**Las canciones para las escenas están escritas entre asteriscos ***
Capítulo1: El despertar
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" Es el momento de revelar tus recuerdos, guerrero de Suzaku"
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Un grupo de chicas salían de sus clases y se dirigían hacia la salida del instituto de preparatoria Yotsubadai, topándose con una figura masculina, joven, alta y fuerte, apoyada contra el muro exterior del recinto. Su look occidental, vistiendo unos jeans rectos azul oscuros, botas Timberland y chaqueta marrón con cuello sherpa, no fue lo único que llamó la atención de las estudiantes.
-"¡Wow! ¿Habeis visto a ese chico?"- susurró una, fascinada por el color de pelo tan inusual del atractivo joven, que resaltaba los pendientes y pequeños aros con cadena de sus orejas. Aunque últimamente estaba de moda entre los chicos llevar un pendiente en la oreja, pocos eran los que se atrevían a ponerse más, por miedo a verse demasiado afeminados. Pero definitivamente no era aplicable a él.
-"¡Sí, es guapísimo!"- comentó otra en voz baja mirándolo discretamente. -"Nunca lo había visto por aquí, ¿quién será la afortunada a la que está esperando?"
El joven las miró con aire despreocupado, haciendo que éstas se sonrojaran.
Las chicas se alejaron entre miradas y risitas. Erik suspiró impaciente mientras miraba su reloj de pulsera. Ella aún no aparecía. Metió las manos en los bolsillos de su chaqueta. A pesar de que el sol de la recién llegada primavera brillaba en el cielo, aún se notaba el frío residual del invierno.
Mirando al cielo, volvió a suspirar. ¿Y si se había equivocado de instituto? ¿Y si era él el que estaba equivocado en ir a buscarla? ¿Y si solo era una coincidencia y en verdad estaba loco?
Loco de atar. Eso es lo que pensó cuando todo aquello empezó hace dos años. ¿Una voz que le decía en sueños que en otra vida había sido un guerrero celestial? Aquello tenía que ser una maldita locura de su trastornada cabeza.
Y así fue como empezó su calvario a la edad de 17 años. En realidad, Erik ya estaba yendo a un psicólogo desde que tenía 15, por orden de su madre. Preocupada por su actitud ante los estudios y la vida en general, esperaba que un profesional "arreglara sus problemas de adolescente conflictivo". Así lo llamaba ella. Pero su madre ignoraba la dura realidad de su querido y único hijo. Erik siempre se había sentido fuera de lugar, vacío, incomprendido, como si no perteneciera a este mundo. Tampoco ayudó que sus padres se separaran cuando él tenía 13 años. Sí, sus dos progenitores se amaban con locura, pero su padre, originario de Estados Unidos, no podía soportar más vivir lejos de su tierra. Su madre, tampoco quería dejar Japón, puesto que allí tenía toda su vida y estaba muy arraigada a la cultura nipona. Finalmente su padre decidió marcharse de vuelta a Estados Unidos, y solamente venía de visita en las vacaciones de Verano y Navidad. Durante esos pocos días, sus padres se volvían a amar, como si nunca se hubieran separado. De hecho, fue a partir de entonces que comenzaron a ser felices de verdad. Pero no Erik. Las constantes discusiones de sus padres, y su posterior separación, le habían causado un profundo y doloroso trauma. O al menos eso decía su psicóloga. Además la ausencia de su padre, y por tanto de una figura de autoridad, provocó que Erik se convirtiera en un "rebelde sin causa", como solía decir su madre, con un fuerte temperamento difícil de aplacar, y que además no se esforzaba en los estudios. Y para mayor disgusto de su madre, era miembro de una banda de adolescentes, que se dedicaban a beber alcohol, tomar drogas y meterse en problemas.
-"¡Mamá solo es cerveza!"- le dijo un día cuando su madre fue a buscarlo al callejón donde se reunía con sus amigos, porque no había regresado a tiempo a casa, y le había sorprendido bebiendo.
-"¡Ya!, ¿y esa peste a marihuana?"- gritaba ella enfadada mientras tiraba de su oreja arrastrándolo hasta el coche para diversión de sus amigos.
-"No es marihuana, es hachís"- replicó burlonamente con su característica sonrisa colmilluda antes de que ella le diera un capón en la cabeza.
-"¡Aaayyy!"- protestó intentando calmar el dolor con su mano.
Entonces, la expresión severa del rostro de su madre se suavizó, y cambió a una triste.
-"¿Cuándo vas a dejar de malgastar tu vida?"
Erik la miró con lástima. No era la primera vez que le echaba el sermón. En realidad él la quería y la respetaba, por eso detestaba hacerla sufrir así, pero él quería vivir su propia vida, y las sensaciones fuertes eran lo único que le hacía sentir bien.
Pero lo que Erik no se imaginaba era que su vida se complicaría aún más a la edad de 17 años, cuando tuvo aquel extraño sueño. Una voz solemne y profunda, sin rostro, como si de un ser todopoderoso se tratase, le revelaba un pasado oculto en su propia mente. Su cabeza se llenó de los recuerdos de otra vida y otro mundo, repletos de emocionantes aventuras y seres poderosos, pero también de dolor, muerte y... amor. Unos recuerdos que sorprendentemente reconocía como suyos, haciendo aflorar un fuerte sentimiento de pertenencia a aquel mundo, todo lo que no sentía en su propia vida. Y entonces, su mente se saturó y se volvió totalmente confusa. Él no podía aceptar todo aquello, simplemente porque era imposible de creer. Y además, aunque fuese real, odiaba tener escrito un destino. Él era libre de elegir su propio camino. Y menos aún, seguir a una chica que ni siquiera conocía, a pesar de que sentía lo contrario.
Porque SÍ la conocía.
Durante varios meses, Erik tuvo numerosos sueños y visiones relacionados con aquellos supuestos recuerdos. Su psicóloga los achacaba a su insatisfacción por la vida y al consumo de hachís. En resumen, simples delirios transitorios, que únicamente debía ignorar y poco a poco desaparecerían. Pero no fue así. Los sueños se hicieron más y más intensos, más vívidos, algunos con muertes tan sentidas que incluso el pecho le dolía, las lágrimas se le escapaban. Y luego estaban los sueños con ella. La sacerdotisa. Algunos con fuerte contenido sexual. Para ser solo fruto de su imaginación, el nivel de detalle era realmente sorprendente, por decirlo de alguna manera. Pero había más que eso, él no podía quitársela de la cabeza. Lo intentó saliendo con incontables chicas durante 2 años, pero de nada sirvió. Incluso llegó a odiarla en algunos momentos. Así que, cuando cumplió los 18 años dejó de acudir al psicólogo y decidió buscarla para enfrentarla. Si ella existía, la encontraría. Y así fue cómo averiguó que había una Miaka Yuki estudiando en la preparatoria de Yotsubadai.
"-Vaya, has tardado más de lo que esperaba."- una voz masculina lo sacó de sus pensamientos.
Erik alzó la vista y su semblante palideció cuando se encontró con un joven alto de ojos y pelo oscuros, cuyo rostro era tan familiar como el de cualquiera de sus amigos. Sin embargo era la primera vez que lo veía... Al menos en esta vida.
-"¡Tamahome!"- dijo al fin. Su nombre fluyendo de su boca de manera sorprendentemente natural, como si lo hubiese pronunciado millones de veces.
-"Ahora me llamo Taka. Taka Sukunami."- le corrigió seriamente.
-"¿Cómo es posible?"- preguntó Erik con los ojos abiertos como platos. "¿Eres de verdad?"- se acercó hasta él para tocarlo compulsivamente.
-"¿Pero qué diablos haces?"- le reprendió quitándoselo de encima al tiempo que se arreglaba su camisa azul cielo con la insignia de una conocida universidad.
-"¡Taka!"
Una voz femenina y tremendamente familiar sonó por detrás de Erik.
Al girarse, pudo ver una chica de melena larga y color castaño cobrizo que se acercaba corriendo desde el interior del instituto.
*** "The Funeral" - YUNGBLUD***
Erik se quedó petrificado cuando vió su rostro. Miles de recuerdos asaltaron su mente mientras la observaba acercarse, como el resumen de una película. Era ella, todo era real, no estaba loco. Miaka.
Erik tragó saliva, sus ojos fijos en los de ella, que lo miraban con una mezcla de confusión y timidez.
Taka se adelantó para estrecharla en un abrazo y seguidamente le dió un casto beso en los labios.
Erik no entendía nada, inmóvil donde estaba, los celos lo invadieron.
Segundos después apareció otra chica rubia uniéndose a la pareja. A pesar de llevar el pelo algo más largo, Erik enseguida la reconoció. Yui. Su expresión se endureció y ella no pudo evitar su sorpresa al verlo allí.
-"¿Quién es tu amigo?"- preguntó Miaka a su novio con una tímida sonrisa.
Ella no le conocía ¿Cómo podía ser? Estaba seguro de que Yui le había reconocido nada más verlo, ¿por qué no Miaka? ¿Y por qué estaba con Tamahome? Acaso él tenía razón y había llegado demasiado tarde?
-"Oh, ¿él? Eemmm.. es un antiguo compañero del instituto..."- intervino Taka antes de que Erik pudiese abrir la boca.
-"Ya veo..."- dijo Miaka un poco confundida. -"y ¿tu amigo tiene nombre?- le preguntó entre risas.
Taka dudó.
-"Erik. Erik Jenssen"- contestó Erik muy serio.
Miaka ladeó ligeramente su cabeza mostrando interés.
-"No parece un nombre muy japonés..."
-"Mi padre es estadounidense con raíces noruegas, de ahí mi nombre."
-"Erik el vikingo..."- bromeó ella.
-"¡Ven Miaka!- interrumpió Yui. -"Tengo algo que enseñarte"- y se llevó a su amiga un poco más lejos.
Obviamente, era una estratagema para alejarla de allí y que Taka pudiese hablar con él.
-"Mira, voy a ser directo."- comenzó a decir el joven de pelo oscuro. -"Miaka perdió todos sus recuerdos del Universo de los Cuatro Dioses al volver aquí, a su mundo."
Erik se quedó perplejo.
-"¿Por qué? ¿Qué pasó? ¿Y por qué a tí si te reconoce?"- preguntó enfadado.
-"¡No seas idiota! A mi tampoco me reconoce, ¡a nadie! ¡Te he dicho que no se acuerda de nada de aquello!"
Taka hizo una pausa para mirar en dirección a las chicas. Después puso una mano sobre el hombro de Erik a modo de consuelo.
-"Mira, de alguna manera yo la encontré, y me sorprendió tanto como a ti que no me reconociera, pero me hizo un hueco a su lado, y ahora estamos juntos.
-"¡Ella no te ama, me ama a mí!"- insistió Erik apretando sus puños.
-"Eso era antes. ¿Recuerdas lo que te dije? Yo nunca me rendiría, ni siquiera en otra vida. Ella es feliz ahora. No intentes romper eso. Solo déjala ser feliz."
Con esta frase, Taka dio por terminada la conversación. Erik no pudo hacer nada más que apretar sus puños y mirar cómo se marchaba agarrado de la cintura de Miaka. Yui echó un vistazo atrás un segundo para mirarlo con lástima, pero los tres continuaron su camino.
-"Vaya, menudo chasco…" – una voz familiar le sobresaltó.
Erik se giró y vió a un tipo que había aparecido de pronto y se había colocado a su lado. Sus rasgos eran femeninos, pero era un hombre.
-"¡Nuriko!" – exclamó perplejo y extrañamente feliz de verlo. En realidad, la última vez que se habían visto él había muerto.
-"Ese era yo, … en otra vida. Ahora soy Romel."
Romel le tendió la mano a modo de saludo.
-"¿Se puede saber dónde has estado todo este tiempo?" – le reprochó al pelirrojo.
-"¡Intentando asimilar esta maldita locura!"- contestó Erik llevándose las manos a la cabeza. –"¿Por qué no recuerda nada? ¿Y qué hace Tamahome con ella?"
-"Es complicado. De alguna manera nuestro destino común ha hecho que todos los que morimos en el Universo de los Cuatro Dioses nos volvamos a reunir en este mundo con vidas reencarnadas. Tamahome la encontró primero, y parece que el antiguo amor que compartieron los ha unido como pareja de nuevo. Yo me encontré con Hotohori, ahora Bastian, y Chiriko, llamado Keiko en este mundo. Todos nos hemos vuelto a juntar, incluso somos amigos y nos juntamos de vez en cuando, pero Miaka no nos reconoce como sus guerreros. A pesar de ello, somos todos buenos amigos, pero Taka nos ha dejado muy claros los límites, y está prohibido hacer cualquier alusión al pasado que tenemos en el Universo de los Cuatro Dioses."
Erik escuchó a su antiguo amigo atentamente y sin decir palabra alguna.
-"Ahora, te confieso que esperaba que cuando aparecieras tú Miaka tendría alguna revelación y os volveríais a enamorar, como antes…" – la voz de Romel guardaba cierta nostalgia. – "Has tardado demasiado en reunirte con nosotros, pero estoy seguro de que si vuelve a verte y pasa más tiempo contigo, ella terminará recordando vuestro amor."
Erik quedó pensativo por un instante, después bajó la cabeza.
-"No, Tamahome tiene razón. Ella sufrió mucho en el Universo de los Cuatro Dioses. Ella sufrió cada una de nuestras muertes, vivió experiencias que no debía haber vivido. Aquí ahora ella es feliz. Mejor dejar las cosas como están."
-"¿Queeeé?"- gritó con voz aguda Romel. –"¿No piensas luchar por ella?"
Erik dio media vuelta y dio la espalda a su antiguo compañero.
-"Pienso seguir con mi vida, y tú deberías hacer lo mismo. Hasta la vista, amigo, me alegra haberte visto con vida." – le dijo saludándolo con una mano mientras se marchaba.
-"Este idiota va a volver a cometer el mismo error en otra vida más… ¿Cuándo aprenderá a aprovechar las oportunidades?"
Romel suspiró y emprendió el camino opuesto.
CONTINUARÁ…
