Nota: Fuera de personaje, lo usual.
Está lloviendo y no parece que vaya a parar o menguar, es lo que Marinette nota al salir de la escuela y resguardarse en la entrada con un suspiro resignado así como exhausto.
El día de hoy hay sido difícil y extenuante, porque hoy tiene el deber de ser una heroína para París, Ladybug, para protegerlo de la amenaza que es Hawkmoth (su declarado enemigo). Lo cual es una gran responsabilidad y un desafío por igual; debe aprender a usar el yoyo y los poderes que el Miraculous le otorga y también, debe lidiar con el que se supone será su compañero. Chat Noir.
Quién no sólo su poder es el contrario al suyo, sino también su personalidad y sus habilidades.
Es excelente en combates cuerpo a cuerpo, es bastante ágil y habilidoso con el bastón, es un buen estratega, es fuerte, frío y calculador, decidido y hasta agresivo. Sin contar que sus palabras son sarcasmo puro o son comentarios ácidos y sus sonrisas son maliciosas.
Pero fueron esas mismas palabras, las que le dieron ánimos y la impulsaron a detener a su compañero de clases akumatizado.
«Si no te sientes apta para ser Ladybug, entonces renuncia. Así de simple... Pero si estás dispuesta a demostrarles a todos, y a ti más que nadie, de lo que eres capaz. Entonces yo estaré contigo y a tu lado.»
Una pequeña sonrisa aparece en sus labios y al cerrar los ojos, su mente le muestra la escena que siguió después de haber aceptado a Hawkmoth como su enemigo formal tras haber derrotado y acabado con los Akumas.
Todavía puede sentir la mano enguantada de Chat Noir que despeina sus cabellos con una sonrisa sincera mientras la felicita por haber sido valiente y lograr terminar el trabajo.
Palabras que, le generan un calor agradable en su pecho al mismo tiempo que un rubor se colorea en sus mejillas bajo el antifaz.
No era la primera vez que alguien la felicitaba, pero por alguna razón que no logra explicarse, las palabras de Chat Noir le llegaron y la hicieron irremediablemente feliz.
— Oh, pero que sorpresa verte todavía aquí.
Sus recuerdos felices se rompen como quién desgarra un pedazo de tela ante la voz que menos deseaba escuchar. Con desgano abre los ojos, y mira con molestia que no disimula hacia el recién llegado.
Félix Graham de Vanily.
Quién le sonríe sin importarle poco o nada su malhumor.
No tuvieron el mejor de los encuentros, a decir verdad. Ninguno se agradó y la clase fue testigo de eso; porque ella se tropezó sin querer contra él, provocando que la caja con macarrón se cayera al suelo y terminaran de romperse.
Y cuando quiso disculparse, Félix lo que hizo fue aplastar la caja con su pie. Dejando en un pesado silencio que, ni siquiera Chloé se atrevió a romper (porque Félix le daba miedo); Adrien, su primo, fue el único que intercedió y hasta regañó por su actuar.
¿Y qué fue lo que dijo Félix en respuesta?
«Fue su culpa por ser tan distraída y torpe. Esto fue sólo una advertencia.»
Y ella sólo pudo ver cómo los macarrones que su padre le había dado para compartir con la clase fueron hechas trizas al mismo tiempo que unas ganas de llorar la asediaron.
Pero las contuvo y en su lugar, se levantó del suelo y le plantó una cachetada que resonó en todo el aula.
Y la mirada furibunda que Félix le dio, le otorgó a ella una gran satisfacción.
Fue un ojo por ojo y diente por diente.
— ¿Qué? ¿Acaso buscas una disculpa por la cachetada que te di? — sonrió, mordaz —. Pues síguela esperando, Graham de Vanily.
Félix le devolvió la sonrisa de igual forma.
— Cuando tus disculpas me den dinero, te las daré, señorita humildad — respondió con socarronería, haciéndola enfurecer. Y con fingido pesar, suspiró —. Pero a como están las cosas, parece que quieres esperar aquí o mojarte — se encogió de hombros, bajando los primeros dos escalones y antes de irse volteó a verla y con una sonrisa dijo —: Tú decides, Ladybug.
La furia fue prontamente reemplazada por miedo e intriga, la cual crecía al ver la sonrisa burlesca y la mirada fija de Félix en ella.
¿De dónde rayos él sabía su identidad? ¿Cómo?
— Yo no...
— Mentir no te va a servir de nada, Marinette — sus facciones se enseriaron, al mismo tiempo en que volvía a subir los escalones y quedaba cara a cara con la franco-china —. Reconocerte no requirió de mucho esfuerzo, pues, ¿Qué otra persona conozco yo que tenga cabello negro como una noche sin estrellas y ojos del color del cielo? — una sonrisa un poco más suave se posó en sus labios mientras acercaba su mano a una de sus tiernas e infantiles coletas e inclinándose le susurró al oído —. Espero seguir trabajando contigo y sigamos siendo un gran equipo en el futuro, Marinette Dupain-Cheng.
Sin esperar contestación se apartó de ella como si nada, dándose la vuelta para marcharse a casa de su primo. Puesto que le había dicho a Adrien que tenía un asunto pendiente por arreglar y llegaría tarde.
— ¡Espera! — lo llamó Marinette, tomando el borde de su saco para detenerlo. Dejándose empapar por la lluvia, sintiendo los latidos desbocados ante una repentina adrenalina que le abordó o más bien, nervios por lo que iba a pedirle y que también, era un golpe en su orgullo —... Si tú... Si tú dices ser Chat Noir...
— No digo ser, lo soy.
—... Si es así — mordió sus labios, forzándose a decir la siguiente frase —: Por favor... Ayúdame.
— ¿...Ayudarte en qué y cómo?
—... Acompañándome a mí casa ahora... Y en las siguientes luchas con los Akumas — tragó saliva, agachando la cabeza —, por favor, Félix.
Lo que pasó después fue que Félix quitó su mano que agarraba su saco, seguido de un suspiro y cuando levantó la mirada, un suéter oscuro aterrizó en su cara al mismo tiempo que era jalada de su muñeca y puesta bajo la protección del paraguas. O eso supuso al no sentir más la lluvia sobre sí.
— Por Dios, ¿Ya te han dicho que eres un desastre? — volvió a suspirar —. No entiendo cómo puedes ser Ladybug si siendo Marinette eres desastrosa.
Marinette retiró el suéter de su cara y visión, cubriéndose con él mientras lo miraba ceñuda.
— Pues yo no entiendo cómo es que eres Chat Noir si como Félix eres simplemente horrible.
— Tengo mis encantos, Marinette — sonrió altanero, y apretando su nariz añadió —: Sólo no has sabido ganártelos.
Apartó su mano de un manotazo, sobándose la nariz con el ceño aún fruncido oyendo su risa.
Y con un puchero, Marinette aceptó para sus adentros, que Félix era peligroso pero... Que él podía llegar a agradarle.
Pero no gustarle.
(Al menos no ahora).
Nota: Mmm, yo catalogo esta historia (que me debato si será corta o será larga, depende) como ligeramente más oscura. Posiblemente porque Félix está ligeramente siguiendo la personalidad original del canon de la serie pese a que, bueno, seguimos en el mismo What If donde él es Chat Noir y no Adrien.
Honestamente no lo pensé mucho al momento de escribirla porque, los fanarts me pudieron mucho más y... Este es el producto de mis deseos y caprichos... Pero pensándolo bien, puede que esta historia sea corta.
Sin más, gracias por leer.
