Almendras amargas

Intermedio

Winchester

1606

.

Owain Warwick, el soldado rubio, volvió a las ruinas del que fuera su amado hogar unos dos o tres días después del incendio. El ambiente en esa zona se sentía desolado pues, la gran mayoría de las casas, terminaron convertidas en restos de madera quemada y vigas derruidas. Lo que le pasaba por la mente en esos momentos, era que aquello que estaba por buscar, no hubiera sido robado y que una trampilla en el suelo no hubiera sido detectada por los ladrones que ya habían pasado por ahí para esos momentos.

—Vaya, era obvio que iban a saquearla… —el rubio se detuvo un momento observando lo que solía ser la sala de estar y el gran comedor notando que faltaban hasta las vigas del techo.

¿Que podrían robarse si el lugar quedó reducido a escombros? No dejaban de sorprenderlo los amantes de lo ajeno.

Caminó un poco dirigiéndose a lo que solía ser la chimenea ubicando el sitio donde estaba la trampilla que tenia en la cabeza inclinándose para buscarla con los dedos desnudos. Recorrió esa zona del suelo con las yemas, poco a poco, hasta dar con las orillas de la larga puerta cuadrada que estaba oculta entre los tablones del suelo. Era tan amplia como para que un hombre de su altura la atravesara sin problemas y quedo tan oculta a los ladrones que el candado no había sido violado.

Tuvo que ayudarse de una barra de metal para remover el candado dedicando un buen tiempo a la puerta de madera.

Logró levantarla luego de tratar por un buen rato ya que la puerta estaba atascada, asi que tuvo que ingeniarselas para zafar las bisagras y quitar la hoja de madera totalmente. A fin de cuentas, no iba a volver a ese lugar, su familia pereció bajo las llamas y él creía que lo mejor de ahí en adelante, era buscarse otro sitio para comenzar a construir un nuevo hogar para él solo.

No importaba que fuera una casita de una sola planta y una sola habitación, sería su techo donde resguardarse de ahí en adelante.

Al retirar la trampilla, se dejó ver una escalera de madera que iba hacia abajo y que, a pesar de haber sido afectada por el incendio, aún era fuerte como para soportar su peso. Owain bajó con cuidado ayudado por la luz de la mañana que se filtraba con fuerza alumbrando una gran parte de lo que sería el sótano de la casa. Cruzó rápidamente la zona donde estaban unos toneles vacíos topándose con el espacio de trabajo que solía ser de Elinor.

De la parienta de cabellos ondulados y claros, bellas y suaves facciones, ojos dorados y unos lindos hoyuelos en sus mejillas que se marcaban cada vez que sonreía.

La joven gustaba de trabajar con plantas, las recolectaba, las clasificaba, las cortaba y revisaba a detalle documentando cada hallazgo en una bitácora que estaba sobre su mesa trabajo junto con frascos de vidrio, matraces, morteros y demás instrumentos; con ellos preparaba diversas sustancias derivadas de las plantas con fines medicinales. El rubio aún tenía fresco en su mente las veces en las que tenía dolor de cabeza o de músculos, Elinor siempre llegaba con un vasito con algún preparado medicinal que le ayudaba con el malestar.

El joven tomó la bitácora de la mesa recorriendo sus páginas con cuidado observando la bonita caligrafía de la prima lejana con quien comenzaba a hacer buenas migas, a compartir las noches en largas charlas mientras los dueños de la casa dormían, asì como risas y una que otra vivencia. Las confidencias y la cercanía entre ambos creció conforme pasaban los días, hasta que ella reveló un oscuro evento ocurrido en el tiempo en que vivió en lo que hoy es Portsmouth.

—Creo que le agrado demasiado a tu hermano Edvard —dijo con pesar una tarde que ambos estaban sentados en las sillas frente a la chimenea y a la tenue luz de los candelabros colocados en las mesas cercanas—, su esposa Caroline ha comenzado habladurías acerca de mi.

—¿Qué clase de habladurías? —Owain la observó molesto pues su hermano no tenía por qué causar molestias a Elinor— ¿Que ha sucedido con él?

—Me busca demasiado, pasa tiempo en mi casa bajo cualquier pretexto y he notado como me mira… Se como es, cómo golpea a su mujer y a sus hijos, comenzó a causarme miedo. Por eso acepté la invitación de tía Adaline para venir aquí.

—Ya veo. Si mi hermano llega a poner un pie en esta casa —sentenció Owain firme—, lo correré a patadas. No tiene por qué meterse contigo.

—Gracias.

Los crecientes sentimientos entre ambos se hicieron evidentes conforme pasaban los días, no era un misterio para ambos pese a no haberlos confesado abiertamente. Lamentablemente, el fuego se lo llevó todo incluyendo a la joven que poco a poco ocupaba su corazón.

Guardo la bitácora en un bolso de tela que llevaba consigo dedicando un tiempo a buscar algo más bajo la mesa. Se trataba de una caja metálica que aún estaba cerrada bajo candado, la llave se localizaba en otra parte del sótano, oculta detrás de los toneles vacíos. Para su buena fortuna, esta permanecía en su sitio usándola para quitar el candado y descubrir el contenido.

Eran los ahorros de la familia, la herencia se podría decir, los cuales tomó de inmediato guardandolos celosamente en su bolso. Con eso iba a comenzar a construir su nuevo hogar sin importar que un buen día de esos, Edvard apareciera de la nada reclamando algo. Misma razón por la que quería alejarse de los escombros de la propiedad cuanto antes.

—El no ha puesto un pie en casa en años, jamás escribió a nuestros padres, ni acudió al funeral. No tiene derecho a recibir ni un penique de este dinero —se decía molesto dejando la caja como estaba para ir escaleras arriba y alejarse de la zona.

El solo pensar en su hermano le hacía arder su sangre. La relación entre ambos siempre fue violenta y llena de discordias, sentimientos que se incrementaron al ser Owain el elegido para recibir educación especializada para un puesto que no ocupó. Además, la última voluntad de su padre se desintegró bajo las llamas del incendio seguramente pues no estaba dentro de la caja fuerte.

Y así pasaron varios días en los que el soldado rubio inició la búsqueda de un sitio adecuado para comenzar la construcción de su nuevo hogar. Se aproximó a la zona cercana al río donde otros habitantes, afectados por el incendio, también consideraron la misma idea. Owain levantó una casita tal y como lo había planeado, ya que no poseía tanto oro como para una edificación más grande, pero cumplía con lo que requería: era el nuevo techo sobre su cabeza de una sola planta y una sola habitación amplia. Apenas si tenía muebles, sin embargo eso no le preocupaba por ahora.

La herencia fue usada adecuadamente sin importar si el hermano detestado se dejaba ver por ahí alguna vez.

No obstante, el que se dejó ver por su propiedad fue aquel inquietante hombre cuya sombra aún sentía a su alrededor; Pernath bajó del caballo de un salto llevando algo consigo llamando a la puerta del soldado rubio, de su candidato, a quien debía comenzar a preparar para la siguiente parte de su plan. Para ello, haría uso de un licor a modo de presente y, valiéndose de su influencia como espectro, lo haría beber un vaso generoso al menos.

La botella era pequeña, pero con un solo vaso que el habitante de la casa bebiera, era suficiente por ahora.

—Buenas tardes, Pernath —el soldado rubio atendió a la puerta apenas lo vio aproximarse a la puerta sintiéndose forzado a invitar a pasar al extraño recién llegado—. ¿Qué te trae por aquí hoy?

—He venido a felicitarte por tu nuevo hogar —acto seguido le ofreció el licor que Owain observó extrañado.

El imponente invitado bajo su capucha dejando ver sus cabellos rubios y ligeramente ondulados peinados hacia atrás; su barba tupida cubría gran parte de su mandíbula hasta la garganta y sus ojos verdes lucían inertes e inquietantes, pero, lo que más llamó la atención del soldado rubio, eran las ropas que lucía Pernath. Owain lo observó con cuidado cuando este tomó asiento en una de las únicas sillas disponibles notando lo pasadas de moda que eran.

Pernath parecía salido de las láminas de un libro antiguo pues vestía a una usanza desconocida para el soldado rubio. Algo en su interior nuevamente le pedía que corriera al recién llegado, que no aceptara el licor ni nada más ofrecido por él. No obstante, no ocurrió, Owain aceptó el licor sirviendo dos vasos generosos para ambos finalizando el contenido de la pequeña botella.

—Brindemos por tu nuevo hogar y tu nueva vida —dijo con voz profunda.

Ambos bebieron sin más mientras el espectro de wyvern observaba al rubio beber, la cantidad de cianuro en el licor no era suficiente como para llevar a cabo sus planes en ese instante, sin embargo debía comenzar a calarlo y comprobar si era capaz de soportar una dosis más grande y letal sin morir en los primeros minutos. Esa prueba inicial fue sorteada con éxito ya que su anfitrión no pareció percatarse de la presencia del veneno en el líquido, aquello presagiaba éxito en la siguiente y última fase.

—Tiene un sabor extraño… —comentó un momento después— ¿de qué está hecho?

—De almendras —respondió Pernath quien, a pesar de haberse bebido todo el vaso, era inmune pues los venenos no surtían efecto en un espectro al servicio de Hades— ¿que es ese libro sobre aquella mesa? —el invitado señaló la bitácora poniéndose de pie para revisarla.

—Es un texto que un familiar mío tenía. Documentó datos y efectos de las plantas —no sabía por qué razón exacta se lo dijo, se preguntó inquieto, Pernath ejercía una influencia extraña sobre el soldado rubio de la que parecía no poder zafarse.

—Qué interesante…

Pernath se acercó a la mesa con cuidado, hojeó el documento lentamente mavillandose ante la cantidad de datos recopilados ahí. La persona que dedicó su tiempo a semejante texto sobre herbología había logrado una exquisita obra que le sería de gran utilidad apenas volviera a ser un hombre mortal. Era un apasionado de las artes ocultas y la alquimia de las plantas no le era ajena, todo lo contrario, se trataba de un arte muy antiguo que siempre era tomado por brujería.

No podía hacerse con el texto ahí mismo, pero lo haría en la primera oportunidad apenas se volviera mortal.

—Es una obra maravillosa, sugiero resguardes bien este texto rico en datos y fórmulas.

—¿Crees que valga algo? Mi prima elaboraba tes y otros menjurjes que curaban el dolor físico cuando era necesario. Pero, yo no sé preparar ese tipo de recetas, realmente no sabría qué hacer con ese diario. Lo conservo más por valor sentimental.

—Entiendo…

Era una pena que la autora haya perecido en un incendio, se dijo Pernath, una compañera asi le habría venido bien de ahí en adelante. Sin embargo, no importaba. Solo tenia que ejecutar su plan cuanto antes, pues debía tomar a Hades por sorpresa y dejar todo listo para que su sucesor ocupara el puesto de wyvern y el caprichoso dios no pudiera poner objeciones.

—La mejor fecha para ejecutar este proceso es la noche de todos los difuntos —pensaba el wyvern en un gabinete de su templo Caina—, pero no quiero esperar dos meses más. Si hablo con Hades sobre mis intenciones, sería el primer obstáculo que me pondrá a fin de disuadirme. Debo actuar proactivamente y buscar a un candidato cuanto antes.

Ya tenía al candidato, ya lo estaba preparando para el proceso ancestral de transferencia de poder, de cosmos y de armadura sapuris. No iba a esperar hasta el último día de octubre.

—Debo marcharme por hoy —Pernath se aproximó a la puerta colocándose la capucha de su capa nuevamente—, gracias por tu hospitalidad esta tarde. Nos veremos en otra ocasión.

—Claro.

Apenas se marchó, el soldado rubio se sintió extrañamente aliviado ya que Pernath tenía una presencia demasiado inquietante que no desaparecía de su entorno. De igual forma, el raro sabor del licor permaneció en su boca un buen rato más, sabía como almendras, pero no a frutos frescos, más bien tenía un sabor a un puñado de almendras pasadas.

.

No obstante, para la mala fortuna, el soldado rubio fue víctima de males de salud los siguientes días no sabiendo exactamente la razón de dicha mala racha. Esos días extrañó a Elinor como nadie más sintiéndose tentado a preparar alguna de las recetas medicinales de la bitácora, sin embargo no entendía el proceso a realizar ni tenía a la mano ninguno de los ingredientes.

Pasado otro día más fue que recuperó la salud poco a poco.

Lamentablemente parecía que la desgracia no deseaba apartarse de él pues, una mañana inesperada, escuchó un caballo aproximándose a la puerta creyendo que sería Pernath nuevamente, pues ninguno de los miembros de su compañía iría a verlo ese día. Salió a confirmar de quien se trataba topándose con una desagradable sorpresa.

Su hermano Edvard se veía frente a la puerta bajando del caballo de un salto.

Owain sabia en que iba a terminar aquello: Edvard reclamando a los cuatro vientos esto y lo otro, así que el rubio respiro hondo abriendo la puerta notando como su hermano mayor lo miraba con furia. El soldado rubio llevaba consigo una daga oculta en su bota dispuesto a usarla de ser necesario.

Edvard y Owain tenían una relación que terminaría en alguno muerto un día de estos. Siempre había sido así. Apenas pudo, Edvard se apartó de los padres y de la casa familiar mudándose a una ciudad al sur so pretexto de su matrimonio, dicha unión se produjo de

forma apresurada y bajo amenazas.

—¿Qué te trae por aquí? —Owain pensó en la daga por si Edvard llegaba a ponerse demasiado violento— Tiene mucho que no te veía, hermano.

—Hermano —respondió el otro rápidamente—, ¿que hermano mío no estuvo presente en una tragedia como lo fue el incendio y dejó morir a nuestros padres?

—¡¿Y tú dónde has estado todos estos días?! —el soldado rubio lo miró furioso y con la guardia alta— ¡No te presentaste al funeral, no has escrito desde hace mucho tiempo y hoy llegas de la nada haciendo reclamaciones!

—¡Cierra la boca! —Edvard era un poco más alto que su hermano menor siendo también muy parecido a él físicamente— ¡No solo dejaste morir a nuestros padres, a Elinor sino que… tuviste el atrevimiento de robar mi parte de la herencia!

—¿Qué?

Owain se había anticipado a que algo así sucedería por lo que estaba preparado para devolver las acusaciones.

—¡No te he robado nada!

—¿Y de donde sacaste el dinero para construir esta casa? ¡Responde!

—¡Sucede que tengo un empleo, así que la pague de mis ahorros! No tengo nada que ver con tu parte de la maldita herencia.

—¡Devuélveme lo que me corresponde, eres un ladrón!

Edvard lo tomó por el cuello de la camisa como había hecho en muchas otras ocasiones mientras el soldado rubio colocó las manos en ambos brazos de su atacante. De no haber sido casi iguales, cualquiera pensaría que Edvard nada tenía que ver con el ocupante de la casita.

—¡No te daré ni un solo penique!

—¡Bien, si no deseas hacerlo te denunciaré con las autoridades aunque, primero, te daré una paliza porque dejaste morir a nuestra familia!

—Me encontraba lejos de aquí, no pude llegar a tiempo. A diferencia tuya, tengo un empleo y responsabilidades.

—¡Claro, nuestro padre siempre te prefirió y te pago educación! Lastima que seas tan inutil y consentido que no lo hayas aprovechado.

—¡Eso que te importa!

Ambos se dieron golpes un buen rato mientras la gente comenzaba a acercarse ambos en caso de tener que intervenir. De igual forma, Pernath observaba desde la lejanía, también se metería en medio de ser necesario ya que requería vivo a su candidato y no iba a permitir que el otro lo hiriera de gravedad.

—¡Escúchame bien, me robaste mi parte de la herencia, así que la mitad de esta casucha me pertenece!

—¡De ninguna forma! —Owain estaba por explotar de la rabia al escuchar semejante declaración—¡Pague por este sitio y es mío!

—Buscaré a las autoridades y voy a reclamar lo que me pertenece —gritaba Edvard lo más que le daba la voz.

—¡Hazlo si te atreves, no dejaré de pelear hasta sus últimas consecuencias!

Los dos hermanos se golpearon con más fuerza en el abdomen, el rostro, las piernas y donde fue posible hasta que los miembros de la guardia se dejaron ver. Así, ambos con cardenales ardientes en el rostro y golpes visibles en brazos y demás se alejaron.

—¡Volverás a saber de mí, Owain. Esto no se quedara asi!

—Seré yo quien tome acciones de ser necesario. Esta propiedad me pertenece y jamás dejaré que tu o alguien de los tuyos ponga un pie aquí. ¡Pagarás por esto!

El soldado rubio volvió al interior de la propiedad tras confirmar a sus colegas de la guardia que, su violentador, no era otro que su hermano casi ocho años mayor. Para esos momentos, Owain contaba con veintitrés años estando próximo el siguiente cumpleaños a finales de octubre.

—Si Edvard vuelve a aparecer, no lo enfrentes solo —comentó uno de los soldados—. Estaremos dando rondines por la zona cada tantas horas.

—Gracias.

Y pensar en el pleito que se había armado por una herencia y una propiedad que, seguramente, sería mucho más pequeña que la casa de Edvard en Portsmouth.

Pernath se sintió más tranquilo apenas el otro sujeto rubio y rabioso se alejó de ahí. Gracias a sus poderes de espectro pudo escuchar todo el pleito sintiendo que era momento de ejecutar la siguiente parte de su plan. El hermano mayor no se detendría de ahí en adelante, eso lo tenía por seguro.

—Debo transferir mi poder cuanto antes —se dijo montando su caballo para volver a la cabaña provisional que ocupaba a las afueras de la ciudad—. El chico Warwick se defendió con valentía de su hermano, pero, lastimosamente, no podrá con lo que tengo preparado para él. Estoy dejando un gran reemplazo para el señor Hades, tiene lo que se necesita para ocupar mi puesto —se decía complacido con su elección.

Owain Warwick, quien más adelante sería conocido como Radamanthys de wyvern, no se imaginaba en esos momentos, que había construido la estructura de la casa que más tarde evolucionaría hasta volverse aquella casona en Winchester donde ocurrieron hechos atroces desde inicios del siglo 19.

De igual forma, jamas sabría que, en realidad, aquellos con quienes desquitó su furia, eran descendientes de su hermano Edvard.

.

Continuará…

.

Notas: Pues bien, debo anunciar que debido a una crisis creativa por la estoy atravesando, habrá un retraso considerable en el siguiente capítulo. Agradezco mucho su comprensión pues, no estoy en condiciones de escribir por ahora y requiero un tiempo fuera.

La terminare, eso tenganlo por seguro, pero no se cuando, sean pacientes por favor.