Hola a todos y bienvenidos a un nuevo capítulo de esta historia. Primero que nada, quiero pedir disculpas por no haber podido retomar la historia desde hace mucho. Se que debi regresar hace ya un buen tiempo, pero las actividades de todo tipo que tengo no dan mucho tiempo a trabajar en esto. Sin embargo aquí estamos de vuelta.
Les agradezco por su compañía el capítulo anterior, ame trabajar en el y la verdad es que fue una tortura no poder sacarlo en el momento en que de verdad quería. Pero, no es momento para hablar de ello ahora. Nuevamente estamos aquí con un nuevo capítulo y es por eso que espero que les guste. De por si, este es uno más tranquilo tras la batalla y el nacimiento de Loan que vimos en el capítulo anterior. Sin embargo, eso no quita que no valga la pena leerse.
Sin más que decir, comencemos.
Tierra de sombras – Capítulo 19
Pausa necesaria
La mañana siguiente a la batalla fue una que se destacó por lo calmado que se sintió todo. No era una calma tensa, era una que era similar a la de los días anteriores al inicio de aquella guerra contra los Lobos Rojos. La gente salía de sus hogares para ir a comprar el pan de la mañana o para abrir sus negocios como lo hacían cada día. La diferencia es que esta vez la gente estaba vestida con armadura y llevaba sus armas y sus escudos consigo.
Las calles y edificios por su parte mostraban los daños causados tanto por morteros como por flechas incendiarias. Si bien no era un daño tan grande, las casas que habían sufrido daño no iban a ser reconstruidas hasta que todo aquello acabara, lo que significaba que sus habitantes tenían que vivir en otros lugares. Aparte de eso, la imagen de aquellas casa dañadas por el fuego o las explosiones eran un ejemplo de lo que podría pasarles a muchos otros hogares si ocurría un nuevo ataque al pueblo.
En cuanto a las defensas. La puerta estaba seriamente dañada y repararla de forma adecuada iba a requerir de muchos días, por lo que no podía hacerse mucho por ella, más que sacar las tablas que estuvieran muy dañadas y reemplazarlas por otras. No iba a quedar bonito, pero al menos la puerta podría resistir un poco más. Por otro lado, los defensores esperaban que el enemigo no pensara en usar otro camión contra ella.
Los muros de Nueva Roma estaban en buenas condiciones, no habían sufrido daños de consideración y las torres, pese a que una se perdió producto de las flechas incendiarias, estaban en buenas condiciones como para seguir siendo usadas.
Donde la cosa si era bastante serie, era en el hospital. En este, la gente estaba acumulándose, ya sea para ver a un familiar o amigo herido tras la batalla, esto en el caso de aquellos que estaban recuperándose, o esperando una noticia de aquellos cuyas heridas los habían dejado en el límite de la vida y la muerte.
Aquellos que habían muerto tanto en la batalla como horas después de la misma a causa de las heridas, estaban siendo llevados a una fosa que se estaba cavando en ese momento. Por más que muchos quisieran darles un funeral digno a sus muertos, la situación de ese momento no permitía realizar algo como aquello y para empeorar las cosas, el pueblo carecía de un cementerio. Por lo que se podría decir que aquellos muertos eran los fundadores del mismo.
En cuanto al enemigo, los pocos que se habían rendido estaban en la cárcel de Nueva Roma, lugar que servía para encerrar a los ladrones y borrachos que iniciaban una pelea en un bar o en la vía pública. Los que estaban fuera de los muros del pueblo estaban en su campamento haciendo las mismas cosas que los habitantes de aquel pueblo. No mostraban señales de querer atacar de nuevo en ese momento. Pero eso no evitaba que los vigías no le quitaran el ojo a esa dirección.
Pero dentro de todo aquello, los Loud y sus amigos estaban pasando un momento único. La llegada de Loan, había traído a todos una esperanza que no habían sentido en mucho tiempo. Una que incluso superaba la que habían sentido el día que se fundó Nueva Roma. Esa mañana los hermanos Loud estaban en el comedor de aquella casa junto con Ronnie Anne y Jocelyn, o bueno casi todos ellos, Lori seguía durmiendo en el sótano junto con Loan. Habían preferido que ella estuviera ahí para protegerlas a ambas de cualquier otro ataque como el que hubo con aquellos morteros.
—Muchas gracias por todo, Ronnie Anne —dijo Lincoln.
—De nada —dijo Ronnie Anne quien ya había recibido las gracias de todos en esa familia por lo menos unas tres veces.
—Espero que estes listo para los próximos años. Cuidar un hijo es más difícil que cuidar de tus hermanas —dijo Jocelyn— aunque creo recordar que ya tenías experiencia en ello.
—Es cierto. Nuestro hermano cuidó muy bien de Lucy, Lana, Lola, Lisa y Lily. Así que eso debe contar como entrenamiento —dijo Luna.
—En realidad todo eso lo aprendí de mirar a mis hermanas, sobre todo de Lori, ella tuvo que cuidarnos a todos en varios momentos —contesto Lincoln.
—En ese caso no será muy difícil para ustedes. Igual siempre pueden preguntarme a mí o a Paz si tienen dudas, un hijo en este mundo es muy diferente a como lo era en el viejo mundo —dijo Jocelyn.
—Igual a mí, a mi mamá o a Carlota. Todas ayudamos a cuidar a Bianca —dijo Ronnie Anne.
Todos empezaron a dar consejos o a recordar anécdotas, o casi todos. Lucy al ver la escena, pensó en lo raro que era ver a todos reunidos en esa mesa tras no haber pasado ni veinticuatro horas de una batalla en la que hubo una gran cantidad de muertos y en la cual ella fue puesta como reserva en caso de que el enemigo entrara. Trato de recordar alguno de sus poemas del pasado y ver si alguno de ellos encajaba en esa situación, pero no recordaba ninguno y tampoco tenía ganas de pensar en uno que no podría escribir en ese momento.
De pronto la puerta de la casa sonó y Lincoln se levantó para abrirla.
—Hola Lincoln. Felicitaciones por la recién nacida —dijo Carol abrazándolo.
—Gracias Carol. Me alegra verte tan temprano. Lori aun está dormida, pero puedes esperarla aquí hasta que despiertes.
—Muchas gracias. Me gustaría ver a mi sobrina en lo que no me hacen ir a algún lado —dijo entrando a la casa.
Lucy al ver que ya había terminado de desayunar, se paró de la mesa y tras lavarse los dientes, salió de aquella casa, no sin antes cruzarse con Príncipe, el Megaloceros de Lori que llevaba al lado de esa casa desde que empezó el sitio.
—¿Todo bien? —le pregunto Lucy como si esperara una respuesta— De seguro estás esperando a Lori, pues ella no va a salir de casa hasta que esté totalmente recuperada, pero tranquilo. Está bien y ahora tiene a su hija con ella. Me imagino que te conto lo mucho que estaba esperando por ella.
Príncipe la miro fijamente, pero Lucy no tenía idea de que significaba aquello o si tenía un significado. De todas formas, Lucy aprovecho para acercarse más a este y acariciarlo en un costado. No era como acariciar un perro o un conejo, de hecho, sentía que el pelo de aquel animal no era uno muy suave, pero aun así este la dejo hacerlo.
Mientras lo acariciaba, se preguntó si el Megaloceros estaba feliz de estar como si fuera un vehículo estacionado. Príncipe, los había seguido al pueblo el día en que estos se habían ido de Royal Woods. Su presencia llamó la atención de todos los que lo vieron y no hubo quienes no pensaron que se trataba de un muñeco de gran tamaño.
Otra cosa que se preguntó, fue si este no estaba asustado por lo vivido el día anterior, además de preguntarse si no había nadie que lo estuviera viendo como una presa para cazar o para comer en caso de que las cosas se pusieran difíciles ahí dentro.
—Que bueno que te encuentro aquí —dijo Haiku llegando con la armadura puesta junto con la espada y el escudo.
—Hola Haiku. Que bueno verte por aquí a estas horas.
—En realidad no estaba segura de venir. Supe que tu hermana dio a luz anoche y me imaginé que quizás estarías junto con ella. Por cierto, felicitaciones por convertirte en tía.
—Muchas gracias. Y descuida, tampoco pensaba pasar todo el día junto con ella. Con la noche de ayer y un rato esta mañana basta.
—Qué bueno. ¿Te gustaría dar una vuelta antes de que nos llamen al servicio?
—Por supuesto. Déjame ponerme mi armadura y te acompaño.
El usar la armadura y el llevar las armas consigo, se volvió algo obligatorio. No sé sabía cuándo podía ocurrir un ataque nuevamente y se necesitaba a todos listos en caso de que Artemisia regresara con sus fuerzas. Ya que no había nada que hacer en ese momento y no tenían ninguna obligación de ningún tipo, las dos simplemente empezaron a caminar, primero por las calles que habían sufrido daños y luego por donde estos no había.
Llegaron al parque del pueblo, un pequeño espacio con bancas y flores por donde la gente solía caminar luego de misa. El lugar no tenía espacio para sentarse en el pasto como en Royal Woods o sus ciudades vecinas. Pero eso no evito que las dos se sentaran en una banca.
—Vaya día el de ayer —dijo Haiku.
—Lo fue. Nunca espere vivir algo así de nuevo. Pero tiene sentido de que algo como esto esté pasando.
—Siempre hay gente que quiere quitarte lo que tienes. ¿Te refieres a eso?
—Sí. No sé si ya te dije esto antes, pero luego de que ustedes se fueron, nos tocó sufrir diversos intentos de saqueo por parte de bandidos que querían robarnos nuestras provisiones. La primera vez fue cuando mi padre murió a causa de unos Purificadores que habían quedado, un amigo de mis hermanas al que acogimos en nuestro hogar estaba trabajando con ellos. Dicen que fue porque lo obligaron o algo así, la cosa es que ellos lo mataron.
—Lo siento.
—Gracias. Pero esa no fue la única vez que nos topamos con ellos como te dije, en los años siguientes algún grupo descubría nuestra casa. Una vez fue porque siguieron a Luna y a Luan, otra fue porque siguieron a Lori y a Lincoln, otras dos fueron porque empezaron a investigar si las casas del vecindario tenían algo que pudiera servir. En todas descubrimos que eran solo un grupo de gente desesperada que no eran una amenaza de ningún tipo.
—Lástima que los Lobos Rojos no sean como ellos. Puede que hayan perdido siempre, pero eso no les quita lo peligroso y eso no evito que destruyeran el campo.
Luego de decir eso, Haiku se rio, lo cual llamo la atención de su amiga.
—¿Qué pasa?
—Nada. Es solo que me dio risa el que estemos hablando de estos temas cuando en el pasado nos limitábamos a escribir poemas oscuros y a leer novelas de vampiros.
—Todavía a mí me parece difícil de creer. Quién diría que terminaría vistiendo de blanco.
—Pues te queda bien y la verdad es que no me arrepiento de nuestra etapa como góticas que abrazaban la oscuridad. Fue así como te conocí y debo admitir que me gustaba ese tipo de ropa.
—Lo mismo pensé yo. Supongo que tuvo algo bueno. Por cierto. ¿Qué te hizo cambiar? —pregunto Lucy.
—La caída de nuestra ciudad, la gran marcha y el campamento de refugiados. Un mundo oscuro terminó siendo el lugar donde menos quería vivir.
—¿Cómo fue vivir en Great Lake City? —pregunto Lucy al recordar el pedido general de marcharse a esa ciudad junto con Los Guardianes.
—Una pesadilla. Esa gente nos odiaba, para ellos éramos un grupo de parásitos que querían comerse su comida. Y sabes que, no los culpo. Eso éramos prácticamente. Por otro lado, estaba el hecho de dormir en una carpa junto con toda mi familia y el tener que competir por quien llegaba temprano al reparto de alimentos.
—Suena a que no hubiéramos podido soportar eso.
—No lo creas. Tu familia y tú han demostrado ser más duros de lo que imaginan.
—También tú, Haiku. También tú.
En la casa Loud, las cosas estaban nuevamente en calma tras todo lo ocurrido el día anterior. Todos habían estado al pendiente de Lori y de Loan en esas primeras horas, por lo que era normal que esta sea visitada tanto por sus hermanas como por sus amigos. Ella, se encargaba únicamente de alimentar a su hija, mientras que Lincoln, así como sus hermanas se encargaban de cambiarla y estar con ella cada que despertaba llorado. El sótano, había sido adecuado para que ellas estuvieran en el, habiendo bajado la cama de Lori, en la cual ella estaba echada, y la cuna de Loan.
Junto a Lori estaban en ese momento, en el sótano se encontraban Carol, Lincoln, Leni y Paz. Ronnie Anne también había estado con ellos, pero decidió acompañar a su madre al hospital luego de que María fuera a revisar a madre y a hija.
—Sigo sin creer que literalmente esté aquí con nosotros —dijo Lori mientras cargaba a su hija.
—Yo igual. Nunca me imagine como padre si debo admitirlo, pero si papá pudo con once hijos, no veo porque yo no podría con una.
—Es una lindura —dijo Carol mirándola fijamente— ¿Tú eras así cuando eras bebé, Lori?
—Para nada. Nací con la cabeza en forma de cono y los dedos de los pies palmeados.
—Creo que eso puede ser normal cuando alguien nace.
—De eso no tengo idea. Quizás Lisa sabe de eso.
—Por ahora alégrate de que esté bien en todo el cuerpo —dijo Leni— no tiene nada extra ni nada que le falte. Y parece una bebé como cualquier otra en todo sentido.
—Solo espero que eso se mantenga en el resto de su salud. Por ahora solo hay que ver si crece con normalidad —dijo Lori.
—Tranquila —dijo Paz, quitándole peso a sus preocupaciones— es normal que te preocupe su salud y todo lo demás, pero estoy segura de que crecerá como toda niña y que tendrá muchos amigos con quienes jugar. Seguro que incluso tiene muchos de sus talentos.
—Lástima que el golf ya desapareció. Literalmente me hubiera gustado enseñarle a jugar.
En ese momento bajaron al sótano Lily, Edric y Carlitos. Los tres habían estado en clases con Lisa, las cuales siguieron pese a que había un asedio en progreso. Los dos bajaron y se pusieron alrededor de Lori y Loan.
—¿No se supone que estaban en clases? —pregunto Paz.
—Quería ver a la nueva bebé —respondió Edric quien acerco una de sus manos a ella.
—Mejor no la toques aún. Espera a que pasen unos días aún —dijo Paz.
—Está bien.
—Teníamos que venir a verla. No podíamos quedarnos sin verla —dijo Lily.
—Y yo me vi obligado a seguirlos —dijo Carlitos.
El grupo se rio al escucharlos y pese a que se habían saltado una de sus clases aprovechando que Lisa tenía que revisar el como iban la preparación de suministros médicos. Lily era la más interesada en ver a Loan, para ella el ver a un bebé en su familia era casi un evento histórico de esos que no se dan muy a menudo.
—Es muy linda —dijo Lily.
—Es igual a ti cuando naciste —dijo Lincoln.
—¡¿En serio?! —pregunto con alegría.
—Sí. Todas ustedes fueron muy lindas cuando nacieron.
—Oigan. No había notado que Lily es tía más joven de todo el pueblo —dijo Leni.
—Es verdad. Me ganas por un año —dijo Carlitos.
—Vaya. Eso es un poco extraño debo admitir.
—Puede que sí, pero eso no significa que sea malo. Solo que literalmente te toco vivir algo estando muy joven.
—Pues… en ese caso me asegurare de cuidarla como ustedes me cuidaron a mí.
—Entonces, literalmente esta más que segura —dijo Lori.
En otra parte del pueblo se encontraban Luna, Sam y Thomas. Estos estaban haciendo fila para entrar al que se había vuelto su lugar favorito, una pastelería que para ellos hacía los mejores pasteles del pueblo.
—¿Por qué hay tanta fila? —pregunto Thomas.
—Los que trabajan aquí están de guardia y por eso están trabajando muy despacio —respondió una de las personas que esperaban.
—Rayos. Y yo que quería algo dulce para olvidar un poco de todo esto —dijo Luna.
—Yo igual. Pero supongo que nos tocara esperar a que la fila avance —dijo Thomas.
—¿Y si les ayudamos? —sugirió Sam.
—¿Qué dices? —pregunto Luna incrédula.
—Conocemos muy bien a Mariel y somos de sus mejores clientes. Podemos ayudarla en lo que podamos. Incluso quizás en hacer pasteles.
La idea les pareció atractiva. Pero no estaban de acuerdo con ello del todo.
—No lo sé. No la conozco del todo y ayudar en un negocio de ese tipo requiere de talento. Yo no se nada de hacer pasteles o cosas así —dijo Thomas.
—Lo sé. Pero estoy seguro de que puedes ayudar de una forma u otra, además, sería una ayuda extra para el pueblo y una que nada tiene que ver con la guerra —dijo Luna.
—Pues… podría intentarlo.
—Yo puedo enseñarles algunas cosas. Aprendí muchas de las recetas de mi padre, y pude poner muchas de ellas en práctica.
—En ese caso, estoy segura de que será muy divertido estar del otro lado del mostrador —dijo Sam.
Tras lograr convencer a la gente de que eran apoyo extra y que no se estaban colando, los tres se presentaron ante Mariel, la dueña de la pastelería, como un apoyo ante la escasez de trabajadores.
Mariel, una mujer de unos cuarenta años con el cabello negro y un mandil verde oscuro, era la creadora de aquel negocio. Había sido pastelera tanto en Santa Lucia como en Great Lake City, aunque esto último fue en el papel de aprendiz. En los meses que llevaba en Nueva Roma, había demostrado ser la mejor preparando postres, lo cual había sido una gran alegría para los Loud, quienes, si bien sabían preparar algunas cosas, no podían hacerlo todo debido a la falta de ingredientes, por lo que la llegada de Mariel quien llevo consigo una gran cantidad de insumos pudo solucionarlo.
La dueña se encontraba en ese momento alternando entre el mostrador y la cocina. Al ver a los tres en ese lugar, se preguntó si de verdad aquellos podían ser de ayuda en su negocio. Pero al ver que la gente se acumulaba en la puerta, no le quedo de otra más que aceptarlos.
—Bien chicos. Vayan allá atrás y sigan las indicaciones al pie de la letra, no puedo enseñarles con toda la calma del mundo. Así que por ahora nos conformaremos con que no quemen nada y no maten a nadie.
—Entendido —respondieron los tres.
Luna, Sam y Thomas se metieron a la cocina y empezaron con su trabajo. Todos hicieron caso de lo que tenían que hacer, lo cual no fue muy complicado para Sam y Thomas, ya que lo que les encargaron fue medir ingredientes. Luna fue la encargada de mezclar y llevar cosas a los hornos de ladrillos. Su trabajo durante el resto de la mañana y las primeras horas de la tarde fue uno de calidad. No solo estuvieron haciendo postres, sino que también estuvieron llevando lo que preparaban a los mostradores, atendiendo en caja y ayudando a que el fuego de los hornos se mantenga.
Al final de su turno de trabajo, los tres terminaron agotados, incluso tanto como el día anterior. Si bien no consiguieron un protagonismo, si lograron ganarse un par de postres que ellos mismos habían preparado, y un par de empanadas que les sirvieron como almuerzo. Con todo ello en sus manos, salieron del lugar prometiendo volver en algún momento a dar ayuda.
—En mi vida me imaginé hacer algo como esto —dijo Thomas.
—Yo tampoco —dijo Sam.
—Yo menos, pero no vamos a negar que fue divertido ayudar —dijo Luna.
—Es cierto. ¿Saben? Cuando esto termine, voy a asegurarme de que mi pueblo pueda disfrutar un momento como este. Solo… espero que quede algo del mismo cuando termine el asedio.
—Tu pueblo será libre, Thomas —dijo Luna poniendo su mano en su hombro— Artemisia será derrotada y pagará por todo el daño que les ha hecho a ustedes.
—Solo hay que buscar una manera. Estoy segura de que hay un plan para ello —dijo Sam.
—Es verdad. Pensaremos en algo, quizás entre los tres se nos ocurra un buen plan.
Así, los tres se fueron caminando a buscar un lugar apropiado para pensar en una estrategia que les permitiera salvar a aquellas personas.
Luego de almorzar, Lana y Lola se encontraban en su habitación. Si bien no era su cuarto de toda la vida, era un lugar cómodo y que les era mucho mejor para estar que un sótano. Las dos estaban junto con Inci, el cual jugaba junto con su dueña a perseguir una pequeña pelota de tenis de las que le sobraban a Lynn. Lola, no era muy fan de tener un dinosaurio de mascota, así como de todo tipo de dinosaurio. Pero admiraba a estos y le gustaban verlos, lo cual hacía mientras estaba sentada en su cama.
—¿Quién diría que acabaríamos así? —dijo Lola llamando la atención de su hermana, quien dejo de hacer lo que hacía.
—¿Dijiste algo?
—Dije que me parece increíble que terminaríamos pasando por tantas cosas. Es decir, han sido tantos los cambios que hemos tenido las dos en estos años que me es difícil de creerlos.
—Pues sí. Hemos crecido mucho en estos años —dijo Lana sentándose en su cama con Inci en sus piernas.
—No me refiero a lo físico. Me refiero a todas las cosas que hemos vivido desde que el viejo mundo se vino abajo. ¿Recuerdas como éramos en esos días?
Lana hizo memoria y recordó aquellos años en los que era conocida por su falta de higiene y por su amor por todas las cosas asquerosas que disfrutaba comer y buscar. Todo eso había sido dejado atrás por órdenes de sus hermanas mayores. Adiós a buscar en la basura, en los basureros, y en cualquier otro lugar que pareciera carecer de higiene. Todo ello le había sido difícil de aceptar, pero lo único que tuvo que hacer, fue concentrarse en otras cosas de las cuales tenía talento.
—Ah sí. Esos días eran hermosos. Recuerdo cuando podía jugar con Charles en el lodo y cuando podía buscar cosas geniales en la basura —dijo recordando a su difunta mascota.
—Déjame adivinar. Si pudieras irías corriendo al primer charco que encuentres, ¿verdad?
—No realmente. Estos años fuera de todo aquello han hecho que no quiera hacerlo así por así. Quizás si hubiera un motivo para hacerlo lo haría con gusto.
—¿Algo como qué?
—No lo sé. Tal vez sí hay algún trabajo que hacer y que este requiera ensuciarse con lodo. Nunca dije que no me gustara estar sucia.
—En mi caso es muy distinto. Yo antes era una princesa que amaba las fiestas de té, y ahora soy como cualquier otra persona.
—Vamos, eres mucho más que eso. Eres mi hermana.
—Lana. Antes de que todo se derrumbara, yo ganaba un concurso tras otro y estaba lista para triunfar en certámenes cada vez más importantes. Hubiera sido famosa de no haber pasado lo que paso.
Lola recordó lo que vino luego del derrumbe de la sociedad. Trato de seguir siendo como siempre era, usando sus vestidos largos y brillantes, y jugando a las fiestas de té que siempre hacía con sus animales de peluche. Incluso hacía que sus hermanos la vieran desfilar en certámenes imaginarios que ella hacía para no perder la práctica.
Pero al final estos mismos hermanos le dijeron que pensara en el mundo en el que vivían, que nunca más iba a poder ser una princesa como ella solía ser en el pasado y que tenía que aprender a sobrevivir como los demás.
Las semanas siguientes fueron un infierno para ella, teniendo que aprender a cocinar, lavar y trabajar la tierra. A lo cual se le agregó el tener que aprender a usar un arco que en varias ocasiones le causo callos en las manos y uno que otro golpe de cuerda en el brazo. Así fue semana tras semana, hasta que al final termino por acostumbrarse a una cosa tras otra.
Con el tiempo, esta termino por acostumbrarse a realizar todas esas actividades, incluso a trabajar con los cuerpos de los animales que traían a casa para cenar. Lo único que se mantuvo en ella fue el gusto por el rosado y el conocimiento a la hora de hacer los distintos tipos de té.
—Pues… si quieres puedes enseñar todo eso que sabías en esos años. Estoy segura de que hay muchas niñas que les gustaría aprender de ti.
—No, ya no estamos en ese mundo —dijo Lola resignada— no tiene sentido enseñarle a un grupo de niñas a caminar por una pasarela cuando afuera hay dinosaurios carnívoros gigantes y también hay gente que amenaza con invadir el lugar donde uno vive.
—Pues era solo una sugerencia. Pero en mi opinión, tienes mucho tiempo para pensar en algo en lo cual puedes ser buena.
En la estación de radio las cosas estaban tranquilas. En ella, Lisa estaba revisando de que todos los equipos estuvieran funcionando y de paso estaba al tanto de los mensajes que habían llegado de parte de muchos asentamientos y de diversos pueblos que les daban su apoyo en su guerra contra los Lobos Rojos. Lo único malo de esos mensajes, es que lo único que hacían era dar apoyo, nadie les dijo que iban a ir a ayudarlos, más que nada porque Nueva Roma estaba a muchos kilómetros de ellos o porque no querían comprarse el pleito por desconocidos. Los únicos que habían dicho que ayudarían era la gente de Santa Lucia, pero estos estaban a dos semanas.
—¡¿Nadie nos da apoyo?! —se quejó Lisa.
—Nadie. Aunque la verdad se entiende el porqué, los asentamientos no son ciudades o reinos. Nadie tiene los números como para ayudar militarmente sin dejar abandonado su hogar. Santa Lucia es una excepción.
Bueno, en estos momentos solo podemos hacer lo que siempre se ha hecho. Continúa con las canciones y mandando los mensajes. Luan ¿Cómo vas con ellos?
La antigua comediante había ido a dar ayuda, ya que todos sus amigos o estaban con sus familias o de guardia. Y como había pasado bastante tiempo junto con Lori y Loan, decidió que era buena idea ir a la radio. Ahí lo suyo fue transcribir los mensajes que muchos vecinos les fueron llevando a lo largo del día. Estos eran mensajes de aquellos que tenían familiares o amigos en Santa Lucia y que querían informarles que estaban bien pese al sitio.
—Voy bien, ya casi no hay mensajes.
—Perfecto. Yo iré al hospital a ver si necesitan de algún suministro médico y también a ver si la lista de bajas se ha actualizado.
Lisa salió de la estación de radio y Luan se quedó ahí junto con la gente que trabajaba en la misma. No era gran cosa en comparación a las estaciones de radio del pasado, incluso si se comparaban a las de la época de su padre y su abuelo. Pero era un lugar que ella consideraba interesante. Le gustaba la dinámica y por momentos pensó en lo que sería estar en esa cabina de transmisión para dar uno de sus viejos chistes que hacía con el Señor Cocos, aquel muñeco de madera cuya voz estaba en silencio desde hacía años.
—¿Listos los mensajes? —pregunto uno de los trabajadores.
—Listos —dijo dándoselos.
Los mensajes fueron recibidos y tras terminar una canción de una banda cuyo nombre no conocía, estos empezaron a ser narrados por el locutor. Mientras estos eran leídos, Luan recordó su tiempo como comediante, realizando espectáculos en los cumpleaños y contando chistes en diferentes shows. Recordó la forma en que hacía reír a la gente y sintió como aquella chispa que estaba apagada poco a poco se iba encendiendo. Penso en los chistes que decía en ese entonces y considero que aquel momento, era el perfecto para subirle los ánimos a las personas.
Se puso de pie luego de que terminaran los mensajes y empezaran con la música nuevamente, camino hacia la cabina de transmisión, pero mientras más se acercaba empezó a dudar en hacerlo realmente. ¿En serio la gente quería escuchar unos chistes que no habían sido contados en años cuando la gente estaba pasando por esos momentos?
Su debate interno, si bien pareció haber durado mucho entre los pros y los contras, no fue más que un par de segundos en los que Lisa regreso con nuevas noticias del hospital.
—Buenas noticias. No ha habido bajas extras desde la última vez que fui. ¿Qué estabas haciendo ahí? —pregunto Lisa al ver a su hermana parada cerca a la puerta.
—Nada. Solo estaba mirando como hacían las cosas.
—Parecía que querías entrar.
—No para nada—dijo mientras se alejaba de la puerta y recogía los nuevos mensajes.
Luan volvió a mirar la cabina de transmisión y dijo en su mente.
—"Algún día volveré, algún día".
Esa noche, Lynn se reunió con Ajani y su familia. El arquero la había invitado a ir con él a su hogar tras una visita que este había hecho a Lori para felicitarla nuevamente por el nacimiento de su hija. En aquella casa estaban su esposa Ana, sus hijos Leónidas, Alesia y Carlos, así como con las parejas de estos y sus tres nietos. A Lynn aquello le recordó bastante a su vida en la casa Loud años antes de que todo empezara.
Se sentó en uno de los sillones y empezaron a hablar de como les había ido ese día, no mencionaron nada de la batalla del día anterior, todo era únicamente de lo ocurrido ese día.
—¿Cómo va lo de tu sobrina? —pregunto Leónidas.
—Va bien, por suerte Loan nació con todos los dedos de las manos y de los pies, y está más linda que su madre cuando nació.
Todos se rieron con ese comentario y continuaron haciéndole preguntas.
—¿Y no has pensado tener hijos más adelante? —pregunto Alesia.
—Sí. Pero no se si este sea el momento correcto. Creo que lo mejor sería esperar un par de años más.
—Bueno, tienes tiempo de sobra para esperar. Además, el pueblo tiene mucho que crecer todavía —dijo Carlos.
Tras eso, todos empezaron a hablar sobre que les gustaría que tuviera Nueva Roma al ir creciendo. Estuvieron así hasta que llego la hora de cenar, esta era más que un tipo de pasta hecha a mano, con salsa de tomate y trozos de carne. Tras agradecer a Dios por estar reunidos esa noche, comieron.
Lynn al probar un bocado, se sintió distinta a como se sentía hacía mucho tiempo, había algo ahí que solo había sentido el día en que esta se encontró con su amigo aquella vez que se escapó.
Mientras comía, todos empezaron a preguntarle sobre su vida, sus gustos y sobre sus años antes de la caída. Le preguntaron como había conocido a Ajani y también como este había ayudado a la familia Loud con diversos consejos.
Pese a las preguntas, Lynn se sintió bastante cómoda e intercambio opiniones, anécdotas y gustos en todo tipo de cosas con la familia Goldname. Se sintió incluso feliz de estar ahí junto con toda esa gente y en cierto momento, incluso se sintió como parte de esa familia. Al verlos, entendió por qué para Ajani su familia era tan importante tras la perdida de su hermano, y en ella vio el motivo por el cual este y sus hijos habían ido a pelear.
Luego de la cena, Lynn se despidió de todos y Ajani la acompaño hasta la puerta.
—Gracias por invitarme.
—De nada, siempre eres bienvenida a venir a nuestro hogar.
—Tú también. Puedes venir cuando quieras, y… gracias por hacerme sentir como parte de tu familia.
—Eres parte de la familia, Lynn Loud. Jamás olvides eso.
Los dos se despidieron y Lynn empezó a caminar a su hogar pensando en lo bien que lo había pasado esa noche, ese momento de paz que estaba más que segura, de que terminaría al día siguiente.
Y así queridos lectores, termina este capítulo. Sé que estuvo bastante tranquilo y que no tuvo nada de la acción del capítulo anterior, pero creo que esto era necesario tras tantas batallas.
En esta oportunidad, los Loud han pasado por momentos de todo tipo, algo que quería hacer desde hacía tiempo, pero que no encontraba donde poner. Así que espero que les haya gustado. Sin más que decir, paseemos a los saludos.
Montana Hatsune: Me alegra que te gustara el capítulo anterior y que entendieras las referencias que puse, aunque debo admitir que no recuerdo haber pensado en el asedio de Constantinopla. Sobre el porqué Artemisia todavía es fiel a esa ideología, esto se debe a que no necesariamente un hecho como el vivido en el fic, hace que uno cambie de ideologías, sino que piense que es el momento perfecto para llevarlas a cabo.
Espero te haya gustado este capítulo y que este momento de paz te haya parecido uno bueno.
Marati: De eso puedes estar segura, Loan será alguien muy importante para los Loud de una u otra forma.
Jonas Nagera: Descuida, yo también tomé bastante tiempo al momento de actualizar esta historia. Pero como sea, me alegro de que te haya gustado el capítulo anterior y hayas disfrutado de las sorpresas.
El liderazgo de Lincoln es algo que he notado en él desde que empezó la serie y sus estrategias para la vida caótica que tiene, bien pueden usarse para la guerra. Sobre la parte en que este se acerca a la iglesia, esta fue una de mis favoritas y estoy seguro de que habrás notado muchas otras referencias al cristianismo en esta historia. Esto se debe a que en mi opinión, la caída de toda la sociedad, ha sido el momento más apropiado para que haya un reencuentro con la fe.
Sobre los momentos entre los hermanos antes de la batalla, debo decir que disfrute más de estos que de la misma batalla, ya que siento que fueron los momentos perfectos para mostrar más de ellos y de como han visto cambiar sus vidas.
En cuanto a Artemisia, la volveremos a ver en el siguiente capítulo y veremos como está ha tomado la derrota y que tiene en mente. Espero te esté gustando el personaje.
Sin más que decir, muchas gracias por acompañarme en este capítulo y espero que les haya gustado este capítulo. Prometo demorar menos en el siguiente capítulo, ya que el que viene es el último de este arco.
Nos vemos.
