—Esta es una adaptación de la saga literaria y de películas conocida como Crepúsculo o Twilight, escrita por Stephenie Meyer y en que pretendo corregir todo lo que yo creo que fueron errores argumentales, tratando de mantener la trama de la obra original, pero dando más profundidad a los personajes. La mayoría de los personajes pertenecen a Masashi Kishimoto, pero he creado personajes menores para incorporarlos y dar sentido al relato. Les sugiero oír "Eclipse (All Yours)" de Metric para Izumi, "Let Me Sign" de Robert Pattinson para Itachi, "Touch It" de Ariana Grande para Sakura, "Wide Eyed" de Billy Lockett para Sasuke, "Supermassive Black Hole" de Muse para el juego de la familia Uchiha, "A White Demon Love Song" de The Killers para Itachi e Izumi, y "Decode" de Paramore para la historia.


"Eclipse (All Yours)" de Metric para Izumi, "" para Itachi, "Touch It" de Ariana Grande para Sakura, "Wide Eyed" de Billy Lockett para Sasuke, "" para la familia Uchiha, "" para Itachi e Izumi, y "" para el contexto del capitulo.

Aunque hubiera pasado un largo tiempo desde que el almuerzo hubiera terminado, aunque la paz y quietud—tanto como era posible, obviamente—se hubiera instalado en el hogar de los Uchiha, Izumi se sintió incapaz de levantarse del piano, sonriendo a Itachi mientras ambos improvisaban notas, viendo como el Uchiha tomaba un lápiz dispuesto sobre la superficie del piano para hacer anotaciones al reverso de la página en que aparecían registradas las notas; parecía tener una idea para una nueva composición, pero la Yamamoto eligió no decir nada, mordiéndose distraídamente el labio inferior y sintiéndose emocionada por estar presente para ver todo aquello. El silencio se rompió ante el eco de unos tacones descendiendo ágilmente por la escalera, interrumpiendo la labor del Uchiha y la Yamamoto, que volvieron la mirada hacia la escalera, viendo a Sakura bajar con aquella elegancia que la hacía superior a cualquier bailarina de ballet, y apenas dos pasos tras ella se encontraba Sasuke, con las manos cruzadas tras la espalda y su andar mucho más calmado, a la par que con una presencia mucho más seria en contraste con la euforia característica de la Haruno. En cualquier otra circunstancia, Izumi se habría cuestionado si era posible que dos personas tan diferentes compartieran un sentimiento o si realmente podrían sentir atracción el uno por el otro, pero una sonrisa adornó sus labios, porque ella había visto personalmente lo enamorado que estaba Sasuke de Sakura, y ella no dejaba de sonreír cada vez que él estaba cerca.

—Veníamos a invitarlos, Sakura vio que se avecina una tormenta— informó Sasuke, siendo el primer en hablar. —Es un buen momento para relajarnos un poco— propuso, intercambiando una mirada con su hermano.

—¿Quieres unirte?— preguntó Sakura, conteniendo lo más posible su emoción.

—Claro— asintió Izumi, entusiasmada con todo cuanto había visto hasta ahora, —¿Qué es lo que hacen?— inquirió, no teniendo idea de que pasaba.

—Jugamos béisbol— contestó el pelinegro sentado a su lado, sorprendiéndola.

—¿Béisbol?— repitió la Yamamoto, pasando su mirada por los Uchiha y viéndolos asentir, —¿Desde cuándo les gusta el béisbol a los vampiros?— cuestionó con un deje de burla.

—Oye, aquí es el deporte favorito— defendió Itachi con una sonrisa ladina.

—Y solo con una tormenta podemos jugar, ya verás por qué— asintió Sasuke, visiblemente más relajado y haciendo sonreír a Sakura.

Hasta ahora, Izumi había aceptado las palabras de Itachi sobre que Sasuke estaba normalmente de mal humor debido a su don, al parecer incluso en casa no era algo precisamente positivo poder sentir las emociones de los demás, era como si Sasuke pudiera sentir las emociones tensas, por pequeñas que fueran, se mostraba frío…pero, estando junto a Sakura, era evidente lo relajado que se encontraba—Itachi le había mencionado que tenía un pasado militar y provenía de orígenes nada amables—, estando junto a Sakura se mostraba como alguien amable, educado, galante y con un sentido del humor muy contagioso. Permanentemente orgullosa de su "guapo caballero sureño", Sakura alargó sus manos para aferrarse a uno de los brazos de su esposo, ambos prefiriendo las demostraciones de afecto discretas y nada tan llamativo en comparación con Ino o Sai que eran todo lujuria y erotismo, mas la Haruno solo necesitaba ver a Sasuke a los ojos, sabía que él estaba completamente enamorado de ella, como ella estaba enamorada de él. Apretándose las manos y suspirando de forma pensativa, Izumi analizó las palabras de Sasuke, de que habría una tormenta y que solo entonces podrían jugar, ¿En qué influía eso? Ella no pudo dar con una respuesta sencilla u obvia, y se negó a buscar una interpretación lógica, prefería sorprenderse y emocionarse de verdad, pero la sola alusión de una tormenta la hizo lamentarse mentalmente por no haber traído consigo una chaqueta o paraguas, y su ropa no era la más práctica para la lluvia.

—¿Necesitare paraguas?— consultó Izumi, no sabiendo si necesitarían algo más.

—¿Lo hará?— inquirió Sasuke, concentrando su mirada en su esposa, igual que Itachi.

—No, la tormenta caerá en la ciudad, y el claro estará bastante seco— tranquilizó Sakura con una luminosa sonrisa.

—Vamos por el equipo— instó Itachi, siendo el primero en levantarse de su asiento.

No pudiendo evitar sentirse confundida por todo lo que oía, mas creyendo tener suficientemente claras las reglas del béisbol en su mente, Izumi se levantó lentamente de la banca ante el piano, siendo inmediatamente ayudada por Itachi, que envolvió uno de sus brazos alrededor de su cintura y la otra bajo sus piernas, cargándola sin problema y ayudándola a caminar; tal vez no debería tomarse tantas libertades, Itachi se dijo que jamás habría actuado de esa forma con una mujer del siglo XX, pero cada vez que sentía que hacía algo impropio, se decía que su código de conducta no se aplicaba rígidamente al siglo XXI, era más una guía que otra cosa, permitiéndole volver la mirada hacía Izumi, ambos intercambiando una sonrisa mientras ella alargaba una de sus manos para revolverle el cabello, haciéndolo reír. Diciendo mentalmente; te lo dije, lo que casi hizo que Sasuke entornara los ojos, casi, Sakura se sujetó del brazo de Sasuke mientras ambos seguían los pasos de Itachi hasta el amplio garaje, para comenzar a prepararse para el juego como seguramente ya estaban haciendo los demás miembros de la familia; aprovechando la cercanía entre ambos, Sasuke alargó el brazo del que Sakura se sujetaba al aire, haciéndola dar una vuelta y escuchándola reír melodiosamente, atrayéndola en un nuevo abrazo, por la espalda, escuchando el eco de sus tacones ante cada uno de sus pasos y sintiéndose obnubilado por el aroma que desprendía su cabello así como su piel; después de todo, si su esposa estaba feliz, él también lo estaría.

Al final, Izumi parecía buena compañía.


Tal vez Izumi no se sintiera apta para participar en ningún deporte, debido a su lesión, pero de todas formas se cambió por ropa más cómoda como hicieron los demás miembros de la familia Uchiha y ella viajó en una de las camionetas, sentada en el asiento trasero junto a Itachi, mientras Sasuke conducía con Sakura como copiloto; los demás miembros de la familia ya se habían puesto en el camino, faltaban sus vehículos. En medio del trayecto a la pradera donde se realizaría el juego, se desató la tormenta, fue breve o al menos cuanto más se acercaban a la pradera, hasta que el único sonido que pudo percibirse fue el eco del agua cayendo y provenía de una cascada a unos cuantos metros, y la lluvia se convirtió en una simple llovizna que lentamente se fue desvaneciendo en el parabrisas mientras Sasuke estacionaba la camioneta junto a los autos de los demás miembros de la familia y todos procedían a bajar. La lluvia había cesado, en definitiva, ahora solo había una débil niebla, de cualquier forma, Itachi insistió en envolver uno de sus brazos alrededor de ella y ayudarla a caminar hasta el centro de la pradera, donde ya estaban Mikoto, Fugaku, Ino y Sai…el lugar era el doble de grande que cualquier estadio de béisbol. Dejando a Izumi sana y salva junto a Mikoto, Itachi intercambió una mirada con la Yamamoto antes de dirigir sus pasos hacía el otro extremo del campo, la única otra persona tan lejos era Sakura quien jugó con una bola de béisbol entre sus manos, en tanto Fugaku e Ino echaban a la suerte quien batearía primero:

—Oímos que eres buena en deportes, Izumi, esperábamos que pudieras ser árbitro— sugirió Mikoto con un característico tono maternal.

—Claro, estoy feliz de ayudar— asintió la Yamamoto, pudiendo hacer eso al menos.

—Cree que hacemos trampa— bromeó Sai, antes de dirigirse al otro extremo del campo.

—Se lo que hacen— regañó la Matriarca Uchiha, con una mirada sería para su hijo más impredecible. —Sakura será pitcher, yo seré cátcher; Sai e Itachi se encargarán de atrapar cualquier bola que salga del campo, y el resto se turnarán en batear— explicó al verla recorrer el campo con la mirada. —Puedes unirte, si te animas— obvió, siendo parte del equipo como todos. —Haz lo que puedas, ¿sí? Todo estará bien— animó con una sonrisa.

—Okey— confirmó Izumi, emocionada con el tono maternal de la Uchiha.

—Empecemos— anunció Sakura antes de que el primer trueno resonara en el ambiente.

Al recorrer el campo de juego con la mirada, por lógica Izumi pensó que las bases estaban demasiado separadas unas de otras, ¿Realmente podían jugar pese a encontrarse tan lejos unos de otros? La Yamamoto se golpeó la frente mentalmente y se dijo que la familia con quienes se encontraba no eran humanos y que podían hacer lo que fuera, frotándose las manos e intercambiando una mirada con Mikoto, que le rodeó los hombros en un abrazo maternal y que la hizo sentir segura, ambas muy cerca una de la otra, con Fugaku a un par de pasos en la retaguardia y Sasuke a su izquierda, mientras Ino se posicionaba al frente. La gracia de Ino era evidente, enfundada en un conjunto de béisbol gris claro con una sudadera índigo y una gorra sobre su largo cabello rubio, balanceando un bate de aluminio, entrelazando su mirada con la de Sakura, quien sostuvo la bola entre sus manos, vistiendo un conjunto blanco y negro, alargando los brazos tras la cabezas y finalmente arrojando veloz y fuertemente la bola para Ino, quien la envió al otro lado del campo con un solo golpe...Izumi no pudo evitar sorprenderse, había visto a muchas personas jugar béisbol en su vida, como Itachi había dicho, era el deporte favorito en Washington, pero jamás había visto semejante fuerza en un golpe, incluso Sakura al lanzar parecía una profesional, pero la Yamamoto supuso mentalmente que se debía a sus características vampiras. La Yamamoto observó igualmente fascinada como la bola se perdía en el bosque, cruzando el aire mientras Ino corría por las bases, al mismo tiempo en que ella vio desaparecer a Itachi a gran velocidad, tras la bola.

—Ahora entiendo porque necesitan los truenos— habló Izumi finalmente, cargada de admiración. —Eso va a ser un Home Run— Ino era muy rápida al correr.

—Lo dudo, Itachi es muy rápido— difirió Mikoto con una sonrisa de orgullo materno.

Mikoto no culpaba a Izumi por no conocer lo talentoso que era Itachi y no hablaba únicamente de tocando el piano; Mikoto conocía a Itachi desde 1921, Fugaku la había convertido y ella inmediatamente había ganado un hijo que adorar, un hijo que había perdido a su madre y que además de ser un lector de mentes era un velocista incomparable, el único otro individuo en la familia que podía ser tan veloz como Itachi era Sasuke, pero él jamás presumía de ello ni de lo fuerte que era, tanto como Sai. En ese momento quedó en evidencia la velocidad de Itachi bajo la atenta e incrédula mirada de Izumi, fue aún más veloz que una flecha en cruzar el campo y atrapar la bola que Ino había bateado y quien ahora corría lo más rápido posible de base en base, pero Itachi fue más rápido y lanzó la bola desde el otro extremo del campo, y la bola cruzó el aire hasta el campo, siendo atrapada por las manos de Mikoto una milésima de segundo antes de que Ino aterrizara en la última base, exactamente frente a Mikoto. Aterrizando elegantemente sobre el suelo, Ino encontró su mirada con la de Izumi, desafiándola a decir lo que ella ya sabía, desafiando a esa humana insignificante a imponerse ante ella como ninguno de los miembros de su propia familia se atrevía, ¿Por qué una humana se acercaba a Itachi?, ¿Por qué una humana se acercaba a su familia?, ¿No sabía en que se estaba involucrando?, ¿No sabía lo peligroso que era su mundo? Jugando con la bola entre sus manos—desnudas, no precisando de guantes—, tras atraparla, Mikoto volteó a ver a Izumi de pie junto a ella, esperando el veredicto:

—Lo siento, estás fuera— anunció la Yamamoto, nerviosa bajo la severa mirada de Ino.

—¡Uh, fuera!— decretó Sai, mas sabiendo que su esposa no estaba de buen humor, —¡Vamos, hermosa, es solo béisbol!— intentó animar, sabiendo que ella era mejor que eso.

No pudiendo cambiar aquello, Ino pasó junto a Izumi, quien recibió una ligera sonrisa de parte de Mikoto quien trató de animarla, sonriendo a su esposo tan pronto como fue el turno de Fugaku de batear, viéndolo sonreír ligeramente a Sakura, quien hizo igual y lanzó la bola fuertemente, pero el Patriarca Uchiha fue perfectamente capaz de arrojarla al otro lado del campo, soltando el bate y corriendo por las bases mientras la bola cruzaba el campo y era seguida por la mirada por sus hijos. Viendo la bola dirigirse en la trayectoria de ambos, exactamente entre los dos hermanos, Sai e Itachi se lanzaron para atraparla al mismo tiempo y la sola colisión de sus cuerpos fue idéntico al choque de un trueno, que resonó un segundo antes de que un nuevo relámpago golpease a lo lejos, como los cuerpos de ambos hermanos, como el choque de dos enormes rocas al caer, pero ambos se hallaban ilesos, sonriéndose entre sí y empujándose como si fueran hermanos verdaderamente, dando la victoria a Fugaku. Por fin llegó el turno que muchos deseaban ver, el de Sasuke, quien se encargó de batear, sosteniendo la mirada a Sakura, quien la arrojó con más fuerza que en las veces anteriores y Sasuke la envió sin problema al otro extremo del campo con un golpe considerablemente más fuerte que los de Ino y Fugaku, sonriendo ladinamente y demostrando que era tan veloz como Itachi, quien tuvo serios problemas en atraparla y lanzársela a Mikoto, quien bufo como una niña cuando Sasuke llegó a la base un instantes antes de que ella la atrapara, pasando junto a ambas.

—¿Quieres intentar?— sugirió Mikoto, viendo la emoción en su mirada debido al juego.

—No creo poder hacer lo mismo que ustedes— negó Izumi, sin creer estar a la altura.

—Tu solo batea, nosotros te cubriremos— tranquilizó Sasuke, tendiéndole el bate.

—Okey— asintió la Yamamoto, dando un paso al frente e intercambiando una mirada con Sakura, que se preparó y le lanzó una bola más suave que las otras, aunque la pelicastaña fue capaz de batirla de forma seca al otro lado del campo.

—Tiene que ser una broma…— murmuró Ino, tan sorprendida como el resto.

—¡Que buen brazo!— gritó Sai, brincando de entusiasmo y corriendo tras la bola.

Normalmente, Izumi no se consideraba a sí misma como una deportista, era buena en deportes y tenía amigos en los equipos de deporte—como Kiba, que era capitán—, además no era la típica chica que se aislaba y veía bonita, no, siempre trataba de dar lo mejor posible en ciencias, deportes y matemáticas, pero ahora que estaba lesionada se sentía todo menos útil, mas respondió lo mejor posible a la bola que Sakura le lanzó—considerablemente más suave que al resto de la familia Uchiha—, bateando está al otro extremo del campo para sorpresa de todos los miembros de la familia Uchiha, que no esperaban que tuviera tanta fuerza. Habiendo previsto que algo así sucedería, Sakura brincó de emoción en su lugar, intercambiando una mirada con Mikoto que se cubrió los labios con sorpresa, volviendo ambas la mirada hacía Itachi que no dejó de observar a la humana con una sonrisa, en tanto Fugaku e Ino se encontraban incrédulos a partes iguales, y Sai por otro lado fue el primero en salir de su estupor, corriendo por el campo para recuperar la bola y lanzarla a sus otros hermanos, tanto para cerrar el juego como para hacer aquello que Izumi no podía. Sai era bueno siguiendo a Ino y haciendo lo que ella quería, eso la hacía feliz y a él naturalmente, pero normalmente se sentía marginado dentro de la familia porque la mayoría no entendía su pasión por las exhibiciones de fuerza o el deporte, todos tenían otros intereses, pero ahora…Sai finalmente alcanzó la bola y la lanzó al mismo tiempo que Ino corría hasta la última base en nombre de la Yamamoto. Se sentía emocionante tener una hermana…


Aquel debía de ser el día más maravilloso que Izumi hubiera experimentado en su vida, y no se debía a que estuviera en una casa lujosa y rodeada de vampiros, no, eso era lo de menos e Izumi se encontró sonriendo al considerar que apenas y pensaba en los miembros de la familia Uchiha como vampiros, eran personas maravillosas y con características propias dignas de reconocimiento y elogió, lo que eran no definía quiénes eran y ella eligió quedarse con esa versión de las cosas. Toda la familia de Itachi eran personas muy cálidas, no trataban de que todo estuviera bien todo el tiempo y fallando en el proceso, como era el caso de sus propios padres, por lo que si de Izumi dependiera, ella se habría quedado a dormir en esa casa sin importar que no conociera por completo a sus habitantes, se sentía a salvo y lamento mentalmente que Itachi la cargara en brazos para ayudarla a bajar las escaleras; era tarde, o lo era a ojos de Itachi en el sentido en que el sol ya se había ocultado y todos ya habían cenado juntos, y él había hecho una promesa al señor Yamamoto de llevar a Izumi a casa a una hora prudente. Bajando lentamente los escalones, no necesitando ver donde pisaba—conociendo perfectamente la estructura de su casa—, Itachi observó a Izumi que le rodeaba el cuello con los brazos, ella quizás creía que era un problema por tener que cargarla, pero era justo lo contrario, era tan ligera como una pluma en sus brazos, mas Itachi lamentaba que su día juntos llegar a su fin, aquel debía de ser el mejor día de su existencia y era por ella.

—¿En serio debo irme? Este ha sido por lejos uno de los mejores días de mi vida— se lamentó Izumi en voz alta. —Adoro a tu familia— admitió, ya deseando regresar.

—Agradezco el elogio— sonrió Itachi, relajado junto a ella, —pero prometí a tu padre que te llevaría a casa a una hora prudente, y lo cumpliré— era hombre de palabra.

—Que caballeroso— elogió la Yamamoto con admiración. —¿Qué sucede?— inquirió, sintiéndolo tensarse.

—Hay un vampiro desconocido, en la puerta— informó el Uchiha, haciendo que ella lo observara con sorpresa. —Sígueme, quédate detrás de mí— instruyó únicamente.

Con sumo cuidado, Itachi terminó de bajar las escaleras y dejo a la Yamamoto sana y salva en el suelo, entrelazando distraídamente una de sus manos contra la suya, en tanto Izumi seguía sus indicaciones y se situó a su espalda, apoyándose en sus hombros para caminar los escasos pasos entre la entrada de la casa y el exterior, escuchando el eco de voces que denotaban una conversación detenerse y dos miradas se enfocaron en Izumi a la par que en Itachi, quien la cubrió protectoramente con su cuerpo. Se trataba de Fugaku, Izumi lo reconoció de inmediato con su estoica mirada ónix, pero estaba hablando con una persona que Izumi nunca había visto, era una mujer muy alta—más que ella, tan o más alta que el mismo Itachi—, de piel blanca y físico esbelto, ojos marrones y largo cabello negro que caía sobre sus hombros, liso y tenía un aspecto salvaje tanto en la mirada como en su ropa con difusas manchas de tierra; una camiseta ancha azul oscuro de cuello redondo y sin mangas, ceñida bajo el busto para distorsionar su figura, pantalones negros ceñidas a sus esbeltas piernas y cómodos zapatos negros. Itachi la reconocía, se trataba de Fuen Ueda, ella era parte del aquelarre de Fudo, cuando se había encontrado con ella, Fudo y Fuka meses atrás—al llegar a Forks—ella había pretendido ser la líder del aquelarre, pero después del ataque del Imaruoka a la Yamamoto, estaba claro que eso había sido solo una fachada y que Fudo había sido el líder del aquelarre desde el principio; Itachi no la conocía y no sabía porqué estaba ahí o de que era capaz.

—No, no es una amenaza— sosegó Fugaku ante la mirada en los ojos de su hijo. —Vino a advertirnos— aclaró, regresando su mirada a la mujer ante ella.

—No tengo nada que ver en los juegos tontos de Fudo, su deseo de adrenalina sin límites lo condujo a su final, tristemente— mencionó Fuen, continuando con su conversación. —Sus sentidos como rastreador eran inigualables, totalmente letales, jamás vi algo así ni en mis 300 años— no era un secreto, por eso se había unido a su aquelarre.

—Eso ya lo sabemos, al punto— exigió el azabache, pensando en el bienestar de Izumi.

—No subestimen a la mujer, Fuka, era la compañera de Fudo y todo lo que quiere ahora es venganza— advirtió la Ueda finalmente, concentrándose en el azabache. —Si fuera ustedes, protegería a esa humana— obvió, enfocando su mirada en la pelicastaña.

—No necesitamos el consejo, pero gracias— apreció el Patriarca Uchiha, sintiendo la tensión en el ambiente. —Vete en paz— despidió, deseando evitar un conflicto.

La cena había terminado, Fugaku se había encontrado a solas en su oficina revisando algunos expedientes de sus pacientes y que había traído a casa, como de costumbre, pretendía luego volcarse a estudiar como de costumbre hasta que Mikoto—como siempre—acudiera a buscarlo a su despacho para que dieran un paseo por el bosque, quizás fueran a casarse o a dedicar un poco de tiempo el uno en el otro, pero su rutina se había interrumpido cuando había percibido la presencia de otro vampiro acercarse, lo había sentido a través de sus agudos sentidos—más experimentados que los de Itachi, de hecho el único otro en notarlo había sido Sasuke que había acudido a informarle a su despacho—, pero afortunadamente Fuen no era una enemiga…hasta ahora. Inclinando ligeramente la cabeza en señal de respeto, admirando al Patriarca Uchiha que era un vampiro aún mayor y experimentado que ella, Fuen desvió ligera y brevemente la mirada hacía Itachi y a la humana que él protegía con su cuerpo, pero la Ueda no hizo nada al respecto, no queriendo problema alguno, dándose la vuelta y alejándose con andar lento antes de finalmente desaparecer con una suave brisa, como si jamás hubiera estado ahí. Aunque se esforzó por disimularlo, Izumi tembló de pies a cabeza, aferrando sus manos a los hombros de Itachi al hallarse detrás de él, sintió el pánico elevándose desde su interior, porque Fuen le recordó a Fudo y le recordó que no todos los vampiros tenían buenas intenciones en comparación con los Uchiha.

—Llevaré a Izumi a casa y revisaré la zona— informó Itachi, volviendo la mirada hacía su padre al sentir que la amenaza había pasado.

—Ten cuidado, y si sucede algo, no dudes en avisar— advirtió Fugaku únicamente.

—Así lo haré— asintió el azabache, prometiendo permanecer junto a Izumi.

Superando su miedo como se encontraba, aun temiendo en el fondo que volviera a ocurrir algo tan aterrador como lo que Fudo casi le había hecho—diariamente intentaba no pensar en qué habría pasado si Itachi no hubiera llegado a tiempo para salvarla—, Izumi envolvió sus brazos alrededor del cuello de Itachi tan pronto como el Uchiha se volvió hacía ella y pretendió cargarla en brazos, volviendo la mirada hacía el doctor Uchiha, que esbozó una sonrisa ladina a modo de despedida, permaneciendo en el umbral de la casa y siguiendo con la mirada a su hijo y la señorita Yamamoto, quienes cruzaron el puente hasta la pradera contigua, acercándose al auto. Ya que Fudo estaba muerto, Fugaku quería creer que el peligro había pasado, quería creer que no existía amenaza alguna de parte de los nómadas para forzarlos a intervenir o bien marcharse en caso de que su existencia pudiera verse amenazada de quedar en evidencia, Izumi hasta ahora había hecho la mayor contribución a su favor al elegir guardar su secreto y parecía dispuesta a ayudar a sus hijos a integrarse mejor con el fin de dejar de ser vistos como extraños por su entorno. Siguiendo con la mirada a Itachi, viéndolo abrir la puerta del auto y ayudar a Izumi a subir en el asiento del copiloto, abrochándole el cinturón de seguridad, cerrando la puerta del auto y rodeando este para ocupar el asiento del conductor; Fugaku observó en el umbral hasta que se encendió el motor del auto y este se encontró en movimiento, regresando al interior de la casa y cerrando la puerta tras de sí.

Si Izumi estaba a salvo, todos lo estarían.


Si de Itachi hubiera dependido, él habría acelerado inmediatamente al abandonar su hogar, en escasos minutos habría estado en la residencia Yamamoto, conducir velozmente no era un problema para él, pero…el Uchiha se contuvo de esbozar una inevitable sonrisa ladina, no podía conducir tan rápido como quisiera estando Izumi en el asiento del copiloto, podía sentir el latir de su corazón acelerarse ante cualquiera de sus acciones y lo último que deseaba era angustiarla innecesariamente. Sus ojos veían igual de bien e incluso mejor que de día, no importaba que tan oscuro estuviera en las calles que daban con Forks—el hogar de su familia estaba en las afueras, mientras que el de Izumi en el otro extremo—, por lo que fue fácil para Itachi concentrarse de lleno en el camino ante él, tratando también de no pensar en todos los peligros que acechaban a Izumi y que él deseaba poder exterminar, al menos sus hermanos habían neutralizado a Fudo, pero ¿A esta mujer, Fuka? Tal vez Itachi no podía leer la mente de Izumi, pero sus pensamientos no eran muy diferentes, aunque estando a solas en el auto con Itachi, lo último que Izumi sentía era temor, estar junto a él erradicaba todos esos fantasmas que tendían a perseguirla, abrazando hacía si su suéter por inercia; su mente rebobinaba su encuentro con aquella extraña mujer o vampira en la puerta de la residencia Uchiha, la facilidad con que había hablado de la muerte de Fudo como si fuera nada, algo insignificante y había mencionado a otra mujer, una tal Fuka, ¿De quién se trataba?

—¿Por qué esa mujer vino a informar?— inquirió Izumi, rompiendo con el silencio. —Es decir, agradezco saber que sigue habiendo un riesgo para mi padre, pero no entiendo la conexión— aclaro, no queriendo sonar exigente ni nada parecido.

—Fudo, en cierto modo, era de la familia— reveló Itachi, no queriendo guardarle secretos.

—¿Qué?— la Yamamoto volteó a verlo con sorpresa, no habiendo esperado oír eso.

—Fugaku lo convirtió hace siglos, antes que a cualquiera de nosotros, lo conoció en Italia, muriendo de lo que parecía ser peste. Creyó que estaba haciendo lo correcto, pero Fudo fue incontrolable desde el principio; disfrutaba de la sangre humana y sus habilidades como rastreador se traspasaron a su nueva vida como vampiro— sintetizó el Uchiha lo mejor posible. —Era un cazador, seguir a sus presas era un deporte para él, algo que disfrutaba y al poco tiempo tomó un camino completamente diferente de Fugaku— comparó, siempre habiéndole resultado alguien desagradable. —Entiendo si estás molesta— mencionó, volviendo la mirada hacía ella con preocupación.

—No lo estoy, solo estoy procesando todo— sosegó ella, encontrando su mirada con la suya. —Entonces, sabías que él y esos otros vampiros estaban rondando— más bien afirmó, por lo que acababa de escuchar.

—Son nómadas, nos encontramos con vampiros así esporádicamente, no es tan extraño— asintió él, siendo totalmente honesto. —Pero esto es diferente— consideró, regresando su mirada hacía las calles, viéndola fruncir el ceño con extrañeza. —¿Recuerdas que Fudo intentó grabar tu muerte?— inquirió, sintiéndola tensarse a su lado.

—Si— confirmó Izumi, sintiendo un escalofrío en la nuca ante la sola mención de ello.

—No eres la primera víctima a quien acecha desde las sombras— informó Itachi, sintiendo como ella volvía la mirada en su dirección. —La primera fue Sakura. Leí la mente de Fudo cuando llegamos a Forks, ambos aquelarres nos encontramos en un juego de béisbol y vi lo que pensaba— aclaró, necesitando también decirle eso a alguien. —Pude ver que él ya la conocía, pero me callé. Tenía miedo de causar sufrimiento a mi hermana— Sakura era muy frágil emocionalmente, aunque no siempre lo demostraba.

—¿Por qué?— cuestionó la Yamamoto, intentando entender.

—Porque Sakura no tiene recuerdos de su pasado como humana, vivió algo que literalmente dejó su mente en blanco en sus últimos días y, como te dije, al momento de despertar como vampiro, lo hizo sola, porque Fudo asesino a quien la convirtió— contestó el Uchiha, viendo la sorpresa en sus ojos. —Temo que, si Sakura comienza a investigar, descubría algo que le rompería el corazón y no quiero que eso suceda— no sabía de su pasado más allá de aquello que había visto en la mente de Fudo…y no parecía agradable.

Decirse sorprendida sería poco para Izumi, quien solo pudo asentir distraídamente, procesando las palabras en su mente y no pudiendo evitar sentir un escalofrío al pensar en Sakura, al pensar que una vez, hace mucho tiempo, Fudo había pretendido someterla al mismo acto persecutorio al que la había sometido a ella, e Izumi agradeció enormemente que tal cosa no hubiera ocurrido y que Sakura estuviera a salvo, con alguien como Sasuke para quien era su mundo entero. Itachi aún recordaba ese día, su familia apenas llevaba una semana en Forks y era fin de semana, habían aprovechado el mal clima—una tormenta—para jugar al béisbol como el día de hoy, pero su juego se había visto interrumpido por la aparición de vampiros nómadas que se encontraban rondando; Fudo, Fuen y Fuka. Debido a sus buenos modales del siglo XVII, Fugaku había sido cortés con los nómadas y había aceptado que estos se quedaran a jugar hasta que la tormenta había pasado, pero Itachi había estado incómodo durante todo el juego y observando a Fudo con el ceño fruncido, nadie más podía leer la mente de las personas como él y nadie podía saber los pensamientos que rondaban la mente del nómadas, nadie podía saber que él era la única persona que sabía del pasado de Sakura y, como hermano, Itachi había elegido callar todos los descubrimientos que había hecho…y ahora, se sintió inseguro, temió lo que Izumi pudiera pensar de él, tanto en sus razones para callar como para haberle ocultado esa información, pero ahora no quería guardarle secretos.

—Nada de lo que pasó es tu culpa— exculpó Izumi, rompiendo con el silencio. —Por ahora ocupémonos de un peligro a la vez, ¿sí?— propuso, esbozando una tímida sonrisa.

Desde que Izumi conocía a Itachi, el Uchiha constantemente se veía a si mismo como un monstruo o el villano dentro de una historia que ella aún no podía entender, en su mente no cabía posibilidad de que él fuera un villano; si, al momento de conocerse le había parecido un completo idiota, porque Itachi se había empeñado en alejarla y ahora ella entendía el porqué, era ella quien se sentía mal por haberlo juzgado sin conocerlo, pero dudaba que alguien hubiera podido prever la verdad que ella había acabado descubriendo, pero no tenía maldad en su corazón, aunque en sus propias palabras este hubiera dejado de latir hace mucho tiempo. En la mente de Izumi, villanos eran personas como Fudo, que dañaban conscientemente a otros, personas que infringían dolor y sufrimiento, sintiéndose bien al hacerlo, como había sido Fudo y la Yamamoto eligió no pensar en cómo había terminado, eligió concentrarse únicamente en el presente, alargando una de sus manos para entrelazarla con la mano libre de Itachi, a quien sintió tensarse escasamente a causa de la sorpresa, antes de estrechar su mano contra la suya al superar su sorpresa inicial. Esbozando una sonrisa ladina, Itachi estrechó su mano contra la de Izumi, diciéndose que eso no transaba ningún límite ni valor de la época en que él había nacido y sintiendo que podía olvidar su constante preocupación o temor de convertirse en un monstruo, porque ya no era humano, estando con ella sentía que podía ser un hombre cualquiera, y sentía que se estaba enamorado de ella…


Puede que los vampiros no tuvieran necesidad de dormir, pero la idea de normalidad era tentadora para Sakura, así había sido desde que había despertado como inmortal el 1920 y ella había sido quien había inculcado conducta humana en Sasuke, quien la había olvidado casi por completo, por lo que en nada fue extraño que estuviera sentada sobre su cama, vistiendo un femenino camisón rosa brillante de escote corazón, sugerente sobre su esbelta figura y decorada con encaje en los finos tirantes y el contorno del escote, con su corto cabello rosado ligeramente húmedo luego de su ducha. De todas las habitaciones de la casa, la habitación de Sasuke y Sakura sin duda destacaba por la gama de colores que tenía; las paredes eran color violeta y el techo blanco, del que pendía un elegante candelero de plata de inspiración hindú con detalles color rosa, a juego con la malla que se anudaba en los postes de la cama, y la colcha así como las sabanas eran de color rojo, como los divanes, mientras que los mullidos almohadones sobre la alfombra—rosa con detalles violeta, rojo y dorado—eran dorados como las mesas de noche a cada lado de la cama, igual que el tocador y las puertas de los respectivos armarios de ambos, y el espacio era muy amplio. Recostada sobre la cama, Sakura tenía su laptop encima de las piernas, y conectada a esta se hallaba una cámara…la cámara que Fudo había usado para grabar su ataque a Izumi y sus fechorías, puede que inicialmente Sakura hubiera intentado desentenderse del tema, pero ahora necesitaba averiguar sobre su pasado:

Antes de comenzar, espero no lamentar otra presa que se me escapa, eso solo ha sucedido una vez— una sonrisa ladina adornó el rostro salvaje de Fudo, quien grababa su monólogo. —Ese maldito Kakashi Hatake me quitó a la presa de las manos, vio a la ingenua Hanan Haruno en el hospital psiquiátrico al mismo tiempo que yo, y confieso que me confié, creí que podría golpear primero, pero no fue así, él la convirtió primero para salvarla de mí. Tan pronto como la sacó del hospital, le inyectó morfina para evitarle el dolor al morderla y comenzar la transformación— hablaba como si su presa hubiera sido un ciervo y no una persona. —Nunca entenderé la obsesión de algunos vampiros con los humanos— su tono burlón estaba cargado de cinismo.

Sakura intentó procesar las palabras que escuchaba en la grabación, de Fudo, ahora un cadáver; su nombre no era Sakura o lo era ahora, pero en el pasado se había llamado Hanan Haruno, ¿Quién había sido?, ¿Había tenido una madre y un padre vivos?, ¿Había tenido una hermana o hermano?, ¿Por qué se había encontrado en un hospital psiquiátrico al momento de ser descubierta por Fudo? El nombre de Kakashi Hatake resonó en su mente, le resultaba familiar pese a no haberlo escuchado antes o no que pudiera recordar y pronto vino una imagen a su mente; se trataba de un hombre ligeramente menor que Fugaku, con un rostro atractivo a la par que cargado de amor paternal, relajado y tranquilo, de rebelde y despeinado cabello gris plateado, se recordaba a sí misma en una cama—aunque no tan cómoda como en la que se encontraba—y a este hombre llamado Kakashi arrodillándose junto a su cama y tendiéndole un flor recién cortada, una flor de cerezo como la que le daba su nombre. Sakura llegó a sentir un dolor de cabeza, pero cerró los ojos un instante y se empeñó en recordar, presionó su mente hasta el límite, hasta el primer recuerdo que tuviera, hasta sentir dolor…y sin embargo, no había nada, su mente estaba en blanco, podía recordar a este Kakashi—y lo agradeció—, pero no a Fudo; sintiendo el dolor de Sakura mientras subía la escalera, Sasuke se apresuró en cruzar el pasillo hasta su habitación, temiendo que pudiera estar provocándole aquellas emociones y que iban de la angustia a la tristeza.

Naturalmente esa pobre tonta no recuerda nada de su vida pasada, como cien años antes la habrían quemado en la hoguera por sus visiones— comparó el Imaruoka con tono burlón. —El tratamiento de electrochoque borró todo su pasado— desdeñó, como si fuera algo insignificante. —Pero ese imbécil me quitó a mi presa, por eso tuve que destruirlo y quemarlo hasta que no quedara rastro de él— aquellas palabras hicieron saber a Sakura que había ocurrido con su protector y creador. —La única víctima que se me escapó, todo un honor— finalizó, entre frustrado y admirado por ello.

Puede que Sakura no recordara nada de su estadía en el hospital psiquiátrico, nuevamente le dolió la cabeza por solo intentar recordar aquel pasado, sin éxito…pero, había sido convertida en vampiro en 1920—por Kakashi Hatake, ahora lo entendía—y sabía que la terapia de electrochoque o electrocombulsión era como se trataba a las personas con desórdenes mentales como la depresión grave, esquizofrenia, ¿Es que ella había estado loca? La hizo sentir vergüenza que tal cosa fuese posible mientras la grabación llegaba a su fin, ella bajando por inercia la tapa de su laptop y que dejó sobre el colchón, a un lado, observando a la nada, pero perfectamente consciente de la presencia de Sasuke en el umbral de la habitación y eso a su manera la hizo sentir aún peor. Pasaron un par de segundos antes de que Sasuke comprendiera que estaba viendo Sakura, había creído que ambos verían juntos esa grabación, temía que ella se enterara de algo desagradable y así era, él no había alcanzado a escuchar todo, pero lo que había oído era más que suficiente, acercándose lentamente hacía la cama, observando con suma atención a su esposa mientras se sentaba en el colchón, exactamente frente a ella. Con cuidado, Sasuke alargó una de sus manos para entrelazarla con la de su esposa, pero Sakura no contestó a su tacto, y solo sentía emanar tristeza y dolor de ella, deseó poder intervenir y cambiar su estado de ánimo, pero había jurado nunca hacerle a ella, porque sus sentimientos le eran invaluables y ella era la única que podía afectarlo.

—Sakura— nombró el Uchiha, intentando acercarse emocionalmente a ella.

—Todos estos años eras tú quien estaba equivocado, seguías diciendo que no me merecías, pero era al revés— comparó la Haruno, con la voz quebrada. —Estaba loca, me encerraron en un psiquiátrico y solo me convirtieron para que Fudo no me matara— no sabía si ver eso como algo positivo, no ante la información que ahora poseía.

—No, no, Sakura...— protestó él, más Sakura apartó su mano de la suya y atrajo sus piernas para enterrar el rostro contra sus rodillas. —No estás sola, ¿lo entiendes? Me tienes a mí, siempre me tendrás— recordó, acunando suavemente su rostro entre sus manos para que lo viera a los ojos. —Nada de eso volverá a sucederte— jamás permitiría que nadie la lastimara. —Te amo— reafirmó sin apartar su mirada de la suya.

—¿Cómo puedes amarme?— contrarió ella, sintiéndose insignificante ante él.

—Porque no me importa quien eras antes de conocernos, igual que a ti no te importa quién era antes— contestó Sasuke sin dudarlo. —Te amo, Sakura Haruno, la mujer hermosa, divertida, alegre y deslumbrante que me esperó durante años en ese restaurante de Filadelfia, y me salvó de una existencia dolorosa— a ella le debía todo cuanto era y podía apreciar hoy en día. —Tú eres mi mundo; lo que sé sobre ti ahora no es nada comparado con las atrocidades que yo cometí en el pasado— y él sí que había sido un monstruo. —Esto es algo sobre lo que tú no tenías control y no disminuye lo que siento por ti— aseguró, acunando delicadamente su rostro. —Te amo, Sakura, nada ni nadie podrá cambiar eso— prometió, sin dejar de verla a los ojos.

Cuando ambos se habían conocido en 1948, él estaba huyendo de todo y todos; de su pasado en las guerras del Norte, de Takara y su venenosa influencia, de Hinata y Naruto que habían intentado ayudarlo a integrarse, había sido un asesino que vivía atormentado por las vidas que tomaba y las emociones que sentía de los humanos al morir bajo su mano...pero, Sakura había entrado en su vida, con todo es color, alegría, emoción y humanidad, le había enseñado que había más para él, y nada haría que dejara de amarla como lo hacía, puede que le hubiera tomado un tiempo comprender lo que era realmente el amor, pero ella era todo lo que le importaba en el mundo y si estaba donde estaba hoy, si formaba parte de la familia Uchiha, era únicamente por ello y daría la espalda a todo si ella se lo pedía, sin dudarlo. Viendo a Sasuke a los ojos, casi temiendo que él estuviera mintiendo solo para complacerla, temiendo encontrarse sola—como sentía había estado antes de ser vampiro—, Sakura se sintió profundamente conmovida por la ternura en su intensa mirada ónix, por el amor que sentía transmitirle a través de su vínculo, habría llorado de serle posible, pero los vampiros no podían llorar, no albergaban lágrimas, por lo que todo cuanto Sakura pudo hacer fue envolverlo en un efusivo abrazo, envolviendo sus brazos alrededor de su cuello y sintiendo de inmediato como los brazos de Sasuke se envolvían a su alrededor, arrullándola, haciéndole sentir que todo estaría bien y que lo único importante eran ellos dos, lo mucho que se amaban y nada más.

Ella era su dama, y él era su caballero sureño.


Semanas Después/Seattle

Los días se habían convertido en semanas, y finalmente había llegado el día del baile de fin de año, si de Sasuke dependiera él no acudiría, los eventos sociales hacían que le doliera la cabeza, además del cúmulo de pensamientos de todos los humanos que habría en el lugar, pero Itachi acudiría, Sakura también quería hacerlo y él no permitiría que su esposa acudiera sola a un evento donde más de un imbécil intentaría acercársele—no leía la mente de las personas como Itachi, pero si sus emociones—, por lo que el Uchiha cerró el libro que estaba leyendo y se acercó al librero para dejarlo al mismo tiempo que sentía a Sakura cruzar el pasillo fuera de su habitación. El Uchiha vestía una camiseta gris oscuro de cuello redondo, encima una chaqueta negra de mezclilla que permanecía abierta, jeans negros y cómodos botines, acomodándose la manga de la chaqueta, lo que hizo brevemente visible la pulsera en su muñeca derecha con el emblema Uchiha, y su rebelde cabello azabache azulado se encontraba ligeramente despeinado como de costumbre; la Haruno ingresó en la habitación cargada de bolsas de compras, vestía una blusa color negro ceñida favorecedoramente a su esbelta figura, de hombros caídos para exponer su piel y de mangas ceñidas a las muñecas, pantalones verde musgo ligeramente anchos, y zapatos de tacón negro, con su corto cabello rosado recogido tras su nuca por un broche en forma de flor de cerezo, y alrededor de su cuello se hallaba el collar con el emblema Uchiha abrazando la curvatura de su esbelto cuello.

—Sakura, ¿Qué hiciste ahora?— interrogó el Uchiha entre preocupado y sorprendido por todas las bolsas que su esposa se acercó para dejar sobre la cama.

—Nada— contestó la Haruno, viéndolo arquear una ceja con extrañeza. —Tranquilo, puse todo esto a cuenta de Sai— sosegó, sacudiendo una mano despreocupadamente.

—Volviste a robarle la tarjeta de crédito— comprendió el azabache con una sonrisa ladina.

—El bobito ni siquiera se dio cuenta— celebró la pelirosa, sacando la tarjeta del bolsillo de su pantalón y dejándola sobre la mesa de noche. —Sabes que no osaría saquear tus prósperas finanzas— obvió, siempre usando sus propios ingresos.

—Que son tuyas— corrigió Sasuke, acercándose para examinar las bolsas. —Nos casamos con bienes mancomunados— recordó, siendo chapado a la antigua en ese aspecto.

—Por eso te amo, mi guapo caballero sureño— elogió Sakura, inclinando su rostro sobre el suyo, besándolo castamente en los labios.

—Reconozco algunas de estas cosas, ¿Pero qué diablos es el resto?— inquirió él, extrayendo una caja de maquillaje de una de las bolsas.

—Maquillaje— contestó ella con obviedad. —Yo uso rímel, delineador y brillo, pero los humanos usan otras cosas. Eso es rubor, les da a los humanos mejillas sonrosadas— bromeó, tocándole las mejillas. —Y usan base y polvo para igualar su piel. Yo no uso nada de eso— aunque le gustaría, todo se veía maravilloso.

—No tiene sentido cuando se tiene una piel perfecta como la tuya— obvió el Uchiha, devorándola con la mirada. —Gracias al cielo eres vampira, de otro modo tendría que tolerar todo esto— sintió jaqueca ante la sola idea de verla perdiendo el tiempo en eso.

—Estarías en bancarrota— asintió la Haruno, conociéndose bien. —Pase— instó al sentir la presencia de Izumi en el pasillo.

Al principio había sido un poco extraño, aún lo era, pero Izumi había comenzado a frecuentar el hogar de los Uchiha, y no hablaba de su residencia en Forks, sino de su hogar en Seattle o el hogar en que residían Itachi, Sasuke, Sai, Ino y Sakura, ya que el doctor Uchiha trabajaba en Forks y su esposa no podía separarse de él, pero Sakura estaba tan empecinada de cuidarla y ayudarla a movilizarse debido a su yeso que ella simplemente no podía negarle la contraria. Temiendo importunar, Izumi pensó en llamar a la puerta de la habitación que compartían Sasuke y Sakura, pero ni siquiera tuvo ocasión de hacerlo cuando escuchó a la Haruno, dándole permiso de ingresar, lo que ella hizo sintiéndose torpe debido a su yeso; la Yamamoto vestía una blusa azul suave de cuello en V, cerras por cinto botones hasta la altura del vientre, con las mangas subidas hasta los codos, jeans negros y zapatillas converse de igual color, con su largo cabello castaño cayendo sobre sus hombros y tras su espalda. Había estado estudiando en la habitación que Itachi había aclimatado para ella luego de su primera visita—le había dicho que eso no era necesario, pero Itachi no conocía esa palabra en su caso—, y sentido a Sakura llegar, así como cruzar el pasillo hasta su habitación, y antes de irse de compras le había dejado una nota de que debía acudir a buscarla tan pronto regresará, ¿El motivo? Izumi no tenía ni la menor idea, pero no pudo evitar sorprenderse ante la serie de bolsas dispuestas sobre la cama de la pareja y que Sasuke estaba ayudando a desempacar.

—¿Qué es todo esto?— preguntó Izumi, acercándose lentamente a la cama.

—Preparación para el baile— contestó Sakura como si fuese obvió, viendo la incredulidad en los ojos de Izumi. —Por favor, Izumi, será divertido— instó, a punto de verla negarse. —¿Ni siquiera después de todo lo que he hecho por ti?— cuestionó, fingiéndose herida.

—Sakura, estás jugando sucio— contrarió la Yamamoto, sorprendida de su juego.

—Mírame, Izumi— señaló la Haruno únicamente. —He tenido la misma cara, la misma piel y el mismo corte de cabello durante más de cien años— obvió, ante lo que Sasuke sonrió de forma discreta. —¿Podrías dejar que me divierta por una vez?— rogó, uniendo las manos frente a ella en forma de oración. —Di que siiiiiii…— suplico con voz de niña.

—Está bien— suspiró la pelicastaña, diciéndose que le debía al menos eso.

—Te encantará, lo prometo— prometió la pelirosa, acercándose para tomarla de la mano.

Comenzando a acostumbrarse a la continua presencia de Izumi en su entorno, constantemente desarrollando una resistencia al aroma de su sangre humana, Sasuke sonrió ladinamente mientras veía a Sakura guiar a Izumi al tocador para poder comenzar a prepararla; no era un secreto que Sasuke había desconfiado de la Yamamoto y la posibilidad de que ella expusiera lo que eran, pero Sakura adoraba a Izumi y no había ocasión en que Sasuke pudiera ir en contra de las decisiones de su esposa, además, Itachi se estaba enamorando de ella y Sasuke no se permitiría arruinar su vínculo y lo que podrían ser. Sintiéndose permanentemente torpe debido a su yeso, agradeciendo cuando Itachi la ayudaba a caminar en la universidad, Izumi sonrió con un deje de entusiasmo mientras Sakura la acomodaba sobre la silla y regresaba velozmente hacía la cama para comenzar a elegir el maquillaje, moviéndose con una velocidad que sorprendió a la Yamamoto, parecía ser una maquillista profesional y ni siquiera necesitaba probar los colores contra su propia piel para saber si sentarían a Izumi o no, ambas siendo observadas atentamente por Sasuke, quien terminó de desempacar el contenido. Cruzando las manos sobre su regazo, Izumi pensó en decirle a Sakura que, entre todo lo ocurrido, ni siquiera había conseguido comprar un vestido para el baile y tampoco pensó en decirle que había desechado la idea de ir desde hacía semanas—ni siquiera le había preguntado a Itachi si querría ir con ella—, pero Izumi eligió callar y no interrumpir la afanosa labor de la pelirosa, quien le sonrió llena de emoción…


Normalmente Izumi empleaba mucho tiempo en sí misma por las mañanas, no tenía una colección de maquillaje en particular, pero le gustaba verse bien tanto al vestir como al presentarse ante otras personas, usar delineador no era de su agrado, consideraba que hacía que sus ojos se vieran aún más llamativos de lo que ya eran, pero en ese momento y tan pronto como Sakura se hizo a un lado tras finalizar su labor, Izumi no pudo evitar quedarse prendada de sí misma. Sakura tenía un don pese a que no fuera una maestra del maquillaje como ella misma había dicho; Izumi veía sus ojos resaltados por una sombra color durazno, llamativa si cerraba los ojos, pero si los mantenía abiertos esta parecía resaltar su mirada, y la Haruno no había delineado sus ojos, sino que simplemente había aplicado máscara de pestañas para que estas se vieran más largas, y el rubor, polvo y base la hacía lucir más estilizada en las mejillas, con los labios de un rojo oscuro, casi natural, ¿Realmente era ella misma quien le devolvía la mirada a través del espejo? Cruzando ambos brazos sobre su pecho, Sakura sopló muy sutilmente el pincel con que acababa de maquillar a Izumi, como si se tratase de un arma, observando el reflejo de Sasuke a través del espejo, sentado sobre el diván tras la cama e intercalando su mirada entre su encantadora esposa, a la par que sobre la faz de Izumi, sondeando sus emociones y sabiendo exactamente lo que sentía, aunque se empeñara en parecer dura, frunciendo el ceño como si lo que acababa de pasar no fuera en absoluto de su agrado.

—Te ves preciosa— obvió Sakura, dejando sus utensilios sobre el tocador y acercándose hacía la última bolsa sobre la cama.

—Los odio a ambos, en especial a ella— refunfuñó Izumi, aunque más para no darle una victoria que sintiéndolo realmente.

—No lo haces, lo que siento es lo contrario— negó Sasuke desde su lugar, viéndola fruncir el ceño al saberse descubierta. —Gracias por hacer esto por Sakura— apreció sinceramente.

—Empiezo a arrepentirme— admitió la Yamamoto, no siendo una mentira. —Me siento como una muñeca Barbie de tamaño natural— comentó, volviendo la mirada por sobre su hombro. —Oh, no, no, no, no...— sintió que se le congelaba el corazón ante el vestido que Sakura cargó del interior de una de las bolsas…era hermoso.

—Combina perfecto con tú maquillaje y peinado— defendió la Haruno, negándose a guardar tan hermoso vestido otra vez.

—Eres mucho más menuda que yo, Sakura, no va a quedarme— negó la pelicastaña, diciéndose que Sakura no conocía su talla.

—Pues esto sí— insistió la pelirosa, no siendo fácil de engañar en absoluto.

Levantándose del tocador con esfuerzo, Izumi se sorprendió al sentir que alguien la ayudaba, ese alguien fue Sasuke, quien intercambió una mirada con ella y la ayudó a llegar a la cama sobre la cual la dejo sana y salva, volviendo la mirada hacía Sakura y retirándose sin decir una palabra, cerrando la puerta tras de sí; Sakura no exageraba, era un perfecto caballero sureño. Tal vez Itachi no fuera muy atento a lo que lo rodeaba como hombre que era, por muy vampiro que fuera, tal vez él no pudiera leer la mente de Izumi y no pudiera hacer deducciones que los demás sí, pero Sakura era aficionada a los rumores y cotilleos de la universidad y si algo había escuchado en boca de todos era que el color favorito de Izumi era el morado, así había sabido exactamente que vestido comprarle y conociendo su talla por ayudarla cuando Itachi no estaba cerca, por lo que ahora Sakura ayudó a Izumi a desvestirse…Aguardando al pie de la escalera, intentando no pasearse ansiosamente a causa de sus nervios, Itachi alzó la mirada al escuchar los pasos de Izumi, esbozando una sonrisa ladina al encontrar su mirada con la suya; el vestido que Sakura había elegido era muy bello, morado azulado—casi índigo—, de escote en V que se anudaba en la base del cuello para exponer la espalda, ceñido bajo el busto y formando pliegues de tela hasta las rodillas, muy favorecedor sobre la esbelta figura de la Yamamoto, y su largo cabello castaño estaba peinado en elegantes hondas para caer sobre sus hombros y resaltando un collar de plata en forma de colibrí.

—Te ves hermosa— admiró Itachi, alargando con cuidado sus manos para colocarlas sobre su cintura y ayudándola a bajar la escalera.

—Tú también te ves muy guapo— correspondió Izumi, sintiendo que se sonrojaba bajo su mirada. —Sakura me compró el vestido, me alegra que tengamos gustos similares— ella se encontraba arreglándose ahora.

—Sí, y me dio esto para ti— confirmó el Uchiha, al tanto de todo y alejándose de ella un instante para regresar con una capa corta color blanco.

—¿Son plumas?— palpó la Yamamoto, sorprendida por una pieza tan delicada y bella.

—Sí, de cisne, reliquia de los años 30— asintió él, dejándola sin hablar. —Lo quiere de vuelta— advirtió con cierto aire burlón, imaginándose a su hermana enfadada.

Hacía frío en el exterior, claro que irían hasta la universidad en su auto, pero lo último que Itachi deseaba es que Izumi enfermara por exponerse al aire frío de Seattle en pleno invierno, por muy hermoso que fuera el vestido, pensando en ello es que Sakura también le había conseguido a Izumi unos zapatos de tacón color blanco, cerrados y que parecían patines sin hojilla, aunque solo uno destacara debido a su yeso, pero a ojos de Itachi nunca se había visto más bella, de ser posible. Las palabras de Sakura al entregarle la capa esa mañana habían sido; "No dejaré que ese hermoso vestido se arruine con una vulgar chaqueta o abrigo", claramente su hermana no aceptaba un no por respuesta y Sakura también lo entendió, sonriendo y volviéndose para él que la ayudar a colocarle la cama, apartando sus largos cabellos castaños para que el peinado tampoco se arruinara y tan pronto como la capa estuvo sobre sus hombros, Izumi la cerró desde el frente por el pequeño broche que esta tenía. Al hallarse cara a cara con Itachi, Izumi no pudo evitar alzar sus manos hacía los hombros de él, haciendo que el Uchiha se congelará; mas lo que la Yamamoto hizo fue acomodarle el cuello de la camisa y la corbata, alisando la tela de su saco, esbozando una sonrisa al pensar que Sakura los juzgaría de lejos y querría ver presentables a los dos; ambos se sonrieron y finalmente Itachi ofreció su brazo a Izumi, ayudándola a cruzar la distancia hasta el umbral de la casa y ayudándola a descender los escalones, cargándola en brazos sin el menor problema.

Todo era nuevo para él también.


El camino hasta la universidad fue breve, de apenas unos minutos, Izumi estaba aprendiendo a perder el miedo a la gran velocidad a la que Itachi era capaz de conducir, siendo nerviosamente para si cada vez que aceleraba, mas diciéndose que estaba en las manos más capaces sobre la Tierra, a su entender no había nada que el Uchiha pudiera hacer mal o que no pudiera hacer, además, la capa corta sobre su vestido se sentía muy cálida y cómoda, por lo que Itachi ni siquiera tuvo la necesidad de encender la calefacción durante el trayecto. ¿Qué pensarían sus amigos cuando la vieran? No es que Izumi estuviera avergonzada de que la vieran con Itachi, era justo lo contrario, hasta se sentía orgullosa, no porque él se hubiera fijado en ella ni nada parecido, sino porque le alegraba poder hacer que él y sus hermanos se estuvieran integrando al círculo universitario, en palabras del mismo Itachi jamás había asistido a un baile como ese, o no desde sus días como humano y de eso hacía mucho, además, Sakura estaba emocionada arreglándose al momento de su despedida y Sasuke esperaba a que ella terminara de arreglarse antes de cambiarse, ¿Sai e Ino acudirían? No lo sabía. Queriendo que Izumi estuviera cómoda, Itachi acercó su auto hasta una pequeña banca fuera de la universidad, no quería molestarla exigiéndole acompañarlo hasta donde fuera a dejar el auto, por lo que el Uchiha descendió primero y rodeó el auto, abriendo la puerta y ayudándola a bajar, cargándola en brazos por el breve tramo de pasos hasta dejarla sobre la banca, encontrando su mirada gris oscuro con la cálida mirada ónix de ella.

—Iré a estacionar el auto, ¿sí? Regreso en un momento— reiteró Itachi, no queriendo que se preocupara o pensara que iría muy lejos.

—Tranquilo, no me moveré de aquí— sosegó Izumi, sabiendo cómo ser una buena chica.

Mentalmente, Izumi pensó en decirle a Itachi que estaría bien, que un par de minutos separada de él no sería el fin del mundo y que él regresaría pronto, pero mentalmente se dijo que era natural que todos los vampiros—de la familia Uchiha, obviamente—gravitaran a su alrededor, ninguno de ellos había estado en contacto con humanos desde antes de su inmortalidad...a menos que se hubieran alimentado de ellos como había sido el caso de Sakura, Sai y Mikoto quienes habían probado sangre humana o Sasuke que se había alimentado de humanos por medio siglo; por ello, en su lugar la Yamamoto solo sonrió a Itachi, siguiéndolo con la mirada mientras lo veía regresar al auto y alejarse para buscar un buen lugar donde estacionarse. Por inercia, Izumi cruzó la pierna derecha sobre la izquierda, un acto reflejo cuando no sabía qué hacer y estaba sentada, mas encontrando esta acción ligeramente más difícil de realizar ante su yeso, emitiendo un quejido antes de encontrarse en una situación más cómoda, o así fue hasta sentir a alguien tocándole el hombro y haciéndole volver la mirada con sorpresa ante la persona que se encontró. Se trataba de Utakata, tenía el cabello ligeramente despeinado como de costumbre y esa mirada cálida que la hacía sentir segura, aunque se veía inusualmente elegante—él que siempre vestía cómodo—, como si pretendiera asistir al baile, vistiendo una camisa blanca ligeramente desabrochada, corbata, pantalones negros y el saco a juego colgado bajo el brazo, él era la persona a quien menos esperaba ver.

—Utakata— reconoció la Yamamoto con sorpresa. —No esperaba verte— admitió mientras el pelicastaño rodeaba la banca y se sentaba frente a ella.

—Tenía que venir— sonrió el Kirigakure, encontrando su mirada con la suya. —Te ves muy bella— elogió sinceramente.

—Y tu muy guapo— correspondió ella con una sonrisa, —¿Vienes al baile?— inquirió por la forma en que estaba vestido.

—No, mi padre me pidió que viniera a hablar contigo— admitió él con honestidad, viéndola arquear una ceja. —No te enfades conmigo— advirtió, ante lo que ella le dio permiso de hablar. —Dice que deberías alejarte de Itachi Uchiha. Eres valiosa para los Jinchuriki, y no queremos que salgas herida— recordó, comprendiendo las razones de su padre para intervenir o hacer amague de ello más bien.

—Dile que gracias, pero puedo cuidarme sola— contestó Izumi únicamente, descruzando sus piernas y pretendiendo levantarse.

—Yo te ayudo— apoyó Utakata, tomándola de la mano y ayudándola a erguirse.

—Tranquilo, Kirigakure, yo me encargo— intervino Itachi, llegando junto a la pelicastaña y rodeándola con uno de sus brazos…intercambiando una tensa mirada con el Jinchuriki.

—Hasta luego Izumi— se despidió el Kirigakure, comprendiendo que había llegado el momento de marcharse—. Ten una buena noche— deseó, antes de dirigir una seria mirada al Uchiha.

—Gracias, nos vemos— correspondió la Yamamoto, un segundo antes de que Utakata le diera la espalda y se alejara. —Vaya que hay tensiones— no había visto que ambos interactuaran directamente, hasta ahora.

—Ni me lo digas— asintió el Uchiha, carraspeando para aclararse la garganta. —Te dejo sola un momento y los lobos descienden— bromeó, con intención de aligerar el ambiente.

Izumi no pudo evitar sonreír ante las palabras de Itachi, siendo una comparativa muy acertada, ya que Utakata y su padre Harusame se habían pasado toda su infancia diciéndole que los Jinchuriki supuestamente descendían de lobos, y ella vio la actitud de Utakata en ese momento como la de un hermano mayor sobreprotector para con su hermana menor por la presencia de un chico, pese a que Utakata y ella tuvieran la misma edad e incluso él fuera unos meses menor, olvidándose del asunto con esa sola broma. No era solo una expresión, ojalá lo fuera, algo en él se encendió con la llegada de Utakata Kirigakure, un sujeto al que apenas y conocía, tal vez fuera el hecho de que sus familias o especie eran rivales, tal vez fuera el hecho de que nunca podrían ser aliado, pero Itachi sintió mayores razones para querer estar cerca de Izumi, temió que ese lobo pudiera alejarla de su lado y la sola idea hizo que, por un momento, sintiera que su corazón humano volvía a latir dentro de su pecho, de inseguridad, alargando uno de sus brazos y envolviéndolo alrededor de los hombros de Izumi mientras cruzaban el camino hasta la entrada de la universidad. Cuando ya llevaba un par de metros alejado de Itachi e Izumi, Utakata no pudo evitar volver la mirada por sobre su hombro para ver a la pareja, y por mucho que esté...frío, pareciera una persona agradable, sonriendo ladinamente a Izumi que le sonrió cálidamente en respuesta, el Kirigakure no dejo de sentir que aquel sujeto era indigno de su hermana, que no era suficiente, porque para él que adoraba a Izumi, nadie en el mundo era suficiente, menos aún un chupasangre...


PD: Saludos queridos y queridas, prometí que actualizaría esta semana y lo cumplo, esperando como siempre poder cumplir con lo que ustedes esperan de mi, agradeciendo su apoyo y deseando siempre que mi trabajo sea de su agrado :3 Las siguientes actualizaciones serán "A Través de las Estrellas", luego "Kóraka: Luna Creciente" y por último "Caballeros del Zodiaco" :3 Esta historia esta dedicada a mi queridísima amiga Ali-chan 1966 (agradeciendo su asesoría y aprobación, así como todos los dolores de cabeza que seguramente le doy, habiendo actualizado en agradecimiento a su apoyo incondicional), a LizzyMichaellis25 y userZiha (agradeciendo contar con su apoyo y aprobación, y dedicándoles esta historia por lo mismo), y a todos quienes siguen, leen o comentan esta y todas mis historias :3 Como siempre, besitos, abrazos y hasta la próxima.

Escenas & Referencias: El capitulo continua con el día que Izumi pasa en el hogar de la familia Uchiha, representando por fin el emblemático juego de béisbol, tan bullado tanto en el libro de Stephenie Meyer como en la película "Twilight" de 2008, que en este caso no se ve interrumpido por nada y permite desarrollar más los vínculos entre personajes y como piensan. Mientras el día finaliza, e Itachi pretende llevar a Izumi de regreso a su casa, la familia Uchiha recibe la visita de Fuen, parte del aquelarre del fallecido Fudo y que advierte que los peligros siguen rondando; en su viaje a casa, Itachi habla con Izumi sobre quien era Fudo y las implicaciones que tuvo su aparición, recibiendo un respaldo inmediato de Izumi, quien lo ve como su héroe y protector. Paralelamente, por fin vemos detalles del pasado de Sakura, quien descubre que en sus días como humana se llamaba Hanan Haruno y que fue internada en un hospital psiquiátrico debido a sus visiones, siendo convertida por un vampiro llamado Kakashi Hatake, quien murió al protegerla de Fudo, eso crea una profunda tristeza en ella y la hace sentirse inferior, pero Sasuke siempre esta cerca y le hace sentir el inmenso amor que siente por ella y con el que siempre podrá contar. El capitulo cierra con Sakura ayudando a Izumi a prepararse para el baile de fin de año, aunque la Yamamoto al principio se resiste, dejándose hacer en el fondo; mantuve el vestido original que lleva Bella en "Twilight" como guiño a la obra original, y también se ve el encuentro entre Utakata e Izumi, siendo el primero quien siente preocupación por la cercanía de Itachi para con su "hermanita".

También les recuerdo que además de los fics ya iniciados tengo otros más en mente para iniciar más adelante en el futuro: un fic inspirado en un What If de la Dinastía Romanov, que aún no tiene título, "La Bella & La Bestia: Indra & Sanavber" (precuela de "La Bella & La Bestia"), "Sasuke: El Indomable" (una adaptación de la película "Spirit" como había prometido hacer) :3 Para los fans del universo de "El Conjuro" ya tengo el reparto de personajes para iniciar la historia "Sasori: La Marioneta", por lo que solo es cuestión de tiempo antes de que publique el prologo de esta historia :3 cariños, besos, abrazos y hasta la próxima :3