Manos a la obra
"Tantantararan-tantantararan-tantantararan". Era una agradable mañana de verano, fresca gracias a la niebla que se extendía por toda la ciudad, o eso se intuía, no se podía ver más allá de la cerca que bordeaba el complejo de apartamentos. Un ojo de iris naranja se abrió con el acompañamiento de un gemido quejumbroso, Isuke se levantó apoyándose en los codos, no sentía el cansancio de siempre en su cuerpo, tampoco el rezago de un sueño que le ayudara a dormir una hora más, su cuerpo descansó lo que necesitaba y estaba listo para iniciar un nuevo día.
"Tantantararan-tantantararan-tantantararan". Miró en dirección a la chica pelirroja, tenía la boca entreabierta y la cara ladeada en su dirección, al igual que las piernas, se veía como una persona normal al dormir, pocas veces la había visto así luego que salieron de la academia. Desde que empezaron a compartir habitación como antes ella se acercaba a abrazarla pegando los cuerpos, buscando mayor comodidad para ambas en esa cama tan estrecha, invadiendo espacio personal, que hasta cierto punto Isuke toleraba, llegando a acostumbrarse sin notarlo.
"Tantantararan-tantantararan-tantantararan". Pero era hora de despertar y la chica era inmutable, parecía no escuchar la alarma por más alto e insistente que esta sonara. El celular estaba del lado de Haruki, Isuke pensó en subir sobre la pelirroja para apagar el fastidioso aparato pero sólo se ganaría una situación molesta en cuanto la idiota despertara y la encontrara sobre ella. Soltó un suspiro y se decidió por la primera cosa más suave y directa de su repertorio. Empujarla fuera de la cama. Se movio con la suavidad y destreza de un gato casero hasta apoyar un pie sobre las costillas para empezar a empujar.
―Espere, espere, Isuke-sama, ya estoy despierta―dijo la pelirroja sentándose, su cabello una maraña como cada inicio del día, bostezo un poco mientras lo rascaba, tomo el celular apagándolo a la mitad de su desesperante ritmo―no quiero que se haga costumbre patearme fuera de la cama. Buenos días―estiró los brazos con una sonrisa. Al fin, primer día de una nueva vida, trabajo honrado y bien pagado, alejarse de ese mundo oscuro y sucio de asesinatos para siempre. Teniendo como excepción a la chica a su lado, una fiera en reposo a la espera de su próxima presa.
―Isuke no te patearía si apagaras eso antes que despierte a Isuke~3
―Déjalo a la costumbre, en cuestión de semanas será innecesario poner alarma―tomó su toalla y ropa interior de un cajón, el agua estaría fría pues el clima ya de por sí le advertía que se helaría al entrar por su baño, daba igual, acostumbraba recibir cuchilladas frías sobre su cuerpo cada mañana en los peores escenarios cuando tenían gas suficiente para la comida y ni un lujo más.
―Isuke no planea esperar a que eso se haga costumbre~3
Haruki se detuvo empuñando la perilla de la puerta. Verdad, casi olvidaba que aquella chica estaba de paso por allí, poco más de una semana y dejó de lado ese detalle. Se encogió de hombros para restarle importancia. No conocía del todo bien a Isuke y tampoco parecía que esta se fuese a dejar conocer, estaba allí por un inconveniente y nada más.
Aun así, le gustaba tenerla allí, pese a todos los problemas era gracioso, el ambiente en casa cambiaba con tener a Isuke dentro de la ecuación, a sus hermanos les gustaba que estuviera allí, era un poco peligroso pues no sabía cuándo acabarían con la paciencia de esta y su naturaleza aflorara. Pero en contra de aquel peligro estaba dispuesta a jugárselas y salir a trabajar, dejándolos a su entera disposición. Uno pensaría que con eso Isuke poco a poco se acostumbraría y hasta disfrutaría de estar allí con todos ellos, pero por lo que escuchaba la peli rosa tenía planes completamente distintos a los de Haruki.
Abrió la puerta del baño sin decirle nada, no era su asunto, ella debía trabajar y tenía una hora para prepararse.
Salió pocos minutos después con el cabello goteando donde la toalla aun no secaba, usaba un conjunto de ropa interior blanca, teniendo en consideración la camisa que podría transparentarse.
― ¿Olvidas que Isuke también vive aquí? Si a esto se le puede llamar vida~3
―Ya me has visto así antes―dijo sonriéndole, habían compartido bañera con otras chicas en la academia difícilmente esto sería peor, terminó de secarse el cabello y lo enrollo en la toalla mientras iba vistiéndose, con la misma ceremonia que la noche anterior, primero la camisa que picaba para después meterla dentro de los agradables pantalones y chaleco.
―Sirviente, tráele a Isuke un café con tres de azúcar y leche~3
―Jaja muy graciosa Isuke-sama―dijo abrochando los botones al final de las mangas de la camisa.
―No es una broma, Isuke quiere tomar un café~3―dijo sonriendo, parecía disfrutar con acortar el tiempo de la pelirroja para llegar al trabajo.
Haruki suspiro, calzo sus zapatos y tomo una liga para su cabello.
―Vale, dame un minuto―dijo saliendo del cuarto a la vez que sus hermanos salían del propio fregando sus ojos adormilados―buenos días tropa, ¿listos para iniciar la semana?―preguntó, en la estufa se hervía el agua con una vieja cafetera, un café no le vendría mal, quería tener algo en el estómago pues no sabía cuál sería su jornada de trabajo, esperaba no tener que volver tan tarde, quería estar en casa para seguir cuidando de sus hermanos y de cierta chica que toma con mucha azúcar su café―una esperaría que fuese más dulce si toma el café así―vertió agua caliente en una taza especial, era de color negro con la palabra GAMER en la parte inferior, la pantalla negra dibujada en la taza tomó colores y formas mostrando un antiguo juego pixeleado de un animal azul que corría a velocidades supersónicas. Era su taza favorita, la usaba siempre y pobre de sus hermanos si alguno la tomaba. El resto del agua caliente era para su propio café.
― ¿Lista para tu primer día, Haruki-nee?―preguntó Fuyuka, servía sopa de miso en pequeños cuencos para los niños, la tormenta cabeceaba y su hermana Misuki tenía su melena en la mesa, Hayaka y Hana eran las primeras en tomar un baño mañanero―lamento no poder hacerte un bento, la comida está justa para toda la semana, el casero vendrá hoy y si no tiene su paga…regresará en la tarde para desalojarnos―bajó la mirada un poco preocupada, debían 6 mes de renta, aun juntando todo lo que Haruki escondió para emergencias y lo que iba dirigido a la comida de la próxima semana aún restaban a la mitad. Haruki puso sus manos en los hombros de su hermana menor.
―Hey, tranquila, dile al señor Funami que después le pago con adelanto del próximo mes, eres inteligente, sabrás como convencerlo―tomó ambas tazas y camino a su cuarto―te prometo que no habrá más retrasos Fuyuka, para eso estoy aquí con ustedes―sonrió y le guiño un ojo. Camino al cuarto para entregar a la pelirosa su taza.
―Tardaste~3―dijo Isuke extendiendo la mano para tomar su café pero Haruki la apartó un poco.
―Te doy tú café pero debes hacerme la cordata de ayer, se veía muy elegante―dijo Haruki ganándose una mirada aburrida de la pelirosa― ¿Y bien?―bebió de la suya dejando salir un suspiro de satisfacción por el líquido caliente que bajaba por su garganta, nada mejor en una mañana donde los nervios pueden traicionarte y obligar a tu estómago devolver los panqueques del desayuno.
La pelirosa soltó un suspiro antes de responder:
―Si no hay opción, dame la taza del erizo~3―dijo cerrando los ojos al beber lo único que entraría a su cuerpo por el resto de la mañana hasta la hora de comer.
― ¿Isuke-sama conoce el videojuego? Ahora lo eh visto todo―metiendo un matiz de drama al beber la última gota de su café con sólo una de azúcar y sin leche.
―Más sorprendente es que sepas lo que es un videojuego si es obvio que jamás tocaste uno~3―dijo con saña.
―Hey, tranquila, si tuve hace mucho un videojuego, no recuerdo mucho de él pero sí que era de ese personaje―señaló la taza en manos de la pelirosa―fue antes de que llegara Misuki, antes de su nacimiento mamá tuvo que venderlo, se fueron muchas cosas antes de ese nacimiento y muchas otras más con los que siguieron, es el único recuerdo que me queda, hasta me da algo de nostalgia cuando veo la taza―Isuke se la dio luego de acabar con su dulce café, señalo la corbata negra puesta sobre la silla.
―Tráela baka, Isuke no se levantara a buscarla―No tardó más que el día de ayer, unos cuantos nudos y tenía todo listo para irse, se miró al espejo mientras arreglaba su cabello, pensando en tomar el autobús o caminar, la mañana era algo fría y tenía tiempo suficiente para llegar puntual― ¿Qué no llevaras los guantes o planeas usarlos sobre el traje?―no fue difícil para Isuke suponer que el trabajo de Haruki tenía algo que ver con sus tácticas de lucha, pues la vio usarlos el día en que la evaluaron.
―No creo que los necesite, los llevaré luego que me ubique en donde sea que me quieran. Bueno es hora de irme, gracias por ayudarme con la corbata, Isuke-sama, quizás deba aprender cómo es que lo haces, nos vemos―agitó la mano y cerro tras de sí. La chica suspiro ¿y ahora que se supone que haría en todo el día?―nos vemos chicos, espero no llegar muy tarde, cuídense―aventó una caja a medio comer de pockys a su hermano y puso uno en su boca. Se sentía emocionada por lo que vendría.
― ¿Creen que le vaya bien yawn? ―dijo Arashi. Los pequeños aun en pijama se amontonaban alrededor de la mesa, la lucha por la comida y un espacio en la mesa era más calmada y un espectáculo adorable en el que cachorros adormilados se empujaban por su lugar asignando no queriendo ser el que se quedaría sin comer galletas. Fuyuka más despierta y responsable se paseaba alrededor de ellos, sirviendo frente a ellos un plato grande con galletas de avena y a su lado otro con pan dulce de postre luego del miso, delante de cada uno de ellos una taza llena de leche caliente con miel.
― ¿A Haruki-nee? ―respondió Saburo, apartado del resto se encontraba recostado en el sofá, leyendo un libro a espera de que sus hermanos pequeños terminaran su desayuno y le dejaran un poco, cuando la mesa se hubiera desocupado se sentaría en ella a comer junto a su hermana mayor mientras sus hermanos comenzaban a arreglarse para la escuela ―Claro que sí, ella siempre logra hacerlo de maravilla en su trabajo, es su mejor cualidad, nunca ha fallado en ese aspecto.
―Cualquiera que sea ese trabajo ―agrego Mizuki en tono sarcástico, levantaba un pedazo de pan mientras pronunciaba estas palabras en honor a su hermana.
―Je, sí, cualquiera que sea ese trabajo… ―su mirada volvió a fijarse en las páginas de su libro, alguien en la casa tenía que darle atención o terminaría por empolvarse en un rincón, hasta la llegada de Isuke y su reciente interés por Mysery los únicos que leían eran él, Haruki y Fuyuka e incluso ellas no lo hacían muy a menudo salvo para alguna tarea de la última.
Del otro lado de la puerta se encontraba Isuke recargada, sin nada que hacer más que leer hasta que llegara Haruki de nuevo, pero eso no era suficiente para distraerla todo el día, después de unos momentos terminaba por aburrirse de la lectura arguyendo que le dolían los ojos o la cabeza y entonces no había nada más que hacer que dormir y revolcarse en la cama, en ocasiones desesperadas salir a la sala y arrebatar el control de la tele para su ocio. Había estado ahí desde que Haruki cerró la puerta tras ella, escuchando como esta salía del apartamento y la conversación de sus hermanos.
―Justo como sospechaba, aunque no era difícil de adivinarlo ~3. Tu familia no sabe nada del sucio mundo en el que estas involucrada are are, te has hecho más interesante de repente, tú y tus hermanos, me preguntó que otros secretos les esconderás… y a mí. Bueno, tendré que sacártelos uno a uno~3―entre sus manos se hallaba la navaja dentada con el mango en forma de águila, el interesante recuerdo que se había llevado mientras husmeaba en el viejo baúl del armario, jugueteaba con los dedos la punta que había perdido filo con el paso del tiempo, a diferencia de su dueño original, cuyo filo había aumentado con el paso de los años.
Fuera de la habitación y del hogar, el sol comenzaba a elevarse sobre la tierra y perforar sobre aquella neblina. En breve las calles se llenarían de vida y el estrés típico de las grandes ciudades. Cada ser con responsabilidad a cumplir se levantaría obligado a atender sus asuntos, algunos para traer sustento al hogar, otros por sus padres que tenían que arrastrarlos fuera de su cama para y otros por la mera necesidad de superarse día a día.
Haruki era una combinación de los tres. Tenía una camada de cachorros de los cuales cuidar incluyendo a una fiera que moraba con ellos, había sido arrastrada fuera de su cama por esa misma fiera que milagrosamente había tenido un mejor humor del habitual, y por ultimo ese trabajo que representaba un cambio en la manera en que se ganaba la vida, algo que era digno de respeto y honroso.
Por esto importaba poco el sudor que llegara a sentir mientras corría hacia las instalaciones de su nuevo empleo, teniendo cuidado de no maltratar cierta carpeta que cargaba en manos, al final de cuentas el lugar estaba climatizado, ya podría descansar allá, aunque fuera de pie. Por ahora la emoción de lo desconocido la inundaba y no la abandonaría hasta que el día terminara y tuviera que volver casa, después de conocer el edificio, su tarea y a sus nuevos compañeros esa hambre sería saciada. Había personas con las cuales platicar; probablemente estaría ahí Toboe alguien con quien bromear y divertirse en medio del trabajo; la recepcionista un poco antipática seguramente estaría ahí para recibirla e intentaría hacerse su amiga; probablemente el tipo al que había derribado el día de prueba y el de la noche en que encontró los edificios estarían ahí, incluyendo a Ryu a quien creía haberle caído bien y su nuevo jefe y superior a quien aún tenía que conocer. Había mucha gente con lo cual conversar, algunos para bien y otros para mal, ellos eran sus nuevos compañeros de trabajo. "Lo que ha de sonar que suene" pensó mientras corría.
La vista del lugar intimidaría a cualquiera, especialmente a los primerizos en el campo laboral, por la mente se pasa esas bien fundadas preocupaciones que surgen al entrar a un nuevo entorno, llámese escuela, ciudad, etc. ¿Hará bien el trabajo? ¿Sera difícil? ¿Cuándo darán la primera paga? Sagae sólo se preguntaba por la última, tuvo tantos trabajos diferentes en el pasado que ahora sólo sentía las ansias de iniciar ya.
Se dio el gusto de plantarse frente a las puertas de cristal y tomar ambas manijas, se imaginó empujándolas a la vez y formar una entrada dramática para su primer día pero se decantó con una sonrisa por jalar la de su izquierda y entrar.
―Llegas a tiempo para variar―sonrió al ver un rostro conocido entre varios hombres que vestían igual que ella. Toboe, su nuevo amigo y competencia le saludaba desde su lugar frente a la mesa de la recepcionista. Haruki sonrió, levanto una mano saludando al chico mientras se acercaba. Parecía que este llevaba un tiempo allí plantado, conversando con la mujer de cabello plateado, y ella parecía que quería que este se fuera y la dejara iniciar una semana más en calma..
―Y tu pasaste la prueba para variar―posó la vista en la chica de cabello plata, escribía afanosamente en su computador, era temprano en la mañana y la mujer ya tenía trabajo, admirable si se lo preguntaban, pensó en las monedas dentro de su cartera y su vista se posó en la máquina expendedora, perfecto―buenos días, Omuro-san―dijo sonriendo, se alejó a la máquina puesta entre un pilar y una pared, entraba perfectamente.
―Sagae Haruki―levantó su vista curiosa por cómo se le veía el uniforme, ignorando por completo la charla molesta del rubio, esperaba que no muy mal teniendo en cuenta los problemas que siempre surgen cuando asuntos de tallas se refiere, ya no hablemos que una chica vista ropas que originalmente eran para varón. Para su sorpresa y vergüenza estas encajaban perfectamente en su cuerpo, un ligero sonrojo se fue acentuando en sus mejillas a como sus ojos la recorrían de arriba abajo. "Ese pantalón…―tragó en seco―se ajusta perfectamente, todo le queda muy bien" Desvió la mirada antes que la pelirroja notara su escudriño, ya frente a su escritorio le ofreció una lata de café negro directa de la máquina, Saori alzó la vista sin comprender, Toboe lanzó a Haruki la primera mirada amenazante del día, parecía que la chica se empeñaba en hacerle competencia en absolutamente todo. También en conseguir el número de la recepcionista.
―Las mañanas de un lunes son duras, quizás te haga falta―por suerte su mano no tembló al tomarla, estaba fría, fue cuidadosa en no rosar sus dedos, a su edad no le iban esos clichés románticos de películas, musitó un quedo gracias, no podía beber nada en su área de trabajo pero si escondía la lata bajó la sección que sobresalía, en la que el chico apoyaba un brazo, no habría problema― también tómalo como un pequeño gracias pero mi invitación a una cena sigue en pie―le guiñó un ojo.
― ¡Sagae, explícate que quieres decir con cenar! ¡Llevamos menos de una hora aquí y quieres llevar a la señorita a cenar!―dijo alterado el rubio, Haruki alzó una ceja y sonrió encogiéndose de hombros, sacando aún más de sus casillas a Toboe, iban a armar un revuelo si no los detenía.
―Ejem―aclaró su garganta llamando su atención, ajustó sus lentes antes de hablar―vayan a la sala de juntas donde recibieron indicaciones el día de la prueba, allí pasaran uno a uno a la oficina del jefe de seguridad para firmar su contrato, luego de ello se les asignaran sus horarios, al igual que las labores que deberán cumplir y en qué área.
―Algo así como una orientación―dijo el canario apoyando un codo en el escritorio y lanzando una sonrisa pícara a la chica―espero seas tú la que nos lo de, será más fácil ponerte atención―dijo en su último intento desesperado de coqueteo.
Haruki aguantó la risa al ver porque Toboe seguía plantado en ese lugar, la chica había llamado su atención, no había duda de eso, pero dando una mirada a la joven se veía que esta no estaba interesada; tomó el brazo del chico jalándolo con ella a la puerta al final del pasillo, quitándole la incomodidad de en sima a la recepcionista en contra de las protestas disimuladas del rubio.
―Nos vemos después Omuro-san y nuevamente gracias por todo lo hecho hasta ahora―le dijo/grito por sobre su hombro. La recepcionista pudo respirar tranquila después de escuchar la puerta cerrarse.
―Mucha suerte, la necesitaras―dijo pensando en el jefe.
―No puedo creer que me hicieras eso, a mí, a tu mejor amigo―dijo en tono dramático, se sentaban uno a lado del otro, delante de ellos habían 5 hombres más, la fila avanzaba a buen ritmo, no existía una pauta para el tiempo que se tomaba cada uno allí dentro, uno tardó 5 minutos, otro sólo 3, el que acababa de pasar ya se estaba tomando 10, parece que sólo saludaban al jefe y firmaban en medio de una plática ocasional para quedar bien, Ryu era el que los llevaba pero se aparecía de regreso solo, quizás enviando directamente a trabajar al individuo. Sea como fuese, el tiempo pasaba rápido cuando tenías a alguien con quien charlar.
― ¿Cuándo dije que éramos amigos? Apenas y conozco tu nombre―buscó la caja de pockys pero recordó que se la dejo a su hermana, no se vería bien comiendo esos panes con chocolate vistiendo ese elegante traje.
―Cuando empezamos a conversar, estaba implícito―dijo haciendo ademan con las manos en señal de introducir una hoja entre otras.
―Yo ni siquiera tengo amigos, no exageres, tampoco hice nada malo.
― ¿No tienes amigos? ¿Nadie?―no creía tenerlos, conocidos quizás como la chicas de la clase negra pero ¿amigos? Lo dudaba mucho.
―Pues no, sólo hablo con mis hermanos, no entablé muchos lazos en la secundaria y sólo me dedicaba a mis empleos de medio tiempo y me iba, el centro de mi mundo es mi familia―dijo sacando su celular y observando el fondo de pantalla, Toboe se acercó a ella para ver aquello que la hacía sonreír. Allí estaban sus hermanos durmiendo junto a Isuke, Fuyuka aparecía también en la foto siendo la única que sonreía.
―Pero que hermosura―dijo el otro quitándole de las manos el celular, ella no entendió a qué se refería hasta verlo babeando por la foto, sabía la respuesta antes de pensar u oír de ella―esa chica de cabello rosa esta hermosa, debes presentármela, ¿Quién es? ¿Cómo se llama?
Le arrebató de las manos el celular, no le agradaba la forma lasciva con que observaba a Isuke, ver a la pelirosa y a su compañero de trabajos en una relación se le antojaba desabrida, no por tener algo en contra de Toboe o Isuke, sino que la chica le parecía alguien que no estaría con cualquiera, jugaría con el primero que se paseara por enfrente de ella pero la creía incapaz de sentir algo por alguien, salvo sus padres eso estaba claro para ella, esas personas abarcaron la totalidad de su corazón y sólo dejaron las migajas para el resto del mundo. Sabía que esa fiera en calma no la consideraba por lo menos una amiga.
―Una huésped en mi casa y no, no puedes ir a visitarme, es más no te daré jamás mi dirección―respondió adelantándose a los pensamientos del chico.
―Hey colorada, tu no me quieres como acosador y yo tampoco quiero seguirte luego del trabajo, así que mejor dime quien esa muñeca, anda, a ti de nada te sirve guárdatela―respondió con una sonrisa que seguramente le abrió muchas puertas y piernas pero que con ella no funcionaría.
Estaba por responderle mencionando objetos de un tamaño no apropiado para cierta parte muy personal de su anatomía cuando Ryu los interrumpió llamándola.
― ¡Sagae, después le preguntara al señor Toboe cómo se tiñe el pelo! ¡Ahora muévete, no hagamos esperar más al jefe!―"insistí demasiado en ti para que nos decepciones" pensó caminando a la sección que unía ambos edificios, esta era un corredor con ventanales impecables, el sol ya se mostraba victorioso su lucha contra la neblina, caminar ese tramó no se sentía diferente a caminar fuera en el pasto. Se apreciaban las paredes de ambos edificios, pese a ser altos se encontraban impecables, no veía moho ni nada parecido en los generadores de calefacción, en el hospital en que residía su madre, los conductos de ventilación se veían negros, pocas veces se limpiaban pese a ser un lugar donde la higiene era lo primero―entras, te presentas, entregas tus papeles y esperas a que él hable, el jefe no tiene mucha paciencia con los nuevos así que no lo saques de sus casillas ¿entendido?
―Sí, señor―eso sonaba más a un general militar en sus oídos que al jefe de seguridad en un edificio cuya razón de ser desconocía, daba igual, un lugar tan grande seguramente trabajaba con seguros de vida o algún fructífero giro en la economía del país, posiblemente sea del gobierno.
Tomaron el elevador hasta el sexto piso, al abrirse las puertas ante un largo corredor con puertas a mano derecha, a la izquierda paredes acolchadas con pequeños pasillos que conectaban con otro corredor pero diferente, menos puertas y con enormes ventanas en vez de paredes. Llegaron frente a la puerta al final de este, nada fuera de lo común. Sólo era la oficina de su jefe.
―El jefe te mostrara el papel que debes firmar, esperare en la entrada que conecta a los edificios ¿crees poder llegar allí?―la chica asintió y Ryu no espero para tocar la puerta, se escuchó una la voz taciturna pronunciando un seco pase, el hombre tuvo la caballerosidad de abrirle la puerta para que esta pudiese pasar.
Quedó fascinada por la sencillez y seriedad en esa oficina, todo en un equilibrio precario donde quien trabajaba en ese lugar no dejaba muchas cosas personales a la vista, ningún diploma, foto enmarcada de su familia, amigos o pareja, nada que hablara del hombre en ese lugar pero de todas formas el lugar completo daba la sensación de pertenecer a aquel hombre fornido que fumaba un cigarrillo recargado en el sillón de cuero mientras observaba la estantería de libros con una carpeta en mano, unas cuantas más en frente, seguro de todos los hombres antes que ella, unas hojas a su alcance en la mesa, ese era el suyo.
―Buenos días―dijo acercándose y depositando su propia carpeta al alcance―Sagae Haruki―esperó de pie al primer movimiento del hombre. No perdía detalle de él, no podía tener más de 40 años con cabello rojo oscuro, mirada endurecida y metalica.
―Toma asiento―depositó la carpeta sobre las otras y tomó la suya, apagó la mitad del cigarrillo en un cenicero, a Haruki no le agradaba mucho el aroma, pero en conjunto del aire acondicionado y el aroma en esa oficina no le parecía molesto― ¿Por qué crees que debería contratarte? No existe referencia alguna en que demostraras que trabajaste en algún area parecida a esta, más bien, fueron varios oficios y cada uno tiene poco en común con los otros―dijo ojeando su carpeta. No la veía, su rostro se mantenía serio, no mostraba expresión alguna, llegando a la última hoja, el diploma de la academia, lo extrajo del montón y lo examinó a conciencia, quizás buscando algo que dijera que es falso.
―Como puede ver, provengo de la prestigiosa academia Myojo―habló con un tono asertivo y confianzudo, pensó en Isuke y la manera en que lo usaba también, segura de sí misma, usar sus métodos podría funcionarle para variar y siendo sinceros, al vivir con la pelirosa aprendía ciertas cosas de las cuales era difícil zafarse―estoy segura que ninguna de las personas que han venido y vendrán pudiesen tener mejores referencias académicas que estas―el hombre tenía las cejas inclinadas en clara señal de ligera molestia, pero la pelirroja no paró allí―tengo entendido que este lugar toma muy en cuenta, no sólo el área física en la que por cierto derribe a uno de sus guardias y supere las pruebas que ustedes impusieron, sino también el área académica, siendo así soy la mejor persona que usted podría llegar a contratar―dándose aires de grandeza, entendía ahora porque Isuke era tan narcisista, cuando podías presumir de tus virtudes era casi imposible no hacerlo.
Sato estaba harto, no esperaba una alegoría sobre una pregunta tan sencilla que sólo se pronunciaba por rutina, importando poco cómo se respondiera uno iba a ser contratado. No aguanto más y en un movimiento, que hacía ya años que no hacía, hizo un puño con la mano y se inclinó lo necesario para dar un golpe en la cabeza de cabellos fuego, una vena palpitando en su cabeza perdió tamaño luego del golpe, exhaló sintiéndose mejor y miró a la chica: Haruki cerraba los ojos y sus manos sobaban la zona afectada. Su boca no mostró sonrisa.
―No necesitaba tanta alegoría, Sagae―dijo con voz firme.
―Entiendo señor―dijo con rapidez, ese golpe había sido una sorpresa para ella, no se lo esperaba para nada, no había sido con todas sus fuerzas, estaba segura, ese hombre debía tener una fuerza descomunal pero aun así le había dolido el golpe, se sentía como niña regañada y al mismo tiempo fuera de lugar.
―Ese es su contrato, contiene fecha de inicio pero no de termino, esa última dependerá enteramente de usted y la manera en que se desempeñe en mi empresa―Haruki tomó el papel leyéndolo con una lagrimita queriendo escapar de su ojo―también la cantidad que recibirá cada dos semanas, la primera paga será el lunes próximo. Como puede ver soy una persona estricta y no tolero la presunción, nadie aquí es mejor persona que los demás, los castigos que impongo son siempre físicos y no le tendré consideración por ser una chica. Lea bien y si existe alguna duda o inconveniente sobre la violencia de genero puede compartirla.―La observó leer el contrato sin perder detalle, era una chica en toda regla, llamaba su curiosidad. Negó con la cabeza, no podía esperar nada de esa chica, es tren ya se había ido. Hace muchos años. Cerró los ojos.
―Listo, no le veo problema alguno―dijo ella obligándolo a verla, portaba una radiante sonrisa producto de la juventud de la que era poseedora, le hizo recordar épocas mejores aquello lo molestó, su cara dio fe de esto y Haruki se encogió en su lugar rehuyendo a aquel enojo sin razón, había aceptado el trato que se otorgaba ahí pero no quería recibir otro golpe "Este es peor que los militares"―lo siento por la manera en que hable, no volverá a ocurrir jefe―se levantó e inclino en señal de arrepentimiento, Sato desvió la mirada.
―De aquí a más debes referirte a mi como Sawada-san, con esto listo―recogió el contrato firmado y lo metió en la carpeta que trajo ella―puedes retirarte, Ryu te dará instrucciones de lo que harás a continuación―se levantó estrechándole la mano, Haruki sintió un agarre de acero caliente y miró a los ojos a su jefe, este le indico con un movimiento de cabeza que saliera de su oficina, dio otra inclinación respetuosa y buscó a Ryu. Observaba todo el lugar, aquel donde pasaría buena parte de su tiempo.
El hombre en la oficina gruño al sentarse, la rodilla le dolía horrores y apenas iba por la mitad del trabajo, observó nuevamente los papeles de la chica pelirroja y abrió el primer cajón de su escritorio, dentro una pistola, la observo con el ceño fruncido, cómo desearía poder eliminar cada recuerdo que regresaba a atormentarlo. Se prometió tener un ojo puesto en esa chica y con eso cerró la gaveta.
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La rutina se fija en los primeros días en que hay un cambio importante en la vida y para Isuke aquel cambio era el de casa, acostumbraba a levantarse hasta la hora en que quisiera en casa de sus padre, desayunar aquello que su padre le dejara dentro del microondas y luego salir a las tiendas, disfrutar de películas, estar con la victima masculina en turno y entrenar con el fin de estar lista a cualquier trabajo que su madre tuviera en manos y necesitara su ayuda, tomar un baño, cenar y a dormir; su rutina cambiaba sólo cuando había que lavar algo o limpiar el apartamento, nadie lo imaginaría de ella pero sus padres ambos eran varones y no lo harían, el lugar se mantenía medianamente limpio y ordenado gracias a que a ella no le gustaba el desorden y suciedad, salía de su letargo para poder regresar a su mullido cojín con su alrededor brillante y resplandeciente. Las obligaciones de una buena hija.
La casa Sagae era diferente, despertar por la molesta cancioncita de celular de Haruki, ir a que le sirvieran un plato con casi nada en su interior de comida tradicional, que aunque no estaba nada mal no era de su agrado, trayendo consigo malos recuerdos pero su estómago se quejaba el resto del día si no lo hacía; tenía un poco de paz cuando los niños iban a clases, la cual aprovechaba para tomar un baño sin que hubiese interrupciones o el peligro de que los viciosos intentaran espiarla; leer en el cuarto de la pelirroja o permanecer en la sala sin más que hacer que interactuar con la pequeña Mei a quien le había cogido afecto, no era ruidosa ni traviesa como su hermana mayor de un año, sólo se sentaba a su lado o sobre su estómago y la escuchaba, no importando que fuese lo que decía o siquiera lo entendiese. Fuyuka, la segunda mayor resultó ser una chica de lo más agradable, era fácil simplemente hablar y estar en su compañía, la chica contaba de su día a día y ocasionalmente preguntaba algo a Isuke, estudios, intereses, a qué se dedicaba, en algunas cosas debía dar evasivas o mentir pero apreciaba sus pláticas al igual que las bolas de arroz con carne que preparaba, debía admitir que jamás comió unas tan ricas. Y estaba el cachorro adolecente prendado de ella, apenas regresaba a casa intentaba estar al pendiente de ella, cualquier capricho que estaba en sus posibilidades lo cumplía. Era lindo y agradable, y a Isuke le gustaba jugar con él, sonrojándolo, poniéndolo incómodo y metiéndolo en atolladeros, un joven que le mostraba su afecto incondicional y ella se regodeaba en sus atenciones.
Estar en esa casa no era ni por asomo lo mejor que pudo pasarle en la vida pero llegando a ese punto no le desagradaba tanto. Adaptarse. Era eso o enloquecer.
Pensaba en que hacer ahora que tenía el estómago saciado por unas horas y los ojos ya cansados de darle un escape de esa monotonía cuando todos estaban trabajando, limpiando, durmiendo o regresando de dejar a sus hermanos pequeños. Pensó en el cuarto, en toda la ropa que Haruki le entregó, la mayoría tirada por allí, revolviéndose con la ropa sucia que la pelirroja despreocupada dejaba caer en cualquier lado. No le agradaba la idea de limpiar el desorden de otras personas pero ya que debía estar allí por un tiempo que no se reducía a una o dos semanas, según la llamada de su madre, mejor sería hacerlo en un espacio agradable. Quería acostarse sobre una cama echa a tomar una siesta y descansar los ojos que gritaban por descanso.
Se vistió con un short oscuro de Haruki y una blusa azul de tirantes que apretaba, como siempre, sus atributos. Primero que nada recogió la ropa y separó la sucia de la limpia, no le resultó gran problema, la ropa de la pelirroja parecía que siempre traía una mancha de chocolate o el aroma conocido de salir a correr. El resto tras doblarlo lo metió dentro del armario. Lejos de estar complacida con el lugar tomó las tazas de café y platos en la mesita de noche y salió fuera del cuarto para dejarlas en el lavadero donde Fuyuka le agradeció por traerlas, hizo aquello bajo la mirada del joven Saburo que en ese instante se descalzaba para entrar. El chico se sorprendió un poco por la pequeña ayuda que dio la chica pero la dejó ser con una sonrisa complacida.
―Buenos días, Isuke-sama, me alegra que este levantada―dijo con su habitual ánimo―además de activa, gracias por traer esas trastos, me ahorra el trabajo de ir al cuarto de mi hermana a buscarlos.
―Isuke se cansó de estar en una habitación así de desordenada, quiere descansar los ojos en un lugar agradable y sin platos sucios a los lados―caminó a su habitación y el chico la siguió, queriendo serle de utilidad.
―Entonces déjeme ayudarla―contestó doblando todas las mantas y dejándolas en una silla, al igual que las almohadas, extendieron la segunda funda sobre la cama y cuidaron que no quedara ninguna arruga para poner la primera sabana, cuidando quedara simétrica en ambos lados, luego las mantas en la cabecera y sobre estas las almohadas. Sólo con ese pequeño orden la habitación cambiaba e Isuke sonrió satisfecha―quedo bien, tal y como esperaba de Isuke-sama―dijo el chico.
―Obviamente, Isuke es buena en cualquier cosa que hace―frotó sus ojos que le picaban―ahora vete, Isuke quiere descansar los ojos, ese libro es interesante pero debo dormir una hora para poder continuarlo.
― ¿Tiene cansada los ojos? ¿Quiere que le lea?
―No es mala idea, pero Isuke te pateara fuera de su habitación si empiezas a tartamudear y trabarte con las letras ¿entendido?―dijo, el chico sonrió feliz de pasar un tiempo con esa joven, no era ningún secreto que gustaba de ella y haría lo que sea que esta le dijera y de la mejor forma posible. La peli rosa se tumbó en la cama cerrando los ojos y le entregó el libro.
―Cuando él encontraba el paracaídas bajo el asiento, era algo limpio. Tal vez no demasiado realista pero limpio, sincero―comenzó a leer el chico, también se había tumbado sobre la cama, sostenía el libro en alto para que la pelirosa pudiera seguir en determinado tiempo la lectura, pese a lo cansado que podría resultar al pasar de los minutos, su voz era clara y fluida, Isuke lo escuchaba atenta e imaginaba cada cosa, divagó en un par de palabras recordando a sus noches como una cría en su cama, con mamá entregándole un vaso de leche con miel y leyendo cuentos para que la niña durmiera―Pensó en aquello sorprendido. Nunca dejaba de asombrarle la capacidad interpretativa que ella mostraba en algunas ocasiones. Y decidió que tenía razón. Limpio y realista podrían ser sinónimos en el mejor de los mundos, pero este no lo era.
―Pero escoja otro episodio―le dijo―, y descubrirá lo que está mal en lo que escribió ayer, Paul, así que escúcheme con atención.
―Soy todo oídos.
Isuke rio de pronto, haciendo que Saburo pausara la lectura y la mirara sin comprender.
― ¿Qué es lo que haces en los diálogos?―preguntó―esa voz grave de Paul y la chillona de Anne.
―Oh bueno, en primer grado de escuela básica escuché como mi profesora cambiaba el tono de su voz al leer un dialogo y otro, dijo que era para facilitar la imaginación pero si quiere dejo de leer así―ofreció, no quería que Isuke lo echara.
―Ja ja no, está bien, eso es divertido para Isuke, continúa―dijo volviendo a cerrar los ojos e imaginar todo lo que le leían.
Antes de que se diera cuenta había caído dormida.
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Una sensación parecida a la que experimento al ingresar en la academia Myōjō recorría su cuerpo. Dejando de lado el hecho de que algunos de los hombres que recorrían las instalaciones pudieran ser tan peligrosos como un asesino, se sentía pérdida en el mar de pasillos que había dentro de las oficinas. Aunque combinando ambas estructuras ni por asomo alcanzaran el tamaño ni la altura de Myōjō, eran lugares bastante amplios, en los que sería normal perderte las primeras veces que lo recorrieras.
Para su suerte los miembros más antiguos de la guardia estaban ahí para guiar a los recién llegados en su recorrido. De no haber sido por ellos imaginaba que hubiera tardado varios días, quizás semanas o más en saber al dedillo los rincones de su nuevo lugar de trabajo. Era normal que en lugares tan grandes los trabajadores no llegaran a conocer todos los lugares del sitio donde laboran. En oficinas como esa estas asignado a seguir un camino todos los días hasta llegar a tu cubículo u oficina, nunca conociendo otras áreas del edificio debido a la jurisdicción que se otorgaba.
Pero ella debía conocer cada rincón de ambas edificaciones. Si una situación se producía en cualquier lugar o en cualquier hora no podía actuar como una niña pequeña y pedir indicaciones a quienes ya corrían al punto de encuentro. Era su pensamiento el tener como prioridad memorizar cada rincón y esquina de esos laberintos.
Su guía era Ryu, lo que consideraba como un golpe de suerte. Era mejor el a cualquier otro de sus desconocidos nuevos compañeros. Eran mejor incluso que su nuevo jefe. Sospechaba que no le había dado una buena impresión a ese hombre de aspecto duro. No tenía idea de porque en ese instante había sacado la Isuke que llevaba dentro. Todos llevamos una dentro. Presumida, sádica, burlona, perezosa. Malas cualidades del ser humano y que a veces salen a relucir. Pero en ese momento había sido un error jugar a llevar minifalda color purpura y chaqueta negra.
La puerta del ascensor se abrió y de ella salieron el grupo de tres personas. Ryu, Haruki y Toboe.
―Este es el tercer piso, donde nuestros contadores se reúnen a jugar con números y llevar los gastos de la empresa. Tecleo incesante, papeles moviéndose y pasos desde el asiento hasta la copiadora son el pan de cada día en este lugar. Puede que ahora parezca vacío pero… bueno, no hay mucha diferencia entre sí hay personas aquí o no. No hay mucho ruido en este lugar más que el ruido de las teclas, me resulta tedioso, es como un salón de clases durante examen―suspiro con un tono que se acerca al tedio, pasó su mano por sus cortos cabellos dando una hojeada a las vacías y solitarias oficinas.
―Seguro que sí. La contabilidad no es el trabajo más emocionante que existe. Me moriría si estuviera todo el día frente a un ordenador anotando números ―dijo Toboe que ya parecía aburrido del ambiente de la oficina.
―Pareces un sujeto hiperactivo. Tú te mueres si estas quieto en un lugar por más de 20 segundos, ah, y a eso añádele que también sucede si no coqueteas con una chica linda ―dijo Haruki en tono burlón. La Isuke-sama que tenía dentro aún se hacía presente para las personas que lo merecía ―casi le lanzas un piropo a la pantalla de mi teléfono.
―Je, entonces te consideras a ti misma linda. Es bueno tener confianza en uno mismo, así no me aburriré y tendré alguien a quien "coquetearle"―dijo permitiendo una sonrisa dentada recorriera su boca.
―Cava cuanto quieras canario pero no encontraras ningún tesoro.
―Es bueno que allá compañerismo entre ustedes dos ―dijo Ryu, interrumpiendo las risas ―Tienes razón chico la contabilidad no es un trabajo emocionante, pero este la mayoría de las veces tampoco lo es. Se hace tedioso pasear por estos solitarios pasillos cada día. No te digo que morirás pero si podrías enloquecer ―dijo burlándose de ellos ―así que tus compañeros serán tu único apego a la cordura. Yo ya estoy algo deschavetado, juraría que a veces escucho gemidos en la oficina de la señorita Takako ―hizo un movimiento con la cabeza señalando una puerta junto a la que pasaban―si es que sigue siendo señorita.
Las cosas iban bien en el pequeño grupo, había química entre los tres. Ryu los llevaba por cada piso del edificio, mostrándoles lugares y localizaciones importantes, como el baño por tomar un ejemplo. Los dos pisos anteriores habían sido prácticamente iguales. Sobre todo en lo solitario de estos, lo cual le resultó de lo más extraño a la pelirroja. Mientras el canario y Ryu charlaban sobre ventajas y desventajas de su trabajo ella trataba de dar con alguna persona, mirando cada tanto los relojes empotrados en la pared, era lo suficientemente tarde para que la hora de entrada se diera y muy temprano como para que fuese la hora de comer.
―Sólo una vez nos encontramos con alguien…―dijo para si en voz baja. Un hombre regordete con gafas y cabello muy alborotado, dando el aspecto de ser alguien o poco importante para que su atuendo sea notado o muy influyente para poder prescindir de un buen aspecto. Venía caminando en dirección a ellos por pasillo con la nariz enterrada entre papeles, al alzar la vista Haruki pudo apreciar el miedo y preocupación gravados en aquellos ojos, pronuncio el nombre de su jefe y el hombre solo negó con la cabeza, limitándose a responder un "después hablamos, Tanaka-san". ¿De qué se supone que iban a hablar? Sabía que los altos mandos no hablarían de cualquier cosa frente a los novatos pero a que venía aquella seriedad.
―En el cuarto piso no será necesario tanta seguridad―dijo Ryu unos pasos adelantado con Toboe―la mayoría de las puertas dan a una sala de junta, les indicaremos cuando deben venir aquí. Les daremos equipo necesario, tendrán consigo radios y dependiendo de cuanta confianza podamos depositar en ustedes cargaran armas.
― ¿En serio? Genial, este trabajo tiene de todo, armas, buena paga y chicas lindas―dijo Toboe sonriendo para sí.
―Por supuesto, a las chicas les parecen atractivos los hombres con traje, así conquiste a mi esposa.
―Ryu-san―llamó la pelirroja.
― ¿Qué pasa, señorita Sagae?
― ¿Por qué no hay nadie por aquí? Me refiero, es muy tarde como para que estos lugares estén desiertos y pareciera que sólo estamos nosotros y el cuerpo de guardias―Ryu no le contestó enseguida, continuaron caminando hasta llegar al ascensor, luego este se volvió con una sonrisa despreocupada.
―Este lugar es uno de los mejores si quieres trabajar aquí en Japón. Buena paga, buen ambiente de trabajo y además buenas vacaciones para todos los empleados. Ya sabes, por si compañeros de trabajo quieren rentar un fin de semana para ellos un yate y mandar al carajo el trabajo―la puerta del ascensor se abrió pero aquella respuesta dejó mayores dudas en la mente de la pelirroja―vamos, no se queden atrás, acabemos aquí para antes de la hora del almuerzo. Este es sólo un montón de oficinas aburridas.
"No me creo una palabra de lo que dice" pensó ella viendo a través de la ventana unos hombres recorriendo el perímetro verdeado "No es normal que tantos guardias sean contratados a la brevedad posible y que todos los empleados regulares tengan unas vacaciones al mismo tiempo, es una mala administración, aquí pasó algo de fuerzas mayores para empujarlos a una situación como esta".
― ¡Eh, Sagae! No tenemos todo el día, desde que firmaste comenzó tu jornada así que despierta y baja de las nubes―dijo en voz de mando Ryu quien detenía las puertas del ascensor.
―Ya voy―dijo dándoles alcance. Los tres se perdieron de vista al cerrarse las puertas grises.
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Las personas insistían en despertarla de manera incomoda de sus sueños. Alguien impertinente aporreaba la puerta al mismo tiempo que vociferaban exigiendo que se le abriera. Aquello asustaría a cualquiera pero a la pelirosa sólo le causaba una enorme molestia al punto de poner una mueca mostrando los dientes por tan fastidiosa interrupción. Se estiró un poco desperezando sus músculos. La puerta de la habitación estaba abierta y el libro cerrado a su lado. Saburo se había tenido que ir para recoger a los niños de la escuela. Vio como Fuyuka caminaba hasta la puerta con los nervios en sima, aquello llamó su atención pero decidió dejarla ser. No era su asunto a fin y al cabo.
―Bu-buenos días Funami-san ¿cómo se encuentra hoy?―saludo la segunda mayor de la familia, abriendo sólo una rendija de la puerta, su casero era un hombre gordo y lo suficientemente grande para tapar buena parte de la puerta, si quería entrar podría rosar los bordes de la misma, vestido con una simple camiseta sport que en su tiempo fue blanca, con manchas de lo que podría ser salsa de tomate. Todo su aspecto daba cuenta que no era alguien muy agradable, no era necesario ver la mueca de enojo que parecía estar siempre allí. Alargó una de sus manazas y empujó la puerta, casi golpeando a la chica frente a esta.
― ¿Dónde está tu hermana?―exigió con voz fuerte, no gritaba, pero Fuyuka pensó que no lo necesitaba, para ella su casero hablaba con la energía en que uno grita―me deben 6 meses con el de la semana pasada eh ¿Qué demonios se piensan, eh? Les dije que si no me pagaban los tiraría a la calle, eh―dijo, a lo que le siguió el típico arranque de una persona enojada con su vida, culpando de todo a aquellos niños, insultándolos, amenazándoles con que si no le pagaban llamaría a las autoridades, cientos de cosas que la mayoría de las veces se repetían en la conversación. Fuyuka pudo contar el tic vocal del hombre, llevaba 15 eh´s y escupía al hablar. Metió la mano en su bolsillo y sacó un sobre con dinero. El hombre se lo arrebató, lo abrió rasgando el papel sin cuidado y comenzó a contar el dinero― ¿sólo tres meses? Ni siquiera están los recargos, de la misma forma me hicieron la vez pasada eh.
―No tenemos los recargos, señor Funami, mi hermana dijo que se lo pagaría todo completo después de que le pagaran en su trabajo―Fuyuka quería cerrar la puerta, veía a cada segundo la calle y las escaleras pidiendo porque llegara Saburo, con él se arreglaban mejor las cosas que tenían que ver con dinero.
―No voy a aceptar esto eh, quiero ese dinero u hoy mismo llamo para que saquen todas sus cosas, llama a tu hermana o a alguien pero quiero mi dinero, eh―se podían ver gotas de sudor en el labio superior del hombre. Empujó un poco la puerta, no quería tenerla abierta de par en par, no se fiaba del temple del hombre pero este se la sostenía con una mano a manera que dos tercios de esta se mantuviese abierta mientras seguía despotricando sobre responsabilidad y otros inquilinos.
Una tercera mano tomó la puerta, abriéndola toda. Fuyuka vio a la chica peli rosa con una mirada de enojo y sintió un miedo diferente, miedo por lo que podría pasarle al señor Funami.
―Eh tú, inútil insufrible, deja de hablar de forma tan desesperada y lárgate de aquí~3
― ¡Inukai-san!―dijo alterada la chica joven por lo que acababa de decirle a su casero.
― ¿Eh? ¿Y tú quién eres, eh?
―Una visita ¿y qué demonios quieres aquí? deja de molestar y desaparece―dijo cerrando la puerta en su cara― ¿era eso lo que no podías hacer?―dirigiéndose ahora a la niña a su lado. Los golpes en la puerta se retomaron al poco tiempo.
―Inukai-san, no comprende, Funami-san es nuestro casero, le debemos 6 meses, Haruki-nee dejó dinero suficiente para tres de ellos pero él quiere los recargos que hicimos al no pagar a tiempo―los golpes se hacían más violentos a cada momento, Fuyuka vio por el rabillo del ojo a Mei y Yuki asomarse para saber lo que ocurría. En la familia siempre mantenían estas escenas fuera de la vista de los pequeños―. Dijo que si no lo pagábamos llamaría para que nos sacaran de aquí, ya hemos tenido problemas de ese tipo antes…―miro en dirección a sus hermanas pequeñas―mamá no puede cuidar de nosotros, por lo que carecemos de un tutor legal y podrían llevarnos a otro lado, Haruki-nee es mayor de edad pero si no puede cumplir con los cuidados básicos…―dejó la frase sin terminar, era obvio a lo que se refería y eso lo sabían ambas. Isuke vio como Fuyuka se acariciaba el brazo avergonzada, Yuki, entendiendo mejor la situación por la que vivían, con palabras amigables le decía a Mei que jugaran en el cuarto, esta parecía no entender del todo la situación pero aun así seguía a su hermana mayor con un esbozo de sonrisa.
Suspiró un poco con las señales de una sonrisa, ahora comprendía:
― ¿Cuánto es lo que le deben a ese tipo?
―Ah pues…es el 10% de cada mes por lo que sería… ¥12,000.
―Je ¿tanto alboroto por eso? Isuke puede comprarse 4 esmaltes para uña con eso~3―no sería tan difícil entonces―deja que yo hable…Isuke está considerando si deberías siquiera seguir aquí…da igual, aquí vamos―abrió la puerta y adornó su rostro con una falsa sonrisa, llena de amabilidad y condescendencia. Fuyuka controló sus manos que pugnaban por frotar sus ojos al no creer lo que veía―ohh~ señor Funami, con que era usted, deberá perdonar a Isuke, a veces soy un poco cabeza hueca, Isuke pensó que era una de esas personas que va de casa en casa haciendo perder el tiempo a otros tratando de vender sus cosas ¿son tan molestos no le parece?~3―preguntó al hombre dándole oportunidad de responder; Fuyuka no entendía por dónde iba el plan de la chica con cabello color chicle, el punto allí era que el hombre les diera más tiempo para el pago, no charlar sobre trivialidades.
―Ciertamente, eh, odio cuando estos llegan a molestar―dijo este cruzándose de brazos, parecía calarse un poco.
―Han de hacerlo perder su valioso tiempo cuando llegan a ganar dinero fácil ¿no es así? Deberían aprender de usted que gana cada centavo con el sudor de su espalda―alagó la chica y el hombre se sintió complacido pues cerro los ojos y sonrió un poco, una mueca de satisfacción más que una de alegría si le preguntaban a la Sagae―tengo entendido que usted es quien se encarga para que estos edificios queden en el reluciente estado en el que están ¿me equivoco?
―En lo absoluto, eh, soy yo quien se encarga de este lugar.
―Isuke le agradece por el buen trabajo, aunque al mismo tiempo se siente muy apenada―dijo haciendo cambio en su tono de voz a uno más bajo cual niño que se disculpa por hacer alguna travesura. Tapó su boca con una mano y lo que siguió no fue más alto que un susurro―usted trabajando honradamente, cumpliendo con sus obligaciones y nosotros haciéndole perder el tiempo y quizás hasta dinero, lo lamentamos mucho, pero cuando Isuke llegó aquí Sagae-san tuvo que hacer uso del dinero que habían ahorrado para pagarle cuatro meses y el recargo. No los culpe a ellos, Isuke debió avisar con tiempo y no llegar de improvisto―la peli rosa se veía sumida en la vergüenza de la situación, el corazón de la niña se conmovió por sus palabras―siempre causo problemas.
―Eh, eh, no señorita, usted no se preocupe que el dinero no es tan importante, en su estadía despreocúpese por ese dinero eh, ya nos arreglaremos la chica Sagae y yo pero agradezco su preocupación eh―haciendo olas con las manos
― ¿En verdad a usted no le molesta? ¿No tendrá inconveniente con ese dinero faltante?―dijo de manera atenta. Limpió sus ojos con el dorso de la mano, pequeñas gotitas de algo que se habían escapado.
―Es más, olvídese usted de los recargos, pero si le pediré que no se retrasen más en su paga eh―puso una de sus manazas sobre el hombro de Isuke haciéndola trastabillar, lo que llamó por la risa del hombre, ella sólo sonrió.
―Es un trato, señor Funami~3 nosotras debemos entrar, aún hay cosas que hacer en casa.
―Por supuesto, yo debo volver al trabajo, cualquier cosa pueden llamarme eh, nos vemos y un gusto conocerla, señorita…
―Inukai, Inukai Isuke.
―Señorita Inukai, nos vemos eh―de haber tenido un sombrero el hombre hubiera hecho una reverencia, despidieron a la gran masa que se perdió en la esquina al bajar las escaleras. La puerta se cerró de golpe tan pronto este no pudiese verlas.
― ¡¿Cómo hizo eso?!―Isuke rio por la inocente niña.
―Fue fácil con sólo echarle una ojeada, a hombres como esos que exigen a gritos su dinero no les gusta soltarlo y se les puede ganar fingiendo que se comparte o aprueba eso que otros llamarían defecto, después de eso era sólo cuestión de adularlo y poner la trampa~3―dijo mostrando su punto y confianza luego de arreglar aquel problema.
―Wow, usted es sorprendente, Haruki-nee tuvo muchas discusiones intentando conseguir tiempo y usted lo hizo en una plática y hasta nos perdonó ese dinero extra―farfulló incapaz de contener la emoción―le agradecemos mucho, usted nos sacó de una muy gorda―dijo tomando su mano.
―Isuke no puede darse el lujo de buscar otro lugar en donde quedarse~3―dijo encogiéndose de hombros, en su cara decía que era lo más lógico del mundo, pero quizás en su interior, una parte menos sínica, lo hubiese hecho por algo más altruista que no irse a la calle.
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―Me hubieras dejado que te invitara el almuerzo, no me agrada comer y que una chica babee por otra cosa que no sea yo―dijo Toboe, caminaban de regreso al complejo luego de ir a una tienda cercana en su hora de almuerzo, para esto eran las dos de la tarde―además―añadió luego de beber de su zumo―aquella vez en las pruebas me hiciste ganar una apuesta, era lo menos que podía hacer.
―Descuida, tomé café antes de venir aquí y seguro mi hermana me espera en casa con la cena lista.
― ¿No comerás nada hasta esa hora? ¿Qué pasa contigo?―puso su mano sobre la cabeza de la chica y le despeino un poco la cola que mantenía cada hebra en su lugar, ella lo apartó con un empujón.
―Estoy acostumbrada, en una ocasión no comí por un par de días hasta que conseguí dinero suficiente para mi familia―su cara se descompuso por un segundo, fue una indiscreción de su parte decir aquello, esos fueron los peores días de su vida, su cuerpo quería vomitar por el hombre en el suelo perdiendo calor de su cuerpo, pero su estómago no tenía nada que sacar, estaba vacío y la cabeza le daba vueltas, amenazando con perder el conocimiento y caer sobre el cadáver, era de las peores sensaciones que podría llegar a tener, no recordaba nada que se le comparara, se alejó gateando de la víctima, de su necesidad y se sujetó de la barra de la cocina, tratando también de sujetarse a la razón y el conocimiento.
―Entiendo, pasaste por muchas cosas y tu cuerpo terminó por acostumbrarse―asintió en comprensión, metió la mano en su bolsillo y saca un par de monedas, ambas las arroja arriba con el pulgar, Haruki se vio obligada a detenerse para atraparlas―no es por sentir lástima, gasté buena parte del resto que aposté por ti, eso es lo que sobró―tiró la lata anaranjada a un bote de basura y siguió caminando, la pelirroja observaba ambas monedas, su orgullo tenía un pequeño moretón ella sabía que ese tipo no apostó por ella, también que le entregaba aquello como lástima pero ninguno de los dos diría nada. Negó con la cabeza pensando en un café frio o té verde de alguna máquina expendedora a la hora de salida. Guardó las monedas en el bolsillo trasero de su pantalón y se detuvo en medio de la banqueta con la vista al frente. Habían dos hombres mirando sin perder detalle el edificio, uno de ellos anotaba cosas en una deshojada libreta y el otro hablaba en lo que parecían susurros por un celular.
Aquello le pareció de lo más raro por lo que retomó su marcha en dirección a esos hombres para saber lo que querían allí, tal y como un buen perro guardián debe hacer, pero antes que llegara a donde estaban esos hombres un auto se detuvo y estos entraron apresurados. La pelirroja permaneció un rato en la calle mirando por donde aquel vehículo sin placas desapareció. Se prometió no olvidar sus rostros y comentar aquello con Ryu. Que hablando de él, debía apurarse a llegar, se suponía que los esperaba en la zona de carga para entregarles su equipamiento.
Metió las manos en los bolsillos de su saco caminando de vuelta al edificio. En cosas como estas, necesitaba de sus dulces para pensar con claridad; se conseguiría una camisa extra y empezaría a traer sus palitos de galleta con crema de chocolate.
―Sagae, vas tarde al almacén―dijo Saori, con la seriedad que comenzaba a caracterizarla pero un extraño tono en la voz que delataba su controlado nerviosismo.
―Lo siento, allí mismo me dirigía―dijo a la vez que miraba por sobre su hombro a la entrada que daba a la calle, buscando a esos hombres tan fuera de escena.
― ¿Sucedió algo?―preguntó la recepcionista. Haruki se planteó el decirle sobre los hombres que había visto hace unos momentos pero no lo vio prudente, ella misma dudaba en contarle a Ryu, podría este tomarlo como paranoia suya. Tras poner su mejor sonrisa contesto.
―En lo absoluto, sólo me distraje, lo siento, Omuro-san, no me retraso más―pasó a su lado y tomó camino en dirección al patio en que se llevaron las pruebas hace unos días, desde allí no tardaría tanto en llegar al almacén. Caminando por allí sintió el verdadero cambio, peleo contra varios otros por el papel que cambiaría su vida y ahora experimentaba el fruto de su esfuerzo, Sagae Haruki al fin estaba a otro nivel.
― ¿Otra vez tarde, Sagae? Espero que esto no sea un hábito o tendremos problemas―. Todos en el almacén se equipaban de cinturones con pequeños compartimientos y bolsas―la talla más pequeña que tenemos―dijo Ryu a la vez que le arrojaba uno, ella lo sostuvo cual niña con juguete nuevo, ese cinturón negro era lo último que necesitaba su atuendo―pongan atención en este punto, estos aparatos―sacó un radio negro no más grande que un celular―son propiedad de la empresa pero ustedes los llevaran a casa, debe estar siempre encendido y en el canal 02―Ryu mostró cómo se encendía y apagaba, sintonizar el canal y también comunicarse, sacó una docena de pequeñas cajas―dentro el cargador, con que sujetarlo al cinturón y un pequeño manual.
―No se me ve nada mal―dijo Toboe posando frente a Haruki con el radio colgado del cinturón.
―Pero no te conseguirá ninguna chica―respondió Haruki con una sonrisa, puso su propio radio en su cinturón y se imaginó corriendo con eso "espero no rebote tanto".
―Chico, después te miras al espejo, síganme y con seriedad en este punto o se largan de mi almacén.
Habían estado al lado de camiones de carga, había un buen número dentro, así como otros vehículos. Subieron por unas escaleras pegadas a la pared que daban al segundo piso, del cual la gran mayoría para su sorpresa era usada como zona de tiro, no veían a nadie usándola, pero se imaginaban fácilmente a hombres con orejeras frente a aquellas mesas, apuntando a monigotes con silueta humana vistiendo una diana en el pecho.
―Y yo que creí que sólo bromeaba con darnos armas―susurró Toboe a su oreja. Ignoraron el elevador y tomaron las escaleras de emergencia, estas se hallaban tras una puerta, había para bajar y subir. El tercer piso era para los nuevos casi tan sorprendente como el anterior, había una hilera completa de casilleros, Haruki calculaba que cada casillero podía medir 60cm de alto y 30cm de ancho, se contaban casi 60, también varias mesas, máquinas expendedoras e incluso un viejo cacharro que fácilmente podría ser el modelo anterior al que Haruki tenía en casa.
―Esperen aquí―sacó una llave de su pantalón y entró a la primera puerta a su izquierda, habían tres puertas más en ese piso, el resto del espacio era ocupado para quienes trabajaban en seguridad―. Aquí niños, hora de los obsequios―dijo Ryu saliendo de lo que se podía ver era su oficina, traía en manos una tabla con hojas―firman al final de la forma y les entregaré su llave de casillero y su arma reglamentaria―abrió la segunda puerta, la cerradura era más rígida y pesada por el trabajo que le dio a su jefe el abrirla, no era una habitación muy grande, habían cajas apiladas y también estuches plateados, en la pared varias llaves colgadas.
―Las armas hacen ver a uno más varonil―presumió Toboe a la vez que firmaba la hoja en la tabla, después le pasó la misma a Haruki, leyó atentamente el documento, eran formalidades de la empresa casi una copia del horario en que empezaba y terminaba su jornada, aparte de tantas obligaciones y medidas de seguridad que debían tener respecto a su pistola reglamentaria.
―Entonces deberías armarte hasta los dientes―bromeó ella firmando al final de la hoja. Poco a poco fueron pasando a recibir de Ryu una llave y un estuche plateado. Haruki sintió el peso del arma en sus manos y frunció el ceño tratando de recordar al menos una vez que disparara pero no recordó ocasión, todos sus trabajos fueron con aquellos hilos y sus guantes. Abrió el estuche en una mesa larga cerca de los casilleros, dentro había una Browning de 9mm, mayormente negra, junto con una caja con municiones, dos cartuchos y una pistolera negra, que igual encajaba perfecto en el cinturón.
―Esta es la parte en que todos se callan y me escuchan con atención―dijo con rudeza Ryu―lo que firmaron es un contrato de responsabilidad pero allí les va las verdaderas reglas. N° 1 no tengo que recordarles que ese no es un juguete, es un arma y en este caso un instrumento de trabajo. N°2 El arma debe tener el maldito seguro puesto, cargada o descargada me da igual. Tercera y quizás la más importante, el arma jamás sale de las instalaciones de la empresa, sin excepciones de ningún tipo, pues aparte que será un despido instantáneo, yo mismo iré a partirles la cara. Habrá una persona asignada que se asegurara que el arma se guarda en el casillero tal como la recibieron esta mañana, ni una bala más ni tampoco una bala menos. 4. Nos importa poco las capacitaciones que hayan tenido en el pasado, se quedaran una hora extra por tiempo indefinido con el jefe, sin excepciones―dijo mirando directamente a la pelirroja, por la cara con la que salió de la oficina de Sato, era obvio que no le fue muy bien con él―por último, su arma debe limpiarse mínimo una vez al mes ¿preguntas? Muy bien, entonces guarden el estuche y los quiero ver dando su ronda.
Sacó su celular una vez las puertas del ascensor se hubieron cerrado.
― ¿Estás seguro de darles esas armas sin antes enseñarles cómo deben actuar ante alguna situación, Sato?
―Prefiero confiar en la suerte que tenemos y estar medianamente listos. No hay tiempo suficiente para adiestrarlos―. El jefe de seguridad, Sawada Sato, observaba a los hombres que recorrían el perímetro a través de su ventana. Su número había menguado a casi la mitad, recuperando sólo 12 de los 30 que planeaban contratar―. Además, todos ellos ya han sido capacitados en sus anteriores puestos de trabajo, no saldrán a esconderse como ratones a su agujero―se enjuagó los labios mojados de sudor con la mano, no podía prender el aire acondicionado gracias a la herida en su pierna, sentía que una varilla de metal rasguñaba su articulación― mañana me encargaré de adiestrarlos ¿ya les diste su ruta?
―En el paseo por la empresa se les indicó donde empezaban y terminaban, después repetirlo―las puertas se abrieron y Ryu se encaminó al departamento de humanidades, los puestos vacantes debían ocuparse a la brevedad posible y con las mejores unidades que pudiesen encontrar.
― ¿Dónde pusiste a la chica?―frotó su sien y suspiro, no quería que esa chica le tocara algún lugar en que la metiera en problemas, si bien se desempeñó mejor que la mayoría la única buena referencia que tenía era aquella prestigiosa academia―más vale que no esté sola con un arma en manos.
―Tranquilo amigo, la puse en la primera planta con los más experimentados, estará con uno de los nuestros todo el tiempo, haciendo guardia en la puerta.
―Perfecto, dependiendo de cómo se desarrolle en la capacitación la cambiaremos a turno nocturno―dijo con voz extenuada, todas esas situaciones junto con su rodilla estaban cobrándole factura.
―Hey, Sato, mi mujer me dijo que te invitara hoy a cenar, mi hijo regresa de Kyoto y seguro estará esperando ver a su tío el gran jefe―dijo en broma.
Bufó en respuesta pero no sonrió.
―Iré si no se presenta nada con el doctor.
―Eso es un sí, vamos amigo, te paso a recoger a tu casa ¿o prefieres a tu oficina?
―Yo te avisare, Ryu. Adiós―dijo colgando. Dejó el celular en la mesa, abrió el cajón de su escritorio de dónde sacó el arma que la empresa le entregó, con la única diferencia que esta era completamente negra. Afuera de su ventana se paseaba la chica, dando una ronda al perímetro― ¿Tendrás lo que hace falta? Puhm―apuntó con la pistola y fingió que esta daba un retroceso por el disparo. Negó con la cabeza y apuró el arma de nuevo en el gabinete― Aún si no lo tienes yo te enseñare.
―Menudo día, fue muy aburrido―dijo alzando los brazos al aire para estirarse―tengo los músculos agarrotados de estar en la misma posición por dos horas.
― ¿No hiciste las rondas? A mí me tocó pinar los pasillos de dos pisos junto con unos de los tipos de allí, son muy agradables una vez te acostumbras a que te insulten cada 3 palabras, uno de ellos me recomendó un restaurante barato y que sirven buena comida―dijo Toboe sobando su estómago.
―Ve a probar que tienen si quieres―las farolas comenzaron a prenderse a su alrededor, eran poco después de las 6 de la tarde, tardaron un poco en entregar todo el equipo, salvo por los radios que traían colgados del cinturón pero escondidos con los sacos.
―Nada de eso, te acompañare a la estación tal y como lo haría un caballero.
―Largo, yo no voy a ninguna estación ¿uh?―se detuvo frente al escaparate de una tienda.
―Anotado, vives cerca de la empresa por lo que no necesitas tomar el tren, con información así pronto descubriré donde tienes enjaulada a ese ángel. ¿Vas a entrar?
― ¿Nadie te espera en casa?―el chico era agradable pero no iba a dejar que se hiciera una idea de donde vivía. Yuu sonrió y chasqueo los dedos antes de responder.
―Entiendo lo que dices, nos vemos mañana colorada―dijo despidiéndose, Haruki le sonrió agitando la mano agradecida por su prudencia.
―Bueno, no perdemos nada en ver que hay dentro―tocó las dos monedas en el bolsillo trasero del pantalón y entró al sonido de una campanita en la puerta.
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―Wow hace mucho que no hacías sukiyaki, Fuyuka-nee―dijo Hana, quien se sentó en la barra al lado de la estufa viendo la cacerola a fuego lento, olisqueaba los vapores que salían con satisfacción.
― ¿Ya está? ¿Puedo probar un poco?―preguntó Misuki a punto de abrir la cacerola pero su hermana le pegó con la cuchara.
―Deja, esto es una muestra de agradecimiento a Inukai-san.
―Sí, ni si quiera nosotros hemos abierto la cacerola―dijeron a una misma voz los gemelos, ellos junto a Hayaka ponían los 11 platos en la mesa, muy juntos unos de otros.
―Odio reconocerlo pero es verdad, la princesita esa nos ayudó con el casero―Yuki jugaba con Mei en la cocina, la pequeña sonrió asintiendo, igual a como hacía siempre que mencionaban a la peli rosa.
―Vale, vale, ya entendí ¿pero y Saburo y Haruki? ¿No probaran el sukiyaki?―dijo la pequeña tahúr en crecimiento, deseosa por probar aquel manjar que hace mucho no probaba.
―A esto aún le falta, Haruki-nee no debe tardar en llegar y Saburo dijo que saldría temprano apenas y terminara exámenes, está emocionado por saber cómo le fue a Nee-san en su primer día de trabajo―dijo sonriendo mientras lavaba los pocos platos sucios de la tarde.
― ¡Estoy en casa!―anunció una voz en la entrada.
― ¡Haruki-nee-san!―gritaron los más pequeños, todos corrieron a recibirla, los gemelos y Hana usaron el viejo sillón de trampolín y saltar sobre su hermana.
― ¿Cómo te fue en tu trabajo, Haruki-nee-san?―preguntó Hayaka.
―Les cuento en la cena ¡Y ustedes no hagan eso! Un día no los aguantare y nos tiraran al suelo―les regañó pero sabía que aquello le divertía tanto como a ellos, los puso de nuevo sobre el sofá, Yuki y Mei se acercaron igual a saludarla―hola ¿Qué tal el día para las consentidas de la casa?―saludar a tal cantidad de hermanos le parecería a algunos cansado o hasta confuso, pero para Haruki ya era algo normal, todos sus hermanos tenían una personalidad propia y única, la unidad de sus hermanos gemelos que la recibían saltando a sus brazos, Hana casi igual de impetuosa que sus hermanos también buscaba un lugar, la ternura de Mei que la obligaba a darle un beso en la coronilla, la timidez de Hayaka quien aceptaba con una sonrisa que le revolviera el cabello, los golpes amistosos que podía intercambiar con Misuki, la admiración de Yuki y el choque de palmas que llevaba complicidad y la mayor de la casa aparte de ella, Fuyuka era su mano derecha, su segunda al mando, no era necesario intercambio de palabras o algo parecido, sólo una sonrisa que se desentiende de cualquier problema existente cuando la llama ígnea llega a casa― ¿Todo bien, Fuyuka? ¿Qué pasó con Funami-san? Que no te la quiten―se quitó la corbata y la puso sobre el cuello de Hana, prendió la televisión y le entregó el control a Misuki, después fue hasta la cocina para hablar más cómodamente.
―Entregué el dinero que dejaste, y tal como me pediste traté de convencer a Funami-san que nos diera un poco más de tiempo en el pago de la renta.
― ¿Trataste? ¿Significa que no lo conseguiste?
―Espera, aún no termino, él acepto de mala gana lo que le diste, pero faltaban los recargos, dijo que llamaría para que sacaran nuestras cosas, pero Inukai-san salió a hablar con él.
― ¿Qué Isuke-sama hizo qué?―una punzada de dolor le atravesó la cabeza y se alojó en la zona de su ojo, tendría muchas cosas que explicar si lastimó a ese hombre.
―Convenció a Funami-san, él dijo que estaba bien, te podías desentender del pago por un tiempo más y nos disculpó de los recargos ¿no es increíble?―dijo su hermana con una sonrisa. Tomó la cacerola con un paño y la puso en el centro de la mesa―hice esto para agradecerle, últimamente no teníamos comida suficiente pero creo que podemos darnos este pequeño lujo, después de todo no es muy caro preparar sukiyaki ¿No?―preguntó buscando la aprobación de su hermana.
―Eh, sí pero… ¿Qué hizo exactamente Isuke-sama? ¿Tú la viste?
―Pues claro, llego a ayudarme y no la podía dejar sola frente a ese hombre, sólo habló con él, todo de lo más normal, las personas pueden entenderse con palabras y sólo es cuestión de ganarse su simpatía. Le debemos esta cena. Anda Nee-san, ve a asearte y trae a Inukai-san para que nos acompañe―la emoción con la que su hermana hablaba le hizo sonreír, no se fiaba de los métodos que podría usar la fiera rosada en una situación dentro de sus parámetros normales, pero al parecer no había heridos, se merecía el beneficio de la duda y también su agradecimiento. Se encaminó a la que alguna vez fue su habitación, pues desde su llegada había pasado a ser de Isuke.
Al abrir se encontró con la chica después de la ducha, su largo cabello dejaba escapar gotas que se salvaban de la toalla sobre sus hombros que cubrían la cúspide de sus pechos.
Haruki abrió la puerta en que terminaba de ponerse unas braguitas moradas. Alzó la vista topándose con la mirada de la otra, ninguna dijo nada de a momento. Con un brazo tapó el pudor de sus pechos, o eso intentó pues por el tamaño resultaba casi imposible, tomó la toalla y la arrojó a la cara de la pelirroja. Estaba mojada y olía al jabón que le había comprado, un sutil aroma a lavanda y crema.
―Aprende a tocar―le dio la espalda a Haruki y tomó de la cama el sujetador de esas braguitas. La pelirroja se quitó de un tirón la toalla de la cara.
―En mi propia casa―le completo la frase en un tono de broma―en mi propia habitación.
―Sí~3―respondió cual si fuese lo más obvio del mundo. Haruki negó con una sonrisa.
―Ne, Isuke-sama―llamó―gracias, por lo de esta tarde―Isuke se detuvo un momento mientras pasaba su cabeza por la blusa blanca de tirantes de la pelirroja, Haruki lo tomó como una señal de tener su atención―Fuyuka me contó que nos ayudaste con el casero, no sé cómo lo hiciste pero gracias.
―No agradezcas, todos esos niños lo llevan haciendo toda la tarde, lo hice por mi propio bien, Isuke ya se lo dijo a tu hermana, no puede darse el lujo de ir a otro lado―metió ambas piernas dentro de unos shorts para terminar de vestirse―si debes agradecer algo, es a tu propia suerte de ponerte en el camino de Isuke.
―Pues sea como sea, yo traía esto sin una razón en especial―dijo sacando del bolsillo interior de su saco una pequeña bolsa de papel morado―pero ahora puedes aceptarlo como agradecimiento. Para ti―le alargó la pequeña bolsita e Isuke la tomó sin comprender ¿no se suponía que no había dinero para estas cosas? En su mano calló un bote de pintura para uñas color morado―sé que no es lo que acostumbras, pero estoy casi segura que es el mismo color del que tenías cuando llegaste aquí.
―Isu…
―Isuke-sama no va a darme las gracias, lo sé―dijo alzando una mano para detener sus palabras, se encogió de hombros con una sonrisa y pasó a quitarse el saco―Isuke-sama no me mando a comprarlo, también lo sé, yo lo hice por mi cuenta―se desabotonó la camisa dejando los dos botones de en medio, también arremangó las mangas. Isuke la veía sorprendida, había acertado en cada palabra que pensaba salir de su propia boca y no parecía molesta o decepcionada, la pelirroja lo aceptaba como si fuese de lo más normal―venga, vamos con mis hermanos, Fuyuka preparó sukiyaki para ti, dice que como agradecimiento a lo que hiciste, te gustara.
―Eh, idiota―la llamó cuando estaba por abrir la puerta. Suspiró antes de hablar―gracias, Isuke sabe la precaria situación por la que pasas…―dejó el bote en la mesita de noche, sonrió en medio de un bufido―apresúrate, conociéndote no probaste bocado en todo el día y esos críos no se contendrán por más tiempo―dijo pasando a su lado.
―Isuke-sama me conoce―respondió sobando su estómago. "Isuke… ¿te estás suavizando?".
DamyD: Noches...no esperen más bien sería buenos días porque ya es de madrugada. Buenos días chicos, último día de vacaciones para muchos, la pasaron bien? se quemaron por el sol?
Alex: Se divirtieron? Salieron de vacaciones o fueron ermitaños en casa al igual que yo? Sea como sea espero la hayan pasado bien. Último capítulo de vacaciones y de vuelta a clases. Hay cierta poesía en esto del último día.
DamyD: Muy cierto, esto es como nuestra despedida para ustedes, no estaremos por un buen de tiempo por el montón de clases en que tuvimos que meternos, sip la vida es así y hay que vivirla a como viene.
Alex: Llena de materias sin piedad y maestros sin alma? Sí, creo que así es la vida. A veces quisiera que el clima del salón funcionara todos los días, pero así es la vida.
DamyD: A mí no me molesta el clima, sea como sea yo puedo dormirme *sonríe con los ojos cerrados. Aparte, no todos los maestros son malos, la de lectura y redacción me agradó mucho.
Alex: Sí, tienes razón, pero por cada maestra de lectura hay una profesora de H,P. Bueno, mientras no se presente otra igual habrá esperanza para nuevos escritos.
DamyD: Pero mucho hablar de nuestra pobre vida, que les pareció el capi? bueno, malo, regular? para un café o echarle un trago a la coca? Déjenos sus comentarios que son los que animan a continuar con esto.
Alex: Je, esto parece comentarios finales de un video de Youtube. Les agradecería si dejan un comentario, háganlo por ella, ella la artista y autor intelectual detrás de la obra. Créanme, si la hacen feliz su producción de historias aumentara. Tómenlo como un consejo. Pasen buenas noches chicos, disfruten de la actuación de esta niña y vuelvan cuando quieran a verla. Está ahí para su disfrute.
DamyD: Y con esto nosotros nos retiramos, nos vemos en la próxima entrega chicos y buenas noches. *apaga la cámara.
