Hola hola lectores!
Tenía este capítulo guardadito y listo para ser publicado desde hace varios días, pero no había tenido tiempo suficiente para hacerlo.
Espero que les guste, la verdad yo he disfrutado un montón escribirlo jeje.
Muchas gracias por sus reviews:
- Cbt1996: Me encantaa! Leer sus reacciones a cada cap siempre me saca sonrisas ajajaj. Lo que mas disfruto es escribir ese paso del odio al amor entre Inu y Kag, me gusta tomarme el tiempo de desarrollarlo y este ha tomado varios caps jaja, de a poco estas versiones de ambos se han ido transformando en una de mis favoritas entre mis creaciones. Muchas gracias por leerme Cin! Muchas gracias por apoyarme tanto y disfrutar conmigo de este viaje. Un abrazo enorme!
- kcar: Inuyasha aún no lo sabe, pero nosotros lo tenemos más que claro, ese demonio ya tiene dueña, sólo que no le han avisado ajajajja. Muchas gracias kcar por estar siempre! Disfruta la actualización.
- Rosa Taisho: Si recuerdo que hace rato sabías que Bankotsu sería el prometido! Jajaja, que por ahora deja bastante que desear... veremos como avanza. Se viene la continuación de la escena que dejé a medias, lo prometo. Infinitas gracias por leerme mi querida amiga! Un abrazo.
- Rocío K Echeverria: AJAJAJ puedo imaginarte muy emocionada! Y eso me hace feliz. Coincidimos en nuestra opinión sobre Bankotsu, la verdad es que siempre me ha encantado, aunque ha dejado una primera impresión que deja bastante que desear... Pero quien sabe, quizás las cosas cambien cap a cap. La cercania entre Sango y Kag se hará esperar un poco, pero eventualmente se convertirá en la amiga que nuestra prota necesita. Mil gracias por tanto cariño! La espera ha sido larga, espero valga la pena y te guste mucho el nuevo cap. Un abrazo Rocio!
- Karii Taisho: Sesshomaru siempre es el hermano sabio y la verdad esta no es la excepción :c el amor de Inu y Kag es hermoso, pero siempre acarrea problemas. Seguimos avanzando en esta historia, a paso lentito pero seguro, mil gracias por tu paciencia y apoyo! Nos leemos.
- Marlenis Samudio: Esa tensión sexual entre Inu y Kag que saca chispas incluso sólo leyendolo ajajaj, se viene intensisimo, creo que si el cap pasado te gustó, este te va a encantar. Muchas gracias por tu fiel compañía Marlenis! Un abrazo enorme.
- Kayla Lynnet: Hermosa! Me alegro que te haya gustado, la verdad es que estamos llegando a un punto de la historia al que quería llegar desde el principio, amo que inu y kag pasen de odiarse a amarse, y a veces la transición toma caps suficientes para que valga la pena!, este esss, este es el cap que cambia las cosillas entre ellos. Muchas gracias por tanto cariño y apoyo! Comentarios como el tuyo siempre me dan animos para seguir escribiendo. Un abrazo.
- joiscar: Es que Inuyasha es todo lo que queremos en esta vida :c ajajajaj, tan sobreprotector, cariñoso con sólo una. Creo que este cap te gustará mucho mucho, porque veremos un poco más de ese Inuyasha adorable que sale a flote a veces. Un abrazo!
- Carli89: Sesshomaru tan perspicaz como siempre, aunque puede que en este fic no apoye tanto la relación entre Inu y Kag como en los otros, sabe que es una mala idea y que acarrea problemas :c. Mientras todo eso sucede, disfrutemos este cap, mucho mas suavecito y meloso que los anteriores jiji. Gracias por leerme!
- Ladyahomehigurashi: Debo admitir que yo tambien soy bastante enamorada de Bankotsu, aunque en este fic en particular se ha presentado como un hombre bastante desagradable... Veamos como avanza. He estado preocupándome bastante de mi salud, la verdad es que estoy intentando darle la importancia que se merece. Mil gracias por leerme! Y tambien por tus bellos reviews!
- MegoKa: Muchas gracias! Espero este cap te guste tanto como el anterior! Un abrazo.
- Angela Inukag: Tal cual, pronto tendremos al Inuyasha posesivo que tanto amamos jiji. Se viene cada vez más intenso! Infinitas gracias por acompañarme en este viaje.
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Capítulo 10.- Flores de cerezo.
Inuyasha
Noté como puso todo su esfuerzo en ignorarme, tomando el tenedor entre sus estilizados dedos para juguetear con la comida frente a ella, comida que ni siquiera había probado. Sonreí, incomodarla no podía ser más divertido…
Inuyasha Taisho (20:12): Puedes quedarte con tu patético prometido, o venir al segundo piso y encontrarme, estaré esperando.
Sus bonitos ojos chocolate se encontraron con los míos a la distancia, mientras tecleaba rápido sobre la pantalla de su celular.
Kagome Russo (20:12): ¿Esperando por?
Inuyasha Taisho (20:12): Tu cuerpo debería saberlo, puedo sentir el exquisito aroma de tu excitación desde aquí.
Y no exageraba, en realidad podía sentir su dulce aroma a caramelo, entremezclado con las feromonas del deseo, uno completamente malinterpretado por Bankotsu, quien estiró sus manos para alcanzarla otra vez, arruinándolo todo.
Vi a Kagome fruncir el ceño, alejar sus asquerosas manos una vez más y decirle algo en un susurro, algo que desde mi distancia no pude escuchar. Apreté mis puños cuando el idiota acortó la distancia entre los dos para susurrarle algo al oído. Estaba listo para ir y romperle la cara, sin embargo ella actuó por sí sola, incorporándose de golpe en un ruido que llamó la atención de toda la mesa y provocó un silencio incómodo.
– ¿Sucede algo cariño? - Preguntó Naraku.
– No padre, es sólo que todo esto del compromiso me ha puesto un poco nerviosa, iré al tocador. - Sonreí victorioso y me di la vuelta, caminando en dirección al baño.
Pude sentir su aroma cada vez más cerca y el eco de sus tacones sobre el piso de mármol, pude ver sus pequeñas manos abrir la puerta y entonces actué por inercia, tomándola por la cintura para atraerla hacia el interior y cerrar la puerta a sus espaldas, lejos de la vista de cualquier curioso.
Allí, en la oscuridad de aquel lugar atrapé su pequeño cuerpo entre la madera de roble y el mío. El clic de la puerta la hizo saltar y sonreí, sintiendo la suavidad de la tela de su vestido bajo las yemas de mis dedos, ajustada a la perfección a su diminuta cintura. Subí hasta su cuello, siguiendo el trayecto de su clavícula izquierda con mis garras, sintiendo el ruido de nuestra respiración y la calidez de su cuerpo contra el mío.
Bajé mi rostro hasta el suyo y la besé con hambre, devorándola en todo el sentido explícito de la palabra. Su lengua dio toques suaves sobre la mía, mientras sus manos quitaban mi chaqueta a tirones para luego seguir con mi camisa. No pude evitar sonreír cuando suspiró entre besos al lograr su cometido.
Nos movimos en la oscuridad hasta alcanzar el tocador, donde la levanté con facilidad para sentarla y abrir sus piernas para acomodarme entre ellas. El sonido irritante de la tela al ceder me distrajo por unos escasos segundos, pero pediría perdón por eso luego. La atraje por la cintura y empujé contra su centro, teniendo aún la tela de sus bragas como obstáculo.
– Dime Russo, ¿Me has extrañado estas horas como yo a ti? - Pregunté contra su oído, lamiendo su lóbulo y siendo complacido al sentirla estremecer.
Me moví para aumentar la fricción, obteniendo un jadeo de su parte, seguido de sus dientes clavándose en mi hombro para controlarse a sí misma.
– Contéstame. - Ordené.
Ella sólo negó en silencio.
Jalé de su cabello para obligarle a mirarme, sus ojos destacaron incluso en la oscuridad, con la escasa luz que se filtraba por una pequeña ventana a nuestras espaldas.
– No me mientas, no hay mentiras entre los dos.
Bajé a su mandíbula, lamiendo con deliberada lentitud y entonces gimió por primera vez, en un ruido bajito e insignificante, pero que provocó un tirón inmediato en mi entrepierna.
Esta chica era mi perdición, parte de mí lo sabía, sin embargo reafirmé mis sospechas cuando sentí mis ojos arder por el deseo al sólo deslizar sus bragas y sentir su humedad con mis dedos.
– Por favor… - Rogó.
– Dime lo que quieres y lo tendrás. - Déjame escucharlo, déjame escuchar cuanto me deseas.
– Te quiero a ti. - Gruñó. - Todo de ti.
– Perfecto.
Me hundí en ella, gimiendo ronco cuando me encontré una vez más con la estrechez de su centro. Escondió su cabeza en mi pecho, jadeando mientras sus piernas me apretaban por la cintura y aumentaban aún más la exquisita sensación de estar en su interior. Besé sus cabellos y sus mejillas, buscando que levantara su rostro hasta el mío.
Quería ver cada maldita expresión de placer en esa cara bonita, porque sólo yo iba a apropiarme de ella.
El chocolate dulce de sus ojos se encontró con los míos, enmarqué su rostro con mis manos y empujé hacia atrás con mis caderas, sólo para tomar impulso y entrar una vez más. Apreté los dientes para evitar gemir, sin embargo me atrajo más cerca y el ruido escapó rebelde de mis labios.
Volví a hacer lo mismo, esta vez empujando con más fuerza en su interior, provocando un efecto rebote en sus pechos que me hizo desear fervientemente saborearlos con mi boca. Con el pasar de los minutos la fricción se hizo delirante y mis embestidas se hicieron desesperadas. Sentí su corazón latir salvajemente dentro de su pecho, mientras éste subía y bajaba en jadeos cortitos y silenciosos. Su humedad no hizo más que aumentar con cada minuto y sonreí, extasiado de sentirla.
Me di el tiempo de admirarla en esa faceta, una que agradecía enormemente poder disfrutar. Noté su flequillo húmedo y despeinado por el sudor, noté sus mejillas sonrojadas y lo hermosos que se veían sus labios entreabiertos cuando intentaba recuperar el aliento entre gemidos. Kagome Russo era perfección, la definición completa y exacta de la palabra… Y ella ni siquiera estaba enterada de ello.
Me besó desesperada, pasando sus manos por mi cuello, abrazándome para mantenerme cerca.
Doblé mis rodillas para alcanzar un punto distinto en su centro y entonces sus garras se clavaron profundamente en mi espalda. Pasaron algunos segundos antes de lograr mi cometido y cuando lo hice lo alcancé con creces.
Su boca se abrió para gritar de placer al alcanzar el orgasmo, cosa que intenté evitar con mi mano libre. Aún así el gemido fue lo suficientemente alto para hacer eco a nuestro alrededor. Sus paredes se contrajeron aún más sobre mí y dí una última embestida, gruñendo ronco al liberarme en su interior. Afortunadamente tuvo el mismo impulso que yo, haciéndome callar con una de sus manos.
Apoyé mi frente contra la suya, sintiendo pequeñas oleadas de electricidad que movieron mi cuerpo en espasmos involuntarios, mientras nuestros corazones competían por ver quien latía más rápido.
¿Mi mayor orgullo? Cogerme a la hija de mi enemigo bajo sus propias narices, eso definitivamente había sido un catalizador absoluto de placer.
¿Mi mayor pesar? Asumir que el objetivo de sacar a Kagome Russo de mi sistema se estaba haciendo un poco imposible de lograr.
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Kagome
Permanecí allí, sentada sobre el tocador, abrazándolo por la cintura con mis piernas mientras recargaba mi cabeza en su pecho, sintiéndome protegida y pequeña, escuchando como los fascinantes latidos de su corazón se normalizaban poco a poco. Sentí sus dedos peinar mis bucles con suavidad.
– Hmm.. - Un murmullo cálido contra la raíz de mis cabellos. - Tu aroma me gusta mucho. - Susurró y yo sonreí.
– ¿Ah si? - Era raro escucharlo admitir que le gustaba algo de mí, sin embargo no hice más comentarios, por miedo a arruinarlo.
– Mmhm. - Confirmó para luego inhalar un poco más. - Es dulce y asfixiante, una mezcla entre grosellas y caramelo.
Arqueé una ceja y levanté mi vista para mirarlo.
– Eso es bastante específico. - Se encogió de hombros.
– Soy un hombre de olores, se me hace un desafío entretenido reconocerlos.
Sonreí en respuesta con todo el impulso de besarlo y quedarme allí para siempre, sin embargo el ruido ambiental del exterior me trajo de vuelta a la realidad, sobre dónde estábamos y quién esperaba por mí abajo.
– Tenemos que salir de aquí. - Musité.
– Shh… - Levantó mi mentón con sus dedos para mirarme.
Intenté rebatir otra vez, sin embargo se acercó lentamente a mi rostro, mordiendo mi labio inferior con suavidad para luego besarme lento, en una caricia que me provocó escalofríos. Fue necesaria toda mi fuerza de voluntad para plantar mis manos sobre su pecho y alejarlo lo suficiente. Sonreí cuándo frunció su ceño al verse interrumpido.
– Deberes, Taisho.
Refunfuñó, mirando a su alrededor hasta que su atención fue captada por una ventana pequeña en la pared opuesta.
– Salgamos por esa ventana, vámonos de esta fiesta aburrida.
– ¿Te has vuelto loco? - Su risa ronca me hizo reír.
– Un poco. - Admitió.
Tres golpes suaves en la puerta nos sobresaltaron a ambos, al instante mi mano se posó sobre sus labios.
– ¿Señorita Russo?
– ¿Hmm?
– Su padre la está buscando en la planta baja.
Me costó encontrar las palabras, aguantando la risa cuando sentí besos cortos en mi palma y mis dedos.
– ¡Tuve un inconveniente con mi vestido, voy enseguida! - Grité.
– Okey, le avisaré. - Los pasos se alejaron poco a poco por el pasillo.
– ¿Ves? Se acabó la diversión. - Susurré mientras él me abrazaba por la cintura y escondía su rostro en mi cuello, dejándome sentir su cálida respiración contra mi piel.
– ¿Qué tan aventurera te sientes? - Susurró.
– ¿Qué?
– Juntémonos afuera en diez minutos, mi auto está estacionado en el jardín.
– ¿No estás arriesgando demasiado?
– A mi parecer estoy arriesgando lo suficiente… - Exclamó mientras tomaba un mechón de mi cabello entre sus dedos. - El premio parece valer la pena.
Sonreí.
– ¿En diez minutos? - Pregunté.
– Diez minutos. - Confirmó.
– ¿Mi cabello luce muy desordenado? - Pregunté intentando girarme para verme en el espejo, siendo detenida por sus brazos.
Peino con delicadeza mi flequillo y ajustó una de las horquillas con sumo cuidado antes de sonreírme.
– Tu cabello está perfecto. - Musitó.
Di un último beso corto sobre sus labios antes de acercarme a la puerta.
– Kagome… - Me giré para mirarlo. - Si se atreve a tocarte una vez más rompe su brazo, no espero menos de ti. - Sonreí y asentí.
Volví a la mesa, para entonces todos habían acabado con su cena y mi prometido no estaba cerca. Busqué una copa de espumante en la cocina mientras intentaba hacer tiempo.
– ¿Dónde estabas? - Mi padre se acercó a mí por la espalda.
– Rompí mi vestido en un mal movimiento, estaba intentando arreglarlo. - Exclamé mostrando la costura abierta en uno de los costados.
Lo analizó por unos segundos antes de asentir.
– ¿Inuyasha Taisho y tú se conocen? - Preguntó de pronto.
Me costó todo mi autocontrol el no mostrar una cara de sorpresa ante su pregunta.
– Por supuesto, intenté asesinarlo una vez ¿Recuerdas? - Me mostró una sonrisa amplia y perturbadora.
– Parecen más cercanos que eso, no te ha quitado los ojos de encima en toda la noche. - Exclamó dejando ver parte de su molestia.
– ¿No era ese tu objetivo al comprarme este vestido? El escote es tan pronunciado que atrae la atención que buscabas, felicidades.
Poco a poco comenzó a perder su paciencia.
– ¿Qué estabas haciendo con Inuyasha Taisho? Bajó las escaleras un poco después que tú. - Volvió a preguntar.
Nos miramos el uno al otro, desafiándonos en silencio, y entonces decidí que todo importaba una mierda.
– Estaba cogiéndomelo en el baño. - Exclamé como si nada.
Vi su mano libre alzarse contra mi y detenerse a mitad de camino, como si quisiera probar qué tanto miedo podía provocar en mí.
– Dime la verdad, Kagome, no estoy para juegos. - Exclamó.
– Ya te lo dije, estaba teniendo sexo con él en el baño.
– No, tu no harías algo como eso, te he criado para ser una señorita.
– ¿Tú me has criado? - Me reí. - ¿En qué momento?
Me tomó por los hombros con fuerza desmedida.
– Es suficiente, Kagome. - Advirtió con voz ronca.
Sentí sus garras enterrarse en mi piel y apreté los dientes para no quejarme.
– ¿Qué harás? ¿Golpearme frente a todos tus invitados?
– ¡SUFICIENTE! - Me sacudió. - Te he dado demasiada independencia y voy a ser el primero en ponerte freno.
– No, tu vas a mantenerte lejos de mis asuntos o yo me meteré en los tuyos, padre. - Amenacé. - Sé que asesinaste a mamá y no voy a detenerme hasta encontrar la verdad.
Sus ojos rojos destacaron con fuerza y sentí un gruñido vibrar en su pecho. Sabía lo que venía, sin embargo me obligué a mantener los ojos abiertos, mirándole fijamente.
– Tu madre dejó de ser una molestia al morir, quizás funcionaría contigo también. - Exclamó.
– ¿Todo bien, Naraku? - La voz de Sesshomaru nos distrajo a ambos y me sentí aún más pequeña.
La presión de sus manos desapareció de mi piel, sin embargo dejó algunas marcas rojizas.
– Todo bien, una pequeña discusión familiar, eso es todo. - Sonrió.
Sesshomaru apenas esbozó una sonrisa, una que sólo noté por conocerlo lo suficiente.
– Oh, comprendo. Estuve buscando un momento para hablar, sin embargo tienes tantos invitados que se ha hecho un poco complejo… Sólo quería agradecer tu hospitalidad, nunca creí esta situación posible y aquí estamos, actuando como adultos.
– Gracias a ti por asistir, significa mucho para mi. - Vi a mi padre incómodo, buscando una excusa a su alrededor. - Necesito seguir atendiendo a los invitados, con permiso.
Se alejó de nosotros, no sin antes matarme con la mirada. Sesshomaru esperó pacientemente a que se alejara unos cuantos metros, los suficientes para volver a hablar.
– Inuyasha te está esperando afuera. - Exclamó de pronto y yo lo miré asustada.
– ¿En serio? - Fingí demencia y sólo recibí una mirada seria como respuesta.
– Escúchame Russo, no sé qué es exactamente lo que sucede entre ustedes y no me interpondré mientras no sea necesario, sólo cumplo con advertirte que lo que sea que exista se acaba cuando volvamos a Japón.
– ¿Por qué me avisas que me está esperando si te molesta tanto? - Suspiró.
– Porque conozco a mi hermano y va a sacarte de aquí incluso si se lo prohibo. Mi punto es… Puedo preocuparme por tu bienestar y rescatarte de vez en cuando de las garras de tu asqueroso padre, pero Inuyasha siempre irá primero, atrévete a hacerle daño y pagarás con tu vida.
– ¿Me estás amenazando?
– Si. - Respondió de inmediato y yo asentí.
– No esperaría que fuera distinto.
– Entonces nos entendemos a la perfección. - Ambos sonreímos.
Me di la vuelta para salir a los estacionamientos, antes de que nuestra charla incómoda se extendiera demasiado.
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Inuyasha
Salí de la mansión en busca de un lugar tranquilo para fumar un cigarrillo. Giré la pequeña rueda de mi encendedor y vi la pequeña llama morir luego de encender el tabaco.
Sentí un par de pasos venir desde la misma dirección, entremezclados con risas masculinas y murmullos poco comprensibles. A unos cuantos metros de mi Bankotsu Lombardo hablaba con otro sujeto, mientras ambos reían amenamente.
Al sentir mi presencia me miraron con atención, yo simplemente levanté mi mentón a modo de saludo. Pronto el otro sujeto desapareció, dejándonos a ambos solos.
– ¿Abrumado por el ruido, Taisho? - Sonreí. Por supuesto que el idiota me conocía.
– A decir verdad no soy un gran fan de esta clase de eventos.
– Comprendo el sentimiento. - Respondió.
– Felicidades de todas formas, por el compromiso con la heredera Russo. - Me molestaba de sobremanera, sin embargo era una buena manera de pasar desapercibido.
Bankotsu sonrió y asintió.
– ¿Puedo confesarte algo?
– Seguro. - Exclamé, apenas prestándole atención mientras aspiraba el cigarrillo entre mis labios.
– No pensé que Kagome Russo fuera tan bonita. - Lo miré de reojo. - Cuando mi padre me convenció de esto no estaba seguro de que fuera una buena idea, pero ahora que finalmente la he conocido en persona no solo se convierte en uno de esos escalones que me llevarán rápidamente a la cima, si no que también se convierte en la chica que voy a cogerme con ganas.
Sonreí, sintiendo aún los arañazos de Kag en mi espalda.
– ¿Estás seguro? Parece un poco… inexperta. - Musité.
– Es cierto, por ahora se resiste, pero ya veremos si es tan fiera para defenderse cuando esté inconsciente.
La sonrisa se borró de mi rostro, no estaba listo para escuchar al idiota confesar abiertamente que quería abusar de ella.
Boté el cigarrillo y lo pisé con calma para apagarlo. El resto de mis acciones fueron poco planeadas y tal y como siempre me sucedía bajo esos efectos, las escenas se tornaron un poco borrosas de ahí en adelante.
Arremangué un poco más mi camisa mientras caminaba hacia él y el resto ocurrió en cámara lenta. Lo tomé por el cuello con poca delicadeza, sintiendo su piel ceder bajo mis garras y di un golpe certero y con fuerza suficiente para sentir su mandíbula crujir en el silencio de aquella noche. El sonido fue tan encantador que me hizo sonreír instantáneamente.
La sangre surgió a borbotones desde su boca, manchando mi traje y el suyo. Tenía un solo objetivo en mente cuando me abalancé sobre él en el piso: destrozarlo hasta que el idiota dejara de existir.
Lo molí a golpes en todo el sentido literal de la frase y no estuve conforme hasta dejarlo inconsciente en el jardín de la mansión.
En algún punto decidí que era suficiente, cuando sentí mi respiración agitada y ya no hubo tanto placer en golpearlo. suspiré y me puse de pie.
– ¿Inuyasha? - La voz dulce de Kagome me trajo de vuelta a la calma. Me giré a mirarla sonriente, sin embargo su expresión era de total y completo pánico al ver el cuerpo a mis espaldas. - ¡¿Qué hiciste?!
– Ah… eso. - Me hice a un lado para permitirle verlo. - Tu prometido es un idiota.
Se agachó rápidamente a su lado para comprobar su pulso y sólo pudo relajarse al sentirlo.
– ¿Cuál era el plan? ¿Asesinar a mi prometido en la fiesta de compromiso, llevada a cabo en la mansión de tu peor enemigo?
– ¡Dijo abiertamente que quería abusar de ti! - Exclamé en defensa y vi esa adorable arruguita en su frente que aparecía cada vez que algo le molestaba.
– ¿Enserio? - Asentí. Lo miró por unos segundos. - ¿Lo golpeaste por eso?
Guardé silencio y miré hacia otro lado, no estaba listo para admitir en voz alta que eso era lo que me había molestado.
– ¿Nos vamos? - Pregunté y ella asintió alejándose de Bankotsu.
– Desactivé las cámaras por unos minutos, los guardaespaldas de mi padre están tan ebrios que dudo sean capaces de notarlo al instante.
Estiré mi mano ensangrentada hacia ella y me sorprendió lo rápido que la tomó con absoluta confianza.
– Necesitas una ducha urgente. - Exclamó mientras caminábamos a mi auto y yo sonreí.
– Si me acompañas no tengo problemas.
– ¿Dejarás a tu hermano solo aquí?
– Le enviaré un mensaje más tarde, honestamente no sería la primera vez que desaparezco de una fiesta con una mujer.
– ¿Y si la mujer es la prometida de la fiesta? - preguntó.
– Me ha pasado un par de veces, tal vez. - Al instante recibí un golpe en el brazo, arrancándome una risa. - Bromeo, lo siento.
Desactivé la alarma y abrí la puerta de copiloto para ella. Al sentarme a su lado vi como sus manos soltaban y apretaban la piel de sus muslos en una muestra absoluta de su nerviosismo.
– Todo estará bien… - Exclamé y sólo entonces me miró.
– Mi padre sospecha de nosotros. - Exclamó y yo perdí la sonrisa.
– ¿Qué?
– Eso… Ha notado cómo me has mirado.
Guardé silencio y la miré con atención, notando las heridas punzantes en sus hombros.
– ¿Tu padre te ha hecho eso? - Pregunté mirando los cortes que comenzaban a cicatrizar y ella sólo guardó silencio.
Hice el intento de abrir la puerta, listo para ir y acribillarlo frente a sus jodidos invitados, sin embargo se agarró a mi brazo con toda intención de detenerme.
– Basta de llamar la atención. - Musitó.
– Estoy harto de ver cómo toleras que te siga haciendo daño, que toda la gente a su alrededor lo note y nadie haga nada.
– Yo me encargaré de solucionar ese problema eventualmente, cuando tenga el valor suficiente. Mientras tanto sácame de aquí y hazme olvidar que mi vida le pertenece.
Me sacudí de su agarre y apreté el volante entre mis manos, obligándome a controlar mi enojo y asentí, antes de encender el motor y acelerar.
Pasar por la entrada fue sencillo incluso con un montón de guardias vigilando, debía agradecer eso a los vidrios polarizados de mi auto.
Ninguno de los dos habló el resto del camino, probablemente porque no había nada más que decir.
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Kagome
Las puertas de acero del ascensor se abrieron frente a ambos. Tal y como siempre Inuyasha esperó a que yo bajara primero antes de moverse.
Encendió las luces y caminó por el pasillo.
– ¿Te duchas conmigo? - Preguntó con normalidad.
Lo miré desde mi posición, la sangre seca cubría parte de su rostro, cabello, camisa y puños dándole un aspecto aterrador, sin embargo no pude evitar sonreír, porque incluso así sólo pude pensar en lo mucho que quería besarlo.
Asentí y dio media vuelta para seguir avanzando. Le seguí de cerca hasta llegar a su habitación, encendió la luz del baño y dio el agua caliente para llenar el jacuzzi que destacaba en una de las esquinas.
Todo en aquel amplio lugar parecía extremadamente ostentoso, algo a lo que en realidad estaba acostumbrada. El porcelanato en las paredes y el piso reflejaba a la perfección cada haz de luz cálida hasta que poco a poco comenzó a empañarse con el vapor.
– Ven aquí. - Ordenó.
Me moví en pasos dubitativos hacia él, sintiendo mi corazón latir con fuerza por el nerviosismo. A fin de cuentas él tenía razón; yo no tenía tanta experiencia en estas cosas.
Se movió para quedar a mis espaldas. A través del reflejo del enorme espejo frente a nosotros pude ver como quitó las pequeñas horquillas de mi cabello, soltando el peinado sencillo que llevaba. Luego se agachó, desabrochando mis zapatos y liberándome de ellos. Volvió a incorporarse y una de sus manos subió desde mi vientre hacia mis pechos, rozando con sus garras los brillantes adosados a la tela de mi vestido. Cerré los ojos cuando apretó uno de mis pechos con suavidad, para luego proseguir con su camino hacia mi costado, bajando el cierre lentamente para luego deslizar los tirantes por mis hombros.
El frío contra mi piel desnuda me erizó la piel cuando poco a poco la tela cayó hasta mis tobillos, dejándome en ropa interior de encaje frente a su mirada ambarina, hambrienta y posesiva. Levanté un pie y luego el otro para liberarme, sus dedos hábiles desabrocharon mi sujetador y crucé mis brazos sobre mi pecho para no exponerme, algo que lo hizo sonreír.
– Todo lo que ha sucedido entre los dos… ¿Y aún te da vergüenza que te vea desnuda? - Preguntó mirándome por el reflejo.
– Cállate. - Una risa ronca abandonó sus labios y suspiró mientras seguía con su cometido, rasgando mis pequeñas bragas sin dañar mi piel.
Dio un par de besos cálidos sobre mi cuello, y luego se alejó. Me giré para enfrentarlo y por primera vez me sentí pequeña ante su mirada atenta. Requirió todo mi valor extender mis manos hacia los botones de su camisa y desabrocharlos uno a uno. La tela se deslizó por sus brazos y él mismo desabrochó su pantalón y quitó sus boxers.
Permanecimos allí, el uno frente al otro, mis manos se movieron por inercia a su rostro y él cerró los ojos. Incluso manchado de sangre su expresión me transmitió tanta paz que quise quedarme allí por siglos. De pronto se separó de mí y caminó hasta la ducha que estaba a un costado del jacuzzi, dio el agua del grifo y poco a poco su piel se libró de la sangre seca.
– ¿Para qué llenar el jacuzzi entonces?
– No esperarás que me bañe contigo y ensucie el agua con sangre de un bastardo, ¿no?
– Al parecer lo odias mucho… - Musité.
– Digamos que su padre ha intentado hacer negocios con el mío... Y han sido malas experiencias.
Se acercó nuevamente, me tomó de la mano para guiarme al agua espumosa y nos sumergimos juntos, el uno frente al otro, con espacio suficiente para no rozar nuestros cuerpos. Lo vi sumergir su cabeza por unos segundos y luego volver a mirarme, con su flequillo desordenado estilando pequeñas gotitas de agua.
– ¿No vas a acercarte? - Preguntó.
– Estoy bien aquí, gracias. - Abracé mis piernas para hacerme aún más pequeña, intentando alejarme todo lo posible de su existencia. Una sonrisa torcida destacó en sus labios.
– No muerdo.
– Esa es una vil mentira. - La risa ronca melodiosa que abandonó sus labios hizo eco en las paredes.
– ¿Podemos ser honestos a estas alturas?
– ¿Con respecto a qué?
– ¿Cuántos hombres te han tocado antes que yo? - Fruncí mis labios. - No estoy juzgándote, Kagome, es sólo curiosidad.
Guardé silencio por unos momentos.
– Dos. - Asintió sin hacer otro comentario. - ¿Mi inexperiencia es muy notoria?
Se encogió de hombros.
– Tu inexperiencia está bien… - Contestó a secas.
Estiró su estilizada mano hacia mí a modo de invitación. Al tomarla me tiró hacia él, haciéndome chocar suavemente contra su pecho. Sus manos peinaron mi cabello hacia atrás y me miró fijo.
– …Sólo necesitaba confirmarlo para saber como tratarte.
Me sentó a horcajadas sobre él, apoyé mis manos en sus hombros y se acercó a mi rostro, besando el ángulo de mi mandíbula con delicadeza.
– ¿No que no encontraría delicadeza en ti? - Sonrió contra mi piel.
– Siempre puedo hacer un esfuerzo, no soy un monstruo.
Sentí sus brazos abrazarme por la cintura, sentí sus besos bajar por mi cuello hasta alcanzar mi clavícula, lugar donde su lengua jugueteó por unos segundos. Sus manos bajaron a mi trasero, acariciándolo mientras mi boca dejaba escapar un par de jadeos. Sentí sus dedos rozar mis pliegues bajo el agua y adentrarse en mi, haciéndome arquear mi espalda al dejar ir un gemido bajito.
Sus labios se apropiaron de los míos en un beso lento y posesivo, su lengua húmeda y cálida se coló hacia mi boca, enredándose con la mía en toques suaves que iban y venían al ritmo que sus dedos entraban y salían de mi interior.
Entre el vapor y el placer mi mente se hundió rápidamente en un espacio de oscuridad caliente y asfixiante, sin embargo estaba perfectamente feliz de sofocarme allí, feliz de ahogarme en éxtasis.
– ¿Cómo se siente Kagome? - Susurró ronco entre besos y sólo pude pensar en que mi nombre jamás había sonado tan bonito.
– Dios… Se siente tan bien - Gemí.
– Puedo hacer que se sienta aún mejor... - Musitó.
Sentí su miembro rozar mi entrada y clavé mis garras en sus hombros, moviéndome instintivamente sobre él para sentirlo.
Lo sentí presionar y entrar en mí poco a poco, estirando mis paredes para acomodarse en mi interior. Soportó como un caballero el dolor punzante que probablemente ejercían mis garras en su piel, mirándome fijo mientras más se hundía en mí y por primera vez su intrusión inicial no fue dolorosa, sino placentera. Me abrazó a su cuerpo, guiando el ritmo de sus embestidas lento y profundo. Pronto me escuché a mi misma gemir en niveles vergonzosos, abrazándome a su cuello, desesperada por sentirlo lo más cerca posible, como si estar unidos no fuera suficiente. Jamás sería suficiente.
Un hormigueo agradable se hizo notar poco a poco en mi vientre bajo, creciente y cálido, haciéndose cada vez más intenso mientras más fuerte era el roce entre los dos. Bajó a mi cuello, mordiendo sobre mi yugular y entonces exploté en un orgasmo, uno que no se comparaba a otro que hubiera sentido antes.
Sentí mis paredes apretarse a su alrededor, sentí como el éxtasis explotó en mí, avanzando rápidamente a cada terminación nerviosa existente de mi cuerpo, haciéndome gemir en un pequeño sollozo desesperado, desesperada por extender la sensación el tiempo que fuera necesario para curar todas mis tristezas. Mi instinto me hizo morder su cuello en respuesta, provocando un gruñido gutural en el momento en que se liberó en mi interior, dando paso a jadeos entrecortados mientras intentaba recuperar el aliento.
Permanecí allí, bebiendo de su sangre, aprovechando cada endorfina hasta que mi cuerpo se sintió pesado y maleable, con mi piel ardiente hormigueando y mi corazón latiendo a toda velocidad.
El significado de la palabra "placer" había tomado un rumbo distinto desde que había conocido al demonio abrazado a mi ser.
Sus dedos se enredaron en mis cabellos, y permanecí escondida en su cuello, disfrutando del calor de su cuerpo.
– La inexperiencia es deliciosa en las manos correctas, ¿No lo crees? - Musitó y yo dejé escapar una risa suave.
– ¿Has logrado sacarme de tu sistema? - Pregunté rozando sus labios con los míos.
– Estoy en eso. - Exclamó antes de volver a besarme con voracidad. Al finalizar pegó su frente a la mía y dejó ir un suspiro corto. - Puede que tarde un poco, de todos modos.
El agua a nuestro alrededor se había tornado fría para cuando decidimos salir. Me envolvió con una bata esponjosa mientras él tomaba una adicional y caminamos juntos a su habitación.
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Inuyasha
Nos acostamos el uno al lado del otro, manteniendo cierta distancia, pasando por alto que hace apenas unos minutos eso no había importado demasiado. Estiré mi mano hasta la suya, jugueteando con sus dedos pequeños de forma distraída.
– ¿Vas a decirme que significan tus tatuajes? - Preguntó mirándolos con atención.
Suspiré y levanté los brazos, exponiéndolos bajo la bata. Era la tercera vez que preguntaba y probablemente habría una cuarta si no respondía ahora.
– ¿Conoces el árbol de cerezo? - Pregunté y ella negó con la cabeza. - ¿De verdad? Es muy popular en Japón.
– La única vez que viajé a Japón fue para asesinarte, no vi árboles de cerezo en ese entonces. - Sonreí.
– Entonces no prestaste suficiente atención, porque nuestro jardín está lleno de ellos… Aunque es comprensible, no destacan mucho cuando no están en periodo de floración.
– ¿Es tu flor favorita? - Preguntó y yo negué con la cabeza.
– En la cultura de nuestro país son flores que representan la fugacidad y lo efímero que es el presente. Su belleza es inigualable, pero transitoria, pues florecen por un periodo muy corto de tiempo antes de perder todos sus pétalos. - Miré las enredaderas en mis brazos antes de proseguir. - Me obliga a recordar la naturaleza transitoria de las cosas, al ser seres inmortales se hace bastante sencillo olvidarlo.
– Todo nace para morir. - Musitó.
– Exacto… Intento vivir mi vida con ese pensamiento en mente, me ayuda a valorar un poco más las cosas que parecen insignificantes.
– ¿Te cuesta valorar la vida?
– Un montón. - Admití. - No sé si lo has notado, pero no soy una persona muy sentimental en ningún aspecto.
Sonrió y asintió.
– Quizás aún no has encontrado el por qué de tu existencia. Me parece que ambos vivimos en torno a decisiones que no son nuestras, y eso nos hace sentir un poco vacíos… Aún cuando claramente tu familia es más funcional que la mía.
Sonreí y asentí, guardando silencio mientras abría mis brazos y ella captaba rápidamente el mensaje, subiéndose a horcajadas, con sus piernas a cada lado de mi cuerpo. Nunca había mencionado el significado de las marcas de tinta en mi piel y hacerlo por primera vez particularmente a la chica sobre mí no habría pasado por mi mente ni en los pensamientos más alocados.
– Gracias. - Susurró apoyando sus manos en mi pecho. - Ahora puedo morir tranquila.
Tomé los bordes de su bata para ver su cuerpo. Mis garras se estiraron por inercia hacia el tatuaje que manchaba su costado derecho, admirando por primera vez la belleza detrás del diseño que mi corazón detestaba.
– ¿Tiene algún significado? - Pregunté, delineando las largas y delgadas patas de la araña oscura. - No creo que la lleves tatuada sólo por ser una Russo.
– Si y no… La araña es el símbolo de mi familia por una razón; mostrar la belleza de la paciencia y la astucia para alcanzar objetivos, tal y como la araña teje sus redes poco a poco… - Sus dedos buscaron los míos, trazando juntos el resto del tatuaje. - … Para mí es eso y llevar conmigo mis miedos, lo suficientemente lejos de mi corazón, pero lo suficientemente cerca para no olvidarlos.
– ¿Le tienes miedo a las arañas?
– Fobia, para ser exacta.
Eso era… Inesperado. Sin embargo, conociendo el significado real, ese tatuaje no parecía tan horrible después de todo.
Tomé su rostro entre mis manos y me estiré lo suficiente para alcanzar sus labios.
Permanecimos allí por horas, entre besos, caricias y conversaciones poco convencionales hasta que el sueño la venció, quedándose dormida acurrucada a mi lado, mientras yo meditaba un poco la situación.
Antes de caer en la inconsciencia me sentí genuinamente asustado por primera vez en años… Cuando caí en cuenta de que mi corazón ya no odiaba a Kagome Russo.
