CAP 23
WARNING: EXISTE UNA ESCENA QUE PUEDE PARECER INCORRECTA EN VARIOS NIVELES. Sáltenla, es un consejo de parte de la autora. El que avisa no es traidor. Están advertidos.
Una base firme, un piso fijo de bloques haciendo de antesala en medio de un desierto de inconciencia. Un arenal que la consumía a la vez que arrojaba lejos de su boca, justo allí, ese único punto donde llegaría a alcanzar el poder, el control de su conciencia. Aferrarse a esa antesala el tiempo suficiente para llegar al mundo de la vigilia cuando aquellas arenas bajaran. Todo oscuro. Desvanecida percibía movimiento sin que su propio cuerpo lo iniciara. Movimiento que creó ruidos, ruidos muy lejos en la bruma que a medida que se alejó de la inconciencia distinguía con mayor claridad.
Personas hablando en pequeños susurros. Sus hijas en la habitación con los gemelos tratando de comprender lo que el doctor les explicaba. Eran buenas noticias. Había un extraño alivio general en medio de todos. Salvo Haruki. Su preciosa Haruki. Sólo pensar en su hermosa hija la conmovía al borde de las lágrimas imaginando todo lo que perdió desde su juventud. ¿Qué pasaba ahora? ¿La cuenta del hospital? ¿La renta de aquel triste lugar que tenían que llamar hogar? ¿Una de sus pequeñas se había enfermado? ¿Por qué? ¿Por qué su hija tenía que cargar con todo sobre sus jóvenes hombros? Ella a su edad ya tenía sueños, iniciaba una carrera, estaba encaminada a conocer el amor de un hombre, quizás al único que amó, a Sato.
También había alguien más. Un extraño que se le antojaba muy familiar. Despedía un miedo y tristeza que eclipsaba aquella parte de la habitación tan fuerte que sus propios parpados se humedecieron. Una gota escapó de su ojo camino abajo hasta su cuello. Ya humectados hizo su primer intento de abrirlos. Todo era borroso. Manchones de colores que se asemejaban a figuras, flotando en su campo de visión.
―Mamá―un manchón rojo se acercó a su cama. Era su niña. Tragó el nudo de su garganta antes de intentar hablar. Sintió manos apoyadas en la cama tomando las suyas. Muchas manos, pero casi todas pequeñas.
― ¿Cómo estás? ¿cómo te sientes? ―escuchaba a lo lejos.
― ¿Está despierta? ―eran sus niños, no cabía duda.
―Se ve muy blanca, auch es la verdad.
―Oka-san ¿vas a irte con nosotros a casa? ―sus pequeños la necesitaban y ella acostada como si fuera una inútil.
―Te vas a sorprender mucho.
―Sí, estoy más alto que Akira.
―No es verdad, yo estoy más alto.
―Niños, mamá necesita descansar. No va a ir con nosotros en un rato―dijo Haruki. Hikari les sonrió, aún veía muy borroso, pero podía distinguir sus voces. Eran los gemelos, su niña Fuyuka, la traviesa de Misuki, su tímida Hayaka. Los mayores, faltaba el hombre de la casa, pero seguro estaba cuidando de las otras Sagae.
―Ha-Haruki―la chica se acercó sonriéndole, no la veía claro, pero no tenía que dudar con que Haruki sonreía. Hace años, un verano donde Hayaka estaba aún en su vientre, salieron al parque. Faltaba poco para que naciera. Mientras jugaban sus niñas con el bebé Saburo, ella trataba de no perderles de vista, claro que su pelirroja era rebelde y no perdió tiempo en encontrar un hormiguero a escondidas de su embarazada madre. Escuchó su grito acercándose lloriqueando aún con varios piquetes en sus piernas. Se las quitó a manotazos, llevándose unos cuantos piquetes en sus callosas manos. La cara de su pequeña estaba empapada de sudor (olía un poco agria), llorosa, y con todo y eso la veía sonreír. Le dolía, claro que sí, pero sonreía como quien se disculpa por una travesura sin consecuencia.
― ¿Sí? ¿Oka-san? —la trajo de vuelta a aquella sala de hospital. Si existe un lugar y un momento donde no debería perderse en recuerdos del pasado es luego de una operación con un poco subida la anestesia.
― ¿Quién es esa persona tan triste detrás de la puerta? ―todos se quedaron mudo en la habitación al susurro de la mujer.
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Antes de salir de la habitación, se aseguró que sus hermanas siguieran durmiendo. Esos pechos subían y bajaban con tanta tranquilidad que parecía un chiste de mal gusto pensar que un hombre extraño se encontró a sus anchas en la cocina hablando con la señorita Isuke. Salió con el cuerpo aun temblando. Escuchó la puerta cerrarse con suma naturalidad hacía tan sólo unos pocos minutos y luego de eso. Nada.
Al término del pasillo pudo ver a Isuke con una expresión vacía sosteniéndose la cabeza. Corrió a su lado pensando que aquel hombre pudo hacerle algún daño. Se arrodilló frente de ella, tratando de tocar su mano sin conseguirlo. Ella lo sujetó de los hombros, cual fiera lista para el salto lo empujó contra la puerta del refrigerador, sus ojos se veían perdidos entre aguas salinas y detrás de esas lagrimas…alcazaba a ver miedo. Se sintió superado por aquel terror en aquellos ojos siempre fieros. Si existía algo que asustara a la señorita Isuke… ¿qué tan malo debía ser?
―Nunca, jamás te acerques cuando veas a Isuke hablar con él. Nunca, no importa qué, nunca lo hagas―lo soltó de su hombro derecho acariciándole el cabello, lo acercó a ella apoyando la mejilla contra su coronilla. Isuke era una mujer por donde tratara de verla, una tan hermosa que no sólo le importaba en varias y profundas maneras que a esas alturas poco o nada tenían que ver con una hermana. Llegó a su vida en un momento donde el despertar sexual germinaba a tempranas edades en los chicos. Él veía a sus compañeros atorarse con sus propias palabras frente a una jovencita y Saburo no alcanzaba a entender esos nervios, hablaba con cada chica en su colegio, incluso algunas de mayor edad y ninguna de ellas, ni una sola, hicieron que su temperatura se alzara tanto como para temer, realmente temer que Isuke lo descubriera.
―Isuke-sama―sintió dolor. Un dolor profundo en su ser. La abrazó y ella se ocupó de levantarlo, mantuvieron ese abrazo por un tiempo tal que él no se molestó en contarlo. Estaba perdido en el único lugar donde todo y nada tenía sentido. Cuando lo separó de sí, un poco más tranquila de que sus peores temores no se cumplieran, se vio a sí misma demasiado expuesta para salud mental del preadolescente. Saburo la vio más de una vez. Se dio la vuelta directo al agua caliente para empezar a preparar un té, poniendo tierra de por medio―vaya y cámbiese. Le haré un té para que se tranquilice―la escuchó cerrar la puerta de la habitación y él metió la cabeza bajo el agua. La sentía helada. Y algo dolía, algo dolía en su centro y estaba húmedo. Años después él recordaría esa misma noche como uno de sus primeros calores donde tenía plena conciencia de su condición como hombre y el enorme peligro al que estuvo expuesto. Sería uno de sus secretos más profundos. Y su desfogue tuvo a esa misma chica como instigadora protagonista. Al final de las cuatro de la madrugada, metido en el baño con los pantalones abajo, acalorado y sudoroso.
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Tomó su celular del bolsillo. Ella y sus hermanos de vuelta a la sala de espera, incluso la tormenta actuaba de forma acomedida. Callados, mirándose los unos a los otros al tiempo que a la puerta. Caminó a mitad del pasillo donde se sentó en unas sillas puestas. Pulsó el botón de llamada y se acomodó a la espera que picaran al otro lado de la línea.
Isuke miraba por la ventana en el medio de las penumbras de su habitación compartida. Tenía cuidado de esconderse de la luz titilante de las farolas. No sabía lo que buscaba en las calles desiertas frente a la casa. Tal vez quería estar lista si su madre decidía asegurarse por su propia mano que el lugar fuera lo suficiente despejado de niños que metían la nariz donde nadie les llamaba. Quizás sus planes habían cambiado y era hora de hacer frente a los errores en que su ignorancia la había metido. Quizás, tenía muchos quizás en la cabeza, sólo quería que Eisuke regresara a los Estados Unidos, no lo quería en Japón, no lo quería en la ciudad, en ese barrio y definitivamente no lo quería caminando a sus anchas en la casa Sagae cuando alguno de sus cachorros estuviera por allí.
—Isuke no permitiría que Mama lastimara a ninguno de ellos…—dijo en voz alta, declarado frente al jurado de su propia conciencia.
El celular empezó a sonar, apretó el botón de responder luego de un suspiro de alivio al distinguir los caracteres del número de contacto de Haruki.
— ¿Sí?
— ¿Isuke? ¿Todo bien?
—Claro que sí, ¿por qué lo preguntas? —trató de recuperar su tono mordaz de siempre, pero sus nervios estaban lo suficiente descompuestos para turbarla un rato.
—Me pareció oír algo raro en tu tono de voz, debió ser imaginación mía—el otro lado de la línea se escuchaba con eco. Supuso que Haruki aún estaba en el hospital. Agradeció por ello.
—Apenas llevamos unos pocos días como pareja y ya empiezas a demostrar actitudes tóxicas. Vaya relación se fue a meter Isuke—caminó fuera de la habitación, ya con los shorts y sudadera. Era una noche calurosa, pero ese encuentro le hacía temblar.
—Je y yo que creía que era Isuke-sama la que tendría celos tóxicos.
—Isuke no necesita tener celos, sólo saber con quién saldrás y su dirección—se sentó frente la mesa, el té estaba servido.
—Cuidado, las películas muestran que los celos terminan destruyendo las relaciones. Y yo quiero que la mía con Isuke-sama dure mucho más que una película—sonrió sin ver sus zapatos, imaginaba a Isuke sonrojándose con su comentario. Desde el día uno supo que lo suyo no era el expresar sentimientos, pero era paciente. Las mejores cosas, aquellas que valen la pena, llevan su tiempo y constancia.
—Tsk ¿para qué llamas? Tu madre debe estar bien ¿no? ¿pasó algo? —miró a Saburo, ocupado mirando su propia taza de té. Sabía que escuchaba perfecto todo lo que se decían, esperaba que Haruki no dijera nada incorrecto.
―Uff bueno, está aquí conmigo, nos hizo salir de la habitación. Oka-san quería hablar con él―Saburo levantó la cabeza dirección a Isuke―no sé qué hacer, Isuke. A ese hombre no lo conozco. Conozco al que era mi jefe, un hombre educado y empático a su forma tosca de ser con sus personas. Pero él, en ese papel. No lo sé… no sé qué esperar…
―Haruki, tal vez tienes que dar una oportunidad al cambio—le dio la espalda a Saburo, aquella platica no le correspondía—. No digo que te lo traigas a vivir con el resto, pero si tu madre está dispuesta…―una de las cosas más importantes en la vida de Isuke eran sus padres y cómo le dieron una segunda oportunidad. Por más condicional y amedrentadora que pareciera. Eisuke le dio todo lo que necesitaba en la vida, a cambio sólo de su fidelidad. Un precio que nunca le había parecido injusto a Isuke. Claro que antes su lealtad no se encontraba dividida, esperaba que siguiera de esa forma.
―Isuke, mi vida ya está hecha. Crecí sin él, mis hermanos crecieron sin él y sin sus respectivos padres. Oka-san pasó 18 años sin él. No le debo nada, no me debe nada. Sólo es un extraño que nos hizo pasar infiernos sin que se molestara en buscarnos. Gracias a él mi vida fue un calvario―apenas pudo esconder el rencor de sus palabras.
―Gracias a él nos conocimos―agradeció que no estuviera frente de ella, tal vez no podría decir esas palabras con ella al junto.
―…―un suspiro al otro lado de la línea―Tengo que irme. Gracias, sé qué es lo que quieres decir.
—Nos vemos pronto—colgó. Al darse la vuelta vio la confusión en Saburo—. No pasa nada con tu madre, pero el resto es algo que le corresponde a Haruki decirte—alargó la mano buscando su té, estaba muy caliente. Igual lo bebió. Saburo no le quitaba la vista, sentía mucho alivio de saber que su madre se encontraba bien, sin embargo, ahora esperaba una respuesta satisfactoria a todas las complicaciones que se sucedían en fila a la llegada de Isuke.
—Al menos me contará de quién se trataba ¿o tampoco me corresponde saberlo? —esas palabras no le gustaron a Isuke, pero comprendió de donde venían. Del miedo, el chico tenía miedo, por más que tratara de esconderlo.
—Escucha, necesito que confíes en mi—Saburo se sorprendió, inclinó un poco más cerca el cuerpo al punto que podían susurrar y escuchaba perfectamente claro—. Ese hombre se llama Inukai Eisuke y es madre de Isuke. Cuando llegue aquí…estaba en un enorme problema, sigo estándolo.
—Y su…madre no está feliz—completó el pensamiento.
—No, no lo está. Acaba de regresar de un viaje y tiene que arreglar el problema en que me metí. Sólo vino para ver que Isuke estuviera bien.
— ¿Entonces por qué me atacó?
—Lo tomaste desprevenido. No quería hacerte daño, Isuke no permitiría que te hiciera daño—Saburo miró al celular sobre la mesa. Recordó esa mirada asustada.
—Vamos a decirle a Haruki, ¿verdad?
—No. No le diremos nada a Haruki.
— ¿Por qué? Ese hombre no podía entrar como si nada en esta casa ¿por qué entró? ¿por qué dejaste que entrara? Por favor, Isuke-sama. Sé que no hay nada razonable ni normal en toda esta situación de las últimas semanas, no es normal que ese hombre entrara aquí, no lo es que aquellos hombres nos atacaran, no es normal lo que sea que mi hermana hizo con tal de que nosotros estuviéramos bien. Creo que ni siquiera era normal aquella escuela donde se conocieron. Haruki me ha visto la cara desde que tengo uso de razón y siempre me he mantenido al margen porque ella mantenía al margen todo ese mundo. Ahora ya no puede, la dejó entrar y con usted todo lo demás. Cuando ocurrió lo de aquellos hombres no le dejó a Nee-sn explicarme, sé que no se lo permitió ¿Por qué? ¿Por qué no quiere que sepamos lo que nuestra hermana tiene que aguantar? Ya no soy un niño.
Silencio. No dijo nada, no se dijeron nada. El chico tenía razón. Isuke se paró del lugar y caminó a la puerta.
—Eres un lobato, un siervo fiel, un hermano devoto y un hijo amoroso. Y pese a lo difícil que le ha resultado a Haruki. También sigues siendo un niño. Aprécialo. Cuando Isuke llegó aquí, no eras más que un lobezno que perdía su pelusa para volverse un lobato—Saburo no entendía nada. Isuke puso el seguro a la puerta, todos los seguros—Ahora quieres volverte mayor, el lobo de la familia. No lo hagas, no termines esta etapa tan pronto tratando de entender por qué las personas que te protegen hacen lo que hacen.
―No puedo seguir ajeno de las responsabilidades de esta familia―se levantó de la mesa molesto viéndola con los dientes apretados, jamás le gustó que su hermana mayor lo dejara en casa cuidando a los hermanos para ir a trabajar. Quería ir con ella, quería hacer la diferencia. Quería arrimar el hombro por sus hermanos y hermanas, por su madre. Era el hombre de la casa.
― ¿Alguna vez Isuke te ha contado de su infancia? ―Saburo alzó las cejas sorprendido, negó un poco turbado. Isuke era un misterio, por ella misma y su pasado. Volvió a sentarse. Suspiró antes de abrir la trampilla trasera a aquellos lejanos y dolorosos recuerdos―Isuke nunca…Yo nunca tuve una familia grande, con muchos hermanos y hermanas con los que compartir la mesa, la habitación, los juguetes o el camino a la escuela. No, no tuve la dicha de nueve hermanos y hermanas, pero tenía un hermano pequeño, su nombre era Luka. No llevábamos un año de diferencia, aunque claro, Isuke era una niña más madura que su hermano pequeño. Mis primeros recuerdos me dicen que la vida era casi normal, el hombre bebía, pero no demasiado un par de copas en fin de semana. La mujer nos daba de comer tres veces al día y luego se iba a la calle Isuke no está segura de porqué, de cualquier forma, se veía muy cansada, pero nos atendía. Conforme Luka y yo crecíamos la vida fue cambiando, el hombre aquel que proporcionó el semen a la mujer que nos parió saltaba de un negocio sin futuro a otro sin pies ni cabeza, al poco tiempo un accidente en el turno nocturno lo dejó lastimado de por vida, por lo que recibía una indemnización semanal. Se suponía que estaría en ese trabajo el tiempo necesario para conseguir dinero e intentar en otro lado. Bueno con tanto tiempo en mano se dejó ir en la bebida y el infierno se desató dentro de esa casa. La mujer era golpeada, yo era golpeada, el hombre no tocaba a mi hermano porque no lo dejaba, prefería tomar yo el castigo que mi hermano pequeño.
"La mujer debía cuidarnos, protegernos, lo hizo al inicio, no de forma muy cercana como seguramente hace tu madre. Era como si nos hubiera tenido por ser parte de un listado de pendientes buscando mantener una imagen. Tenía lógica, la imagen del hombre era mejor si tenía una mujer e hijos. No debieron, no debió ser así. Ella metió ese polvo blanco en ese agujero de porquería, ingerían lo que fuera, el hombre no tardó en hacerse adicto. Isuke iba con los vecinos a pedir comida, moríamos de hambre entre bolsas de basura. En una ocasión llevé a Luka, él se puso a gritar que nuestros padres eran unos monstruos, no volvieron a abrirnos la puerta, incluso la policía llegó a casa, claro que aquellos dos no admitieron nada, aquella tarde Isuke tenía que alejarse un poco más para mendigar comida, dejé a Luka en casa…no debí hacerlo. Esa misma tarde, mientras Isuke no estaba, aquella mujer se acercó a los vecinos incitando a una pelea embebida con las drogas, los vecinos sin querer les dijeron que Isuke había llevado a su hermano buscar comida y sólo tuvieron que sumar uno más uno."
"Cuando Isuke volvió, la golpearon, el hombre estaba más furioso que nunca. También la mujer estaba golpeada, me arrojó con mi hermano dentro de una habitación llena de basura, la mujer también quedó encerrada. Los días que siguieron apenas puedo recordarlos. Luka tenía un golpe muy feo en la cabeza, respiraba muy extraño por la noche…nos moríamos de hambre, vestíamos harapos y debíamos hacer nuestras necesidades en bolsas, apenas con más dignidad que la que tiene un perro amarrado a un árbol. Tenía miedo cada noche, de que el agujero en nuestros estómagos nos consumiera la vida mientras dormíamos. Él lo hizo, se fue mientras Isuke se quedaba quieta en una esquina, demasiado asustada por aquel monstruo como para hacer algo. Llegaron a rescatarnos, los gritos al fin fueron escuchados, pero ya era demasiado tarde. Esa noche Isuke perdió al único hermano que tenía, por no ser capaz de protegerlo. Yo soporté un infierno por mi hermano, es lo mismo que hace Haruki. No quiere perder a ninguno de ustedes. No la culpes, no la cuestiones, ella hace lo que puede y debes confiar en ella. Ella los cuida…tal y como Isuke debió hacerlo con su propio hermano, tal vez estaría aún conmigo… Creía que esos recuerdos…estaban muy encerrados, últimamente escapaban mientras estaba con todos.
Saburo corrió a abrazarla apenas ver su cuerpo sacudirse por culpa de los sollozos.
―Ahora nos tiene a nosotros, somos su familia ahora, Isuke-sama. Nosotros la cuidaremos de lo que sea, seremos su familia. No la pienso dejar sola, nunca―la abrazaba con fuerza, quizás con una determinación demasiado grande para un chico. Isuke sabía que promesas tan fuertes no debían cruzarse por cabezas tan jóvenes. Los separó de ella, limpiándose las lágrimas con una servilleta.
―Sólo confía, confía en que ni Isuke ni Haruki van a dejar que algo te lastime. Ni a ti ni a tus hermanos. Confía en Isuke yno le digas nada a Haruki. También haré lo necesario para cuidar de ella ¿entiendes? —se levantó a apagar las luces, dejando únicamente la de la cocina. Saburo bajó la cabeza cuando llegó a su lado. Asintió esperando no arrepentirse de su decisión. Si Isuke tenía confianza de contarle aquello, él debía ser reciproco. Volvió a sentir una suave mano acariciarle el cabello, justo donde lo sujetó aquel hombre—Ve a descansar. Isuke esperará a tu hermana.
—Que descanse, Isuke-Sama—dijo caminando a la habitación.
—Descansa, lobato.
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Veinte, treinta, cambio, cuarenta, cincuenta, cambio. Semáforo rojo y bajaba a cero. Haruki veía claramente como el velocímetro iba indicando la velocidad a la que iban. No porque le importara que chocaran, era la menor de sus preocupaciones, por no decir que Sato respetaba a rajatabla los límites de velocidad. Sino que no deseaba llegar a casa, no deseaba llegar porque implicaría que sus hermanos y él bajarían del auto y entrarían a casa. Seguramente querría tomar un café y hablar. Hablar era lo que menos quería en ese momento. Sólo pensaba en lo que faltaba para llegar a casa y acostarse a lado de su novia.
Entran a su barrio. Ve aquella mirada compasiva ir de una casa a la otra. Quizás esperando no tener que detenerse frente aquella a medio destruir, o esa en la esquina llena de basura.
—Detente a la vuelta—le dijo.
Estacionó frente a su edificio de apartamentos. Los chicos bajaron corriendo, con un gracias a medio grito. Sus hermanas se tomaron el tiempo para agradecerle formalmente. Él les respondió igual.
Los vio caminar en dirección a su hogar. Nunca había estado en aquellos barrios. Sentía vergüenza de estar viviendo cómodamente en un buen departamento al otro lado de la ciudad mientras su hija y hermanos tenían que caminar por lugares como aquellos donde una de cada tres farolas enciende a medias. No podía creer en la idea de que su mujer se viera obligada a vivir en aquellas condiciones.
—Hikari…—no pudo retener el nombre, estaba turbado de verla, de mirarla, de hablar con ella. Veía a sus hijos, veía a la hija de ambos y no alcanzaba a entender cómo la vida se ensaño con ellos.
"Sato…sabía que eras tú" si verla aquella noche, dormida, era suficiente para desbalancearlo, escucharla llamarlo fue lo único que necesitó para entrar y pedirles a todos que se retiraran. Haruki claramente no estaba feliz con la idea, incluso trató de impedirlo. "Haruki, hija, quiero hablar con él" fue suficiente la petición de una madre para que esa joven no pudiera hacer nada, ni con toda su fuerza podía ir en contra de los deseos de su madre.
Se limpió las rodillas bajo el volante, una de las cosas que claramente recordaba era correr y arrodillarse frente a Hikari apenas la puerta se cerró. Ella rio un poco. Casi se le escurren las lágrimas de escucharla y notar lo cansada que era esa risa. A muchos años de lo que fue cuando estuvo con él. Buscó su mano, el tiempo no la perdono ni tampoco el trabajo, aquellas manos tersas no estaban más. Las besó de igual forma, quizás con el infantil y estúpido pensamiento que de esa forma recobraran lo que un día fue.
— ¿Dijiste algo? —le preguntó la pelirroja en el asiento del copiloto, ya a punto de abrir para bajarse.
— ¿Sabes de lo que hablamos tu madre y yo? —le preguntó, claro que no lo sabía, cuando salió de la habitación, Haruki se acercó desde el final del corredor entrando de vuelta sin dirigirle la palabra. Él estaba seguro que su decisión era la correcta, así como difícil.
—No, no sé lo que hablaron—"sigues igual de arrojado", "siempre que fuera en tu dirección", "¿eres real? ¿estás vivo?" oh como deseó en aquel momento no estarlo, no estar vivo "¿dónde? ¿dónde estuviste, Sato?" y su corazón se estrujó más con aquellas palabras. Quizás le contó la historia desde que perdió contacto con ella, quizás se dedicó a suplicarle piedad, que no le sonriera como si le perdonara, o tal vez le dijo absolutamente nada y sólo la miró, mudo y avergonzado como hombre. Sea como sea, lo que sí recordaba era decirle que su hija no quería saber nada de él —Pero dijo que tú…querías decirme algo, que te escuchara.
—Estás en todo tu derecho de odiarme, de desear que no me acerque a ti, a tus hermanos y a tu madre. Sé que he sido más un jefe que un padre para ti—"tampoco actué bien en tu ausencia, no pude esperar a que regresaras. Les creí sin pensar en que…podrías seguir vivo" miró por la ventana, los niños ya entraban a tropezones donde suponía que sería su casa. Esos niños "No, tú no tienes ninguna culpa" no soportaba verla a los ojos, esos ojos que en su tiempo fueron vivases ahora tenían un brillo muy muy lejano y casi inalcanzable "Si tan solo no hubiera desaparecido, si te hubiera buscado con más insistencia, a ti, a mi hija…no estarías aquí, ella no tendría que estar aquí".
—No estás equivocado…nos jodiste la vida…mis hermanos no sabrán nunca lo que es una vida que valga la pena, todo por tu culpa.
—Y no me arrepiento—Haruki volteó a verlo con una mezcla entre la sorpresa y la furia. "Calla, Sato, de no ser por ti…no los tendría a ellos…por eso te doy las gracias" —No hubieras tenido hermanos, no hubieras tenido a ninguno de ellos de no ser porque no estuve en el momento preciso. Puede que no pueda hacer nada para cambiar el pasado y lo difícil que fue su vida. Pero podemos cambiar el presente, hija.
"Sé que aún te amo, pero ya no eres lo más importante de mi vida, Sato, si aún quieres ver a tu hija te lo agradecería infinitamente. Ella te necesita ahora más que nunca. Cuida de ella, protégela. Ahora que la conoces no dejes que se aleje de ti. Si realmente quieres que todo cambie…haz algo. Haruki tiene cargas que no me ha dejado conocer, tal vez tú puedas descubrirlas y ayudarla"
—Linda frase, pero ya vi la película del rey león—tomó sus cosas y jaló la manija de la puerta.
—Haruki, ¿qué te dijo tu madre?
—Que te escuchara. Pero, ella no sabe de lo que habla, mañana no se acordará ni que estuviste allí.
—Lo sabrá, porque iré cada día luego del trabajo. Puedes acompañarme si quieres.
—Mañana tengo que encontrar otro trabajo.
—Mañana pasaré a recogerte temprano. Haruki…eres mi hija, sé que no estuve el tiempo suficiente en tu vida para que me llamaras así, pero estoy ahora y quiero recuperar el tiempo que no tuvimos juntos. Todo el mundo merece una segunda oportunidad, creo que ha llegado la nuestra—no vio su cara, no vio esa mirada pensativa. Sólo la vio bajar y dar un portazo. Se encontraría estacionado allí mismo al día siguiente, temprano para conducir al trabajo.
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―Vaya, vaya, sabía que eran muchas las alabanzas que daban de ti en este trabajo, pero nunca creí que lo experimentaría en primera fila. ¿Cómo estás, Inukai-san? ¿Cómo se encuentra Kao-kun?
Sentía el sudor pegajoso escurrirle por la espalda, le preocupaba un poco que el sudor de la cara cayera sobre el teclado de la computadora, por suerte tenía la ventana abierta. Claro que esa misma ventana era una invitación a que cualquier intruso pasara a su oficina. Tal y como ocurría en ese momento, Inukai Eisuke lo miraba desde detrás de las cortinas con una expresión tranquila que cambió muy rápido a hostil con su último comentario.
—Chiko, ha pasado mucho desde la última vez que…
— ¿De la última vez que salimos juntos a aquel bar y te vi aventajándote con el chico en que estaba interesado? Pues sí, Eisuke, han pasado años desde entonces. Claro que a unos les fue mejor que a otros—se levantó cerrando la laptop. Eisuke servía un poco de whisky en un par de vasos.
—Veo que aún no olvidas nuestras desventuras de juventud. No importa, no he venido a discutir tu resentimiento. Iré directo al punto, Isuke dice que hablaste buscándome. El trabajo que querías, que tu gremio quería era conmigo. Las razones por las que de pronto preferiste que mi heredera se encargara escapan un poco de mi comprensión. Claro que, si todo era una trampa para que tus competencias se devoren entre ellas, entonces sí que lo entendería—se acomodó en el sofá con el whisky en mano, la otra estaba ocupada con el revolver, apuntando a su viejo amigo.
—Eisuke, sabes mejor que yo cómo funciona este mundo. Mi pequeño grupo tiene una imagen que mantener. Era un trabajo que requería cierta experiencia y discreción—tomó el otro vaso, prolíferamente servido para él. Le dio un sorbo a la par que se apoyaba en uno de los brazos del sofá frente a su visitante.
—Por lo que no se te ocurrió mejor idea que llamar a una chica que apenas tiene experiencia en ese campo, carne de cañón le decíamos a los que encaraban la situación de primera mano. Pero estoy dispuesto a dejarlo pasar.
—Eisuke, créeme cuando digo que no esperaba que tu pequeña fallara. Realmente creía que lo conseguiría, tiene tu misma confianza y soberbia. Pero cuando huyó, todo se complicó—miró el licor con aire frustrado—. Doblaron la seguridad, no dejaron ni un segundo solo al doctor, su asqueroso perro guardián casi vive con él, yo no podía mandar más personas con mi número de hombres siendo reducidos en cada fracaso. Isuke tiene que responder y arreglar todo o enfrentar las consecuencias. No sé dónde está, Eisuke, pero créeme que mi gente la está buscando…y la van a encontrar. Tal como los encontraron a ustedes y te juro que esta vez iré personalmente a saludar a mi querido Kao-kun.
— ¡Deja a mi familia en paz, Chiko! —se olvidó del arma, se olvidó de la discreción, se olvidó del trato que orquestaba en su cabeza. De un momento a otro estaba golpeando a Chiko en el suelo. Sus años de experiencia redujeron el calor en su sangre, se movía bajo presión, actuaba pensando en 10 movimientos delante de su oponente. Desconectando sus oídos, sus sentimientos. El arma estaba tirada en el suelo, Chiko podía sujetarla y terminar con aquella payasada. No pensó en consecuencias, sólo quería destrozarle la cara a quien hizo tambalear su vida entera, sino podía castigar a Isuke, castigaría a Chiko.
Escuchó tras de sí el inconfundible sonido de armas siendo cargadas. Cinco hombres de traje le apuntaban. Dejó el puño levantado. Chiko sonreía con la boca sangrando y la mitad de la cara roja. Quedó con la cara tendida contra la alfombra por el golpe con la culata de un rifle, la cara le ardía. Lo único que pudo hacer fue protegerse la cabeza mientras los hombres en la habitación empezaban a patearlo.
—Eisuke, no te tenía ningún resentimiento, eras mi amigo y estaba dispuesto a mirar a otro lado por pura piedad. Es lo que me desconcierta ¿por qué vienes aquí si todo lo tienes de perder? —dos hombres lo sostenían de los brazos. Chiko contó cada uno de los golpes que le propino. Sentía caliente la boca y la cara. Le regresó cada golpe con igual o mayor saña.
—Tú respondes cuando le fallas a tu gremio, ¿no es así? — preguntó entrecortado. Uno de los gorilas le sostuvo del cabello para que alzara la cara.
—Es correcto. Por la misma razón que necesito que este asunto se cierro lo antes posible―se dio el lujo de propinarle una patada en las bolas. "Hace mucho que quería hacer eso, el gran Isuke sosteniéndose las pelotas, arrodillado. Sólo falta bajarme la bragueta y que se trague todo".
—Hagamos lo que tengamos que hacer―se agachó junto al despojo humano. No alcanzaba a escucharlo―Isuke y yo entraremos, junto contigo y tus hombres. Hacemos lo que tenemos que hacer y cada quien toma su camino. Que todo este asunto se quede así.
―Creo que te golpearon muy fuerte, Eisuke, voy a explicártelo una vez más lento y claro―tomó el arma olvidada y se la puso en la boca. Sintió como el pedazo de carne entre las piernas se ponía dura―. No tienes ninguna carta, ningún trato, buscaré la manera de arreglar esta mierda en la que nos metió tu heredera. Pero tú y tu pequeña mascota no seguirán vivos por mucho tiempo―El teléfono comenzó a sonar. Chiko sonrió nervioso viendo como Eisuke lo imitaba―. ¿Qué hiciste?
Buscó el teléfono. Los hombres trataban de escuchar, Eisuke sólo sonreía esperando a que su viejo amigo volviese con él. Lo último que dijo fue un muy quedo sí señor, como usted ordene. Chiko largó una carcajada a la que fácilmente se unió.
―Volviste a tomarme el pelo Inukai. Eres un bastardo―le sujetó el brazo para que se levantara. La mitad de los hombres se guardo las armas. La otra mitad aún apuntaba al pecho de Eisuke―Hablaste con mi jefe antes de venir conmigo. Típico de ti hacer base con la autoridad mayor antes de regodearte en mi cara ¿no?
―Un pequeño presentimiento―se limpió la cara. Aún le dolía la patada.
―Muy bien Eisuke, ahora tienes toda mi atención―retomó la posición detrás de su escritorio, pateo una pila de papeles al poner los zapatos. No estaba nada feliz― ¿Tienes alguna idea? ¿Algo que quizás no hayamos visto?
―Planear las cosas no te ha servido de nada, si existe algo en lo que somos distintos es que tú insistes en seguir cada uno de los pasos que ideaste en tu cabeza. No sirve de nada en este trabajo, aquí tienes que estar listo e improvisar sobre la marcha, encontrar una pequeña apertura, una distracción y un discreto apoyo. Alguien que te de la alarma para atacar―sonrió.
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Los cachorros bajaron de una extraña camioneta, una muy elegante con los vidrios ahumados el conductor mantenía el motor prendido, el escape era muy discreto con el humo. Quizá fuera un modelo del año. Veía a Haruki hablar con el conductor, eran apenas siluetas distinguibles. Ella se quedó tras la cortina fuera de la vista de ninguno, parte de sus hábitos era no mostrarse de primera. Observar ante una situación que se sale de lo normal. Quizás si recordara esas mismas lecciones más seguido no se metería en tantos problemas.
―Tengo mucho sueño―la tormenta entraba directo a la cocina con bolsas para guardar, no recordaba la última vez que ese refrigerador tenían tanta comida dentro. Las chicas caminaban con igual cansancio subiendo las escaleras hasta su piso, hablaban entre sí, aunque no alcanzaba a distinguir sobre qué. Haruki seguía sin salir de la camioneta. ¿De qué se trataba? ¿Era un taxi?
― ¿Dónde está Haruki? ―le preguntó a la tormenta, los niños con todo y su cansancio se le acercaron notando su presencia, sonrientes igual que un par de cachorros.
―Se quedó con su papá. El señor es muy amable, lo encontramos en el hospital con Nee-san, entró a hablar con Oka-san luego de que nos llevó a todos a comer y también pidió para llevar y que comamos mañana—respondió Arashi, claro que secundado por su gemelo.
―Su…padre―volvió a asomarse por las cortinas, para entonces Haruki caminaba cabizbaja y la camioneta daba vuelta en U saliendo de la colonia, el motor no emitió más que un ronroneo discreto. Un extraño escalofrío recorrió la espalda de Isuke, uno que nada tenia que ver con el aire frío de la noche entrando por la puerta.
Memorizó a toda prisa las placas. El hombre dentro de esa camioneta debía ser el padre de Haruki. Se suponía que esa misma tarde ella renunciaría a su cargo, entonces debieron salir de la empresa en dirección al hospital. Ahora que lo pensaba con detenimiento, Haruki apenas le hablaba de su infancia, de su padre. La única ocasión que mencionó algo fue con ese baúl. Se suponía que el hombre era un militar desaparecido en combate. Se rio por dentro de la ironía, siempre pensó que su vida era lo suficiente interesante para considerarse un drama digno de la pantalla grande. En cambio, Haruki tenía el papel protagónico en una historia digna del cine de arte con un argumento clásico: el militar que escapó del infierno buscando a sus seres amados.
—Estoy en casa—armó a toda prisa su sonrisa característica cuando se acercó a Isuke. Buscó sus manos, su cara, sus labios, su mismo cuerpo buscó el de la pelirosa. Le importó más bien poco que sus demás hermanos vieran la escena. Isuke por otro lado sintió una abrumadora sensación de caída en su estómago, el corazón le dio un vuelco y puede que sus piernas abandonaran de no ser porque Haruki la abrazó al segundo de liberar sus labios.
— ¿Qué…? —por suerte no tartamudeo.
—Je dije que estoy en casa, Isuke-sama—y entonces ocurrió, nació esa nueva sonrisa, una indescifrable, nació en ese preciso momento. Cuando bajó de la camioneta rabiaba del enfado y la confusión. Toda su cabeza gritaba por renunciar y mandar a la mierda a Sato, una parte más sensata, una que extrañamente tenía la voz de Isuke, le recordaba la situación en la que estaban, necesitaba del trabajo, de las prestaciones, necesitaba darse una oportunidad y arreglar las cosas. Su propia madre se lo pedía. Su tren de pensamiento no tenía asiento disponible para Isuke y cuando cruzó la puerta…que estuviera allí era un respiro de todo. No sabía lo tranquila que podía estar con alguien como Inukai Isuke, la asesina que conoció en la clase negra, como pareja viviendo en su misma casa.
Su querida novia le propinó un golpe con el codo en las costillas. Incluso ese dolor le gustó. Significaba que la turbó lo suficiente para esconder el rubor en sus mejillas con un golpe.
—Puede que Isuke aceptara ser tu novia, eso no quiere decir que puedas hacer tus movimientos sin antes preguntarle ~3
—Je, claro Isuke-sama. Lo que tú digas.
Esa misma noche, mientras Isuke ponía un separador cerca de los últimos capítulos de su libro. Lo dejó en la mesita de noche al lado de un lápiz, las preguntas no podían dejarle concentrar así que soltó la lengua. La única luz era la de la lampara de noche.
—El hombre que vino a dejarlos, es tu padre—Haruki le daba la espalda, miraba a la ventana, entre sus manos estaba aquel encendedor con una S en el cuerpo— ¿cierto?
—Sí…de vez en cuando me hacía ciertas preguntas en los entrenamientos. Supongo que sospechaba de tiempo atrás nuestro parentesco. Una tarde entré a su oficina y preguntó por mi madre, le dije algunas cosas y…el día de hoy—suspiró dejando dentro del cajón aquel encendedor—. Es un shock cuando descubres que la persona para la que trabajas y empiezas a ver como una figura paterna es de hecho tu padre…el mismo bastardo que nos dejó tiempo atrás.
No era propio de Isuke preocuparse por nadie más que ella y sus padres, pero eso era cosa del pasado. Puso una mano sobre el hombro de Haruki. La chica tomó su mano y volteó.
—La verdad…mi madre no tuvo un solo hombre luego que Sato se fuera—Sato…una comezón se alojó en el cerebro de Isuke—tuvo…bueno no todos mis hermanos son de un mismo padre. Quería proteger la imagen de mi madre. Siempre que me preguntan por qué no me parezco a mis hermanos les digo que me adoptaron o que tuve un padre que murió. Y creía que era verdad, lo cierto es que pasaron dos hombres más por esta misma casa. La historia que te conté de como el último huyo…es en parte cierta, huía con Mei en el auto. Cuando conocí a Kato…le pedí un favor…esos hombres…nunca jamás volverían a aparecer en nuestra vida—Haruki se vio envuelta en un abrazo, de pronto su cuerpo comenzó a temblar, se miraba las manos y no las reconocía como suyas—Ese hombre regresó de la tumba, yo estaba bien pensando que mi padre me cuidaba desde el otro lado y todo este tiempo estuvo aquí—Isuke no pronunció palabra, sabía que Haruki necesitaba expresarlo todo, sacárselo del pecho y ninguno de sus hermanos podía darle el apoyo que ella podía en ese momento. Empezó a acariciar su cabello perdía los dedos entre hebras rojisas, los sollozos no tardaron en llegar, haciendo un poco difícil entenderla—Yo…yo maté a e-esos dos, los padres de mis hermanos, no me importa si-si no lo hice directamente, yo yo les quité a sus padres.
—Haruki… ¿por qué no quieres a ese hombre en tu vida y la de tus hermanos?
—Isuke, no sé quién es, no sé cuales son sus intenciones. No quiero salir de aquí corriendo con mi padre cuando mis hermanos se quedan con Oka-san preguntándose ¿dónde está su papá? No cuando yo fui la que…la que…
Más llanto, Isuke la hizo recostarse, puso la cara de Haruki contra su cuello, sentía las lágrimas calientes resbalarle por la clavícula. La espalda tenía espasmos al tratar de bajar el volumen.
—La tormenta dice que fue muy amable con ellos.
—Sí, lo fue…pero ¿qué clase de hombre puede con la sola idea de que su mujer tuvo hijos con otros?
—Quizás el tipo de hombre que tiene el valor de seguir desde donde lo dejaron.
—Quizás…
—Los padres de Isuke eran una porquería. Querían deshacerse de nosotros…yo y mi hermano Luka—Haruki sacó la cara de su cuello para verla a los ojos, quería escuchar cada detalle de la historia de Isuke—. Nos golpeaban, querían que muriéramos, no les importábamos una mierda. Eisuke me sacó de allí…Luka ya no se movía…hay personas que no deberían tener hijos…y otros que luchan por estar con ellos…Quizás de allí sacaste tu terquedad, de tu padre—puso una pierna a cada lado de las caderas de Haruki, ella se sonrojo de verse atrapada allí abajo. Isuke acercó su puño a su cara y abrió. Era el encendedor—. Eres la persona más afortunada que Isuke haya conocido, entraste a la clase negra y saliste con vida, conseguiste un trabajo respetable, tienes comida y techo para todos, tu padre regresó y quiere conocerte.
—Se te olvidó que estoy de pareja con Inukai Isuke—tomó el encendedor y los labios de la pelirosa. Si existía separación en el medio de ellas, Haruki se encargó de desaparecerlo. Abrazó esa cintura con un brazo apretado, su mano libre quedó entretenida acariciando desde el ángulo de la rodilla por todo el camino de piel del muslo. E Isuke no perdió oportunidad de abrazarse a ese cuello. Fue como si ambos aromas las ahogara mutuamente, la mano del muslo subió buscando sujetarle del cuello. No quería que se alejara, no quería esperar a otro momento del día, necesitaba de esa intimidad tan nueva para ella. La peor necesidad es aquella que desconocías padecer.
—Sería una necedad mencionarlo~3 ―su dedo se deslizó cuello abajo haciéndole cosquillas a Haruki.
—Je tienes razón…voy a intentarlo—dejó el encendedor sobre aquel libro y apagó la luz.
N/A: *la cámara enciende, está un vaso de coca junto a una computadora. Voltea la chica* Vaya vaya, qué? Creía que continuaría esa escena? Jaja nop, no hay suficientes comentarios como para querer consentirlos con una escena de ese tipo. Bienvenido otra vez mi lector constante, me alegra saber que sigues apareciendo por aquí luego de tanto tiempo. Pues como dije la vez pasada, uno de mis objetivos es acabar con esta historia de una vez por todas, lo mismo si leyeron otras historias mías comenta si quieres que la continue. Espero tener de tu apoyo para marcarme los errores, las incongruencias, etc. Creo que ya pedí que me sigas en Instagram, allí luego posteo frases de la historia o empiezo a mostrar pedacitos que se publicarán pronto. Y ya saben, dejen su apoyo, comentarios, preguntas, tomatasos, invitaciones a cenar. Espero que nos veamos pronto. Ahhh antes que lo olvide…bueno sí lo olvidé pero ya arregle el asunto. Agradezco mucho a YU-HIKARURU por su comentario que me hace querer seguir en esta historia, que hayas leído toda la historia en un día es para mí una satisfacción enorme, gracias. También a esos usuarios que quedan como Guest también lo agradezco, y no te preocupes, no tardaré 5 años, este año es el final. HelpfulAromantic, gracias por tu apoy, saber que personas de otro idioma me leen es muy halagador. Con eso me despido ahora sí, hasta pronto ¿Cuándo? Eso dependerá de ustedes
