Nota: La dinámica entre Félix y Marinette es simplemente divertida. A ver qué pasará con estos dos.


Félix descubre, después de haberse disculpado con Marinette, lo divertido que es molestar a la chica Dupain-Cheng.

No al grado o la manera en que Chloé lo hace que es bullying. Sino un molestar en plan amistoso.

Es decir, no busca humillarla o burlarse de ella frente a los demás. De hecho, la trata bien y normal frente a todos quienes la primera vez que ven a Félix decirle «Buenos días» a Marinette y esta a su vez le responde con un «Buenos días», sonriendo.

Todos vuelven a quedarse atónitos y sin palabras. Preguntándose en silencio colectivo lo que había hecho o sucedido para que ambos, Félix y Marinette, quienes habían tenido un inicio muy malo, bastante malo...

Se estén saludando casualmente y como si nada, aunque sólo se trate de un nimio "Buenos días".

Algunos suponen que finalmente arreglaron sus diferencias y quedaron en buenos términos. Otros suponen que algo más pasó luego de las disculpas pero no se atreven a pensar o especular algo más. Y luego está otro pequeño grupo que creen ver y especular que Félix y Marinette están saliendo o se gustan mucho.

Aunque esto último no tiene sentido pues no hacía mucho ellos se detestaban y ni a la cara podían verse. Por lo que se termina descartando.

Pero nadie quiere preguntar... O mejor dicho, sí quieren preguntar pero al ver la mirada feroz de Graham quien al acercarse a Marinette para salir al receso, su curiosidad se apaga y en cambio, el miedo de provocar la ira del primo de Adrien los envuelve.

Y lo peor de todo, es que ni Adrien o Alya saben algo al respecto. Y están igual de sorprendidos que los demás.

Y más porque Marinette no se aparta del chico e incluso, repara a darse cuenta de lo que su convivencia con el primo de Agreste provoca en sus compañeros de clase. Sólo lo sigue e ignora a los demás que sólo son espectadores silenciosos.

Aunque es más al rato que cae en cuenta de que Alya y las chicas van a molestarla con preguntas referentes a su relación con Félix. Preguntas que no quiere responder.

— Pues sí no quieres responder, no lo hagas — fue la simplista respuesta de Félix, mientras se lleva un bocado de espagueti a la boca.

— Pero tú... Tú no tienes más amigos, sólo a tu primo — responde con cuidado Marinette, dándole un mordisco a su sándwich de jalea. Mirándolo.

Félix se encoge de hombros, desinteresado y no afectado u ofendido por las palabras de Marinette. Porque son verdad y una realidad.

— Incluso si Adrien me preguntara, sólo le diría que hicimos las paces y ya. Porque eso fue todo lo que hicimos, ¿...O tú querías que algo más pasara? — preguntó burlón, mirándola de reojo con una sonrisa sugerente que exaltó a la chica.

— ¡P-Por supuesto que no! S-Sólo nos disculpamos y ya — se aclara la garganta, en un intento por aplacar sus nervios. Mordiendo tímidamente su sándwich mientras mira hacia otro lado de la cancha, pensativa —... Y sólo somos compañeros también.

Félix enrosca otra porción de pasta en el tenedor profiriendo un monosílabo afirmativo. Que tranquiliza a Marinette por un segundo.

Pues de un momento para otro, Félix le da de comer un bocado del espagueti que él había traído de desayuno. Que la tomó con la guardia baja y la volvió a alterar, pues rápidamente él le dio un mordisco a su sándwich sin decir nada.

— Ugh, está demasiado dulce...

— ¿P-Por qué hiciste eso?

— Quería molestarte — dice, volviendo a enroscar los espaguetis en el tenedor para después comerlos nuevamente y deshacerse del dulzor de la jalea de su lengua —. Tus reacciones siempre resultan ser divertidas.

— No soy tu entretenimiento — replica, terminando su sándwich en dos mordiscos grandes lo que hace abultar sus mejillas mientras mastica. Y Félix no la puede evitar comparar con un hámster, lo cual le hace resoplar divertido.

— Lo sé, pero es inevitable — y ante la mirada inquisitiva de Marinette sobre él, Félix sonríe ladino —. Me dan ganas de molestarte, porque quiero ver las reacciones exageradas de señorita amabilidad.

Marinette se traga su comida antes de mirarlo con amargura —. ¿Por qué siempre te empeñas en darme esos apodos?

— Porque es divertido.

— No me gustan.

— Ese es el chiste.

—... Entonces yo te diré señor amargado.

— Ese sí está feo, pero nada alejado de la realidad — se lleva otro bocado de espagueti a la boca, aburrido.

— Entonces, ¿Qué tal Gatito?

Félix se crispa, abriendo más los ojos por la sorpresa y el enorme disgusto que ese apodo le genera. Es la primera vez que lo escucha y se lo dicen a él, pero ya lo detesta con todo su ser.

Para Marinette no pasa desapercibido su eminente disgusto y eso la hace sonreír victoriosa por primera vez. Se siente poderosa e intocable en estos momentos, que se acomoda más en la banca en la que yacen sentados con las manos entrelazadas en sobre su estómago.

— Creo que ya entendí por qué te gusta molestarme... Y sí, tienes razón, es divertido — ríe ligeramente, cerrando los ojos en el proceso.

—... Cállate bicho aplastado — responde azorado, terminando de comer sus espaguetis para luego cruzarse de hombros y mirar hacia otro sitio.

Pero Marinette no se inmuta ante ese apodo que Félix le dio ahora. Porque nadie va a arruinar su felicidad y su victoria sobre Félix Graham de Vanily.

— Awww, ¿El Gatito se siente avergonzado? — Félix la mira asqueado, aunque esa expresión no dura mucho cuando Marinette con una de sus manos recuesta su cabeza en su hombro y le proporciona palmaditas en la cabeza que lo desconciertan —. Ya, ya, ya. No estés avergonzado, Gatito.

Su consuelo es falso y es evidentemente una burla hacia su persona, ambos lo saben. Pero de alguna manera, molestarse entre ellos se siente natural y... Es cómodo y resulta un poco agradable, en realidad.

Porque Félix se siente acogido pese a lo desagradable que puede resultar ser su personalidad y sus comentarios hirientes, se siente aceptado de alguna forma. Aunque también un poco abrumado.

Mientras que Marinette por otra parte, siente que no debe contenerse o ser una buena persona todo el tiempo. Que puede ser sólo una persona más, una adolescente normal y no una chica ejemplar de la que todos tienen altas expectativas; es reconfortante y extraño.

—... Marinette.

— ¿Sí?

— Tus amigas nos están viendo.