Hola a todos y bienvenidos a un nuevo capítulo de esta historia. Antes que nada, quiero agradecerles por haberme acompañado en el capítulo anterior y espero que les haya gustado. En esta oportunidad tenemos uno de los capítulos más importantes de la historia por motivos que de seguro ya habían adivinado si recuerdan bien los eventos y situaciones anteriores.
Antes de comenzar, quiero pedirles disculpas por el retraso al momento de dar actualizaciones, mi vida ya no es la de antes y el trabajo que tengo sumado a otras actividades, han hecho que no tenga tiempo para escribir como en 2017.
Pese a eso, aquí estamos otra vez, así que, comencemos.
Tierra de sombras – Capítulo 18
Vida y muerte
La mañana trajo consigo las columnas de humo del campo, las cuales podían verse en todos los puntos de Nueva Roma. Cuando toda la población estuvo despierta la noticia de lo ocurrido esa noche se extendió por todas las calles y las reacciones se dividieron y transformaron. Por un lado, había muchos quienes estaban desesperados por tener noticias de amigos y familiares que vivían en el campo, así como de aquellos que vivían en ente y que habían decidido pasar la noche en Nueva Roma. Por otro lado, estaban aquellos que al enterarse la noticia de la traición de Artemisia, tomaron la noticia con miedo, luego con impotencia y luego con rabia e ira.
Ante todo ese panorama le toco a Lincoln tomar el papel de líder.
—Atención a todos —dijo usando un altavoz— sé que estamos pasando por nuestra primera crisis, sé que las cosas se ven mal y sí, debo admitir que las cosas no son buenas en ningún sentido. Pero ya hemos sobrevivido a la caída de la civilización humana, hemos visto terrores más grandes que lo que esa comunista nos quiere hacer pasar. ¡Es por eso que tenemos la obligación de luchar por nuestros hogares, de luchar por nuestras familias y por todo lo que hemos construido! ¡Ella no sabe quiénes viven aquí, yo sí, y por eso puedo dar fe de que este pueblo, este pueblo, no va a rendirse en nunca!
Todos gritaron demostrando que aquello era cierto.
—Quiero que todo el mundo prepare este pueblo para la batalla, quiero a todos los herreros trabajando con sus martillos —Robert y los demás herreros salieron a sus negocios al oír esa orden— quiero que todos los médicos vayan al hospital y se preparen para recibir heridos —María y los suyos hicieron lo mismo que los herreros— y quiero que todos los ingenieros y constructores evalúen y mejoren las defensas. Los demás, prepárense a luchar.
Tras dar esas órdenes, el pueblo cobro vida y la gente fue de un lado a otro, incluso los que no eran médicos, herreros o tenían algo que ver con las defensas, estaban puestos a ayudar en algo. Lincoln se sintió orgulloso de ver a todos ayudándose unos a los otros, era un panorama distinto al que había vivido antes con la batalla por Royal Woods y agradeció a Dios de que todo fuera distinto. Pero luego recordó lo ocurrido esa noche y pensó en Liam y en Jordan. No había tenido noticias de ellos y estaba preocupado por ellos, al igual que todos los que tuvieran seres queridos ahí.
—Lincoln. ¿Qué vamos a hacer nosotras? —dijo Luna, quien estaba junto con Thomas y quienes habían pasado la noche sin dormir, cosa que se notaba.
—Ve a dormir para empezar. No podrás hacer nada si te caes a la mitad de la jornada.
—Tú igual —dijo Ronnie Anne— necesitamos a nuestro líder en condiciones.
—Lo que necesito es que la gente que quiero este a salvo.
—Pues lo estamos en este momento, por eso queremos que descanses y estés en condiciones de luchar —dijo Stella.
—No puedo hacerlo. Debo ver que todo esté bien, además de que necesito saber que es de la gente del campo, que es de Liam y Jordan.
—Ellos están bien. Puedo asegurar que nuestros amigos están sanos y salvos en algún lado —dijo Zack.
—Lynn lo está haciendo ahora, nosotros nos encargaremos de que todo esté bien —dijo Luan.
—Está bien, pero despiértenme si pasa algo.
Lincoln regresó a la casa que tenían en Nueva Roma, ahí se encontraban sus hermanas menores junto con Paz, Edric y Jocelyn. El ambiente en aquel lugar era tenso, pero intentaban que aquellos dos niños olvidaran lo que estaba pasando en las calles.
—¿Todos están bien? —pregunto Lincoln.
—Sí. Pero hay algo que debo hablar contigo —dijo Lisa.
—¿Qué sucede?
—Es Lori. Estuve observando su estado y puedo afirmar con toda certeza que a tu hijo o hija no le quedan más que uno o dos días para llegar al mundo.
La noticia fue como un baldazo de agua fría. Había estado tan concentrado en el asunto de Los Lobos Rojos que olvido por completo que Lori estaba en un estado muy avanzado de embarazo. Se quedó temblando unos segundos y luego se recompuso.
—¿Dónde está?
—En su cuarto con Leni y Carol.
—Gracias.
Subió de inmediato y entro al cuarto de ambas hermanas. En este, Lori estaba echada en su cama con Leni y Carol sentadas una a cada lado de esta.
—Lincoln. Me alegra verte – dijo Lori tratando de sentarse.
—Tranquila mi amor. No es buena idea que te esfuerces en este punto.
—Yo… iré a ver como va todo en la cocina —dijo Leni poniéndose de pie y saliendo del cuarto.
—Te sigo —dijo Carol siguiéndola.
—No te preocupes, literalmente eso no afectaba a mamá.
—De todas formas no quiero que tú y nuestra pequeña se esfuercen de más —dijo tocando su vientre.
—Ya aceptaste que será niña —dijo con una pequeña sonrisa.
—Que me queda. Las estadísticas juegan a favor de las mujeres en esta familia.
Los dos se rieron con ese comentario, aquello les ayudo a olvidar a la tensión que se vivía con cada hora.
—Ya falta poco Lincoln. Literalmente pronto conoceremos a nuestra hija.
—Me hubiera gustado que las cosas fueran mejores. Que naciera en un lugar pacífico y no en medio de una guerra.
—No controlamos algunas cosas todavía. Pero te aseguro de que nada malo les va a pasar. Pelearé hasta mi último aliento para proteger a nuestra familia.
—No vamos a necesitar que eso pase. Tienes a mucha gente que te apoya y literalmente esa la única forma de salir de estas situaciones, con ayuda de todos.
En el campo, Artemisia recorría junto con sus tropas las ruinas de aquellas granjas que hacía unas horas había tomado casi por sorpresa. En esta oportunidad, había cambiado el abrigo rojo que tenía por un peto de metal pintado de rojo.
El lugar parecía que hubiera pasado por un incendio forestal, muchas granjas y casas estaban en ruinas, mientras que otras estaban en condiciones aceptables, solo con algunas quemaduras. Estas, que todavía estaban en buen estado, eran saqueadas por los Lobos Rojos, quienes se apropiaban de ropa, monedas, libros y algún objeto que llamara su atención.
Aparte de las estructuras, el suelo estaba lleno de cuerpos, algunos eran propios y otros eran de los defensores. Estos cuerpos estaban siendo recogidos y puestos en su respectivo lugar, los que habían sido Lobos Rojos estaban siendo enterrados luego de ser despojados de armas y armaduras, mientras que los del bando opuesto estaban siendo lanzados a una fogata.
—¿Cuánta gente perdimos? —pregunto a uno de sus generales.
—Cuarenta y cinco, eso contando los que perdimos aquí y los que fallaron en abrir las puertas.
—Una perdida aceptable. Espero que hayamos conseguido suficiente comida, el invierno se acerca y no quiero que nos agarre con pocas provisiones.
—Temo que no hay mucho en los graneros. Lograron sacar a sus animales a tiempo, al parecer, lo bueno es que conseguimos una buena cantidad de alimento almacenado en los almacenes y todavía hay cultivos que faltan cosechar.
—Ordena que empiecen con ello. También quiero que preparen este lugar en caso sea atacado, lo quiero tan bien protegido como el campamento.
—Así se hará.
Artemisia continuo su recorrido y llego hasta donde un gran grupo de sus hombres estaba alrededor de un triceratops muerto en el suelo. Aquel dinosaurio muerto en la batalla de esa noche se había vuelto en el premio mayor de aquellos invasores que lo estaban cortando para almorzarlo y cenarlo. La escena no era una muy agradable debido a que aquellos no eran carniceros y simplemente estaban hundiendo sus cuchillos y sacando trozos del cuerpo del animal como si de un dinosaurio carnívoro se tratasen. Artemisa, al verlos, sintió un poco de desagrado, entendía que tenían hambre y que aquella era una gran pieza, pero no iba a dejar que sus hombres se comportaran así.
—¡Soldados! —grito esta.
Todos dejaron lo que hacían y se formaron.
—¿Qué se supone que están haciendo? —dijo preguntándole a uno de sus oficiales.
—Queríamos aprovechar el cuerpo del dinosaurio. Imagine que los hombres merecían comérselo tras la victoria.
—Y decidieron acaparar toda esa carne y devorarla como pirañas.
—No fue nuestra intención.
—Yo opino lo contrario. Creo que olvidaron que aquí existen normas y que estas indican que todo lo que tomemos va a la comunidad, eso incluye la comida.
—Lo lamentamos —dijo el oficial algo nervioso— no volverá a pasar.
—Por supuesto que no volverá a pasar —miro a otro de sus oficiales que la acompañaban y le dio una orden— busca a los carniceros. Quiero que preparen este animal de forma adecuada y que almacenen su carne en almacén.
—Sí señora.
—En cuanto a ustedes. Por su falta estarán un día entero sin comer para que sepan lo que significa dejar sin comer a otros.
—Pero… — dijo uno de los soldados.
—Tienes razón, soldado. Mejor dos días sin comida.
Luego de un rato, esta se reunió con sus oficiales en una tienda, la cual tenía una mesa con un mapa a mano alzada de lo que era ese territorio, el cual tenía dibujado a Nueva Roma, la zona agrícola que acababan de tomar y Royal Woods.
—El plan es el siguiente. Vamos a dejar aislado ese pueblo, primero sin comida y luego sin un lugar al cual puedan retirarse – dijo Artemisia.
—¿Es decir que tomaremos Royal Woods?
—Correcto. No queremos que se escapen a esas ruinas y una vez que sea nuestra, podemos atacar desde dos lugares.
—Es seguro entrar en el sitio. Puede que ellos estén ahí.
—Nada es totalmente seguro, pero en la vida hay que tomar riesgos. Si quiere ser precavido, mande exploradores primero. Por otro lado, quiero que preparen al grueso de las tropas, pronto será momento de golpear ese pueblo.
Mientras tanto, en Nueva Roma, Lincoln fue despertado tras dos horas de sueño. No era mucho en realidad, pero él había pedido que se lo despertara si algo pasaba y en ese momento, algo estaba pasando.
—Lincoln, despierta —dijo Luna despertándolo.
—¿Qué sucede?
—Míralo por ti mismo – dijo casi jalándolo de la cama.
Lincoln salió de la cama y tras arreglarse lo mejor posible salió a la calle junto con Luna, afuera mucha gente estaba corriendo hacia una misma dirección. Los dos los siguieron y fueron hacia lo que era una de las puertas del pueblo, al llegar a esta, vieron a un grupo de gente que estaba pasando con carros llenos de alimento, animales y grandes dinosaurios herbívoros, los cuales se abrazaban con la gente del pueblo. Lincoln entendió que aquella era la gente del campo y tras una búsqueda rápida reconoció entre toda esa gente a un chico de cabello anaranjado.
—¡Lian! —grito Lincoln corriendo donde su amigo.
Los abrazo con fuerza y agradecio al cielo que este estuviera con vida.
—¡Me alegra verte sano y salvo amigo!
—Igual a mí, Lincoln. Me dijeron que intentaron entrar durante la noche.
—Tranquilo. Luna se encargó de ello.
—Lo siento, Lincoln. Debí luchar con más fuerza.
—No. Luchaste como se debía. Tenías todo en contra y tomaste la decisión correcta. Ya los derrotaremos y recuperaremos tu hogar.
—Gracias, amigo. Sé que saldremos de esta.
Luego de un segundo abrazo, Lincoln recordó algo muy importante.
—Jordan. ¿Dónde está ella? – pregunto con desesperación.
—Tranquilo Lincoln. Ella está en Royal Woods preparando una sorpresa para esos lobos.
Las calles de Royal Woods eran recorridas por los Lobos Rojos, no eran más que unos cuantos grupos que se movían con cuidado por esas calles abandonadas. La vista de esos edificios abandonados les llamaba la atención y en parte les generaba cierto temor. Sabían que las ciudades por más abandonadas que pareciesen, siempre guardaban sus peligros ya sea humano, estructural o del tipo animal.
—Caminen con cuidado. No sabemos qué puede haber por ahí – dijo uno de los lobos guiando a su gente.
—¿Hasta dónde vamos a llegar? —pregunto un soldado.
—Hasta su centro, o al menos hasta llegar a un edificio que se vea defendible y sea lo bastante amplio.
—Lo que me preocupa es que los sobrevivientes del área agrícola estén escondidos en estos edificios.
—No te preocupes por ellos. Son solo campesinos, es verdad que tienen armas, pero también tienen mucho que perder si se atreven a atacarnos o a poner resistencia. Si yo fuera ellos, me iría a buscar otro lugar donde vivir o me mantendría bien escondido.
Aquella confianza se transmitió a los hombres, no habían tenido un encuentro con nadie y esperaban que las cosas siguieran así.
Avanzaron por unas quince calles sin ver más que plantas creciendo por todos lados y huesos blanqueados por el sol. No había ni rastro de aquellos a quienes hacía unas horas habían derrotado, lo cual les dio una tranquilidad que nunca habían sentido al momento de entrar en una ciudad.
—Bien. Solo un poco más y llegaremos a las ruinas de la alcaldía. Una vez ahí aseguraremos el edificio y lo prepararemos para el resto de nuestras fuerzas.
—Lobos Rojos… —dijo una voz femenina desde un alta voz.
El grupo apunto sus armas contra las ventanas de los edificios esperando que algo pasara, otros, en cambio, se pusieron tras sus escudos armas en mano esperando a que alguien apareciera.
—¡Bienvenidos al infierno! – grito Jordan y con ello sus tropas salieron de los edificios cargando contra los Lobos Rojos, al mismo tiempo una lluvia de flechas, lanzas y balas cayeron sobre ellos.
El golpe fue rápido y despiadado, unos tras otros fueron cayendo ante la ira contenida y las ansias de venganza de toda esa gente. Jordan incluso se puso a disparar desde una ventana al tiempo que su velociraptor saltaba sobre el cuello de uno de los invasores.
El ruido de esa batalla fue escuchado por los otros grupos invasores quienes intentaron llegar hasta donde estaban sus compañeros, pero en el camino se dieron con otra sorpresa. Por un lado, se dieron con una manada de grandes dinosaurios que eran montados por gente con arcos, rifles y escopetas, estos se lanzaron contra su enemigo que no supo si huir o tratar de luchar, cosa que no importo, pues los que se quedaron a pelear fueron aplastados y los que escaparon fueron alcanzados por esos dinosaurios. A la par de aquella carga prehistórica, la poca caballería que tenían hizo su parte y acabo con sus enemigos en cosa de minuto y medio.
El plan de Liam y Jordan de iniciar una guerra urbana contra los Lobos Rojos había funcionado con éxito. Su enemigo no conocía las calles más allá de un par de paseos que habían hecho y al ver las calles vacías había cometido el error de tomarlas como algo seguro para ellos y, por tanto, no se preocuparon en explorar edificio por edificio, sino que se adentraron con total confianza. Pero la gente de Nueva Roma, si las conocían, algunos habían vivido ahí, y otros simplemente habían aprendido de ellas en todo ese tiempo. Además, esta vez una defensa en las calles era algo posible, aquellos Lobos Rojos no eran Ryker y sus Purificadores, así que esta vez las cosas estaban a su favor.
—Gran trabajo, amigos —dijo Jordan saliendo a la calle — tomen todo lo que sea útil y vayamos al siguiente punto. Dejen los cuerpos para los dinosaurios o para cualquier animal que tenga hambre, que sepan que hay consecuencias para quien ataque nuestro hogar.
Artemisia mandó grupo tras grupo por los siguientes dos días, pero cada exploración de Royal Woods terminaba de la misma manera. En total, Jordan acabo con unos ciento cincuenta enemigos que pensaron que sería fácil tomar esa ciudad abandonada, teniendo apenas un par de heridos que no pasaron de la docena.
Cansada de ver como su estrategia fallaba, incluso trato de usar fuego para vencer a aquella guerrilla urbana, pero el fuego no prendía con facilidad en edificios de cemento por más abandonados que estuvieran y tampoco podían usarlo cuando no tenían una clara idea de donde estaban. Así que al ver que no podía hacer nada con ellos, prefirió dejarlos para otro momento y concentrarse en un blanco más estático.
Al tercer día la gente de Nueva Roma pudo ver como las fuerzas de los Lobos Rojos se movían en lo que todo indicaba era un ataque contra el pueblo. Un asedio en toda regla. Para ese momento, la gente había revisado cada parte de sus defensas y había reparado lo que necesitaba de un arreglo. Llenaron el foso con estacas de madera y en el interior del pueblo, prepararon barricadas en caso de que lograran entrar.
Por otra parte, los herreros y los fabricantes de flechas se mantuvieron trabajando sin descanso durante esos dos días aumentando la producción de armas y municiones, así como arreglando escudos y armaduras.
Las armaduras, que inicialmente no tenían un color definido, siendo en su mayoría piezas de metal y ya, ahora eran pintadas de color rojo y blanco, esto con el fin de diferenciarse de los Lobos Rojos.
En las calles de Nueva Roma, la tensión iba en aumento, mientras que las manos seguían moviéndose para olvidarse sé aquello. Lincoln iba de un lado a otro viendo como iba todo, llamándole la atención, el hecho de que su hermana Lisa estuviera dibujando un ave un tanto particular que estaba parada sobre una catapulta.
—Qué belleza —dijo Lincoln admirado.
—Gracias. Es un ejemplar de Ectopistes migratorius, también conocida como paloma migratoria. Es una suerte que esta especie extinta por manos humanas haya podido volver.
—Me refería al trabajo que estás haciendo. Recuerdo que odiabas los trabajos prácticos.
—Me vi obligada a aprender a dibujar cuando las cámaras dejaron de ser una forma para guardar un registro.
—También me gusta la catapulta. ¿Tú la hiciste?
—Correcto. Es un gran trabajo de física básica.
—También es una buena idea. Ojalá hubiéramos tenido de estas cuando empezamos a construir las defensas.
—Siempre se pueden hacer más.
—Eso espero.
Un par de horas después, el consejo del pueblo emitió una orden que causó molestia en casi toda la población, pero que tuvo que ser aceptada debido a las circunstancias. Esta medida fue que todos aquellos que tuvieran catorce a más y que estuvieran en condiciones de pelear, participen como soldados durante la batalla. Los únicos a los que se dejó fuera de aquel reclutamiento fue a los que tenían menos de esa edad, eran hijos únicos o no tenían familia. Pero a quienes estaban es estas dos últimas categorías se les dio la posibilidad de elegir.
De los Loud, Lincoln y Lynn ya estaban dentro del ejército, pero aparte de ellos dos se llamó a Leni, Luna, Luan y Lucy. Con las Santiago la cosa era más simple, María iba a tener que estar en el hospital recibiendo a los heridos y Ronnie Anne cumplía los requisitos de excepción. Con el tema de Nikki era distinto, está al no tener familia de ningún tipo se le dio la posibilidad de elegir, eligiendo el ir a la batalla.
—Tú tienes a tu madre y a tu familia. Yo tomaré tu puesto en la batalla —dijo antes de marchar al patio de entrenamiento.
Los Casagrande lo tuvieron casi igual, de estos solo reclutaron a C.J. En cuanto a las Mallister se les dio la posibilidad de elegir cuál de las dos iban a la batalla.
Durante las horas siguientes, la gente empezó a pasar el rato haciendo diferentes actividades con familia y amigos, ya que si bien las defensas se veían sólidas, no tenían idea de si aquella podría ser la última lucha de sus vidas.
Leni, se encontraba junto a Luan en una de las habitaciones de su casa, probándose las armaduras que les habían entregado. Para ellas, usar ese tipo de traje era algo que nunca se hubieran esperado en sus vidas, ni siquiera habían pensado en usar una armadura como parte de un disfraz, pero dado que estaban llamando a todos los que fueran capaces de luchar, aquel era el momento de hacerlo.
—¿Crees que todo saldrá bien? — pregunto Leni.
—Todo saldrá bien. Esta vez todo es distinto a lo de hace unos años. Todos estamos unidos y no vivimos en una ciudad que se muere poco a poco.
—¿Pero en serio es necesario que luchemos?
—¿Tienes miedo? – pregunto Luan con un tono comprensivo.
—La guerra y las batallas no son lo mío. Una cosa eran los dinosaurios carnívoros y los lobos. Pero… la gente es otra cosa. Quizás Lincoln y Lynn ya se acostumbraron a esto, pero yo no puedo ver a Lobos Rojos como otra cosa que no sean personas, gente igual a nosotras que todos los días despiertan y se van a dormir cuando sale el sol. Que tienen familia y amigos a quienes quieren y protegen, da igual si son malos o buenos.
—Leni. Entiendo lo que dices, y sé lo que significa estar frente a otra persona que un día era el amor de tu vida y al día siguiente era solo un recuerdo —dijo recordando a Benny y el momento en que esta tuvo que matarlo— pero es en esos momentos en que debes de recordar que tras los muros, vive nuestra familia y que esta es el motivo por el cual peleamos.
—¿Pelearás a mi lado, Luan?
—En todo momento – dijo tomándola de las manos.
En otro lado de la casa, las cosas eran un poco distintas.
—¡Soy la mejor disparando en este pueblo! ¡Yo debo de estar ahí! —exigía Joselyn.
—Tú eres demasiado anciana para ir a una batalla – le respondió Paz con firmeza.
—¡Anciano es el mar y todavía se mueve! Además, Ajani va a ir a luchar y tiene casi mi misma edad.
—Ajani es el jefe de los arqueros.
—¡Y tú tienes un hijo de cuatro años!
—¡Y tú tienes que cuidarlo si algo me pasa! Entiéndeme, eres mi segunda madre y te debo mucho por lo que has hecho por nosotros. No puedo dejar que vayas a luchar cuando yo puedo hacerlo.
—Y crees que quiero que mi única hija, la única familia que me quede vaya a la batalla.
—No. Pero no hay otra opción, yo no quería que nos invadiera una horda de comunistas y tampoco quería subirme a esas paredes para luchar. Aun así debo proteger a Edric, y eso es lo que voy a hacer.
Joselyn se giró y le paso su rifle.
—Toma lo necesitas más que yo.
—Pero si es tuyo.
—Tú dijiste que ibas a proteger a tu hijo, cada bala que aciertes con este rifle será un peligro menos para él.
En las muros de la ciudad se encontraban Lynn y Lucy. Dada su edad, la antigua gótica también había sido reclutada para la defensa de la ciudad, pero en lugar de estar en los muros, a ella se le había ordenado estar en las calles en caso de que el enemigo lograra entrar. Esta estaba vestida con una armadura que consistía en un peto de cuero y en un par de protecciones metálicas para brazos y piernas. Para pelear, tenia su arco de toda la vida más un escudo que esperaba pudiera parar las balas.
—Sigue todas las indicaciones que te de Paula, por favor —decía Lynn a su hermana menor.
—Lo hare. Pero recuerda que solo entrare a la batalla si el enemigo logra entrar a la ciudad. Cosa que se que no pasara gracias a ustedes.
—No te confíes únicamente en nosotros, hay muchas formas en que eso puede suceder más allá de cruzar una puerta. Por eso debes recordar cada momento de tu entrenamiento.
—Lo se, es solo que no esperaba que me ordenaran estar aquí.
Lynn entendía el miedo que tenía su hermana menor. Hacía muchos años ella veía a su hermana menor como alguien que no tenía miedo a la muerte, alguien que incluso vio con agrado el hecho de que el mundo se estuviera viniendo abajo durante los días de la caída. Nunca entendió por qué tenía un gusto hacía tan apegado a las cosas oscuras, luego entendió que simplemente no las entendía y que había pensado que aquello era como ver una película de desastres, donde verlo en la pantalla es entretenido hasta que le toca a uno vivir algo así. Creía que la oscuridad se trataba de vampiros, magia y encuentros con fantasmas. No que significara el perder a la gente que amaba por distintas causas.
Incluso ella, sabía que su mundo estaba lleno de sombras por más que existiera Nueva Roma, Santa Lucia o cualquier otro asentamiento, tampoco el hecho de que la primavera, el verano o los días soleados existieran como cualquier otro año. Por más que intentara, no podía volver a ver el mundo de una forma mejor a como lo era luego de la caída y tampoco podía ver esa luz al final del túnel. Pero no era momento de pensar en ello.
—Lucy. Por años eras la única de la familia a la que nada le daba miedo, no te aterraba la oscuridad, los insectos y las historias de terror. En muchos aspectos, fuiste más valiente que yo.
—No sé a que te refieres, tú siempre demostraste mucho valor en cada uno de tus juegos.
—Sí. Pero eso no era verdadero valor, era soberbia, era orgullo. Me veías así porque quería impresionar a mis compañeros de equipo y que pensaran que merecía ser la ganadora. En una situación como esta es cuando tengo miedo de verdad, temo por ti y por todos a quienes queremos, pero es en este momento en que realmente podemos ser valientes. Es por eso que por más miedo que tengas ahora, debes encontrar ese valor que siempre has tenido y luchar por las cosas que realmente importan.
En otro lado del pueblo se encontraban Luna, Sam y Thomas. Estos estaban en la tienda de instrumentos musicales viendo los diferentes instrumentos que se vendían, todos estaban hechos a mano y si bien no eran una cosa espectacular en cuanto a sus acabados y decoración, funcionaban perfectamente.
Luna al ver aquellas piezas recordó cuando tocaba junto con sus amigos en la banda que tenían, recordó a Chuck y todas las veces que tocaron juntos en diversas presentaciones. Hacía mucho que no tocaba ningún instrumento de los tantos que tenía, quería hacerlo, pero una parte de ella le decía que ya no tenía caso probar con ellos dado el estado del mundo.
—Es una tienda muy bonita —dijo Thomas.
—Lo es. El dueño de este lugar hace todo con sus propias manos —dijo Sam.
—Pues tiene talento para ello. Aquí hay de todo, guitarras, violines, violoncelos xilófonos y hasta tambores.
—Solo le falta hacer un piano – dijo Luna— aunque lo que de verdad impresiona es esto de aquí.
—¡Un arpa! – dijo Thomas sorprendido al ver aquel gran instrumento puesto en el suelo.
Aquel objeto tenía un metro de altura y estaba muy bien barnizado. Se notaba que estaba perfectamente tallado y que las cuerdas estaban muy bien colocadas.
—Su mejor pieza, nadie ha podido comprarla porque el precio es bastante alto. Pero no vinimos aquí por este instrumento, sino por este —dijo Sam pasándole un violín.
—¿Y esto?
—Nos ayudaste a salvar el pueblo. Así que pensamos que quizás te gustaría volver a tocar tu instrumento favorito.
—Gracias. El tema es que hace mucho que no toco el violín y no creo que pueda tocarlo nuevamente.
—Haz el intento —dijo Sam.
—Es verdad, por lo menos un par de notas —dijo Luna.
Thomas afinó el instrumento un poco, luego se lo puso en el cuello y tras recibir el arco del mismo procedió a ejecutar una pieza. Las notas que salieron del violín fueron como magia para ellas. Las notas pese a ser lentas y tener un tono que si bien no eran muy alegres, iban perfectos para ese momento que estaban viviendo y tras escucharlo por poco más de tres minutos, las dos aplaudieron con fuerza.
—¡Eso fue increíble, amigo! —dijo Sam
—¡Es verdad! ¡Esas notas fueron hermosas! —dijo Luna.
—Muchas gracias, chicas —dijo Thomas con algunas lágrimas— siempre quise volver a tocar esta pieza.
—Pues esta hermosa. ¿La escribiste tú? – pregunto Sam.
—Para nada —respondió Thomas con algunas risas— se llama Concierto de Aranjuez, en este caso es el segundo movimiento, el adagio.
—Me hubiera gustado escucharla en el pasado —dijo Luna.
—Pues en ese caso. Te prometo que cuando todo esto termine, yo mismo me encargaré de que la oigas.
En la iglesia del pueblo, mucha gente estaba rezando antes de la batalla. Lincoln miraba desde la puerta dudando si entrar o no, el hecho de estar con sus hermanas hizo que dudara si era buena idea estar en un lugar dedicado a Dios, sabía que la gente lo toleraba o no tenía interés de acercarse a él debido a esto. Y entendía aquello, pero estar ante la cruz de aquel sitio era algo que lo hacía temblar.
—¿Vienes a rezarle a nuestro señor? – dijo el padre, quien se le apareció de la nada.
—Disculpe padre. Solo estaba…
—Lo sé. Crees que por el hecho de esperar un hijo de tu propia hermana eres indigno de este lugar. Pero eso no significa que lo seas. Jesús no buscó amigos entre la gente que se consideraba como ciudadanos modelos, así que entra hijo. Eres bienvenido.
Lincoln entró a la iglesia y se arrodilló en una de las bancas. No había entrado a una iglesia desde antes de la caída y no sabía que decir exactamente, pensó en rezar el Padre nuestro y retirarse, pero algo hizo que dijera lo que sentía que debía decir.
—Señor, sé que no hemos hablado desde que mi mamá murió por depresión. Sé que no he sido el mejor en estos años y sé que las cosas que he hecho en este último tiempo, quizás no sean las mejores para tus ojos. Sé que quizás no esperabas que sucediera lo que ocurrió con Lori y Lynn, pero espero puedas entenderme el porqué paso todo eso y si es posible, pido que nos perdones por ello.
Sé que después de tanto tiempo, no debería de pedirte nada, pero quiero pedirte una cosa. Te pido que mi hija llegue sana y salva a este mundo, te pido que me dejes vivir lo suficiente como para tenerla en mis brazos. Te pido que protejas Nueva Roma y a toda su gente de todo mal. Es lo único que te pido.
—Me alegra que hayas encontrado las palabras —dijo el padre.
—Espero que hayan sido escuchadas.
—Créeme, lo fueron.
Tras salir de la iglesia, Lincoln fue a la casa donde estaba su familia. Ahí estaban todas sus hermanas, los Casagrande, los Santiago y los Mallister—Halbert. Joselyn y Paz estaban en la mesa del comedor junto con Carlota, Ronnie Anne, Nikki, C.J., Lana, Lola y Lisa, jugando un juego de mesa que habían traído de la casa Loud, mientras que en la sala se encontraban Carlitos, Lily y Edric jugando a atraparse, mientras que María, sentada en un sillón, se encontraba vigilándolos mientras cargaba a Bianca.
La imagen hizo que recordara sus mejores años, esos antes de que todo se viniera abajo, y era solo un niño que se divertía con su familia haciendo cualquier cosa por más tonta o poco común que les pareciese a la gente de fuera.
Subió las escaleras y entro al cuarto de Lori y Leni, ahí estaban todas sus hermanas hablando de como iba a ser todo cuando llegara el bebé de Lori. Todo lo que iban a enseñarle a hacer y todos los lugares que podrían visitar. Lincoln se unió a ellas y añadió más planes, así como se agregaron anécdotas de cuando los once eran bebés y las cosas que hacían.
Todo aquello, tanto lo del primer piso como lo que pasaba en esa habitación. Hizo que Lincoln pudiera ver las cosas de otro modo, ya no veía las sombras oscuras de siempre, o por lo menos ya no las veía de ese modo, por ese momento, las veía grises por primera vez. Por un instante, vio el color de la esperanza.
Lincoln no era el único así, todos antes de la batalla estaban con sus familias, y los que no tenían familia estaban bebiendo con sus amigos en los distintos bares o rezando en la iglesia. Todos sabían que aquella podría ser su última tarde, así que harían todo lo posible por pasar un gran momento antes de que llegara el momento de ir a los muros del pueblo.
Finalmente y tras una larga espera, la campana de la iglesia y otras alarmas sonaron, indicando que todos los combatientes debían ir a sus puestos de batalla. Todos se pusieron sus armaduras y procedieron a partir a donde se les había ordenado ir previamente—
—Ronnie Anne, prométeme que cuidaras a Lori en todo momento —dijo Lincoln.
—Puedes darlo por hecho —dijo para luego darle un abrazo— cuídate mucho, por favor.
—Lo haré.
—Tú también cuídate mucho, hermana —dijo Ronnie Anne a su amiga Nikki para abrazarla con fuerza.
—Volveré, te lo prometo –dijo mientras se ponía su ballesta al hombro.
En el resto de la casa, las cosas eran iguales. Todas las hermanas menores se despedían de sus hermanas mayores y les pedían que regresaran pronto. Todas lloraban al momento de despedirse, lo mismo pasaba con Edric al despedirse de Paz, solo que este realmente luchaba por evitar que su madre cruce la puerta.
—Quédate a cuidar a tu abuela, por favor. Necesito que seas ese valiente caballero de todas esas historias que te he contado —dijo Paz haciendo que su hijo la soltara.
Tras todas esas despedidas, todos salieron del lugar y se unieron a la masa de gente que iba a los muros de la ciudad.
—Volverán sanos y salvos, Lily. Son muy valientes y ya han demostrado de lo que son capaces —dijo Carlitos tranquilizando a su amiga.
—Lo sé. Todos lo son.
La gente fue tomando sus lugares, si bien la mayoría eran soldados, había también bomberos que tenían como trabajo ayudar a apagar los posibles incendios, puesto en donde se encontraba Stella como la líder de estos. También estaban los médicos de combate, gente entrenada por María y que debían de estar listos ante cualquier eventualidad.
Las defensas de Nueva Roma habían sido trabajadas lo mejor posible, tenían un poso con estacas, los muros estaban arreglados lo mejor posible y contaban con varias catapultas que podían disparar desde piedras a jarrones con brea encendida. Los muros y estaban bien abastecidos con flechas y cargadores, así como con bombas molotov para ser usadas contra los vehículos de los que Thomas les había advertido.
A los muros subieron Lincoln, quien estaba junto a Zack, Cookie C.J. y Nikki, Leni quien iba con Becky y Fiona, Luna y Luan iban al lado de Sam y Thomas, Lynn estaba junto a Ajani, Leonidas, Alesia y Carlos. Lucy estaba en la calle junto a Haiku y Rocky, mientras que Paz iba por su cuenta en una torre. Desde los muros se pudo ver avanzar al ejército de Artemisia, al frente iban enormes muros de madera, revestidos con planchas de metal, mientras que detrás estaba una gran cantidad de soldados, algunos de ellos iban cargando largas escaleras.
Entre los enemigos una figura destaco. Artemisia, iba montando un caballo y vestida con una armadura roja y negra. Esta cabalgo hasta ponerse frente a la puerta del pueblo.
—¡Gente de Nueva Roma! ¡Les ofrezco la oportunidad de rendirse y abrazar el socialismo! ¡Podemos vivir en paz y empezar algo nuevo!
—¡¿Quieres que vivamos en paz después de que atacaste nuestros campos diciendo que eras nuestra amiga?! – le grito Lincoln.
—Ustedes han matado a nuestra gente y nosotros hicimos lo mismo. Para mí estamos a mano.
—¡Jamás nos rendiremos ante una loca como tú! – le grito Thomas.
—Thomas. Ya me preguntaba en dónde estabas. Así que te uniste a esta gente y la hiciste ponerse en mi contra.
—¡Él nos abrió los ojos y nos advirtió de ti! ¡Todo lo que dijo es totalmente cierto, asesina! – le grito Luna.
No hubo respuesta por parte de ella. Simplemente, se bajó de su caballo y se puso tras una de las barreras de madera.
—Primera señal —le dijo a un soldado que tenía varias banderas con él.
El hombre de las banderas levanto una de color rojo que fue seguida por una orden dada por uno de los oficiales de Artemisia.
—¡Arqueros!
Varios arqueros se pusieron en filas y tensaron sus arcos. Los defensores de Nueva Roma vieron aquello y se prepararon.
—La guerra comenzó —dijo Ajani.
—¡Lancen!
Cientos de flechas fueron lanzadas contra las defensas. Los defensores se protegieron tras sus escudos y las paredes de madera. Con tan buena suerte que ninguna de estas le dio a alguien y solo se clavaron en los muros o rebotaron con el mismo o en los escudos. Algunas pasaron el muro y fueron a dar a las calles, pero los civiles estaban lejos de esa parte del asentamiento y los bomberos fueron avisados por varios silbatos.
—¡Ajani! – grito Lincoln.
—Sí. ¡Demuestren lo que aprendieron! – y tras esas palabras, todos los arqueros comenzaron a disparar.
Empezó un intercambio de flechas entre atacantes y defensores que obligo a muchos a ponerse a cubierto. A las flechas se les sumaron las balas y las piedras de hondas que se lanzaron de un lado a otro alcanzando a soldados de ambos bandos. Algunos sufrieron cortes leves, otros sufrieron heridas de consideración y otros fueron abatidos por los proyectiles.
El intercambio siguió dándose incluso cuando Artemisia dio una nueva orden y se agitó una bandera verde.
—¡Escaleras!
Los Lobos rojos avanzaron sin importar la lluvia de proyectiles y cargaron contra el muro de la ciudad cargando largas escaleras con las que esperaban llegar a la cima de aquellas paredes de madera. Las barreras que habían llevado con ellos los protegían bastante bien y eso hizo que fuera difícil acertarles.
—¡Disparen las catapultas! – ordeno Lincoln.
Los artilleros prepararon los equipo propuestos por Lisa y los cargaron con jarras de brea. Esperaron a que estas estuvieran bien hechas y que cumplieran con su propósito, por lo que fue un alivio para estos el hecho de que al momento de ser activadas los proyectiles que habían sido encendidos se lanzaran con éxito y cayeran con todo sobre el enemigo.
Los jarrones se reventaron contra el suelo y contra las barreras, ocasionando que muchos ardieran en llamas y corrieran o se arrojaran al piso en un intento de apagar el fuego. Aquello fue aprovechado por los defensores para seguir arrojándoles todo lo que pudieran con mayor facilidad.
—¡Sigan disparando, no dejen que se acerquen a los muros! —gritaba Lynn.
—Esto es lo que querías Artemisia. Enviarlos a morir —dijo Thomas con amargura.
Artemisia al ver el espectáculo, decido tomar medidas más drásticas. Si Nueva Roma usaba fuego, entonces ella haría lo mismo.
—¡Munición incendiaria!
Se agitó una bandera anaranjada y tanto arqueros como honderos prendieron flechas y piedras envueltas en brea y las arrojaron contra los muros, contra las torres y sobre cuanta cosa estuviera luego de pasar por encima de todo eso. Los proyectiles alcanzaron distintas casas y empezaron a prenderles fuego, lo cual hizo que los bomberos entraran en acción.
—¡Todos a sus puestos! ¡Encargados de las bombas apaguen esas llamas! ¡Voluntarios, protejan a sus compañeros! —ordeno Stella mientras que hacía que su gente apagara los incendios con bombas tiradas por caballos.
Mientras eso pasaba, Lucy veía desde una distancia segura como muchos defensores eran alcanzados por las flechas y las balas y eran llevados al hospital que poco a poco se iba llenando de herido.
—Por favor, Dios. Protege a mis hermanos.
Mientras el intercambio de proyectiles continuaba, los Lobos Rojos prosiguieron con su carga contra los muros. Todos los tiradores trataban de darle a quienes cargaban las escaleras, cosa en lo que destacaron Lynn, Ajani, Nikki y Paz, que acababan con los cargadores, retrasando su avance y causando que tuvieran que protegerse con escudos. Lincoln, pese a estar concentrado en el avance enemigo, seguía disparando con su arco a quienes consideraba eran líderes, ya sea por tener algo que los hacía verse distinto o porque estaban haciendo gestos con las manos. El resto de sus hermanas disparaba con sus grupos haciendo que pagaran caro por avance.
—Cada bala es uno menos, cada bala es uno menos —decía Paz.
—Son ellos o nosotros, son ellos o nosotros – decía Leni sufriendo.
Thomas por su parte iba maldiciendo cada disparo que hacía, conocía a muchos de ellos y sabía que varios estaban obligados a hacer lo que hacían.
—¡Ya llegan! ¡Armas listas! —ordeno Lincoln.
—Perfecto —dijo Luna preparando su hacha doble.
Casi todos dejaron los arcos y las ballestas, los que tenían armas de fuego las mantuvieron mientras sus compañeros tomaban sus otras armas. Leni tomo su lanza con punta de metal, Luna ya tenía su hacha, Luan y Lincoln tenían espadas y Lynn su cimitarra. Los Lobos Rojos alcanzaron los muros y empezaron a trepar, mientras que los defensores de Nueva Roma lanzaban flechas, balas, lanzas y cocteles molotov contra los que subían. Algunas escaleras se quemaron, otras fueron derribadas ni bien se apoyaron en el muro, pero otras pocas sí se mantuvieron en pie y los enemigos empezaron a trepar por ellas. Varios fueron eliminados y cayeron al foso con estacas, pero otros sí alcanzaron a trepar y empezaron a luchar contra los defensores.
Lincoln tomó su espada y empezó a luchar contra los que llegaban, aquello fue más complicado que luchar a caballo, tanto por el poco espacio, como por enfrentarse en igualdad de condiciones. Sin embargo, no luchaba solo y la ayuda de Zack y Cookie le fue de mucha ayuda para evitar que lo rodearan, aquello lo ayudo a tener más confianza y pensando en la gente que tenía que proteger, empezó a acabar con sus enemigos.
C.J., vio en los Lobos Rojos a unos piratas que querían asaltar su barco y recordando todas las películas clásicas que vio de niño, empezó a luchar como si realmente se tratara de Barbanegra reencarnado. Acabo con varios de los atacantes y hasta se dio el lujo de derribar una de las escaleras.
Luan y Leni trataban de derribar una de las escaleras, pero esta estaba firmemente apoyada y por más que trataban no podían quitarla. Luan era la que más empeño ponía en ello, pero en su lucha, se distrajo y no se fijó en que uno de los Lobos Rojos se lanzó contra ella con un hacha, pero antes de darle el golpe mortal, Leni lo atravesó con su lanza.
—¡Olvídate de ella y lucha! —le grito Leni antes de volver a la lucha y enfrentarse con los enemigos demostrando una gran habilidad con la lanza.
Luan le hizo caso y pese a no ser tan experta como sus hermanos, demostró tener la capacidad para defenderse con ella.
Luna y Sam parecían que habían recuperado la energía que tenían en sus conciertos y si bien no hacían música con instrumentos musicales, si la hacían con acero y ambas con espada y hacha se convirtieron en berserkers causando el terror en aliados y enemigos.
Lynn por su parte, protegía a Ajani quien seguía disparando con su arco a todos los que trepaban por la escalera. Sus hijos hacían lo mismo y lo ayudaban con sus arcos. Unos cuantos se enfrentaron a Lynn, pero esta demostró estar mejor entrenada que aquellos que querían vencerla y muchos fueron cayendo.
Mientras que la batalla se daba, Artemisia seguía mirando el enfrentamiento. No se atrevía a subir las escaleras por más que tenía ganas de subir el muro y clavar su bandera de tener una. Pero eso la motivo a dar un paso más en su estrategia.
—¡Bandera azul! –ordeno esta.
Se movió una bandera azul y un grupo empezó a dirigirse a la puerta con un ariete, el cual era un tronco grueso con una cabeza de carnero hecha de metal. El ariete avanzó rodeado de soldados que lo cubrían con sus escudos y lo protegían con arcos, rifles automáticos y escopetas.
—¡Tienen un ariete! —grito Nikki al ver al grupo tan compacto que se acercaba.
Los Lobos Rojos pese a la inmediata reacción de los soldados, llegaron a las puertas y empezaron a golpear la misma con todas sus fuerzas. Tras la puerta, el grueso de los defensores estaban listos para recibir a quien esa que entrara. Teniendo un muro de escudos, lanzas y ballestas tras esa puerta que estaba afirmada con troncos y cuanta cosa pesada se pudo conseguir.
—¡Denle duro! —gritaban los atacantes.
—¡No los dejen entrar! ¡No los dejen entrar! – gritaban los defensores.
La lluvia de proyectiles fue en aumento, les arrojaron flechas, les dispararon y recién cuando les tiraron bombas molotov lograron acabar con aquella amenaza. Los atacantes se vieron obligados a retirarse y dejar el ariete, el cual fue quemado de inmediato.
—Esto está más difícil de lo que pensé – dijo Artemisia.
—¿Probamos atacar otro muro? —pregunto un oficial.
—No. No quiero dispersar más a las tropas. Tendremos que poner las cosas en serio.
—¿Bandera negra?
—Bandera negra.
Mientras la batalla se daba en el muro del pueblo. El resto de los habitantes estaba en sótanos de casas o de negocios, lo más lejos de cualquier flecha que se pudiera y solo escuchando lo que la estación de radio transmitía. Entre esa gente estaban los Loud y sus amigos, quienes estaban en el sótano de su casa esperando a que todo saliera bien.
—Por favor, qué saga todo bien, que salga todo bien –rezaba Lana junto con Lily, Carlitos y Edric.
—Todos saldrá bien. No tienes de que preocuparte –dijo Jocelyn.
—Debería de haber estado con ellos – se quejó Ronnie Anne.
—Tu lugar está aquí. Así lo quería tu madre y así lo quiere Lincoln —dijo Lola.
—Tiene razón. Además, ya has demostrado ser valiente en…
Lori trató de seguir hablando, pero un dolor hizo que dejara de hacerlo.
—¿Qué pasa Lori? —pregunto Jocelyn.
—Chicos. Creo que literalmente ya llego el momento.
—No. No por favor, no aquí y menos durante un asedio —dijo Lisa.
—Lo siento, pero no… —dijo para luego empezar a gritar de dolor.
—¡Maldición! – grito Lola poniéndose de pie y acercándose a su hermana mayor —¡Tenemos que hacer algo!
—Tranquilos. Lori recuéstate y déjanos ayudarte – dijo Carlota.
—¿Estás segura de poder hacer algo? – pregunto Lisa.
—Soy la única aquí que recientemente paso por esa experiencia.
—Y yo ayudé a traer a Bianca al mundo. Sé que hay que hacer – dijo Ronnie Anne.
—Yo hice lo mismo con Edric —dijo Jocelyn
—Pues yo he estudiado todo sobre distintos procedimientos médicos esperando este momento. Iré por algo de equipo —dijo Lisa.
—No es concurso de quien sabe más cosas. ¡Ayúdenla! —grito Lily.
En ese momento el lugar pese a ser un sótano se sacudió como si hubiera habido un temblor.
La batalla pronto llegó a un mayor grado de complejidad. La bandera negra, era señal de atacar con lo más fuerte que tenían, y eso era el uso de elementos más destructivos. Thomas les había avisado de que Artemisia tenía algunos morteros, pero esperaba que no los usaran al no tener mucha munición. Sin embargo, eso no evito que esta diera la orden de emplearlos y que sus artilleros empezaran a disparar con ellos contra el asentamiento.
Uno tras otro los proyectiles caían en la ciudad causando pánico entre los que estaban escondidos, pero por suerte el daño no era tan grande como el esperado, limitándose a abrir hoyos en las calles y a destruir habitaciones vacías.
Otro problema, fueron los vehículos que se lanzaron contra los muros, varios eran camionetas a las cuales se les habían puesto ametralladoras y abrieron fuego contra los defensores.
La combinación de elementos hizo que muchos defensores quisieran abandonar sus puestos e ir con sus familias, otros por su parte no querían sacar la cabeza del muro de madera y solo unos cuantos se mantuvieron peleando contra aquellos vehículos.
—¡No dejen de luchar! ¡Puede que tengas más armas de las que pensamos, pero nosotros seguiremos en estos muros sin importar con que nos ataquen! ¡Recuerden que son lo único que protege a sus familias y a sus amigos de la esclavitud! ¡Recuerden lo que hicieron contra la gente del campo! ¡Recuerden porque están peleando! —arengo Lincoln y eso les dio fuerzas a sus compañeros de armas.
La moral subió en todos los combatientes y se prometieron hacerlos pagar por cada afrenta que esos Lobos Rojos habían hecho contra Nueva Roma. Los tiradores dispararon contra aquellos vehículos tanto con balas como con flechas incendiarias y uno a uno fue siendo destruido. Pero aquellas camionetas no eran lo único que tenían los Lobos Rojos.
Repitiendo el ataque a la puerta, un camión de los que usaban para transportar víveres, el cual fue reforzado con placas de metal, se lanzó contra la puerta y esta vez causo verdadero daño.
—¡Tenemos que destruir esa cosa! – grito Lynn.
—Fuego. Usen fuego —sugirió Thomas.
Los defensores empezaron a arrojar bombas molotov y a reforzar las puertas que estaba hundida tras dos impactos seguidos y no iba a soportar muchos más. El resultado de aquella táctica propuesta por Thomas funciono perfecto y tras esa lluvia de proyectiles, el vehículo se prendió en llamas y su chofer fue eliminado tras salir del vehículo e intentar salir corriendo.
El problema regresó a los morteros que siguieron cayendo y que incluso cayeron cerca a la base del muro.
—Si siguen disparando van a hacer una brecha —dijo Luna.
—¿Cuánta munición tienen? – pregunto Lincoln.
—Varias cajas de proyectiles. Solo necesitan un par para destruir los muros y un poco de tiempo antes de averiguar que son más efectivos contra nosotros que contra el pueblo.
—En ese caso debemos hacer algo arriesgado. ¿Quién quiere seguirme?
Se ofrecieron Luna, Lynn, Thomas y un par de soldados más. Bajo de los muros y tras pedir a otro poco de gente que se uniera, fueron en busca de unos caballos y salieron a toda prisa por otra de las puertas.
Cabalgaron a toda velocidad, esperando que no los hayan detectado y una vez que eso se confirmó, cargaron contra los artilleros y los eliminaron rápidamente antes de que el grueso de los atacantes se diera cuenta de aquella salida. No solo acabaron con los artilleros, sino que también tomaron posesión de aquellos equipos y de la munición que pudieron y regresaron a Nueva Roma.
Tras esa salida, la batalla empezó a perder fuerza mientras que la luz del sol bajaba y el cielo se oscurecía. Al ver que quedaba poca luz y que luchar de noche no iba a ser lo más adecuado. Artemisia ordenó la retirada tras ver que pese a las perdidas, había causado un daño considerable tanto a la puerta como a las defensas de la ciudad. Esto más que nada al ver que una de las torres estaba quemándose.
El resultado, más allá de las apreciaciones personales de cada bando, era de un total de doscientos cincuenta muertos por parte de Nueva Roma y una cantidad similar de heridos. Los Lobos Rojos tenían quinientos cincuenta muertos y setecientos heridos.
Luego de la batalla, Lincoln ordeno que se revisaran a los heridos y que fueran llevados al hospital en caso estos lo necesitaran. Sabía que algunos no iban a pasar esa noche, pero esperaba que no fueran muchos. También ordeno que se quemaran los cuerpos de los caídos, ya que no era posible enterrarlos en ese momento. Luego de ello hizo que hubiera una rotación en las defensas y que quienes hubieran luchado ese día descansaran.
Por suerte, sus hermanas y amigos no tenían ninguna herida seria, más allá de uno que otro corte por parte de Lynn y Luna. Él solo tenía un par de heridas en el brazo de poca consideración. Bajo del muro de madera y se dirigió hacia donde estaban sus hermanas. Fue despacio, hacia ellas por el cansancio de la lucha, pero en cuanto vio a Lucy correr donde ellas, el cansancio se le fue y este corrió hacia sus hermanas.
—¡Lincoln! ¡Ven rápido! –decía emocionada.
—¡¿Qué sucedió?! – pregunto alarmado.
—¡Solo ven!
Todos corrieron a la casa Loud, a su carrera se les sumó Carol, Zack, Stella, Paz, Ajani y Nikki. A su paso miraron el daño que se le hizo al pueblo y eso hizo que pensaran en sus seres queridos que habían estado escondidos.
Al llegar a la casa, bajaron al sótano en donde los encontró la mejor sorpresa que habían visto en mucho tiempo. Ahí estaba Lori sobre un colchón, rodeada por todos quienes estaban con ella y cargando a una pequeña bebé recién nacida.
—¡Están aquí! —dijo Lily emocionada al ver a sus hermanos y corrió a abrazarlos.
Todos hicieron lo mismo al verlos, en especial Edric que abrazo con fuerza a su madre.
—¡Ya nació! ¡Ya nació! –dijo este emocionado— la abuela, Ronnie Anne, Carlota y la maestra Lisa lo hicieron.
Lincoln salió de su sorpresa y tras abrasar a todas las que ayudaron y dándoles las gracias fue donde Lori y se sentó en el suelo para estar a su lado.
—Te dije que sería niña —dijo Lori.
—Me alegro de que lo haya sido. Y me alegro de que hayas venido el día de hoy —dijo Lincoln cargándola.
—¿Loan? —pregunto Leni por el nombre.
—Sí. Ese es su nombre.
La pequeña Loan estaba dormida en ese momento. Si bien todavía era muy pequeña, se la veía bien físicamente y en mejor forma que la que tuvo Lori al nacer. Todavía no tenía cabello, pero se notaba una pequeña pelusa de color dorado.
Todos se pusieron a su alrededor para estar junto con ellos y disfrutaron de ese momento. Pese a lo vivido en ese día lleno de muerte, y pese a que aquello había sido lo que más se vivió durante todas esas horas. La vida en tan solo unos instantes pudo ganarle a la muerte, y las sombras empezaron a retroceder.
Y así queridos lectores, termina este capítulo. Tuvimos una gran batalla, pero también siento que tuvimos muchos otros momentos importantes, que para mí, son casi tan especiales como las distintas luchas. Sobre todo por el nacimiento de Loan, la cual si bien todos sabemos que es una de las llamadas Sin Kids o Hijos del pecado, los cuales si bien ya están un poco en el olvido, todavía les tengo cariño.
Ahora pasemos a los saludos.
Montana Hatsune: Me alegra que notaras esa referencia a la mitología griega, sobre todo la historia del desafortunado final del rey Egeo.
En cuanto a Artemisa, tenía varias ideas para un nombre, pero se me ocurrió usar el de quien le había dado las mejores ideas al rey Jerjes durante la segunda guerra médica.
Espero te haya gustado este capítulo y esta batalla, en la cual ya causo de todo.
Marati: Como ya vimos, sus intensiones son las de conquistar el pueblo y usarlos para crear un imperio.
Jonas Nagera: Me alegra que te guste como se desenvuelven los Loud en esta nueva realidad. Si bien no es todo como antes y tienen mucho que quitarse de encima del pasado, por lo menos van por buen camino.
Marcado: Creo que con este capítulo empiezan a encargarse de ella.
Sobre Lori y Lincoln, espero haber arreglado ese tema en este capítulo, la verdad es que en parte es mi culpa haber pensado tanto en el tema de Artemisia que olvide otros aspectos igual de importantes.
Sobre la forma de ser de Artemisa, inicialmente tenía pensado hacerlo todo más sutil y político. Pensaba en poner que esta iba a buscar ganarse a la gente de Nueva Roma con discursos y esas cosas que usan los candidatos en campaña. Pero preferí algo menos lento.
Gracias por los saludos y espero hayas disfrutado este capítulo.
Llegados a este punto, lamento la tardanza por las razones que explique al inicio. Sin embargo, me alegra de haberles actualizado esta historia a solo un día de su aniversario número cuatro. Y sí, mi cumpleaños es mañana.
Sé que debí de terminar hace mucho con esta historia y dar paso a otras que tengo en lista, pero las cosas no son tan sencillas ahora. Sin embargo, espero que disfruten de cada actualización que haga sin importar el tiempo que me tome.
También aprovecho para recomendarles la historia de mi amigo Sam: The Stormbringer, la cual se titula Fiat Tenebris y trata del punto de vista de los eventos del Shadowverso vistos por los Casagrande.
Sin más que decir, les agradezco su compañía y espero verlos pronto.
Nos vemos.
