El misterio de la naturaleza

Un ave, perfecta criatura por sí misma, interpreta un trino mañanero posado en la rama delgada de un árbol. El sol empezaba a salir por el horizonte, marcando el inicio de un nuevo día que pintaba de lo más tranquilo, dejando en el olvido las penurias del ayer, el gato que casi lo atrapo, el fuerte viento que casi lo hizo caer, los problemas para encontrar comida, se veían ya lejanos durante el pacifico levantamiento del telón matutino. Con todo tan tranquilo, sin ningún predador a la vista, el pequeño pajarillo empezó a limpiar sus plumas. Con su ala derecha arriba, y con su pico escudriñando dentro, el Escribano estaba en su paraíso terrenal. Un fuerte sonido interrumpió su alegría. Había elegido mal la rama para posarse esa mañana, la falta de concentración había hecho que perdiera el equilibrio y cayera de la rama. Asustada y de mal humor, la pequeña criatura tomo vuelo dejando atrás esa odiosa melodía y, sin saberlo, a la responsable pelirroja que aún dormía profundamente.

―Hhhhhmmmmzzzz…―tomo con la mano izquierda el celular para apagar la alarma, deseando ser irresponsable y no abandonar la cama―. Tengo que ser más fuerte que mis deseos y levantarme… ―pero quien creería que ir en contra de lo que quiere el cuerpo sería tan pesado y la sujetaría con tanto ímpetu―. No, esto ya no es normal ―y levantando sus pesados parpados va encontrando una sorpresa que barrio con el poco sueño que le quedaba. Isuke, luciendo una sonrisa tranquila, abrazaba a medias su pecho, los delgados dedos aferraban la tela de su camiseta blanca y una de sus piernas se posicionaba sobre su vientre; era la mejor posición que una pareja podía elegir para dormir, pese a que ella misma no entendía cómo llego a ser almohada de la chica― "Si se levanta estoy muerta" pensó asustada.

Con sumo cuidado intentó salir de allí haciéndose lo más pequeña posible, pero a cada centímetro que alejaba su cuerpo de Isuke, ella apretaba el abrazo y envolvía más con la pierna, no podía tocarla, pues los pechos veraniegos la hacían dormir lo más "cómoda" posible, vistiendo blusas de tirantes anarquistas que no se quedaban en los hombros y un diminuto short que podía pasar por bóxer. La ropa de Haruki también era de ella ahora.

―Isuke-sama, despierta… ―le tocó la cintura desnuda para levantarla, pero ella respondió con un quejido ahogado y frotando su rostro en ese pequeño espacio hecho para alguien más, entre su corazón y el hombro. Aquello le parecía tierno, pero se reservaba en precauciones, la fierecilla podía saltarle al cuello a la menor provocación.

―Isuke-sama, ya despierta. Se va a hacer tarde.

La chica ahogo un bostezo contra la playera. Se estiro, sintió los músculos tensarse y algún hueso tronar y después se dejó caer nuevamente sobre la pelirroja. Haruki trago saliva al ver que empezaba a despertar.

―Buenos días ¿Ya sonó la alarma? ¿Por qué sigues acostada? Ve a lavarte o se hará tarde― dijo sonriendo, Haruki parpadeo sin tener idea de lo que ocurría. Se quitó de encima y vistió con una de las viejas camisas blancas de la chica aún en la cama, le quedaba algo holgada pero, en su opinión, eso era lo que la hacía verse bien.

―Sí, tienes razón, debo apurarme o no tendré tiempo de tomar café―se rascó la cabeza queriendo saber de dónde venía esa sonrisa.

―Oh, Isuke te lo traerá, sólo apura.

Salió del cuarto cantando bajito. Pronunciaron fuera de la habitación los buenos días, animado y despierto, de buenas ganas y humor. Ver ese despertar, tan fresco y lindo sólo le trajo algo a la cabeza.

― ¿Qué está pasando aquí?

Tomó un baño rápido, apenas y sentía el agua fría después de tantos años, pero debía pedir más gas, extrañaba los baños calientes, sus hermanos también lo merecían y no pasaría mucho tiempo antes de que tuviera una queja de Isuke. Probablemente la recibiría esa misma noche. Salió del baño usando solo ropa interior, usando la toalla para secarse el cabello, en verdad lo tenía largo, pero como dijo antes le gustaba, era una melena ardiente y ni siquiera una ducha helada podía apagarlo. Se había sentado sobre la cama a ponerse los pantalones cuando Isuke entro por la puerta con dos tazas de café. Una roja y la otra negra.

―Here. Una de azúcar y… con leche ¿Es así, no? ―sonreía con ambas tazas en mano, una más llena que la otra.

―Am… ¿Gracias? ―tomó la taza con premura y la sonrisa de la peli-rosa cambio.

― ¿Qué pasa? ¿No te gusta?

―No, no, no, me gusta, es sólo que….

―Isuke lo sabía, no debía prepararte nada. No sabes agradecer los gestos que otros tienen contigo. Eres una malagradecida.

―Pero ¿de qué hablas?

―De la cara que pusiste cuando Isuke te dio el café. Pero no fuese Isuke la chica con la que te mensajeas porque lames la taza ¡perro!

―Eso no tiene ningún sentido―pero la chica no dio respuesta alguna. Pasó de la amabilidad antinatural al frío rechazo ―. Isuke-sama―llamó, pero sin respuesta.

No cabía en sí de la sorpresa, no se explicaba el comportamiento arrítmico de la chica. Negó por cambio tan radical y prefirió terminar de vestirse luego de terminar en dos grandes sorbos el café. Isuke se le quedo mirando y su ceño fruncido cambio de a poco por una mirada desamparada al ver sólo la espalda de la pelirroja mientras se abrochaba los botones de la pulcra camisa, casi sin creerse que le ignorara. Tomó una almohada y la aventó directo a la cabeza.

― ¿¡Y eso porqué!?

― ¡Ignoraste a Isuke!

― ¡Tú no contestaste!

― ¡Pues responde mi silencio!

Por un momento la completa irracionalidad de la chica estuvo a punto de sacarle una carcajada mientras gruñía de frustración. Tomó un segundo el respirar y tratar de contestar de la mejor manera.

―Bueno, como fuera, quiero que sepas que me gusta mucho tu café. Sabe muy bien y aciertas en la temperatura, no tan caliente pero tampoco tibio. Es perfecto, muchas gracias, Isuke-sama―la chica bajo la mirada y se escondió tras su propia taza. Haruki termino de abotonarse la camisa y la metió dentro del pantalón. Se miró en el espejo para asegurarse de no tener arrugas y abrocho las mangas. Le siguió el chaleco y buscó en el cajón su única corbata.

―Se te ve muy bien.

― ¿Mande?

―Te va bien el saco, pero te falta la corbata―la tomó de entre sus manos y alzo el cuello, sus manos eran delicadas a comparación con las mañanas anteriores en que la ayudó, el nudo no quedo tan apretado, pero mantenía su elegancia. Sonrió por ser parte de sus atenciones, no tenía idea de porque actuaba así, pero era mucho más amable―. Listo, queda mejor y a Isuke le gusta.

―Esto, gracias, también me grada como se ve. Ammm, Isuke-sama, ¿puedo hacerte una pregunta?

―Espera, un vaso de agua pasa rápido por la mañana.

Se fue al baño, sin escapar de la mirada de Haruki. Trataba de descubrir qué la tenía así. ¿Algo le habrá dicho Eisuke ayer? ¿Acaso se iría? Había algo que no le gustaba en la idea; en poco tiempo la presencia de Isuke se había vuelto agradable y si llegaba a irse seguro la extrañaría. Tomó su saco dispuesta a retirarse, pero la puerta del baño se abrió mostrando a Isuke por la rendija. Tenía las mejillas algo rojizas.

― ¿Dónde están?

― ¿El qué cosa?

―Ya sabes, esas cosas para las mujeres…―ladeo un poco la cabeza, señalando que ya debería saber de lo que hablaba.

―Los rastrillos están en el cajón bajo el lavamanos.

―Esas cosas no, idiota, las otras…las que son para esos días―seguía sin comprender― ¡las toallas, idiota!

Sólo faltaba que Haruki chocara su puño con la palma de la mano para que la rutina que se estaba gestando terminara por concluirse.

―Oh, esas cosas… También están en el cajón, al fondo, son mías. Fuyuka aún no llega a esa etapa. Toma las que necesites.

Cerró la puerta con fuerza, parecía molesta a ojos de la pelirroja, se le escuchaba hurgar entre los cajones con tanta premura, que estaba segura que al terminar habría hecho un desastre. La puerta volvió a abrirse y recibió en la cara un paquete de toallas higiénicas delgadas.

― ¿¡Estas bromeando!? ¿¡Dónde están las grandes?!

―Son largas, Isuke-sama.

―Esas no le sirven a Isuke, Isuke necesita de las…―se acallo avergonzada.

―De las gruesas ¿verdad? ―la chica asintió― vaya, menudo lio. Y yo tengo que irme, aguarda, ya lo resuelvo, usa una de mientras―le devolvió el paquete.

―Date prisa, Isuke no quiere pasarse el día en el baño encerrada. Necesita helado y una cama.

―Y yo sin estar psicológicamente preparada para esto… ―dijo después de un suspiro.

― ¡Isuke escuchó eso!

― ¿Algo más que necesite saber sobre tus preferencias?

―Obligar a Isuke-sama a hablar de cosas tan vergonzosas… No tienes respeto… Isuke necesita de flujo abundante y le gusta mucho las de manzanilla.

―Lo tengo. Tu espera ahí, en poco tiempo podrás salir de ahí.

Corrió a la cocina buscando a Fuyuka, pero a esta se le veía muy atareada con todos los desayunos y bentos que ahora debía hacer. Por lo menos cuando faltaba dinero sobraba tiempo. Y tampoco podía correr a la farmacia, apenas estaba a tiempo de llegar al trabajo.

―Buenos días, Haruki-nee-san―dijo la salvación en plena pubertad.

― ¡Saburo! ¡Ven aquí, ven aquí! ―lo tomó del hombro y jaló hasta la puerta, lejos del resto de la camada―. Necesito que hagas algo para Isuke-sama.

―Lo que sea, Nee-san―respondió el hombrecito con devoción.

―Necesito que corras a la farmacia y compres un paquete de toallas higiénicas gruesas, y de preferencia con alas. Isuke-sama las necesita con urgencia.

Las mejillas del chico se tiznaron al rojo vivo.

― ¡¿Qué?! ¿¡Bromeas!? ¡Soy sólo un chico! ¿Por qué no vas tú o Fuyuka? ¿Por qué yo?

―Debo irme a trabajar y Fuyuka está ocupada. Además, no quiero que ninguno de los chicos se entere. Necesito de tu discreción, Saburo―la seriedad puede caer sobre cosas simples y triviales.

―Pero Nee-san…―quería declinar, parecer firme y decir no, era un buen hermano, pero hay cosas que lo superan, como esa por ejemplo. Pensaba alegar con que él nunca le había desobedecido, siempre servicial y obediente, tenía el derecho de declinar, pero no pudo abrir la boca sino para suspirar resignado―. Está bien, lo hare ¿qué necesita Isuke-sama?

―Gracias, sabía que podía contar contigo. Isuke necesita una de esas toallas grandes para flujo abundante, son las gruesas y de preferencia que tengan alas. Le gustan las que tienen manzanilla. Si no encuentras las de día, las nocturnas pueden funcionar igual. Compra un par por favor―puso un billete en el bolsillo de su camisa y le revolvió el cabello―suerte y gracias ¡Nos vemos en la cena!

―Kami-sama ¿en qué me metí? ―tomó el billete y lo metió al pantalón.

Casi no había nadie en la tienda, sólo un par de chicas cerca de los frigoríficos del fondo y la dependienta, una señora madre de un compañero suyo de la escuela vespertina. Fue directamente con la señora queriendo evitar todo lo posible a las chicas de preparatoria que reían discretamente tras su mano.

―Buenos días Sagae-san, hoy te veo más temprano que de costumbre.

―Buenos días, Tamuha-san, yo vengo a…quería preguntarle si… ¿tiene toallas? ―la señora apenas escucho un murmullo incomprensible.

―Lo siento, ¿Qué dijiste? No se te entendió bien.

―Toallas higiénica…. Mi hermana me envió a comprarlas, dígame que tiene por favor―sus orejas se pusieron rojas y poco a poco el resto de su cara, la mujer pareció entenderlo y con una sonrisa amable le indico el último pasillo a la derecha sin mediar más palabra―gracias.

Había una noticia buena, una mala y otra peor: la buena era que el pasillo estaba solitario, la mala, había cientos de paquetes de todos los colores y tamaños y, la peor, al final del pasillo estaban las chicas de preparatoria, charlando animadamente mientras escogían bebidas. La mente del adolecente trabajo con velocidad, meter las manos en los bolsillos para verse como alguien que casualmente pasa por allí, mirar los cereales como buscando algo y a la vez fingir interés en las toallas para tratar de leer lo que estas decían, cosa que no le funcionó del todo porque sólo conseguía leer los títulos. Llegó hasta la sección de refrescos, de donde sacó uno sin pensar, el aire frio le golpeo fuerte por el rubor en su rostro. Disimuladamente miró en dirección a las chicas; ellas se reían mientras lo miraban, esa risa que los jóvenes hombres detestaban, detrás de sus manitas mal pintadas, juzgando desde adentro al prospecto y no alejándose para hacerlo más complicado. Era la risa de las amigas que ven como un chico se confiesa. Esas chicas eran odiadas por cada joven enamorado.

Suspiró con alivio al verlas irse, metió el refresco otra vez al refrigerador y camino rápido al pasillo antes que llegara alguien más.

―Ok, ¿qué me dijo Haruki? Nocturnas… Flujo abundante… ¿Manzanilla? ―Saburo camino por el pasillo mirando las etiquetas de cada paquete. Ahora que observaba con mayor detenimiento los diversos tipos de empaques, se sentía abrumado por la variedad del producto que había a la venta. Decidió que lo mejor que podía hacer era empezar desde una esquina y moverse por toda la estantería hasta encontrar la correcta.

Nunca se había fijado en los productos dedicados al público femenino, pero ahora que se encontraba en esa situación no se explicaba la razón de las diversas presentaciones que tenían las toallas femeninas. Los colores de los empaques eran variados, iban desde el azul al rosa, del amarillo al morado. Algunos tenían la imagen de una pequeña flor blanca, otras las de una media luna. Una incluso tenía la imagen estampada de la protagonista de Sailor Moon en el frente "¿Para qué necesitan todas estas cosas? Es decir, manzanilla ¿Cuál es el punto de eso?" pensaba mientras recorría uno a uno los empaques.

―Esto es nuevo para mí ―tomó un paquete que tenía el dibujo de unas gotas moradas, sin embargo, este no decía nada sobre la manzanilla. Tomó otro que tenía una pequeña flor blanca, pero esto carecía de "flujo abundante", era de flujo regular ―Esto es triste ¿Cuál es la necesidad de separarlas? ―pequeñas gotas de sudor empezaban a descender por su mejilla, las chicas de hace unos momentos se habían ido ya, pero aún quedaba la posibilidad de que llegara alguien más. Si fuera un hombre no habría tanto problema, comprendería su situación, pero en caso de que fuera una mujer, se pondría rojo con solo escuchar esa risita que las caracteriza.

Había otro empaque que tenía la flor blanca y a un lado una gran cantidad de gotitas moradas, pero esta carecía de alas "Carajo" pensó y dejo enojado el empaque en su lugar. Le hecho un ojo a las que se encontraban al lado. Eran las que tenían la imagen de Sailor Moon. Desde un principio había decidido ignorarlas porque parecían ser para jovenes más pequeñas que Isuke. No perdía nada con probar con ellas.

―Sailor Moon Crystal… ―leyó en el empaque. La chica de la portada era una rubia de coletas largas y tenía todo lo que buscaba. La manzanilla, el flujo, las alas, incluso el grueso. Pero la imagen le seguía pareciendo muy infantil para Isuke, algo así probablemente la ofendería. Suspiro ante el dilema que tenía frente a él.

Unas voces femeninas interrumpieron sus cavilaciones. Se escuchaban del otro lado del pasillo. Hablaban acerca del periodo de una ellas. Era seguro que se dirigían al mismo pasillo que él "¡Tendran que ser estas! Buscare una manera para que Isuke-sama me perdone si llego a ofenderla" pensó y corrió hacia el mostrador antes de que lograran verlo.

― ¿Ha florecido ya Fuyuka? ―le pregunto la señora con una sonrisa bonachona.

― ¡Ah! No ¿Por-por qué lo dice? ―respondió Saburo, que lo único que quería era correr a casa antes de que alguien lo viera.

―He sido encargada de esta tienda un tiempo. Yo estuve aquí cuando tu madre y tu hermana vinieron a comprar su primer paquete de toallas. Veo a Fuyuka aquí casi todos los días y me figuraba que pronto su carrito de comprar incluirá un paquete de esos.

―No… ella aún no ha… No las necesita todavía. Son para una invitada.

―Ya veo ―dijo la señora mientras tomaba el dinero y lo ponía en la caja registradora. ―Papel o plástico cariño.

―Papel ―dijo de inmediato y después de una pausa agrego ―Por favor.

La señora soltó una pequeña risa. Probablemente no era el primer chico que veía en una situación vergonzosa. Su ojo estaba ya entrenado para ver el rojo en las mejillas. Afortunadamente para los clientes masculinos, era una mujer discreta que sabía bajar la voz y apoyaba a estos inexpertos en su primer viaje. En el fondo sabía que tarde o temprano Saburo volvería a la tienda buscando un producto especial para los suyos.

Él tomo la bolsa de papel, la metió debajo de su brazo izquierdo, agradeció con timidez y corrió a la entrada de la tienda, aún había camino que recorrer antes de llegar casa y aún ahí se encontraban sus hermanitos, que podían meter sus narices en casi cualquier cosa.

―Ugh, pensaba que no pasaría esta vergüenza hasta que necesitara preservativos ―pensó en Isuke por alguna razón y cuando por fin lo entendió se sacudió la cabeza avergonzado. Acto seguido comenzó su viaje de regreso.

.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Los zapatos negros sonaban con cada paso que se daba. El eco parecía extenderse interminablemente por los pasillos con piso de cerámica, subiendo y bajando las escaleras hasta disolverse en el nivel inferior o superior. Si se prestaba la atención suficiente podía saber si había alguien caminando sobre sus cabezas o paseando debajo de sus suelas.

La luz del sol entraba por la ventana iluminando los interiores de la construcción, revelando un gran río de polvo que flotaba sobre los vacíos escritorios de madera. Salvo por los sujetos que recorrían los pasillos con un traje negro, no había humanos de los cuales se pudiera proyectar una sombra. Ese sitio debía poder almacenar a un centenar de personar, pero solo un par de decenas atravesaban sus intestinos. Daba la sensación de que el lugar estaba abandonado, pero ahí estaba ella viendo que estaba en perfectas condiciones.

Se sentía una sensación muy parecida a la soledad. Últimamente así de espeluznante le parecía el edificio. Sino fuera porque Toboe estaba a unos pasos de ella realmente se sentiría abandonada en un edificio que el tiempo termino por olvidar. Él y los pasos que ocasionalmente alcanzaba a escuchar. No estaban solos. Sus compañeros recorrían cada piso, alertas ante cualquier anormalidad, y la secretaria, aquella a quien debía una cena, se encontraba en el mostrador de la planta baja.

Era todo tan extraño. Como volver en el tiempo, a sus primeros días trabajando para Sato. Los pasillos vacíos durante el día, en un edificio tan pulcro y bien cuidado. Sus oficinas y amplios espacios estaban hechos para contener a contadores, administradores, el tipo de gente que vestía de traje gris y corbata de colores ridículos. Pero los que daban vida a esas instalaciones eran personas de traje negro cuya ocupación era más arriesgada y aun así eran muy pocos para llenar estas.

Durante ese tiempo Haruki se cuestionó lo extraño de la situación. Que era lo que tenía que vigilar. A quien tenía que proteger si no había la más mínima alma indefensa que se escondiera bajo su escritorio. Apostaba que todos, a excepción de su conocida de pelo gris, sabían defenderse. Entonces cual era el punto de su trabajo. Esas preguntas perduraron hasta el día en que los sujetos de traje gris y otros de bata blanca empezaron a llenar el edificio con dióxido de carbono, aunque, de cualquier manera, eran menos de los que cabría esperar.

Eso era algo normal y sus preocupaciones habían disminuido de momento.

Pero entonces un grupo de matones había entrado disparando por la puerta principal, rompiendo cristales y dejando heridos a sus compañeros. No paso mucho tiempo antes de que otro grupo, mejor organizado, invadiera las instalaciones.

Todo eso era demasiado raro. Solía pensar que la vida de guardia de seguridad era más tranquila. Se suponía que debía esperar este tipo de cosas, pero no tan pronto y más importante aún, en un lapso tan corto de tiempo.

Ahora los trabajadores volvían a desaparecer de los pasillos y en su lugar volvían las inquietudes a hacerse un lugar en su cabeza. Todo era tan estrambótico. Había algo que no le habían dicho al obtener su trabajo. Los ataques, el número de trabajadores, la repentina contratación de agentes de seguridad. Era parte de algo que no alcanzaba ver. Estaba segura de que esa empresa no era algo real.

― ¿Te sientes bien pelirroja? ―dijo Toboe, sacándola fuera de su mente.

―Sí, estoy bien. Sólo estaba pensando.

― ¿Pensando? No sabía que las chicas hicieran eso ―dijo en tono bromista.

―Lo hacemos más seguido que ustedes ―respondió y le dio un golpe en el hombro. Toboe sonrió y dejo escapar una pequeña risa. Su siguiente acto fue recargarse en la pared y cruzarse de brazo, entonces empezó a sobar su hombro derecho.

―Sí que lo hacen. Algunas incluso pegan fuerte. Con las que hacen ambas cosas una persona no debería meterse.

―Y sin embargo lo haces.

―Lo acabas de decir. Pensamos menos ―se encogió de hombros y levanto ambas manos en diagonal ―Y yo particularmente evito hacerlo.

―Je. Tu fuerte es el carisma ¿No crees que deberías estar en un escenario de madera, con un fuerte olor a cafeína y cerveza, en lugar de en este lugar?

―No sería algo divertido. Lo más emocionante que me pasaría sería que un espectador me arrojara su taza de café caliente.

―Lo cual te pasaría más de una vez si te metes con las señoritas del público ―Haruki se recargo contra la otra pared, saca la caja de Pockys de su saco negro y se lo ofreció al canario que tenía en frente.

―Estoy seguro que tú lo harías ―tomó la caja y extrajo de ella el palito de chocolate, estaba a punto de devolverle la caja a Haruki pero se retractó y tomo otro que escondió dentro de un bolsillo de su saco antes de devolvérselo.

La caja volvió a su dueña que saco uno de sus deliciosos manjares para ella misma. Lo coloco en su boca y por un momento imagino que fuera un cigarrillo. Le hizo algo de gracia. Debía parecer una versión femenina de su jefe, de cabello rojo y traje negro pero de cuerpo holgado. Escondió la caja de nuevo dentro de su ropa hasta que el próximo antojo surgiera.

― ¿En qué piensas? Te veías ausente del resto del mundo. Pareciera que tuvieres problemas económicos en los cuales pensar ―dijo con un tono de voz más serio.

Eso no estaba tan alejado de la realidad. Si la hubiera conocido unas semanas atrás había adivinado su situación con mirarle el rostro. Pero ahora los problemas monetarios no eran tan grandes como solían ser, o por lo menos no lo parecían, en cualquier momento su sombra podría volver a ser tan grande como hace poco.

―No es eso. Este lugar, esta tan vacío. Me pareció raro los primeros días que estuve aquí. Con el tiempo eso cambio, cuando los topos de oficina comenzaron a llegar, pero ahora, las cosas están igual que antes.

―Sí. Supongo que eso da mala espina.

―Este lugar esta tan vacío que prácticamente me obliga a pensar en ello.

―Aún estoy aquí para hablar ―Toboe agito la mano como si estuviera saludando.

―Ja. Después de unos días tu compañía se hace molesta, como el constante canto de un canario. Canario.

―Eres muy ruda pelirroja. Deberías controlar el calor que emana de tu cabello o terminaras tan amargada como el jefe.

―Solo en tus sueños.

―Supongo que también has estado pensando en lo extraño de los ataques.

Haruki abrió los ojos de repente.

― ¿Cómo lo supiste?

―Oh vamos, no te creas tan especial. Todos los novatos aquí lo piensan. Ninguno de ellos se imaginó que vería tanta acción. Supongo que se imaginaban algo parecido a proteger un centro comercial. Un indeseable de vez en cuando, un ladrón de poca monta una vez al mes, ese tipo de cosas

―No lo niego. Yo también veía algo similar. Creí que las cosas serían más tranquilas. Pero… ―se detuvo un momento a admirar el silencio casi fantasmal de los alrededores, interrumpido por sus palabras y ocasionalmente los pasos de sus compañeros o los de un auto que pasaba frente a la calle.

Toboe miro por la venta, los rayos del sol entraban con fuerza. Era la 1 de la tarde, la hora más ocupada del trabajo. Debería ser complicado moverse por esos pasillos entre tanto ajetreo, pero tenía la libertad suficiente como para recargarse un momento a charlar.

―Quizás ha vuelto a suceder un ataque ―soltó de repente.

― ¿Otra incursión?

―Sí. Pero esta vez en mitad de la noche. Cuando es más sencillo escurrirse entre las sombras y la gente se siente cansada, ya lo intentaron a mitad del día y al anochecer―hizo una pausa y levanto los hombros― Los empleados faltarían hoy por temor a salir heridos, si fuera yo lo tendría.

―Pero ¿Por qué no nos informarían de algo así? La última vez nos lo comunicaron.

―Sí, pero tú estabas aquí la última vez. Te quedaste hasta después de tu turno. Si no nos dijeron esta vez, será porque no quieren alarmarnos más de lo que ya estamos.

Haruki bajo el semblante. Observo un momento el piso cubierto de cerámica a cuadros mientras pensaba en las palabras que le había dicho. Tenía sentido. La última vez que había visto los rostros de los contadores parecían nerviosos. El edificio contaba con aire acondicionado y aun así sudaban como si se hubiera averiado. Estaban en todo su derecho de negarse a trabajar dada la situación. Estaba segura que varios de los nuevos guardias estaban pensando en hacer exactamente lo mismo.

―Bueno. La verdad es solo algo que se me ocurrió. Puede que esté equivocado, lo mejor será volver a trabajar antes de que nos llamen la atención. Recuerda que hay cámaras ―se separó de la pared y metió sus manos dentro del saco, avanzaba de manera tan presuntuosa que parecía que el Pocky en su boca era un cigarro.

―La verdad es que lo que dijiste tiene sentido. Me sorprende que usaras la cabeza.

―Dije que no suelo usarla ―volteo a mirarla sin dejar de avanzar por el pasillo ―pero probablemente sirve mejor que la tuya.

―Te gustaría eso ―Haruki se despegó y continuo con su ronda de patrullaje. Había sido relajante platicar con ese hombre. Era un idiota como Isuke, pero otra clase de idiota. Isuke era la clase de idiota que te pisa sin pensar en lo que puedas sentir. Toboe era la clase de idiota que te hacía reír y eso estaba bien. Sus cavilaciones casi se habían disipado, así como parte de sus preocupaciones. Pero habían surgido nuevas dudas. ¿Que era exactamente tan importante como para que tuvieran tantos ataques? ¿Era más que una simple compañía farmacéutica? Y si era el caso ¿Qué cosas sabía su jefe que no le decía?

~3~3~3~3~3~3~3~3~3~3~3~3~3~3~3

El mundo vuelve a su carril una vez resuelto el primer bache del día. Isuke se paseaba por la casa alzando una cara carmín y fingiendo que nada pasaba, cuando el chico joven de la manada moría de la vergüenza de sólo verla. Y es que para él ver a su Isuke-sama, esa mujer tan hecha y derecha como lo era, necesitar que le pasaran sus toallas femeninas alargando el brazo fuera de la puerta abierta de una abertura, era un nivel de confianza rozando al de un familiar o una pareja.

―Bueno…me voy

Incapaz de aguantar por mucho tiempo la vergonzosa situación decidió tomar el resto de la mañana fuera de casa luego de dejar a sus hermanos en la escuela, volvió para tomar las cosa que requeriría para hacer las tareas de ese día en la biblioteca de su escuela y se fue. Todo esto lo vio Isuke. Fue hasta la cocina con ganas de tomar un cuchillo y machacar lo que sea que fuera comida para desahogar todo ese carmín de sus mejillas. Se dejó caer con pesadez frente de la mesa.

― ¿Sucede algo, Inukai-san?

―Esos malditos días llegaron antes de tiempo. ―estiro su mano para tomar la manzana que quedaba en el tazón de en medio de la mesa. En la mañana, antes de que los pequeños salieran por la puerta, durante el aquelarre que esa familia llamaba desayuno, habían 8 frutas, ahora sólo quedaba una, solemnemente evitada por los cachorros.

― ¿Esos días? ¿A qué se refiere?

―Ya sabes, esos días difíciles de cada mes― la miró esperando que la entendiera, pero sólo había confusión en el rostro de Fuyuka― Tu periodo.

La palabra o concepto la conocía, la había escuchado en algún momento en su día a día. Hay conocimiento que vuela en el aire, llega a oídos de distintas edades, en ocasiones sacándoles de la ignorancia y en otras asustando con lo que les deparaba el destino.

La primera vez que escucho sobre la menstruación tenía 8 años, Haruki empezaba a perder clases en la escuela. Hana tendría 2 años y Yuki seguía en brazos de mamá; fue en la escuela a la hora de receso, comía un sencillo bento a la sombra del árbol con sus demás compañeras cuando una de ellas empezó a hablar sobre eso, su madre le había dado la "charla" de mujer a mujercita. Ella decía que cuando una chica era mayor empezaba a sangrar mucho por donde hacía pis. Eso ocurría cada mes, según ella, sin falta y a veces dolía mucho, una enfermedad que daba mucho miedo de sólo oírla. Según su amiga muy pocas chicas quedaban fuera de la regla. Y de allí se sujetó, dijo, sin pérdida de tiempo, que ella no sería de ese tipo de mujeres, ella iba a crecer sin esa extraña enfermedad de la naturaleza; y a sus 15 años de edad parecía ir por buen camino, pero no muy largo.

―Bueno… sé un poco de eso, pero no mucho…― apretaba entre sus manos el paño húmedo con que limpiaba la cocina.

― ¿Tu madre ya habló contigo sobre eso?

―Am… no exactamente, mamá empezó a ponerse muy mal e ir al hospital desde hace tres o cuatro años. Y en el último se internó. No tuvimos oportunidad de tocar esos temas.

―Siéntate, Isuke te va a contar sobre el horrible destino que deben cargar las mujeres.

― ¿¡Ah!? ―los rollizos de la cara se le colorearon. Fuyuka rara vez hablaba de esas cosas, era la segunda mayor, su madre hacía falta en casa, su hermana no era la figura femenina que se esperaría y en clases sabatinas sólo tenía ojos para lo escrito en el pizarrón, toda la formula era perfecta para hacerla tímida en temas de ese tipo.

―Isuke te dijo que te sentaras, va a explicarte que debes empezar a hacer. No tardarás en ser una mujercita.

La cara de la inquilina decía claramente que no aceptaría un no por respuesta y a Fuyuka no le quedó más opción que sentarse a escuchar a la pelirosa.

7w7w7w7w7w7w7w7w7w7w7w7w7w7w7w7w7w7w7w7w7w7w7

― ¿Tienes el dinero? ―olía a orines y agua estancada, pero era el mejor lugar que podían escoger para ese tipo de transacciones. La transición entre el bullicio y la calma imperiosa era perfecta para verse a escondidas sin errar en la hora acordada, tampoco en el interesado y el proveedor.

― Siempre tengo el dinero―con cuidado, paso un billete con detalle enrollado de una mano a otra. Nadie debe darse cuenta. Nadie debe oler de qué se trata.

― Nunca tengo problemas contigo, salvo cuando escucho que quieres revender lo que te doy.

― Debo conseguir dinero de algún lado, Kotaro-san. Creí que ya te había explicado eso― el discreto paquete fue guardado entre su libro de matemáticas, antes de meterlo dentro de la mochila volteo de izquierda a derecha para ver si alguien venía. Llevándosela a los hombros, había dado por sentado que la transacción había ido como la leche y el pan―. Fue un placer hacer negocios contigo, aunque haya tardado un poco en llegar.

―Es de la mejor calidad, Mitsuki, no esperes que sea algo rápido si pides específicamente eso.

― Sólo fue un comentario. Gracias por la entrega―revisó que no hubiera nadie antes de salir de detrás de los arbustos que colindaban con el baño exterior que su escuela tenía en el patio. Debía volver con sus hermanos, seguro estarían desesperados por su retraso al "olvidar" un libro en el salón, ya los imaginaba con mueca impaciente frente al portón de la escuela. Si supieran que no había ido al salón.

~3~3~3~3~3~3~3~3~3~3~3~3~3

Fue la charla más larga y tediosa que había tenido en su vida, el cómo se siente, lo que ocurre, porqué ocurre, remedios caseros, etc. Era la charla más larga que había tenido con Inukai, aparte de unilateralmente. No cabía duda que ese ciclo era serio, tanto para las que lo padecen como para quienes están a su alrededor. E Isuke estaba a punto de empezar con el tema de la concepción y los riesgos de practicar el sexo sin protección cuando llegaron gritando y corriendo el resto de los niños.

―Vaya, la mañana pasó volando, no me fije que ya estaban de regreso, Sabu-nii―dijo escapando en lo posible de la chica con cabello color chicle.

―Seguramente estuvieron entretenidas―respondió el chico con una línea muy fina de rojo en las mejillas.

― ¿Cómo les fue en la escuela?

―Muy bien, Fuyuka-nee-san, mira―sacando una examen con muchos círculos rojos― Mi primer examen ¡y lo hice bien! ―Hana era un amor con todo el mundo, luego de saludar a Fuyuka y mostrarle su examen fue corriendo con Isuke para dárselo en las manos, como una niña haría al llegar a casa con su madre.

―Nos portamos bien, como siempre― dijeron a coro los gemelos, y pudieron irse corriendo con Isuke de no ser porque Saburo había llamado a casa desde la escuela para reportar los problemas del día, Fuyuka los tomó a ambos de los brazos antes de que escaparan con su diosa y les dio el regaño merecido.

Mientras todo eso pasaba una joven de chamarra aprovechó el momento para acercarse a la televisión. Teniendo cuidado de no llamar la atención de nadie se deshizo del paquete en su mochila dejándolo tras el mueble donde estaba puesto el enorme aparato, un escondite temporal. Corrió a su cuarto luego de una última mirada a la manada. Sin notar esos ojos color naranja gatuno que no perdieron detalle de sus movimientos.

.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

El turno de Haruki había acabado hace un cuarto de hora, estaba ya a una calle de las instalaciones de la compañía cuando se detuvo frente a un cruce. El semáforo estaba en rojo, no era una zona por la que hubiera mucho tránsito, pero respeto las leyes de tráfico para poder voltear y ver los dos edificios medianos que se alzaban detrás de los muros color gris. Hacia bastante calor para alguien con camisa manga larga, así que cargaba el saco con un brazo, teniendo cuidado de no maltratarlo o arrugarlo demasiado. El estilo desarreglado en orden no era muy bien visto por su estricto jefe.

El semáforo había cambiado a verde al poco tiempo, pero Haruki seguía con la vista en las construcciones que quedaban detrás. Las calles de alrededor eran bastante tranquilas, lo suficiente como para que un asaltante hiciera de ellas su zona de trabajo, pero también para dejar a una persona pensar en su trayecto a casa. Ensimismada en la conversación que se había dado con su jefe, el llegar a casa no era su prioridad aquel día.

Había estado entrenando patadas y golpes con su jefe en el patío como siempre; él usaba protectores en las manos a los que ella debía golpear lo más rápido y fuerte que pudiera. Sato daba órdenes constantemente sobre su equilibrio y su postura, debía cuidar muy bien de estos si no quería que saliva cayera en su rostro. Ella estaba acostumbrada a su estilo libre y sin restricciones, por lo que era fácil que descuidara su posición. El patio no sería un lugar silencioso mientras los dos estuvieran ahí. Pasado un rato de la misma rutina Haruki se animó a preguntar.

―Disculpe, Jefe, ¿puedo hacer una pregunta indiscreta? ―apenas podía hablar con el resuello de su respiración. Sino mal recordaba, llevaban trabajando media hora completa sin parar.

―No hay preguntas indiscretas, pero puede que sí las respuestas― respondió en conjunto de un empujo de su brazo para que la chica aplicara más fuerza al embestir.

―Entonces, yo… me preguntaba… ¿a qué se dedica la empresa para que los tipos de la otra noche entraran disparando? ―la patada que lanzó dio en el blanco, pero el hombre pelirrojo la repelió con más fuerza de la debida haciendo que ella cayera al pasto. Recuerda que se sintió agradecida por no usar el pantalón del uniforme sino un viejo short negro.

― ¿Por qué haces esa pregunta, Sagae?

―Señor…me acaba de decir que…

―Sólo quiero saber a qué se debe―le hizo una señal de que se levantara y siguiera con el entrenamiento.

―En las últimas horas, no pude evitar pensar, que han pasado cosas extrañas en este lugar ―apoyando su mano derecha en su rodilla, Haruki volvió a ponerse de pie ―No le preste mucha atención cuando llegue aquí, solo estaba entusiasmada por encontrar una oportunidad así, pero ahora que lo pienso, estaban solicitando una cantidad bastante considerable de personal solo para la seguridad ―se dio a sí misma un pal de palmadas en las nalgas, había restos de pasto pegados a su short. Sato mantenía una mirada inquisitiva sobre cada uno de los movimientos que Haruki hacía, y ella lo notaba, este cambio en la actitud, así que volvió lo más rápido que pudo a su posición― Y, bueno, nunca espere encontrar tanta acción en un trabajo de guardia de seguridad.

― ¿Está inconforme con su trabajo, señorita Sagae? No esperaba que fueras la clase de persona que busca un trabajo en el que apenas deba mover un musculo. ¿Le sonaba cómoda la vida como guardia?

―No, no es eso. Estoy acostumbrada al trabajo duro, es solo que ¿por qué molestarse tanto por una empresa farmacéutica que, a lo mucho, sólo se dedica a preparar insulina? ¿Por qué nos contrataron a nosotros en primer lugar? ―termino de hablar. Había decidido mantener a Toboe fuera de la conversación, si decía una palabra sobre él existía la posibilidad de meter en problemas a alguien cuyo único crimen había sido conversar. Sato se mantuvo unos momentos en silencio mientras vigilaba los movimientos que esta hacía.

―Los contratamos porque necesitábamos personal. Esta es una nueva sucursal, construida hace relativamente poco por "Diamond Innovation", la compañía que paga tu sueldo. Esta sería la sucursal japonesa y a pesar de que ya contaba con un pequeño cuerpo de personal de seguridad, necesitábamos con urgencia de un mayor número de personas para llenar los espacios vacíos. Tú, y los demás de tu generación, corrieron la suerte de encontrar un lugar que precisara tan urgentemente de personal.

―Eso tiene sentido. Pero no me explicó, porque ha habido tantas incursiones dentro de las instalaciones. No esperaba quedarme parada en un lugar sin hacer nada, pero tantos enfrentamientos… parece demasiado para este tipo de trabajo.

―Tú misma lo dijiste. Es tu primera experiencia como guardia de seguridad. Hay muchas cosas que no sabes sobre el mundo, esto no es como esos trabajos que has visto en la tv sobre un guardia de centro comercial.

―Pero, aun así, tres ataques en menos de un mes… ―los ojos de Sato dieron una señal de vida, un brillo recorrió sus ojos y su mirada se fijó de manera más penetrante sobre la pelirroja.

― ¿Tres ataques has dicho?

―Ammm… Sí.

― ¿De que estas hablando? Solo se han visto dos incursiones de esos tipos.

―Dos incursiones que yo haya vivido. Hay otro detalle, cuando llegue los pasillos estaban vacíos, no había ningún viejo administrador en ellos. Con el tiempo eso cambio, pero ahora vuelven a estar igual que al inicio. Es comprensible que los trabajadores tengan miedo de venir después de que su lugar de trabajo sea convertido en un campo de tiro. Pero después de dos de estos sucesos no habían dejado de venir, solo se veía un poco más nerviosos. Puede que tres fuera su límite.

Sin darse cuenta habían dejado de practicar. Haruki respiraba agitadamente, tratando de recuperar el aliento y Sato había bajado los protectores y tomado una posición, parecía que su altura había aumentado y, así, se hubiera vuelto todavía más imponente. Pero una mentira. Él ya era así, lo notó desde su primer encuentro. Lo había olvidado debido a que, en días recientes, había empezado a verlo más como un amigo

―No sabría decir si eres una persona de mente despierta o simplemente tienes mucha imaginación. ¿Has llegado a esta conclusión tú sola?

―Sí. Me lo he figurado con toda la tranquilidad que hay en los pasillos ―dijo dejando a un lado a su compañero rubio. Las gotas de sudor caían a montón por su rostro, era difícil deducir si alguna de ellas era por culpa o nervios.

―Los giros de la empresa son cuestiones de los altos mandos administrativos, ellos saben cómo invierten el dinero, a quién despiden, a quién contratan. No son cuestiones que yo pueda o deba responder―una respuesta concisa que podría bastar a cualquiera, pero Haruki pudo notar cómo su jefe intensifica su mirada, sin mirarle. Justo la misma forma y gesto que ella usaba antes al amenazar a un deudor de juego―Mi única responsabilidad recae en el cuerpo de seguridad, no en el administrativo.

―Entiendo, lamento haberlo molestado con esas cosas.

―Da un par de vueltas y toma una ducha, luego dirígete con la secretaria en recursos humanos, tu paga te espera. Es todo por hoy―recogió su propio saco y se fue, dejándola pensando en las pocas respuestas que obtuvo. Uno, su jefe sabía a qué se dedicaba la empresa, él era de los altos mandos y dos, no era una farmacéutica, de serlo no tendría problemas en reconocerlo. Algo se maquinaba en aquel alto edificio de común apariencia que tanto querían esos hombres. Las cosas eran confusas, no muchas respuestas concretas y demasiadas conjeturas. Sólo esperaba estar jugando en el lado correcto del tablero esta vez.

Fue lo último que pensó. Ensimismada, había continuado con su camino ignorando lo que tenía en rededor, así hasta que, sin siquiera notarlo, había dado con ese pequeño edificio que se caía a pequeños pedazos. Su hogar. Podía ver las sombras de los niños través de las ventanas, como corrían y jugaban, incluso alcanzaba a oír los gritos que tantas quejas causaban en los vecinos, y pensó en lo que se vendría a continuación, la idea de contarles sobre su cita de mañana no le agradaba, pero era lo debido. Ya lo había aplazado bastante. Sonrió con un pocky en la boca, y tomó camino hasta las escaleras saludando al inquilino de abajo a quien sus hermanos ayudaban de vez en cuando con el jardín para conseguir unas monedas.

Iba subiendo a paso tranquilo sin sospechar que ya adentro uno de sus hermanos era regañado por la fiera de la manada. Misuki, la cachorra de zorro, estaba sujeta del cuello, en sentido figurado, por Isuke; esta había tomado el contrabando de Misuki y aprovechando que el resto estaba ocupado preparando la cena fue a confrontarla en privado en la habitación que todos los hermanos compartían de la mejor manera posible, ya antes había entrado a esa habitación y seguía sorprendiéndose de que 8 niños entraran en ese lugar y durmieran TODOS JUNTOS.

Misuki era del tipo de chicas que luego de los primeros regaños empezaba a mostrar el colmillo y con Isuke estos regaños no se hacían del rogar, era casi seguro que le tocaría al menos uno por día. Esta vez le recriminaba por traer contrabando a la casa que su hermana con tanto esfuerzo mantenía. Escuchaba cosas tales como "Ese tipo de cosas no son aptas para cachorros como tú", "las clasificaciones son por algo, para cuidar la mente de pequeños adolecentes que se quieren hacer los valientes" o "Isuke quiere saber de dónde es que pudiste sacar esto, es una película clonada, ¿sabes que eso podría considerarse un crimen? Es una falta de respeto a quienes trabajaron en esta película" casi parecía una madre, como toda chica pre-puberta en su mente Misuki le respondía y rodaba los ojos "Por lo mismo la traje a escondidas, me quería ahorrar la charla de edades. Las reglas fueron hechas para romperse, no sé de qué te sorprendes si se nota que a mi edad ver una película de clasificació no era nada para ti. Lo que le pudieron sacar a esa peli ya se lo sacaron, no es ni de este año, por favor. "

―A tu hermana le interesaría saber lo que traes a casa~3 ―aquello era una amenaza muy directa y fue entonces que la mirada retadora y pose avalentonada de Misuki se tiró por la ventana. Haruki ya había discutido sobre esa película con ella, no la respetaba del todo porque es casi imposible que un hermano te respete del todo, pero seguro se conseguía un castigo y ya sin sus preciadas cartas no podía subsistir sin el dinero que apenas le daban.

―Espera, Isuke, ¿podemos discutirlo? Quizás podemos llegar a un acuerdo. Ver la peli juntas y no contarle a Haruki.

―Isuke se siente tentada a dejar que veas esto sólo para ver como duermes por la noche, pero al mismo tiempo quiere saber lo que te dirá tu hermana de ver esto. Ahh las posibilidades~3―dijo abanicándose con la película y mirando a la chica de forma sádica. Disfrutando del mal que podía causarle a la gente, la ansiedad y nervios que podía hacerles experimentar sólo para su propia diversión.

―Por favor, sólo íbamos a verla Hayaka y yo.

― ¿Y dónde si se puede saber? Acaso ¿no ves cómo duermen? Aquí Arashi no puede ir al baño sin que Akira le diga a Fuyuka que no hay papel.

―Por favor, sólo será esta vez. Puedo decirle a las niñas que jueguen en otra habitación y usted puedes supervisarnos. Haruki-nee no se entera y puede que le guste, parece el tipo de persona que disfruta de las pelis de terror―pero aparte de su destreza en cartas, era igual muy buena a la hora de usar palabras.

Isuke miró por vez primera la parte de atrás de la película, la sinopsis no se escuchaba mal y conocía a los directores. Sería quizás la misma peli que no pudo ver por estar con los preparativos de su ingreso a la clase negra. Tentador, muy tentador y sólo sería cuestión de enviar a los niños a la cama temprano. Miró la portada una vez más y negó con la cabeza. Las niñas tendrían pesadillas, Misuki tendría problemas para dormir y hasta podría dejar de comer, las niñas estarían llorando en medio de la película, no quería que Haruki se preocupara por ellos, se supone que también ella los cuidaba ahora. Le entregaría la película.

―Buen intento, pero Haruki tiene que ver esto. ―no lo hizo por diversión, estaba genuinamente preocupada por esa cachorra terca y sus hermanos, sobre todo por la mayor. A Misuki se le cayó el mundo a los pies al ver a la peli-rosa irse.

Cuando la puerta principal se abrió Haruki se encontró con lo que esperaba encontrarse. Como cada tarde que regresaba a casa lo primero en lo que se fijaba era en el cuarteto establecido de desastres que tenía por hermanos; Akira, Arashi, Hana y Yuki corrían alrededor de la sala esquivando los muebles, solían hacer cosas tan variadas como jugar a las atrapadas o pasarse entre ellos una humilde pelota de plástico. El plato de hoy era una pelea campal de almohadas, dos de ellas cojines del sillón de la sala y las otras dos tomadas prestadas de sus dormitorios. Arashi tenía en sus manos el arma más letal de todas, la almohada de Saburo, la cual era la más grande de las pertenecientes los menores. Lejos de ser una ventaja, provocaba que el combate pasara de un "todos contra todos" a un "yo contra todo el barrio" protagonizado por Arashi.

Aisladas en un rincón, lejos de los desastres, se encontraba Hayaka en su tradicional ensimismamiento por el dibujo junto con una expectante Mei. Era su rincón por derecho, así lo recordaba Haruki desde el día en que ella había tomado lápiz y papel y se hubiera arrinconado en una esquina de la sala. Era el lugar perfecto para evadir el relajo de los más pequeños y el calor que haría por la tarde en la habitación, no molestar en la cocina y respetar la privacidad del jefe de la casa. Mei se había unido a ella con el tiempo, atraída más por los dibujos que por el desorden del resto.

Saburo se hallaba como siempre recostado en el sillón. Con un libro entre manos y las piernas cruzadas encontraba una paz que parecería imposible de alcanzar con todo lo que le rodeaba. Recostado ahí y con esas pequeñas cosas corriendo a su alrededor, era como ver una balsa de madera siendo rodeada por pirañas cuyo pasajero hubiera aceptado tranquilamente el proseguir de las cosas.

Las únicas que faltaban en su foto rutinaria eran Fuyuka y Mizuki. Una siempre en la cocina a la hora estimada, cumpliendo con tener alimentados a sus hermanos en tiempo y forma. La otra siempre moviéndose, encima de alguno de sus hermanos, perdida en algún lugar de la casa (o fuera de ella) era la menos rutinaria de toda la familia.

Y también faltaba Isuke. Pero en su estado daba por seguro donde debía haberse escondido mientras se recuperaba.

Al ver el escenario que tanta fuerza le había dado desde que su madre fue internada en el hospital, se preguntó si sería una buena idea decirles eso. Así como podían ser un apoyo para ella podían ser su destrucción, y los niños no olvidan con facilidad. Más aún, se preguntaba si todo lo que había pasado, con su trabajo y con Isuke, llegaría a alterar la pacifica vida de esos cachorros. Si acaso valdría la pena continuar con todo eso.

― ¡Haruki-nee san llego! ―grito Mei, apuntando a la puerta con un lápiz rojo carcomido.

Ocho cachorros alzaron las orejas al escuchar a su hermana menor, la minina de la manada también pudo escucharlo desde la habitación de los niños y miró con reproche a Misuki. Esta, de tener orejas, hubieran estado pegadas a su cabeza por el peso de esa mirada. La única solución que encontró fue colgarse de la pierna de Isuke y ser peso muerto para que esta no avanzara, que no le sirvió de mucho, los entrenamientos rigurosos en combate con su madre habían hecho de sus piernas un arma mortal, se lo podían preguntar a una de sus excompañeras de clase. Esa patada fue suficiente para dejar a Shin´ya fuera de la jugada.

―Por favor, Isuke, haré lo que pidas pero no le muestres esa película a Haruki. Ya es insoportable sin más cosas que agregar a la lista.

―Debiste pensarlo antes de venir a meter estas cosas en casa. Y quizás este sería el momento perfecto para empezar a llamar a Isuke como debe ser.

―Por favor, Isuke-sama ―corrigió de inmediato; la poca intimidad del cuarto les escondía un poco del resto, pero si ellas podían escuchar la pelea campal contra Haruki, ellos podían escuchar su "discreta" conversación―Lo que sea, por favor.

―Misuki, Isuke no hace esto porque quiera verte rogar, Isuke sabe que esta película podía traerle problemas a tus hermanos menores para dormir. Además, cuando Haruki no está en casa se va confiada en que Isuke mantendrá las cosas funcionando como deben. Y es lo que Isuke va a hacer. Cuidarte y a tus hermanos. Aún si es metiéndote en problemas. Sólo de esa forma vas a escarmentar.

Y eso fue suficiente, es difícil hacer que un niño entienda que cuando lo van a acusar es por su culpa y no por satisfacción de la otra persona. Pero cuando sabe que ya no va a poder escapar de su castigo puede resignarse fácilmente. Igual Misuki, en cuanto vio que no había forma de sobornar a esa diosa sólo la soltó y caminó muy lento detrás de ella, sopesando la idea de salir corriendo por la puerta o agarrarse los shorts y plantarle cara a Haruki.

La pelirosa atravesó la puerta y avanzo por el pasillo hasta la sala, seguida por detrás por la cachorra cabizbaja. El rostro de la niña lucía enfermo, con pequeñas gotas de sudor adornando su rostro. Caminaba apoyándose con una mano en la pared y con la otra sosteniéndose el estómago. Delante de ella se alejaba su perdición hacia la sala de estar. Como un niño a punto de ser acusado por su hermano mayor, no le quedaba de otra que esperar con temor el castigo que se vendría, y aguardar que este no fuera lo peor.

Cuando Isuke llegó a la sala, Haruki se encontraba con los cuatro pequeños que hasta hace poco habían estado corriendo alrededor del sillón donde se postraba su hermano, quien por su parte se había sentado correctamente desde que vio a Haruki atravesar la puerta. Sus pequeñas manos ahora jalaban de las prendas de su hermana, cada una reclamando por atención, y las almohadas ahora se encontraban abandonadas en el piso. Haruki volteo a verla en cuanto esta se asomó.

―Ah, Isuke-sama, hola. Me preguntaba dónde estaba.

―Donde Isuke esta o que hace no es de tu incumbencia. Llegas tarde.

―Yo solo me preocupaba por… Tuve que entrenar como siempre, y me distraje un poco de camino a casa. ¡Ay! ¡Yuki, te he dicho que no me muerdas la espalda!―literalmente todos los pequeño le reclamaban a su manera.

―Mira que dejar sola Isuke tanto tiempo, después del café que te ofreció por la mañana.

Ante la situación Haruki solo pudo sonreír y cerrar los ojos. Una sonrisa estúpida que hablaba por sí misma. Era una disculpa silenciosa, que evitaba decir cualquier cosa que pudiera hundirla aún más en el lodo de lo que ya estaba. No pasó mucho para Mizuki alcanzara la escena, llegó con la cabeza metida entre los hombros, apretando los labios de manera que parecía que estaba inflando los cachetes, intentando usar la figura de Isuke como un camuflaje para su persona.

―Ahí estás Mizuki. Bien, todos están aquí, eso facilita un poco las cosas.

―Haruki hay algo que Isuke debe decirte ―dijo mientras avanzaba un par de pasos hacia la pelirroja, decidida a entregar el contrabando su brazo empezó a moverse para mostrar el objeto que escondía detrás de ella.

―Sólo un momento Isuke-sama, hay algo muy importante que tengo que decirle a usted y a mis hermanos. Me gustaría que todos me escucharan― dijo ya parándose, el momento había llegado y debía hacer las cosas correctamente, ellos iban a estar bien, sólo sería un rato por la noche y les dejaría dinero para que compraran pizza. A su edad ella olvidaba todo con un poco de pizza.

El cuerpo de Isuke retrocedió levemente mientras parpadeaba ante su declaración. Detrás de ella, Mizuki observaba aliviada como la película que casi salía detrás de la espalda de la pelirroja volvía su lugar como si no tuviera intenciones de salir, ella dio suspiro como si sus problemas se hubieran acabado, pero eso era tan falso como el ending de Shiena.

El resto de la familia miro a Haruki y guardo silencio, Saburo y Hayaka habían vuelto a sus hobbys al poco tiempo de saludar a su hermana, más luego de lo dicho sus vistas habían vuelto con curiosidad hacia la puerta. Durante un breve instante había pasado algo maravilloso, el tercer piso del edificio estaba en silencio con toda la familia reunida.

―Está bien. Isuke puede esperar.―dijo en una sincera muestra de amabilidad de su parte. Había pocas cosas que podían hacer que la pelirroja no prestara atención a Isuke y eso eran sus hermanos. Ya todos estaban más tranquilos luego de su recibimiento y miraban atentos al anuncio que quería dar su hermana mayor, todos menos una pequeña. Más que preocupada para cuando Haruki prestara al fin atención a su huésped.

―Gracias Isuke-sama. Saburo puedes ir a la cocina y traer a Fuyuka, ella también debe escuchar.

―De acuerdo nee-san ―dijo Saburo después de mirarla unos instantes.

Como tercero en la lista de sucesión cumplía su rol con eficacia, eso nadie lo podía negar, aunque eso tuviera sus lados negativos. Cuando Saburo había vuelto de la cocina con su hermana, las tormentas y sus dos compañeras de juego ya habían ocupado el sillón por completo.

Fuyuka se acomodó en el lugar que había entre la televisión y el sillón, a Saburo no le quedo de otra que hacer lo mismo. Isuke se acercó y se recargo con su brazo desocupado sobre el lado contrario al que estaba Haruki, Mizuki la siguió y se posiciono detrás de ella.

― ¿Qué tienes que decirnos Haruki nee-san? ―Fuyuka fue la primera en aventurarse.

―Realmente no tengo idea de cómo decirles esto ―se alejó por fin de la entrada del departamento, se acercó hacia el mueble y deposito sobre su respaldo el saco que cargaba.

― ¿Son malas noticias? ―dijo Saburo con una expresión de preocupación ― ¿En qué problemas nos metimos esta vez?

―No. No son malas noticias. Al menos, no creo que lo sean. Pero…realmente no sé cómo llegarán a tomárselo…

La pelirosa observaba con cautela desde el otro lado, preguntándose qué habría pasado esta vez. Hace poco matones habían interrumpido en el pacifico hogar de los cachorros y les habían dejado un buen susto. ¿Es que ahora sucedía algo más problemático, o sería acaso que quienes las buscaban la hubiesen encontrado y hablado con Haruki en su camino a casa? ¿Debía irse de aquella casa? A ella se le veía muy nerviosa, con ganas de que el suelo se abriese, cayeran tres pisos y finalmente se la tragara la tierra.

― ¿Acaso vendrán más tipos malos? ―dijo Hayaka. De inmediato un mal general se esparció por la habitación igual que la gripe en invierno. Los rostros se movieron de un lado a otro, las miradas de los hermanos se encontraban y hacían el trabajo de transmitir más rápido la preocupación por los conductos imaginarios que aparecen cuando se cruzan miradas. Hubo unos cuanto quejidos y sus infantiles caras tomaron tonos sombríos.

―Mei no quere más hombres malos ―dijo la pequeña al borde del llanto.

― ¿¡Que?! ¡No, esperen, no es nada de eso! ¡No está pasando nada de eso!

―Nee-san ¿Entonces qué cosa pasa? Dinos y ya, a Akira y Yuki les dolerá la cabeza de tanto pensarlo―dijo Arashi queriendo hacerse el chistoso a costa de su gemelo y hermana menor.

―Yo opino lo mismo, Arashi. Se te va a fundir el fusible si le piensas mucho. Nee-san, nos está matando la curiosidad ―agrego Akira ya sacudiéndose el miedo.

―Tienen razón ustedes dos…

―Por supuesto que la tenemos ―dijo Arashi.

―Seremos niños, pero no tontos, bueno Arashi sí es tonto pero porque Sabu-nii lo dejó caer de chiquito―dijo Akira, su hermano le dio un golpe en la cabeza y Haruki tuvo que hablar antes que esos dos iniciaran una de sus típicas peleas.

―Sí, ya sé que no tienen un pelo de tontos, por eso tengo que decirles… ―las palabras se atoraron en la boca de Haruki, se aferraron a su lengua, su garganta y su campanilla. Si pudieran provocarle un vomito abstracto quizás así sería más fácil expulsarlas, pero era como intentar comer más con la boca llena, solo que al revés ―Tengo que decirles que… Ufff, mañana por la noche voy a tener una cita con una compañera del trabajo y ustedes que tendrán que quedarse solos en casa. Vendré sólo a cambiarme y regresaré un poco tarde, pero no se preocupen, les dejaré para que…―Isuke ya no escuchó el resto. La mano que sostenía la película apretó el empaque al instante de escuchar las palabras "cita con una compañera".

Más silencio. Un pequeño instante que los pequeños e Isuke miraron a la pelirroja que se sostenía temblando del sillón después de sus palabras. La bruma del malestar empezaba a levantarse, ya no eran miradas llenas de miedo o preocupación, en ellas había curiosidad, sorpresa, y más sentimientos que Haruki no era capaz de reconocer. Algunos de ellos no hicieron más que inclinar su cabeza, no hubo más movimiento, aparte de Haruki, cuyos ojos recorrían la sala de lado en lado en busca de alguna respuesta por parte de sus hermanos. El silencio comenzaba a incomodarla, cuando se había decidido a proseguir, alguien se le adelanto.

―Entonces… ¿Nee-san es parte de esas personas "especiales" que salen en la televisión? ―dijo Yuki, y la bruma no solo fue disipada, sino arrasada por un gran viento.

―No sabíamos que tenías esos gustos ―dijo Akira con una lagrima emergiendo dell ojo derecho.

―Ahora entendemos porque te llevas a la Diosa contigo cada noche ―dijo Arashi con una lagrima emergiendo del ojo izquierdo.

Todo comenzó con un pequeño bufido, pero eso fue suficiente, cual chispa que inicia una explosión a esto le precedió el desafinado, y sin embargo hermoso, coro de las risas burlonas de los niños. Su pequeño mundo, el apartamento, el edificio, fue dotado una vez más de vida por el pandemónium que se había desatado en el hogar de los Sagae. No se sentía que el día llegara su fin, si alguien no subía hasta el tercer piso a hacer callar a esa manada de hiperactivos.

Todo estaba bien ahora, Haruki se reía e intentaba salirse por la tangente de las preguntas incomodas de sus hermanos. Les decía que no era una cita como tal en que dos personas que se gustaban salían para conocerse, sólo una pequeña muestra de agradecimiento por haberla ayudado en los primeros días en que iniciaba en la empresa. También les dijo que ese día llegaría temprano sólo para darse una ducha rápida e irse.

―Les dejaré algo de dinero para que puedan comprar un par de pizzas mañana mientras no estoy. Fuyuka ¿aún recuerdas esa pizzería por el boulevar? ¿Dónde venden 2x1 en jueves?

―La recuerdo, te gustaba pedir la mitad de todas las pizzas de una especialidad diferente y comer una mordida de cada una.

―Je bueno, de ese lugar. Se buena hermana y guárdame un trozo.

―No prometo nada, hace años que ninguno prueba pizza.

―Pues tendrán que conformarse con lo que traigan porque el dinero lo tengo contado exacto―dijo pasándole un sobre amarillo.

― ¿Qué tiene anotado?―dijo revisando el sobre.

―Es la dirección donde quedamos la chica de la oficina y su número de celular.

―Así que no perdiste tiempo en conseguir todo de ella, vaya Nee-san, me impresionas―dijo su hermana riéndose tras su mano.

―Que sólo es cena de agradecimiento, no es algo tal como algo romántico ni nada de eso.

―Nee-san―Mei le jaló del pantalón, se agachó un poco para cargarla y que quedara a su misma altura.

― ¿Sí, Mei? ―sonreía, todo era un alivio tremendo, los gemelos seguían riéndose, Hayaka y Fuyuka hablaban de lo que debería ponerse y Yuki junto con Hana las escuchaban con emoción sugiriendo ropas y lugares para una segunda cita.

―Pero… ¿la señorita chicle no se va a enojar?― Isuke. Ahora que lo pensaba. No la veía por ningún lado y tampoco a Misuki. Pensaba preguntar a su hermano pero Fuyuka le empezó a preguntar sobre qué había que pagar esa semana.

Misuki se vio de pronto parada en la cocina, no fue capaz de sorprenderse al escuchar que su hermana iba a tener una cita. Sólo sintió como alguien tiraba del gorro de su chamarra y escapaban del bullicio que sus hermanos producían con sus risas. Miró en dirección a Isuke, esta miraba por la ventana a la oscuridad de la noche, cruzada de brazos observando un cielo sin luna. La escuchó suspirar y caminar a ella con una sonrisa que nada le pareció un alivio. Algo planeaba. Recordó ver antes esa misma sonrisa…fue cuando sujetó a su hermano mayor del cuello. Sonreía de una manera que le daba miedo, miedo al porvenir.

―Ten~3― dijo ella metiendo la película dentro de su chamarra y subiéndole el cierre―Guarda la película, Isuke comprará mañana las palomitas. La casa invita y veremos esa cosa sí o sí~3

¿De qué se había perdido? ¿Qué había pasado que ahora la chica que pensaba acusarla iba a planear con ella la mejor noche de terror con palomitas y pizza? ¡Qué importa! Sonrió de oreja a oreja y no pudo evitar saltar a abrazar del cuello a Isuke. Esta también le correspondió el abrazo pero mirando a Haruki. En el pasado había tomado venganza innumerables veces. Un niño tonto se había creído con el derecho de meterse en los asuntos de Isuke y regalarle una flor a una linda niña rubia que le había gustado desde que iniciaron el curso, fue quizás en el primer año de escuela básica. No lo recordaba del todo pero sí recordaba del chicle en su cabeza. La satisfacción al verlo llorar avergonzado. Lo que en ese momento sentía era sólo un poco parecido. No se comparaba a la satisfacción de ver las lágrimas de ese niño, pero algo inventaría para emparejar las cosas.

~3~3~3~3~3~3~3~3~3~3~3~3~3~3~3

La cena no había ido tan mal. Haruki había pasado las últimas horas escuchando las preguntas que hacían sus hermanos, usualmente venían acompañadas de risas, respecto a quien era esta chica y que había entre ellas. Dio las mismas respuestas una y otra vez, pero la broma no parecía terminar. Incluso en la mesa al momento de la cena, los pequeños continuaron con el bombardeo de comentarios. Ni siquiera la comida podía detener a un Sagae de hablar.

Finalmente eran las diez en el reloj y Haruki pudo encontrar un momento de paz apartada de sus hermanos. Terminando la cena se levantó con las mejillas rojas como su cabello y tomó rumbo a su habitación compartida con Isuke. Parecía que sólo en ese lugar podría estar en paz, en total privacidad, pero para tener un extra de seguridad les había comentado a todos que tomaría un baño antes de dormir.

A ciencia cierta no sabía la razón por la que había pasado casi media hora dentro de la bañera. Sus hermanos seguramente seguían bromeando en la sala, a lo menos de buen humor, su pensamiento era que mientras estuviera ahí no la molestarían, solo tuvo que aguantar media hora hasta que se fueron a dormir. La temperatura era bastante agradable también, se había dejado ir a sí misma apoyando sus brazos y cabeza sobre las orillas. Hubiera estado más tiempo en ese lugar, incluso aunque sus hermanos se hubieran ido a dormir, de no ser por una voz que la obligo a salir.

―Isuke también necesita usar el baño ¿Es que no piensas en alguien que no seas tú? ―sonó la voz de Isuke desde la habitación, justo después de un par de golpes.

―Lo siento, en un momento salgo ―Haruki levanto su cuerpo perdiendo de inmediato la comodidad que había logrado, el agua se deslizaba por su torso con suavidad y regresaba junto al resto en la bañera, se sostuvo de los bordes del mueble "es verdad, está en su periodo" pensó. Ayudada por sus brazos se puso de pie dispuesta a tomar la toalla. Una vez la tuvo entre sus manos cayo en la cuenta de cuan arrugados estaban sus dedos ―Bueno gracias Isuke, ya llevaba mucho tiempo dentro ―dijo para sí misma.

Una vez estuvo envuelta con una toalla blanca que iba desde sus rodillas hasta la clavícula abrió la puerta, lo primero con lo que se encontró fue a Isuke sentada en el borde de la cama que daba al baño. Tenía la mirada puesta en ella, parecía que había estado esperándola todo el tiempo con la vista fija sobre la madera. Al momento sus pies se anclaron al piso. La pelirosa tenía una mirada que no se podía describir como enojo per se, indudablemente había algo de ese sentimiento en ella pero parecía más una fría expectativa, preparada para juzgar todos y cada uno de sus movimientos.

― ¿Pasa algo Isuke-sama? ―dijo tanteando el terreno.

―No ¿Por qué pasaría algo?

―No lo sé. Tiene una mirada algo extraña clavada en mí…

― ¿Clavada en ti? Eso es darte mucha importancia a ti misma.

Isuke se levantó de la cama sin mucha energía, parecía como si se estuviera reservando, tomo la toalla que tenía a su lado, mucho más corta que la de su compañera, de color rosa igual que su cabello, y puso camino hacia el baño. Haruki se apartó al ver sus intenciones, decidiendo sabiamente no entrometerse en el camino de una fiera tan turbada como esa.

―También ese tono de voz, y tu actitud―para Haruki estaba muy claro que las cosas no iban bien, Isuke podía ser fría en ocasiones, pero no llegaba al punto en que la hostilidad se sentía en sus palabras.

― ¿De que estas hablando? Esta es la voz y actitud que Isuke tiene siempre ―ya estaba dentro del baño, se había dado media vuelta y sujetado la puerta para poder responderle. Al menos se dignaba de responderle, Haruki sospechaba que en cualquier momento dejaría de hablarle.

― ¿De verdad te molesto tanto que me tardara en el baño?

De inmediato la puerta fue azotada con tan poca consideración que los pequeños preparándose para dormir tuvieron un sobresalto, ya en sus futones habían volteado en dirección al cuarto que ambas compartían. Aunque de todos la más sorprendida era Haruki, al igual que Isuke hace breves momentos, tenía la mirada en la puerta mientras se preguntaba qué había hecho ahora para arruinarlo así con Isuke.

Era cierto que era una criatura caprichosa, pero no se imaginaba que tanto.

"Debe estar muy sensible por su periodo" pensó Haruki, decidió que lo mejor sería no acosarla con preguntas, así que se acostó dejando espacio suficiente para cuando Isuke saliera del baño no tuviera problemas para acomodarse. Y así cerró los ojos.

Pero ni con todo el espacio necesario en la cama Isuke tuvo la amabilidad de no despertar al Haruki, sino al contrario, todos sus esfuerzos por darle sitio suficiente para dormir sólo eran combustible para sus ánimos de pelear por espacio en la cama. Empujó a Haruki hasta el borde, ya a esa hora de la noche las palabras no salen de una boca sellada, pero ella no se quejó, sino que intentó abrazar a la chica para no resbalar más noche. No cabía de la sorpresa por cada intento fallido de abrazar a Isuke, se quitaba el brazo de en sima cada que lo volvía a poner allí.

― ¿Isuke-sama? ―no obtuvo respuesta, volvió a intentar una y otra vez, pero con el mismo resultado, le parecía muy extraño que la ignorara de esa forma. Lo máximo que pudo obtener de ella fue que le diese más espacio en la cama, pero fuera de eso ni una sola voz se escuchó aparte de la suya. No podía dormir, estuvo viéndole la espalda y el cabello, la figura curvilínea de ella recostada sobre su costado y no se permitió otro minuto sin dormir como debían. Aún contra sus quejidos y protestas metió un brazo bajo su cabeza y le abrazó su cintura contra ella, ambos cuerpos perfectamente pegados pese al bochorno de la noche. Sólo así podía dormir y sólo así Isuke parecía más tranquila, pues hasta su expresión corporal cambió por una más relajada.

DamyD: ¡Ok bueno ...quítate! Sólo aparece tu cara.

Jandro: Vale, vale. Pero ya puedes comenzar ¡Que te están esperando desde hace meses!

DamyD: ¡Bueno, hola chicos...primero que nada lamentamos mucho, ya sé que fueron meses no necesitas recordarlo! Chicos, no sé cómo tomarán este periodo de silencio, yo realmente espero que aún estén allí para leernos. No hay forma de disculparse correctamente.

Jandro: Efectivamente, hubo mucha agitación en los últimos días. Bastante prisa por terminar lo que sería la siguiente parte de esta saga. Ha tomado su tiempo a pesar de todo, espero que valga la pena y el esfuerzo.

DamyD: Ya no sabemos ni Cómo decir estas cosas. La única manera de redimirnos es dejándolos leer y decir que desde aquí las cosas van de mejor en mejor.

Jandro: Bueno, la mejor disculpa sería entregar un buen trabajo. Para este punto es inútil pedir disculpas si vamos a seguir igual xD. Y eso no está bien Gil, tus lectores te piden más atención a tu obra.

DamyD: ¡Oye! Yo hago buen trabajo, sino que me lo digan.

Jandro: Je, oye, que yo hablo del tiempo no de los resultados XD.

DamyD: Más vale...Ya no puedo decir nada que me defienda, prefiero que sean mis letras las que lo hagan.

Jandro: Eso es muy maduro de tu parte. Cada día creces un poco más como persona. De igual manera les digo que si algo está mal en la historia, siéntanse con libertad de decirlo. Así podemos corregir nuestros errores y la niña estará agradecida.

DamyD: ¿So...Es todo?

Jandro: ¿No lo sé, tienes algo más que agregar? ¿Quejas, comentarios, invitaciones a cenar?

DamyD: Jeje nop porque luego sí me invitan a cenar XD los veré pronto les prometemos mejorar y ser más rápidos.

Jandro: Me refería si querías invitarme a mí a cenar... Espero que seamos más rápidos la próxima vez, disfruten el contenido.

DamyD: Jaja con eso nos despedimos. Les veo pronto y si tienen quejas o comentarios por favor son bien recibidos.