Capítulo 3: ¡Por los Guerreros de Suzaku!

-"¡Mira qué bien ha quedado!"- Romel le acercó a Erik su teléfono para enseñarle la story que acababa de publicar en su instagram. - "Voy a tener un montón de likes solo por salir con el chico del pelo ardiente"- dijo dándole un codazo.

-"¡Me has etiquetado!"- le dijo escandalizado.

-"¡Hombre claro! Si no, no tiene gracia"- respondió guiñándole un ojo.

Erik no pudo evitar pensar en si Miaka vería aquella story donde Romel había publicado una foto de ambos tomando unas cervezas en la terraza de un conocido bar de Tokyo. Al fin y al cabo ella y Romel se seguían en dicha red social. Pero estaba seguro de que aunque así fuera, ella no se acordaría de él, asi que tampoco importaba demasiado.

-"Pero todos sabrán quién soy y que estoy aquí…"

-"Y verás qué contentos se van a poner, sobre todo Keiko…"

Erik lo miró confuso.

-"...Chiriko"- aclaró Romel poniendo sus ojos en blanco. - "Tienes que acostumbrarte a nuestros nombres".

-"No sé si estoy listo para verlos a todos… y además, ¿qué va a decir Tamahome?...

-"¡Taka!"- corrigió Romel resoplando.

-"Dijiste que él no quiere que se hable nada sobre el Universo de los Cuatro Dioses…"

-"Pero eso es delante de Miaka,..."

El silencio se hizo de pronto entre los dos amigos. Erik desvió la mirada, y Romel se dió cuenta de su incomodidad.

-"Querrás verla a ella también,…¿verdad?"- preguntó con cautela.

-"Nnn…no tenía pensado…"

-"Pero, ¿por qué? Estoy seguro que te mueres por verla una vez más…"- le dijo con tono burlón. -"Más ahora que Taka y ella ya no…"

Erik levantó su cabeza y lo miró sorprendido.

-"¿Ya no qué?"

-"Ah, que ¿no lo sabes?"- Romel comenzó a reir a carcajadas. -"No has cambiado nada, sigues siendo tan estúpido como antes"- le dijo mientras se reponía de tanta risa.

-"¡Vete a la mierda!"- le gritó Erik.

-"Miaka y Taka hace ya más de un año que no están juntos…"- terminó por decir Romel.

-"Pero ¿por qué? ¿Qué pasó? La última vez Tamahome…

-"¡Taka!"

Erik chasqueó la lengua.

-"...el gilipollas de Taka me dijo que ella era feliz, y que la dejara en paz, y ¡bla bla bla!"

-"Tasuki, escucha…"

-"Erik!"

-"...vale, Erik…, han pasado 5 años desde que viste a Miaka aquella última vez. Si no fue feliz con Tamahome entonces…

-"Taka…"- corrigió esta vez Erik.

-"¡Madita sea Tasuki, no me líes!, ¡En el Universo de los cuatro Dioses era Tamahome!... Si no fue feliz con él allí, ¿qué te hace pensar que aquí lo sería con Taka?"

Erik se quedó pensativo. Esto no se lo esperaba. Él realmente había renunciado a ella, había aceptado que Tamahome, o Taka, o como demonios se llamara ahora, se quedara con ella. Erik había aceptado que ella fuese feliz, sin él. ¿Existía la posibilidad de volver a estar con ella en este mundo? Pero, si ella no le recordaba como Tasuki, ¿cómo podría ella amarlo ahora? ¿Cómo podría él fingir que no tenían un pasado juntos? De pronto sintió un miedo atroz de ser rechazado, de no ser correspondido en ese amor que antiguamente habían compartido.

-"¿Qué, pedimos otra?"- le propuso Romel señalando su vaso vacío, interrumpiendo así sus pensamientos.


Miaka miró una vez más la story de Romel en el instagram de su teléfono.

-"¿Qué?… ¿Por qué está Romel con él?"- se preguntaba constantemente en su cabeza confusa. Leyó en voz alta la etiqueta con su nombre de perfil -"Tasuki de Suzaku". Le sonaba de algo, pero no tenía idea de qué. Clicó encima para verlo.

"Perfil privado"

-"¡Mierda!"- se quejó ladeando su cabeza hasta apoyarla sobre su mano. Miró detenidamente su foto de perfil. Salía él de costado, agachado arreglando una moto de tipo enduro, fuera de lo que parecía un taller de motos. No se veía mucho más pero el paisaje no parecía de Japón.

Apartó la vista de su teléfono un momento para analizar la situación. Resulta que el chico en el que había estado pensando y buscando durante cinco años, era amigo de Romel. Y a juzgar por la foto, eran buenos amigos… Se preguntaba de qué se conocían, y cómo se explicaba que este chico fuese un amigo común de él y Taka, ya que por lo que ella sabía, Taka y Romel no habían estudiado en el mismo instituto, ni habían coincidido en ninguna escuela. De hecho fue ella la que los presentó cuando Miaka hizo amistad con Romel.

-"Sí que es casualidad…"- pensó intrigada.

De todos modos, eso ya no le importaba, puesto que aquella coincidencia le venía de perlas. Como si el destino hubiese obrado en su favor (aunque 5 largos años después), ahora él era accesible para ella, y estaba dispuesta a saberlo todo sobre aquel pelirrojo misterioso.


La puerta del ascensor se abrió y Romel se dirigió hasta la puerta de su apartamento. Se quedó pensativo un momento antes de meter la llave. Era tarde por la noche pero Miaka había visto su story con la foto de Erik. Bueno, no era de extrañar, Miaka siempre miraba todas sus stories de instagram, y él las de ella. Pero no había caído en la cuenta de que al ver a Tasuki, quizás podría haber removido algo en su interior. Romel siempre creyó que el amor que se tenían Miaka y Tasuki, podría hacer que ella empezara a recordar lo que vivieron en el Universo de los Cuatro Dioses, y esperaba con ansia el reencuentro de la pareja. Sin embargo, cuando ella estuvo cara a cara con Erik hacía ya 5 años, nada ocurrió, él no evocó ningún recuerdo en Miaka. Sin embargo, él no perdía la esperanza. Sabía que Tasuki, incluso siendo ahora Erik, no era alguien que pasa desapercibido, y era muy probable que Miaka se acordase de él, y el interrogatorio estaba por llegar.

Efectivamente la puerta se abrió y frente a él apareció Miaka.

-"¿Qué haces ahí parado? A qué esperas para entrar?"

-"¿Estabas mirando por la mirilla de la puerta?"- le dijo fingiendo indignación y con su habitual risa burlona.

Miaka le agarró de las solapas de su chaqueta y tiró de él hacia dentro amenazante.

-"Vale, ahora si me estás asustando, aunque confieso que tiene su punto…"- continuó él burlándose con una sonrisa seductora esta vez.

-"¿Dónde has estado?" - preguntó ella con expresión seria.

-"En el Darsy" - contestó Romel como si nada, mientras colgaba su chaqueta en el perchero.

-"¿De qué conoces a Erik Jenssen?"- preguntó ella directamente.

-"¡Ay, no me digas que tú también lo conoces!" - exclamó él sobreactuando mientras se dirigía hacia el salón para sentarse en el sofá, Miaka siguiéndolo todo el tiempo.

-"Yo no lo conozco realmente, solo lo ví una vez con Taka, y me dijo que habían coincidido un curso en el instituto."

-"¿Ah sí? ¡Vaya! ¡Qué casualidad!"- siguió fingiendo Romel.

-"¿Y tú? ¿De qué lo conoces?" - insistió Miaka.

-"Parece que te interesa mucho, ¿no?"- le dijo él con una sonrisa pícara.

Miaka se sonrojó, y Romel no lo pasó por alto. Al menos ella le recordaba y se sentía atraída por él, eso ya era un comienzo.

-"Bueno, Taka nunca me contó nada sobre él, parecía que no se llevaban muy bien, y me da curiosidad,..."- dijo ella apartando la mirada, tratando de disimular sin éxito alguno.

-"Pues lo conozco porque fuimos juntos a clases de artes marciales durante un tiempo"- inventó Romel.

-"Las mismas donde os conocisteis Bastian, Keiko y tú?" -preguntó Miaka fascinada.

Para poder explicar el vínculo que tenían y hacer más fácil la relación entre los antiguos guerreros de Suzaku después de encontrarse todos en el mundo de Miaka, fingieron que ya se conocían de antes, porque habían coincidido en un dojo donde hacían artes marciales. A excepción de Taka, ya que él apareció antes que nadie en la vida de la antigua sacerdotisa, y fue totalmente inesperado cuando Miaka los presentó a los dos. Un poco más tarde, cuando Romel se encontró con Bastian y Keiko, decidieron entre todos contarle aquella versión inventada.

-"Eso es"- asintió Romel. -"Lo que pasa que él tuvo que marcharse a vivir a Estados Unidos. Hacía mucho tiempo que no lo veía."

-"Oh"- Miaka parecía decepcionada. -"Así que solo está aquí de paso…"

-"Bueno, eso nunca se sabe…"- murmuró Romel. -"Ya verás cuánto se van a alegrar de verlo Bastian y Keiko. Mañana mismo empiezo a organizar el encuentro."- dijo Romel entusiasmado.

Miaka sonrió, pero en su interior sentía envidia. Ella también quería salir a divertirse con ellos, pero sobre todo, deseaba conocer un poco más a Erik. No podía entender la atracción tan intensa que sentía por él. Físicamente era un chico atractivo y muy masculino, así que cualquier chica se sentiría atraída por él. Pero cuando ella miró sus ojos color ámbar aquel día, experimentó un sentimiento tan maravilloso e indescriptible, como si hubiese podido entrar dentro de su alma y ver su esencia, tan ardiente y pasional.

Miaka suspiró. Si tan solo pudiese terminar sus examenes de una vez…


Tras acicalarse un poco el cabello, Erik se puso su cazadora y cogió sus llaves.

-"Mamá, voy a salir con unos amigos"- anunció justo antes de abrir la puerta del apartamento.

-"¿A qué hora volverás?"- preguntó su madre desde la cocina.

-"Mamá, tengo 24 años, no tengo por qué responder a eso"- le gritó desde la puerta algo molesto.

Su madre se asomó desde la cocina con cara de pocos amigos.

-"Es para no preocuparme si llegas tarde."

Erik rodó sus ojos.

-"Pues llegaré tarde, así no tienes que preocuparte".

El joven se acercó hasta su madre para darle un beso en la mejilla. Él sabía cómo ganarle la batalla. Y efectivamente funcionó, su madre no pudo reprimir una tierna sonrisa. Él también le sonrió, y acto seguido se marchó cerrando la puerta del apartamento tras de sí.

Sí, Erik estaba contento. Al fin iba a reunirse con la pandilla. Hablar sobre sus aventuras en el Universo de los Cuatro Vientos con alguien que no lo tomara por loco, lo tenía muy emocionado.

Según se acercaba al lugar del encuentro, se iba poniendo más nervioso. Se preguntaba cómo lucirían Chiriko y los demás ahora. Miró la hora en su reloj de pulsera, eran las 18h39. Había hecho algo de tiempo en casa aposta para llegar unos minutos tarde, no quería encontrarse esperando a los demás solo junto con Taka. Cruzó la esquina y pudo ver el bar donde habían quedado al otro lado de la calle. En la terraza había bastante gente, y entre ellos pudo distinguir a Romel en medio de un grupo de personas, que lo miraban sonrientes y con emoción. Sin duda, su cabello lo delató. Cruzó la calle corriendo para parecer apurado ante la mirada de todos, y poco a poco pudo distinguir a sus amigos uno a uno. Por supuesto, estaba Taka, no tan alegre, y con su habitual estilo: pantalones de pinzas, camisa informal, una chaqueta larga y zapatos; Hotohori, ahora llamado Bastian, que igualmente llevaba el pelo largo, aunque no tanto, y ligeramente peinado hacia atrás, elegantemente vestido con unos vaqueros, camisa lisa blanca y americana beige, y unos zapatos náuticos; y finalmente Chiriko, o Keiko, que era el que más había cambiado, puesto que la última vez que lo vió tenía 12 años en el Universo de los Cuatro Dioses, y ahora tenía 17 años. Había crecido tanto que casi llegaba a la altura de Bastian y su cara ya no era aniñada, era más alargada y sus pomulos y mandíbulas estaban marcados. Su pelo seguía recogido con un moño, pero ahora le daba un aire surfero a juego con su outfit, compuesto por unos vaqueros anchos, sudadera con capucha y zapatillas Vans. Él fue el primero en saludarlo dándole un fuerte abrazo.

-"¡Tasuki! ¡No sabes cómo te hemos echado de menos!"

-"Y yo también Chiriko,... yo también".

Erik contuvo una lágrima que casi se le escapa de la emoción. Él se consideraba alguien fuerte y duro, pero era bien conocido por sus amigos su coraza para esconder su sensibilidad.

-"¡Ven aquí amigo!"- le dijo Bastian abriendo sus brazos.

Erik sonrió y correspondió su abrazo, añadiendo fuertes palmadas en la espalda de ambos.

Finalmente tocaba el turno de saludar a Taka, quién extendió el brazo para darle un apretón de manos. Erik apretó su mano y lo miró a los ojos con una leve sonrisa.

-"¿Cómo has estado Tama?"

Taka le devolvió la sonrisa y le dió una palmada amistosa en el hombro.

-"Bienvenido, Tasuki"

La tensión de los dos jóvenes era notable, pero parecía que la cortesía se anteponía a los antiguos rencores y el ambiente pronto se volvió más distendido.

Se sentaron en una mesa, y pidieron unas cervezas. Enseguida se pusieron al día de sus vidas. Taka trabajaba como asesor financiero en una consultoria; Bastien era un conocido modelo; y Keiko tocaba el bajo en un grupo de música Indie.

-"¿Tocas el bajo en un grupo Indie?"- repitió incrédulo Tasuki en forma de pregunta. Chiriko siempre había sido un cerebrito para los estudios, por lo que aquella forma de vida no cuadraba con lo que Erik esperaba.

-"Así es, tras realizar mis estudios en el conservatorio, me dí cuenta que quería dedicarme a la música."

-"¡Vaya!"- exclamó Erik aún perplejo. En todo caso podría haberse imaginado a Chiriko como pianista en alguna prestigiosa orquesta, pero de ninguna manera como un bajista grunch cualquiera.

-"Sí, la verdad que tocan de miedo"- añadió Romel. -"Suelen dar conciertos en el Fever. ¡Vente la próxima vez a verlos!"- sugirió.

Erik asintió entusiasmado. Ver a Keiko tocando el bajo en un grupo Indie, es algo que no quería perderse por nada del mundo.

-"Y tú, a qué te dedicas Erik?" -preguntó Taka con curiosidad.

-"Bueno,... yo trabajo de mecánico de motos. Mi padre tiene un taller cerca de Portland."

Él también les puso al día sobre su vida en EEUU. Todos estuvieron muy atentos a lo que cada uno contaba y entre charla y charla, pidieron una ronda más. Terminaron hablando de sus anécdotas de su otra vida. Rieron como hacía tiempo que no reían recordando tantos momentos divertidos. Incluso Tamahome, que siempre era reticente a hablar sobre su vida pasada, se veía muy cómodo hablando de ella. Se burlaron de Nakago y todas las estrellas de Seiryu, y también se apenaron por los momentos duros en los que la muerte les había separado. Pidieron una ronda mas… Comentaron lo mucho que echaban de menos a Chichiri y Mitsukake, divagando sobre qué habría sido de ellos, y qué estarían haciendo. Otra ronda más,...y finalmente Keiko mencionó a Miaka:

-"Ojalá Miaka estuviera aquí con nosotros compartiendo estos recuerdos…"

Todos callaron y Tamahome intervino.

-"Ya sabéis que Miaka no recuerda nada de aquello. ¡Nos tomaría por locos!"

-"¿Alguien sabe la razón por la que no recuerda nada?" - preguntó Erik con seriedad repentina.

Nadie respondió, Keiko se encogió de hombros.

-"Y qué me decís de Yui?"- añadió Erik.

-"Ella tampoco recuerda nada de lo ocurrido en el Universo de loa Cuatro Dioses." - respondió Taka tajante.

Erik se sorprendió por aquella afirmación. Por tanto, él estaba seguro que sus ojos lo reconocieron en el mismo instante en que lo vió a la salida del instituto, esperando a Miaka, hace 5 años. Así que volvió a insistir:

-"¿Estás seguro de eso?"

Romel asintió.

-"Según parece, ambas perdieron todos los recuerdos del Universo de los Cuatro Dioses al volver de allí. Para ellas, aquello no existe y no existió jamás." -explicó.

El ambiente se volvió frío y silencioso por algunos instantes, pero Romel rápidamente cambió de tercio para animar a sus amigos.

-"¡Venga! ¡Brindemos por este reencuentro! ¡POR LOS GUERREROS DE SUZAKU!"- gritó levantando su vaso de cerveza, y todos los demás se unieron a él repitiendo aquel brindis con entusiasmo.

-"¡¡POR LOS GUERREROS DE SUZAKU!!"


Una vez se despidieron, Erik y Romel compartieron parte del camino. Romel vivía en el centro, así que acompañó a Erik hasta la parada del bus que le llevaría hasta el barrio residencial donde vivía su madre, a las afueras de Tokyo.

-"¿Cuánto tiempo piensas quedarte en Japón?"- le preguntó Romel mientras caminaban.

-"Puede que hasta finales de mes".

-"El tiempo pasa rápido… ¿Qué planes tienes para tus vacaciones?"

-"No gran cosa la verdad. Sobre todo vine por mi madre. De no ser por ella, no habría venido."

Romel miró a Erik con cierta tristeza.

-"¡Vaya! Eso es muy amable por tu parte…"- protestó de forma irónica.

Erik se detuvo negando con sus manos. No había querido herir los sentimientos de su amigo, así que trató de explicarse:

-"¡Oh no! No me malinterpretes. Estoy muy contento de haberos visto de nuevo, y la verdad que he disfrutado mucho este encuentro, pero…"

Romel le interrumpió.

-"Pero está el tema de Miaka…"

Erik bajó la cabeza y continuó caminando.

Romel le agarró del brazo para detenerle.

-"¡Venga ya! ¿En serio te vas a volver a EEUU sin haberla visto?"

-"No creo que sea buena idea verla."- dijo Erik con aire triste.

-"¿Pero, por qué? No lo entiendo. Sé que aún la amas, y estoy seguro de que si interactuais un poco, ella recordará de nuevo, y todo volverá a ser como antes."

-"¡No te enteras de nada Nuriko! ¡Ese es el problema! No quiero entrar en su vida para destrozarla recordandole todo lo que tuvo que sufrir. Nuestras muertes, su enemistad con su mejor amiga, … Es más fácil así."

-"¡Estás siendo un cobarde, como de costumbre!"- le regañó Romel.

Erik apretó sus puños y lo encaró.

-"¡Repite eso!"

-"¡Eres un cobarde de mierda!"

Erik le pegó un rápido puñetazo en la cara como respuesta. Romel llevó sus manos a su nariz para calmar el dolor del golpe, y seguidamente le propinó una patada lateral que tumbó al pelirrojo.

-"Echaba de menos pegarte una paliza"- dijo Romel sonriendo mientras taponaba con una manga el sangrado de su nariz y tendía su otra mano a su amigo para levantarlo en señal de paz.

Erik sonrió y aceptó su mano, poniéndose de pie y sacudiéndose los pantalones.

-"Bueno, y dime, ¿qué tal está?"

Romel esbozó una sonrisa.

-"Está estresada. Dentro de unos días se presenta a los exámenes para ser enfermera."

Aquella noticia sorprendió a Erik.

-"¿En serio? ¡Con lo mal estudiante que era!"

Ambos se rieron y Romel le contó algunas cosas más sobre ella, lo que Erik agradeció. Después compararon la Miaka de ahora con la que estuvo en el Universo de los Cuatro Dioses, y aunque estaban de acuerdo en que ella había crecido y madurado, ella aún conservaba su esencia única.


Miaka de nuevo resoplaba mientras miraba la pantalla de su móvil. Sentada en su escritorio y rodeada de papeles decidió:

-"¡No puedo más! ¡Necesito salir y tomarme una copa!"

CONTINUARÁ...