Hola lectores!
Muchas gracias por todos sus comentarios en el capítulo anterior, la verdad esque esta historia va lentisima como rio de barro AJAJA peroo, prometo que valdrá la pena esperarme.
Los quiero mucho!
- Cbt1996: He reconocido tu modo de escribir! Incluso si te equivocaste de cuenta AJAJAJ. Muchas gracias por tu review amiga mia, y si en este fanfic Sango es bieeeen molesta y por si fuera poco además es amiga de Kikyo, aunque es por el momento, ya tendrá oportunidad de conocer más a Kag y cambiarse de bando jiji.
- Valentinehigurashi: AAAY mil gracias por esperarme, se que pasa tiempo entre cada actualización y cada dia que pasa pienso "oh, mis lectores deben estar odiándome" jaja, asi que leer que no encuentras relatos como los míos definitivamente me alegra la vida, este fanfic va mas lentito de lo esperado, pero jamás quedará abandonado. Si esperas que Kagome sea la maldita Russo que todos temen, este cap definitivamente va a encantarte, a ver como Inuyasha se traga todas sus palabras de una vez por todas. Kikyo como prometida de Inuyasha era una sorpresa que efectivamente quise mantener oculta hasta ahora. Espero leerte en el proximo cap! Un abrazo.
- Marlenis Samudio: Marlenis tanto tiempo!, compartimos opinión, he intentado hacer a este Inuyasha en particular bastante molesto e idiota como hombre ajajja, digamos que siento que tendrá mas relevancia cuando pase de ser un imbecil a un principe cuando termine de enamorarse de Kag, ahi le pondremos maquillaje de payaso jiji. Un abrazo enorme y muchas gracias por tantos buenos deseos! Nos leemos.
- kcar: Pucha, asi pasa, me encanta el drama y mucha felicidad por mucho rato empieza a desesperarme AJAJAJ, Inuyasha es idiota, Kagome le dará su merecido. Espero te guste esta actualización. Un abrazo.
- joiscar: ÑIIII que bueno leerte feliz por mi regreso y que alegria que la actualización te hiciera tan feliz. Mi vida por ahora es un caos, aunque lo amo, mi bebé me ocupa bastante tiempo asique esta historia irá mas lentito de lo habitual, asique nada, gracias por la paciencia y el cariño, te leo aquí desde hace tanto tiempo que tu ausencia definitivamente me rompería el corazón. Un beso!
- Kayla Lynnet: Linda mi Kayla! Muchas gracias, efectivamente, es un bebé hermosisimo, estoy segura de que conquistará varios corazones eventualmente JAJA. Me encanta leer estos comentarios con todas las sorpresas que te has llevado, porque efectivamente, Sango es amiga de Kikyo (aunque puede que eeso cambie, no me la odien aun) y si, Naraku sigue siendo un imbecil que ve a su hija como un mero trámite. Este cap se viene intenso para Kag, pero creo que tendremos un poco de esa Kag empoderada que a ratos se extraña. Espero te guste. Nos leemos!
- Karii Taisho: Ufff esto de maternar, ha sido una montaña rusa francamente, como primeriza he ido aprendiendo en el camino, asique el ofrecimiento de ayuda se valora muchisimo, ya tendre la oportunidad de molestarte por ahi cuando este girando en circulos sin saber que hacer. Naraku sospecha, sin embargo por ahora no sabe nada. ¿Que es lo que Kag no se atrevio a decir? "Te quiero", por primera vez ha sentido que se ha encariñado de alguien, el mas prohibido de todos y tiene miedo de que si se lo hace saber este huya de su lado :(. Por otro lado tenemos a Inu siendo un imbecil... como en todas mis historias al comienzo ajjajaj, aunque me esforcé por hacer a este aún mas imbecil, para que el cambio sea mas dramatico luego. Mil gracias por tanto amorcito, un abrazo!
- Rosa Taisho: Hermosa mia como te extrañe! Muchas gracias por esperar por mi, cada vez que veo un comentario tuyo en mi instagram pienso en lo mucho que quiero actualizar y en el poco tiempo libre que tengo. Este cap se viene bien intenso, espero que lo ames tanto como yo he amado escribirlo jijiji. Te quiero amiga! Un abrazo enorme
- fabiola200190: Lo siento tanto, he tardado otra vez, tenme paciencia que valdrá la pena, un abrazo fabiola!
- Sabura: Muchas gracias! Aqui está la actualización, espero te guste!
'
Capítulo 14.- Rivalidades en orden.
Kagome
Miré el pequeño reloj en mi muñeca por última vez antes de bajar del auto y entrar en el ascensor; según mis cálculos tenía al menos dos horas antes de que mi padre terminara sus asuntos.
– ¿Te gusta Russo? - La voz femenina y ya conocida de Sango fue lo primero que llegó a mis sentidos cuando las puertas del ascensor se abrieron, por suerte ambos me daban la espalda. Me quedé allí en silencio, apretando el botón que evitaba que las puertas se cerraran, consumida por las sorpresivas ganas de escuchar esa respuesta, una que Inuyasha no entregó. - De ser así, quiero recordarte que tienes una prometida, una que también es mi amiga y a quien no he mencionado nada de lo que he visto aquí porque mi lealtad va contigo, pero…
Y ahora entendía el dicho sobre la curiosidad que había matado al pobre ratón y lo que era peor: por primera vez era yo la pobre e idiota criatura.
Una prometida, por supuesto, mi fortuna era así de mala…
– Por favor… Recuerda con quién estás hablando. - Exclamó el peliplata con un tono arrogante.
– Eso intento, sin embargo ya no veo a ese Inuyasha por ningún lado. Estás distraído todo el tiempo, Kikyo me habla a mi para saber como estás porque no recibe respuestas de ti, pasas demasiado tiempo con esa jodida araña, ni siquiera tu hermano sabe que está pasando…
Vi en cámara lenta como el vaso de cristal que sostenía Taisho volaba directamente hacia mí y logré esquivarlo apenas, justo antes de que estallara contra el espejo a mis espaldas.
– JODER ¿ACASO NADIE CONFÍA EN MÍ? - Gritó Inuyasha. - TODOS SE CREEN CON EL DERECHO DE RECRIMINARME COSAS, CUANDO JAMÁS SE LOS HE OTORGADO.
– Idiota, ¡No te estoy recriminando!, eres mi mejor amigo y me preocupas, ¡por eso estoy intentando tener una conversación pacífica y saber que mierda pasa contigo!
– ¡Nada pasa conmigo!
– …¡Y sigues mintiéndome!
– DIME SANGO, EN QUE UNIVERSO YO, INUYASHA TAISHO, HIJO DE TOUGA, PENSARÍA EN DEJAR A KIKYO Y SIQUIERA ENTREGARLE UN POCO DE AFECTO AL FRUTO DE LAS ENTRAÑAS DEL PEOR ENEMIGO DE MI FAMILIA… - Ouch, eso sonaba horrible, repulsivo. - KAGOME RUSSO ES UN MALDITO CACHORRO MALTRATADO Y HERIDO EN EL CAMINO, UNO CON EL QUE PODRÍA ACABAR EN UN INSTANTE, PERO NO LO HAGO POR LÁSTIMA.
Y aquello sonaba peor.
– Pero…
– No es mi deber cobrar las venganzas de mi padre.
– Eso no era lo que decías.
– ¿Quieres que mate a la niñita Russo? ¿La torturo como suelo hacer con mis enemigos en Japón? ¿Eso te dejaría más tranquila?
Me debatí unos segundos en cómo reaccionar. ¿Tenía algún sentido dejarle continuar hablando? A esas alturas ya había escuchado suficiente.
Avancé en modo automático para salir del cubículo metálico, movida por el simple hecho de pedir, no… exigir una explicación, una que hiciera que el repentino dolor punzante en mi pecho se fuera.
Mis tacones hicieron sonar el vidrio al romperlo en añicos y entonces su arma apuntó hacia mí antes que su mirada. Me hubiera encantado tener un poco más de tiempo para poder planear mi entrada triunfal y dramática, porque de haber sido posible habría preferido hacer algo más que sonreír como idiota cuando el dorado se posó en mis ojos. Las mejillas me dolieron por lo falso del gesto, siendo el único pilar endeble de dignidad que seguía en pie, evitando apenas el dejar que las lágrimas se acumularan en mis ojos.
No vas a llorar, no por el nivel de idiota que es Inuyasha Taisho.
No supe interpretar su mirada, no había culpa en ella, tampoco miedo; era una mirada apagada, neutra.
– ¿Cuánto llevas allí? - Preguntó con voz ronca.
– Lo suficiente. Espero no interrumpir en un mal momento. - Mi voz sonó bastante decente para lo que esperaba. Mis ojos ardieron, aunque esta vez no de pena, si no de rabia cuando el rojo comenzó a invadirlos poco a poco. Tomé un respiro profundo, intentando apagar la ira creciente dentro de mi pecho.
– La verdad es que s… - Y ahí estaba, esa puta voz otra vez.
Disparé al suelo sin pensar, buscando callar a esa maldita mujer, dejando a propósito apenas unos centímetros entre la bala y sus pies.
– Sango, sal de aquí. - Bueh, al menos Taisho comprendía el mensaje.
– ¿Y por qué yo?
– Porque estoy intentando cuidarte, sal de aquí.
– Haz caso por una vez en tu vida. - Exclamé. - No tengo nada en contra tuyo, sólo sal de aquí.
– Esc… - Joder.
YA CÁLLATE DE UNA VEZ.
Otro disparo, esta vez dirigido con toda intención al pecho de Sango, aunque lastimosamente había fallado por poco, dejando en evidencia, al menos para mí, que mis emociones me estaban sobrepasando.
Volví a posicionar mi dedo sobre el gatillo, dispuesta a no fallar esta vez, sin embargo al segundo siguiente tenía a Inuyasha tacleándome contra la pared, esparciendo un dolor molesto por mi columna al chocar de golpe contra el concreto. Aquel dolor fue opacado por uno punzante; el de sus garras enterradas a profundidad en mi muñeca derecha, haciéndome soltar el arma de forma instantánea. Como si fuera poco, de inmediato sentí su antebrazo bloqueando mi tráquea y el paso del oxígeno a través de ésta.
– Sango, ¿por favor? Estaré mejor solo que contigo aquí.
– Llamaré a tu hermano. - Exclamó su amiga antes de desaparecer.
Cuando se giró hacia mí volví a sonreírle, aquella parecía un arma bastante efectiva para suprimir las ganas de llorar.
– Entonces… Al parecer tienes mucho que contarme. - Musité.
Sus labios se fruncieron, sin embargo jamás me quitó la mirada.
Al menos tenía coraje suficiente para enfrentarme pese a las consecuencias, aquellas que ambos sabíamos no eran evitables.
– Así parece…
'
– ¿Me sueltas? - Pregunté hastiada con voz dificultosa.
Su agarre se relajó un poco, sin embargo mantuvo la presión sobre mi cuello.
– ¿Prometes que te calmarás? - Preguntó.
– Puedo prometerte que lo último que habrá en mí será calma si no me sueltas ahora mismo. - Advertí con voz suave. - Tu decides.
Me miró y dudó por unos segundos, sin embargo obedeció.
Apenas recuperé mi libertad la palma de mi mano voló directamente hacia su mejilla con toda la fuerza que pude encontrar, la suficiente para sentir un pequeño "crac" en uno de mis dedos por una fractura que ni siquiera dolió, la rabia era más intensa. Su rostro se giró con fuerza hacia un costado y una risa corta salió de sus labios al instante, arrogante como siempre, lo suficiente para hacerme desear golpearlo una vez más.
– Eso es por llamarme cachorro maltratado. - Exclamé.
– Oh créeme, podría haberte llamado de peores formas.
– Y yo podría matarte en este mismo instante, no tientes mi paciencia.
Suspiró e intentó tomar mi mentón con sus manos, algo que esquivé con rapidez. Lo vi caminar hacia su minibar, con un aire despreocupado y relajado.
– Entonces… - Apuré.
– Momento, no tendré esta conversación sin alcohol. - Exclamó mientras se servía un vaso de whisky. - ¿Quieres?
– Muérete. - Vi una sonrisa torcida y jodidamente encantadora en su rostro.
– Tengo una prometida… - Comenzó y yo me reí.
– ¿De verdad crees que esa es particularmente la información que más me importa?
– … Su nombre es Kikyo, vive en Japón, su padre arregló el compromiso con el mío hace ya un par de años.
– No me interesa.
– Tu y yo sabemos que si… Eres mujer después de todo. - Exclamó y su tono despectivo terminó de hastiarme.
– Te das demasiado crédito, Taisho, ¿El narcisismo viene incluido en el miembro que te cuelga entre las piernas? - Suspiró y me dio la espalda.
– Como sea, mi matrimonio está arreglado para fin de año, no tengo idea de los preparativos de boda, solo sé que existen.
Ignoré su comentario, negándome rotundamente a darle en el gusto de siquiera imaginar que la chica me importaba, aun cuando parte de mi si sentía curiosidad por algunas cosas: ¿La chica era bonita? ¿Qué edad tenía? ¿Él la amaba? ¿Quería casarse con ella?
– ¿Por qué te acercaste a mí en primer lugar? - Pregunté.
– ¿Piensas que me acerqué con doble intención?
– Pienso que hasta hace apenas cinco minutos tenía idealizada una falsa imagen de ti y ahora no tengo puta idea de quién eres, ni de qué quieres. - Admití de brazos cruzados. - Pienso que estamos peor que al principio, al menos en ese entonces estaba segura de que nos odiábamos a muerte.
Me miró serio y puso sus ojos en blanco.
– Soy la misma persona de esta mañana, Kagome.
– No a mis ojos.
– ¿Enserio estás juzgándome, cuando tu fuiste la primera que viajó miles de kilómetros para asesinarme por algo que no había hecho? - Ahí estaba, el burdo intento de defensa haciéndose pasar por víctima.
Me encogí de hombros.
– Al menos nunca fingí no querer hacerlo.
Suspiró
– Escucha, en un inicio sí me acerqué para ganar tu confianza, en mi mente si te destruía física y emocionalmente cobraba venganza por mi familia y tú me entregaste la oportunidad en bandeja luego de tu penoso intento de asesinato, porque asi podía alegar auto defensa... - Parte de mí lo sabía, sin embargo escucharlo en voz alta me hizo sonreír; casi pude escuchar a mi mente decir "te lo dije" - …Pero las cosas cambiaron entre los dos, eso es real, tu puedes sentirlo también.
– Por favor…
– Podría haber acabado con tu vida en infinidad de ocasiones, sabes que es así. - Se acercó a mí lentamente, casi con las manos en alto, como si temiera asustarme. - ¿Y sabes por qué no lo hice?
– ¿Porque eres un cobarde? - Pregunté sarcástica y él me sonrió.
– Si el problema fuera cobardía, las cosas serían infinitamente más sencillas.
– ¿Entonces? - Apretó el puente de su nariz antes de volver a hablar.
– Joder, ¿me vas a hacer decirlo en voz alta? - Fruncí el ceño.
– No entiendo a qué te refieres.
Frunció los labios por un segundo y me atrajo a él de un solo tirón, abrazándome contra su cuerpo, haciéndome sentir pequeña una vez más, haciendo flaquear mis ganas de destruirlo con el calor agradable de su existencia y el aroma del perfume que tanto me gustaba. Sus brazos me apretaron con fuerza, y yo clavé mis garras en su costado, en un burdo intento de defenderme, de demostrarle que su toque me molestaba. Nunca dejé de resistirme, incluso cuando sentí su aliento cálido contra mi oído derecho y erguí mi espalda al ser consumida por un escalofrío involuntario.
– ¿Eres siquiera consciente de en lo que me convierto cuando estoy cerca de ti? - Musitó. - ¿O te has metido como una astilla en mi corazón sólo para ver qué tan lejos podías llegar?
– ¿Siquiera tienes corazón? - Pregunté en voz baja.
Su mano libre recorrió la extensión de mi columna hasta mi zona lumbar, sólo para subir de regreso y tomar mi mentón con firmeza, obligándome a mirarlo, luciendo imponente desde mi posición. El dorado parecía un poco más oscuro y sombrío, sus pupilas dilatadas como las de un lobo en su faceta de cazador, listo para acabar con su presa.
– Te miro y siento que estoy intoxicándome lentamente, como si tu sola existencia me sofocara poco a poco... - Su ceño fruncido, realmente molesto por admitirlo en voz alta. - … La mitad de mi tiempo estoy contigo y cuando no es así no soy capaz de concentrarme porque no puedo dejar de pensar en ti.
Acercó su rostro hasta el mío, dejando escasos centímetros de distancia entre su boca y la mía.
– ¿Cómo soluciono ese jodido problema? - Me preguntó. - ¿Te destruyo de una vez por todas? ¿O bajo la guardia y me permito admitir que te quier…
Mi mano voló nuevamente a su rostro en un intento de evitar la última parte de su frase, sin embargo fue detenida a mitad de camino con un agarre firme en mi muñeca.
– Golpearme una vez es suerte, intentar una segunda es avaricia. - Musitó severo, apretando aún más su sujeción. - No vuelvas a levantarme la mano. - Advirtió.
Lo empujé con fuerza, ahogada en un torbellino de emociones, respirando demasiado agitada para disimular mi conmoción.
– ¿POR QUÉ HACES ESTO? - Grité. - ¿PORQUE DECIDES DECIRME TODO ESTO EN UN MOMENTO ASÍ?
– El cuando lo diga no cambia las cosas.
– ¡Cambia todo! ¡Si hubieras dicho esas cursilerías anoche o incluso hoy en la mañana, cada célula de mi cuerpo te habría creído!
Bajé mi vista rápidamente, prefería morir antes de permitirle verla vidriosa. No era buena discutiendo porque siempre terminaba así, al borde de las lágrimas incluso antes de comenzar. Era mejor con las armas, ese era mi punto fuerte, y ahora mismo la mía yacía en algún lugar del suelo, inservible.
– …Como el cachorro maltratado que soy, te habría creído. - Susurré. - porque es lo único que he querido en toda mi puta vida.
Hubo un silencio incómodo entre los dos.
– Kag…
– No. - Lo detuve con mi dedo índice en alto. - …No te atrevas a llamarme así.
Dio un nuevo paso hacia mí en un intento de contenerme, y en efecto yo dí uno hacia atrás.
– Tuve todas las intenciones de salvarte, de arrancarte de las garras de tu padre, ¡pero las consecuencias van más allá de mis límites! - Gritó.
– ¿Límites?
– Le ofrecí a tu padre una suma enorme de dinero por ti, él aceptó, pero luego salió con sus condiciones y…
– ¡¿Que hiciste qué?! - Cerró su boca en una línea, comprendiendo que la había fregado aún más.
Más decepciones, solo decepciones. Ya no quería saberlo, prefería dejar las cosas así.
Ahora como adicional iba a tener que lidiar con mi padre más tarde, como si tuviera la energía suficiente.
Levanté mi mano para detenerlo cuando tomó aliento para responderme, apreté el puente de mi nariz con mis dedos y tomé una gran bocanada de aire antes de erguirme para hablar.
– Olvídalo, ya no importa. - Musité y caminé hacia el ascensor. Aquello era madurez, la antigua Kagome ya habría disparado veinte veces, la verdad estaba bastante orgullosa de mi misma.
– No hemos terminado de conversar. - Exclamó severo.
– Tú no lo has hecho, yo tengo más que suficiente.
Caminó a zancadas hasta mí y sujetó mi brazo con poca delicadeza.
– Suéltame. - Ordené.
– ¿Segura?, sales de este departamento y se acaba, no hay más interacción entre los dos.
– ¡Genial!, eso es lo que quiero. - Respondí y él se rio.
– ¿Asi que esta es la heredera Russo que tanto ruido hace por su personalidad? Una chica que finge ser fuerte cuando en realidad es inmadura y completamente dominada por sus emociones…
¿Disculpa?
Me permití disfrutar los últimos segundos de esa mirada fija y desafiante entre los dos, justo antes de enterrar mi mano en el centro de su pecho con todas mis fuerzas, abriendo mis dedos en su interior, con el objetivo de provocar el máximo de daño en el menor tiempo posible.
– Oh, mira que sorpresa, si hay un corazón aquí. - Le sonreí.
En mi mentalidad enfermiza disfruté de los pequeños detalles en esa acción: el calor de su carne envolviendo la mía, la sangre espesa escurriendo por mi brazo y el quejido ahogado seguido de un gruñido ronco que abandonó sus labios. Sentí la vibración de los latidos de su corazón, lo suficientemente cerca como para hacerse notar, pero aún bastante protegido de mi alcance.
Ya no había ni un ápice de dorado cálido en sus hermosos ojos, sólo rojo intenso movido por la ira.
– Quiero que te vayas. - Exclamé severa. - Quiero que borres Italia de tu mapa mental, tú y toda tu jodida familia, tienes 24 horas. - Hundí mi mano un poco más. - Y para que me tomes en serio, en realidad tienes 12.
Me gruñó aún estando a mi merced y lo atraje hacia mí, sintiendo como su sangre empapaba mi vestido.
– Shh… Quiero que recuerdes un par de cosas de este momento. - Susurré contra su cabello platinado mientras lo peinaba con los dedos de mi mano libre, acunándolo contra mi pecho. - Quiero que sepas que este es el inicio de una guerra, que tarde o temprano ganaré. Los voy a matar a todos por tu insolencia, aunque me tome la vida completa, voy a destruirlos uno por uno, cuando menos te lo esperes, cuando te sientas completamente a salvo…
Moví mis dedos en su interior y otro gruñido llenó la habitación.
– …También quiero que sepas que lograste tu cometido y te ganaste mi cariño, incluso si fue solo por un instante. - Sonreí. - Quiero que recuerdes este dolor que sientes, punzante y tan cercano a tu corazón, como prueba tangible de que me afectaste lo suficiente y que tu traición duele de la misma manera.
Saqué mi mano con asco y sacudí los restos de sangre antes de caminar hacia el ascensor.
– Dile a tu hermano cuando llegue que el que sigas con vida es un acto de buena fé y que si me busca me encontrará. - Lo miré una última vez allí en el suelo, completamente indefenso, mirándome con odio. - Buen regreso a casa, Taisho, dale mis saludos a tu prometida.
'
Inuyasha
Las puertas se cerraron y lo último que vi de ella fue la suela rojo escarlata de sus tacones de diseñador.
Su ataque dolía, pero mi ego destruido dolía peor. Porque si, el cariño que le tenía me había cegado y porque sí, una mujer me había dejado al borde de la muerte por primera vez.
El pecho me ardió cuando intente respirar hondo y tosí manchando de sangre el sofá color crema en el medio del salón. Intenté detener el sangrado con una mano, sin embargo fue inútil.
Okey, nuevamente había subestimado a Kagome Russo. Nota mental de no hacerlo nuevamente en el futuro y de cerrar mi bocota frente a ese pequeño monstruo de metro sesenta… si es que había una próxima vez.
Estuve tirado en el piso al menos 30 minutos, intentando arrastrarme hasta la alfombra al menos para agonizar en un lugar un poco más cómodo. Para cuando Sesshomaru apareció en mi rango de visión veía tan borroso que lo creí una ilusión.
– ¿Has venido a verme morir? Puedes despedirte ahora, no creo que me quede demasiado tiempo para malgastar. - Me sonrió.
– No hoy hermanito. - Se agachó a mi lado y me ofreció su muñeca para morder. - Lamento haber tardado, no estaba tan cerca de aquí.
– ¿Y Sango?
– Aquí. - Musitó una voz femenina a lo lejos, aunque no pude buscarla con la mirada. - ¿La dejaste ir después de hacerte esto?
Me concentré en beber de la sangre de Sesshomaru y no en contestar aquella estúpida pregunta. Mi hermano me ayudó a sentarme con la espalda apoyada en la pared, aún incapaz de ponerme de pie.
– ¿Luzco como si hubiera tenido otra opción? Agh… - Hablar dolía, existir dolía.
– Hablé con nuestro padre de camino hacia acá, para avisarle que nos vamos a casa. - Se agachó frente a mi. - No mencioné… esto. - Musitó indicando la herida en mi pecho. - … En parte porque no estaba enterado. Tu decides si se lo hago saber.
– ¿Bromeas? ¡Tienen que decírselo! ¡Kagome Russo tiene que pagar por esto! - Intervino Sango y mi hermano suspiró.
– Inuyasha sabe lo que significa dar aviso de este ataque. - Musitó. - Y ha sido a consecuencia de sus actos… Como dije, él decide.
Dar aviso era matar a Kagome, simple y sencillo.
Me sorprendió el cómo a Sesshomaru también parecía importarle su bienestar, supuse que a fin de cuentas Russo no sólo se había ganado mi consideración.
– Lo pensaré de camino a casa. - Exclamé y mi hermano asintió.
– Empacaré nuestras cosas, deberías hacer lo mismo, Sango. - La escuché resoplar antes de salir por el ascensor. - Inuyasha… - Lo miré de reojo. - La próxima vez que te advierta de una mala consecuencia de tus actos, escúchame y por sobre todo… obedéceme.
Asentí a regañadientes, sentirme estúpido simplemente no se detenía.
– De camino a casa también vas a explicarme con lujo de detalles que fue lo que desencadenó todo esto. Mientras tanto limpiaré este desastre.
Guardé silencio, sabiendo que debía obedecer a esa orden de todas formas.
'
Kagome
Moví mis piernas inquieta, sentada en el sofá del salón principal con la mirada perdida en el brillo del mármol pulido bajo mis pies. Sentí a la servidumbre continuar con su vida y moverse a mi alrededor, ignorando mi presencia con toda intención, como si un aura negra y venenosa me rodeara, indicándoles que el primero que se atreviera a hablarme moriría en el mismo instante. Aún así por primera vez deseé que alguien se acercara y se preocupara por mí, que a alguien le extrañaran las lágrimas poco habituales que corrían por mis mejillas desde mi llegada, silenciosas pero persistentes.
No tuve claro cuánto tiempo permanecí allí en la misma posición, sólo fui consciente del ruido de la pesada puerta principal al abrirse y de que con ello el aire se cargó aún más. No tuve que girarme para saber quien provocaba tal energía tan pesada.
– ¿Sole mio? - Mi padre cantó. Me puse de pie para enfrentarlo y su mirada me recorrió de los pies a la cabeza mientras su sonrisa se desvanecía poco a poco.
Mi vestido favorito estaba lleno de sangre seca que incluso manchaba parte de mis piernas, conformando el último recuerdo tangible de Inuyasha Taisho sobre mí. No me había mirado al espejo, pero estaba segura que a esas alturas ni mi maquillaje a prueba de agua había soportado tanto llanto, lo que significaba que mi máscara de pestañas debía estar manchando mis mejillas de una manera bastante dramática.
– ¿Estás bien? - El tono en su voz mostraba un deje de preocupación. - ¿Alguien te hizo daño?
– Mi hai venduto a Inuyasha Taisho? (¿Me vendiste a Inuyasha Taisho?) - Pregunté sin rodeos y él guardó silencio. - I soldi sono più importanti di me per te? (¿El dinero es más importante que yo para ti?)
– È stata una decisione che ha portato benefici a entrambi (Era un arreglo que nos beneficiaba a ambos) - Sonreí.
– Desde que tengo memoria todo lo que he necesitado de ti ha sido amor… - Susurré.
– ¡Y eso es lo que te he entregado! - Rebatió.
– NO, NO LO HAS HECHO, NO HA HABIDO UN PUTO DIA DE MI EXISTENCIA DONDE TE HAYA VISTO PONERME POR ENCIMA DE TU JODIDO NEGOCIO.
– Kagome…
– No seré parte de tus monedas de cambio, me cansé de esto.
Hice el intento de dar media vuelta e irme, sin embargo en menos de un segundo lo tenía a escasos centímetros de mí, tomándome por el cuello para levantarme poco a poco.
– ¿Amor? ¿Eso es lo que quieres? Me he pasado la vida esforzándome por entregarte fortuna, bienestar y tranquilidad y tú niñita tonta… ¿Buscas amor? ¿Atención? ¡¿Eso es lo que necesitas?!
Llevé mi mano a la suya, intentando liberarme del agarre sin éxito.
– Ajá, puedes culparte a ti mismo por mi mala decisión de revolcarme con ese imbécil. - Exclamé con dificultad. - Si hubieras… Si hubieras sido un mejor padre probablemente no tendría tantos problemas psicológicos por falta de afecto paterno.
El rojo en sus ojos se hizo aún más intenso y entonces el oxígeno ya no pasó por mi tráquea.
– ¿Mientes para sacarme de quicio? - No pude responder.
– Tal vez… O tal vez no, quién sabe.
Tentar mi fortuna parecía brutalmente llamativo en ese momento.
Vi en cámara lenta como levantaba su mano libre y cerré los ojos cuando lo ví tomar impulso con ella. Al segundo siguiente sentí mi mejilla arder dolorosamente por aquella cachetada y sonreí, era casi como un karma instantáneo por la que le había pegado a Taisho.
Me soltó de golpe y caí poco digna al suelo. Lo miré desafiante desde allí, dispuesta a mantenerle la mirada a cualquier costo.
– Escúchame bien, desde mañana cumplirás con las obligaciones que tienes con esta familia porque para eso te he criado. - Exclamó severo. - Te casarás con Bankotsu porque así lo digo.
– ¿Y si no qué? - Pregunté desafiante.
Guarda silencio, Kag. Resonó la voz de mi madre en algún lugar de mi cabeza. El silencio es el arma más poderosa de los inteligentes.
Mi padre sólo me dio una mirada gélida antes de continuar.
– Continuarás con tus labores en el bar y también solucionando aquellos problemas de mierda que no me interesa ni tengo tiempo para resolver por mi cuenta. ¿Queda claro?
Me miró esperando respuesta, sin embargo no la obtuvo.
– Lo de Inuyasha Taisho y tú… ¿Es mentira, no? - Le mantuve la mirada sin responder y él suspiró. - Por supuesto que es mentira... De todas formas mañana vendrá un médico a revisarte, quiero asegurarme de que no hayas perdido lo único que te hace valiosa. - Sus zapatos pisaron evocando ecos a nuestro alrededor mientras se alejaba en dirección a su oficina.
Permanecí allí, con la mirada perdida, ahora con una sensación pulsátil en la mejilla. Nadie se acercó a ayudarme, nadie se atrevió a mirarme o al menos no hasta que apareció el único rostro amigable por la entrada: Kouga Wolf.
Me sonrió por escasos segundos antes de notar mi estado y correr a mi encuentro, se agachó frente a mí y tomó mi mentón con cuidado, examinando mi rostro con atención. Suspiró y me tomó en sus brazos, cargándome con delicadeza escaleras arriba mientras yo apoyaba mi mejilla en su pecho. Entró a mi habitación y me dejó sobre la cama, cerrando la puerta con seguro para luego dirigirse a mi baño y dar el agua de la bañera. Cuando tuvo todo preparado volvió por mí y me cargó nuevamente con delicadeza. Me ayudó con el cierre de mi vestido y me tomó de la mano para guiarme hasta que me senté en el agua, tan caliente como me gustaba.
Me quedé quieta, abrazando mis piernas, avergonzada de lucir tan frágil frente a alguien que no conocía esa pequeña parte de mí. El agua se tiñó de rojo poco a poco al barrer con la sangre de mi piel, sangre que por suerte no era mía.
– Debí haber estado aquí. - Susurró sentado sin mirarme, dándome mi privacidad como el caballero que era. - No se volverá a repetir.
Sonreí.
– No te tortures, no habrías podido cambiar nada. Además… te había dado el día libre.
El silencio se hizo pesado en compañía del vapor.
– ¿Que harás? - Preguntó y me miró por sobre su hombro.
– ¿A qué te refieres?
– A que no te juzgaría si decidieras huir de aquí. - Sonreí.
– Tengo una casa llena de enemigos que me detendrán en el segundo en el que lo intente.
– Sip, pero también tienes un aliado. - Musitó y me miró. - ¿Quieres salir de aquí?
– ¿De qué estás hablando Wolf?
– De que estoy jodidamente cansado de verte sufrir y no hacer nada al respecto, quiero ayudarte a ser feliz… Incluso si no soy testigo de cómo sucede.
Guardé silencio por unos segundos.
– ¿Cómo? - Pregunté vencida por la curiosidad.
– Con tu inteligencia y la mía. - Se agachó a un lado de la bañera y tomó una de mis manos mojadas entre las suyas. - Tengo un plan, pero tendrás que confiar en mí.
Fruncí mi ceño, aún sin comprender sus palabras, sin embargo asentí, alentándolo a seguir hablando.
'
Inuyasha
– ¿Tienes todo a mano? - Preguntó Sesshomaru mientras cerraba una a una las puertas de las habitaciones ya revisadas.
– Ajá.
Asintió y se acercó hasta mí, tomó mi mano derecha entre las suyas y depositó en mi palma algo pequeño, al abrirla noté un anillo de oro blanco con un pequeño e inconfundible rubí, solitario y brillante.
– Estaba en tu baño. - Exclamó antes de tomar los bolsos de ambos y caminar hacia el ascensor. - Te espero abajo.
Levanté la joya hasta mi rostro y lo observé con detenimiento, descubriendo una pequeña letra "K" en caligrafía cursiva en la cara interna. Suspiré y caminé hacia el tarro de basura, listo para deshacerme de él, sin embargo me arrepentí en último momento, apretándolo en mi palma y guardándolo en el bolsillo justo antes de seguir los pasos de mi hermano.
El camino al aeropuerto fue tranquilo, abordamos el primer vuelo con destino a Japón sin inconvenientes. Pasé las 12 malditas horas de vuelo pensando en ella y sus últimas palabras.
"…También quiero que sepas que lograste tu cometido y te ganaste mi cariño, incluso si fue solo por un instante.. Quiero que recuerdes este dolor que sientes, punzante y tan cercano a tu corazón, como prueba tangible de que me afectaste lo suficiente y que tu traición duele de la misma manera."
Si de algo estaba seguro, era de que Russo iba a seguir siendo un maldito dolor de cabeza, incluso a miles de kilómetros de distancia
