Félix sabe que no era su deber ser Chat Noir. Porque el anillo no estaba destinado a él, en primer lugar.

El anillo, Miraculous del gato, Miraculous de la destrucción le había sido entregado a Adrien. Se lo habían dejado en la mesa ratona frente al televisor, en su habitación.

Y fue Félix quien de casualidad, buscando uno de los libros que le había prestado a su primo, se lo encontró. Llamándole la atención el decorado oriental y guiado por su curiosidad, estuvo por abrirlo de no ser porque el sonido de la llave de la regadera siendo cerrada lo puso en alerta.

Haciéndolo guardar la pequeña caja en el bolsillo de su pantalón y disimuladamente, salió del cuarto lo más silencioso y calmado posible. Yéndose a su cuarto, dejando para después el libro que se supone fue a buscar.

Una vez se cercioró que nadie le había visto de camino a su habitación, se metió y cerró con seguro. Y suspirando aliviado, se dirigió a su cama a la vez que sacaba la caja que había hurtado del cuarto de su primo, sentándose en la orilla para mirar con más detalle el objeto.

El decorado oriental, tenía un estilo chino por lo visto. Hecho de madera, bastante ligero; lo agitó dos veces cerca de su oído para comprobar el contenido, que por el sonido, se trataba de joyería.

Sin esperar más, abrió la caja, hallando un anillo en su interior. Que para decepción suya, no tenía decoraciones como la caja en la que estaba guardado; bufó, echándose en el colchón, mirando disgustado el aburrido anillo.

Pensó en devolvérselo a su primo tras volverlo a mirar. Porque a pesar de que tenía la maña de hurtar las cosas para quedarse con unas o verlas sin que él propietario se enterase, este anillo tan simplista era de su primo.

Miró por unos segundos más el anillo, entrecerrando los ojos.

¿Y si se lo probaba?

Sólo sería un pequeño instante y ya luego se lo devolvería, o eso pensó antes de que del anillo surgiera algo.

Con la forma de un gato negro, cabezón y extraño que le hizo poner una mueca de desconcierto.

El extraño ser se estiró y bostezo, como si hubiese estado durmiendo durante mucho tiempo y tras desperezarse, observó su alrededor con curiosidad y luego lo miró a él.

Para este punto, Félix estaba sorprendido, confundido y un poco asustado. Pues, ¿Qué demonios era esa cosa?

Parpadeando, salió de su trance y con la voz más neutra posible, preguntó —: ¿Qué se supone que eres? Mejor dicho, ¿Quién eres?

Plagg ladeó la cabeza, igual o más confundido que él. Rascándose la nuca con una de sus patas delanteras —. ¿Eres mi nuevo portador acaso? ¿Un niño?

— Respóndeme.

Plagg puso una mueca, disgustado. Que portador más grosero le había tocado, aparte de que era un mocoso.

— Mi nombre es Plagg, y soy el Kwami de la Destrucción del Miraculous del gato — se cruzó de brazos, mirándolo —. Ahora respóndeme mis preguntas, niño.

Félix bufó, sonriendo burlón.

— Mi nombre no es niño, me llamo Félix Graham de Vanily.

— Mmm, te diré Félix porque los nombres largos no se me dan — acortó Plagg, encogiéndose de hombros con desinterés. Hasta que su estómago gruñó —. Por cierto Félix, ¿Tendrás queso Camembert?

Si le hubieran dicho que hurtar el anillo de su primo a escondidas le iba a llevar a esta situación dónde no sólo un ser extraño de nombre "Plagg" iba a aparecer presentándose como un "Kwami de la Destrucción" sino que también tendría que alimentarlo... Definitivamente, no hubiera pensado en llevárselo.

Suspiró con desgano.

— Asegúrate de quedarte aquí en esta habitación y de no tocar nada, ¿Oíste?

— Sheesh, no sólo grosero. También malhumorado.

— Mmm, ¿Qué pasa si me quito el anillo? — preguntó con fingida ingenuidad, mirando el anillo y de reojo al Kwami quien no había notado la farsa en su voz.

— Pfff, obviamente yo desaparecería de este plano y no tendría más opción que volver al anillo. Genio — entornó los ojos, con obviedad.

Félix sonrió malicioso.

— Ya veo, entonces si me quito el anillo y lo pongo en la caja no tendrías más opción que volver a dónde estabas antes — puso sus dedos de la otra mano sobre el anillo plateado, fingiendo removerlo con una sonrisa alegre —. Bueno, fue un placer conocerte, Plagg.

Plagg se alarmó y de inmediato se acercó a la mano de Félix con la que sostenía el anillo.

— ¡Por favor, no! ¡No quiero volver ahí! ¡Estoy harto de no poder salir y sólo dormir y quedarme en ese anillo! ¡Félix te lo ruego, no lo hagas!

Félix sonrió victorioso.

— Si quieres que no me quite el anillo, harás lo que digo sin rechistar o de lo contrario...

— ¡Está bien, está bien, está bien! ¡Haré lo que me pidas pero por favor no te quites el anillo!

Félix sonrió con fingida amabilidad, palmeando con un dedo su cabecita.

— Tenemos un trato entonces... Pero antes de que te traiga tu queso Camembert, quiero que me cuentes todo.

— ¿Todo?

— Sí, todo acerca de los Miraculous y del que soy portador. O no tendría sentido que estés aquí y yo tenga este anillo.

Plagg puso un semblante pesaroso.

— Pero eso es...

— El anillo, Plagg~.

— Ugh... — estúpido mocoso chantajista. De todos los portadores que había tenido, este era el más avispado de todos. Y estaba casi seguro de que no le dejaría en paz o siquiera, respirar en paz. Suspiró, poniéndose serio por primera vez desde que salió del Miraculous —. Bien, ya que tanto insistes en saber vas a escucharme atentamente y todas las preguntas serán al final, ¿De acuerdo?

— De acuerdo.

Y tal y como Plagg le había dicho, le contó todo. El origen de los Miraculous, lo que cada uno representa, las consecuencias de usar uno o más Miraculous a la vez y cómo pocos lo habían logrado, sobre los guardianes celestiales a cargo de proteger los Miraculous, un poco sobre los antiguos portadores del Miraculous de la Destrucción, los poderes que este tenía y la dificultad que representaba controlar dichos poderes.

Y cómo dato extra, contarle la razón por la cual le había sido otorgado el Miraculous del gato a él y con qué motivo.

Para cuando terminó de hablar y explicar, Plagg se había acostado a su lado, cansado. Mientras que Félix yacía nuevamente sentado en la orilla, meditando y repasando los hechos más relevantes que el Kwami le había mencionado.

— Técnicamente, estás diciendo que los únicos Miraculous que fueron entregados fueron dos: El de la creación que es el de la mariquita y el de la destrucción, el que poseo... ¿Porque robaron los Miraculous de la mariposa y el pavo real por descuido del actual guardián? — miró incrédulo al Kwami, casi queriendo reír de lo hilarante que el asunto era —. ¿Y la mejor solución era que dos adolescentes recuperaran dichos Miraculous? ¿...En serio?

Plagg suspiró, incluso a él le parecía tonta toda esta situación.

— Lo sé, no fue la mejor de las opciones... ¿Ahora sí puedes traerme mi queso Camembert?