Ha pasado un mes desde que ella y Félix han tomado el rol de ser los héroes de París y de proteger a los ciudadanos de los Akumas. Que son también parisinos, víctimas de Hawkmoth quien los manipula dándoles poder a cambio de quitarles a ellos sus Miraculous.
Que como Félix le explicó en una de esas charlas nocturnas luego de patrullar, sentados en lo más alto de la Torre Eiffel, al usar ambos Miraculous de la Creación y la Destrucción a la vez. Te daba una de las transformaciones más poderosas de todas las combinaciones posibles, porque para sorpresa de Marinette, había todavía más Miraculous.
Y no sólo eso, al usar ambos Miraculous también podías pedir un deseo. Que independientemente de lo que fuese, el precio a pagar era caro y hasta riesgoso.
— Y... ¿Cómo sabes todo eso?
Félix sonrió ladino.
— Se lo pregunté todo a Plagg. Desde su origen hasta la razón por la que el Miraculous de la mariquita y el gato fueron entregados... Aunque tú amiguita debió habértelo dicho.
— Sí, yo... No pregunté tanto como tú — se encogió en su lugar, sonriendo culpable —. La verdad es que estaba asustada la primera vez que vi a Tikki y, no le di la oportunidad de hablar... Sólo, le pregunté respecto a los poderes que me otorgaban los aretes y cómo usarlos. Y... Más tarde le pregunté sobre los Akumas.
— Bueno, no puedo culparte o decirte algo. Porque literalmente te vinieron a entregar un Miraculous y sólo te dijeron: Marinette Dupain-Cheng, fuiste elegida para ser la nueva portadora del Miraculous de la mariquita, ¿Qué por qué? Porque debes hacerle frente a un enemigo que próximamente vas a conocer que obviamente te va a querer quitarte tus aretitos... ¿Para qué? No lo sé, pero tú hazlo — se burló Chat Noir, sonriendo con desgano para luego suspirar y echarse hacia atrás, solamente sosteniéndose de sus piernas —. No entiendo por qué les fueron dados a dos niños de 13 y 14 años de edad dos artilugios antiguos que sinceramente, estarían mejor en manos de adultos.
— Chat, Hawkmoth es un adulto.
— ¿Y?
— Akumatizó casi 20 veces al pobre Sr. Ramier.
—... Ni siquiera el supuesto villano al que debemos enfrentarnos es serio — alzó las manos, quejándose —. Lo peor de todo, es que sólo sabemos que el Miraculous de la mariposa fue robado por Hawkmoth y que posiblemente también tenga el del pavo real en su poder. Y que insiste en quitarnos los Miraculous principales por medio de sus Akumas que de verdad, algunos son bastante deplorables.
Marinette tuvo que reprimir una risa porque se estaba tratando un tema serio. Porque lo que decía Félix era verdad, por no decir todo.
Por lo que aclarándose, comenzó a enseriarse tras meditar y unir cabos con respecto a lo que Félix le había dicho.
— Pues yo pienso que, si quiere con tanta insistencia nuestros Miraculous podría ser que él tenga un deseo que quiere pedir.
Félix se enderezó, suspirando exhausto.
— Es lo más lógico y evidente, ¿Pues por qué otra razón querría los Miraculous principales? — su mirada se ensombreció a la vez que sus ceño se frunció —. Pero lo que todavía no logró descifrar es el deseo que quiere pedir... Podría ser cualquier cosa — suspiró nuevamente.
A Marinette tampoco sabía el deseo que Hawkmoth quería pedir a tal punto de perseguir a un par de adolescentes que eran los héroes de París y usar los sentimientos negativos de los ciudadanos para usarlos como piezas de un juego de ajedrez donde ellos, por el momento, llevaban la ventaja.
Aunque no deberían confiarse sólo porque cada día que derrotaban a un Akuma nuevo y obtenían la victoria.
Al cabo de un rato de pensarlo, también suspiró cansada. Sumiéndose cada uno en sus pensamientos.
— Por un momento — volvió a hablar Félix, terminando con el silencio ante el pensamiento que formuló en su mente. Manteniendo su mirada fija en el horizonte, en la ciudad —, pensé que tal vez, podríamos negociar con Hawkmoth...
A Marinette no le estaba gustando mucho la idea que su compañero estaba planteando en este momento. Por lo que decidió interrumpirlo, tomando bruscamente su hombro para que la mirara a los ojos.
— Nosotros no vamos a negociar con alguien que esté dispuesto a usar a la gente con tal de obtener lo que quiere. Mucho menos, si no le importa herir a los demás en el proceso.
Se miraron en un largo lapso silencioso, dónde Marinette lo miraba firme y sin titubear ante sus palabras mientras que Félix trataba de buscar algún rastro de duda o inseguridad.
Sonriendo divertido al no hallar ni un ápice de duda o temor.
— Si esa es tu decisión, está bien — apretó su nariz, juguetón mientras Ladybug hacía una mueca por ello hasta que la soltó —. Sólo era una idea que tenía para averiguar el deseo de Hawkmoth, nada más.
Marinette bufó, frunciendo ligeramente el ceño.
— Te veías muy convencido de querer hacerlo, ¿Cómo no voy a desconfiar cuando has hecho algunas cosas...cuestionables?
Si bien Félix había sido agresivo la primera vez que se conocieron y pelearon contra su primer Akuma, ingenuamente creyó que sólo sería esa vez. Después de todo, pelear contra un enemigo hecho de roca —aparentemente—, les ponía en aprietos.
Aunque gracias a la fuerza, los conocimientos y habilidades de karate y la estrategia de Félix, fue que lograron derrotar al enemigo. Además de los poderes de sus Miraculous.
Pero no.
Félix siguió siendo agresivo con los demás Akumas, sin importar qué fuesen adultos, niños, mujeres o chicos de su edad; él los acechaba como un depredador y los sometía.
Ya sea noqueándolos o haciéndoles alguna llave para mantenerlos quietos. Incluso creía que llegaba a amenazarlos o engatusarlos para hacerlos ceder a darse por vencidos.
O también se ofrecía a ser el señuelo, en lo que ella buscaba la manera de hacerse con el objeto dónde el Akuma estaba.
Marinette se compadeció de los pobres ciudadanos akumatizados por los métodos poco amigables de Félix siendo Chat Noir. Y llegó a tener miedo de ser ella la siguiente en ser akumatizada pues seguramente, su compañero no tendría piedad sobre ella.
Aunque quería confiar en que Félix buscaría otra manera de salvarla que no fuese con un puño en la cara.
Porque Félix más que actuar como un héroe, actuaba como un antihéroe.
Que parecía ser temido y querido en partes iguales.
— Tienes razón en desconfiar... ¿Pero sabes qué haría al final?
— ¿...Qué?
— Robarle los Miraculous — respondió complacido, sonriendo abiertamente sin pena —. Incluso podría robarte tus Miraculous y ni cuenta te darías.
— Que gracioso, mira como me estoy riendo.
Chat Noir rió ante la cara molesta de Ladybug, quien lo miraba con los brazos cruzados y el ceño fruncido.
— Te odio.
— Yo sé que no es así — picó su mejilla, sonriente.
— ¡Lo digo en serio, Félix!
— Y yo también lo digo en serio, Marinette.
Marinette profundizó más su ceño fruncido ante la mirada traviesa de Félix y su sonrisa confiada.
— ¿Y cómo estás tan seguro?
— Porque en el fondo tú me quieres — aseguró, cerrando los ojos sin borrar su sonrisa —, y sé que confías en mí.
Aunque no deberías.
Los nervios de la chica se crisparon y la vergüenza de ser expuesta se tiñó en un rojo carmín en sus mejillas. Regañándose por dejarse afectar por las palabras de Félix que cada día y cada vez, calaban un poco más en ella.
Sin su permiso.
Y ahora una duda surgió, posiblemente por el calor del momento o por otras razones. Una que, decidiría el rumbo de su relación y su lazo.
— Félix... ¿Tú me quieres?
—... Eres torpe, un poco molesta, grosera de vez en cuando y te portas como una niña pequeña. Pero, creo... que sí te quiero.
— ¿...Y confías en mí?
— Sinceramente, no confiaba en ti. Pero llegados a este punto, siempre que nos enfrentamos a un Akuma — abrió los ojos, mirándola con una pequeña sonrisa. Suave, sincera, sin la usual burla —... Siempre, te estoy confiando mi vida en tus manos.
— Aunque yo... ¿Pueda llegar a fallarte? — preguntó temerosa, mirándolo con las cejas arqueadas con inquietud.
Félix se tomó su tiempo antes de contestar, pensando y repensando, buscando las palabras exactas y sin adornar tanto lo que quería decir. Porque no quería mentirle.
Llegando a una simple conclusión.
— Aunque ambos nos fallemos, los dos seguiremos confiando en el otro... De eso, se trata el compañerismo.
Marinette sonrió de la misma manera que Félix.
— Entonces, ¿Somos amigos?
Graham sonrió un poquito más.
— Sí, nosotros somos amigos.
Nota: Juro que habrá romance entre estos dos pero, hacerlos amigos primero es lindo y algo que me gustaría hacer primero que nada (?). Todavía hay cosillas por verse, así que, gracias por leer y sintonzarnos.
