Luz en la Oscuridad


—Primero que nada —interrumpo, mi mirada se encuentra con la confusión en los ojos de Luan. Estoy a punto de revelarle un pequeño secreto que hasta ahora le habíamos ocultado.

Siento cómo mi corazón late con fuerza en el pecho, ansioso por compartir lo que sé.

Un cosquilleo nervioso recorre mi cuerpo, indicándome que es hora de que se enterasen. La detengo con un gesto de mi mano, consciente de hacia dónde se dirige.

—Voy a contarlo todo, desde cómo conocí a Marco hasta su pasado —digo, entrelazando mis dedos con una sonrisa, pero mi voz tiembla ligeramente por la emoción que me embarga al recordar cómo apareció ante mí—. Y no te disculpes conmigo; ese golpe fue un recordatorio bru~~tal de la realidad que aún resuena en mí.

Casi como si estuviera destinado, Marco ha sido un faro desde el momento en que apareció.

Comienzo a relatarles la historia de la persona que ha conquistado nuestros corazones. Primero, les hablo sobre cómo Marco llegó a este mundo.

—Marco fue invocado, aunque aún desconocemos quién lo hizo —digo, desviando la mirada hacia el suelo mientras considero las posibilidades. Siento un nudo en la garganta al pensar en las dificultades que ha enfrentado, pero ahora, ese nudo de disuelve ante la fuerza de mi corazón—. Cuando lo vi por primera vez, luego de que me robaran la insignia, pensaba que era un ladrón, jejeje.

Mi risa se escapa, solo puedo recordar su actitud, como si ayudarme estuviese entre sus planes. Todos me miran con una sonrisa, a la vez que les voy contando todo.

—Él llegó, hizo un gran discurso y luego fue a mi salón de estudio a regañarme. "Voy a apostar por ti, por el potencial en tu interior" —sus palabras son claras, no importa el tiempo, las recordaré por la eternidad de mi existencia.

—Sobre su pasado, realmente no lo he terminado. —Muevo mis dedos, a la vez que siento el miedo de perderme, mi corazón latiendo, mi cuerpo temblando levemente.

Explico lo que Marco me ha contado; casi fue asesinado, pero de alguna manera terminó en este mundo por arte de magia. No quiso dar más detalles, y yo respeté su silencio, aunque mi curiosidad me consume por dentro.

—No quise presionarlo más, así que en parte es mi culpa —añado, con un suspiro que deja salir la culpa en mi interior.

Continúo narrando su historia, describiendo cómo es su mundo: un lugar sin magia, pero lleno de tecnología incluso más avanzada que la magia. Un mundo donde la ciencia reina sobre la magia.

—Entonces, vi una maquina voladora. —Recuerdo la primera vez que lo vi viajar en helicóptero. Siento un leve temblor en mi cuerpo, la emoción de experimentar algo así alguna vez—. En ella cabían varias personas, y viajaba rápido, mu~~y rápido.

Las miradas asombradas de mis amigos lo dicen todo, aunque Crusch ya conocía buena parte de esto. Sin embargo, es diferente. Marco lo explica sin adornos, pero para mí sigue siendo tan mágico y hermoso que siento que aún me faltan palabras para describirlo.

Continuo explicando, contando lo sucedido, la primera vez que presenció los cristales lamicta.

En el punto culminante de nuestra conversación, el aire nocturno se cuela suavemente por la ventana, templado y reconfortante, como si intentara calmar los corazones agitados en la habitación.

El brillo plateado de la luna se filtra a través del cristal, creando destellos misteriosos que bailan sobre los rostros de mis amigos, añadiendo una atmósfera de solemnidad a nuestra discusión.

—¿Cristales Lamicta? —La sorpresa en los ojos de Otto y Crusch apenas puede competir con la expresión casi gélida de Luan.

—Creo que comprendo las palabras de Marco. —Luan se recuesta en la cama, contemplando el techo—. Según lo que me has transmitido, creo que puedo llegar a una conclusión.

Todos dirigimos nuestra atención a Luan, quien extiende su mano. Yo también he reflexionado mucho, pero lo que me viene a la mente es tan inquietante como lo que Luan está a punto de expresar.

—Quizás su trauma fue tan devastador que su mente borró los detalles y solo retuvo las emociones. —Luan coloca su mano en su pecho, su mirada llena de pesar—. Lo que no logro entender es porqué ahora está recordando.

A mí se me ocurre algo.

—Echidna, la bruja de la codicia. —Dirijo mi mirada hacia la ventana destruida, donde las ráfagas de viento entran—. Es posible que ella haya intervenido de alguna manera; estoy segura de que Marco la vio cuando entró a la tumba.

Hasta ahora, la existencia de brujas, aparte del monstruo que causó tanto daño, se menciona como un tabú, pero si hay personas consideradas brujas.

Son individuos con un poder inmenso, pero, más que eso.

Son diferentes.

—Marco me introdujo a un concepto. —Observo hacia la ventana, la luz de la luna baña el lugar—. Los siete pecados capitales.

Una hebra de cabello rosa resplandece por un momento, pero lo ignoro y vuelvo mi atención hacia mis amigos. Los observo a todos, buscando una respuesta.

Comienzo por explicarles, asegurándome de que comprendan.

—¿Entonces hay más brujas con poderes similares a los arzobispos? —interroga Otto, pero niego con la cabeza

—Aún no lo sé, pero creo que es posible.

Sin llegar a una conclusión, continúo narrándoles.

—Luego, él y María se enamoraron. —Un nudo se forma en mi garganta al recordar lo que está por suceder.

Lo que Marco sintió, todo lo que me fue transmitido. Lo liberaré, liberaré todas sus emociones sin omitir ni un solo detalle. Las dejaré libres para que él pueda avanzar junto a ellas cuando las necesite.

Respiro profundamente.

—No era su primer amor, pero sin duda fue el más profundo. —Contemplo mis manos, preguntándome por qué el destino tiene que ser tan implacable con alguien así.

Alguien con tantas esperanzas y sueños, alguien lleno de felicidad e inocencia.

Les relato cómo fueron traicionados y obligados a huir. Todos comprenden la gravedad de la situación; solo el maná, una habilidad excepcional, podría enfrentarse a sus armas superiores como esas.

Nada que un Marco sin más que su frágil cuerpo pueda enfrentar.

El miedo y la desesperación se reflejan en sus rostros mientras escuchan atentamente mi relato.

La muerte de los padres de Marco.

—Es por eso por lo que… —Luan mira sus manos, una lágrima solitaria se desliza por su mejilla—. Siempre me trató con tanto cuidado y cariño…

Les cuento cómo, a pesar de todo, Marco siguió adelante, siendo fuerte y reprimiendo sus lágrimas. Intentó mantener una fachada de fortaleza.

—Es casi como si fuera natural para él —afirma Otto, mostrando una gran comprensión. Marco siempre fue así, no como resultado de un trauma, sino como una forma de enfrentar las emociones.

Equivocada, tal vez, pero esa es su manera.

Continúo con mi relato, mientras mis lágrimas fluyen sin cesar. Mis manos tiemblan, pero Crusch y Luan las sostienen. Ambas me sonríen mientras lucho por recuperar el aliento.

Está bien, ahora puedo llorar, puedo llorar y ser débil.

Para tener fortaleza cuando la necesite.

—Y, por último, después de la muerte de su mejor amigo, vino la muerte de la persona que amaba.

Les explico cómo había una presencia extraña desde el principio, una energía desconocida impregnaba el ambiente.

—Echidna me lo dijo, era miasma. —Mis lágrimas no cesan, pero de alguna manera siento que no lloro por mí.

Es como si estas lágrimas fueran las suyas, la sensación de estar llorando por él, como en esa sala de cine.

Pero esta vez las acepto, acepto estas lágrimas en su nombre.

Les relato cómo María comenzó a comportarse de manera extraña, todo debido al profundo shock de perder a sus padres, así como por la influencia del miasma.

Estoy a punto de contar el desenlace, pero las palabras se atascan en mi garganta.

—No puedo decirlo. —Bajo la mirada hacia el suelo, aferrándome a las manos de ambas—. No quiero que piensen mal de él.

No quiero que vean a Marco como un monstruo.

No fue su culpa, no era algo que pudiera controlar. Marco, Marco era solo un niño.

Un niño que se vio obligado a madurar demasiado pronto.

—No lo haremos, te lo prometemos. —Otto me mira a los ojos, y aunque estoy perdida, sus palabras me reconfortan—. Lo que sea que haya pasado, lo aceptaremos.

La reacción de mis amigos es tan comprensiva, pero quizás porque no lo vivieron como yo. No lo sintieron en lo más profundo como lo sentí yo.

Una vez les cuento todo, revivo en mi mente la imagen de Marco: cómo mató a María sin mostrar emoción alguna. Puedo sentir mi corazón latiendo con fuerza en mi pecho, ansioso por compartir este peso que llevo dentro.

Luego, la devastadora revelación de su reacción al darse cuenta de su embarazo y acabar con la vida de su propio hijo. Cada palabra que pronuncio parece hacer un nudo en mi garganta, dificultándome el respirar.

—Hasta ahí no pude soportarlo más. —Mis lágrimas continúan fluyendo sin control, y veo reflejadas en los rostros de mis amigos una mezcla de dolor, comprensión y rabia. Los gestos de sus rostros me lo dicen todo, aunque no soy experta en interpretar emociones, la expresión de sus ojos me habla de su compasión y empatía.

Solo espero que puedan perdonar a Marco, que puedan hallar la paz que tanto necesitan.

—Es... horrible, pasar por todo eso, esforzarte tanto y luego perderlo todo. —Crusch aprieta mis manos con fuerza, y siento su apoyo en cada apretón.

La sensación de su contacto reconfortante me da fuerzas para seguir adelante.

—Yo le dije cosas horribles a Marco antes, quizás mostrando mi propia frustración por no poder hacer nada. —Crusch cierra los ojos con pesar, y asiento con la cabeza, comprendiendo su angustia.

—No lo sabías, y Marco tampoco lo iba a contar. —Le sonrío a Crusch, aunque mis lágrimas continúan cayendo sin cesar, como pequeñas gotas que intentan encontrar su camino en la oscuridad.

Ella abre los ojos lentamente, y sin necesidad de palabras, percibo que ha llegado a una revelación. Quizás esta experiencia nos ha abierto los ojos a todos, nos ha hecho ver más allá de nuestras propias creencias y prejuicios.

Pensaba que, al contarles la historia, ellos la verían como yo la vi.

Pero en cambio, veo que se han conectado más con ella, a su manera, han transformado el pasado de Marco. Parece que lamentan sus acciones pasadas, que entienden cosas que antes no comprendían.

Aunque quizás no sientan el mismo dolor que yo o que Marco, sé que lo que les he compartido les ha afectado. Comprenden el sufrimiento, aunque sus pensamientos difieran.

Creo que he descubierto algo importante. Una fuerza que no había encontrado antes, una fuerza que me impulsa a seguir adelante, a luchar por lo que creo justo.

—Haré la prueba de nuevo, demostraré a Marco que su pasado puede superarse. —Aunque para él no sea fácil, aunque para nosotros tampoco lo sea.

Que yo lo supere yo no significa que él lo hará. Pero, estamos juntos en esto, apoyándonos mutuamente en nuestro viaje hacia la sanación.

Niego con la cabeza, rechazando mis propias palabras con determinación.

—No, superaré su pasado para poder acompañarlo, para estar junto a él hasta que sea capaz de superarlo por su cuenta —proclamo con convicción. Todos asienten en afirmación, sus sonrisas reconfortantes me llenan de ánimo.

Siento la fuerza trasmitida en sus miradas, unidos en nuestro dolor compartido.

A medida que hablamos, mi corazón se llena de una sensación cálida y reconfortante. Aunque no recibí un apoyo directo después de contar su historia, el simple hecho de compartirla con personas que me importan y ver sus reacciones me hace sentir acompañada.

Para él.

Para nosotros.

Preparamos un plan para enfrentar las adversidades que se nos presenten y nos dirigimos hacia la tumba, listos para actuar. Todos queremos salir adelante, y juntos seremos tanto la fuerza como la debilidad del otro, el apoyo que cada uno necesita.

No estoy sola, creo que, a diferencia de antes, esta vez lo tengo claro. Nunca lo estuve, pero ahora ya no me siento sola.

«Betty, Puck… los traeré de vuelta para que tampoco estén solos.»

Mientras avanzamos hacia nuestro destino, aprieto mis manos con determinación, buscando fortaleza en el contacto conmigo misma. Mis ojos se abren en sorpresa al ver a una figura inesperada: una chica de cabello rosa, cuya mirada llena de incomodidad y molestia me sorprende.

Parece que alguien estuvo escuchando en silencio.

—jejeje. —Cubro mi sonrisa con mi boca, solo para ver cómo nos dirige la mirada.

Intento contener mi sonrisa mientras ella se acerca y, con gestos animados, Otto trata de saludarla, pero ella lo ignora por completo y se dirige hacia mí.

—Yo fui el que organizo todo, ¿Por qué me tratas así? —Otto mira hacía Ram con ojos llorosos, víctima de su broma.

La tensión se alivia un poco cuando todos ríen ante la broma de Otto, excepto Ram, cuya mirada se clava en la mía.

—¿Pasa algo, Ram? —Sonrío, decidida a no dejarme llevar por la tensión. No permitiré que las actitudes negativas contaminen este momento.

A pesar de la expresión de frío que veo en los rostros de los demás, personalmente no lo siento. Sé que con la llegada del invierno muchas cosas cambiarán tanto para el santuario como para Irlam. Por eso, es crucial salir y prepararnos para lo que está por venir.

—Cuando la pequeña hormiga vino a hablarme sobre unirme para ayudar al señor Roswaal, pensé que no podría tener algo concreto. —La mirada de Ram se dirige al cielo, su rostro siendo iluminado por la luz de la luna—. Incluso yo misma dudaba de la posibilidad de ver algún progreso, pero si algo es seguro es que quiero ayudar al señor Roswaal.

Mi determinación se mezcla con un ligero temor que apenas puedo ocultar.

Tomo las manos de Ram, obligándola a mirarme a los ojos. A pesar de su actitud aparentemente indiferente, sé que se preocupa de verdad. No solo por Roswaal, sino también por Marco.

—Ayudaré a Marco, estoy seguro de que él sabe cómo hacer algo con Roswaal —le digo con convicción, y veo sorpresa en sus ojos.

Ram gira la cabeza rápidamente, quizás un poco avergonzada.

—Ese veneno no me importa —dice con un atisbo de sonrisa, aunque la borra rápidamente.

Aunque no lo diga, sé que Ram aprecia mucho a Marco. A pesar de sus discusiones, siempre terminan llevándose bien. Ram se preocupa por él, aunque le cueste admitirlo.

—Jejeje —una risita escapa de mis labios—. Me encargaré de ello. No tengo muy claro qué está pasando con Roswaal, pero si trayendo a Marco podemos ayudar, entonces eso haré.

Aprieto mis manos, y Ram se aparta un poco. El camino está claro, ahora solo tengo que enfrentarlo. A diferencia de antes, ahora tengo a todos aquí, listos para verme triunfar.

Mientras camino hacia la tumba, veo a Otto aún en el suelo.

La tumba es demasiado grande para ser solo para una persona. Echidna debe tener planes aparte de lo que le hizo a Marco. No entiendo qué están ocultando ambos, pero Roswaal también parece estar al tanto.

—¡Demuéstrale quién eres! —grita Luan, haciendo que me gire en su dirección. A pesar de su energía, sé que la quiero mucho.

—¡Sí! —respondo, poniendo mi mano en mi cintura y extendiendo mi brazo hacia el cielo, como si fuera lo más natural del mundo.

«¿Por qué hice eso?»

«Bueno, simplemente se sintió bien.»

La tumba se ilumina, indicando que la prueba está lista para ser enfrentada. Mis manos comienzan a temblar, pero esta vez no me siento mal por ello.

—Tengo miedo, pero también estoy lista para enfrentarlo —confieso en voz alta. El miedo no va a hacerme cambiar de opinión, debo aceptarlo y usarlo para prepararme.

Marco, tu mundo es algo que quiero ver, algo que quiero entender. Pero incluso si puedo sentir tus emociones y ver lo que sufres, sé que nunca podré experimentar lo mismo que tú.

El mundo no me cambiará.

Cada vez más cerca de dar la prueba, me digo a mí misma:

—Si quiero cambiar el mundo, entonces debo cambiarme a mí misma —digo con determinación—. Si quiero ayudarte, debo ser capaz de cambiar yo, sin dejar de ser quien soy.

Me siento, y rápidamente mi visión cambia. Estoy en una sala de cine, con luces tenues que suavizan mi vista, y una pantalla en blanco frente a mí. Con una sonrisa, observo a Echidna, visiblemente molesta, con los brazos cruzados.

—¿No te parece una sonrisa horrible esa que cargas? —me provoca Echidna, pero sus palabras llenas de odio no me afectan. Sé que es solo su forma de ser, y no necesito caerle bien a todo el mundo.

—Bueno, a mí me gusta —respondo con una sonrisa aún más radiante.

Ella intenta otra táctica, señalándome y lanzando una pregunta cargada de veneno:

—¿No es hora de que te rindas, después de salir llorando dos veces ya?

Pero esta vez, no hay palabras que me puedan derribar.

—Bueno, también lloraré esta vez; no tengo por qué negarlo —afirmo, poniéndome frente a ella y sosteniendo su mirada—. Ya que hiciste una apuesta con Marco, ¿qué tal si haces una conmigo?

Echidna cambia su expresión, una leve sonrisa asoma mientras se encoge de hombros.

—¿Qué podría querer yo de ti? —suspira, esperando mi respuesta.

Aunque parezca odiarme, sé que hay una forma de cambiar esto.

—Te daré mi cuerpo. Será resistente y vivirá por mucho tiempo, así podrás hacer lo que quieras con él —ofrezco, poniendo mi mano en mi pecho con confianza.

Su sonrisa desaparece, y por un momento, sus ojos se clavan intensamente en los míos. Puedo sentir el peso de su mirada como una presión en mi pecho, mientras su expresión se vuelve seria.

Luego, estalla en carcajadas, un sonido estridente que resuena en la habitación y en mi mente. Cuando finalmente se calma, su risa se desvanece en el aire.

—Tu cuerpo no es ni la mitad de especial que el de él —dice con una sonrisa burlona, y puedo percibir el desdén en cada palabra que pronuncia.

Sus palabras golpean como un puñetazo en el estómago, y siento cómo un escalofrío recorre mi espalda mientras trato de mantener la compostura.

«¿El cuerpo de Marco es especial?» Sus palabras me hacen reflexionar. «¿Qué secretos oculta Marco que ni siquiera yo conozco?»

Quizas ni él lo sabe…

—El candidato a sabio, alguien capaz de albergar en su cuerpo todos los tipos de poderes, alguien cuya mente es capaz de soportar grandes cantidades de información. El solo ser un candidato te convierte en alguien con un potencial ilimitado —explica Echidna, con una mirada desafiante que me hace estremecer.

Puedo sentir la intensidad de su mirada como una quemadura en mi piel, mientras sus palabras resuenan en mi mente como un eco inquietante.

Entonces, lo que sucedió esa vez... Todo cobra sentido.

La revelación me golpea como una ola, dejándome confundida, mientras intento asimilar la magnitud de lo que Echidna acaba de revelar.

—Él también puede poseer y usar todas las autoridades, los poderes de los arzobispos de la bruja —continúa Echidna, su voz resonando en la habitación con un tono de triunfo.

Puedo sentir la gravedad de sus palabras como un peso en mis hombros, mientras la realidad de la situación se hunde en mi conciencia como una losa.

Así que Marco tiene un destino extraordinario. «¿Es por eso por lo que quería ocultarlo?» Me duele pensar que haya cargado con ese peso en silencio, temiendo ser visto como un monstruo, un enemigo.

Un nudo se forma en mi garganta, y tengo que hacer un esfuerzo consciente para contener las lágrimas que amenazan con escapar de mis ojos.

«Tonto Marco», pienso con cariño, aunque mi corazón se aprieta de dolor. Quisiera poder abrazarlo y consolarlo, pero sé que ahora no es el momento.

Vuelvo a sonreír, extendiendo mi mano hacia ella. Mi mano tiembla ligeramente, pero trato de mantenerla firme, mostrando determinación a pesar de mis miedos y dudas.

—Entonces, ¿qué tal si te doy información sobre la ubicación de la puerta del sello? —propongo con una sonrisa más amplia, tratando de ocultar mi nerviosismo tras una fachada de valentía—. Y no solo eso, te ayudaré a abrirla.

Si mis sospechas son ciertas, quizás Echidna no me odia a mí en realidad. Quizás lo que rechaza es lo que represento. Un escalofrío recorre mi espalda, pero esta vez es de anticipación, no de miedo.

—¿Acaso sabes lo que hay detrás de ese sello? —su pregunta me hace temblar levemente, y siento cómo la incertidumbre se apodera de mí como una mano fría que me estruja el corazón.

Es como si instintivamente mi cuerpo reaccionara ante el peligro, recordando el pasado y los eventos traumáticos.

El recuerdo de lo que Pandora intentó hacer vuelve a acechar mis pensamientos, provocando una sensación de ansiedad en lo más profundo de mi ser. Sé que ella tiene un motivo para querer esa información, pero su odio hacia mí indica que no es precisamente por ser yo.

«¿Miedo?»

Sus ojos se abren en sorpresa ante mi propuesta, pero rápidamente adopta una expresión neutral.

No hay emoción en su mirada, solo una especie de reflexión pensativa. Cuando finalmente responde, lo hace con una aparente indiferencia, como si estuviera jugando un juego que le aburre.

—Haré la apuesta, pero solo por diversión —dice, desviando la mirada por un instante antes de continuar—. Si te hago daño, alguien podría terminar odiándome, así que, si pierdes, me darás la información que quiero y me ayudarás en lo que necesite. Serás mi... —Su sonrisa se amplía, como si disfrutara de la situación—. Esclava.

Asiento, aceptando el trato con resignación. Extiendo mi mano hacia ella, pero parece reacia a tocarla, como si temiera contaminarse con mi presencia.

No me interesa obtener algo de ella, puesto que esta apuesta es solo mi determinación. La muestra de lo que soy

—Siéntate, vamos a comenzar —me indica con un gesto, y obedezco.

Me siento con calma, dirigiendo mi mirada hacia la pantalla. Lentamente, el vacío vuelve a invadir mi corazón, pero esta vez sé que no es mi sentimiento. Es el dolor y la desesperación de Marco, resonando en lo más profundo de mi ser.

Pero yo soy yo, y no importa cuánto dolor y sufrimiento se interpongan en mi camino, sé que mi corazón lleno de calidez puede superar cualquier abismo.

—Marco... —susurro con determinación—. Te sacaré de ese lugar, te salvaré de ti mismo.

Nota:

Muchachos, sé que me tardé en traducir esto. Para los pocos que leen y disfrutan de mi obra quiero agradecerles por la espera. Ahora, tengo que dar una noticia.

Estaré en hiatus por esta semana, tengo que presentar mi proyecto de grado y el estrés no me deja concentrarme ni disfrutar la traducción. Por eso, estaré en hiatus, apenas termine mi proyecto de grado empezaré a traducir de nuevo.

Probablemente haya cap el sábado de la otra semana, de todas formas todavía quedan bastantes capítulos por ver.

Gracias a todos por su atención.