Influencia sabor a algodón de azúcar

―Qué día tan agotador, ese tipo la lleva contra mí―dijo tirándose sobre la cama boca abajo, era la noche del jueves, pasó su primera semana de trabajo con la rutina forjándose hora tras hora, día tras día; marcar s entrada a las 8:30, recoger su equipo, dar una ronda al perímetro y esperar postrada a la entrada hasta la hora de descanso, ver a Toboe comer y caminar nuevamente a su puesto, era todo cuanto hacía en sus horas de trabajo hasta el momento de dirigirse con el jefe de seguridad, Sawada-san.

―No te quejes tanto―dijo Isuke que ocupaba un lugar a lado de la cabellera pelirroja en la cama, limaba sus uñas dejándolas impecables. Esa noche pensaba estrenar el gel de uñas que la pelirroja le regaló a inicio de semana, los constantes agradecimientos de los pequeños habitantes de aquella casa le habían hecho imposible un momento de tranquilidad para sí misma. Bien parecía que el único momento en que podía descansar sin ellos era después que la chica a su lado los saludara y fuera a recostarse un momento en la cama que ella ocupaba ignorando a la molesta caniche o negándose a devolver el mazo de cartas que le quito tiempo atrás a la pequeña tahúr, era cuando ninguno entraba a aquel cuarto, quizás como agradecimiento a la mayor por romperse el lomo en el día.

―Ladró el perro―dijo Haruki divertida, recibiendo en recompensa un bicoque un tanto duro―que cruel.

―Ladró el perro ~3

―Je, ya entendí―acomodo su cabeza sobre sus brazos cruzados para mirar a la chica a su lado―pero es en serio, no hubo día en la semana que no me regañara, incluso me puso de castigo dar vueltas en el patio trasero de los edificios, una suerte que hice caso a Fuyuka y lleve ropa extra. Van quedando bien―dijo al ver la mano izquierda de Isuke, cada una limpiamente pintada de un color morado, pinceladas sin ningún residuo demasiado grueso en la base o los bordes.

―Te acostumbraras, seguramente es sólo tu idea―sopló un poco sobre las uñas para que se secaran a prisa―esta fue fácil, la difícil es la derecha.

Haruki no exageraba, su jefe no dejaba a la chica a sol ni sombra desde que las prácticas empezaron, con ese se contaban tres días de su adiestramiento en armas: aprendían el peso de su arma, contar las municiones, cargar/descargar, puntería; ella aún aprendía a controlar el retroceso, no hablemos de dar en el blanco. El primer día, Ryu y su jefe caminaban detrás de cada uno para evaluar sus conocimientos previos. Anotaban el valor que el jefe dictaba a su segundo al mando. En la media hora que llevaban practicando, Haruki no había acertado un solo disparo y el acercamiento de sus altos mandos haciéndola de profesores en un examen oral no ayudaba con sus nervios. Incluso Toboe trató de darle consejos pero su cara de preocupación viendo a los hombres acercándose no ayudaba a que se tranquilizara.

―Para no hacerte el cuento largo, me quede una hora extra practicando el tiro con ese hombre sentado a mis espaldas, gritando por cada fallo o centímetro por el que no acertaba―dijo al terminar de limar el último dedo de la peli rosa.

―Isuke puede enseñarte a disparar decentemente si le consigues un arma~3―dijo haciendo de su mano un arma, cerro un ojo e hizo un puff imitando el disparo de una pistola. Haruki fingió recibir el proyectil en el pecho y se tiró de espaldas, teniendo cuidado de no derramar el gel. Levanto un poco la cabeza, simulando encontrarse en un estado moribundo abrió un solo ojo para ver a la pelirroja.

―Te atormentare en tus más profundos sueños, gah―prometió con irreal voz suspirante y dejo caer su cabeza. Isuke reía tras su mano por las tonterías que se le ocurrían a lo que ella se irguió complacida de hacerla reír.

―Bien perro, sirves para entretener a tu dueña~3

―Jaja, bueno pero de cualquier forma, no me metas ideas, Isuke-sama, tenemos prohibido sacar las armas del edificio. Ese tipo es un amargado ―comenzó a pintarle las uñas, intentando ser lo más delicada que podía para que quedaran igual a las que la peli rosa hizo.

―Mientras que te de dinero a Isuke no le importa prestarte para trabajos forzados~3―dijo dejándose atender.

―Gracias Isuke-sama, me reconforta saber que me cuida de otros―respondió con sarcasmo. Había terminado de pintar la uñas de Isuke cuando esta comenzó a inspeccionarlas a conciencia, buscando hasta el más mínimo detalle para reprocharlo, pero no encontró nada. Quedaron muy bien. No le quedó más opción que darle las gracias, no en palabras pero sí compartiendo su agrado, era lo único que buscaba Haruki que habiendo logrado su cometido sonrió con un pocky recién sacado de su cajón y volvió a recostarse con los brazos tras la cabeza a manera de almohadas.

―Los viciosos intentan impresionar a Isuke, llegaron corriendo mostrando un examen en que sacaron 65 de puntaje―ya se contaban dos días de haber comenzado esa rutina: Haruki le contaba algunas cosas a Isuke sobre su día, sólo lo más interesantes pues no quería aburrirla.

―Jeje bueno eso es mejor a lo que generalmente sacan en sus exámenes―y cómo premio Isuke igual contaba sobre lo más significativo del día, la mayoría travesuras o quejas de sus hermanos, esto las hacía reír a ambas.

Isuke habló sobre Hayaka, o algo parecido pues no escuchó bien del todo, su mente divagó en los acontecimientos de su trabajo: la gente empezó a llegar a aquel edificio, dando su recorrido veía a conserjes que no había visto antes, oficinistas hablando sobre todo el trabajo que había quedado atrasado, se escuchaba el sonido del teclado en unos cubículos y el olor a café no se limitaba sólo a la oficina de Ryu o Sawada, más de una maquina trabajaba en un par de pisos inyectando nectar de vida a las venas de ese lugar.

―E Isuke tuvo que salir de la cocina, pues la salsa salpicaba por todas partes, Isuke aún no entiende como esa niña se las ingenió para hacer eso―se escucharon un par de golpes antes que la puerta se abriera.

―Haruki-nee-san, señorita Inukai, hora de cenar.

―Gracias Hana-chan, vamos enseguida―dijo Haruki alzándole un pulgar, la niña pequeña asintió satisfecha y cerro tras de sí la puerta. Se sentó en el borde de la cama y desató su corbata, también quitó el saco junto al chaleco.

― ¿Por qué te desatas la corbata? Puedes dejarla anudada y ajustarla a la mañana siguiente―dijo la pelirosa mientras se levantaba. Haruki desabotonó el último botón de su camisa y la dejó en una silla antes de responder.

―Simple, me gusta que Isuke-sama lo haga, es un nudo nuevo cada día―se puso una playera blanca con unos agujeros hechos por tantos viajes a la lavadora― ¿vamos?―dijo con su imborrable sonrisa.

La cena pasó tranquila y sin grandes incidentes salvo lo típico; cabello rosado que esconde pequeños proyectiles de comida cortesía de la pequeña Yuki; gritos y frases completadas por un tono de voz muy parecidos, ¿y cuando no si sus dueños son gemelos?; Haruki también hablaba con ellos sobre cómo le había ido en el trabajo. El fuego de la conversión se aviva durante la hora previa al descanso.

―Entonces aún no te han despedido, Haruki.

― ¡Hey! ¿A qué viene esa pregunta?―dejó su cucharada a 5cm de su boca.

―Pues hicimos una apuesta, Fuyuka dijo que sería permanente; Akira y Arashi un mes y una semana respectivamente; yo les dije que tres semanas―Misuki respondió con la boca llena a lo que su hermana reprochó con la mirada a aquellos implicados.

― ¿Y por qué apostar sobre algo tan importante como mi trabajo?

―Han estado escuchando sobre la relación con tu jefe―dijo Saburo quien tenía en la mano el libro del que se apodero Isuke, quería leer la historia y alcanzarla, tener algo que platicar con la chica―piensan que no tardara en despedirte y eso les hizo apostar.

― ¿Pero por qué sobre mi trabajo? ¿Por qué no sobre si esta semana expulsan al par de tormentas o a qué hora saldrá Isuke-sama de la habitación? Por decir algo.

―Porque nosotros ya no nos metemos en problemas, o bueno no tantos―dijo Arashi bajando el tono de voz en esa última parte. Su hermano levantó la cabeza.

―Y todos sabemos que la diosa no deja sus aposentos hasta después de las once del día―aquel comentario ofendió un poco a Isuke. Estuvo a punto de soltar una de sus respuestas hirientes pero la risa de la pelirroja le interrumpió.

―Tienes razón, Isuke-sama no es de las que despiertan temprano. En la academia despertaba 15 minutos antes de que las clases empezaran y yo tenía que esperarla un poco más de media hora a que terminara de arreglarse.

― ¿Lo ven niños? Hasta su diosa tiene defectos o pecados―les dijo Misuki a sus hermanos.

― ¿Y tú a qué hora despertabas, Haruki-nee-san?―preguntó Hana.

―Sabes que siempre me despierto temprano por ser propensa a llegar tarde. Incluso Ryu-san me advirtió que si no llego a tiempo mañana me reportara con el jefe―respondió luego de tomar su té. Se atragantó a medio sorbo por un escalofrió en la espalda, Isuke no le quitaba la vista de encima; la pelirroja sintió una gota de sudor en la frente, luego de unos segundos la pelirosa la liberó de aquel hechizo ocultando esos anaranjados iris tras los parpados y terminando el resto de su propio té.

"Hoy debo dormir un poco lejos y pendiente de ella" pensó.

Terminó la cena y empezaron los preparativos para dormir, la mañana siguiente sería el tan deseado fin de semana.

"Tantantararan-tantantararan-tantantararan" ¿Por qué debía empezar así la semana? Haruki gruñó un poco, a nadie le gustaba ir en viernes al trabajo pero siempre hay mayores cosas que patean a uno fuera de la cama. Se irguió con los brazos y estiró toda la espalda y brazos hasta que sintió un par de vertebras tronar. Frotó sus ojos dispuesta a tomar su toalla y una ducha con la mejor actitud que se puede tener ante la idea del agua fría por la mañana.

―Buenos días, Isuk… ¿eh?―a su lado no se hallaba la pelirosa, las sabanas arrugadas pero sin señas de la chica. Miro en derredor pero esta no se encontraba y la puerta seguía cerrada―Um…tal vez le dio hambre o está viendo la TV―checó su celular, tenía una hora para alistarse―. Debo apresurarme―Tomó su ropa interior y encaminó al baño, intentó abrir accionando la perilla pero estaba trancada, le pareció raro pues a esa hora sólo Fuyuka estaría despierta. Dio un par de golpes y una voz jactanciosa le respondió desde el interior.

―Ocupado~3

― ¡Oh! Lo siento―esperó sentada a que Isuke saliera. A veces pasaban esas cosas, la pelirroja volvía corriendo de algún trabajo con las piernas cruzadas y debe esperar a que su hermano termine de expulsar el ramen en mal estado de la mañana.

Pasaron 5 desesperantes minutos ¿por qué tardaba tanto si se había despertado antes que ella? Se levantó y volvió a tocar.

―Isuke dijo que está ocupado~3

―Isuke-sama, por favor, debo alistarme para ir al trabajo ¿Cuánto más estarás dentro?―no podía escuchar nada a través de la puerta, Haruki se preguntó si había salido por la puerta del pasillo pero el claro sonido de la bañera le borro esa idea.

―El tiempo que Isuke quiera, es temprano y hoy no quiero quedarme a dormir hasta tarde~3―dijo la peli-rosa hundiéndose hasta por debajo de la nariz, disfrutando de la calidez de esa agua, cortesía de un adormecido Saburo.

― ¡Isuke-sama, por favor, abre!―No quería aporrear la puerta pero el tiempo es una locomotora sin frenos y jamás espera a nadie.―Mierda, no tengo tiempo para esto―Habían pasado un cuarto de hora y se encontraba en el límite de tiempo correcto para alistarse y correr a la empresa―Isuke-sama, en serio necesito el baño, por favor. No estoy jugando. Debo llegar a tiempo y me estas retrasando―más golpes en la puerta.

―Eso debiste pensarlo antes de hablar de Isuke-sama, perro~3―el agua se mantenía cálida, e Isuke la disfrutó al doble, siendo este su primer baño caliente en una semana y fastidiando a la pelirroja, un placer no tan secreto.

―Por favor, Isuke-sama, no vuelvo a decir nada sobre ti, discúlpame, lo siento, lo siento pero abre la puerta.

― ¿Y dejar que te vayas sin un castigo? Ni pensarlo~3

― ¡Gah!―alzó la manos y se apoyó en la puerta. Mordió la uña de su pulgar tratando de pensar, le dio la espalda a la puerta mirando al exterior por la ventana, el sol apenas se asomaba, era quizás la primera hora del día, en su celular ya tenía perdidos los primeros 10 minutos del mismo y aún no se había duchado. No encontraba forma de solucionar aquello, salvo quizás suplicar otro rato, esperando apelar por el lado comprensivo, casi inexistente, de Isuke. Volvió a golpear la puerta en ánimo derrotado. Vio una hoja cruzarse por la ventana al mismo tiempo en que pensaba cómo excusarse con su jefe.

Cayó un rayo cargando una idea dentro de su cabeza.

―Ya sé cómo entrar―se levantó de un salto y corrió a la ventana.

No soplaba tanto el viento, era una mañana sumida en el estupor del viernes en que muchas cabezas de familia se dan el pequeño lujo de llegar algo tarde al trabajo, caminando a gusto por el ligero sereno en el ambiente, mismo que rociaba el afeitar de la ventana y el borde del techo. Abrió la ventana en un impulso del pensamiento irracional y sacó la mitad de su cuerpo por esta. No era la primera vez que se descolgaba por el techo, pero sí le faltaba ese toque de adrenalina que le apoyaba a manera que sus movimientos fuesen certeros y rápidos. Todo aquello le infundía miedo, miedo al regaño que ese hombre pelirrojo le daría y no hablemos del castigo, podría llegar a ser despedida por los juegos de la peli-rosa.

Le faltaban unos pocos centímetros para que sus dedos rozaran el borde del techo. Plantó ambos pies en la ventana y estiró el brazo hasta alcanzar asidero; sentía humedad pero bien podía deberse al sudor en sus manos; con una sujeta al techo le siguió la otra, de un gruñido se impulsó con ambas manos hasta tener medio cuerpo arriba, plantó la rodilla y ya estaba de pie. Casi corrió a donde podría estar la ventana del baño arriesgándose, acercando su pecho al techo se asomó y para su buena suerte le llegó el sonido de un canturreo y agua cayendo.

― ¡Yosh! Aquí vamos―exhaló aire lentamente para concentrarse, sus pupilas se dilataron al resplandor del día, cuerpo y mente debían trabajar en conjunto para el siguiente movimiento. Se colocó en cuclillas dando la espalda al borde. Sintió el vació a sus espaldas e imagino lo mucho que dolería una caída de ese tipo, si no llegaba a matarla. Isuke era el demonio al ponerla en este tipo de situaciones.

En dos segundos su cuerpo se impulsó con las manos, estas se deslizaron por el empuje hasta aferrarse al borde de la canaleta y confiando en que sus piernas no hallarían obstáculo alguno en el cálculo rápido que hizo, dejó ir su cuerpo en forma de parábola. Entrando directamente por la ventana abierta de par en par teniendo 10cms extra de la anchura de sus hombros.

Cerró los ojos sin querer ver el desenlace de sus actos, pero su mismo cuerpo supo al instante que lo había logrado, había un cambio en el ambiente, más humedad pero menos frío.

La bañera era rectangular y pegada a lo largo de la pared. Su aterrizaje, aparte de estrepitoso, le trajo daños físicos, su pie derecho le enviaba constantes punzadas de dolor desde el talón que pegó con el borde de la bañera, su trasero le dolía pese a haber caído en agua, esta no ayudó a suavizar la caída y no podía ni moverse bien, toda su pijama quedó empapada. Sus manos tocaban el suelo de la bañera y el agua le llegaba poco más arriba de la clavícula, el piso era un completo desastre, con agua salpicada por todos lados cómo el piso de una piscina.

Alzó la vista topándose con la peli-rosa envuelta en una toalla y sentada en el borde fuera de la bañera. Entró al castillo pero no traía arma que la ayudara contra el dragón que habitaba dentro. Una bestia mojada que a pesar de ello no perdía la superioridad y el orgullo.

―Menuda manera de entrar, muy elegante―el sarcasmo era la segunda lengua de Isuke.

―Ya no tengo tiempo, Isuke-sama―no cargaba con su celular, afortunadamente, pero sabía que estaba atrasada, muy atrasada. Observó el desastre que había hecho, el lugar tendría que lavarse después y estaba completamente empapada―uff, pero al menos entré.

―Sí, Isuke se preguntaba cuanto más te tomaría entrar―fingió ver un reloj en su muñeca―de echo te tardaste~3

―Ya no tengo más tiempo, van a reportarme en el trabajo por llegar tarde y…―el intento de llamada de atención se atascó en su garganta en cuanto la otra hablo.

―Cálmate idiota, no es tarde, vas 30 minutos más temprano.

― ¿Eh?

―No vas tarde, ese aparato de mal gusto al que llamas celular fue manipulado por las manos del diablo~3―movió sus dedos para mostrar su punto―Isuke adelantó 45 minutos a esa trasto~3

― ¿Por qué…?―dijo enojada y al mismo tiempo un tanto aliviada― ¿Por qué hiciste eso? Estoy toda empapada, me lastime la pierna y tengo el culo todo adolorido.

―No culpes a Isuke de tu caer tan lamentable―el suspiro de frustración quedó reducido a sonidos burbujeantes al hundir su cara. Aquello produjo una risa en Isuke. Cuando se le acabó el aire, Haruki sacó su cara del agua mostrando un rostro un poco fastidiado.

―Pero ¿por qué hiciste eso? Yo no me meto con tu sueño, con tus cosas, dejo que despiertes cuando te entre en gana, que comas mis bolas de arroz con atún―a Haruki le parecía una gatita rosa cuando se las tomaba, parecía que le gustaba mucho el atún―te regalé un esmalte, te dejo dormir sobre mi espalda mientras duermo o que la uses para apoyarte cuando estás leyendo, comes mi cereal que es únicamente mío, te cuidé cuando enfermaste ¿Por qué me asustas así?―sonaba un poco dramático pero Haruki quería saber que le hizo para que actuara así con ella, si estaba al pendiente de sus necesidades. La chica envuelta en toalla se encogió de hombros desnudos.

―No hay razón, Isuke sólo se las quería cobrar~3

―Cobrarlas…―asintió. El dolor punzante en su pie y su trasero se hicieron más presentes cuando se paró, escurría a chorros y la ropa se le pegaba al cuerpo. Miro con reproche a Isuke y con el puño en la cadera.

―No deberías ser capaz de enojarte, estas delante de lo que tus infantes desean―dijo subiendo ligeramente la toalla en el movimiento de cruzar las piernas. Por su frustración no había caído en cuenta hasta ese momento, pero allí estaba, Inukai Isuke semidesnuda, con el betún de merengue asomándose por la toalla. Haruki se sonrojó, no calculo aquello. Negó con la cabeza para despejar la mente―. Pero no te sientas tan mal, como ya dijo Isuke, sabes entretener a tu amo. Perro~3―Haruki dio un respingón, dejando salir un gruñido. Su mirada se tornó inexpresiva y salió con cuidado de la bañera.

Isuke quería suspirar en decepción y aburrimiento, conocía esa mirada: la había visto tantas veces con los hombres con que salió, jugaba alguna broma y se molestaban al punto de no hablarle o empezaban a gritar sinsentidos. Como si a ella le interesara algo tan patético. La pelirroja seguro diría un par de cosas sin importancia y firmaría su sentencia. Isuke siempre hacía lo que quería, fuese o no los deseos de alguien más. Decepcionara o no su actuar.

Mientras pensaba, Haruki abrió el grifo de agua fría, volviendo a llenar la bañera a un nivel aceptable, contenta con lo hecho se acercó a Isuke. Ambas se vieron a los ojos cómo si fuese una competencia y la fierecilla desvió la mirada con la mayor dignidad que Haruki pudo ver. Negó sonriendo, notando ese cambio tan drástico en su humor, no se iba a disculpar pero el punto no era que lo hiciera, no hizo ningún daño verdadero. Isuke se sintió alzada en vuelo, la sorpresa no le permitió reaccionar más que para sujetarse de la chica mojada que no mostró esfuerzo en cargarla y con la tranquilidad del mundo extendió los brazos y dejó caer la magnificencia de la peli-rosa en la bañera con agua fría. El punto era agradecer que no le arruinara el día.

― ¿¡Qué demonios crees que haces, perro!?―le gritó temblando dentro del agua, se abrazaba para tratar de mantener el calor que escapaba a velocidad alarmante.

―Ya sabes, Isuke-sama no se portó muy bien pero no pasa nada―la toalla que Isuke usaba quedó en su mano, la puso en el perchero y se sacó las ropas mojadas.

En la academia tomaron baños colectivos, pero las miradas no viajaban de un cuerpo femenino a otro, mantenían el contacto visual para evitar incomodidades entre ellas, igual para mantener algo de respeto. Pero aquí la pelirroja sólo se desvistió frente a ella, dándole permiso de empezar un recorrido turístico desde dos cumbres que pese a no acercarse ni de lejos a las montañas de Isuke tenían su atractivo, deslizando el viaje hasta el valle entre esas cumbres y continuar al sur por la plana pradera de su abdomen; la suave inclinación y ascenso de su cintura y la cima de la colina que se formaba en esas caderas; y esas formaciones en forma de flecha que apuntaba a ese pequeño bosquecillo de hojas otoñales. Todo el viaje era gratis pero la generosidad de Isuke pagó con calor en las orejas.

―Es más, quizás me hizo un favor por despertarme así esta mañana, la vista es buena, no todos los días puedo ver a Isuke-sama abrazándose y tiritando como gatito mojado―dijo ya dentro del agua, estaban tan cerca que sus pies se rozaban. Haruki le sonrió y antes de poder percibir ese rojizo en las mejillas de Isuke, se sintió jalada de la cabeza y hundida en el agua. La cercanía le hacía preguntarse en medio de gritos sofocados y chapoteos si estaba ahogándose en líquido o en piel y carne.

― ¡Isuke, me estas ahogando! cof, cof ¡Isuke!―los gritos que salían del baño llamo la atención de los que empezaban a despertar, la tormenta ya esperaba su turno para el baño al igual que Misuki.

― ¡Es lo que te mereces, perro, por arrojarme al agua!―de echo los varones de la casa empezaron a despertar un poco más al escuchar esos gritos.

―Qué envidia me da Haruki-nee-san―dijo el gemelo mayor.

―Sí, jugando con nuestra diosa en el baño y no nos invitó a pasar―le contesto su hermano gemelo agachando la cabeza decepcionado.

―Haruki-nee-san…―Saburo tenía una mirada vacía y una pequeña aura azul por encima de sus ojos, el sólo imaginar a su hermana mayor metida en el baño con la chica de sus sueños le hacía deprimir, e imaginar que él acarreó el agua caliente para la señorita, aún más.

―Dejen de hablar entre dientes y venga a ayudarme con el desayuno―dijo Fuyuka.

― ¡Busca la toalla de Isuke!

― ¡Tienes dos hermosas piernas, sal del agua y búscala tú!―los tres suspiraron en depresión. La suerte de los mayores, la vida era tan injusta, pesaron mientras dejaban caer sus cabezas en la mesa, en contra de los gritos de protesta de su hermana mayor por haberla ignorado.

―Oe gracias―el agua fría no estaba tan mal para ella, y podía disfrutar del tiempo extra que, aún si fue un gran susto, Isuke le brindo en una especie de ayuda para ese día de prueba.

― ¿D-de q-qué hablas, idiota?―a contrario de Haruki, Isuke temblaba y le castañeaban los dientes, negándose a salir de aquella agua helada antes que Haruki y viera su desnudo.

―Me refiero a adelantar mi celular, en vez de encerrarte por media hora, gracias―rio con la garganta―en verdad pareces un gatito mojado―dijo alzando un brazo y palpando la cabeza rosa.

―I-idiota―le salpica agua en la cara.

―Je…relajante agubbbrr…―dejaba libre el aire en sus palabras bajo el agua, para que nadaran a la superficie en un intento de no ahogarse debajo. Haruki cerró los ojos e inclinó lo que pudo sin incomodar a Isuke, a manera de hacer con su cabello un incendio sobre el agua. Salió a la superficie y tomó el jabón para frotarlo contra su cuerpo―un buen baño sin prisas, seguro que cabeceare un poco pero nada que no pueda esconder de ese hombre.

― ¿Po-porque te preocupa tanto esa tontería de trabajar? Parece un fastidio~3―sonaba rudo, pero Haruki notaba cierta consideración en la pregunta.

―Soy el pilar de la familia, por supuesto―alzó las manos para enjabonar su cabellera, no era correcto usar el agua de la bañera para eso pero igual pensaba lavar todo cuando volviese del trabajo.

―Isuke no se refiere a eso―tenía la atención de la pelirroja― ¿qué fue lo que ocurrió para que te enjaularan en su necesidad?~3

Tras esas palabras apareció una máscara de seriedad sobre a fas de Haruki, le afligían escuchar eso, no porque lo dijera Isuke, sino por su realidad. Continuaba en su memoria la situación familiar antes de la clase negra, la sonrisa más alegre sirve perfecta para ocultar el pesar y la desesperación.

―Madre no puede trabajar, mientras estábamos en Myōjō su situación se agravó y calló otra vez en el hospital, ahora está en observación, preparándose para una operación.

Les siguió el silencio, no escuchaban nada salvo a los niños en la cocina; Haruki tomó una jícara con la que enjuagó su cabello.

― ¿Qué pasó con papi? ¿Por qué no está el alfa a cargo de su camada?~3

Haruki rio entre dientes por la imagen mental que Isuke tenía de su familia.

― ¿Eso significa que soy la alfa aquí?―negó―bueno, ¿recuerdas lo que te dije aquel día que buscabas entre las cosas del armario? Ya sabes que mi padre era militar, a las pocas semanas nos llegó una carta, perdido en combate, no recuerdo mucho de ese tiempo, sólo que mamá lloraba en la oscuridad cuando creía que yo dormía. Quería mucho a papá…dice que soy su viva imagen, no sé si es verdad, la única foto que queda de él ya está muy dañada para saberlo. Entonces, meses después mamá conoció a un hombre, Taishi.

―Tú y la camada…

Haruki asiente.

―Somos medios hermanos―tomó agua y se refrescó la cara, parecía que eso no le importaba―. No lo saben y por mi está bien, no importa si tenemos padres diferentes, los amaría aún sin parentesco. Isuke-sama lo dijo, la familia es lo más importante y ellos son mi familia, no existe nada que no haría por ellos.

― ¿Qué pasó con el padre de la camada?

―Uff…mamá buscó otro hombre por nuestro bien, un hombre que llenara esa figura paterna para mí y un compañero con quien trabajar hombro a hombro, en quien apoyarse. Ella no trabajaba, dejó la escuela cuando cursaba su tercer año, je, ella y papá se casaron muy pronto, mamá me tuvo a los 20 años, jóvenes y vivaces con toda la vida por delante―Haruki miró su reflejo en el agua, estaba cerca de tener la misma edad que su padre cuando nació, se preguntó si ese reflejo en el agua fue el mismo que vio él antes de irse en un viaje del cual no volvió―. Me trataba bien, pero yo era demasiado diferente, era su constante recordatorio de otro hombre en la vida de mi madre, como el cachorro de león que hiede a su padre destronado, salvo que en vez de matarme trajo al mundo sus propias crías―sumergió su cabeza manteniendo los ojos cerrados por respeto a la chica.

― ¿Por qué nueve hijos?

―Mamá comenzó a trabajar con la llegada de Saburo, no se casaba con ese hombre y este no le daba el apellido a ninguno de mis hermanos, pero no le preocupaba tener un papel que los uniese―frunció las cejas, se leía la frustración que crean los recuerdos―las mujeres aceptan tener un hijo tras otro porque piensan que así atan al hombre, siendo su progenitura él no los abandonaría…pero no notó que por cada hijo que le daba no lo ataba sino que lo asustaba más y más. Uff…Mei iba a cumplir 3 años al día siguiente a cuando se fue, mamá no estaba en casa y yo tampoco, trabajaba de medio tiempo. Se suponía que él cuidaba de ella y las pequeñas, las abandonó hasta la tarde en que llegué. Huyó y al día de hoy no sabemos nada del muy cobarde.

El silencio las acompaño por segunda vez en aquel baño.

―Isuke te pateará fuera de esa cama si te vuelves a retrasar~3

―Je ¿qué hay de Isuke-sama? ¿Cuál es su historia?

― ¿Qué te hace creer que Isuke te hablará sobre ella?

―Bueno…yo conté de mi vida…―dijo rascando su húmedo cabello.

―Lo contaste porque querías, Isuke no te obligó a hacerlo~3―dijo salpicando otra vez agua.

―Jaja ya está bueno―trató de cubrirse del ataque con una mano―tienes razón, Isuke-sama no me obligó a contarlo, bien jugado.

― ¿Qué otra cosa esperabas? Estás frente a Isuke―y vaya que lo estaba, el agua era espumosa pero era la misma turbiedad lo que le daba el toque sensual a esa chica pelirosa. Haruki se preguntó si habría otra oportunidad en que la intimidad les permitiera hablar tan abiertamente como ese momento.

―Bueno, fue divertido y todo pero el tiempo sigue corriendo―alargó la mano para alcanzar la toalla.

―Oye, idiota, esa es la toalla de Isuke.

―Te traigo otra―se volvió de espaldas y envolvió su cuerpo en la toalla. No le daba vergüenza su cuerpo, pero si le apenaba un poco mostrarlo sin la supuesta protección del agua.

― ¡Idiota! ¡Ayuda a Isuke!

―Hai, hai―tomó otra toalla del mueble con 12 gabinetes y la extendió frente a ella―. Aquí.

― ¿Qué haces? No pierdas tiempo y dale a Isuke su toalla―trató de alcanzarla sin salir del todo del agua pero la pelirroja la apartó.

―No, no, no, tengo otro par de minutos, así que anda, sal, ayudaré a Isuke-sama a secarse―era un tira y afloja en un "te reto a que te atrevas", Haruki puede agradecerle no dañar su horario de trabajo pero su lado infantil quería ganarse una pequeña venganza― ¿o será que Isuke-sama se siente abochornada?

―No seas idiota, Isuke no se avergüenza de nada~3

―Entonces venga aquí, le ayudare a secarse―sonrió con inocencia falsa, impaciente por ver ese sonrojo y declararse victoriosa, sólo quería que Isuke se negara a salir y ella podía reclamar aquello como un premio y dejarla en paz.

La chica en la bañera gruño internamente, sabía que era lo que se traía Haruki entre manos y no le gustaba para nada la idea de mostrarse débil o tímida. Apretó los parpados tomando una decisión, aspiró una bocanada reuniendo valor y Haruki pudo apreciar con sorpresa aquella prisa del agua por regresa a la bañera, algunas gotas rezagadas se unían en ese valle de montañas que parecía un embudo y se deslizaban formando ríos en las praderas, llegando a su origen antes de adentrarse en un bosque hundido en esta.

La pelirroja reprimió con esfuerzo apartar la vista de todas esas carreras de agua, algunas gotas se atoraban en la sima de sus pechos y Haruki dejaba la mirada en ellas más tiempo del preciso. Cerró los ojos sintiendo la sangre en el rostro. Sentía la derrota tocando en su puerta.

― ¿Y bien? ¿No ibas a ayudar a Isuke?―la pelirosa apretaba sus pechos en un abrazo ocultando aquellas puntas donde un explorador debió plantar su bandera ya hace unos ayeres. Después de todo, lo que tenía enfrente con su bello cuerpo desnudo era un demonio. Se tranquilizó, contra aquella chica debía ir algo más lejos que sólo miradas y situaciones íntimas, Isuke debió pasar por cosas mucho más grandes que sólo exponer su cuerpo desnudo.

―Claro que sí―echo la toalla por su espalda rodeando el cuerpo de la asesina algo nerviosa por verse atrapada; deslizó la toalla por la columna hasta la parte en que la espalda pierde su nombre, en cuanto sus manos se dedicaron a atrapar gotas de agua pudo sentir claramente cómo la chica saltaba en tención, ambas estaban muy muy cerca la una de la otra y Haruki se daba un punto con eso―abre los brazos para que los seque.

― ¿Desde cuándo el sirviente le dice a Isuke que hacer?―dijo en tono venenoso pero obedeció, puso ambas manos en los hombros desnudos de la pelirroja y esta sintió el ataque completo al temblar por las manos frías de esa chica. Tomó la toalla y la paso por esos delgados brazos teniendo de intermediario la toalla azul deslavada en medio de esa caricia― ¿Qué pasa, perro? Te ves del mismo color que tu cabello~3

No le dio gracia aquel comentario, por lo que atacó a aquellas banderas imaginarias puestas en la sima de la montaña. Isuke dio un jadeo a la vez que le apretó los hombros. Haruki sonrió internamente y cerró los ojos a la vez que frotaba.

―No ocurre nada, Isuke-sama, ya casi acabamos―el tira y afloja entre esas dos llegaba a su culminación, ninguna lo pondría en palabras o pensamientos pero ese baño quedó en un empate. Haruki destrancó la puerta más cercana y salió permitiéndole a Isuke vestirse. Ya fuera soltó todo el aire que había contenido. Tocó su rostro y como lo pensaba estaba caliente.

―Haruki-nee-san está muy roja―escuchó decir a Hana, la niña tenía en sus manos una bola de arroz recién echa, el resto de sus hermanos le llevaban las cosas a su hermana ayudando en el desayuno.

―Sí, es que…el agua estaba caliente y allí dentro se encierra el vapor jeje.

― ¿Vapor? ¿No tendrá algo que ver con que te bañaste con nuestra diosa?―interrogó un molesto Akira.

―Sí, Nee-san, podíamos esperar ese tipo de traición de Mei, la esperábamos de Sabu-nii-san.

―A mí no me metan en eso―"también estoy deprimido por no poder bañarme con Isuke-sama".

―Pero no de ti que eres nuestra hermana mayor―dijeron a coro. "¿Y a estos qué les pasa?" pensó ella.

―Bueno, no tarda en salir Isuke, apúrense o llegaran tarde―y entró a su cuarto para empezar a vestirse, hoy abría cosas importantes que hacer, no tenía idea de cuantas. Empacó su muda de ropa y tomó la corbata entre sus manos.

―Isuke pensaba que ya estarías camino a tu trabajo―secaba su cabello con aquella toalla azul deslavado, traía puesto únicamente su ropa interior, algo muy común cuando era de noche o temprano en la mañana.

―Ya me voy pero es que…―no tenía idea de cómo pedir que le hiciera el nudo de la corbata luego de molestarla dentro del baño En definitiva debía tomarse unos minutos ese día para aprender a hacerlo. Escuchó a la pelirosa suspirar y poco después sintió un peso en las piernas, al igual que gotas cayendo en su pantalón y camisa.

―Idiota, debes aprender a hacer un nudo, Isuke no estará aquí para siempre―Haruki se acarició la tela y sonrió agradecida.

―Sé que no pero…al menos quédate hasta que aprenda ¿sí?―guiñó su ojo.

― ¿Uh?―negó con la cabeza y se levantó de donde estaba sentada. No tenía idea de cómo procesar esas simples palabras.

―Bueno, debo irme. Nos vemos, Isuke-sama, cuida a mis hermanos por favor.

―Uff…idiota―dijo cruzada de brazos y caminando a la ventana, tal y como hacía en algunas ocasiones cuando la pelirroja se iba. Quizás Haruki no aprendería a hacer aquel nudo hoy.

Le sobró un cuarto de hora al cruzar las verjas, la empresa estaba sumida en silencio y bañada en un amarillo mañanero. En el escritorio que daba la bienvenida a la gente que entraba por aquellas puertas no había nadie. Llegó incluso antes que Saori, la secretaria-recepcionista.

― ¿Quién lo diría? Con tiempo de sobra ¿oh?―por la entrada, cruzando el sendero de cemento llegaba aquella chica de cabellera gris oscuro, cargaba con varios papeles, cajas y su bolso; Sagae se apresuró a ayudarla con la caja y un par de carpetas gruesas―buenos días, ¿se te hizo tarde?―saludo con su típica sonrisa que no hacía más que encantar a cada día más a la chica.

―Un poco, sí. Gracias, pero no era necesario, no pedí tu ayuda.

―No importa si no la pediste, es un placer ayudarte―le sostuvo la puerta para que entrara primero, Saori escondió un poco su cara tras los papeles y entró casi corriendo―. Por cierto ¿A qué hora sales el martes?―preguntó rascando un poco su mejilla.

―A las 8―dejó todas las carpetas y le quitó de los brazos el resto con algo más de brusquedad de la necesaria― ¿por qué?

―Pues para que me quede a esperar.

― ¿Esperar? ¿De qué hablas Sagae-san?―sería el calor de fuera o el trabajo que le costó caminar por la entrada con todo eso pero sentía que sudaba un poco; existía un camino en su columna que le servía a una gota de sudor para bajar hasta en medio de sus nalgas.

―Para ir juntas a cenar, por supuesto―dijo sonriente la pelirroja.

Cenar. Ella, Omuro Saori, de 25 años de edad, con 2 años de antigüedad dentro de aquella organización a la que dedica gran parte de su tiempo, nulo conocimiento previo sobre citas o relaciones de algún tipo, estaba siendo invitada por esa hermosa chica pelirroja que tanto le llamo la atención desde que llego, con esa mirada de decisión oculta bajo una sonrisa simpática. Sentía mariposas en el estómago.

― ¿Ce-cenar? ¿Ese día?―Haruki dejó de sonreír por la manera en que lo dijo.

―Lo siento, di por sentado que irías conmigo, fue desconsiderado de mi parte―dio una leve reverencia en disculpa―si tienes planes está bien, sólo quería agradecerte era todo. Igual podemos cancelarlo…

― ¡No!―bajó la cabeza y se aclaró la garganta―perdón, quise decir que no tengo planes para ese día, sólo lo había olvidado.

―Oh entiendo, je, muy bien entonces este martes a las 8. Es un hecho―dio un par de palmadas a la pila de carpetas antes de irse―suerte en el día, Omuro-san, nos vemos.

― ¡Nos-nos vemos, Sagae-san!―cielos, si las cosas seguían así con aquella pelirroja tendría que llegar a lavar sus braguitas de aquel cosquilleo en su bajo vientre.

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―Miren que tenemos aquí. Nuestra colorada favorita―Yuu llegó anunciando como siempre su entrada.

―Hola canario, también es un gusto verte―le respondió al chico que se le colgaba del hombro, Haruki acomodaba su arma en la pistolera asegurada al cinturón.

― ¿Cuáles son los planes para hoy chica? ¿Pasearse de un lado a otro perdida? ¿O recibir otro regaño de una hora de parte de nuestro querido jefe de seguridad, soportando la mirada de decepción de nuestro segundo al mando, Ryu-san?

Haruki le golpeó el duro estómago con el codo.

―Ni uno ni otro. Hoy llegue a tiempo y no esta en mis planes que me regañen otra vez.

―Entonces ¿hoy sí le darás al blanco o te reportaras enferma para la práctica de tiro? Je auch.

―Payaso, te recuerdo que ayer le di al blanco, por si esa cabeza no logra retener información―dijo dando un par de golpes en el cráneo rubio.

―Claro, bajo los constantes regaños de nuestro querido jefe, te llevaste toda la hora extra, al jefe le dio tiempo de fumarse un par de cigarrillos―se burló Toboe.

―Lo único que me falta es practicarlo un poco―respondió Haruki cerrando su casillero.

―Cosa que no logrará si sigue perdiendo el tiempo platicando con su compañero, Sagae―"Si hablas del diablo se te puede aparecer".

―Buenos días, Sawada-san, Ryu-san―. Haruki volteo en posición de firmes pero con una sonrisa nerviosa que ocultaba el inicio de una molestia por ser a quien siempre regañaba ese hombre.

―Jefe, Ryu-san― ¿y cómo no hacerlo? Si esa chica se negaba a llamarlo jefe.

―Veo que cumpliste con llegar a tiempo, bien―dijo Ryu, Haruki se complacía por cumplir con las expectativas de aquel hombre, lo tenía en el papel de mentor, pues como si fuese un maestro, le reconocía sus logros.

―No le festejes algo que debería ir impreso en su trabajo―gruño su jefe, él era la otra cara de la moneda, imposible de complacer y también de entender. Pese a andar con una muleta jamás podía captar en qué momento se encontraba a su espalda para, con su profunda voz madura pero no rasposa o vieja, regañarla hasta por la forma en que metía las manos a su saco. Irónico si notaba aquella corbata un poco desanudada―. Tomen sus lugares, de inmediato, no quiero verlos perdiendo tiempo, especialmente a ti, niña, es suficiente en las prácticas de tiro como para hacerlo también en tu jornada―le dijo a Haruki alzando un dedo acusador que le hirió, sintió coraje.

El pelirrojo, satisfecho o aburrido su cara no ayudaba a saberlo, miro alrededor, algunos hombres apenas llegaban, charlaban entre ellos, Haruki esperaba a que ese hombre les llamara la atención o al menos reaccionara, pero este sólo la miro, cómo retándola a que dijera algo y camino fuera de allí; ella no terminaba de explicarse cómo en una semana había ganado el odio de su jefe. Apenas este desapareció por las puertas golpeó su casillero dejando una pequeña abolladura.

―Vaya forma de iniciar el fin de semana ¿qué acaso jamás sonríe ese hombre?

―Lo hace, pero no querrás estar presente cuando ocurre―le respondió Ryu, frotando inconscientemente el brazo que hace años había sufrido de horribles moretones en secciones rigurosas de entrenamiento―. Ya, vayan a sus lugares, no quiero creer en las palabras del jefe así que pónganse a trabajar. Señores, luego comparan tamaños, colóquense el equipo e inicien sus rondas―les dijo a los que acababan de llegar.

―Vámonos―le dijo a Toboe, quien sin preguntar tomó rumbo junto a la pelirroja.

La primera parte de la jornada esa sencilla, debían dar una ronda en parejas por la mañana y regresar a sus respectivos puestos y una hora antes de que terminaba daban otra más minuciosa en solitario, cualquier desperfecto debía ser avisado al jefe o al segundo al mando por medio de los radios.

―De verdad que el jefe está en tu contra―dijo el rubio mientras bajaban las escaleras.

― ¿Apenas te das cuentas?

― ¿No será que le gustas?

― ¿Qué? Bromeas ¿no?

―Piénsalo, ¿por qué otra razón gastaría su tiempo y esfuerzo en señalarte? Algo se trae contigo―dijo mitad en burla mitad preocupado por su amiga.

―Eso no importa, no le daré razones para que me moleste, mantendré un bajo perfil, cumpliré mis funciones. Tendrá que aceptarme y reconocer mi trabajo, ya lo veras.

―Me gustaría apostar pero sería como robarte dinero.g

―Serás pesado―dijo riendo.

Las instalaciones de todo el complejo eran lo suficientemente grandes como para tomar una hora de su tiempo en recorrer la mitad que les correspondía. Sonaba fácil pero los nuevo debían tener un ojo abierto para cualquier percance "Llamen por los radios. Pidan siempre apoyo y no actúen si están en solitario, que se despida cualquiera de ustedes que se crea el héroe, aquí no tenemos héroes, aquí son guardias de seguridad que acatan mis órdenes y no aspiren a más" ¿Cómo un hombre con muleta podía sonar y verse así de amenazador? Cuando Haruki lo escuchó estaba formada en fila el primer día de adiestramiento con el arma, ese hombre hablaba-gritaba en su cara y ella mantenía la vista fija al frente.

Al hacer la ronda mantenía la mano izquierda lista para tomar la radio, casi todo el tiempo de su ronda era en tención, pese a ser de día. Descansaba al llegar a su zona donde se apostaba, allí le acompañaba un par de veteranos, uno acompañándola en la puerta y el segundo cerca del asesor.

Mientras el sol subía lentamente en su trayecto, Haruki sentía que aquella hora perdida de sueño le pasaba factura. En un momento escaneaba la calle y al siguiente sus ojos comenzaban a cerrarse y su cabeza caía dándole un susto. Estar en un solo lugar no era lo suyo. Movió los hombros y caminó dando un rodeo a la entrada del edificio uno; podía caminar para quitarse el sueño siempre que no se alejase mucho de su puesto. Llegó hasta la entrada principal, habían 4 hombres allí, el doble que la última vez. Los reconoció como hombres del edificio dos, veteranos con más de 10 años trabajando allí. Se le hizo un poco raro aquello pero sabía cuál era su lugar en esa jerarquía.

Regresó hasta su puesto y se apoyó contra la pared.

―Espero que con eso…el sueño…se…aleje…Zzz…―su cuerpo se las ingenió para encontrar comodidad en esa posición. Apoyó la cabeza y pudo soñar con correr por la banqueta camino a casa, riendo y saltando, su padre volvía de su viaje cual guerrero que regresa después de su cruzada, no le veía el rostro pero ese tacto en su cabeza era imposible de olvidar. Cómo lo extrañaba. "Haruki…Haruki…" dijo él.

―Haruki, despierta, colorada te meterás en problemas si el jefe te ve durmiendo―movieron su hombro sacándola de un tirón de aquel sueño-recuerdo.

― ¿Ah? ¿Qué?―despertó en sobresalto, a su alrededor habían quizás 10 hombres y fuera quizás 15, era como si todos los guardias estuvieran allí reunidos. Incluyendo Ryu y su jefe, Sawada-san.

―Oye, si quieres que te despidan hay otras maneras de hacerlo―la altura de Toboe le ayudaba a esconderse de la mirada de sus altos rangos, que escaneaban el lugar. Todos allí, la mayoría veteranos, formaban filas curvas.

― ¿Qué sucede, Canario? ¿Por qué están todos aquí?

―No lo sé, estaba junto a mis compañeros haciendo guardia―señala con la mirada a dos hombres frente a ellos― y llaman a uno de ellos por la radio. Nos quieren aquí reunidos, es lo único que sé.

―Am…y ¿el jefe me vio cuando estaba dormida?

―Creo que no. No despega la vista de la entrada―vieron al hombre contestar una llamada rápida, volteó para hablar con Ryu y empezaron a caminar, el resto se ponía en firmes al verlos pasar delante suyo; Sato no le dedicó ni una mirada a Haruki cuando pasó delante de ambos―. Creo que esperaban a alguien.

―Sí, eso parece.

Antes que el par de hombres llegara a la entrada, un auto negro sin placas aparcó junto a la acera. Haruki vio bajar a un hombre canoso que usaba gafas. A la distancia le calculaba 60 años pero una vez se fue acercando, siendo flaqueado por Sato y Ryu, las arrugas en su cara le sumaban 10 años más, traía maletín y vestía muy profesionalmente, aunque no parecía un hombre que fuese serio. Su cara le daba apariencia de un abuelo, sonriendo mientras hablaba con Sawada-san y riendo con algún comentario de Ryu; no pudo evitar sonreír, si ese era el hombre dueño del lugar que ella protegía, podía dormir tranquila con los cabellos de Isuke haciéndole cosquillas por la noche.

―Has hecho un bueno trabajo luego del atraco sufrido, Sato―escucho decir al hombre mientras pasaba frente ella camino al elevador. ¿Un atraco? Eso explicaría muchas cosas.

―No ha sido fácil, pero estamos trabajando para que los nuevos elementos completen su capacitación lo más pronto posible.

―Tranquilo, seguro esta fórmula funcionara y…

No pudo seguir escuchando, cruzaron las puertas del fondo y desaparecieron junto al resto de la información.

―Dime que no solo a mí se me ocurrió el chiste del abuelito― Toboe no podía contener las ganas de reír, pero Haruki se distrajo pensando en los posibles escenarios que pudieron dar pie a una situación como aquella.

― ¿Ah? Sí, sí, parece agradable―Ryu no le diría nada, la mejor decisión que podía tomar era dejar las cosas como estaban, en nada podía afectar saber o no lo que ocurrió tiempo atrás en ese lugar―. Oye, ¿podemos irnos? Invítame un café, te lo pago la semana próxima―era hora de descanso, por lo que caminaron a los casilleros para dejar sus armas y salir a comprar algo.

― ¿Así? ¿Sin preguntarme cuales son mis gustos? Vaya, las mujeres de ahora tanto o más directas que los hombres―dijo Toboe fingiendo estar ofendido.

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La mayoría de los Sagae se encontraban fuera de casa; Saburo, igual que todos los días, salió a buscar a sus hermanos menores a la escuela, quizás regresase en 15 minutos o media hora, el tiempo dependía de la salida de sus hermanas, las distracciones típicas de los niños al despedirse de sus compañeros como si no se volvieran a ver y por supuesto, que tantas travesuras hicieron en clases los niños tormenta.

Fuyuka era la que pasaba más tiempo en casa, con sus clases de fin de semana podía vigilar a las niñas más pequeñas, pero siempre existían excepciones, a los maestros les encanta poner en grupos a sus alumnos para hacer algún tipo de trabajo y a estos inventar reuniones en la escuela, biblioteca o en casa de algún miembro. Ese era el caso de Fuyuka, sus compañeros llamaron al celular de la familia para avisarle donde se reunirían, ella sabía que del total del par de horas programadas, dedicarían quizás una y estaba siendo positiva, mas nada podía hacerse, eran sus compañeros y no quería recibir una mala calificación por "no contribuir en el trabajo".

Esta situación había salido de improviso, impidiéndole encargar a las crías pequeñas con el tercero al mando.

―Gracias, Inukai-san. Otra vez lamento dejártelas, pero me están esperando―dijo Fuyuka empacando sus cuadernos en una vieja mochila que perteneció a Haruki―. Sabu-kun no tardará en llegar, le prometo que no pasan de 5 minutos.

―Isuke ya dijo que no piensa seguirlas por la casa―Inukai estaba acostada en el sofá, leyendo una vieja revista que encontró, Yuki le hacía muecas desde el suelo y Mei sonreía, sentada en el estómago de la chica como acostumbraba―sólo no permitirá que la incendien.

―Je bueno, es muy amable de su parte―dijo la menor con una gota resbalando por la parte trasera de su cabeza―Ah, ya es muy tarde―exclamó al ver el reloj―me voy, por favor díganle a Haruki-nee que no tardare en llegar.

Y con eso quedaron las tres chicas solas en la casa Sagae.

Primer minuto e Isuke dejó la vista en el techo.

Segundo minuto y Yuki observaba las puntas de sus trenzas, se sentían muy flojas.

Mirarse tratando de adivinar que hay en la mente de la otra.

Mei estirándose.

― ¿Puedo ver la tele?―preguntó Yuki.

―Sólo no le subas tanto―dijo Isuke igual aburrida del silencio, la revista perdió su atención luego de un artículo sobre libros para jóvenes donde 24 chicos entraban como sacrificio en una especie de coliseo ubicándose en un futuro distopico―. Caniche.

―Ugh sí, como diga, señorita chicle―respondió tomando el control remoto que Isuke le ofrecía, esta se dijo que averiguaría quien de los 10 Sagae le había puesto ese apodo.

A la primera caricatura le llegaron los créditos y el joven hermano mayor no regresaba con el resto de la manada. A Isuke no le hubiera importado el correr del tiempo con la niña problemática entretenida en algo, pero le llego un extraño sonido proveniente de la pequeña Mei, una especie de gyururururu no gyurururu le hizo preguntarse si no necesitaría ir al baño, pero con cuatro años la pequeña ya era capaz de encargarse por sí sola de esas cosas.

― ¿Esa fuiste tú?―le preguntó a la pequeña, Mei sonrió y asintió un par de veces tocando su pequeña y poco redondeada pancita.

―Lo siento, tengo hambre―dijo con su voz infantil acariciando la formalidad de una conciencia más desarrollada, inocencia mesclada con una mente inteligente.

―Tienes hambre…―esas palabras en boca de infante eran enternecedoras. En el medio del trato constante y efecto natural que tienes los niños pequeños sobre los mayores, se crea un lazo, una necesidad de velar por su bienestar, tomarlos en brazos y correr lejos del peligro con más fuerzas que las invertidas en salvarse uno mismo. Esa niña había dejado de ser "la niña" para llamarse "Mei" en la mente de Isuke.

―Oye…―le llamó su hermana apagando la tele―también tengo hambre… ¿puedes hacer algo? Por favor.

Estaba a punto de usar alguna respuesta ingeniosa pero ofensiva, cuando vio a la pequeña asentir entusiasmada y sobando su estómago. Negó cerrando los ojos, no se podía hacer nada. Cargó a Mei por las axilas y la dejó junto a su hermana. Se levantó del sofá y caminó directo al refrigerador, seguida de ambas cachorras curiosas por saber qué extraño platillo habría en el menú.

No había muchas cosas, apenas unas pocas verduras para un platillo y algo de pollo y res, al inicio de semana eran 3 pollos y una pieza grande de res junto a otro par de paquetes. Se le ocurrió una idea al ver la reducida cantidad de ingredientes, sacó el pollo, la carne de res, la mitad de un pimiento, una cebolla a la que alguien le dio una mordida y un par de tomates.

Las niñas la veían moverse en la cocina lentamente, no veían mucho avance en lo que sea que estuviese haciendo.

―Vayan a la sala, esto tardara un poco e Isuke no quiere tener sus ojos encima todo el rato―dijo con voz tranquila mientras rebanaba el pimiento y la cebolla, las niñas se encogieron de hombros y se fueron a la sala para seguir viendo la televisión―. Jum…necesitan afilar los cuchillos…―dijo pasando su dedo una y otra vez por el filo, se encogió de hombros y siguió con su labor de cortar en trozos parte del pollo y la carne―. A papa le gusta mucho el yakitori, a estos cachorros seguro y también les gustara―encendió el horno para precalentarlo.

Un olor agradable de carne con verduras cocidas llego a sus fosas nasales, sus estómagos volvieron a hacer ese gyururururu y corrieron a buscar algo que hincarle el diente. Se asomaron a los lados de Isuke, que agachada veía las 14 brochetas que se cocinaban dentro del horno.

― ¡Yakitori!―gritó emocionada Yuki, Mei igual sonreía.

―Isuke no usó mucha carne, la mitad de todo es verdura.

―No lo habíamos comido desde que mamá se fue al hospital―Yuki, quien poco entraba a la cocina, en su emoción alargó la mano para tocar el vidrio del horno.

―Ey, no toques―le sujetó la mano―está caliente, vas a quemarte e Isuke no quiere escuchar tus llantos, quédate quieta, ya van a salir.

―Que salgan pronto―dijo Mei.

―Gyururururu.

―Jajaja ¿Qué fue eso?―preguntó Yuki viendo a Isuke.

―Si-silencio, la comida de Isuke es tan buena que se le antojó, no pueden culparla―las niñas largaron a reír, contagiándola raídamente. ¿Hacerles comida? ¿Cocinar a toda esa manada? No podía creerlo, en verdad estaba cuidando de todos ellos, pensó al verse salpicando la salsa para darle ese característico sabor al pollo. El número de brochetas no eran solo mera coincidencia, teniendo en cuenta que por la cantidad de carne ninguna de ellas podría comer una entera, había cuatro extra, pensando en los barriles sin fondo que eran los varones y Misuki, Fuyuka dijo que comería con sus compañeros y Haruki no llegaba a casa en el almuerzo.

Dio un suspiro de resignación. Buscó un par de trapos para sacar la bandeja y mientras les decía a las pequeñas que no tocaran nada o se quemarían, surgió la tonta idea de que se estaba volviendo una más en ese lugar.

―Je…ridículo―dijo al poner la bandeja fuera de su alcance, busco la salsa teriyaki con la cual bañar las bolas de pollo. En las escaleras se escuchaba el jaleo que creaba el resto de la manada, se preguntaban qué había cocinado su hermana mayor que olía tan bien. La idea de ser parte de la manada era ridícula pues ¿Cuándo se ha visto a una fiera en una manada de lobeznos?

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―No puedo creer que me obligaras a comer un bento en vez de un buen café cargado―Haruki ajustó su cinturón, evitando que sus pantalones se fueran abajo junto al peso del radio y el arma colgados en este. Por alguna extraña razón, que sólo podía atribuir a la falta de esa hora que Isuke le robó, no podía mantener los ojos abiertos en cuanto entraba a la empresa, faltó poco para que chocara contra una esquina camino a los casilleros.

―Oye, yo no te obligue, estaba a punto de pagar y saliste corriendo para cambiar el café cuando viste lo que llevaba, te dije que yo lo pagaba pero te negaste―en cambio Toboe se despreocupaba si se podía o no ver el borde de sus boxers amarillos.

―Buff…sólo espero que el jefe no salga de su oficina por el resto del día.

―Supuestamente tomó dirección al edificio dos junto al doctor, ¿lo sabías? Es un doctor nuestro querido abuelito―dijo burlón.

―Como sea, bueno, te veo después, canario―dijo buscando la escalera.

―De acuerdo, te veo en el entrenamiento, no te quedes dormida―se despidió en broma viéndola partir.

El problema era que la broma le daba más y más batalla a Haruki y su intento por permanecer despierta. Era uno de esos días de verano donde la brisa que se colaba por las puertas acunaba su sueño acalorado, seduciéndola a cerrar los ojos, aunque fuese sólo un minuto ¿Qué problema había con descansar los ojos? Le engancharon bloques de concreto en los parpados y cada vez eran más pesados, crecieron y crecieron en sus rodillas.

―No, no, no―dijo negando, golpeó sus mejillas tratando de ahuyentar al hombre con polvos dorados―. No voy a dormirme.

"Vamos…sólo cierra los ojos un minuto ¿Qué puede pasar?" Dijo Isuke, subida sobre su hombro izquierdo, vestía un lascivo traje rojo con cola y cuernos.

"Necesitas recuperar un poco de energía" en su hombro derecho la pelirosa cambió sus pedazos de tela roja que sólo cubrían su intimidad y la sima de sus pechos por un traje blanco a manera de un ángel con alas y aureola incluidas, pero con dos grandes y picudas protuberancias saliendo de su cabeza, y bajo la toga una cola enroscada que alzaba la tela dejando ver carne que un ángel no debería mostrar.

―Oye ¿tú no deberías aconsejarme algo que sea bueno o correcto? No sé, ¿actuar más como ángel?―preguntó a la chica en su hombro derecho, quien limaba sus uñas sin prestar demasiada atención en lo que decían.

"¿De qué hablas? Isuke es toda una ángel~3"

―Un ángel con cuernos bajo la aureola y una cola bajo las ropas.

"Sólo cierra los ojos un rato y haznos más fácil el trabajo" le susurra la otra diabla rosada en su oreja.

―Oye, no eres muy diferente de alguien que conozco.

"No nos sorprende, eres fácilmente influenciable. Estúpida lima"

Mientras Haruki soñaba con las representaciones diablo y ángel de Isuke, el par de guardias junto a ella la miraban con mala cara, no podían creer que esa chica desperdiciara de aquella forma el puesto que recibió de Sawada-san durmiendo en sus horas laborales, especialmente el mayor de los dos, esa chica se lo robo a su hijo mayor en un trabajo que no le correspondía. A ninguno de los dos le agradaba Haruki. Eso estaba claro.

―Entonces puedes mover la cola pero eres un ángel.

"Exactamente"

"Siempre me ha tenido envidia a mí y a mi trabajo" dijo la diabla jugando con la punta de su cola.

"Eso es porque tú puedes divertirte, se supone que yo debo llevar a esta idiota por el camino del bien"

―Oe gracias, será imposible desviarme teniéndote como ejemplo―metió un pocky a su boca con una sonrisa divertida en el rostro―Oh, cierto, ¿gustan?

"No gracias, se nos acaba el tiempo aquí" le respondió el ángel.

"Nunca como algo que pueda engordar" exhaló vanidad la diabla, saltó del hombro de Haruki y empezó a caminar moviendo provocativamente las caderas y la cola "Adiós, idiota" del suelo se abrió un agujero que expedía humeante azufre y saltó dentro.

"Nos vemos, Sagae" el ángel moderó su despedida, pero su vuelto la llevó al mismo agujero que tomó la diabla.

―Sagae―. Para satisfacción del par de guardias, el hombre tenía un semblante serio.

― ¿Ah? ¿Mande?―dijo abriendo los ojos en desconcierto, el ángel y el diablo se había despedido dejándola saludar a su jefe. La línea de su boca se curvaba sólo un par de grados, no muy diferente a la expresión que siempre cargaba en el rostro. Sus ojos cerrados a media pupila la miraban inexpresivamente, Haruki sintió como el frío la encogía en sí misma, prefería recibir una mirada enojada a esa que le decía a la cara "No esperaba mucho de ti". No gustaba de aquella mirada en ese hombre, los nervios hacían que su estómago se volteara. Ryu tenía más carisma, les apoyaba en la medida que puede hacerlo un alto mando, Sawada Sato creaba un cuerpo extraño dentro de su sistema― Jefe…Sawada-san.

―Usted insiste en hacerse notar de cualquier forma posible Sagae―traía metida una mano en el bolsillo de su saco, la otra sujetaba con fuerza su muleta―Dígame ¿La contraté para reponer horas de sueño?

―No señor.

― ¿Relajarse y usar un puesto que pudo pertenecer a otra persona?

―No, señor…

― ¿Estás actuando con la responsabilidad que demandamos?

―No, señor…

―Usted lo dijo. Espero que no haya nadie esperándola en casa, porque no llegara a tiempo para cenar—sin más miramientos dio media vuelta. Su muleta fue la primera en adelantarse y entonces tomo camino hacia el edificio, cojeando a cada paso, sin mostrar un atisbo de molestia.

Decir que esos hombres estaban conformes con el resultado sería un eufemismo. Voltearon mostrando una sonrisa y se dedicaron a charlar entre ellos, ignorándola completamente.

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―No entiendo ¿cómo alguien querría estar en el turno nocturno? Por el día ya es muy aburrido, no quiero imaginar lo tenebroso que debe ser por la noche―dijo Toboe, doblando su camisa y colgando su saco dentro del casillero.

―En eso te equivocas, muchacho―le respondió su segundo al mando―El turno nocturno a veces es mucho más emocionante que el diurno―esos pasillos con salpicaduras secas no se borrarían fácil de su memoria, evocaban aquella vez de niño en que pisó un sobre de salsa picante por curiosidad, la salpicadura no se esparció demasiado pero sí lo necesario para ser notada y que sus amigos señalaran bromeando con su parecido a la sangre.

― ¿En serio? ¿Entonces por qué no estoy allí?

―Ese no es tu asunto ¿o sí?―ajustó su corbata―tu eres un novato apenas.

―Bah, no necesita ser tan borde—perdió el interés y miró la pantalla de su celular. Ryu negó con la cabeza viendo esa misma actitud en su hijo. Volteó a ver a la otra novata, apoyada sobre su casillero mirando absorta a la nada.

—Sagae—le llamó, la chica volteó a verle espabilando—vaya no te ves bien, pareciera que llevas aquí veinte años y empezaras a odiar tu vida.

—Algo así, estoy cansada. No dormí bien esta noche y me despertaron demasiado temprano por una travesura.

—Vaya, eso me sorprende, después de todo te presentaste, te luciste como una chica fuerte que podía aguantar una noche de mal sueño —"si es que te dejaron dormir en algún momento" pensó.

—Bostezo yo también creía lo mismo hasta el día de hoy, hace daño compartir cama—de estar bebiendo algo el hombre lo hubiese escupido.

—Wow tranquila chica, me gustaría escuchar los detalles de tu vida privada pero no es el lugar ni el momento―le guiño el ojo de manera cómplice pero Haruki no entendía del todo porque esa sonrisa pícara.

― ¿Vida privada?―al principio no entendió, pero luego de cinco segundo de darle vuelta a sus palabras dio un pequeño salto― ¡Ah! ¡No, no, no, no, eso no es lo que quise decir!―incluso se sonrojo un poco al imaginar tal situación con la única persona con la que compartía cama―lo que quise decir era que…

―Tomen su equipo y síganme, aprenderán a limpiar su arma―escucharon decir al pelirrojo. Haruki volteó a ver a su jefe, que había llegado en algún momento de distracción en su plática―No trabajaremos donde siempre, iremos al siguiente piso.

―Al parecer será un día tranquilo para ustedes―observó el hombre con corte militar―bueno para ti ¿no? Llegaras descansada para cumplirle a esa persona. Suerte chicos―Haruki suspiro por la oportunidad perdida de explicarse y se enfiló con el resto del grupo.

―See…hasta luego, Ryu-san―dijo el rubio caminando sonriente al lado de la decaída pelirroja.

―Suerte.

Caminaron por pasillos donde los habitantes ya dejaban su escritorio listo para el día siguiente, trabajos firmados y una que otra cuenta que no cuadraba, pero dejada allí tal cual para que el desastroso sistema no desequilibrara. El hombre esperaba a un lado de la puerta, todos entraban a elegir mesa y utensilios para lo que harían. Cuando la chica pasó al lado de Sato este ni la miro. Aspiraba a pedirle el favor de que le quitara esa hora extra en el edificio uno, pero con verle la cara sabía que esa hora la cumpliría sí o sí. Ni que hacer, podría dedicarse a jugar con las sillas o lanzar bolas de papel que no pareciesen importantes a los botes de basura.

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El sol empezaba ya a esconderse y para algunos el día apenas iniciaba, mientras para otro recién terminaba. El ejemplo esencial se vivía dentro de la empresa. Era pasado el horario de cambio de turno, los agotados miembros de la mañana se habían retirado hacia sus hogares, dejando detrás a un grupo más pequeño para resguardar lo que era suyo durante el día. ¿Qué ocurriría ahora? Se habían ganado el derecho a relajarse de la manera que quisieran, ya sea recostándose en su cama y tomando una bebida en algún bar perdido. Todos excepto Haruki.

Poco a poco comenzaron a salir, dejándola sola con su "querido" jefe, quien metía su propia arma en un pequeño estuche plateado.

―Deja todo en su lugar y limpia antes de irte ¿sí?―dijo uno de sus compañeros entre risas mientras salían. Era la última con excepción de su jefe, le dedico una sonrisa a manera de un hola o sólo para mostrar simpatía, pero el hombre ralló en el desinterés al pasar por su lado, haciendo ruido con la muleta.

"Imagino que se dirige con el doctor", tenía entendido que era algo así como su guardia personal. "Y yo con una hora extra en la parte aburrida del lugar, genial" dejó cerrado todo y caminó hasta el otro edificio, sin muchos ánimos de encerrarse en todo un piso con olor a papel viejo, humedad dejada por el clima apagado y caminar viendo cada dos minutos la hora en su celular.

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Eran cerca de las 7:30, esa hora en que no había nada interesante en la televisión y los niños debían cumplir con sus tareas. Isuke los veía acostada en el sofá, aburrida y preguntándose a qué hora llegaría su sirviente.

"Esa idiota está tardándose más de la cuenta ¿Dónde se metió?" lo que no sabía era que una sombra, la misma que le acechaba a ella, tenía la mirada fija en aquel edificio. Su cuerpo se erizó, miró sus brazos donde el bello se levantaba y otra vez a la puerta. Algo no iba bien.

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El sonido del caucho rayando el asfalto rompió la tranquilidad de la noche. Fue un chirrido lo suficientemente fuerte para escucharse en los alrededores, tanto como para alertar a toda persona dentro de las instalaciones.

Haruki empezaba a caer dormida de nuevo en una butaca apoyada contra la ventana cuando el auto negro freno ante las puertas de la entrada principal, el alboroto había conseguido llamar la atención del cuerpo de guardias que miraba en dirección dónde provenía el sonido sin importar que hubiera una pared delante de ellos. Se hallaban expectantes y a la espera de lo que sucedería. Los que se encontraban en la recepción oyeron de primera mano las puertas abriéndose, pero cuando las balas comenzaron a volar todos empezaron a correr en diferentes direcciones. Una ráfaga de proyectiles impactando en el hormigón de la pared les hizo acelerar el corazón, un guardia trató de tomar su arma pero una nueva ráfaga lo obligó a retroceder, una ráfaga de balas alcanzó al pobre diablo, dejándolo cual humorada de queso gruyer.

―Sawada-san, unos hombres entraron al edificio, están armados y…―la comunicación se cortó de repente, Saori alzó la mirada con el miedo escrito en los ojos, el hombre alto frente a ella sostenía el cable del teléfono arrancado sin consideración. Lo último que recuerda es al mismo hombre asentir y luego un golpe fuerte tras su cabeza.

―Mierda―Sato colgó el teléfono de golpe, molesto por no tener visión del edificio UNO. Tomó su arma de la pistolera colgada al cinto y se puso un cargador extra en los bolsillos del saco. Mantener la calma era esencial cuando se es el jefe de un edificio bajo ataque. —Shun, informa ¿Qué es ese escándalo? —hablo Sato hacia su radio. El eco amortiguado de las balas llegaba hasta el cuarto de investigación. Los corazones de los trabajadores de la empresa latían con fuerza mientras se dirigían hacia la zona de conflicto, pero dentro de la sala sus dos ocupantes mantenían la calma ante la situación, enfocándose en su labor, sin perder de vista su trabajo.

— ¡Tres hombres señor, armados y equipados, irrumpieron en el vestíbulo disparando! Temo que Yûsuke y Kentarô han fallecido… —el puño de Sato se cerró con fuerza sobre el endeble aparato, el plástico vibraba por la tensión ejercida hasta el punto en que pareciera que se rompería por la fuerza que su dueño ejercía, eran más llamadas que hacer, más perdidas que lamentar.

—Tsk, demonios. Que todo el edificio A se movilice hacia el lugar, tienen órdenes de disparar a matar, neutralicen a eso sujetos. Diles que tengan precaución, el resto mantendrá sus posiciones, no necesitamos más bajas esta noche.

—Entendido jefe.

La comunicación por radio termino, dejando un sonido estático como señal de esto. Las cosas allá afuera sonaban mal. No eran armas simples las que esos sujetos portaban, el estallido constante revelaba que eran armas pesadas, mucho más que con las que su cuerpo de seguridad estaba equipado. Eso era ya una desventaja, incluso para los entrenados, pero si estos sujetos eran tan buenos como la chica de la última vez, sus hombres tendrían pocos chances.

— ¿Otro ataque, huh? Sabes, me dijeron que esto sería peligroso. Empezaba a creer que la cosa cambiaría después de un año de trabajar aquí, pero creo que sólo fui yo tratando de engañarme, era cuestión de tiempo para que estas cosas pasaran —dijo Iroshi, quien miraba a través de un microscopio, ajeno a las perturbaciones exteriores, mientras anotaba datos en una libreta de hojas amarillas. El sonido de caos no llegaba al último piso del edificio DOS.

—La quietud no iba a durar mucho. Sólo era cuestión de tiempo ¿Le afecta esto en algo?

—Si tú puedes mantenerte estoico mientras haces tu trabajo, yo puedo hacerlo mientras hago lo mío, dejar que me absorba. Lo ha hecho los últimos años.

—A todos nos absorbe —un silencio casi perpetuo quedo flotando en la habitación, momento en el que Sato reflexiono sobre sus palabras y como esto había sucedido en el pasado. No tardo mucho tiempo en levantar de nuevo la cabeza y llevar la radio hacia su boca —Takeshi, aquí Sato —el radio no respondía más que un sonido distorsionado —Takeshi, responde… —no había respuesta —Tsk, Hayato, aquí Sato, infórmame —sin señales de vida. La situación empezaba a pintar peor de lo que ya parecía, no había respuesta del grupo asignado a la entrada de autos. —Mierda… ¡Shun! ¿Qué sucede en el garaje? No hay de respuesta de Hayato o Takeshi.

—No lo sé señor. La pantalla está en negro, no tengo imagen de lo que pasa.

La mandíbula de Sato apretó con fuerza, mientras el tiempo avanzaba la situación se hacía más clara. No era un ataque en solitario como la última vez, esto era un conjunto, una distracción y una entrada por la puerta trasera.

—Muy bien. Envía a todos los miembros del equipo B al edificio A

— ¿Señor…?

—Da la orden. Que se movilicen de inmediato y neutralicen a los asaltantes. Mantenme informado por las cámaras por donde se mueven el otro grupo.

—Sí señor.

La radio volvió a guardar silencio.

—Y la cosa se complica más y más. Mi trabajo se vuelve cada vez más interesante, esto de dormir sí que te revitaliza —dijo Iroshi con sarcasmo y diversión.

—Tengo que salir un momento ¿Estará bien sin mí?—Sato tomo camino a paso veloz hacia una puerta doble, de repente parecía que su herida nunca había estado ahí, su muleta apoyada sobre una mesa de metal, quedaba abandonada hasta el regreso de su dueño.

—No tienes que guardarme las espaldas todo el tiempo, solo traba la puerta al salir ¿Estarás bien sin eso?

—Solo será un estorbo.

Las puertas se cerraron detrás de él. Hubo sonido apenas audible entre los estallidos del exterior, aquel sonido producto del movimiento de tuercas dentro de la cerradura. Sato se alejaba caminando por el pasillo mientras el doctor volvía a su trabajo dentro de la seguridad relativa de su cuarto de ratón de laboratorio. No había más que hacer. Era parte de su trabajo, ser algo parecido a un tesoro dentro de un castillo, estático y sin participación, esperando en un lugar cerrado con llave a la espera de que uno de los bandos caiga. Pero él no era el tesoro, lo sabía muy bien, el tesoro era sus notas y sus frascos, él era desechable si lograban llegar hasta él.

Era una situación confusa. Es seguro que cada uno de los guardias sabía ya que hacer, hacia donde corre, que esperar, pero Haruki no se movía, despertó con el sonido de los disparos, golpeándola como si hubiera estado frente de ellos, se sentía petrificada no quería creer que en verdad pasaba aquello. Esta era su primera situación real de ataque mientras trabajaba ahí, el cuerpo tenía sus procedimientos y sus formas de actuar, pero apenas y los recordaba, no había pasado el tiempo suficiente para aprenderlos todos, técnicamente aún era una aprendiz. Entonces qué hacer si no estaba lista. Tanta adrenalina vivida antes en su vida y en este momento estaba congelada, incapacitada para actuar. Una ironía bufonesca. Era fácil actuar sin leyes a tus espaldas, pero las cosas cambian cuando tienes que apegarte a la ley, acatar órdenes y no decepcionar a alguien.

El radio sonó.

"Atención a todos los unidades. Las instalaciones están bajo ataque. Tres sujetos fuertemente armados han irrumpido en el vestíbulo principal. Asignados al edificio A acercase con precaución y neutralizar a los invasores. Los demás mantener posiciones".

Era su señal. El cuerpo de Haruki despertó y tomo camino hacia la zona de peligro. Avanzo corriendo por los pasillos sin saber que esperar pero con la excitación provocada por el peligro.

El lugar era irreconocible, se sentía dentro de una película sin sonido, salvo el acompañamiento de su corazón, latiendo a un ritmo cada vez más rápido con cada paso que la acercaba a la acción.

El sonido de los disparos se acercaba más y más. El pandemónium que había empezado desde los suelos del edificio comenzaba a escalar por él poco a poco. Los invasores habían subido por las escaleras, defendiéndose o atacando deliberadamente, prestando poca atención y disparando a la primera señal de movimiento, Haruki no lo sabía, pero habían ascendido por las instalaciones. Se habían acercado hacia su posición con paso lento pero cauteloso. Tendrían mejores armas que sus compañeros, pero seguían estando en territorio enemigo, y en el podían salir lastimados o incluso peor. Un par de pisos debajo de ella, el tiroteo continuaba en un lugar establecido.

Descendía por las escaleras sudando las emociones del temor y la excitación. La adrenalina no era algo nuevo para ella. Tiempo atrás se había escurrido entre las sombras, exponiéndose al peligro de ser descubierta, para llegar hasta su objetivo y destruirle la garganta. Era adrenalina pura. Pero esta vez trabajaba del otro lado. No había armas ni hilos, solo sus puños y una macana que encontró con suerte luego de intentar volver donde limpiaban armas descubriendo que ciertas puertas no podían abrirse una vez cerradas. Esta vez ella era la buena, y sabía bien que los malos no jugaban limpio. Había aprendido eso por si sola y también de Isuke.

—Esta no es mi última noche. Voy a regresar a casa, a discutir con mis hermanos, a pelear con Isuke y a tener problemas para dormir por su cabello en mí cara. Y lo voy a disfrutar —dio un trago de la saliva que tenía acumulada —Desearía tener mis guantes, son más confiables que esta… esta cosa… —dijo mientras tocaba la macana en su cintura.

Su trote ligero a la entrada del edificio había parado al pie de las escaleras, insegura de seguir bajando, más allá de los escalones era terreno desconocido. Eran tres sujetos por lo que escuchó en la radio, había lidiado con más antes, pero no sabía cómo estaban distribuidos. En cuanto la vieran sería una diana viva para esos hombres. Era su oportunidad de demostrar sus habilidades ante sus compañeros y sus superiores, pero el ser imprudente no era algo de lo que se pudiera alardear.

—Puedo decir que están dos pisos debajo de mi… —el sudor de su cuerpo empezaba a molestar, era una noche calurosa donde llevar traje y corbata no era lo más agradable, el aire acondicionado estaba apagado, dejando el interior del lugar mucho más incómodo de lo que pareciera a simple tacto—… si desciendo con cuidado puedo tomarlos por sorpresa… uff, hace calor…noquearlos y dejarlos en el suelo, no sabrán qué los golpeo. —Los constantes estallido habían disminuido, más el peligro y la tensión aun rondaban en el ambiente aunque se hubiera silenciado —Ya has dejado fuera de combate a varios tipos… uff, je venga incluso sobreviviste a que te callera un auditorio encima, esto no será nada… uff, maldito calor, maldito saco —Haruki tomo el saco por las solapas y los deslizo sobre sus brazos hasta que cayera por su propio peso sobre el piso, dejando al descubierto su casi inmaculada camisa blanca y un chaleco antibalas —Al menos tengo una segunda vida―mirando la prenda color negro.

Con el ceño fruncido comenzó a bajar por las escaleras, teniendo precaución de que sus elegantes zapatos no hicieran más sonido de la cuenta. Por el momento estaba relativamente a salvo. Ellos estaban dos pisos abajo. Era seguro que no hubiera ninguno de ellos en el piso contiguo, no era toda una certeza pero le convencía de alguna manera. Tenía el tiempo suficiente para prepararse antes de encontrarse con ellos. No eran demasiados escalones los que bajar, pero el tiempo se hacía eterno gracias a la expectación del momento.

No era una chica valiente y fuerte, tenía miedo, siempre tenía miedo, no importaba cuantas veces hubiera pasado por lo mismo, siempre tenía miedo, porque siempre que hacia uno de esos trabajos su vida peligraba y también la de su familia. Si ella se iba ¿Quién iba a cuidar de ellos? ¿Isuke? Era gracioso pensar en Isuke en esa situación. Probablemente si fuera más como ella las cosas serían más fáciles. Era inteligente, hermosa y fuerte. Tenía de rodillas al mundo. No comete errores, el mundo debe inclinarse para hacerla tropezar.

Las balas comenzaron a resonar de repente, la fiesta abajo se había reanudado y no tardaría en empezar a subir, llegaba el retumbar desde abajo y cada vez se acercaba más. La escaleras no eran una gran construcción que recorría la altura del edificio, por cuestiones de diseño solo conectaban de un piso a otro, si se quería llegar hasta el siguiente piso había que atravesar por completo el anterior. Era perfecto, si no había nadie sobre ellos, solo había que defender dos entradas, las escaleras y los ascensores.

Ya no había tiempo para pensar, solo actuar, si se quedaba ahí parada darían de frente con ella. Corrió de regreso hacia el laberinto de pasillos. Los tomaría por sorpresa, era la única carta con la que podía contar.

El trio había llegado a las escaleras y comenzó a subir, disparando detrás de ellos para mantener a raya a sus perseguidores. La adrenalina emanaba de sus poros, mucha más de la que quisieran, las cosas iban de mal en peor para ellos. Eran como termitas dentro de un hormiguero y las valientes guerreras empezaban a acorralarlos. Uno de ellos regreso por la entrada y disparo hacia abajo, haciendo retroceder a los guardias que venían detrás de ellos.

— ¡Maldición! ¿Cuánto tiempo más van a tardar? Esto se va más a la mierda a cada minuto—dijo uno de ellos. Eran hombres de complexión mediana, no eran especialmente fornidos o amenazantes, si bien era cierto que estaban fuertemente armados, más que criminales parecían hombres desesperados que sólo iban a cumplir trabajos que nadie más quería.

— ¡Joder no lo sé, solo apégate al maldito plan! —Dijo el que parecía dirigirlos, Haruki observaba con cautela desde una esquina alejada— ¡Jun, vigila los condenados ascensores! ¡Tenshô, revisa las habitaciones, si tenemos suerte encontraremos a alguien que usar como rehén! Argh, nos hubiéramos llevado a esa zorra de cabello gris —los ojos de Haruki se abrieron como platos, no lo había pensado hasta ese momento pero ella estaba en el vestíbulo, podrían haberle hecho daño. De repente eso la provoco un poco.

— ¡Se suponía que esto sería fácil, estamos mejor armados que ellos!

— ¡Solo haz lo que digo!

Ambos hicieron caso de lo que se les decía y corrieron hacia sus puestos. Haruki observo como los hombres se separaban en distintas direcciones para gusto de ella. La cosa se había vuelto más sencilla. Retrocedió lentamente alejándose de la vista de los invasores, los pasillos eran largos y tapizados de puertas. Se alejó unos cuantos metros de la esquina y entro en la tercera puerta que rozo.

El momento de actuar no era nada parecido a las películas, en que cada paso es un segundo lento en el reloj. Los sonidos que llegaban denotaban más y más la presencia de sus enemigos. Tentándola a actuar antes del momento exacto. No un segundo antes, ni uno después. Debía ser en el momento en que viera a su objetivo, su cerebro analizaba la imagen sobre la cual decidir y actuar.

El sujeto caminaba con cautela por los pasillos, siempre con el arma arriba, con el dedo en el gatillo ante cualquier posible amenaza. Aún si encontrara a un posible rehén, era seguro que disparara al verlo moverse. No era un mercenario veterano o un experto asesino, era un tipo que no podía controlar su miedo como cualquier hombre común ante una situación que lo sobrepasa.

Había avanzado un par de metros cuando una puerta detrás de él se abrió de golpe. Ese fue el único instante en que Haruki creyó que el tiempo se detenía, cuando miro directo a los ojos de ese hombre y contempló como el discernimiento invadía sus pupilas. Una chica de cabellos rojos salió disparada como una saeta hacía el. Dio media vuelta e intento disparar hacia la figura que se acercaba, pero era más veloz, las balas chocaron contra la pared mientras la figura golpeaba su frente con una vara negra. El hombre se vio impulsado hacia atrás y lo siguiente que sintió fue como su cuerpo caí al piso. Antes de poder reaccionar otro golpe contundente aterrizo en su cabeza y lo envió a dormir.

Había caído uno.

— ¿Qué rayos fue eso? —Dijo Jun —Esos disparos vinieron de detrás de nosotros.

—Tenshô, reporta ¿Has encontrado algo? —hablo el hombre frente a las escaleras, no hubo respuesta del otro lado — ¡Tenshô responde! ¿Qué sucede por allá?

Detrás de ellos, ella se acercaba con el sigilo de un felino, sus zapatos había quedado detrás, junto al cuerpo inconsciente de la primera víctima, con tal de no revelar su posición. Las cosas habían vuelto a calmarse, no tenía la cobertura de las balas para esconder su presencia. Había varios escritorios al frente de los elevadores, perfectos para moverse entre las líneas del enemigo. Haruki se escurría agachada entre ellos, acercándose poco a poco hasta sus objetivos. Las gotas de sudor frío perlaban su frente, quería quitárselos con la manga de su camisa pero no tenía más movimientos que los movimientos indispensables.

— ¿Qué rayos sucede? Se supone no había nadie más aquí.

— Parece que nos equivocamos. Ve a revisar.

Solo quedaban dos de ellos y estaban a la vista. El que daba órdenes de espaldas a ella y el otro comenzaba a internarse entre los escritorios. Era igual que su compañero, pero en este era más perceptible la inquietud de su rostro. Las cosas se empezaban a ir al carajo para ellos.

Avanzaba con cuidado por los espacio entre escritorios, pero poco le sirvió cuando la pelirroja salió de su escondite y tiro de su cuello hacia el suelo. El hombre callo mientras dejo escapar un pequeño grito boca abajo a un lado de Haruki. Este pese a ser más menudo que el anterior no se dejó vencer tan fácil, peleó con saña queriendo despegar su boca de la mano de la pelirroja quien saltó un momento antes del preciso, alertando a su presa brindándole una oportunidad de luchar; dieron una vuelta por el suelo, el hombre peleaba por alcanzar su arma que había sido empujada en medo del jaleo y ella peleaba porque no hiciese ruido para alertar a su compañero. Haruki alcanzó a tomar su macana del cinturón en el momento justo que el hombre rozaba con sus dedos el cinturón del arma. Un golpe directo en la nuca y ya se encontraba durmiendo junto a su compañero. Un último quejido salió de él antes de dejar de moverse.

Solo quedaba uno.

El grito de su compañero al caer había alertado al último de ellos. Volteo en dirección al origen del sonido y no había algo a la vista.

— ¿Quién está ahí? —el hombre abandono su puesto y avanzo hacia el lugar donde había caído su compañero — ¡Te lo advierto, estoy armado y las tienes de perder! —se movió con cautela dentro de los escritorios, de repente se hallaba solo, ya no sentía tanta confianza como antes, si es que la había habido. A unos metros se alcanzaba a ver el cuerpo derribado de Jun —Mierda… —susurro para sí y avanzo hacia donde estaba su compañeros. Contemplo unos momentos a su derrotado cómplice — ¡Sal cobarde! ¡Sal y muéstrate para que pueda despedazarte!

—Como quieras, pero puede que no te guste —dijo Haruki detrás de él.

El hombre volteo para sorprenderse con la imagen que había frente a él. Era una chica, seguramente no más que una adolescente. No hubo tiempo para saborear para la sorpresa. Apenas había volteado, la macana de la chica se movió con velocidad hacia su estómago. El hombre se encorvo de dolor y dejo caer su arma al suelo. Su boca había quedado abierta a causar del aire que había escapado de su estómago, pero fue cerrada apenas abrirse por una patada directo en los labios.

El sujeto callo hacia atrás junto al cuerpo de su compañero, sujetando su labio destrozado que empezaba a sangrar.

— ¡Ahhh! ¿¡Zorra, como te atreves!? — ella se acercó hacia él, se detuvo un momento para agacharse y recoger el arma que había dejado caer — ¡Eres una maldita…! —Haruki apuntó el cañón del arma frente a su rostro, ubicando en el medio de sus ojos.

—Sé que estás enojado. Pero hay que tener respeto por los que tienen arma ¿No crees? —el hombre movía los ojos de ella hacia el arma, Haruki movió el arma y coloco el cañón sobre la carne húmeda del derrotado —Dije ¿No crees? —él asintió sin muchos esfuerzos —Así me gusta―sonrió reflejando la poca iluminación en sus dorados ojos. El hombre sintió un escalofrío en la columna―acuéstate boca abajo en el suelo—retiro la punta de la cara del tipo peor lo mantenía a él encañonado. Este negó con la cabeza, sabiendo lo que vendría, observando el dedo adolecente que no se alejaba del gatillo―ahora.

El hombre lloriqueo y su nariz manchó el piso de mucosidad. El peso de la culta descendió sobre la nuca del último de ellos y el sonido de sus gañidos se acalló.

El último, por fin podía respirar aliviada.

—Uff… Je, ya veo porque lo hace, es divertido presumir―pero presumiendo y todo, sus piernas, que temblaron todo el tiempo, fallaron dejando caer su peso bruscamente. ― ¿Um?

Contenta con su trabajo contemplo su obra. Los sentimientos que la recorrían no eran del todo diferentes a los que experimento en el pasado al término de sus trabajos, una sensación de adrenalina que se hacía todavía más placentera después de sobrevivir al peligro. Se acercó a las escaleras, sabía que el resto de sus compañeros se hallaban abajo esperando. Junto sus manos a manera de formar un infantil megáfono.

― ¡Oigan, ya pueden subir, situación controlada! ― Apenas se había asomado por la puerta una descarga de plomo voló sobre la cabeza de Haruki. Las balas surcaron el viento, pudo sentir el vibrar de las balas pasar junto a su cara, atravesando sus cabellos rojos hasta chocar contra el concreto. De inmediato volvió a esconderse ― ¡Ah!¡¿Qué les pasa?! ¡Todo está bajo control, no disparen!

La voz femenina tomo sin cuidado a los hombres armados, se miraron desconcertados los unos a los otros por un momento.

―Esperen un momento ―dijo Ryu ―Reconozco esa voz. Bajen sus armas, tal parece que la situación está asegurada.

Uno a uno, cada guardia entraba apresurado empuñando el arma, eran seis hombres vistiendo chalecos antibalas, tres de ellos la miraron sin creerse lo que había hacho, sin importar lo ridículo de la pregunta querían confirmar sus sospechas.

― ¿Qué pasó aquí?―dijo el más alto, lo reconoció como uno de los hombres que acompañaban a Ryu cuando este la invitó a participar en las pruebas para guardia de seguridad.

―Vi la oportunidad y la aproveche―el resto de los guardias veían el lugar con la expresión tensa, ninguno se movía, ninguno hacía nada que no fuese apuntar a los dos hombres en el piso―am…hay uno más en la puerta de la derecha, por el pasillo.

―Confirmado señor, los tres hombres señalados están fuera de juego―respondió uno luego de revisar la puerta que indicaba Haruki.

―Yamato, encárgate, sabes lo que debes hacer con estos hombres.

―A la orden Ryu―El hombre que enfilaba el grupo asintió e hizo señas a dos de sus hombres para que le colocaran esposas y los llevaran a otra habitación, todos con una mirada intrínseca. Haruki no vio que uno de ellos llamara a la policía o algo parecido.

―Ya bien, ¿Qué tenemos aquí? Sato me encomienda asegurar el grupo encargado de la distracción y al llegar veo que está todo en orden―patea a uno de los hombres cual si fuese un saco de tierra ― ¿Me explican qué pasó? Solicitaron apoyo por medio de la radio.

―Yo me encargué de ellos, Ryu-san, estos tipos sólo se encargaron de perseguirlos hasta aquí―dijo Haruki haciéndose espacio entre dos hombres.

―No vengas a tomarte méritos, es inconcebible que una simple chica pudiese hacer tal cosa.

―No la desprecies tanto Yamato, después de todo esta chica te derribo, y para tu vergüenza, enfrente de todos―y dirigiéndose a Haruki―aunque si hablamos con la verdad yo también soy un poco incrédulo con lo que sucedió, no eres una simple chica ¿verdad? Bien hecho.

―Ryu-san, ¿A dónde quiere que los llevemos?―pregunto uno de los gorilas con traje.

―Ya sabes cuál es su lugar, bájalos y que los aten bien. Nos encargamos como siempre ―saco la radio que estaba dentro de su chaleco ―Shun, informa a Sato que la situación está controlada. Los invasores fueron sometidos y dejados fuera de sí. Los llevamos hacia haya.

―Sí señor―Haruki notaba un gran cambio en la actitud de Ryu, el hombre jocoso que hace un par de horas bromeaba con su vida privada tenía una fría mirada al ver pasar a sus hombres de dos en dos, cargando con los cuerpos noqueados.

―Iremos a ver al jefe.

Sin tiempo a replicas, Haruki se vio siguiendo a Ryu escaleras abajo por el edificio. Caminando por detrás del resto en el cuerpo de guardias. La noche había recuperado su silencio cuando salieron a la luz de luna y atravesaron el patio ubicado entre construcción y construcción.

―Tenía mis dudas cuando entraste a este lugar ¿Sabes? Hemos tenido malas experiencias en este lugar relacionadas con mujeres. Y lo que estés pensando no está cerca de lo que hablo. Por lo que no tenía mucha confianza de ti, pero había algo que me persuadió, para darte una oportunidad ―hablaba sin dar cara, sus pasos eran lo único que se escuchaba―Quizás es tu cabello. Me recuerda mucho a Sato.

―Entonces tuve suerte. De que su jefe fuera tan pelirrojo como yo.

―Más o menos. Pero ahora veo que tienen más en común de lo que creía. Después de lo que vi esta noche, o de lo que no vi, parece que puedo tener más fe en ti. Y no te estreses tanto Sagae, pronto empezaras a agradarle.

Al llegar al edificio tomaron una ruta diferente a la usual. Siguieron directamente su camino por el pasillo hasta llegar a la puerta de los casilleros, una vez ahí doblaron a la derecha hasta llegar a la última puerta. Los guardias abrieron para dar vista de escalones que se encaminaban hacia las profundidades. Descendieron por ella hasta llegar a un pasillo de un aspecto más descuidado en comparación con el resto del lugar. Los muros estaban hechos de piedra rasposa y la iluminación dependía de focos colocados de forma mezquina. Más adelante, frente a barrotes de metal, se encontraba Sato recargado contra la pared, fumando el característico cigarrillo. Tenía la cabeza baja, mirando un encendedor negro con una letra S grabada.

―Ya estás aquí. Pensé que tardarías más con esa pierna.

―Es solo una incomodidad menor― dio una calda a su cigarrillo y cerró los ojos para relajarse. Sentía que su rodilla palpitaba, pero nada en comparación a la primera semana. Miró con recelo a un lado de su segundo al mando, al notar que acercaba una gota de la sangre nueva ― ¿Qué pasó en el edificio uno, Ryu? ¿Controlaste la situación?―los hombres pasaron frente a él, abrieron las puertas de la improvisada prisión y depositaron al trío dentro de la pequeña habitación. Cuando Haruki llego junto a Ryu hasta donde estaba su jefe se llevó una sorpresa al notar que había ya tres hombres dentro la celda.

―La situación está controlada… ―dijo distrayéndose un poco por los otros cuerpos ― ¿Qué paso aquí? Creí que solo nos habían invadido tres sujetos.

―No era nada con lo que no pudiera lidiar.

―Aguarde ¿Quiere decir que usted se encargó de esos tres sujetos sin ayuda? ―interrumpió Haruki, incrédula de la misma forma que sus compañeros lo habían estado de ella, de repente aquel hombre que tenía como Jefe se elevaba más ante ella. Ambos hombres miraron sin piedad a Haruki, una obvia señal de que tenía que guardar silencio, la cual siguió.

― ¿De nuevo te guardas toda la diversión?

―No es momento para eso, quiero que redactes un informe el lunes a primera hora de todo lo que pasó con el grupo encargado de la distracción ¿Qué hace ella aquí?

―Lo que sucede Sato…es que no fui yo ni mi equipo los que se encargaron de esos hombres―este alzó una ceja ―fue Sagae la que se encargó de ellos.

― ¿Sagae? ―miro un momento de arriba abajo a la chica, ella sonrío incomoda ante su inspección ― ¿Ella sola?

―Sola, cuando llegamos estaban en el suelo―la pelirroja se adelantó un paso con una sonrisa orgullosa en el rostro, al fin un poco de reconocimiento por su trabajo―fui con un grupo de cinco veteranos habían intentado neutralizarlos pero estos escaparon a los pisos superiores, no podíamos seguirlos por ninguna de las vías de acceso, Sagae nos gritó desde la escalera, los tenía a todos noqueados cuando llegamos.

Miro un poco más a la chica antes de hablar.

―No es momento para bromas Ryu.

―Lo que te digo es verdad. Yo aún sigo sin creérmelo.

―Ryu, encárgate de esta basura. Estás encargado de su vigilancia por esta noche hasta nuevo aviso. Si despiertan, ponlos a dormir de nuevo.

―Hasta aquí llego la adrenalina. Tú eres el jefe.

―Sagae, tu vienes conmigo ―Sato inicio su marcha a paso lente, paso a un lado de Haruki sin esperar a que esta la siguiera. Ella reacciono tan rápido como pudo y empezó a seguirle un poco confusa y nerviosa.

―Sato, creo que deberías hablar con Sagae, sobre eso. Creo que es de confianza―el pelirrojo no respondió.

Caminaron en silencio hasta la oficina de aquel hombre, regresando por sus pasos al pasillo del elevador. El hombre entró cojeando sin sostenerle la puerta a la pelirroja. Se dejó caer pesado en su silla reclinable. Prendió su computadora y tras teclear un par de cosas posó la barbilla sobre su puño. Haruki no tenía idea de qué veía pero tras un par de minutos el hombre se dignó a verla.

―Dime ¿qué hubiera echo si el primer hombre le disparara? Que se viniera abajo su factor sorpresa―movió el monitor, una ventana mostraba lo que las cámaras de seguridad en circuito cerrado habían captado.

―Tenía puesto mi chaleco antibalas, no iba a matarme.

―Es verdad, no iba a matarle, pero le iba a dejar fuera de combate y aturdida. Sin contar que habría alertado a los otros―apretó una tecla que la mostraba forcejeando con el hombre en el piso, casi parecía que este se zafaría en cualquier momento y alcanzaría el arma―. ¿Y qué me dices de este? Estaba en posición perfecta para que te apuntara a la cabeza.

―Sí, es verdad…―copiando las palabras que dijo el hombre―pero eso no pasó, logré deshacerme de ellos. Eh llegado a estar en situaciones peores. Sabía lo que hacía―dijo molesta, las cosas habían salido según el plan. Pensaba que obtendría méritos con su jefe después de esta hazaña pero todo lo que conseguía eran regaños.―Estoy preparada para estas situaciones.

El hombre extrajo una carpeta de su cajón y lo dejó frente a ella.

―Muéstramelo. Muéstrame el papel donde indique que tomaste una preparación para este tipo de situaciones, un curso de artes marciales, defensa personal, trabajo policiaco, del ejercito― agito la carpeta frente al rostro de Haruki―sólo saca un papel que demuestre que trabajaras, y pusieras en práctica alguno de los movimientos que efectuaste aquí o en la prueba.

Haruki trataba de controlar su respiración, ella podía ser la mejor de todos, la que se encargara de tres hombre ella sola, tal y como su jefe, pero no existía un solo papel que diese prueba de su capacidad. Apretó los puños. Estaba enojándose.

―No hay uno solo. No existe. Te acepte en mi equipo al ver el potencial que demostraste en las pruebas. Todos tenemos un pasado, algunos más oscuros que el de otros. Y hemos aprendido cosas de ello. Como es tu caso―guardó de un golpe la carpeta―Diría que aprendiste en las calles y debido a ello eres imprudente, impulsiva, descuidada, no piensas antes de actuar, te dejas guiar por impulsos. No tienes preparación real y gozas de un exceso de confianza―el mastodonte con el que se enfrentó en las pruebas seguramente dejaran diez centímetros de diferencia a Sato, claramente más musculoso pero no sintió frente a él tanto enojo y temor combinado―. Por ello a partir de ahora serás mi aprendiz―terminó.

― ¿Eh? ¿Qué?―sus oídos debían engañarla.

―Voy a entrenarte, Sagae. Tienes potencial, te detuviste a razonar la situación, te decantaste por la mejor forma de proceder. Es verdad que no pensaste en las consecuencias en un supuesto de que tu plan no funcionara y tus movimientos a pesar de ser certeros son toscos―volvió a analizar los videos―. Pero al cesar lo que es del cesar, fuiste valiente, controlaste los nervios, temeraria e imprudente. Allá afuera tuviste más valor que muchos de estos hombres en sus primeros días. Tus imperfecciones pueden pulirse, y yo puedo hacer eso ―la mirada del hombre se suavizó, podría decirse que casi sonreía con los ojos.

Haruki en cambio sí mostró una sonrisa.

―Sería un honor que me entrenara personalmente, Sawada-san y gracias por ese último alago, no podía sólo observar y quedarme de brazos cruzados.

―Fue más un insulto que un alago.

―Joh, entonces sí tiene sentido del humor―sonrió ya más tranquila. La situación era inmejorable, sería entrenada por nada menos que el jefe de seguridad de la empresa, quien hasta esa tarde parecía empeñarse en que las viviera color de hormiga.

―Lárgate Sagae―y allí llegaba el tono amigable del jefe―. No salgas a ningún lado, este fin de semana empezarás tan pronto arreglemos los destrozos que nos dejó este inconveniente.

―Entendido jefe―hizo posición de firmes con una mano en la frente, cual soldado al saludar a su general. Le brindó una sonrisa al hombre que él no correspondió. Era momento de salir de ese lugar y de ir a casa, antes de que destruyera el avance que había hecho esa noche.

La puerta se cerró detrás de ella. Sato quedo de nuevo a solas en su espacio de trabajo. Su lugar privado ganado con el sudor de su frente. El único miembro del cuerpo de seguridad con oficina era él, y con razón de tenerla. No había alguien que hiciera mejor su trabajo. Era un lugar que tenía sus ventajas, entre ellas la privacidad que gozaban los directivos.

―Sagae… Je. Que pequeño es el mundo. Minúsculo. Son demasiadas coincidencias. Ya no es la misma niña pequeña. Ni siquiera puedo decir que es una mujer. No tiene un toque femenino aparte de la belleza. Me pregunto si ella también lo recodara.

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―Es extraño llegar a casa luego de lo que pasó…―se dijo a sí misma mirando el apartamento cuyas luces seguían prendidas; era una agradable noche dando las 9 horas y ella volvía a casa con su seres queridos luego de una movida jornada.― Veamos cómo les fue a ellos―a cada escalón pudo caer en cuenta del cansancio que cargaba en sima. Abrió la puerta imaginándose tumbada en el sofá luego de esa caminata.

― ¡Ya llegaste!―escuchó decir a la más pequeña de sus hermanas, corrió a recibirla en la entrada abrazando su pierna.

―Sí, ya llegue―respondió con una sonrisa feliz al ver a su hermanita con su vitalidad y energía, tanta que le contagiaba. Dejó su saco en el respaldo del sofá para cargar a Mei devolviendo el saludo al resto de sus hermanos esparcidos en la sala.

―Nee-san, nee-san, a que no adivinas que hizo hoy la diosa―le gritaron entusiastas la tormenta. Haruki los calló con una mano.

―Dejen que salude a los demás y me platican ¿vale?―los pequeños se miraron pero decidieron dejarlo pasar.

―Lamento la tardanza, Fuyuka, tuvimos una situación en… ¿oh? Isuke-sama―la pelirosa vestida en shorts azules y una blusa de tirantes rosa que le llegaba hasta el ombligo le daba la espalda buscando algo en la alhacena.

―Al fin llegas, baka, Isuke se preguntaba si habías perdido el camino a casa―sirvió lo último del cereal de Haruki en un tazón con leche. Había estado esperando a la pelirroja por un par de horas luego que esta se retrasara de su hora de llegada habitual, rondaba por la casa sin poder dormitar, jugar del todo con las pequeñas, hablar o leer.

―Ocurrieron ciertas cosas en la empresa, unos hombres…

―Aburrido~3―dijo ofreciéndole una cucharada a la niña en brazos de la pelirroja, que para su sorpresa negó afanosamente e incluso escondió el rostro en el cuello de Haruki. Que se preocupara no significa que iba a mostrarlo abiertamente, le bastaba con saber que esa chica que hacía de su guardián volvió a casa.

―Jeje a ninguno de mis hermanos les gusta, por lo mismo lo compré―se acercó hasta tomar la cuchara entre sus labios aceptando el bocado sin invitación―fue pura coincidencia que también a Isuke-sama le gustara. Que a todo esto, ¿Dónde está Fuyuka?

La peli-rosa tomó un par de bocados antes de responder.

―Salió en la tarde, antes que llegara el resto de tu camada.

―Oh, un trabajo de la escuela me imagino, entonces ¿Hayaka preparó la comida o Saburo?

―La señorita chicle preparó kitori―dijo sonriendo la niña, metiéndose en la conversación.

― ¿Kitori? ¿Yakitori? ―Mei asintió―am… ¿Y te sientes bien dela pancita? ―la cuchara húmeda de leche se restregaba contra su mejilla dejándole una sensación fría y pegajosa por la saliva y la leche― ¡Ah! ¿Qué?―exclamo al sentir el dulce metal en su mejilla.

―Claro que está bien, crecerá fuerte y sana gracias a la comida de Isuke y no menos~3

Mei sonreía asintiendo.

―Sabían muy bien, Haruki-nee-san; Sabu-nii-san, Misuki-nee-san y Akira-kun y Arashi-kun comieron el doble.

―Wow ¿hiciste para todos? ¿A qué debo tal muestra de consideración?―dijo Haruki a manera de broma.

―Idiota, ella y tu caniche tenían hambre, e Isuke no quería oír sus quejas todo el día~3―dijo llevándose otra cucharada a la boca e insistiendo en que Mei, ya sentada en la barra de la cocina, aceptara un poco de cereal. Haruki la miraba con una sonrisa, la chica peli-rosa poco a poco estaba cambiando sus maneras de ser y actuar; apostaba que un sentimiento, aunque fuera pequeño, estaba emergiendo desde el fondo de ese corazón de apariencia dura.

Fuyuka y Saburo llegaron media hora después, todos cenaron con los halagos de la camada, uno tras otro llegando a Haruki, pidiéndole incluso a la chica de mirada arisca que preparara cosas más seguido. Las cenas, después de poco más de dos semanas, habían dejado de ser un acto llamativo y fuera de lo ordinario para tomar otra vez un ritmo normal: un bufete para lobos, garras tomando el cucharon, arrebatándolo y peleando por las rebanadas de pan que quedaban a la mitad, la única excepción era la pelirosa que cuando alargaba su mano para tomar lo que le pertenecía sin que nadie se lo impidiera, a excepción de algunos rebeldes como la caniche. Todos los niños se acostumbraron a ella y ella a cenar lo que servían.

― ¿Qué haremos mañana, Haruki?―preguntó la tahúr de la familia―los fines de semana han estado aburridos.

―No se me ocurre nada en concreto…terminemos mañana la limpieza y vemos que podemos hacer ¿les parece?―preguntó a todos los pequeños que ya se iban a su cuarto.

― ¡Sí!―Fuyuka y Hayaka se quedaron en la cocina lavando los pocos trastes que quedaban.

―Hasta mañana chicas―dijo Haruki.

―Buenas noches―les dijo también Isuke.

―Hasta mañana, Nee-san, Inukai-san―dijeron ambas, mismas palabras pero una tartamudeando el último nombre.

―No hay nada mejor que estar en casa―el cuerpo femenino se dejó caer boca abajo, la falta de atributos excesivos no ponían impedimento para esto.

―Habla por ti―le dijo la chica que se cambiaba la blusa por un top que sólo cumplía con cubrir sus senos pero no en disimular los pequeños botones que sobresalían en la tela negra. Los recuerdos del baño la golpearon en la cara dejándosela roja en las mejillas.

― ¿Por qué lo dices?―desabotonó su camisa y el pantalón, sin notar a su compañera de cuarto que no perdía detalle de lo que hacía, el ventilador desvencijado aún no estaba prendido y una gota de sudor en el abdomen de la pelirroja captó la atención de Isuke, siguiendo su paso lento hasta ser absorbida por la línea de sus bóxers rojos. Regreso su mirada a la blusa que se quitó, la arrojó al cesto casi volcándolo.

―Isuke no está en casa…―fue al cuarto de baño para dar una cepillada a sus dientes. Haruki miró más tiempo del necesario la puerta por donde desapareció. Cuidaba de Isuke dándole un lugar en el cual quedarse hasta que su madre volviese, pero él no daba señales de vida, sus pagos habían dejado de llegar, no era sorpresa que Isuke se sintiera un poco sola sin ellos u olvidada en el peor de los casos. A nadie le gusta estar sin sus padres. Ella lo sabía bien y aquella actitud que tomaban no le agradaba. No los conocía y estaba más o menos consiente de la situación, pero ella era su hija, una llamada al menos no les tomaría mucho tiempo.

Entró al baño, Isuke se inspeccionaba en el espejo, los golpes de su cara habían desaparecido la semana pasada al igual que las vendas en el pie y muñeca pero las marcas moradas y verdes sólo habían cambiado a un saludable amarillento que casi desaparecía de su costado.

― ¿Qué?―le dijo a la chica intrusa, esta le sonrió y sacó algo de su espalda, mostrándolo en alto cual premio de maratón―ugh ¿es necesario? Esta mierda ya casi desaparece―volteó de nuevo a su reflejo, tomó el cepillo de Haruki para alisar su cabello. Su piel se erizó cuando sintió una mano tallando su costado― ¿Qué haces? Isuke te dijo que no.

―Oye, no me gusta ver ese golpe en ti, no va contigo―continuó tallando entre dando un masaje y acariciando, esparciendo a manera que no quedara un solo centímetro de piel dañada sin atención. Los acontecimientos de esa misma tarde-noche se esfumaban de a poco estando en casa con sus hermanos e Isuke, ellos la distraían y ella la ayudaba a centrarse en otras cosas, casi como un bálsamo que le hacía olvidar y relajarse, disfrutar de la compañía voluble de ese demonio.―Listo, ya quedo, así la piel de Isuke-sama volverá a ser igual de envidiable que antes―dijo sonriendo.

Haruki no era una persona que planea lo que hacía. La decisión de entrar al bajo mundo no fue pensada, de un momento se encontraba ignorando su hambre, pensando en su madre y hermanos, para al siguiente trabajar robando y entregando productos bajo el agua, lo necesario para que todos comieran un día más. No pensó, no planeo, sólo continuó por el camino que le ofrecían gracias a impulsos. Como el que la hizo dar un beso a la piel expuesta sin ungüento.

El tacto en sus labios era suave pero a la mitad de segundo de tocar esa piel sintió una corriente eléctrica por su cuerpo. Alzó lentamente la vista y allí estaba: Haruki recordó algo, ella cree que los ojos son las ventanas al alma y debía ser así, pues con ver los de Isuke estos se veían empañados, ya sea por el calor en las mejillas o el infierno que ardía detrás usando de combustible su furia.

Despegó lentamente los labios de su costado, rompió la posición en cuclillas, cayendo sobre su trasero en el piso humedecido por la situación en la mañana.

― ¿Qué mierda piensas que estás haciendo? ¿Acaso alguien te dio permiso de tocar a Isuke?~3―dijo ella sonriendo con cinismo, eso no le gustó, no le gustó para nada.

―Yo…yo…lo siento mucho―puso ambas palmas juntas frente a su cara en señal de disculpas y cerró los ojos, al parecer sí sería su última noche pero no imaginó que acabaría así. Isuke formó un puño y golpeó directo a la cabeza de Haruki, esta no se defendió―lo…lo merezco―aguantando la lagrimita delatadora que quería escapar.

Minutos después se encontraba recostada boca arriba en la cama, palpando el pequeño chipote que ya empezaba a formársele. "Creo que no me fue tan mal…auch…".

―Isuke quiere salir mañana―la peli-rosa leía de lo más tranquila usando ambas almohadas tras su espalda.

―Ummmmm no estoy segura si es buena idea, aún recuerdo la última vez que Isuke-sama salió―se sentó al lado de la chica, al parecer había llegado a la parte en que ella dejó de leer, justo donde la situación con Annie se descontrolaba.

―A Isuke no le importa, quiere salir de esta cueva y respirar aire fresco―con su mano libre frotó sus ojos, maldecía la poca iluminación del lugar, los focos debían ser de los más baratos―E Isuke no aceptara un no por respuesta.

―Ummm ¿te arde la vista? Quizás deberías dejar de leer―sugirió preocupada porque a la peli-rosa le diese un dolor de cabeza por sobre esforzarse.

―Primero te mueres―" ¿Qué no es…"primero me muero"?―la cosa se pone emocionante, Isuke venía esperando este momento desde capítulos atrás.

― ¿Qué tal si dejas que yo te lea? Escuché que Sabu-kun leyó para ti―los secretos no existen en esa familia, las información delatadora siempre se colaba por todos los oídos, de una u otra forma.

―Joh…está bien, pero con la condición de que Isuke salga mañana.

― ¿¡Qué!? Pero si estoy haciendo esto por tu bienestar, no el mío. Yo no tengo interés en este libro. Lo dejé hace tiempo cuando el prota tenía esperanza.

―Es eso o Isuke no dejará que le leas~3

"Esto es como intentar engañar al diablo…no hay manera" suspiró internamente, le dio un par de vueltas al asunto y fijó la vista en la chica: se frotaba ambos ojos con sus puños, a manera delicada y haciendo quedos sonidos. Gracioso y tierno. Sí merecía salir por algo de aire fresco "Jum…dicen que si quieres vender tu alma lo mejor es verle la cara al demonio, y creo que ya sé cómo hacerlo".

―Tu ganas, Isuke-sama, mañana saldremos―extendió la mano para que le diera el libro―ejem " ―Al principio no estaba muy segura. Descubrí que algunas de las figuritas de la sala habían sido movidas, pero pensé que tal vez lo había hecho yo misma. A veces soy muy distraída. Es cierto que contemplé la posibilidad de que hubiera salido de la habitación, pero luego pensé: No, eso es imposible. Está muy lastimado; además, yo cerré la puerta. Hasta me aseguré que aún tenía la llave en el bolsillo de la falda. Entonces recordé que usted estaba en la silla. Así que tal vez…" ¿oh?―se detuvo cuando sintió un ligero peso en su hombro.

―Isuke empezaba a perderse. No te detengas, se pone bueno―la peli-rosa había dejado apoyada su cabeza en el hombro de Haruki, esta sonrió y se dio el pequeño lujo de apoyar sobre la otra su propia cabeza. Una situación como esa era las que buscaba cada vez que volvía a casa, un instante donde esa chica mimada y de mal carácter se relajara lo suficiente para que ella también lo hiciera.

― "Así que tal vez… Una de las cosas que una aprende cuando ha sido enfermera diplomada durante diez años es que siempre es conveniente investigar las posibilidades. Así que eché un vistazo a las cosas que guardo en el cuarto de baño. Casi todo son muestras que traje a casa mientras trabajaba."

La peli rosa aguantó hasta acabar el capítulo, pero a los dos párrafos del siguiente se quedó dormida. Haruki, se encargó de acomodarla boca arriba sobre una de las almohadas, la otra había terminado en el suelo, y sin querer levantarse descansaba su cabeza sobre un brazo. Ya todo estaba oscuro luego de apagar la luz y el golpe en su cabeza la mantenía despierta. Le molesto un poco ese golpe, lo consideraba algo injusto. Mientras se quejaba de las acciones de la chica una idea se le cruzó por la cabeza, se detuvo a pensarla y sonriendo dejó un beso en la mejilla de Isuke, su pequeña venganza que expresaba "Mírame, te di un beso y no me golpeaste" claro que no podría presumir de esto pero era una victoria personal.

Sintiéndose mejor consigo misma reposó su cabeza en el costado sano de Isuke y abrazando su cintura se dejó ir en sueños. El día siguiente le daría una sorpresa a la peli-rosa. Otra victoria personal. Cerró los ojos con la extraña combinación de ungüento, su ropa y el aroma de Isuke.

~3~3~3~3~3~3~3~3~3~3~3~3~

―No es posible que Isuke cayera en una trampa tan barata―dijo cruzada de brazos.

― ¡Corre, Sabu-nii-san, corre!―gritaba la pequeña Yuki frente a ella.

Esa mañana había despertado de buen humor pensando en que al fin saldría un rato de esa madriguera, así que en vez de patear a la pelirroja que la abrazaba de manera posesiva le movió el hombro, con una sonrisa honesta, para despertarla. Grande su sorpresa al ver el lugar al que llegaron luego de desayunar. Un enorme campo baldío con un par de viejos armatostes de fierro oxidado en ambos extremos del campo; desconocía el nombre pero sabía que lo soldaban o atornillaban a la parte trasera de una camioneta, no sabía para qué, quizás amarrar algo o sujetarse, en el campo de los Sagae, servía de porterías algo pequeñas.

―Uff… ¿Cuánto tiempo estaremos aquí?―le preguntó a la pequeña Mei a su lado. La niña sólo le sonrió, encogiéndose de hombros.

Ver a los Sagae corriendo tras un balón no resultó tan malo o aburrido como pensaba, incluso llegó a sonreír un poco divertida por las payasadas que hacían entre ellos.

Más, hay que decirlo, nunca fue aficionada al futbol, el hombre al que llamo padre en algún momento de su vida solía poner la televisión de la sala, única televisión, a todo volumen por las noches, las latas de cerveza se apilaban a un lado del sucio y raído sofá mientras su hermano y ella se encogían de miedo cada vez que en el viejo e interferido cacharro se anunciaba un gol, no importaba si el equipo de su padre perdía o ganaba, el desquitaba sus derrotas o vitorias bebiendo un poco más, y a falta de su esposa que se negaba a estar en casa cuando hubiese partido, eran los niños quienes aguantaban la euforia de su padre.

Pero esos desagradables recuerdos parecían dormidos en lo más profundo de su mente, sedados por la calidez que esos niños le daban a manos llenas, invitándole a sentirse parte de ellos, pese a que ella no se lo pidiera o mereciera. Incluso la ponían de buen humor, verlos a todos felices y jugando le hacía creer en la mentira de que era también una más en esa familia tan sencilla pero especial.

Los equipos estaban medianamente equilibrados; la tormenta hacía equipo con Misuki y Haruki, dejando a los otros tres mayores con Hana de seis años; podría pensarse que el equipo de Haruki podría quedar en desventaja quedándose ella con los más jóvenes, pero los gemelos eran una maquina bien aceitada trabajando en equipo, se daban pases ciegos a la espalda y eran por completo dóciles trabajando en equipo con su capitana. Misuki era buena, tenía un buen dominio del balón pero no acababa de coordinarse del todo con su equipo, más parecía que le quitaba la pelota para ir ella misma a anotar gol. A causa de ello, metiéndose en el trabajo de equipo de la tormenta, recibió un golpe en el estómago por interponerse en un pase hecho a precisión con el gemelo Akira ¿o era Arashi?

El equipo conformado por el resto de los Sagae también era muy bueno y unido. Los mayores fueron desde siempre compañeros de juego llevándose tan pocos años entre uno y otro. Hana era rápida y resistente para su edad. Lograban darles pelea a los otros, llevando un marcador de 3-3, balón en posesión del equipo Saburo. En total sólo jugaban 8, pero se movían tanto que parecían 10 o 12 jugando, las pequeñas Yuki y Mei se habían quedado en una banca protegidas por la sombra de un árbol junto a Isuke.

El pequeño partido improvisado era todo menos limpio. El usar las manos era poca cosa en comparación con el resto de las faltas que hacían, en vez de futbol eso se asemejaba a futbol americano: Hayaka escapaba de las tacleadas que Misuki anunciaba con gritos de guerra; la primera vez, esta pateo el balón pensando en que si lo enviaba a uno de sus compañeros ella se detendría, pero eso no evito que su hermana se arrojara sin miedo sobre ella, tirándolas a ambas al suelo. Hayaka juraba haber escuchado pajaritos en su cabeza.

Otro de los Sagae que participó en el futbol americano fue Saburo, el chico corría dándose pases con Fuyuka y flanqueado por Hana, debían pasar por la defensa de la tormenta y sortear a Haruki antes de llegar a la portería donde Misuki defendía. Pensaba, erróneamente, que siendo ellos tres contra los gemelos no tendrían oportunidad, pero pobre, no pensó que lo atraparían con el balón en su poder y cada hermano a lado izquierdo y derecho impidiéndole cualquier pase, en armonía sonada le terminaron metiendo el pie mientras corría, apoderándose del balón y dejando al chico empolvado y de cara en el pasto. Alzó un poco la vista creyendo que la señorita Inukai no los había visto, pero volvió a esconderla cuando la oyó reírse junto a sus hermanitas.

La pequeña Hana no era del todo inocente tampoco, al jugar parecía que una criatura dentro de ella tomaba el control, el primer gol que marco el equipo Saburo fue gracias a la pequeña saeta, esta adivino un pase de los gemelos, ganándoles el balón y anotando en la portería desprotegida por Haruki, todos sus hermanos se le fueron en sima a causa de su descuido. Ella sólo podía protegerse de los golpes inofensivos de sus hermanos provocando risas disimuladas a su invitada. Le alegraba que disfrutara de esa forma, con cada día que pasaba sentía que pertenecía otro poco a su familia. Mas prevalecía su nula manera de tomarle afecto fraternal, no sabía porque, pero simplemente no podía verla como a una hermana.

— ¡Isuke-sama! ¡Venga a jugar, la necesitamos!—le gritaba el chico corriendo con el balón cerca de ella, un gemelo le pisaba los talones y Fuyuka le hacía ademanes por que le pasara el balón.

—Estos juegos son para salvajes, no va con Isuke—dijo acomodando su cabello con el dorso de la mano, Saburo se distrajo con tan sencillo movimiento y termino con la cara en el pasto nuevamente, cortesía de su hermana mayor, que ya se alejaba riéndose con el balón, seguida del gemelo y Misuki.

—Pon atención al balón, hermanito, una mujer solo es distracción y te hará perder la cabeza—dijo luego de patear el balón a la portería que Saburo debía proteger. Su hermana Fuyuka le dio un golpe suave en la cabeza y la pequeña Hana trataba de ayudarlo a pararse y recuperar un poco su dignidad mientras se reía un poco. Isuke hacía lo mismo tras su mano.

—Es cierto cachorro, se pierde fácil la cabeza por una chica, ¿no? Ha-ru-ki~3—dijo llamando a la chica con un tono dulzón no antes usado, guiñándole un ojo, esta solo se quedó completamente quieta y sorprendida, mientras el balón pasaba a su lado sin que esta le prestara atención, sus hermanos rieron al ver su cara sonrojada como adolecente.

—Haruki-nee-sam ya perdió la cabeza por la diosa.

— ¡Claro que no! ¡Y cállense!—dijo mientras corría a buscar el balón a los arbustos, pero sus hermanos la ignoraron.

—Solo te distraen, Haruki, no pierdas la cabeza, o perdón ¡Ya la perdiste!—y se largaba otra carcajada, el rostro de la Sagae se asemejaba al tono de su cabello.

— ¡Ahora entiendo porque se queda a dormir tantas veces con la diosa!

― ¡Y ni mencionar esa "pelea" en el baño!

La chica no aguantó más las risas, estaba completamente avergonzada y parecía que Isuke disfrutaba de la situación, los gemelos hacían ruidos de besos mientras los demás se sostenían el estómago por las carcajadas. Haruki puso el balón en el pasto retrocedió un poco y pateó directo a sus hermanos, los gemelos se agacharon y continuaron con las burlas, ahora de su fallida puntería, pero al ver a su hermana leyeron en su rostro las inequívocas palabras "ya valimos ma…" sus ojos completamente abiertos y las manos subiendo en cámara lenta hasta sus cabellos.

Se escuchó el fatídico sonido de un vidrio roto, que logró acelerar su pulso mucho más de lo que las carreras con el balón lo habían hecho, seguido de un grito desde el interior de la casa, insultando a los Sagaes que habían desaparecido en un vistazo tras los arbustos del campo. Haruki había tomado a Yuki en brazos y Saburo a Mei, los gemelos trataron de jalar a su diosa pero recibieron una patada. Obedeciendo a sus instintos, dejaron a la chica en la banca para saltar donde todos se encimaban unos sobre otros en ese reducido espacio.

Dentro era como una pequeña pirámide, los cuatro mayores de pecho tierra mientras los demás se apilaban unos sobre otros en sima.

— ¿Dónde está Isuke-sama?—dijo Haruki en un susurro al ver llegar a la tormenta pero no a la chica de cabello chicle.

—Se negó a venir y nos dio una patada en el trasero—dijeron los gemelos.

— ¿Cómo les dio una patada a los dos si sólo uso un pie?—preguntó confundida Fuyuka.

—Silencio, es Yamada-san, de todas las ventanas tenías que darle a la de ese viejo, ¿verdad Haruki?

—Cállate Misuki, si no se hubieran reído de su hermana mayor no les hubiese pateado el balón—dijo tratando de ver a través de la espesura con sus hermanos en sima aplastándola—está hablando con Isuke-sama y no parece muy contento.

Efectivamente, el hombre de 67 años parecía discutir con una imperturbable Isuke, esa se miraba las uñas y se permitía una o dos miradas al viejo que traía en sima un bastón, con el que hacía vientos, y el balón bajo el brazo, el conocido balón que tantas podadas al jardín de los vecinos les costó a los hermanos y hermanas Sagae, ahora en posesión de ese vejete encabritado.

Diez pares de ojos se veían a través de las hojas del arbusto, todos trataban de ver lo que la chica hacía. La pequeña Yuki, subida en la cabeza de Misuki, leía las expresiones y palabras que le daba su enemiga al hombre.

— ¡Nos delatara!—susurró moviendo los hombros de su hermana.

—Claro que no, Isuke-sama no haría algo como eso—respondió Haruki, que se mantenía atenta tratando de alcanzar a oír algo de lo que la chica sonriendo decía al señor, rojo del coraje por la ventana rota.

—Te digo que nos va a delatar, esa es una sonrisa de que está vendiendo nuestras almas.

—Yuki, debes dejar de ver la tele cuando Hayaka pone el canal de obras literarias—dijo Saburo, con sus manos apartaba un poco de hojas para ver mejor, igual que Haruki, los gemelos y la pequeña Yuki—Isuke-sama no sería tan malagradecida para delatarnos, le hemos dado tanto desde que llegó a casa que sería una apuñalada por la espalda si ella…

— ¡Que ingrata, lo hizo!—exclamo susurrante Haruki, parando sus intentos de ver fuera del arbusto, la chica con cabello color chicle había señalado sonriente, en la dirección donde estaban ellos, parecía que el hombre le daba las gracias y caminaba directo al arbusto donde la manada de cachorros se ocultaba, el balón lo dejó con Isuke, al parecer no podía caminar bien trayéndolo consigo.

Todos cerraron sus ojos y se hicieron aún más pequeños dentro de ese lugar, en cualquier momento el hombre apartaría las hojas y empezaría a gritar cosas sobre su ventana y el pago de esta; apenas se recuperaban de los pagos fuertes que habían tenido que hacer y ya se endeudaban nuevamente.

Los pasos se escucharon cada vez más y más claros, entre ellos se abrazaban, infantilmente asustados. Haruki estaba por levantarse y hablar con el señor, era lo menos que podía hacer luego que la chica los traicionara, la sacaría de su habitación para que durmiera en la hamaca de uno de los gemelos, le diría a Eisuke que ella rompió una ventana de su casa y golpeo a la mitad de sus hermanos sin razón aparente, dejaría de comprar su cereal y le diría a Fuyuka que no le hiciera tostadas con mermelada, su venganza por aquella traición sería terrible, comenzando con sus objetos personales del baño. En el fondo sabía que no cumpliría con sus amenazas internas, pues el desquite de Isuke sería peor, pero en ese momento se dejaba llevar por el enojo dentro de ella.

—Se fue…—dijo Misuki, que veía fuera disimuladamente—ya no lo veo.

— ¿Eh? —Haruki se levantó, al igual que los demás, miraron a su alrededor confusos por lo ocurrido, pensaron que ese sería el fin. El fin para la manada.

— ¡Diosa!—gritó la tormenta, corrían con las sonrisas pintadas en el rostro y meneando un rabito imaginario. Los demás, entendiendo la situación igual corrieron donde Isuke sostenía en alto el balón que tantas podadas de césped y baños a perros maleducados les había costado a los hermanos.

—No nos delató…—dijo Haruki, viendo como Isuke le pasaba el balón a Hana, que lo recibía con una enorme sonrisa.

—Je, tal parece que no, quien lo diría, Inukai-san no sólo se deshizo del señor Yamada-san, sino que logro recuperar el balón, no es una mala persona—dijo Fuyuka.

—Isuke-sama…cada día me reservas nuevas sorpresas…—sonrió desde el fondo de su persona. Corrió donde los demás para sentarse a lado de la chica quien tenía una cara de molestia, suavizada con la llegada de la pelirroja.

—Sospecho que esas sorpresas te están provocando algo Nee-san—era una linda imagen, todos riendo y jugando, felices de tener una hermosa cómplice en sus travesuras, una a la que tuvieron que cargar para salir huyendo cuando el viejo Yamada-san regreso moviendo sus bastón y amenazando con llamar a la policía o una casa de huérfanos.

Alex: *le sonríe y vuelve a encender la cámara. Comencemos de nuevo niña. Vas.

DamyD: esto...bueno ejem, hola chicos esta es la toma dos y bueno *se rasca la parte detrás de la cabeza, las disculpas están muy demás en esta ocasión. Pero tenemos una razón de nuestra horrible tardanza, el semestre difícil, tareas, exámenes, trabajos en los que su autora se metió buscando un poco de dinero que no consiguió, ejercicio, vida social y personal, bueno, todas esas cosas que nos toman tiempo.

Alex: No crean que no los tuvimos en mente. Cada semana que pasaba la chica no dejaba de preocuparse porque no subíamos fic, y los dejábamos abandonados. Créanme, no me dejaba olvidarlo. Lo sentimos, vivimos bajo las responsabilidades comunes del estudiante universitario que no es del todo aplicado, y la chica se metió a cosas que no debía y que le quitaron tiempo

DamyD: Cosas que no debía? lo haces ver como si fuesen cosas turbias.

Alex: Je, no, no fueron turbias, pero recuerdo que durante esa temporada no descansabas mucho. Mucho tiempo ocupado por esas actividades escolares.

DamyD: Y tu descansabas de más, niño flojo. Pero ya dejando eso de lado, mi opinión sobre el capítulo es que a muchos de ustedes le fascinara por todo lo que se trae encima, no es por elogiarme pero tiene calidad, tiene ca-li-dad.

Alex: Bueno, eso no lo sé. Algunas partes me parecen emocionantes y otras algo flojas. Ustedes ya verán eso y lo juzgaran. Una disculpa no está de más y se las brindo. Pero considero que la mejor disculpa es un trabajo bien hecho para su disfrute. No es así chica? *guiño

DamyD: Je, sí eso creo *le acaricia la poca melena, Hicimos lo que pudimos y este es el trabajo final, les aceptamos aplausos, preguntas, críticas, invitaciones a cenar *guiño.

Alex: Oh, vaya, no te enojaste. Eso es nuevo, el guiño era para ti por cierto.

DamyD: Eso lo sé, oye no tengo tan mal carácter *sonríe. Bueno, creo que es todo, o me falta algo? Publicidad o algo?

Alex: Hmmm... Te gustaría cenar conmigo para celebrar que le pequeña vuelve a actuar?

DamyD: *se acerca demasiado al chico. En otra ocación quizas, primero quiero saber que opinan ellos *guiño, sopla sobre los labios del chico y se aleja. Bueno eso es todo por ahora chicos, no veremos pronto y sigan con nosotros, al menos hasta que acabemos aquí *sacude la mano y empieza a sonar la canción de despedida.

Alex: Hasta luego chicos. Espero les guste esta nueva entrega. Pasen buenas noches y recuerden dar su opinión, dense a escuchar y digan que les parece. Esperamos les guste.