Bienvenidos a un universo alterno de Star Wars, donde la caída de la República y la Orden Jedi ocurrió mucho antes de lo esperado.
En este mundo, La Amenaza Fantasma no fue solo el inicio de una crisis, sino el colapso total de la democracia. La invasión de Naboo marcó el comienzo de una guerra que nadie pudo detener. El Consejo Jedi cayó antes de poder reaccionar. Coruscant arde bajo el dominio del nuevo Imperio. Y la galaxia, sumida en el miedo, ha olvidado lo que una vez representaron los guardianes de la paz.
Pero la esperanza no está perdida.
En medio del caos que consume la galaxia, una antigua profecía aún resuena en la Fuerza, un susurro que no puede ser ignorado. Anakin Skywalker, un niño nacido en la esclavitud en los áridos desiertos de Tatooine, ha sido señalado como el Elegido, aquel cuyas acciones, según las antiguas predicciones Jedi, traerán el tan anhelado equilibrio a la Fuerza. Según las predicciones de los Jedi, su poder es inigualable, y su destino está marcado por una grandeza que aún no comprende.
Y aunque su origen es humilde y sus caminos inciertos, muchos creen que Anakin es la última esperanza de la galaxia, la única chispa de luz capaz de desafiar la oscuridad que ha tomado el control del Imperio. Sin embargo, con su destino marcado por la Fuerza, su carga es tan grande como el poder que posee. Su camino estará lleno de incertidumbre, y solo el tiempo dirá si podrá cumplir con la profecía que lo convierte en la clave de la supervivencia de la galaxia.
Pero Anakin no estará solo en su misión. A su lado, siempre fieles, se encuentran sus compañeros y amigos, aquellos que comparten su causa y le brindan apoyo en cada paso del camino. Juntos, enfrentarán lo imposible, sabiendo que la fuerza de su unión será lo que los impulse a seguir adelante, incluso en los momentos más oscuros:
Obi-Wan Kenobi, un joven Jedi sin maestro ni templo al que regresar, que asumirá una misión sagrada: entrenar y guiar al Elegido. Aunque su formación no está completa y la Orden Jedi ha sido destruida, Obi-Wan seguirá aferrado a su deber, decidido a enseñarle a Anakin todo lo que sabe. Con cada batalla, cada derrota y cada victoria, el vínculo entre maestro y aprendiz se fortalecerá, porque en una galaxia oscura, la Fuerza aún tiene un plan.
Padmé Amidala, quien una vez fue reina de Naboo, una joven líder dispuesta a todo por su pueblo. Ahora es una fugitiva que carga con la culpa de no haber podido salvar su mundo. Sin embargo, su espíritu sigue intacto. No dejará que la injusticia y la opresión dominen la galaxia sin luchar. Padmé se convertirá en la voz de los sin esperanza, la chispa de la rebelión que se gesta en la sombra. Y en Anakin ha encontrado algo más que un aliado. Desde su primer encuentro, un lazo invisible los une. La guerra los obligará a depender el uno del otro, a confiar incluso en medio de la desesperación. Pero lo que ahora es solo una amistad cargada de afecto y comprensión podría transformarse en algo más profundo… algo que desafiaría no solo el destino de la galaxia, sino también las reglas que los han definido.
Jar Jar Binks, aunque visto por muchos como un ser torpe e inexperto, pronto encontrará en esta lucha algo más grande que él mismo. Al principio, su implicación parecía un accidente, un error del destino. Pero con el tiempo, Jar Jar llegará a comprender la magnitud de la causa por la que sus amigos luchan. Y aunque su apariencia y forma de ser puedan hacerle parecer una carga, sus actos de valentía y su lealtad inquebrantable lo han colocado al lado de los héroes que luchan por un futuro mejor.
Los inseparables droides C-3PO y R2-D2, se convertirán en piezas esenciales en la lucha por la libertad. C-3PO, con su refinado conocimiento de lenguas y su naturaleza organizada, ofrecerá sabiduría en los momentos más cruciales, mientras que R2-D2, siempre valiente y lleno de recursos, se destacará en las misiones más peligrosas. Su lealtad y valentía, aunque a menudo pasadas por alto, serán la clave para salvar a sus amigos en más de una ocasión.
Y un miembro inesperado. En ocasiones, sus misiones serán guiadas por una presencia misteriosa, un ser cuya existencia parece desafiar toda lógica. En momentos de desesperación, cuando el peso de la galaxia amenaza con aplastarlos, este guía aparecerá. Enviado por la Fuerza misma, su propósito será claro: señalar el camino correcto y mantener viva la esperanza en medio del caos. Su presencia será un recordatorio de que, aunque el lado oscuro de la ambición haya sembrado el conflicto, la luz siempre tendrá un camino para aquellos que no pierdan la fe.
A lo largo de su travesía, encontrarán aliados en los rincones más inesperados: rebeldes ocultos, senadores traicionados, soldados que aún recuerdan el verdadero significado del honor. La lucha contra el Imperio es desigual, pero la esperanza sigue viva en quienes se atreverán a desafiarlo.
En una galaxia donde el Lado Oscuro ya ha triunfado, la batalla por la libertad apenas comienza.
Descargo de responsabilidad:
Star Wars y todos sus personajes, lugares y conceptos pertenecen a Lucasfilm Ltd. y Disney. Esta es una obra de fanfiction creada sin fines de lucro, únicamente con el propósito de entretener y rendir homenaje al universo de Star Wars.
Los eventos y desarrollos presentados en esta historia ocurren en un universo alterno y no forman parte del canon oficial. Todas las modificaciones a la historia original, así como cualquier personaje original que pueda aparecer, son creación del autor.
Este fanfiction es escrito por y para fans, sin ninguna intención de infringir derechos de autor.
Aclarado esto. Con la galaxia sumida en la oscuridad y la esperanza ardiendo en los corazones de unos pocos, ahora sí… comencemos con la historia.
La lucha por la libertad, por el futuro de la República, y por el destino de la Fuerza comienza aquí.
DESTINOS DE LAS ESTRELLAS - TOMO 1
EL OCASO DE LA REPÚBLICA - CAPITULO 1
La vasta extensión del espacio brillaba con una calma engañosa. Las estrellas titilaban en la inmensidad oscura, ajenas a los conflictos que comenzaban a gestarse en las profundidades de la galaxia. La República Galáctica, antes un faro de estabilidad, ahora se tambaleaba al borde de la crisis. Los sistemas exteriores, alejados del núcleo resplandeciente de Coruscant, sentían el peso del descontento y el eco de un futuro incierto.
Una tensión de tal magnitud no pasó desapercibida para la Orden Jedi, una orden ancestral de guardianes que vigilaban la galaxia, guiados por la Fuerza y un código de disciplina basado en el equilibrio, la paz y la justicia.
El maestro Kit Fisto y su aprendiz Nahdar Vebb regresaban al Templo Jedi, sumidos con una creciente preocupación. La misión reciente había dejado en sus corazones una inquietud que no lograban disipar. Durante el enfrentamiento con un temido líder de una familia criminal, antes de sucumbir a sus heridas, el hombre les había susurrado una revelación que heló sus venas:
"No importa cuánto se esfuercen por la paz, Jedi. En el fondo, sin saberlo, trabajan para el más poderoso de los señores Sith, y en su ceguera, lo fortalecen. El fin de la República está cerca, y con él, la caída de su orden"
Las palabras del criminal resonaban como un eco ominoso en sus mentes mientras viajaban a través del vacío estelar ¿Era posible que realmente estuvieran inconscientemente alimentando la oscuridad que se avecinaba? El peso de la duda comenzaba a formar grietas en su convicción, y aunque la Fuerza seguía guiándolos, la sombra de la incertidumbre se alzaba cada vez más alta.
El maestro Fisto, experimentado y sereno, sentía la presión de la pregunta sin respuesta, pero mantenía la calma, pues sabía que, en los momentos más oscuros, los Jedi debían permanecer firmes en su fe y su propósito. Sin embargo, en su joven aprendiz, Nahdar, la inquietud era palpable. La amenaza de los Sith parecía más real que nunca, y su lealtad a la Orden Jedi comenzaba a tambalear ante la posibilidad de una verdad tan aterradora.
De regreso en el Templo Jedi, el padawan intentó meditar, pero las palabras del criminal no lo abandonaban. Pensó en las decisiones erráticas del Senado, en los conflictos interminables y en la forma en que el Canciller Supremo Palpatine había acumulado más y más poder bajo el pretexto de la seguridad galáctica.
Momentos después, el Consejo Jedi se reunía en la sala de meditación, el aire pesado con la tensión palpable que había surgido después de la última misión de Kit Fisto y Nahdar Vebb. Los grandes asientos de los miembros del Consejo estaban ocupados, las sombras de la iluminación tenue proyectaban una atmósfera solemne y decidida. El maestro Fisto, siempre calmo, se encontraba de pie ante ellos, su rostro serio pero imperturbable. Nahdar, a su lado, no podía disimular la inquietud en sus ojos.
"Maestro Fisto" comenzó el Maestro Windu con voz suave pero llena de autoridad "¿Qué noticias trae de su misión? ¿Qué es tan urgente que nos has reunido en este momento?"
Fisto respiró profundamente antes de responder, sintiendo el peso de las palabras que debía compartir.
"Durante nuestro enfrentamiento con Aqueeron Boiseg, este hombre nos reveló algo que no podemos ignorar. Nos dijo que, a pesar de nuestros esfuerzos por mantener la paz, sin saberlo, estamos fortaleciendo al más poderoso de los Sith. El fin de la República y de nuestra Orden está cerca"
Un murmullo recorrió la sala. Los rostros de los Maestros Jedi se tornaron serios, algunos sorprendidos, otros preocupados, pero todos intrigados.
"Aunque sus palabras podrían ser manipulaciones de un moribundo" continuó Fisto "No podemos ignorarlas. Debemos investigar. La Fuerza nos ha hablado, pero las sombras se alzan y necesitamos estar preparados"
La sala del Consejo Jedi estaba sumida en una atmósfera densa. La conversación sobre las revelaciones del criminal continuaba, pero Kit Fisto no podía dejar de pensar en la angustia de su aprendiz.
A pesar de las palabras de advertencia, Nahdar había estado inquieto desde que regresaron de la misión, y la duda lo corroía. Fisto sabía que su joven aprendiz deseaba hacer algo más que esperar, pero temía que la impaciencia lo llevara a cometer un error.
El joven padawan comenzó a analizar los eventos recientes con un ojo más crítico. Recordó los informes sobre cómo Palpatine había sobrevivido innumerables atentados, cómo parecía estar siempre un paso adelante. El mon calamari también revisó registros históricos, buscando patrones en la caída de la República y el surgimiento de crisis que parecían surgir convenientemente para justificar las acciones del Canciller.
La última pieza del rompecabezas llegó cuando Nahdar interceptó un mensaje codificado dirigido al General Grievous. En él, una voz oscura y autoritaria daba órdenes con precisión quirúrgica, órdenes que anticipaban los movimientos de los Jedi y la República. La voz carecía de la amabilidad y paciencia que solía adornar las palabras del Canciller. En su lugar, era fría, implacable, impregnada de un poder oscuro que erizaba la piel. Y, sin embargo, no había duda alguna: era Palpatine.
Nahdar quedó paralizado por el descubrimiento. No quería creerlo. El Canciller, el hombre que había liderado la República durante años, que había sido un aliado de los Jedi, era en realidad un Lord Sith.
En su juventud e impulsividad, olvidó ser cauto. Decidió que debía actuar por su cuenta, aunque eso significara ocultar sus intenciones incluso de su Maestro.
Mientras el Consejo seguía su deliberación, Fisto se distrajo por un momento mirando hacia la ventana de la sala. Fue en ese preciso instante cuando vio una figura alejándose rápidamente por el pasillo. Era Nahdar, con paso firme y decidido. Sin una palabra, el joven Jedi abandonó el templo, dejando atrás la discusión. No había informado a nadie, no había pedido permiso. Solo había una cosa en su mente: enfrentarse al Canciller.
A varios sistemas de distancia del núcleo de la República se alza Naboo, un planeta conocido por su majestuosa serenidad, donde verdes praderas se extienden hasta el horizonte y vastos océanos reflejan la luz del sol. Sin embargo, esa belleza idílica oculta una creciente amenaza. La Federación de Comercio, guiada por su insaciable ambición, ha puesto sus ojos en este mundo pacífico, viéndolo no solo como un recurso estratégico, sino como una oportunidad para consolidar su dominio y expandir su influencia sobre numerosos sistemas estelares.
Las rutas comerciales, vitales para la supervivencia de millones, eran asfixiadas bajo el control de la Federación de Comercio. Y ahora, con el bloqueo impuesto sobre Naboo, el Senado Galáctico se encontraba paralizado en interminables debates.
En un esfuerzo por resolver el conflicto de manera pacífica, el Canciller Supremo envía a dos Caballeros Jedi, el sabio Qui-Gon Jinn y su joven aprendiz Obi-Wan Kenobi, para negociar con la Federación.
Sin embargo, al abordar la nave insignia de la Federación, los Jedi descubren que las intenciones del grupo son mucho más siniestras de lo esperado. Bajo la influencia de Darth Sidious, un oscuro Lord Sith que opera desde las sombras, los líderes de la Federación intentan asesinar a los Jedi, quienes logran escapar tras enfrentarse a droidekas y soldados de batalla.
En su huida, Qui-Gon y Obi-Wan descubren que la Federación tiene planes de invadir Naboo con un ejército de droides para forzar a la reina del planeta, Padmé Amidala, a firmar un tratado que legitime su ocupación.
Esta revelación marca el inicio de una peligrosa misión para los Jedi, quienes deciden infiltrarse en Naboo para proteger a la reina y exponer los oscuros planes detrás del conflicto.
En el planeta, Qui-Gon salva a un torpe, pero bien intencionado gungan llamado Jar Jar Binks, quien se une a los Jedi y los guía a su ciudad submarina, Otoh Gunga.
Allí, Qui-Gon y Obi-Wan negocian con el líder gungan, Boss Nass, quien inicialmente muestra desconfianza hacia ellos. Sin embargo, convencido por Qui-Gon, Boss Nass les presta un transporte submarino para que puedan atravesar el núcleo del planeta y llegar rápidamente a Theed, la capital de Naboo. Obligado por Boss Nass, Jar Jar se une al equipo, convirtiéndose en parte de su misión.
Al llegar a Theed, Qui-Gon, Obi-Wan y Jar Jar encuentran la ciudad ocupada por las fuerzas de la Federación. Los droides de batalla patrullan las calles, y la reina Padmé Amidala ha sido capturada junto a su séquito. Mientras son escoltados bajo vigilancia, los Jedi intervienen, utilizando sus habilidades con los sables de luz para derrotar a los droides que custodian a la reina y su grupo.
Amidala, aunque inicialmente desconfiada, sigue a los Jedi al darse cuenta de que representan su única esperanza para escapar del control de la Federación.
"No podemos quedarnos aquí mucho tiempo" Dice el maestro Jedi "La Federación pronto notará su ausencia. Debemos abandonar Naboo y buscar ayuda en Coruscant"
"El hangar real debería tener una nave lo suficientemente rápida para superar el bloqueo" Agrega su aprendiz "Pero no será fácil llegar hasta allí"
"Mi señora ¿qué sugiere?" Le pregunta Typho a quien los Jedis creen que es la reina Amidala, pero en realidad es un señuelo de la reina "La seguridad de su pueblo depende de sus decisiones"
"Coruscant podría tardar demasiado" Dice Sabé, fingiendo ser la reina "Si fallamos al intentar escapar, pondremos en riesgo al resto de nuestro pueblo"
"Hay otra opción... un refugio secreto en las montañas" Dice Padmé, quien los Jedi piensan que solo es una dama de compañía y les parece extraño que intervenga en la discusión "Es seguro y está completamente fuera del alcance de la Federación"
"¿Un refugio?" Pregunta Obi-Wan "¿Qué clase de lugar es ese?"
"Ese refugio fue construido hace generaciones, por si alguna vez Naboo enfrentaba una amenaza externa" Les explica Sabé "Está bien oculto, y allí estaremos a salvo mientras decidimos nuestro próximo paso"
"Es una decisión sabia, su majestad" Le dice Qui-Gon "Esconderse podría ser nuestra mejor opción por ahora. Guie usted el camino"
"Pero necesitamos movernos rápido" Vuelve a intervenir la dama de compañía "Los droides de la Federación no se detendrán hasta que encuentren a todos los líderes de Naboo."
"¡Montañas! ¡Seguro que tienen grandes bestias!" Interrumpe Jar Jar "¡Misa no gusta de lugares peligrosos!"
"No estaremos solos, Jar Jar" Le dice el padawan "Recuerda que siempre debemos confiar en la Fuerza"
El grupo asiente, y rápidamente cambian de rumbo, dirigiéndose hacia las afueras de Theed. Un refugio secreto escondido en las montañas de Naboo, una antigua fortaleza que solo unos pocos conocen. Desde allí, la reina y los Jedi planearan sus próximos movimientos mientras intentan reunir aliados para enfrentar a la Federación.
Con Sabé guiándolos, llegan al refugio, un lugar protegido por la naturaleza y alejado de las principales rutas de la Federación, el cual les ofrece un respiro temporal. Allí, el grupo comienza a evaluar cómo podrían movilizar a los gungans y otros posibles aliados para resistir la ocupación.
La noche cae lentamente sobre Naboo, y el sonido de los pasos y las conversaciones se mezclan con el viento que susurra entre los árboles. Finalmente, llegan al refugio, una fortaleza oculta entre las montañas, protegida por una espesa capa de vegetación.
"Aquí estamos. Este es el refugio" dice Sabé "Está oculto desde tiempos antiguos, y solo unos pocos conocen su ubicación."
"Lo que hemos hecho hasta ahora ha sido solo el principio" Les informa Qui-Gon "Necesitamos reunir fuerzas, no solo en Naboo, sino también entre los gungans y otras alianzas. La Federación no descansará.
Durante las conversaciones y las acciones en conjunto con los Jedi, Padmé, en su papel de doncella, observa que ellos tienen un compromiso genuino con el bienestar de Naboo y la lucha por la justicia. A diferencia de otros, no buscan poder o control personal, sino que están dispuestos a sacrificarse por el bien común. Esta lealtad le da a Padmé la seguridad de que puede confiar en ellos.
Por eso, al darse cuenta de que los Jedi han demostrado ser dignos de confianza, ella sabe que no puede seguir ocultando su verdadera identidad.
Finalmente, se levanta con determinación y se dirige hacia el centro del refugio, donde Qui-Gon, Obi-Wan y Sabé están reunidos alrededor de un mapa holográfico, trazando posibles estrategias. La luz tenue de las lámparas apenas ilumina sus rostros concentrados.
Sabé la observa y le hace un gesto para que se acerque.
"¿Todo en orden, Padmé?" pregunta en voz baja, sabiendo que algo importante se está gestando en la mente de la reina.
Padmé respira profundo y se acerca con paso firme.
"Hay algo que debo contarles. Algo que, hasta este momento, he ocultado para proteger mi vida y la de Naboo." Sus palabras son serias, pero no temblorosas y consigue la atención de los Jedi "No soy la doncella que he fingido ser durante este tiempo. Soy la reina Amidala. La mujer que ha dirigido este planeta, ella es mi leal guardaespaldas que ocupaba mi puesto para protegerme"
Una ligera brisa entra en el refugio mientras los ojos de los jedi se posan en ella. Qui-Gon es el primero en reaccionar, su rostro imperturbable, pero sus ojos muestran comprensión y respeto.
"Entiendo" dice, su voz grave y calmada "Ha tomado una decisión difícil, pero lo que ha hecho ha sido por el bien de Naboo. Su valentía y sabiduría se reflejan en sus actos"
Obi-Wan asiente, y aunque su semblante es más serio, hay una expresión de respeto en sus ojos.
"Sabemos que esta lucha es mucho más grande que cualquier individuo, y confiamos en que lo que haga será lo correcto para todos. Lo importante ahora es que tenemos que actuar unidos, sin más secretos"
Sabé observa a Padmé, su es lealtad inquebrantable, y sin decir una palabra, coloca su mano sobre su hombro en señal de apoyo. Padmé siente una mezcla de alivio y gratitud, pues sabe que ahora, más que nunca, no está sola.
"Podemos comenzar a reunir las fuerzas que necesitamos para enfrentarnos a la Federación" dice Qui-Gon, rompiendo el silencio "No solo en Naboo, sino también en otros sistemas que se han visto amenazados. Nuestra unión es nuestra mayor fortaleza."
Padmé asiente, su decisión tomada.
"Lo haremos, y con su ayuda, juntos lograremos lo que parece imposible."
La tensión en el aire se disipa, reemplazada por una sensación de unidad. Padmé, al fin, ha dado el primer paso para liberar a su pueblo, y con los Jedi a su lado, sabe que tienen una oportunidad real de vencer a la Federación y restaurar la paz en Naboo.
Mientras tanto, Siguiendo el rastro de la Fuerza, Nahdar logró infiltrarse en las oficinas del Canciller en Coruscant. El joven Padawan respiraba profundamente, sus manos firmes sobre el sable láser mientras se acercaba a la oficina del Canciller.
Su corazón latía con fuerza, no solo por la adrenalina, sino por la certeza de lo que debía hacer: enfrentar a Palpatine y detener sus oscuros planes antes de que fuera demasiado tarde. Había ido solo, sin avisar a nadie, convencido de que, si sorprendía al Canciller en su propio terreno, podría actuar rápidamente y cortar de raíz la amenaza que representaba.
Sin embargo, al entrar en la oficina, fue recibido por una calma inquietante. Palpatine estaba sentado detrás de su escritorio, como si nada estuviera fuera de lo común. No había señales de sorpresa en su rostro, ni siquiera de alarma. Solo esa sonrisa enigmática y calma que tanto lo caracterizaba. Pero pronto ese semblante cambió por uno de fingida angustia.
"¿Qué sucede, joven padawan?" Preguntó Palpatine levantando la vista "¿Algún peligro? O ¿Por qué llegas con tu sable listo para pelear?"
Nahdar, sin dudarlo, activó su sable láser, el destello verde iluminando el espacio.
"Yo... He venido a detenerte. Sabemos lo que eres. Sabemos que eres un Sith, y no permitiré que sigas manipulando a la República"
Palpatine se levantó lentamente de su silla con los ojos brillando con una mezcla de diversión y desdén. Con un gesto fluido, sus manos se extendieron hacia su cintura, y en un abrir y cerrar de ojos, su sable láser se encendió, su hoja roja como la sangre cortando la oscuridad de la oficina.
"¿Detenerme?" Palpatine sonrió con frialdad "Curioso, joven Nahdar. Pensé que el Consejo Jedi enviaría a alguien más... experimentado"
"¡Tus días de manipular a la República han terminado!"
"Pobre muchacho. Siempre tan cegados por la luz... que nunca ven las sombras hasta que es demasiado tarde. Has cometido el error de creer que la Fuerza solo puede usarse para la justicia y la paz. Pero hay otro camino. Y tú, como todos los Jedi, no comprendes el poder real que poseo"
Con un grito de determinación, Nahdar atacó. Avanzó rápidamente hacia Palpatine, su sable verde cruzando el aire con precisión y furia. Sin embargo, Palpatine se movió con una calma aterradora, anticipando cada uno de los movimientos del joven Jedi. Con un giro de su sable, bloqueó el ataque de Nahdar sin esfuerzo, y con un empuje de la Fuerza, lo envió volando hacia atrás, estrellándose contra el suelo.
"Tu impaciencia será tu perdición" murmuró Palpatine.
Mientras Nahdar se levantaba rápidamente con el rostro marcado por la frustración. No podía creer lo que estaba pasando. Había entrenado toda su vida para esto, y, aun así, el Canciller lo dominaba con tanta facilidad.
Nahdar no se dio por vencido. Se levantó, su cuerpo tenso, y volvió a atacar, esta vez con movimientos más rápidos, más agresivos. Pero Palpatine, una y otra vez, bloqueaba cada golpe. La diferencia en habilidad y poder era abismal. Cada vez que Nahdar intentaba un corte, Palpatine respondía con una parálisis de la Fuerza o un contragolpe imparable.
"No eres rival para mí" dijo Palpatine, alzando su sable en el aire "Tú y todos los Jedi son demasiado confiados en su código y su moralidad. Pero la Fuerza es mucho más que lo que habéis aprendido. Mi poder es absoluto."
Con un movimiento veloz, Palpatine cruzó su sable, desarmando a Nahdar y tirando su sable láser al suelo. El joven Jedi retrocedió, jadeando por el esfuerzo y la fatiga. La verdad que había negado durante tanto tiempo se hacía evidente: no tenía ninguna oportunidad contra el Canciller.
"Es inútil" continuó Palpatine, acercándose al joven Jedi que ahora estaba de rodillas ante él "Tienes valor, pero careces de la sabiduría necesaria. Siempre fuiste un peón en un juego mucho mayor que tú. Y ahora, tu vida se extinguirá como la de tantos otros Jedi que no pudieron ver más allá de la oscuridad."
Con un movimiento de la mano, Palpatine usó la Fuerza para levantar a Nahdar del suelo, suspendiéndolo en el aire. Con una sonrisa cruel, acercó su sable láser al pecho del joven.
"El fin de los Jedi está cerca" dijo, su voz grave y llena de satisfacción "Y tú serás el primero en caer"
Con un último destello de luz roja, el sable de Palpatine atravesó el corazón de Nahdar Vebb. El joven padawan, incapaz de resistir, cayó al suelo sin vida dejando una estela de desesperación en el aire. Palpatine observó su caída con indiferencia, sabiendo que este era solo el comienzo de lo que estaba por venir.
La oficina del Canciller, que antes era un lugar de poder político, ahora se convertía en el escenario de una victoria más para el Sith. Palpatine apagó su sable láser con su mirada fija en el cadáver de Nahdar, y luego se volvió hacia la ventana, observando el vasto horizonte de Coruscant. El plan estaba en marcha, y no había nada ni nadie que pudiera detenerlo.
La oficina del Canciller estaba sombría, mientras Palpatine permanecia quieto, su mirada fija en el cuerpo de su joven oponente, mientras la Fuerza resonaba en su ser, dándole una sensación de poder absoluto. Había logrado eliminar a otro obstáculo, otro Jedi que, como todos los demás, había caído ante la inevitabilidad de su dominio.
De repente, la puerta de la oficina se abrió de golpe, y una figura joven irrumpió en la sala. Era Rey Palpatine, la hija mimada del Canciller, su rostro juvenil y lleno de emoción. Había regresado de sus compras, sus manos cargadas de bolsas de lujo. Al ver el cadáver de Nahdar en el suelo, un destello de sorpresa atravesó su rostro, seguido rápidamente por una expresión de confusión.
"¡Padre!" exclamó, dejando caer las bolsas en el suelo "¿Qué has hecho? ¿Qué ha pasado? ¿Por qué está este Jedi muerto aquí?"
Palpatine, siempre calculador, no mostró ninguna señal de remordimiento. Se giró hacia su hija con una sonrisa que no alcanzaba a tocar sus ojos.
"Rey, cariño" dijo con voz suave y tranquila, como si nada estuviera fuera de lo común "Este Jedi intentó enfrentarse a mí. Lo que ves es solo el resultado de su arrogancia."
Rey dio un paso atrás, su rostro palideciendo por la sorpresa inicial. Se acercó al cuerpo de Nahdar, observando el cadáver con una mezcla de asco y desconcierto, pero rápidamente su mirada cambió. Era como si el miedo que había sentido por un momento se hubiera disuelto, reemplazado por una leve incomodidad, como si el sufrimiento del Jedi no fuera más que un pequeño contratiempo en su día.
"Pero... ¿por qué no me esperaste?" Preguntó ella con su tono mezclado con irritación "Pensé que estábamos juntos en esto"
Palpatine la observó en silencio, sin sorpresa. Era una reacción típica de su hija, siempre centrada en sí misma, incapaz de comprender las realidades más grandes que él gobernaba. No obstante, decidió mantener la calma, sabiendo que su hija, aunque caprichosa, aún tenía un papel que desempeñar en sus planes.
"Lo siento, Rey" Dijo el Canciller con voz suave, pero con una autoridad que dejaba claro que no toleraría más quejas "Las circunstancias cambiaron, y este Jedi tuvo que ser eliminado. Lo que importa ahora es que hemos dado un paso más hacia el futuro de la galaxia. Tú también deberías comenzar a comprender que no todo en la vida se puede organizar de acuerdo a tus caprichos"
Rey resopló y miró el cadáver de Nahdar una vez más, pero esta vez sus ojos no reflejaban miedo, sino indiferencia.
"A veces me siento como si no fueras ni siquiera mi padre. No me esperas, ni me incluyes en tus planes" Dijo ella ampliando un tono algo más sarcástico "Pero bueno, supongo que mataste a este Jedi en mi honor ¿No?"
Palpatine la observó por un momento, evaluando su actitud con una mirada fría.
"Desde luego. Pero ahora hay cosas mucho más importantes de las cuales ocuparnos que tus pequeños deseos, Rey. Los Jedi son una amenaza para el orden que estoy construyendo. Es por eso que estoy tomando medidas para erradicarlos" añadió sonriendo con un toque de ironía " Pero no te preocupes, tendrás todo lo que quieras, siempre que sigas el camino que te he trazado"
Rey, al escuchar las palabras de su padre, pareció aliviada, aunque solo en parte. Su rostro se suavizó, y sus ojos brillaron con una mezcla de admiración y ambición.
"Está bien, pero asegúrate de que en los siguientes pasos de tu plan no me dejes de lado. Estoy harta de fingir ser la hija tonta del canciller, la que solo vive para ir de compras. Quiero que todos vean mi verdadero poder… y que tiemblen ante él"
"Paciencia, mi querida. Muy pronto, todos serán testigos de tu verdadero potencial. No habrá fuerza que se interponga en tu camino. Te convertirás en el símbolo supremo de mi autoridad… y en la pesadilla de quienes se atrevan a desafiarnos"
Mientras Palpatine observaba a su hija, una ligera sonrisa curvó sus labios. Aunque Rey todavía no comprendiera toda la magnitud de lo que estaba en juego, sabía que el tiempo lo haría. Y mientras tanto, su hija, por su propia naturaleza, seguiría siendo una pieza más en su gran ajedrez galáctico.
Las sombras se extienden sobre la galaxia, envolviéndola en un manto de opresión y desesperanza. Pero incluso en la oscuridad más absoluta, la Fuerza sigue susurrando, guiando a aquellos que aún tienen el valor de escuchar su llamado. Susurros de esperanza, advertencias del destino… ecos de un futuro aún no escrito, un llamado que solo los dispuestos a desafiar al destino pueden comprender.
El camino de nuestros héroes apenas comienza, está plagado de incertidumbre, y cada decisión, cada batalla, inclina la balanza entre la luz y la sombra. Y cada paso que den los acercará a la verdad o a su propia perdición. Su lucha no es solo por la supervivencia, sino por el alma misma de la galaxia. Lo que está por venir pondrá a prueba su valentía, su fe y su voluntad de seguir adelante. Pues sus destinos penden de un hilo, frágil y cambiante, y el siguiente paso en su viaje podría marcar el principio de la caída... o el amanecer de la esperanza.
¿Estarán preparados para enfrentar lo que viene? La historia continúa...
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¡Espero que hayas disfrutado de este capítulo! ¡Muchas gracias por leer y espero verte en el próximo!
