Veneciano para su Ferrari en la puerta del Hotel en el que Mónaco le ha citado, sinceramente como... quince minutos tarde, es menos que lo que se tarda a veces Lux en aparecer. Bueno, aquí todos somos latinos y la verdad, Veneciano se ha esforzado.

Mónaco está tomándose un Martini en el penthouse. Cruza la pierna, no tan preocupada por la hora, hojeando una revista con tranquilidad.

Él pregunta en la recepción y enseguida le indican a donde ir. Se arregla los puños de la camisa y el cuello en lo que sube en el ascensor, porque... veréis. Romano le ha dicho que Belbel le ha dicho que Luxemburgo está siendo un capullo últimamente. Y Roma y Francia han confirmado así que se acaba de poner el pelo en su sitio y sale del ascensor con su sonrisa del millón de dólares..

Un chico le corta el camino casi saliendo del elevador.

Parpadea y le mira.

—Monsieur Vénitien?

—Ciao.

—Mademoiselle le espera por aquí.

Asiente y sonríe. El chico le hace seguirle para llevarle con ella.

—¿Está bien ella? —Pues ahí le sigue.

—Mais oui, está excelentemente bien —la verdad, es que no lo está tanto. Pero que te va a decir este hombre.

—Me alegro —asegura.

—Mademoiselle, Monsieur Vénitien...

—Oh! Bonjour! —ella levanta la vista y le mira, sonríe.

—Ciao, bella, ¿cómo estás? —se acerca a darle sus besos correspondientes.

—Alló! —ella sonríe un poco, cerrando la revista y dándoselos de vuelta.

—¿Puedo sentarme? —pide sonriendo.

—Oui, oui, desde luego —le hace un gesto con la mano y otro al chico que acompañó a Veneciano que hace un gesto a alguien más que se acerca para preguntarle qué quiere beber.

Veneciano pide que le sirvan lo mismo que a ella. El chico asiente y desaparece casi de inmediato.

—¿Te ha costado trabajo llegar? —Mónaco mira a Veneciano.

—Había un poco de caravana en la autopista, sí, supongo que este es un destino turístico común. Y no me extraña.

—Trato de conservarlo más en la línea de lo... exclusivo —Mónaco sonríe un poco más, mirando hacia el mar.

—Eso solo genera más deseo —sonríe con una de esas sonrisas, cambiando de postura en su silla. Mónaco le mira con la palabra deseo y se sonroja un poquito—. ¿Cómo has estado?

—Bien —Ella hace una pequeña pausa y sonríe.

—Eso se ve a simple vista.

—Ah ¿sí? —Mónaco se sonroja con eso, sonriendo un poco y riéndose.

—Estás estupenda.

—Ah, no seas adulador... Aún no te propongo ningún negocio —se ríe más igual.

—La belleza no entiende de dinero.

—Uy, en algunos casos, sí... —Mónaco se ríe un poco más con ese chiste, mirándole — Sinceramente, tú también te ves estupendo. Hace tiempo que no te veía... pareces más relajado.

—No me parece, pero cada uno... —se encoge de hombros—. Estoy pasando por... una época de grandes cambios en mi vida.

—Ya somos dos. ¿Qué tipo de cambios?

—Imagen, casa... pareja.

—Coincido contigo en una de esas tres... por ahora, aunque quizás debería hacer las tres —Mónaco se humedece los labios —. ¿Qué ha pasado con Allemagne?

—¿Sinceramente? —inclina la cabeza y suspira, ella asiente—. Que es un cerdo y siempre ha sido un cerdo.

—Ohh... parecía decente.

—Todos los parecen desde fuera.

—Ya, ya lo sé... no creas que a mí no me ha pasado algo similar —Mónaco suspira.

—¿Qué te ha pasado? —levanta las cejas fingiendo no saber nada del chisme.

—Lo hemos dejado. Estaba ya cansada de todo el asunto de que él estuviera todo el tiempo con el trabajo y ocupado, y yo tengo ahora otros intereses, quiero algo nuevo.

—Entiendo, pues mejor así.

—De hecho estoy mucho mejor ahora, sin la presión de esta... relación que viene desde la antigüedad. Tú también llevabas AÑOS con él, ¿no?

—Muchos. Y de algún modo es hasta liberador.

—Oui, liberador... —Mónaco suspira un poco y mira al mar.

—¿No? No pareces muy convencida.

Mónaco parpadea, gira la cabeza hacia él y abre los ojos de nuevo mirándole intensamente.

—Aún no he hecho nada propiamente liberador.

—¿Cómo qué? —sonríe de ladito.

—No lo sé, siento que debería comprar algo o ir a algún sitio exótico, hacer algo que implique un cambio liberador.

—Eso suena bien... ¿tienes alguna idea?

—Bueno, una pasarela y una carrera fuera de temporada... —se encoge de hombros.

—Pero nooo —se ríe—. Eso es un montón de trabajo, no ir a que te cuiden y te mimen o darte un capricho.

—¿Tú tienes alguna idea? —Mónaco suspira otra vez y se ríe.

—La verdad... vacaciones.

—Si, esa es una idea. Podría tomar el yate e... irme.

—Unos días a una isla, hay algunas muy bonitas en el mediterráneo.

—¿Alguna qué recomiendes?

—Unas cuantas.

—Creo conocer la mayoría, pero estoy dispuesta a probar cosas nuevas.

—Lo bueno es que ir en otro momento y con otra compañía puede hacer la experiencia completamente nueva.

—Quizás podría hacer una fiesta —Mónaco sonríe.

—¿Una fiesta?

—Aunque eso implicaría ver a todo mundo... quizás mejor algo más íntimo —se sonroja un poco.

—¿Cómo qué?

—Solo un puñado de personas, podemos traer a un DJ.

—Ah, pensaba que te referías para... la carrera y eso.

—Ohh... ya, ya, sí, claro... l carrera —se sonroja, haciendo un gesto con la mano y dando un trago a su bebida.

—Digo, puestos a hacer una fiesta... aunque si es por otra cosa...

—La carrera es una cosa y mis vacaciones personales, otra.

—¿Y tienes ganas de estar organizando cosas complejas para tus vacaciones también?

—No, pero siento que si me mantengo ocupada... —Mónaco suspira.

—Hay muchas cosas en las que alguien puede mantenerse ocupado.

—¿Qué cosas haces tú? —Ella le sonríe.

—Coches... eventos. Ver a gente. Ir a eventos de los demás.

—Ya, ya... es un poco la vida de siempre. Creo que Allemagne te tenía demasiado escondido, Vénitien.

—Es solo que a él no le gustaba verse con gente —se ríe con eso.

—¡Qué horror! Y con lo sociable que eres tú.

—Ya, bueno... —vuelve a reírse—. A todo se acostumbra uno y nosotros siempre teníamos la casa llena.

—Aun así, creo que te he visto en más eventos sociales en los últimos dos meses que en los dos años anteriores

—¡Que en toda la vida!

—Pues bienvenido de vuelta —Mónaco se ríe un poco—. Que si te gusta la vida social este es el lugar... a mí me encanta, y no es que a Luxembourg no le guste, pero tiene siempre taaaanto trabajo y taaaaaantas cosas que hacer que...

—¿Es aburrido?

—Es aburrido, es cansado estar... rogando, y la verdad es que si el trabajo es tan importante que se enfoque en el trabajo y me deje a mi enfocarme en mi vida social.

—En realidad, no es que yo haya tenido mucha vida social pero nunca me ha parecido que tú hayas tenido problemas para moverte por dónde has querido —Se ríe con eso.

—No, no, de problemas no puedo quejarme. No es realmente que Lux haya impedido que yo tenga una vida social activa para nada, pero cuando uno tiene una pareja espera ciertas cosas... cierto interés.

—¿Y no?

—Con Lux necesitas paciencia... La peor parte es que, aun teniéndola.

—Créeme que con Germania lo que necesitas es una pistola. Probablemente debí haber hecho esto hace MUCHO y no dejar que llegáramos a este extremo —suspira. Mónaco traga saliva.

—Yo también creo que debí hacerlo antes... al menos antes de... —suspira y le mira —. Te cuento algo?

—Pero... ahora estamos aquí, ¿no? —levanta la copa para brindar con ella—. Sí, claro, cuéntame.

Ella levanta la copa también con cuidado.

—Él... conoció a alguien más.

Veneciano levanta una ceja.

—Y bueno, rápidamente decidió que yo le estorbaba.

—¿Una fulanita rubia salvaje y sin nada de clase? Me sé esa historia.

—¿C-Cómo?

—Disculpa, sigue.

—¿Te pasó algo así? E-En realidad... bueno, algo así, pero ahora Luxembourg decidió que es gay... así que es un fulanito salvaje, feo y sin una gota de clase.

—Gay... ugh —arruga la nariz.

—La verdad, mejor, yo ya estaba pensando dejarle. Igualmente, las cosas como las está haciendo, no se deben hacer —Mónaco hace los ojos en blanco.

—No me malinterpretes, o sea... yo soy bi, pero es bien sabido que todo el mundo entiende mejor que yo deje a un chico por una chica que al revés.

—Y no sabes la COSA por la que me dejó.

—Bueno, si vieras a la fulanita rubia...

—¿¡Qué tienen en la cabeza?! Los dos además que parecen tan serios y decentitos — Mónaco hace los ojos en blanco.

—Y ni siquiera creas que ella es tan buena en... nada.

—¿No? ¿Quién es?

—¿Sabes... Svizzera?

—El hermano de Liechtenstein.

—Sí. Pues su madre.

—¿La madre de... Suisse? —la cara de asco —. Bueno esto no creas que es mejor, es uno de los hermanos de Eire.

—Ugh... Británicos. Ni siquiera sé que ven en ellos. France ya sabes como es y Spagna ahora tiene ese caprichito, pero... Yo es que no les veo la gracia.

—Son FEOS.

—Muchísimo, en serio y desgarbados. Recuerdo cuando preparamos la boda de France... Egitto y yo les llevamos a por ropa y... es que ni desnudos.

—Ya, ya... y esos dientes horribles que tienen. Y el humor idiota. No ENTIENDO que es lo que le ve.

—Es un misterio, Francia nunca ha sabido decirme. Digo, que Germania será lo que quieras pero al menos tiene un cuerpazo... aunque la niña esta de Svizzera... ni tetas tiene.

—¿Y qué le ve? Con el cuerpo que tiene Allemagne, si...

—Y qué sé yo.

—Pues este es flacucho y estúpido y el tonto de Luxembourg esta idiotizado y le deja hacer lo que QUIERE.

—¿Cómo qué?

—¡Le tiene viviendo en casa!

—Pero... ¿Y Galia? —pregunta a pesar de que Monaco no le ha dicho que sea Gales, pero claro que se sabe perfecto el chisme.

—Por lo que me han contado, el chico este como se llame terminó con Galia en estos días y estaba tan triste que requirió que Luxembourg se apiadara de él y le invitara a pasar unos días en casa... y no sé qué es lo que le hizo.

—Pues tirárselo.

Mónaco frunce el ceño tremendamente.

—Lo siento, cara, pero no hay de otra.

—Ugh... Son... el tipo de cosas que uno no espera que te pasen.

—Igualmente, de poco sirve lamentarse.

—Ya... Ugh, perdona...

—No, no... Tranquila.

—Es que... insisto, son esas cosas que uno no cree que le vayan a pasar a uno. ¿Crees que... pueda pedirte discreción? Los medios aun saben poco y no saben obviamente esta historia así...

—Pues ¿qué ha dicho él?

—Nada aún, le he pedido unos días para arreglarlo, aunque es cuestión de tiempo que algún paparazzi le note.

—¿Y qué harás entonces?

—Pues lo que he acordado con mi equipo es dar una declaración en la semana, muy breve diciendo que nos hemos separado y... tratar de mantener un bajo perfil unos días hasta el evento —Mónaco se pasa una mano por el pelo.

—Mmmm...

—Non? ¿Qué harías tú?

—No sé, es salirse un poco con la suya impune.

—Sí que lo es —Mónaco suspira —, yo hubiera querido atacarle de alguna manera pero me han atado un poco las manos.

—¿Por?

—No les ha parecido tan buena idea que YO termine envuelta en un escándalo.

—Mmm... Pero tal vez no hace falta que termines tú envuelta.

—¿A qué te refieres?

—Pues... hasta donde yo recuerdo se pueden filtrar cosas a la prensa de manera anónima.

Mónaco le mira, porque lo había pensado, especialmente el día que estaba más enfadada, pero...

—¿Sabes? O sea, no sé si tienes algo de él, pero del otro es fácil encontrar cosas.

—Del idiota? Uff... eso me gustaría aún más. ¿Qué cosa?

—Pues los británicos... y este es el de Galia, ¿no?

—Pues es el que acaba de dejar a la mujer, que sí creo que es Galia —ojos en blanco—. Puedo destruirle sin problemas.

—¿Cómo?

—Ya podría la prensa hablar de él y su mujer a la que dejó por un hombre.

—Hay... videos.

—¿Videos de qué?

—Si alguna vez se han acostado con Galia en la casa de la perdición... de TODO.

—Pues... ¿como? —Mónaco levanta las cejas.

—¿Cómo qué?

—O sea ¿se... filman? Vamos, es que podríamos filtrar a l prensa un video, pero con su mujer...

—Sí, es el negocio de llevan Liechtenstein y Prussia. A lo mejor hay suerte e incluso hay alguno que no sea con su mujer.

—Ah, Liechtenstein me habló alguna vez de él, dijo que era muy rentable.

—Entonces llámala y conviértete en clienta.

—Videos sexuales del tipo este... Ugh —saca el teléfono.

—Es que si hay alguno que no sea con ella... la gente adoraba a Galia. Se lo van a comer vivo.

—Vamos a llamarla —Mónaco sonríe, maligna. Veneciano sonríe también.

—Allò? —responde Liechtenstein.

—Allò? Lily? —Mónaco llama a Liechtenstein poniendo el altavoz

—¡Momo! Que gusto oírte

—Igualmente, ¿cómo estás?

—Pues aquí, en casa. Tengo aquí a mi abuela estos días.

Italia frunce el ceño con eso.

—Ohhh... Ehm... ya, Ehm... bueno... la mamá de Suisse?

—Quoi? Non, non! Galia.

—Oh... claro, Ehm... que es la madre de Autriche, cierto...

—Oui.

Italia respira un poco con eso.

—Ah... Ehm... que gusto que esté ahí. ¿Cómo está?

—Bueno, yo creo que se hace la fuerte.

—La... la fuerte...

—Oui, pero no está del todo bien.

—¿Es por lo del... muchacho este?

—Oui.

—Precisamente de él quería hablarte.

—Oh... ¿sobre qué?

—Estoy aquí con Venitian. Me cuenta qué hay ¿unos videos donde sale él?

—Oh... allò, Italie

—Ciao

—Estábamos hablando de tu negocio.

—Queremos videos de Gallese en casa de papá. Si tienes alguno que no sea con Galia.

Mónaco agradece a Veneciano no haber sido ella la que lo pidiera.

—Ah, de él solo tengo tres

—¿Alguien alguna vez te ha comprado uno de él?

—Oui, Galia es muy popular, la pide mucha gente

—¿Y los tres son con ella? —Mónaco arruga la nariz pensando que... eso no lo van a poder usar.

—Non, hay uno que no.

¡Bingo!

—Ese es el que queremos, Lili —interviene Veneciano.

—¿Cómo funciona? Te lo pago y me lo mandas o... —pregunta Mónaco.

—Oh, Oui. Oui.

—Bien... una vez pagado ya... es mío y puedo hacer con él lo le quiera?

—Ehm... no, desde luego tenemos una estricta política de comercialización y reproducción, esto es solo para uso privado doméstico.

Mónaco mira a Veneciano que hace un gesto vago con la mano.

—Tienes algo de Luxembourg?

—Non.

Mónaco parece aliviada con ello. La verdad, si no estuviera Veneciano preguntaría si tiene algo de él. Puedes preguntarle luego, de Veneciano hay bastante

—Vosotros sois muy discretos siempre, ya lo sabes.

Deja que... le conozca un poco más. Quizás le gusten los de Germania con Veneciano.

—Ah, esto no tiene que ver con la discreción —se ríe Veneciano.

—Oui, oui, desde luego. Solo me preocupó por un momento... que hubiera algo —mira a Veneciano—. ¿Entonces?

—Bueno, a lo que me refiero es que no suelen estar en los lugares adecuados.

—Ya, ya... —Veneciano le guiña un ojo a Mónaco.

—Ya, e-eso... definitivamente —ella vacila un poco.

—Entonces... ¿estás interesada en alguno más? Tenemos algunas ofertas —sigue lili.

—Hmm... No suelo comprar ofertas. Tú... ¿quieres algo? —pregunta Mónaco mirando al italiano (Esta chica está como Maggie smith en Downton abbey preguntando "weekend? Que es un weekend?"... "ofertas? Qué son ofertas?")

—Ah, no te preocupes... Lili, porque no le aplicas mi descuento de actor —pide él, de hecho.

—Italie, sabes que no es transferible... —le riñe Liechtenstein.

—Anda ya... —ojos en blanco del italiano.

—¿¡De actor?! —pregunta Mónaco sorprendida.

—Además, tenéis que apresuraros a conseguir el permiso de Ungheria o va a expirar MI periodo de oferta, Lili —Él se encoge de hombros y se sonroja un poco.

—¿¡Sales tú en esos videos?! —sigue Monaco.

—En... algunos —sonríe él.

—¡Eso no me lo digas a mí, es Preußen! —protesta Liechtenstein empezando a agobiarse.

—Cual permiso de... —Mónaco nivel mil de confusión.

—Además, tengo que decirte que os perdisteis una interesante en la cabañita de Helvetia con il mio fratello y yo. Haz correr la voz.

—Italieeee... ¡A Herr Österreich no le va a gustar esto!

Mónaco parpadea y parpadea y vuelve a parpadear

—Aun espero que il signiore me llame para preguntarme como estoy como dijo que haría, así que me puede chupar un pie si no le gusta.

Mónaco levanta las cejas porque nadie suele hablarle así a Austria...

No le está hablando a Austria, le está hablando a Lili! ¿Está Austria escuchando?

No, no creo. ¡Pero igual!

—Italie! —Liechtenstein escandalizada, manos a la boca.

—Yo lo que digo es que no sé hasta cuando voy a estar disponible para hacer esto con Prusia, así que conseguid el permiso de Ungheria o perderéis la oportunidad.

—Eso no es cosa mía, es de Preußen. Bueno, ¿entonces solo el de Galles? —discute Liechtenstein.

—E-Eh... por ahora... Oui —Mónaco está sorprendida... o sea ¿¡no es Helvetia su abuela?!

—Bien, te paso los datos por mail.

—Ay, no. Mándaselos a mi secretario, a mí solo mándame el video.

—Vale, que tengais buena tarde, chicos.

—Bonjour. Saludos.

—Ciao! —se despide Italia cuando Liechtenstein cuelga.

—Explícame todo lo que acaba de pasar —Mónaco le sonríe de ladito e Italia se ríe.

—¿Todo el qué?

—Estoy especialmente curiosa en esto de que seas un... actor.

—¡Ah! —vuelve a reírse—. Bueno, hay que apoyar el comercio local y este es el... negocio familiar. Uno de ellos, digamos.

—Pornographie... —ella se ríe un poco —. Mon dieu.

—Solo... evita que Svizzera se entere. SIEMPRE. Nadie se hará responsable si eso pasa, ya verás que hay una advertencia sobre ello al principio de cada video.

—No suelo hablar mucho con él. ¿Por qué no puede enterarse? Y como es que... o sea tú PARTICIPAS... mon dieu, ¿con quién?

—Digamos que soy una especie de... Freelance. Participo con quien quiero o con quien se les ocurre. O ayudo a que pase lo que necesitan que pase. Especialmente en la casa de mi padre.

—¿Y con quién has participado? —pregunta sonriendo un poco.

—Con los de casa de mi padre, con TODOS. Y con... bueno, Germania, por supuesto —ojos en blanco.

Mónaco levanta las cejas (Y Britania también).

(Ya bueno, tú nunca lo sabrás.)

(Eso que quiere decir!?)

(Pues...)

—Che? Vamos, no es tan horrible como suena.

—Suena como... algo tan completamente ajeno a lo que yo... hago.

—¿Por? ¿Qué haces tú?

—Pues... tener una relación, que quizás era más abierta de lo que parecía, probablemente alguna vez acostarme con alguien que me gustara mucho, pero...

—Ah, ya, bueno... no, a ver... todo esto lo he hecho porque he querido, que me hagan descuento es solo un... incentivo. Lo mismo que con Prusia.

—¿Con Prusia también lo has hecho? Empiezo a pensar que soy la única que te falta.

—Eso es fácil de arreglar, en lo que a mí respecta no me costaría ni un poquito —se ríe—. No, no. Con Prusia lo haría si consiguen el permiso de Ungheria. De eso es de lo que hablábamos.

No va a conseguir el permiso de Hungría! A menos que... la inviten... uy... no, ¡no sé! Italiaaaa Mónaco se sonroja con eso empezando a pensar que la noche va a terminar... de forma interesante.

Pero si Prusia se ríe como idiota y nunca es capaz de pedírselo. Hungría frunce un poquito el ceño con esa risa. Uhm.

—Prometo que las primeras veces es sin cámaras —sigue Italia levantando las manos.

—No, bueno. Te haría firmar un acuerdo de confidencialidad.

—Eso le quita un poco el encanto pero... lo entiendo —se ríe de nuevo.

—No, no, créeme. Es algo muy breve... lo haces en el teléfono —ella se revuelve un poco —. ¿Es esto una propuesta extraña?

—Esto es lo que tú quieras que sea, bella cara.

—Non, non... esto no funciona así de fácil conmigo —ella toma su copa y le da un traguito, sonriendo y sonrojándose más.

Italia vuelve a levantar las manos y a sonreír. Ella le guiña un ojo y... suena el teléfono de Italia.

—Oh, disculpa —lo saca para ver quien llama.

Es Alemania.

Ojos en blanco y cuelga, guardándolo de nuevo.

—¿Todo bien? Contesta si quieres...

—Nah, no quiero.

—Luxembourg siempre contestaba —Mónaco sonríe sinceramente con eso

—Hay que saber priorizar.

—¿Quieres otra bebida? —Mónaco le sonríe más.

—Prego. ¿Qué harás con el video, entonces?

—Tengo algunos conocidos que sabrán cómo hacerlo viral —sonríe un poco, malignamente.

—Oh... —sonríe—. Por lo menos que le riñan un poco y le caiga encima el marrón.

—Y que a Lux no le convenga acercarse a él.

—También.

Ella sonríe haciendo un suave gesto al camarero.

—Sinceramente, quiero ver cómo sale esto... y que tantas ganas me dan de destruirle más adelante.

—¿Destruirle?

Mónaco se encoge de hombros

—¿Qué es lo que quieres? ¿Simplemente hacerle daño o que venga a disculparse arrastrándose?

—¿A Lux o al... chico este?

—A Lux.

—A él... querría que viniera arrastrándose sólo para decirle que ya no me interesa

—O sea, es que yo fui y me acosté con la fulanita esta.

—Mon dieu... ¿y qué pasó?

—Literalmente nada.

—¿Nada? —Mónaco parpadea.

—Nada. Sospecho que aún no lo sabe, por eso se lo he dicho a Lili.

—¿¡Pero como no va a saber que te acostaste con su nueva mujer?!

—No estaba ahí cuando pasó, ella vive en la montaña.

—Yo no... Ugh, no querría acostarme con él. ¿¡Cómo lo hiciste?

—Con ayuda de il mio fratello

—¿Y ella cómo reaccionó?

—Pues... no se lo esperaba, no estoy muy seguro. Me parece que le pasamos un poco por encima.

—No me extraña... —sonríe de lado —. Creo que yo paso de acostarme con el gusano ese.

—Ya, bueno.

—Preferiría solo destruirle.

—La verdad, yo también.

—¿Cómo podría ayudarte?

—No tengo ni idea.

—Si vive en las montañas... es más complicado un escándalo.

—Ya... de hecho no vale ni la pena.

—Ya hiciste algo que seguro a Allemagne no va a gustarle, además.

—Supongo que por eso me llamaba.

—Qué desastre.

El italiano suspira.

—Venga, vamos a olvidarnos de ellos un poco por ahora... y a brindar por el futuro.

—Vale—sonríe.

Un chico les trae la bebidas... y dentro de la de Veneciano hay, flotando, una cajita negra.

—¿Qué es esto? —Veneciano parpadea con eso

—No lo sé... —Mónaco levanta una ceja e Italia mira al camarero, que se les acerca.

—¿Hay algún problema? —pregunta solicito.

—¿Qué es esto? —insiste el italiano.

—Oh... me han dicho que era para usted. Así lo han mandado de la barra.

—¿Quién?

—Permítame pregunto... —El mesero se va y Mónaco le mira arrugando la nariz.

—¿Tú qué dices que es? —Veneciano asiente al camarero, pero aun así lo saca de dentro de la copa, secándolo un poco con una servilleta.

—Discúlpame... esto no debería estar ocurriendo. Todos tienen prohibido este tipo de cosas.

—Ah, no te preocupes, suele pasarme. Probablemente algún chico de la barra se ha confundido conmigo. De todos modos no estoy muy interesado en el teléfono de nadie.

—Justamente es eso lo que tienen prohibido. Me encargaré de que no vuelva a pasar.

—¿Quieres abrirlo, igualmente? Me da curiosidad.

—Pues, adelante. Espero no sea nada impropio.

—¿Cómo qué? —levanta las cejas.

—No lo sé, la gente luego enloquece. Como pueden ser las llaves de un yate o una joya, pueden ser cosas muy raras y desagradables. Deja que uno de mis chicos lo revise primero.

—Mmmm... nah, me arriesgaré —ahí va a abrirlo.

Adentro hay una llave pequeña, plateada, y un papel doblado.

Abre el papel a ver, igualmente levantando las cejas porque Mónaco ha hablado de las llaves de algo.

Con una perfecta letra caligrafiada, está la nota "Sei tu e solo tu."

Veneciano parpadea un poco y mira a Mónaco de reojo.

—¿Qué dice?

Se lo lee y Mónaco parpadea.

—No dice nada más, no hay un teléfono ni nada.

—Ehm... ¿Y qué abre la llave? ¿Tiene alguna inscripción o algo?

La mira a ver. En la parte de atrás, lo que está recargado en la cajita, tiene una D muy... limpia y bien definida.

—De... ¿algo con De que se pueda abrir?

—Una caja de seguridad en un banco? DBS Bank, Danske Bank, Deutsche Bank?

Ojos en blanco de Veneciano.

—E-Ehm... excusez moi, monsieur... —El mesero vuelve.

—Devuelvalo —lo mete todo dentro de la cajita otra vez, enfadado.

—E-El caballero que lo ha mandado le ha mandado un mensaje también...

—No quiero saberlo.

—Oh... eso le diré —asiente el mesero—. ¿Quiere que me lleve la caja?

—Sí.

El mesero extiende la mano para tomarla.

—Lo lamento, no quería importunarte —le replica Mónaco. Suena otra vez el teléfono de Veneciano, esta vez con un mensaje.

Veneciano deja que se lleven la cajita, sacando el teléfono

Es un mensaje de Alemania, desde luego.

Aprieta los ojos y lo abre.

"Ven conmigo"

Suspira y guarda el teléfono.

—¿Y si vamos a dar una vuelta o a ver donde quieres hacer la pasarela? —propone a Monaco.

—Está bien, sí... pero ¿qué pasa?

—Nada, solo es que me he agobiado un poco con esto.

—Vale, no te preocupes... Vamos, vamos... ahora llamaré a mi chofer —ella se levanta.

—Grazie.

Ella le toma el brazo para caminar hacia el elevador.

—¿Es Allemagne el que está organizando todo esto?

Veneciano asiente.

—Buff... Bueno, si te sirve de consuelo, a mi Lux no me ha ni llamado.

—¿No? ¿Por?

—Pues de por si estaba ocupado, ahora peor.

—Mejor, no debes echarle mucho de menos.

Mónaco suspira, porque quisiera echarle aún menos de menos.

—Sí, no demasiado —se acerca al coche que ya está afuera con la puerta abierta y el chofer deteniéndola. Veneciano la sigue.

—Italien! —Alemania le grita desde la puerta del hotel porque... bueno.

Jo-der

Ya, ya...

Se detiene pensando si será un camarero o así, ¿se habrá dejado algo?

Alemania está corriendo hacia él. Italia se paraliza en seco al notar quien es.

—Espera... ¡Espera! —está hasta despeinado de correr.

—Vámonos, prego —Veneciano se gira con Mónaco y tira de ella. Mónaco frunce el ceño.

—Espera, ahora le pido al chofer que le detenga. ¿Quieres?

—Italien! Bitte!

—Sí, grazie. Voy entrando al coche.

Mónaco asiente y le hace un gesto al hombre, acercándose a él mientras Veneciano se mete al coche. El hombre asiente casi de inmediato pidiéndole que entre y cerrando la puerta tras ella. Habla por el micrófono que tiene al oído.

Veneciano se hace un poco bolita mirando por la ventanilla de reojo.

Van a venir vaaaarios tipos de seguridad a solicitarle a Alemania que se vaya ahí de manera un poco... bestia.

El italiano se humedece los labios y parpadea.

Alemania discute mirando al coche y perdiendo un poco los estribos, empujando a uno.

Italia levanta las cejas y suelta la bolita porque es que... seguro que le van a pegar, como si no supiera perfecto como acaba esto.

—Che cazzo haces aquí ahora, stronzo, pues claro que no voy a salir te van a pegar —susurra para sí.

Sí, sí... sabes PERFECTO como acaba esto. Alemania les grita que NECESITA hablar con Italia, que es su... su... ALGO y que está en el coche y... que no le pongan un dedo encima, que él es Deutschland! ¡Que solo quiere hablar con él! Verdammt! Esquiva el primer golpe.

—No quiero hablar contigo. Vete ahora —protesta apretando los ojos.

—¿Quieres que arranquen el coche? —Mónaco le pone una mano en la pierna con suavidad.

Veneciano parpadea porque se había olvidado de que estaba ahí y... asiente, a ver si así Alemania se detiene antes.

—Todo esto es inútil. Porca miseria.

Alemania sigue alegando, volviendo a esquivar otro golpe, pero el tercero sí que le dan. Tampoco tan fuerte, pero esto siempre hace que el descuente a uno.

—Te pido disculpas por este show lamentable —responde Veneciano apretando los ojos—. Intercederé por ti si esto te causa algún problema.

—Ya, no, no te preocupes... lo resolveremos. ¿Estás bien? —Mónaco pide al chofer que arranquen y que les diga a los chicos que NO LE PEGUEN A ALEMANIA porque, joder, no deja de ser Alemania.

Es que aún con los vidrios insonorizados debes oír a Alemania protestar cuando el coche arranca.

—Scuzi, scuzi tanti, prego —niega un poco.

—No pasa nada —le sonríe un poco—. ¿Quieres... quieres irte más lejos? Podemos irnos ahora si quieres... desaparecer unos días o algo.

—No quiero ser... una carga para ti, estaré bien. Mamma mía, scuzi —la mira de reojo. Mónaco se sonroja un poco y se humedece los labios, y la verdad, envidia un poco que Alemania... esté AHÍ.

—No pasa nada, en realidad... el ayudar a alguien que está pasando algo parecido a lo mío me hace... sentir que no es que el mundo esté contra mí. Siento esto casi como un grupo de apoyo—aprieta los ojos porque es que de todos los momentos en los que pudo hacer esto Alemania.

—No es así como debía ir todo esto —Suspira y asiente.

—¿Qué es lo que quiere? Quieres contarme?

—No lo sé, supongo que... hablar de lo que hice o... quién sabe. No quiero saberlo y menos ahora.

—¿Quieres champagne?

—Si, grazie.

—Ehh... ¿le has dicho que ibas a venir aquí? O sea... ¿la idea era que viniera? —Ella se estira un poco por la botella que siempre está enfriando ahí y se la pasa para que él la abra porque bueno, que al menos haga algo.

—No, no... No sé cómo se ha enterado —ahí va a abrirla. Ella le mira de reojo sin estar tan segura de ello. Le pasa las copas—. Supongo que ha llamado a mi parlamento, pero de todos los días en los que podía hacer esto... —sirve el champagne con cuidado.

—Bueno, técnicamente... esta era una invitación oficial a un evento público.

—Ya bueno, podría haber hecho esto literalmente ayer. O antes de ayer. No cuando estoy en mitad de un evento público oficial. Siendo como a él le molesta tanto que le interrumpan en mitas de las reuniones, veo que esa consideración que exige no se nos transfiere al resto.

—Quizás precisamente... quería hacer algo espectacular —le mira un poco preocupada—. Creo que estoy como... n-no quiero que te sientas obligado a convivir conmigo o a seguir el evento, si quieres...

—No quiero ir con él. Si esto te incómoda volveré a mi casa y nos veremos otro día.

—Non, non, tranquilo. Todo está bien. Mejor... vamos a relajarnos.

—A lo mejor debería sentirme más interesado en ese plan para desaparecer —Asiente.

—Solo hay que ir al helipuerto... O al aeropuerto. O al muelle. En realidad... —Mónaco le acerca la copa de champagne.

—¿Y entonces?

—¿Qué te apetece?

—No lo sé —confiesa suspirando.

—Por qué no vamos a una isla como recomendabas... puede ser sólo un día si quieres.

—¿Sicilia? ¿O quieres algo más pequeño?

—Personalmente, entre más pequeño, menos probabilidad de encontrar a la prensa.

—¿Has estado en Elba?

—Hace muchos, muchos años —Mónaco sonríe

—Pues vamos —le sonríe un poquito, sin que esta le llegue a los ojos.

Mónaco sonríe más y asiente picando un botón para hablar con el chofer

—Pregunta a ver que... —Veneciano igual aun mira por la ventanilla y... aprieta los ojos.

—Pasó con Allemagne? —completa la pregunta, inclinando la cabeza y mirándole.

Veneciano aprieta los ojos y asiente. Mónaco aprieta el botón para hablar con el chofer.

—¿Puedes averiguar qué pasó con el hombre que... ehm... estaba siguiéndonos afuera el hotel?

El hombre asiente y se lleva una mano al oído, habla un poco con la persona al otro lado en susurros. Veneciano suspira porque Alemania es imbécil.

—Hubo una pequeña rencilla con el hombre, madame... pero fue liberado.

Sí, claro. El puto pasaporte diplomático de Deutschalnd. Debían haberse cagado en los calzones quien le hubiera retenido.

—Por lo visto estaba en riesgo una situación diplomática seria... m-me preguntan si sabe quién era el hombre.

—Lo sabemos—responde Italia.

—Me indican que quizás debiera... llamar a la embajada —sigue el chofer.

—Ugh... ¿quieres llamar? —Veneciano mira a Mónaco.

—No te preocupes, pondré a alguien a ello.

La verdad... sueeeena otra puta vez el teléfono de Italia con un mensaje

—Lo digo porque te he dicho que me haría cargo —saca el teléfono de nuevo.

Es... otra vez un mensaje de Alemania. Ya, ya, cada quien lee ese asunto de "quiere que insista" de formas distintas.

Ya, ya... ¿Y qué dice?

"Ya sé que me merezco esto... y que seguro esta no es la manera más óptima, pero es la única manera que me queda. Bitte... puedo ser mejor de lo que he sido hasta ahora"

Uf... aprieta los ojos preguntándose si Germania ya le habrá contado lo de Helvetia... o tal vez Prusia.

"Llegas tarde. Estoy en mitad de algo más." Acaba por responder Italia.

"Estás en una relación con Mónaco?"

"Lo... estaré. Pronto" vacila y mira a Mónaco de reojo, pensando que ese no es el problema.

"Bitte, déjame... déjame arreglarlo todo. Solo estás tú, encima del trabajo y de todo lo demás"

"Haberlo pensado antes" Aprieta los ojos con eso.

"Siempre lo he intentado, pero no he sabido hacerlo"

"Italien, tienes que creerme, no quiero a alguien más. SI es que no dejo de pensar en ti, en nosotros. Lo que se necesite hacer, lo haré."

Veneciano guarda el teléfono con eso aunque le llega otro mensaje. No sé si va a volver a sacarlo.

—¿Estas bien? —Mónaco le mira y le sonríe un poco.

—Está... insistiendo. No pasa nada.

—Bueno... entiendo que es incómodo, pero mejor que insista, ¿no?

—No lo sé —suspira.

—Non? Mejor que... solo ignorarte. Eso dice siempre France.

—Es... relativo. Igualmente, ¿has llamado a la embajada?

—Tendría que llamarle a France.

—Llama, si quieres, así si tienes problemas estaré aquí.

Mónaco suspira.

—Vale... —saca el teléfono y mira a ver si Lux de puuuura casualidad...

Nop

Arruga la nariz un poco decepcionada, suspirando y llamando a Francia.

—Allò? —saluda al francés al otro lado del teléfono —. Oui...

Veneciano mira a Mónaco de reojo y saca el teléfono para leer el último mensaje de Alemania

"Ich liebe dich"

Uuuuuugh

Ya, ya...

Vuelve a guardarlo y mira a Mónaco.

—Mjm... ¿Entonces tú le llamas? No creo que sea muy grave... —ella se humedece los labios, mirando su copa

—¿Le has dicho lo que ha pasado?

Mónaco mira a Italia de reojo y asiente.

—¿Y qué dice? ¿Quieres que hable con él?

—Pregunta que si estás bien... espera, te lo paso.

—Ciao? —Italia suspira y toma el teléfono

—Estás bien, mon amour?

—Sí, sí..

—¿Seguro? ¿Qué ha pasado?

—Germania tiene... el don de la oportunidad

—Ya me estoy dando cuenta... ¿estás en una... cita?

—Algo así —vuelve a mirar a Mónaco de reojito.

—Buff... Mónaco me ha pedido que le llame a Allemagne, ¿quieres que lo haga? O te lo dejo a ti.

—Va a enfadarse y va a gritarte —le advierte.

—Pues... que se enfade y me grite. No será la primera vez. Puedo hacerte de muro de contención mientras tanto. ¿Quieres que le diga algo en particular?

—No... No. Le he dicho a Mónaco que me haría cargo —admite, suspirando.

—Mmm... Porque quieres hacerte cargo? Mon cher, puedo ayudarte ahora... si quieres

—Ha sido culpa mía —admite.

—¿Por? Vamos, es que aunque haya sido culpa tuya puedo ayudarte, mon amour... no suenas bien, y si esto es una cita, ve a disfrutarla... —le ofrece afectuosamente

—France, va a pelear. Va a convertir esto en el peor conflicto que pueda... —le advierte de nuevo y vacila y se lo piensa porque quizás no lo haga, quizás sí lo ignore—. Creo. No sé, tal vez no.

—SI no lo convierte en el peor conflicto que pueda... yo mismo le recordaré lo imbécil que es. ¡Que es bastante!

—No quieres que lo haga, France.

—Que se le ocurra tocar a Mónaco. Yo... lo que quiero es que tú estés bien y que él deje de ser un connard

Italia suspira sintiéndose de repente un poco agotado.

—Déjame calmar un poco las aguas, mon amour. Ve a tu cita y trata de olvidarte un poco de esto. Las cosas seguirán aquí... ¿vale?

—Vale, vale. Ni siquiera me importa lo que haga —miente.

—Aun así, mejor que haga lo que queremos a lo que no queremos, aunque no nos importe —Francia suspira porque sabe perfectamente bien, que eso es todo menos cierto...

—No lo sé, France, la verdad, ya se lo he dicho a él. Llega muy tarde —Veneciano sigue ahí en plan... es lo que hay.

—Mmmm... Bueno, le repetiré eso aunque... es posible que el entienda que ha llegado VERDADERAMENTE tarde.

—Pues qué más tarde se puede llegar, France?

—Tarde como para ni siquiera inspirarte a... llamarle a nadie.

—¿A qué te refieres con llamarle a nadie?

—A qué hay un punto en el que ya no te importa... lo resuelves, mandas a alguien, pero no te interesa, ni te agota. Y tú aún suenas... agotado.

—Estoy agotado.

—Lo que uno hace cuando el otro está agotado es... darle espacio y tiempo. ¿Eso quieres?

—Estoy intentando rehacer mi vida, nada más.

—Hablaré con él —Francia suspira.

—Mira, si quieres, hablamos tú y yo un día de estos, pero no ahora.

—Está bien. Cuídate... —se despide.

—Ciao

Mónaco le mira de reojo.

—Scuzi

—¿Ya está?

—Creo que sí, France hablara con él.

—France suele arreglar todas estas cosas —gesto con la mano.

—Esperemos que sí —asiente y sonríe un poquito.

—Ya nos contará... ¿más champagne?

—Sí —sonríe.

Le sirve otra copa y Veneciano se la va a tomar un poco de golpe. Mónaco se ríe un poco

—Puedo darte algo más fuerte...

—Mejor no.

—Sabia decisión. Ya estamos aquí —le muestra el helipuerto por la ventanilla y el coche se detiene

—Oh... bien. Vamos entonces.

—Ahora que esté todo listo vienen por nosotros —le sonríe sacando su espejo y arreglándose el maquillaje.

—Esto de las vacaciones improvisadas es la mejor cosa que se ha inventado nunca. ¿No? —sonríe

—Sí, bueno... esto con Lux era IMPOSIBLE —Mónaco se ríe un poco más.

—¿Por?

—El trabajo es lo único que le importa.

—No digas eso.

—Es que lo es.

Suspira un poco.

—Aún así, yo ya me canse... prefiero a alguien más libre, como tú.

—Papá suele reñirle mucho... bueno, todos, ya lo sabes. Me sabe mal un poco esto porque me caéis bien los dos.

—Ya, ya... si de caer bien, no es que a mí no me lo caiga, solo...

—Solo quería que lo supieras —le toma de la mano

—Es agotador todo esto —Mónaco le mira a los ojos

—Ya me imagino, pero en realidad no erais tan... cercanos, ¿no? ¿O sí?

—Creo que éramos menos cercanos de lo que parecía.

—Ya veo... que mal.

—Pero venga, creo que... quiero vacaciones.

—No me extraña... ¿cuál es el plan? O sea... ¿qué te gustaría hacer?

—La verdad... salir un poco, bailar, olvidarme de todo.

—¿Quieres... ir a la playa esta tarde?

—Definitivamente... quiero hacer cualquier cosa que me propongas

—¿Nudista es... demasiado? —Sonríe.

—Creo que... me subestimas —Mónaco se humedece los labios

—Tenía que intentarlo —levanta las manos y se ríe.

—Pero... quizás algún día. No pierdas las esperanzas... —responde riéndose y cerrándole un ojo. El chofer toca la puerta de la limosina

—Vale, vale —sonríe.

—No soy una chica fácil —y por eso pretendes ir en topless igual y acostarte con él si se da la oportunidad... claro. Golpea un poco el vidrio de vuelta y el chofer abre la puerta.

—Eso me ha quedado claro, pero... ¿qué dice de mí no intentarlo siquiera?

—Hablaría fatal de ti, ciertamente —Mónaco le sonríe sinceramente tomándole la mano para que le ayude a bajar del coche.