras no salían de sus labios. ¿Amaba a Yuchiro? Por su puesto. Pero, también, sentía que amaba a Jomei, a Jedaite. Por eso no podía responderle, no podía afirmar que no sentía nada por él. Simplemente, no podía mentirle.

-Lo amas, puedo verlo en tus ojos. Y está bien, supongo. Hay amores que transcienden la muerte, incluso miles de nuevas vidas.

-Yuichiro...

-No te preocupes por mi... No temas elegirlo a él. - dijo retirándose el anillo de compromiso y entregándoselo a ella. - Te dejo libre, para que puedas seguir a tu corazón.

-Pero...- ella se negó a tomar el anillo. Entonces él bajó su mano, aun sosteniéndolo.

-Te amo demasiado, tanto que seré feliz sólo con verte feliz, aunque esa felicidad no sea a mi lado.

-Pero... no es eso lo que quiero, Yuichiro.- la voz de Rei se entrecortó, las palabras apenas le salían, en medio de un mar de lágrimas. - Yo... estoy muy confundida... Es cierto, él despierta muchos sentimientos nuevos, pero... ¡Yo te amo! No puedes terminar nuestra relación así, no puedes dejarme. - Yuichiro sonrió, entre lágrimas.

-Lo siento, pero no creo merecer estar con una mujer que ama a otro hombre.

-¡Mars lo amó! Yo... no lo sé... no sé lo que siento por él...

-Pero, al final de cuentas, tú eres Mars. Y también lo amas.

-Quizás... Pero también te amo a ti.

-No tengo dudas de eso, me la has demostrado de mil maneras. Pero, también entiendo que pensaste que él estaba muerto y enterrado, que su alma jamás volvería. - Volvió a extender el anillo hacia ella. - Volveré a mi ciudad natal. - acabó diciendo. Ella tomó el anillo.

-No lo hagas...

-Necesito hacerlo. De todos modos, sólo quiero que sepas que siempre contarás conmigo, siempre serás bienvenida.

-Yuichiro.- él se dio media vuelta, dirigiéndose a su alcoba.

- Sé feliz, Rei...

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-Dime que es lo que ocurre. - indagó el hombre. Quizás, en ese nuevo mundo no eran más que dos extraños, pero, aun así, sentía que la esencia seguía siendo la misma, que lo seguía conociendo a la perfección.

-¿Acaso no lo sabes? - respondió el morocho, casi en un susurro y sin quitar sus ojos del vaso de gin-tonic.

-Hay algo más...- Mamoru suspiró. ¿Cómo podía conocerlo tanto después de tantos años y tantas vidas?

-Es cierto.

-Puedes contarme lo que sea, como lo hacías con Kunzite.

-Hay una mujer... una enfermera...- Mamoru hizo una pausa, realmente no sabía cómo explicar lo que estaba sintiendo. Sintió un nudo en su garganta. - No sé qué es lo está pasando conmigo. Nunca antes me había pasado algo así, estoy muy confundido. - Acabó diciendo, para luego ahogar sus penas en otro trago de gin-tonic. Y ya no supo cómo continuar. No hizo falta de todos modos, ambos hombres comprendieron cual era el punto.

-Hermano...- Motoki puso su mano sobre la espalda de su amigo. Mientras Koichi guardaba silencio, casi convencido de saber quién era esa mujer, de entender que era lo que estaba pasando. - Quizás sólo estés confundido por lo que está pasando.

-La besé...- dijo, casi en un susurro, como si se avergonzara de sí mismo. - Ni siquiera sé cómo pasó, pero... pasó... Y desde ese momento no he podido dejar de pensar en ella.

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Salía de su trabajo de medio tiempo cuando la vio acercarse. Resplandecía como el Sol. Y, como el Sol, su sola presencia hacía que su día se llene de luz. Observó que traía puesto un ambo en color celeste claro, y una hermosa sonrisa dibujada en su rostro. Sonrió también.

-Ami.- dijo con una sonrisa en su rostro.

-Estaba esperándote. - dijo ella, tímidamente, con su rostro sonrojado.

-¿A qué le debo semejante honor? - preguntó, divertido, con cierto tono de galán.

-Mira.- dijo ella, haciendo referencia a su atuendo. Él le hecho una mirada de arriba abajo. - Tomé tu consejo, le pedí a mi mamá que intercediera por mí y conseguí un trabajo de medio tiempo, como enfermera en el hospital de Tokio. - Zakuro sonrió al ver la expresión de felicidad en su rostro. - Sólo quería agradecerte...

-No tienes nada que agradecer, sólo fue una idea... Sé te ve muy bien, creo que naciste para la vida en el hospital. - Ami volvió a sonrojarse.

- Y eso no es todo...

-¿Hay más?

-Fui a la universidad de Tokio a pedir información... Decidí que terminaré mi carrera aquí. Tomaré las clases que estaba cursando en Oxford, como oyente, y las rendiré libres al final de semestre.

-¡Eso es genial! Es una gran noticia... Me alegra que puedas hacerle frente a las adversidades.

-Todo te lo debo a ti.

-Claro que no, eres brillante, estoy seguro de que te espera un futuro prometedor. - sonrió, acercándose a ella. Ami se sonrojó nuevamente. - Esto tenemos que festejarlo. Te invito a tomar algo. ¿Un helado o un café? - Ami titubeó, estaba nerviosa. Él la ponía nerviosa.

-Bueno, quizás otro día... es tarde ya y tengo que ir al hospital ¡hoy es mi primera guardia!

-Claro, si... entiendo...

-Quizás mañana...

-Sí, claro... te mandaré un mensaje...- dijo, con algo de decepción, mientas volvía a perderse en sus ojos azules.

No muy lejos de allí, la mujer de tez trigueña observaba la escena. Había estado siguiendo al joven de cabellos rubios durante largo tiempo, y él ni siquiera lo había notado.

-Otra vez esa mujer. - Dijo para sí misma. ¿Cómo no lo había notado antes? Él había salvado su vida no sólo por ser una guardiana de la princesa. Había más. Esa mujer podría ser de mucha ayuda para recuperar el anillo que Zakuro le había arrebatado. Sólo tenía que encontrar el momento exacto para usarla como carnada.