Hola lectores!

Fallé miserablemente en publicar ayer, pero bueno, la espera ha sido eterna y en realidad sólo quiero publicar este nuevo cap y hacerlos felices jiji :3

muchas gracias por sus reviews:

- Angela Inukag: Hermosa!, me eencanta que sigas mis escritos pese a la adversidad ajaja. Muchas gracias por esperarme, muchas gracias por el cariño!

- kcar: Si disfrutaste el capítulo previo este se viene con algunos fragmentos que vas a amar. Muchas gracias por tu apoyo! Me encanta leerte por aqui siempre en mis reviews. Un abrazo.

- Cbt1996: Amo leerte por aqui! Muchas gracias por apoyarme, tanto en reviews como en comentarios por mi página de facebook, la vida ha estado atareada, y agradezco la paciencia de personas como tú, además de tu inmenso cariño.

- Rosa Taisho: AJJJAJAJAJ, la parte del teléfono tambien me ha recordado en algún punto a esa escena, la verdad es que de vez en cuando me gusta revivir las escenas que me gustó escribir en fics pasados y cambiarlas un poquito, definitivamente esa es una de ellas. Muchas gracias por tanto amorcito querida Rosa Taisho, la verdad es que aún cuando me he perdido un tiempo, eso no cambia y lo valoro demasiado. Un abrazo!

- Rocio K. Echeverría: Falta poquito para que regrese Naraku y vuelva a darnos jaquecas a todos -.-, digamos que pese a la distancia sabe todo lo que ha estado haciendo Kag, y eso va a traer varios problemas más temprano que tarde. Muchas gracias por tu apoyo Rocio y espero este cap te encante! Porque se vienen escenas uffff...

- joiscar: La Kag valiente, temeraria y de armas a tomar abunda en esta historia. Las historias siempre muestran a una Kag demasiado sumisa y me encanta hacer el cambio en ello. La actualización se ha demorado, pero prometo que comenzaré a ponerme al día. Un abrazo!

- Marlenis Samudio: wow! Me encanta tu memoria, efectivamente se llamaba Kaguya, sin embargo no terminó de convencerme al final y he decidido cambiarlo. Y con respecto a tu pregunta de posibles ETS en mis historias, en general tomo en cuenta que todos mis protagonistas son demonios y como sabemos ellos no se contagian de enfermedades como los humanos (eso incluye resfriados y otras tantas cosas, entre ello enfermedades sexuales), asique por eso no lo menciono, aunque si lo he utilizado como recurso en escasas oportunidades, sobretodo mas que nada para evitar embarazos no deseados. De todas formas pro preservativo por aqui! Hay que protegerse siempre en la vida real porque nosotros no somos youkais ajajjaja. Un abrazo Marlenis!

- Kayla Lynnet: Todos odiamos a Naraku con creces :c y lamento informar que cada vez queda menos para que vuelva a aparecer y a dañar a nuestra amada Kag. Espero disfrutes este cap queria Kayla, ha tardado un poquito pero valdrá la pena. Un abrazo.

- Karii Taisho: Nuestra Kagome siempre tiene un As bajo la manga y en este caso el contestar la llamada era un plan para vengarse un poquito jiji, lo que nos traerá grandes ventajas a nosotras las lectoras, porque no hay nada que encienda mas a Inuyasha que los celos. Muchas gracias por leerme Karii, Un abrazo!.

- Carli89: Hay varios misterios por revelar y muuuchos capitulos por venir, me encanta que hasta ahora te guste la historia! Espero disfrutes esta actualización, un abrazo!

- Ladyahomehigurashi: AAAAY me encanta leerte tan encantada con mis locuras! Muchas gracias por tanto cariño en cada uno de tus comentarios. Avisame que te han parecido mis otras historias!

- MegoKa: Odiarás las malas decisiones, pero todo sea por la trama! Ajajajaj, Lamento haberte hecho esperar tanto por la actualización, espero disfrutes el cap. Un abrazo!

- Shikon de Oz: Muchas gracias por tus lindas palabras! Tanto aqui como en facebook, la verdad es que es lindo encontrar gente que comparte tus gustos y que además terminan siendo tan amable como tú.

Muchas gracias por la paciencia. Si todo anda bien el cap 8 estará listo para el día lunes 5/01.

Los quiero mucho!

Frani.


Capítulo 7.- Pasar tiempo a tu lado.

Kagome

– ¿Mi padre? - Gemí.

– ¿No sabías de esto? - Negué con la cabeza, incapaz de hablar. - Mierda.

Y entonces perdí el control.

El dolor repentino en mis entrañas me hizo encogerme al sentir como si alguien las apretara entre sus dedos. Mis manos hormiguearon y la sensación se extendió por mi piel hasta que mi cuerpo dejó de responder. Conocía perfectamente el cómo comenzaban mis crisis de pánico y ésta definitivamente era una de ellas. Mis garras se enterraron en el tapiz de aquel bonito y costoso sofá y no me permití cerrar los ojos, sabiendo que si lo hacía perdería el control por completo. Pude escuchar los latidos de mi corazón zumbar en mis oídos, cada vez más erráticos y desesperados, cada vez más cerca de la inconsciencia.

Me había rendido a ello, tal y como siempre lo hacía hasta que de pronto un toque suave sobre mi mentón me sacó del mal viaje, y al levantar la vista me encontré con el dorado extraño, pero sumamente cálido de sus ojos. Su rostro habitualmente despectivo se veía preocupado mientras me miraba fijamente, agachado frente a mí.

– Escuchame Russo, necesito que respires, ¿Puedes hacer eso por mí? - Una de sus manos se movió a mi cabello, peinándolo entre sus dedos con extrema suavidad. - El perro arrastrado que tienes por guardaespaldas está justo tras esas puertas, necesito que te calmes si no quieres un escándalo, este no es un lugar donde puedas colapsar, no ahora.

Miré hacia la puerta y escuché mi respiración agitada por primera vez en aquella crisis, siendo consciente de que esa no era la imagen que quería mostrar frente a esos dos. Sólo asentí y cerré los ojos, concentrándome en inhalar profundamente y no en lo dormidos que estaban mis brazos para entonces.

Me tomó algunos minutos controlarme y ellos me otorgaron el tiempo suficiente, sin llenarme de preguntas o preocupación excesiva, simplemente permaneciendo allí. Miré a Inuyasha Taisho una última vez antes de ponerme de pie, intentando agradecerle sin palabras, porque si era brutalmente honesta… Nadie se había dado el tiempo de acariciar mi cabello en el momento correcto.

– Trabajemos juntos. - Exclamé mirando a Sesshomaru y luego a su hermano menor. - Los tres. - La sorpresa surcó su rostro. - Si este es su modo de convencerme de volver a confiar en ustedes… Felicitaciones, lo han logrado.

Sesshomaru asintió.

– ¿Para defender a Naraku?

– No. - Contesté de golpe como si aquella pregunta incluso me ofendiera. - Primero quiero encontrar las respuestas sobre la muerte de mi madre, el resto ha pasado a segundo plano.

Ambos se miraron entre ellos en completo silencio por un tiempo que se me hizo extremadamente largo.

– ¿Puedes rastrear de dónde viene? - Me preguntó Sesshomaru.

– Creo que sí.

– Las cosas se pondrán feas… - Sonreí ante su intento de advertencia.

¿Las cosas habían sido lindas alguna vez en este mundo de mierda?

– Estoy acostumbrada a ello.

No lo ví de frente pero pude sentirlo, pude sentir al menor de los Taisho mirándome fijamente por el rabillo del ojo y pude ver sus labios curvarse en una sonrisa orgullosa. Me giré para enfrentarlo, sin embargo el gesto no se borró, sólo asintió, dándome a entender que podía contar con él, incluso si nuestra relación era un poco inestable y extremadamente inexplicable por el momento.


Entonces comenzamos hoy. - Respondió Sesshomaru, sacándonos de golpe a ambos de aquel pequeño trance de miradas.

Asentí y aclaré mi garganta antes de volver a hablar y como si mi padre hubiera presentido aquella pequeña traición a la distancia, un mensaje de su parte hizo vibrar mi celular al instante en mi bolsillo.

Padre (11:45 AM): Te necesito en el bar ahora mismo, hay un problema que debes solucionar.

Suspiré antes de contestar y volver a bloquear la pantalla táctil.

Necesito solucionar algo antes. ¿Nos vemos aquí a las seis? - Ambos asintieron al mismo tiempo.

Sesshomaru miró a su hermano por un instante y pude ver como disimuló una sonrisa.

Deja que Inuyasha te acompañe en tus obligaciones, asi pueden volver juntos a este lugar.

El aludido pareció sorprendido, sin embargo me miró fijo.

Tú decides, Russo. - Sonreí.

¿Guardarás silencio mientras me acompañas?

Hmm, supongo que puedo hacerlo… cuando es extremadamente necesario.

Perfecto.

Caminé hacia la puertas y las abrí de par en par, Kouga me miró con una sonrisa enorme desde su posición, mostrando su hermosa y blanca dentadura.

¿Listo para irnos? Mi padre me ha pedido que solucione algo en el bar. - Asintió.

También me ha escrito, pero para solucionar algo en el centro, ¿Es muy terrible para ti si te abandono por unas horas?

No tiene de que preocuparse compañero, yo la acompañaré con gusto el resto de la tarde. - Intervino Inuyasha parándose a mi lado.

La sonrisa de Kouga se borró al instante y sentí como poco a poco me volví invisible, cuando por algún motivo se enfrascaron en una rivalidad silenciosa y asfixiante. Me aferré al brazo de mi guardaespaldas y lo miré desde mi altura, sin embargo salió del trance varios segundos más tarde.

¿Vuelves a casa después de eso? - Me preguntó y yo asentí. - ¿Te espero despierto? - Sonreí.

No deberías. - Asintió y se agachó sutilmente para besar mi frente.

Confío en que podrás mantenerte a salvo, como siempre. - Le entregué mis llaves en sus manos y se alejó de mí en dirección al ascensor. - Estoy a un llamado de distancia Kagome, avísame si necesitas cualquier cosa. - Asentí y desapareció.

Sentí la cercanía del menor de los Taisho a mi oído derecho, sin embargo no me moví de mi posición.

¿La relación con todos tus guardaespaldas es así de… Cercana? - Preguntó en un susurro.

A veces. - Respondí con toda intención de molestarle, caminando en dirección al ascensor y sintiendo sus pasos seguirme de cerca.

Las puertas se cerraron con nosotros en el interior y entonces volvió a hablar.

¿Tu padre sabe que te acuestas con la servidumbre? - Continuó y yo me reí.

¿De qué hablas? - Exclamé fingiendo demencia, sin embargo su rostro burlón no se borró.

Te he llamado anoche, has contestado sin darte cuenta al parecer. - Lo miré fijo y levanté mi mentón. Sus ojos brillaron en la comprensión de pronto. - …O quizás has contestado a propósito.

Es una lástima.

¿El qué?

Que nunca sabrás si fue un accidente o algo completamente planeado. - Exclamé y él me sonrió. - ¿Me has escuchado gemir su nombre?

Eres una niña inmadura. - Exclamó con desprecio y sonreí en respuesta. Me moví con toda intención de incomodarlo aún más, acorralándolo contra una de las esquinas en aquel cubículo, mientras sentía su corazón latir con fuerza.

¿Te has puesto celoso?

¡Pff! - Resopló. - ¿Yo, celoso? ¿Por alguien como tú? - Una risa extremadamente falsa hizo eco. - ¿Olvidas que quién te dejó abandonada fui yo?

Suspiré y asentí, estirándome de puntillas en mis tacones, acercando mi rostro al suyo y hablando apenas a centímetros de su boca. La burla se borró de sus ojos y lo sentí tensarse en aquella posición. Los espejos de las cuatro paredes a nuestro alrededor reflejaron aquella comprometedora situación y por algún motivo me sentí brutalmente poderosa, pese a apenas alcanzar su barbilla con mis esfuerzos. Agradecí internamente que él bajara un poco su rostro hasta el mío.

Esa ha sido una pésima decisión. - Susurré rozando apenas sus labios entreabiertos. - ¿Eres consciente de que has desaprovechado tu única oportunidad conmigo?

Me alejé y le di la espalda.

Eso sería terrible… Si tan solo quisiera una oportunidad contigo. - Lo miré por sobre mi hombro y sonreí sin pronunciar ninguna otra palabra.

Las puertas se abrieron al llegar al subterráneo y salí sin mirar atrás.

Bueh, de todas formas te lo agradezco… He tenido una noche bastante movida y entretenida gracias a tí. - Musité.

Lo vi apretar sus puños de forma sutil mientras avanzaba mas rápido hacia el Maserati negro estacionado. Quitó la alarma y se subió del lado del conductor, mientras yo hacía lo mismo por el lado de copiloto.

¿Dónde vamos? - Preguntó de mala gana.

Al centro de la ciudad. - Contesté mirando mi teléfono.


'

Inuyasha

Permanecí en silencio mientras ella me daba indicaciones y yo las seguía a través de las calles italianas. Estacionamos frente a un bar que literalmente llevaba por nombre su apellido, no tuve que pensar demasiado para llegar a la conclusión rápida de que era parte del imperio de su familia.

¿Me esperas aquí o entras conmigo? - Desabroché el cinturón de seguridad y fue suficiente respuesta a su pregunta.

Ambos caminamos y atravesamos las puertas de cristal de la entrada juntos. El interior del lugar estaba oscuro y vacío, las sillas estaban sobre las mesas, algo completamente esperable considerando que era apenas medio día. Avanzamos a través de un largo pasillo hasta alcanzar una puerta metálica al final de éste. La seguí de cerca y la ví abrirla. De inmediato el aroma de la sangre llenó mis fosas nasales y entonces ví a una persona en el suelo, obligado a permanecer de rodillas por uno de los tantos trabajadores de su padre.

Había un escritorio enorme y majestuoso de roble oscuro en el centro, sobre él pilas de dinero en efectivo y un par de armas de fuego. Kagome se acercó para sentarse sobre él de piernas cruzadas y por un segundo me imaginé a mi mismo en la posición de aquel pobre sujeto condenado, mirándola en aquella posición majestuosa desde el suelo.

¿Cuál es el problema? - Preguntó ella.

Lo hemos descubierto robando de la caja y las cuentas no calzan, faltan al menos un tercio de las ganancias de anoche. - Kagome suspiró y asintió.

Yo continuo desde aquí, muchas gracias. - De inmediato el tipo que lo sujetaba salió de aquella oficina, dejándonos a los tres a solas. - ¿Desde cuándo? - Su voz suave en una pregunta directa, esta vez dirigiéndose al culpable.

Señorita Russo, este es un malentendido. - Kagome le sonrió y se puso de pie en un saltito extremadamente adorable. Sus tacones sonaron en el porcelanato.

Tienes apenas tres segundos para intentar justificarte, te recomiendo no perder el tiempo. - Musitó severa. - 3…

¡Yo no he robado nada!

2…

Tiene que creerme…

No me mientas, hay cámaras de seguridad por todos lados, 1…

¡Fue sólo una vez! - Apenas terminó la frase las garras de Kag se clavaron en la piel de su cuello para obligarlo a mirarla, mientras quitaba poco a poco su derecho a respirar.

Una vez… ¿Crees que esa es una buena excusa para hacerlo? ¿Si te mato una sola vez, entonces no cuenta? - El tipo no fue capaz de seguir contestando, no cuando la sangre que brotaba en hilillos lo hizo atragantarse, aunque tal vez también se debía a que las garras de Kagome ya habían perforado su tráquea para entonces.

Recargué mi peso en la pared, cruzado de brazos y tal vez… Sólo tal vez, demasiado interesado en verla dominar aquella situación sin ayuda. Sus ojos color chocolate apenas unos segundos atrás brillaron rojizos mientras le sonreía encantadora al pobre sujeto, sentí su corazón latir exaltado y excitado por ser temida, por tener una vida literalmente pendiendo de sus manos.

Kagome lo soltó y el tipo intentó detener el sangrado con sus propias manos. Al segundo siguiente puso todo de sí para arrastrarse hasta la salida, dejando un camino de sangre fresca en su patético intento. Al llegar a mis pies lo aplasté con uno de ellos, sonriendo cuando me miró afligido desde su posición.

¿No creerás que tienes siquiera una mínima oportunidad de salir de aquí con vida, no? - Pregunté y su corazón latió asustado.

Lo pateé de vuelta a Kagome y ésta me sonrió complacida.

¿Dónde está el dinero? - Le preguntó agachándose frente a él. - Si me lo entregas sin resistencia te dejaré vivir.

La miró por unos segundos.

¿Lo… prometes? - Preguntó con dificultad. Kagome no respondió, simplemente le sonrió, una sonrisa increíblemente cálida para una situación tan fría y cruda como aquella. - En mi bolso.

Ella asintió.

Muchas gracias. - Volvió a ponerse de pie, sacó una daga de la funda adosada a su muslo y cortó la garganta de aquel sujeto de un solo movimiento, uno tan rápido que me costó seguir con mis ojos.

El silencio reinó en aquella habitación apenas iluminada. Una de sus manos subió hasta su cabello azabache para peinarlo y suspiró recargándose en el escritorio a sus espaldas. Me miró fijamente desde su posición, esquivando la sangre cuando escurrió hasta sus zapatos de lujo. Escuché su corazón extremadamente tranquilo, como si mancharse las manos y arrebatar vidas por su padre fuera algo tan habitual y cotidiano que ya ni siquiera la alteraba.

Parte de mi estaba fascinado por esa faceta en ella, aquella impulsiva y peligrosa.

¿Cuántas veces haces esto a la semana? - Pregunté.

No llevo la cuenta. - Respondió mientras volvía a sentarse en la mesa.

¿Recuerdas a las personas a quienes les arrebatas la vida? - Tardó algunos segundos en contestar.

¿Tú los recuerdas? - Contrapreguntó.

No.

Pues yo tampoco. - Sonreí.

Me acerqué a ella poco a poco en pasos lentos, sintiendo sus atrapantes ojos chocolate clavados en los míos, notando como su respiración se hacía cada vez más pesada y más sonora con cada centímetro que yo avanzaba en su dirección. Dejé de moverme cuando estuve de pie frente a ella, mirándola desde mi altura superior, admirándola en todo su esplendor. Mis dedos se movieron por inercia a su mentón, tomándolo suavemente para levantar su mirada hacia la mía. La piel blanca y tersa de su rostro estaba manchada no sólo por aquellas habituales pecas traviesas sobre su nariz, si no también por pequeñas gotitas de sangre de su víctima. Su cabello azabache y ondulado lucía un poco más salvaje que de costumbre y gracias a la luz tenue sobre nuestras cabezas combinaba a la perfección en pequeños destellos azulinos con su vestido azul oscuro de tirantes, ajustado como segunda piel a su cuerpo.

Mi brazo libre la abrazó por la cintura en un impulso, atrayéndola a mí de un tirón mientras sus piernas se abrían para darme espacio entre ellas. Atraje lentamente su rostro hacía el mío mientras yo bajaba hasta el suyo, encontrándonos a medio camino mientras sus ojos se entrecerraban, jugueteando con sus movimientos para rozar su rosada boca con la mía.

Y entonces me sentí al borde del abismo una vez más.

Esto es un error. Reclamó mi mente en su intento de salvarme y simplemente la ignoré.

Atrapé su labio inferior entre los míos más desesperado de lo que me hubiera gustado. Un gemido escapó de su garganta en el acto y pegó su cuerpo al mío, abrazándome por las caderas con sus piernas. Tomé su cabello en un manojo y la besé con hambre, jadeando entre caricias con el toque de su lengua sobre la mía, sonriendo entre los mordiscos traviesos que compartimos. No me detuve hasta sentir mis labios dormidos y sólo entonces guié la palma de mi mano derecha hacia el centro de su pecho, obligándola a recostarse sobre la mesa. Su cabello se esparció desordenado y sentí algunas monedas hacer eco metálico cuando cayeron y rebotaron en algún lugar del suelo de porcelanato.

¿Cámaras? - Pregunté.

No en este cuarto. - Sonreí y asentí, justo antes de bajar los tirantes de su vestido por sus hombros y dejar al descubierto aquel bonito sujetador de encaje negro.

Esta es Kagome Russo, ¿Estás consciente de ello?

Si, brutalmente consciente, sobretodo cuando nuevamente apareció aquel tatuaje de araña en su piel, y nuevamente sentí la rabia avanzar lentamente como ácido por mis venas, sin embargo esta vez desvié la mirada, consciente de que incluso si ella era una Russo, ya no podía seguir fingiendo que no estaba brutalmente desesperado por tocarla, como un adicto frente a una nueva droga, llamativa y cautivadora.

Me agaché sobre su cuerpo y lamí el trayecto desde su cuello hasta su ombligo, disfrutando del aroma dulce de su piel mientras su espalda se curvaba contra el escritorio, jadeando bajito. Bajé a tirones el resto de la tela hasta encontrarme con sus bragas de encaje negro y las corté con una de mis garras.

Llené de besos su monte de venus e introduje sin mayor advertencia dos de mis dedos en su interior. La vi morder su antebrazo con fuerza para no gemir y sonreí complacido. Continué en movimientos lentos, entrando y saliendo, sintiendo unas ganas incontrolables de reemplazar mis dedos por mi miembro.

Fue cuando busqué aquel punto de placer central que topé con un par de pequeñas esferas metálicas atravesándolo. Kagome Russo tenía una perforación en su clítoris, una que me encendía aún más.

Mis ojos se encontraron con los suyos cuando presioné con suavidad.

¿Esto no duele?

¿El piercing? - Preguntó y yo asentí. - No, está completamente cicatrizado.

¿Y no afecta el cómo sientes? - Me sonrió.

Si quieres puedes averiguarlo por tu cuenta.

Y acepté su invitación lasciva con gusto, levantando sus piernas para ponerlas sobre mis hombros, bajando en besos desde su elegante tobillo hasta sus muslos y un poco más. Mis garras libres dejaron caminos rojizos por su piel y las suyas marcaron la madera de roble bajo su cuerpo cuando mis dedos aumentaron su velocidad. Pronto sus caderas siguieron el ritmo y me perdí en el exquisito sonido de sus fluidos y mis dedos en su interior. Moví mi pulgar en círculos sobre su perforación y noté como un hilillo de sangre corrió por su comisura cuando mordió su labio inferior demasiado fuerte.

Sentí sus paredes apretarme con fuerza en el instante previo a su explosión, vi sus mejillas sonrojarse con la última embestida de mis dedos y su cuerpo se retorció sobre el escritorio mientras su boca se abría en un gemido silencioso. Sus manos intentaron aferrarse a algo sin éxito y la levanté hacia mi cuerpo, en un abrazo impulsivo como contención mientras el orgasmo se llevaba los últimos trazos de su cordura.

Escuché su respiración agitada, escuché los latidos erráticos de su corazón y sonreí victorioso contra su cabello.

Sentí sus dedos contra mi piel, trazando con suavidad las líneas finas de las enredaderas de los tatuajes en mis antebrazos.

¿Vas a decirme su significado? - Musitó, aún escondida en mi pecho.

No te lo has ganado aún. - Exclamé y mi voz ronca me sorprendió.

¿Y qué debo hacer para que me lo digas?

Levantó su mirada a la mía y lamí lentamente el resto de sus fluidos de mis dedos, sonriendo al verla enrojecer una vez más.

Sentarte sobre mi rostro la próxima vez.

La puerta sonó en tres golpes bajos y la sujeté por las caderas cuando hizo el amague de salir de su posición.

No te atrevas a moverte de donde estás. - Advertí.

¿Por qué? - Susurró y al instante una de sus manos se movió a mi miembro, apretándolo con suavidad por sobre el pantalón, obteniendo un gruñido gutural por respuesta. Se estiró en su posición hasta alcanzar mis labios y depositar un beso casto. - Todo lo que sigue… No te lo has ganado aún.

Me empujó con una de sus manos y se levantó antes de que pudiera reaccionar. Acomodó rápidamente su vestido y se movió a la puerta.

He terminado, limpien aquí. - Y volvió a cerrar para luego mirarme con una sonrisa. - ¿Nos vamos?

Asentí de mala gana y suspiré antes de caminar con ella hasta la salida del bar. Se sentó a mi lado y la miré incrédulo antes de encender el motor.

Nadie me deja a medias. - Exclamé.

No sé de qué estás hablando. - Sonreí.

Apostaría mi vida a que finges tener más experiencia en el tema de la que en realidad posees. - Frunció sus labios y guardó silencio. - Te mojas tanto como una primeriza con caricias simples.

Dejó de mirarme y puso toda su concentración en mirar por la ventanilla.


'

Llegamos treinta minutos más tarde a mi departamento, vacío y silencioso para entonces. Encendí las luces del salón y caminé hacia el sofá.

¿Qué necesitas para rastrear a nuestro objetivo? - Pregunté.

Un computador. - Asentí.

Hay uno en mi oficina. ¿Algo más?

Una taza de té.

¿Café? - Negó con la cabeza.

No soy fan del café. - La miré indignado y ella me sonrió.

Di la media vuelta.

Mi oficina es la segunda puerta a la izquierda por el pasillo. - Asintió y caminó hacia los ventanales que cubrían completamente la pared opuesta a la entrada.

Me gustaría tener una vista así todos los días al despertar.

Puedes hacerlo, tu padre posee literalmente una de las fortunas más grandes en el planeta, podrías vivir donde quisieras. - Guardó silencio y posó sus manos abiertas sobre el cristal, pegando su frente y aplastando su flequillo con ello.

Mi padre no me dejará jamás en libertad. - Susurró, lo suficientemente bajo para hacerme creer que lo había imaginado, pero consciente de que era demasiado real.

Caminé hacia la cocina y volví con su taza de té entre mis manos, la aceptó con una sonrisa y se movió por el pasillo hasta alcanzar la puerta que le había mencionado anteriormente.

¿Y tu hermano? - Preguntó al abrirla.

Debería llegar en un par de horas, tiende a desaparecer durante el día. - Asintió y entró en la oficina. - Voy a estar en mi habitación, si necesitas algo me avisas.

Inuyasha. - Musitó y me giré para mirarla. - Gracias.

El impulso de sonreír me atrapó por sorpresa y aquello me molestó. Me di la vuelta y caminé hacia mi cuarto, cerrando la puerta tras de mí. Me apoyé en ella y cerré los ojos, abrumado por las sensaciones una vez más.

¿Como una sola mujer podía controlar tanto mis emociones y forzarme a perder el control con unas cuantas palabras?

"Vas a tener que ser muy inteligente esta vez y tener un poco de paciencia, gánate su confianza o no tendrás oportunidad de tocarle un pelo"

Suspiré al recordar las palabras de Sango. No era como si mis dedos se hubieran hundido en Kagome por el plan, pero al menos el desliz había ayudado con ello, después de todo, parecíamos llevarnos bastante mejor que hace un par de días.

Caminé directo a la cama, listo para cerrar los ojos y despejar mi mente por algunos minutos.


'

Kagome

Me tomó más tiempo del que esperaba rastrear el número de teléfono y para cuando lo logré era cerca de la medianoche. Me estiré en la silla y sentí los huesos de mi cuello crujir cuando moví mi cabeza de un lado al otro. Llevaba tanto tiempo sentada frente a la pantalla en la misma posición que mis hombros estaban entumecidos.

Salí de la oficina esperando ver a Inuyasha rondando por allí, sin embargo la oscuridad me sorprendió. Caminé hacia la sala de estar y sólo entonces noté la lluvia intensa chocando contra el cristal.

Me senté en el suelo, maravillada por la vista de los goterones al resbalar por el vidrio.

De pronto su aroma inundó el ambiente. Permanecí en la misma posición, intentando con ello no espantarlo. Lo escuché sentarse a unos cuantos metros de distancia, y pude captarlo por el rabillo de mi ojo mirando la lluvia, tal y como yo lo había estado haciendo.

¿Pudiste rastrearlo? - Preguntó de pronto, en una voz calmada y ronca.

¿Hmm?

El número.

Si. - Respondí sin girarme a mirarlo. - El nombre del dueño del número es Kirito Usumake.

¿Lo conoces?

Nop. - Asintió y volvió a guardar silencio.

Hice el amague de ponerme de pie cuando la incomodidad del silencio se hizo insoportable.

No te he dado permiso para retirarte. - Musitó y entonces por primera vez lo miré.

Estaba sentado en el suelo, con sus piernas cruzadas. Vestía una camiseta negra que delineaba todo su torso apolíneo y un pantalón deportivo holgado. Su cabello habitualmente plateado ahora destacaba en un grisáceo azulado, mojado como si se hubiera dado una ducha hace poco. Los mechones que enmarcaban su rostro estilaban pequeñas gotitas de agua que caían sobre su camiseta y sobre el piso flotante bajo nuestros pies.

Giró su rostro hasta mí y sus ojos me atraparon en un dorado intenso y cálido como nunca antes. Una sonrisa escueta invadió sus labios y suspiré, incapaz de controlar mis deseos de permanecer allí y darle una oportunidad al destino de demostrarme que tanto podía suceder entre los dos.

¿Qué pasa si me quedo? - Pregunté en un susurro y él se encogió de hombros antes de volver a mirar hacia el cristal.

Sólo hay un modo de saberlo.