Cap22 Dos pueden guardar un secreto si…
¿Podrían ser la manada de cachorros que había vuelto con Haruki? Miró al reloj, no había pasado más de hora y media desde que aquellos se fueron. Un par de golpes más en la puerta. Se puso de pie, consideró el ir por un cambio de ropa antes de abrir la puerta, un pensamiento fugaz que se esfumó con un encogimiento de hombros mental. No es como si muchos hombres pudieran propasarse con ella. Hizo un listado de las personas que podrían estar llamando a esa hora a la puerta, no era muy largo, a decir verdad: vecinos, el viejo que venía a cobrar la renta, los cachorros quedaban descartados porque todos sin excepción contaban con llaves del departamento, tampoco creía que las basuras de hace unas noches tendrían el valor de regresar. Por no decir que no había razón, una noche Haruki tomó el resto de dinero pendiente de pagar y regresó sin inconveniente.
―Seguramente Haruki olvidó algo y vino corriendo a buscarlo, la muy tonta debió olvidar las llaves o algo así―pensó en voz alta a la vez que abría la puerta; su nueva sonrisa, que descubrió cuando se hizo novia de su pelirroja, se volvió una imagen de confusión al ver aquel hombre frente ella.
―No me convence que te dejara sola, y sobre ello abres la puerta sin preguntar quién es. No me gusta nada―reconoció la voz antes que al hombre. Frente ella estaba su Mama, un hombre con una gran chamarra, igual a la que usaba aquella noche cuando la salvó de esa vida. Tenía una barba de varios días, su cara magullada y varias ojeras.
―Mama, ¿qué haces aquí? ―el hombre entró sin ser invitado, se plantó en el medio de la sala observando todo, buscando algo que ella misma no sabía identificar. Vio la ventana en la cocina y caminó al lugar. Sacó una pistola seguramente metida en los pantalones y cerró la cortinilla para evitar cualquier mirada exterior. Su Mama siempre hablaba de mantener el porte y estilo, pero cuando de armas se trataba, podía no ser muy diferente a un pobre diablo drogo de las calles.
― ¿Por qué no haces algo de té, mi pequeña? ―dijo tomando asiento, Isuke notó aquel gesto con la mano para limpiar la silla antes de sentarse. No le gustó. Quería preguntarle dónde estuvo todo este tiempo. Qué le pasó en la cara. Dónde estaba su papá. Incluso, si las respuestas que le diera eran tranquilizadoras, contarle la noticia de su noviazgo con la pelirroja. Ya tenía pensado en que vivieran juntas. Pensamiento no compartido con Haruki. Para ello solicitarle a su mamá el apoyo con un crédito para pagar un apartamento propio. Claro que tendría que esperar a que al menos dos de los ahora cachorros se volvieran mayores y el apartamento tendría que estar lo más cerca posible de la Casa Sagae. Tantos planes aplastados con la orden de preparar te.
―Sí, mama.
Se puso a la orden al instante, toda palabra quedaba oxidada en su garganta. Buscó el recipiente y puso el agua al fuego, fuego lento para darle un poco de tiempo para pensar en el entero de la situación. Fijó la vista en el agua, cuidando que no se formaran burbujas en el fondo. Caliente, pero sin hervir. Mientras escuchaba el gas salir, su mente también comenzó a trabajar. Su madre estaba en la casa de Haruki, en un momento donde ella no se encontraba, un momento donde sólo las más pequeñas dormían junto con Saburo. Por amor al cielo, que estuvieran ya dormidos.
No era que tuviera miedo. Las burbujas de gas tardarían en formarse al fondo y llegar a la superficie. No, no es como que le tuviera miedo por sí misma, pero…
―Iré a hablar con mi viejo amigo. Estoy seguro que aceptará mi acuerdo y tú vas a formar parte.
―…―
―Estará dispuesto a dejar en el olvido la pequeña insensates que cometiste. Sabe que la juventud a veces es…osada…rayando en lo imprudente, que digo imprudente. Inconsciente.
― ¿Qué vas a necesitar? ―el agua aún no mostraba burbujas al fondo, pero sabía que pronto aparecería la primera.
―Por ahora quédate aquí. Bien dicen que la suerte favorece al audaz y vaya que corriste con mucha suerte al caer precisamente en esta casa. ¿Qué tan bien te llevas con esta chica amiga tuya?
― ¿Con Haruki...? ―no respondió al instante como en otras ocasiones. Cuando su madre preguntaba por cierta persona que ella conocía, no era con el interés de saber qué tipos de compañía frecuentaba. Isuke fue a clases en su infancia, un colegio elitista donde la mayoría de sus compañeros eran hijos de CEOs, dueños de distintas empresas e incluso figuras políticas. Iniciando su curso, su mamá le pedía ciertos favores. La mandaba a investigar quienes eran los familiares de tal o cual compañero de salón. Dónde suelen comer la familia de su mejor amigo. Cuáles eran los apellidos del nuevo niño. Incluso el horario de clases particulares de una niña que se sentaba al lado suyo. En aquella ocasión, la niña dejó de ir a clases la semana siguiente.
No pasó mucho tiempo para que la pequeña Isuke sumara dos más dos.
Durante los primeros años de educación tuvo una pesadilla recurrente. Una granja con polluelos a su alrededor. A lo lejos veía el maizal, el viento azotaba el sembradío emitiendo ese sonido tan tranquilizador por la mañana, que se tornaba siniestro luego de la puesta del sol. Un movimiento en el maizal, no era la brisa, era un zorro. Un zorro plateado que iba llevándose uno por uno los polluelos, tomándolos entre sus mandíbulas, haciéndolos desaparecer entre chillidos de niños.
Lo peor era la sonrisa cómplice de aquel zorro.
―Sí, Haruki. Linda chica, es una verdadera lástima que viva de esta forma, tanto potencial que seguro no está manejando correctamente, o sólo es muy ingenua y tonta. Tú sabrás decirme―ambos escucharon a sus espaldas una tabla crujir. Las primeras burbujas de gas empezaron a bullir, pero Isuke ya no tenía su atención en el té. Eisuke se levantó de un movimiento sujetando a su audiencia del cabello. La segunda mano viajó al arma metida en su pantalón. Al segundo Isuke ya estaba junto a él sujetándole ambas muñecas, evitando que la situación escalara a peor y lastimara más al chico. La mirada de su madre la asustó. Era punzante, acusatoria, tan afilada que se preguntó si no cortaría su resolución de defender al cachorro.
Le sonrió.
Y la sonrisa que le regaló la hizo sentir como en aquella pesadilla del zorro plateado. E Isuke tembló por un segundo.
― ¿A quién tenemos aquí? No recordaba que vivieran más personas aquí. O tal vez sí lo mencionaste y tenía mi atención en otros asuntos.
—Es uno de los hermanos de Haruki—se sintió incapaz de mantenerse en silencio.
—Uno de ellos ¿eh? —un destello peligroso pasó sobre aquellos iris grises—Ya veo. Vamos pequeño, te llevaré a tu habitación—apretó más fuerte el agarre de su cabello. Saburo aguantó, tratando de no alertar a sus hermanitas.
—Yo lo llevo—la sonrisa se le borró al hombre. Dio una mirada a Isuke y como si fuera un animalillo molesto, le tendió al chico por los cabellos. Puso sus manos sobre los hombros de Saburo, que le parecieron tan protectores como nunca antes. Incluso más que en la situación que vivieron hace unos días. Aquella simple acción no pasó desapercibida para Eisuke. Le dio la espalda a su protegida y regresó a su silla.
Isuke lo jaló al frente de la habitación donde estaban las pequeñas. Él estaba muy asustado, se veía a simple vista, temblaba en el medio de aquel pasillo oscuro con la única luz proveniente de la pantalla de TV puesta en silencio. Isuke le limpió la cara sudada. Tuvo el flashazo de pensamiento de tomar a Saburo junto con las pequeñas y encerrarse lo mejor que pudieran hasta que llegara Haruki.
No lo hubieran logrado.
—Entra con las niñas y pon el seguro. Isuke se encargará de esto, no tardaré ni un minuto.
— ¿Quién es él? ¿Qué hace aquí? ¿Qué es lo que quiere?
―Sólo entra a la habitación sin hacer preguntas. Isuke va a encargarse de esto.
― ¿Usted sola? No, yo también voy. Vamos a llamar a Haruki-nee, tiene que venir. También a la policía―un escalofrío recorrió la espalda de Isuke, sintió como los bellos de sus brazos se erizaban.
—No. No, Isuke te explicará, pero no llames a Haruki. Entra y haz silencio, no salgas hasta que Isuke vaya a buscarte―la mirada de Saburo era total desconcierto, ¿quería que aquel hombre siguiera en casa? No, no podía ser eso. En contra de ese pensamiento entró a la habitación poniendo el seguro. Isuke vio como apagaba la luz y guardaba silencio. Lo imagino sentarse frente a la puerta, atento a cualquier susurro que sus oídos pudieran captar.
―Isuke―llamó Eisuke. La chica cerró los ojos en clara muestra de incomodidad. Su madre seguramente había escuchado la pequeña interacción con el cachorro.
Optó por no darle más vueltas al asunto, lo peor que podía pasar era que en ese momento llegara Haruki. No quería ni pensar en la situación. Si bien Haruki y su madre tenían un acuerdo, estaba segura que a la pelirroja no le agradaría nada ver a Eisuke auto invitándose a su casa.
―Mama, ya está durmiendo el…
―Isuke, estoy hablando con mi amigo esta misma noche. Hice mi propia investigación, si las cosas son como sospecho voy a necesitar de tu apoyo y confianza ciega. ¿Me entiendes, pequeña? ―para esto Eisuke apagó el agua en la estufa.
―S-sí, claro que sí mama, no dudes que te ayudaría.
―Bien, te contactaré en cuanto pueda, claro que debes mantener esta charla como un completo secreto. Confío que sabrás acallar a esa pequeña molestia ¿verdad, Isuke? ―ella quiso responder, claro que su garganta y situación la tenían tan descolocada. Eisuke pasó al lado suyo, sonriendo―Oh, y no desperdicies el agua caliente, prepárate un té, hija, te noto un poco nerviosa―lo escuchó cerrar tranquilamente la puerta. Isuke al inicio no fue consciente del temblor que dominaba su cuerpo, completamente infundado según ella, se sentó en el suelo tratando de calmar sus crispados nervios. Las palabras de su madre resonaban como mantra en su cabeza. Acallar a esa pequeña molestia. Acallar a esa pequeña molestia. Acallar a esa pequeña molestia. Acallar a esa pequeña molestia. Se sujetó la cabeza con ambas manos, encogiendo las piernas contra su cuerpo sin importar como la bata se subía por sus piernas.
El interior del vehículo contenía una extraña sensación sostenida de emoción y miedo. Todos sabían que estaban manejando en dirección al hospital. Pero también sabía que iban acompañados por una persona que no permitiría que nada malo sucediera. Que si estaba en sus manos movería cielo, mar y tierra si con eso protegía a aquella mujer acostada en el quirófano. Comieron rápido en un restaurante que Sato frecuentaba a deshoras de la noche cuando lo asaltaba el hambre. El hombre tenía una buena sazón y era de la confianza de Sato respecto a evitar una infección de estómago. Igual puso una cara de sorpresa al verlo llegar con tantos niños al lugar.
Haruki revisaba el celular, un minuto atrás tuvo el impulso de llamar a casa mientras esperaban a que llegara su pedido, pero imaginar a las pequeñas durmiendo le persuadió de no hacerlo. De todas formas, ocupó un momento debajo del semáforo para escribir un rápido mensaje de texto para Isuke.
Isuke
"Mis hermanos llegaron sin problemas, ¿estarás despierta al llegar? Ha sido un día muy largo. No renuncie. Estoy confundida, no es algo raro ¿verdad? Jeje"
Con amor, Haruki
El mensaje se envió, pero fuera de las dos palomitas grises, no recibió respuesta pronta. ¿Podría estar dormida? No sería extraño, después de todo ya eran pasadas las once de la noche. Recordó las noches en la clase negra, eran las doce y ella ya estaba en el quinto sueño, claro que con un oído en lo que hacía su compañera, atendiendo la manicura y pedicura sin muestra significativa de sueño. Le supo raro que no le contestara para cuando tomaron la avenida principal.
―Entonces eras soldado, mi hermano y yo queremos ser solados―dijo uno de los gemelos, Haruki miró a su, estremecimiento, padre. El hombre parecía estar buscando las palabras correctas para hablar con los pequeños. Un mensaje real sin bordear lo que no debería decirles.
―Creo que tú y tu hermano tienen muchos talentos que se desperdiciarían si entraran al ejército. Por no decir que ya no es lo mismo a cuando yo estuve enlistado―a corta distancia se veía el hospital.
Haruki fue la primera en apearse del vehículo a la fría noche. Tomó el saco del asiento del copiloto para protegerse de la baja temperatura. Se acercaba el otoño. Cada uno de sus hermanos llevaba una sudadera ligera, pero no parecían mostrar señas de estar sufriendo frío. Que claro, no era como si prestaran mucha atención, la mayoría correteaban y balbuceaban alrededor de Sato. Haruki no mostraba seña de emoción en el rostro mientras los veía. Tomo su caja de pockys y luego de comerse un par a toda prisa, puso un tercero entre sus dientes mientras esperaba a Fuyuka.
― ¿Cómo estás? ―no habló con ninguno cuando llegaron, no sobre Sato, era de esperar que su hermana fuera la primera en acercarse, no se llevaban más de dos años o algo parecido, su madre era muy cerrada a contar mucho acerca de las edades de todos. Si ella recordaba algún cumpleaños era mucho decir. No digamos que no había muchas formas de celebrar.
―Estamos en el hospital, esperando a que nos den noticias de Oka-san. Aquel hombre que juega a las cartas con Misuki ha sido mi jefe desde que entré a trabajar y justo hoy que me llaman del hospital, me revela que es mi padre. Fuyuka, no sé ni como sentirme―miró la conversación que tenía con Isuke, dos palomitas grises, sintió el primer apretón sobre su corazón, ya estrujado a lo largo de la tarde/noche. Cuando estuvieron comiendo sólo pidió un té, su estómago la alertaba de una constante amenaza de vomito.
―Deja ese papel, Haruki―miró en dirección a Sato, ambas lo miraban. No era la mejor situación, estaban en el estacionamiento del hospital, esperando por noticias. Aún así, los hermanos estaban entretenidos, casi ajenos al lugar y situación―No parece una mala persona. En realidad, se parecen mucho.
―Sólo lo dices por el cabello―miró el celular, ¿sería ridículo empezar a buscar el perfil de Isuke en redes sociales? No podía imaginar que esa chica no fuera una esclava de estas, tenía todo lo necesario para tener miles y miles de seguidores. Se rio para sus adentros. Parecía algo muy propio de Isuke.
―No sólo eso ¿no lo ves? Nos está cuidando a todos.
―Fuyuka, dar una cena a un montón de niños no quiere decir que se preocupe por nosotros o tenga intención de cambiar en algo su vida por la de nosotros. Sólo nos tiene lástima el muy…
―Haruki, es tu padre.
―Gran cosa―cruzó los brazos, ya no le agradaba la visión de aquel hombre hablando con sus hermanos.
― ¿Crees que quiera que vivas con él? ¿Por qué se separó de Oka-san? ―por la esquina de su visión notó como su hermana mayor se tensaba, el sonido inequívoco de sus nudillos apretados.
―Puede querer lo que quiera, eso no me importa. Lo único que importa es que abandonó a Oka-san, a ti y a mí, a todos nosotros.
Fuyuka mordió el interior de su boca. Haruki podía pensar de esa forma sin cambiar de parecer por más que intentara meter algo de comprensión en su densa cabeza. Las cosas no eran así, si ese hombre, el padre de su hermana, no hizo lo que hizo, ninguno de ellos hubiera nacido. Haruki podría tener una vida normal, nada de trabajos con horarios extraños, nada de desvelos, ninguna preocupación que no fuera la escuela y la novia o novio. Puede que la vida que llevaban fuera dura, que se esforzaran 10 veces más que cualquier niño a esa edad, pero eran todos o nadie. Y Fuyuka agradecía que fueran todos. No conocía la historia, esperaba poder escucharla pronto. Cuando se dignaran a llamarlos. ¿Cuánto había pasado? ¿tres, cuatro horas? Cuando Haruki los llamó ya llevaba un rato esperando. Suspiró. El día de mañana sería pesado. Los días posteriores no quería ni imaginarlos.
―Deberías regresar a casa, mañana debes ir a clases.
―Estaré bien. Me preocupa Oka-san.
―A todos, pero descuida, a ella no le pasará nada. Tu hermana te lo promete―Haruki le sonrió, con esa sonrisa familiar que todos compartían. Esa en la que se puede confiar, por peor que vaya la situación. Esa que hasta ahora no fallaba…pero siempre hay una primera vez.
El celular de Haruki comenzó a sonar. En la pantalla se leía el número del hospital. Haruki y Fuyuka comenzaron a correr a la entrada. Hayaka fue la primera en darse cuenta de esto, llamó la atención de Sato y señaló a sus hermanas que ya se veían lejos. La tormenta se miró entre sí y comenzó a correr detrás de ellas. Hayaka y Misuki acompañaron a paso rápido al resto. Sato sintió frío en el pecho de pensar lo peor.
Suzu no esperaba terminar trabajando en el mismo hospital donde se hospedaba la madre de Haruki. De hecho, le parecía muy gracioso que en una ciudad tan grande coincidieran en un punto especifico, un punto táctico si quería pensarlo así. Pero todas tenían otra vida fuera de la clase negra. Ella no buscaba una cura a su enfermedad, para nada, sabía que en su momento pasaría lo que tuviera que pasar. Ella estaba allí por otra razón. Aquel hospital era de los pocos que tenían tratos con las iglesias europeas. Cada cierto tiempo tenían donaciones. No era mucho, pero tener ciertos contactos con esos religiosos podría guiarla a una pista, un indicio de donde estaría aquella chica tan escurridiza. Y por la razón que sea, creía que, si Haruki estaba alrededor, tal vez no estaba tan mal encaminada.
Donde estaba Haruki, estaría Haru, y donde estuviera la abeja reina, también existiría un camino más sencillo a las personas que podrían ayudarla.
―Shutou ¿qué pasó? ¿cómo está mi madre? ―si hablas del diablo, este te puede gritar en la ventanilla.
―Tranquila―le respondió superada la conmoción, miró a su computador. La operación había concluido hace poco―Diríjanse a la sala de espera del piso dos. Donde se ubica la unidad de cuidados intensivos.
―Gracias―vio a Haruki correr seguida de su hermana y lo que parecían ser sus hermanos pequeños.
Apenas iba a relajarse para una noche de guardia cuando vio un hombre, un pelirrojo entrar y preguntar por esa misma mujer. Lo recordaba, el mismo hombre que le recordaba a su compañera. Quizás preguntaría por él en alguna ocasión. Hasta entonces, le dio indicaciones y se enfiló con dos hermanas Sagae a sus costados. Debía ser su padre o algún familiar cercano. Esos ojos eran idénticos a los de la pelirroja.
Cuando el medico salió se asustó de ver a tantas personas rodearlo. Por un segundo pensó que iban a agredirlo o algo parecido pues todos le gritaban. Claro que el temor se disipó al reconocer a la chica Sagae entre ellos.
―Buenas noches―saludo alzando la voz. Los niños se callaron. Fue la mayor la que se adelantó.
―Doctor ¿cómo está mi madre?
El hombre sonrió, empezó a contarle el resultado de la operación junto con las expectativas que tenía de su recuperación, ocultando el pequeño detalle del minuto que permaneció sin pulso. Aquella familia ya pasaba por demasiado como para agregarles mayores preocupaciones. Justo estaba hablando del tiempo que tendría que permanecer en el hospital cuando Sato entró a la habitación con las niñas. El médico, que en aquel entonces iniciaba sus primeros años trabajando en aquel hospital, lo reconoció al instante. Hay pocas cosas de las que un medico se olvida y el hombre que lo desmayó de un puñetazo por darle una nalgada a su bebé recién nacido, no es una de ellas.
N/A *la cámara capta a una chica dentro de una oficina con tres tazas de café en el sistema* si les debo ser sincera, lo que quería era completar efectivamente mi capítulo, incluyendo la revisión. Cosa que no podrá hacerse en este año. Hola, lector constante, me alegra que te des una vuelta por aquí en estas fechas. Aprovecho para desearte felices fiestas, este es mi regalo para ti y todos aquellos otros que me leen. Espero regresar pronto el próximo año. Quiero decirles que esta historia está encaminándose a su final, un final que no pasará del próximo año. De igual forma si ya conoces mis otros trabajos, te invito a pasarte por ellos. Porque revivirán, es mi meta de año nuevo, empezar a terminar con cada historia. Me gustaría tener tu apoyo como comentarios en esa meta. Te dejo lo que vendrá en el próximo capitulo, son las anotaciones que me hago para escribir y sin más que agregar. Ya saben, dejen sus comentarios, preguntas, críticas, invitaciones a cenar, tomatazos ah y agréguenme en Instagram, allí publicaré mi avance, muchos avances. Cuídense mucho, besen a alguien en año nuevo y cáiganse de borrachos. Te veo pronto, lector constante *cámara se apaga*
La madre de Haruki quiere saber quién es el hombre fuera de la puerta
Isuke habla con Saburo y le pide su confianza y silencio
Haruki llama a Isuke por teléfono
Sato lleva a los niños a casa sin bajar del auto, habla con su hija de lo próximo por hacer
Haruki nota algo raro en Isuke mientras le platica sobre su horrible día
Eisuke intercambia palabras con Chiko
