Capítulo 1: El Final y el Inicio - Parte 3


[¡La incursión del Guardian de Helheim ha tenido éxito!]

[Todos los jugadores que participaron en la incursión de Garm recibirán una compensación según su desempeño]

[Se ha detectado un solo jugador]

[¡El Campeón Mundial Lumiel Seraph ha obtenido recompensas extraordinarias a cambio de su gran hazaña!]

[Has obtenido 35.561.000 monedas de oro]

[Has obtenido cadenas ensangrentadas x6]

[Has obtenido pellejo de Garm x6]

[Has obtenido colmillo de Garm x10]

[Has obtenido cristal de datos: Colmillo Glaciar x2]

[Has…]

[¡Se aplican las recompensas especiales!]

[Has obtenido "Collar de Garm"]

[Has obtenido "Lagrima de Hela"]

Mientras observaba cómo el cuerpo sin vida de Garm comenzaba a desvanecerse en pequeñas partículas azules, numerosas ventanas del sistema invadieron su campo de visión, anunciando las recompensas obtenidas por el éxito en la incursión.

Aunque estaba sorprendido por la recompensa especial, a estas alturas del juego para Lumiel, estas recompensas carecían de valor. Lo único que realmente apreciaba era que con esta muerte estaba un paso más cerca de su objetivo.

[21:59:01]

Mirando el reloj en la esquina derecha de la pantalla, asintió y se preparó para partir rumbo a la fortaleza de la diosa Hela, ahora con una motivación más personal: cobrarle por su repentina aparición, que casi le cuesta el éxito de la incursión y amenaza con arruinar sus planes.

Pero justo cuando estaba por desplegar sus alas y marcharse junto con sus invocaciones, algo lo detuvo: una inquietud súbita que alertó sus sentidos. Giró de inmediato, fijando la mirada en un punto dentro del bosque, a unos cien metros de distancia, donde momentos antes su habilidad había arrasado con los árboles.

No estaba solo. Había algo—o más bien, alguien—escondido cuidadosamente entre los gigantescos troncos. Sea quien sea, estaba utilizando una habilidad de sigilo de alto nivel. De no ser por los sentidos aumentados de su forma de Novena Sefirá, nunca lo habría detectado a esta distancia.

'¿Cuánto tiempo lleva observándome?'

Había estado tan concentrado en su enfrentamiento con Garm que no se había percatado de esta nueva presencia hasta ahora.

Centró la vista, intentando precisar la ubicación exacta del observador, pero sin éxito. No contaba con ningún hechizo o habilidad de adivinación que pudiera serle útil en esta situación, y utilizar un objeto estaba fuera de cuestión. Sin embargo, sabía una cosa: quienquiera que se estuviera escondiendo, debía haberse dado cuenta de que su presencia había sido detectada… y aun así, no huía.

Aunque estaba alerta, no temía un ataque inmediato. Si este jugador hubiese querido atacarlo, lo habría hecho durante la incursión, cuando las probabilidades de derrotarlo habrían sido mucho mayores.

Lo más sensato sería marcharse sin provocar un enfrentamiento y perder su limitado tiempo. Pero una parte de él no podía evitar sentir curiosidad por este otro jugador, alguien que había decidido quedarse hasta el final, igual que él, en estos últimos momentos antes del cierre de Yggdrasil. Encontrarse con otro jugador a estas alturas, y en un lugar tan remoto de un mundo vasto y casi desierto, era una rareza.

Tomando una decisión, guardó su escudo en la espalda, junto con su espada—la cual redujo de tamaño para poder envainarla de forma normal— y comenzó a avanzar lentamente hacia el bosque, sus sentidos concentrados en la dirección donde sentía aquella presencia.

Cuando estuvo a unos treinta y cinco metros del bosque, se detuvo y, mirando en la dirección a la presencia, habló en voz alta para que su "admirador secreto" lo escuchara claramente.

—¡Se que estás ahí amigo! Sal y hablemos pacíficamente. No es necesario llegar a un enfrentamiento cuando solo quedan dos horas para el cierre de los servidores.

Silencio.

Pasaron unos segundos y sus palabras fueron respondidas únicamente por el eco de la quietud. Estaba a punto de llamar de nuevo cuando, finalmente, el contorno de una figura apenas visible salió de entre los árboles y se detuvo a una distancia de seguridad prudente.

'Entonces era un lanzador de hechizos…'

La figura, sin esperar más, canceló su hechizo de invisibilidad, dejando su verdadera forma expuesta a simple vista.

"…!"

Lumiel no pudo evitar sorprenderse al reconocer al jugador con apariencia de esqueleto que tenía frente a él. Era alguien a quien algunos llamarían famoso o de gran renombre dentro del juego, no por su poder como a los "Campeones o Desastres Mundiales", pero si por las hazañas del gremio que lideraba.

Lumiel lo recordaba bien porque ya había trabajado con su gremio en el pasado, en especial con quien era su antiguó líder de clan en ese momento.

Su postura se relajó. Con su identidad revelada, ya no había motivos para permanecer alerta. Dudaba mucho que el jugador que tenía delante lo atacase o estuviera preparando una emboscada junto con los miembros de su gremio. Aunque eran bien conocidos por su infame reputación de PK, Lumiel confiaba en que no atacarían a un viejo aliado sin provocación.

Percibiendo el cambio en la atmosfera, el hechicero tambien se relajó y continuó acercándose hasta estar a pocos pasos de distancia. De forma amistosa, levantó su mano esquelética a modo de saludo mientras un emoticón sonriente aparecía por encima de su cabeza. Lumiel respondió de la misma manera, operando su consola y seleccionando el mismo emote.

Como no existía la habilidad para cambiar las expresiones faciales en Yggdrasil, los jugadores utilizaban emoticones para expresar sus emociones.

—Ha pasado mucho tiempo, Lumiel-san. Perdona que me haya acercado a ti de forma sigilosa (╯︵╰,) —Al final de sus palabras, un emote distinto apareció sobre su cabeza, mostrando un gesto de arrepentimiento.

Alex no puedo evitar que se le escapara una sonrisa fuera del juego. Encontrarse con una cara amiga ciertamente era algo que lo alegraba en estos últimos momentos del servidor.

—Ciertamente ha pasado mucho tiempo, Momonga. Pero dime ¿cuánto tiempo llevas ahí escondido? habría apreciado algo de ayuda hace unos minutos…(︶︿︶)— dijo con un tono de falsa indignación, mientras daba unos cuantos pasos más al frente.

Ahora que estaban a pocos metros de distancia, la diferencia entre ambos avatares era clara a simple vista, con Lumiel superando en altura al avatar esquelético de Momonga por casi el doble mientras estaba en su forma de Sephira.

—Jaja… Perdón de nuevo por eso, pero solo llegué justo a tiempo para ver el final, pero… —Momonga levantó la mirada en una posición incómoda para poder verle a la cara —Wow… he visto esa forma muchas veces en los videos de los torneos, pero verlo en persona es otra cosa…

Dándose cuenta de su error, Lumiel se apresuró a disculparse.

—¡Oh! Perdona por eso, Momonga. Estando solo tanto tiempo me olvidé de que esta altura puede resultar incómoda para hablar… deja que corrija eso. —Operando la consola de habilidades y efectos activos, Lumiel desactivo su [Transfiguración de Sephira: Novena forma] volviendo a su forma original.

Aunque aún seguía siendo unas dos cabezas más alto que su compañero esqueleto, la diferencia se redujo a unos cómodos cincuenta centímetros.

—Así creo que esta mejor. Ahora dime, ¿qué te trae tan lejos de Nazarick? —Preguntó con curiosidad. Aunque el Pantano de Grenbera, donde se ubicaba la cede del gremio de Momonga, no estaba extremadamente lejos, seguía siendo un largo recorrido que tomaría una hora de vuelo o en montura.

—Oh, estaba de vuelta a Nazarick luego de comprar unos fuegos artificiales para…—hizo una pausa, como si buscara la palabra correcta que decir a continuación—…celebrar el cierre de los servidores junto con los miembros del gremio, cuando oí el aullido de Garm.

Las palabras de Momonga le sonaban distantes al mencionar el cierre de los servidores y en especial a su gremio. Parecía que no era el único que lamentaba que este fuera el último día.

—Me preguntaba quiénes se atreverían a desafiar al jefe y decidí acercarme a observar, por si supondrían una amenaza para Nazarick o no —añadió, deteniéndose para observar los daños de la batalla antes de continuar. —Lo que no me esperaba era encontrarme al "Portador de la Luz", de entre todas las cosas. Jajaja —su risa seca se dejó oír.

Aunque no se le escapó que Momonga aplico algo de gracia al mencionar su título, Lumiel lo dejo pasar de momento. No era algo que escuchara desde hacía años, especialmente desde que la comunidad de Yggdrasil comenzó a decrecer considerablemente y su título perdió la relevancia de antaño. Sin embargo, se lo cobraría, si tan solo lograra acordarse del suyo…

'¡Ohhh!'

La respuesta le llegó como una flecha y una sonrisa llena de picardía adornó el rostro de Alex debajo de sus gafas mientras preparaba su contraataque.

—Bueno… se puede decir que tambien me llevé una sorpresa al encontrarme nada más y nada menos que con el lanzador de magia más fuerte, el gobernante de la muerte y soberano supremo de la Gran tumba de Nazarick, el Overlord Momonga-sama! \(^o^)/—exclamó con un entusiasmo teatral, llegando incluso a utilizar honoríficos japoneses que su amigo Dark le habia enseñado.

todo eso fue acompañado de varias poses dramáticamente exageradas—que pondrían celoso a cierto Paladín de Plata—para acompañar a los ostentosos títulos del jugador esquelético, que aunque exagerados apropósito, reflejaban con exactitud las características del jugador esqueleto. Y su respuesta no se hizo esperar.

"Whaaa…"

Casi pudo imaginarse la expresión de Momonga fuera del juego. Si las expresiones faciales fueran posibles en Yggdrasil, no dudaba que la mandíbula se habría desprendido del cráneo de su avatar llegando hasta el suelo.

"jajajajaja "

Sin darse cuenta, se le escapó una carcajada fuerte y jovial. No recordaba cuándo fue la última vez que tuvo esta clase de interacción con otra persona, incluso fuera del juego, en la corporación donde trabajaba, últimamente todos estaban más pendientes en llegar a tiempo al objetivo que en interactuar entre sí.

Lumiel se rió con ganas, una carcajada que resonó en el desolado paisaje dejado atrás por su hechizo de super-nivel. Momonga, aún en su pose rígida, dejó escapar un suspiro exagerado.

—Realmente sabes cómo hacer que alguien quiera tragarse la tierra… —dijo, agitando su mano como si intentara disipar el aire de vergüenza que flotaba a su alrededor. —Esa fue sin duda una actuación inolvidable.

Lumiel bajó lentamente las manos de su rostro, aún con un sonrisa divertida en la realidad, pero más controlada ahora.

—Bueno, no podía dejar pasar la oportunidad. Es raro encontrarme con alguien a quien todavía valga la pena molestar un poco en estos días. Pero prometo contenerme… por ahora.

Hubo un momento de pausa antes de que ambos soltaran una breve risa, ligera, pero genuina. A pesar de las circunstancias, ese pequeño momento de camaradería resultó inesperadamente reconfortante para ambos.

Momonga aprovechó el respiro para calmarse un poco y desviar la conversación.

—Dejando eso de lado, Lumiel-san ¿qué estabas haciendo aquí? —preguntó con curiosidad, mirando a su alrededor como si buscara pistas. —No es común encontrarse con alguien en esta región a estas alturas del juego, y menos enfrentándose a Garm, no sin querer ser cazado en todo Helheim jaja.

La sonrisa de Alex se desvaneció lentamente, reemplazada por una expresión más seria. Desvió la mirada hacia donde antes estaba el cuerpo derrotado de Garm, como si reflexionara sobre las razones detrás de su decisión.

—Estaba preparándome para un enfrentamiento en solitario contra Hela —respondió finalmente, sin molestarse en mentir al respecto sobre sus verdaderas intenciones.

Momonga inclinó ligeramente la cabeza, procesando lo que acababa de escuchar.

'Preparándose para un enfrentamiento contra Hela… Claro, eso tiene sentido. Pero entonces…'

Su mirada se desvió hacia donde antes habia ocurrido la pelea. Entendía perfectamente lo que eso implicaba. Si alguien quería enfrentarse a Hela en condiciones que fueran favorables, tenía que asegurarse de que no hubiera interferencias. Y Garm, su perro faldero, era un obstáculo ineludible en el territorio de Helheim.

'Pero… incluso para un jugador bien preparado como Lumiel, enfrentarse a Hela sin primero neutralizar a Garm sería suicida. Y hacerlo solo… Aunque su construcción le permite curarse y manejar invocaciones, sigue siendo solo un tanque y ya utilizó tres ángeles de alto nivel... Derrotar a dos jefes de ese calibre al mismo tiempo no es algo que un solo jugador pueda lograr. Incluso solo con Hela podría resultarle extremadamente dificil, por no decir que imposible…'

De regreso al diálogo, Momonga asintió despacio, como si confirmara sus pensamientos en voz baja.

—Entonces, era por eso… Tenías que encargarte de Garm primero, para que no interfiriera más tarde —dijo. No era una pregunta, sino una afirmación, pero su tono tenía un matiz de respeto hacia Lumiel.

Lumiel asintió, dejando escapar un leve "mmmh" mientras sus pensamientos procesaban lo dicho por Momonga. Finalmente habló con tono aprobatorio:

—Exactamente eso. Y debo decir que estoy impresionado por lo rápido que conectaste las piezas, digno de un maestro de gremio.

Momonga, aunque agradecido por el elogio, levantó una mano esquelética en un gesto modesto.

—No es para tanto. Sólo es el resultado de años escuchando a Punitto Moe y sus estrategias interminables. Créeme, más me valía aprender rápido si no quería pasar horas siendo reprendido por él.

Lumiel no pudo evitar reírse, una carcajada ligera que resonó en el paisaje desolado que poco a poco recuperaba su forma.

—¡Punitto Moe! Ahora que lo mencionas… —Lumiel chasqueó los dedos, recordando algo. —Durante un contrato con ustedes, hace ya como una década, Madra casi provoca una guerra con él.

—¿De verdad? —preguntó Momonga, inclinando ligeramente la cabeza con curiosidad.

—Oh, sí. Estábamos planeando una emboscada contra aquel clan en Midgard… Toxic Clan creo que se llamaba. Touch-Me nos recomendó trabajar con su clan, y fue Punitto Moe quien se encargó de la estrategia. ¡La cantidad de pasos que tenía era absurda! —Lumiel dejó escapar un suspiro nostálgico. —Por supuesto, Madra no pudo soportarlo. Antes de que Punitto Moe terminara de explicarlo todo, ya habia saltado al campo de batalla, arruinando todo el plan.

Momonga soltó una risa seca, aunque cargada de genuino entretenimiento.

—Eso suena… exactamente como Punitto Moe-san. Me imagino su reacción al ver el caos.

—Oh, no fue nada bonito. Aunque al final conseguimos acabar con el clan, Punitto Moe estaba a punto de declararle la guerra a Madra allí mismo si no fuera porque Touch-Me y yo intervenimos —Lumiel negó con la cabeza, una sonrisa leve en su rostro. —Ahora lo recuerdo con cariño, pero en ese momento fue incómodo como el infierno.

La conversación fluyó con facilidad, permitiendo que ambos compartieran momentos de risa y camaradería. Pero entonces, Lumiel, todavía con la historia en mente, aprovechó para preguntar algo más:

—Hablando de Punitto Moe, ¿él está ayudándote con los preparativos? Suena como algo que haría.

La reacción de Momonga cambió casi imperceptiblemente. Aunque su avatar permanecía tan sereno como siempre, hubo una pausa demasiado larga antes de su respuesta.

El silencio que siguió se sintió más largo de lo que realmente fue. Lumiel observó a Momonga en silencio, notando el aire de melancolía que parecía desprender su postura. Aquella pausa bastó para comenzar a atar cabos.

'¿Podría ser que… él tambien esté solo?', pensó Lumiel, su mirada volviendo al esqueleto.

Sin querer, su mente lo llevó a un recuerdo distante. Touch-Me, uno de los compañeros más cercanos de Momonga y también un Campeón Mundial como él, al cual consideraba un buen amigo, solía hablarle de los logros y desafíos del gremio Ainz Ooal Gown. Pero tambien mencionaba, en sus últimos momentos en línea, la creciente ausencia de sus miembros.

"Momonga siempre sonríe, incluso cuando sé que le duele ver cómo poco a poco se queda solo"

había dicho Touch-Me en una ocasión, sentado junto a Lumiel tras un combate con su querido amigo Madra en Midgard. Aunque era territorio hostil para un infame heteromorfo como Touch-Me, nadie en su sano juicio se atrevería a enfrentarse a tres Campeones Mundiales juntos.

"Es un líder admirable, pero no debería cargar con esto él solo. Y aun así, lo hace".

Aquellas palabras resonaron en la mente de Lumiel ahora, como si hubieran sido pronunciadas ayer. Volvió al presente, mirando al esqueleto que tenía enfrente. Por mucho que su avatar no tuviera rostro y tampoco pudiera mostrar expresiones faciales, podía percibir una sombra de vulnerabilidad en sus palabras y silencios.

Todo indicaba que probablemente Momonga estaba enfrentando algo similar a lo que él ya había aceptado: estar solo en las horas finales de Yggdrasil.

'Espero que no sea así…' Pensó. Aunque no podía evitar la posibilidad de que Momonga enfrentara las últimas horas de Yggdrasil en soledad, deseaba sinceramente que al menos uno estuviera allí para acompañarlo. Tal vez, si Touch-Me o algún otro miembro de su gremio respondía a la llamada, ese cierre sería menos solitario para él.

Lumiel observó en silencio mientras Momonga procesaba su pregunta sobre Punitto Moe. Hubo una pausa antes de que el avatar esquelético hablara, una pausa lo suficientemente larga como para que Lumiel notara un cambio sutil en su atmósfera.

—no, no está aquí —dijo Momonga finalmente, con un tono calmado pero cargado de una extraña melancolía. Luego de un instante, agregó. —Aunque… al menos algunos de mis compañeros confirmaron que intentarían conectarse antes del final.

Esas palabras hicieron eco en el aire, ligeras pero significativas, Momonga había hablado con un aire sereno, pero algo en la manera en que lo dijo dejó entrever más de lo que pretendía.

'Eso no es del todo cierto…' pensó Momonga para sí mismo, desviando la mirada hacia el horizonte digital. Recordando claramente cómo dos de sus amigos, aquellos que no borraron sus cuentas y que habían prometido conectarse, aparecieron brevemente pero no pudieron quedarse mucho tiempo. El silencio que siguió a su desconexión habia sido más pesado de lo que esperaba.

Sin embargo, no era necesario compartir ese detalle con Lumiel-san. Después de todo ¿qué ganaría diciendo algo que solo añadiría más peso a una conversación ya teñida de despedidas?

Lumiel, por su parte, asintió lentamente al escuchar las palabras de Momonga. Aunque los detalles ocultos no le eran evidentes, podía percibir algo más allá de lo que se decía. Había una brecha entre lo que Momonga mostraba y lo que probablemente sentía en su interior.

—Es bueno saber que al menos alguien respondió a tu invitación —dijo Lumiel, rompiendo el breve silencio. Aunque su comentario parecía casual, había un dejo de esperanza implícito en sus palabras, como si quisiera aferrarse a la idea de que Momonga no estuviera completamente solo. No como él.

Momonga asintió en respuesta, aunque no dijo nada al principio. Su mirada permanecía fija en un punto distante, como si evaluara las palabras que acababa de escuchar. Finalmente, habló con calma.

—Sí… Al menos espero que lleguen a tiempo —respondió. Había un matiz de vulnerabilidad en su voz que Lumiel no pasó por alto.

Por un instante, ninguno dijo nada más. Era como si ambos comprendieran que, aunque sus circunstancias fueran distintas, compartían un vínculo tácito en la experiencia de despedirse de algo tan significativo.

Lumiel decidió no presionar más. En lugar de ello, permitió que la conversación fluyera hacia territorios más neutrales, dejando que Momonga marcara el ritmo de la charla. Aun así, en el fondo de su mente, seguía deseando que las palabras de Touch-Me no fueran proféticas y que Momonga no tuviera que enfrentar el final completamente solo.

El silencio entre ellos se rompió eventualmente, y la conversación tomó un rumbo más ligero. Aunque el peso emocional de lo dicho no se desvaneció por completo, ambos encontraron algo de alivio al compartir momentos y anécdotas de sus respectivas trayectorias en Yggdrasil.

Lumiel habló con cierto orgullo de las mayores hazañas de su grupo, resaltando las proezas que habían alcanzado juntos: momentos de camaradería que transcendían el juego, incursiones que parecían imposibles, y batallas contra grandes gremios: denotando aquel momento en el que junto con Madra, Touch-me y otros tres campeones del mundo se aliaron para derrotar y humillar al arrogante gremio "Magos Mercenarios", el número 9 de ese momento antes de disolverse.

—¿Y qué hay de ti, Momonga? —preguntó Lumiel tras una breve pausa. —Estoy seguro de que tú y tu gremio también tienen historias que contar.

La respuesta no tardó en llegar. Momonga compartió algunas de las hazañas de Ainz Ooal Gown, destacando cómo, en su apogeo, el gremio había logrado establecerse como uno de los más fuertes de todo Yggdrasil, llegando a estar en el top 10. Había una emoción palpable en su voz mientras recordaba las estrategias intricadas, las victorias difíciles y las veces que trabajaron juntos como un equipo perfectamente sincronizado.

—Sin duda alguna, esa vez que conquistamos Nazarick fue inolvidable —Momonga soltó una risa seca. —Punitto Moe casi pierde la paciencia con nosotros cuando desviamos el plan por completo, pero al final salió bien… más o menos.

Lumiel rió con sinceridad, imaginando a Punitto Moe lidiando con el caos. Era fácil visualizarlo: un estratega calculador y apasionado, frustrado por los deslices imprevistos de su equipo.

—Es bueno saber que algunas cosas nunca cambian. —Lumiel negó con la cabeza, divertido.

La charla continuó por unos minutos más hasta que Momonga, tras un breve vistazo al reloj, levantó una mano en señal de despedida.

—bueno, Lumiel-san, creo que es hora de que me retire. Todavía tengo que preparar los fuegos artificiales antes de que sea demasiado tarde, y quiero asegurarme de que todo esté listo.

Lumiel asintió, entendiendo la importancia del momento para su compañero.

—Buena suerte con eso, Momonga. Espero que todo salga como lo planeaste.

Momonga parecía dispuesto a marcharse, pero se detuvo de repente. Giró la cabeza hacia el campo de batalla, aunque no habia ninguna expresión para leer, podía sentir la leve curiosidad en sus movimientos.

—Antes de irme, hay algo que quería mencionar. —Señalo hacia el terreno donde momentos atrás había ocurrido el enfrentamiento con Garm. —Cuando observaba tu pelea, noté algo… curioso.

Lumiel siguió la dirección que Momonga señalaba, frunciendo el ceño mientras intentaba identificar el punto exacto.

—¿De qué se trata?

—Es el terreno. —Momonga cruzó los brazos, su voz adquiriendo un tono analítico. —Sabes tan bien como yo que en Yggdrasil los efectos de las habilidades destructivas suelen afectar el escenario durante la pelea. Pero… luego de cierto tiempo, el sistema siempre restablece el terreno a su estado original, como parte de la mecánica de inmersión.

Lumiel inclinó la cabeza, ya entendiendo a dónde iba Momonga con sus palabras.

—Sin embargo —continuó Momonga, —mientras todo el terreno aquí parece haber sido restaurado… hay una sección que no lo ha hecho.

Lumiel finalmente lo vio. Justo en donde debería estar la guarida de Garm habia una brecha irregular en el suelo, aún ennegrecida y con bordes agrietados por el impacto. Destacaba claramente del resto del campo de batalla, que ahora parecía completamente intacto.

—Esto no tiene sentido. —Lumiel dio un paso hacia adelante, observando con más atención la grieta ennegrecida. —El sistema ya debería haber restaurado todo para ahora.

—Lo pensé también, pero… no parece ser el caso. —Momonga se cruzó de brazos, su voz reflejaba una mezcla de curiosidad y cautela.

Ambos avanzaron lentamente hacia la anomalía. El contraste entre el terreno perfectamente restaurado y la sección todavía afectada era imposible de ignorar. Lumiel pasó su mano enguantada sobre los bordes agrietados, como si esperara sentir algo fuera de lo común, aunque sabía que no serviría de nada si fuera un fallo en el sistema.

—Es como si el sistema hubiera dejado de funcionar aquí. —Su mirada se desvió hacia Momonga. —¿Notaste algo más mientras observabas?

Momonga negó con la cabeza.

—Solo lo que mencioné. Aunque, ahora que lo veo de cerca, es extraño que esta área siga tan… dañada. —Su tono reflexivo, como si intentara buscar una explicación lógica que encaje con la situación.

Mientras estaban cerca del borde de la grieta, el aire alrededor pareció cambiar, un ligero brillo recorrió el suelo y ambos jugadores se detuvieron de inmediato. Un sonido familiar resonó, seguido de una serie de ventanas emergentes que invadieron su campo visual.

[Notificación Especial del Sistema]

El diseño de la ventana era elaborado, decorado con patrones dorados que no habían visto en mucho tiempo. El simple hecho de verlo hizo que ambos intercambiaran una mirada de sorpresa.

—Esto… —comenzó Lumiel, con la voz baja.

—Es una notificación de descubrimiento único. —Momonga terminó la frase por él, su tono cargado de asombro.

[Descubrimiento Único: Cripta del Hálito Eterno]
"Has descubierto una antigua tumba sellada por un poder divino corrompido y desconocido. Los ecos de un juicio celestial resuenan en su interior, impregnando el aire con una presencia abrumadora. El guardián de esta cripta ha dormido por eras incontables, aguardando a aquellos dignos de desatar su gloria… o su ira."

Tras la primera notificación, otra apareció justo después, presentando información adicional.

[Debido al primer descubrimiento, se aplican efectos únicos durante la primera incursión. Estos permanecerán mientras dure la incursión o se perderán luego de 12 horas de no entrar a la mazmorra.]

Las notificaciones se sucedieron rápidamente, mostrando los beneficios específicos:

[Bendición del Explorador:]
Aumenta un 100% la tasa de botín en la primera incursión dentro de la Cripta del Hálito Eterno.

[Favor de la Luz Perdida:]
Ganas un 100% más de EXP al derrotar enemigos asociados con este descubrimiento.

[Audacia del Pionero:]
Reduce el 50% del costo de durabilidad en el equipo durante la primera exploración.

[Juicio de los Vigilantes Eternos:]
La dificultad de los encuentros en esta área aumenta un 50% debido a la influencia del guardián.

Cuando las notificaciones finalmente dejaron de aparecer, ambos jugadores permanecieron en silencio, procesando lo que acaban de presenciar.

Decir que ambos se sorprendieron sería quedarse corto. Tal descubrimiento era algo que ninguno de los dos esperaba a estas alturas, especialmente con el reloj marcando las últimas horas del servidor.

Lumiel fue el primero en reaccionar, aunque sin palabras. Dio un paso hacia atrás, retirando la vista de la grieta y dejando escapar un suspiro mientras intentaba calmar la mezcla de emociones que lo embargaba. Momonga, por su parte, mantuvo la mirada fija en el terreno, sus pensamientos girando rápidamente.

'Un descubrimiento único… a estas alturas del juego. ¿Cómo es posible que algo así no haya salido a la luz antes?' pensó Momonga, su emoción como jugador mezclada con una amarga decepción. Oportunidades como estas eran únicas en su tipo, pero ahora que estaba frente a él, sabía que no podía aprovecharla.

El avatar esquelético dejo escapar una risa seca, casi inaudible.

—Parece que Yggdrasil todavía guarda secretos incluso después de doce años, ¿eh? —comentó, con un tono que denotaba tanto admiración como resignación.

Lumiel apenas escuchó las palabras. En su mente, un remolino de pensamientos y recuerdos lo invadía. La notificación especial, la descripción de la mazmorra… Todo le resultaba terriblemente familiar. No era la primera vez que experimentaba algo así, y eso le provocaba una mezcla de euforia y frustración.

'Esto es igual a aquella vez… Cuando obtuve mi clase de Sephiroth', pensó. La similitud en los patrones de las notificaciones era inconfundible. Estaba seguro que lo que aguardaba en esa cripta no era simplemente un jefe común, sino algo mucho más grande. Uno de los Arcángeles de Sephira, uno de los cinco que aún no habían sido descubiertos en todo el tiempo de Yggdrasil.

Su mandíbula se tensó, y sus puños se cerraron con fuerza, causando un sonido áspero al chocar con el cuero sintético de su silla.

Esto es ridículo…—murmuró en voz baja, aunque lo suficientemente fuerte como para que Momonga lo escuchara.

El esqueleto giró la cabeza hacia su compañero, captando de inmediato la tensión en su postura.

—¿Lumiel? —preguntó con cautela.

Lumiel exhaló con fuerza, tratando de disipar el enojo que comenzaba a bullir en su interior. No tenía caso perder la compostura ahora, pero no podía evitar sentir indignación por lo que esto implicaba.

—¿Cómo se supone que alguien descubra algo así? —Su voz estaba cargada de frustración, aunque trataba de mantenerla bajo control. —¿Esperaban que destruyéramos cada rincón de los Nueve Mundos, que exploráramos cada centímetro, incluso aquellos lugares que no tenían sentido visitar?

Momonga parpadeó, sorprendido por la intensidad de sus palabras, pero no lo interrumpió. En lugar de eso, lo observó en silencio, dándole espacio para desahogarse.

Lumiel respiró profundamente, tratando de calmarse. Continuó con un tono más contenido, pero igual de cargado de emoción.

—Desde el principio, siempre supe que la misión que nos dieron era casi imposible. Pero esto… esto supera cualquier cosa. —Apretó los dientes, sus ojos fijos en la grieta como si esta fuera la culpable de todo. —¿Incluso es posible cumplir con las expectativas que nos dejaron?

Un silencio incómodo se extendió entre ambos. Momonga, sin embargo, entendió el contexto de las palabras de Lumiel: las misiones imposibles, los desafíos desproporcionados, el peso de las expectativas. No era algo ajeno para el para muchos jugadores de Yggdrasil.

Finalmente, Lumiel dejó escapar una risa amarga y sacudió la cabeza.

—Supongo que no debería sorprenderme. Al final, los "desarrolladores de mierda" hicieron honor a su nombre una vez más.

Momonga no pudo evitar soltar una leve risa amarga. Había escuchado ese apodo incontables veces en los foros y en conversaciones dentro del juego. Aunque el comentario de Lumiel tenía un deje de amargura, no podía evitar compartir el sentimiento.

—Bueno, al menos hay algo consistente en este mundo… —dijo Momonga, cruzando los brazos mientras observaba la entrada a la cripta. —Siempre lograron mantenernos en vilo, incluso en los últimos momentos.

Lumiel lo miró por un instante y, a pesar de su enojo inicial, no pudo evitar sonreír levemente. Había algo irónico en todo esto, algo que no podía ignorar.

Ambos jugadores permanecieron en silencio después de eso, sus pensamientos divagando en direcciones diferentes. Para Momonga, era una oportunidad que lamentaba profundamente no poder explorar con su gremio. Para Lumiel, era un recordatorio de los retos insuperables que siempre los habían acompañado a él y sus amigos, pero también una chispa de emoción por lo desconocido que los esperaba en la Cripta del Hálito Eterno.

Lumiel permanecía en silencio frente a la entrada de la mazmorra. La notificación del sistema aún flotaba vívidamente en su mente, recordándole la magnitud de lo que tenía delante: una mazmorra única, un hallazgo que ni siquiera los jugadores más dedicados habían logrado descubrir en más de una década de Yggdrasil.

A pesar de lo emocionante que resultaba, tambien sabía lo que significaba. Las mazmorras de esta categoría rara vez eran benignas, y las posibilidades de regresar con éxito de una incursión sin preparación eran escasas incluso para un gremio, por no hablar de un jugador solitario como él.

'Entrar sin un plan sería un suicidio…' pensó, cruzándose de brazos mientras analizaba los pros y contras con la seriedad de un estraga.

Los contras no tardaron en apilarse. Una mazmorra desconocida podía ser una trampa mortal. Su diseño, los enemigos y la estructura interna eran incógnitas totales, y si se trataba de una mazmorra que ocultaba un Jefe Mundial, lo más probable era que requiera un gremio completo y coordinado para siquiera tener una oportunidad de llegar a la sala del jefe. En las mazmorras de esta clase, las salidas solían estar bloqueadas hasta completar la incursión o hasta que todos los jugadores dentro fueran eliminados.

'Si entro y algo sale mal, no habrá vuelta atrás', pensó con el ceño fruncido. Ademas, no sabía cuánto tiempo le tomaría llegar hasta la sala del jefe, si es que llegaba. Las mazmorras que albergaban enemigos de este nivel solían ser vastas, casi como una dimensión en miniatura dentro del juego. Perder el poco tiempo que le quedaba antes del cierre de los servidores era un riesgo que no podía tomar a la ligera.

Sin embargo, había algunos pros que no podía ignorar. Desde que los GM habían desactivado las hostilidades de los mobs y las trampas en las mazmorras normales, Lumiel habia explorado varias en busca de desafíos que aún pudieran valer la pena.

En todos los casos, los enemigos estaban inactivos, atrapados en un letargo que solo podía romperse si se les atacaba directamente. Si esta mazmorra seguía la misma regla, podría tener una oportunidad razonable de explorarla sin peligro inmediato. Pero tambien sabía que las bases de gremio, las ciudades NPC y ciertos sitios especiales no estaban sujetos a esas restricciones. ¿Y si esta mazmorra única funcionara bajo esas excepciones?

'Además, explorar lo desconocido tiene su encanto', admitió para sí mismo. A pesar del riesgo, la idea de enfrentarse a lo inesperado, descubrir secretos ocultos y desafiar lo imposible era una de las razones por la que había seguido jugando Yggdrasil durante tanto tiempo. La promesa de algo nuevo y único pesaba más que un enfrentamiento predecible con Hela.

Sumido en sus pensamientos, había olvidado por completo la presencia de Momonga, quien permanecía en silencio a unos pasos detrás de él. La voz del esqueleto lo sacó abruptamente de su ensoñación.

—Lumiel-san, creo que es hora de que me retire. Se está haciendo tarde, y aún tengo cosas por preparar en Nazarick.

Lumiel giró la cabeza, algo sorprendido de escuchar nuevamente a su compañero después de lo que parecía una eternidad de silencio. Miró el reloj en la esquina de su pantalla y confirmó que efectivamente el tiempo apremiaba.

—¿Ya te vas? —preguntó con una sonrisa algo forzada. Aunque entendía perfectamente las razones de Momonga, no podía evitar sentirse algo egoísta por lo que estaba a punto de proponer. —¿Qué tal si me acompañas en esta incursión? Sería una forma épica de despedirnos de Yggdrasil, ¿no crees? —intentó sonar casual, aunque la sinceridad detrás de sus palabras era evidente.

Momonga negó con la cabeza, aunque su tono fue amable.

—Me encantaría, de verdad, pero no puedo. Algunos de mis amigos confirmaron que se conectarían, y no quiero fallarles. Además, HeroHero acaba de enviarme un mensaje diciendo que estará en línea pronto. Tengo que estar en Nazarick para recibirlo.

Lumiel asintió, comprendiendo perfectamente la importancia de lo que Momonga decía. Aunque apenado, no podía hacer más que aceptar la decisión de su compañero.

—Entiendo. —Hizo una pausa, y su expresión cambió a una sonrisa traviesa. —Suerte con tus diez mil fuegos artificiales, Momonga. Asegúrate de no colapsar el servidor tú solo antes de tiempo, ¿eh?

Momonga soltó una risa seca, agradeciendo el cambio en el tono de la conversación.

—Lo tendré en cuenta. —Después de un breve momento de silencio, añadió: —Por cierto, antes de irme, ¿puedo agregarte a mi lista de amigos? No lo había pensado antes, pero si esa mazmorra resulta más complicada de lo que parece, siempre serás bienvenido en Nazarick para enfrentar juntos el final.

Conmovido por el gesto, Lumiel aceptó la solicitud, y ambos jugadores intercambiaron contactos.

—Gracias, Momonga. —Lumiel habló con sinceridad, y su tono se suavizó. —Y si cambian de opinión, están más que invitados a unirse a mí en esta incursión. Podría ser algo que valga la pena recordar.

El esqueleto asintió antes de levantar una mano en señal de despedida.

—Tendré eso en mente. Buena suerte, Lumiel. Que la luz guíe tu camino… o algo por el estilo. —El tono de Momonga cargaba una mezcla de humor y sinceridad.

Ambos se separaron en direcciones opuestas, cada uno preparándose para enfrentar lo desconocido en sus propios términos. Ni uno ni otro podía imaginar cuánto estaban a punto de cambiar sus destinos.


Tras despedirse de Momonga, quien desapareció en un portal purpúreo creado por el hechizo [Gate], Lumiel permaneció inmóvil frente a la grieta iluminada por una luz blanca impía que parecía absorber todo a su alrededor. Durante unos segundos, contempló el abismo, sintiendo que su decisión pesaba sobre él. Pero finalmente, con un suspiro de determinación, dejó que su avatar se inclinara hacia adelante, permitiendo que la gravedad lo arrastrara hacia el interior de la cripta.

El descenso no fue largo, pero el ambiente cambió drásticamente, como si hubiera sido teletransportado a otra dimensión. Tan pronto como cruzó el umbral, la iluminación cegadora dio paso a una penumbra opresiva. Un escalofrío recorrió su cuerpo mientras los pies de su avatar tocaban suelo firme, activando sus sentidos aumentados. Frente a él se desplegaba un vasto corredor de columnas destrozadas y murales desgastados que narraban fragmentos incomprensibles de una historia antigua.

'Esto se siente diferente a cualquier mazmorra que haya explorado antes…' pensó mientras avanzaba con cautela. Las paredes del corredor, hechas de mármol blanco, estaban cubiertas de fisuras que emanaban un brillo oscuro tenue, como si algo en su interior intentara escapar.

El panteón que se abría ante él, aunque gigantesco, estaba en un estado de completo abandono. Columnas caídas y escombros cubrían gran parte del camino, y lo que una vez pudo haber sido un techo celestial estaba ahora ennegrecido, dejando entrever un cielo artificial repleto de estrellas desvanecidas. En otros tiempos, este lugar podría haber rivalizado con los panteones de Asgard, utilizados como puntos de renacimiento para los jugadores de la raza angelical, pero ahora estaba sumido en la corrupción.

Frente a Lumiel, figuras inmóviles comenzaban a tomar forma en la penumbra. Eran ángeles… o al menos lo que quedaba de ellos. Los habia de todos los rangos: desde los de nivel medio como las Virtudes y Dominaciones, hasta los poderosos Querubines, Tronos e incluso algunos Serafines. Cada uno estaba cubierto de grietas y manchas negras como si algo hubieran drenado su pureza. Sus alas, antaño radiantes, eran ahora plumas ennegrecidas que caían en jirones. Las aureolas que flotaban sobre sus cabezas estaban destrozadas o simplemente ausentes.

Lumiel frunció el ceño mientras inspeccionaba a las criaturas. Aunque no parecían moverse, la mera visión de su estado era suficiente para que su corazón latiera con fuerza. La corrupción se extendía en cada detalle, como un recordatorio de lo que podría haber causado tal destrucción.

'Los GM realmente desactivaron todo', concluyó al observar cómo los ángeles permanecían en su estado inerte. No mostraban señales de hostilidad, ni siquiera cuando Lumiel pasó directamente junto a ellos. Si las condiciones de este lugar eran las mismas que en las mazmorras normales que había explorado durante la última semana, esto le daba una oportunidad. Sin embargo, sabía que no podía confiarse por completo.

—Si este lugar sigue las reglas de las mazmorras de ataque conjunto, no será tan sencillo…—murmuró para sí mismo, mientras evaluaba su entorno. Si hubiera barreras o mecanismos que requerían un equipo completo para avanzar, su incursión terminaría aquí.

A medida que avanzaba por el panteón en ruinas, su mente volvió a la notificación especial. Lumiel detuvo sus pasos mientras observaba de cerca a las criaturas inmóviles que poblaban el panteón. Aunque inertes, los ángeles corrompidos seguían irradiando una presencia imponente, especialmente aquellos de apariencia bestial y aterradora. Pero no era su apariencia lo que capturaba su atención, sino lo que implicaban su existencia y naturaleza.

'Esto lo confirma…' pensó, sus ojos recorriendo las grietas y deformaciones en los cuerpos de los Serafines, Querubines y Dominaciones que yacían alrededor. 'No puede ser otro que uno de los Arcángeles de Sephira'

El descubrimiento de la mazmorra y el tipo de enemigo que habitaban en ella no dejaban lugar a dudas. Recordaba perfectamente las investigaciones que él y su grupo llevaron a cabo años atrás, cuando Rin recibió su misión de Historia Principal de reunir las diez piezas del set de los Arcángeles. Esa búsqueda los llevó a aprender sobre la historia detrás de estos antiguos guardines divinos, en especial sobre su conexión con los coros angelicales que comandaban.

Cada uno de los Arcángeles, según el lore de Yggdrasil, había sido el líder absoluto de un coro angelical especifico, al menos hasta su destierro luego de rebelarse contra los dioses. Durante su enfrentamiento con Gabriel, la novena Sephira, los enemigos que encontraron eran únicamente Querubines, lo que confirmaba su conexión con ese Arcángel en particular. Sin embargo, aquí, en la Cripta del Hálito, los tipos de ángeles eran variados, desde Virtudes hasta Serafines.

Solo uno de los Arcángeles tenía la capacidad de comandar a todas las jerarquías angelicales: Kether, la Primera Sephira.

Lumiel apretó los puños mientras maldecía en silencio.

'De todos los Arcángeles que podría haber encontrado, tenía que ser el peor.'

Kether no solo era el más fuerte de los diez, sino también el más impredecible. Según las leyendas que desenterraron durante su investigación, este Arcángel tenía la habilidad de adoptar cualquier forma dentro de los nueves coros angelicales, lo que lo hacía prácticamente imposible de enfrentar de manera estratégica. Ni siquiera las tácticas que idearon para otros Arcángeles servirían contra él.

Su mente vagó hacia aquel fatídico enfrentamiento con Gabriel. Habían preparado todo meticulosamente, aprovechando cada fragmento de información disponible, pero aun así, el combate terminó con la eliminación de todo su equipo, excepto él y Rin. Fue en ese momento, tras dar el último golpe y cumplir un requisito oculto de su raza, que obtuvo su clase de [Sephiroth].

Sin embargo, incluso con esa victoria parcial, la idea de enfrentarse a los otros Arcángeles comenzó a parecer una tarea imposible. Tras meses de búsquedas infructuosas sobre el paradero de los Arcángeles, el grupo abandonó la misión de Rin, aunque nunca dejaron de hablar de lo que podrían haber logrado si hubieran tenido más tiempo, más recursos o simplemente más suerte.

'Y ahora estoy aquí… cara a cara con lo que parece ser la guarida de Kether', reflexionó Lumiel mientras sus ojos volvían a las figuras corruptas. Aunque se habia preparado para enfrentar en solitario a la señora de Helheim: Hela, sabía que ni toda la planificación del mundo lo habría preparado para un enfrentamiento directo con este enemigo.

Pero su experiencia le dictaba que no tenía sentido lamentarse por lo que no podía cambiar. Sus alas blancas y blindadas con destelles dorados se desplegaron con un sonido suave, y un aura de poder lo rodeó mientras activaba nuevamente su habilidad de [Transfiguración de Sephira: Novena Forma].

—Si no puedo cambiar lo que está delante, al menos puedo llegar hasta el final. —Su voz resonó en el vacío del panteón.

Con un impulso poderoso, se lanzó hacia adelante, surcando el panteón a máxima velocidad. Las criaturas a su alrededor permanecían inmóviles, ignorándolo por completo mientras avanzaba hacia lo desconocido. El tiempo corría, y si queria descubrir los secretos que este lugar ocultaba, tendría que aprovechar cada segundo.

A medida que avanzaba por los corredores interminables del panteón, la sensación de inquietud crecía dentro de Lumiel. El diseño del lugar parecía deliberadamente caótico, como si hubiera sido concebido para confundir y agotar a cualquiera que intentara explorar sus secretos. Las paredes de mármol blanco, desgastadas y manchadas por una corrupción oscura, parecían cambiar de forma a medida que se movía, creando la ilusión de un laberinto viviente.

El hecho de que los ángeles corrompidos permanecían inmóviles, sin mostrar signos de agresión, facilitaba su avance, pero no lograba calmar sus nervios. Lumiel no podía ignorar el extraño patrón que notaba en ellos: conforme avanzaba, las criaturas de la segunda esfera, como Dominaciones y Virtudes, eran reemplazadas gradualmente por ángeles de la primera esfera. Querubines, Tronos y algunos Serafines comenzaban a ser la norma, su sola presencia indicando que se acercaba al final del camino.

'Es un patrón claro', pensó, mientras esquivaba con agilidad un tramo de escombros. 'En una situación normal, esto habría sido un infierno. Un mapa en constante cambio, combates continuos y enemigos que no dejaban de fortalecerse… Esta mazmorra fue diseñada para acabar con cualquiera que no estuviera perfectamente preparado'.

A medida que avanzaba, el número decreciente de enemigos y la ausencia de jefes de área a lo largo del trayecto no pasaron desapercibidos para Lumiel. Algo no encajaba. Incluso considerando la interferencia de los GM, parecía demasiado fácil.

'Es como si me estuvieran guiando deliberadamente', reflexionó, sus ojos recorriendo el oscuro corredor frente a él. Aunque quería atribuirlo a la interferencia de los desarrolladores, la sensación de ser conducido hacia algo desconocido no desaparecía.

Finalmente, tras lo que parecieron horas de exploración, se encontró frente a una imponente puerta doble. El oro puro del que estaba hecha brillaba con un resplandor tenue, a pesar de las sombras que la rodeaban. Intricados grabados adornaban su superficie, representando alas entrelazadas y patrones que le recordaban a los del "Anillo de Tiferet" y a su "Escudo de Gabriel". A cada lado, dos enormes columnas de mármol oscuro, cubiertas de runas desgastadas, parecían custodiar la entrada.

Lumiel se detuvo, tomando aire profundamente mientras evaluaba la situación.

'Aquí es donde termina el camino,' pensó, dejando que una pequeña sonrisa curvara sus labios. Había logrado llegar al umbral de la sala del jefe. Ahora, lo único que quedaba era prepararse para lo que pudiera encontrar al otro lado.

Primero, activó sus habilidades de invocación, llamando a un Trono para que lo acompañara. El ángel de nivel 80, una amalgama de anillos giratorios con pequeños ojos que observaban en todas direcciones, emergió frente a él.

'El último de mis ángeles invocados por hoy… Tendrá que ser suficiente' pensó, mientras sacaba tres cristales de sellado de su inventario.

Cada uno de los cristales brillaba con una luz suave, su superficie pulida reflejando el hechizo grabado en su interior. Lumiel los sostuvo por un momento, recordando las incontables misiones que completó para obtenerlos. No era algo que utilizara a la ligera, pero sabía que esta ocasión lo ameritaba.

—Hora de brillar —murmuró para sí mismo, activando el primero de los cristales.

Un destello cegador llenó la sala, y una figura angelical emergió del resplandor. Un serafín en armadura sagrada, empuñando una lanza que parecía arder con una luz dorada, se materializó frente a él. El proceso se repitió dos veces más, invocando a dos serafines adicionales. Uno portando un arco llameante, mientras que él último sostenía una espada larga que brillaba como si estuviera hecha de pura luz.

Las tres criaturas se alinearon frente a él, cada una de nivel 95 que rivalizaban fácilmente con el poder de jugadores especializados de nivel 100. Lumiel los observó con satisfacción antes de dar el siguiente paso.

Abrió su consola de habilidades y comenzó a pulirse con todo lo que tenía disponible, sin contenerse como en su combate contra Garm. Cada habilidad y hechizo que conocía fue lanzado, maximizando sus defensas, daño y capacidades regenerativas. La luz que lo rodeaba creció con cada pulso de energía mágica. Transformándolo momentáneamente en un figura imponente y resplandeciente.

Sus invocaciones también recibieron las mismas protecciones y bendiciones, sus auras intensificándose mientras las energías sagradas los fortalecían.

—No hay marcha atrás ahora —dijo, mientras sus alas se desplegaban, y el aura que lo rodeaba parecía intensificarse aún más.

Finalmente, avanzó hacía la puerta dorada. Con solo su proximidad, las gigantescas hojas comenzaron a abrirse lentamente, revelando un brillo cegador que emanaba del interior. Lumiel ajusto su postura, preparándose para lo que le esperaba al otro lado.

El resplandor cegador que emanaba del interior de la puerta comenzó a disiparse lentamente, revelando el santuario que yacía en interior. La primera impresión que golpeó a Lumiel fue lo imponente del lugar. A diferencia del resto de la mazmorra, que estaba consumida por la corrupción y el abandono, este espacio parecía detenido en el tiempo, protegido del deterioro que afectaba al resto del panteón.

La cúpula del santuario se extendía hacia el cielo, creando un espacio que fácilmente podría albergar a miles de jugadores y aún mantener una sensación de amplitud. Todo estaba diseñado con una elegancia que rivalizaba con los majestuosos panteones de Asgard. El mármol blanco y puro cubría las paredes y el suelo, reflejando la luz tenue que emanaba de las antorchas suspendidas en el techo. Estas antorchas, que cubrían toda la cúpula, ardían con una llama de un tono amarillo claro, casi dorado, que llenaba el lugar con una calidez artificial.

Aunque era un espacio vasto, estaba desprovisto de decoraciones innecesarias, lo que acentuaba aún más su solemnidad. Sin embargo, lo que capturó la atención de Lumiel de inmediato fue el trono que dominaba el centro del santuario.

El trono, tallado de un material que parecía piedra caliza, era enorme, alcanzando una altura de al menos treinta metros desde su base hasta la punta del respaldo. Su diseño era sencillo, sin grabados ni ornamentos, solo una superficie lisa y brillante que parecía emanar una pureza intimidante. Y sentado sobre él, como un juez omnipotente en reposo, estaba el ser que había anticipado encontrar desde que ingresó a la cripta:

Kether, la Primera Sephira.

Alex, a pesar de sus sospechas, sintió un escalofrío recorrer su cuerpo al contemplar al más fuerte de los Arcángeles. La presencia de Kether era imponente, no solo por su tamaño, que igualaba al trono, sino también por la perfección serena de su apariencia.

Vestía una casulla blanca impecable, adornada con hombreras doradas que parecían esculpidas a partir de luz sólida. En su cabeza portaba una corona de tres puntas, que se integraba perfectamente con el halo dorado que flotaba sobre su frente. Este halo, con forma de estrella, recordaba al de Lumiel en su forma de Novena Sephira, pero con un brillo más intenso y autoritario.

Sin embargo, había algo inquietante en la calma de su rostro.

A diferencia de los ángeles corrompidos que Lumiel había encontrado en el camino, Kether mantenía una apariencia pura. Su piel, blanca como el jade, y su larga cabellera rubia le daban un aire casi humano, pero sus ojos lo diferenciaban de cualquier ser mortal.

La esclerótica negra y el iris dorado brillante emanaban una intensidad que parecía perforar la barrera de la ficción y la realidad. Aunque el Arcángel estaba inmóvil, su mera presencia parecía llenar la sala con un peso palpable, como si estuviera observándolo todo, incluso en su estado inerte.

A ambos lados del trono, sobre pedestales de piedra similar, flotaban dos objetos que no dejaban lugar a dudas sobre su importancia. A la izquierda, una capa blanca de diseño sencillo, rodeada por un aura blanquecina que exudaba pureza. A la derecha, un tomo o grimorio, decorado con intricados detalles que contrastaban con el aura negra y sombría que lo rodeaba. Ambos objetos parecían pulsar ligeramente con energía que contrastaban entre sí.

El contraste entre el estado inerte de Kether y los objetos que parecía proteger era fascinante y desconcertante. La perfección del santuario, la calma abrumadora y la presencia del Arcángel en ese trono hacían que la sala pareciera un lugar sagrado y prohibido al mismo tiempo.

Lumiel dio un paso adelante, con la mirada fija en el trono.

'Es más majestuoso de lo que había imaginado,' pensó, sintiendo un nudo formarse en su garganta. 'incluso en este estado, su presencia lo llena todo.'

El santuario, con su pureza y solemnidad, parecía ser la culminación de todo lo que había enfrentado para llegar hasta aquí. Sin embargo, sabía que el tiempo era limitado, y que cada segundo que pasaba observando podía costarle más de lo que estaba dispuesto a sacrificar.

[23:49:52]

Lumiel permaneció en la entrada del santuario, observando a Kether en su trono. A pesar de la calma abrumado del lugar, un pensamiento le asaltaba constantemente: '¿Cómo es posible que incluso un jefe mundial esté afectado por lo hecho por los GM?'

Los jefes mundiales, aquellos enemigos cuyo poder superaba con creces al de cualquier jefe promedio, siempre habían sido una constante dentro de Yggdrasil. Eran la cúspide del desafío para los jugadores, entidades diseñadas para ser enfrentadas únicamente por grandes clanes o gremios enteros. Sin embargo, allí estaba Kether, inmóvil y tan vulnerable como los mobs que había encontrado en el camino.

La ironía de la situación no pasó desapercibida para Lumiel. Todo el esfuerzo y preparación que había realizado antes de entrar parecía ahora innecesario. Pero esa misma tranquilidad le brindaba una oportunidad que en circunstancias normales serian imposibles: interactuar con los objetos que el jefe resguardaba.

Desvió la mirada hacia los pedestales a los lados del trono. Aunque no podía determinar sus efectos desde la distancia, la energía que irradiaban dejaba claro que eran objetos de alto nivel, posiblemente Ítems Mundiales. Era una tentación difícil de ignorar, especialmente considerando lo poco que quedaba del servidor antes de su cierre.

El tiempo se agotaba rápidamente. Apenas quedaban diez minutos antes de que el reloj marcara las 00:00 y todo terminara. Lumiel sabía que enfrentarse directamente a Kether era una locura. Perder la vida dentro de la mazmorra implicaba no solo dejar atrás los recuerdos de sus amigos, sino también la posibilidad de perder uno de los objetos más preciados que llevaba consigo: el anillo de Tiferet, el legado de su amiga Rin.

Sus pensamientos comenzaron a divagar, llevándolo hacia los recuerdos de su grupo.

'El abuelo Nirvana, Rin, Chevalier, Granblue… probablemente estarían de acuerdo con que es mejor saber cuándo retirase' reflexionó con una sonrisa melancólica. 'Pero Madra, Dark, Geov, Weeds y los demás… estarían decepcionados si al menos no intentara algo.'

Con un suspiro largo. Lumiel dejó salir todas las dudas y preocupaciones que lo asaltaban. Si perdía el anillo, tendría que disculparse con Rin. Tal vez incluso reunir el valor para hacerlo en persona. El solo pensamiento le provocó un nudo en el estómago, pero rápidamente lo encubrió con otras ideas: 'Debería visitar a todos mis amigos en persona…algún día. Es algo que siempre quise hacer, después de todo.'

Una chispa de decisión encendió sus ojos. La decisión encendió sus ojos. La calma inusual del jefe y la extraña situación de la mazmorra le habían dado una idea audaz: intentar robar los objetos protegidos por Kether.

En ciertas mazmorras, era posible que un jugador se acercara sigilosamente al objeto que el jefe resguardaba, siempre y cuando el resto del equipo lo distrajera. Sin embargo, esta estrategia requería una coordinación impecable, y a menudo terminaba con el jefe entrando en un estado de furia que aseguraba la muerte de quien intentara interactuar con el objeto y de su equipo. Pero aquí, con Kether inactivo, existía la posibilidad de que el sistema no lo detectara como una amenaza.

Era una apuesta arriesgada, pero era todo lo tenía.

Sin apartar la vista del trono, Lumiel comenzó a avanzar lentamente, acompañado por sus ángeles invocados. Cada paso era medido, con su guardia en alto. Cualquier movimiento en falso podría activar al jefe, iniciando una batalla que sabía que no podía ganar.

Mientras la distancia se reducía, el corazón de Alex se aceleraba. Casi podía sentir el peso de la atmósfera a su alrededor, como si el santuario mismo estuviera conteniendo el aliento.

'Solo unos metros más…' pensó, apretando los dientes mientras sus pasos resonaban en el vacío santuario.

El trono y los pedestales estaban más cerca que nunca. Era el momento de averiguar si su plan realmente funcionaría o si, como tantas veces antes, la codicia lo llevaría a la ruina.

Lumiel avanzó con cautela, sus pasos resonando ligeramente en el santuario mientras mantenía la mirada fija en los objetos sobre los pedestales. La tensión que sentía en el ambiente era casi palpable, pero Kether seguía inmóvil, su imponente figura dominando el centro del trono.

Al llegar frente al pedestal más cercano, Alex contuvo la respiración. La capa blanca descansaba tranquilamente, emitiendo un tenue resplandor azulado que parecía iluminar las runas grabadas en el pedestal. Había algo hipnótico en ella, como si lo invitara a tomarla.

Sin apartar la vista del objeto, Lumiel abrió su inventario y sacó un pequeño monóculo, un ítem utilitario que había adquirido hacía tiempo para precisamente situaciones como esta. Mientras lo sostenía en su mano enguantada, una risa seca escapó de su garganta.

'Siempre creí que este monóculo no encajaba con mi estilo, pero parece que finalmente valió la pena guardarlo.'

Se colocó el monóculo con cuidado, aunque el diseño de su casco dificultaba alinear perfectamente el pequeño objeto con las ranuras en forma de cruz de su visor. A pesar de la seriedad de la situación, la imagen de su imponente figura armada intentando usar un accesorio tan delicado habría resultado cómica para cualquier espectador.

con el monóculo en posición, desplegó sus alas y se elevó lentamente hasta quedar frente al pedestal. La altura era considerable, pero el objeto estaba lo suficientemente cerca como para activar la habilidad del monóculo sin necesidad de tocarlo.

—[Discernir Objeto Mayor]—murmuró, activando el ítem.

Un destello de luz cubrió brevemente la capa, y una ventana de información apareció en su campo visual. Con solo leer el inicio, Lumiel sintió una mezcla de emoción y asombro.

[Capa de Auriel: El Arcángel de la Esperanza]

[Descripción del Ítem:]
La capa de Auriel es una prenda de blanco puro que emite un suave resplandor azulado, como si reflejara la luz de estrellas distantes. Está adornada con intricados patrones que simbolizan alas entrelazadas y filamentos de esperanza, representando la conexión entre lo divino y lo mortal. Al tacto, la capa transmite una calidez reconfortante, aunque bajo ciertas condiciones, puede transformarse en un cordón flexible y etéreo que irradia una energía celestial. En esta forma, se convierte en una herramienta de combate y protección, simbolizando la dualidad del sacrificio y la resistencia que caracterizó a Auriel en sus últimos momentos.

[Habilidades pasivas/activas:]
Diez habilidades ocultas. Extienda la casilla para mostrar más información.

[Trasfondo:]
Bloqueado.

Antes de que Lumiel pudiera procesar del todo la información, una nueva ventana del sistema apareció abruptamente frente a él.

[¡Se cumplen las condiciones ocultas! Mostrando la información oculta del ítem.]

La notificación lo tomó completamente por sorpresa, y un escalofrío recorrió su espalda. Por un instante temió que Kether se hubiera activado, pero no hubo ningún movimiento desde el trono.

Mientras la ventana se expandía para mostrar más detalles, Lumiel leyó rápidamente, sus ojos moviéndose de un lado a otro como si intentara absorber cada palabra en el menor tiempo posible.

[Trasfondo: Desbloqueado]
Forjada a partir de la esencia misma de Auriel y una hoja caída de Yggdrasil, que fue bendecida con su ferviente esperanza, esta capa fue inicialmente un símbolo de protección y fe para los mortales que la seguían. Sin embargo, tras la insurrección de los Arcángeles de Sephiroth, Auriel fue manipulada por Kether, quien utilizó sus promesas para desviar su propósito. Una vez que la verdad salió a la luz, Auriel rechazó las maquinaciones de Kether y junto a dos de sus hermanos: Tiphereth y Raziel, resistió sus corrupciones hasta su último aliento, utilizando su capa no como una herramienta de gloria, sino como un escudo contra las tinieblas.

En su desesperación por evitar que Kether o cualquier otro corrompiera completamente su legado, Auriel infundió la capa con su voluntad final, sellándola para que únicamente un portador digno, capaz de reflejar la esperanza y la resistencia que ella encarnaba, pudiera utilizar su verdadero poder. Aunque fue arrebata por Kether tras su derrota, el objeto conservó su pureza, incapaz de servir al mal debido al sacrificio de su creadora.

Lumiel dejó escapar un suspiro profundo al terminar de leer. No podía evitar sentir una conexión inmediata con el objeto, como si el espíritu de Auriel estuviera observándolo desde algún lugar lejano.

—La Capa de Auriel… Así que este es el legado de la Esperanza —murmuró para sí mismo, sus palabras apenas audibles en la vastedad del santuario.

Sin embargo, sabía que no tenía tiempo para reflexionar sobre las historias ocultas de Yggdrasil. Aún debía completar su plan antes de que se agotara el reloj, pero ahora tenía un impulso más para cumplir con su objetivo.

Auriel, la Arcángel de la Esperanza. El nombre resonaba en la mente de Alex mientras observaba la capa. El objeto claramente era la adaptación que Yggdrasil y los desarrolladores habían hecho del ángel que, década atrás, había inspirado la creación de su personaje. Una extraña sensación de conexión lo invadió; no podía explicarlo del todo, pero sentía que la capa le pertenecía, que era parte de él.

No sabía cuáles eran las condiciones que había cumplido para desbloquear el trasfondo oculto de la capa. Quizás, si tuviera más tiempo, podría investigar cómo la nueva información del ítem se entrelazaba con lo que ya sabía sobre los Arcángeles y su historia. Pero el reloj avanzaba, y no podía permitirse perder ni un segundo más. Había algo en esta capa que lo llamaba, que lo impulsaba a recuperarla como última acción antes del cierre de los servidores.

En verdad, los requisitos para desbloquear la información de la [Capa de Auriel] eran tan específicos que parecían diseñados para frustrar a cualquiera. El primero, y el más sencillo de cumplir, requería que el jugador tuviera un valor de Karma extremadamente bueno, de +500, pero las otras dos condiciones rozaban lo absurdo:

Equipar o poseer el [Anillo de Tiferet], un objeto con su propia carga simbólica y su compleja historia. Tiferet, el Arcángel Sanador, había resistido junto a Auriel la corrupción de Kether, dejando un legado que fue transmitido de generación en generación y que llegó a Rin junto con su misión de Historia: recuperar las diez piezas del set de los Arcángeles de Sephira.

El tercer requisito parecía una broma cruel. Solo los primeros jugadores en descubrir la mazmorra con el beneficio de incremento de caída de objetos activo podrían obtener la capa. Sin este detalle, el ítem desaparecería para siempre, dejando únicamente la posibilidad de obtener la corona de Kether, el objeto resguardado por el Arcángel caído y que actualmente llevaba equipado.

Cualquiera que conociera estos requisitos y entendiera la complejidad de los sistemas de Yggdrasil habría alzado una queja inmediata contra los desarrolladores de mierda. Quizás fue mejor que Lumiel ignorara estas condiciones, sino quien sabe cómo reaccionaría…

Al final, el reloj que marcaba el inminente cierre de los servidores sería el juez que decidiría el destino de la capa.

[23:57:12]

Con un renovado sentido de propósito, se acercó al pedestal y extendió la mano hacia la [Capa de Auriel]. Un destello de luz azul recorrió el objeto cuando sus dedos se posaron cerca, indicando que había iniciado la interacción. Una nueva ventana de sistema apareció frente a él, marcando el progreso de la operación.

[Progreso de obtención del ítem mundial: 0.00%]

La cuenta atrás había comenzado. Lumiel apretó su puño libre mientras observaba la reacción de Kether—que por suerte no pareció reaccionar— y el lento avance de la barra. No podía evitar sentir que cada segundo que pasaba pesaba una eternidad.

Mientras esperaba, un pensamiento fugaz cruzó por su mente. ¿Y si, incluso en este estado inerte, Kether reaccionara en el último momento? Nuevamente sus ojos se dirigieron brevemente al imponente Arcángel en el trono.

Desde la distancia no se habia percatado antes de la increíble cantidad de detalles que tenía su rostro, pero ahora que lo observaba de cerca… aunque seguía inmóvil, algo en su presencia parecía… demasiado tranquilo.

'Concéntrate, Alex', se reprendió mentalmente, volviendo su atención al pedestal.

El porcentaje avanzaba lentamente. 5.00%... 8.75%... cada incremento parecía una pequeña victoria, aunque su corazón seguía palpitando con fuerza. Había llegado tan lejos, y la idea de fallar ahora lo llenaba de una ansiedad casi paralizante.

[23:57:45]

32.35%

El tiempo corría, y el progreso de la barra continuaba su avance, aunque de manera exasperantemente lenta—Al menos asi lo sentía Lumiel—.Según sus cálculos, el proceso terminaría justo cuando quedara poco más de un minuto antes de que el reloj marcara el cierre definitivo del servidor.

En este punto había dejado de preocuparse por una posible reacción de Kether. En cambio, su mente divagaba en un espiral de posibilidades. Se preguntaba qué tipo de habilidades o efectos podría desbloquear al reunir tres piezas del set de los Arcángeles. Incluso con las condiciones ocultas que había cumplido, los detalles en la descripción del conjunto permanecían cubiertos por un enigmático "?"

[23:57:56]

43.14%

Sus pensamientos comenzaron a girar en torno a sus amigos. ¿Cómo reaccionarían Rin, Madra y los demás cuando les mostrara las pruebas de sus logros? Aunque ahora careciera de sentido práctico, seguro que algunos de ellos compartirían su alivio por haber cumplido parte de su misión. Pensó en la promesa que habían hecho de reunirse algún día para acabar con la misión de Historia. Una sonrisa se formó en sus labios al imaginarlo.

[23:58:02]

49.02%

De repente, un escalofrío recorrió su espalda. Un sonido rompió el silencio del santuario, reverberando por sus paredes como un eco etéreo: una voz.

—"Bienvenido, hermano mío, protector más leal de nuestra causa. No esperaba verte aquí antes del tiempo señalado."

"¡Waahhh!"

Lumiel soltó un chillido de miedo que resonó más fuerte de lo que hubiese gustado.

Con el corazón debocado, alzó la mirada hacia al trono. El impacto fue inmediato.

El rostro de Kether había cambiado. Antes, su expresión era serena y solemne, propia de una figura divina. Ahora, sus ojos dorados, rodeados de escleróticas negras, se habían posado directamente sobre Lumiel, inclinados hacia abajo. Pero lo que realmente le heló la sangre fue la sonrisa que reformaba su rostro.

Una mueca antinatural, que se extendía de oreja a oreja, dejaba al descubierto dientes perfectamente blancos, acompañados por unas encías tan oscuras como el abismo.

'Esto… esto no debería ser posible.'

Alex sentía que sus piernas se entumecían, y la imagen aterradora quedó grabada en su mente como una pesadilla viviente. Pero a pesar de lo grotesco de su sonrisa, la boca del jefe no se movía. La voz continuaba resonando, como si el sonido no proviniera de su cuerpo, sino de las paredes mismas del santuario.

El Arcángel hablaba, pero no en un idioma que Lumiel pudiera entender.

—"Hermano, veo el juicio de Tiferet en tu mano. Lograste matar al traidor. Estoy apenado por no haberlo hecho con mis propias manos, como hice con Auriel."

pronunció Kether, en palabras que sonaban antiguas, llenas de ecos profundos y una gravedad insondable.

'Lenguaje arcaico'

Lumiel reconoció el idioma de inmediato, era como el utilizado en la magia de nivel, pero mucho más antiguó. Había leído sobre él en las descripciones del lore de Yggdrasil. Era el lenguaje que se usaba antes de la llegada de los jugadores, el idioma perdido de los seres de esa época, como los Arcángeles y los dioses antiguos.

Aunque lo reconocía, no lo entendía. El sistema de traducción de Yggdrasil, que tantas veces lo había ayudado a comunicarse con jugadores de otros países, no podía descifrarlo.

'Esto no tiene sentido… ¿Cómo está ocurriendo esto?'

Su mente buscaba respuestas, aunque ninguna tenía sentido. El rostro cambiante, la voz en un idioma olvidado… Nada de esto debería ser posible dentro de Yggdrasil, no por lo que él conocía. ¿Era un error del sistema, una intervención de los GM, o algo más extraño?

[23:58:14]

60.00%

A pesar de sus dudas y el miedo que sentía, la barra de progreso continuaba avanzando. La voz de Kether no cesaba. Cada palabra era un golpe al silencio del lugar, y aunque Lumiel no podía entenderlas, su tono transmitía algo más allá del simple significado: sorpresa, emoción y tal vez… rabia?

'Por favor, que esto no active al jefe,' rezó para sus adentros, volviendo la vista al pedestal.

La situación era cada vez más surrealista, pero no podía permitirse dejar que el miedo a lo desconocido lo consumiera. Todo lo que podía hacer era mantener su concentración y esperar que Kether siguiera hablando sin volverse hostil.

[23:58:29]

75.49%

Kether continuó hablando mientras Lumiel solo podía escuchar en silencio. En algunas ocasiones, parecía que esperaba una respuesta de Lumiel, pero él no podía estar seguro, y tampoco sabía qué y cómo contestar. A pesar de eso, pudo reconocer algunas palabras clave, como "Tiferet" o "Auriel". ¿Estaba hablando de los Arcángeles que se rebelaron en su contra? Pero, ¿Qué decía realmente? No tenía forma de saberlo.

Mientras Lumiel se hacía esas preguntas, Kether continuó hablando, esta vez con una tonalidad diferente, como si le estuviera preguntando algo de nuevo.

—"Hermano... ¿Qué haces con el tesoro de la traidora? Sabes que no podrás utilizarlo. Su voluntad lo prohíbe."

De nuevo, Lumiel no respondía, solo observaba ansioso la barra de progreso. Aunque parecía que faltaban solo segundos para que terminara, cada segundo se sentía como una eternidad. Con cada tic del reloj, el miedo a que Kether se volviera hostil crecía más y más, temiendo que su progreso se desvaneciera con un solo ataque.

[23:58:44]

89%

Ya quedaba poco. Pero cada segundo que pasaba, Lumiel podía sentir cómo la ira en las palabras de Kether aumentaba. Aunque no comprendía completamente lo que estaba sucediendo, entendía que su posible falta de respuesta parecía estar provocando la hostilidad del jefe.

Kether hablo nuevamente, esta vez la ira era palpable, transmitida más mas allá de las palabras.

—"Me he cansado de tus juegos. Conseguir el anillo del traidor fue bueno. Pero devuélvemelo, y tal vez pueda romper el sello de la traidora."

Cuando las palabras de Kether llegaron a su fin, una notificación del sistema apareció de repente, alterando la concentración de Lumiel y casi haciendo que cancelara el robo del ítem.

[Misión de Historia:]
Kether, el líder de los Arcángeles que fueron corrompidos por el mal del mundo, exige que le entregues el anillo de Tiferet para ayudar a romper el sello impuesto por Auriel. ¿Aceptas su misión?
Si/No
Si el tiempo llega a 0, la misión se rechazará automáticamente.

10… 9… 8… 7…

Una cuenta regresiva comenzó a aparecer junto con la notificación.

Lumiel estaba sin palabras. ¿Una misión de historia principal? ¿Asi, de repente? ¿Cuántas sorpresas más se llevaría durante los últimos momentos de Yggdrasil? Pero a pesar de su sorpresa, sabía perfectamente cuál sería su respuesta, incluso si eso le ganaba la ira de Kether.

5…

4…

3…

[23:58:53]

99.02%

1…

[23:58:55]

100%

[Has robado con éxito el ítem "Capa de Auriel"]

El cronómetro llegó a 0 justo a tiempo, cuando el ítem mundial [Capa de Auriel] se transfirió a su inventario. Esto no solo marcó su éxito, sino tambien el comienzo de la batalla final.

La reacción de Kether no se hizo esperar. Se levantó de su trono con una velocidad sorprendente para su tamaño, rugiendo al aire en el idioma que Lumiel no comprendía.

—"¡Traidor! Otro traidor, igual que Tiferet y Auriel. ¿Te atreves a desafiarme? Recibirás el mismo destino que los que se opusieron a mí en el pasado."

Aunque Lumiel no entendió las palabras de Kether, la furia en su tono era clara y trapazaba idiomas. Tras el rugido de furia de Kether, numerosas ventanas del sistema invadieron su campo de visión. Eran tantas que no tenía tiempo de leerlas, pero podía sentir sus efectos.

Mierda… —solo pudo maldecir en silencio y rezar para que pudiera resistir hasta el cierre de los servidores.


Gran Tumba de Nazarick - Decimo piso: Trono

Momonga, sentado en el imponente trono de reyes de Nazarick, contemplaba por última vez las banderas de sus amigos colgadas en las enormes columnas que flanqueaban la sala del trono. Cada una representando el esfuerzo, la dedicación y las memorias compartidas de los miembros del gremio, ahora ausentes.

A su lado, flotando con la quietud de un símbolo imponente, se encontraba el Báculo de Ainz Ooal Gown, el arma definitiva y emblema del gremio. Del otro lado, permanecía una figura de proporciones perfectas: Albedo, la supervisora de Nazarick y una belleza absoluta creada por su amigo Tabula Smaragdina. Las Pléyades y Sebas Tian también estaban presentes, pero, rodeado de esta magnificencia, Momonga solo podía sentir una punzante soledad.

Un largo suspiro escapó de los labios descarnados de su avatar, aunque su expresión no cambió. Su mente vagó hacia la breve conversación que tuvo con HeroHero en la sala de conferencias, un encuentro fugaz que había terminado con una despedida demasiado rápida. Recordó la frustración que sintió al principio, el enojo por haber sido abandonado una vez más. Pero ahora, todo lo que quedaba era una sombra de vergüenza ante su reacción infantil.

De nuevo, su mirada se dirigió hacia el reloj holográfico en la esquina superior de su campo de visual.

[23:58:56]

Otro suspiro. Pronto, el tiempo se agotaría, y con él, el mundo que habían construido juntos.

Su mente viajó al reciente encuentro que tuvo con el jugador ángel: Lumiel. Desde su despedida en los Bosques Prohibidos de Helheim, no había recibido ningún mensaje de su parte. Supuso que aún seguía en la mazmorra, enfrentándose a sus secretos hasta el último segundo. Para confirmarlo, abrió su consola de juego y navegó hasta la lista de amigos.

Había sido un impulso espontáneo ofrecerle su amistad. Una pequeña conexión más en este mundo que estaba a punto de desaparecer. Ahora, la lista desplegada frente a él le devolvía una desoladora imagen: una larga columna de nombres apagados en gris, indicando desconexiones definitivas.

Excepto uno.

El nombre de Lumiel Seraph brillaba tenuemente en verde, señal de que seguía conectado. Pero también mostraba un detalle peculiar: Incomunicable. Esto solo podía significar que Lumiel estaba en una instancia que bloqueaba mensajes y comunicaciones externas.

—Sigues conectado… —murmuró Momonga, más para sí mismo que para nadie más.

Se preguntaba qué estaría haciendo. ¿Había llegado ya a la sala del jefe? ¿Se habría rendido, esperando el inevitable final? ¿O acaso seguía avanzando, desafiando lo imposible? Por un instante, se cuestionó su propia decisión. ¿Debería haberlo acompañado en esa última aventura?

Pero la respuesta vino rápidamente a su mente: no podía haber abandonado su puesto aquí, en Nazarick, HeroHero habría estado decepcionado, y él mismo no se lo habría perdonado.

Sin embargo, una pequeña parte de él pensó: ¿Y después de que HeroHero se desconectó? ¿Qué me impidió ir tras él?

La respuesta era simple: vergüenza. Mostrar su situación penosa a alguien como Lumiel, con quien apenas había tenido contacto en el pasado, no era algo que estuviera dispuesto a hacer. Aunque Lumiel siempre había sido amable y en parte le recordaba a Touch-Me, compartiendo recuerdos y anécdotas durante su conversación, Momonga no podía evitar sentirse vulnerable.

El reloj seguía su curso.

[23:59:30]

31,

32…

Momonga comenzó a contar los segundos en voz baja.

—Estoy donde debo estar… —murmuró con decisión, mientras volvía a mirar las banderas que ondeaban majestuosamente bajo el techo del trono.

39,

40…

Otro suspiro, más largo, lleno de un sentimiento indefinible. Su mente repasó la verdad que se negaba a aceptar: este mundo estaba a punto de desaparecer, llevándose consigo las memorias de su tiempo aquí.

'Mañana voy a levantarme a las 4 am. Necesito ir a dormir inmediatamente luego de que apaguen los servidores, para no afectar a mi trabajo mañana.'

49,

50…

Momonga cerró los ojos.

Con el reloj contando los segundos restantes, esperó por el fin de este mundo virtual.

Y al eventual cierre de sesión forzado.

[23:59:57]

58…

59—

Con el reloj contando los últimos segundos, Momonga esperó el fin del mundo virtual. Pero si hubiera tenido los ojos abiertos, habría notado al peculiar cambio en la consola que había olvidado cerrar.

En la lista de amigos, el nombre del único jugador conectado, Lumiel Seraph, había cambiado de color.

El verde apagado que indicaba su estado incomunicable se desvaneció lentamente, reemplazado por un tono rojo oscuro y opaco.

Un detalle inquietante.

Mientras el gris simbolizaba la desconexión, el rojo estaba reservado para algo mucho más definitivo: La muerte del jugador. —

[0:00:00]

1…

2…

3…