Capítulo 5

Una Vida Normal.


Siento como las sábanas me absorben por completo, deseando sucumbir al profundo deseo de seguir acostada. Muevo mis brazos, observando que Félix se quedó a dormir hoy. Nunca me había molestado, pero últimamente me siento un poco incomoda con su presencia.

Froto mis ojos, abriéndolos lentamente.

«Hoy está haciendo frio, parece que va a llover». Me levanto, dando un bostezo que termina de despertarme.

—¡Buenos días Lady Crusch! —Félix se levanta, bostezando de la misma forma, moviendo sus orejas de un lado a otro.

—Buenos días, Félix. —Sonrío levemente, evitando mostrar incomodidad.

Me agarro el brazo, pensando si debería decirle que ya no quiero hacer esto. Sé que para él es importante y no quisiera lastimarlo, pero últimamente me he sentido incomoda. Lo miro sonreír, asi que desisto y me voy a bañar. Hoy me pondré ese nuevo producto que me creó. Un frasco que contiene una esencia que hizo el mismo con ciertos ingredientes que ya teníamos.

«Fue hecho de forma improvisada, pero pude destilarlo usando flores; el alcohol lo obtuve de la fermentación y destilación». Su esencia es maravillosa, realmente es un olor más fuerte que las esencias usadas por nosotros.

Su mundo, que parece realmente haber hecho de todo gracias al ingenio humano, me hace ver un futuro sin límites.

Me termino de bañar, para luego ir a cambiarme. Miro todas mis prendas, a la vez que veo mi uniforme de siempre. Realmente no creo sea necesario para mí usar prendas diferentes, aunque….

Miro aquel vestido, el que me puse cuando él me dio valor.

—No importa. —Cierro mis ojos y tomo mi uniforme, colocándomelo y yendo a mi oficina.

Hoy Félix debe encargarse de implementar las enseñanzas de los libros de Marco en su magia. El conocimiento que tienen sobre el cuerpo humano es superior a cualquiera que haya visto.

Si Félix lo integra quizás pueda alcanzar un nuevo nivel en su curación. Félix es un verdadero genio en la magia curativa, pero el mundo que expandió Marco indica que todavía hay posibilidad de mejorar.

Entro a mi oficina, siendo recibida por un olor familiar. El aroma a pan caliente con un poco de queso invade mis sentidos. Marco se encuentra comiendo, y, con un pan en su boca, me extiende la mano, saludándome.

—Pude hacer el queso que te dije, no sabía que en tus tierras también tenían ese método de preparación. —Marco devora su desayuno, a la vez que me señala mi plato.

Normalmente, dejo que los chef preparen cualquier platillo ya que no tengo una preferencia en particular. Últimamente, él se levanta solo para cocinar algo para él, aunque a veces hace para todos.

Ha estado trabajando en nuevos sabores, incluso contándoles recetas a los chef para que las preparen.

Hay muchos mercados que se pueden dominar, no solo el de la industria. El mercado de los alimentos también es importante; abrir cadenas de restaurantes que preparen comidas de forma eficiente y a buen precio.

Abrir esos supermercados que me dijo, o los centros comerciales, son puntos clave de donde obtener recursos monetarios.

Si Marco hubiese conocido a Anastasia antes que a mí, definitivamente habrían sido un oponente casi imposible de vencer. Ambos tienen una mente para los negocios: Anastasia con su talento natural y Marco con su gran conocimiento.

«Solo de pensarlo me da escalofríos».

Hay muchas opciones por implementar, pero incluso yo, una duquesa, necesito de más fondos para integrar todo lo que Marco propone.

El monopolio absoluto.

Mientras que los sabios gobiernan este reino, he ido notando que, desde hace unos años, sus movimientos son extraños. Con la muerte de toda la familia real han estado buscando a quienes puedan hacer el contrato con el dragón.

Pero incluso antes de eso la familia real solo era usada como tapadera ante su influencia.

Yo no quiero eso, yo quiero poder gobernar por mi cuenta. El consejo de sabios sin duda tendría que estar bajo mi mandato, pero en este momento sus conocimientos y poder harían que incluso un rey deba tener cuidado.

—Gracias. —Muerdo el suave pan en frente de mí, para luego morder el queso y sentir como suena con cada mordisco. Abro mis ojos en sorpresa y Marco se empieza a reír.

«No me ha dicho nada de mi perfume».

—No está vivo el queso, es solo que tiene esa textura gomosa —dice Marco con una sonrisa. Lo miro molesta por creerme idiota, pero el solo se sigue riendo—. Por cierto…

Wilhelm abre la puerta y ambos dirigimos la mirada hacía él. Se inclina, saludándonos cordialmente. Sostiene una carta en su mano, y por su expresion no parece que sea algo bueno.

—Señorita Crusch, recibimos una carta de la capital. —Wilhelm me entrega la carta y yo la abro de inmediato.

Antes de leerla, miro hacía Marco, pero él no parece estar sorprendido.

—Ya es hora —dice, y entiendo que es sobre las elecciones.

Hemos estado reuniendo fondos e información, guardando especialmente todo para este momento. Empiezo a leer, y no puedo evitar fruncir el ceño.

—Las elecciones se retrasan dos meses por avistamiento del culto de la bruja. —Marco se levanta de golpe, sentándose a mi lado y leyendo la carta con una expresion sombría. Sus manos tiemblan, y sus piernas se mueven ansiosamente.

Por la expresion que está haciendo puedo discernir lo que está sucediendo. «Esto no debe suceder, algo ha cambiado el futuro».

—Si hay avistamiento del culto, será necesario dedicar capital para la protección del estado Karsten —sugiere Wilhelm, y ambos asentimos.

—Te encargaré esa labor. Dedica escuadrones para la protección de la ciudad, asi como contrata mercenarios para proteger las rutas comerciales. —Ante mis palabras, Wilhelm asiente y se retira de inmediato.

Es una precaución por tomar, puesto que se sabe que los cultistas no tienen patrones de ataque obvios. No sabemos exactamente que los ha reactivado, pero probablemente se deba a una razón particular.

Félix entra de inmediato, y detrás de él veo a un mensajero demihumano.

Al entrar se inclina en señal de respeto.

—Vengo a traer un mensaje de carácter urgente —su voz se siente agitada, parece que de verdad será algo crítico—. ¡Se ha filtrado la lista preliminar de candidatos al trono!

Marco se levanta de inmediato, abalanzándose sobre aquel joven. Lo toma de los hombros y le grita:

—¡¿Quién la filtró?!

Mis ojos se abren en sorpresa, entendiendo de que se trata todo. Ahora que se ha filtrado la lista se sabe quiénes serán las candidatas, si el culto está en movimiento solo puede ser debido a ese futuro.

«Va a ocurrir un ataque en la mansión Mathers.» Normalmente no me preocuparía, estamos hablando del mago más fuerte del reino, junto a dos grandes espíritus y una maga prodigio. Realmente su campamento es más fuerte en términos de poder individual.

Pero en una batalla contra los números es difícil. Además, Roswaal. L Mathers no va a ayudar en nada, la chica espíritu no va a salir de la mansión y, Emilia, aunque fuerte, tendría que luchar prácticamente sola.

—¡No lo sé! ¡Solo me ordenaron decirte esto! —exclama con temor, temblando de miedo ante la presión de Marco—. El sabio Bordeaux fue quien dio la noticia.

Si fue él quien dio la noticia entonces no debería tener sospecha, además, ellos estarán protegidos. Flynn, su mejor discípulo es algo que solo conocemos las personas más cercanas al reino.

Es alguien que se encarga de la protección de personas en el poder que estén en peligro.

Así se decidió con los discípulos principales de cada sabio, Flynn es solo uno de ellos. Cada uno fue entrenado para un propósito particular. Quien realmente más me atemoriza es Iril, la discípula del sabio Tristán.

Pude sentir un aura extraña en ella la última vez que la vi.

El mensajero se va, dejándonos solos en la oficina. Marco aprieta sus manos con fuerza, para luego dar un fuerte pisotón.

—¡Mierda! —exclama, sentándose en el sofá. Se muerde el pulgar, mirando hacia la ventana con el ceño fruncido.

Si hay un ataque podemos evitarlo, el problema es que no sabemos el tiempo ni la hora. Debemos intentar protegerlos sin saber exactamente como.

—Creo que es hora de que vaya a la mansión Mathers. Mientras tu buscas información, yo intentaré crear una estrategia desde allá. —Marco mira a Félix, quien se señala a si mismo sorprendido—. Necesito que vengas conmigo.

Félix se sobresalta, sus orejas y cola se levantan. Esté inclina su dedo hacía Marco, señalándolo molesto.

—¡No te haré caso Nya! —Félix desvía su mirada, mirándome fijamente. Yo no cambio mi expresión, y sin hacerlo le doy a entender que debe hacer eso.

Félix se levanta de golpe, mirándonos a ambos.

—¡No me alejaré! —Félix sale y cierra la puerta de golpe, dejándonos a ambos en soledad.

Marco mira hacía la ventana, sus piernas moviéndose por la ansiedad del momento. Yo también; realmente es una situación crítica. Contábamos con la reunión de las candidatas para poder crear una alianza formal y de esa forma actuar con comodidad.

Acaricio mis piernas, intentando calmar esta sensación de urgencia.

Con las interacciones podríamos reforzar la seguridad con la excusa de que son relaciones comerciales. Si el ataque resulta ser antes entonces no va a ser fácil.

El tendrá que ir y hacerlo con esa pequeña fuerza que ha estado trabajando.

—¿Crees que esas armas de fuego sean suficientes? —pregunto, y el niega con la cabeza.

—Lo dudo, por eso necesitaremos ser más inteligentes. —Marco aprieta sus manos y mira hacía mí—. Voy a matar a Petelgeuse, el arzobispo de la pereza, con la ayuda de Emilia; creo que puedo lograrlo, pero no puedo proteger ese pueblo al mismo tiempo. Félix solo debe ejercer un rol de apoyo, asi como deberá de ir disfrazado.

Armas de fuego, el invento que más me llamó la atención. Pude ver un video de su uso, y fue entonces cuando temí; mi sangre se heló ante lo que pude ver. Un arma diseñada para matar a la máxima cantidad de personas de la forma más rápida posible.

«Algún día llegará el momento en el que la espada se vea reemplazada por estas armas». Siento un nudo en la garganta, pues yo vi muy bien su funcionamiento.

Pequeños proyectiles que atraviesan la carne y huesos sin problemas, más rápidos que una flecha y con la facilidad de no necesitar un gran entrenamiento. Lentamente hemos estado creando una fuerza, reuniendo gente con el objetivo de tener una posibilidad.

Marco se ha concentrado en la creación de un modelo de arma adecuado para la situación, mezclando la pólvora con cristales lamicta. Sus avances son apoyados por diferentes magos a nuestro mando, lo que nos ha hecho avanzar rápidamente.

Por parte de quienes usaran las armas: son hombres y mujeres que, tras una prueba, se han ido uniendo, pero no es algo que hemos sacado a la luz; Marco dice que no quiere mostrar las armas de fuego hasta que sea realmente necesario.

Planeábamos sacarlo a la luz con un gran ejército, pero no va a ser posible ahora.

—Supongo que no quedará de otra. —Finalmente acepta, y yo también asiento. Es una fuerza que no viene con el nombre de la familia Karsten. Es una fuerza desconocida que puede fácilmente ser tomada como la de simples mercenarios.

«El ejercito personal de Marco Luz». Aunque, en términos de poder, ningún mercenario podría aguantar. La fuerza de las armas hechas hasta el momento sin duda supera la de las espadas convencionales.

Sin acero, no hay posibilidad de sobrevivir.

Y eso será hasta que la máquina de vapor sea mejorada; pronto tendremos los lugares para hacer acero, si lo hacemos en masa entonces tendremos el monopolio de la industria en nuestras manos.

La máquina a vapor mejorada será el punto de quiebre que empezará a inclinar la balanza sin marcha atrás.

Son casi cien persona que hemos reunido, y, aunque no todos poseen armamento por las dificultades que hemos tenido en su creación, contamos con que la mitad tengan armas para la otra semana.

El problema es que no sabemos cuándo es el ataque.

—Te mandaré a ti para dar la noticia, es una buena excusa, también irás con Wilhelm, que irá para protegerte, con esa fuerza podrán resistir.

«Si se quedan unos días con la excusa de que Marco está recibiendo entrenamiento entonces puede ser valido».

Es su benefactor al final. Wilhelm y Félix pueden quedarse en Irlam pagándole a algún pueblerino, el problema es enviar un grupo de mercenarios sin que parezca sospechoso.

Es complicado, tenemos la fuerza, pero no podemos usarla.

Incluso si vienen de parte de Marco, sería algo demasiado vistoso como para no generar rumores. Al no tener la posibilidad de establecer relaciones, no tenemos de otra más que hacerlo por ellos mismos.

Nos quedamos discutiendo posibilidades, pero cada vez que intentamos decir algo nuevo quedamos en el mismo callejón sin salida.

—Salgamos por aire fresco, escuché que abrieron un restaurante hermoso y lujoso en la ciudad. —Marco suspira, y yo lo miro dudosa.

«¿Para qué salir si hay tantas cosas por hacer?» Marco mira mi expresion y sonríe, levantándose de la mesa.

—Si queremos pensar una solución debemos tener una mente abierta. —Él se estira, mientras yo me quedo mirándolo, sin entender cómo salir nos abrirá la mente a reconocer como usar las tropas—. Llevo varias semanas sin ver otro paisaje que no sea este, me siento arrinconado.

El me guiña el ojo, y yo lo miro seriamente. Recientemente lo he notado diferente, es un poco más abierto que antes, pero cuando estamos solos se vuelve otra persona.

—Es una rica comida, de seguro nos ayuda a abrir la mente y a encontrar la solución. —Sonríe, y yo lo miro con cautela.

Cree que no me he dado cuenta, pero, al contrario, me he mantenido alerta.

Yo no soy como antes, con más tiempo libre he podido leer ciertos libros. Eso me ha hecho abrir los ojos un poco ante el mundo que me rodea. «Si quiero cumplir mi propósito debo saber cómo alejarme de todas las distracciones».

—Solo quieres engañarme para salir contigo, no caeré en ese truco tan viejo. —Me cruzo de hombros, viendo de reojo su sonrisa—. Soy una duquesa, tú eres alguien de otro mundo. Mi corazón está en mi sueño.

El camina hacía la puerta, abriéndola lentamente y girando su cuerpo para mirarme directo a los ojos.

—Yo no he dicho eso, solo iremos a comer; tenemos la conciencia limpia. —Cierra la puerta con cuidado, dejándome sola.

Me cruzo de hombros, mirando hacia la puerta por unos segundos. No entiendo sus intenciones; solo somos dos personas usándonos mutuamente.

Me levanto, caminando hacía mi asiento y empezando a redactar las cartas para encargarnos del proceso a seguir. Deberemos adelantar los planes de inversión, así que iniciaremos con ellos de inmediato.

«El mercado va a empezar a rebotar». Si el culto vuelve a tomar acción entonces los precios de los alimentos e insumos van a subir, alcanzando un máximo en unos meses. Si queremos generar una burbuja de protección entonces debemos lograr algo que calme la sensación de peligro.

«Debería pensar también en la reacción de los competidores». Acaricio mi barbilla, pensando detenidamente.

Con esta información Anastasia empezará a comprar a gran escala, para luego vender en el momento que los precios se suban por la necesidad de compra. Eso es una buena manera, pero lo que me explicó Marco hace un tiempo realmente me hizo dar cuenta que somos ranas en un pozo.

No es porque sean más avanzados o diferentes a nosotros cerebralmente, simplemente no hemos vivido lo suficiente para llegar a ese punto. La necesidad de ellos de crecer y descubrir hace que su avance en conjunto sea más rápido que el nuestro.

El cuerpo humano por si solo es débil y frágil, por eso deben hacerse fuertes con la cabeza; su cuerpo no los protegerá siempre.

Mientras en este mundo mucha gente se centra en la fuerza o en el poder mágico, en ese mundo se centran en descubrir formas de entender su propio mundo; en eso nos llevan cientos de años de evolución.

Su mundo es mágico, mucho más mágico que él nuestro. Aún sin magia son capaces de hacer magia, es realmente sorprendente.

—Opciones. —Miro las cartas que estoy escribiendo, solicitando a granjeros la compra de materiales de la forma precisa que me explicó Marco.

Sus palabras abrieron un mundo que desconocía, pero que verdaderamente va a cambiar el mundo por sí mismo.

La compra de valores es importante, si bien nuestro mundo no posee algo tan detallado como el suyo, los acuerdos verbales siguen moviendo los precios en el mercado. Los cambios fluctúan y todo eso lleva a tener ganancias o pérdidas. Por suerte, los precios son manejados por el reino, encargándose de evitar la mayor cantidad de estafas posibles.

Esos precios varían con la oferta y demanda, y no se pueden cambiar fácilmente. Los precios de venta de los insumos que hace el reino son el estándar que se usa. Es el más aceptado y el que realmente utilizan todos.

Fue una propuesta de Miklotov McHanon, el líder de los sabios y la única persona que me causa una sensación de temor al tener que enfrentarle. Puede que haya interactuado con él, pero si quiero tumbar el consejo e instaurar nuevas medidas debo enfrentarme a él.

Por eso no vamos a comprar valores, si no opciones.

Lo haremos en diferentes campos, incluyendo la agricultura.

Por ejemplo, con el trigo, acordaremos con un granjero local comprar 100 sacos de trigo a un precio fijo de 10 monedas de oro por saco en un mes. Si el precio del trigo sube en el mercado a 12 monedas de oro por saco para ese momento, ejerceremos la opción y compraré los sacos a 10 monedas de oro, ahorrando así 200 monedas de oro en total.

Como sabemos que ocurrirá un ataque del culto gracias a la información del futuro es seguro que los precios van a incrementar en ese plazo. Los ataques del culto son sistemáticos, y la destrucción de las tierras y los peligros en las rutas comerciales incrementaran los precios.

Esto nos permite asegurar su suministro a un precio más bajo del que tendría que pagar en el mercado abierto.

Pero no todo es color de rosas.

Si una cosecha, inusualmente abundante, provoca una caída en el precio del trigo a solo 5 monedas de oro por saco, perderemos dinero si ejercemos la opción. En este escenario, estaría obligada a comprar los 100 sacos a 10 monedas de oro por saco, lo que resultaría en una pérdida de 500 monedas de oro en total.

Esto se debe a que estaría pagando más del doble del precio actual del mercado.

Sin embargo, las opciones tienen un beneficio maravilloso.

Como en este mercado no existen en este mundo, nosotros le damos valor a las opciones. Negociaremos con los dueños del servicio un precio a la unidad de su insumo. Por ejemplo, a esos 100 sacos les pondremos un precio de 2 monedas de oro por unidad.

Gastaremos 200 monedas de oro para que, en un mes, podamos comprarlas a 10 de oro por unidad.

Eso hace que, en caso de que el precio baje, solo haya perdido los 200 que costó ejercer la opción, de esa forma, para tener una ganancia real, necesito que el precio supere las 12 monedas de oro.

Sonrío, viendo que es una forma realmente increíble de llevar los negocios. Debo estar agradecida de verdad con su aparición. No me falta dinero, pero si temía al poder comercial de Anastasia Hoshin.

Nadie se negará a obtener ese beneficio, puesto que nadie piensa que los precios subirán abruptamente de la nada. Por eso juntamos la información del futuro, a la vez que nos preparamos para la subida de precio que habrá por las elecciones.

Cuando los diferentes gremios comerciales vean nuestra estrategia empezarán a replicarla, pero entonces tendremos la suficiente ventaja para poder construir un gremio comercial dedicado a la compra y venta de opciones.

Otto Suwen será el destinado a ese puesto. Marco dice que su talento es bastante grande, que realmente es una persona en la cual confiar.

Su paradero fue descubierto hace poco; pronto lo veré en persona. Lo malo es que Marco no estará, asi que tendré que hacerlo por mí misma.

—No lo veré en un tiempo. —Veo que ya se ha hecho tarde, asi que me levanto, yendo a mi habitación.

Miro las prendas que tengo nuevamente, pensando en si debería ir. Realmente preferiría concentrarme en lo que debo hacer. Sin embargo, él va a luchar contra el culto de la bruja.

No se sabe si volverá…

Pongo mi mano en mi pecho, sintiendo la ansiedad atacar mi corazón.

«¿Estoy preocupada por ese mentiroso?» Miro mis manos, y entonces suelto un gran suspiro.

—Supongo que puedo salir a acompañarlo. —Miro todas las prendas, y, para decidir, hago algo que nunca había hecho.

Lo dejaré a la suerte.

Cierro los ojos y agarro la primera prenda que tocan mis manos. Al abrirlos suspiro, viendo que el destino a veces es gracioso.

Me cambio, y entonces me miro al espejo. Un vestido de encaje negro, el vestido que suelo usar en banquetes formales. No me da pena usarlo, pero realmente no siento que valga la pena usarlo ahora.

«Podría escoger otra cosa, pero supongo lo usaré por hoy.» Una vez me visto, me peino y pongo un poco más de perfume.

—¡Lady Crusch! —Félix abre la puerta de golpe, y, al verme, se tapa las manos con la boca—. ¡Nya! ¡Lo que dijo Marco era cierto!

Félix se abalanza sobre mí, mirándome con una expresion juguetona, su sonrisa pícara me saca de quicio.

—¿Tú y Marco tendrán una cita Nya? —Él se inclina levemente, con su mano en su boca y sus pestañeos rápidos que colman mi paciencia.

Una cita, supongo que realmente podría describirse así. La diferencia es que entre nosotros no hay nada de eso, asi que no puede decirse como una cita. Aunque quiero decirle, lo mejor es salir del paso.

—Bueno, podría decirse. —Siento como esas palabras me pesan como lozas en la garganta. Félix abre sus ojos, y en unos segundos lo tengo sobre mí.

—¡Debe prepararse mejor! —exclama, y ahora soy yo la sorprendida. El empieza arreglarme, peinarme y acomodar mi vestido.

Lo que me tomó unos instantes a él ya le ha tomado más de veinte minutos. No quería tardarme para llegar rápido, pero parece realmente emocionado.

—Los hombres deben esperar a la dama, eso es una regla. —Sonríe, pero yo lo miro sorprendida. Normalmente él no gusta cuando interactúo con otros hombres; para que acepte Marco, debe tener un motivo.

—No es la gran cosa, realmente solo es para liberar el estrés. —Cuando digo esas palabras Félix me mira a los ojos.

—¿Entonces puedo ir? —su pregunta me toma por sorpresa, y yo miro hacia otro lado.

Realmente podría, pero eso sería faltar en mi palabra a Marco. Si él le dijo a Félix y no lo invitó es porque no desea que esté. Quizas hablemos sobre lo que va a suceder, entonces lo mejor es estar solos.

Aunque sea a desestresarse seguimos en la misma situación, aprovechar cualquier oportunidad es lo justo.

—No… —mi rechazo le hace sonreír.

—Nya, si hubiese sido antes lo habría rechazado. —Félix termina de arreglarme, dándome una mirada orgullosa—. Es un poco raro nyan, pero gracias a él ha estado sonriendo y viéndose más tranquila.

«¿Más tranquila?» Lo miro con duda, y el solo me devuelve una sonrisa. He estado mucho tiempo con él, asi que no es de extrañar que pueda ver cosas en mí que yo no veo. Lo que me sorprende es que use la palabra "tranquila".

Con tantas cosas y con todo lo que tenemos que hacer, estoy todo menos tranquila.

—Si no estuvieses tranquila no habrías aceptado salir, Nya. —Abro mis ojos, y veo que sus palabras son ciertas. Antes, jamás habría aceptado salir en una situación tan crítica.

Cierro mis ojos unos segundos, y luego Félix aplaude.

—Está hermosa, lady Crusch, su valiente caballero se encargará de enviar las cartas en su nombre. —Félix se inclina y luego sonríe—. Diviértase usted también, no como una duquesa, si no como Crusch Karsten.

Mi cabello está peinado de manera que cae en delicadas ondas, dando una apariencia natural.

El tejido de encaje adorna sutilmente el escote y las mangas, aportando un toque de elegancia que no veía en un tiempo. La falda, con un corte sencillo pero favorecedor, cae con suavidad hasta mis tobillos, brindando libertad de movimiento y una sensación de ligereza.

En cuanto a los detalles, un cinturón fino de cuero, decorado con una discreta hebilla dorada de estilo Karsten, marca ligeramente mi cintura, realzando la silueta de manera delicada.

Para protegerme del frescor de la noche, me cubro con un abrigo liviano que me gusta usar cuando salgo.

—¿Es esto lo que le gusta a las mujeres hoy en día? —pregunto, sin poder entender que es lo que le ven. No pueden moverse mucho porque se levanta la falta, tampoco podría pelear a gusto con esto. Sé cómo ser elegante cuando debo hacerlo, pero…

«Nunca lo he entendido, pero supongo debo aceptarlo».

Me inclino, viendo mis costados en el espejo, sintiendo una sensación cálida en mi corazón, como si el permitirme verme así fuese un deseo de mi yo oculto.

—Supongo que no está mal… —Recuerdo aquella vez en ese banquete, cuando bailé junto a Fourier. En ese entonces pensaba que ser Crusch Karsten sería mejor, pero todo eso acabó cuando vi la vil mentira del mundo.

Salgo de la habitación, dirigiéndome hacía la salida de la mansión. Voy caminando lentamente, cada paso sumiéndome en el pensamiento de dejar esto y ponernos a trabajar.

Doy un giro y lo encuentro, erguido, con la mirada fija en mí. Está usando un traje que él mismo ha diseñado, al que ha bautizado como "Vintage". Este traje que lleva realza sus hombros, otorgándole una estatura imponente y elegante.

El traje se ajusta perfectamente a su figura, destacando su porte seguro y distinguido. La chaqueta negra, con su corte clásico pero moderno, acentúa sus hombros anchos y su postura erguida, mientras que los pantalones caen con elegancia, completando el conjunto con estilo y la sofisticación suficiente.

Al verlo frente a mí, con ese traje que realza su presencia, no puedo evitar sentirme impresionada por su elegancia.

Es evidente que ha puesto un cuidado meticuloso en cada aspecto de su apariencia, y el resultado es una imagen de refinamiento y distinción que complementa perfectamente mi propio atuendo.

Solo vamos a salir a comer, aunque sea un lugar lujoso, no debería ser la gran cosa.

«¿Por qué parece una cita de verdad?»

—Te ves hermosa —son sus primeras palabras, para luego sonreír de oreja a oreja—. Realmente te ves hermosa.

Sus ojos brillan, mientras que yo me pongo a su lado mirándolo a los ojos con una sonrisa.

—Tú también te ves bien, ese traje, te queda bien.

Con esas palabras partimos, tomando el carruaje para llegar la ciudad. Una vez llegamos empezamos a caminar, y ambos vamos mirando todos los lugares con calma.

—¿Has leído el libro que te di? —pregunta, y yo asiento.

Marco es una persona habida en la lectura, en sus tiempos libres le gusta leer libros que pide desde la capital; al parecer hay una autora que le gusta mucho.

Helena Grandheart.

Ha comprado varios libros de ella, y dice que puede ver un talento a futuro que nos va a ayudar a ganar mucho dinero. Helena quizás todavía no lo sepa, pero se ha topado con un estafador.

Sonrío levemente, viendo su postura firme y la sensación de calma que transmite. A pesar de que estamos en una situación crítica estamos aquí, caminando por las calles de la ciudad.

—No pensé que se quitaría la vida al final. —Miro la gente avanzar, moverse con alegría y energía.

Poco a poco irá cambiando, asi es como avanza la sociedad. Crearemos nuevas cosas, nacerán nuevos negocios.

—¡Si! Yo realmente no había leído la historia, me sorprendió ese final. —Él se inclina levemente hacía mí—. ¿Si te gustó?

Asiento, mirándolo con una leve sonrisa.

—Realmente tiene talento, no entiendo su falta de popularidad. —Me encojo de hombros, reconociendo las injusticias de la vida.

No la conozco, pero si me gustaría financiar sus obras por completo y llevarlas a todo el mundo. Y lo hice, pero ella lo rechazó, diciendo que quería vivir con su abuelo por un tiempo.

—Falta de conexiones —dice, a lo que asiento de inmediato.

El mundo se rige en las conexiones que tengas, por eso debemos mejorar nuestras relaciones. Poco a poco iré mostrando a Marco al mundo; le he enseñado etiqueta de forma perfecta, por lo que no sufrirá con quien se tope.

Manejar las relaciones en esta época.

Tendré que llevarlo a reuniones, presentarle a diferentes nobles que sean aliados. No debo dejar que siga escondido. El pertenece a este mundo, dejarlo encerrado no le va a hacer bien. Su rechazo de conocer este mundo es solo una prueba de que no lo ha aceptado; rechazar la realidad en la que vives no le hace bien al cuerpo y a la mente.

—Sobre la prensa… —lo miro con curiosidad, puesto que antes me contó un poco, pero no me explico nada.

—Mira. —Señala hacía el cielo por un segundo.

Sin darme cuenta, llegamos a un puente, y el atardecer parece estar por llegar. Él se detiene, mirándome fijamente. Parece que se cortó el cabello para venir; sin duda se preparó.

«Supongo que debo agradecerle a Félix por prepararme».

Llevo notando las miradas que nos da la gente desde hace un tiempo, así que estar en este puente a solas me tranquiliza un poco.

—Necesitamos primero encontrar el papel adecuado, la maquinaría no es compleja de hacer, y aunque con la maquina a vapor sería más rápido, podemos hacerla sin necesidad de ella. —El mira hacía el horizonte, colocando sus manos en el muro del puente—. Beatrice me ha dado varias ideas para mejorar la maquina a vapor, podría ver cómo mejorarla cuando vaya a la mansión Mathers. El grupo de magos también, sin su apoyo no sería posible hacerla tan eficiente como ahora.

La relación entre ambos ha ido mejorando poco a poco. Al principio Marco le mandaba cartas a la señorita Emilia semanalmente. Sin embargo, a la gran espíritu se las enviaba diariamente.

Le contaba su día, le preguntaba sobre el suyo, hablaba sobre sus experimentos o trabajos, pero ella no le respondía. Después de un mes de mandarle cartas diarias, hace apenas una semana recibió la primera respuesta.

"¡No me molestes!" Esas fueron las únicas palabras en la carta de la gran espíritu. Al principio me molesté un poco, pues apreciaba el esfuerzo que colocaba Marco en intentar hacerla feliz.

Pero entonces, vi como sus ojos se aguaron por un segundo.

"Que tierna es…"

Aún puedo recordar la alegría que le vi cuando recibió esa carta: saltando y festejando como si se tratase de su más profundo amor. Su debilidad es la gente solitaria, no puede evitarlo, es como si algo en él le hiciese hacer todo lo posible por sacar a la gente de ahí.

—Quizas pueda hacer un contrato con ella, quien sabe… —Cierra sus ojos, y en este momento, aunque el atardecer debe verse hermoso, decido mirar su rostro un poco más—. Ella lleva cuatrocientos años atrapada en el destino, por eso quiero liberarla, pero realmente no sé cómo hacerlo.

Es complejo, por lo que he entendido, no creo sea tan fácil como pedírselo; en especial por que no han interactuado lo suficiente.

—Lo que ella desea es claro, pero no puedo alcanzarlo. —Marco abre sus ojos, y su mirada se fija en la mía—. Aunque la conozca, asi como conozca su historia, no quiero engañarla con actitudes impropias de mí.

Yo desvío la mirada, molesta por esas palabras arrogantes. El cree que puede entender a todas las personas, asume que lo que sabe por ese libro esta impreso en piedra.

«Me molesta eso».

—A veces los deseos son cosas que no podemos entender. —Los deseos varían con cada uno, pero la susceptibilidad ante ese deseo es lo que le hace difícil o fácil de conseguir.

Si ella siente una pisca de esperanza y Marco logra tomarla entonces podrá ayudarla, pero no es tan fácil como decir que entiende su deseo y todo de ella.

Asumir esas cosas me parece irresponsable.

—¿Puedes saber cuál es mi deseo ahora mismo? —pregunto, y él se queda pensando unos segundos, para luego responder con una sonrisa.

No dudo adivine, realmente no es difícil, pero estoy segura no irá más allá de eso. Después de todo el corazón de una mujer no es fácil de entender.

—Deseas estar trabajando. —Señala hacía el cielo con el dedo mientras me sonríe—. Supongo que no debí invitarte.

Entonces rechazo con la cabeza sus palabras. Como supuse, realmente no lo ha entendido.

—Tu sonrisa refleja la mía —añado, un atisbo de emoción en mis palabras, mientras inhalo un suspiro apenas perceptible—. Es un dilema, deseo seguir con mi trabajo, pero estar aquí, contigo, también es algo que deseo en este momento.

El me mira con una expresion confundida, como si acabase de decirle un acertijo. Se cruza de hombros, y yo involuntariamente me estoy riendo. Coloco mi mano en mi boca mientras veo como el sol se esconde en el ocaso, dándole paso a la luna para brillar.

«Como supuse, se da de muy inteligente y arrogante, pero es solo otro hombre más».

—Vamos, ya tengo hambre. —Avanzo por delante de él, y el da un pequeño salto para ponerse a mi lado.

—Entender completamente a una mujer es algo imposible para un hombre. —Realza su pecho, mientras mira hacia adelante—. Entiendo lo que me quisiste decir, lo siento por asumir las cosas de esa forma. Yo también sé que los deseos son propios de cada uno, que no es la misma Beatrice que la del libro.

Al decirlo siento un contacto en mi mano, un golpe cálido me invade, afirmándose sobre mí. Su agarre, firme y suave a la vez, me toma por sorpresa. Ya no puedo escuchar lo que está diciendo, pero sigue actuando como si nada pasase.

«¡Lo dijo para aprovecharse de mí!» Sigo viendo su mano, sosteniendo la mía mientras caminamos por la ciudad. La luna y las estrellas que brillan mientras solo estamos los dos. El mira hacia adelante, y veo que está levemente sonrojado.

Siento que mi rostro empieza a calentarse, me encuentro sin poder decir nada.

—¿Crees que pueda llegar al corazón de Beatrice? —pregunta, y yo lo miro dudosa.

—Eres un estafador que se aprovecha en la mínima oportunidad. —Miro hacia otro lado, y el suelta unas pequeñas carcajadas.

Sin soltarme de la mano seguimos avanzando, actuando cada uno como si fuese lo más normal del mundo. No sé mucho sobre las citas, pero realmente no entiendo por qué tomar de mi mano ayudaría.

—Quiero hacerlo desde el fondo de mi corazón, para hacerla sonreír de verdad. —Sus palabras vienen junto a una ventisca de la verdad. Sonrío, viendo que su verdad también va acorde a sus emociones.

—Pero a cierta duquesa no, ¿cierto? —Ante mi intento de molestarlo el alza nuestras manos, sonriendo mientras me aprieta con más firmeza.

Él me sonríe, y entonces puedo ver como sus ojos brillan sin esa oscuridad que lleva siempre. Por un breve instante, pude ver al Marco que se oculta bajo esa capa de dolor y oscuridad.

—Desde el fondo de mi corazón. —Mueve nuestros brazos, dejándome sin poder responderle.

—¡Hmpf! —Miro a otro lado, y cuando me doy cuenta estoy sonriendo también.

«Supongo que no se siente mal».

Seguimos caminando, hablando de cosas triviales mientras avanzamos a nuestro destino. Cuando llegamos, miro que se trata de un restaurante en una de las nuevas construcciones. Su estructura con ventanas de vidrio lo hacen ver como un restaurante verdaderamente lujoso.

Entonces, solo ahí Marco suelta mi mano.

El ingresa al restaurante, y empieza a hablar con un mesero.

Miro mi mano, viendo que está ligeramente sudada. Uso magia para secarla, y en el fondo siento la vergüenza por no darme cuenta de ello. Estaba tan absorta en nuestra conversación que luego me olvide por completo.

Se sentía natural, aunque no me gusta que venga de un mentiroso.

«Te ves más feliz y relajada». Las palabras de Félix verdaderamente me sorprendieron, pero supongo es cierto. De alguna forma este mentiroso tiene la habilidad de hacerme sentir tranquila.

«Supongo que no debo tratarlo como un estafador de nuevo».

—¡Claro! ¡La mesa que el señor reservó hace cuatro días se encuentra en el último piso del balcón! —exclama el mesero, mientras que Marco evita el contacto visual conmigo.

Aprieto mis manos, retractándome de las palabras que acabo de decir. Mi mirada fulminante es hábilmente evitada mientras soy llevada hacía el balcón.

«Desde un principio ya esperaba traerme aquí».

No me sorprende que Félix llegase tan bien preparado, ambos me tendieron una trampa para que saliera.

Marco me extiende la silla, y yo me siento de brazos cruzados mientras el mesero se inclina y se aleja. El me mira con una sonrisa algo incomoda, mientras yo lo miro con mis labios sellados.

No puedo creer que intenté defender a este estafador.

Me engaño para traerme con la excusa que necesitaba aire fresco. Pensaba que lo estaba ayudando, pero solo era para cortejarme. «¿Qué es lo que quiere? ¿Acaso busca que me enamore para obtener mi poder?»

«¿Qué puede querer un estafador como él de mí?»

—Admito mi culpa, debí decirte que ya tenía esto reservado. —El viento de la verdad se asoma, pero sigo sin creer sus palabras—. Quería traerte acá para refrescar la mente, no tiene nada que ver con planes más a futuros o algo. Solo quería traerte, nada más.

Tras decir esa verdad suelto mis brazos, suspirando enormemente.

—Sabes que tengo un objetivo que cumplir, no estoy para nada más. —Rechazo sus intenciones. Aún puedo sentir la sensación de sostener su mano, pero incluso eso se aparta de mi propósito.

El rechaza con la cabeza, para luego mirarme con sus ojos de una forma que atraviesa mi propia alma. Siento que algo se quiebra en mí, como si me pidiese que le preste toda mi atención.

Esos ojos cafés no apartan la mirada de mí.

—Tu propósito no se aleja de lo que hicimos hoy. Vamos a escapar del destino, pero también vamos a construir una vida fuera de este. —Él me sonríe, tomando mis manos y poniéndolas encima de la mesa—. Te prometo serás una reina, pero asi como tú eres tú objetivo también eres Crusch Karsten. Siendo ambas cosas serás más fuertes que siendo solo una, después de todo…

Me quedo mirándolo, sin poder decir palabra alguna. Hoy recibimos una noticia crítica, tenemos mucho trabajo por hacer y, sin embargo, a pesar de llevar trabajando todo el día, me siento tan llena de energía que podría trabajar por semanas sin descansar.

«Son las mismas palabras que dijo Fourier, pero creo que por fin empiezo a entenderlas».

—Mi deseo era traerte aquí, tomar tu mano y ser Marco Luz. —Siento el leve temblor en su agarre, mientras su expresion se hace complicada—. Para mí es difícil, y la situación en la que estamos lo hará aún más difícil.

Es cierto, nada garantiza que nuestros planes funcionen. Pero, a pesar de saber eso, no siento la urgencia que sentiría en otro momento.

—Yo… Yo también tenía miedo, y quería simplemente concentrarme en lo que debía hacer, pero entonces me dieron una paliza para que intentase liberar mi carga. —Él se ríe levemente, y yo no puedo evitar sonreír.

—Lo merecías, me la debías por engañarme. —Aprieto sus manos, mi venganza por volverme a engañar.

Realmente no sé qué es lo que depara el destino, pero de alguna forma agradezco a ese libro de la sabiduría. Si pudo escribir este momento, entonces siento que debo agradecerle.

—Estar aquí es lo que deseo, y espero cuando vuelva podamos volver a hacerlo. —Me guiña el ojo, y yo desvío la mirada.

—No me dejaré engañar de nuevo.

Marco sonríe, y entonces ambos miramos al cielo. Miro las estrellas, miro ese hermoso firmamento que siempre se mantiene para nosotros. Pensar que son objetos gigantescos tan lejanos que nunca los podré alcanzar me hacer pensar en la magnificencia de lo que es el universo.

Y de lo minúsculos que somos.

«Es como si mis problemas fuesen en realidad pequeños». Como si yo misma fuese quien los ve de tal magnitud, cuando en realidad tienen solución.

Aprieto sus manos, pensando en el infinito de este instante.

—La próxima vez te invitaré sin mentir.

Solo somos los dos, luchando contra el destino.

—Si.