Coqueteo descarado

El cuerpo humano debe dormir siete horas como mínimo, ocho siendo lo ideal pero menos de diez para que no se sienta pesado, más, en el caso de cuerpos curvilíneos con cabellos color rosa, son diez horas las predilectas, ni más ni menos, pero claro, eso no era permitido en un día jueves con clases normales dentro de una casa-apartamento con cinco niños que deben ir a la escuela en la mañana. Su hermana les servía un sencillo desayuno de cereal con leche, lo último que quedaba de ambas cosas. "Abra que salir a comprar más"

— ¿Haruki-nee aún no despierta?—preguntó dejando frente a Saburo un tazón de cereal. El chico tenía los ojos puestos en la mesa, su cabeza se hallaba cabizbaja, no se había levantado desde que se sentó frente a la mesa.

—No, aun no despierta…anoche durmió con Isuke-sama…otra vez…—dijo metiéndose a la boca un enorme bocado de cereal, apoyando el codo en la mesa. Masticaba con un ritmo lento y pausado lo que debería ser un desayuno delicioso y azucarado.

—Jeje ¿Te pasa algo Saburo? Se te ve desanimado ¿Sera acaso que el pequeño Sabu-kun esta celoso porque su hermana duerme con nuestra invitada?—dijo en broma Misuki mientras le jalaba la oreja. Por la cabeza del chico se paseó ese pensamiento, sus celos eran dirigidos a que su hermana pasara más tiempo con la chica que le gustaba, así es, sentía afecto por ella. Las veía muy cercanas, demasiado para sus sentimientos de preadolescente.

—Yo puedo ir a despertar a Nee-sam—dijo Yuki casi corriendo al cuarto para no sólo despertar a su hermana sino también a cierta invitada, pero Fuyuka la detuvo a medio camino.

—Nee-sam está muy cansada luego de los últimos dos días, dejémosla descansar—la pequeña asintió comprendiendo, molestar a la chica de cabello llamativo tendría que esperar—bueno, es hora de que tomen mochilas y se enfilen camino a la escuela. Saburo, no tardes en volver, tenemos que comprar unas cosas.

—Am, vale—dijo y se agacho, con las energías de quien se ensimisma en sus pensamientos, como si su mente estuviera en otro lugar, para que Hana subiera a su espalda—nos vemos.

—Nos despides de la diosa, Fuyuka-nee—dijeron la tormenta; ese par era todo un caso, aún tenían los golpes del día anterior pero seguían igual de entusiastas con su invitada como si jamás les hubiera tocado un cabello.

Saliendo la mitad de la familia, la calma mañanera volvió a instalarse. Dentro de la habitación más grande un par de chicas compartían cama. Haruki no quería pararse por nada del mundo, le dolían parte del cuerpo que no tenía idea que podían dolerle. Su cuerpo acostumbrado a madrugar la había despertado a las nueve horas de haberse ido a dormir, eran las ocho de la mañana y se preguntaba cómo había podido dormir en esa posición. El hombro que había recibido el golpe de ese mastodonte le dolía por la forma en que estaba apoyada sobre él, todos sus músculos se sentían tensos y por cada mínimo movimiento dolían, cada célula de su cuerpo le pedía que rompiera esa posición en que estaba con Isuke, pero no se quería apartar ni despegar de ella. Al momento de tomar una siesta o dormir en pareja, son los hombres quienes suelen ofrecer a sus chicas extremidades de su cuerpo para poder dormir, y aunque esas extremidades empezaran entumirse y un dolor cosquilleante las recorriera, no se moverían con tal de no interrumpir la paz del sueño de sus chicas. El sentimiento que se vivía en ese momento era parecido a este, aunque estas no fueran pareja. Sólo veía su oreja y parte de su mejilla, pero era suficiente para entretenerse un buen rato; vio los rizos de su cabello y con cuidado retiro su brazo de la cintura de Isuke para, sin que faltara el dolor en el musculo, tomar uno de sus mechones rosas y enredarlo en su dedo, lo acerco a su nariz para acariciarse con él, se aguantaba las cosquillas, ese cabello era muy suave.

—Me pregunto si es natural o si se lo tiñe—dijo observándolo de cerca, las palabras salieron sin que se diera cuenta, estaba hipnotizada por la esencia de la pelirosa por la mañana, su mente no trabajaba bien esa día.

—Todo el cabello de Isuke es de ese color—dijo una voz que escondía enojo, ¿Todo su cuerpo tenía ese color tan peculiar? No se la creía del todo. Un movimiento veloz hizo saltar los resortes del colchón, lo siguiente que Haruki sintió fue la planta de un pie empujando su cuerpo por el vientre. Produjo un bufido cuando el aire escapo de su estómago, el dolor de su cuerpo volvió a invadirla parcialmente y como resultado su mano izquierda se posó sobre su estómago como si haciendo eso fuese a aliviar su dolor—y nunca pediste permiso a Isuke de abrazarla o tocar su cabello—dijo altanera sentándose en la cama.

—Uff… Je… lo siento, lo siento, Isuke-sama—dijo acostándose en posición fetal, protegiendo su estómago con brazos y piernas, sentía como si fuera a vomitar—creo que hoy no me levanto de aquí, mi cuerpo no me dejara espero que a Isuke-sama no le moleste compartir—dijo sonriendo a duras penas.

—Huh, como quieras, mientras no molestes más Isuke, tampoco se levantara este día.

—Isuke-sama, si no sale de la habitación y se mueve un poco su figura se echara perder y empezara a eng…

—Piénsate muy bien lo que vas a decirle a Isuke —sus palabras fueron como una sentencia que la interrumpieron, el rostro de Isuke no era el tradicional ceño fruncido de enojo, pero a través de sus ojos se veían las flamas de un infierno con olor a algodón de azúcar achicharrado.

—Ah… —su voz vacilo, miraba de un lado a otro mientras exponía una estúpida sonrisa a Isuke, trago la saliva que se acumulaba en su boca al darse cuenta del error que estuvo a punto de cometer, en su condición actual sería presa fácil incluso para la lastimada Isuke, caería a merced su furia infantil sin la capacidad de defenderse adecuadamente —Debe… moverse más… Isuke-sama o… sus músculos se atrofiaran y ¡Harán más difícil su recuperación! —las palabras hallaron camino y no pudo evitar decir las ultimas con entusiasmo al sentirse de nuevo a salvo.

—Jum —la miro con recelo, sus brazos se cruzaron por debajo de sus pechos, apretándolos contra su cuerpo haciéndolos lucir aún más voluminosos de lo que ya de por sí eran —Isuke detesta admitirlo, pero tienes razón.

—Je, lo ve, debe salir un poco y moverse, el sol no ha tocado su rostro en un tiempo, se volverá perezosa… —"más" pensó de repente pero calló —…y eso no es bueno. Debe mover sus músculos.

—Vale, Isuke supondrá que tienes razón —su cuerpo se recostó nuevamente, la cama reacciono ante el peso delicado de la señorita Inukai, fingiendo rencor y queriendo demostrarle eso a Haruki le dio la espalda nuevamente para negarle su mirada —Pero será más tarde, Isuke tomara una larga siesta y cuando se levante saldrá a caminar.

—Je, de acuerdo, de acuerdo. Tómese su tiempo Isuke-sama —sonrió dejando caer, ya relajada, su rostro contra la almohada, su cuerpo comenzaba a sentirse a gusto nuevamente con el suave beso de la cama.

—Pero tendrás que acompañar a Isuke —la burbuja de Haruki se rompió.

— ¡Ah! Pero, Isuke-sama, estoy cansada y mi cuerpo duele por todo lo que he hecho estos últimos días, necesito descansar —protesto, pero su voz no era de enojo, era sorpresa combinada con la esperanza de que recapacitara.

—No interesa, hay hombres malos buscando a Isuke, si la dejas fuera quien sabe que podría pasarle—dijo con un falso tono dramático. Era cierto, se había olvidado por completo de la situación, su mente realmente estaba embobada, ya no podía dar marcha atrás, si se retractaba en el ofrecimiento de darle aire fresco a Isuke probablemente entraría en un frenesí de desquite infantil ,igualmente peligroso, contra ella y su familia.

—Pero…

—Hazlo o Isuke tendrá que hacer deporte rompiendo unos cuantos platos —lo que Haruki temía, la había arrinconado contra la pared.

—Mmmmmm —suspiro y le pidió perdón a su cuerpo —Esta bien Isuke- sama, iré con usted.

—Bien—no podía verla pero sabía que sonreía—Descansa mientras puedas sirviente.

—Vale…—"Vas a matarme Inukai, de una u otra manera acabaras matándome" pensó.

Pero ninguna de las dos pudo dormir, perdidas en sus pensamientos. Haruki, tumbada de espaldas en una posición cómoda para sus adoloridos músculos, pensaba en las probabilidades de obtener tan buen empleo, fueron muchos concursantes, su desarrollo no había estado mal, le había agradado al Ryu, aquel que impartió las pruebas, de eso no cabía duda pero para su mala suerte, estaba segura que no le correspondía a él elegir a los que quedan dentro, recordaba perfectamente dejarle su número y nombre en una hoja donde los pedía personalmente, quizás para ahorrarle algo de trabajo a su superior. Era una excelente oportunidad que no quería dejar ir. Buen empleo, buena paga. Paga honrada.

Isuke en cambio pensaba en su mamá. Había marchado a Estados Unidos buscando a su papá, no quería dejarlo solo con toda aquella situación, se preguntaba si no era por lo mismo que se molestó tanto con ella, por ponerlo en verdadero peligro. Habían acordado que ese mundo al que pertenecían jamás tocaría a su padre, puede que por lo mismo se encontrara en esa casa llena de mocosos, Eisuke no quería que el blanco de todo ese gremio se acercase a su pareja. Debía estar molesto y decepcionado. Sólo esperaba que no le sucediera nada malo.

Que va. Tanto preocuparse era innecesario, debía confiar en su madre y su capacidad para arreglar todo aquel asunto, no había nadie mejor que él, sólo esperaba que llamara pronto. Se inclinó a un lado de la cama para tomar el libro que había estado leyendo luego de usar como saco de boxeo a la tormenta y la Sagae de las cartas, le era muy interesante, tal parecía que una fan enloquecida se aprovechó del accidente automovilístico de su autor favorito para tenerlo cautivo y hacerlo crear su obra maestra. Los métodos de tortura no estaban nada mal, así como su manera tan peculiar de obligarlo a escribir. Se divertía leyendo esa obra, la sonrisa en su rostro lo expresaba.

Haruki veía con preocupación cómo las hojas ya viejas pasaban una tras otra en esas finas manos, no tenía idea que fuera de las personas que leían, pero eso era de menor importancia, conocía el libro, lo leyó hasta la mitad para después dejarlo cuando aún había esperanza para Paul, le preocupaba que le diese ideas a Isuke, una psicópata aburrida y con ideas novedosas no era una buena combinación.

―Isuke tomará un baño, no soporta el calor en este lugar―dijo levantándose luego de dejar el libro en la mesita de noche, ese librito sería escondido tras la cama luego de que la puerta se cerrara.

― ¿Quiere que entre con usted, Isuke-sama?―habló si pensar, teniendo siempre presente la condición de la chica, pero parece que sus buenas intenciones fueron confundidas.

―Ara~ E Isuke creía que estarías demasiado adolorida para intentar algo movido~3―dijo alzando una ceja con aquella mirada sugerente tan conocida en esos ojos.

― ¡Ah! ¡No me refería a eso! ¡AAHH!―se había levantado muy rápido, los músculos de su abdomen gritaron en protesta y su rostro tintado de un suave sonrojo se contrajo en un gesto adolorido―duele…duele…

―Je…―rio con un bufido y regreso su andar al baño―no eres más que una virgen~3―dijo sin referirse a que no hubiese matado a nadie aún y cerró la puerta a la chica que alzaba una mano, en vano intento de alcanzar a la peli rosa para explicarle que no eran malas sus intenciones, más no había caso. Pasó la vista por el cuarto buscando algo de ropa limpia, se le antojaba un baño fresco luego de que las lluvias veraniegas dejaran atrás el bochornoso vapor de sus restos.

Su vista calló en el libro, lo tomo con una mueca de dolor para esconderlo como tenía planeado. Le conseguiría otro después, quizás ese mismo día, sólo esperaba que Eisuke dejara algo de dinero, estaba segura que los alimentos ya estaban escasos y sus propios ahorros eran inexistentes, los gastos se incrementaron con esa boca extra en la familia. Dio un suspiro haciendo cuentas mentales hasta que escucho la puerta del baño abrirse, Isuke salió con una toalla enrollada en su cuerpo demasiado pequeña para sus pechos y quedando peligrosamente corta en las piernas, pero sin la segunda cubriendo el cabello rosa que escurría pequeñas gotas en el piso.

―Isuke-sama, estas mojando el piso, seca tu cabello con la toalla por favor―dijo mirando las gotitas bajo la chica, las miro un poco más del tiempo necesario, preguntándose si serían de agua.

―Ara…lo que quieres es que Isuke se quite la toalla―dijo mientras quitaba lento una parte de esta, casi dejando a la vista la sima de sus pechos―Deja de ver de esa forma pervertida a Isuke, no va a pasar~3―dijo en tono divertido menospreciando a la pelirroja y envolviendo otra vez su cuerpo.

― ¡No lo hago!―se paró aun contra las protestas de su cuerpo, tomo la ropa necesaria dispuesta a entrar al baño para escapar de esa mirada que sólo se burlaba de ella, sonrojándola, pero antes de que pudiese llegar, uno de sus pies descalzos pisó un pequeño charquito de agua, este se deslizo sin perder el equilibrio, dejándola en una posición de zancada, tuvo suerte de no caerse pero sus piernas, a las que asesino el día anterior, no opinaban lo mismo. Dolían. Mucho.

Se mordió el labio para no dejar salir un grito nada propio de ella, pero eso no evito que un gemido se escuchara desde su garganta, aquello le había dolido como nunca, y a su espalda una risita indiscreta. "Hija de…te odio…" volteó a verla para gritarle que le ayudara, pero sus palabras se le atoraron en la garganta al verla reírse, quizás se estuviera burlando de ella pero era una risa sincera.

― ¿Qué pasa? ¿Te quedaste sin habla por la figura de Isuke? Tú y tus hermanos tiene un fetiche insano por su cuerpo, casi da miedo el quedarme en esta casa ~3 ―las burlas de la peli rosa finalmente obligaron a Haruki a entrar al baño sin mirar atrás. Al diablo si era sincera.

Volvió a estar de pie como se lo permitió su cuerpo que ya había tenido demasiado peso por un par de días, finalmente estaba cómodo y descansando sobre cama pero de repente un tirón de músculos y un golpe había revivido el recuerdo que ya parecía tan lejano. Sin decir una palabra más volteo en dirección al baño y camino dentro de él mostrando pequeños temblores en sus piernas, azotando la puerta en el proceso. Ya la había avergonzado lo suficiente, lo sentía con el calor de sus mejillas, por lo menos por una mañana.

―Ha-ru-ki, si haces algo malo te escuchare a través de la puerta ~3 ―pero Isuke no pensaba igual, se había acercado hasta recargar su cuerpo contra la puerta solo para avergonzarla en otra habitación, la peli rosa tenía un don para sonrojarla.

― ¡Ahhhhh! ¡Callate! ―la fracción de la manada que aún seguía en casa alzaron sus cabezas, más con sorpresa que susto, al escuchar el grito que venía del baño, pero no pudieron escuchar la risita que salía de esa boca sabor fresa.

Empezó a desvestirse. El estupor de las situaciones recién vividas con Isuke combinadas con el dolor que su cuerpo sentía, provocaban que sus ropas fueran retiradas de su cuerpo de manera torpe, sosteniéndose del lavamanos para ayudar al apoyo de su pierna, quejándose a cada movimiento con pequeños quejidos que la hacían detenerse mientras su bóxer bajaba. Su cuerpo estaba caliente. Roja de vergüenza. Empapada de sudor. No hay otra manera de describirlo. El clima por providencia divina se había aliado con Isuke para hacerle esa jugarreta a su cuerpo, de no ser por el constante aguante del sudor, cada mañana que salía a correr aquella situación le resultaría más incómoda.

La prenda color negro bajo despacio a tropiezos por sus piernas, dejando vulnerable el tesoro que escondía entre ellas, adornado por sus cabellos rojizos que mantenían dentro de sí la esencia del sudor de su cuerpo. A cada paso que recorría el bóxer rozaba la piel lechosa, fina y abrillantada por sus propios líquidos, un roce que a cualquier hombre que le viera se la antojaría irresistible. Sus manos toscas tomaron la playera por la bajo y subieron para mostrar su belleza desnuda en el bochorno de la mañana. La tela subió dejando a ojos invisibles la vista de su abdomen marcado, sus musculosos brazos se exhibirían sin ninguna prenda que distrajera la vista haciéndolos ver más largos de lo usual, pero el premio gordo eran sus generosos pechos, que cayeron dando un pequeño rebote cuando la playera la hubo abandonado.

El gas se había acabado, pero eso no era un problema. Lo que necesitaba era un baño de agua fría que aliviara su cuerpo del clima que se encerraba dentro de la pequeña casa, en un resplandor había tenido la ridícula idea de agregar los "hielitos" de Saburo a la bañera. Quizás así el calor que venía dentro de su cuerpo también se apagaría y esas porquerías que su hermano insistía en hacer sirvieran para algo.

Los dedos de sus pies abrieron camino al resto de su cuerpo, sus piernas bajaron con dificultad hasta que sus nalgas sintieron el frio toque del agua, un pequeño gemido que se acompañó de un salto precedió al resto de su cuerpo que se dejó caer en el recipiente de cerámica.

Las gotas de sudor se vieron arrasadas por el agua fría que tomo el control de toda su piel, se sentía mucho más cómoda ahora que la sensación de un baño ahuyentaba el recuerdo de un cuerpo sucio. Pero aquella sensación cálida que venía desde sus entrañas aún emanaba como volcán en erupción. El persistente rojizo de sus mejillas lo comprobaba.

Los días anteriores y el cansancio que le había dejado a su cuerpo era ahora más notable que nunca, Haruki no se había sentido tan cansada en el pasado, le había exigido mucho a su cuerpo y este ahora estaba muy tenso, sus músculos no querían relajarse ni con ese baño fresco en una mañana calurosa, debía encontrar una manera de aliviar esa tención.

Su cuerpo le reclamaba por el esfuerzo constante de los recientes momentos. ¿Qué podría hacer para sentirse mejor? Una idea se le cruzo por la mente, haciendo que sus mejillas volvieran a tomar un tono parecido al de su cabello.

― ¿Eso necesito? ―su mandíbula apretaba chocando sus dientes, ardía de vergüenza aun sin nadie que la contemplará―Bueno, no tengo mejor opción…―trató de convencerse, de poner una razón de sus próximos movimientos pero en poco tiempo las razones le importarían más bien nada, estaba consciente de que aquello eran tonterías pero…se había vuelto hábito.

Debajo del agua, sus manos recorrían la piel suave de su abdomen hasta aquella zona resguardada con vello. Así era, Sagae Haruki estaba por darle un poco de "atención" a su cuerpo para que este se relajara. Se sentía estúpida, siempre lo hacía al inicio, no podía comprender como había caído tan bajo, a parecerse a un hombre que se masturbaba para sentirse bien. Pero cualquier pensamiento en contra de lo que sus dedos hacían se fue a la mierda en cuanto sintió esa sustancia tan diferente a la del agua. Su centro estaba humedecido. Sus dedos entraron sin miedo en terreno ya conocido y una vez ahí fueron tomados por el cálido abrazo de la carne. Su mano izquierda se deslizo por sobre su vientre hasta llegar a la zona donde comienza la sensualidad exterior de las mujeres y una vez ahí ataco su pecho derecho. Sus dedos se retiraban y empujaban dentro de ella constantemente, hundiéndose hasta llegar al punto donde se activaba el choque eléctrico que recorría su cuerpo, inyectándole relajación pura al instante. Pequeños gemidos escapaban cuando sus dedos empujaba el botón rojo y luego retrocedían para acariciar la zona rugosa dentro suyo, dando pasó a volver a iniciar aquel movimiento de pecado. Entonces, deseó que Isuke hubiera mentido y realmente no fuera a oír si hacia algo malo, porque lo estaba haciendo. Moriría de vergüenza si esa mujer entraba en ese preciso instante.

―Ah…se siente…bien…―por fin, su cuerpo cedió a la tentación y se dejó llevar por ella mientras sus jugos se mezclaban con el agua de la bañera, habría que darse un verdadero baño al terminar.

Isuke se encontraba de nuevo sumida en la lectura, ese libro la habría atrapado de verdad y no podía apartar sus ojos de él; se sorprendió un poco al no encontrarlo en donde lo dejó, pero eso se resolvió fácil con su joven sirviente, en dos minutos registro el lugar hasta dar con su libro, muy servicial, eficiente y a su entera disposición, así le gustaba.

La perilla de la puerta giro en ese instante, provocando un clic que llamo su atención. Cerró el libro dejando un dedo entre las hojas que leía. Observó a la pelirroja que se había tomado su tiempo dentro del baño, se vieron directo a los ojos. Haruki se veía un poco acalorada pero sin la tensión con la que entro al baño., había un sonrojo ligero sobre sus mejillas. Vestía una blusa de tirantes de lo más sencilla que se pegaba a su cuerpo por pequeñas gotitas sobrevivientes, traía unos shorts de mezclilla que solía usar en casa pero sin abotonar, dejando ver el inicio de un bóxer negro.

"Vaya…y yo que pensaba que lo había escondido bien, ¿cómo demonios lo encontró?" pensó al ver el libro otra vez en manos de la chica acostada en su cama, ya iba por un tercio o poco menos, justo donde ella dejo la lectura, habría que volverlo a esconder. Apartó la vista de aquel libro en sus manos para viajar por los brazos, no veía que tuviera músculos, pero podía apostar que no querría recibir un puñetazo en la cara cortesía de Isuke, frunció el ceño al ver aquel costado, estaban desapareciendo los golpes, pero aún no se quitaba del todo las manchas verdes y moradas de los hematomas, observó las largas piernas que invitaban a gritos por que las recorriesen cuando se mostraban orgullosas con esa minifalda morada de la academia; terminaba con las dos bombas objeto de deseo aparentando inocencia enfundados en esa tela que los apretaba y hacía que sobresalieran.

― ¿Ya terminaste o quieres que Isuke te dé un poco más de tiempo a solas?~3―dijo sacándola de golpe de sus pensamientos, portando una sonrisa insinuante y burlona, quedaba sobre entendido a lo que se refería, dando justo en el clavo pese a que eran sólo bromas tiradas al azar.

Por segunda vez esa mañana, las pequeñas que jugaban junto a su hermana mayor y Saburo que leía subido en su sillón, escucharon un grito proveniente del cuarto en que dormía Isuke junto a su hermana, un "UUUUFFF" mescla de indignación y vergüenza por volver a ser molestada por esa chica, seguido de lo que sospechaban era alguien que se daba una palmada en la cara.

―Qué alegría que Haruki-nee se divierta tanto con la señorita Inukai―dijo Fuyuka con una sonrisa tranquila en su cara, Saburo y Yuki se preguntaron si lo decía en serio. Mei sólo asintió con una sonrisita silenciosa.

Pocos minutos después ambas chicas comían algo de lo más sencillo en la mesa, algo de leche en conjunto con rebanadas de pan tostado, la chica mimada se habría quejado de no ser por las risas que la pelirroja le dio en la mañana, el día iniciaba muy bien para ella y eso era sólo el comienzo, este día estaba decidida a entretenerse.

―Isuke saldrá a caminar, vamos―dijo levantándose de la mesa viendo a Haruki con una sonrisa, "¿No me darás un descanso, verdad, Inukai?" pensó la pelirroja mientras hacía esfuerzos por levantarse con sus afligidas piernas que lo último que querían era salir a dar la vuelta.

― ¿Caminar?―dijo el único varón a esa hora de la mañana, acababa devolver no hace mucho de la escuela de sus hermanitos. (Hojas atrás habías dicho que Saburo había ayudado a Isuke a encontrar el libro, aquí se contradice) Yuki alzo la cabeza sonriendo con mala intención.

―Llévala al barrio Shibusa, Haruki-nee-chan, es muy lindo a esta hora de la mañana―dijo levantándose para colgarse del brazo de su hermana.

―Claro que no, tú quieres es que la secuestren, iremos al parque de aquí cerca, no creo que tardemos mucho―dijo ya de pie, se ponía un sencillo chaleco amarillo deportivo sobre su camiseta sin mangas azul claro, se le veía muy bien en combinación de los tenis rojos.

― ¿Quieres que las acompañe, Haruki-nee?―dijo el varón, se había parado de un solo brinco.

―Si quieres, parece que también irá Mei―dijo guardándose la cartera con un par de billetes en el bolsillo trasero de sus shorts, la pequeña aguardaba tras las piernas de la peli rosa apoyada en el marco de la puerta―sería de ayuda si le echaras un ojo.

―Isuke está perdiendo la pasiencia~3

―Ya vamos Isuke-sama―dijo el chico yendo a su lado con una sonrisa de cachorrito cuando llega su dueña, Haruki bufó con una sonrisa mientras buscaba sus llaves.

―Iremos con ustedes―dijo Fuyuka, Haruki la miró con una ceja levantada, señal de no entenderla―ya no hay mucho en la despensa, debemos comprar lo indispensable y Yuki no puede quedarse sola en casa.

―Entiendo…―le entrega con algo de pena el billete más grande, no era mucho pero serviría para que Fuyuka comprara lo necesario para una comida, en verdad esperaba que Eisuke dejara lo acordado en aquella cuenta.

― ¿Y tú a donde crees que vas, caniche?―en la puerta Isuke veía con irritación a la pequeña Yuki que apretaba los dientes con las mejillas rojas del enojo de ser llamada así. Ese sería una salida larga.

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―Observe a cada uno de estos tanto como tú, te asigne la tarea de escoger a los mejores, pero quien toma la decisión final soy yo―dijo el pelirrojo observando los nombres de una lista en conjunto de las anotaciones de Ryu.

―Sólo pido estar presente mientras comiences a eliminar gente de la lista que hice―caminaban juntos a la oficina de Sawada, Ryu traía una carpeta con información y una foto anexa de cada uno de los participantes.

― ¿Cuál es la razón de tus interés entre quien se queda y quien se va?―le pasó la lista sin terminar de leer, los nombres no le interesaban, quería las fotos para recordar a la persona. Utilizo la mano libre para poner un cigarrillo en su boca.

―Sólo quiero participar en la contratación, no quiero que el trabajo que me asignaste caiga en saco roto, sentiría que el trabajo que hice fue una cosa inútil.

―No lo ha sido, necesitaba de alguien que guiara las pruebas y o has hecho bien. Pero ahora di la verdad, Ryu. Te importa más o menos poco quien se quede, salvo una excepción ―hizo una pausa y paro su caminar, su cuerpo se volteo en dirección a Ryu ―Tienes miedo de que sea prejuicioso con la chica ¿verdad?

―Ella es muy buena, tú viste a ese hombre, era tres veces más grande.

―Lo vi, vi como lo levanto y lo arrojo contra el suelo ―su marcha fue reiniciada y Ryu lo siguió al instante ―Tus miedos son infundados, tengo una lista dentro de mi cabeza y en ella esa chica se encuentra entre los primeros. Mi única preocupación si es que se le puede llamar así, es que sus antecedentes sean tan buenos como lo fue su actuación―tenía una enorme curiosidad por aquella joven, no todos los días encuentras a una chica de cabello en llamas queriendo entrar como guardia de seguridad en un lugar como ese.

―Sobre eso, no existen tales antecedentes, no es como los otros chicos que llegaron por otras empresas o publicación.

― ¿Entonces cómo fue que llego a adicionar para el puesto?

―Yo le invité a que hiciera la prueba: ayer por la noche fui a ver a los chicos que postramos en el agujero de la entrada, discutíamos sobre el incidente que tuvo lugar hace unos días, ella llego de repente por la calle, había escuchado que buscábamos nuevos miembros y ella se mostró interesa. Para mala suerte de uno de los nuestros, cometió el error de burlarse y como resultado termino en el suelo, lo arrojo sobre su hombro como si no pesara más de un par de kilos. Je, sonara raro, pero de alguna manera me recordó a ti ―Sato volteo a ver a su compañero levantando una ceja ―supongo eso influyo a que la invitara.

―Llego caminando por nuestra calle en mitad de la noche ¿Eh? Bastante conveniente. Mmm… ―sus pensamientos se fueron volando, pensando y creando diversas teorías ―…creo que ya lo decidí ―ya habían llegado a la puerta de su oficina, Ryu le pasó la carpeta con los expedientes de los demás candidatos― No estamos en posición de ser muy selectivos, pero estoy seguro será un buen elemento, además, si aquella mujer regresa, ya no me sentiré culpable por golpearla―dijo sonriendo a su compañero―tendré la lista con los aceptados antes de las cinco, vendrás por ella y se llevaras a Saori para que les llame hoy mismo, quiero que esos puestos queden ocupados inmediatamente.

―Llamare también al departamento de recursos humanos para que envíen unos cuantos uniformes.

―Espera a que te lo indique, algunos aun necesitaran formación, pero tú te encargaras de ellos―y con eso entró a su oficina, el plan era revisar cada uno de los nombres, expediente y juzgar cómo se desempeñó en las evaluaciones físicas. Uso un encendedor con la primera letra de su nombre en negro para prender el cigarrillo en su boca, lo observó un momento para volver después al trabajo.

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―De saber que así serían las cosas me hubiera encadenado a la cama―dijo una pelirroja con pesadumbre mientras Yuki se retorcía en sus hombros para alcanzar la cabeza de Isuke, que caminaba justo al lado de ellas, sólo para hacer a la niña más intolerable y rabiosa, dándole más trabajo a Haruki que era quien debía cargarla.

―Deja de quejarte, es a Isuke a la que le arruinaste el paseo~3

―Lo siento pero no comprendo ¿Cómo es eso?―se cansó de traer a su hermana en hombros, así que la puso sobre los de Saburo que iba un par de pasos adelante.

―El chico no le molesta a Isuke, es su sirviente, más obediente que tú además; Fuyuka es la única en esa casa que actúa con decencia pero no soporto a tu caniche. Sólo sabe ladrar y ladrar, Isuke no soporta a los niños―dijo acomodándose el cabello. Haruki pudo notar que a su lado iba Mei, la pequeña sonreía contenta como hacía mucho Haruki no la había visto, se adelantaba unos pasos y luego regresaba corriendo, en uno de esos momentos tomó con su manita los dedos de Isuke, abrió mucho los ojos al ver que esta no apartaba la mano o decía algún insulto.

― ¿Pero entonces como es que toleras a Mei?―dijo señalando con ambas manos a su hermana.

― ¿A qué te refieres?―le dio una mirada a la niña y volvió la mirada a Haruki con una ceja levantada. Isuke no tenía idea de lo que quería decir Haruki.

―Pues a eso, ¿Qué no lo ve? Es muy raro.

―Isuke no te entiende~3―dijo dando por finalizada la conversación, cerró su mano sobre la de la pequeña y continuaron caminando, incluso se aseguró que Mei no caminara del lado de la carretera.

"Bueno…al menos no tengo que preocuparme por ella, creo que nada le pasara con Isuke" eso le aliviaba, puso un pocky sobre su boca y siguió al resto con los brazos tras la cabeza, para entonces estaban cerca del parque.

Eran poco más de las 10 de la mañana y los transeúntes ya se hallaban caminando a cada lado de la banqueta. Los automóviles que pasaban alzando polvo reflejaban sobre su carrocería el brillo del sol, los niños tomaban la mano de sus madres a quienes acompañaban obligados a hacer las compras, alguno que otro vago adolescente paseaba sin rumbo, a excepción de algunos, lo más jóvenes se encontraban en la escuela, esforzándose llegar a ser el futuro de su ya de por sí exitosa nación, las calles eran de propiedad absoluta de los adultos hasta la tarde en que los escolares salieran a jugar en las salas de arcadia o cantar en locales de karaoke.

Por el lado izquierdo de la calle venía el peculiar grupo que ocupaba toda la banqueta. La mitad de la jauría de lobos parecía escoltar a la felina que iba delante de ellos. Quien la viera con ese porte y orgullo al caminar pensaría, incluso con las vendas que cubrían su cuerpo, que era una reina que venía en compañía de su escolta.

El plan era simple. Llevar a Isuke al parque para que lograra distraerse un momento fuera de las paredes de la casa Sagae, sus hermanos servirían de apoyo para lograrlo, su cuerpo aun no rendía lo habitual pero sus congéneres estarían ahí para aliviar su carga. Ellos servirían como distracción, jugarían con Isuke mientras ella descansaría bajo la sombra de un árbol. Con algo de suerte se olvidarían de ella y caería en sueño profundo mientras las hojas del árbol caían y terminaban enredadas sobre su cabello, sería un gran placer quitárselas de su cabello cuando finalmente la despertaran.

Pero había una parada obligatoria antes de llegar a su destino. El súper mercado estaba de camino al parque, antes de continuar con su paseo dejarían a Fuyuka para poder hacer las compras, después de dar saltos y correr por el césped, a los cachorros les vendría bien una comida caliente al volver a casa.

―Entonces ¿Crees que estarás bien solo con eso Fuyuka? ―dijo Haruki frente a las puertas del establecimiento. El aire acondicionado emanaba sin control desde el interior de la tienda, dándole una "calida" bienvenida a quienes fueran sus posibles clientes. La manada se hallaba a las puertas de está despidiendo a su hermana que haría las compras en solitario. Fuyuka se hallaba a pocos pasos de entrar a la tienda, mientras que Haruki y la mayoría de sus hermanos se encontraban a su lado, detrás de ellos, cerca de la acera y al sol se encontraba posada Isuke que aún sostenía la mano de Mei.

―No te preocupes Haruki ―le dijo con el cliché de sonrisa y ojos cerrados ―puedo arreglármelas con esto, una comida completa es lo que llegara a la mesa para la familia ―la palabra completa le causaba dudas, parecía algo casi imposible de cumplir.

― ¿Estas segura? Lo que te di es más bien poco.

―Siempre haces la misma pregunta, estaré bien. Los cupones del periódico han sido muy generosos esta semana ―eso lo explicaba todo, de una manera incomoda eso tranquilizaba el pensamiento de Haruki. Sería suficiente para la comida, pero el hecho palpable de tener que depender de cupones era como el reflejo persistente de la condición de su familia.

―Esto… de acuerdo. Te lo encargo, una comida para la familia. Oh y no te olvides de Isuke-sama ―dijo y señalo con el pulgar por sobre su hombro a la pelirosada que levanto la vista al escuchar su nombre.

―Sí, ya tome en cuenta a la señorita Inukai ―dio media vuelta y tomo dirección hacia la tienda. ―Nos vemos.

―Adios Fuyuka-onechan―dijeron los hermanos que se encontraban al frente.

―Addio Fuyuka ―dijo la pequeña Mei haciendo gala de su encanto infantil, con su delicada figura y su voz dulce que a la vez era graciosa. La extremidad que era su brazo, de piel lechosa que parecía tan frágil y en realidad lo era, se levantó y se movió en señal de despedida para su hermana. Isuke bajo la mirada hacia la adorable escena y como resultado la comisura de sus labios se movió para crear una pequeña sonrisa. Contagiada por el ánimo de la pequeña levanto la mano de manera escueta. La dejo arriba mostrando por completo la palma de su mano, en una señal de despedida bastante sucinta.

―Bueno, ahora nosotros tenemos que seguir con nuestro camino ¿Quién está listo para…? ―las palabras de Haruki se quedaron en el aire. Por increíble que pareciera hasta ahora no se había dado cuenta del anuncio que se encontraba detrás de una de las vitrinas. Quizás el cansancio la tenía bastante distraída ― ¡Oh! ¡No puede ser! ¡Pockys al cincuenta por ciento de descuento! ―sus manos se pasaron sobre el vidrio que la separaba de las cajas de muestra, faltaron pocos centímetros para que estrellara la nariz junto al rostro.

Sus hermanos dieron un par de pasos hacia ella, la exaltación que Haruki demostraba era un verdadero espectáculo, conocían bien su afición por los Pockys que casi rozaba el fanatismo. En los cumpleaños de Haruki tenían por costumbre regalarle cajas de Pockys y con eso bastaba para hacer feliz a la pelirroja. Ella no quería lujos ni dinero. Su caja de dulces es lo que era menester para hacerla feliz.

Isuke sin embargo no miraba con buenos ojos aquella adicción. Su ceño se frunció al ver la emoción de la pelirroja por una simple caja de dulces que para su gusto eran un asco. Sus mejillas tomaron un ligero color rojo que nadie noto, pues los hermanos estaban distraídos viendo a su hermana mayor y está en los codiciados objetos.

― ¿Cómo pueden hacerle esto a los Pokcys? Ellos valen más que eso. Pero sería una tonta si no lo aprovechara. Mi reserva se está agotando ¡Pero el dinero! Tengo suficiente. Pero… debería…. ¡Ah! ―un debate interno se desato dentro de su cabeza. Los pelos de su cabello fueron halados cuando sus manos subieron a su cabeza. Decisiones, decisiones. Su droga o su bolsillo. Escaseaba de ambos.

Era obvio para Isuke que la atención de Haruki se encontraba en las cajas rojas en exhibición junto a un pedazo de cartulina de colores fluorescentes. Su humor empeoro al contemplar como la chica se debatía la compra de aquellos rectángulos de cartón. Antes de que rompiera en un berrinche, una idea cruzo como saeta por su cabeza y la sonrisa volvió. Haruki y sus hermanos estaban distraídos.

―Oye cachorra ―le hablo con suavidad y gentileza de calidad Isuke ― ¿Quieres jugar con Isuke? ―la pequeña alzo la cabeza y la miro confundida al principio ―Vamos a jugar a las escondidas con tus hermanos, pero tenemos que irnos ahora y sin decir nada ―como toda niña normal era una amante de los juegos, además, sentía apego y gusto por la peli rosa, ser su compañera en un juego como las escondidas la emocionaba de verdad. Era como la cómplice de Isuke y siendo así, asintió en silencio.

― ¡Ah! Creo que lo mejor será controlar mis ansias… ―dijo Haruki con cierta tristeza al final de su debate, sus hombros estaba caídos y su cara se mostraba más cansada que antes ―Bueno… ―suspiro, empezó a dar media vuelta ―Tenemos que seguir con nuestro camino. Esta lista Isuke-sa… ¿Dónde está Isuke? ―sus hermanos dieron media vuelta y se mostraron igual de sorprendidos que su hermana al ver que les hacían falta la más joven cachorra y su huésped rasga cojines.

Miro de izquierda a derecha con sorpresa, hace un segundo estaba allí, justo allí sosteniendo la mano de su hermana, ¡Mei! Isuke se había ido con Mei, espero verlas al otro lado de la calle que daba al parque luego de haberse adelantado gracias a la impaciencia de la mayor pero tampoco estaban allí.

―Vaya…Isuke-sama se llevó a Mei, va a ser difícil encontrarlas, ninguna conoce el lugar ni cómo volver a casa solas, ¿tan aburrida está Isuke-sama para irse así nada más?―las palabras de su hermano la hicieron meditar un poco más, no, Isuke ya estaba aburrida desde el principio, lo único que la retenía en la Casa Sagae era la delicada situación por la que estaba pasando, su vida corría peligro gracias a los problemas en los que se metió y por los que estaba atrapada con ella y sus hermanos. Por culpa de esos hombres.

Y con ese pensamiento, una visión más precisa de las cosas la invadió.

En más de una ocasión a todos nos ha tocado sentir algo frio sobre nuestro cuerpo, llámese agua, lluvia o un simple hielo producto de una broma de algún amigo sin mala intención: Haruki tiene un recuerdo encerrado en aquel baúl de la memoria en la que una tarde de verano, mientras jugaba con globos de agua en compañía de sus hermanos hace un par de años, a sus espaldas, la tormenta, con de ayuda de Yuki y Misuki, habían preparado una enorme cubeta con hielos, al sentirlo sobre la espalda se quedó estática con esa sensación tan repentina.

No era la misma sensación, pero si parecida en algo, estaba estática, algo frio bajaba desde su garganta para aparcar en la boca de su estómago, esos tipos estaban tras la cabeza de Isuke y ella caminaba sola y desprotegida con su hermana en un parque donde sería fácil secuestrarlas. No, por Dios, que no estén esos malnacidos cerca. Tenía que encontrarla y a su hermanita también.

Pero sus otros hermanos, ellos no tenían idea de nada de lo que pasaba, no sabían que Isuke era buscada, ni podía contárselos, debía mantener la calma y fingir que todo era un juego. Uno en que debías ganarles a los otros jugadores.

―Je vaya…Isuke-sama ahora si nos la hizo, habrá que encontrarla antes que le haga algo a Mei ¿No creen?―sonreía tensa por la situación, lo que menos quería era involucrarlos, la pequeña y su hermano pusieron cara de no entenderla en nada―Sabu-kun, ¿Por qué no regresas por dónde llegamos? Quizás prefirieron ir a casa―su hermano entendió. Asintió sonriendo mientras caminaba a paso tranquilo, desesperante para Haruki, por la calle camino a casa con Yuki de la mano― ¡Llámame si las encuentras y dense prisa o no quedara nada de Mei!―le dijo tratando ocultar el nerviosismo de su voz con bromas, su hermano alzo una mano dando a entender que la había escuchado.

―No puedo creer que esa tipa se fuera con Mei, ¿Quién se cree luego de que salíamos con ella a caminar? Haruki-nee debería dejarla por allí en la calle―oyó que le decía a su hermano mientras el observaba las tiendas, quizás la peli rosa había visto algo y regreso a comprarlo.

Ya con sus hermanos fuera de la partida Haruki corrió en dirección al parque, debían estar en algún lugar y ese era el que tenía más probabilidades.

¿Qué tan difícil es encontrar a una chica con el cabello teñido de rosaen un modesto parque cerca de casa? Al parecer muy difícil, pues por más que corría y giraba la cabeza a todas direcciones no lograba dar con esa mujer. ¿Qué iba a hacer si se encontraba esos tipos de los que le advirtió Eisuke? O peor aún, que ya la hubiesen encontrado a ella y su hermanita. No tenía dinero para una recompensa, y eso si tuviera la suerte de que la pidieran, no sabía cómo funcionaban las cosas en los gremios, pero si estaba segura que no buscaban dinero, sino saldar viejas cuentas.

―No…no puede pasarles nada…ellas están a salvo, sólo necesito encontrarlas―se decía a la vez que observaba a todos lados, con cada segundo que pasaba la cosa le preocupaba más y más, ya no trataba de dar únicamente con una chica, sino identificar cualquier auto sospechoso u hombres de no buena pinta, lo que sea.

Pero todo era en vano, no había señales de que aquella chica estuviese por ningún lado. La desesperación comenzaba a jugar a la par con la preocupación, empeorándolo todo más y más. Haruki no sabía que era peor, que a Isuke le hubiera pasado algo o que se viese en medio de todo su hermanita menor.

―Si a Isuke le pasa algo, su madre me hará algo aun peor―sintió que su celular vibraba y se detuvo a contestar, esperando que fuese su hermano con buenas noticias― ¿Saburo, las encontraste?

― ¿Encontrar? Haruki soy Fuyuka, yo tengo el celular ¿Dónde están? Ya acabe con las compras.

―Ah Fuyuka, estoy en el parque, estoy buscando a Isuke-sama y Mei, un momento estaban detrás de mí y al segundo siguiente se habían ido, me preocupa que no aparezcan.

―Je je, tranquila Haruki, seguro están jugando a las escondidas contigo, la señorita Inukai ha estado encerrada por mucho tiempo, me parece lógico que quiera entretenerse un poco―le dijo tranquilizando un poco a su hermana.

―Quizás tengas razón, pero ¿Dónde están?―movía la cabeza a todos lados pero no lograba verlas.

―Inukai-sam no sería inconsciente si esta con Mei, no debe haber ido lejos, pero tampoco muy cerca para que no las encontraras, después de todo, recuerda que están jugando a las escondidas.

Las palabras de su hermana le dieron sentido a la situación, y como si un destello se tratara, la idea atravesó su mente. Lo que Fuyuka decía tenía sentido y era lo más probable. Se atrevía a decir que conocía lo suficientemente bien a Isuke como para saber sus motivos e intenciones. Había llegado a una conclusión. Estaba aburrida, ansiosa por llegar al parque, quería divertirse pero ella se había detenido frente a un anuncio de Pockys en oferta, eso debió de haberla irritado así que aburrida tomo camino para buscar su propia diversión, pero, como venganza y aún más que eso, para joder, se había llevado a Mei consigo aun diferente destino del planeado.

―Je… tienes razón, debe estar jugando a las escondidas. Inukai nos tomó desapercibidos y ahora nos lleva mucha ventaja. Que tramposa ― "Uff, el cachorro muerde calcetines más hiperactivo da menos problemas que esa mujer" la orden de Haruki a su cuerpo en ese momento fue la regular la respiración y calmar sus nervios, la cosa estaba ya más clara, pero eso no eliminaba del aire el hedor a peligro que acechaba sobre la cabeza de algodón de azúcar, pero esto era algo que sus hermanos no necesitaban saber.

―Ujum, eso mismo. La señorita Inukai no parece ser de las personas a las que les guste perder. Aunque, debo agregar que a pesar de haberse molestado por haber caído en los juegos de Misuki, no tiene problemas en hacer trampas ella.

―No busques comprenderla Fuyuka ―su hermana no pudo verla, pero se llevó la mano a la frente por la frustración y sus ojos cerrándose fueron el complemento perfecto ―Esa chica es así. Por ahora vuelve a casa, los demás están camino allá y Fuyuka… si llegas a verlas escondidas en un rincón, avísame, por favor, tú también eres parte del juego.

―Soy una Sagae después de todo. Nos vemos más tarde.

―Te lo encargo ―un pequeño bip se escuchó, el contador en la pantalla se detuvo al instante, el teléfono se cerró y fue guardado dentro de los bolsillos de sus shorts. Ahora lo que proseguía era dar con Isuke y su hermana antes de que alguien más diera con ellas. En el mejor de los casos sus miedos serían infundados, nadie buscaría a tal persona en un barrio de clase humilde. Pero ella no era de dejar las cosas a la suerte, tenía suficiente con los cobradores sobre su espalda, no tenía intenciones de tener que cargar con Eisuke también ―Ahora… donde estarás Isuke-sama. Sólo espero que cuides de mi hermana.

Al otro lado de la cuadra del supermercado, calle abajo hasta llegar a la esquina, se hallaba un establecimiento cuyos interiores estaban climatizados. Una cafetería cuyo menú consistía en una variedad de bebidas dulces y bocadillos que podrían considerarse postres. Fuera de las puertas de cristal se encontraban mesas y sillas hechas de un material similar a la paja que recubría el esqueleto de hierro que les daba soporte, desde el centro de cada mesa se alzaba una sombrilla color verde oscuro para la protección del cliente. Era una anomalía que las lluvias se hubieran detenido, al menos por ese día, pero eso no evitaba que las personas puedieran disfrutar de un buen frappe. ¿No es así? Pues Isuke lo demostraba.

― ¡Ah! Hace tiempo que Isuke no disfrutaba de algo tan rico, creo que fue desde que llego a esa casa~3 ―frente a ella, se encontraba sentada Mei, comiendo una paleta de limón, la niña observaba la expresión de placer que hacía mientras sorbía la mezcla de café y hielo con furor, se preguntaba a qué sabría aquella bebida que, según había oído, contenía galletas, chocolate, azúcar y chispas de dulce sobre esa espuma blanca ―Joh ¿Que tanto le miras a Isuke?

―Quiero… quiero probar… ―dijo la pequeña Mei, haciendo gala de nuevo de la angelical voz de un infante. Isuke se separó un momento de la pajilla, levanto el vaso y lo miro.

―Mmm ¿Sera esto algo bueno para un cachorro? Tiene demasiada azúcar ―sus ojos se desviaron hacia la cachorra que la miraba expectante, sus ojitos dejaban en claro que realmente ansiaba probar la bebida de Isuke, más que nada inspirado por la simpatía que sentía por la pelirosada. Esta sonrió ―Isuke supone que está bien, tienes que vivir, después de todo mirando a tu hermana quizás nunca tengas la oportunidad de volver a probarlo ―sentía una debilidad por aquella niña, esto combinado con su poca responsabilidad por los críos y sus deseos por causarle problemas a Haruki, eran a una apuesta segura a esa decisión.

―Sí, gracias señorita chicle ―las manitas tomaron el recipiente que se le ofrecía con gusto y no tardaron en llevar la pajilla a la boca rosada. Inclinando el vaso, un típico gesto de cualquier infante que prueba algo para adultos.

― ¿Señorita chicle? No, no es… disfrútalo niña, prueba algo que vale la pena saborear ―si las personas correctas hubieran estado en ese momento, quedarían atónitas ante la respuesta de Isuke, Mei sin embargo, ignoraba ese tipo de cosas y tomaba feliz del frappe―Je, me preguntó cuánto tiempo tardaras en encontrarnos ―"Isuke se enojara más si no la encuentras idiota" pensó y tomo el helado de bajo precio para probarlo. Con suerte le gustaría el sabor a limón.

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―Es la tercera vuelta que le doy al parque ¿Dónde están, Isuke-sama?―no había logrado encontrarla, le había preguntado a un par de personas que se encontró si habían visto a una chica de buenas curvas, cabello pintado de rosa y con sonrisa de superioridad, pero todos, con una mirada confundida, le respondían no haber visto a tal chica en ese parque.

Pronto desistió de la idea de buscar en los campos del lugar, era obvio que Isuke no se encontraba ahí, probablemente estaría rondando por los alrededores, pero se preguntaba dónde. No había mucho lugares en los que una chica sin dinero pudiera esconderse, conociendo a Isuke no aguantaría el calor que hacía, esa chica era demasiado delicada como para andar porque sí debajo del sol.

Aunque tenía la idea, no sabía por dónde empezar, ya había corrido bastante de un lugar a otro, preguntando a cualquier desconocido con el que se encontrara por aquel parque. Necesitaba sentarse a descansar junto a una botella de agua, recuperarse un momento le ayudaría a pensar mejor sobre donde podrían estar. Esa mujer no le daba un momento de descanso.

El parque era un gran rectángulo ubicado en el medio de cuatro cuadras. En el medio de cada lado del rectángulo se encontraban caminos de pavimento, se habrían camino entre el pasto y los arboles hasta llegar al centro del lugar en el cual se hallaba una pequeña plaza, justo en el medio de ella se alzaba una fuente de mármol blanco, bancas de madera a su alrededor, arboles cuidadosamente colocados a manera de arboleda, al norte de la plaza los árboles se hacían menos hasta abrirse y mostrar los juegos infantiles bañados por el sol.

Todo en ese lugar llamaba al juego, diversión y al descanso. Un descanso tirada en una banca por ejemplo la abrigadora sombra de un árbol con sus estrellas de día.

―Un descanso…un descanso…un descanso de todos y todo ¡bajo la sombra de una sombrilla! ¡Lo tengo!―dio un salto en ese instante y corrió cuanto pudo al punto en que se separaron, pocos locales había en el lugar, la mayoría para comprar víveres y el resto casas o tiendas que cerraron el año pasado, pero en una calle transitada al final de la cuadra justo en la vuelta de la esquina había un muy lindo café con aire acondicionado y sección con sillas y mesas fuera del local donde uno podía descansar. Derrapó en la esquina y tuvo que agarrarse a un poste de luz para no irse de largo.

Allí estaba esa chica a la que tanto buscaba, tomando un frappe a la sombra de una sombrilla verde, cerca de la puerta que se abría y cerraba dejando salir un poco de aire frío del local, disfrutando de lo más tranquila de su bebida helada que iba por el final, tan fresca y despreocupada como podía estarlo en una tarde de calor en la que su protectora había corrido lo de un maratón tratando de dar con ella.

― ¡Isuke-sama!―jadeaba recuperando aire, camino un par de pasos con piernas tambaleantes que lloraban por el terrible castigo al que las sometían, ahora que el alivio la inundaba de arriba abajo su cuerpo le recordaba lo de ayer, las 15 vueltas, las sentadillas, las flexiones, la pelea, todo había quedado olvidado por la preocupación. Apoyó las manos en las rodillas, de su cara escurría el sudor y ella sin poder hablar.

―Hasta que apareces idiota, Isuke ya estaba aburrida de esperar, faltaba poco para que se levantara y regresara por donde llego~3―dijo dando el ultimo sorbo a su frappe.

― ¿Por qué…uf…uff…por qué te fuiste?―tuvo que sujetarse de una silla para no caer.

―Isuke se irritaba por tus tonterías con esos pedazos de pan y chocolate, así que se fue~3―dijo sin arrepentimiento de ningún tipo mientras se miraba las uñas, debía pintárselas pronto, estaban perdiendo brillo.

―Isuke…sama….―la situación no le hacía ninguna gracia, había estado muy preocupada porque algo malo pudiera pasarle a ambas y la peli rosa no mostraba ni el más leve signo de remordimiento, pero de pronto notó que algo faltaba en la escena, miro bajo la mesa para comprobarlo― ¿¡Donde dejaste a Mei!?―Fuyuka había dicho que Isuke no sería inconsciente estando Mei con ella, pero parece que se equivocó.

―Se fue corriendo, dijo que volvería pronto―Haruki creía que en cualquier momento tendría una falla cardiaca―oh, allí viene―dijo mirando a la otra esquina.

Haruki volteó para ver una pequeña silueta que corría a todo lo que le permitía sus pequeñas piernas, el viento provocado hacía que su cabello oscuro ondeara y en su cara una sonrisa rebosante de energía. La niña llegó en mucho menos tiempo del que Haruki imaginaría que un niño de su edad podría hacerlo. Se sujetó a su pierna dando pequeños saltitos con la punta de sus pies que parecían ser ahora resortes.

―Nee-shan, nee-shan, la señorita chicle y yo les ganamos, a ti, a Sabu-nii, a Fuyu-nee, a Yuki, jejeje les ganamos, les ganamos―dijo todo eso sin dejar de dar saltitos. Su hermanita siempre callada, tímida e introvertida estaba echa un torbellino.

― ¿¡Qué le has hecho a mi hermanita!?―dijo recogiéndola del suelo, esta reía y trataba de zafarse.

―Isuke sólo le dio un poco de frappe~3―dijo encogiéndose de hombros con una sonrisa tranquila.

― ¿Y qué contenía, tus drogas? ¡Mira, esta hiperactiva!

―Isuke no usa esas cosas, no me pongas a tu mismo nivel, perro, yo no necesitó de dulces con forma de chocolate para rendir―aquello sonaba tan sugerente y lastimaba el ego de Haruki―además le hice un favor, le di a probar algo que seguramente no podría volver a probar con el penoso salario que ganas~3

―Sí pero en que pensabas al darle cafeína a una…espera ¿con qué pagaste el frappe?

―Isuke encontró dinero…

―Encontraste dinero―era una afirmación que le invitaba a soltar el resto de la oración.

―Sí, Isuke encontró dinero bajo tu colchón.

― ¿Tenía dinero bajo el colchón?―en su mente el dejar algo escondido allí no estaba registrado, hasta que el recuerdo de tomar una pequeña parte de su paga por una misión llego a su mente― ¡Ese dinero era para una emergencia!

―Era una emergencia, Isuke tenía calor y ella también―dijo señalando a la niña que le ponía los pies en la cara para zafarse de sus brazos. Los pájaros en la zona salieron volando al escuchar aquel UFFGGGHHH sobraba decir la razón del mismo, la pelirroja lo dejaba muy claro al poner su mano en la mitad de la cara "Eres mi perdición, Inukai Isuke".

―Vale…no importa, vamos entonces―dijo caminando con la niña en sus brazos que se retorcía y retorcía, peleaba como si fueran a llevarla al matadero o algo así, Haruki apenas podía controlarla, de a momentos observaba a la peli rosa, culpándola por el monstruo que había creado, parecido a un cachorro de alguna fiera peligrosa, pero ella sólo sonreía disfrutando de su mal rato―No puedo con Mei. Esta niña no podrá dormir en la noche.

Isuke observó un poco a su alrededor, estaban cruzando la calle para llegar de nuevo al comercio en que Haruki se distrajo con los pockys en oferta, cruzando la calle estaba el parque, era grande, muy grande.

―Idiota, deja de pelear tanto y suéltala a que corra~3

― ¿Quieres que la pierda otra vez?―dijo, se le notaba un poco irritada, todo el cuerpo le dolía, estaba con las ropas sudadas y su hermana no paraba de moverse, el saber que Isuke era la causante de casi todo no le ayudaba, es más, estaba un poco enojada con ella pero admitía que no era tonta, miro el parque por unos segundos y en suspiro de resignación se encamino allá.

Llegadas a la sección infantil del lugar la niña no paraba de gritar y moverse para correr a toda velocidad. ¿Alguna vez han jalado de la correa de un perro sobre excitado y lleno de energía? Así se sentía Haruki con la pequeña en sus brazos, la puso en el suelo y fue igual a si el dueño le soltara la correa al animal, salió corriendo y en segundos estaba subida a uno de los juegos del parque, corriendo de aquí allá, saltando y brincando, riendo y carcajeándose mientras jugaba usando sólo la imaginación, un niño es capaz de mucho con eso y Mei le estaba sacando todo el jugo que podía, en 5 minutos ya se había subido a todos los juegos.

―No hay lugar donde Isuke pueda sentarse―dijo en tono quejumbroso, Haruki sonrió un poco y puso un pocky en la boca mientras escaneaba la zona con los ojos, por el momento la idea de Isuke funcionaba, Mei se cansaría lo necesario para no tener problemas por la noche.

―Ven Isuke-sama, ponga aquí su lindo traserito―dijo jalando un sube y baja para dejar el asiento contrario a la altura necesaria para que la chica se sentara. Esta la miro a la expectativa de una risa que le dijera que sólo era broma pero la sonrisa de la idiota era genuina. Bufo un poco y se sentó mientras miraba a la niña que iba de un lado a otro en los pasamanos. Sin esperarlo, sus pies comenzaron a alejarse del suelo, tuvo que sujetarse para no caer de la sorpresa.

― ¡Idiota! ¿¡Qué demonios crees que estás haciendo!?―en el otro extremo la pelirroja sonreía abiertamente, tenía su mentón apoyado en una mano mientras veía hacía arriba, donde Isuke pataleaba infantil en un vano intento por hacer peso y bajar de allí y romperle la cara a Haruki.

―Yo sólo me senté, Isuke-sama―dijo aguantando su risa.

― ¡Bájame Sagae!―grito para diversión de Haruki, se impulsó con las piernas para que la otra bajara, pero que sorpresa, la chica en venganza la ponía hasta arriba, no hacía más que divertirla; en la academia no lo parecía pero Haruki tenía una constitución y estatura un poco más grande que la de Isuke, sólo que la peli rosa usaba 10 cm de tacón en las botas para compensarlo.

Haruki se sujetó con las piernas e inclino su cuerpo atrás, poco a poco Isuke volvió a estar arriba, ahora le gritaba con tono molesto y un poco divertido por la situación. La princesita malcriada estaba divirtiéndose.

―Estas ganando peso, esos pockys debían irse a algún lado~3

―Oye hago ejercicio cada día sin falta―respondió fingiendo sentirse herida, sonrió un poco y volvió a impulsarse para darle oportunidad a Isuke de tenerla arriba. Eran juegos de niños, de infantes que nada sabían de la vida y sus complicaciones pero no les importaba, se divertían, Isuke lo hacía, no recordaba la última vez en la que una sonrisa sincera quería abrirse paso entre sus labios―además, una pensaría que con esos pesos extra podría levantarme del piso sin problema.

Sus juegos llamaron la atención de la pequeña cachorra, que queriendo participar corrió a brazos de su invitada, contra el peso de ambas Haruki no podía hacer nada, trato inclinándose atrás y casi saltando sobre el asiento pero ellas no se levantaron de la tierra, el mal momento que había pasado quedo atrás con esos juegos.

Casi una hora después caminaban a la casa Sagae, Haruki cargaba en brazos a su hermanita que dormía apacible con el pulgar en la boca, no habría problemas aquella noche para que conciliara el sueño, pensó sonriendo.

― ¿Sabes Isuke-sama?―no recibió respuesta, pero sabía que la chica le prestaba atención, por lo que continuó―me preocuparon mucho, pensé que les había pasado algo, mis hermanos y mamá son todo lo que tengo y a ti debo cuidarte, Eisuke me lo encomendó―aquí venía la parte difícil―es por eso que…no volveremos a salir―ya estaban en la calle de su casa, a lo lejos se escuchaba el perro que perseguía a Haruki por las mañanas―es peligroso, no sabemos si te siguieron el rastro hasta aquí o si saben de tu paradero y sólo esperan al momento preciso para actuar, fue inconsciente de mi parte salir sin pensar en los peligros o en si podría defenderte. Es por eso que te pido que comprendas.

―Isuke no entiende una mierda de lo que dices y tampoco necesita de tu aprobación para salir―dijo la chica muy digna subiendo ya por las escaleras, desde allí se escuchaba el desastre de la manada de cachorros que regresaban a la madriguera, soltó un suspiro, se preocuparía después por eso, era tiempo de integrarse con sus hermanos y registrar su habitación en busca de escondites olvidados de dinero para emergencias, si había uno debían haber más.

Mientras Haruki buscaba estos escondites, los menores se entretenían con la televisión, Fuyuka e Isuke comían mientras Saburo estudiaba con un libro de segunda mano.

―Así que tú le ayudaste a la idiota a encontrar a Isuke~3―le dijo a la chica que sólo sonrió un poco mientras se limpiaba la boca.

―Soy una Sagae después de todo, Inukai-sam.

―Isuke supone que mereces esto entonces―dejó en medio de la mesa la cantidad de dinero que le restaba―por ganar el juego, supongo.

― ¿De dónde lo saco Isuke-sama?―preguntó Saburo sorprendido al ver los billetes.

―A la idiota no se le cruzo por la cabeza pedir el resto del dinero, ¿pensó que un frappe valdría tanto?―dijo tomando el resto de agua que quedaba en su vaso.

―Eso me recuerda, aquí está Isuke-sama, lo encontré tras la taza del baño―dijo el chico pasándole a Isuke el libro que Haruki intentaba esconder con tanto afán. Fuyuka se levantó con el dinero y fue a la habitación que su hermana ponía de cabeza buscando más dinero.

―Ya era hora, Isuke empezaba a aburrirse sin algo interesante que hacer~3―dijo abriendo el libro en la última página que leyó.

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El teléfono retumbo de repente, sacando a Haruki de sus pensamientos con un coro de vibraciones y música pixelada "tatatarara tatatarara", levantó la mirada al sentir aquellas vibraciones del fondo de uno de sus bolsillos, era una sensación extraña. A pesar de contar con un aparato como el celular en su vida, eran pocas las llamadas que recibia, el motivo de mantenerlo con batería eran el hospital y su trabajo en la constructora, teniendo en cuenta que en días recientes esta última había desaparecido, lo que hacía aún más raro que aquel aparato empezara a tocar "su canción".

"Tatatarara tatatarara"

―Mejor dejo esto…―se apresuró a dejar las sobras de la travesura de Isuke en el lugar que le correspondía. Era una cantidad más pequeña que la original. No fue mucho lo que esa mujer había robado, comparado con el resto de capital que había, pero le dolía, muy en el fondo, una parte de su trabajo y esfuerzo se habían ido tan rápido y sin ninguna advertencia, trabajo y esfuerzo cuyo propósito es el cuidado de su familia y no tenía idea de cuánto afectaría esas "pocas monedas" en el futuro cercano.

"Tatatarara tatatarara"

Su teléfono celular reclamaba por atención. El escondite se vio cerrado de nuevo, acto inútil que no lo salvaguardaba, pues el parasito rosa toma frappe aún seguiría en casa por tiempo indefinido y conocía su escondite, tendría que cambiarlo más tarde, por ahora tenía grabada en su mente la cantidad exacta de dinero. Ya había ignorado mucho su teléfono, deslizo su mano dentro del bolsillo hasta dar con el objeto, lo saco de su oscuro resguardo trayéndolo de nuevo al exterior. Abrió la tapa y una gota de sudor se deslizo por su rostro al ver el número que había estado ignorando.

― ¡Ah! ¡Ho-hola, buenas tardes, Haruki-chan al habla!― ¿¡"Haruki-chan al habla"!? Qué clase de tontería había salido de su boca, pensaba ella, quizás estaba muy nerviosa, se había llevado con torpeza y rapidez la bocina a la boca para contestar, por un momento casi arroja el celular al aire.

―Hmmmm…Sagae Haruki, entonces el número es correcto, pensaba que estaba llamando a una casa abandonada―del otro lado de la línea se escuchaba una voz de mujer notablemente irritada.

―El número es correcto, lamento haberla hecho esperar―se rascó la mejilla a la vez que sonreía, sin recordar que hablaba a través de un teléfono y la mujer al otro lado no le daba la cara.

―Bueno, eso no importa. Sagae Haruki, hace dos días usted se presentó a las pruebas hechas a aspirantes de guardias de seguridad en la empresa Hiroshi y fue escogida para la contratación a la misma. Dentro de una semana, más concretamente, el lunes a las 8 de la mañana, usted deberá hacer acto de presencia para la certificación del puesto para el que efectuó las pruebas―estaba sin habla, entendía las palabras de la mujer, podría recitar frase por frase los papeles que debía llevar, con quien debía presentarse, en que horario y el uniforme que usaría, pero aun no podía creerlo, estaba dentro de la empresa, ella era una de las mejores de todo el grupo que ese día se presentó y aún se sentía en un sueño― ¿tiene usted alguna duda? Sagae-sam.

―Sólo una, ¿con quién tengo el gusto?―sus ojos estaban iluminados y su sonrisa afectaba su tono de voz.

―Mi nombre es Omuro Saori. Me encomendaron dar aviso a los que fueron escogidos para el puesto.

― ¿Saori? Eres la recepcionista―dijo con la sonrisa en su voz, tras de ella Isuke la observaba con duda, estaba allí para poder tomar una ducha y dormir pero al ver a la pelirroja hablar con alguien se quedó en la puerta para tratar de escuchar si era o no su madre, según Haruki, este había dejado un mensaje en que decía la hora exacta y día que llamaría, aquello le había preocupado, si las cosas fueran normales con él no habría necesidad de un momento exacto para dicha llamada―no tiene usted idea del peso que me está quitando de en sima, le agradezco mucho―hizo una pausa, por lo que Isuke supuso que la otra persona al teléfono le contestaba―pero usted me hizo llegar el mensaje y eso es lo que vale para mí, sé que no eh trabajado ni un solo día en la empresa pero le aseguro que puede contar conmigo para lo que se le ofrezca y en cuanto tenga el dinero suficiente le invitare a comer―otro silencio, Isuke alzó una ceja un poco ofendida, le había hecho un berrinche por tomar unas monedas y ahora se ofrecía a invitar a comer a quien sabe que tipa, que descaro―no acepto un no por respuesta. Gracias, si usted también, gracias, gracias, gracias.

Del otro lado de la línea, la mujer de cabellos plateados se notaba feliz y algo molesta.

―Baka… me dejaste mucho tiempo a la espera ―dijo Saori y continuo con su labor, pensando en cómo haría para controlar su voz y su pecho después de esa llamada.

―Besa la bocina si tanto agradecimiento tienes en sima―le dijo Isuke con voz seca. Haruki se volteó ignorando por completo el tono de voz, se levantó del suelo de un solo brinco, olvidando el dolor de cuerpo, olvidando que a Isuke no le gustaba que la cargaran, lo olvido todo y corrió a la sala, gritándoles a todos que su hermana tenía trabajo, que su hermana mayor lo había conseguido.

Los jóvenes tardaron un poco en entender lo que quería decir, su hermana siempre tenía trabajo nuevo qué lo hacía tan especial el de este momento, Haruki se sentó con ellos a explicarles, el dinero que recibiría, las cosas que podrían comprar, cambios a futuro que no hacían más que iluminarles la cara a los jóvenes y felicitar a su hermana, felicitarla y darle las gracias por conseguir tan buena oportunidad. Los más jóvenes la abrazaban, casi tumbándola al suelo, ella reía y cargaba a Mei y Hana, los cachorros de la manada Sagae correteaban y jugaban con su alfa.

Isuke los observaba sentada en el sillón, era una escena desordenada y caótica, pero aquellos mocosos le hacían recordar algo, la vez en que su papá fue ascendido en su trabajo luego de pasar por un mal momento económico, no tenía más de 13 años y saltaba en los muebles hasta los brazos de él cuando se lo contó a ella y Eisuke. Tal parecía que no eran tan diferentes todos ellos, pensó a la vez que discretamente tomaba sus cosas para ducharse.

―Deja ya de mover el rabo, molestas a Isuke―dijo en medio de la oscuridad, Haruki no se mantenía quieta, desde que se acostaron había estado moviéndose en la cama y soltando risas que al parecer de Isuke eran estúpidas.

La noche era calurosa, estaba impregnada de un calor sofocante que la hacía querer dormirse sin ropa, pero a falta de tales posibilidades se había quedado en ropa interior y si cubrirse con las sabanas.

―No puedo evitarlo Isuke-sama, estoy feliz, feliz por haber entrado, al fin mejoraremos, al fin viviremos mejor, no más deudas ni prestamos―Haruki había puesto un pequeño ventilador en la habitación del cual Isuke se había apoderado desde que entró al cuarto, indicándole donde debía ponerlo para que el aire le arrullara por la noche, pero no funcionaba tan bien como esperaba, la corriente era irregular y sólo la irritaba más en conjunto del entusiasmo desbordante de la pelirroja.

―Si no calmas tus ansias, Isuke te pateara al suelo.

―Jeje de acuerdo, buenas noches Isuke-sama, que descanse.

Se cubrió hasta los hombros y se acostó boca abajo para dormir, la sonrisa en su cara no se quitaría esa noche e Isuke tampoco intentaría nada que en verdad le quitara la felicidad del rostro.

La mañana era fresca, había rocío sobre el césped recién cortado. Era un hermoso viernes, el último día de clases en la semana para los jóvenes estudiantes, los chicos se despertaban entusiastas en comenzar ese día para quedar libres el resto del fin de semana. Los cinco jóvenes Sagae se habían ido sin desayunar, sólo un vaso de agua y era todo. Sus cuerpos jóvenes no funcionarían bien pero seguramente su hermana Misuki les conseguiría algo de comer en la hora de descanso, era un pequeño secreto que mantenían entre ellos, ninguno se lo decía a Haruki, pues no querían decepcionarla pero sus estómagos rugían por comida.

La hora era de lo más tranquila, Mei y Yuki dormían apacibles en la cama que compartían, Fuyuka usaba el sofá de Saburo para hacer lo mismo y este aún no volvía a casa. Para todos era un día que comenzaba bien, salvo para Isuke, sentía una pequeña comezón en la garganta conforme abría poco a poco los ojos, era una molestia pequeña pero presente de la que sabía comenzaría a empeorar conforme pasara el día. ¿Alguna vez han sentido una fibra en su garganta? Parecido a tragar papas fritas sin masticarlas o mojarlas con saliva, como si bajaran lentamente mientras rasguñan tu tráquea, pasas saliva y duele. Así se sentía Isuke, su garganta le dolía horrores al despertar y al hablar su voz no era la suya, era poco más de un susurro mientras ella trataba de gritar, sentía mucho dolor por ello, era una gran molestia… y murió. Bueno no, no murió, pero hacía tanto drama que parecía que lo haría, despertó a Haruki moviéndola por el hombro para que despertara, una odisea en si misma por todo lo pasado el día de ayer, por lo que recurrió al plan B: patearla fuera de la cama para que despertara.

―Buenos días para ti también Isuke-sama, ¿dime, se volverá rutina despertar así?―dijo con el ceño fruncido, subiendo otra vez a la cama mientras rascaba su cabellera y bostezaba― ¿Cómo dormiste Isuke-sama? ¿Tomaras el baño primero o quieres ir a desayunar? ¿Isuke-sama?

Presto más atención a la chica que movía la boca pero no se escuchaba más que un susurro, aparte se sujetaba la garganta como si le doliera.

― ¿Te duele la garganta?―la pelirosa la miro con una ceja levantada, Haruki no necesitaba escucharla para saber que la estaba insultando―je lo siento lo siento, entonces no puedes hablar―niega con la cabeza―um…creo que fue por el día de ayer y tampoco te tapaste con la sabana, tenías el ventilador directo a ti, eso debió enfermarte y ayer mientras estabas en el café cerca de la puerta―dijo dándoselas de lista mientras rascaba su barbilla―tu cuerpo estaba caliente y sentía el aire acondicionado que salía, eso desestabilizó tu temperatura interna y afectó tu garganta. Je quien lo diría, la gran Inukai Isuke es enfermiza―Haruki no recordó que el dolor en su garganta no afectaba la fuerza de sus brazos.

Alex: Hola, buenas noches, serán más o menos las 11:30 en estos momentos, pero por fin está aquí la actualización de la pequeña que ya se había tardado jeje... el tiempo se nos fue con deberes, responsabilidades y otra boca más que alimentar.

DamyD: 11:54 en realidad. Una boca más que pedirá nuestra atención mañana*frota sus ojos algo cansados. Vaya que tardamos, pero estoy muy segura que a todos ustedes les gustara más de una escena y también que gritaran en otra.

Alex: Varias risas más que nada en este capítulo, quisimos darle algo sencillo y apacible, una tarde llena de momentos divertidos, al menos de momento, así lo requiere la historia, drama, enredos y climax aun están por venir. Por ahora rían un momento y perdonen la tardanza *le da un pequeño codazo a la chica. No tienes algo que decirle al público?

DamyD: *lo señala con el dedo, este tipo es un padre desobligado que no le presta atención a su hija.

Alex: Ah! Espera, espera ¡¿De dónde viene eso?!

DamyD: De mi boca, de donde más? *se pone frente al público, esperemos que se pasen por la bandeja de comentarios con su opinión y también que apoyen al hermano menor de esta pequeña*dice con una sonrisa.

Alex: No, no, no. Espera señorita, yo no era el que pasaba una semana cuidando de ella sin que hubieran avances *le pellizca la barriga. Desobligado? Je, mejor ve a trabajar a la "fabrica" de carbón.

DamyD: *le jala la oreja y lo suelta, cayendo este en el armario de escobas, no des guiños baka baka. y bueno, luego de encargarnos del vago, aquí nos despedimos, esperemos tengan una buena, madrugada, mañana, día, tarde o noche.

Alex: *regresa sobándose la oreja. Yo me refería si no ibas pedir disculpas, chica. No soy un des obligado para dejar así a la pequeña.

DamyD: Ah SÍ, eso tambien, disculpen*bosteza, bueno, para nosotros es noche así que, nos vemos chicos, espero que disfruten y esperen con pasiencia. Bye bye.

Alex: Me vas a sacar canas verdes... buenas noches gente, disfruten del escrito, nos vemos en otra ocasión.