La cena del Ministerio de Magia estaba en su apogeo. Las luces suaves de los candelabros flotantes creaban un ambiente cálido y elegante en el gran salón, mientras los murmullos de los asistentes se mezclaban con la música suave que provenía de un grupo de músicos mágicos. La fiesta, organizada para fomentar la camaradería entre los departamentos del Ministerio, había logrado reunir a todos en un evento de lo más formal.
Hermione Granger, ahora a los 35 años, se movía con confianza entre las mesas, su vestido rojo de escote corazón resaltando su figura esbelta. No importaba cuántos años hubieran pasado desde aquellos días en que luchó contra el Señor Tenebroso, ni cuántos desafíos había enfrentado en su vida profesional, en ese momento no podía evitar sentirse incómoda entre tantos rostros conocidos.
Se acercó a la mesa donde Harry Potter y Ginny Weasley conversaban, sonriendo para sí misma al ver la familiaridad de sus amigos. Harry, siempre con ese brillo juguetón en los ojos, levantó su copa hacia ella con una sonrisa.
— ¿Sabes, Hermione? —bromeó Harry—. Este evento es perfecto para que reconsideres la idea de casarte nuevamente.
Hermione arqueó una ceja, divertida pero sarcástica. Ya había pasado por una relación fallida, y no estaba ni un poco interesada en repetir la experiencia.
— En este lugar, el único soltero que vale la pena es Malfoy —respondió con una sonrisa astuta—. Y prefiero besar a un sapo antes que hablarle primero.
Harry soltó una risa ligera, mirando hacia el fondo de la sala, donde, como si las palabras de Hermione lo hubieran invocado, Draco Malfoy comenzaba a atravesar la multitud en su dirección. Su mirada estaba fija en ella, y la sonrisa que jugaba en sus labios no era precisamente amigable.
— Bueno —dijo Harry, antes de alejarse y dejarla sola con su destino—. Parece que el interesado es Malfoy. No soy el único que lo nota, ¿verdad?
Hermione se giró, y allí estaba él. Draco Malfoy, ahora de 35 años, con el mismo porte arrogante, pero con algo más en su mirada. Algo que, al menos por un segundo, hizo que su corazón latiera un poco más rápido de lo que habría querido admitir.
Malfoy se acercó con paso decidido, su mirada evaluadora recorriendo a Hermione de arriba a abajo, como si cada detalle de su presencia fuera una incógnita que necesitaba resolver.
— Granger —dijo en voz baja, como si estuviera saboreando su nombre, una sonrisa traviesa en sus labios—. No imaginaba verte tan... deslumbrante esta noche.
Hermione, con una mezcla de desafío y picardía, no tardó en responder.
— Qué raro, Malfoy. Yo tampoco te esperaba tan... insistentemente cerca. —La tensión en sus palabras era palpable, y la mirada en sus ojos no hacía más que avivar la chispa que siempre había existido entre ellos.
Draco la observó con una mezcla de diversión y algo más, algo que hacía tiempo no veían el uno en el otro. Su actitud no era la de un Malfoy que había crecido, pero había algo en su presencia que le recordaba que, de alguna manera, él aún seguía siendo un misterio, uno que ella no podía resistir explorar.
— Entonces... ¿besar a un sapo no es una opción tan mala? —dijo, su tono bajo pero con una insinuación clara.— A veces tengo un oído muy fino.
Hermione frunció el ceño, pero su sonrisa no podía disimular la curiosidad que él había despertado en ella, a pesar de su actitud.
— Oh, no te preocupes, Malfoy. Puedo pensar en peores formas de pasar la noche. —su respuesta fue rápida, desafiante, pero con un brillo que no podía ignorar.
La conversación entre ellos, llena de coqueteo y tensión, acababa de comenzar.
Draco no apartó la mirada de Hermione, como si estuviera evaluando cada palabra que ella decía, cada pequeño gesto. La sala seguía a su alrededor, llena de risas y conversaciones, pero para ellos el mundo parecía haberse reducido a ese rincón del salón, donde la tensión entre ellos era palpable.
— ¿De verdad, Granger? —dijo Draco, su voz cargada de una suave burla—. Pensé que las brujas como tú preferían algo más... romántico. Un beso con magia, tal vez. ¿No es así como te gustaría que fuera la cosa?
Hermione rió suavemente, un sonido que, en circunstancias normales, habría sido solo eso: una risa ligera. Pero con Draco frente a ella, su risa sonó mucho más provocadora, como si estuviera respondiendo a un desafío.
— ¿Romántico? —repetía, con una sonrisa afilada—. Si te refieres a algo lleno de dramatismo, no, no me interesa. Prefiero algo menos... como las novelas románticas que siempre te hacían suspirar, Malfoy. ¿Te acuerdas de esas? Seguro las devorabas mientras intentabas dejar atrás tus años de "chico malo".
La mención de sus años de juventud provocó un pequeño destello en los ojos de Draco. No podía evitar sonreír, aunque fuera por lo bajo. Ella tenía razón, ¿verdad? Había sido todo un cliché en su época de Hogwarts, el chico malo con una fachada de arrogancia. Pero algo en su actitud había cambiado. Algo en él estaba diferente, más sutil, más real. Y era la mirada de Hermione, ahora adulta y completamente segura de sí misma, lo que hacía que esa chispa de atracción fuera imposible de ignorar.
— ¿Novelas románticas? —repitió él, acercándose un paso más, su rostro tan cerca de ella que su aliento se mezclaba con el suyo—. ¿No sabías que yo prefería las historias de misterio? Siempre me gustaron los enigmas... y las respuestas inesperadas.
La cercanía de Draco la descolocó un poco. Ella intentó mantener la compostura, pero había algo en su presencia, en su voz, que hacía que se le acelerara el pulso. Apreté las manos alrededor de su copa, buscando un poco de estabilidad, aunque sabía que no podía huir de la situación.
— ¿Enigmas, eh? —Hermione frunció ligeramente el ceño, desafiándolo—. Supongo que ahora te gustaría resolver el misterio de lo que hay entre nosotros.
Draco sonrió, un gesto que, aunque parecía cálido, estaba lleno de complicidad y diversión. Se inclinó hacia ella con un aire más cálido, casi íntimo, mientras sus ojos exploraban su rostro con una intensidad que hacía que Hermione sintiera un calor repentino en su interior.
— ¿Nosotros? —preguntó, como si el concepto mismo le causara curiosidad—. ¿No estamos demasiado viejos para andar resolviendo misterios, Granger?
La ironía de la pregunta no pasó desapercibida para ella. Hermione alzó una ceja, sin querer perder terreno en esta sutil batalla verbal.
— No, Malfoy. Tú serás el que estará demasiado viejo para resolver cualquier cosa si sigues a este ritmo.
Ambos sabían que no hablaban solo de su edad o de la fiesta. La conversación era solo el preludio de algo mucho más complejo, algo que ninguno de los dos quería admitir, pero que estaba flotando en el aire.
Draco hizo una ligera pausa antes de contestar, como si estuviera sopesando sus siguientes palabras.
— ¿Y si lo resuelvo de la manera más simple? —dijo, acercándose aún más, hasta que sus voces casi se entrelazaban—. ¿Qué tal un beso, Granger? Sin más misterios, solo... acción.
Hermione lo miró fijamente, la provocación ardiendo en sus ojos. Su respiración era más agitada ahora, el desafío en sus palabras tan evidente como el deseo no dicho que flotaba entre ellos.
— ¿Un beso? —repitió, como si la idea fuera una propuesta ridícula, aunque en el fondo no lo fuera—. ¿Crees que soy tan fácil de convencer, Malfoy?
Draco no respondió inmediatamente, pero su mirada intensa dijo todo lo que sus palabras no podían. Finalmente, dio un paso atrás, rompiendo la tensión, pero solo ligeramente.
— Quizás... —dijo, con una sonrisa cargada de promesas—. Quizás no... pero no seré yo quien lo resuelva.
Hermione, todavía con el corazón acelerado, se dio cuenta de que, por primera vez en mucho tiempo, había algo real entre ellos, algo que no podían ignorar. Ya no eran los adolescentes arrogantes de Hogwarts, pero había algo de esa química en el
Draco tomó un sorbo de su whisky de fuego, sin apartar la mirada de Hermione. La música seguía sonando en el fondo, y la cena poco a poco se iba transformando en un evento más relajado, con grupos dispersándose en pequeñas conversaciones privadas.
— Entonces... —dijo él con un tono casual, pero con un trasfondo más serio—. ¿Cómo es que la heroína del mundo mágico sigue soltera a los 35 años?
Hermione sonrió con ironía y giró la copa en su mano antes de responder.
— Lo mismo podría preguntarte a ti, Malfoy. Pensé que los ricos y poderosos siempre encontraban la manera de asegurarse una familia perfecta.
Draco soltó una risa baja, sin molestarse en ocultar su cinismo.
— Oh, lo intenté —admitió—. Me casé, hice todo "bien". Pero... ya sabes, algunas cosas simplemente no funcionan. Soy estéril.
Hermione sintió algo en su voz que no esperaba. No era solo sarcasmo o resignación; había un dejo de sinceridad que la descolocó.
— Sí —dijo ella suavemente—. Lo sé.
Draco ladeó la cabeza, observándola con atención.— ¿Tú también?
Ella asintió, tomando un sorbo de su vino antes de hablar.
— Nos casamos. Intentamos tener hijos. No pudimos. Y al final, todo se desmoronó.
Draco no necesitaba más detalles para entenderlo. Porque era su historia también. El peso de las expectativas, las miradas de compasión, la sensación de vacío al darse cuenta de que algo que creían seguro simplemente no estaba destinado a ser.
— Supongo que no somos los únicos —dijo él, con un gesto de resignación—. Pero, sinceramente, a veces me pregunto si fue una bendición disfrazada.
Hermione arqueó una ceja. — ¿No querías hijos?
— Claro que sí —respondió Draco, encogiéndose de hombros—. Pero cuando el matrimonio se basaba en la esperanza de que eventualmente los tendríamos... y luego no pasó... Bueno, no quedaba mucho más, ¿no?
Hermione suspiró. — Sí. Lo entiendo demasiado bien.
Hubo un breve silencio entre ellos, pero no era incómodo. Era el tipo de pausa que solo existe entre dos personas que realmente comprenden lo que el otro ha vivido.
Draco la miró fijamente antes de hablar de nuevo. — Bueno, Granger... si no tenemos destino como padres, al menos podemos disfrutar de la libertad, ¿no?
Hermione sonrió, divertida. — ¿Así que ese es tu enfoque ahora? ¿Disfrutar la vida sin ataduras?
Draco se inclinó ligeramente hacia ella, su tono bajo, casi un susurro. — Digamos que me gusta vivir el momento.
La chispa en sus ojos, la tensión en el aire, la manera en que el ambiente a su alrededor se volvía más íntimo... Hermione supo exactamente hacia dónde iba esto.
Y, por primera vez en mucho tiempo, no sintió la necesidad de detenerlo.
— ¿Y qué sugieres, Malfoy? —preguntó ella, con un tono que era mitad desafío, mitad curiosidad genuina.
Draco dejó su vaso en la mesa, y su sonrisa adquirió un matiz peligroso.
— Sugiero que dejemos de hablar de lo que no pudimos tener... y veamos qué sí podemos hacer esta noche.
La mirada de Hermione se mantuvo firme en la suya, y por un momento, solo un instante, sopesó todas las razones por las que no debía aceptar. Pero entonces, pensó en lo que Harry siempre decía: "Vives demasiado en tu cabeza, Hermione".
Tal vez esta era una de esas veces en las que pensar demasiado solo arruinaría el momento.
Y esa noche, por primera vez en mucho tiempo, decidió no pensar.
Se despertó con la luz de la mañana filtrándose por la ventana.
Hermione parpadeó varias veces antes de reconocer el techo desconocido sobre ella. Y entonces, sintió el calor de un cuerpo a su lado.
Giró lentamente y allí estaba Draco Malfoy, acostado sobre su estómago, con la sábana apenas cubriendo su cadera y su rostro relajado en el sueño.
Por un instante, solo lo observó. La línea de su mandíbula, la forma en que su cabello rubio caía sobre su frente, la manera en que su respiración era tranquila y pausada.
Cerró los ojos y suspiró.
No se arrepentía. No en lo absoluto.
Pero eso no cambiaba el hecho de que en unas pocas horas, debía irse.
Se levantó con cuidado, asegurándose de no despertarlo, y comenzó a vestirse. Para cuando estuvo lista, Draco se movió ligeramente y entreabrió los ojos.
— ¿Huyendo tan temprano, Granger?
Hermione sonrió. — No todos pueden darse el lujo de holgazanear en la cama, Malfoy.
Draco se sentó lentamente, apoyándose en un codo, con una expresión de ligera diversión. — Pensé que al menos tendrías la decencia de quedarte al desayuno.
Ella suspiró y lo miró con algo que no era tristeza, pero tampoco indiferencia.
— Me voy a América. Trabajo. Un año.
Draco no pareció sorprendido. Solo asintió con lentitud. — ¿Así que esto fue un Hola y un Adiós?
Hermione se encogió de hombros, sonriendo con un toque de nostalgia. — Fue una noche.
Draco la observó en silencio por un momento y luego sonrió de lado. — Entonces, Granger... espero que haya sido una noche que valga la pena recordar.
Hermione se inclinó ligeramente hacia él, con la misma picardía que habían compartido toda la noche anterior.
— Oh, Malfoy. Créeme. Lo fue.
Y con eso, desapareció por la puerta, dejando tras de sí el eco de una noche que, aunque solo fue una aventura, ninguno de los dos olvidaría tan fácilmente.
Bueno, a veces las canciones me dan ideas...
Así que espero le guste esta corta historia, gracias por leer!
